Capítulo 2

La Historia Más Rara, Interpretada por Nerds


-Hiro, ¿Estás seguro?- la voz de Wasabi, algo dudosa, llenó el lugar. El aludido lo buscó con la mirada, encontrándolo casi junto a él, tomando asiento en la silla que estaba entre la camilla de Cass y la de Tadashi, aún mirando a este último como si se tratara de un animal extraño que, por ningún motivo, debería estar allí-. No creo que deba sufrir emociones fuertes aún, no sabemos si tiene alguna contusión, o algún daño cognitivo que sólo empeoremos con una sobredosis de estímulos.

Hiro lo consideró un momento, pero recordó que el doctor no había detectado alguna contusión importante, y no parecía haber alguna forma de que lo que estaba a punto de decir pudiera ser suavizado y menos chocante, así que se rascó la nuca un momento, nervioso al sentir la mirada curiosa de su hermano sobre él, antes de suspirar y mirar a Wasabi con resignación.

-No creo que debamos esperar mucho, es decir, sería injusto dejarlo con estas dudas- opinó, hablando como si el otro no estuviera frente a ellos, y Wasabi arqueó una ceja, antes de encogerse de hombros y dar luz verde al menor-. De cualquier manera, iré tan despacio como pueda...

-Moriste en un incendio accidental por tratar de salvar a Callaghan- los tres, chico recién vuelto a la vida incluido, abrieron los ojos de par en par cuando la voz vivaracha del rubio llenó el lugar de repente, mientras éste se acercaba a la camilla haciendo extraños gestos con las manos y el rostro al hablar-. Pero en realidad, era Callaghan quien había causado el incendio, y te dejó morir, muy mala onda de su parte, porque necesitaba la tecnología de Hiro para vengase contra Alistair Krei por arrebatarle a su hija en una prueba para unos portales de teletransportación- siguió parloteando, ignorando olímpicamente los rostros, hechos un poema, de todas las personas conscientes a su alrededor-. Como sea, un par de chicos superhéroes atraparon a Callaghan, lograron salvar a su hija del interior de los portales, y ahora, tú, que se supone que estabas muerto, ¡Estás vivo!- acabó, como si fuera el remate de un chiste asombroso, mientras se apoyaba sobre los pies de la camilla, en su típica postura relajada y más bien desgarbada-. Loco ¿No?

El lugar se quedó en silencio absoluto por unos segundos, con al menos tres chicos en shock, antes de que el sonido de la palma de Hiro al impactar contra su propio rostro cortara el pesado ambiente.

-O, también, puedo dejar que Fred lo resuma todo y lo suelte de golpe- se lamentó, con su voz ahogada por su propia mano, antes de negar con la cabeza y alzar la mirada al techo de la habitación, implorando paciencia a algún ser divino que nunca, pero nunca, lo escuchaba-. Gracias, Fred.

Wasabi soltó una risa incomoda, inclinándose hacia adelante en la silla, y el aludido miró extrañado por un momento al menor, que lo fulminaba con la mirada, antes de dejar caer su mirada sobre el mayor de ambos Hamada. No pudo evitar ruborizarse al caer en cuenta de su desliz.

-Ups.

Tadashi parpadeó repetidas veces, perplejo.

-Espera... ¡¿Que yo qué...?!

Hiro suspiró pesadamente, antes de, ya cansado de estar en pie, tomar un pequeño impulso y sentarse en la camilla de su hermano. Reprimió pobremente un pequeño escalofrío al sentir la pierna de éste contra su espalda, y le echó una mirada de reojo cuando creyó que nadie lo veía, para cerciorarse que él no había notado nada, pero parecía muy ocupado ubicando las blancas almohadas detrás de él para poder sentarse cómodamente.

-Bueno, no sé muy bien como empezar- admitió, echando una mirada a sus amigos, viendo con alivio que Honey y Gogo, aunque silenciosas, parecían mucho mejor, y se estaban acercando al grupo con pasos tímidos. Debía ser la primera vez que las veía llorar así desde el funeral de Tadashi-... ¿Qué es lo último que recuerdas?- preguntó al mayor, girándose en su dirección. Tadashi se echó el cabello, demasiado largo para su gusto, hacia atrás, antes de morderse un poco el labio inferior y bajar la mirada, logrando con ello que los cabellos volvieran a caer cómicamente sobre su frente. Sus ojos se perdieron por un segundo en sus recuerdos, antes de volver con el grupo.

-Recuerdo que estábamos hablando en el campus, Hiro- el aludido traga saliva... ¿Cuántas veces había revivido ese momento? ¿Cuántas noches había pasado llorando, preguntándose que podría haber cambiando si se hubieran ido antes, con Cass y los demás?-... Luego... el incendio, Callaghan dentro... Entré en el laboratorio, y entré en pánico al ver que todo estaba siendo devorado por las llamas- frunció el ceño, confundido por los borrosos recuerdos que mantenía de aquella noche, tan lejana, pero que sentía como si fuera un sueño recién vivido-. Corrí por todo el lugar, pero no encontré al profesor Callaghan antes de que los cimientos comenzaran a colapsar, y había inhalado demasiado humo, me sentía mareado- recostó la cabeza en las almohadas, sintiendo cierta pesadez en ella ante el esfuerzo por recordar, a la vez que sentía todas las miradas sobre él-, no recuerdo más, sólo que algo me golpeó y caí sobre una superficie suave, que se movía, pero sólo logré sentir eso antes de desmayarme.

Hiro asintió, pensando en como exponer la teoría que maquinaba su mente, mientras rozaba aquella cinta, y a la vez dar una explicación lógica sin revelar a Tadashi que su hermanito prácticamente había obligado a sus mejores amigos a volverse superhéroes de tiempo completo para vengarlo... Bien, eso definitivamente no tenía que saberlo.

-Bueno, Fred explicó bastante de lo que sucedió, pero supongo que, entre los cinco, podemos darte una idea un poco más amplia de lo que hemos pasado y creemos que pasó en estos últimos... once meses.

Tadashi dio un respingo silencioso al oír el lapso de tiempo que, al parecer, llevaba inconsciente, antes de cubrirse el rostro con ambas manos y respirar hondo. Dios santo, ¿Había pasado casi un año en coma? ¿Cuánto se había perdido?

-Luego del incendio, todos dimos por hecho que Callaghan y tú habían muerto...- comienza Hiro, dudoso, mientras pensaba que palabras, que detalles, debía cambiar para no revelar la situación en la que sus amigos y él se hallaban. Por supuesto que la idea de mentirle en la cara a su recientemente revivido hermano no le enloquecía, pero era mejor a exponerlo a los problemas que ellos mismos se habían conseguido.

-Tratamos de seguir adelante, como pudimos, entre todos- la voz de Gogo estaba algo temblorosa por el llanto, pero llena de convicción, como siempre en ella-. Seguimos estudiando, continuamos con nuestros proyectos- sonrió, pagada de sí misma, e infló y explotó un chicle, antes de continuar-. Créeme, valió la pena. Cuando te levantes de esa cama, vas a montarte en una de las bicicletas más potentes del mundo, te lo aseguro.

