EP 8: La Bella y la Bestia
Billy intentó levantarse lo mas que pudo del suelo, pero la ausencia de piernas hizo que esa tarea fuera mas complicada de lo usual, sin embargo, su fiel corcel pura sangre se apostó al lado del vaquero para prestar su ayuda.
Mientras su montaba con titánica dificultad a su caballo, Billy se alarmó al escuchar unos sonidos guturales proviniendo del cadáver de Crio.
—C…Cr…Crin…
Y tras haber dicho esa única palabra, el Titan falleció.
El vaquero no había comprendido las últimas palabras de su adversario, pero pudo sentir un sentimiento de melancolía bastante familiar para él. Así que dirigió su caballo, hacia el cuerpo inerte de Crio, y dejo su sombrero cubriendo cuidadosamente la cabeza perforada de su enemigo, mostrando sus respetos.
—Sin duda, fuiste un formidable oponente. —Al terminar de decir esto, un magnífico portal hacia el Valhalla se materializó frente al forajido, y después de lanzar una ultima mirada al titan fallecido, el vaquero entró en el portal sin premura.
A las pocas horas de haber finalizado el primer combate, Billy se encontraba reposando en una lujosa cama ubicada dentro de la enfermería del gran Palacio Dorado. Estaba utilizando un extraño respirador que estaba conectado a unas máquinas que no había visto en su vida. E inmediatamente, el vaquero se quitó la cobija solo para corroborar que aún seguía con las piernas amputadas.
—Lamento lo de tus piernas—dijo Brunhilde desde un asiento ubicado a la par de la cama—Pero fueron cercenadas por un titan, y las heridas que estos causan, no pueden ser sanadas ni siquiera con la medicina olímpica.
Billy observó a la hermosa valquiria y solamente se limitó a expirar aire con resignación.
—Ese sujeto era bastante fuerte. Si no fuera por la artimaña de las balas mágicas, no habría podido ganar. Tengo suerte de solo haber perdido mis piernas—dijo el vaquero con tranquilidad.
Brunhilde le dedicó una mirada afable, y poniéndose de pie, extendió sus manos sobre sus muslos cercenados.
—He dicho que no pudimos sanar tus piernas, pero no que te dejaríamos sin ellas—y al instante, unas piernas de metal negro macizo se materializaron en la parte inferior del vaquero causando la sorpresa y admiración de este.
—¡Wow! ¡Esto es fantástico! —exclamó con emoción el forajido—¡En verdad te lo agradezco!
—No es a mí a quien tienes que agradecer—respondió la valquiria apenada—Esto es un regalo de ella—añadió mientras señalaba el símbolo de la diosa Hera que se encontraba en las rodillas metalizadas.
—¡Vaya! No esperaba que los dioses fueran tan benevolentes
—Creeme cuando te digo, que ni siquiera nosotros lo sabíamos—replicó Brunhilde en tono serio—Es la primera vez en eones de años, que vemos a la diosa Hera sonreír, y Zeus casi se infartó cuando ella decidió regalarte esas piernas imantadas.
El vaquero respondió con una sonora carcajada.
—Me hubiera bastado con que cumpla con su promesa de liberarme del infierno.
—No te preocupes, ya no volverás a ese lugar. Tienes el amparo divino de la diosa Hera. A partir de hoy, eres un orgulloso habitante más del Valhalla.
Aquellas palabras hicieron que Billy comenzara a derramar lagrimas de manera descontrolada, ya que, por primera vez en su vida, sintió paz y alegría.
— Valió la pena el esfuerzo que hiciste por cumplir tu parte del trato. —añadió Brunhilde con afabilidad—Tu tormento en ese lugar acabo.
—No lo hice por eso—atajo Billy mientras enjuagaba sus lagrimas con su manga—El infierno no es tan malo si lo comparas con la vida en la tierra. Sin embargo, en ese lugar no estaba ella…mi madre.
