Me tomó una eternidad, pero regresé...
¿Qué les puedo decir? Nunca tengo suficientes excusas. Ni nada bueno que decir. Me tomo mi tiempo, porque nunca estoy conforme con lo que escribo y termino borrando mucho más de lo que escribo... me esta costando... mucho a decir verdad, a medida que la recta final se acerca, siento que me termino quedando corta con lo que quiero plasmar...
En fin... disfrutad de la lectura...
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Capítulo veintidós
El club de los corazones rotos
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Perpleja; Amelia Rose guardo un silencio que terminó prolongándose mucho más de lo que les hubiese gustado. En el fondo, pese a su poca autoestima y naturaleza desconfiada sabía que Shadow no estaba mintiendo.
Sus dedos temblaban y sus ojos iban de aquí para allá en búsqueda de una salida ante la tensión evidente en la que se encontraba. Que Rose no contestase no hacía sino aumentar su ansiedad y la sensación de querer huir y sentirse como un reverendo imbécil al exponerse de ese modo ante ella.
Estaba también esa parte que sabía que debía dejarla asimilarlo, que debía darle su espacio y que si ella no estaba lista debía respetarlo y aceptar que quizá su estado mental no estaba en condiciones de "enamorarse" o mínimamente corresponder.
Aún con eso no se sentía mínimamente tranquilo y con cada segundo que pasaba, sus esperanzas de ser correspondido se iban al carajo.
Amy por su parte tan solo se encontraba sumida en un vaivén de emociones que no podía comprender; estaba feliz, emocionada y al mismo tiempo asustada y confundida por no saber qué responder.
Lo quería, sí.
¿Lo encontraba atractivo? ABSOLUTAMENTE SÍ. Shadow era uno de los hombres más jodidamente perfectos que sus ojos habían visto —y verían— alguna vez.
¿Estaba enamorada de él? No tenía una respuesta para ello.
Le causaba un conflicto mental el no poder responderle a Shadow ni tampoco responderse a sí misma; ¿Qué sentía por Shadow? ¿Amor? ¿Cariño? ¿O tan solo respeto? Lo quería mucho, era un amigo muy querido y alguien a quien admiraba e idolatraba en grandes cantidades, pero también estaba esa pequeña, muy pequeña espinita que sembraba la duda en su interior.
¿Le gustaba? ¿De verdad le gustaba como una potencial pareja y estaba enamorada de él?
Mirarle a la cara en ese instante ya no era una opción; tenía los hombros tensos y un temblor en su labio que indicaba que estaba a punto de estallar, aún con todo, estaba siendo extremadamente respetuoso y lo apreciaba por ello.
—Shadow...—hablo, casi en susurro y este le miró por una fracción de segundo—Yo... yo la verdad...—
—No me amas—Se apresuró a resolver el moreno y continuó su comida en una pose serena e inmutable.
No lo externaba, pero estaba dolido.
Le sabía fatal sentirse así, rechazado, ignorado y con las posibilidades hasta el suelo; si ella no le amaba significaba que lo que Rouge decía era real; Rose amaba al Faker.
Y dolía, joder que dolía como una patada en los huevos, pero lo aceptaba; era lo suficientemente maduro como para aceptar que no lo quería.
Llevó un bocado de mala gana hasta su boca y sin quererlo, un trozo de la carne se atoró en su garganta. Sentía la impotencia recorrer cada parte de su cuerpo, quería gritar, quería cuestionar que rayos pasaba por su mente y porque no correspondía sus sentimientos, estaba frustrado, herido y muchas cosas que no podía entender.
Quería salir corriendo y dejar todo botado en ese preciso instante, sin embargo sabía que debía guardar la compostura, básicamente porque ya se había comprometido a llevarla sana y salva hasta su casa.
Ella seguía en silencio, debatiéndose mentalmente en que responderle.
—No te presiones, Rose—sin mirarla, siguió comiendo—No voy a obligarte a nada...—Añadió, arrastrando las palabras, con aquel todo huraño que tenía en antaño—Da igual—finalizó, tajante y sin mirarla a los ojos.
Amy por su parte, tan solo suspiró; la había liado hasta el fondo...
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—Pienso que debes relajarte—Su mejor amigo le habló con calma al verle ir de un lado al otro halándose de las púas en señal de exasperación—Saber quien tiene tu dinero debería mantenerte un poco más tranquilo—.
Alzó la vista para mirar a Tails e instantáneamente continuó murmurando y farfullando de un lado a otro aferrándose a su rabieta infantil. Sí, sabía quién tenía su dinero y precisamente por ello era que se sentía tan jodidamente exaltado.
Fiona no era de fiar, lo supo desde el primer momento en que llegó a su oficina con una falda corta y un escote en V mientras su currículo solo se limitaba a enlistar trabajos de medio tiempo, entre los cuales destacaba dos semanas en meh burger.
—Debí mandarla al carajo—Murmuró para sus adentros. Seguía debatiéndose mentalmente por todo aquello que decidió ignorar deliberadamente y que ahora le estaba dando un dolor de cabeza y una posible patada en el trasero —y más que eso— por parte de Shadow.
Sí, sabía que no había pensado muy inteligentemente en ese momento; más bien ni siquiera se había detenido a pensar nada particularmente negativo al ver a la chica con falda corta y escote pronunciado que le adulaba y estaba completamente dispuesta a entregarle lo que sea por ese trabajo.
Ahora le estaba saliendo muy caro el chiste...
—Lo mejor que podemos hacer es intentar localizarla—Tails seguía concentrado en sus cosas tecnológicas y no parecía estar completamente consciente de lo que sucedía en realidad.
La cosa iba mucho más allá de que la tipa le hubiese robado unos cuantos dólares; la muy bastarda le había robado a la empresa y por consecuencia había afectado la capital de Shadow controlador The Hedgehog, el sujeto más avaricioso que hubiese conocido alguna vez.
—Ajá, supongo que puedo decirle al emo que debe esperar...—No pretendía sonar rudo, pero el tono ácido y desesperado con el que aderezó sus palabras hizo a Tails arrugar levemente el entrecejo, lo cual le hizo suavizar el suyo—Lo siento viejo, es solo que las cosas no son tan sencillas—Admitió.
Con Shadow de por medio nada podía ser sencillo...
—Estoy seguro que si hablas con él y le explicas la situación lo entenderá, después de todo tenemos las pruebas, los recibos y sólo es cuestión de tiempo para localizar a Fiona y proceder legalmente—Tails estaba sereno, hablando con toda la calma y tranquilidad que le caracterizaba.
Sin embargo no por ello significaba que Shadow iba a entenderlo; veintitantos años conociéndose, hostigándose mutuamente y conociendo aquellas actitudes tan tóxicas y volátiles en el moreno le daban la suficiente autoridad moral para asegurar que no iba —ni querría— entenderlo. Y en el fondo, no podía culparlo. Sabía que era completamente su culpa, que cualquier reclamo, golpe o cualquier cosa que se le ocurriese —tenía bastante imaginación cuando de torturarle se trataba— lo merecía.
Lo merecía tanto que por primera vez en años deseaba patearse a sí mismo por haber sido tan imbécil.
¿En qué carajos estaba pensando en primer lugar? En nada, obviamente. Sexo gratis en la oficina, ¿Cómo podría negarse a ello?
—Soy un idiota...—seguía maldiciendo por lo bajo—Shadow va a matarme cuando se entere... y lo peor es que tendrá todo el derecho de hacerlo—dejándose caer sobre el sofá, suspiró derrotado—Ya puedo escucharlo... "Faker, eres un imbécil"—Imitó sin ánimos el tono de Shadow y se hundió entre los cojines, taciturno.
—Yo sigo pensando que exageras—No dejaba de considerar que pese a la rivalidad, Shadow era un adulto perfectamente capaz de entender de razones y con las pruebas que tenían hasta el momento, serían suficientes para darle otra perspectiva y posterior solución.
Lamentablemente la actitud pesimista que Sonic estaba tomando no ayudaba mucho a decir verdad. Consideraba que a estas alturas todo ese drama debía quedar de lado y debían centrarse en asuntos más importantes.
Conocía a su mejor amigo, sabía que no era alguien que se tomase el tiempo de pensar las cosas con mucho detenimiento; Sonic era un hombre de instintos completamente regido por la emoción del momento y que se dejaba influenciar por las circunstancias sin reparar en lo que ello acarrearía después.
Verle ansioso solo confirmaba la teoría de que el cobalto seguía sin madurar lo suficiente y aunque no le juzgaba, a estas alturas el mundo se caía a pedazos.
Pensó un momento la situación y consideró de algún modo tratar de ponerse en los zapatos de su mejor amigo para poder reconfortarle; si bien era cierto que Shadow era un tipo que imponía respeto y que podría nervioso a más de uno —él incluido— sabía que también era un hombre inteligente que no dejaría que su juicio se viese nublado por tonterías infantiles en una situación como esta.
Por mucho que intentara darle un poco de razón, no podía evitar sentir que Sonic solo estaba siendo infantil y que era incapaz de entender y aceptar lo que estaba sucediendo en su vida.
Cosa que le hacía sentir una punzada de culpabilidad pues aunque no era su responsabilidad y el hecho de que el cobalto fuese un adulto con decisiones propias, sabía que alentar aquel comportamiento sí que estaba mal.
Hacerse de la vista gorda durante todas esas relaciones extra maritales no hizo sino aumentar su complicidad.
—Escucha Sonic...—se lo pensó un momento y aunque trataba de no sonar nervioso, no lo logró—Creo que todo este asunto de ti y tu enemistad con Shadow debe pasar a segundo término... es decir—la mirada del cobalto se clavó directamente sobre él—Todo este asunto del dinero no minimiza el hecho de que pese a todo ambos están emparentados—.
Oh, la carta del hermano...
Abrió la boca para responder pero la cerró de inmediato y negó con la cabeza; eventualmente el tema volvería a relucir entre ambos tarde o temprano.
No estaba precisamente de humor para explicar dramas y traumas del pasado —ya se le había ido la lengua antes con Sally— aunque le debía algunas explicaciones a Tails.
—No es un buen momento para hablar del pasado, Tails...—
—¿Y por qué no? No puedes evitar las cosas para siempre Sonic, sabes tan bien como yo que una parte crucial de que salgas bien librado de todo este lío es que puedas aclarar tus diferencias con Shadow y convencerle de que te dé el tiempo suficiente para encontrar a Fiona—No quería sonar impertinente ni mucho menos hostil, pero debía mantenerse a la altura de la situación y perder la firmeza y seguridad ya no era una opción—Por el amor de Chaos Sonic, por primera vez en tu vida debes dejar de ver a Shadow como tu enemigo y considerar dejar tu orgullo de lado y aceptar que necesitas de él por una vez—.
Necesitar...
¿Y por qué habría de necesitarlo?
Carajo... sí lo necesitaba.
Y eso le hacía hervir la sangre; se sentía tan impotente en estos momentos. Era como volver a tener cinco años y remontarse a aquellas tardes en las que ambos peleaban por un juguete.
Una absurda comparación, era verdad, pero la sensación era tan real como veintitantos años atrás. Lo cual le hacía hervir la sangre todavía más por sentirse preso de una emoción que traía arrastrando desde mucho tiempo atrás.
¿Qué le detenía en primer lugar? Ambos eran adultos y podían hablar como tal, sabía que no tenía miedo de Shadow —sólo lo normal— ya le había tocado conocer su etapa fúrica y había sobrevivido prácticamente ileso, así que por cuestiones de integridad física no era.
Por otro lado estaba ese pequeño detalle, esa espinita que se le quedaba en el fondo al pensar en lo que Shadow podía llegar a hacerle cuando se enterase; sabía que pese a todo no le tendría piedad, al menos no esta vez.
Esta vez la había cagado hasta el fondo y era difícil imaginar un escenario en donde las consecuencias de sus estupideces no le acarreasen sufrimiento impartido por el moreno.
Lo conocía tan bien que podría apostar su trasero —pequeño chiste mal aplicado, lo admitía— a que no se tentaría el corazón para mandarle a la cárcel de ser necesario.
Incluso le sorprendía que en ese momento no estuviese al tanto de lo que estaba sucediendo y que no hubiese actuado ya conforme a sus exigencias.
Era extraño que Shadow estuviese particularmente tranquilo y ajeno a la situación, definitivamente debía estar planeando algo grande si no había decidido intervenir a este punto.
—¿Sonic?—Su mutismo había preocupado al menor que le observaba extrañado. Normalmente siempre tenía una respuesta para todo, coherente o no, el punto era no mantener silencio y sacar a relucir ese ingenio que le caracterizaba para poder de algún modo ganar tiempo y salir bien librado de las situaciones.
Para su infortunio, nada de lo que dijera iba a salvarlo en este momento; Tails le tenía acorralado con la carta del hermano infantil y para eso no tenía un buen argumento —ni para nada en realidad—
—No es una buena idea...—a secas respondió como método de autodefensa, esperaba en el fondo que su mirada hostil fuese suficiente para hacer retroceder al menor. Sin embargo, esto no sucedió.
Sus dudas le brindaban seguridad y le hicieron ganar terreno en aquella conversación que pintaba para no acabar de manera satisfactoria.
Los años de amistad le habían brindado el suficiente conocimiento y la habilidad de predecir los movimientos que el otro haría mucho antes de que si quiera lo pensara. Y ahora Tails tenía claramente la ventaja.
—¿Y por qué no?—Insistía, a sabiendas que eso le estaba comenzando a fastidiar. Sabía que si le hostigaba lo suficiente le haría confesar de una u otra manera.
Ofuscado ante el malhumor que le estaba generando trató en vano de ignorar al menor pero la mirada severa y el constante golpeteo de su pie contra el suelo le estaba volviendo loco.
—Viejo, no... No quiero hablar de eso—.
—¿A qué le temes, Sonic?—debía presionar, presionar tanto como la situación se lo permitiera o Sonic saldría huyendo como siempre lo hacía—¿Por qué te cuesta tanto trabajo aceptar que necesitas ayuda? Por el amor de Dios Sonic, estamos hablando de mucho dinero, joder—elevó considerablemente el tono de su voz y Sonic solo le observaba—¡Es tu libertad la que está en juego, maldita sea!—.
No obtuvo respuesta por parte del cobalto, lo cual le dio seguridad de continuar con su cometido. El silencio era prueba inequívoca de que sus defensas se estaban quebrando y de que respondería tarde o temprano.
—Tails... basta viejo...—carraspeó, levemente descompuesto.
Le estaba costando mucho trabajo mantener la serenidad y la lengua en su sitio. Había muchas cosas que decir, sí. Pero no era el momento, pues se arrepentiría después.
—¿A qué le temes Sonic? ¿Por qué te da miedo aceptar por una vez que el gran Sonic no puede hacerlo todo por su cuenta?—Dicho esto, había cruzado una línea de no retorno, pero no se arrepentiría.
—CIERRA LA PUTA BOCA DE UNA MALDITA VEZ—Gritó al ponerse de pie haciendo al menor retroceder un poco—NO LE TEMO A NADA, ¿ESCUCHASTE? A NADA, NO TENGO NINGUNA PUTA RAZÓN PARA TEMER, PUTA MADRE—Finalizó, con los nervios a flor de piel y las manos temblorosas a falta de aire.
Con la respiración agitada y los hombros tensos, Tails supo que debía seguir.
Ver a Sonic en ese estado era preocupante, jamás en todos los años que tenía de conocerle le había visto alterarse a ese punto, pero ello solo significaba que su plan estaba funcionando.
Quizá era cruel, pero debía seguir.
—Te aterra aceptar que Shadow es mejor que tú... ¿no es así?—desdeñoso el jovencito se mordió la lengua tratando de que el veneno con el que presionaba a su mejor amigo surgiese el efecto que estaba esperando, necesitaba acorralarlo y para ello hacerle daño era necesario.
Era demasiado, lo sabía. Había ido demasiado lejos...
Cerró los ojos esperando que la reacción de su mejor amigo fuese partirle la cara en ese preciso instante; grande fue su sorpresa al descubrir la mirada lastimada del cobalto mirarle en silencio, algo que genuinamente le sorprendió.
Esperaba hacerlo rabiar, un golpe, un insulto. Algo que encendiera el fuego de la impulsividad que vivía en el joven y le hiciese soltar de una vez por todas todo eso que llevaba dentro.
Lastimosamente al parecer había generado el efecto contrario.
—Ya lo sabía...—musito bajito sin dejar de mirarle y su voz tembló un poco—Siempre ha sido mejor que yo...—tres parpadeos le siguieron y su tono bajó aún más—Y que lo diga mi mejor amigo lo hace más factible...—Añadió, dolido.
Ya tenía mucho tiempo lidiando con esa sensación de inferioridad y el que Tails lo externase abiertamente no hizo sino confirmarle algo que ya sabía desde mucho tiempo atrás.
Por otro lado, la expresión de horror que se instaló en el rostro del jovencito trajo consigo que toda esa falsa seguridad que había reunido momentos antes se fuera directo al caño.
—Sonic, lo siento yo de verdad no quise...—
—Sí, si quisiste—Se apresuró a cortar cualquier intento de redención con el gesto oscurecido entre recuerdos y pensamientos profundos—De verdad lo piensas, ¿no?—sonaba patético, no se estaba molestando en ocultarlo—
—Sonic, de verdad yo no...—Ya era muy tarde, lo supo al ver esa mirada quebrantada, pero aún así trató en vano de arreglarlo—No era en serio, viejo lo siento, lo siento en verdad yo no... No quise—.
Sonic sólo resopló...
Tantos recuerdos y pensamientos se agruparon tan de golpe que le fue imposible no sentirse vulnerable otra vez.
Mucho tiempo había pasado desde la última vez que alguien le había hecho sentir de ese modo y que fuese su mejor amigo lo hizo aún peor. Todo ese asunto del pasado seguía calando en lo más profundo de su alma y durante mucho tiempo trató de fingir que no era así.
—Sonic...—escuchaba la voz de Tails a lo lejos, más no le miró—No era en serio, solo quería... solo quería...—
—¿Hacerme reflexionar?—irónico respondió—Enhorabuena, lo has conseguido—De pie, ambos jóvenes se miraron unos segundos—Siempre es lo mismo...—farfulló, encolerizado después de tantas emociones albergándole.
Estaba molesto, sí. La situación ya de por si se prestaba para enfadarse y querer golpear todo a su paso por haber sido un crédulo imbécil y ahora venía Tails y sacaba a Shadow al tema.
Perfecto, simple y sencillamente perfecto y maravilloso.
