EP 3: Rüstung
—¡Vaya, debo admitir que tu elección es interesante cuanto menos! —dijo Zeus mientras rascaba su mentón.
—Ahí tienes tu lista, Mef, ¿ahora qué? —preguntó la Valquiria en tono severo.
—Ahora viene la parte divertida—contestó el demonio—Ver quien de todos los aquí presentes bendecirá a los humanos con un Rüstung.
Una ola de murmuras de descontento se propagó entre el público divino, y Göll arrugó su cara en señal de desconcierto tras escuchar aquella extraña palabra.
—¿Qué es eso?
—Es un arma fabricada por los dioses para ser usada por los humanos—explicó Brunhilde con seriedad—Hace miles de años que no hacen una.
—¿Ya habían hecho una? —preguntó Göll sorprendida.
—Si, la legendaria espada Excalibur blandida por Arthur Pendragon. El último gran Rüstung otorgado a la humanidad.
—Los humanos tienden a perder la cabeza cada vez que tienen un Rüstung en su posesión ¿estás segura de esto, Valquiria? —preguntó Zeus con un dejo de burla en su voz.
—Mis Vernichter tienen la madurez necesaria para no dejarse seducir por el poder de esas armas—replicó Brunhilde con seguridad—Así que sí, estoy segura.
—¡Maravilloso! —intervino Mefistófeles con energía—Yo seré el primero en dar mi bendición a uno de tus Vernichter. Elijo a este. —añadió rápidamente mientras señalaba un nombre de los nueves humanos en la lista.
—Supuse que lo elegirías a él—dijo Brunhilde tras la elección del demonio.
—Bien ¿Quién es el siguiente? —preguntó el demonio con la emoción de un niño, pero los dioses se mostraban reacios a otorgar su bendición a un grupo de humanos.
—Tenemos un público difícil—dijo Zeus con una carcajada—Supongo que yo seré el siguiente en elegir. Veamos…—Tras un momento de inspeccionar el nombre de los ocho humanos restantes, la mirada vacía de Zeus se posó en un solo nombre.
—Si, ya te recuerdo muchacho…Elijo a este—anunció mientras apuntaba con su dedo índice un nombre de la lista.
—Era de esperarse—replicó Brunhilde tras comprobar la elección del padre del cosmos.
—¡Vamos aún quedan siete más! —anuncio Mefistófeles como si fuera un vendedor ofertando un producto milagroso, y tras un largo momento de silencio, una diosa hermosa de frondosa cabellera roja como el fuego, y vestida con un magnífico traje de seda dorada, se puso de pie y camino hacia la proyección de Brunhilde con autoridad.
—Terminemos con esta farsa de una vez, elijo a este hombre.
Todos los dioses presentes quedaron atónitos al ver la acción de aquella diosa, sobre todo las valquirias, e incluso, el mismo Mefistófeles.
—¡N…no lo puedo creer! —gritó Göll mientras abría sus ojos como platos de la sorpresa—¡¿La gran diosa Hera bendijo a un humano?!
—¡E…esto no me lo esperaba! —admitió Brunhilde mientras sudaba de la impresión.
—¡Cariño! ¡Gracias por tu…! —empezaba a decir Zeus con un empalagoso gesto de afecto, cuando la diosa Hera lo paró en seco con un potente puñetazo envuelto en llamas doradas directo en la cara.
—Alejate de mí, viejo repugnante—dijo la hermosa diosa mientras acariciaba su puño—Quise participar porque en el torneo pasado hubo un humano que me conmovió, y eso nunca ha pasado en toda mi vida. Quiero ver si esa hazaña es repetida. Hace eones de años que nadie hace que me sienta viva —dijo mientras miraba de manera despectiva a Zeus.
—¡Hermana esto es increíble! ¡creo que tenemos oportunidad! —anunció Göll con emoción.
—No debemos cantar victoria aun, Göll. —reflexionó Brunhilde pensativa—Pero admito que me gustan estas posibilidades.
—No estaba seguro de esto, pero el hecho de ver a Hera participar, me ha convencido—anunció un imponente dios de musculatura abultada y de cabellera rubia larga hasta la espalda; vestido con una armadura de guerra griega. —Yo elijo a este sujeto.
