EP 2: Los Vernichter

Brunhilde abrió sus ojos como platos tras escuchar las palabras de Mefistófeles, y tan solo se limitó a proferir una sola frase:

—¡ESO ES IMPOSIBLE! ¡EL TÁRTARO NO PUEDE SER DESTRUIDO!

Göll, por su parte, sintió como un escalofrió de terror recorría su cuerpo haciendo que cayera al suelo al imaginarse aquella dantesca escena.

—Para los titanes no hay nada imposible—replicó el demonio mientras se encogía de hombros—era cuestión de tiempo la verdad, pero lo importante es que tu te harás cargo de este problema.

—¿Y cómo sugieres que lo haga? —preguntó la Valquiria en tono desafiante.

—Ya te lo dije ¿no?, reúne un grupo de humanos para que le hagan frente, así como lo hiciste en el torneo del Ragnarok pasado contra nosotros.

—Esta vez no es tan simple —Contestó Brunhilde mientras cubría su rostro con ambas manos—Una cosa es enfrentarlos a ustedes, pero otra muy distinta es hacerles frente a los titanes. ¡Hasta el mismo Zeus tuvo problemas serios para derrotar a su padre!

—Y es precisamente por esa razón que este nuevo torneo será tan interesante—añadió Mefistófeles con entusiasmo—Veremos si el potencial humano es realmente extraordinario, o si en realidad, fue un golpe de suerte lo que tuvieron en el Ragnarok.

—¿Por qué haces esto? —preguntó la mujer mientras se incorporaba—He visto a los humanos hacer cosas mas que extraordinarias, pero enfrentarse a un titan es algo que hasta los mismos dioses temen hacer ¿o me equivoco, "Mef"?

El demonio soltó una carcajada fingida como respuesta.

—Eres zagas, mi querida Brunhilde. Pero me temo que te equivocas. Mientras tu te lamentabas por la muerte de tus hermanas en esta habitación, los dioses hicieron algo que nunca habían hecho en toda su existencia: entrenar.

Tanto Brunhilde como Göll se sorprendieron tras escuchar aquella afirmación del demonio.

—Desde el torneo pasado, los dioses sufrieron un enorme golpe a su orgullo, tras ver como unos simples humanos eran capaces de superarlos. Así que empezaron a desarrollar y aumentar sus poderes a tal punto que ni siquiera los titanes son rivales para ellos.

—Si es verdad lo que dices ¿para qué hacer esta parafernalia de torneo? —preguntó Brunhilde con acritud.

—Por la única razón por la cual un dios hace algo, por diversión.

La Valquiria sintió como se le revolvía el estomago en señal de ira, y Göll se estremeció tras comprobar el capricho de los dioses.

—No pienso participar en su juego—sentencio Brunhilde con firmeza—No voy a sacrificar nada más. —añadió mientras sostenía fuertemente la mano de Göll

—Que pena—respondió Mefistófeles con una tristeza fingida—Y yo pensando que aun tienes mas hermanas a las que querías revivir.

En ese momento, Göll, apretujo la mano de Brunhilde al punto de casi romperla.

—Hermana ¡por favor ayuda a la demás a salir de ese lugar! ¡la soledad que se siente ahí es peor que un infierno! ¡ellas están sufriendo!

De pronto, el semblante determinado de la Valquiria se suavizo de golpe, tras observar los ojos inclementes de su hermana menor, y comprender que podría volver a tener a toda su cuadrilla de hermanas juntas de nuevo.

—Si hago esto… ¿en realidad traerás de nuevo a mis hermanas?

—Palabra de honor—dijo el demonio mientras extendía su mano a la valquiria.

—No soy ninguna idiota—Añadió Brunhilde mientras apartaba la mano de Mefistófeles con brusquedad— ¿Desde cuando los demonios tienen palabra de honor? Si hare este trato, será con Zeus, no contigo.

El ser infernal sonrió de manera divertida.

