Marinette.

—¡Vamos Tikki! —mis piernas ya empezaban a temblar, y ni siquiera había salido de mi casa.

Mi pequeña motita roja apareció, y rápidamente se puso en mi bolso. Cogí mi mochila, y bajé corriendo las escaleras. Mis padres ya no estaban ahí, por lo que supuse que era más tarde de lo normal.

Cogí un croissant que había en la encimera de la cocina, y empecé a correr.

—Marinette, recuerda relajarte hoy. —dijo Tikki desde mi bolso. Tuve que parar por culpa del paso de cebra. —Recuerda lo que te dijo Luka...

—Transmitele confianza, y así será mucho mejor para los dos. —dije masticando el croissant. —Ay, Tikki... ¿Y si me rechaza? ¿Qué haré? ¿Qué diré? O peor, no quiero llorar delante de Adrien. —dije elevando mis manos por los aires.

—Ya verás como te acepta, Marinette. Y si no lo hace, se está perdiendo algo realmente valioso. —dijo Tikki. Le Sonreí con dulzura.

El semáforo se puso en verde, y empecé de nuevo a correr. Con suerte, la señorita Bustier me dejara entrar en clases. Subí rápidamente las escaleras, tropecé con una haciendo que lo que llevara en el bolso se cayera.

Cogí todo con rapideza, y lo metí en mi bolso, pero mi teléfono empezó a vibrar. Lo encendí para quitarle la vibracion, pero un mensaje de Luka llamó mi atención.

Luka

Si llega a pasar algo, petite, no dudes en venir a casa. ¡Ten mucha suerte!

Sonreí y dejé el mensaje en visto. No tenía tiempo para responderle ahora mismo, pero agradecía el gesto por parte de Luka.

Llegué a clase y toqué la puerta. Asomé mi cabeza por ella y vi a todos concentrados en la clase de literatura. Mi vista se posó en mi sitio, y luego en Alya, que fue la única que se percató de que había abierto la puerta.

Tragué despacio, y empecé a caminar lentamente hacia mi sitio, pero como no, la arpía de Lila siempre fastidiándolo todo.

—Señorita Bustier, Marinette llega tarde. —dijo al lado de Nath, mientras me miraba con saña.

Será...

—Marinette, ¿por qué llegas tan tarde? —preguntó con una sonrisa en la cara. A pesar de tener esa sonrisa, sabía perfectamente que la señorita Bustier era estricta.

—Hm, yo... —reí nerviosa. Todos, literalmente, todos, tenían puestos los ojos en mi.

—¿Tu hamster otra vez? —preguntó la pelirroja.

Asentí enérgicamente. —Si verá, mi hamster escondió mi teléfono y pues me he despertado tarde. —dije con una sonrisa nerviosa.

Bustier asintió con la cabeza y me señaló mi sitio. Suspiré de alivio, y me senté en mi sitio.

—Intenta llegar más pronto, ¿esta bien, Marinette? —Asentí con la cabeza, y ella continuó con su clase.

Alya me dio un codazo en la costilla, y la miré por el rabillo del ojos. Ella cogió un trozo de su libreta, y empezó a escribir en él. Luego, me tendió el papel con sutileza.

"¿Lo vas a hacer hoy?"

Asentí con la cabeza dándole de nuevo el papel. Ella empezó a hacer movimiento extraños con sus manos. La miré por el rabillo del ojo atónita.

Mi mejor amiga está loca.

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Mis piernas empezabana temblar. Si, ya había llegado la hora en la que había acordado con Adrien. Él sonriente y tan radiante como siempre, aceptó a esperarme en los casilleros antes de marcharnos cada uno a casa.

Bajé las escaleras y sentí como mi estómago empezaba a revolverse. Mis manos sudaban y temblaban a la vez.

Tikki salió del bolso y se puso en mi hombro. Tomé una bocanada de aire.

—Marinette, relájate. —dijo Tikki acariciando mi mejilla. —Estoy segura de que también tiene sentimientos hacía ti.

Me relajé y volví a suspirar. —Solo recemos por que no meta la pata. —dije empezando a abrir la puerta que conducía a las taquillas.

No había nada, ni nada nadie, solo estaba Adrien que se encontraba en uno de los bancos, sentado, mirando su teléfono. Al escuchar el sonido de la puerta, él levantó la mirada y me regaló una sonrisa.

Me acerqué más a él, y me senté a su lado posando la mirada en el suelo.

—Gracias por esperar, Adrien. —dije mientras empezaba a calmarme un poco.

—No es nada. —dijo él restándole importancia. —¿Qué querías decirme? —levanté la vista y observé como él me miraba con alegría en sus ojos.

Suspiré y empecé a recordar lo que me dijo Luka; dile primero lo que piensas de él, y luego te le declaras.

—Verás Adrien... —dije manteniendo mi vista en sus dos esmeraldas. —Cuando llegaste aquí no me caíste bien del todo. —él puso una cara de tristeza. —No, no. No te preocupes por ello. —dije posando una de mis manos en uno de las suyas. —Luego te las ingeniaste para pedirme perdón de una de las mejores maneras. —él me miró de nuevo y sonrió. —Eres increíblemente talentoso, agradable, amigable, buena persona, sincero y...

Mi voz se paró. Las palabras se habían quedado atascadas en mi garganta. Él empezó a sobar la mano que había puesto antes encima de la suya.

—¿Y qué? —dijo él esperando a que siguiera.

Mordí mi labio. —Y me gustas, Adrien. Me gustas mucho. —dije sonrojandome y bajando la mirada. —Quería saber si... Tu también sientes lo mismo.

Dije intentado tapar más la mirada con mi flequillo, pero aún así podía ver un poco a Adrien. Él apretó mi mano, y con la otra, levantó mi rostro por el mentón.

—Marinette, no te voy a mentir. —dijo posando su mano en mi mejilla. Mis ojos se iluminaron. —Me atraes también. Te veo algo más que una simple amiga. —mi corazón empezó a latir. —Pero... estoy enamorado de otra persona. —dijo tristemente bajando la mirada.

Las lágrimas amenazaron con caer por mis mejillas, pero me las arreglé para que eso no sucediera. Me levanté del banco, y miré a Adrien con tristeza.

—Entiendo. Afortunada es la que tiene tu corazón. —dije empezando a caminar hacia mi taquilla.

Él se levantó del banco, y me abrazó por detrás, posando su cabeza en mi hombro.

—Por favor, Marinette... —dijo en mi oído. —No quiero que te enfades conmigo. Me duele cada vez que nos enfadamos. —me acercó aún más a él.

Mi pecho empezó a doler. Quería llorar, quería salir de ahí.

—No me enfado. Me alegro que hayas sido sincero conmigo. —me separé de él lentamente. —Nos vemos mañana. —cogí mi mochila y salí escopetada hacia la salida sin mirar atrás.

Solo quería llorar, y estar acompañada de alguien. Y sabía perfectamente quien era ese alguien.