—Gracias por tu participación, Ares—respondió Brunhilde con una reverencia, a lo que Göll se sorprendió al saber la identidad de aquel dios macizo.
—¡¿Ares?! Oh no…
—No te confundas pequeña Valquiria—cortó Mefistófeles con un semblante sombrío—Este no es el Ares que tu conociste. Desde la finalización del Ragnarok, este dios fue uno de los que más entrenó, y actualmente es tan poderoso que puede hacerle frente al Zeus diamante de antaño. Diría que se ha ganado algo de respeto en el último siglo.
Göll quedó petrificada de la incredulidad tras escuchar aquella información del demonio, pero antes de que pudiera decir algo más, una diosa de exuberante belleza que iba montada sobre unos golems de piedra gateando, se acercaba lentamente hacia la proyección del listado de humanos.
—No quiero quedarme fuera de la diversión—dijo Afrodita mientras señalaba delicadamente un nombre.
—Esto sí que es inesperado—dijo Brunhilde—¿la diosa del egoísmo queriendo ayudar a los humanos?
—No me malinterpretes, querida—respondió la diosa con aspereza—Me importa un carajo lo que pase con los humanos, pero no dejare que esa perra se lleve toda la atención. —agregó mientras miraba de reojo a la diosa Hera—Además, es la primera vez que veo mujeres en tu lista de peleadores, así que, quiero ser la primera diosa en bendecir a una. Siento que con ella podríamos ser grandes amigas—Finalizó mientras dejaba su marca sobre el nombre de una de las mujeres del listado.
—¡Esto es absurdo! Por mas que un humano use nuestras armas, jamás podrán hacerles frente a los titanes—increpó Shiva mientras Afrodita regresaba a su asiento. El dios hindú tenía un par de brazos acomodados detrás de su cabeza con despreocupación, y otro par de brazos metálicos cruzados sobre su estómago. —Yo mismo soy más que suficiente para lidiar contra todos ellos.
—No es obligatoria tu participación—respondió Mefistófeles de manera tranquila, pero con un dejo de agresividad en su voz.
—¿Quién dijo que no quería participar? —replicó el dios de cuatro brazos mientras caminaba hacia la proyección de Brunhilde—Voy a demostrar que esto es una perdida de tiempo, y tal vez así, comprendan de una buena vez, que las decisiones de un viejo senil no deberían ser acatadas tajantemente—agregó mientras lanzaba una mirada furtiva desafiante a Zeus, y tras dejar su marca sobre un nombre de los Vernichter, regresó a su asiento con tranquilidad.
—¡Ya solo faltan tres! —dijo Göll con emoción.
—Pero no veo a nadie mas interesado en participar—contestó Brunhilde mientras observaba el mar de dioses quietos en su sitio.
—Yo concuerdo con Shiva—dijo una voz femenina pero potente que inundó la estancia del anfiteatro—En el Ragnarok pasado se decidió que dejaríamos en paz a los humanos, pero nuevamente queremos ponerlos en peligro por un capricho ¿en donde queda nuestra palabra divina? ¿acaso ya no vale nada?
El par de Valquirias se sorprendió al ver que la diosa que estaba defendiendo el bienestar de los humanos era Artemisa, un ser divino virtuoso pero reservado.
—No hemos roto nuestro juramento, querida—contestó Zeus con despreocupación—Ellos no están en peligro si es que los Vernichter fallan, además ¿tan malo es que los dioses tengamos algo de diversión? Ellos no merecen tu compasión, Artemisa.
La diosa de rostro hermoso enmarcado de una magnifica cabellera verdosa, y vestida de ropajes florales, se encaminó a paso firme hacia la proyección de Brunhilde.
—En ese caso, tendré que participar para asegurarme de su protección—dijo la diosa mientras dejaba su marca sobre una mujer del listado.
—Nos honra mucho su ayuda, diosa Artemisa—dijo Brunhilde mientras hacia una reverencia junto con su hermana menor.
—Confió en tu juicio, Valquiria. No me decepciones—y tras haber dicho eso, se retiró del anfiteatro con solemnidad.
