¡Buenas, buenas! Me presento por aquí a dejar este capítulito para aliviar a los que ya estén en clases y los que, como yo, vemos cerca las puertas del Averno... digo, facultad.

Bien, no hay mucho que decir aquí arriba, salvo tal vez que todo parece indicar que spy incapaz de escribir caps breves, así que sepan disculpar si les molestan.

Bien mis Grandes Héroes, los dejo leer. Nos vemos más abajo.


Llanto al Atardecer


Considerando que el invierno ya se había hecho plenamente presente en la ciudad, que el frío le congelaba el culo y que el sudor que se deslizaba por su rostro y cuello se sentía como corrientes de pequeñas cuchillas sobre su piel, no era normal que el agua gélida que estaba bebiendo le resultara tan reconfortante y deliciosa como para acabarse todo un vaso de un trago. Pero, teniendo en cuenta que los entrenamientos siempre lograban que su cuerpo ardiera dentro de la tela de su traje, estaba en condiciones de decir, sin miedo a equivocarse, que podría ser el día más gélido del puto invierno pero él se sentiría como en el Infierno.

Mientras recuperaba el aliento después de casi haber sido aplastado por uno de sus robots, Hiro cerró los ojos, disfrutando de la brisa que recorrió su cuello y sus mejillas sonrosadas por el esfuerzo. El invierno en San Fransokyo no solía ser exactamente gélido a pesar de que la ciudad era bañada en sus costas por el Pacífico, puesto que estaba rodeado por los desiertos californianos. No obstante, sí solía ser más fresco que en el del resto del Estado e incluso era normal que nevara en las cumbres de las montañas cercanas a la ciudad. Alguna vez había nevado en la ciudad también, pero de eso habían pasado ya ocho años y mucha contaminación ambiental... aunque el mundo estaba tan loco que, cada año, no perdía las esperanzas de poder ver su ciudad cubierta de blanco.

Se sirvió un segundo vaso, notando que la jarra seguía recubierta por la condensación de agua a pesar de llevar buen rato al aire libre, y se giró a ver a sus amigos seguir entrenando.

En la arena en la que habían convertido el patio de Fred, Wasabi y Honey estaban enfrascados en una batalla amistosa diseñada para medir la resistencia de las armas de cada uno contra las del otro, y llenaban el aire del lugar con una charla amena que apenas llegaba a ser oída tras el bullicio de las demás batallas. Como la de Fred, que ya llevaba treinta minutos saltando por cada superficie a su alcance y tratando de desmantelar e incinerar a alguno de los robots que le atacaban, sin éxito alguno, cabe destacar.

Sin embargo, la confrontación que por lejos más ruidosa era no podía ser otra que la de su hermano y la delicada coreana que se deshacía en insultos y comentarios soeces al no poder darle de lleno en la cabeza a su contrincante con uno de sus discos. A los que, obviamente, había desactivado la función de cuchillas antes de comenzar.

Aunque había creído que los entrenamientos con el equipo eran una forma segura de preparar a Tadashi correctamente antes de poder ser su compañero en el campo sin que le dé un ataque cada vez que le veía luchar, el ahínco con el que Gogo se elevaba casi en un ángulo recto sobre él para lanzar sus discos en un plano occipital perfecto sobre la cabeza de su hermano despertó ciertas dudas en Hiro.

Acabó calmándose al notar que los reflejos de Tadashi bien podían ser mejores que los de todo el equipo junto por algún motivo que aún se le escapaba. ¿Qué rayos había hecho Tadashi durante toda su niñez para pasar de ser un nerd campechano a un ninja experto en batallas en tres segundos?

Y es que, aunque exagerado de su parte, no podía más que compararlo con uno de esos guerreros shinobi de la era Edo que poblaban los libros de su casa -herencia de su abuelo paterno-, cada vez que veía la ligereza y elegancia con las que su hermano eludía los ataques de la coreana.

El esfuerzo que Tadashi estaba empleando para no recibir ningún ataque se reflejaba por completo en el sudor que perlaba su rostro y la mueca de concentración que estaba esbozando, más no así en los movimientos y la fuerza de su cuerpo. Sin poder evitarlo, se quedó prendado de los movimientos que realizaba su hermano a escasos metros de él, asombrado de la eficacia con la que seguía desplazándose de un lado a otro, blandiendo sus katanas con facilidad y certeza como si fueran los primeros minutos de la pelea en vez de llevar casi una hora así. Mientras incluso Gogo había perdido algo de su fuerza y gracia, Tadashi seguía deslizándose con la facilidad de una sombra de la vía de los proyectiles de la chica, realizando piruetas asombrosas que nada tenían que envidiarle a la elasticidad de Honey y dando giros en el aire a una altura que parecía casi imposible, y sin utilizar sus alas, para la más plena frustración de su amiga.

