Ella empezaba a preocuparse. Él estaba muy quieto y su respiración era acompasada y regular. ¿Qué debía hacer? ¿Despertarlo o algo? Ahora mismo él tenía un paño con agua fría en su frente para poder bajar la fiebre.
Marinette miraba a Tikki preocupada.
¿Y si había pillado una pulmonía?
—Marinette, relájate. —la alentó su pequeña mancha roja. —Él está durmiendo ahora mismo. Creo que lo mejor sería que lo despertaras, y le dieras una pastilla. —dijo con una pequeña sonrisa consoladora.
La azabache posó de nuevo su vista en Chat. Le dolía ver a su felino amigo así, pero Tikki tenía razón. Si quería verlo de nuevo haciendo sus locuras gatunas, debía despertarlo.
—Tienes razón, Tikki. —dijo acariciando los cabellos rubios de su amigo. —Si no se toma algo, será peor para él.
La pequeña motita roja se fue a la estantería que Marinette tenía detrás de su cama, y observó la escena atenta.
Ella sabía quien se escondía detrás de la máscara, y se preguntó el porqué hacía todo lo contrario en cada una de sus facetas. Pero ahora que lo pensaba, la realidad llegó de inmediato a su cabeza.
En su formal civil, él, según lo que había descubierto Marinette los últimos meses que lo estuvo espiando, era que tenía demasiadas actividades, y su vida era bastante repetitiva, por ello, imaginó que cuando se convertía en Chat Noir, no tenía el porqué esconderse de nada, y podría hacer lo que le diera en gana.
No lo había pensado nunca.
Por otro lado, la azabache empezó a zarandear suavemente al rubio por los hombros.
—Chat... —susurró dulcemente la adolescente mientras miraba el rostro de su amigo. —Hey Chat...
El rubio empezó a moverse mientras escuchaba medio dormido como alguien lo llamaba a lo lejos. No podía distinguir, ya que esa voz era demasiado débil.
—Chat, despierta... Necesito que te despiertes. —Marinette puso su mano en la mejilla del adolescente, y empezó a acariciarla con delicadeza.
El gato negro empezó a abrir su ojos al reconocer la voz de Marinette. Quería verla, era una necesidad que se acababa de instalar en su cuerpo.
—Marinette... —dijo el rubio cuando abrió sus ojos lentamente.
Pudo observar como su compañera de clases le sonreía con dulzura, y sentía como ella tenía su mano en una de sus mejillas. Aquella acción reconfortó demasiado al rubio.
El corazón de Marinette se relajó al ver que él estaba despierto, pero su voz seguía igual que antes de desmayarse.
—Chat, debes tomarte una pastilla. No debes resfriarte. —dijo la de coletas mientras se separaba del rubio.
Éste de inmediato la paró cogiéndola del brazo. Ahora mismo lo único que él quería era un abrazo de aquella azabache.
—¿Puedes abrazarme? —dijo mirando los ojos celestes de su compañera. Aquella propuesta sorprendió a la chica. —Necesito un abrazo ahora mismo. —dijo quitando la mirada de la Cheng, para posarla en la manta con la que estaba tapado.
La azabache se inclinó y abrazó a su felino amigo con delicadeza. Él hizo un movimiento que hizo que la azabache estuviera más cerca de él, y empezó a acariciar su espalda.
Probablemente la fiebre le estaba haciendo delirar, por que estar en esas confianzas con Marinette, era algo nuevo.
Por otra parte, la mencionada tenía la mente en otro sitio. No tenía relación con Chat en su forma civil, y que ahora él le acabara de pedir un abrazo, era bastante extraño para ella.
El rubio llevó una de sus manos al pelo de Marinette, y empezó a acariciarlo. El olor que desprendía ella le encantaba. Olía a coco y platano; una combinación extraña que le recordaba a su Lady, y que igualmente, le gustaba oler de sus dos compañeras.
De poco a poco, la de coletas se fue separando del rubio hasta sentarse a un lado de él, y miró su rostro. El rubio estaba pálido, pero tenía una sonrisa débil en su cara.
—Gracias, Marinette. Lo necesitaba. —sonrió el gato, y sin evitarlo, empezó a toser.
—Chat, estas realmente costipado, ¿has echo algo que pueda enfermarte de esa manera? —preguntó la oji azul mientras empezaba a bajar las escaleras que daban a la parte baja de su habitación.
Chat se mordió su labio. —En realidad estaba haciendo una actividad extraescolar, y me empecé a sentir mal, así que informe de ello, y emprendí camino a casa. Pero entre la lluvia, y verte por ahí pues... —se encogió el rubio de hombros como si su compañera pudiera verlo.
El pecho de la azabache se apretujó ante las palabras de su amigo. Él se había preocupado por ella a pesar del estado en el que se encontraba. Sonrió, y llevó junto con un vaso de agua, una pastilla para que él se sintiera mejor.
Cuando Chat la tomó, se levantó.
—Gracias princesa por el gesto, pero creo que será mejor que me vaya. —dijo empezando a caminar, pero sus piernas le fallaron.
Marinette de inmediato fue con Chat.
—Creo que lo mejor será que te quedes por esta noche, minino. —dijo ayudándolo a ponerse en la cama de nuevo. —Además, hay una tormenta ahora mismo. —La Cheng miró por la ventana para observar que caían muchas gotas de agua.
El rubio miró a la azabache. —¿De verdad me dejas quedarme?
Ella puse la vista en él, y sonrió con dulzura. —Claro, Chat. Tu te preocupaste por mi antes, ahora es mi turno.
A Chat se le estrujó el corazón al escuchar esas palabras por parte de su amiga.
—Gracias Marinette. —dijo el gato sonriendo débilmente.
Marinette hizo un gesto con su mano de negación, y empezó a bajar las escaleras para llegar a la parte baja de su habitación.
—No es nada. Ahora descansa, voy a ponerme el pijama. —ella cogió su ropa, y emprendió camino al baño que tenía en su habitación.
Se cambió con mucha pereza, y cuando terminó, se secó el pelo ya que se había mojado también por la lluvia.
Volvió de nuevo a la parte de arriba de su habitación, y observó como Chat aún seguía despierto. Ella sonrió.
—¿No coincilias el sueño, minino? —preguntó la azabache posandose al otro lado de la cama.
Chat se acercó a ella y la abrazó por la espalda.
—No... Solo te esperaba a ti, para agradecerte lo mucho que estás haciendo por mi. —dijo el rubio en el oído de la de coletas.
Marinette curvó sus labios en una pequeña sonrisa, y se dio media vuelta para posar su mano en la mejilla de Chat.
—No es nada, Chat. Ahora duerme y descansa, que lo necesitas. —dijo la azabache para cerrar los ojos y taparse con la manta.
El gato la acercó a su pecho, y con delicadeza, se acurrucaron el uno en el otro. Ella posó su cabeza en el pecho de él.
—Buenas noches, princesa. —dijo en un susurro Chat antes de caer en los brazos del morfeo junto a Marinette.