—Escucha, creo que lo mejor será dejar este asunto de lado... nos hemos desviado del punto central—frente a su computadora, señalo el monitor—Quizá si envío unos cuantos correos puedo conseguir que el banco atienda tu caso mucho más rápido—.
Era evidente que Tails solo trataba de restarle importancia al asunto; si bien en otras instancias el mismo habría optado por una solución de esa índole, en estos momentos había tantas cosas dándole vueltas por la cabeza que ya no sabía en dónde rayos estaba parado en primer lugar.
No había retorno y ambos lo sabían.
—Mejor me voy...—no se sentía de ánimos para solventar una muy probable discusión, así que tan solo iba a huir como un cobarde.
Por su parte, Tails no iba a dejar que las cosas terminasen así; pese a su intento de saboteo apreciaba lo suficiente a Sonic como para retroceder ahora que las cosas ya se habían torcido demasiado.
Una disculpa a tiempo enmendaría las cosas, estaba seguro.
—Escucha viejo, lo siento, ¿sí? —Le resultaba difícil expresarse, pero trataba de hacer su mejor esfuerzo—No quiero que las cosas se malinterpreten, solo buscaba ayudar...—confesó.
Ayudar...
Últimamente todos se empeñaban en querer ayudarle de uno u otro modo y si era honesto, no sabía cómo debía tomarlo.
No era débil, no necesitaba ayuda. Sonic no necesitaba que nadie le salvara.
¿Verdad?...
Quisiera sentirse tan seguro como antes.
—No...—Le costaba trabajo articular palabras, solo deseaba huir, pero misteriosamente sus pies parecían anclados al suelo, impidiéndole tal acción.
Solo estaba ahí, existiendo en un cúmulo de emociones que su inteligencia y estabilidad emocional no le permitían sobrellevar.
Presa de una impotencia que venía cargando desde la infancia y el karma que sus acciones le estaban brindando.
Se sentía tan pusilánime...
—Que no lo digas no significa que no sea real, Sonic...—tentando a la suerte, Tails se aventuró a seguir explorando la posibilidad—Sea lo que sea que te está molestando, puedes decírmelo...—
Y ese era el verdadero problema; ni siquiera él entendía que era lo que estaba molestándole en realidad. La idea de necesitar a Shadow por primera vez luego de tantos años le sentaba fatal, pues se había jurado a si mismo que no volvería a recurrir a tal acción.
No lo olvidaba, se aferraba a la idea con tanta fuerza que durante mucho tiempo ni siquiera se habían dirigido la mirada aún a pesar de haberse visto diariamente durante épocas escolares.
Tampoco habían hablado aún cuando se enteraron que ambos eran amigos de Amy y terminaban coincidiendo con regularidad durante aquellas reuniones en las que la chica estaba involucrada.
No se miraban, ninguno existía.
Él no existía para Shadow...
—Sonic, Sonic debes escucharme—Tails perdía rápidamente la compostura—Hay algo que te está molestando, ¿no es así? No solo es el dinero—mirándole a los ojos, el jovencito avanzó hasta él, vacilante—¿Qué ocurrió, Sonic?—Iba directo y sin ninguna clase de aditivo esperando que aquella falsa seguridad al fin rindiese frutos.
Tensado ante la idea, el cobalto desvió la mirada; ¿por qué insistía tanto con el pasado? ¿Qué ganaría con recordarlo? ya lo había superado, ya no era un niño tonto y estúpido queriendo tener una familia y un hermano mayor con quien jugar; ahora era un adulto productivo que estaba hasta el cuello embarrado de la mierda que sus decisiones habían acarreado y pensar en el pasado no le iba a servir de absolutamente nada.
Recordar que era un niño crédulo no serviría; no iba a cambiar el hecho de que su medio-hermano mayor le odiaba con cada fibra de su ser por el simple hecho de existir.
Shadow nunca tuvo ningún reparo en decírselo y como buen mocoso cruel e insensible —porque era cabrón desde la infancia— siempre encontraba las palabras adecuadas para herirle y rectificarle que no debía haber nacido.
Que su nacimiento solo fue producto de una estupidez...
Ahora lo recordaba con tanta claridad que era doloroso y lacerante.
Su nacimiento tan solo trajo dolor y decepción a sus padres; no hizo sino sumirlos en pleitos legales y ahora, luego de tantos años tratando de reprimir aquellos recuerdos, Tails los traía a la superficie en un momento de su vida en donde sus defensas estaban casi rotas.
Estaba sensible, no iba a negar lo evidente. Aunque a Tails nunca le había costado mucho trabajo descubrir en donde hurgar.
Lo presionó, lo hizo con toda la intención de saciar su propia curiosidad y tristemente había caído en el juego.
Uno que no era nada divertido, había que agregar.
—Sé que hay mucho más, Sonic... si solo fueses honesto conmigo sé que podré ayudarte como siempre y saldrás de esta y todas...—le alentó.
—Mi bebé... tan solo quiero recuperar a mi bebé—La voz de su madre resonaba en su mente y sin pretenderlo algunas lágrimas corrieron por sus mejillas sorprendiendo a Tails en el proceso.
Jamás le había visto llorar y eso le descolocó por completo.
Había roto a Sonic y eso no se sentía bien.
—Sonic, por favor—de pie, aferrado fuertemente al joven en un abrazo no correspondido, Tails comenzó a llorar también—Algo malo te ocurrió, lo sé puedo sentirlo... por favor, sólo... sólo quiero ayudarte...—Siguió rompiéndose el también.
Quizá se debía a la emoción del momento y a que siempre se considero alguien particularmente sensible y propenso a liberar sus emociones, pero ver a Sonic en ese estado le hacía sentir tan mal.
Sonic siempre había estado para él en sus peores momentos; cuando su padre murió, cuando no ganó la final de mecatrónica o cuando pasó todo un año en silla de ruedas por un accidente en el que le indicaron que era prácticamente imposible que pudiese volver a caminar.
Su mejor amigo estuvo ahí, cuidando de su trasero, alentándole, mimándole y escuchando sus dramas una y otra vez como si fuese la primera vez.
Había hecho tantas cosas por él y ahora era su momento oscuro lo único que quería sanar su dolor.
Por su parte, podía escuchar al muchacho llorar y aferrarse a su pecho que se mojaba de a poco con las lágrimas que derramaba.
Él también lloraba...
—Por favor, Sonic...—podía escucharlo insistir y aunque el dolor y su negativa de abrir su última cerradura y soltar todo su dolor seguía latente.
Posiblemente no iba a funcionar, pero ver a su hermanito tan destruido por culpa suya le calaba aún peor.
Se tomó un gran respiro y con delicadeza alejo unos cuantos centímetros al muchachito que le miraba expectante.
—Nunca debí haber nacido, Tails...—soltó al fin, para sorpresa del menor.
Sus ojos verdes cubiertos en lágrimas mostraban un profundo pesar y aunque trataba en vano de no mirar a su mejor amigo, de cuando en cuando alzaba la vista, solo para aumentar el suplicio.
Dolía como el infierno ser capaz de hablar abiertamente de como se sintió durante años.
Sentirse un error; alguien que no debió existir, ser el producto de una cagada de sus padres y haber causado tantos problemas sin siquiera ser consciente de si mismo.
Porque desde su concepción fue una maldición.
—No digas eso Sonic, no es verdad—Tails trataba de ayudarlo, lo sabía. Pero no funcionó.
Lo sabía y estaba completamente convencido de que era verdad.
Tampoco es que las circunstancias no hubiesen ayudado a que pensase lo contrario.
—No debí nacer...—Hablo nuevamente, con pesar—Soy un lastre, Tails... desde el vientre de mi madre no he hecho más que causar desgracias—.
Tal vez estaba siendo muy idiota, pero en el fondo no entendía del todo que era lo que sucedía, lo cual lo ofuscó.
—¡No! No digas algo como eso... tu eres Sonic, Sonic The Hedgehog, mi hermano de alma, quien siempre está para mí... sino existieras... ¿Qué sería de mí?—Seguía aferrado en animarle aunque sus ganas de llorar aumentaron.
Era enternecedor ver a Tails preocuparse genuinamente por él. Era por razones como esa por las que había dejado de pensar en el pasado.
Concentrándose en sus amigos, la familia que siempre deseó.
Tails, Knuckles y Amy...
Sin embargo, ahora que las cartas estaban sobre la mesa era momento de hablarlo de una vez por todas.
—Gracias, viejito—le acarició la cabeza y sonrió, nostálgico—Pero no es más que la verdad...—aseveró—Soy un lastre para mis padres—.
No negaría que el señor Jules y la señora Aleena habían tenido dificultades con el comportamiento de Sonic con el pasar de los años, lo conocía, sabía que era alguien de moral cuestionable y que eso le causaba conflictos y canas verdes a sus padres, pero ello no era sinónimo de que le odiasen o algo por el estilo.
Los conocía, los años de recibirlo en su casa y ser tratado como un hijo más en la familia de Sonic le daba la suficiente seguridad para afirmar que eso no podía —ni debía— ser verdad.
Sonic tan solo permanecía en silencio, posiblemente sumido en el peso del dolor que había venido cargando.
Todo cayendo de golpe directamente sobre su pecho sin la posibilidad de amortiguar el golpe.
Todos los años caían; las peleas, los gritos y las lágrimas derramadas se acoplaban sobre sus mejillas y por mucho que lo deseara, no había manera de reprimirlo.
El sufrimiento de sus padres y un pequeño Maurice sin entender que sucedía regresaba de lo más profundo del subconsciente.
—¡Mi bebé esta solo, triste y me odia Jules!—su madre seguía chillando y solo podía observar desde lejos la situación.
—Saldremos de esta, cariño... sé que podremos—su padre siempre intentaba consolarle, aunque los llantos no disminuían.
Verle llorar le sentaba fatal; el pequeño de tan solo cinco años no entendía que sucedía y se veía asustado.
—¡Tú estúpida existencia arruinó a mi familia!—Las palabras del moreno quemaban su interior y se repitieron como dagas encarnándose en su carne como hacía años no sucedía—¡Tú, miserable gusano! ¡Impostor!—Le acusó—Me quitaste a mi madre, bastardo tu y tu estúpido padre púdranse en el infierno—insistía y culpaba.
Y ahora cobraba un sentido morbosamente cruel; uno en el que por mucho que se esforzase, no podía encontrar otra manera de interpretarlo.
Era producto de una aventura; fue un desliz que acabó con el primer matrimonio de su madre y eso hacía sentido con el hecho de lo mucho que Mephiles odiaba a su padre.
Era coherente; más de lo que le gustaría admitir.
—Soy un bastardo...—Le pesaba, sin embargo Tails le escuchaba atentamente sin soltarle—Un sucio bastardo que nació de una aventura...—.
Tails tan solo le miró.
Le tomó mas de dos segundos entender las implicaciones de lo que acababa de escuchar; sin embargo y pese a la evidente tensión, comprendió que su amigo hablaba muy en serio.
Y siendo ese el caso, solo le restaba una cosa por hacer.
—No es tu culpa, Sonic—Era claro y directo, aunque los mocos le escurrían y no podía dejar de llorar—Tú no tienes la culpa—siguió y ambos se echaron a llorar.
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Cuando terminó la merienda regresó directamente a su oficina pensativo. Muchos cambios estaban ocurriendo en su vida y la idea le aterraba y fascinaba al mismo tiempo; por primera vez en años era libre de hacer, pensar y decir lo que se le viniera en gana; aunque la sensación de libertad traía consigo ansiedad e incertidumbre equiparables entre sí.
Era curioso como cambiaban las cosas tan de prisa; como su vida no era ni remotamente parecida a lo que soñó en algún momento y que en el fondo, pese a todo, no le estaba disgustando tanto como podría creer.
Le gustaba estar a solas, llegar a casa, recibir a Orión, comer y beber a la hora que le diera la gana y sobretodas las cosas le gusta el hecho de no tener que pedir disculpas por cosas que ni siquiera realizó.
Al fin estaba siendo un hombre; aunque no sabía si la implicación le gustaba del todo; ser soltero estaba abriendo un cúmulo de posibilidades francamente favorables y de no ser por la insistencia de Blaze y su aparente interés de querer regresar a su vida, todo sería perfecto.
Supo en el fondo que haber dormido con ella nuevamente no hizo más que empeorar la ya de por sí difícil relación que sostenían y el que en estos momentos su interés en vez de alegrarle, le abrumase era una señal a considerar.
¿Había dejado de amarla tan de pronto, o caso es que realmente nunca lo estuvo? Nunca se había detenido a cuestionarlo si quiera; su amor por Blaze era algo tan inherente y característico en él que simplemente sucedía como el respirar.
Sólo era Blaze y nadie más...
Dios, ahora todo se sentía tan extraño.
Tal vez lo mejor sería dejar todo de lado y esperar que las cosas cayeran por su propio peso; esperar que Blaze dejase de insistir y seguir viviendo esa cómoda y reconfortante vida de soltero estaba bien por ahora.
—La cagaste, Silver—Se reprendió entre el papeleo y suspiró dejando que todo el cansancio se disipara de su cuerpo.
El sonido de la puerta le hizo dar un leve respingo de sorpresa; ¿Quién podría ser? pensó un momento y murmuró un escueto pase a tiempo que la tímida Cream entraba con lo que pudo suponer eran papeles y formularios que debía rellenar. Al no estar Amy ni Shadow en ese momento él era el encargado de toda esa labor.
—Joven Silver...—Hablo y se adentró hasta él con pasos torpes—Llegaron las nuevas concesiones del mes, por favor revíselas y anote cada cláusula que deba ser revisada por el Señor Shadow—entregó aquella carpeta y el asintió—Después, debe llenar estos formularios con las correcciones y enviarlas al Señor, por favor—.
Tanto protocolo le hizo tener una jaqueca casi instantánea, ¿Amy se encargaba de esto todos los meses? le echó una leve mirada a los papeles sobre su escritorio y le agradeció a la jovencita quién para este momento parecía nerviosa.
—Gracias, Cream—Sonrió y ella evitó su mirada—¿Sucede algo?—Fiel a su instinto empático se atrevió a cuestionar que le sucedía.
Muchas cosas pasaban por la mente de la joven ese momento; las palabras de su madre estaban resonando fuertemente en su interior y quemaban como el sol ardiente en pleno verano, ardía como el mismísimo infierno mirar al joven frente a ella y saber que nunca podría siquiera tener un momento de su tiempo que no fuese trabajo.
Quizá estaba siendo infantil, el joven Silver tan solo había sido amable y nada más. No hubo promesas, ni siquiera una insinuación que pudiese entenderse como un poco de interés más allá del necesario; de un jefe a su subordinado, a sus ojos seguramente no era más que una chiquilla torpe y muy nerviosa, la asistente de su compañera de trabajo y muy seguramente la hija de la señora de la cafetería y nada más.
Silver jamás se fijaría en ella y le dolía demasiado saberlo. La conversación con su madre lejos de aclararle las ideas y hacerle entender que aquel enamoramiento infantil era solo eso, un enamoramiento debido a la idealización del joven a quien sabía que no conocía más allá de un buenos días por las mañanas y un hola por las tardes, se aferraba a sus sentimientos fuertemente contradictorios.
—¿Cream?—
Sin saber cómo responder, las lágrimas corrieron libres por sus mejillas, le dolía ver al joven Silver y no poder simplemente hablarle con normalidad.
Segundos después; los fuertes brazos del masculino le rodearon en un abrazo reconfortante y reparador.
Ninguno de los dos dijo nada, solo se dejo envolver por aquel cariño empático que Silver le brindaba como muestra del excelente ser que era y ella se dejó ser mientras las lágrimas corrían libres por sus mejillas.
Dejarse consolar por él era la gloría, pensaba en el fondo y las lágrimas poco a poco fueron menguando su intensidad. Al cabo de unos minutos, más repuesta él la apartó con suavidad y la miró a los ojos con ternura, casi dándole moralmente aquellas palabras que tanto necesitaba escuchar.
—¿Mejor?—con un movimiento torpe, ella asintió sorbiéndose los mocos de manera cómica a lo que el sonrió—Muy bien, voy a prepararte un poco de té...—se alejó con rumbo a su calentadera eléctrica y la observó nuevamente—¿Te sucedió algo? ¿Alguien te hirió?—Sonaba preocupado y a Cream el corazón se le estrujó.
A sabiendas de que no sería capaz de pronunciar la verdad, improvisó una respuesta escueta y evitó a toda costa mirar al dueño de sus suspiros directamente a la cara en esos momentos.
—Discutí con mi madre—aseguró, medio mintiendo y el pareció comprender.
—Ya veo...—Sereno y tranquilizador le tendió una pequeña taza y vertió el agua después—Bébelo, te hará sentir más tranquila—Le dijo para hacer lo mismo él también—Las discusiones con los padres siempre son difíciles, pero te aseguro que no es nada que no pueda solucionarse—.
De verdad deseaba que la seguridad con la que él le dedicaba esas palabras se le contagiara en ese momento; pero tristemente no era el caso.
—Gracias... de verdad, lo aprecio—no sonaba tan efusiva, aunque se estaba esforzando.
—Ahora, si me permites preguntar, ¿Qué puede hacerte sentir tan mal, Cream?—De nuevo, preguntó.
Tú; fue la respuesta que en automático su cerebro formuló, pero era demasiado cobarde para atreverse a pronunciarlo.
Era tan tonto sentirse de ese modo...
—No sé como lidiar con mis sentimientos hacía alguien al que aprecio—confesó, para sorpresa de ambos.
Sabía en el fondo que su tristeza debía deberse a un mal de amores; su mirada lo indicaba, podía notarlo en ese brillo apagado y su semblante decaído.
Fuese lo que fuese, la pobrecilla tenía roto el corazón. Lo sabía, podía intuirlo porque el no estaba en muy distinta situación.
Aunque darle un consejo sería bastante hipócrita de su parte debido a su evidente fracaso amoroso y las pésimas decisiones que había tomado después.
Aún así, al verla tan triste decidió que quería reconfortarla.
—No soy un experto—se rascó la cabeza, en comicidad—Pero si los años conviviendo con Amy me han enseñado algo es que al mal tiempo, buena cara... y que no hay nada que una buena malteada de chocolate y una orden de papas fritas no logren solucionar—Le codeó, animoso—Que dices, ¿quieres ir después del trabajo?, yo invito—.
Imposible le hubiese sido siquiera pensar en una excusa con la cual negarse ante tal invitación.
La emoción del momento inclusive le hizo olvidarse de que se sentía triste.
