EP 6: El Vaquero solitario

El público en el Valhalla se dividió en dos tipos de reacciones tras presenciar lo ocurrido. Los dioses se mantuvieron impasibles, aunque, la gran mayoría se burló de la participación del vaquero, y los humanos por su parte (los cuales eran personas del lejano oeste), quedaron atónitos y en silencio.

—N…No puede ser…El jefe murió ¿así nada más? —dijo Jose Chavez y Chavez, un hombre de mediana edad y de prominente bigote negro, miembro de la banda de Los Reguladores, liderada por Billy—¡¿Por qué?!

El resto de miembros de Reguladores corroboraron sus palabras mediante disparos al aire de manera descontrolada causando un gran alboroto, pero en medio de ese desorden, un hombre de sombrero de bombín y vestido con un elegante traje de etiqueta negro, saco su propia escopeta he hizo tres sonoros disparos al aire que sofocaron los ruidos de la banda de los Reguladores, causando un silencio sepulcral en el Valhalla.

—Ni siquiera en la muerte dejan de mostrar su ignorancia—dijo aquel hombre cuyo nombre era Pat Garrett, el Marshall que asesino a Billy—Se supone que ustedes fueron los mas cercanos a esa escoria, y, aun así ¿creen que murió de una manera tan estúpida?

—Los humanos si que son orgullosos—dijo Hermes mientras miraba de manera altiva a la humanidad—Acaban de ver que ese vaquero engreído fue decapitado justo frente a sus narices, y todavía tienen la ilusión de que aun siga vivo…Patético—añadió con una risa burlona.

—El único patético aquí, eres tú, querido—atajó Hera de manera tranquila haciendo que Hermes casi se desmayara del bochorno—Que un simple Marshall tenga mejores instintos que un dios, habla muy mal de ti. Si yo fuera tú, me suicidaría por respeto a los demás dioses. No mereces considerarte como uno de nosotros.

La tensión que provocó aquel comentario de la diosa se podía cortar con un cuchillo. Nadie se atrevía hablar, ni siquiera Zeus quien se apachurró en su esponjoso trono y clavo su vista en las pantallas para evitar el contacto con su antigua e iracunda ex esposa.

Hermes por su parte, se postró al suelo para suplicar el perdón a la diosa, pero esta, ya había pasado olímpicamente de él.

—¿En serio piensan que alguien bendecido por mí, acabaría muerto así de rápido? —preguntó la diosa con un tono fingido de indignación.

—T…todo apunta a eso—replicó Göll tímidamente con la voz temblorosa impregnada de temor—¿o acaso alguien puede vivir sin cabeza?

El único ruido que se escucho en el Valhalla tras aquella pregunta, fue la sonora carcajada de la diosa Hera que hizo crispar a mas de un dios, y a casi todos los humanos presentes.

—Tu estupidez me entretiene mucho, pequeña Valquiria—contestó la diosa pelirroja de manera mordaz—Aunque supongo que no te puedo culpar. Lo que vieron fue obra de mi Rüstung: Balas Pandemónium.

Y ante la mirada de confusión de los presentes, procedió a explicar su funcionamiento.

—Originalmente pensé en darle una dotación de balas divinas infinitas, pero el vaquero dijo que solo le bastaban diez balas para acabar con su oponente.

—¡¿Qué?!—Gritaron las hermanas valquirias con indignación.

—¿Por qué rechazar una dotación infinita de balas por solo diez? —inquirió Brunhilde con un tono de desesperación en su voz.

—No son balas comunes, querida—respondió Hera con una risa picaresca—cada bala tiene un poder diferente, tal y como ya lo has visto.

Entonces, Brunhilde, recordó la bala explosiva que carbonizo a Crio, y la bala de perdigón que perforo las alas del titan.

—La bala que acaba de utilizar es la bala espejismo. Una vez que el humo de la bala se ha propagado, creara una ilusión alrededor.

—Entonces…eso quiere decir…

—Que lo que acaban de ver fue un espejismo, una farsa. —finalizó Hera con una sonrisa de satisfacción.

—¡Billy puede ganar hermana! —exclamó Göll con ánimos renovados.

—En verdad eso espero, Göll. —dijo Brunhilde con un tono sombrío en su voz.

—Ten un poco mas de fe en esa escoria—dijo Pat Garret a la valquiria al percibir el tono de duda su voz—En todos los años que pase luchando por la justicia y erradicando la basura de mi ciudad, puedo decirte con toda seguridad que Billy the Kid, fue el único criminal al que yo respete.