Tadashi rio, agradecido de que el ambiente se relajara un poco gracias al comentario de la coreana.

-Yo logré crear materiales de construcción químicos instantáneos y ultra resistentes- alardeó muy tiernamente Honey, y Hiro recordó, con una pequeña sonrisa, cuando trajo esa solución al equipo ya que, por causa de sus múltiples entrenamientos en la casi constantemente vacía casa de Fred, los costos por reponer uno de los muros del patio trasero casi les hacen dar un infarto. Claro, costó un poco lograr que no hiciera todos los ladrillos de color rosa chicle, pero al final lograron convencerla.

-Y yo, ya que las damitas están alardeando, logré crear un láser concentrado lo suficientemente potente, como para ahorrar años en excavaciones de túneles, porque, bebé ¡Alcanza los nueve kilómetros de roca! ¡Yeah!

Dios, realmente se habían asustado cuando Wasabi probó aquel rayo infernal en la costa, ¡Si casi divide en la mitad uno de los globos de pez! No le extrañó que no fuera el único en fulminarlo con la mirada en la habitación, pero él sólo los ignoró, estaba más que feliz con su abominable creación.

A veces dudaba que fuera Fred el verdadero peligro para la sociedad.

-Aunque aún nadie ha creado mi rayo encogedor- refunfuñó, ante lo que Hiro rio, negando con la cabeza.

-Sabes que lo intenté, Fred- respiró hondo, tornándose serio al sentir la mirada de su hermano sobre él, no necesitaba palabras para saber que le tocaba confesar a él. Tragó saliva, incómodo, antes de hablar-. Yo... viví varios meses de depresión en los que casi no comía, lo admito, y no hablaba mucho con nadie, ni siquiera con tía Cass...- sintió la inquietud en los movimientos nerviosos de Tadashi, y el peso de la mirada culposa del mayor sobre su nuca, así que se apresuró a calmarlo-. No pasó nada, un día prácticamente me reventé un dedo con uno de mis robots, y Baymax, que dejaste en tu habitación, se reactivó. Desde ese momento no para de hacerme escaneos sin que yo se lo pida y descargar terapias odiosas sobre las pérdidas familiares y los descontroles hormonales en adolescentes... es tan molesto como tú ¿Sabes?... pero supongo que, de cierta forma, me salvó- finalizó con una pequeña sonrisa, agradeciendo mentalmente a su hermano por crear al robot que lo esperaba en casa y que, en verdad, le había salvado la vida más de una vez.

Sintió el silencio prolongarse en la habitación de forma un tanto incómoda, y no necesitó ser el genio que era para saber que todos, su hermano incluido, estaban sintiendo lástima por todo lo que tuvo que pasar en todos esos meses.

Frunció el ceño; claro que no, no quería la lástima de nadie, sólo quería acabar con aquello para volver a la normalidad, o la normalidad que su vida estuviera dispuesta a ofrecerle desde ahora.

Con un pequeño suspiro de cansancio, Hiro llevó su mano hasta su cuello, tratando de aliviar la tensión que había comenzado a acumularse en los músculos que allí hubiera. ¿Cómo podía continuar? ¿Qué podía decirle? Hasta donde él sabía, esta situación bien podía ser sólo fruto de su dolida imaginación adolescente, y su hermano podría estar muerto como siempre creyó, ¿Cómo pretendía explicar algo que ni siquiera entendía?

Sin embargo, cuando la cálida y gigantesca mano del chico se posó sobre su hombro derecho y lo agitó ligeramente, en ese gesto fraternal tan normal en su vida, y que no sentía desde hace demasiados meses; no pudo evitar que se le formara un nudo en la garganta y un pequeño quejido escapara involuntariamente de sus labios. Se cubrió el rostro con una mano en cuanto fue consciente de ello, avergonzado, al sentir el peso del ambiente sobre él.

-Luego de unos meses...- trató de seguir, pero las palabras no pudieron salir de sus labios. Se ruborizó, tanto por causa de la vergüenza como el coraje ¿Por qué el simple contacto con su hermano le ponía de aquella manera? ¿Por qué sentía esa opresión en el pecho? ¿Por qué ni siquiera se atrevía a alzar la mirada y verlo a la cara? ¿A burlarse de su cabello mal peinado? ¿Abrazarlo como había anhelado desde hace casi un año?

-¡Te lo perdiste, viejo!- la exclamación eufórica de Fred los sobresaltó a todos por un momento, dejándolos tan fuera de lugar como el mismo grito dentro de un hospital. Hiro miró de reojo al acaudalado joven, extrañado, preguntándose de qué estaría hablando ahora. El rubio tenía una sonrisa de oreja a oreja y tal brillo en los ojos, que parecía como si hubieran estado escuchando dos conversaciones completamente diferentes hasta el momento... aunque tal vez no, es decir, era Fred después de todo- ¡Callaghan, amigo, el viejo estaba desquiciado!

Hiro sintió el pánico comenzar a fluir por su cuerpo en el mismo instante en que sintió a Tadashi inclinarse hacia delante, más cerca de él, pero con toda la atención puesta en la conversación del rubio.

Dirigió una mirada en busca de ayuda a los demás jóvenes a su alrededor, pero éstos aún miraban confundidos a Fred, tratando de adaptarse al mismo hilo que él, sin duda.

-¿Callaghan logró salvarse?- preguntó, pareciendo aliviado, y Hiro tuvo cierto deseo homicida recorriendo sus venas una vez más.

Si supieras...

Fred puso los ojos en blanco y, teatralmente, se llevó una mano a la frente, antes de volver a mirar al chico como si le estuviera repitiendo algo por millonésima vez.

-Duh- bufó, extendiendo la palabra como si Tadashi estuviera preguntando una obviedad- ¿Es que no me escuchas? ¡Callaghan era el loco que causó el incendio y quiso destruir Krei Tech!- exclamó, animado nuevamente, con todo su cuerpo acompañando su explicación con movimientos enérgicos de manos. En cualquier otro momento, sin duda el gesto hubiera sido divertido, si no fuera por lo turbio detrás de lo que aquellas palabras llevaban sobre sí. La traición, la indiferencia...

Y por la forma en que el gesto sorprendido y aliviado del mayor de los Hamada mutó, lenta y deliberadamente, en duda y luego seriedad, junto a una mirada dolida, ya había entendido lo que aquello significaba.

Hiro lanzó una mirada asesina al rubio, y el resto de los jóvenes presentes se sumaron casi de inmediato. Fred tragó saliva, antes de bajar la mirada hacia el chico en la camilla, que tenía el rostro inclinado, con un flequillo mal cortado cubriendo parte de sus ojos.

-Me dejó allí- murmuró, con voz apagada y monocorde. No se trataba de una pregunta, era la más firme certeza.

Hiro se mordió el labio inferior al oír la tristeza y el dolor en la voz del mayor, y tuvo que aferrar una mano a las blancas sábanas de hospital para relajar un poco su cuerpo. Podía intentar comprender el dolor que Tadashi estaba sintiendo en ese momento, pero sin duda, nunca lo entendería o sentiría de la misma manera.