—No esperaba menos de mi amada Brunhilde. — y tras que ella le ordenase a Göll que la siguiera, el trio se encamino al Anfiteatro Sagrado, el lugar donde se encontraban los dioses deliberando nuevamente el destino del universo.

Mientras caminaban por los elegantes pasillos de mármol del Palacio Dorado, Brunhilde no podía apartar la mirada de su hermana pequeña. Jamás pensó que volvería a tenerla a su lado, y eso hacia que su marchito corazón volviera a latir con renovadas esperanzas por volver a ver al resto de sus hermanas. No obstante, había un problema. ¿A quiénes elegiría para luchar contra los titanes? Y aun mucho más importante ¿Cómo les harán frente?

Mientras pensaba en todas esas cosas, Mefistófeles anunció la llegada al Anfiteatro Sagrado. En cuanto entraron, las miradas de miles de dioses se clavaron directamente sobre los tres recién llegados, más específicamente sobre Brunhilde. Göll sintió como una aterradora presión se adueñaba de ella al sentirse escrutada también por los dioses.

—¡¿Qué rayos hace esa traidora aquí?!—increpó un dios con cabeza de bufalo.

—¡Largo de aquí malditas! —dijo una diosa con rasgos de serpiente.

—¡Mátenlas! —exigió un dios con cabeza de caballo.

Y un sinfín mas de improperios fueron lanzados a la pareja de valquirias, y aunque Göll estaba aterrorizada, Brunhilde sostuvo su mano con firmeza, y entró a la sala con un determinante orgullo desafiante. Mefistófeles, por su parte, observaba la situación con aire de despreocupación y diversión.

—¡Oh vaya! ¡pero que agradable sorpresa! —dijo una voz de trueno que resonó por todo el anfiteatro con autoridad causando que los insultos del resto de dioses se acallaran—Pero si es nuestra nueva inquilina ¿Qué tal tu habitación?

—Basta de tonterías, Zeus. Se que eso no te importa en lo mas mínimo, así que vayamos al grano ¿quieres?

Göll se sorprendió tras observar que Zeus estaba reposando en su forma diamante.

—¡¿P…porque está en esa forma?! —preguntó la pequeña valquiria aterrorizada.

—Tal y como lo había dicho, los dioses han estado entrenando. Y este es el entrenamiento de ese viejo. —respondió Mefistófeles—Ya lleva ochenta y cuatro años con esa forma sin desfallecer de cansancio.

La pequeña quedó petrificada al escuchar aquel horroroso dato.

—Tus modales siguen igual de impertinentes que antes—dijo Zeus con una carcajada—Y veo que descubriste un pequeño secreto nuestro ¿no es así? —añadió mientras posaba su mirada sobre la pequeña Göll.

—Es por eso que estoy aquí—replicó Brunhilde con tenacidad—Quiero a mis hermanas de vuelta y sé que puedes hacerlo.

Todo el auditorio de dioses rompió en maldiciones contra la valquiria por su soberbia y desfachatez, pero Zeus alzó su mano para pedir silencio y todos obedecieron.

—Ciertamente es algo que puedo hacer, pero no sé si quiera hacerlo.

—Mandaste a un demonio rastrero a pedirme que reúna nuevamente un grupo de humanos para hacerle frente a los titanes. No pienso sacrificar más vidas humanas solo para que ustedes se diviertan. Si voy hacerlo, es para traer de regreso a mis hermanas y a los humanos que murieron en el Ragnarok.

Un silencio sepulcral se adueñó de toda la instancia ante las exigencias de la valquiria. Y al final fue el propio Mefistófeles quien rompió el hielo.

—Tal parece que mi hermosa Brunhilde mantiene su carácter intacto. Y considero que su petición es más que justa, o al menos, la mitad de ella.

La líder de las Valquirias volteó su cabeza para observar al demonio con indignación.

—Mi propuesta era recuperar a tus hermanas, los humanos no eran parte del trato. Tendrás que elegir a quien resucitaremos, si es que triunfan, claro está.

—¡Eres un miserable rastrero!

