Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.
XIX.- Llaves
Yumi soltó un suspiro. Estaba nerviosa, a pesar de que era ridículo estarlo, pero no podía evitarlo. Habían acordado tomarse las cosas con calma, ir despacio, no presionarse, no dar pasos de gigante. Sin embargo, allí iba ella, hecha un flan, hacia el lugar de trabajo de Ulrich.
Habían empezado a salir un año atrás, aunque podrían haberlo hecho tras derrotar a X.A.N.A., al final se habían dado cuenta de que tanta tensión acumulada iba a jugarles en contra, que necesitaban tiempo para crecer y estabilizarse. Habían compartido besos, arrumacos, caricias fugaces y algún momento de intimidad torpe. Pero el tiempo de crecer había acabado y aquel año de relación firme y estable auguraba que todo iría bien.
Yumi se había atrevido a dar un paso. Uno que no había consultado antes de dar. Uno del que esperaba no tener que arrepentirse.
La campanita sobre la puerta de madera y cristal de la ferretería en la que trabajaba Ulrich tintineó anunciando su entrada. Él le sonrió.
—Bienvenida.
—Hola —saludó apoyando los codos sobre el mostrador—, he pensado que podía pasar a recogerte ya que pasaba por aquí.
—¿Es mi cumpleaños?
Yumi rió mucho más tranquila, se acomodó un mechón negro tras la oreja y saludó al dueño de la ferretería. Aquel trabajo a media jornada mantenía al padre de Ulrich contento y evitaba que le presionase porque había pasado de la universidad.
—¿Tienes algún plan? ¿Por eso has venido?
—He hecho algo —musitó ella con una sonrisa en los labios—. Y espero que no te enfades conmigo.
—Lo intentaré —bromeó—. Salgo en cinco minutos.
—De acuerdo, te esperaré afuera.
Salió algo más tranquila, aunque no demasiado. Se recargó contra la pared y esperó revisando la pantalla de su móvil. Cuando Ulrich salió asaltó sus labios, rodeó su cintura con los brazos y enredó sus dedos con los de ella.
—¿Quieres que vayamos a tomar algo y me cuentas qué es eso que has hecho y por lo que no tengo que enfadarme?
—No, he pensado que es mejor que te lo enseñe.
Sonó sugerente, pero suponía que no tenía ningún tipo de connotación sexual. Le pasó un mechón tras la oreja con cariño.
—Muy bien, te sigo.
Yumi le guio por las calles, alejándose del centro, serpenteando por las más estrechas de las afueras. A aquellas alturas Ulrich empezaba a mirarla con una apremiante curiosidad, se preguntó qué le pasaba por la cabeza y reprimió la necesidad de romper aquel silencio con parloteo absurdo y hueco.
—Si íbamos a venir tan lejos podríamos haber cogido el autobús.
—No me parece que hayamos caminado tanto —musitó Yumi—. Y el ejercicio nos irá bien.
—Acabo de salir de trabajar, no es que estuviera tirado en el sofá rascándome la barriga.
—Ulrich, deja de quejarte.
No sonó molesta, Ulrich sabía que se lo merecía, a veces, simplemente, no podía evitar protestar, sobre todo cuando se sentía inseguro como en aquel momento. Yumi le conocía lo suficientemente bien como para no ofenderse o molestarse y él le estaba agradecido por ello.
—Es aquí —soltó de repente deteniéndose frente a una casa de una sola planta con un pequeño jardín delantero. Yumi se hurgó en el bolsillo y sacó un llavero con dos llaves colgando—. He estado pensando mucho en lo que hablamos el otro día y tenías razón.
Habían estado hablando de su relación, de lo engorroso que era tener intimidad en el piso que Ulrich compartían con Odd o en el que ella compartía con Priscilla, que eso acabaría pasándole factura a lo suyo. Yumi le había dicho que era muy pronto como para pensar en irse a vivir juntos, algo con lo que él no estaba de acuerdo.