Para él, por mucho que tratara de negarlo, su hermano sería siempre el pilar más firme al que sostenerse cuando se sentía perdido en algún momento. Siempre que tenía dudas, siempre que necesitaba consejo, indudablemente llegaría hasta donde Tadashi estuviera en busca de ayuda, sabiendo que allí habría una voz al menos un poco más experta que la suya dispuesta a brindarle ayuda.

Tadashi no había tenido la misma suerte, él era el mayor, él era el que tendría que hacerse responsable. Tal como él lo veía, Tadashi era el nivel más alto en una especie de cadena jerárquica que se había ido formando con los años y que, en algún momento entre el finalizar su preparatoria y comenzar con las luchas de robots, había terminado por olvidar. En esta cadena retorcida de hermanito confundido que trata de darle un lugar a las cosas, en los niveles superiores estaban Cass, su cariño, sus mimos y su apoyo, y Tadashi, con su experiencia -que para él era asombrosa a pesar de ser sólo unos cinco años mayor-, sus consejos, que siempre trataban de llevarlo por buen camino, tan similar a como sus padres lo habían educado a él.

De cierta manera, Tadashi fue, por muchos años, una figura paterna, aunque nunca llegó a olvidar que se trataba de su hermano.

Tadashi no la había tenido, no al menos hasta que ingresó al Ito Ishioka y conoció al renombrado profesor Callaghan y su voz de años de experiencia, paciente y, de seguro, divertida.

No podía estar seguro, pero creía que el hecho de que hubiera entrado aquella noche al anfiteatro en llamas, era porque quien él consideraba un padre estaba allí adentro.

Y el hecho de que ahora no pudiera levantar la mirada de las sábanas ni tan sólo para verlos a ellos, también tenía que ver con que este "padre" le había dejado morir, y había vivido a pesar de ello sin aparente culpa.

-Él se volvió loco de dolor, Tadashi- la voz de Gogo llenó la habitación de repente, baja, medida, pero segura, logrando que el aludido alzara la mirada de las blancas sábanas, vidriosa y compungida, y que los demás jóvenes le brindaran toda su atención. Ante esto, la ruda chica se ruborizó ligeramente, antes de tomar su codo, en una posición de defensa instintiva, y seguir hablando-. Su hija y él habían estado trabajando por años en un proyecto con Krei Tech, que permitía a objetos teletransportarse de un punto a otro gracias a portales- explicó lentamente, mirándolo a los ojos con cada palabra, de seguro, pensó Hiro, para dejar que el chico asimilara toda la información, aún cuando era increíble incluso para ellos todavía.-. Para lograr llamar la atención del gobierno, Krei quiso apostar a más y permitió que una persona realizara una teletransportación, a pesar de que nunca había sido probada en seres vivos.

Tadashi arqueó las cejas y la miró con algo que parecía danzar entre el escepticismo y la confusión, y no podía decir que no entendiera sus dudas ante las palabras de la coreana, pues para él mismo sería algo increíble de no haberlo vivido. Al cabo de un minuto, el joven asiente, indicándole que continuara. Hiro no pudo evitar sentirse admirado de la entereza que mostraba su hermano, que recibía cada nueva información con una calma casi irreal, relacionando todo con cuidado, atando cabos en silencio. Es decir, no todos los días uno despierta sólo para enterarse de que estuvo muerto para sus amigos y familia por casi un año, pero allí estaba él, tratando de adaptarse y entender todo lo sucedido, en lugar de entrar en el pánico y la negación, como hubiera hecho cualquier persona normal.

-La chica elegida para realizar la prueba fue Abigail Callaghan, la hija de Robert- esta vez fue Wasabi quien habló, logrando que Tadashi pusiera toda su atención en él, aún sin alejar su mano de su hombro, dándole ese contacto que tanto lo descolocaba y, a la vez, tanto necesitaba-. Y todo se fue al demonio, los portales colapsaron, y uno casi succiona el laboratorio entero. No pudieron sacarla de allí antes de cerrar el portal.

Sintió como Tadashi inhalaba hondo, sorprendido, antes de que esta vez fuera Honey quien hablara:

-Durante la feria, él causó el incendio para apoderarse de los microbots de Hiro y así poder crear los suficientes- explicó, tomando asiento junto al aludido, dedicándole una mirada de reojo que pasó desapercibida al chico, pero que expresaba todo el temor que sentía a lo que el recuerdo pudiera despertar en él. A pesar de ello, alzó la mirada hacia su amigo y continuó hablando-. Necesitaba los microbots para recuperar las partes del portal que quedaron dentro de las instalaciones de los laboratorios Krei, y con eso, reconstruirlos para poder vengarse de Alistair.

Hiro volvió a enfocar el rostro de su hermano tan disimuladamente como le fue posible. Tadashi mantenía una mueca de concentración como pocas veces le había visto, con la mirada perdida en algún punto indefinido entre sus amigos y el suelo, de seguro, asimilando toda la información, descubriendo detalles en sus palabras y, lo más probable tal cuál lo conocía, poniéndose en el lugar de Callaghan en ese momento, aún a pesar de su propio dolor.

Hiro estuvo tentado de proponer a todos descansar un poco, dormir, relajarse y dejar que sus cerebros asimilaran todo con calma. Pero su propuesta se quedó atrapada entre sus labios cuando, de repente, el mayor alzó sus castaños ojos rasgados, posándolos en ellos, uno por uno, serio pero curioso, antes de preguntar:

-¿Cómo saben todo esto?- soltó, directo al grano, sin dudar. Hiro trató de reprimir la mueca de pánico que se apoderó de su rostro, pero no pudo evitar el estremecimiento que lo sacudió en cuanto sus alarmas se encendieron.

Aún no sabía por qué, pero estaba seguro que Tadashi no necesitaba saber nada sobre los Grandes Seis ni todos los peligros a los que se enfrentaban al salvar San Fransokyo todos los días.

Le hubiera gustado girarse hacia sus amigos y buscar ayuda en sus miradas, en sus gestos, pero por el profundo silencio que se alzó en la habitación luego de la pregunta del mayor, estaba claro que no era el único perdido frente a la pregunta.

Aunque, gracias al cielo, siempre estaba cerca esa frenética y alocada excepción a la regla.

-Por favor, Tadashi, amigo, estamos en el siglo veintiuno, ¡Estaría empezando a apostar cuánto se tardará en filtrar el hecho de que estás vivo!- soltó Fred, sonriente y campechano, mientras comenzaba a, según parecía, golpear los bordes de la camilla con sus dedos como si se tratara de una batería-. Es la era de la tecnología y la comunicación, lo sabes. La noticia y sus detalles salieron en cada periódico, programa de televisión y red social del país- expresó, relajado, para luego sonreír de oreja a oreja, antes de soltar con voz demasiado animada:-. Todavía recuerdo un título- colocó sus manos a cada lado de su cabeza, moviendo sus dedos de forma, al parecer pretendía, tenebrosa en el aire, mientras realizaba muecas y reformulaba su voz en un tono grave que daba más risa que miedo-: Yokai, el demonio de las mareas negras.- luego se encogió de hombros, como quien no quiere la cosa-. Algo exagerado a mi gusto, pero bueno, la prensa es así.

