He estado algo sepultada de trabajo estos meses, con Halloween, Thanksgiving y ahora… viene Navidad! Ya saben, Christmas.
Los profesores siempre tenemos mucho que hacer. Pero los últimos meses del año siempre parecen más… pesados.
Entre el pc con los saltos locos (me saltaba el cursor del Word cuando estaba editando algún documento, y esto era bastante molesto) y todo el trabajo que tengo en estos meses… pues las actualizaciones se retrasaron más de lo que quería. Disculpen.
Regulus sentía que se deslizo en alguna dimensión alterna desde el viernes en la noche. Y es que… ¿Esto era Hogwarts?
Bella y Cissy lo trataban como si fuese a romperse de un momento a otro y eso le venía de maravillas, porque al menos ahora Bella no estaba enfocada en darle infierno. Cissy, parecía estar dividida entre actuar como si fuese su madre y querer maldecir a Sirius hasta el siguiente siglo. Cuando le dijo que tenía un partido de Quidditch con Gryffindor… no fue muy bien, y eso era decirlo de buena manera.
No quedaba duda alguna que de encontrarse en perfecto estado de salud se hubiese enfrentado a un par de buenas maldiciones, si no es que ella decidía usarlo de diana en prácticas de tiro para pulir sus habilidades de duelo.
Lejos de encontrarse reconfortado por lo que era una buena solución a parte de sus problemas; se encontraba en un dilema. Porque ya que no debía preocuparse por Bella, podía prestarles atención a otras cosas. Que el partido de Slytherin vs Gryffindor le daba una oportunidad irrepetible de encontrarse cerca del jugador estrella de Gryffindor, de estudiar a James Potter sin barreras de por medio.
No se cuestionaba el motivo de su insistencia, esa incipiente necesidad en saber que estaba mal con el Gryffindor. Tampoco le daba vueltas a porque algo estaba mal.
Solo lo sabía, e iba a resolverlo.
…
En la Torre de Gryffindor el balance de las cosas cambio. Era relativamente sutil. Algo estaba mal con los Merodeadores, eso era obvio.
Un pleito mayor debía haber ocurrido entre ellos, Potter estaba actuando como un cabeza hueco perdido, persiguiendo a Evans por todo el castillo aun cuando ella lo amenazo en congelarle las joyas familiares. Lupin y Black parecían estar peleados y Pettigrew era la viva imagen de un cachorrito perdido. Dividía su tiempo entre sus otros tres amigos, porque ninguno de los otros tres merodeadores aparentaba querer pasar tiempo juntos.
Lupin… se veía fatal, y las pocas veces que se lo veía junto a Black no cambiaban palabra. De preguntarle a otros, se diría que el infame grupo iba a separarse. Permanentemente.
Las apuestas corrían sobre el motivo por el que podían estar peleados.
El común denominador es que el pleito debía ser por una chica.
¿Qué mujer seria la causante de la separación de los célebres merodeadores?
Black y Lupin no se sentían atraídos por Evans, el que parecía estar loco perdido por ella era Potter. Tanto que cruzaba varitas con Snape casi que diario.
El resto del colegio estaba aliviado, por una parte. Porque se acabaron las bromas pesadas. Pero el aburrimiento y el estrés estaban abarcando el terreno que las bromas de los Merodeadores mantuvieron a raya.
Slytherin estaba rebosando de gozo. Todos ellos, exceptuando a Snape, y a los Black.
Bellatrix y Narcisa estaban recordándole a todos porque era una pésima idea meterse con esa familia, las dos parecían querer obliterar a Sirius Black. Y… pronto fue un secreto a voces que habría que estar completamente loco para intentar algo con Regulus Black, si Narcisa se enteraba destruiría completamente la reputación del alma en desgracia, por no mencionar que estaba en una única posición de vetar quien podría plantear negocios con los Malfoy.
Y si Bellatrix era la que se enteraba primero… pues. Si quedaba algo que enterrar podría ser considerado un logro.
Ese clima de creciente tensión era el que se respiraba antes del partido de Gryffindor contra Slytherin, todos se preguntaban si todo ese drama que se estaba desarrollando entre los Merodeadores iba a repercutir negativamente en el ánimo de Potter.