De hecho, el chico no tenía puesta su armadura, sino que estaba practicando con las ropas ligeras y flexibles que iban debajo de las corazas que utilizaban, ayudando a que su imagen de ninja creciera ante sus ojos y que a Fred casi le diera un ataque de fanboy al verle llegar. Desde luego, nunca le dejaría desligarse de aquella forma de su única protección en una batalla real, aun cuando claramente no la necesitara pues, de no conocerla, creería que Gogo estaba tirando a matar, y Tadashi había demostrado estar más que a la altura de su amiga.

-¡Quieto!- vociferó molesta, aun cuando la diversión era clara en su mirada. Tomó impulso desde una de las columnas renacentistas del patio, antes de alzarse sobre su hermano y lanzarle dos discos.

-¡Oblígame, Sonic!- desafió, igual de divertido que la coreana, mientras se escapaba del primer disco haciendo un roll sobre el suelo, sólo para erguirse sobre una rodilla y su pierna flexionada y escudar su rostro detrás de los sables de brillante plasma rojo, cruzados como una equis sobre él.

Cuatro pedazos del disco repiquetearon alrededor de su hermano un segundo después de que las cuchillas los atravesaran como mantequilla, oscilando como hojalata en giros erráticos sobre el suelo, antes de detenerse por completo.

Sin embargo, a pesar del pequeño estruendo, Hiro no pudo notar otra cosa que no fuera la figura de Tadashi en aquella posición.

Sintió su respiración contenida en su garganta al ver su rostro, que perlado en gotas de sudor que se deslizaban por la ruborizada piel, mantenía una sonrisa divertida y desafiante que curvaba sus jadeantes labios, mientras una mirada de superioridad y altanería que nunca hubiera creído posible de su hermano hasta ese día brillaba en sus ojos, dirigida a la jadeante coreana que le fulminaba con la mirada mientras trataba de recuperarse, apoyada en una de las columnas. Sintió la piel de todo su cuerpo erizarse cuando sus ojos cayeron, traviesos y aventureros, sobre el cuerpo de su hermano, apreciando la trabajada espalda a través de la fina tela de micra de su traje. Éste se pegaba a su cuerpo como una segunda piel, permitiéndole detallar cada tenso y firme músculo de su cuerpo, definidos al punto de casi parecer haber sido cincelados a mano y que, junto a la curva pronunciada que dibujaba su espalda al arquearse para recibir el lanzamiento, causaban que el esbelto torso del mayor quedara en evidencia para todos, al igual que la fuerza de los músculos tensos de sus muslos y pantorrillas.

Y la firmeza de ese magnífico trasero...

Hiro se ahogó con el agua que estaba bebiendo, pero disimuló la tos lo mejor que pudo mientras sentía sus mejillas arder con la misma intensidad que su garganta ante ese pensamiento.

Estaba realmente enfermo.

Avergonzado, agitado y al borde de las náuseas, Hiro volvió a mirar de reojo la arena, donde Tadashi se había puesto de pie en una posición relajada, manteniendo una conversación con Gogo que no alcanzaba a descifrar pero que era evidentemente mucho más amena que la que llevaban mientras entrenaban. Tadashi rio, y ver reír a su hermano era un bálsamo a su alocado cuerpo adolescente, más no a su mente. Seguía resultándole atractivo, sexy incluso mientras atrapaba el pequeño cuerpo de la coreana –ahora libre de su casco-, que con sus patines le llegaba hasta el cuello, le hacía bromas y desordenaba su cabello de la misma manera que hacía con él.

Hace dos semanas, cuando toda aquella locura había despertado en su cuerpo errado, Hiro se había sentido molesto ante la cercanía de ambos jóvenes, pero en aquel tiempo que Tadashi llevaba dentro del equipo le había quedado más que demostrado el hecho de que en Gogo no veía más que la hermana abusiva que nunca había tenido.

El alivio instantáneo que había sentido en ese momento le hubiera resultado de lo más normal en caso de que sus celos se hubieran dirigido a Gogo... pero el hecho de que claramente fuera por un instinto posesivo hacia Tadashi no hacía más que alarmarlo el doble de lo que ya estaba.

El caso de complejo de Edipo que había desarrollado en los últimos días no había hecho nada más que aumentar desde aquella primera noche en su habitación y, para su horror, Hiro incluso se había descubierto despertando a la mitad de la noche, sudado y con la respiración agitada, luego de haberse soñado en situaciones comprometedoras con su hermano mayor.

Decir que su situación era algo completamente sin sentido era quedarse corto.