Tadashi soltó una pequeña risa a su lado, mucho más natural de lo que hubiera esperado, antes de retomar su expresión seria y volver a preguntar.

-¿Y cómo lograron atraparlo?- curioseó, y Hiro se preguntó por qué estaría formulando esas preguntas, tan precisas ¿Estaría sospechando algo?, ¿Dudaría de sus palabras? ¿O solamente su propia paranoia le estaba volviendo loco alrededor de preguntas que, aunque no hubieran sido formuladas por un chico en la misma situación de su hermano, serían completamente naturales en cualquier persona?

Con una mueca en su fuero interno, aceptó con algo de vergüenza que, probablemente, la última sería la respuesta correcta. Aunque eso no logró relajarlo hasta que, esta vez, fue Honey quien habló:

-Los Grandes Seis- respondió, con calma, y Hiro estuvo a punto de dejar que su mandíbula chocara contra el suelo si no alcanzaba a refrenarse a tiempo, junto al impulso de voltearse a verla como si acabara de escupir en su cara. ¿¡Por qué lo decía tan fácilmente!? ¡¿Se había vuelto loca?!

Aunque se detuvo al ver la forma en que Tadashi miraba, desconcertado y curioso, a la rubia, y cayó en cuenta de que no había forma de que Tadashi pudiera sospechar alguna cosa, dado que estaba inconsciente en aquella época. En todo caso, hubiera resultado incluso más sospechoso el hecho de que ocultaran aquella información, dado que tarde o temprano, conociéndolo, investigaría los hechos y rebuscaría hasta el último detalle que lograra satisfacer su innata curiosidad. Y, en ése momento, la pregunta que primero llegaría a su mente sería el por qué de que no le dijeran aquel detalle, con lo trascendental que resultaba.

Maldijo en su fuero interno. ¿Qué le estaba pasando? ¿Dónde estaba su típica suspicacia?

-Son un grupo de héroes que surgieron luego de la primera aparición de Yokai- combinó el moreno del grupo, recorriendo su alocado cabello con ambas manos, mientras soltaba un suspiro algo tembloroso, de seguro por una risa contenida, y Hiro se preguntó si se debía a lo increíble de la situación que estaban viviendo, o al recuerdo de aquella primera persecución que vivieron todos ellos y que, indudablemente, logró unirlos más-. Algo así como los Vengadores, con trajes voladores y todo- se echó hacia adelante en la silla, con gesto pensativo, como si estuviera tratando de recordar algo de ellos. Hiro dudó desde cuando sus amigos parecían tener aquella capacidad de crear historias sobre la marcha y alinearse con tanta naturalidad entre ellos, casi parecía una escena ensayada de lo natural que se veía. Una charla casual entre amigos hablándole de un hecho curioso a otro amigo... que creían muerto hace casi un año...

Claro, todo muy normal.

-Estos sujetos básicamente le salvaron el trasero a Alistair Krei de terminar en el mismo lugar que la hija de Callaghan- agregó Gogo, con ese aire indiferente que la caracterizaba, y se tomó el tiempo para inflar y explotar un globo de chicle antes de continuar-. Sacaron a la chica del espacio entre los portales y, bueno, lo lógico, Callaghan tiene hospedaje gratuito y vitalicio en Alcatraz, y de vez en cuando tenemos a seis héroes locos en las noticias, salvándole el culo a todos.

Hiro miró a su hermano, atento a cualquier reacción. Éste parecía interesado en las palabras de sus amigos, pero también su rostro expresaba duda y mucha confusión. Desde luego no lo culpaba, él tampoco se lo creería si alguien llegaba después de lo que, suponía, a Tadashi pareció resultarle una siesta, y le soltaba todo aquel rollo de "Bueno, estabas muerto, un loco lunático estuvo suelto en la ciudad con una historia de venganza y un grupo de superhéroes tecnológicos les salvaron el culo a todos".

-¿Héroes?- repitió, y en su tono fue más que claro que aún le costaba algo digerirlo.

-Si- asintió Fred, recostándose en una pose desgarbada sobre el borde de la camilla-. Dicen que el de disfraz de lagarto escupe fuego es el más genial de los seis.

Los otros chicos le dirigieron una mirada. Tadashi extrañado pero divertido por el comentario, el resto, bueno, era una suerte que las miradas no dieran patadas en el trasero.

-De cualquier forma- decidió por intervenir Hiro, alejando la atención del tema héroes-, ya tendrás tiempo de saber más sobre ellos- le dio una mirada seria, antes de continuar-: ¿Tienes alguna otra pregunta o deseas descansar?

Tadashi frunció el ceño y echó la mirada hacia atrás, pensando. Se mantuvo así unos segundos, con la mente lejos de allí, mientras la habitación se llenaba de un silencio lleno de expectación.

Cuando por fin bajó la mirada y sus ojos se fijaron firmemente en él, deseó haberse mordido la lengua.

-Si supuestamente estaba muerto como un hecho irrebatible tal parece... ¿Por qué estoy aquí? ¿Cómo me encontraron?

Y aquí fue donde Hiro maldijo su suerte al sentir como todos los ojos de la habitación recaían sobre él, en busca de la misma explicación. Desde luego, no había tenido ocasión de explicarles a sus amigos lo inverosímil de la sucesión de hechos descabellados que le llevaron a este preciso momento. Incómodo y por demás extraño momento.

-Y-Yo- respiró hondo, preguntándose como podría llevar todo aquello ahora. Si bien había mucho que podía decirle sin problemas de la situación, aunque le resultara bochornoso, tenía que andarse con cuidado en los detalles, pues no podía decirle a Tadashi que, por ejemplo, había volado sobre Baymax hasta aquella isla donde tuvieron su gran primer encuentro con Yokai con todas las letras, no si no quería que muriese de un infarto a unas pocas horas de haber vuelto a su vida. Tampoco podía decirle que se lo había encontrado de casualidad mientras patrullaba, eso también era material prohibido hasta nuevo aviso...

Entonces, del rincón más profundo de su cerebro, donde quedaban almacenadas las creaciones que había realizado pero que casi nunca usaba, surgió la más nueva de todas sus adquisiciones, que se hallaba casi intacta, pues sin duda era mil veces mejor volar sobre Bay.

-Estaba probando mi nueva mochila propulsora- soltó a bocajarro, con demasiado ímpetu tal vez, por las exclamaciones confundidas que llenaron el aire a su alrededor. Bien, de tan poco uso que le había dado, ni siquiera sus amigos sabían de la mochila propulsora que descansaba, completamente abandonada, en la cochera de su casa.

