Supongo que sería decente de mi parte el explicar aunque sea por qué llevó desaparecida tanto tiempo, pero aburrirlos con historias de crisis existenciales y facultad no me parece exactamente justo ni para ustedes, si es que alguien aún está aquí para leer esto, ni para mi, que justamente lo subo para distenderme y disfrutar nuevamente de lo que me gusta.

No los retrasaré, y espero que aún estén ansiosos por leer esto tanto como yo lo estoy por volver a leer sus comentarios.

Nos vemos abajo, mis Grandes Héroes.


Talentos Secretos

-¡No, no y por supuesto que no!- repitió su mantra como por, al menos, duodécima vez en media hora, sin inmutarse ante las miradas de los cinco mayores y el robot sobre él. Miradas que iban desde el desconcierto total hasta el aburrimiento absoluto.

Todos estaban de acuerdo salvo por él, habían dado el sí prácticamente en el mismo instante en que Tadashi había propuesto entrar al grupo. Y eran cosas como esas las que, algunas veces, le obligaban preguntarse si es que sus amigos habían chupado los barrotes con plomo de sus cunas cuando eran bebés.

Tadashi se acercó un paso hacía él, con aquella expresión en sus ojos que pretendía hacerle entender razones, pero el chico retrocedió, fulminándole con la mirada más furiosa que le hubiera visto alguna vez, incluso más que la que le dio hace unos minutos. Hasta cierto punto, incluso parecía indignado, lo que desconcertaba ampliamente al mayor.

-Hiro...

-No, Tadashi- le cortó con brusquedad, con un tono firme y molesto acompañado de un gesto veloz de su mano, como si desechara la idea desde el comienzo. Lo que, en realidad, era lo que había hecho-. Ya perdí a mi hermano una vez, no haré algo que te ponga en peligro de nuevo, y tampoco pienso permitir que lo hagas tú.

Tadashi parpadeó repetidamente, cambiando su expresión de extrañeza ante la actitud de su hermano por una de sorpresa. Acto seguido, reprimió el deseo de soltar un pesado suspiro al comprender el secreto detrás de la reacción de su hermano. Así que era eso, miedo.

No pudo evitar volver a llenarse de culpabilidad al notar hasta que nivel Hiro había sido marcado por su causa, estando dispuesto incluso a alejarlo de él.

-Creo que es una decisión mía, no tuya- señaló, cruzando sus brazos sobre su pecho, y Hiro supo que sería casi imposible hacerle cambiar de opinión.

-Hermano, déjalo entrar ya- intervino Fred, tan relajado como siempre, y el menor le dedicó una mirada tan llena de hostilidad, que literalmente soltó un pequeño gritito, antes de ocultarse detrás de una aburrida Gogo.

-Ya somos suficientes en el equipo- soltó, utilizando cualquier cosa que se le cruzara por la mente para evitar que los demás avalaran aquella locura.

-Busca una mejor excusa- se burló la coreana, para luego inflar y explotar un chicle con expresión indiferente. Apartó a Fred de ella con un fuerte empujón.

Hiro gruñó en su fuero interno.

-Me distraerá en las misiones- intentó.

-El realizar actividades junto a Tadashi por tiempo prolongado ayudará a obtener resultados mayormente beneficiosos en la terapia de Hiro- soltó Baymax, hablando por primera vez desde que aquella extraña situación había comenzado. Tadashi alzó una ceja, antes de dirigir una mirada inquisidora al ruborizado chico.

-¿Terapia?

-Hasta tú me traicionas, malvavisco gigante- gruñó, ignorando la pregunta de su hermano, horrorizándose sólo ante la idea de tener que contestarla. En lugar de ello, rebuscó en su mente, en lo más profundo de sus pensamientos, alguna excusa lo suficientemente válida para dejar a Tadashi lejos de sus misiones de forma definitiva. Y, cuando probó otro enfoque de la situación y la respuesta se reveló ante sus ojos, estuvo a punto de darse un golpe a sí mismo ante lo sencilla y obvia que era. Sonrió con malicia en dirección al mayor, triunfante, y Tadashi estrechó su mirada, receloso-. ¿Y qué va a hacer, supuestamente? No tiene ninguna habilidad, después de todo.

Tadashi alzó las cejas ante su afirmación, antes de fruncir el ceño con fuerza y mirarle con un aire de indignación que le hizo ampliar su sonrisa.

-¿Disculpa?- inquirió, arqueando una ceja mientras se acercaba a él con pasos seguros y firmes, como si supiera que estaba a punto de ganar la disputa. Se detuvo a escaso medio metro de él, viéndolo como si acabara de abofetearle la mejilla, entre molesto y desafiante-. Puedo patearte el trasero cuando quiera y sin tecnología, niño.

Sangre de su sangre al cabo, Hiro esgrimió la misma expresión segura y competitiva, inclinando su rostro para poder verle directamente, con la sonrisa ladina más divertida y socarrona que tenía, y un brillo en sus ojos que dejaba claro que se había coronado como vencedor ya.

-Prúebalo- escupió, desafiante, sin menguar ni un poco la convicción en su rostro.

Permanecieron así, encarados y con aquella mirada fiera que nunca antes alguno de sus compañeros hubiera visto en ellos, siendo tangible la hostilidad en el aire. El fuego y la seguridad en los ojos de cada uno fue suficiente para generar una tensión sofocante a su alrededor, calentando el ambiente pese a la brisa invernal que había comenzado a levantarse con la caída del sol.

El resto del equipo permanecía a una distancia prudente del par de hermanos, observando con curiosidad la escena, pues nunca antes habían visto a ambos de aquella manera, con aquel ímpetu en defender sus puntos de vista e intereses. La competencia fraternal parecía ser llevada a un nuevo nivel por ellos, prácticamente podía percibirse la testosterona en el aire. ¿Sería esa actitud normal, o deberían plantearse el volver a intervenir?

Pero entonces, con una sonrisa sibilina en su rostro, Tadashi rió entre dientes con un sonido gutural, desencajando por un momento a todos a su alrededor, incluyendo al mismo Hiro.

-No lo haré contigo- comentó, antes de despeinar los cabellos del chico con un gesto brusco, tal vez algo más cargado de molestia de lo normal-. Odiaría lastimar a mi hermanito.

Hiro gruñó.

-A buena hora lo piensas- soltó a bocajarro, sin pensar, y la alarma fue perceptible en las expresiones horrorizadas de sus amigos. No apartó la mirada del chico, sin embargo, y Tadashi no pareció mayormente afectado por el comentario, más allá de un extraño destello en medio de toda la altanería de su mirada.

El menor frunció el ceño cuando pasó junto a él, sin apartar aquellos ojos llenos de burla y seguridad de los suyos, y no pudo evitar que todo aquello le diera, si era posible, aún más mala espina que antes. ¿Qué pretendía ahora su hermano?