—¿En serio le tienes tanta confianza? —preguntó Brunhilde con tono amable.

—Claro que sí, después de todo, no es fácil enfrentarse al hombre que se auto proclamaba como "el despreciado por Dios"

William Henry McCarthy mejor conocido como Billy the Kid, nació en 1859 en el seno de una familia muy pobre, razón principal por la cual su infancia se vio truncada debido a que fue obligado a ganar dinero a muy temprana edad.

Su padre era un hombre alcohólico que cuando llegaba borracho a su hogar, se desquitaba su mala fortuna financiera con el pequeño y su madre. Cuando uno quedaba inconsciente de la golpiza, el padre continuaba con el otro hasta cansarse y dormirse. Este fue el motivo por el cual el niño, desarrollo una fortaleza inusual para un chiquillo de su edad, puesto que el soportaba la golpiza sin desmayarse, para que su padre se cansase y no siguiera con su madre.

Pero este método ocasionaba que anduviera cubierto de moretones y cicatrices, lo que causaba que la gente se apartara de él por la repulsión que generaba en los demás. Así que Billy supo de inmediato que no podía vivir de la buena voluntad de la gente, puesto que esto no existía para él, así que comenzó a hurtar dinero de cualquier peatón incauto.

En varias ocasiones era capturado y apalizado por el Sheriff del pueblo y sus esbirros, pero esto era un precio menor que estaba dispuesto a pagar con tal de conseguir dinero; y no era porque el fuera avaricioso, sino porque su madre estaba enferma de tuberculosis, y el poco dinero que lograba hurtar era utilizado para comprar sus costosos medicamentos.

Todo iba relativamente bien hasta que un día, su padre lo atrapó en la entrada de la casa, después de que Billy regresaba de la farmacia con los medicamentos para su madre. El hombre interrogó a su hijo acerca de cómo había conseguido el dinero para eso, pero el pequeño se mantuvo en silencio. Esto hizo que su padre se enfureciera y golpeara al pequeño con la empuñadura de su pistola, noqueándolo al instante; acto seguido metió al niño inconsciente a la sala de su casa y luego salió a la farmacia a exigir el reembolso del medicamento para después ir a gastarlo en la cantina del pueblo.

Pasaron horas antes de que el niño Billy recuperara la conciencia, y cuando lo hizo, su corazón y alma se resquebrajaron en pedazos al contemplar a su lado, el cadáver inerte de su madre. La cual, al parecer, intento despertar a su hijo para despedirse de él.

El niño lloró y lloró hasta que ya no hubo mas lagrimas que derramar. Su corazón se vació y ya solo existía un odio corrosivo en su interior.

Cuando su padre llegó a su casa completamente borracho, Billy lo emboscó ocultándose detrás de la puerta, y en cuanto el hombre cruzó el umbral, el pequeño hizo gala de su talento para el hurto, y agarró la pistola del cinto de su padre, y sin mediar palabra o mostrar un atisbo de piedad; le disparo tres veces en la espalda, y cuando cayó de rodillas, Billy lo fulminó con un certero disparo justo en la sien, quedando grabado en la retina de su padre, la imagen de su infante asesino.

Después de enterrar a su madre en el patio trasero, y dejar pudriendo el cuerpo de su padre en la sala, Billy se dio a la fuga, y jamás regreso a su pueblo de origen. Todo esto sucedió cuando apenas contaba con siete años en su haber.

Durante los últimos años de su infancia, el joven Billy se dedicó a asaltar a las caravanas que se perdían en el desierto de Arizona, y aunque apenas era un chico de escuálida contextura, las golpizas que le había propinado su Padre, le habían dotado de una inusual resistencia y fuerza física; lo que le permita someter fácilmente a sus víctimas.

Pronto corrieron rumores de un ladronzuelo peligroso que rondaba los desiertos, y en cuestión de solo unos meses, gano su primera recompensa por cien dólares. Nada mal para un niño de apenas diez años.

No obstante, no fue hasta la adolescencia, que conoció la verdadera y horrenda cara de la humanidad. Hasta los doce años, su única víctima mortal había sido su padre, pero pronto ese número comenzaría a multiplicarse obscenamente, puesto que su atlético y corpulento cuerpo masculino, había despertado deseos impuros en otros hombres que intentaron aprovecharse del joven Billy, a lo que este, no tuvo mas remedio que liquidarlos en el acto. Los asesinatos en su haber comenzaban a apilarse en su conciencia, pero él no respondía ante nadie, así que poco le importaba las posibles consecuencias de sus actos. Su pronta y alargada soledad estaba acabando lentamente con su humanidad.