Cuando el día del partido finalmente llego, todos se encontraron a la expectativa, porque un partido de Gryffindor contra Slytherin siempre era prometedor en el departamento de los acontecimientos. Aunque fuese solo para contemplar las maldiciones que se lanzaban entre jugadores, o quien sería suficientemente desafortunado para recibir alguna de las maldiciones desviadas con una bludger de aderezo.
…
Lejos de estar ansioso por animar a Prongs, Sirius estaba cociéndose el cerebro para encontrar alguna forma de hablar con Moony, que aún no deseaba darle ni la hora. No sabía que pudo poseerle para cometer semejante idiotez y no esperar consecuencias… detestaba a Snape y estaba seguro que el bastardo grasiento estaría deleitado de mandarlo al otro mundo. Pero… nada podía justificar lo que le hizo a Moony.
Aunque… ¿Cómo pudo habérsele pasado por la cabeza hacer algo como eso? Porque ahora… lo consideraría completamente imposible, de no ser porque ya lo había hecho.
Y si la situación con sus amigos y su novio era mala… sus primas parecían estar sedientas por su sangre. Tener a Bellatrix queriendo usarte de diana no era un pensamiento especialmente reconfortante. Pero Narcisa podía transformarse en un verdadero dolor de cabeza, y que las dos se encontrasen compuestas en algo no pintaba demasiado bien para Sirius…
En una situación como esta, solo quedaba pedir refuerzos. Aunque… esos refuerzos estarían dispuestos a congelar cierta parte de su anatomía y arrancársela si eran perturbados… Sirius no quería esperar hasta que ya no pudiese salvar nada.
No estaba dispuesto a perder a sus amigos y a su novio cuando ya prácticamente perdió a su familia.
Si Andrómeda quería vengarse, lo tomaría como un castigo a su idiotez. Haría lo que sea por Remus.
…
Era medio tiempo de uno de los juegos más aburridos que Regulus hubiese jugado desde que entro en el equipo.
Narcisa y Bellatrix aterrorizaron colectivamente a toda la población, porque los jugadores del equipo contrario lo esquivaban como si fuese un caso terminal de viruela de dragón, tanto, que los bateadores de Slytherin se permitieron dejar que volara a sus anchas sin monitorearlo. Volaban tan alejados que no hubiesen podido defenderlo de una bludger perdida, aunque quisiesen. Eso lo confirmaba, las mujeres eran escalofriantes, punto.
Potter estaba jugando uno de sus peores partidos. Y es que… ¿Cómo demonios se las arreglaba para mirar a Evans? Incluso desde el aire. Eso sin caerse de la escoba y abrirse la cabeza, o que una bludger le dejara más imbécil de lo que ya era.
Algo no estaba bien… no era natural.
Parecía más bien una maldición, una poderosa.
Ninguna atracción, por fuerte que fuese era tan obsesiva. No a menos que fuese mágica.
¡Era tan obvio!
Esa obsesión de Potter por Evans era causada por magia, no podía ser una poción de amor, como la Amortentia.
En primer lugar, porque era obvio que Evans detestaba a Potter y jamás le hubiese dado una poción de amor. Aparte, estaba saliendo con Severus (si a Narcisa podía creérsele) entonces… ¿Qué era lo que estaba pasando aquí? Además… quien era lo suficientemente poderoso para hacer algo como esto en un colegio lleno de magos calificados que deberían haberse percatado en un instante.
Obviamente, debía ser alguien con mayor poder que el profesor promedio, con suficiente autoridad para desviar preguntas…
¡¿Qué diablos ganaba el Director con hacer que Potter se obsesionase con Evans?!
Regulus casi se cae de la escoba, de hecho, se hubiese caído de no ser por uno de los cazadores de su equipo que paso a su lado y le sujeto del brazo, estabilizándole y susurrándole algo parecido a "cuidado Black, aprecio mis bolas donde están".
A duras penas podía concentrarse en el partido, con el peso de lo que acababa de descubrir zumbando en su cabeza, amenazando con enviarlo en un ataque de risa tonta (algo completamente indigno, pero aceptable en esa única oportunidad) ¿Qué razón podría tener el Director de una escuela para controlar la vida sentimental de sus estudiantes?
Dumbledore no era el abuelito divertido que la mayoría de la escuela se contentaba con creer. Era un verdadero genio. Un estratega de primera mano. Por eso es que… Regulus se sentía algo perplejo por la dirección que podrían estar tomando sus planes. ¿Por qué hacer algo así? Los riesgos eran mayores a la recompensa. Es que… ni siquiera podía entender que ganaba de todo esto.