Se mantuvo allí, de pie junto a sus amigos, quienes ostentaban miradas igual de confusas y curiosas que la suya, mientras todos mantenían su atención fija en las anchas espaldas del chico. Éste avanzó con seguridad hasta los robots de entrenamiento que utilizaban, dispersos por toda la galería de la mansión.

Les había sido relativamente fácil, gracias a Hiro y Gogo, el montarlos. Habían diseñado decenas de robots humanoides con múltiples habilidades que resultaran un desafío a sus talentos como héroes. Eran resistentes al fuego, hechos para obligar a Fred a buscar una manera de debilitar su estructura antes de poder derretir a gusto sus circuitos. Estaban altamente blindados para entrenar con la potencia de los lásers de Wasabi y los discos de Gogo, además de poseer la capacidad de igualar la velocidad de la corredora, lo que le hacía esforzarse al máximo en cada entrenamiento. Todas estas características eran perfectas para mejorar la resistencia de las fórmulas de Honey y su velocidad de secado que, por cierto, aún no la tenía lo suficientemente satisfecha. Además, todos poseían una fuerza titánica que, combinada con la velocidad ya mencionada, los hacía ideales para practicar con la resistencia de Baymax y las reacciones de Hiro a la hora de guiarle en sus acciones. Junto a todo eso, habían diseñado, también, un circuito que abarcaba toda la parte trasera de la mansión del acaudalado muchacho, basándose en las aplicaciones de suspensión electromagnética de la joven y la ingeniería robótica avanzada del genio, para poder controlarlos desde un simple tablero de control junto a una de las tumbonas que Fred tenía en su patio. El circuito era invisible a los ojos, cosa muy conveniente, pues pretendían mantener sus actividades en secreto, a pesar de que Fred insistiera respecto a que en su familia un superhéroe no extrañaría a nadie.

No había sido nada barato el montarlo, pues entre las excavaciones de compartimientos -para resguardar a los robots de curiosos- que habían debido realizar y todo el diseño y materia prima que habían adquirido, realmente habían invertido una pequeña fortuna. Para su suerte, Fred había insistido en cubrir la mayor parte de los gastos, e incluso había sido él quien se encargó de acceder a las piezas para sus nuevos trajes, mucho más resistentes que los primeros, y los materiales para las formulas de Honey, que no eran nada baratos ni sencillos de adquirir. Hiro no quería ser desagradecido, pero no podía evitar experimentar una leve envidia ante la sospecha de que aquellos gastos, descomunales para el resto de los simples mortales, apenas y hacían cosquillas en la mesada de su amigo.

La visión de su hermano, revisando con extremo cuidado y detalle una de las máquinas, le trajo de vuelta al presente, y una creciente sensación de ansiedad e impaciencia le embargó mientras le veía realizar las mismas expresiones de quien ve un juguete nuevo al rodear el robot de color gris, que estaba decorado con el mismo rostro amigable y amarillo que Macrobot. Se preguntó qué estaría estudiando con tanto interés, cuando dio una vuelta a su al rededor poniendo, al parecer, especial atención a las uniones de sus articulaciones.

Cuando la curiosidad e impaciencia comenzaban a convertirse en molestia por parte del menor, Tadashi finalmente se separó del robot, con una sonrisa satisfecha y una mirada confiada en su rostro que le erizó la piel por completo. Aquello no tenía buena pinta para nada.

Trató de tranquilizarse, recordando que no debía de preocuparse por nada. No había forma de que Tadashi se atreviera a hacerle frente a sus robots. ¿Verdad?

-Sin embargo- Tadashi continuó después del extraño momento de silencio, acercándose con zancadas seguras y una postura erguida al grupo, o, más precisamente, a Fred, con la eterna sonrisa de suficiencia que Hiro ya comenzaba a odiar en sus labios. Miró al curioso rubio con calma, antes de continuar-. De casualidad, Fred, ¿No tendrás por aquí unas...?

Se inclinó sobre el oído del chico, susurrando en él el final de aquella frase, lo suficientemente bajo como para que sólo él le escuchara.

Sea lo que fuera que Tadashi había pedido, fue suficiente para que la expresión atenta del joven mutara completamente en una de asombro, y los ojos azules brillaran con un aire de emoción tan profundo, que le recordó un poco a la que puso cuando vio su traje de lagarto escupe fuego por primera vez.

Cuando el mayor se alejó de él, con una sonrisa divertida y amigable, Fred se llevó ambas manos a los labios, mirándolo con los ojos tan brillantes que casi parecía como si estuviera por echarse a llorar en cualquier momento.

Estuvo seguro de que ahogó un gritito nervioso.

-Oh, Tadashi, creo que te amo- susurró, al borde de un ataque de emoción, según Hiro podía juzgar. Parpadeó, sorprendido, al verle llevar sus manos a su cabeza y soltar un gemido de alegría, sólo le faltaba una cola meneándose para parecerse más a un cachorrito hiperactivo, antes de girarse hacia la mansión y emitir el grito más lleno de euforia que nunca antes hubiera oído de su parte- ¡Heathcliff! ¡Hermano, necesito tu ayuda!- y echó a correr, esta vez soltando un grito de emoción que no se molestó en reprimir en lo más mínimo, obligando al joven nipón a cubrirse los oídos para que no le explotaran los tímpanos, viendo de reojo la sonrisa, divertida y satisfecha, de su hermano.

-¡Y que estén bien afiladas!- exclamó al final, sólo para recibir otro grito de fanboy de Fred.

Un silencio expectante se alzó en el lugar en cuanto el rumor de los gritos y los saltos de Fred desaparecieron en el interior de su casa, sólo interrumpido por el sonido de las hojas y el viento, y uno que otro auto pasando por el tranquilo vecindario.

Hiro se mantuvo mirando fijamente a su hermano, con el ceño fruncido, mientras se quemaba las cejas.¿Qué era lo que Tadashi tramaba exactamente? ¿Cuál sería esa habilidad que ostentaba con tal seguridad? Y, aún más curioso ¿Qué era aquello que Fred tenía que traer? Se moría de ganas por preguntarle directamente, pero su orgullo jamás dejaría que demostrara su curiosidad.

Por suerte para él, Wasabi no era ni la mitad de orgulloso de lo que él lo era.

-¿Qué fue lo que le pediste?- inquirió, con una expresión entre curiosa y algo que no podía definir exactamente, pero que iba un poco más allá del recelo.

Tadashi le dedicó una mirada amable y divertida, mucho más cortes que las que le había dedicado a él.

-Ya lo verás.

"Torpe nerd engreído" maldijo en su fuero interno el menor de ambos chicos, fulminando con la mirada a su hermano. Cuando éste le dedicó plenamente una sonrisa burlona a él, estuvo muy cerca de ser audible la forma en que estaba restregando sus dientes entre sí.