Era una locura con la que debía acabar, no podía seguir permitiendo que pensamientos aleatorios y fuera de lugar le asaltaran cuando menos lo esperaba, diseñados especialmente para avergonzarlo y aterrarle al punto de quedarse de piedra por unos segundos cuando recaía en ellos. No podía darse esos lujos en la universidad y mucho menos en las misiones.

Sin siquiera darse cuenta, había llevado su mirada ceñuda desde su sonriente hermano hasta el vaso de cristal entre sus manos, mirándolo de una manera en que, de haber sido posible, hubiera derretido el vidrio. Aquella situación también causaba que su enojo consigo mismo se escurriera hacia las personas a su alrededor, y le era cada vez más difícil refrenar sus malos modos.

-¡Hiro!- el grito que atravesó la arena hasta llegar a él tenía un tono jovial y emocionado que, por venir de quien venía, logró disipar un poco su malhumor, en sorpresa principalmente-¡Ven a entrenar un poco más!- volvió a vociferar causando que, para su bochorno, todas las miradas se centraran en él, divertidas y curiosas. El sonrojo en sus mejillas fue irrefrenable cuando sus ojos chocaron con los de dulce chocolate de su hermano, que le miraba curioso, y Hiro se crispó cuando el mayor separó sus labios en una sonrisa sincera que dejó asomar todos sus blancos dientes. Podrían ser más cercanos desde que estaba en el equipo, pero mataría a Fred si el vuelco de su corazón o siquiera la calidez que le invadió ante el simple gesto de Tadashi hubiera sido notoria para alguien más por culpa de que llamó la atención de todos hacia él-. Sé que si piensas que estos robots son el idiota de Rakitic la vas a pasar muy bien- continuó el rubio, completamente seguro de sí mismo, señalando el robot descuartizado, humeante, y negro en hollín que descansaba a sus pies con una gran y satisfecha sonrisa.

Cuando la mirada de su hermano, al igual que las de los demás, se volvió curiosa sobre él, Hiro no pudo más que reír entre dientes con nerviosismo, mientras pensaba en las múltiples formas de obligar al rubio a meterse sus propias llamaradas por el culo.

-¿Qué hay con el profesor de Ingeniería?- preguntó el mayor, acercándose a él con pasos lentos y calmos, al igual que los demás. Hiro no pudo evitar sentir que su cerebro desconectaba por unos segundos al ver nuevamente la esbelta figura de su hermano moverse con seguridad mientras caminaba hacia él.

-Estuvo menospreciando los nuevos robots que prepara Hiro- respondió Fred para su alivio y más profundo horror, en lo que se lanzaba en una de las tumbonas a su lado, relajado, mientras el menor por fin salía de su transe para fulminarle con la mirada.

-Fred...- refunfuñó en una advertencia molesta, y el chico sólo pudo mirarle con curiosidad, antes de esbozar una expresión de pánico al saber que había metido la pata otra vez. Hiro alejó la mirada del joven, negando repetidas veces con la cabeza. Sólo a Fred le había contado de aquello, y nada más porque la frustración le estaba carcomiendo y tenía la más pura certeza de que a él las cosas le entraban por un oído y le salían por el otro.

Bien, se había equivocado. Fred era un excelente oyente, pero maldición, ni siquiera había compartido aquello con su familia y por la ceja alzada en el rostro de Tadashi, las recriminaciones no se harían esperar al llegar a casa.

-¿Eso hace?- la pregunta de Honey, en aquel tono preocupado que siempre acababa por hacerle sentir culpable, le sacó de sus pensamientos, y acabó por llevarle a aquel mundo lleno de compasión que a veces tan incómodo le ponía.

-No le hagas caso, Hiro. Esos amiguitos son geniales- afirmó Wasabi, con su voz alegre y grave, antes de acercarse a darle una palmada de apoyo que por poco no le obliga a soltar sus pulmones en el césped.

-Eso, y que Rakitic es un completo imbécil- acotó Gogo, explotando un chicle que acabó por pegar en la jarra, antes de beber directamente de ella. Casi sintió hacer arcadas a Wasabi junto a él.

Una pequeña sonrisa agradecida se escapó por sus labios. Sus amigos podían ser de todo menos convencionales, y sus formas de dar apoyo eran completamente bochornosas para alguien como él, tan reacio a ser el centro de atención. Pero, sin embargo, era más apoyo del que nunca hubiera esperado recibir en su vida, sincero e incondicional, al igual que cada uno de ellos. Eran un grupo en que todos siempre buscaban la forma de subir los ánimos de quien estuviera decaído y dar un hombro para descargarse al que lo necesitara, entre risas, rabietas y bromas, y por esos detalles que se hacían presentes cada día Hiro no podía imaginarse un grupo de amigos mejores que aquellos cinco locos y su robot.