Tadashi se echó hacia atrás sobre la camilla, con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa, mirándolo como si acabara de confesar algo imposible de creer. Hasta cierto punto, el que un chico de quince años tuviera una mochila propulsora era ciertamente extraño y fuera de lo normal, por lo que comprendería la sorpresa en su rostro y, seguramente, en los de sus amigos; ¡Pero vamos! Era él, y ya todos deberían saber que nada relacionado con su vida era normal.

Aún así, esbozó una sonrisa burlona en su fuero interno sólo de imaginarse la expresión de su hermano si, por casualidad, deseaba explicarle que en realidad lo había encontrado después de patrullar la costa... sobre Baymax.

Je, eso si hubiera sido una sorpresa.

-¡¿Que tú... Qué?!- exclamó Tadashi, en esa típica expresión de madre histérica que a veces solía adoptar cuando descubría que había hecho algo peligroso y estúpido de nuevo. Hiro no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa apenada al ver el terror, que no tardaría en volverse enojo, en el rostro del mayor. Podrían haber pasados meses sin ver a su hermano, pero leería sus expresiones con la misma facilidad aunque se tratara de años.

Rio entre dientes, nervioso de repente al tener toda la atención sobre él, y se echó el cabello hacia atrás mientras sopesaba con rapidez detalles de su historia. Al final, optó por jugar con la realidad y soltar una verdad a medias.

Siempre era mejor que mentir, al menos.

-Estaba sobrevolando el Golden Gate como todas las tardes luego de la universidad- admitió, mientras se sentaba en posición de loto sobre la camilla, para estar más cómodo, y trataba de ignorar la forma en que Tadashi le miraba de forma incrédula. No tenía que verse nervioso, tenía que ser lo más natural posible-, y noté cierta irregularidad en las turbinas, así que paré en la isla más cercana para revisarlas. Pero fui a caer sobre los viejos laboratorios de Krei Tech- soltó con calma, ignorando el rostro de espanto de su hermano-. Había leído en Internet que allí era donde había ocurrido lo de la hija de Callaghan, así que... bueno... no pude evitar pensar en toda la asombrosa tecnología que podría haber en aquel lugar y... terminé dando una vuelta por el edificio abandonado- en ese momento, su corazón dio un vuelco sin sentido al ver como, de la nada, Tadashi adquiría aquella mirada que indicaba que estaba a punto de sufrir un infarto... más específicamente, cuando estaba a punto de sufrir un infarto por su culpa-. Luego de un rato, comencé a oír un pitido proveniente de una habitación al final de un largo pasillo, así que caminé hasta llegar a ella. Dentro, había una gigantesca esfera, y de la impresión, tardé varios minutos en notar que se trataba de mis microbots- casi pudo sentir como cada chico en la habitación aguantaba la respiración ante esa información, sin dudar que esto no era parte de su historia inventada-. Los toqué, formaban una estructura sólida, impenetrable, pero hablé en voz alta, y en cuanto lo hice, se volvieron locos, comenzaron a moverse de forma completamente descordirada, y fui capaz de atravesar la estructura... y, bueno, me llevé una pequeña sorpresa. Tú estabas dentro- soltó, con una pequeña sonrisa, mientras se rascaba la nuca, nervioso, sin saber muy bien como seguir, ¿Cómo podía suplir el viaje de vuelta con Baymax? Se mordió el labio y se decidió por arriesgarse, acababa de encontrar a su hermano, con vida, después de creerlo muerto por casi un año, era normal que hubiera momentos que no pudiera recordar muy bien por el shock ¿No?-. No recuerdo mucho de cómo me las arreglé para traerte hasta aquí, me fui para enviar la mochila hasta casa en lo que unos enfermeros te metían aquí... yo...

Ante su momento de silencio al no saber muy bien que decir, Wasabi acercó su silla con un gesto curioso, cómo si hubiera algo extraño -aún más extraño que toda la conversación es sí misma- que no pudiera comprender.

-¿Crees que estuvo ahí adentro todo este tiempo?- preguntó, lentamente, y Hiro asintió, con la vista fija en los ojos de moreno- ¿Cómo llegó allí?- su voz se elevó dos octavas al hablar, dejando más que claro que, por más que le diera vueltas a todo en su mente, eso no tenía lógica alguna-. Es decir ¿Callaghan siempre lo supo? ¿Lo protegió? ¿Cómo rayos pudo sobrevivir sin comer por tanto tiempo?

Todos en la habitación se inclinaron de forma inconsciente hacia él, repentinamente curiosos ante las inquietudes de Wasabi. Sus dudas tenían sentido, él mismo se las había hecho, y, en esas tres horas que tardó en juntar el valor suficiente antes de llamar a algún otro miembro de su familia para que lo auxiliase, tuvo la suficiente estabilidad mental para formar una teoría o dos al respecto.

Miró de soslayo a Tadashi, y su corazón se oprimió como si un puño lo rodeara al ver el destello de esperanza en aquellos ojos castaños tan similares a los suyos. El hecho de que Callaghan hubiera hecho algo para salvarlo hubiera supuesto un gran alivio en él. Hubiera hecho, sin duda, que el que su mayor modelo a seguir fuera un monstruo algo un poco más soportable. Habría significado que él no sólo hubiera sido un daño colateral en los planes de venganza de Callaghan.

Tristemente, estaba seguro de que Callaghan ni siquiera sospechaba que Tadashi podría haberse salvado de alguna manera.

-Dudo que Callaghan estuviera al tanto de que estabas vivo- soltó, hablando lento pero claro, tratando de que aquel mal trago pasara tan rápidamente como fuera posible para el chico. Vio la decepción y el dolor por un momento en sus ojos, los que veía con fijeza, pero pronto fueron reemplazados por la aceptación. Era claro que Tadashi estaba tomando todo aquello con una calma sobrehumana, aunque lo más probable era que, en cuanto todo cayera sobre él como una realidad ineludible, la catarsis sería sublime-. Tengo una teoría que, aunque algo alocada, parece ser lo único factible- respiró hondo, pensando sus palabras, antes de sacar la cinta circular de color blanco del bolsillo de su sudadera, y extenderla entre sus manos, consciente de que todos podían verla-. Creo que fueron los microbots quienes te llevaron allí.

El silencio reinó en la habitación por un segundo eterno, antes de que, otra vez, Wasabi soltara una exclamación confundida.

-¿Te golpeaste la cabeza?- preguntó, hasta cierto punto frustrado por no entender aquello tan descabellado en su ordenada existencia- ¿No acabas de decir que Callaghan no sabía de él?

-Y no lo sabía- aseguró, dándole una mirada paciente que, hasta cierto punto, logró tranquilizar al moreno-, fue el propio Tadashi quien dio la orden.

Esta vez todos dieron su propia exclamación de sorpresa y confusión, pero la que más resaltó entre todas, fue la del mismo Tadashi.

-¿Yo?- su voz dejaba entrever toda su confusión, y Hiro se sintió un poco más relajado al ver que su hermano por fin mantenía una reacción normal- ¿Cómo pude haberlo hecho? ¡Estaba inconsciente!

Hiro se giró en su dirección, manteniéndole la mirada mientras hablaba despacio nuevamente.