—Estaría encantada—Hablo rápidamente emocionada, aunque se frenó de golpe al sentirse expuesta—Quiero decir, sino es molestia, claro está—.
Era gracioso ver la cara apenada de la jovencita tratar de disimular la emoción que le generó su emoción.
Evidenciando de una manera tierna que, al fin y al cabo era una señorita que se emocionaba con los gestos de caballerosidad.
—Entonces está hecho—Sonrió, alegre—Ya no llores, todo se pondrá mejor mañana, ¿sí?—le hablaba como una niña pequeña y eso la hizo avergonzarse más.
—E-esta bien—.
Finalizo al salir de su oficina visiblemente más repuesta.
Nuevamente a solas; Silver suspiró. Cream era agradable y le recordaba un poco a su yo más joven, uno amable y con los sentimientos a flor de piel.
Claro que lo suyo no terminó precisamente bien —nada bien en realidad— y de alguna extraña forma, esperaba que la jovencita no le pásese lo mismo que a él.
Tal vez si formaba una linda amistad podría darle —o intentar al menos— darle algunos consejos desde su experiencia.
Porque cosas por decir seguramente tenía muchas; tantos años con la misma mujer y una nueva perspectiva de la vida le hacía darse cuenta de muchas cosas que en su momento no pudo percatarse.
Entre ellas la constante represión a la que era sometido.
Aunque bueno, pensar en el pasado no le haría sentir mejor; así que decidió terminar su trabajo antes de que otra cosa sucediese.
Leyó el contenido de algunos de los archivos que Cream recién había traído e inevitablemente la imagen de su amiga de ojos verdes le vino a la mente nuevamente.
De pronto se descubrió a si mismo pensando en Amy y en lo mucho que debía trabajar diariamente en su pequeña oficina.
Incluso pudo imaginarla sentada entre montones de papeles llenando formularios.
Amy trabajaba demasiado; y ahora que estaba en apuros decidió que haría su mayor esfuerzo para aligerar cualquier carga de trabajo que pudiese quedar ahí.
Aunque ello significase aburrirse y terminar quedarse hasta tarde los próximos días.
De igual modo, no es como que ello le molestase mucho si era honesto consigo mismo. Trabajar y concentrar su atención en otras cosas le hacía sentir mucho mejor, más libre y productivo.
—Eres todo un caso, Silver—se dijo para sí mientras firmaba el primero de muchos contratos.
Seguía teniendo en su mente a Amy, en como estaría y la tentación de llamarle le estaba naciendo. Desafortunadamente, por mucho que la curiosidad le estuviese matando, tenía tantas cosas que hacer y ello solo le retrasaría aún más.
—Quizá deba ir a visitarla mañana—se convenció a si mismo y continuó con el papeleo.
.
.
De camino a casa la sensación de culpabilidad estaba carcomiéndole por dentro.
Shadow había tenido la amabilidad de no volver a mencionar el tema, sin embargo el ambiente de incomodidad era palpable.
El silencio reinaba entre ambos y pese a su intención de aligerar las cosas, Shadow no estaba nada interesado en seguirle la corriente. Lo había herido profundamente sin desearlo y se sentía terriblemente culpable por ser tan idiota.
Deseó por enmendar de algún modo las cosas entre ambos, aunque eso a estas alturas era prácticamente imposible. Shadow era terriblemente rencoroso y difícilmente su relación volvería a ser la misma después de esto.
Tal vez, con suerte y luego de mucho tiempo lograría que le dirigiera la mirada.
Aunque contra todo pronóstico y pensamiento positivo que pudiese albergar, en momentos como este solo podía sentirse mal consigo misma por todo el lío sentimental que estaba ocasionando.
No sabía si le correspondía, no quería darle falsas esperanzas cuando ni siquiera ella misma sabía que era lo que sentía en su interior. Aceptar a Shadow habría solucionado muchos de los problemas que cargaba a cuestas, aunque ello no la terminaba de convencer del todo.
Sí, en su interior albergaba sentimientos de profundo amor y comprensión por Shadow y todos esos momentos y detalles que compartieran juntos contribuían enormemente a que se replantease la posibilidad de que tal vez, sólo tal vez en su interior si se sentía enamorada de él.
Mucho fue el tiempo que transcurrió desde la última vez en que se lo planteó.
Al morir María el hermetismo del moreno fue tal, que se vio en la necesidad de cerrarse a cualquier posibilidad.
Fue el tiempo y las circunstancias quienes le terminaron por convencer de que solo sentía una profunda admiración hacía el joven y que su amistad era eso, una amistad que se malinterpretó.
Porque, ¿Quién en su sano juicio no se habría enamorado de alguien cómo él?
Desafortunadamente a estas alturas de la vida las cosas ya no eran tan simples. Sí, la vida sería mucho más sencillas con un hombre tan centrado y próspero como Shadow que decía amarla profundamente y que le había demostrado que se preocupaba por ella.
Pero ambos perseguían cosas distintas...
Él estaba reacio a la idea de casarse y formar una familia y ella lo deseaba con todo su ser.
No podía forzarlo a cambiar de opinión, ni ella esperaba tener que renunciar a sus deseos de formar una familia; por ello sabía que no podía aceptarlo.
No era justo para ninguno de los dos.
Y, si era completamente honesta consigo misma, en el fondo seguía sin creer del todo que él realmente gustase de ella.
No se sentía suficiente; comparada con el antiguo amor del moreno, ella era nada...
María, una futura enfermera, bonita y próspera y ella, una chica pueblerina con aspiraciones de grandeza y piernas chuecas, nada tenían que ver...
¿Por qué iba a fijarse en ella en primer lugar? Quizá solo estaba confundido.
Frente al semáforo Shadow se detuvo y sintió como le miraba de reojo; había tristeza y decepción en su rostro. Jamás en todos los años que tenía de conocerle le había observado de ese modo, ni siquiera cuando María falleció.
Había algo diferente esta vez, estaba dolido y el brillo en sus ojos lucía apagado.
Esto le estrujaba el corazón...
No deseaba herirlo, no quería que sus estupideces le hiciesen sentir de ese modo.
—Shadow yo...—Abrió la boca para continuar un discurso improvisado, pero él le interrumpió casi de inmediato.
—No te molestes, Amelia—el que le llamase por su nombre de pila era indicativo de que estaba molesto—No es necesario que intentes compadecerte de mí, no quiero caridad—.
Porque era verdad, no quería que nada ni nadie sintiese lástima por él.
Avergonzada, Amy tan solo atinó a guardar silencio ante la negativa de su acompañante.
Cualquier idea coherente que pudo haber formado se esfumó en ese momento.
—Yo lo siento mucho...—De pronto pronunció para sorpresa de ambos—No me compadezco de ti—Aseveró—Tan solo... tan solo...—sin desearlo su rostro se tornó carmín y sus manos temblaron nerviosamente—Tan sólo me tomaste por sorpresa—Confesó.
Y no mentía cuando decía que se sentía sorprendida de que alguien como Shadow se fijase en alguien tan insignificante y ordinaria como ella.
—¿Sorpresa?—Ahora el sorprendido parecía ser él—¿Por qué sería eso una sorpresa?—.
Detuvo el auto para poder mirarle directamente y sin ninguna clase de distracción. De verdad quería escuchar lo que sea que ella tuviese que decir. Repentinamente un sentimiento de esperanza albergó su pecho he hizo su corazón latir con violencia, aunque no lo demostró.
Por su parte, Amy sintió como la vergüenza superaba sus capacidades de procesar información y no supo que responder.
Lastimosamente la mirada penetrante de su acompañante exigía silenciosamente una respuesta a su pregunta.
Shadow estaba ansioso, podía notarlo en sus manos que se movían de un lado a otro liberando tensión.
¿Estaba esperanzado?
De algún modo dicha posibilidad le sobrepasaba y titubeante, balbuceó.
—Solo...—evitaba su mirada, apesadumbrada ante la idea de decir algo idiota—Que alguien como tú, podría fijarse en mí...—Se sinceró.
La emoción repentina le dio ese deseó casi incontrolable de llorar como niña pequeña.
Y, sin darse cuenta esas mismas emociones salieron como gotas saladas por sus orbes perdiéndose entre sus mejillas.
No quería llorar; de verdad no quería hacerlo.
Se sentía tan poca cosa ante alguien como Shadow y simplemente no creía que fuese digna de su interés. Había pasado tanto tiempo desde que sintió el deseo de ser importante para él, que ahora todo parecía irreal.
Tan efímero...
—Eres muy tonta—Shadow sonreía mirándola de reojo—Solamente un estúpido sin cerebro podría estar en una habitación a tu lado sin caer rendido a tus pies—Esto último lo dijo acariciando su mejilla, con ternura—Eres un sueño Rose, la chica más linda que he conocido en toda mi vida...—soltó sin pensar.
La chica más linda...
No podía creerlo, no eso.
Abrió la puerta de golpe para sorpresa del moreno y salió huyendo de ahí. No podía verlo a los ojos; no sin ver a María reflejada tras de él.
Ella no era María...
Corrió tan rápido como sus piernas le permitieron y antes de darse cuenta se encontraba frente a su complejo departamental. Subió las escaleras con tanta rapidez que casi rompe la llave de la cerradura y cerró de golpe tras de sí.
Una vez dentro, sintió como las fuerzas se le iban y lloró nuevamente.
No podía, no podía lidiar con eso...
Tantas emociones al mismo tiempo recorriendo su interior y solo la certeza de que ella no le merecía.
No era digna de Shadow, porque ella no era María.
No lo era ni lo sería nunca y pese a desear convencerse por aquellas palabras cargadas de emoción, en el fondo sabía que él no había olvidado a su antiguo amor.
No podía culparlo ni molestarse por ello, aunque no lo hacía menos confuso y un tanto hiriente. Quería a Shadow y nada le habría costado aceptar su propuesta y solucionar todos sus planes.
Aunque eso hubiese sido aprovecharse de su vulnerabilidad y ella no era así. No iba aprovecharse de la confusión del moreno ni a prestarse a una falsa ilusión en la que ambos saldrían lastimados.
El sonido de su teléfono le sacó de sus pensamientos y por inercia tomó el aparato contestando al llamado sin fijarse quien estaba llamando.
—Pinky, gracias al cielo que contestas—Rouge y su tono de voz elevado la ensordecieron un momento—Cuéntame que sucedió, ¿Cómo estás? ¿Te duele algo?—.
Nada le hubiese costado mentirle y evitar que las cosas escalasen a un nivel mucho más amplio, tristemente su sentido común y su nivel de tolerancia le habían abandonado.
—Dexter está en la ciudad—Fue su respuesta escueta y un silencio se instauró entre ambas.
Rouge estaba igualmente perfecta ante tales noticias y le tomó un par de segundos atreverse a hablar nuevamente.
—¿Estás segura de lo que dices?—
—Muy segura—Seguía hablando sin ganas y Rouge lo notó—Fue a verme a la empresa y yo...yo colapse—confesó, triste—Mighty me ayudó y en el hospital llamaron a Shadow para que cuidase de mí...—
Decidió omitir por completo el hecho de que la única razón por la que había escogido a Shadow como su contacto de emergía si algo malo le ocurría fue porque sabía que ni Sonic ni Silver responderían el llamado ni cuidarían de ella de ser el caso.
Lo tenía claro, su par de amigos no eran conocidos por ser precisamente responsables —mucho menos Sonic—.
Shadow era la opción lógica y aunque no quería aprovecharse, siempre creyó que nunca lo necesitaría.
—Entiendo—Su mejor amiga meditaba sus palabras, como acostumbrándose a la situación—No te preocupes, ese bastardo no va hacerte ningún daño... sólo déjame hacer una llamada y verás que...—Amy no le permitió el continuar.
—¿Vas a contarle a Shadow sobre esto, no es así?—.
—¿Cómo lo...?—
—No lo hagas...—pidió—Shadow debe estar odiándome en este momento, así que dudo que desee ayudarme—.
—¿De qué rayos estas hablando?—no comprendía a donde quería llegar, aunque en el fondo se hacía una vaga idea de que era lo que estaba sucediendo—¿Te hablo de sus sentimientos?—sonaba mucho más a una afirmación que a una pregunta, aunque no dudaba que ese fuese el caso.
—Sí...—
Ya se temía que algo así sucediese; y aunque no podía molestarse con su amiga por no corresponder los sentimientos del moreno, si podía entender la negativa de la joven de negarse a relacionarse con algún hombre luego de su relación fallida.
Irónicamente, tampoco podía fingir que no se sentía ligeramente molesta ante esto último.
Estaba completamente convencida de que ambos eran el uno para el otro y de que Shadow era la mejor opción. Aunque bueno, al parecer ella no pensaba lo mismo.
—No supe que decir—Continuo hablando, para sorpresa de la albina que encontraba en completo mutismo—Me dijo que me amaba, que era perfecta para él y yo solo me congelé—Admitió con pesar—Me congelé y hui de él porque no soy la gran cosa—chilló—El merece alguien mejor, alguien que le ayude a sanar su corazón...—.
Estaba menospreciándose en toda la extensión de la palabra; y aún con la poca autoestima que traía a cuestas, su mejor amiga no iba a permitirle seguir con tan aberrantes palabras.
—Pinky, cariño—Llamó su atención y su tono se volvió levemente más serio—Nunca digas una tontería como esa otra vez, ¿esta bien? Eres una mujer hermosa y tan valiosa como para ser digna de encontrar el amor—los sollozos de la rosada le estrujaron el corazón—No sé exactamente que te ha hecho pensar que no podrías ser amada, pero te aseguro que no es así, Shadow, él de verdad—.
—El sigue amándola...—Fue su respuesta, más que dolida, profundamente ansiosa y culpable.
Ya se lo temía, sin embargo se vio obligada a preguntar lo siguiente.
—¿Cómo lo supiste?—No iba a andarse con rodeos, mucho menos con su amiga en estas instancias.
Si algo les debía a ambos era la sinceridad y pese a todo, trataba de ser lo más neutral que le era posible.
—Lo escuché llamarle en sueños...—Admitió.
Quizá era una nimiedad, una cosa tonta a la cual le estaba poniendo demasiado interés y que solo era una excusa barata para protegerse a si misma de todo el estrés que el interés de Shadow le generaba.
Pero se sentía tan real que incluso Rouge parecía estar de acuerdo.
—Me lo temía...—Murmuró—Honestamente creí...—se detuvo a si misma, buscando palabras que no pudiesen malinterpretarse—De verdad creí que era genuino...—
Tanta planeación, tantos deseos de que sus dos mejores amigos en el mundo terminasen emparejados y se complementasen —dado a qué, según ella tenían mucho en común— le terminó cegando.
De verdad creía genuinamente en el interés del moreno por la joven Rose y se sintió profundamente emocionada cuando éste acudió a ella en búsqueda de consejos sutiles sobre como llamar su atención.
Primero cosas tan simples sobre pasatiempos que solía tener; hasta llegar a cosas tan específicas como la marca de sus chocolates favoritos.
Shadow se había esforzado; sabía que para un tipo como él tomar esta clase de atenciones era sinónimo de genuino y completo interés.
Irónicamente, cuando a la ecuación se sumó ese papanatas azul las cobraron un sentido distinto y terminaron torciéndose.
—Lo siento tanto, Pinky...—se disculpó de corazón—Terminé alentándole a que te confesara sus sentimientos porque honestamente creí que iba a en serio...—.
No había mentira en sus palabras, aunque ello no le hacía sentir mejor. De alguna forma se sentía tan culpable de haber caído en ese juego tan absurdo y dejado que las cosas escalasen hasta ese punto.
Shadow estaba sufriendo por culpa de sus tonterías, si tan solo hubiese dejado las cosas como estaban nada de esto estaría pasando.
—Soy tan idiota—Se reprochó la rosada—Tanto coqueteo y lo eche a perder...—se lamentó—Jamás debí dejar que nuestra relación de amistad llegase a ese punto—
Tenía tantos puntos en contra que no era capaz de enlistarlos todos. Estaba decepcionada de si misma por el rumbo que tomó todo ese asunto.
—No—Rouge tomó el mando y ella calló—Tú no tienes la culpa de esto—.
Y en efecto, en el fondo sabía que tenía razón. Aunque no por ello se sentía menos cucaracha.
—Tan solo... quisiera disculparme—.
—¿Disculparte? Oh, cariño... tu único error fue esperar que Shadow tuviese la suficiente inteligencia emocional y que al fin superase su duelo—era cruel, aunque no por ello menos cierto—Shadow es mi mejor amigo y Chaos sabe que amo a ese cabrón, pero no por ello significa que puede ir por ahí ilusionando a quienes le quieren sinceramente—.
Abrió la boca para responder; pero enmudeció casi al instante al no saber como replicar.
Quería mucho a Shadow pero, ¿le había hecho ilusión? Es decir, ¿de verdad pensó en algún punto que podría llegar a tener algo serio con él?
¿Tan crédula era?
Muy factible, pero no iba a hablar de eso con Rouge.
—Pinky, sé honesta conmigo... ¿De verdad te gusta?—.
Muy buena pregunta; gustarle, sí. ¿A quién en su sano juicio no le gustaría un hombre con todas las virtudes que Shadow tenía consigo? Ni ella que estaba tan loca podía negarse a lo evidente.
No obstante, el gustar no bastaba cuando de relaciones se trataba y ella tenía muy en claro que el gustar no bastaba.
—A estas alturas, no sé que rayos siento—y terminó la llamada dispuesta a seguir sumida en sus propios delirios.
Estaba cansada, tenía sueño y además sentía estrujado el corazón. Ya había olvidado lo complicados que eran los enamoramientos e ilusiones.
Fuere como fuere a este punto no había mucho que pudiese hacer; el daño estaba hecho y su relación con Shadow ya nunca sería la misma.
De resto, ya solo podía fingir demencia y rogarle a Chaos porque las cosas no se complicasen mas de lo debido.
.
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Camino a su habitación y luego del arrebato emocional que tuvo un rato antes, decidió tomar un baño y dormir.
Abrirse ante Tails le daba una sensación agridulce; por un lado, se había quitado un peso de encima. Le dolían los ojos y se sorbía los mocos de manera constante dándole una apariencia levemente graciosa que no pasó desapercibida por su mejor amigo.
—Cielos viejo, te ves fatal...—Se burló el jovencito y Sonic tan solo sonrió—Sabes que si necesitas hablar de algo más, estoy aquí—.
Sí, lo sabía y estaba profundamente agradecido por ello; aunque no por eso significaba que pensaba abrirse en un futuro cercano y dejar salir esas emociones nuevamente. Ya había tenido suficiente.