Sin embargo, sus deseos homicidas hacia su hermano pasaron a segundo plano cuando, al cabo de unos pocos minutos, un extraño pero conocido rumor comenzó a hacerse presente en el lugar, tintineante, acercándose con el paso de los segundos, obligando a todos a mirar con curiosidad la gigantesca puerta trasera de la mansión.

Fue cuando Fred, nuevamente vestido como civil, atravesó ésta que todos pudieron identificar el familiar sonido que generaba el metal al chocar entre sí, al que la mayoría allí estaban familiarizados. El sonido inundó el lugar completo, mientras el alocado muchacho se acercaba a toda velocidad, seguido de su calmo mayordomo, que se desplazaba con aquel paso lento y postura perfecta tras él, con una expresión que, aunque impenetrable, a claras luces demostraba que ya nada de aquel grupo, y menos aún de su amo, lograba sorprenderlo.

Ambos cargaban en sus brazos varios objetos de longitud considerable y en su mayoría de color negro que, en cuanto los reconoció, dejaron a Hiro sin aliento. ¿Era eso una broma?

No pudo seguir pensando en ello, pues el grito eufórico de Fred, que apenas podía ver el suelo por encima de la pila de exóticos objetos, fue suficiente para que no pudiera oír lo que su propia mente le decía.

-¡Viejo, aquí están tus...!- comenzó, pero lo más predecible aconteció y, tras tropezarse aparentemente con sus propios pies, el joven cayó al suelo de forma sublime, causando un sonoro alboroto cuando aquellos objetos metálicos se dispersaron como un abanico frente a él. Todos los demás le miraron por un segundo, expectantes, sólo para sonreír aliviados cuando se puso de pie de un salto- ¡Estoy bien!

Baymax fue el primero en acercarse a él, y el único después del mayordomo que no estaba aguantando las ganas de destornillarse de risa por tal estrepitosa caída.

-Haz sufrido una caída. En una escala del...

Heathcliff se detuvo junto al grupo, dedicándoles una mirada indiferente de las suyas, antes de dejar caer con un simple y cómico gesto el resto de los objetos que él portaba junto a los que soltó su maestro, causando otro pequeño estruendo.

-Muchas gracias- soltó Tadashi para ambos, dando una breve reverencia al mayordomo, que le dedicó una casi imperceptible sonrisa antes de retirarse. Los modales nipones eran encantadores a todos por igual, eso no tenía discusión.

Hiro vio con los ojos entrecerrados la manera en que el chico se acercaba a paso firme hasta la pila de objetos, observando con atención el desfile de -no podía creerlo- katanas frente a él. Luego de un segundo observándolas en silencio, se inclinó y tomó una en su mano, observando las decoraciones en la funda azabache, con detalles en dorado en la punta y la empuñadura, antes de desenvainarla con un gracioso gesto, como si fuera lo más natural del mundo.

Vio como elevaba la hoja, larga y brillante, hasta su rostro, observándola en detalle, antes de deslizar suavemente su pulgar sobre la superficie, catando su filo.

El resto del grupo, al igual que él, permanecieron en silencio, anonadados, mientras observaban la forma en que Tadashi repetía la acción con una espada tras otra, probando su peso, desenvainando y catando el filo, antes de simplemente desecharlas sin mayor motivo, volviendo a guardarlas en sus fundas oscuras, antes de tomar la siguiente. Tenía una expresión de concentración tal que, por un momento, le recordó a las que esbozaba mientras leía sus libros de medicina, el año antes de que entrara a la Universidad Tecnológica de San Fransokyo. Estaba buscando algo en especial, un detalle efímero que sólo él, tan detallista como era, podría notar.

Se tomó su tiempo, minutos en los que permanecieron todos en absoluto silencio, a excepción de Fred, que soltaba cómicos grititos de emoción cada vez que Tadashi desenfundaba una de las espadas, como si estuviera a punto de, por fin, presenciar una de aquellas escenas anime que tanto adoraba.

Entonces, pudo observar el cambio en la expresión del mayor cuando sus ojos se centraron en una funda en especial, que Hiro fácilmente hubiera pasado por alto, a pesar de ser ligeramente más larga y ancha que las demás.

Su hermano la tomó con firmeza de la funda y, sin detenerse a probar su ligereza o equilibrio, la desnudó con un fluido movimiento, antes de dejar caer la funda negra con desinterés. Elevó de forma vertical el arma frente a sus ojos, observando el filo de la hoja, antes de deslizar a penas el pulgar sobre él.

La espada parecía común y corriente a ojos de Hiro salvo por su largo, o al menos así fue hasta que, tomándola con fuerza por la empuñadura, Tadashi jaló hasta que un leve sonido, el de el metal al deslizarse sobre otro, llegó a sus oídos cuando el sable se dividió en dos y las hojas se acariciaron por causa del movimiento fluido y elegante que el nipón había realizado.

Ante su mirada atónita, Tadashi tomó cada mitad en una mano y, con la seguridad que sólo la experiencia podía brindar, comenzó a moverlas elegantemente en sus manos, girándolas a toda velocidad, como si fueran las hélices de un helicóptero a cada lado de su cuerpo. Su cabello se agitaba levemente a los lados de su sonriente rostro por causa de las corrientes de aire que generaban aquellos sables.

Y, como si no fuera suficiente el impacto de ver a su hermano portar un par de armas mortales como si fuera algo tan natural como el acto de respirar, Hiro tuvo que reprimir el impulso de pellizcar uno de sus brazos para comprobar que no estaba soñando cuando, tal cual los protagonistas de las películas de samuráis y ninjas que solían ver de niños, el mayor comenzó a realizar maniobras de visible complejidad con ambas katanas a la vez, deslizándolas en el aire en ataques mortales y feroces embestidas. Dando giros de muñecas precisos que las hacían moverse con asombrosa velocidad a centímetros de su rostro, cuello y torso, cortando el aire sin llegar a rozarlo a pesar de acompañar sus acometidas con movimientos que parecían una mezcla entre esgrima tradicional y los métodos de pelea orientales, como si fuera consciente de ambas, como extensiones de su cuerpo.

Luego de la breve pero asombrosa familiarización con las armas, Tadashi se dirigió al sorprendido grupo con una expresión satisfecha, que se tornó en una ligeramente burlona al ver como algunos tenían los labios ligeramente entreabiertos por causa de la sorpresa.

-Bien, ya estoy listo- aseguró, retirándose la típica chaqueta que siempre utilizaba. La dejó sobre la pila de katanas desechadas, antes de acercarse al centro del semicírculo que los robots de entrenamiento formaban cuando estaban desactivados. Eran diez los que permanecían erguidos sobre el patio de roca, y Hiro estuvo a punto de soltar un grito angustiado cuando vio como Tadashi se giraba hacia el anfitrión con una sonrisa relajada. En verdad pensaba hacer esa locura-. Cuando quieras, Fred.