Sin embargo, tras décadas de sequía afectiva, Billy conoció a John Tunstall, un empresario ganadero británico que trató al vaquero con respeto, al brindarle un techo y un empleo bien remunerado para que el forajido enderezase su camino.

Ahí, en las fincas ganaderas de su patrón, conoció a las primeras personas que llamó compañeros, un termino bastante ajeno en su vida.

Pero pronto, Billy conocería una nueva cara de la horrorosa sociedad en la que vivía: la corrupción. Y es que su jefe, el Señor Tunstall, tenia varios enemigos comerciales, mismos que se encargaron de contratar a unos matones para que lo asesinaran, amparados ante la completa impunidad que el dinero les ofrecía.

Fue ahí cuando, inspirado por una renovada furia, fundó la banda de los Reguladores junto a sus compañeros de trabajo, cuyo único objetivo era hacer justica por mano propia.

Después de haber logrado su cometido de manera sangrienta, esta banda siguió causando estragos por todas las ciudades que pasaban. Rápidamente la recompensa de Billy aumentó exponencialmente hasta alcanzar la modesta suma de cinco mil dólares, una autentica fortuna para la época.

Ningún Sheriff del estado, era capaz de contener la furia y el poder de la banda de los Reguladores, ellos eran los amos y señores del viejo oeste, o al menos así fue hasta que el reconocido ejecutor de criminales, el Marshall Pat Garrett, se hizo cargo del caso.

Billy y Pat protagonizaron encarnizados tiroteos que cobraron bajas en ambos lados, pero sin lograr acabar con la vida del otro. Pasaron los meses, y los Reguladores fueron derrotados y ejecutados por Garrett, pero su líder Billy the Kid seguía fugitivo.

Nuevamente, el vaquero se hallaba solo en el mundo. Ni siquiera la compañía de múltiples prostitutas que ofrecían servicios gratuitos al forajido, servían para aplacar el vacío inmenso que había dentro él. Ese sentimiento asolador orilló a que el pistolero tomara una difícil decisión.

Cuando Pat Garrett regresaba a su casa tras una larga jornada de ajusticiar delincuentes, se encontró con la horrorosa sorpresa de ver a su némesis sentado en su sillón de la sala, y bebiendo de su café tranquilamente.

El Marshall llevó su mano instintivamente a su cintura en busca de su arma, pero Billy fue mas ágil, y disparo exactamente hacia la pistola de Pat, dejando al oficial completamente desarmado e indefenso.

"No te preocupes, pronto terminara todo" susurró Billy mientras acercaba la tasa de café a su joven rostro. "¡Maldito! ¡Sabía que eras un cobarde!" atizó el Marshall con furia, pero Billy lo observo divertido "No se lo decía a usted, Señor Marshall, me lo decía a mí mismo" añadió mientras señalaba una espléndida escopeta que se encontraba detrás de la mesa junto a la puerta, justo a la par de Garrett.

"Supongo que eso bastara, ¿no lo cree, Marshall?" dijo Billy con un dejo de preocupación en su voz, a lo que Pat simplemente se limitó a increpar al vaquero "¡¿Qué artimaña es esta? ¡¿Qué pretendes?!"

"¿acaso no es obvio?" preguntó Billy como si aquello fuera lo más lógico del mundo "He venido a que me ejecute" sobra decir que Pat Garrett fue atacado por una tremenda ola de incertidumbre y confusión ante aquellas palabras.

"¿Has venido por un último duelo?" dijo el agente mientras sostenía el arma para comprobar que estuviera cargada, pero Billy solo se limitó a encogerse de hombros "Si así lo quieres, podemos hacerlo. Pero debo añadir que no pienso defenderme, así que me gustaría ser asesinado aquí, en este lugar tan acogedor, si no le importa, claro está."

Pat frunció su seño, ya que aquella situación no le gustaba en lo mas mínimo, pero mientras tuviera su escopeta completamente cargada, no tenía nada que temer, el hombre recargó su arma, y apuntó a un despreocupado Billy que le devolvió una mirada extrañamente melancólica.

"¿Qué pasa, escoria? ¿le temes a la muerte?" preguntó Pat mientras se disponía a disparar, pero Billy solamente sonrió "Cuando has sido tan aborrecido por el mismísimo Dios, no puedes temerle a la muerte"

Y entonces Pat Garret accionó su escopeta matando a su enconado rival, no sin antes sentir un atisbo de tristeza y compasión, tras presenciar lo firme que puede ser la resolución de un vaquero solitario.