—Gracias viejo... creo que han sido demasiadas emociones por hoy—le dijo con toalla en mano y perdiéndose en el pasillo—Solo quería enjuagarse y que el agua se llevara toda la pesadez que restaba en su cuerpo.
Pensar le daba jaqueca, por eso no lo hacia a menudo.
Con los años había aprendido que lo mejor para su salud mental era ignorar aquello que le molestaba y enterrarlo en lo más profundo de su mente, justo al lado de los recuerdos de infancia que se perdían con el tiempo.
—Me alegra que hayas logrado abrirte, Sonic—El joven sonrió con nostalgia y suspiró después—Sé que ha sido difícil para ti sobrellevar esto durante todos estos años, pero confío en que te sentirás mejor de ahora en adelante—.
Lo dudaba, sin embargo no se atrevió a externarlo abiertamente.
—Supongo que sí—mintió—Ahora, si me disculpas... el baño me espera—Finalizó la conversación cerrando la puerta tras de sí.
Abrió la regadera y se dejó envolver por el agua corriendo por su cuerpo; relajando sus músculos. Estaba agotado, por primera vez en años tenía un vacío en el estómago.
—Maldita sea, Faker... ¿es qué a caso nunca puedes hacer nada bien?—La voz de Shadow seguía resonando en su cabeza y aunque no lo deseaba, algunas lágrimas corrieron por sus mejillas otra vez.
Estaba sensible y se le daba el llanto con mayor facilidad; aunque no podía negar que seguía doliendo. El pequeño Maurice de 7 años que iba por ahí corriendo de un lado a otro esperando que sus padres le prestasen atención estaba ahí, mirándole con tristeza y melancolía.
Ese pequeño al que nadie entendía; al que no desearon y dejaron de lado se sentía profundamente herido y lastimado. Se sentía solo y perdido entre pensamientos contradictorios y dolorosos sin posibilidad de huir de aquello que le hería el corazón.
Ese niñito lloraba y durante años estuvo solo y confundido porque nadie le ayudó...
Lastimosamente para el el cobalto el ya no era ese niñito confundido que no entendía que sucedía a su alrededor; los años habían transcurrido y con ellos la certeza y la madurez suficiente para al fin entender que rayos sucedió. Sí, ahora después de mucho tiempo se sentía lo suficientemente valeroso como para aceptar que el fue un producto de una relación extramarital y que por mucho tiempo ese fue el verdadero problema en su hogar.
Sus padres luchando contra ese sujeto Mephiles y la custodia de Shadow.
Era evidente que su madre tenía todas las de perder dadas las circunstancias y supuso que esa fue una de las principales razones por las cuales hubo tantos problemas entre sus padres. El constante estrés de los juicios y audiencias trajeron a sus padres un desapego emocional imposible de ignorar.
Y aunque sus hermanos mayores hicieron hasta lo imposible porque no lo notase y viviese una infancia feliz y alejado de todo ese drama, no funcionó.
Su hermana cocinaba para él; fungiendo como una madre protectora siempre al pendiente de que hiciese sus deberes escolares, se duchara y que no se metiera en problemas con otros niños; en tanto su hermano estaba ahí para aconsejarle y jugar con él siempre que hubiese la oportunidad. Incluso le había enseñado a tocar la guitarra y entre los tres habían formado una pequeña banda con mucho futuro y aspiraciones.
No todo había sido tan malo, tampoco podía autocompadecerse del todo; sus hermanos habían dado lo mejor de sí para superar ese bache y a él le restaba hacer lo mismo; les debía muchísimo y si era franco consigo mismo, lo había dejado de lado durante mucho tiempo.
Cerró la llave de la regadera y salió de ahí con pasos lentos; aún se sentía mareado debido a haber llorado tanto, pero su alma había liberado un poco de tensión. Pensar en esas cosas era doloroso, pero sólo le hacía darse cuenta que pese a todo había sido muy afortunado porque Sonia y Manic eran los mejores hermanos que pudo haber deseado.
Levemente más compuesto salió del cuarto de baño y camino a su habitación observó de soslayo a Tails buscar algo en su computador. Se visitó rápidamente y de nuevo en la sala donde efectivamente, Tails parecía sumamente concentrado con su investigación, ajeno a que había vuelto a su lugar de reunión.
No era inusual que el muchachito se concentrase tanto que ignorase todo a su alrededor, por ello tan solo se limito a sentare en el sillón y juguetear con su celular en un intento de terminar se deshacerse de esa sensación post-llanto y buscó alguna cosa interesante en Mobius Face.
Nada que valiese la pena; algunos matrimonios de ex-compañeros de la universidad, otros teniendo bebés y muchos otros haciendo cosas que le importaban un carajo. Con Tails tan ocupado pensó en curiosear un poco en el perfil de Amy a fin de encontrar noticias sobre su estado de salud —porque no se animaba a llamarle— decepcionándose al no encontrar nada nuevo.
Su última conexión había sido dos días atrás, lo cual le extraño; normalmente no pasaba tanto tiempo sin entrar a la aplicación lo cual le preocupó. Lo que sea que estuviese privándola de chismorrear en redes sociales debía ser lo suficientemente extenuante.
—Mañana iré a verla—se dijo para si mismo en voz alta sin dejar de mirar la foto de perfil de la rosada en donde salían retratados los 4 en la sala de juntas de la empresa.
—¿A quién?—Tails preguntó para su sorpresa.
—Amy—Respondió con simpleza sin despegar la vista de su celular—Tuvo un problema de salud y le dieron incapacidad—Añadió después.
—¿Y está bien?—Preguntó preocupado el menor despegando la vista de la pantalla, a lo que Sonic asintió—He investigado un poco del proceso de malversaciones en tu banco y aunque no soy un experto creo que podemos recuperar el dinero que Fiona te robó—.
Eso si era una buena noticia...
—¿Cómo podemos hacer eso?—
Tails le mostró un montón de gráficas de barra y de pastel y luego de teclear algunas otras cosas más, respondió.
—A este punto Fiona ya debió darse cuenta que tus tarjetas están congeladas y que no puede seguir gastando dinero—Tenía sentido para ambos, al fin de cuentas la tipa no era tan idiota como podía pensarse—La última transacción fue detectada en una tienda de lencería en el norte de Station Square—la sola mención de ropa interior, lo cohibió un poco—Mañana por la mañana debemos ir a esa tienda y solicitarle a los dependientes que nos proporcionen imágenes de Fiona pagando con tu tarjeta y podremos iniciar con todo el proceso, aunque creo que deberías conseguir un abogado—.
Tails tenía razón, necesitaba un abogado que le ayudase a solucionar todo su drama pero, ¿Quién? no conocía a nadie que no fuese Blaze —y demás estaba decir que a ella no iba a pedírselo ni por error— y después estaba Rouge —que le odiaba y ni aunque se lo pidiese de rodillas ella iba a ayudarlo por voluntad propia—.
De resto solo le quedaba buscar a alguien lo suficientemente bueno para solucionar su problema aunque no tenía del todo claro a quien podía buscar.
Guardo silencio indicando que estaba analizando lo dicho por su mejor amigo y antes de que terminase de procesar la información el muchachito continuó.
—Todo saldrá bien, Sonic—Le animó—Quizá deberías buscar en el directorio un Bufete de abogados que pueda ayudarte con tu problema—Le aconsejo.
No lo había pensado, pero por ello adoraba a Tails porque sin él ya hubiese perdido la cordura.
—Sí, sí... gracias viejo, te debo otra—Bromeó.
Abrió el directorio en su teléfono y buscó en asuntos jurídicos sorprendiéndose de los muchos bufetes que habían en una ciudad tan pequeña como lo era Station Square.
Había por lo menos quince opciones y no tenía el tiempo —ni la paciencia— para escoger un lugar a conciencia.
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.
—Eres una idiota, Amelia... una completa idiota—Seguía reprendiéndose mentalmente.
Luego de haber huido como una cobarde y ahora estando encerrada en su habitación se maldecía mentalmente por ser tan torpe.
¿Qué rayos sucedía con ella? Para este punto Shadow debía estar odiándola con toda su alma y lo más triste del asunto es que tenía todas las razones para hacerlo.
Shadow le confesó su amor, le compró ropa y cuido de ella durante su estancia en el hospital, inclusive le había llevado a comer a su lugar especial y confesado uno de esos secretos que tenía bien ocultos y ni así se sintió capaz de responder.
¿Qué rayos le sucedía? Shadow era el sueño de toda chica, el hombre que podría hacerla feliz y que pese a sus muchas complicaciones de carácter le estaba demostrando que la quería y aún así...
Aún así lo estaba dudando...
Y el que lo dudase solo podía significar que ni ella estaba segura de que era lo que quería en ese momento.
Y si ese era el caso...
¿Qué debía hacer entonces?
Tantos pensamientos comenzaron a cobrarle factura, lo cual le mareó.
Decidió que lo mejor era calmarse y dejar las cosas por el momento. Se suponía que debía relajarse y estar tranquila y estaba haciendo justamente todo lo contrario. La conversación con Rouge tampoco le había aclarado mucho. Muy por el contrario, ahora se debatía mentalmente sobre que era lo correcto.
¿Estaba molesta? Tal vez un poco, ¿Se sentía confundida? Absolutamente sí.
Seguía martirizándose mentalmente con cientos de pensamientos negativos y escenarios ficticios en donde terminaba mal parada.
Abatida, tomó el control de la tv y la encendió esperando que algo lograse distraer toda su atención. Alguna de esas novelas extrajeras le traerían un buen rato, quizá un programa de chismes. Lo que sea estaría bien ese momento.
Porque se sentía como una completa idiota sin la menor idea de que hacer o que decir.
Era como volver a tener 15 años y nada de idea sobre la vida en general. Como si los años no le hubiesen servido de nada y toda su experiencia —mínima— en relaciones hubiese sido mas que un chiste.
Era patético si lo pensaba con detenimiento. Siempre fue consciente de que lo suyo con Shadow no tenía ni pies ni cabeza y sin embargo se dio el lujo de fantasear un poco con la idea.
Creer en los hubieras, en las mínimas posibilidades de que algo surgiera de ello.
Era soñar demasiado; lo sabía y aunque triste, estaba conforme con ello.
No hacerse expectativas le había dado tranquilidad durante algún tiempo, sin embargo, fiel a su costumbre, terminó construyendo castillos en el aire.
Es decir, de no haber sido por esa ridícula idea de querer tener un bebé sin un prospecto nada de esto estaría pasando.
Ahora, gracias a pensar estupideces había arruinado su amistad con Shadow, se sentía incómoda con Sonic y con el Silver era todo un misterio.
De pronto el peso de la realidad caía sobre sus hombros y de un modo u otro entendía que todo era su culpa.
De no ser por sus ideas tontas nada hubiese sucedido. No habría ayudado a Sonic y no sabría su secreto; de ese mismo modo no habría traicionado a Silver ni se habría sentido culpable y tratado de ayudarle; finalmente, Shadow no le habría invitado a salir y todo seguiría tal como debía.
Todo una maraña de malas decisiones y ahora que lo pensaba con mayor detenimiento se sentía tan idiota por no haberlo visto antes.
Suspiro derrotada y se termino de recostar en el sofá. Se acomodó de lado y dejó Armando y Beatriz discutir por enésima vez.
Ya no tenía caso culparse, no podría solucionar nada pensó antes de quedarse dormida debido al cansancio.
.
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Furia.
Había tanta furia e impotencia recorriendo cada parte de su ser que fue casi un milagro que no terminase ocasionando un accidente en el proceso.
Deseaba golpear algo, lo que sea. Quería destruir y sobretodo deseaba desaparecer.
El ardor en su pecho lo estaba carcomiendo por dentro y no se comparaba con nada que hubiese sentido antes.
La impotencia de sentirse tan poca cosa nublaba su juicio.
Si Rose no sentía nada por él significaba que todos sus esfuerzos se habían ido al cuerno. Su último intento por no sumirse en la locura de la soledad le había dado una patada en el trasero. Ahora, sentado frente al volante mientras había aparcado al final de la carretera no pudo contenerse más.
El grito desgarrador que salió desde lo mas profundo de su ser le dolió. Le dolió tanto que le hizo callar poco después, sin embargo aún había deseos de gritar por lo que un segundo le acompañó.
Entre gritos y maldiciones golpeaba el volante del auto y aunque dolía no se detuvo. Minutos, quizá más, quizá menos. Ya ni siquiera estaba pensando con claridad.
Solo sentía ese ardor en el pecho que no disminuía, seguía carcomiendo su alma y pese a que estaba tratando de mantenerse calmado y no cometer una estupidez de la que se iba a terminar arrepintiendo, le estaba costando.
Le estaba costando no caer otra vez al abismo; el no dejarse llevar por sus bajos instintos y acallar sus sentimientos con el placer momentáneo de las adicciones que mantenía a raya.
—Puta madre...—Chilló con histeria y golpeó tan fuerte el volante que sintió sus huesos crujir.
Un quejido más fuerte le acompaño y por inercia se aferro a su mano debido al dolor que se causó.
Ahora, con un posible hueso roto toda perspectiva de que las cosas se pondrían mejor se fue al carajo.
Ya no podía caer más bajo...
Encendió el auto de manera brusca y giró en una vuelta en U con dirección al único lugar que podría frenarlo de seguir destruyéndose a si mismo.
El pecho le dolía, aunque seguramente no mucho mas que el existir. Podía visualizar a los demás autos como luces de colores que de cuando en cuando nublaban su vista e inclusive el ruido de algunos tocando el claxon le hacía ir a más velocidad.
Qué importa el resto...
Solo estaba yendo en línea recta, incapaz de pensar en otra cosa que no fuese el dolor que se estaba llevando su alma a pedazos.
Inclusive mucho más que el perder a María...
Porque si de algo tenía certeza en este mundo era que hubiese esperado un rechazo de la rubia, más no de Rose...
Que Rose le hubiese rechazado le dolía; era como si miles de agujas de incrustasen en su pecho y después agonizara lenta y tortuosamente.
Aunque las lágrimas no salían, los ojos le dolían casi tanto como su mano lacerada.
Nada tenía sentido...
Frente a la luz roja la sensación de mareo le invadió; podía sentir el auto dar vueltas sobre él y como su respiración en extremo agitada se volvía cada vez más extenuante.
Pisó el acelerador aún sin el cambio y algunos autos frenaron en seco para evitar chocarle; condujo tan rápido que por unos segundos perdía el control en sus extremidades. Necesitaba llegar de una vez por todas y que todo terminara.
Solo quería acallar ese sentimiento tan mezquino y seguir adelante.
Pero no podía.
Porque no podía huir de si mismo por mucho que lo intentara.
Tantos autos yendo en dirección contraria a la suya, completamente ajenos a todo el drama que cargaba a cuestas.
Todos viviendo sus vidas, todos deseando existir.
Detuvo el auto frente al autoservicio y bajó sin siquiera cerrar la puerta tras de sí; algunos lo miraban con extrañeza mientras tomaba algunas botellas de distintos tipos de alcoholes y se acercaba a la caja a pagar.
Lucía fatal, podía intuirlo aunque no se miraba pues ver el rostro de aquellos que compraban era motivo suficiente para no creer lo contrario.
Frente al mostrador el sujeto que le atendía le dedico una mirada desdeñosa y marco sus artículos con lentitud y desgano.
—¿Efectivo o tarjeta?—Fue su pregunta y antes de que pudiese formular alguna otra cosa recibió un billete de alta denominación que le hizo callar en el acto.
No se molesto en pedir su cambio de regreso; tan solo tomo aquellas botellas y salió del local tal y como había llegado.
Subió al auto y sin esperar nada más, abrió bruscamente la botella y bebió del contenido tan rápido como se lo permitió su garganta.
Bebió de golpe y sin quererlo, los grados de alcohol lo aturdieron bastante.
Abrió otra y la bebió de igual modo; encendiendo el auto en el proceso. Tan solo bebía sin esperar nada más.
Quería ahogar ese sentimiento, alejarlo por completo de su mente y ya no sentir nada más.
Al destapar la segunda botella la imagen mental de Amy le vino de golpe y aún estando furioso debido a la resolución de su confesión, le dolía el pecho profusamente.
Debía estar molesto —y vaya que lo estaba— pero estaba mucho más dolido y resentido de lo que podía comprender.
Le dolía tanto que ni siquiera el alcohol parecía acallar sus propios pensamientos. Seguía bebiendo con tanta desesperación que ni media hora después había bebido todas las botellas que traía consigo.
Tenía la vista borrosa y se sentía apesadumbrado, aunque seguía sin dejar de pensar en Amy y sus bonitos ojos.
—Rose...—murmuró lastimero—.
Quería gritar; soltar toda la pesadez que tenía dentro; con tan mala suerte de terminar vomitando sus zapatos.
Asqueado aunque no por ello menos molesto encendió nuevamente el motor y piso el acelerador —sucio y pegajoso— en búsqueda de un rumbo desconocido.
Solo quería avanzar y olvidarse de todo. Esto de los sentimientos y el amor solo habían complicado su jodida vida.
Primero Aleena y sus estúpidas pretensiones de inculcarle falsamente que era alguien especial y que le amaba por sobretodas las cosas y su posterior aventura y abandono a merced de ese bastardo de su padre.
Luego María y sus cuidados que le hicieron sentir genuinamente querido luego de muchos años de completo abandono y descuido; que terminaron abruptamente debido a una enfermedad que a la fecha seguía sin comprender.
Finalmente estaba Amy; la única que nunca le había abandonado, la que tenía paciencia infinita y cuidaba de él. La que no le juzgo y quien le salvo de tocar fondo la última vez.
Ella también terminó soltándole...
Ya no le quedaba nada...
Su último soporte emocional había aplastado sus esperanzas y deseos de seguir aferrándose a una vida "funcional" y eso le hacía sentir aún peor.
Se sentía tan patético...
A estas alturas ni siquiera podía contener las lágrimas de frustración que corrían por sus mejillas. Quizá se debía al alcohol, porque sí, estaba muy ebrio y era consciente de ello, o tal vez era su corazón completamente pisoteado y destrozado que clamaba a gritos desaparecer.
Era extrañamente morboso la dualidad con la que ambas cosas se entremezclaban con una exactitud enfermiza. Casi como si se burlara...
Puta madre...
.
.
Después de horas sentado en su escritorio sin tomar el mínimo descanso se dio una leve estirada y bostezó con pereza; aún le faltaba por lo menos un cuarto del trabajo y las energías le faltaban.
—Qué lata—Se quejó cual niño pequeño y continuó leyendo los contratos sobre la mesa esperando que el trabajo se terminase de una vez por todas.