—Gracias querida, eres muy amable—respondió Mefistófeles con una sonrisa.

—Me temo que el demonio tiene razón esta vez, Brunhilde—Replicó Zeus de manera seria—No abuses de nuestra benevolencia. El resucitar a alguien ni siquiera debería estar sobre la mesa; pero tu amigo, el demonio, fue muy persuasivo al convencernos de realizar el torneo de la Titanomaquia con los humanos.

Brunhilde se sorprendió de sobremanera al escuchar que Mefistófeles fue el de la idea de este nuevo torneo.

—Supongo que no le dijiste que fuiste tu el de la idea ¿cierto? —preguntó Zeus dirigiéndose al caído.

—No me gusta alardear de mis buenas acciones—replicó el demonio con tono de burla.

—Bueno suficiente de charla—sentenció Zeus con voz de trueno—Es hora de entrar en acción—y a continuación extendió su mano y nueve pantallas gigantes se materializaron en el aire sobre las cabezas de los presentes. En cada una, se observaba un ser gigantesco diferente—Estos son los titanes.

Una oleada de rechazo e insultos recorrió todo el anfiteatro al observar la apariencia de aquellos seres.

—Como pueden observar, esta vez escaparon nueve—anunció Zeus con tranquilidad—Por lo que tendrás que elegir a nueve humanos para que se enfrenten a ellos—añadió dirigiéndose a Brunhilde.

La Valquiria tragó saliva al observar a las criaturas en las pantallas. Ella solo había oído rumores sobre los titanes, pero al verlos, sintió como la esperanza de ver sus hermanas disminuía poco a poco.

—¿Q…quiénes son? —preguntó con dificultad, a lo que Zeus, respondió materializando los siguientes nombres en cada una de las pantallas:

YMIR

ATLAS

PROMETEO

CRONOS

REA

CRIO

HELIOS

ASTREO

OCÉANO

Ambas valquirias cayeron de rodillas al ver aquel horrendo listado, y uno que otro dios menor soltó un pequeño jadeo de impresión.

—N…No hay forma de ganar—dijo Göll con lágrimas en sus ojos. —No volveremos a ver a nuestras hermanas nunca más.

—E…esto es una batalla perdida—corroboró Brunhilde—¡Nuestro Vollund es ineficaz contra ellos!

—Naturalmente—coincidió Mefistófeles—Esa técnica es poderosa contra los dioses, pero inútil contra los titanes. La única forma de matar a uno, es con un arma forjada por un dios. —añadió con un guiño.

—¿Estas insinuando que ustedes ayudaran? —contestó Brunhilde con gran incredulidad.

—¡Bingo! —respondió el demonio con emoción—Pero aun no sabemos a quienes vamos a ayudar.

La Valquiria sacó un artefacto tecnológico de su bolsillo (similar a un celular) y comenzó a repasar a sus candidatos con gran concentración.

—¿Hermana? ¿tienes en mente a alguien? —preguntó Göll con timidez

—Desde que termino el Ragnarok pasado comencé a trabajar en otra lista de posibles candidatos. Siempre tuve la certeza que los dioses caprichosos podrían romper su juramento, así que ideé un plan de contingencia. Pero jamás pensé que los titanes serian nuestros oponentes esta vez. No estoy a segura a cuál de estos dos incluir…—añadió mientras examinaba con detenimiento la pantalla de su artefacto.

—Tic tac, niña. No tenemos todo el día—apresuró Zeus mientras señalaba un reloj imaginario en su muñeca.

—Estoy lista—anunció la Valquiria con firmeza—Estos son los humanos que elegiré— y a continuación proyectó el siguiente listado con su aparato:

BARBANEGRA

CLEOPATRA

SANSÓN

ESPARTACO

MATA-HARI

BILLY THE KID

ERIK EL ROJO

JUANA DE ARCO

MAGO MERLÍN

—¡Estos serán los humanos que se encargarán de aniquilar a los titanes, y desde ahora serán conocidos como los Vernichter!