Ya solamente faltaban la bendición de dos dioses más, pero ahora el silencio y la indiferencia de la gran mayoría de dioses se hizo aún más presente, lo que causo que Göll, tuviera un pequeño ataque de ansiedad. Pero en ese instante, una ola de calor se comenzó a esparcir por toda la estancia haciendo que muchos dioses se incomodaran y comenzaran a sudar de manera descontrolada.
—¿Qué está pasando? —preguntó la pequeña Valquiria mientras caía al suelo casi desfallecida por la subida de temperatura.
—N…no lo sé—respondió Brunhilde con dificultad mientras sudaba de manera desproporcionada—¿Podrá ser…él?
En ese momento, la entrada principal del Anfiteatro Sagrado se abrió de par en par, para dar paso a una esbelta figura masculina alada; vistiendo con elegantes ropajes dorados que combinaban con su cabellera azulada, y ojos rojos que penetraban hasta lo más profundo del alma.
—Hermana mayor, ¡debo estar alucinado! ¡De lo contrario no podría explicarme como es que estoy viendo al supremo dios egipcio Ra en persona!
—No, Göll, no estas alucinando ¡el verdaderamente está aquí!
El gran dios del sol, Ra, se caracterizaba por ser bastante introvertido. Rara vez salía de sus aposentos; y casi nunca se la ha visto interactuar con otras deidades, no obstante, todos los dioses presentes saben a la perfección, que Ra, es el único dios que puede fácilmente pelear el titulo como el soberano del Olimpo a Zeus, si él así lo quisiera. Pero, por suerte para el padre del cosmos, Ra no tenía ningún interés en gobernar a los dioses.
Ninguna deidad se atrevía a emitir un solo ruido. La sola presencia de Ra imponía un respeto asfixiante en los presentes.
—Los humanos han perdido el derecho de ser apreciados por nosotros—sentenció el dios alado con voz suave pero impregnada de firmeza y autoridad—No son merecedores de nuestra empatía. No obstante, reconozco que existen sujetos que son dignos de admiración, y por esa razón estoy aquí.
Y, haciendo gala de sus esplendidas alas metálicas de halcón, sobrevoló por la estancia hasta aterrizar frente la proyección de nombres. Brunhilde apenas pudo mantener la compostura, puesto que era la primera vez en su vida que se sentía tan intimidada por un dios.
—Se que hiciste un trabajo magnifico con tu elección de humanos en el Ragnarok, espero que tu buen juicio siga intacto. —y después de colocar su marca sobre el nombre de una mujer, el gran dios Ra emprendió el vuelo y salió de la estancia llevándose consigo la asfixiante ola de calor.
Brunhilde aun temblaba, y Göll apenas estaba al borde de un desmayo.
—Eso fue interesante—dijo una voz familiar que hizo que la pequeña Valquiria se incorporara de su sopor, al igual que provocó en Brunhilde un sentimiento de alivio y nostalgia.
—Sabía que no podías faltar, Hermano Thor.
El dios del trueno nórdico tenia una apariencia diferente a la del Ragnarok. Su enorme melena había perdido su rojo intenso y ahora era de un tono grisáceo al igual que el de su tupida barba. Lo que le confería un aspecto más sabio, y más poderoso. Pero el cambio mas notable lo tenia su martillo Mjolnir, el cual había reducido su tamaño al de un mazo de dos metros de grosor.
—Me da gusto verlas—dijo Thor con serenidad, pero con un brillo de calidez en sus ojos. —Ha pasado un gran tiempo.
—Y que lo diga, gran señor de todo, Thor. —respondió Brunhilde con una profunda reverencia, pues ahora, el dios del trueno se había convertido en el dios supremo nórdico, tras la muerte de su padre Odín en el Ragnarok.
—No es necesario tanta formalidad—indicó Thor con un gesto de despreocupación—Después de todo, he venido a ayudarte ¿falta un humano, cierto? —añadió mientras observaba el ultimo nombre que hacia falta por bendecir.
—¡Tu ayuda es mas que valiosa, hermano Thor! —dijo Göll entre lágrimas, al ver como el dios del trueno colocaba la última marca faltante sobre el listado de los Vernichter.