Se crispó, totalmente aterrorizado, cuando observó como el rubio salía disparado en dirección al tablero de control. Dio dos pasos en dirección a su hermano antes siquiera de notarlo.

-Tadashi, ¿Qué crees que haces?- preguntó, alterado sólo de pensar la manera en que los robots podrían lastimar a su hermano antes de que cualquiera de ellos reaccionara y los desactivara. No estaban diseñados para herir exactamente, pero la fuerza titánica de cada uno de ellos estaba diseñada para héroes que ya estaban preparados, no para un adolescente que apenas había salido de un coma prolongado hace poco menos de un mes.

Ajeno al peligro al que se enfrentaba, o de plano completamente indiferente, Tadashi se volteó para mirarle con aquella mirada de autosuficiencia que ya comenzaba a odiar. Sonriente, confiado.

-Hiro, no sabes todo de mí, ¿Bien?- soltó, con una voz profunda y calma, similar a un trueno, que, por algún motivo desconocido para él, le arrancó un estremecimiento que recorrió toda su columna vertebral, dejándolo completamente descolocado. Ignorante de ello, Tadashi siguió sonriendo como si nada-. Sólo cálmate y disfruta.

El Trato hecho que soltó Fred desde el tablero de control fue casi por completo opacado por el sonido de la voz electrónica y femenina que anunciaba que los robots habían entrado en modo de combate. Hiro tragó saliva, tratando de desaparecer el nudo que tenía en su garganta a causa de los nervios y la preocupación, cuando vio como los rostros de cada uno de los robots se tornaba en aquel de color rojo que Macrobot utilizaba cuando estaba listo para salir a patear traseros.

Y, tal como él veía la cosa, el trasero de Tadashi iba a sufrir bastante humillación esa tarde.

El mayor permaneció en la misma postura, como si no hubiera reparado en el cambio de los robots, completamente erguido en toda su altura y con ambas espadas desplegadas a los lados de su cuerpo, mientras los robots se inclinaban, listos para actuar en cuanto él hiciera el primer movimiento.

Hiro podía sentir su corazón latir como loco en su pecho, y podía asegurar que sería perfectamente posible oírlo gracias al silencio sepulcral que todos sus amigos mantenían a su al rededor, igual de expectantes que él. Tadashi seguía sin realizar movimiento alguno en lo que los segundos pasaban, lo que sólo lograba ponerlo más nervioso, mil veces más consciente del peligro al que el chico se enfrentaba pues, de no ser atacados, los robots de entrenamiento tenían un programado de sólo diez segundos antes de realizar el primer ataque...

Todos a la vez...

Hiro llevaba contabilizados seis segundos desde que Fred había activado las máquinas, y los próximos cuatro los dedicó plenamente a tratar de entender, si por un efecto secundario del coma como la falta de oxigenación cerebral o algún coagulo en su cerebro, por qué Tadashi estaba actuando como un completo lunático. ¡Ni siquiera sabía como comenzar y pretendía hacerle frente a diez robots de una vez!

Pero Tadashi sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Tal vez no hubiera practicado como se debía en años, no desde sus últimas clases, pero su cuerpo tenía una memoria prodigiosa, por lo que, en verdad, no estaba experimentando ni la mitad del ataque de nervios y el pavor que su hermano estaba viviendo por su culpa, de hecho, todo lo contrario. Mantenía los ojos cerrados, evitando tensarse mientras regulaba su respiración y se concentraba en su oído, atento, esperando pacientemente a que cualquier cambio se presentara a su alrededor.

Sólo abrió los ojos cuando oyó los engranajes y las partes de los robots chocando entre ellas y con el suelo de roca bajo sus pies, abalanzándose a la vez en su dirección.

Ciertamente, no había esperado que todos atacaran al mismo tiempo, pero ver aquellos diez cuerpos humanoides corriendo en su dirección como soldados sólo logró que esbozara una sonrisa divertida, antes de realizar el primer movimiento.

Hiro estuvo tentado a cubrirse el rostro cuando vio a los robots avanzar hacia su hermano, y lo hubiera hecho de poder reaccionar a cualquier pensamiento que no fuera la horrorosa idea de ver a Tadashi nuevamente en peligro. En verdad, era ahora cuando notaba que el frenético latir de su corazón y la forma en que su nuca se humedecía con un sudor gélido no eran del todo normales.

Se sintió ligeramente mareado, y tuvo que jadear levemente cuando el primer robot llegó hasta su hermano ¿En verdad iba a sufrir un ataque de pánico justo ahora?

Más cualquier tipo de respiración se vio interrumpida para el muchacho en cuanto Tadashi se hizo velozmente a un lado, evadiendo la embestida y el golpe que el robot pretendía asestarle, y clavar una de sus espadas con una facilidad inusitada en la armadura blindada.

Fue tan consciente del jadeo sorprendido de sus amigos como del suyo propio al ver como, como si en verdad aquel golpe mortal hubiera sido dado en un humano y atravesara algún órgano importante, el robot se quedaba inmóvil, en la misma posición de ataque en que había sido atrapado. Hiro vio con los ojos abiertos de par en par como, en cuanto Tadashi retiraba la espada de la unión entre lo que sería su hombro y su brazo, el robot perdió su fuerza y se dejó caer en el suelo con un sonido repiqueteante, como si los trastos de la cocina se hubieran venido abajo en avalancha. La expresión de la máquina volvió a ser amigable una vez desactivado.

Tadashi hubiera deseado poder apreciar por más tiempo su obra y, sin duda, vanagloriarse un poco más en la imagen del robot disperso cual largo era sobre el suelo ¡Hombre, que había podido con él es un solo golpe! Pero, muy a su pesar, el sonido de los demás al volver al ataque luego de la caída de su compañero le obligó a ponerse en guardia nuevamente.

Fijó su atención en el que más próximo tenía, y no pudo evitar preguntarse, mientras corría para encontrarse con él, si aquellos robots también seguirían la regla de toda la tecnología de Hiro de aprender por si misma.

Su pregunta se respondió sola cuando, al tratar de volver a atravesar las uniones de circuitos expuestas que había descubierto en cada una de las articulaciones de los robots, el antebrazo de metal blindado del robot se atravesó en su camino, protegiéndolas del filo de su espada.

Maldijo por lo bajo mientras dirigía su espada a las uniones en las caderas del robot, esta vez si dando en su objetivo. Tenía nueve robots con superfuerza, velocidad y capacidad de aprendizaje a los que enfrentarse aún, es decir, uno más difícil de derrotar que el anterior.