-Te pusiste el segundo neurotransmisor ¿No?- preguntó. El rostro del mayor se frunció aún más por la confusión ante la pregunta. Pero, a medida que los segundos iban pasando, pudo ver como el reconocimiento comenzó a brillar en aquellos ojos castaños tan similares a los suyos. Acto seguido, el mayor asintió.

Aquella noche, a último momento antes de salir de casa, Hiro había decidido poner en funcionamiento un segundo neurotransmisor que había desarrollado, pero que había descartado, sólo en caso de que el primero fallara y lo dejara solo en plena presentación. Ambos funcionaban perfectamente, e incluso a la vez, y dio el segundo a Tadashi para que lo tuviera entre sus ropas y lo auxiliara en caso de emergencia. Él era el único que sabía de la existencia del segundo neurotransmisor.

Tadashi guardó silencio por unos segundos, haciendo memoria de aquella noche fatídica, del fuego, el ardor de su piel cada vez que una llama lo rozaba, y el hecho de que eso no le importaba en lo más mínimo. Lo único que importaba era encontrar a su profesor, a su amigo y muchas veces cómplice. No podía dejarlo allí, Callaghan no lo dejaría abandonado si la situación fuera al revés...

O eso había creído.

Se recostó sobre las almohadas y el respaldo elevado de la camilla, repentinamente sintiendo un leve mareo embargarlo, pero aun así, trató de explicar a su hermano y sus amigos lo que él recordaba de aquella noche.

-Me lo puse un poco después de entrar al edificio- explicó, pasándose la mano derecha por el cabello alborotado-. Sentí pánico al ver todo el fuego y el humo, y entonces recordé que tenía el neurotransmisor en el bolsillo, así que me lo puse. De cierta manera, el hecho de saber que los microbots podrían ayudarme me alivió...- se detuvo un segundo, llegando al hito en que las cosas se escapaban de su conocimiento, y de toda lógica, en realidad-. Luego de eso, el lugar explotó, y recuerdo que algo me golpeó con fuerza en la cabeza... no recuerdo mucho más luego. No entiendo como los microbots pudieron actuar por sí mismos, Hiro.

-El chiste es que no lo hicieron- explicó, aunque se apresuró a continuar al notar como la confusión volvía a brillar en su hermano-. Fue una combinación de factores... El primer neurotransmisor que cree tenía un pequeño defecto: era demasiado sensible a las reacciones neuronales- se giró hacia los demás, y una leve frustración le ebargó al ver que sus amigos se veían incluso más perdidos que Tadashi. Ya veía por qué le llamaban genio. Suspiró pesadamente, eligiendo con cuidado sus palabras-. El cerebro humano tiene, al día, un estimado de setenta mil pensamientos. La mayoría son completamente involuntarios, y ni siquiera llegan a ser una acción. Mi primer neurotransmisor era exageradamente sensible a cualquier estímulo cerebral, y no podía ni siquiera coordinar una figura con mis microbots sin que éste la arruinara en cuanto, por ejemplo, comenzaba a pensar que era genial que el experimento funcionara- admitió, con una pequeña sonrisa apenada al recordar los momentos de pura bronca que se pasó tratando de, al menos, escribir su nombre con los dichosos robots en el suelo de la cochera-. Al final, lo dejé de lado y me enfoque en crear uno mucho más específico, que sólo llevara a cabo una acción cuando una alta cantidad de ondas neuronales estuvieran enfocadas en ella. Era más fácil de manejar, aunque de cualquier manera debías estar lo suficientemente concentrado.

Alzó la mirada una vez más a sus compañeros, y se sintió aliviado al ver que comenzaban a comprender de qué hablaba, aunque la curiosidad continuaba en sus rostros, ansiosos de saber el resto.

-Bueno, aunque había desarrollado un odio especial por él, no destruí el primer neurotransmisor, sino que comencé el segundo desde cero. Le dí el primero a Tadashi la noche de la exposición, por si acaso el segundo fallaba, y bueno, él acaba de decirnos que fue lo que sucedió dentro del edificio.

Nuevamente, el silencio reflexivo y sepulcral al que sus amigos ya lo tenían acostumbrado llenó el lugar, y él sólo esperó en silencio por alguna inquietud.

-Pero, Hiro, aún no lo entiendo- Honey se aproximó a él con su típico aire amable, y colocó una mano sobre su hombro mientras apoyaba una de sus caderas en la camilla-. ¿Cómo pudo Tadashi manipularlos estando inconsciente? Su cerebro no podría haber dado ninguna orden.

-No exactamente- la corrigió con una pequeña sonrisa, antes de comenzar a hablar nuevamente, fijando su mirada en cada uno de ellos-. El cerebro humano es un misterio en muchos aspectos aún. En realidad, nunca deja de funcionar, ni siquiera mientras dormimos, y lo más probable es que apenas sepamos la mitad de las cosas que puede hacer cuando creemos que no funciona, regular el sistema endocrino, registrar fallas del organismo, además de mantener todos los órganos en funcionamiento constantemente. Creo que, de ser posible, el cerebro funciona de forma diferente cuando la persona está en peligro, activando la adrenalina, estimulando el organismo hasta que éste reacciona, sólo en cuestión de segundos- se tomó un segundo para pensar en como explicaría la parte más descabellada de su teoría-. Lo que creo es que el cerebro de Tadashi envió las señales correctas, las más primitivas, que hicieron entrar en funcionamiento el primer neurotransmisor de una forma perfecta, que un pensamiento elaborado nunca hubiera logrado. De alguna manera, el cuerpo reaccionó para avisar que estaba en peligro, todo se coordinó, y la única señal que el neurotransmisor pudo recibir fue la de resguardarlo de las temperaturas, lo que hizo que los microbots lo protegieran de la misma manera que hicieron con Callaghan.

Se tomó un nuevo instante para descansar, dejando que los demás pudieran comprender la situación. Miró de soslayo a Tadashi, notando que, a pesar de lo inverosímil que podía resultar su explicación, algo de posible parecía tener, ya que le miraba como si, de hecho, estuviera entendiendo a la perfección lo que quería decir. Después de los estudios de medicina que tuvo que realizar para confeccionar a Baymax, él también había terminado por adquirir varios conocimiento al respecto.

-Pero, aunque el caso fuera ese, en ningún momento Tadashi podría haber pedido ser trasladado hasta las islas de los laboratorios Krei- señaló Gogo, y Hiro notó que no había reventado un solo globo de chicle en toda su explicación- ¿Tienes algo que pueda explicar eso?

Hiro sonrió, algo pagado de sí mismo, antes de asentir, para consternación de casi todos allí. Tadashi sólo pudo sonreír en su fuero interno, claro que lo tenía, su hermano era un genio, después de todo.

