EP 13: La debilidad de un hombre
Atlas dedicó al humano una mirada altiva sin siquiera agachar su cabeza, mientras que Sansón, miraba al gigante de manera despreocupada al mismo tiempo que rascaba su tupida barba.
—Así que mi hermano, Prometeo, no estaba loco después de todo—dijo el titan con una voz grave casi gutural—Los dioses enviaron humanos a ocupar su lugar en la batalla.
Este comentario, causó sorpresa en el Valhalla, pues no habían visto que Prometeo se comunicara con ningún otro titan, y por lo tanto Brunhilde aventuró la hipótesis de una posible conexión psíquica entre los titanes, al menos entre los hermanos.
—A diferencia del blandengue de mi hermano, yo no te tendré piedad "humano"
—No recuerdo haberla pedido—replicó Sansón encogiéndose de hombros, lo que provocó un brillo de furia en los ojos de su contrincante. —Desde que nací, he soñado con ver el límite de mi fuerza, y tú te ves cómo alguien que podría hacerme llegar hasta ese punto.
Atlas soltó una sonora carcajada que provocó una pequeña avalancha.
—¿No te parece que te estas sobreestimando, "humano"? —preguntó Atlas con un tono burlesco.
—Mas bien creo, que me estas subestimando, "Titan"—replicó Sansón imitando el mismo tono de burla, lo que desencadenó que Atlas, soltará un potente puñetazo en dirección al israelita, el cual, detuvo aquel ataque con un puñetazo propio haciendo que ambas potencias chocaran, provocando un estruendo que se escuchó incluso hasta las lejanías.
—¡Impresionante! ¡El choque de puños ha sacudido el Everest! —rugió Heimdall emocionado. — ¡Sansón está igualando la fuerza del Titán!
El choque de poderes había ocasionado docenas de avalanchas por todo el gigantesco monte, e incluso corrientes de vientos se habían arremolinado en la cima producto del intercambio de puños.
Atlas observó a su contrincante con un ligero gesto de sorpresa.
—En todos mis eones de vida, es la primera vez que alguien, aparte de Cronos, logra detener mi puño demoledor.
Sansón sonrió.
—Lo mismo digo de ti. Eres el primero que no se hace pedazos después de haber recibido mi golpe.
El titán soltó una sonora carcajada espantosa que retumbo sobre la cima del Everest.
—La creación de mi hermano es más divertida de lo que pensé.
— ¿Tu hermano dices?—preguntó Sansón con un ligero tono de ira en su voz— ¿de verdad crees que esta, es la fuerza de un simple titán?
Acto seguido y en una inesperada muestra de velocidad, Sansón saltó hasta la altura del estómago del titán, y asestó un devastador golpe que mando a volar al gigantesco Atlas hasta estrellarse con una columna de piedras congeladas.
Aquel ataque había provocado que la maciza armadura negra de Atlas, se resquebrajara por completo, mostrando el musculado y cicatrizado dorso desnudo del Titán.
El gigantesco ser, se levantó con dificultad, escupió algo de sangre purpura, y se desprendió de su casco para revelar su rostro arrugado y de mirada gélida.
— ¿Disfrutaste mucho de haberme dado ese golpe?—preguntó Atlas de manera retorica mientras se acomodaba su cuello con un espantoso gesto. —Espero lo hayas hecho, porque no volverás a tener uno igual.
A continuación, el Titán realizó un poderoso aplauso que generó una onda de choque brutalmente destructiva. Sansón se vio obligado a enterrar sus piernas en el congelado suelo para evitar salir volando. No obstante, el Titán había previsto esto, y se apostó rápidamente frente al inmovilizado cuerpo del humano.
—Vas a pagar muy caro la destrucción de mi armadura. —Atlas agarró por el mechón de pelo al humano jalándolo del suelo, para rápidamente asestar un brutal rodillazo en el estómago del israelita, y sin perder el ritmo, le encajó un certero gancho izquierdo en la mandíbula de aquel desvalido hombre.
Aquel horrendo castigo había despertado la indignación y el terror de los humanos en el público del Valhala:
— ¡Levante Sansón!
— ¡Demuestra que eres el ungido de Dios!
— ¡Glorifica a nuestro pueblo!
Esta reacción causo la gracia de muchos dioses presentes.
— ¿A que "Dios" se está refiriendo?—inquirió Ares con curiosidad.
—Supongo que a mí—respondió Shiva mientras se encogía de hombros—Después de todo yo lo "ungí" esta vez.
De repente, la ola de vítores hacia Sansón fue silenciada de golpe, cuando las pantallas del coliseo divino, mostraban como Atlas sostenía del raído pelo, lo que parecía ser el cadáver del humano.
—Al final no fuiste más que un engreído pretencioso—Dijo Atlas con desprecio mientras lanzaba el cuerpo del humano por el borde la cima.
Mientras se precipitaba inconsciente sobre la mayor altura del planeta. Su mente lo internó en un profundo sueño de recuerdos.
Sansón nació en el seno de una humilde familia Israelita, y desde niño había mostrado tener la fuerza de diez hombres, por lo que fue considerado como el ungido que los libraría del yugo filisteo.
Cuando llegó a su juventud, su fuerza llegó a un nivel donde ejércitos enteros no se atrevían a meterse con él, puesto que era una derrota asegurada. Los generales enemigos urdían complejos planes de combate y estrategias, solamente para ser derrotados como niños ante un hombre cuya única arma era la quijada de un burro.
