EP 10: El titan que amó a la humanidad
Con renovadas energías y convicciones, Mata-Hari saco de sus guantes un par de esplendidas espadas doradas, una para cada mano; y sin perder tiempo, se abalanzó sobre Prometeo con una lluvia de elegantes, pero letales estoques.
El titan pensó en encarar aquel ataque sin protegerse, pero sus instintos primordiales le obligaron a defenderse justo a tiempo para recibir los primeros ataques, y supo entonces que había hecho lo correcto, puesto que aquellos cortes estaban hiriendo su gruesa piel.
Mientras seguía aguantando el embate de aquel feroz ataque, Prometeo sintió como su piel comenzaba a ser rasgada poco a poco por los acertados estoques de Mata Hari.
Mientras tanto en el Valhalla, Afrodita comenzaba a reírse de manera siniestra.
—Ningún Titan podrá soportar mi Rüstung…Kit de Femme Fatale. Defiéndete todo lo que quieras, que mis espadas consiguen mas filo por cada corte que realizan.
El resto de dioses observaron de reojo a la hermosa diosa del amor; algunos con cierta sorpresa, ya que esta diosa, a pesar de su apariencia y personalidad, no era muy participativa en estos asuntos.
—¿Esa fue tu bendición? —inquirió Brunhilde con curiosidad—¿Un kit?
—Así es—respondió la diosa con una sonrisa—La mejor herramienta para una experimentada espía. Un conjunto de diversas armas provenientes de sus elegantes guantes dorados. Aunque debe tener mas cuidado, ya que estos disminuyen por cada arma que utiliza, y tal como puedes ver, los guantes a penas cubren sus manos ahora.
Las hermanas valquirias dirigieron su atención a lo mencionado por Afrodita, y comprobaron que, en efecto, los guantes dorados pasaron de ser tan largos como su antebrazo a apenas cubrir las delicadas manos de la chica.
—¡Su Rüstung se está acabando! —exclamó Göll con preocupación.
—Confía en Mata Hari, Göll—respondió Brunhilde en tono serio—Ella y Afrodita son sumamente astutas. Francamente no quisiera tenerlas de enemigas.
Al mismo tiempo que la mayor de las valquirias había hablado, en el publico humano se encontraba un hombre vestido con traje de oficial militar, de apariencia obtusa y mirada profunda, acompañado de una hermosa joven de melena rubia, y un varón bastante atractivo y de complexión atlética de algunos dieciocho años de edad.
—¡Mama es asombrosa! —dijo el chico con emoción.
—Margaretha puede ser muchas cosas, pero cobarde no es una ellas—contestó el hombre militar llamado Rudolph MacLeod, el antiguo ex esposo de Mata Hari.
—Ni siquiera creía que los dioses existieran, pero el ver a mama enfrentarse mano a mano con un titan, es lo mas genial que he visto en toda mi vida. —expresó la hija de Mata Hari con júbilo en sus ojos.
—Admito que es impresionante, pero la victoria solo esta asegurada hasta que mate a la criatura—intervino Rudolph con seriedad—¡Por tus hijos, demuestra de lo que estas hecha, Margaretha! —añadió con una abrupta efusividad, misma que atrajo la atención de algunos dioses quienes se burlaron de aquellas muestras de aliento.
Paralelamente en el monte Vesubio, Prometeo se hallaba en un fuerte aprieto, puesto que los cortes se estaban haciendo cada vez mas profundos y si retiraba su guardia, podría recibir un estoque mortal. No había duda que su oponente quería acabar con esta batalla lo más pronto posible.
—¡Insensata! ¡detente ahora mismo! —exigía Prometeo con dificultad, pero Mata Hari se encontraba muy concentrada realizando aquel embate con sus espadas.
—No te preocupes, querido—respondió la bailarina con una sonrisa picaresca—Si liberas tu guardia acabare rápido y sin dolor contigo. —añadió mientras intentaba romper la inexpugnable defensa del Titan, pero en el momento que había encontrado una apertura notable, el cuerpo de Prometeo emitió una pequeña explosión que hizo que Mata Hari saliera volando hasta estrellarse con una roca fuertemente, lo que ocasionó que expulsara algo de sangre por la boca.
—¡MADRE! —rugieron los hijos de Mata Hari en el Valhalla.
Cuando la ex espía pudo incorporarse (con algo de dificultad) observó con sorpresa la nueva apariencia de su contrincante.
El cuerpo de Prometeo estaba envuelto en llamas doradas que le conferían un aura con brillo divino. La humana pudo notar que los cortes que había en sus brazos, comenzaban a cerrarse lentamente. No obstante, el semblante del titan se hallaba claramente acongojado.
—Nunca habría soñado con este momento—dijo Prometeo con nostalgia—tener que usar este ataque contra mi propia creación es algo que jamás hubiera concebido.