Y por lo mismo era que no podía permitirse el preocuparles por cosas tan carentes de importancia como la extraña manera en que su profesor de Ingeniería parecía tenerle un lugar de honor entre ceja y ceja.

-No se preocupen- pidió, restándole importancia con un movimiento de su mano y dejando su vaso sobre la mesa, para luego tomar asiento junto a Fred, o al espacio que dejaban sus pies al final de la reposera-. Tal vez es de esas personas que molestan para poder sacar el mayor potencial a los demás- propuso, aunque ni él se lo creyó. Antes de esperar algún comentario receloso, dedicó una mirada llena de significado a Tadashi, ignorando los sentimientos que luchaban por incomodarle sólo de ver a su hermano, y el ligero rubor que se hizo presente en el avergonzado rostro del otro al igual que la manera en que alejó la mirada. Aquello acabó por subirle el escaso ánimo que aún tenía en los suelos-. No sería la primera vez que me pasa.

Sonrió cuando las demás miradas del grupo, entre divertidas y acusadoras, también fueron a parar a su pobre hermano, que esbozó una sonrisa afectada... a él tampoco le gustaba ser el centro de atención.

-Saben ¿No deberíamos seguir entrenando?- acabó por preguntar, apiadándose del mayor, que suspiró por lo bajo cuando todas las miradas, horrorizadas, fueron hacia él otra vez.

-Creo que ya hemos hecho bastante por hoy, Hiro- soltó Tadashi, desactivando sus katanas, en las que no había reparado hasta el momento. Wasabi y Honey asintieron, de acuerdo con él.

La mirada ofendida que Gogo le dedicó al mayor de los Hamada no hizo más que sacarle una sonrisa.

-¿Eres tan poco hombre que ni siquiera me darás la revancha?- preguntó con un grado de indignación que se hacía palpable en el tono de su voz, antes de dar un empujón al pecho del mayor, que ni siquiera se balanceó en respuesta.

-Vamos, Gogo. Ni siquiera podías continuar- se excusó, despeinándola con una mano, antes de emprender el recorrido de regreso hasta la casa de Fred-. Tendrás tu revancha el próximo sábado, ¿Sí?

La coreana refunfuñó algo inteligible para el menor, pero que sacó una sonora carcajada a su hermano. Para su más profundo horror, se metió debajo de su piel con sus tonos graves y bajos, produciendo que todo su cuerpo vibrara en un estremecimiento involuntario.

Para su mala suerte, aquello no pasó desapercibido para su atenta amiga latina.

-Oh, ¿Tienes frío, Hiro?- preguntó, en su tono dulce y amoroso, antes de acercarlo a su cuerpo con una mano en un gesto familiar para con él. De inmediato el calor que su esbelto cuerpo mantenía aún gracias al entrenamiento comenzó a filtrarse por las telas de sus trajes, allí donde no había coraza, para calentar su piel helada.

Ni siquiera había notado la forma en que había bajado la temperatura.

Hiro sonrió en agradecimiento a la chica, ya sin sentirse cohibido por la cercanía. Los ataques de afecto que la veta de sangre latina que corría por las venas de Honey provocaba eran tan frecuentes que había acabado por desinhibir a todos de su contacto en sólo un mes como héroes. Simplemente se resignó a deber caminar pegado a ella hasta llegar a la seguridad y calidez de la mansión de Fred, sintiendo los tiernos mimos que hacía en su cabello.

No había nada que malinterpretar al respecto, Honey tenía un hermano menor de su edad, y solía descargar todo el afecto que él no le permitía darle en Hiro.

Cuando llevó su mirada hacia el frente, casi le da un infarto al ver la mirada curiosa que Tadashi le estaba dedicando por encima del hombro.

-¿Frío?- repitió por lo bajo, antes de alzar sus ojos al cielo encapotado sobre ellos, mirándolo con atención, como si reflexionara sobre él con una mueca curiosa de niño que hizo que algo, muy dentro del menor y a pesar de la temperatura, se derritiera y le hiciera pensar que su hermano era realmente tierno cuando entraba en modo investigador.

Cuando volvió a posar sus ojos en él, Hiro no pudo más que sollozar en su fuero interno, angustiado, cuando su corazón se estremeció como si en él hubiera millares de mariposas revoloteando. La sonrisa de su hermano llegó hasta él, sincera, encantadora y completamente libre de malas intenciones.

-Dicen que hay posibilidades de que nieve este invierno- informó, sin perderlo de vista a pesar de todas las miradas que había sobre su persona, y Hiro no pudo más que suspirar mentalmente, encantado, y devolverle la sonrisa-. Estás ansioso por eso, ¿No, hermanito?

