EP 12: Choque de estrellas

Las hermanas Valquirias se hallaban acongojadas por la derrota de Mata Hari. Sin embargo, Brunhilde adoptó una postura estoica, y con paso decidido, se dirigió hacia los hijos de la ex espiá a inclinarse para pedir disculpas por su muerte.

—Descuida—respondió la hija con resignación—De hecho, fue gracias a esto que pude ver lo genial que era mama. Espero algún día, ser al menos, lo mitad de fuerte que ella fue.

—Entonces ¿estás orgullosa de ella? —preguntó Brunhilde con timidez.

—¿bromeas? —replicó la adolescente—¡Soy la hija de Mata Hari! ¡No hay mayor orgullo que ese! ¡Quiero ser la próxima en llevar ese manto!

Brunhilde derramó un par de tímidas lagrimas al ver que el deseo de la Femme Fatale, se pudo cumplir a cabalidad. Y, tras despedirse de la familia de Mata Hari, la Valquiria indicó a Göll para que la siguiera a sus aposentos a planear su siguiente movimiento.

No obstante, en el momento que la pequeña valquiria se disponía a seguir a su hermana, la diosa Afrodita regresaba triunfal a través de un portal, entre vítores de los dioses.

Zeus se puso en pie, y besó la mano de la diosa.

—Felicitaciones querida. ¡Nos has dado nuestra primera victoria!

El resto de dioses presentes estalló en vigorosos gritos de emoción y excitación. Sin embargo, el rosto de Brunhilde se ensombreció.

—¿Qué quieres decir con eso, Anciano decrepito? —espetó la valquiria con furia.

—¿Acaso no fueron claras mis palabras? —respondió Zeus con una malicia infantil—Afrodita nos acaba de dar nuestra primera victoria. El marcador ahora está empatado.

—¿Victoria para ustedes? ¿de qué hablas, maldito viejo?

Zeus soltó una carcajada maliciosa interrumpida por algo de tos seca.

—Pues claro que es nuestra victoria ¿o es que acaso pensabas que la muerte del titan seria contabilizada para ustedes? Fue Afrodita quien lo mato, no Mata Hari.

—¡Eso es basura! —exclamó la valquiria airada—¡El titan fue envenenado por Mata Hari!

—Cierto. —replicó Zeus con tranquilidad—Pero no murió de eso ¿o sí?

Brunhilde se calló de inmediato al corroborar que él tenía razón.

—El golem de lava de Afrodita fue quien lo machacó hasta hacerlo pure. ¡Por ende es una victoria para los dioses! —y a continuación, Zeus modificó la placa área en donde se llevaba el marcador del torneo. Ahí, había una llama azul al lado de la palabra "HUMANIDAD" y a la par de la palabra "TITANES" no se encontraba nada. Sin embargo, esta última palabra fue reemplazada por el vocablo "DIOSES" y a la par de este mensaje, se encendió una llama azul.

—¿Ahora lo comprendes, niña? —preguntó Zeus con orgullo—Este torneo no es entre humanos y titanes, es entre humanos y "dioses".

Aquella revelación causo que Brunhilde sudara de manera descontrolada.

—¡Malditos!

—Oh vamos niña—dijo Zeus con un ademan de despreocupación en su mano—Te creía mas lista que esto. Debiste haber sabido que esto es una continuación indirecta del torneo pasado. Y me siento muy confiado esta vez—añadió con una mueca burlona de confianza.

—Pues entonces, te tocará ver como los humanos sobrepasan sus límites—atajó Brunhilde con autoridad.

—¿Estás segura de eso, Valquiria? —preguntó Zeus con tono burlón—Enfrentarse a un dios, es algo impensable, pero plantarle cara a un titan es de desquiciados. El titan Crio era el mas patético de todos, hasta una de tus hermanas podía haberlo matado sin necesidad de un tonto Vollund.

Aquel comentario hizo que Brunhilde estallara en furia desquiciada, pero en el instante en que ella iba a atacarlo, Hermes llegó corriendo para anunciar la llegada del tercer titan.

—Lamento la interrupción, Mi Señor—dijo Hermes con una profunda reverencia—Pero hemos detectado el ingreso a la atmosfera terrestre de un nuevo titan, y según la trayectoria que tiene, al parecer aterrizará en el Monte Everest.

Zeus y Brunhilde se sorprendieron de aquella información, pero fue el padre del cosmos quien estalló en carcajadas.

—¡Tal parece que los dioses tomaremos la delantera en este torneo! —y tras haber dicho esto, se marchó a su trono mientras daba pequeños saltos de alegría.

Brunhilde por su parte, trataba de recomponerse. La ira había dado paso a la preocupación, y su semblante pálido lo reflejaba.