Mata Hari comenzó a sudar de manera desproporcionada por la ola de calor que se había extendido, gracias a aquellas llamas doradas.
—Así que este es el poder de un Titan…nada mal. —dijo la mujer mientras intentaba mantener en pie con dificultad.
—No tengo ninguna intención de matarte. Este poder esta reservado para Zeus únicamente. Márchate y te dejare vivir.
Nuevamente, la mujer sintió ira al ver como aquel Titan ya estaba reclamando la victoria al menospreciarla como rival. Así que se desprendió del remanente de sus guantes para formar una pequeña esfera dorada.
—Oh vaya, vaya—exclamo Afrodita en el Valhalla—¿Ya vas a usar eso?
Brunhilde observó a la diosa con extrañeza.
—¿Es algo letal?
—¿Letal? Si no tiene cuidado puede destruir ese volcán causando una erupción sin precedentes en la historia de la tierra. —dijo Afrodita con un brillo siniestro en sus ojos. —¡Quiero ver eso!
Prometeo no se inmuto al ver la determinación de la mujer tras haber transmutado sus guantes a una espléndida esfera dorada, y tan solo se limitó a suspirar resignado.
—Es una bomba ¿cierto?
Tanto Mata Hari como Afrodita, se sorprendieron por la inesperada perspicacia del Titan.
—Ni siquiera me conoces, ¿y estas tan dispuesta a llegar tan lejos para matarme? ¿Por qué? —preguntó Prometeo con curiosidad.
—Porque es la ultima oportunidad de mostrarles a mis hijos, de lo que es capaz su madre.
Sus hijos abrieron sus ojos como platos en señal de sorpresa, y Prometeo observó sorprendido a la mujer para luego suavizar su semblante.
—No somos tan diferentes después de todo. Yo también peleo por los míos.
—No sabia que los titanes fueran tan unidos—respondió la mujer con un dejo de burla en su voz.
—No me refiero a ellos…me refiero a… ustedes.
Hace eones de años, cuando Prometeo vivía junto al resto de titanes, tuvo una visión en la que sus hermanos, eran derrotados por los recién nacidos dioses en lo que pronto seria conocido como Titanomaquia. Convenció a su hermano, Epimeteo, para no participar de esta batalla cuyo destino estaba sellado, y así fue como ambos hermanos titanes, fueron perdonados por los dioses, y pronto se pusieron al servicio de ellos.
Zeus los puso a cargo de la creación de la vida, en el nuevo planea que habían conquistado, y para este efecto, el padre del cosmos les entrego una bolsa con diversos dones para ser obsequiados a sus creaciones.
No obstante, Prometeo se percató que no todos los dones eran buenos, había algunos de naturaleza maligna como el hambre, enfermedad, miedo, odio, y un sin fin más de cosas inenarrables, que hizo que el Titan comprendiera que Zeus no tenía buenas intenciones. Así que construyó una caja magnifica en la que guardo y encerró aquellos dones malignos para que nunca azotaran a sus creaciones, y se la encomendó al cuidado de su hermano Epimeteo.
Con el peligro fuera del escenario, Prometeo se dispuso a gestar su más grandiosa creación: el humano.
Cuando el Titan obtuvo acceso a la biblioteca del Olimpo, leyó acerca de la leyenda de Adam, la primera creación sobre la existencia; y quedó tan maravillado por la grandiosidad de él, que se inspiró a crear a la humanidad a imagen y semejanza de aquel mítico personaje.
Y fue gracias a esa inspiración que el hombre fue creado a manos de Prometeo. Razón principal, por la cual, los primeros hombres en la tierra rendían culto al Titan como su creador. No obstante, Zeus pronto llegaría a conocer a esta especie, y exigiría su adoración únicamente hacia los dioses. Esto no le importaba en lo más mínimo al Titan, siempre y cuando ellos estuvieran a salvo, todo estaría bien.
El padre del Cosmos valoraría esta creación en su función de utilidad para los dioses. Por lo tanto, instruyó a los humanos para que preparan una ofrenda para ellos, y así, determinaría si era una existencia digna de seguir viviendo.
Prometeo, conociendo las intenciones del dios griego, y sabiendo de la avaricia de este, preparo una trampa que beneficiaría a la humanidad. Mataron los mejores becerros he hicieron dos montículos con ellos. Uno de ellos tenía muy mal aspecto: estaba cubierto de cuero sucio y huesos, pero debajo, oculto, estaba la carne y grasa del animal. El otro bulto era más llamativo, ya que consistía en un abundante cuero limpio y de color agradable, pero debajo de este, había solamente huesos secos y tripas.