—"No tengo que decírtelo, pero esto es muy sospechoso"—escuchó Brunhilde en su cabeza a la que claramente identificó como la de Thor—"Este demonio trama algo, y debemos estar alerta"
La Valquiria trató de mantener su compostura y solamente se limitó a asentir levemente, casi de manera imperceptible. Ella, naturalmente, sabia que este asunto del torneo de la Titanomaquia olía mal desde un inicio. Sobre todo, teniendo en cuenta al gestor de la idea, el cual era un reconocido demonio embaucador. Pero, aun con todo, esto le daba la oportunidad perfecta de recuperar a sus hermanas o a los Einherjer caídos, y esto por si solo, valía la pena cualquier intensión oculta del príncipe infernal.
—¡Estupendo! —gritó Mefistófeles con euforia al ver la lista completada—¡la diversión esta apunto de iniciar!
—Hermes ¿Cuál es el estatus de los titanes? —preguntó Zeus a su dios asistente, el cual llevaba en su ojo izquierdo, una especie de artefacto tecnológico que le permitía ver objetos y lugares distantes.
—Según lo que puedo ver, el primer titan en llegar a la tierra será Crio, Señor. —respondió Hermes mientras mantenía su vista fija en el cielo.
—¿y donde aterrizará? —inquirió Zeus con impaciencia.
—Todo apunta a que lo hará en el Gran Cañón, ubicado en América.
Göll tenia su rostro completamente impregnado en confusión.
—Hermana, ¿de qué están hablando? ¿a que se refieren con "llegar a la tierra"?
—Oh mi querida Göll, ¿ves la importancia de no faltar a tus clases de historia? —increpó Brunhilde con severidad—Si hubieras atendido a mas de alguna clase, sabrías que el Tártaro, es el nombre con el cual, Zeus, bautizó al agujero negro ubicado en la galaxia de Andrómeda, en la cual aprisionó a los titanes.
—¡¿Qué?!—exclamó Göll con la boca abierta—¡¿Nunca estuvo en el inframundo?!
—Para nada—respondió Brunhilde—Es por eso que no puedo creer que los titanes hayan escapado. Nada sale de un agujero negro, ni siquiera la luz. No obstante, admito que me causa mucha intriga saber cuál es el motivo por el que, Zeus, preguntó la ubicación de aterrizaje del titan.
—¿Acaso no es obvio? —intervino Mefistófeles con un tono de soberbia—Ese lugar es donde se llevará a cabo la primera batalla de la Titanomaquia.
—¿Q…Qué has dicho? —preguntó Brunhilde mientras una gota de sudor recorría su mejilla.
—¿No lo sabias? —preguntó el demonio con mofa—El torneo de la Titanomaquia no se desarrollará en elaboradas plataformas de combate como el Ragnarok pasado. Esta vez, lucharan en distintos puntos geográficos de la tierra, en un ambiente hostil.
Brunhilde fulminó al demonio con su mirada tras haberse guardado esa información valiosa a ultimo minuto, pero la bendición de los dioses les podía dar una cierta ventaja en esta situación adversa.
—Oye tu—dijo Zeus llamando la atención de la Valquiria mayor— Repasemos como quedó la lista con el apadrinamiento de los dioses.
Brunhilde salió de sus pensamientos y procedió a accionar su artefacto para proyectar la siguiente lista modificada:
BARBANEGRA bendecido por ARES
CLEOPATRA bendecida por RA
SANSÓN bendecido por SHIVA
ESPARTACO bendecido por ZEUS
MATA-HARI bendecida por AFRODITA
BILLY THE KID bendecido por HERA
ERIK EL ROJO bendecido por THOR
JUANA DE ARCO bendecida por ARTEMISA
MAGO MERLÍN bendecido por MEFISTÓFELES
—¿Ya tienes a tu primer contendiente? —preguntó Zeus mientras examinaba la lista.
—Si, ya lo he decidido.
—¿Y bien? —insistió Zeus con aprensión.
—Si lo que dice Hermes es cierto, el luchador idóneo para este primer combate es uno que conozca el área de antemano, y entre mis Vernichter solo hay uno que cumple con ese requisito: el forajido mas letal del viejo oeste, Billy the kid.