Esto del papeleo no era lo suyo, ahora lo tenía todavía más claro.
Admiraba secretamente a Amy por encargarse de todo este lastre y un poco a Shadow por firmar todo esto también.
Aunque no podía quejarse del todo; en pocas horas había aprendido mucho más que en cuatro años de licenciatura. No recordaba cuando fue la última vez que se encargó de administrar algo que no fuesen sus propias finanzas, era simplemente agotador.
Y bueno, no por nada se matriculó en Ciencias de la comunicación justo después de concluir con la carrera de administración que su madre insistió tanto en que debía cursar. No le gustaban los números, francamente le estresaba todo ese proceso en donde su creatividad no fluía como a él le viniera en gana.
Se estiro de nuevo y ahora le crujieron los huesos de la espalda, reconfortándole.
Menos mal solo sería por esta vez y todo volvería a la normalidad, pensó antes de que la puerta de su oficina se abriese tímidamente y la figura de Cream se adentrara en su cubículo.
—Buenas noches, Silver... —Le saludo apenada—Disculpe que lo interrumpa pero mi hora de salida acaba de marcarse en mi reloj—.
¿Tan rápido y ya era hora de cerrar la empresa? Miró el reloj en su muñeca y efectivamente, ya casi era hora de cerrar y el seguía sin terminar.
Apenado ante la falta de tiempo y el próximo compromiso que tenía con Cream, el albino trató vanamente de acelerar su proceso de trabajo, fracasando tristemente en el intento.
—¿Necesitas ayuda?—Ella le pregunto y aunque le apenaba, debía reconocer que no era su fuerte nada de lo que estaba haciendo.
—Sí—Admitió y todo los papeles que tenía sobre su escritorio lucieron mucho más desordenados de lo que creía hace un momento—Soy un desastre—Se lamentó.
Cream no lucía sorprendida ni mucho menos alterada por la falta de dirección en su mesa de trabajo, parecía completamente acostumbrada a tal situación.
—No hay nada de que avergonzarse... La señorita Amy siempre termina haciendo un desastre de notas y archivos cuando está cansada—Recordó sonriendo—Deme cinco minutos y organizaré esto—Y dicho esto último comenzó a ordenar el papeleo con una rapidez que le sorprendió de sobremanera.
Ni siquiera Shadow trabaja con esa eficiencia y rapidez; la chica era buena y apenas era una pasante.
Miró a la jovencita trabajar y sonrió ante la idea de lo buena que sería cuando tuviese un trabajo completamente redituable para ella.
—Listo, he terminado—Le anunció y dejó aquellos papeles ordenados sobre el escritorio de su superior por orden de importancia—¿Hay alguna otra cosa en la que pueda ayudar?—.
Silver tan solo negó; aún estaba asombrado y complacido por el desempeño de la jovencita. Amy había hecho bien en contratarla.
—No, creo que es todo... ¿Nos vamos ya?—Aún tenían pendiente esa pequeña salida y no iba a pasarla por alto, mucho menos ahora que se sentía en deuda con ella.
Tímidamente ella solo movió la cabeza en un gesto afirmativo; la verdad es que estaba muy emocionada por ello, aunque no se atrevía a mencionarlo para no verse muy ansiosa y desesperada.
Aunque en su interior gritaba por dentro de la emoción que le generaba que el muchacho que le gustaba le estuviese invitando a salir; o bueno, si es que a esto se le podía llamar salida —ella se sentía realizada de cualquier forma—.
Al salir de la oficina el lobby se encontraba vacío; incluso la señora que se encargaba de la limpieza ya se había retirado y le tocaba a Silver cerrar todo con seguro.
—Puedes esperarme en el auto—Le dijo y presionó el botón en sus llaves que quitaba el seguro del vehículo.
A solas y en silencio Cream se permitió observar a detalle las cosas que Silver tenía en su auto; estaba bastante limpio y ordenado además de contar con un olor a menta muy agradable.
Todo lucía en su sitio, casi colocado con meticulosidad y eso le agradó. Le indicaba que el joven era alguien sumamente limpio y ordenado y le pareció una cualidad muy significativa.
Echó otro vistazo sin muchas pretensiones y notó con extrañeza como el los portavasos del auto había un par de aretes que le resultaron sumamente familiares. Dubitativa tomó el par de aretes entre sus dedos para mirarlos con mayor detalle, efectivamente; el par de letras A eran sin duda alguna de su jefa y amiga Amy Rose.
La puerta se abrió asustándola en el proceso y casi instintivamente dejó nuevamente los aretes en su sitio sintiéndose sumamente avergonzada al verse descubierta.
—Lo siento—se disculpo pues Silver le miraba con extrañeza ante su actitud tan abrupta.
—Oh, no hay cuidado... no me molesta la curiosidad—sonrió y se puso el cinturón restándole importancia al asunto—Y bueno, gracias por recordarme que debo entregarle esto a Amy—Añadió encendiendo el motor—Había olvidado que los olvidó el fin de semana y bueno, con tanto trabajo la verdad es que no pensé mucho en ello—.
Honestamente lo pasó por alto completamente; aquel par de aretes estaban en sus auto prácticamente desde el inicio del viaje que hicieron unos días atrás. Los traía consigo durante el viaje y se los había quitado dado a que le molestaban para dormir.
Ahora lo recordaba nuevamente y agradeció a la jovencita que hubiese encontrado nuevamente aquel par de "A's"
—Gracias, Cream... mañana iré a verla y se los entregaré personalmente—Agradeció tomando el par y colocándolo en el bolsillo de su camisa—¿Sabes qué es curioso? Que aún después de tantos años ella siga conservando esto—Remembró, nostálgico.
Cream no supo exactamente como responder, pero su educación no le permitía guardar silencio ante aquel comentario por lo que respondió lo siguiente.
—¿Conservándolo?—No era su estilo sonar tan fría, pero honestamente no le causaba mucha gracia el hecho de que el chico que le gustaba hablase de su jefa con ese tono, aunque sí, era consciente de que ellos eran amigos desde mucho tiempo atrás.
Aún así seguía molestándole.
—Oh bueno... ¿Qué puedo decir? Amy y yo somos amigos desde más tiempo del que puedo recordar... y antes de que se mudara de nuevo a la ciudad de su abuela, le obsequié ese par de aretes como símbolo de nuestra amistad—-.
Era demasiado meloso incluso para molestarse por ello, Cream se sintió enternecida ante tal acto de amistad y suavizó su gesto.
—La señorita Amy es muy afortunada de tener un amigo como usted—.
Nunca lo había pensado de ese modo, pero era halagador que alguien ajeno a todo su círculo lo considerase un buen amigo. Aunque bueno, en el fondo sabía que estaba lejos de estarlo, no le quitaba lo agradable.
—Justamente es al revés...—Con el auto encendido condujo en dirección desconocida para la chica—Soy yo quien es afortunado de tener una amiga como ella... no sé que sería de mi en este momento si ella no me hubiese brindado su apoyo—.
Se sentía tan en deuda con la Amy después de todo el fiasco con su antigua relación y su pésima forma de tratar con sus propias emociones, que a este punto tan solo podía augurar que lo que sea que ella necesitase en algún futuro el se lo daría sin pensarlo.
O bueno, al menos haría el digno y noble intento, tampoco es que se considerase un todo lo puedo.
Sin desearlo el ambiente comenzó a tornarse ligeramente incómodo debido al silencio que instauró ante ambos dado al tema anterior. Avergonzado por sus palabras tal vez malinterpretadas por la jovencita, Silver trató de suavizar el ambiente.
—¿Qué te gustaría cenar? Conozco una pizzería a unas calles de aquí donde sirven una pizza y alitas que están deliciosas—Le dijo y la luz del semáforo cambió a rojo—¿O prefieres otra cosa? ¿Hamburguesas? ¿Ensalada?—.
—Pizza está bien...—no sonaba tan entusiasmada como pensaría, pero agradecía que el tomase la iniciativa de retomar la conversación.
No podía dejar de pensar en ese pequeño detalle que aunque el hubiese mencionado implícitamente que no tenía la importancia que ella sentía, el tono con el que hablaba de la señorita Rose le hacía dudar.
¿Silver podía estar interesado en ella de un modo romántico? Le sonaba tan posible dada la naturalidad con la que hablaba de ella, casi como si fuese una diosa a sus ojos que no podía dejar de alabar.
Eso la hizo sentir muy celosa, aunque sabía que no tenía motivos para estarlo, no podía evitar sentirse de ese modo.
—Llegamos—Le informó el albino y bajó rápidamente el auto dispuesto a abrirle la puerta—Te va encantar, me gusta venir aquí los fines de semana y ordenar alitas con una cerveza fría—ambos caminaban con tranquilidad hasta la entrada—Permíteme—abrió la puerta del restaurante y se hizo a un lado para dejarla entrar—¿Podrías tomar una mesa? Debo ir al sanitario—Y se abrió paso hasta los sanitarios masculinos dejando a la chica dicha labor.
En la comodidad del sanitario Silver se permitió respirar con normalidad; ¿Qué estaba haciendo exactamente? ¿Era correcto? Es decir, estaba a punto de cenar con la asistente de su mejor amiga y aunque sus intenciones eran completamente amistosas sabía que podía prestarse a malas interpretaciones tanto de Cream como de cualquier curioso que pudiese observar aquella situación.
Se lavó las manos y siguió con su rostro dándose un poco de seguridad; no estaba haciendo nada malo y debía convencerse de ello por el bien de la velada, lo último que deseaba era pasar las próximas dos horas incómodo en la mesa y de paso que ella también lo estuviera.
Cream era muy linda para pasar por una situación así.
—Control, Silver... no seas un idiota—Se dijo así mismo al verse al espejo y se dio unas palmadas en la mejilla como dándose todavía más valor y luego de unos segundos viéndose al espejo salió de nuevo dirigiéndose a la chica que le esperaba sentada en una de las mesas del fondo.
—Muy bien—tomó asiento frente a ella y tomó el menú—¿Qué te gustaría pedir?—.
—Una pizza de pepperoni está bien, no soy muy glotona—Bromeó.
—De acuerdo, haré el pedido—Y se levanto de nuevo rumbo a la caja a solicitar su orden; tres minutos después estaba de regreso con un par de vasos de té helado y le ofreció uno a la joven—No sabía que clase de refresco te gustaba más así que opté por el té—.
A él ni siquiera le gusta el té helado, pero no quería incomodarla con sus malas decisiones.
—Gracias, agradezco sus atenciones—.nuevamente el tono emocionado estaba comenzando a cobrar fuerza en la jovencita. Que Silver se estuviese tomando el tiempo de tratarla bonito y brindarle detalles hacía latir con violencia su corazón.
Era tan amable y tan atento, ¿Quién en su sano juicio no se enamoraría de ese hombre tan guapo y educado? de pronto todo el drama del auto referente a su jefa perdió relevancia y se sintió con ánimos renovados de hablar de otras cosas, entre ellas, que el joven cumpliría años en dos días.
—¿De verdad no tienes nada planeado? Los cumpleaños son especiales, no puedes dejar que eso pase sin pena ni gloría—La chica parecía entusiasmada ante la idea de que el hiciera una fiesta y la invitara a convivir con ella.
Silver por su parte no estaba nada entusiasmado con la idea; por el contrario, cumplir años no le gustaba. No desde que su padre había fallecido. Simplemente había perdido la gracia a hacerse un año más viejo.
—Honestamente, creo que hay cosas más importantes... digo, ahora que Amy no está debo encargarme de su trabajo y bueno, ¿Qué puedo decir? el trabajo es primero—se excuso.
Cream no dijo nada más al respecto; no se sentía con la suficiente seguridad como para seguir insistiéndole y aunque su interior la idea de tratar de convencerle seguía latente, decidió que debía dejarlo de lado por respeto. Al fin de cuentas ellos no eran tan cercanos.
—Su orden—la camarera les entregó su pizza recién hecha y una orden de alitas búfalo a la par de papas sazonadas—Buen provecho—.
—Delicioso—Silver lucía hambriento y aunque se moría por tomar un trozo, su caballerosidad le obligaba a esperar—Adelante Cream, pruébalo tu primero—.
Tomó un trozo de pizza y comenzó a comer con tranquilidad; seguía sintiéndose en sueño; es decir, había logrado que el joven que le gustaba le invitaba a salir y se estaba portando tan lindo que ni siquiera en sus fantasías le habría ido tan bien.
—Sabe muy bien...—
—Te lo dije—se jactó—Solía venir aquí con mi padre cuando era un niño... claro, que en aquella época había máquinas de arcade y me concentraba mucho más en conseguir boletos para ganar una bicicleta—.
Escuchaba atentamente todas las micro anécdotas que Silver contaba sobre su padre y la curiosidad de conocer a un señor tan agradable le albergó.
—Suena como un súper papá...—
—Sí, papá era genial...—la sorpresa en el rostro de su acompañante debió haber sido lo bastante elocuente, por lo que continuó—Era un gran hombre y está descansando...—
Oh...
Le supo fatal enterarse de ello; es decir, era una cita y ella había prácticamente pregunto por el padre muerto del joven. Genial, simplemente genial.
—¡Lo siento tanto! No quise...—
—No hay de que disculparse, lo recuerdo con mucho cariño...—le restó importancia al asunto—¿Qué me dices de ti? ¿Qué tal tu infancia?—.
Bueno, a ella no le gustaba hablar del suyo, pero, dado a que de verdad deseaba entablar una amistad con Silver pensó que lo ideal sería sincerarse un poco.
—Mis padres se divorciaron cuando yo era niña y bueno, tengo suerte si veo a mi padre una vez al año—.
A ella sí le dolía y ella no le recordaba con cariño, sin embargo la vida seguía y pese a los muchos esfuerzos y sacrificios que ella y su madre habían tenido que pasar para lograr sobrevivir y progresar, hoy en día estaba orgullosa de lo que había logrado.
Comprendiendo que era un asunto delicado, Silver decidió que no debía mencionar nuevamente el tema. Mordió un trozo de su rebana de pizza y antes de que pudiese decir algo más el sonido de su celular interrumpió su velada.
Tomó el aparato y contestó sin mirar quien le llamaba.
—¿Aló?—seguía masticando, pero no le importó.
—No hables con la boca llena Vincent... no son buenos modales—
Esa voz...
—¿Mamá?...—
.
.
—¿En dónde están las toallitas húmedas?—Hablo su marido desde el otro lado de la habitación mientras con una mano trataba de desabrochar el pañal de uno de los gemelos y con la otra mantenía levantadas sus piernitas—¡ROUGEEE!—gritaba en búsqueda de la ayuda de su mujer—Con un demonio mujer, tengo una situación de emergencia aquí—.
Extrañamente para el nuevo papá su esposa no respondió de mala manera ante su grito y solo se limitó a entregarle el paquete de toallas sin hacer ningún comentario sarcástico como era su costumbre. Parecía completamente ajena a todo, como si algo le estuviese perturbando.
Rouge no era la clase de mujer que podía mantenerse callada por mucho tiempo, siempre había algo que decir, siempre hablando de cosas, de bromas, algunas con sentido, otras no tanto, pero siempre tenía algo que decir y si se trataba de su marido esto sucedía con mayor razón.
Disfrutaba de hacerle desatinar y rabiar a partes iguales y aunque esa era una de las razones por las cuales peleaban a menudo, ambos se amaban con locura y pasión.
—¿Estás bien, mujer?—No podía pasar por alto la actitud tan antinatural que demostraba su esposa y aunque no negaría que era agradable obtener las cosas sin gritos o peleas de cuan perezoso era por no levantarse el mismo por las cosas, el que ella estuviese así era indicativo de que algo andaba mal.
—Sí...—seguía ida y no se esforzó en ocultarlo.
—No mientas, sé que algo que te pasa... ¿Qué traes? ¿Problemas? ¿Dinero? ¿Peleaste con alguien?—Su marido era así, arisco y sin el mejor tacto del mundo a la hora de formular preguntas, pero sabía que tenía buenas intenciones con ello.
No podía mentirle, tampoco deseaba preocuparlo; en el fondo intuía que le regañaría dado a que el mismo ya le había advertido que no debía meterse en las relaciones ajenas —y que el de ojos lilas no tenía en alta estima a su mejor amigo no era sino, el menor de los problemas—.
Knuckles nunca compartió su idea de emparejar a la joven rosada con el amargado de Shadow. Amelia Rose era como una hermana menor para su marido y el no veía con buenos ojos que alguien como Shadow pretendiese a su hermanita menor. Tenía la firme convicción de que el tipo solo le generaría problemas y la haría sufrir y aunque durante mucho tiempo fue objeto de debate entre ambos, en este punto no sabía que decir.
En efecto, Shadow no era un partido para Amy, aunque no por las razones que Knuckles creía, sino más bien por sus problemas emocionales y su insistente manía de no aceptar la ayuda que se le brindaba. El moreno tenía problemas, lo sabía y no era un secreto para nadie que le conociera, solo que el se negaba a aceptarlo.
Ya habían discutido durante años por éste tema y siempre terminaban en el mismo punto; con Shadow mandándola al diablo y proclamando que no quería que se metiera en su vida y que le dejase de joder.
—¿Vas a decirme que te pasa o vamos a seguir perdiendo el tiempo aquí parados?—Iba directo y sin rodeos y por ello lo amaba.
Meditó durante algunos momentos sobre como debía plantear lo sucedido a su marido y después de decidir que dijese lo que dijese igual iba a sermonearla, Rouge suspiró.
—Hable con Amy hace un rato...—Comenzó dudosa y el la miraba esperando a que continuase su relato—Y me contó algo interesante sobre su vida amorosa...—
Knuckles también pareció meditar a donde quería llegar con esa conversación; sin embargo, aún a pesar de su fachada de tipo rudo y malhumorado, también era alguien que pecaba de ingenuo en algunas ocasiones.
—¿Se ha echado un novio al fin? —Preguntó para sorpresa de su esposa y ella no pudo evitar sonreír.
—Eh... no exactamente—Su tono fue lo bastante revelador para que el varón comprendiese por donde iba el asunto.
Colocó al bebé en su cuna y miró a su esposa con una de esas miradas de reproche y regaño que ya tenía patentadas y se sobó las sienes como método de relajación.
—Por favor dime que no trataste de emparejarla con ese idiota de Shadow...—Ella no respondió y eso fue la confirmación que el necesitaba—¿Has enloquecido, mujer? ¿Por qué Amy saldría con él?—.