"Ocho". Se corrigió, mientras dedicaba una sonrisa al que ahora se hallaba a sus pies.

Bien, si iba a entrar al equipo, le daría la razón a Hiro en lo de tener que ganárselo. Después de todo, ¿Qué eran unos pocos robots en comparación a estar cerca de su hermano?

Ajeno a los pensamientos de su hermano, Hiro sólo podía ver, con su mentón prácticamente al ras del suelo, la manera en que, uno por uno, los robots iban cayendo como moscas a manos de Tadashi. Las espadas se deslizaban en el aire como haces de plata resplandeciente, distrayendo con veloces movimientos al tercer robot que entraba en batalla. Sólo tuvo que realizar tres movimientos, siendo dos los que llegó a detener el robot, antes de realizar un elegante giro de muñeca y, con una feroz embestida que le recordó a una serpiente de alguna manera, hundir la espada como un relámpago en las uniones entre el cuello y la cabeza.

Porque por supuesto que Hiro sabía lo que su hermano estaba haciendo. Le había bastado con ver el ataque al segundo robot para descubrir que era lo que Tadashi había hecho la primera vez, logrando acabar con uno de los robots sólo con centrarse en destrozar las uniones de sus circuitos en los puntos endebles de las corazas. En verdad, no entendía como era que a ellos, que llevaban meses luchando contra los robots, no se les había ocurrido nunca algo tan sencillo y efectivo.

Pero sólo hacía falta ver la forma de luchar de Tadashi, la elegancia en cada uno de sus giros de muñeca, la velocidad y certeza de sus embestidas, y, más que nada, la forma en que analizaba cada movimiento de su adversario y, de seguro, anticipaba el resto, para saber que su hermano tenía una manera completamente diferente a la de ellos para hacer frente a un combate.

Era más que obvio que, aunque más extenuante, el combate cuerpo a cuerpo que Tadashi estaba llevando a cabo era mil veces más efectivo a la hora de analizar la situación. En verdad, en comparación a la brutalidad que tenían por lo general sus ataques, y a la facilidad que tenían los lásers para atravesar cualquier superficie existente, la forma en que Tadashi eludía, embestía, y saltaba con aquellos movimientos que casi podían compararse a la flexibilidad de Honey en cada misión, por todo el magnífico patio de Fred, dejando una estela de robots inmóviles e inútiles a su paso, parecía algo casi poético.

Cuando dejó caer al octavo robot frente a él, luego de deslizar el sable de su cadera, pudo ver como Tadashi se volvía hacia los otros dos restantes. Su pecho subía y bajaba a un ritmo ligeramente acelerado debido a la respiración agitada, siendo notable desde donde Hiro se encontraba. El sudor producto del esfuerzo perlaba su frente y pegaba varios de sus cabellos azabaches a sus sienes. Claramente ya estaba cansado, pero su mirada seguía tan firme y segura como al comienzo de la demostración, y aquella sonrisa confiada no había flaqueado ni una vez en todo ese tiempo, a pesar de los ataques.

Se preguntó en qué momento exactamente había dejado de desear cubrirse los ojos para evitar ver el sufrimiento de su hermano y había acabado no pudiendo despegarlos de él, o en qué momento Fred se había acercado a ellos, recostándose en el suelo para poder ver, como un verdadero fanático, a su hermano luchar y nadie había ido hasta el control para desactivar a los robots en caso de que Tadashi fuera lastimado. Lo único de lo que había sido consciente en toda aquella escena irreal era sido la manera en que su respiración se cortaba cada vez que uno de los robots se acercaba a Tadashi con intenciones de golpearlo, sólo para volver a inhalar profundamente cada vez que los veía caer, aún a pesar de saber que él debería ser quien reparara la masacre que estaba causando su hermano.

Tragó saliva al ver como, con ambos sables alzados, Tadashi echó a correr en dirección a los robots, a la vez que éstos salían a su encuentro.

Cuando le vio detener el golpe de uno de ellos con ambas espadas frente a su rostro, sólo pudo soltar un jadeo, y sentir como sus piernas perdían fuerzas, mientras Tadashi lograba salir de debajo del robot y, con un asombrosamente veloz giro de su cuerpo, posicionarse a su espalda y con un certero movimiento, atravesar la nuca del humanoide con la katana. Estaba muriéndose por preguntarle a su amigo si es que había modificado la fuerza que podían utilizar los robots, o si es que los microbots le habían servido un plato de esteroides cada desayuno a su hermano. Porque, de otra manera, no había forma de que un humano normal lograra hacerle frente a un robot con la fuerza suficiente para aguantar una lucha cuerpo a cuerpo con Baymax.

-Tranquilo, amiguito- la voz de Fred, junto a sus pies, le llegó casi lejana. Tuvo que agitar varias veces su cabeza para despabilar y bajar la mirada al muchacho rubio, que le observaba con un brillo tranquilizante en sus ojos y una igualmente confortable sonrisa-. El golpe más poderoso que pueden dar es de cien kilogramos, a una aceleración de setenta kilómetros por hora. Y sí, el que lo esté soportando de esa forma... ¡Es algo espectacular!

Eso sólo hizo jadear nuevamente a Hiro, antes de dirigir su vista a su hermano nuevamente, con los ojos abiertos de par en par, sólo para ver como enviaba su katana directamente a la unión del hombro y el brazo, antes de que el robot se moviera y se resbalara por la coraza del pecho.

-T-Tadashi- susurró, atónito, mientras veía a su hermano detener la poderosa embestida de una de las extremidades del robot con una sola espada, antes de, en un asombroso y casi imposible giro de su muñeca, enterrar su sable en la misma unión con la que había despachado al anterior.

Tadashi bufó pesadamente, cansado. El sonido del torrente de sangre que corría bajo sus oídos apenas le permitía ser consciente del sonido de su propia y agitada respiración. Con el dorso de la mano libre, retiraba el exceso de sudor sobre sus ojos. Observó por un momento eterno al robot que se sostenía sólo por las katana en su mano izquierda, cómo si en realidad acabara de olvidar lo que acababa de hacer hace tan sólo segundos, antes de que la consciencia de lo que acababa de lograr le golpeara de lleno, causando que una enorme y triunfal sonrisa se extendiera por sus labios, tan amplia, que estuvo seguro de que llegaron a rasgarse.

Deslizó su sable fuera del cuerpo del robot, observando como, en cuanto el contacto con el metal que mantenía sus circuitos apenas conectados desaparecía, el robot caía a sus pies con el mismo ruido estridente y metálico que el primero.

Inhaló profundamente un par de veces, aún asombrado, mientras llevaba su mirada al despliegue de robots acabados a su al rededor, inmóviles, inútiles, como simples maniquíes oscuros sobre la roca. No pudo evitar sentirse culpable al ver tal desperdició, pero se prometió a sí mismo que él se encargaría de arreglar el desastre que había ocasionado en sus circuitos e, incluso, los dejaría mejor que antes.