¿Por qué era tan importante que Potter se obsesionase con Evans? Y… si era necesario que estuviesen juntos… ¿Por qué no hechizar a Evans también?
Regulus no podía concentrarse en el partido, aunque quisiese, esto era más importante. Instrumental. Suficiente para darle algo en que entretenerse, un misterio que desvelar.
Evans era una buena estudiante, bastante inteligente y sociable por lo que se decía. De hecho, la única "falla" de Evans en lo que respectaba a las otras casas era su amistad con "ese Snape", esa que últimamente se convirtió en una relación.
¡claro! Dumbledore pudo controlar a Potter y no a Evans porque en el caso de la segunda… Severus definitivamente se percataría que algo malo pasaba con Lily. Pero… ¿Cómo iba a separarlos? Porque para que Evans siquiera saliese con Potter debía, primero, romper con Severus.
Potter estaba haciendo el idiota desde el viernes en la noche… desde la noche en que Regulus recibió sus poderes.
Antes de eso, no le dedicaba más tiempo del necesario a los amigos de Sirius, solo sabía que los detestaba porque los consideraba indignos de retener la atención del que debía ser el heredero de todo lo que representaba su familia.
Pero… ahora no le estaba prestando atención a todos.
Solo a Potter.
Regulus no era alguien que hacia las cosas sin razón… entonces ¿Por qué…?
_ ¡Maldita sea, Black! ¡La snitch! - rugió su capitán.
Regulus se concentró de nueva cuenta en el partido… Potter le llevaba la delantera en la carrera por la snitch. Pero sus compañeros de equipo estaban haciendo todo lo posible por desviarlo o detenerlo. Y… eso ciertamente le sentaba como anillo al dedo a los propósitos de Regulus.
Quería una excusa razonable para acercarse a Potter sin que alguien sospechase un motivo.
Una oportunidad como esta en la que podría eludir la vigilancia que sin duda Dumbledore tenía en el pelinegro.
Nadie sospecharía de dos jugadores en pleno partido estando lo suficientemente cerca para tocarse. Aun así, contra Dumbledore, Regulus no estaba por confiarse.
…
Narcisa y Bellatrix estaban sentadas juntas en la sección más cercana a la parte del campo donde se encontraba el equipo de Slytherin, ninguna de las dos era particularmente apasionada por el Quidditch ni mucho menos. No era un pasatiempo que su madre aprobase para una dama de alta sociedad. Por ende, no se les permitía.
El motivo de su presencia en el campo era el de cumplir con la amenaza que a su vez era una promesa, en obliterar a cualquiera que tocase un cabello a Regulus. Ninguna de las dos era tonta.
Estaba casi que escrito en piedra que el Lord Black del futuro, el heredero del peso de toda su familia, seria Regulus.
Protegerlo era la prioridad de ambas, porque solo Regulus estaría en posición de ayudarlas en un futuro. Con más autoridad sobre ellas y su destino que incluso sus propios padres o sus futuros esposos.
Que Regulus sobreviviese hasta la adultez era instrumental, tanto por su posición en la familia, como por la conservación del apellido.
Que Sirius iba a ser desheredado no se dudaba, no era cuestión de si pasaría o no, sino de cuánto.
Walburga podría quemarlo del tapiz familiar en cualquier momento, lo único que se lo impedía era Orion.
Que el insensato actual heredero insistiese en jugar un partido de Quidditch apenas un día y medio después de su casi muerte… bien, no facilitaba las cosas.
_ Pasa algo- dijo Narcisa, sin apartar la vista del punto de color que era Regulus- No es que sepa demasiado de Quidditch, pero da la impresión que Regulus no está prestando atención a la snitch.
_ No hay duda que piensa en otra cosa- corroboro Bellatrix- Lestrange acaba de impedir que se caiga de la escoba. Y Dolohov acabara haciendo lo mismo si no se concentra.
Ambas casi sienten que el corazón se les va a salir del pecho, ellas, al igual que toda la audiencia… vieron a los dos buscadores precipitarse al vacío, añadiéndole una bludger a esa ecuación.
No era un misterio lo que ocurrió después.
Regulus Black y James Potter terminaron en la enfermería. Y solo media hora después, se supo que Potter fue quien atrapo la snitch. Corroborado por una furiosa Madame Pomfrey que no dejaba de refunfuñar por el Quidditch.