Iba a replicar, pero el sonido de la puerta les distrajo a ambos; eran golpes fuertes, casi como si la puerta fuese a romperse debido al impacto. Avanzó dispuesta a ser ella quien abriese la puerta, pero la mano firme de su marido le impidió seguir caminando.
—Aguarda aquí—Le dijo seriamente y se aproximó hasta la puerta; luego de pensarlo unos segundos abrió de golpe solo para encontrarse con un Shadow en un estado francamente deplorable que se desplomó a los pies del contador.
¿Qué rayos acababa de pasar?
Corrió hasta su mejor amigo y se puso a su altura dispuesta a socorrerlo; estaba ebrio, sucio y restos de vómito cubrían sus ropas. No hacía falta que cuestionara el porqué; en el fondo era evidente que tal estado venía de la mano de la conversación que tuvo con Amy un rato atrás.
No podía juzgarlo; lo entendía, en el fondo podía entender su dolor.
—¿Qué carajo está pasando?—Sin embargo su marido no parecía estar al tanto de la situación y visiblemente confundido observaba expectante la escena frente a él.
—Sólo cállate y ayúdame a meterlo a la casa—Ordeno a tiempo que se adelantaba para acomodar el sillón en donde su aún confundido esposo recostaba al moreno.
Sobre el sillón tan solo pudo atinar a ponerse en posición fetal mientras seguía balbuceando cosas que eran poco entendibles para el matrimonio.
—Shadow, cariño... ¿Qué te ha pasado?—Sonaba tan dulce y comprensiva que cualquiera que no le conociese pensaría que estaba enamorada de él.
Sin embargo, no obtuvo una respuesta por parte del aludido; tan solo se limitaba a aferrarse al mullido cojín en el sillón. Se lamentaba, de verdad se estaba lamentando y además se sentía tan patético consigo mismo por tal situación.
¿Por qué? ¿Por qué tenía que sentirse de ese modo? Carajo, tan solo quería que las cosas mejoraran. Amar a Amelia Rose estaba tan mal...
—Me mandó al diablo, Rouge—Hablo al fin arrastrando las palabras—Soy un imbécil...—
—No digas eso, cielito...—Le hablaba como un niño pequeño, pero ni siquiera se inmutó—No debes sentirte así, las cosas aún no están perdidas—.
En el fondo, no deseaba mentirle ni darle falsas esperanzas siendo inevitable que se mordiese la lengua ante tal acción.
—¿Qué se supone que está sucediendo?—Knuckles se manifestó por tercera vez y aunque el par de amigos hubiese deseado ignorarlo, el pelirrojo ya no iba a dejar las cosas tan sencillas—¿De verdad estás hablando de Amy?—Exigió saber.
—No es tu asunto, id...—
—Oh, oh, oh... no empecemos una discusión en este momento—se apresuró a interferir—Knux cariño, es obvio que Shadow está ebrio y que nada de lo que te diga tiene verdadera validez...—
Aunque tenía sentido, Knuckles no era conocido por ser alguien con mucha prudencia, no iba a quedarse de brazos cruzados sin tener una verdadera respuesta.
Si se trataba de su hermana menor —Amy, la adorable y tierna Amy que ya no tenía nada de adorable porque no era una niña, pero seguía considerándola como tal— más aún tratándose de Shadow. No le agradaba, no era sorpresa para nadie que no confiaba en el tipo.
Lo conocía, conocía su reputación y muchas de las cosas que había hecho a lo largo de los años, cosas que cualquiera en su sano juicio no podría pasar por alto. —Exceptuando a su loca mujer que insistía en seguir siendo amiga de un tipo tan deplorable como él—
—No quiero involucrarme en esto...—
—Perfecto, ahora sí me dejas continuar...—
Ya iba a iniciar una discusión entre el matrimonio cuando el moreno intervino nuevamente.
—Todo terminó...—sentado mirando a un punto equis en la pared las náuseas le invadieron—Tanta planeación... y sueños de gloría... y ella... ella no le interesa saber nada de mí...—
Y aún sin ser santo de su devoción, no pudo evitar sentirse ligeramente apenado por él; no conocía mucho del contexto de lo que había sucedido, pero verle en ese estado significaba que de verdad tenía un corazón y que estaba roto en ese momento.
Ni siquiera un cabrón como Shadow merecía tener el corazón así; aunque bueno, ello no significaba que aprobase que Amy saliera con él.
—Tranquilo, ¿sí? Entiendo como te sientes, pero... creo que necesitas entender que Pinky...—
—Ni siquiera piensa en mí...—hablo de nuevo, dolido.
Le quemaba, saber esa triste verdad le quemaba a tal punto que sentía que el aliento le faltaba.
.
.
—Está bien, mañana por la mañana está perfecto—Finalizó la llamada el cobalto con una sonrisa de satisfacción en el rostro—Van a tomar mi caso—Le informó a su mejor amigo y ambos chocaron los puños triunfantes.
Saber que las cosas estarían en manos de profesionales le quitaba un peso de encima y eso le daba la tranquilidad necesaria para poder dormir decentemente por lo menos esa noche.
Miró el reloj en su celular; ya era muy tarde para que el jovencito regresase a su casa y fiel a su instinto protector decidió que no debía arriesgarse.
—Voy a prepararte el cuarto de invitados...—le dijo sin esperar alguna respuesta.
Por su parte, Tails solo suspiró resignado; no pondría objeción dado a que le gustaba ver a Sonic con ánimos renovados.
Además de que era divertido pasar tiempo de calidad con su amigo y dado a que su madre estaba fuera de la ciudad tener compañía no le venía mal
—Muy bien, todo listo—Sonic regreso con una pijama perfectamente doblada y se la entregó—Cámbiate y a dormir, mañana tienes clase temprano—le ordenó cual niño pequeño y Tails no tuvo mas remedio que obedecer.
Lo trataba como si aún tuviera 8 años, pero en el fondo no le molestaba.
Con el pijama listo y recostado en la cama; Sonic le deseó buenas noches y apagó la luz. La calma de la noche provocó que el futuro ingeniero diese un repaso mentalmente de todo lo acontecido en tan poco tiempo. Aún le seguía pareciendo irreal que Sonic y Shadow fuesen hermanos, pero visto lo visto no había forma de negar lo evidente...
Si lo pensaba desde otra perspectiva, había pequeños, muy leves indicios de que ambos compartían rasgos en común. No demasiados, eso era obvio, pero pequeños detalles que cualquiera que no hubiese convivido en un mismo espacio con ambos varones durante mucho tiempo podría pasar por alto fácilmente.
En más de una ocasión se había reprendido a sí mismo pensando en ello; prestándole atención a cosas que en ese momento no eran sino una consecuencia de sobreanalizar las cosas a su alrededor. —El método científico le obligaba a ignorar el hecho de que tanto Sonic como Shadow tuviesen el mismo tipo de lenguaje no verbal incorporado a su esencia no tenía nada que ver—
Ambos solían toquetearse la nariz cuando estaban demasiado concentrados o incluso el tono y modulación de su voz cuando algo les molestase o estaban interesados en algo.
Muchas eran las cosas que podían unirlos, pero nada que realmente les hubiese conectado; al menos no para él. Nunca lo habría pensado, no abiertamente.
Después estaba esa pequeña parte que Sonic mencionó y que ahora que estaba a solas podía tomarlo con mayor seriedad; el asunto de la señora Aleena y la concepción de su mejor amigo. ¿Podía ser real? Es decir, el hecho de que Sonic fuese un producto de una infidelidad.
Le parecía tan extraño e irreal; había convivido tanto tiempo con esa familia y ni siquiera en sus más bizarras pesadillas lo habría imaginado. Y no era que dudase de la palabra del cobalto —confiaba en su palabra ciegamente— aunque no por ello dejaba de sorprenderle.
Que aquello le hubiese quebrado solo podía darle veracidad y la completa certeza de que independientemente de lo que sucedió, Sonic tenía problemas con los cuales no podía lidiar.
—Tengo que ayudarle—Murmuró poco antes de quedarse dormido.
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—¿Esa es tu manera de hablarle a tu madre después de meses de no saber de ella?—El reproche de la fémina se hizo evidente—No me sorprende... —
Abrió la boca para responder; pero el nerviosismo terminó por ganarle.
—Lo-lo siento, madre...—Cream le miraba preocupada sin saber exactamente que estaba sucediendo—He estado muy ocupado—.
—¿Demasiado ocupado para hablar con tu madre?—Ironizó—Olvídalo, Vincent... quiero concertar una cita contigo, estoy próxima a mi jubilación y daré una pequeña reunión en mi casa en honor al fin de mis servicios y tu aniversario—.
¿Su madre ya iba a jubilarse? Estaba bastante alejado de ella según podía notar y ello lo hizo sentir ligeramente culpable. La doctora Melinda The Hedgehog estaba por jubilarse y el no tenía ni idea.
—Es fantástico, mamá... pero no es necesario celebrar mi cumpleaños...—
—No digas tonterías, quiero que vengas mañana por la mañana para concretar los últimos detalles—
—Eh... de verdad madre, no creo que...—
—No es algo que esté a discusión... te veo mañana, te amo—Y finalizó la llamada sin esperar una respuesta de su hijo ahora sin ánimos de seguir comiendo.
Le tomó más de dos minutos poder poner todo en orden en su mente; Melinda era alguien a quien amaba con todo su ser, era su madre y pese a no tener mucha convivencia en los últimos años, seguía teniéndole en alta estima. Sin embargo, la incompatibilidad de caracteres y la personalidad ya de por si sumisa del albino había provocado en él una especie de barrera entre ambos.
—¿Te encuentras bien?—Cream lucía preocupada; no quería meterse ni incomodarle, pero el silencio era demasiado incómodo como para seguir fingiendo que no había notado que algo estaba sucediendo.
—Lo siento, Cream—no deseaba hablar del tema, pero le debía una pequeña explicación a su acompañante—Mi madre me ha tomado por sorpresa—.
No lucía convencida, de igual forma decidió no insistir al respecto.
—La pizza está deliciosa—se esforzaba por salvar la noche, la jovencita se negaba a aceptar que todo se tornase incómodo de un momento a otro.
Por su parte, el albino solo sonrió.
—Los martes preparan una con salami y extraqueso que está para morirse—Comentó—Quizá alguna vez podríamos volver, claro... si estás de acuerdo—.
Quizá la noche no estaba tan arruinada como pensó.
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Con los años, había aprendido a fingir; a pretender que las cosas en su vida estaban perfectas, que nada le afectaba, nada era lo suficientemente importante para molestar al gran Sonic The Hedgehog y perturbar su tranquilidad.
Había aprendido a desprenderse; a dejar que las cosas fluyesen y no aferrarse a nada en particular. Tenía amigos sí, una novia —o bueno, la tuvo— y muchas oportunidades laborales que le facilitaban mucho dicha elección. Sin embargo, le costaba.
Era cansado mantener esa fachada de tipo cool y buena onda que a todos les agrada y piensan que su vida es perfecta —algo que le parecía muy idiota, había que aclarar—.
Y fue durante mucho tiempo que creyó que no haría falta cambiar de táctica en ello. Estaba tan cómodo en dicho papel, la vida era sencilla, tan simple como disfrutar de los placeres de la vida y dejar que todo fluyese como el agua del río.
Aunque de lo bueno poco y pese a que había disfrutado durante mucho tiempo de un estilo de vida que era francamente reprobable, el karma —o lo que sea que estuviese influyendo a estas alturas— al fin se había dignado a cobrarle factura.
Entrada la madrugada y después de horas de emociones fuertes podía relajarse al fin y ponerle claridad a todos sus pensamientos. Quizá había sido un error abrirse de ese modo frente a Tails, pero al menos sentía que ya no estaba cargando con un peso tan grande sobre sí.
Durante mucho tiempo pensó que todo aquello había sido solo un cúmulo de casualidades en las que se vio inmiscuido dado a su mala suerte; tarde entendía que culpa suya no fue.
O tal vez sí... no lo tenía del todo claro si era sincero.
Pero eso no era el punto, lo fundamental sería aclarar las cosas legales y ya luego intentaría solucionar los problemas con sus padres. Había mucho que aclarar y por primera vez en años se sentía genuinamente interesado en saber que carajos sucedió entre ellos y el tal Mephiles.
Nunca había compartido más de dos minutos en un mismo espacio con ese sujeto, jamás habían cruzado palabras; al menos nada fuera de insultos que no se molestaban en ser disfrazados o comentarios denigrantes que le ofendían solo por el hecho de existir.
Sí, no tenía un buen concepto de ese sujeto y dudaba que esto no fuese recíproco. De igual modo, visto lo visto y dada la nueva información que Shadow había revelado durante la boda, su opinión sobre ese sujeto había cambiado. Ni siquiera en sus más locas teorías conspiranoicas habría podido dilucidar todo el daño que Shadow había soportado.
Estaba seguro que no sabía ni una ínfima parte de toda esa historia, pero podía —y eso ya era decir mucho viniendo de alguien como él— empatizar un poco —poquito— con Shadow y toda su niñez. Al menos ahora entendía un poco porque se comportaba como un cabrón la mayor parte del tiempo.
Aunque bueno, eso no era excusa para ser mierda con lo demás; y pese a que entendía lo que estaba sucediendo, no podía pasar por alto todo los sucedido en su niñez. No podía culparlo —al menos no del todo— ambos fueron víctimas de circunstancias que estuvieron fuera de su control.
Todo cobraba un sentido irónicamente incómodo y no sabía que era lo que debía sentir en ese momento; saber una verdad a medias no lo hacía sentir mejor.
—Mierda...—Se quejó dándose la vuelta y suspiro después. ¿Qué debía hacer entonces? Fingir demencia ya no era una opción viable, más aún tomando en cuenta que más temprano que tarde tendría que enfrentar a Shadow.
Un Shadow que le patearía el trasero e iría con todo el peso de la ley si no solucionaba sus idioteces.
Le dio un escalofrío solo pensar en esa posibilidad; ¿se atrevería realmente? en el fondo, muy en el fondo le gustaba pensar que no. Es decir, el cabrón era eso, un cabrón que nunca —en verdad nunca— había hecho algún comentario positivo hacía él y que la única razón por la que trabajaban codo a codo era por la interversión de Amy.
Amy...
Había pasado por alto todo el revuelo referente a su salud y como se encontraba en ese momento; ¿estaría bien? ¿Qué pudo haber sucedido? La intromisión de esa alimaña de Dexter posiblemente tenía mucho que ver en ello, aunque no podía asegurarlo por el momento.
De cualquier modo, tampoco se necesitaba ser muy avispado para conectar una cosa con la otra; Amy había atravesado una etapa muy difícil previo y después de ese tipejo y tenía todo el sentido del mundo que se sintiese alterada con solo recordarlo.
Ello indicaba que posiblemente el bastardo había cumplido su cometido y tuvo algún tipo de contacto con ella, aunque rogaba a Caos porque no fuese el caso, era prácticamente innegable. Dicha posibilidad no le hacía sentir mejor consigo mismo y aún con toda la mierda que ya traía a cuestas la impetuosa necesidad de saber como es que estaba la fémina le invadió.
¿Sería prudente llamarle a la 1:00 de la mañana? ¿Estaría dormida? La idea le rondaba por la mente y aunque en el fondo sentía que era una mala idea, tampoco es que se caracterizara por ser alguien que pensase mucho en las consecuencias de sus actos.
Haría una llamada, solo una y si ella atendía al primer llamado significaría que estaba bien; solo preguntaría cómo se sentía y colgaría, así de rápido y sencillo.
Entonces, si era tan simple como eso, ¿por qué se sentía tan nervioso y ansioso ante una simple llamada? No era la primera vez que llamaba a deshoras de la noche, en más de una ocasión se había sorprendido a si mismo llamando a la chica para que le ayudase a salir de sus problemas consecuencia de juergas y excesos.
¿Qué podría tener de diferente esta vez? Nada, solo eran exageraciones suyas y seguramente ella ya estaba mucho mejor, no por nada le dieron el alta y estaba en su casa.
Tomó su teléfono y se encandiló un poco por la luz de la pantalla; dudó durante algunos segundos si de verdad debía llamar o no, pero al final decidió que más valía pedirle perdón que permiso y presionó su dedo contra el ícono de marcar.
Ahora solo le restaba esperar...
Un tono, después otro y su ansiedad aumentó después del tercero; tal vez si estaba dormida y solo la molestaría por perturbar su sueño.
Quizá lo mejor sería cortar la llamada y dejar de insistir antes de que ella se despertara y...
—¿Diga?—La voz adormilada de Amelia Rose le dio un vuelco al corazón y la sensación de tranquilidad se vio desvanecida ante el nerviosismo de no saber que decir—¿Sonic? ¿Sucede algo malo?—La escuchó bostezar del otro lado de la línea y esto fue suficiente para salir de su estupor.
—Eh, Ames...—Hablo como idiota y se giró hacía la derecha—Yo... solo quería saludarte—se excuso torpemente y ella solo suspiró.
No creía que estuviese molesta, normalmente le hubiese gritado y reprochado por perturbarla a esas horas a la par de cuestionarle en que rayos estaba metido esta vez. No obstante, algo en el tono de la chica logró captar su atención.
Lucía apagado, impropio de alguien que solo a estado durmiendo y aún no ha terminado de espabilarse; algo había detrás de la joven que le llamó la atención aunque no sabía como podría cuestionárselo.
Podía ser directo sí, aunque no quería incomodarla después de todo el fiasco que había sufrido.
—Hola, Sonic—Seguía apagada, pero aún así respondió—¿Sucede algo? ¿Te encuentras bien?—Siempre le pareció enternecedor esa cualidad que ella tenía para arreglárselas para cambiar todo el foco de interés y preocuparse por todos antes que por ella misma.
—No, no... yo solo quería saber cómo estabas—Confesó, apenado sin saber del todo el porque—Es decir, Shadow no dijo nada salvo que estabas en el hospital y yo... yo quería ir a visitarte pero Tails llegó y yo, yo no pude...—
Ella tan solo soltó una risita muy suave y de pronto los ánimos cambiaron un poco.
—Sonic The Hedgehog preocupado por mí, ¿en qué mundo vivimos?—Bromeó y ambos rieron ante esto—Supongo que he estado mejor, pero sigo viva y eso ya es un pequeño triunfo—Admitió.
El pareció complacido con su respuesta; escucharla bromear y reír tranquilizaba su mente y su corazón.