-Como ya saben, a pesar de que el neurotransmisor de Tadashi logró controlar a suficientes microbots antes de que la explosión ocurriera como para salvarle la vida, Callaghan seguía teniendo el correcto, el dominante, y creo que lo que sucedió en ese momento fue algo que no había previsto anteriormente: las señales de ambos neurotransmisor se fusionaron, o por lo menos, lograron controlar al grupo de microbots a la vez, de manera que lograron seguir una instrucción sin ignorar la otra. Se fueron con Callaghan en cuanto ordenó marcharse, pero se llevaron a Tadashi, protegiéndolo, a la vez- omitió el hecho de que hicieron el mismo recorrido en el caso de la fabrica y, luego, la isla, ya que ningún medio manejaba la información respecto a la primera, y la isla estaba vedada al público-. Entonces, aunque siempre estuvieron juntos, por alguna razón que si se me escapa, los microbots que protegían a Tadashi se mantuvieron lejos del control de Callaghan, decidiendo obedecer al final sólo las órdenes del primer neurotransmisor.

-De locos- susurró Fred por lo bajo, viéndolo como si se tratara del personaje favorito de aquellas extrañas películas y series que tanto le gustaban.

-Demasiado- volvió a hablar Wasabi, con los ojos abiertos de par en par, y la vista perdida en algún punto entre la camilla y el suelo, antes de alzar la mirada hacía él-. ¿Y cómo explicas que no hubiera registros de él- señaló a Tadashi- en cada pelea, que nadie lo notara o los microbots lo abandonaran? ¿O que no muriera de hambre? Porque no creo que los microbots pudieran crear un sándwich cada vez que él necesitara alimentarse, ¿No?

Aunque las preguntas de Wasabi tenían cierta tonalidad molesta y agresiva, Hiro no lo tomó como algo personal. Sabía que, tan ordenado como era, el moreno odiaba cuando algo no entraba dentro de sus parámetros preestablecidos, algo muy similar a lo que sucedía cuando Gogo sacaba sus cosas de su lugar, pero a nivel mental y emocional.

Luego de tantos meses junto a él, ya sabía más o menos como reaccionar ante la forma de ser de Wasabi, y como calmarlo, por lo cual, pagado de sí mismo, tomando una actitud campechana muy similar a la que tuvo mientras exponía por primera vez sus microbots al público, se relajó antes de continuar:

-Por el mismo motivo que Abigail sobrevivió en el espacio interdimensional todos esos años- respondió con una pequeña sonrisa, permitiéndose jugar con aquella información, ya que varios informes se habían realizado durante aquel año en la ciudad respecto al suceso. Al ver la confusión aumentar en su moreno rostro, continuó-. Durante los primeros días, incluso durante semanas también, de seguro los microbots pudieron mantener protegido a Tadashi, suministrándole sueros o todo aquello que su organismo necesitase- ante la mirada escéptica que tanto Wasabi como los demás le estaban dando, aclaró:-. Recuerden que los microbots podían crear edificios con sólo pensarlo, valiéndose de cualquier elemento, no sería del todo descabellado el que pudieran crear sueros en realidad... Como fuere- continuó, girándose ligeramente hacia el mayor, que le veía con expresión curiosa, pero ni la mitad de confundido que lo que parecían sus amigos-, a lo que quiero llegar es a lo que pasó después. En algún momento luego de llegar a los laboratorios Krei, los microbots deben de haber recibido señales de peligro por parte del cerebro cuando el organismo comenzó a necesitar alimentos más consistentes, u otro tipo de necesidades, que se volvían faltas peligrosas para éste y, tal y como están programados para realizar todo tipo de cosas, de alguna manera, fueron capaces de crear un campo de estasis que mantuvo a Tadashi en una especie de hipersueño, al igual que Abigail. Al final, cuando la presencia y el control de Callaghan fueron cada vez más lejanos al punto donde Tadashi se encontraba, los microbots decidieron mantener su unión con el neurotransmisor al que más ligados estaban.

Finalizada su explicación, esta vez Hiro pudo sentir la diferencia en la atmósfera y en el aura de cada uno de sus compañeros, incluso la perplejidad en los ojos de su hermano mayor, que apenas parpadeaba mientras le miraba como si fuera alguna especie de doctor Frankenstain.

Curiosa comparación, a decir verdad.

-Muy bien- comenzó Fred, alargando las palabras de forma curiosa, con una ceja alzada, antes de recorrer con la mirada a sus demás amigos-. Estoy seguro que no puedo ser el único que no entendió nada de la última parte, ¿Verdad?

Gogo y Wasabi asintieron a su pregunta, de acuerdo, pero Hiro se sorprendió al ver como Honey guardaba silencio, analizando todos los puntos de vista relacionados con la química que tanto conocía. Al final, alejó su vista del suelo, donde había estado clavada todo el rato, y le miró con una pequeña sonrisa.

-Admito que la última parte, aunque parezca ser completamente una locura, es bastante posible desde el marco de que ya ha ocurrido. Los campos de estasis no son imposibles de crear artificialmente- aseguró, antes de alejar su mirada verdosa de él para clavarla en el mayor de los dos Hamada-. Y explicaría el por qué su cabello creció tanto, pero sus quemaduras parecen casi recién hechas.

Hiro miró a su hermano ante ese detalle, y notó que, aunque secas, sus quemaduras estaban muy lejos de estar del todo cicatrizadas.

También explicaba el porqué de que tuviera escaras, ya que había pasado en aquella camilla todo este tiempo. Se preguntó de dónde la habrían sacada los microbots.

-Es una suerte que todas tus quemaduras sean de primer grado- comentó con dulzura la joven químico, antes de sonreír con cierto deje de ironía y mirarlo con aire burlón-. Diablos, en realidad, debes ser el chico más afortunado que haya existido ¿Sabes?

Tadashi rio entre dientes, al igual que todos allí, antes de que un pequeño silencio volviera a llenar el lugar.

Y, harto de caer siempre en el mismo, Hiro se tomó la libertad de estirarse, tratando de distenderse un poco, antes de echarle una mirada a su hermano, quien, curiosamente, le miraba como si aún se guardara algo, pero no se atreviera a preguntar al respecto.

Extrañado, Hiro alzó una ceja.

-¿Sucede algo?- preguntó, creyendo que, tal vez, aún hubiera algo que no terminara de entender. Un extraño cosquilleo le recorrió cuando, de la nada, su mirada dudosa se tornó en una severa. Allí estaba su hermano con complejo de madre histérica de nuevo.

-¡¿Por qué usabas una mochila propulsora sin nadie que te ayude cerca?!

La exclamación llenó la habitación por completo, incluso opacando por un momento el sonido frenético del electrocardiógrafo y el respingo de sorpresa de todos, al ser la voz de Tadashi unas octavas más alta de lo normal. Hiro se quedó de una pieza, asombrado por el reclamo repentino, antes de fruncir el ceño y mirarlo, lleno de indignación.

-¡¿En serio es lo único que te importa de todo lo que dije?!- exclamó también, molesto, antes de negar con la cabeza desesperadamente y sujetar la misma con ambas manos-. No soy un niño, Tadashi- zanjó, o eso intentó.

-¡Quince años! ¡Por favor! ¡Si es claro que estamos frente a un adulto responsable! ¿No?