Siendo exactos, por la idiotez de permitir semejante deporte.
…
Ninguna experiencia previa pudo preparar a James para lo que experimentase después de esa visita a la oficina de Dumbledore…ese fatídico día en el que perdió su voluntad por completo. Era como si estuviese encerrado en su mente, forzado a ser un mero espectador en como otro manipulaba su cuerpo. Y vaya si lo manipulaba mal.
Eran horas de pura tortura en las que luchaba con todo lo que tenía para robar un poco de control, algo que permitiese que alguien le ayudase. Quien fuese.
Sus mejores amigos eran una causa perdida… y no podía culparlos.
Wormtail nunca fue muy brillante y no noto las señales sutiles que James trataba de darle. Incluso, se ofreció a llevarlo a la enfermería porque estaba parpadeando demasiado. Era frustrante pero no sorprendente.
Moony y Padfoot estaban siendo particularmente densos… y es que James no podía culparlos. Su relación estaba atravesando un momento que la definiría o la destruiría, después que Padfoot hiciera el payaso y casi matase a Snape o, mejor dicho, que casi hubiese usado a Moony para matar a Snape.
Que ninguno de los dos pudiese prestarle atención a otra cosa que no fuese el otro en estos momentos era plenamente razonable.
Pero… James no estaba en condiciones de ser comprensivo y razonable, sentía que lentamente estaba desapareciendo, como adormeciéndose. Y sabía que aquello debía ser obra de Dumbledore. Que, si no conseguía escapar a lo que le controlaba, James Potter se perdería para siempre y en su lugar quedaría esa burla…
Ya cerca del final, rogaba porque alguien, quien fuese… lo salvase.
Para alguien que estaba acostumbrado a encontrarse en el rol del salvador, era especialmente arrollador ser arrinconado en el papel de la víctima era una sensación que nunca quería experimentar.
Su propia impotencia le hizo darse cuenta de lo arrogante e ingenuo que había sido, ahora que enfrentaba un auténtico desafío, se daba cuenta lo lejos que estaba de encontrarse preparado para ello, fue superado por completo.
En ese clima, cuando ya estaba casi que completamente resignado a lo que le esperaba… llego el partido de Quidditch. Slytherin vs Gryffindor.
Y se encontró bajo el escrutinio directo de Regulus Black.
Algo en los ojos de Regulus, casi una copia de los de Sirius, le enervaba.
Esa atención que parecía absorberte y arrastrarte hasta que solo pudieses prestarle atención como cosa única en el mundo, el centro del universo.
Era uno de los partidos más tranquilos en los que alguna vez hubiese jugado, quizá fuese una fortuna porque el usurpador, hubiese caído de su escoba o recibido una bludger directo en la frente si fuese uno de los juegos verdaderamente encarnizados con la rivalidad a flor de piel.
Regulus no parecía estar concentrado en el partido, o siquiera estar intentando atrapar la snitch, parecía perdido en sus pensamientos.
Y los compañeros de equipo de James no estaban aprovechando la oportunidad para abrir temporada de caza en el buscador de Slytherin… de no encontrarse en el predicamento actual, seguro estaría buscando la razón de ello. Tal como estaban las cosas… ahora que estaba consciente, prisionero y contenido en su propia mente, sin poder controlar su cuerpo, ya ni siquiera era capaz de parpadear como hiciera cuando trataba de advertir a Wormtail.
El juego estaba llegando a su fin. Sentía el aire casi cortar la cara del cuerpo que le fue arrebatado, James no podía sentir nada, solo podía ver como el terreno del campo de Quidditch se acercaba peligrosamente, un par de maldiciones pasaron rozándole, el silbido del viento no pudo ocultar del todo el zumbido de una bludger que se acercaba… casi colisionando con el suelo, sintió el peso firme de un cuerpo chocando contra el suyo. En su boca, el sabor repentino a hierro le hizo pensar que quizá se rompió el labio. Pero era demasiada sangre como para ser una cortada leve… ¿Qué?
Una mano se cerró en torno a su muñeca y parecía que estaba ardiendo al rojo vivo, al mismo tiempo que la sangre que tragase inconscientemente parecía estar quemando un camino en su interior… y aun así no sentía dolor… al menos al principio.
Esa barrera que adormecía sus sensaciones y lo excluía del mundo exterior se fue desdibujando… hasta que James se encontró, por primera vez en lo que parecía una eternidad… en completo control de sí mismo.