Respirando hondo una vez más, Tadashi se giró por fin hacia sus amigos, y, ante las miradas atónitas de cada uno de ellos, simplemente no pudo evitar soltar una risita avergonzada y rascarse la nuca, incómodo de saberse el centro de atención.

-Como todo buen asiático, tenía que saber defenderme- soltó el mayor, como pobre excusa, y Hiro lo reconoció como un intento de relajar el ambiente y devolverlos a la realidad. Bajó la vista hasta ambas katanas en sus manos, y el chico creyó ver un brillo extraño en su mirada, algo similar a la nostalgia, al dolor y el cariño mezclados en el fondo de esos ojos tan similares a los suyos, y Hiro se preguntó qué clases de recuerdos le traían aquellas armas-. Aunque he de admitir que estoy un poco oxidado.

-¿Un poco oxidado?- repitió, irónica, Gogo, viéndole como si el mayor estuviera tratando de tomarle el pelo, y Hiro no pudo sentirse más identificado con su expresión.

-C-Cielos, Tadashi. Siempre creí que odiabas las armas- comentó Honey, viendo con los de por sí gigantescos ojos verdes abiertos de par en par al joven, que se acercaba con paso tranquilo al grupo. El aludido sólo le dedicó una mirada avergonzada y una igualmente apenada sonrisa, al tiempo que se encogía de hombros.

Abrió la boca para decir alguna cosa, pero se olvidó por completo cuando, a su lado, Fred ya no pudo contener el exceso de emociones que estaba soportando.

-¡Casate conmigo!, ¡Te lo imploro!

El grito hizo que Tadashi diera un brinco en su sitio, mirando con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa, de igual forma que el resto de sus compañeros de equipo. Aunque, luego de superar su momentáneo shock, no pudo evita soltar una pequeña risa entre dientes, antes de soltar una sonora carcajada que acabó por extenderse por todo el grupo, reverberando en el silencio casi perfecto del gigantesco patio.

Salvo, por supuesto, por Hiro, que contemplaba a su hermano como si estuviera viendo a un completo desconocido. ¿Quién era ese sujeto frente a él?, ¿Quién era aquel tipo que blandía espadas con la misma facilidad que él tomaba un lápiz para trazar planos?, ¿De dónde había salido aquel tipo que se veía tan confiado mientras dejaba una estela de robots inútiles y devastados a su paso? Aquel sujeto que había salido de la nada después de que su Tadashi llegara de nuevo a tratar de rescatarlo de sí mismo, y ahora se veía tan a gusto con la idea que llegó a combatir en primer lugar.

-Amigo, ¿Te imaginas si fueran de láser?- la pregunta de Wasabi, cuyo tono de voz lleno de emoción llegó lejano a sus oídos, como si una habitación entera los separara. Contenía una euforia que nunca antes había visto en su persona ante la expectativa de aquella absurda idea. De alguna manera, se sentía como si hubiera sido traicionado por él.

-No veo como eso puede ayudar a salvar civiles... ¡Pero sería genial!

-¡Exacto!

Traicionado por todos ellos. Se corrigió en su fuero interno, con una voz que, extrañamente, sonaba muy similar a él cuando hacía berrinches de pequeño; cuando las carcajadas de todos estallaron luego de un comentario de Fred que no logró oír. No podía simplemente creer que estuviera viendo al mismo hombre furioso de unos momentos atrás ahora compartir aquella charla tan optimista y repleta de expectativas junto a otro miembro de su equipo ¿Ahora un equipo de héroes adolescentes pirados y llenos de tecnología no parecía algo tan terrible? Maldito hipócrita.

En verdad, no lograba entender qué era lo que tenían sus amigos en mente en ese momento. ¿No eran conscientes del peligro al que estaban exponiendo a su hermano? Porque Hiro simplemente no podía dejar de ver a aquel sujeto como su hermano, aún cuando fuera más que evidente que había muchas cosas de él de las que no tenía idea.

La ira, la frustración, reverberaron en su garganta con tanta fuerza que debió morderse el labio inferior para no emitir ningún sonido que atrajera la atención de los demás sobre él. Aunque, por la forma en que Baymax, a un lado de todos ellos, lo miraba fijamente era evidente que al menos ya había realizado un escaneo de sus niveles de hormonas ¿Por qué ahora que habían logrado unirse de nuevo Tadashi tenía que inmiscuirse en algo tan peligroso?, ¿Cómo era lógico, en algún cerebro, que su hermano se expusiera nuevamente a situaciones de riesgo como las que ellos enfrentaban cada semana, a menos de un mes de haber despertado de un coma?, sencillamente, también, ¿Cómo era posible que todos allí estuvieran tan alegres con esto?, ¿Acaso no recordaban nada del último año?, ¿El dolor?, ¿La culpa?, ¿La desolación?

Cerró los ojos con fuerza, sintiendo que se desbordaban. No quería ver la imagen de todos riendo mientras Tadashi, una vez más, se condenaba a morir de forma innecesaria.

¡¿Es que se habían vuelto todos completamente locos?!

-¿Hiro?

La voz del culpable de todos sus pesares en el último año llegó a sus oídos como un bálsamo al torrente de pensamientos que le inundaban en ese momento, y se odió porque, a pesar de estar más que furioso con él y con lo que estaba haciéndole, sólo bastaba con la voz de su hermano mayor, grave, pero amable y preocupada, para que la Tierra volviera a ser tangible bajo sus pies y el mundo volviera a tener sentido a su alrededor.

Lo había notado la primera semana desde que comenzaron a acercarse nuevamente. Lentamente, de repente los exámenes volvían a ser algo útil, algo que tenía sentido en su vida como estudiante e inventor. Sus inventos de nuevo tenían motivaciones que los volvían, más que un pedazo de metal con movilidad, parte de él. O mejor dicho, estaba volviendo a poner un poco de él en cada uno de sus inventos.

De la nada la comida de tía Cass tenía un sabor asombroso y hogareño, y eso que siempre le pareció deliciosa. Los colores y las cosas se veían vívidos, no sólo como simples manchas borrosas que poblaban su vista periférica cuando caminaba por la calle.

Todo a su al rededor se veía más real desde que Tadashi había vuelto a estar junto a él, y fue sólo luego de esos primeros días cuando notó que había estado viviendo los últimos meses como un fantasma, un testigo silencioso de la vida de los demás. Había notado que, aunque fuera capaz de hacer las cosas muy bien de esa forma, en verdad nunca daba su cien por ciento. Era un alumno aplicado, tenía becas, era reconocido en el mundo de la ciencia por su gran intelecto e ingenio a su corta edad, pero, en verdad, ¿A quién quería engañar?