De repente, Brunhilde abrió sus ojos en señal de sorpresa al recordar aquella mujer de mediana edad, que, de alguna manera, supo que Billy se encontraba vivo cuando todos, incluyendo a la misma valquiria, creían lo contrario. Entonces, ella le dedicó la más fantástica de las sonrisas al vaquero, y acto seguido, procedió a realizar una profunda reverencia.
—Te juzgue mal, Billy the Kid. Pero lo cierto es, que, gracias a ti, estoy mas cerca de recuperar a mis hermanas…desde el fondo de mi corazón ¡Muchas gracias! —añadió mientras unas lágrimas agridulces resbalaban sobre su mejilla.
En ese momento, la pequeña Göll irrumpió en la sala con un semblante de terror en su rostro.
—¡Hermana! ¡ya está aquí! —dijo la pequeña con aprehensión— ¡El siguiente Titan ha llegado a la tierra!
Y tras haber dicho esto, ambas valquirias hicieron una última reverencia de agradecimiento al vaquero, y rápidamente salieron hasta el coliseo del Valhalla.
—¿Sabes quién es? —preguntó Brunhilde mientras se dirigían a su destino.
—La verdad es que no. Lo único que sé, es que aterrizó en el monte Vesubio.
Brunhilde se paró en seco, y observó a su pequeña hermana con ojos de terror.
—¡¿Dijiste Monte Vesubio?! ¡¿estás segura?!
—S…si hermana…Eso dijo Hermes. —respondió la pequeña Göll asustada de ver aquella reacción de su hermana.
—Entonces solamente puede ser él…
—¿Q…quién?
—Vamos—cortó Brunhilde mientras retomaba el paso con prisa—Debemos seleccionar a nuestro siguiente luchador.
En el coliseo, los dioses ya estaban congregados nuevamente para observar el siguiente combate, y en las pantallas gigantes se podía observar el paisaje semi rocoso del monte Vesubio, y justo en medio de él, se encontraba un imponente ser que estaba parado sobre un enorme cráter.
—Lo sabía—dijo Brunhilde al reconocer aquel Titan—Así que nuestro próximo contrincante es Prometeo.
La pequeña Göll se estremeció, y observó cuidadosamente al ser que proyectaban las pantallas. Prometeo era un titan de cinco metros de altura, piel azulada, y con la complexión de un fisicoculturista. Su rostro era bastante elegante en comparación con Crio, ya que tenia unas facciones mas humanizadas, como el ser una prominente barba de candado y el cabello azabache algo desordenado. Su única vestimenta consistía en una especie de falda de guerrero negra, puesto que iba con su dorso descubierto y completamente descalzo. Pero lo que mas llamaba la atención, era el tatuaje de una estrella de ocho picos que estaba justo en su pecho.
—L…luce bastante fuerte, hermana—dijo Göll al recordar lo complicado que fue derrotar al escuálido Crio.
—Y ciertamente lo es—respondió Brunhilde con el semblante serio—Prometeo es de los pocos titanes que tiene el valor para desafiar a Zeus cara a cara y vivir para contarlo.
Göll sintió como un escalofrió recorría su cuerpo tras haber escuchado aquella afirmación, e imaginarse el gigantesco poder que debía de tener.
—Y para sazonar aún más las cosas, este Titan esta sediento de venganza por lo que le hizo Zeus—intervino Mefistófeles con un semblante anormalmente alegre.
—Eso no importa—espetó Brunhilde con brusquedad—Mi elegido será capaz de frenar esa furia, ¿o debería decir…"mi elegida"?
—¿Significa que ya tienes a tu siguiente peleador? —inquirió Zeus con curiosidad
—Así es—respondió Brunhilde con convicción—Haré los preparativos.
Mientras tanto en el monte Vesubio, Prometeo se hallaba disfrutando de la cálida brisa que bañaba su rostro. Aquella deliciosa sensación, le traía recuerdos de cuando moraba la tierra, y su corazón estaba libre del odio de la venganza.
Hace millones de años atrás, cuando los titanes reinaban en la tierra, Prometeo se distinguía de los demás, por sus habilidades de predicción. Y es que este titán fue bendecido con el don de la clarividencia.