Y así como Tadashi había logrado que su corazón se acelerara y todo su cuerpo vibrara, elevando su temperatura por sí mismo, con una sola palabra logró que se sintiera tan frío como si toda la gelidez del invierno se encontrara dentro de su corazón.

Se forzó a responder, luchando por no parecer afectado:

-Sabes que sí, hermanote.

Le dolía cada vez más tener que llamarle así.


Tener un amigo con una casa tan amplia como la de Fred tenía innumerables ventajas que no se podían ignorar. Pero, de todas ellas, no había alguna que agradeciera tanto como las múltiples habitaciones de huéspedes, con baños incluidos, que poblaban ésta. Eran sin duda una comodidad, sobre todo luego de un entrenamiento o de llevar a cabo una misión, cuando acababan literalmente destrozados.

Hiro suspiró mientras dejaba que el agua cálida se deslizara desde su cabellera, recorriendo todo su cuerpo y relajando sus músculos agarrotados por el entrenamiento y el estrés que se venía cargando desde hace dos semanas exactamente, al tiempo que trataba de acostumbrarse a los chorros de agua laterales de la extraña y lujosa bañera de la casa de Fred.

No obstante, no podía quejarse de esa deliciosa línea de cálidos chorros que le destensaban los músculos de la espalda con su presión.

Podía oír, por encima del rumor del agua a su alrededor y a través de la pared y la puerta cerrada del baño, las pisadas que Baymax daba al caminar por la habitación, hurgando como siempre en los lugares donde nadie lo llamaba. Tal vez se hallaba algo ansioso por escanearlo luego del entrenamiento, puesto que ya que sus exigencias físicas podían ser modificadas con sencillez en lugar de ser desarrolladas como las de los humanos, no era necesario que estuviera presente cuando entrenaban. Cada semana antes de entrenar daba una revisada general a todos sus sistemas y corregía las fallas que se presentaran, pero no eran muchas, y Bay se había limitado a ser un sencillo espectador de sus entrenamientos y a molestar, como una madre histérica, para que le permitieran escanear a cada uno de ellos. Y esta vez, como cada que había logrado escaparse, le esperaba al acecho del otro lado de la puerta.

Hiro sonrió. Evidentemente Baymax tenía más de su primer creador de lo que quisiera, sin importar cuanto se esforzara cada vez por modificarlo.

De forma inevitable la asociación de Baymax a Tadashi acabó por traerlo a su memoria y, con él a todo el sufrimiento que llevaba pasando en los últimos días por su causa.

Luego de Navidad, mientras la emoción de las nuevas cajas de herramientas que les había regalado Cass seguía presente y el afecto inconmensurable de la mujer que se habían ganado con el suéter rojo que se pegaba a ella como una segunda piel, la boina negra -que era especial para las noches de poesía en el café- y un par de guantes negros a juego con ésta continuaban en el aire, Hiro trató de olvidarse de aquel pensamiento extraño y desviado que le había embargado hacía sólo unos días como si su vida dependiera de ello. Trató de no volver a mantener un contacto directo con el mayor ni de dormir en la misma cama, lo que claramente no extrañó a su hermano, pues era común. Se mantuvo distante sin ser hostil, a diferencia de la primera vez, y luchó con todas sus fuerzas por no volver a caer en la tentación de tener otro pensamiento de ése tipo sobre Tadashi.

Fracasó a las veinticuatro horas.

Pero, por favor ¿Cuál era la necesidad de Tadashi de pasearse con el cabello húmedo por la habitación y sólo una toalla en su cintura?

Aún se estremecía cada vez que lo recordaba, en el buen y mal sentido.

Exasperado por el hecho de que los pensamientos se mantenían y curioso como cualquier adolescente o inventor, Hiro decidió buscar información a sus bochornosos problemas con aquel que menos vergonzoso sería al explicarle... o eso creyó, hasta que buscó Complejo de Edipo en Internet.

Si lo odiaba cuando se había visto obligado a estudiarlo en secundaria, ahora estaba completamente seguro de que el tal Freud tenía pase directo a su lista de personas de El Mundo Estaría Mejor si no Hubieran Nacido.

Pero a medida que su travesía a través de múltiples términos con los que no estaba relacionado avanzaba, Hiro no pudo evitar hallarse cada vez más intrigado por las implicaciones del complejo en sí mismo, aun cuando él nunca se había sentido atraído por la psicología ni mucho menos.

En sí, lo que Freud postulaba como complejo de Edipo, saltándose la parte del mito griego, era la etapa de la vida de los infantes en que, a grandes rasgos, sentían una atracción incestuosa hacia el progenitor del sexo opuesto y repulsión por el de su mismo sexo, al que veían como un rival al punto de desear acabar con él en su subconsciente.

