EP 17: Batalla en el Caribe

Océano observó con curiosidad a aquel particular y excéntrico humano frente a él.

Barbanegra iba vestido con un sucio y raído traje de almirante del siglo XVIII en color azul oscuro, tenía una larga cabellera desaliñada, sobre la cual llevaba un tradicional sombrero pirata. Su ojo marrón izquierdo destilaba confianza y locura al mismo tiempo, puesto que su ojo derecho iba cubierto con un viejo y sucio parche negro. Unos dientes faltantes le daban una sonrisa realmente macabra; misma que estaba enmarcada por una barba igual de desaliñada que su cabello.

—¿Tu eres el Kraken? —preguntó Barbanegra con un brillo de locura en su ojo izquierdo. —¡Siempre soñé con darte caza, criatura!

Océano le dedico una mirada de exasperación tras escuchar aquella comparación.

—¿Has venido ante mí, sin tener idea a lo que te enfrentas? —preguntó el gigante marino —Una estupidez así, debe ser castigada con un golpe de realidad —A continuación, el titán extendió su palma derecha que provocó que una gigantesca esfera de agua saliera del cuerpo acuático sobre el que estaban, y sin apenas exigirse esfuerzo, lanzó aquel ataque sobre el barco del excéntrico humano.

—¡TODOS A BABOR! —ordenó Barbanegra con emoción a una tripulación de almas ardientes que acataron la orden de su capitán. El impacto de aquella esfera de agua desencadenó en que los mares se embravecieran aún más, provocando así, que el océano se tragara aquella embarcación ante la mirada incrédula de los espectadores humanos del Valhalla.

—No…No puede ser —exclamó Göll mientras caía de rodillas con la vista llorosa clavada en la pantalla. —¿Fuimos derrotados tan pronto?

—Bueno, fue divertido mientras duro. Ares prepárate para luchar —Ordenó Zeus.

—Aun no —replico Ares tranquilamente mientras señalaba la pantalla con tranquilidad.

En medio del océano, La barcaza endeble llamada "Queen Ana's Revenge" emergió con orgullo envuelta de una especie de burbuja de aire que le devolvió a flote.

La humanidad y las valquirias soltaron un suspiro de alivio y asombro al ver aquella particular escena.

—¡Ha ha ha ha! —Se carcajeaba Barbanegra con sonora locura. —¡Mi amada es imbatible! —Agregó mientras besaba el timón de su barco.

—Me pregunto si esto es acorde a las reglas —inquirió Hermes con un dejo de malicia en su voz —Se supone que la pelea debe ser uno contra uno, pero esa tripulación parece romper esta norma.

—No saques conclusiones tan a la ligera, hermano —atajó Ares sin apartar su vista de la pantalla —La tripulación obedecerá todas las ordenes de Barbanegra que involucren el manejo de su barco, el cual es su Rustung, pero bajo ningún concepto atacaran cuerpo a cuerpo al titán.

Hermes dedicó una mirada seria a su hermano, pero no siguió insistiendo. Mientras tanto, en el triángulo de las Bermudas, Océano, se hallaba iracundo tras presenciar el resurgimiento del barco del pirata.

—¡¿Acaso los dioses no se cansan de insultarnos?! —gritó Océano con furia mientras unas olas se agitaban violentamente a su alrededor, de las cuales, una de ellas se convirtió en un tifón que se arremolino frente al titán.

Barbanegra gritó unas órdenes a su tripulación para prepararse ante aquel nuevo impacto, no obstante, la violenta columna de agua había desaparecido para revelar en su interior, un magnífico tridente hecho de caracoles, percebes, aletas, colmillos, y un sinfín de partes de fauna marina.

Océano agarró aquella magnifica (y un poco grotesca) arma con sumo ímpetu.

—Tarde siglos en desarrollar un nuevo tridente. —exclamó el titán con solemnidad —¡Este, supera por mucho, el que Poseidón me robó!