Esta particular habilidad le había permitido profetizar, que los titanes serian derrotados en la primer Titanomaquia, y fue por esto que este titán, no participo en una guerra que estaba perdida. Si bien, este acto de deserción le generó el rechazo de su propia raza, también le sirvió para ganar el favor de los dioses, sobre el todo el de Zeus, quien no solo le permitió vivir en el Olimpo, sino que le encomendó la magnífica y loable labor de crear la vida en este planeta.
Prometeo junto a su hermano Epimeteo, crearon todos los seres vivos que existen, ya que aparte de sus dotes proféticos, también era un experto artesano. Se les confirió una bolsa que contenía una serie de diversos y amplios dones, que debían ser repartidos a las diferentes criaturas.
A las aves se les dio el don de volar, a los elefantes el de la fuerza, y a los peces el de surcar los mares sin oxígeno.
No obstante, ninguna de estas criaturas se comparaba con su creación favorita, y de la cual estaba más orgulloso: el humano.
El titán almacenaba estos recuerdos con agridulce melancolía en su interior, y estaba tan absorto en sus recuerdos, que casi no oyó la estridente fanfarria de trompetas que provenía desde el cielo.
Prometeo levantó su vista y contempló bastante extrañado, como una esplendida carroza dorada tirada por media docenas de pegasos, descendía con magnífica elegancia hasta posarse en el borde del monte Vesubio. En cuanto aterrizó, tres golems de piedra surgieron del suelo para apostarse en la entrada de la carroza. Uno abrió la puerta con suma delicadeza, otro se postró frente a ella para funcionar como una especie de grada improvisada, y el ultimo, sacó de la carroza una maquina de humo que sirvió para darle mas dramatismo a la salida de la pasajera de aquel transporte.
De su interior, salió una espléndida y exuberante dama de facciones indescriptiblemente hermosas que causó que el publico en el Valhalla, suspirara ante aquel exponente de belleza máxima que era aquella magnifica mujer. Iba vestida con un impecable vestido blanco tallado a su esbelta figura, tenía un enorme escote que iba hasta su ombligo, y que revelaba abiertamente, las grandes proporciones de sus abultados pechos.
Su cabello largo y rizado color café, caía agraciadamente sobre su espalda con orgullo. Sobre su cabeza llevaba un enorme sombrero negro para sol que casi cubría la mitad de su rostro, el cual iba cubierto con una detallada mascara de cerámica floreada, en cuya frente se vislumbraba una insignia en forma de corazón; el símbolo de la diosa Afrodita.
—¡Bienvenidos dioses a este segundo encuentro de la Titanomaquia! —anunció Heimdall en el Valhalla con extasiado jubilo—¡Inesperadamente, la humanidad ha tomado la delantera al haber conseguido la primera victoria de este torneo! Pero ¿podrán los humanos continuar con esta improbable racha? ¡lo averiguaremos a continuación!
El publico presente estalló en vítores de emoción y excitación.
—¡Por parte de los titanes, tenemos a un famoso traidor que se aprovechó de la bondad del padre del cosmos, Zeus! ¡el artífice de la creación mas insignificante de la existencia, el gran creador de la humanidad…PROMETEO!
Una ola de abucheos estridentes fue proferida por los dioses tras aquella introducción, y después de un momento de histriónico alboroto, Heimdall continuó con su presentación.
—¡Y por la parte de la humanidad, tenemos a la primer representante femenina que se hace presente en un torneo de esta magnitud! ¡Una astuta mujer que supo aprovechar sus encantos para lograr su cometido! ¡La primer Femme Fatale de la historia de la humanidad! ¡La cortesana espiá…MATA HARI!
Un gran alboroto fue proferido por parte de los humanos, quien, en su mayoría, comenzaron a lanzar piropos y silbidos obscenos al admirar la exuberante belleza de su representante.
Heimdall infló lo mas que pudo sus pulmones, y luego hizo sonar su cuerno con poderosa fuerza anunciando el inicio del segundo combate entre humanos y titanes.