Con una sonrisa que iba entre la perturbación absoluta y la diversión, Hiro debió recordar que lo único parecido que había vivido alguna vez fue cuando, a sus cinco años, se había molestado con tía Cass por haber llevado a Tadashi a vacunar y éste había llorado como una niñita por culpa de la enfermera. Recordaba no haberle hablado en todo un día por haber hecho sufrir a su hermano.

La página aseguraba que la cura del complejo estaba ligada al crecimiento. El infante superaba las suposiciones de estar defectuoso que plagaban su mente y la educación se encargaba de dejar claro para niños y niñas las dudas sobre sus relaciones. Al final, el complejo quedaba relegado al olvido al ser antepuestas metas y objetivos más interesantes para el infante o cuando éste, en su esfuerzo por superarlo, trataba de parecerse lo más posible a su progenitor rival, quien acaba por volverse una figura a seguir. La situación en que los hijos se esfuerzan por ser como sus padres, por lo que podía entender.

Aunque Hiro estaba bastante seguro de que nunca había experimentado algo como el complejo de Edipo en su vida, había un detalle que le llamó la atención: éste podía resurgir durante la pubertad.

También le sorprendió de sobremanera el descubrir que había dos tipos de complejo: el Edipo positivo, que era aquel al que estaba familiarizado -en el que el infante se siente atraído al progenitor del sexo opuesto y rechaza al del mismo sexo-… y el Edipo negativo.

El Edipo negativo no era más que una versión a la inversa del Edipo positivo, y la única diferencia radicaba en que el niño se hallaba atraído por el progenitor de su mismo género, y repudiaba al de sexo opuesto.

Sin saber por qué exactamente, Hiro se quedó releyendo varias veces el breve párrafo en la página de sencillo fondo blanco y letras negras.

Si el cese del Edipo negativo seguía las reglas del positivo, ¿Eso quería decir que el niño trataría de superar a la madre y acabaría por parecerse a ella? Bueno, aunque tuviera bastante en común con Cass, ciertamente no pretendía igualarla en sentido alguno y menos aún superarla. Y, de cualquier forma, ni siquiera podía comparar las situaciones porque, en primer lugar, Tadashi y Cass no eran pareja –la idea le produjo arcadas, lo que quería decir que al menos una parte de él estaba bien-, así que no tendría sentido competir con ella. Y segundo y no por ello menos importante, él, seguro como que algún día el hombre conquistaría el espacio exterior, no sentía ningún tipo de atracción sexual subconsciente hacia Tadashi.

Se quedó mirando largo rato la página, relajado al saber que su hermano se estaba devanando los sesos por lograr que todo su libro de Cálculo Avanzado entrara en su cabeza antes del examen que el profesor Suárez había dejado para el final de la semana como para espiar lo que estaba leyendo... Por favor, sólo un profesor de matemáticas podía ser tan malvado como para dejar un examen unos días antes de Año Nuevo.

Entonces sintió sus mejillas arder de pena un momento antes de que su mente recayera en el detalle por el que aquel sencillo y breve párrafo le estaba inquietando tanto.

Implicaba que un enamoramiento hacia el progenitor del mismo sexo era perfectamente posible.

Bien, ¿Eso no debería hacerle sentir mejor? Significaba que podía responsabilizar felizmente el problema de sus pensamientos fuera de lugar a aquel complejo ¿No? Después de todo, estaba en plena pubertad según Baymax y sabiendo cuál era el problema al que se enfrentaba solucionarlo sería sencillo. Sólo debía empezar por saltarse todo el trauma subconsciente y concentrarse en metas más importantes, como salvar a la ciudad y aprobar sus exámenes, por ejemplo.

Decir que eso era pan comido en sí mismo hubiera ameritado que obligara a Baymax a darle en la nuca con el desfibrilador activado.

Y, sin embargo, en vez de relajarse y seguir el ejemplo de Tadashi de estudiar antes de que Rakitic encontrara otra forma de destrozarlo en clases, Hiro decidió indagar un poco más en Internet.

Esta vez abrió la pestaña de incógnito, porque si debía cerrar rápidamente la ventana y olvidaba borrar el historial. Tendría mucho que explicar a Tadashi si leía el resultado ¿Puede darse un Complejo de Edipo entre hermanos? cuando deseara googlear algo.

Ignorando eso se lanzó a la primera página que encontró, una de esas en las que un usuario planteaba la pregunta y otros contestaban, y vaya que muchos de esos sujetos parecían saber de lo que hablaban, aun cuando las respuestas estaban al borde del delirio.

La información no era confiable ni había nada que certificara que venía de una fuente segura, pero Hiro no tenía mucho tiempo para buscar un análisis más profesional del tema, pues el reloj en números blancos en la esquina derecha inferior de la pantalla le recordaba que Cass les llamaría en menos de media hora para bajar a cenar.