—Es bueno escuchar eso, Amelia...—le concedió la razón, el gran Sonic no solía preocuparse por nadie, al menos no abiertamente—Cuando Shadow llamó y dijo que estabas en el hospital no supe que pensar...—Confesó—Quiero decir, ¿a dónde debía ir, qué debía decir? Sólo me quede como idiota...—y no mentía cuando decía que le tomó más de cinco minutos poder recobrar la compostura.
En este momento ya veía como una ganancia el que Shadow no le hubiese revelado muchos detalles del estado en el que la chica se encontraba, ni el hospital en donde estaba internada o quien sabe que hubiese sucedido debido a su ansiedad.
—Tranquilo... estoy bien—Trataba de reconfortarlo, lo sabía por el tono tan condescendiente con el que estaba hablándole—Sólo fueron mis bajas defensas—mintió.
No le convencía su respuesta, la conocía tan bien que incluso podía saber cuando le estaba mintiendo y esta era una de esas veces; aunque no podía culparla, sabía que lo hacía para no preocuparlo más de lo debido y aunque lo agradecía, en este punto ya no venía al caso.
—Parece que a alguien le va crecer la nariz como Pinocho...—
Unos segundos de silencio se hicieron presentes entre el par de mejores amigos y pese a querer intervenir de alguna forma, se quedó sin nada bueno que decir.
Últimamente se le estaba volviendo una fea costumbre quedarse sin palabras y esto no le gustaba para nada...
—Lo siento...—musitó—Sólo... ¿podemos hablar de otra cosa que no sea mi salud?—pidió casi en súplica y a el no le quedo más remedio que aceptar.
La respetaba y apreciaba lo suficiente para saber cuando debía dejar de insistir; y a juzgar por el tono con el que hablaba, ella estaba a punto de llorar. Escucharla llorar no era una de las cosas con las que pudiese lidiar en este momento —básicamente porque escucharla llorar le estrujaba el corazón— así que trató de desviar el tono triste y melancólico de la situación.
—Eh, Ames...—ella hizo indicando que le escuchaba—¿Adivina quién está durmiendo conmigo en este momento? Así es, Tails...—trató de bromear y casi de inmediato cayó en cuenta del doble sentido que podía cobrar esa simple oración—¡No, no, no pienses mal! Quise decir que está durmiendo en la habitación de invitados, sí, esta durmiendo durmiendo en la habitación de al lado y bueno, me ayudará con mi litigio—se apresuró y ella solo suspiró.
No supo si fue el cansancio o si estaba demasiado triste para poder solventar la conversación, pero se estaba esforzando por seguirle la corriente y eso se lo admiraba.
—Me da mucho gusto por ti, Sonic—Hablaba con calma y serenidad—Ojalá todo este embrollo se solucione pronto...—añadió.
—Sí, ojalá...—
La sensación de que algo no andaba bien seguía latente; aunque la escuchaba y ella insistía en que nada estaba sucediendo, ese presentimiento de que algo más la molestaba no podía salir de su pecho.
¿Por qué le estaba dando tantas vueltas al asunto? ¿Desde cuando pensaba tanto y actuaba menos? De pronto la fugaz y absurda idea de actuar por instinto tomó todos sus pensamientos y de un saltó salió de la cama tomando su cartera, llaves una chaqueta y zapatos para salir en medio de la noche en dirección desconocida.
—Eh, Ames...—hablo de nuevo y ella respondió débilmente—¿Recuerdas cuando jugabas con mi hermana y hacías pasteles y galletas para mí y que siempre te dije que no me gustaban?—Cuestionó caminando por las calles vacías y ella respondió con un sí adormilado—Mentí... siempre me gustaron tus galletas, pero no quería admitirlo porque me daba vergüenza que lo supieras—Confesó avergonzado entre sus recuerdos de niño pequeño y ella soltó una risita.
—Siempre lo supe...—respondió—Tu hermana me lo dijo—aclaró aún riendo—Y también dijo que no podrías con la vergüenza si supieras que sabía tu secreto—.
Veintitantos años había creído una mentira; se sentía estafado...
—Eres bastante embustera, Amelia Rose—fingió estar ofendido y se detuvo frente a una estación de servicio—¿Aún te gusta el pay de calabaza?—Le pregunto cambiando de tema y ella respondió afirmativamente—¿Recuerdas cuando me tejiste un suéter en navidad y te molestaste porque dije que no me gustaba?—Preguntó de pronto al entrar en la estación y tomar un puñado de dulces y pasteles.
—Como olvidarlo, Maurice...—se quejó—Pasé dos meses aprendiendo a tejer para poder hacerlo—.
Tomó dos vasos térmicos de café y empezó a llenarnos en la máquina aún sin soltar el teléfono y sonrió, nostálgico.
—Te mentí también, lo uso aún para dormir cuando hace mucho frío—Le confesó.
Ella no respondió al instante dándole la certeza de que como mínimo estaba sorprendida y ligeramente sonrojada ante la idea de que aún después de tantos años siguiera conservado uno de sus obsequios.
Al pagar por sus compras salió con la bolsa llena de pastelillos y una charola para café en las manos dispuesto a seguir caminando.
—Hey Ames...—
—¿S-sí?—Aún seguía aturdida por lo dicho hace unos instantes.
Durante años le había guardado un ligero rencor —nada realmente preocupante— al cobalto por haber sido tan insensible en la infancia y rechazar sus intentos de brindarle su asfixiante, pero bien intencionado amor.
Y ahora, saber que todo aquello no era más que una fachada para no admitir que ella le agradaba, le hizo sentir extraña; es decir, no estaba molesta por algo que pasó hace tanto tiempo, pero si se sentía rara al pensar en ello luego de tantos años y se sentía todavía más raro que el lo recordase tan vívidamente.
Es decir, Sonic nunca se caracterizó por ser alguien que se tomase la molestia de recordar fechas, lugares o detalles. Todo esto era francamente sorprendente.
—Welcome to your life...—Comenzó a cantar en un tono moderado y ella solo pudo atinar a sentir un escalofrío recorrer su espalda—There's no turning back... even while we sleep... we will find you...—Continuó el cobalto y ella pudo reconocer al instante aquella melodía.
—Aún la recuerdas...—habló más para si misma, pero el también pudo escucharla—Como es que tú...—
—Acting on your best behaviour... turn your back on mother nature; everybody wants to rule the world...—cantó el segundo estribillo y ella solo pudo sentir un par de lágrimas correr por sus mejillas.
Esa era una de las canciones que su padre cantaba durante su niñez; su vieja grabadora estaba llena de esa música y en más de una ocasión se vio así misma robando las pertenencias de su padre para ir a la casa de Sonic y escuchar música durante horas con él y sus hermanos.
Muchos recuerdos le llegaron de golpe y una sensación agridulce le albergó el corazón; ¿de verdad había guardado todo esto durante tanto tiempo sin que diese señales de recordarlo siquiera? Muchas preguntas le llegaron de golpe pero el sonido de alguien llamando a la puerta le hizo detenerse al instante.
Su corazón latió con violencia al ver la hora y considerar que no era un momento para recibir visitas, pero aún así se levantó y camino con rumbo a la puerta dispuesta a encarar a quien sea que estuviese llamando.
Aún tenía el teléfono en la mano y Sonic estaba particularmente silencioso, quizá se había dormido al fin, pensó justo antes de abrir la puerta y encontrarse con el cobalto con las manos llenas y sosteniendo su teléfono con el hombro pegado a su cabeza.
—Everybody wants to rule the world...—Finalizó viéndola a los ojos con una media sonrisa que no supo interpretar en ese momento.
Dejó caer su teléfono al suelo y antes de que siquiera pudiese darle tiempo de dejar el suyo se abalanzó sobre el recién llegado asfixiándole en un abrazo que llenaba su alma.
Y las lágrimas corrieron con más fuerza por sus mejillas empapando la camiseta del joven que solo atinó a corresponder lo mejor que pudo a aquel abrazo en un intento de reconfortarla. El pequeño cuerpo de Amy que le llegaba poco más arriba de la barbilla se estremecía de cuando en cuando y su aroma flores y frutas lo tranquilizó a él también.
No hacía falta decir nada...
En ese momento sólo debía dejar todo salir.
Ya ni siquiera importaba lo molesta que estuvo con él ni todos los problemas que se acarrearon por su estupidez; en ese momento se sentía tan bien solo dejarlo salir y que el le sostuviera así.
Siendo su soporte...
—Tranquila, Ames...—Le hablaba bajito y con calma—Todo va estar bien, lo prometo...—seguía intentando darle ánimos y aunque lo apreciaba, en el fondo sabía que eso no era así.
—Hice algo muy malo Sonikku...—
La escuchaba murmurar y lamentarse entre gimoteos; de verdad estaba bastante afectada y eso lo hizo sentir un nudo en la garganta.
No le veía así desde ese asunto...
—Ames—trato de llamar su atención alejándola suavemente para mirar su rostro hinchado y enrojecido por tanto llorar—¿Qué prefieres? ¿Panecillos, muffins, pay de calabaza...? Traje de todo un poco y son todos tuyos—le sonrió y ella tan solo se dejo conducir hasta la mesa de la cocina.
Una vez ahí dejo la bolsa sobre la mesa y comenzó a sacar sus compras para mostrárselas a la chica.
—Anda, son para ti—le incitó a comerlos pero ella no se movió—Te traje un café para acompañar el mal rato—añadió, sin saber como continuar—Vamos, no puedo verte triste sin ponerme triste yo también...—.
Entre gimoteos la vio tratar de limpiarse las lágrimas y tranquilizarse sin obtener buenos resultados.
Había muchas emociones albergando su corazón y por primera vez en mucho tiempo se sintió capaz de soltarlo.
Sonic podía ser un idiota sin remedio, pero cuidaría de ella toda la noche de ser necesario y eso la hacía sentir mejor.
—Creo que necesitas decirme que fue lo que sucedió para poder ayudarte...—Hablo de pronto y tomó su mano, dándole ánimos de hablar al fin.
Dubitativa, la joven Rose pensó en como podría iniciar aquella conversación. Había tantas cosas dándole vueltas y ninguna parecía querer salir de su boca.
Hablar de Shadow, de la empresa, su ex-novio tratando de joder su vida y los sentimientos contradictorios que le albergaban cada vez que estaba en un mismo espacio con él le mareó.
Muchas cosas; cada una peor que la anterior.
—Yo... yo no sé que hacer—dijo al fin sin dejar de llorar y el tan solo la observaba esperando a que soltara todo su dolor.
—Las penas con pan son buenas, pequeña Amelia—Sereno y tranquilo le tendió una rebanada del pay que había comprado y espero a que ella diese un bocado—Anda, te ayudará—.
Lo observó durante unos segundos y pensó en rechazar tal ofrecimiento; no tenía hambre, ni siquiera había ingerido alimentos después de aquella desastrosa comida con Shadow.
Había perdido la cuenta de cuantas horas habían transcurrido desde ese suceso y ahora se sentía débil y cansada.
Le dio otra mirada a la rebanada entre sus manos y resignada empezó a comerlo lentamente.
Era curioso; ni siquiera sabía tan bien como decía el eslogan en el empaque, pero de algún modo le hizo sentir un poco mejor.
El dulce resbalando por su garganta le dio paso a un trago del café igualmente dulzón y ante esto, Sonic le sonrió.
—¿Mejor?—
—Gracias, Sonikku—agradecida, devolvió el gesto.
Sonic tenía esa extraña habilidad para hacerle sentir como si todo estuviera bien —aunque el mundo estuviera cayéndose a pedazos— cual niña pequeña.
Le hacía sentir protegida, Sonic era su lugar seguro.
—Muy bien...—el tenía el vaso de café en su mano aún sin beber—No soy muy fan del café, pero voy a acompañarte esta vez si eso te hace mostrar una sonrisa—bromeó de nuevo.
Y ella lucía mucho más tranquila luego de esto; ni siquiera el hecho de que el pastelillo no supiese tan bien o que se había quemado la lengua con el café parecía menguar el hecho de que la compañía del cobalto le había hecho sentir mucho mejor consigo misma.
Sí, llenar sus vacíos con comida tal vez no era el método correcto para aliviar su ansiedad, pero Sonic estaba dispuesto a escucharla y ello le ayudaba en demasía —aún sin haber dicho nada aún— que mostrase ese genuino interés le daba ánimos renovados y un poco de claridad para saber por donde debía empezar.
Dejó el vaso sobre la mesa y suspiró; Sonic seguía en silencio, esperando pacientemente a que estuviese lista para hablar de lo que sea que estuviese molestándole.
—He perdido el control de mi vida—habló al fin sin atreverse a mirarle a los ojos y ocultó su rostro entre sus manos—Pasé tanto tiempo deseando que el amor tocara a mi puerta y cuando al fin alguien se interesa genuinamente en mí, lo hecho todo a perder—se lamentó.
Sonic por su lado, tan solo aguardo en silencio esperando que fuese lo que fuese a lo que ella se refería saliera a la la luz. Tenía una ligera sospecha, una idea vaga referente a ese gañán de Dexter y el posible hostigamiento que esto generaría.
Ambos sabían lo difícil que se volvió salir de ese bache emocional.
—Oh, Ames... no seas tan dura contigo misma; todos cometemos errores—
—Soy un desastre, Sonic...—ignorando por completo las palabras de su compañero, la joven continuó—Mírame, son las 2 de la mañana y estoy en la cocina comiendo panecillos mientras lloro como idiota por mi nula capacidad de relacionarme con los demás—se lamentó.
No era su intención, de verdad quería demostrar seriedad en este punto, pero el rostro de Amy era demasiado enternecedor y gracioso para ser pasado por alto, era como una niña pequeña haciendo pucheros porque no obtuvo lo que quería —algo que no iba a externarle, porque no quería ser golpeado—.
Evidentemente y tal como cabría esperar, esto no le pareció igualmente gracioso a la aludida y ante una mirada de desaprobación, Sonic se apresuró a excusarse.
—Lo siento, lo siento...—tomó la mano de la fémina y le sonrió—No eres idiota, todos tenemos malos ratos...—No estaba sonando tan elocuente como le gustaría, pero al menos hacía el intento.
Apreciaba que se tomara la molestia; sin embargo en este momento no se sentía particularmente dispuesta a escuchar esa clase de respuestas básicamente porque ni haciendo el intento podría creérselo.
—Díselo a mi vida amorosa—ironizó.
Naturalmente, no es que estuviese particularmente dispuesta a exponer sus pensamientos más profundos —y por ende, vergonzosos— con Sonic, pero visto lo visto y dado a que se encontraba particularmente sensible, pensó ¿Qué más da? a estas alturas luego de tantos altibajos y de conocerse mutuamente —más a fuerza que de gana— ya no sería tan descabellado hablarlo.
Sonic era lo suficientemente desprendido emocionalmente como para tener la cortesía de escucharla y que todo quedase ahí. No cuestionaría, no iba a indagar y posiblemente terminaría olvidándolo un rato después.
—Ya veo...—con uno de los panquecitos en mano, Sonic hizo una expresión de seriedad—Podrías ser más específica, con "vida amorosa" y tu dilema... digo, para entrar en contexto—.
—Soy una solterona...—se quejó—Y todos los hombres que me han gustado alguna vez siempre terminan interesándose en alguien más...—no le miraba al rostro, pues sabía que el había entendido perfectamente su comentario—Y la única relación que pude concretar casi me mata...—.
Con ese panorama; Sonic tan solo pudo sentirse ligeramente incómodo. Sí, era consciente de que el mismo había rechazado a la chica durante años y que había sido particularmente cruel durante mucho tiempo con tal de alejarla de él y que sus sentimientos dejasen de incomodarle, sin embargo había crecido y madurado, terminando disculpándose con ella.
Y ahora estaban ahí sentados, hablando de nimiedades amorosas; ¿en qué momento habían terminado así?
Comiendo dulces durante la madrugada y lamentándose como un par de amargados ante una vida que aún tenía mucho camino por recorrer.
Sonaba patético, pero ya se había vuelto normal para ambos lamentarse desde esa perspectiva.
—El amor está sobrevalorado—Dijo al fin, captando la atención de su acompañante.
Amy era la clase de chica que iba por ahí enamorándose del amor; creyendo que el príncipe la rescataría y viviría en un cuento de hadas perpetuo en donde el amor sería rosa y que no habría ni pizca de infelicidad a su alrededor.
No la juzgaba, cada quien tenía a derecho a engañarse como mejor le pareciera, pero el estaba retirado de esos asuntos.
—Supongo que hablas en base a tu experiencia, ¿no?—La joven Rose estaba intrigada ante aquella respuesta y no se molesto en ocultarlo—Te envidio, Sonic—.
—¿Ah si? Supongo que mi historial amoroso es lo suficientemente intrigante que te hace pensar esas cosas...—.
En el fondo, el hecho de que fuese amante de las relaciones de una sola noche y que tuviese a todas las mujeres que quisiera no significaba que fuese afortunado en el amor.
De hecho, si lo pensaba a profundidad, solo había tenido dos novias en toda su vida y no terminó precisamente bien con ninguna de ellas.
Primero Blaze y todo ese fiasco con Silver —un aspecto que sabía que no fue su culpa— y después estaba Sally y su relación conformista que creció durante años por su incapacidad de poder finalizar algo.
Sí, la había cagado con Sally, pero ahora que las cosas estaban más tranquilas ya podía darse cuenta que tampoco tuvo mucha suerte en el amor que digamos.
Amy desde luego no estaba enterada de esta parte.
La imagen mental que ella y todos sus conocidos tenían de él era muy distinta a la que el tenía de si mismo. Mientras todos lo veían como un Don Juan que enamoraba y se enamoraba por breves periodos de tiempo, la realidad era que se consideraba alguien muy tímido y reservado.
Y era contradictorio, las relaciones de una noche no le implicaban una dificultad.
Curioso, cuanto menos.
Pero bajo esa perspectiva podía entender que nunca se había entregado completamente en una relación.
Sí, Sally fue una gran parte de su vida, tantos años juntos y de convivencia —entre las cuales vivieron juntos— no significaron algo más allá de una roomie con la que compartía cama.
Quizá en un inicio las cosas eran diferentes, pero se sorprendió a si mismo cuando seis meses después de salir con la joven ya estaba en plan de conquista.
No le enorgullecía, fue algo deleznable de su parte y se arrepentía de ello. Desafortunadamente ya era muy tarde y el daño ya estaba hecho; aunque pese a haberse disculpado con su ahora ex-novia, seguía sintiendo algo de culpa por ello.
—No quisiera sonar tan patético, pero solo he tenido dos relaciones en mi vida—fue su respuesta luego de mucho silencio.
Le sorprendía un poco, no podía negar el hecho de que era sorpresivo darse cuenta de que Sonic dijese eso con tanta mesura y vergüenza.