En el pasado, poco antes de que la primer Titanomaquia diera inicio, el titán Océano, había vomitado de sus entrañas las aguas que eventualmente se convertirían en los océanos, mares, y ríos de este mundo.

Los otros titanes quedaron maravillados por aquella creación, lo que provocó que se granjeara el respeto de todos, incluyendo el del mismísimo Cronos, quien ya lo consideraba como un igual.

Sin embargo, a pesar de gozar de una buena reputación en su estirpe, Océano era un titán pacifico. No se interesaba por regir sobre otras criaturas. Su único interés era proteger su creación, los mares.

Cuando la primer Titanomaquia estalló, Océano se mantuvo al margen del conflicto, ya que su fervor hacia los océanos, era mayor que el cariño por su especie.

Esta actitud no pasó desapercibida a Zeus, quien no solo perdonó la vida del titán acuático, sino que lo nombró como el maestro de su hermano prodigio, Poseidón.

Océano aceptó aquel encargo de mala gana, especialmente porque el pequeño niño, era un prepotente que ni siquiera lo miraba a los ojos, por no mencionar que ni siquiera hablaba por considerarlo un ser inferior.

No obstante, todo cambio el día que Océano, creo un maremoto de la nada con el objetivo de apaciguar un incendio de una isla, con ayuda de su espléndido Tridente.

Aquel despliegue de habilidad y poder asombró tanto al pequeño Poseidón, que incluso abrió la boca como señal de sorpresa. Océano se percató de este gesto, y le sugirió mostrarle las artes necesarias para el control del mar, a lo que sorprendentemente, el pequeño dios, aceptó con emoción.

Pasaron años, décadas, siglos, y el joven Poseidón hacía gala de sus facultades como prodigio, ya que, al poco tiempo de haber llegado a su adultez, el dios fue capaz de controlar los mares de manera eficiente, pero, aun así, no llegaba a la maestría que Océano tenía.

Aun le faltaba algo. Océano decía que requería de más práctica, pero Poseidón sabía exactamente lo que le faltaba...el tridente.

Mientras el Titán moraba aun la tierra, había formado una familia dando fruto a numerosas hijas llamadas Oceánides, las cuales eran ninfas acuáticas que estaban asociadas a los ríos, lagunas, riachuelos y demás cuerpos de agua dulce.

Rápidamente el titán comenzó a ser venerado por los humanos con el mismo ahincó que a los dioses olímpicos, lo que no causó mucha gracia a estos, en especial al joven Poseidón, quien era adorado en menor medida que su maestro.

Una noche mientras Océano dormía en el fondo del mar, en lo que los humanos actuales conocen como el fondo de las marianas, Poseidón se escabulló sigilosamente sorteando a los diferentes titanes marinos guardianes, y sin un dejo de duda, se apoderó del tridente del titán para, acto seguido, apuñarlo en el pecho, causando que el mar alrededor, se tiñera de un horroroso tono negruzco, aun mayor, al que ya había en aquel recóndito lugar.

Todo había pasado tan rápido, que Océano ni siquiera se había percatado de lo sucedido. Cuando recuperó el conocimiento con dificultad emergió a la superficie para, inmediatamente tras su salida del mar, ser sometido por un ejército de soldados llameantes celestiales de Ares.

El titán fue trasladado al monte Olimpo como un vil prisionero, y tras ser colocado en el centro de un fabuloso y esplendoroso anfiteatro, fue abucheado y apabullado por los dioses ahí presentes.

Océano era incapaz de procesar aquella situación caótica, y apenas tuvo un pequeño respiro cuando el musculoso y joven Zeus se apersonó en aquella sala provocando el silencio de los demás dioses.

El titán acuático observó al rey del Olimpo con profunda estupefacción, sin embargo, Zeus, parecía estar tan enfadado, que muchos dioses podían casi palpar la ira de su rey.

