Una rayo de luz se incrustó por la ventana dándole de lleno en la cara a nuestro héroe gatuno.

Empezó a removerse incómodo, e intentó darse la vuelta, pero no pudo por que algo o más bien, alguien se lo impidió. Y ese alguien era su amiga. Marinette.

Ella estaba profundamente dormida, y descansaba en el pecho de él con una cara tan angelical, que era imposible no morirse de ternura al verla.

Chat sonrió y llevó un mechón de su pelo azabache detrás de la oreja de Marinette. Acto seguido, empezó a delinear con su dedo la cara de ella, hasta parar en sus pecas.

Son tan adorables.

Pensó y apartó la mano de su cara. Espero hasta que ella despertó, que solo fueron cinco minutos.

—Buenos días, preciosa. —dijo Chat mirándola con ternura.

Ella bostezó y se separo de Chat para estirarse. —Buenos días. —ella se acercó a él y midió su temperatura posando la mano en la frente. —¿Como te encuentras?

Chat se encogió de hombros. —Me duele la garganta, pero ya estoy mucho mejor que ayer.

Marinette posó su vista en los ojos verdes de su amigo. —Ya no tienes fiebre. —sonrió con amabilidad. —¿Tienes hambre?

Chat asintió mientras llevaba sus manos a su barriga. —Me comería un caballo ahora mismo.

La azabache empezó a reírse, y se acercó a las escaleras. —Voy a por algo de comer.

Chat le guiñó un ojo. —Claro. De aquí no me muevo sabiendo que tus padres son los mejores panaderos de París. —el rubio se relamió los labios y volvió a tumbarse en la cama.

Marinette negó con la cabeza y empezó a bajar la escaleras. Tikki ésta vez se encontraba en la parte de abajo, así que entre susurros ella y su portadora se saludaron.

—¿Ya está mejor? —preguntó la pequeña motita roja acompañando a la azabache a la cocina.

La de coletas asintió con la cabeza.

—Ya no tiene fiebre. Ahora es solo que se cuide, y estará como nuevo en unos días. —dijo sonriente.

Se acercó al pote donde solían tener galletas, y vio que estaba vacío. Llevó una mano a su nuca y empezó a rascarla.

Que raro...

Siguió mirando para ver que encontraba, hasta que se dio cuenta de que en el horno estaban las galletas aún calientes y recién echas.

Cogió la bandeja entera, y emprendió de nuevo camino a su habitación. Sus padres ya estarían en la panadería, y más contando de que hoy era domingo. En estos días, la gente venía como loca a comprar cosas para el desayuno, o el pan para la comida.

Marinette subió a la cama, y con cuidado le extendió a Chat la bandeja, para que ella pudiera subir y no hacerse ningún daño.

Empezaron a desayunar en silencio. Solo se escuchaba el sonido que hacían para masticar las galletas. No era un silencio incómodo, era un silencio tranquilizador, y reconfortante.

—Y dime Marinette... ¿Qué hacías ayer a esas horas y encima lloviendo? —preguntó Chat bastante curioso.

La azabache se encogió de hombros. —Había quedado con unos amigos para ir a tomar un helado.

Chat levantó una ceja enérgicamente.

—Con amigos, eh. —él empezó a dar leves codazos en el costado de Marinette.

Ella lo fulminó con la mirada. —Mis amigos son Alya, Nino, Luka, Juleka, Rose, Alix y Mylene. —se encogió de hombros. —No sé qué le ves de malo.

Chat levantó sus manos en señal de no haber echo nada. —Miauch, yo solo decía, preciosa. —ella se giró, y Chat le guiñó un ojo.

Marinette rodó los ojos juguetonamente.

—Veo que ya estás muchísimo mejor. —dijo la azabache intentando cambiar de tema.

El sonrió. —Si, y todo gracias a ti. —se levantó y llevó la bandeja a la cocina. Se aseguró de que los padres de Marinette no estuvieran por ahí, y empezó a lavarla.

Cuando terminó, subió de nuevo a la habitación.

—Será mejor que me vaya ya. —dijo Chat acercándose a la azabache. —No creo que me hayan echado en falta, pero tengo que estar por si las moscas.

La adolescente se acercó a la buhardilla, y salió al balcón. A diferencia de ayer, hoy el día estaba radiante, lleno de color. Chat imitó la acción de la chica y salió detrás de ella.

Marinette se acercó a la barandilla y apreció las vistas que ella tenía desde su balcón hacia Notre Dame. Chat se acercó y pudo observar también las bellas vistas que tenía la azabache.

Se puso a un lado de ella y envidió por unos segundos la libertad que su amiga tenía. Sus padres según lo que había tratado con ellos, eran unas personas maravillosas, y su amigos eran increíbles. No quería decir que sus amigos no lo fueran, pero lo que sí le gustaría es que su padre tuviera más tacto con él.

Le gustaría que pasara los cumpleaños con él, o el aniversario de Emily...

Chat movió la cabeza a los lados, y sin aviso alguno, cogió la mano de Marinette. La chica se asustó un poco ante el movimiento del chico. Chat acercó la mano de la chica hacia sus labios y plantó un beso con mucha delicadeza.

—Muchísimas gracias por todo lo que has echo por mi, Marinette. —dijo el gato mirándola a través de sus ojos verdes. —Te debo una muy grande. —le guiñó un ojo y poco a poco, fue dejando la mano de la azabache.

La de coletas asintió poniéndose un poco roja. Aquel beso le había puesto los pelos de punta.

—No me debes nada, Chat. —dijo ella acercándose a la buhardilla que conducía a su habitación. Se giró y observó a su amigo. —Sólo cuidate, y no te expongas mucho a la calle, podrías recaer.

El rubio asintió enérgico y empezó a saltar de tejado en tejado. Marinette se quedó allí hasta que lo perdió de vista, para a continuación, entrar a su habitación.

Cogió su teléfono y marcó el de su mejor amigo, Luka.

—Hey, Marinette. —escuchó la azabache por el otro lado de la línea.

—Hola, Luka. ¿Qué tal? —la adolescente se tumbo de nuevo en la cama.

—Lo normal, ya sabes... Mamá con su desastre y Juleka pues... Siendo Juleka. —los dos empezaron a reírse. Cuando las risas cesaron, la línea se quedó en completo silencio, y los dos sabían perfectamente el por qué. —¿Lo vas a hacer, petite?

Marinette mordió su labio y empezó a juguetear con las mantas. —Creo que si, Luka.

El chico suspiró y se escuchó como se acomodó. —¿Y cuando lo vas a hacer?

—Mañana después de clase. Se lo diré en las taquillas.

—Me parece bien. —dijo Luka. La sangre del chico empezó a hervir por una razón que él sabía perfectamente. No quería que ella se declarara, por que no quería perderla completamente. —¿Y tienes claro lo que le vas a decir? —dijo en un tono juguetón para cambiar el ambiente.

Marinette abrió los ojos y llevó una de sus manos a la frente. —Ahg, siempre estoy igual.

Luka dejó escapar una pequeña risa. —Empieza siempre diciéndole lo que piensas de él, y ya luego te le declaras.

Marinette bufó. —Para ti es más fácil por ya lo has echo. —dijo mirándose las uñas.

—Todos alguna vez lo haremos. —dijo en tono bromista. —Vamos Marinette. No te vengas abajo.

Y así estuvieron hasta la hora de comer. Habían decidido ir a tomar un helado después de comer para que Luka pudiera darle consejos en persona a nuestra querida azabache.