Y lo último que vio antes de perder la consciencia, fue un par de ojos grises, que lejos de recordarle el hielo, parecían arder en llamas.
…
La forma en que James Potter recupero la consciencia podía ser comparada a como las llamas se esparcían lentamente por una hoja de papel. Y se resistía a recuperar por completo la consciencia, conteniendo la respiración y casi sin atreverse a respirar… James finalmente abrió los ojos. Encontrándose con el techo de la Enfermería.
Y sintió tanto alivio que podría llorar.
Lo que sea que lo estaba controlando había desaparecido.
El brazo que antes sintiera arder en llamas... ahora le cosquilleaba. Fuera de eso, no se sentía particularmente mal. ¿Por qué se encontraba en la Enfermería?
Eran muchas preguntas, ninguna de ellas podría responderse pronto.
Pero sobretodo… James estaba asustado, aterrorizado.
Si Dumbledore se atrevió a hacer eso en una primera ocasión, se atrevería en una segunda. Una tercera… hasta que James desapareciese por completo. Y nadie podría ayudarlo, si lo que atravesó últimamente era una evidencia a cómo serían las cosas.
¿Qué objetivo podía tener Dumbledore para algo así? ¿Dinero? ¿Poder?
Una buena punzada en la cabeza puso un abrupto final a sus elucubraciones, eso, y que alguien se aclaró la garganta escasa distancia suya.
James se encontró de frente a Regulus Black, quien se encontraba apoyado en el cabecero de la cama, con un libro en el regazo y proyectando un desenfado que era algo tan Sirius…
Regulus lo contemplaba con una actitud de gato que consiguió el pájaro. Y James, muy a su pesar, sintió que sus mejillas se ruborizaban. Eso no ayudo con todo el tumulto interior.
_ ¡¿Qué me ves?!- estallo.
La reacción de Regulus no consiguió sino… enfurecerle más.
_ ¿Recuerdas algo de los últimos días, Potter? No esperaba un agradecimiento en medio de las lágrimas (no me malinterpretes), pero si esperaba algo en las líneas generales de la gratitud. ¿Son todos los Gryffindor tan maleducados? - Regulus estudiaba a su presa con atención, (si, Potter era su presa, por los momentos).
Luego de romper esa maldición (lo cual le costó bastante), estudiaba las reacciones de Potter con avidez. Categorizándolas y memorizando los gestos inconscientes en caso que Potter cayese de nueva cuenta en una compulsión. No se cuestionaba porque lo hacía, simplemente debía hacerlo. Listo.
La idea de Potter siendo controlado, conseguía que Regulus se sintiese arder en una ira incandescente. Instintiva.
Con una reacción tan fuerte e inmediata como esa, más la valía hacer las paces con lo que pasaría… y tratar de adaptar a Potter gradualmente a la idea.
Había encontrado a su persona especial. Y teniendo en cuenta quien era la persona especial de Sirius… las cosas pudieron haberle salido mucho peor.
Potter era el heredero de una de las familias sangre pura más antiguas del país, que en el pasado formase parte de las Sagradas 28.
Y después de lo que acababa de experimentar, seguramente no se encontraría tan ansioso de ir a meterse directamente en el bolsillo de Dumbledore. Bien. Ahora o nunca.
_ Si bien no espero un agradecimiento al estilo de una heroína en algún pasquín de dos centavos, esperaba algo mejor de un Potter. Comprensiblemente, la reciente experiencia debe hacer dejado secuelas que impedirán una negociación en toda regla….
James debía encontrarse en alguna especie de realidad alterna… o esto podría ser como uno de esos programas muggles de "cámara escondida" o como se llamasen… ¿Qué?
_ otter… Potter… ¡Potter! - estallo Regulus, al darse cuenta que el pelinegro mayor no le estaba prestando atención, que su mirada parecía atravesarle y tenía una expresión ausente en el rostro.
_ Sal conmigo, Potter- dijo Regulus, cuando se encontró receptor de la atención de su interlocutor. En un tono que indicaba que estaban discutiendo el clima o algo de poca consecuencia… y, por supuesto, la respuesta no se hizo esperar. Una bastante predecible, y que cumplió el objeto de hacerle sentir reivindicado luego de ser tan olímpicamente ignorado.
_ ¡¿Qué?!
