EP 16: Encuentro Naval

La algarabía del pueblo israelita fue tan inconmensurable, que muchos comenzaron a realizar cánticos de alabanza a su Dios. Las Valquirias por su parte, estallaron en llantos de alegría puesto que esta victoria, las acercaba más para su reencuentro con sus hermanas fallecidas.

Un inmaculado portal circular se hizo presente en la cima del Everest para que Sansón pudiera retornar al Valhalla, pero en el momento que el Israelita se disponía a atravesarlo, una voz gutural agonizante lo detuvo en seco.

—M…Mata a Zeus—dijo Atlas con la mirada clavada en el cielo, y aun con la sonrisa macabra marcada en su rostro, al mismo tiempo que su cuerpo comenzaba a desintegrarse.

—¿Qué estás diciendo?

—M…Mata a Zeus…Matar a Zeus, Matar a Zeus, Matar a Zeus, Mat…—repitió el titán hasta su completa desaparición de la existencia, y fue ahí cuando Sansón comprendió que, el amor es una motivación infinitamente superior a la venganza.

Cuando apenas atravesó el portal hacia el Valhalla, el humano fue recibido con un atronador aplauso por parte del público, incluido a los dioses por igual.

Sansón era incapaz de mantenerse en pie puesto que la pérdida masiva de sangre le estaba pasando factura, así que rápidamente fue interceptado por un equipo de aprendices a valquirias médicas, quienes dieron primeros auxilios al hombre desgreñado.

El israelita creyó estar en las puertas de su segunda muerte, puesto que antes de cerrar sus ojos para entregarse a la inconsciencia, le pareció ver la imagen de un ángel hermoso bastante familiar para él.

Pasaron un par de horas cuando el fortachón finalmente recuperó la conciencia y se despertó. Lo primero que observó fue el hermoso rostro agradecido de Brunilda, y el semblante lloroso de Göll.

—Aún estás en fase de recuperación, así que no debes levantarte—indicó Brunilda cuando Sansón trató de incorporarse con dificultad. —Aparte que tu nuevo brazo imantado aún no se ha acoplado por completo a tu cuerpo.

Sansón contempló sorprendido aquella elegante, pero sólida prótesis metálica que tenía en su brazo derecho, y para su completa incredulidad, pudo sentir como aquella extraña pieza obedecía su voluntad con la misma precisión que su antigua mano.

—Es el mismo tipo de prótesis que tiene Shiva. Él personalmente te obsequio eso como una muestra de agradecimiento por no haberlo puesto en ridículo—replicó la valquiria mayor tras observar el semblante embelesado del humano.

—N…No sé qué decir—farfulló el hombre ligeramente ruborizado.

—No es necesario que digas nada—respondió Brunilda con una amable sonrisa—Somos nosotras las que tenemos que expresar nuestro agradecimiento—dijo mientras ambas Valquirias se postraban ante el Israelita con sus cabezas clavadas en el suelo.

—No sabía la forma correcta de agradecerte, pero tras indagar un poco en tu historial, descubrí la mejor forma de hacerlo —dijo Brunilda al mismo tiempo que se incorporaba con la vista clavada en la entrada de la enfermería, en cuyo umbral, se apersonó una hermosa morena de deslumbrante belleza.

—Sé que, tras masacrar a los filisteos en el inframundo, el Señor Hades te castigo con una maldición de separación. Cada vez que Dalila estuviera cerca de ti, ella seria tele transportada a un lugar recóndito en el Valhalla. Es decir, nunca estarían juntos, así que hable con...

—Hermana, no creo que te esté escuchando —interrumpió Göll sonrojada mientras señalaba como Sansón y Dalila se habían fusionado en un apasionado beso, sumergidos en un mundo en donde no existía nadie más que ellos dos.

Brunilda observó aquella escena sonrojada, pero tras sonreír al comprobar la efectividad de su obsequio, le indicó a su pequeña hermana salir discretamente de la enfermería para darles privacidad a la pareja de eternos enamorados.

—Los humanos son muy raros —dijo Göll aun sonrojada, mientras caminaban sobre los esplendidos pasillos de aquel lugar.

—Son igualmente de apasionados que nosotras —atajó Brunilda con serenidad —tenemos mucho más en común de lo que crees, Göll.

La pequeña hermana hizo un gesto de asco al recordar la escena de beso de Sansón y fue incapaz de imaginarse asimisma en un escenario similar.

—La verdad que no lo veo —dijo Göll al borde de las náuseas —Como sea, ¿Quién será nuestro próximo representante?

—Dependerá de quien sea nuestro oponente —respondió la mayor de las valquirias con seriedad. —Pero tengo mucha confianza en mis Vernichter restantes.

—Deberías ser más prudente con tu esperanza—dijo Ares con un tono lúgubre mientras salía de una estancia anexa. —Apenas acabó el tercer encuentro, aún faltan seis formidables titanes, y si no recuerdo mal la lista, no son poca cosa.

—S...Señor Ares, no esperaba verlo por aquí —dijo Brunilda mientras ambas valquirias se inclinaban en señal de reverencia.

—Vengo de hablar con mi elegido —respondió el musculo Dios en tono serio pero amable —tengo razones para creer que él será tu siguiente peleador.

—¿De qué habla, Señor Ares?

—No has ido al anfiteatro ¿verdad? —replicó Ares —Deberías ir y ver lo que está aconteciendo en el mundo humano.