—¿La tenía?
—Sí. Por un motivo u otro siempre acabamos anteponiendo obligaciones, amigos y cosas varias a nuestra propia vida —soltó de corrido—. Y ya estoy cansada de pensar en los demás y no en nosotros, así que vamos a ser egoístas por una vez.
»He alquilado esta casa, es barata y no está muy alejada del centro. Entre los dos podemos pagarla sin problemas.
—¿Va en serio?
Yumi asintió incapaz de adivinar si estaba contento o enfadado por lo que había hecho. Le lanzó las llaves con cuidado y él las atrapó al vuelo, gracias a sus buenos reflejos.
—¿En serio? —volvió a preguntar.
—Sí —respondió perdiendo toda la seguridad en sí misma—. Ya sé que lo mejor habría sido venir los dos a ver la casa, pero encontrar un hueco en el que poder coincidir…
—Habría sido complicado.
Ella asintió y esperó el veredicto.
—Si la idea te espanta puedes decírmelo libremente.
—No, es sólo que… estoy sorprendido.
—¿En el sentido bueno o en el malo?
—Bueno —soltó relajado—. Me das la razón, alquilas una casa para los dos y estás muy guapa.
Yumi rió relajada, a Ulrich le fascinaba el modo en el que sus mejillas se teñían de un suave rubor cuando reía. Era tan bonita, se sentía tan afortunado de haber logrado que aquella montaña rusa que había marcado su relación se estabilizase al fin, ya no había celos, ni miedos, tampoco aquella inseguridad asfixiante que le hacía estallar de repente.
—Vale, ¿quieres ver la casa o no?
—Claro que sí.
La idea de vivir con Yumi era un sueño hecho realidad. Metió la llave en la cerradura sorprendiéndose de que no le temblase el pulso, la puerta cedió con facilidad, el aire del interior olía a limpio y fresco.
—No hay muebles —confesó Yumi entrando primero—, pero está todo recién reformado y a estrenar.
Yumi le acompañó a hacer el pequeño tour por la casa. No era muy grande, pero había espacio más que suficiente para ellos dos. Dos dormitorios, un baño completo con una elegante bañera con patas, una sala de estar que podría convertirse fácilmente en un estudio si se necesitase y una cocina abierta a un amplio comedor que conectaba con el jardín trasero con unas impresionantes puertas francesas. Aún sin muebles, completamente vacía y con las paredes pintadas de un insípido color blanco, Ulrich podía verse viviendo allí durante muchos años junto a Yumi, siendo felices, haciéndose mayores mientras planificaban cosas y, tal vez, formaban una familia grande y feliz.
—¿Cómo has dado con este sitio?
—En el tablón de anuncios de la universidad, es de los padres de una compañera de clase —musitó clavando la mirada en el jardín—. No me ha cobrado nada de fianza y me ha dicho que, si hay que arreglar algo, sólo tenemos que avisarle, pero que todo funciona bien.
—Yumi… este sitio es genial —soltó. Decir lo contrario sería mentir y no quería estropearlo diciendo que habría preferido que buscasen juntos una casa en la que vivir—. Pero tengo que confesarte una cosa.
—¿Qué?
—No sé nada de decoración.
La hizo reír. Así tenía que sonar siempre aquella casa, a risas y felicidad.
Fin
Notas de la autora:
¡Hola! Cuánto tiempo sin pasarme por aquí, oficialmente, he publicado alguna cosilla suelta, pero nada relacionado con lo que tengo a medias. Espero que la publicación de este shot signifique mi regreso, últimamente me han dado ganas de volver a escribir sobre Code: Lyoko, aunque necesito volver a ver la serie porque he olvidado muchas cosas.
Voy a concentrarme en acabar esta colección, sólo quedan cuatro shots y los tengo todos abocetados.
Nos leemos, un abrazo.