—Hermana ¿te encuentras bien? Estas muy pálida—preguntó la pequeña Göll con timidez y angustia.

—Si, estoy bien. Pero el siguiente combate será uno demasiado complicado.

—¿Qué titan reinaba en el Everest? —inquirió la pequeña con duda.

—El mas fuerte de todos—replicó Brunhilde con tono seco. —Vámonos, preparemos a nuestro próximo representante. Combatiremos fuego contra fuego.

Y ambas Valquirias se apresuraron al interior del palacio dorado, más específicamente a la habitación de Brunhilde, en donde Mefistófeles las estaba esperando.

En cuanto Brunhilde vio al demonio, le asestó una potente patada en la cara que lo mando a estrellarse hasta el fondo de la habitación.

—Particularmente me agradan las muestras de amor rudo, pero a la próxima me gustaría me avisases para estar más preparado ¿quieres, linda? —dijo el demonio con un tono empalagoso.

—Debería asesinarte ahora mismo—espeto Brunhilde mientras tocaba la empuñadura de espada en su cinto, a lo que el demonio rápidamente cambio se semblante a uno de fingido terror.

—¿Hice algo malo, querida mía?

—¿Por qué no me dijiste que íbamos contra los dioses? ¿se te olvido mencionar ese pequeño detalle?

Aquella pregunta hizo que Mefistófeles soltara un sonoro suspiro de alivio.

—Creí que era algo mas serio, querida mía… ¡Simplemente no vi como eso afectaría el torneo! —añadió rápidamente cuando la valquiria había desenvainado su espada.

—¡Por supuesto que lo afecta! ¡¿Crees que los dioses nos permitirán ganar este torneo?! ¡Ellos harán lo posible para que los humanos fallen, y así encargarse de los titanes!

Mefistófeles soltó una macabra carcajada que hizo que los vellos de Göll se erizaran por completo.

—Cariño mío, me parece que nos confundes con tus sucios humanos. Nosotros los dioses no utilizamos artimañas rastreras para obtener lo que queremos. El solo hecho de haber aceptado a realizar este torneo, es una muestra de nuestra buena voluntad.

Brunhilde suavizó levemente su semblante, y aceptó que, en parte, el demonio tenia razón. Sin embargo, la sensación de que algo andaba mal, aun persistía en ella.

—Dejanos a solas. Debemos seleccionar a nuestro próximo participante. —anunció mientras guardaba su espada en su cinto.

—Precisamente por eso estoy aquí. Supongo que ya sabes quién es el próximo titan ¿cierto? —preguntó Mefistófeles con una sonrisa de alivio.

—Aterrizará en el Everest, el punto mas alto sobre la tierra. Con esa información puedo deducir que se trata del Titan más fuerte de todos: Atlas.

—Y es por esto que estoy perdidamente enamorado de ti—dijo Mefistófeles mientras hacia un amago de un abrazo, mismo que fue rechazado violentamente por la valquiria. —Aparte de hermosa, eres muy astuta.

—¿A…Atlas? ¿El mismo que se encargaba de sostener el cielo en sus hombros? —preguntó Göll con temor en su voz.

—Así es—replicó Brunhilde—No esperaba tener que enfrentarnos a una de las estrellas de combate de los titanes tan pronto.

—Entonces, tú también usaras una de tus estrellas ¿cierto? —Dijo Mefistófeles tratando de indagar la respuesta de la valquiria.

—No tengo otra elección—dijo Brunhilde de manera cortante—Solo que no estoy segura a quien de los tres enviar—añadió mientras observaba la silueta de tres humanos en su pantalla de la pared.

—Claramente yo soy la mejor opción—dijo una voz masculina proveniente desde la cama de Brunhilde, lo que provocó que las valquirias se sobresaltaran de gran manera.

El dueño de aquella voz era un atractivo adolescente de caballera risada y ceniza. Tenia unos penetrantes ojos azules que podían embrujar a cualquiera, e iba vestido con un elegante traje de etiqueta moderno de un profundo color negro azabache.

Göll no pudo ocultar sentirse sonrojada en presencia de aquel joven seductor, quien inmediatamente hizo un gesto con su mano, haciendo aparecer una hermosa rosa azul de la nada, para posteriormente entregarla a la pequeña valquiria.

—Encantado de conocerla, Señorita—dijo el joven con una magnifica sonrisa que hizo que el corazón de Göll latiera fuertemente—Mi nombre es Merlín.

—¡M…Merlín! ¡¿El hechicero más grande la historia?!—reaccionó Göll sorprendida.

—Vaya, mi reputación me precede. —replicó el chico con cierto bochorno en su voz.

—Aun no es tu turno—cortó Brunhilde abruptamente—Ciertamente eres uno de mis tres luchadores principales, pero te reservaré para cuando las cosas se compliquen aún más.