Curiosamente, un detalle muy desconocido sobre este antiguo héroe humano, es que era muy enamoradizo, a tal extremo de realizar verdaderas atrocidades por amor, llegando a cometer un genocidio masivo de un pueblo entero por negarle la mano de una hermosa dama extranjera a través de engaños.
Sin embargo, su punto más bajo vino cuando se enamoró de Dalila. La mujer más hermosa que Sansón jamás había visto en toda su vida.
El día en que se conocieron, el tiempo se ralentizo y la armonía de los cantos de las aves le sonaron más esplendidas al Israelita. Apenas y pudo balbucear su nombre a la hermosa mujer, la cual le devolvió una sonrisa que hizo que el poderoso humano, cayera preso de un inexpugnable amor y deseo por ella.
Aquel sentimiento era tan nocivamente intoxicante, que el razonamiento y buen juicio de aquel hombre, se había extinguido por completo.
Y es que Sansón desconocía por completo que Dalila, era una espía de los Filisteos que la contrataron con el objetivo de averiguar su punto débil, ya que estos sabían perfectamente que el israelita tenía una cierta debilidad por las mujeres hermosas.
Un día mientras Sansón se hallaba recostado sobre el regazo de su amada Dalila, la mujer le preguntó sin tapujos por su punto débil, a lo cual el hombre, entre dormido y despierto le respondió que, si lo ataban con siete cuerdas verdes de arco, sería su esclavo.
Al anochecer, Dalila amarró a Sansón con lo indicado, e hizo entrar a los filisteos para que lo capturasen, pero el Israelita, se desprendió de aquellas cuerdas como si fueran de hilo viejo, y masacró a los invasores. Por su parte, la mujer filistea se sintió burlada al comprobar la mentira de aquel hombre.
Es por eso que a la semana siguiente la mujer increpó a su amante por la mentira, y mientras fingía una desconsolada tristeza por aquella falta de confianza, Sansón le dijo que, si lo amarraban con cuerdas nuevas, todas sus fuerzas lo abandonarían inmediatamente.
Nuevamente, cuando cayó la noche la mujer consiguió cuerdas vírgenes y amarró a Sansón con firmeza mientras dormía. Un nuevo pelotón de filisteos irrumpió en la habitación con renovadas confianzas, pero cuando vieron al Israelita desprenderse de sus ataduras como si fueran cuerdas de papel mojado, sus espíritus de batalla murieron antes que ellos mismos.
Dalila estalló en cólera al darse cuenta que Sansón estaba jugando con ella. Por lo que se vio obligada a improvisar un llanto falso y estridente que logró conmover a su amado, puesto que este, había jurado al conocerla, que las lágrimas jamás recorrerían sus mejías mientras el viviera.
Dolido por haberle fallado a su amada en su promesa, el poderoso hombre se vio obligado a confesarle a Dalila su verdadera debilidad. El perdería toda su fuerza en el momento que su cabello fuera cortado.
Aquella mirada desolada, le indicó a la filistea que esta vez, Sansón hablaba con la verdad. Así que apenas y el gigantesco hombre se había quedado dormido, la mujer aprovechó para cortar la tupida melena rojiza del hombre. Esta vez la nueva tropa de filisteos se apersono con cierto recelo, pero cuando vieron que Sansón apenas y podía mantenerse en pie supieron que esta vez ellos ganarían y así fue. Basto con un simple aporreo en la cabeza para dejarlo completamente inconsciente y a merced de sus captores.
Apenas llegó al palacio de sus enemigos, los hombres se apresuraron a sacarle los ojos y mantenerlo encadenado como un animal en un grotesco zoológico, en donde día tras día durante meses, los filisteos llegaban para burlarse y lastimarlo.
La noticia de su captura llego rápido a los oídos de los principales reyes Filisteos, así que pronto armaron un carnaval en donde Sansón era la principal atracción. Fue puesto encadenado justo en medio de dos gigantescas columnas, en donde los principales líderes llegarían para acuchillarlo, escupirle, y realizarle todo tipo de vejaciones.
Sin embargo, el verdadero dolor y humillación que Sansón sentía en su alma, era por la traición que había recibido a manos de su amada Dalila. Día con día, lo único que habitaba en su mente era la devastadora idea de que nunca había sido verdaderamente amado por nadie en toda su vida.
Este sentimiento de soledad aunado al hecho de ver a sus captores humillándolo hizo que una renovada ira naciera en su interior, provocando que su mente despertara de aquel abatimiento y se percatara de un detalle importante. Su cabello había vuelto a crecer.
Por una razón desconocida, Dalila jamás reveló a los Filisteo la debilidad de aquel hombre, así que nunca se preocuparon por ese detalle.
Entonces, sintiendo la adrenalina en su cuerpo, Sansón se puso en pie ante la mirada burlona de sus enemigos y exclamó una simple oración:
—¡Señor, dame fuerza una vez más para acabar con los enemigos de tu pueblo!
Y tras decir esto, sintió como su cuerpo recobraba aquella calidez tan familiar para él. Su fuerza había retornado. Inmediatamente agarró con firmeza sus cadenas que estaban pegadas a las columnas, y con renovadas energías, las hizo derrumbar causando un efecto domino, desencadenando que decenas de gigantescos escombros cayeran sobre el centenar de Filisteos ahí congregados, matándolos en el acto.
Mientras el palacio caía alrededor de Sansón, este pudo observar brevemente el cielo nocturno, justo antes de que uno de los enormes pilares cayera sobre él, y su corazón solamente tuvo un deseo antes de morir aplastado…ver la sonrisa de Dalila una última vez.