Cuando Zeus se apersonó en aquel lugar, se le dio a escoger con cual de los dos montículos se quedarían los dioses, y con cual se quedarían los humanos, y como era de esperarse, El soberano del Olimpo escogió el montículo mas llamativo decretando por orden divina, que, a partir de ese momento, todas las ofrendas deberían ser iguales a esa.
Prometeo sonrió y quedó satisfecho al ver que su trampa había funcionado a la perfección. No obstante, no tardo mucho tiempo para que Zeus se percatara que había sido burlado por la creación del Titan, y ardió en colera.
El titan estaba dispuesto a soportar cualquier tipo de castigo, puesto que Prometeo, era conocido por su inusual resistencia, sin embargo, él no contemplaba lo insidioso que Zeus podía llegar a ser, y es que este dios, no castigo al Titan, sino que derramo su furia sobre la humanidad privándola del fuego.
Los humanos se sumieron en la oscuridad, el miedo, y la desesperación. Su avance tecnológico y desarrollo había sido frenado de golpe por el berrinche de un dios.
Prometeo abogó por su creación para que su castigo fuera impuesto hacia él, y no sobre ellos, pero sus palabras se encontraron con el muro de indiferencia divino, y solo consiguió la burla de la corte del Olimpo.
Entonces, audazmente, tomó una decisión que sabía que le costaría la vida, pero que valía la pena, con tal de que sus queridos humanos se libraran del yugo de la oscuridad. Se dirigió con paso firme al gran horno de la vida (actualmente conocido como Monte Vesubio), y robó el fuego del olimpo para otorgárselo a los humanos, quienes volvieron a prosperar gracias a la intervención de Prometeo.
Esta vez, Zeus estalló en una enardecida colera que no podía apaciguarse y por eso envió a Hefesto, el dios de la forja y el fuego, para que capturara a Prometeo.
El titan, presintiendo que sus horas se acercaban a su fin, fue rápidamente a su hogar para esconder la caja que contenía los males de la humanidad, pero Prometeo ignoraba por completo, que la enamorada de su hermano, Pandora, había visto en donde había guardado aquella caja.
En la noche, Hefesto irrumpió abruptamente en los aposentos de los titanes, y sometió a Prometeo con relativa facilidad, principalmente porque el Titan no opuso resistencia, y rápidamente fue entregado a Zeus para que fuera castigado.
El padre del cosmos sonreía de satisfacción por querer ver el terror en los ojos del Titan, pero su sorpresa fue que Prometeo, tenia un semblante que irradiaba paz, lo que provocó aun mas ira en el dios griego.
"¿Crees que, por ser inmortal, no puedes temerle a nada? Pues haré que maldigas el haber nacido sin la capacidad de morir" exclamó Zeus antes de sentenciarlo a la peor de las torturas. Prometeo fue encadenado a una roca situado en la cordillera del Cáucaso, en donde un águila iría todas las mañanas a devorar sus entrañas, y puesto que el Titan era inmortal, sus órganos y heridas se regeneraban durante el resto día, para ser nuevamente devoradas en un angustioso bucle sin fin para el resto de la eternidad.
Aun así, Prometeo estaba dispuesto a pagar ese precio con tal de que su mas preciada creación, pudiera vivir en felicidad como él quería desde un principio. Pero, él ignoraba por completo que Zeus, había embrujado a la novia de su hermano, Pandora, para que abriera la caja liberando todos los males sobre la humanidad.
El titan contemplo con horror, como su creación se comenzaba a destruir entre sí, producto del odio que había sido desatado, y como otros miles más, padecían ante enfermedades y todo tipo de horrores que se habían contenido en la caja.
Esto produjo que Prometeo albergara odio y furia contra el Padre del cosmos. Su único deseo ahora, era asesinar al dios griego y así saldar esta deuda de la humanidad. No obstante, era incapaz de liberarse de sus ataduras, hasta que un día afortunado, después de cientos de años encadenado bajo aquel suplicio, un joven amable de melena carmesí llamado Hércules, se apiado de Prometeo mientras pasaba por ahí, en camino a uno de sus doce trabajos.
El Titan se maravilló al ver la pureza de aquel joven, y esto lo motivo aún más, a enfrentar a Zeus por el bienestar de los suyos, sin embargo, el dios griego estaba en un nivel de poder completamente diferente, por lo que fue brutalmente derrotado, y encarcelado en el tártaro con el resto de titanes.
Zeus se hallaba orgulloso por su triunfo sobre la humanidad y el titan, pero él no contaba con el mecanismo de seguridad que Prometeo dejo instalado en la caja que abrió Pandora, y es que aparte de los dones negativos que fueron liberados, también se salió el don de la esperanza, con la cual, los humanos han sido capaces de mantenerse en pie ante los embates de la vida, e incluso, ponerse al nivel de los dioses; y todo gracias al sacrificio del único Titan que amó a la humanidad.