El joven Merlín intercambio una mirada extraña con Mefistófeles, pero solamente se limitó a sonreír con resignación.

—Solo espero, que el marcador no este en contra tuya para ese entonces.

—Ya basta, Merlín—cortó Mefistófeles amablemente—Brunhilde sabe muy bien lo que hace.

El chico dobló su cintura en una exagerada reverencia para disculparse con Brunhilde, y tras darle un beso a la muñeca de Göll, Merlín desapareció justo en frente a las narices de todos.

—S…si aún no es turno de Merlín ¿Entonces quién será el candidato idóneo, hermana? —preguntó Göll aun sonrojada.

—Creo que esta muy claro quien será nuestro próximo luchador. —dijo Brunhilde con satisfacción—Si el titan mas fuerte es el siguiente, lo mas lógico, es que el humano mas fuerte de la historia le haga frente…Él será el siguiente participante—añadió mientras señalaba una de las tres fotos en la pantalla electrónica en la pared.

Mientras tanto, en la cima del Monte Everest; Atlas, había aterrizado con suma violencia dejando un enorme cráter de hielo en aquella altura.

El gigantesco Titan media al menos siete metros de altura. Su cuerpo era excesivamente ancho debido a las grandes y solidas masas de músculos que llenaban su poderoso cuerpo, el cual iba cubierto de una esplendida armadura negra en cuyo pecho, se vislumbraba una estrella de seis picos.

Su cabeza también estaba protegida por un casco macizo de metal negro, el cual tenia una punta que emitía una elegante cola de caballo.

Atlas se quitó su casco para enjuagar sus lágrimas. Su rostro estaba demacrado, ya que sus ojos mostraban señales de fatiga avanzada, y su barba desaliñada le confería un aspecto brutalmente salvaje.

—Hermano… ¿Quién pudo haberte asesinado? —exclamó Atlas mientras cerraba su puño con fuerza—¡YO TE VENGARE, PROMETEO! —Aquel grito fue tan potente que provocó una horda de avalanchas en el Everest, y mientras el titan contemplaba aquellas tormentas de nieve, pudo vislumbrar que, al otro extremo de la cima, había una silueta de un hombre que caminaba con paso decidido hacia él.

El titan miró extrañado aquella escena, y entornó sos ojos para mirar bien a aquel sujeto. Iba vestido con un frondoso abrigo de piel negro que cubría la totalidad de su cuerpo, no obstante, tenía el dorso desnudo mostrando así, su tonificado abdomen y anchos pectorales. Llevaba puestos unos pantalones de piel de burro oscuros, y unas cómodas botas peludas de color amarillento. Sin embargo, el rasgo mas llamativo de aquel hombre, era su corte de cabello. Ya que estaba virtualmente rapado, de no ser por una gruesa melena carmesí de estilo Mohicano, la cual caía en mechones que cubran sos ojos marrones. Y su tupida barba de candado de color rojizo, le confería un aspecto bastante rudo.

—¡Bienvenidos al tercer encuentro de la Titanomaquia! —anunció Heimdall en el Valhalla con un renovado animo en su voz—En el combate anterior, la ex espía traidora Mata Hari fue incapaz de hacerle frente al titan Prometeo, por lo que nuestra sorprendente diosa Afrodita se vio obligada a intervenir e igualar la balanza de este torneo en favor de los dioses. —La multitud divina dio vítores de excitación tras aquellas últimas palabras. —Ahora estamos en el tercer encuentro del torneo. Y los participantes ya están en la arena de combate, el monte Everest—dijo mientras señalaba la pantalla principal que mostraba el paisaje nevoso.

—Por parte de los titanes, tenemos al principal incitador de la primer Titanomaquia, un titan que se sintió superior a los dioses y que decidió desafiarlos por el dominio de la creación…El titan que fue condenado a cargar con el peso de los cielos, el mas fuerte de toda esa raza… ¡ATLAS!

Un grupo de dioses abucheó la imagen del titan, sin embargo, otro gran grupo quedó en silencio, pues hasta ellos reconocían el poder de aquella criatura.

—Y representando a la humanidad, tenemos al hombre que alcanzó la cúspide de la fuerza. Un ser que es conocido como el hombre más fuerte que jamás existió en la tierra. Si Adam era famoso por tener los ojos del Señor, este hombre lo es, por tener la fuerza del Señor...El azote de los Filisteos… ¡SANSÓN!

El público humano, conformado por Israelitas, explotó en alabanzas hacia su representante.

—¡Que inicie el tercer combate de la Titanomaquia! —anunció Heimdall mientras hacía sonar vigorosamente su cuerno, dando inicio al tercer encuentro entre hombres y titanes.