Mientras él era felicitado por todas las cosas que hacía bien en el instituto, sólo porque se le daban con facilidad, Wasabi se esforzaba para, algún día, ser capaz de volver lo menos riesgosas posibles las actividades de excavación y minería para los obreros del mundo. Gogo revolucionaría el mundo del deporte y el transporte con un vehículo que requería el mínimo esfuerzo y sin más movilidad que la tracción a sangre. Honey sería una química reconocida, capaz de crear artefactos para fabricar hogares con precios accesibles y colores extravagantes. Fred... bueno, sólo Dios sabía lo que haría Fred de su vida, pero estaba seguro de que sería genial.

En definitiva, él podía ser el más reconocido, pero ciertamente no era el más comprometido con su trabajo del grupo. En verdad ¿Qué era lo que había logrado además de los microbots? ¡Nada! Puros protótipos que no llegaban a ningún lado porque no tenía imaginación suficiente para hacer de ellos algo más grande, y algunas reformas en Baymax que iban dirigidas a lo único en su vida que, después de Cass, lograba despertar algún nivel de compromiso en él, los Grandes Seis, salvar a los habitantes de San Fransokyo.

Pero una cosa era quien era Hiro cuando estaba vestido con su traje de héroe, y otra muy diferente era el Hiro que se preguntaba, cada noche, qué era lo que pretendía hacer de su vida luego de la Universidad, y nunca había logrado responderse nada al respecto.

Es decir, se hallaba en el mismo punto que hace un año ya, cuando todo empezó. Sin motivación, sin una dirección en la vida, sin una vocación en la cual desahogar toda la pasión que sentía, y completamente estancado.

Acabado a una edad demasiado temprana, como había dicho Tadashi.

Y era gracias a él, al que por fin hubiera regresado, que las cosas se veían más optimistas en su vida, que su casa por fin volviera a sentirse como un hogar, sin los pesares de su tía y los de él llenando cada rincón de la casa al punto de tener que expandirla para no ahogarse en toda la depresión que sentían. Era por Tadashi que, de repente, tenía ideas nuevas acechándolo a cada segundo que permanecía frente a una llave y una tuerca, era por él que el mundo, de repente, parecía volver a girar y billar como antes, incluso más tal vez.

Era por eso que, ahora que lo tenía de vuelta, no podía aceptar que su hermano fuera tan egoísta como para buscar, tan rápido al menos, una manera de volver a irse. Era por ello que simplemente no podía dejarle entrar al equipo, que no podía permitir que Tadashi hiciera alguna de las locuras que ellos habían hecho ya, como luchar con un asesino, evadir disparos de armas de fuego, entrar en edificios derrumbándose para rescatar al último anciano y salir apenas con la rapidez suficiente para no acabar aplastados o hacer frente a vagones llenos de personas que se desplazaban a peligrosas velocidades.

-Hiro- le volvió a llamar, y, aunque su voz se oía lejana, fue suficiente para que, al alzar la mirada, pudiera ver las cinco miradas llenas de preocupación que se posaban sobre él, más específicamente la mirada consternada y preocupada de su hermano, a la vez que sentía una sensación húmeda y caliente hacer cosquillas al recorrer sus mejillas.

Tadashi quiso apartar la mirada cuando la de Hiro chocó con la suya, pero tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para enfrentarse al dolor que inundaba sus ojos en ese momento.

La expresión de Hiro permanecía inescrutable, seria, pero relajada. No había nada en sus facciones, más allá de los senderos que formaban sus lágrimas al caer por sus mejillas, que dejara entrever todo el sufrimiento, toda la rabia que estaba pasando en ese momento.

Eran sus ojos, no obstante, aquello a lo que Tadashi temía enfrentarse más que a nada. Aquellos ojos enormes, de un color brillante y dorado cuando los rayos de luz solar atravesaban su iris al atardecer, tan inocentes pero para nada ingenuos, que eran capaz de decir más con una mirada que todas las palabras del mayor escritor de todos los tiempos pudiera confeccionar en una historia. Hiro era de ese tipo de maravillosas personas que eran capaces de expresarse con la mirada, reían con ella, gritaban y te enamoraban sólo con verlas. Por eso Tadashi estaba sufriendo horrores, en ese momento, el soportar la mirada de su hermano menor sobre él, porque así como él mismo era terroríficamente inexpresivo cuando estaba furioso, Hiro era capaz de hacerte comprender como se siente, e incluso ponerte en su lugar, sólo con mirarle a los ojos.

Aquellos ojos dorados anegados en lágrimas, que le miraban como si acabara de recibir una sentencia de muerte, desesperados, aterrados, con un dejo de desilusión que pronto se tornó en resignación a medida que más agua brotaba de su ser. Parecía como si estuvieran a punto de cortar las alas a un ave que apenas volvía a vivir, temió ser demasiado crudo como para compararlo con un enfermo oncológico en recuperación que recibe la noticia de que el cáncer se volvía a expandir. Era como ver la vida ser arrebatada poco a poco de alguien que apenas comienza a vivir.

Y lo peor de todo, de toda aquella desolación, de toda aquella desesperanza, no era lo que para él significaba verla en los ojos de su hermano pequeño, ni que pareciera que estaba a punto de morir de dolor, en silencio, de un segundo a otro. No, lo peor de todo ese dolor, de todo ese sufrimiento, no era ver que Hiro estaba resignado. Por el contrario, lo peor allí era ver el destello, la efímera luz de la esperanza, que reposaba y brillaba con luz propia como una última luciérnaga en el fondo de los ojos dorados por los postreros rayos de sol.

Y la forma en que le veía a él. Porque aquella última chispa de esperanza descansaba en la ínfima posibilidad de que él, como buen y sensato hermano mayor, en el momento final, rechazara la condición que él mismo había impuesto y se marchara por la puerta, silbando bajo, y fingiendo que nunca había existido esa tarde a comienzos de invierno.

Pero, para su dolor y más profunda pena, Tadashi no podía hacer eso. No podía, simplemente, saber a las cosas que se enfrentaba su hermano todo el tiempo, y no estar él a su lado para protegerlo. Porque, bien, había funcionado sólo con Baymax y los chicos por casi un año, pero ahora que estaba ahí bajo ningún concepto delegaría en otros la responsabilidad que por derecho le pertenecía.

Él era el único encargado de proteger a Hiro, y eso era exactamente lo que haría.

No estuvo seguro de si fue porque el sol acababa de esconderse tras los altos muros de la casa de Fred que, aún así, tenía una asombrosa vista a la playa y el horizonte, o por algo sobre lo que no se atrevía a pensar siquiera, pero en el momento en que la convicción en su decisión llegó a sus gestos y se arrodilló sobre un de sus piernas para poder trabar su mirada a la altura de la de su hermano, aquel brillo dorado, aquel último vestigio de esperanza, desapareció de sus ojos, dejando sólo un color opaco y dos senderos de frías lágrimas cayendo por aquellas dulces mejillas.