Y con eso en mente Hiro se lanzó a leer, aún en contra de todas las alarmas en su cabeza que le gritaban que aquello sería como abrir las puertas del Infierno.

Freud no era, al parecer y para su desgracia, el único que se atrevió a jugar con la sexualidad y el incesto en la época. Varias personas habían recurrido a citas de otros autores cuyos nombres habían sido borrados de sus bases de datos ni bien acabó de leerlos, y en medio de las discusiones de aquellos pseudo psicoanalistas dispuestos a sacarse los ojos y los que debatían de forma productiva, Hiro encontró una respuesta que llamó su atención en especial.

En ella, el usuario explicaba que otro autor había sido más claro que Freud al respecto y había establecido que el Complejo de Edipo no tenía por qué estar dirigido a los padres biológicos, sino que, desde su punto de vista, podía darse entre el menor y aquel que cumpliera el rol de padre de alguna manera… como un hermano, por ejemplo.

Y como si esa aclaración no fuera suficiente para generarle un importante dolor de cabeza, el comentario finalizaba con un curioso y ampliamente criticado por el resto del foro:

"De esta forma, y en mi humilde opinión, considero que un Complejo de Edipo puede ser también uno de los factores causantes del deseo sexual y las prácticas de incesto entre tíos y sobrinos, abuelos y nietos, primos e incluso hermanos que aún se llevan a cabo en algunas sociedades del mundo".

Hiro debió alejar su mirada de la pantalla cuando sintió su estómago retorcerse de una forma que estuvo a punto de hacerle devolver la merienda, y ni siquiera supo qué lo había provocado exactamente.

A él llegó, sin siquiera pensar en ello, la siguiente búsqueda que debería realizar, pero dudaba que tuviera suficiente tiempo o estómago como para encararla en ese momento.

Tadashi soltó un pesado suspiro y la madera crujió levemente bajo sus pies cuando se levantó de la cama, lo que obligó a Hiro a moverse más rápidamente que nunca para cerrar ambas pestañas -la incógnita como la normal- y dejar a la vista una columna sobre tecnología amigable para el ambiente que había estado ojeando en la tarde.

Cuando se puso de pie en silencio tras él, el corazón de Hiro aún latía desbocado en su pecho, amenazando con acabar en un infarto.

-¿Planeas ponerle paneles solares a Bay?- la pregunta, realizada con voz adormecida y rasposa, resonó en su oído un momento antes de que el rostro de su hermano asomara por su hombro derecho, demasiado cerca para lo que su estómago estaba dispuesto a soportar. Tragó saliva lo más silenciosamente que pudo, tratando de ignorar la forma en que toda la piel de su cuerpo se erizó con vida propia al sentir la lenta respiración de Tadashi sobre su cuello mientras él murmuraba distraídamente alguna cosa de lo que decía en la pantalla. Al final simplemente chasqueó la lengua, claramente harto de leer para toda una vida-. Venga, vamos a molestar a Cass. Si sigo quieto un minuto más creo que enloqueceré.

Hiro suspiró aliviado cuando Tadashi se alejó de él... o al menos hasta que decidió cargarlo como un saco de patatas sobre su amplio hombro y bajar de esa forma por las escaleras, mientras Hiro protestaba audiblemente y trataba de alejarse de él.

Cuando le pellizcó el trasero, estuvo seguro de que su grito de niñita ultrajada se oyó al menos hasta el instituto.

Viéndolo en retrospectiva, Hiro no pudo evitar la sonrisa embobada que asaltó sus labios ni el poderoso ardor en sus mejillas. Podía ser un imbécil pero por algún motivo nunca podía enojarse por mucho tiempo con Tadashi por nada.

Pero su recuerdo sólo logró que el malestar que había despertado en él debido a sus investigaciones -las que había repetido y profundizado reiteradas veces a lo largo de las dos semanas anteriores-, se volviera a posar con el peso de un yunque en su estómago y le costara un poco respirar.

Y es que, entre toda esa información nueva y perturbadora, Hiro se halló con un problema ante la teoría que había creado sobre su complejo de Edipo... y era que no se sentía identificado con lo que planteaba en lo más mínimo, o no con la mayoría de él.

Aunque le respetara, y sin dudas fuera lo más parecido a una que había tenido nunca, no consideraba a Tadashi como una figura paterna ni mucho menos, por mucho que hubiera insistido en creerlo al comienzo. Y desde luego no odiaba o repelía a Cass por estar cerca de él, ni tampoco la consideraba una rival a superar en ningún plano. Y claro que no sentía que su cuerpo tenía alguna falla por la forma en que pensaba en su hermano de forma repentina en los momentos más extraños, aunque sí que sospechaba que la falla estaba en su cerebro...