Y acto seguido el trio se dirigió rápidamente donde el dios de la guerra había indicado, al llegar ahí, todas las pantallas de la estancia estaban sintonizando diferentes canales de noticias alrededor del mundo, sin embargo, a pesar de la diferencia cultural e idiomática, todos hablaban de lo mismo: Un aumento anormal del nivel de agua en los océanos que estaba causando masivos maremotos e inundaciones en todas partes del mundo, en donde muchas naciones oceánicas estaban incluso, al borde de la extinción.

—¿Q...que está sucediendo? —preguntó Brunilda sin aliento al contemplar aquel escabroso escenario.

—Eso es obra de tu nuevo rival —replicó Hermes con una sonrisa maliciosa, mientras señalaba una pantalla central en la que se vislumbra el nuevo titán.

Las valquirias entornaron la vista y pudieron observar claramente a su oponente.

El titán tenía una envergadura de al menos seis metros de altura. Su cuerpo estaba cubierto de una armadura conformada por gruesas escamas de azul cerceta oscuro. Tenía una barba compuesta de percebes y otras conchas marinas. Sus ojos eran de esclerótica negra y pupila blanca; y unos tentáculos de calamar fungían como una excéntrica cabellera.

Brunilda dirigió una fugaz mirada a Ares, y se sorprendió por la suspicacia de aquel dios, ya que, en efecto, su elegido sería el próximo en pelear.

El extraño ser se hallaba contemplado la inmensidad y bastedad de aquel mar. Y mientras observaba al cielo, cerró los ojos para disfrutar de aquella extraña, pero ansiada libertad.

Rápidamente se sumergió y comenzó a flotar con facilidad. Ninguna criatura marina parecía temerle en lo absoluto, sino todo lo contrario, todos aquellos animales estaban congregándose a su alrededor pacíficamente.

Aquella cálida y reconfortante sensación, le hizo recordar inevitablemente los tiempos de antaño en los que era el regente absoluto de los mares.

Su poder le permitía ser honrado y venerado por los primeros humanos, aun cuando la Titanomaquia había acabado, y es que este gigantesco ser, se había mantenido al margen durante la primera rebelión de los titanes. Razón por la cual, Zeus le dejo en paz. No obstante, Poseidón no pensaba de la misma manera.

Aquel mar de recuerdos fue interrumpido de golpe, por un extraño canto.

El titán se incorporó de inmediato, y pudo observar en el horizonte, la silueta de un gigantesco barco de grandes velas, en la que ondeaba orgullosa, una bandera negra con un estampado en rojo de un casco espartano, el símbolo del dios Ares.

La criatura observó aquel barco con extrañeza, misma que se acrecentó aún más, cuando escuchó una voz áspera y carrasposa cantar una extraña melodía.

Un barco una vez quiso navegar y su nombre era la tetera del mar, el viento sopló y su proa hundió, remar chicos a remar ...

—¡Bienvenidos dioses de la creación al cuarto combate de esta nueva Titanomaquia! —rugió Heimdall con emoción —El Israelita Sansón, ha puesto a la humanidad en la delantera del mercador con un combate de ventaja, pero, ¿podrán mantener esta racha?

Los dioses respondieron con un bullicio ininteligible.

—¡Yo también opino lo mismo! —respondió Heimdall —Sobre todo tomando en cuenta quien es el representante de los titanes.

La pantalla central del anfiteatro, proyectó una imagen en primer plano del acuático Titán.

—Durante la primer Titanomaquia este titán no fue participó en el conflicto, pero que su mansedumbre no los confunda, su poder rivalizaba con el del mismísimo Cronos, incluso algunos dioses no temen aventurar que, si él hubiera participado en la primera rebelión, el resultado hubiese sido muy distinto al que conocemos. El primer emperador y regente de los mares de la creación...el titán ¡OCÉANO!

Esta vez, no hubo abucheos por parte de los dioses, sino todo lo contrario, hubo una escueta porra divina.

—¿Por qué parece que están apoyando al titán? —preguntó Göll desconcertada

—Porque están seguros que esta vez, el bando de los dioses tendrá que intervenir para reclamar el empate. —respondió Brunilda con seriedad. —Pero se quedarán con las ganas —añadió con una sonrisa maniática que perturbó levemente a su pequeña hermana.

—La humanidad por su parte, envió a un hombre de reputación manchada. —continuó Heimdall con tono sombrío —durante el siglo XVIII, este hombre causó estragos en el mar caribe, siendo el principal azote del comercio y la monarquía de aquel tiempo. Un hombre que fue considerado como el rey del crimen y el Señor absoluto de todos los mares, el pirata más famoso de la historia ... ¡Edward Teach, mejor conocido como BARBANEGRA!

—... Pronto el ballenero vendrá, y azúcar y te y ron traerá, cuando cese nuestro cantar será hora de zarpar ...Vaya que es una canción pegajosa —dijo Barbanegra con una amplia sonrisa que develaba un par de dientes faltantes.

—Pero eso no es todo —continuó Heimdall con misticismo —El escenario que albergara este combate, es la zona marítima más hostil del planeta. Ubicada en el centro del mar caribe, se encuentra este lugar que es cuna de leyendas y pesadillas para los marineros más experimentados. Nosotros los dioses, conocemos este territorio como el lugar de origen del titán Océano, pero los humanos han bautizado a este inhóspito sitio como ¡EL TRIANGULO DE LAS BERMUDAS!

Todos se sorprendieron ante aquella revelación, en especial el bando de los humanos quienes conocían a la perfección los terrores de este mítico lugar.

—¡El cuarto enfrentamiento entre humanos y titanes será uno marítimo! —gritó Heimdall con efusividad —¡comienza la cuarta ronda!