—Te perdoné la vida, y te encomendé la tutela de mi querido hermano, ¡¿Y ES ASÍ COMO ME PAGAS?! —añadió mientras tiraba a los pies del titán, un saco ensangrentado del cual emergieron las cabezas de docenas de sus hijas oceanides.

Esto provocó que el titán soltara un perturbador alarido de dolor y angustia tan llenos de amargura, que impregnó aquella estancia del Olimpo con una atmosfera de incomodidad. Su cara se había casi transmutado en una mueca de horror tan nefasta, que algunos dioses jóvenes, sintieron nauseas al verlo.

—Qué actuación tan lamentable y patética —dijo Hera con asco —Después de lo que le hiciste a tus propias hijas, lloras con lágrimas falsas. ¡Asqueroso ser!

Los ojos de Océano se habían teñido de un rojo oscuro debido al brote excesivo de sus lágrimas amargas, lo que le confirió un dejo amenazador en la mirada con la que fulminó a la entonces esposa de Zeus.

—¡¿DE QUE MIERDA ESTAS HABLANDO MUJER?! —Gritó el titán con toda su ira, pero Zeus, en un despliegue de velocidad y poder, había atravesado aún más, la herida en el pecho de Océano, causando que este vomitara borbotes de sangre purpurea.

—No voy a permitir que un maldito parricida le hable así a mi esposa —Exclamó Zeus con ira en sus ojos. —Que podía esperar de tu raza. Eres igual a la basura de Cronos.

Océano a duras penas se podía concentrar en regenerarse. Su herida en el pecho, la desaparición de su tridente, y las cabezas cercenadas de sus hijas, eran demasiado peso para que su mente pudiera enfocarse en algo simple, y lo que vió a continuación lo hundió aún más en la miseria, porque pudo comprender de golpe lo que había sucedido.

A la estancia, había llegado con radiante porte, el dios Poseidón armado de su magnífico tridente marino. Al instante, todos los dioses presentes saltaron en vítores de alagaría y alabanzas por su llegada.

—¡Saluden todos al gran héroe Poseidón! —exclamó Hermes embelesado, lo que provocó que la audiencia estallará en más alabanzas al dios marino.

—¡Así es! —dijo Zeus con su habitual sonrisa de confianza —Si no fuera por el audaz de mi hermano, Océano aun estaría masacrando a sus otras hijas, y muy probablemente a los humanos.

El titán reunió todo el coraje que tenía dentro de sí, para exclamar su verdad, pero antes de que pudiera decir algo, Poseidón cortó su garganta con su propio tridente, en un movimiento elegante y fugaz.

—La basura no tiene derecho de hablar aquí —dijo el dios olímpico marino sin siquiera verlo directamente a los ojos.

Los dioses quedaron maravillados ante aquel acto.

—Bien basta de juegos —anunció Zeus con tranquilidad —Es hora de colocar a la "basura" (como dice mi hermano) en su lugar —Ustedes dos ayúdenme —añadió dirigiéndose a sus hermanos Poseidón, y Hades, quienes pusieron una mano en un omoplato de Zeus cada uno. El rey del Olimpo canalizó el poder de sus hermanos en sus manos para poder materializar un espléndido portal que Océano reconoció al instante. El tártaro.

El titán ya no tenía nada que perder. Seguramente sería vilipendiado y asesinado por el resto de sus compañeros al solo llegar al tártaro, por haberse negado a participar en la insurrección de la Titanomaquia.

Sin embargo, hubo algo que encendió una chispa dentro del titán que funcionaría como combustible para soportar una eternidad en aquel inhóspito lugar. El odio.

Y es que, lo último que Océano logró ver, y que quedaría marcado en su retina para siempre, antes de ser lanzado al tártaro, fue la macabra sonrisa y mirada burlona de Poseidón, quien, por primera vez en su vida, lo había visto a los ojos para humillarle.