—Si lo pones de ese modo, sí es un poco triste—bromeó—Igual, dos siempre será más que uno...—trataba de darle ánimos de un modo u otro—Una más que yo, con el plus de que no trataron de matarte...—ironizó.
Si lo veía desde esa perspectiva ella tenía razón; Amy había tenido mala suerte en muchos aspectos de su vida, desde la muerte de sus padres supo que el cúmulo de malas decisiones que la chica traía a cuestas.
No la juzgaba; era alguien ingenua y que se entregaba completamente a las causas que consideraba correctas, demasiado inocente e influenciable pero de buen corazón.
—Tal vez... ambos somos un par de idiotas sin suerte—.
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—No estarás hablando en serio, mujer—Knuckles lucía molesto y bastante incómodo ante la escena que estaba aconteciendo frente a él—.
Shadow y su evidente estado de ebriedad estaban causando estragos en la sala de estar del matrimonio, entre las cuales el sillón de tres plazas sufría el cruel destino de recibir el vómito del moreno sobre sí.
—Cierra la boca y trae una toalla—le ordenó evidentemente molesta y preocupada. La cara prácticamente sin vida en el rostro de su mejor amigo le apretujaba el corazón.
Tenía bastante tiempo sin verlo así de roto y era doloroso no haberlo evitado; Shadow estaba sufriendo, estaba destrozado nuevamente y en el fondo se sentía culpable por haberlo alentado a recurrir a una nueva ilusión.
No podía culpar a Amy por no enamorarse de él, en el fondo le resultaba evidente que eso no pasaría básicamente porque, aún con todas las cualidades que el poseía como potencial pareja, ella era una soñadora idealista que nunca estaría del todo libre con el pragmático y centrado Shadow.
Eran como el agua y el aceita y aunque ella el claro ejemplo de que muchas veces los opuestos se atraen y complementan de manera prácticamente perfecta —pues el que pelease con su marido solo reforzaba su amor—.
El error estaba en creer que lo que a ella le había funcionado terminaría ayudando a sus amigos a terminar con su soledad.
O bueno, al menos tratar de que ambos pudieran tener a alguien especial en sus vidas —principalmente Shadow— y superar el duelo emocional que ambos tenían tras de sí.
Shadow y la muerte de María —que ahora a estas alturas ya dudaba que algún día lo superase— y Amy y todo ese fiasco con el tipo indeseable.
Sólo quería ayudar...
—Ay cariño, ¿qué he hecho?—se lamentó la albina a la par que le limpiaba el rostro de su ahora inconsciente amigo.
Ya ni siquiera podía sentirse asqueada al estar en contacto con todo aquello; era mucha más preocupación de pensar en que rayos estaría pasando por la mente del joven que sólo pudo atinar a limpiar como si de un niño pequeño se tratase.
La había cagado hasta el fondo y nada de lo que dijese o hiciese podría solucionar todo esto.
Pensó en Pinky y en lo afectada que seguramente estaría con todo esto y la culpa se incrementó.
Puso a sus dos mejores amigos en una situación difícil en donde su relación posiblemente ya no sería la misma nunca más y encima de todo Shadow estaba ebrio en el sillón de su casa con indicios de una congestión alcohólica.
—Limpia su cuello—la voz de su marido le hizo volver a realidad—No voy a seguir sermoneándote, es claro que ya lo estás haciendo tu misma—evidenció—¿Me dirás que fue exactamente lo que hiciste o seguirás consumiéndote en tu propia miseria?—Pocas eran las veces en las que hablaba en ese nivel de seriedad, pero apreciaba que se lo estuviese tomando con calma.
Rouge tomó un momento para aclarar sus pensamientos y decidir que palabras debía utilizar para explicarle —o mínimo tratar dé— todo el embrollo en el que había metido al par.
—Traté de lograr que Shadow y Amy se volvieran una pareja...—confesó sin mirarle al rostro—Y por un tiempo todo marchaba a la perfección, Shadow estaba tan entusiasmado con la idea de que ella le correspondiese—gimoteó—Y juro por Chaos que Pinky también—.
Todo indicaba que las cosas prosperarían; todo iba tan bien, ellos gustándose, saliendo juntos y Shadow cortejando a la rosada de manera caballerosa y sin pretensiones que pudiesen incomodarla.
¿Qué fue lo que salió mal en todo caso?
Knuckles por su lado solo pudo atinar a suspirar; ya se lo temía pero la confirmación de su mujer solo hizo que las cosas fuesen ligeramente menos tensas.
Que ella admitiese que se había equivocado era sin lugar a dudas algo digno de admirarse; aunque claro, había afectado a terceras personas en el proceso y eso no estaba bien bajo ningún concepto.
—Creo que ambos sabemos que lo que hiciste no fue correcto—Knuckles seguía serio, aunque su tono era mucho más ameno a este punto—No sé que más decir...—finalizó sin más.
No le gustaba para nada lo que hizo, no necesitaba externarlo con parafernalia para evidenciar el hecho de que pensaba que estaba equivocada, era tan evidente como el mismo respirar.
Tampoco era un secreto que Shadow jamás le agradó; ni como amigo, ni conocido ni bajo ningún concepto en el que se relacionase con la vida de su esposa y por ende, la vida de su hermana adoptiva.
Las cosas eran simples, a sus ojos el sujeto no era bueno en ningún sentido y no había mas que hablar.
Lo supo desde el primer momento en que cruzaron miradas en la universidad y lo observó inhalando sustancias que ya no venía al caso mencionar; lo supo también cuando lo observó iniciar peleas absurdas con todos aquellos que osaran mirarle de mala manera y terminó por confirmarlo cuando se enteró de todos esos negocios turbios en los que se involucraba con tal de obtener esa basura que consumía.
Desde ese momento había decido alejarse en todo sentido, incluso Sonic y sus tonterías de apuestas ilegales parecían juegos de niños cuando lo comparaba con toda la mierda que Shadow tenía a cuestas.
Y si bien, el tipo había sufrido y de un modo u otro parecía haber enderezado su vida y reformado su camino, seguía sin terminar de convencerle y no estaba dispuesto a darle el beneficio de la duda.
Situaciones como estas le indicaban que el tipo era inestable y le agradaba peso a su desagrado.
—Todo esto es mi culpa—seguía sin dejar de lamentarse—¿Cómo pude pasar por alto todo este asunto de la rubia?—murmuró.
Aún entre su palabrería sin sentido, el joven equidna pudo escuchar con la suficiente claridad la alusión a la difunta Robotnik y eso captó su atención.
—¿De qué hablas?—interrogó—¿Sabías que esto iba a suceder y aún así lo hiciste, no?—.
No lo sabía, o bueno, al menos no quería creerlo.
Era una posibilidad, como todo en la vida, cosas buenas y malas pueden suceder y ella quiso convencerse de que las buenas terminarían ganando la batalla.
—De verdad pensé que todo sería diferente—susurró—Su mirada... había tanto amor en sus ojos que...—pensar en el moreno emocionarse muy a su manera cuando le brindaba consejos de como enamorar a la rosada la llenó de nostalgia—Era tan tierna que pensé...—
—Que de verdad podía olvidarla, ¿no?—la mano en su hombro le permitió soltarse a llorar al fin en un desahogo de impotencia y frustración—Sé que tenías las mejores intenciones... pero no puedes vivir la vida de los demás sin esperar que cometan errores, a veces estas cosas pasan—Trataba de animarla, aunque no estaba funcionando del todo.
Ya lo sabía, sin embargo seguía esperanzada a que todo el dolor que Shadow sentía y sintió se viese aminorado —y por qué no, hasta incluso sanado— con el amor asfixiante y bien intencionado de Amelia Rose.
Si había alguien en este mundo que pudiese soportar a ese amargado era Amy. Ella podría cuidar del corazón de Don cubo de hielo y en su caso, él cuidaría de ella con su vida de ser necesario.
Porque en el fondo, ambos tenían un modo de amar muy particular que terminaba pareciéndose en algún punto.
—Lo sé, cariño... lo sé...—no dolía menos el que lo admitiese, pero le daba un poco más de tranquilidad—Espero que Pinky no la esté pasando tan mal...—.
Knuckles le sonrió a su esposa y negó con la cabeza restándole importancia al asunto.
—Es una chica fuerte, ambos sabemos que lo superará—.
Ahora lo importante era concentrarse en Shadow y esperar que terminara la noche sin algún otro contratiempo.
Con el rostro limpio podía notar que sus facciones ya estaban hinchadas debido al llanto; a la par de su mano sangrante que ensuciaba todavía más su traje elegantemente caro.
—Creo que debemos cambiarlo—miró a su esposo y este también le miraba, no muy convencido ante la idea—Por favor, ¿sí?—.
A lo cual tan solo suspiró; ¿Cómo podía negarse ante esa cara de cachorro regañado?
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Movía uno de sus pies desesperado; se sentía muy nervioso y ansioso ante lo que su madre había dicho que no podía conciliar el sueño.
La sola mención de tener que ir a visitar a su madre le ponía los nervios de punta, básicamente porque había pasado mucho tiempo desde la última vez que la vio y podía augurar que como mínimo, se llevaría media hora de sermones debido a su falta de interés.
Lo cual era todo lo contrario; nunca fue su intención evitarla, sin embargo la situación entre su madre y su ex-novia nunca fue algo que pudiese considerarse por lo menos cortés.
Nunca fue un secreto que Melinda no estaba para nada complacida ante la idea de que su único hijo —luz de sus ojos— estuviese enfrascado en una relación con una mujer tan dominante y absorbente como lo era Blaze.
Siempre se lo dijo, no le agradaba. Tampoco se molestaba en ocultarlo.
Aunque esto no solo era del lado de la Sra. The Hedgehog; a Blaze tampoco le agradaba y para evitar conflictos y confrontaciones había decidido reducir sus interacciones en medida de lo posible.
Por ello, solo solía ver a su madre en ocasiones muy muy muy esporádicas, ni siquiera navidad u año nuevo podían ser dignas de una visita y aunque le mataba, eso le evitaba conflictos.
Ahora que estaba soltero y libre de toda atadura no podía evitar pensar en todo el tiempo que había perdido evitando a su progenitora y en lo molesta que seguramente estaría por ello.
¿Qué podía decirle? ¿Cómo disculparse ante esto? Habían muchas cosas dándole vueltas por la mente y el reloj en su mesita de noche seguía haciendo tik tak.
—Soy un idiota—se lamentó entre suspiros y se cubrió con las mantas de pies a cabeza tratando de conciliar el sueño sin obtener buenos resultados.
La culpa no le dejaba dormir, sabía que era eso lo que estaba molestándole.
¿Qué podía hacer entonces? Las disculpas no bastaban para enmendar lo mal hijo que había sido y tampoco podía fingir demencia ante esto —su madre no iba a permitirlo—.
¿Qué le quedaba entonces?
Podía de algún modo esperar que su madre estuviese tan ocupada que no le diera importancia a la situación, aunque eso sería tener demasiada suerte.
En el fondo, sabía que merecía cualquier reproche que ella le hiciese, aunque no por ello le preocupaba menos.
Abatido, solo se giró hacía la izquierda esperando inútilmente que el sueño le llegase.
Siempre que estaba ansioso o preocupado le ayudaba dibujar un poco. Y aunque había pasado un tiempo considerable desde la última vez que se vio a si mismo haciendo alguna clase de dibujo que no tuviese que ver con el trabajo, pensó que no tendría nada de malo desvelarse haciendo algo que mínimo le haría sentir mejor.
Sentado en la orilla de su cama, abrió el cajón del buró y tomó una libreta y un lápiz y comenzó a garabatear sin un rumbo específico.
Solo trazos, líneas aquí, líneas allá. Cosas que no terminarían de encajar en otras circunstancias.
Flores, remolinos, todo lo que se le viniese a la mente le ayudaba en ese momento.
Incluso algún que otro corazoncillo que no venía al caso...
Había tanto ruido en su cabeza; tantas preocupaciones que se aglomeraban una tras otra. Primero Blaze, después su madre y ahora —y prácticamente sin desearlo— se sentía tan culpable por Cream.
Es decir, acepto una cena, la pasó bien y pese a que las cosas pudieron haber ido mejor, aquella pequeña plática que sostuvieron en el transcurso de la pizzería a la casa de la jovencita seguía dándole vueltas.
—Me divertí mucho, Silver—tímidamente le sonrió—Gracias por haberme invitado.
—No hay de qué... creo que podría invitarte alguna otra vez—comentó casual.
El rostro de la jovencita se iluminó por unos instantes, aunque rápidamente cambio su expresión por una más seria.
Era obvio que algo la preocupaba por lo que rápidamente se apresuró a cuestionar que le sucedía.
—Estoy por completar mi contrato con la señorita Amy...—hablo dudosa y pensativa—Y siendo muy honesta, no sé si vuelva a renovarlo.
Eso era extraño, nunca hubiese imaginado que algo así le causara alguna clase de conflicto.
—¿No te sientes cómoda trabajando para Amy?—.
—¡Oh, no, no, no! ¡Nada de eso!—se apresuró a corregir—Es solo que... me gustaría aumentar mis opciones en el campo laboral, que mi experiencia crezca y poder darle variedad a mi currículum—confesó.
Tenía sentido y era válido que la chica buscase alguna forma de progresar. Y si en ese momento el trabajo en la empresa ya no era suficiente, era válido que buscase cumplir sus aspiraciones.
—Comprendo... sé que si se lo explicas Amy también lo entenderá...—
De alguna forma se sentía culpable de incitar a que la chica renunciase sin haberlo consultado con la chica Rose.
Es decir, Cream era la mano derecha de Amy y ahora que las cosas se estaban complicando en la vida de la rosada necesitaría todo el apoyo posible.
Y él y su bocota posiblemente le costarían una secretaría.
Que idiota...
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—Entonces intentas decirme que ninguno a tenido una relación funcional—Remembró la fémina mientras se comía su quinto panecillo de la noche—No lo sé Sonic, es difícil de creer...—.
Sonic asintió.
—En efecto, querida Amelia...—.
Seguía resultándole difícil de creer; en el fondo se negaba a pensar que la relación que tenía con Sally fuese una farsa desde el inicio. Es decir, durante años sólo observó amor desbordando en aquella pareja tan funcional —al menos para su entendimiento— y si bien, en algún punto retorcido las cosas se volvieron peculiares, siempre pensó que Sonic amó en algún punto a la pelirroja.
Su honestidad le resultaba desconcertante; cada vez se convencía más del hecho de que no conocía en lo más mínimo al cobalto.
—No te sientas mal, Ames... no creo que seas alguien terrible solo porque no te sientes lista para sostener una relación—Le alentó—Tranquila, cualquier tipo que piense que tiene una oportunidad contigo debe ajustarse a tus reglas y si no, que se vaya al diablo...—
Sabía que lo decía con el afán de hacerle sentir mejor y aunque esto estaba funcionando, en el fondo se seguía sintiendo culpable por todo lo sucedido por la mañana.
—Lo sé...—sobándose las sienes, la chica suspiró—Es solo que... Shadow a sido tan bueno conmigo y honesto conmigo y que no pude decir una sola palabra me hace sentir tan mal...—.
Shadow...
¿Ella de verdad dijo Shadow seguido de "honesto" y "bueno"? la sola mención de dichas palabras en una oración que describiese al moreno le hacía reír.
—Claro y mi abuelita es virgen...—soltó con sarcasmo llevándose una mueca de disgusto por parte de la chica—Lo siento, ¿si? es solo que "bueno" y "honesto" no son sinónimo de "Shadow"...—corrigiendo sus palabras, el cobalto bufó—Lo siento...—.
Ya era algo que podía esperar; esos dos eran como un par de niños pequeños que no podían tolerar la existencia del otro. Y aunque no tenía del todo claro de donde nacía esa rivalidad tan marcada, a estas alturas del partido lo que sea que Sonic tuviese que aportar a su enajenación mental no venía al caso.
Sobretodo teniendo en cuenta que ya se sentía lo suficientemente culpable como para encima escuchar comentarios fuera de lugar.
—A estas alturas no discutiré contigo—le restó importancia al drama—Pero sí, Shadow fue muy bueno conmigo y yo lo eché todo a perder...—.
¿Echarlo a perder? Quiso reír ante esa posibilidad, es decir, el sabía en el fondo que todo ese teatro que el amargado traía con ella no era más que una fachada, una tapadera para sustituir sus vacíos emocionales y al fin encontrar a alguien que pudiese sustituir a María.
Y eso era bastante bajo, incluso para alguien de moral cuestionable como lo era Shadow. Y sí, sabía que era hipócrita de su parte pues él no era precisamente un santo y tampoco se enorgullecía de muchas de las acciones que había cometido a lo largo de su vida, sin embargo ni siquiera él podría atreverse a lastimar a Amy de ese modo.
Ella no lo merecía; era demasiado buena e inocente y no podía —ni quería— permitir que alguien —él incluido— le lastimara deliberadamente. Sabía que no tenía derecho, que no podía —ni aún queriendo— vigilarla y protegerla de todo lo que había en el mundo, sin embargo se esforzaba en ello.
—Me dijo que era perfecta para él...—recordó con tristeza—Y no pude responder...—las ganas de llorar estaban llegando nuevamente, presa de la culpa carcomiendo su interior—Me quede ahí sin poder responder nada...—.
—Y sientes que el mundo se cae a pedazos—continuó el hilo de la conversación para sorpresa de la fémina—Viendo como su rostro se deforma lentamente debido al dolor—Era demasiado exacto al describir sus emociones—Y el tiempo se detiene, te absorbe y sientes que nada tiene sentido, solo deseando lograr disminuir su dolor con todas tus fuerzas, pero no puedes moverte...—.
Sonaba tan real, tan exacto a esa pesadumbre que le invadió durante su encuentro con Shadow. ¿Cómo podía el cobalto entender ese sentimiento tan a la perfección?
—¿Cómo...?—
—¿Cómo es que puedo entenderlo?—ella asintió y el sonrió de soslayo evitando mirarle al rostro—Porque así me sentí cuando dijiste que me amabas...—le confesó al fin aún evitando a toda costa mirarle a la cara.
Y le sorprendió...
No podía negarlo, Sonic siendo honesto después de tantos años estaba aturdiéndole más de lo debido.
¿Qué más secretos le ocultaba el cobalto?
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.
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Continuará...
Dispensen las faltas, ya no doy para más últimamente...
Dejo ante ustedes 72 páginas en word como método de redención...
Se cuidan y gracias por leerme.
Atte.
Gri.