La katana cayó en el frío suelo cuando Tadashi llevó sus manos al rostro del menor. Delicadamente, como si temiera romperlo.

-¿Por qué me haces esto?- preguntó, con voz quebrada, dolida, mientras sentía los dedos de Tadashi recorrer su piel, retirando las lágrimas con dulzura, siendo la calidez de sus callosos dedos una sensación agridulce sobre su fría piel, ya fuera por la temperatura de afuera, que descendía junto con el sol, o por la de su interior, que descendía al ver que nada sacaría aquella ridícula idea de la cabeza de su hermano.

Tadashi sonrió con ternura, como el único consuelo que podía darle, mientras insistía en limpiar su rostro, sin importar que, por cada lagrima que limpiara, dos vinieran detrás, antes de, por fin, tomar el rostro de su hermano con delicadeza entre sus manos, como si fuera lo más frágil del mundo, y obligarlo a mirarle fijamente a los ojos, para que pudiera ver que en los suyos no cabía mentira o duda alguna.

-Porque quiero que comprendas que estaré junto a ti en todo, que no volveré a fallarte- susurró, sin prestarle la menor atención a las miradas de sus amigos, alguna que otra llorosa por la emoción, o cualquier otra cosa que no fueran los ojos, ahora ligeramente abiertos por la sorpresa, de su hermano. Su sonrisa se ensanchó, dejándole llenarse de todo el amor que sentía por él, antes de volver a hablar-. Así que déjame hacer esto contigo, Hiro. Por favor.

El menor permaneció en silencio, prendido de aquellos ojos, tan similares y tan diferentes a los suyos, que brillaban en la penumbra herida por las luces del lugar. Lo que vio en sus ojos era eso que ya había descubierto antes, para su más profunda pena y horror: sinceridad, una convicción férrea que permanecía allí, sin la más mínima mella en su firmeza a pesar de sus intentos desesperados. Conocía a su hermano lo suficiente como para saber que, en el mismo momento en que se supiera digno de ser admitido, nada ni nadie lograría que cambiara de opinión y, mucho menos, se echaría atrás teniendo la aprobación de la mayoría del grupo.

Aunque hubiera tenido más fuerza, más argumentos o más tiempo para tratar de cambiar el rumbo de las cosas, Hiro estaba seguro de que en el momento en que ese brillo apareció en los ojos oscuros del mayor, ya de nada serviría el esfuerzo. No le cabía la menor duda de que su hermano estaba haciendo esto, efectivamente, por él, porque la sinceridad de su hermano era vasta y palpable, pero aún más lo era su determinación, lo que quería decir que, no importa lo que él opinara, Tadashi entraría al equipo con o sin su aprobación.

Respiro hondo, tratando de serenarse, aún cuando era consciente de que las lágrimas no habían dejado de fluctuar aún en sus rostro. Miró a su hermano a los ojos, viendo aquella mezcla, dolorosa para él, de vulnerabilidad y firmeza, aquellos sentimientos que, sabía, eran a causa de verle llorar, pero saber que estaba haciendo algo para, según él, protegerlo.

Con un pesado suspiro, mordiéndose el labio inferior con fuerza para reemplaza con ese dolor el que sentía por dentro, asintió lentamente, con rabia, con resignación.

Acababa de echar la soga al cuello de su hermano.

Cuando aquellos brazos le envolvieron con fuerza aplastante, tan fuertes y tan cuidadosos a la vez, Hiro sólo pudo cerrar los ojos y enterrar su rostro en el hombro de Tadashi, aspirando con suavidad el aroma de su piel, dejando que su distintivo aroma a hierba y menta mezcladas con alguna colonia para hombres inundara sus fosas nasales, tratando de ignorar lo mucho que estaba sufriendo toda esa situación.

-Gracias- le oyó susurrar a su oído, y sólo pudo fruncir el ceño, dolido, cuando se percató de que su voz estaba rota por la emoción, estrechándole con más fuerza contra su cuerpo, como si, por primera vez en todo ese tiempo, él fuera consciente de lo que había pasado. El tiempo lejos, el dolor que había provocado, la desolación y, por sobre todo, la profunda e inmensurable felicidad que le invadía al volver a estar juntos, la forma en que su corazón se disparaba sólo por verle llegar a desayunar cada mañana, o como el mundo se movía con tan sólo oír el sonido de su voz.

Le devolvió el abrazo, estrechando su cuello con sus enclenques brazos, sintiéndole temblar junto a él.

Nunca un abrazo de su hermano le había sabido tanto a gloria y derrota al mismo tiempo.

Temía echarse a llorar allí mismo, con el cuerpo de su hermanito pegado al suyo, siendo consciente por fin de lo vulnerable y abandonado que le había dejado, y sintiéndose una escoria al sentir su pecho henchirse de felicidad al sentir como se le aceleraba el corazón contra el suyo, como si estuvieran en una competencia para demostrar quien de los dos podía soportar más tiempo antes de sufrir un ataque de felicidad.

-Bien, es oficial- la voz de Wasabi rasgó el velo de intimidad que el par de hermanos había desplegado a su al rededor, ajenos al espectáculo que estaban propiciando y que, con mucho esfuerzo, todos habían logrado sobrevivir sin derramar más de unas cuantas lagrimas. Los cuatro chicos restantes intercambiaron una mirada cargada de significado, antes de, en completa sincronía, gritar al unísono y de forma que obligó a los hermanos a soltar un respingo exaltado- ¡BIENVENIDO AL EQUIPO!

Y, cuando todos se lanzaron sobre el dúo de magdalenas, sacándoles una exclamación de sorpresa al tiempo que todos aterrizaban violentamente en el suelo, en un manojo enredado de risas, llanto, brazos y piernas, Tadashi reflexionó que, por suerte para él, y muy posiblemente para Hiro también, tenían un grupo de amigos especializados en arruinar ese tipo de momentos, y se los agradecía con todo el alma.


Listo, es lo que puedo darles por ahora. espero que puedan perdonar tal brevedad después de tanto tiempo de ausencia, pero trataré de dar todo de mi para poder volver a estar publicando e forma medianamente regular en los próximos meses.

Se preguntaran: ¿De dónde carajos sacó Tadashi la maldita habilidad con las espadas?, ¿La autora se fumó de la buena o sólo lanzó lo primero que se le vino a la cabeza? Bueno, lamento informar que nunca escribo bajo los efectos de las drogas -aunque parezca- y que la cuestión de Tadashi espadachín tiene una explicación que me guardo para el futuro, así que habrá que esperar.

Nos vemos.

Besos y Abrazos.

Mangetsu Youkai.