Alzó la vista nuevamente, encontrándose con la mirada molesta y severa de su hermano, similar a la que ponía cuando solía pasar peligro innecesario en las peleas de robot. Estaba a punto de replicar pero, como era su costumbre cuando la situación se había pasado del límite, Tadashi estrechó sus ojos, sin apartarlos de él, seguro y firme, muy lejana a la típica expresión relajada, amigable y caballerosa de su hermano, y era probablemente por ese contraste, que era la única de sus miradas de advertencia que realmente lograba intimidarlo.

Pero, está vez, su cuerpo, su labio inferior, no temblaron sólo por temor, ni su corazón rompió a latir con tal frenesí por la bronca que se le vendría encima. Usualmente, se sentiría intimidado, y la adrenalina no tardaría en comenzar a manar por su cuerpo en cuanto sus instintos básicos le dijeran que debía correr de su hermano antes de que decidiera darle un zape por idiota, por muy merecido que lo tuviera. Pero esta vez, la adrenalina no estaba, y el deseo de alejarse tampoco. Estaba aterrado, sí, pero no de la forma normal, no temía por su integridad física, ni por la reprimenda digna de un niño que se ganaría. El terror que inundó su ser al ver la expresión madura y severa de su hermano tenía muy poco que ver con el hecho de que fuera a ser puesto en su lugar, sino producto de algo más profundo, más intimo. Todo estaba relacionado con el hecho de estar volviendo a vivir una experiencia que, a no ser por sus sueños, nunca creyó poder repetir, y con el horrible temor a que todo aquello, toda aquella descabellada y magnífica situación, se desvaneciera ante sus ojos en cuanto el reloj volviera a despertarlo a aquel horrible mundo en que su hermano era sólo un recuerdo lleno de amor ya.

No se dio cuenta, hasta que sus ojos se humedecieron por las lágrimas reprimidas, de lo mucho que había extrañado el que su hermano lo reprendiera.

Tuvo que morderse el labio para no soltar un vergonzoso sollozo cuando el mayor se irguió, con gesto aún más pétreo de ser posible, sin dejar su mirada aquel brillo que delataba que, en realidad, toda su severidad era producto del temor que le causaba el verlo lastimado.

Vaya ironía. Pensó al recordar que él había sido el primero en lastimarlo, preparándose al verlo separar sus labios, dispuesto a hablar sin importarle que todos sus amigos presenciaran el momento:

-¿Cómo rayos se te...?

-¡¿CÓMO RAYOS SE TE OCURRE HACER ALGO ASÍ?!- el grito, agudo y femenino, logró cortar el hilo de Tadashi y sacarles una exclamación de sorpresa a todos, que de inmediato se giraron, sólo para hallarse a una Cass ruborizada como nunca antes la habían visto y con los ojos anegados en lágrimas. La esbelta mujer temblaba, histérica y fuera de sí, y Hiro se preguntó desde cuando estaría escuchando-¡CORRER A UN INCENDIO! ¡¿SE PUEDE SABER EN QUÉ ESTABAS PENSANDO, TADASHI HAMADA?!

Aún shockeado por la interrupción, Tadashi no pudo evitar ruborizarse al, por primera vez desde que había despertado a toda aquella extraña realidad, alguien tener la desfachatez de echarle en cara su culpabilidad respecto a todo lo sucedido y, ante el dolor y la rabia en la expresión de la usualmente jovial mujer, la culpabilidad le llenó al imaginarse las noches llenas de dolor que habrían tenido que sufrir todos allí por su culpa.

Apenado, arrepentido, se dispuso a disculparse, aunque aún no tuviera las palabras correctas en mente.

Pero no fue necesario, pues apenas la primera idea de una disculpa pasó por su mente, un par de brazos cálidos y femeninos le rodearon el cuello con fuerza, al tiempo que un ahogado sollozo era mal reprimido junto a su oído. Sintió la humedad en su cuello un segundo antes de que sus brazos volaran a rodear la cintura de Cass y también estrecharla contra él, sintiéndose un miserable al oír llorar con tal fragilidad a una mujer que era todo menos eso -frágil-, y por su culpa.

-Te extrañamos tanto, Tadashi- sollozó junto a su oído, temblorosa, y, sin saber por qué, un nudo se formó en su garganta y él mismo sintió el deseo de echar a llorar, como si también hubiera vivido esos meses alejado, en vez de parecerle sólo una siesta.

No supo exactamente en que momento todos en la habitación se habían echado a llorar de nuevo, pero pronto tuvo una masa amorfa de brazos y lágrimas sobre él, en un abrazo grupal que le dificultó un poco el respirar y causó un ligero ardor en sus quemaduras.

Pero eso no pudo importarle menos en cuanto, por primera vez en todo el rato, pudo sentir entre todo el amor de sus seres queridos y sus palabras de cariño, el pequeño cuerpo de su hermano contra su pecho, abrazándolo incluso con más fuerza de la que se podría esperar de aquellos brazos flacuchos y algo infantiles aún.

De alguna forma, ese último abrazo fue suficiente para que las lágrimas se dieran la dicha de recorrer su rostro ante la curiosa, pero magnífica bienvenida.

-Amigo, te extrañé, pero necesitas un baño.

Ante el comentario descarado, que logró quitarle el suficiente peso al ambiente para que todos allí pudieran soltar una pequeña carcajada, Tadashi sólo pudo sonreír más ampliamente, a gusto en medio de toda su familia.

-Tu también, Fred, tú también.


Notas de Autora:

*Grandes Seis- Decidí que el grupo de Hiro y los chicos se llamara así porque, además de sonar bien, simplemente no se necesitaba nada más para identificarlos. Es decir, si les funciona a Los 4 Fantásticos, ¿Por qué aquí no?

*Hipersueño, Animación Suspendida y Campos de Estasis.

Bien, voy a aclarar algo desde ahora sobre la historia. Por la trama, el entorno que los rodea y los intereses de cada personaje, ciencia e ingeniería estarán presentes buena parte del fic, pero será lo más superficialmente posible y, dado que estoy muy lejos de se una experta en el tema, será pura y básica ciencia ficción.

Y, ahora, les presento a unos cuantos muchachos indispensables en ella. El hipersueño es un concepto de la ciencia ficción muy similar a la Animación Suspendida, pero a diferencia de ésta, es capaz de detenar el desarrollo del organismo, sin dañarlo. La A.S. es casi lo mismo, pero puede llegar a generar daños colaterales debido al uso prolongado y no detiene el funcionamiento del organismo.

El Hipersueño se da en campos de estasis; lugares con las características perfectas para que se den, como lo era el espacio interdimensional en el que se hallaba Abigail.

El hecho de que Tadashi tenga escaras se debe al prolongado tiempo en que permaneció sen coma antes de caer el el hipersueño, pero eso lo explicaré la próxima. Y, también, el que su corazón latiera cuando lo encontraron es puro gusto mío por ignorar todas las reglas para hacer lo que me da la gana XD

Así, pues, pido que nadie se queme las ceas tratando de entender todo desde el punto de vista científico, porque, aunque investigue y estudie todo, ni siquiera yo lo entiendo al cien por ciento. Soy principiante en la ciencia ficción.