Venía coqueteando con la idea desde hace algún tiempo, porque no era normal que un chico como él pudiera tener los pensamientos del tipo que tenía sobre su hermano, pero le quedó completamente confirmado cuando una noche, de la nada, tuvo el primer sueño.

Entonces, con los besos de su hermano sobre sus labios y luego de caerse de la cama espantado y sudando la gota gorda, llegó a la conclusión de que de hecho la peor parte del complejo, aquella en que los supuestos deseos subconscientes del niño se hacían presentes a través de los sueños, sí se aplicaba a él.

No obstante, lo ignoró todo cuanto pudo. Es decir, ¿Cómo no esperar alguna consecuencia a nivel onírico si se pasaba día y noche pensando en el problema? En verdad no había diferencia entre la millonada de veces que soñaba con llaves francesas y destornilladores durante las épocas de proyectos en el instituto.

Entonces decidió que lo mejor para él tanto por su salud mental como emocional sería dejar de lado todas aquellas teorías sobre el psicoanálisis, Freud y deseos incestuosos para alguien que realmente tuviera tiempo para ellas.

Se dedicó a dar retoques a sus prototipos para la exposición a Rakitic, y se aseguró de profundizar en ello hasta quedar hastiado, frustrado y con deseos vívidos y a flor de piel de mandar a su profesor a la mierda. Que era cuando, por lo general, los sueños sobre llaves francesas comenzaban.

Pero cuando volvió a dormir, ciertamente no fue una llave francesa lo que descubrió junto a él entre las sábanas, en ropa interior y sujetándole ambos brazos desde las muñecas, mientras le dedicaba una sonrisa lobuna que se le hacía dolorosamente familiar, pero de una manera en que nunca antes había presenciado.

Cuando los besos comenzaron a llover sobre su rostro y cuello Hiro aún estaba lo suficientemente alterado por todo lo que había leído en aquellos días como para, en cuanto su mente en shock logró reponerse apenas, comenzar a forcejear contra las manos del mayor. Aunque su endeble figura onírica poco pudo hacer contra las prensas de acero que rodeaban sus muñecas.

-¡T-Tadashi!- chilló llenó de frustración. Pero al alzar la mirada a su hermano se sintió encoger de sorpresa y espanto al encontrarse con aquellos ojos de dulce chocolate sobre él, brillantes, tiernos y amistosos, y no con la mueca atrevida que el chico en sus sueños tuvo durante su primer encuentro. Se detuvo de repente ante la familiaridad de aquella mirada, a la que sólo podía diferenciar de la habitual de su hermano por un efímero pero contundente detalle.

Tadashi nunca le vería, bajo ninguna circunstancia, con aquel brillo deseoso y ligeramente lascivo en sus ojos. Y dudaba que su cuerpo pudiera reaccionar de la forma en que lo hizo en el sueño si se tratara de la vida real, ardiendo de emoción y ansias, o lo más parecido a ello que podría ofrecer un sueño.

-Hiro- susurró dulcemente el mayor, con la suave reverberación de un eco sobre su oído que, supuso, era producto del sueño. Ser consciente de que todo aquello no era real no fue suficiente para que Hiro se sintiera desanimado, sino que, más seguro al saber que aquel no era su hermano, se atrevió a tomar con suavidad sus antebrazos cuando liberó sus muñecas, algo temeroso. El Tadashi del sueño sonrió, antes de bajar a depositar el conocido beso sobre su frente.

Hiro sonrió ante su dulzura de una forma en la que nunca se hubiera permitido frente al Tadashi real, y casi se lo hubiera imaginado protestando de haberlo presenciado… de no ser por la forma en que, al abrir los ojos de nuevo, la mirada del mayor adquirió un toque oscuro que muy poco de fraterno tenía.

-¿De qué intentas escapar, Hiro?- el eco de las palabras del sueño volvió a golpear contra sus oídos, esta vez sonando levemente ahogada, como si le hablaran desde la lejanía a pesar de tener los labios prácticamente pegados a los suyos, en una cercanía que causó, junto a las palabras del mayor, que todo su cuerpo temblara de una forma que nunca antes había experimentado- ¿Acaso no te agrada que vuelva a estar junto a ti?

Ante ese susurro, que en cualquier otro momento le hubiera sonado cruel e incluso burlesco, Hiro no pudo más que sentir lo que debía ser lo más parecido a ruborizarse que un sueño podía ofrecer. Ansioso y eufórico a la vez, sólo pudo asentir reiteradamente, envolviendo con sus brazos en cuello del mayor y atrayéndole más a él.

-Sí- susurró, y se sorprendió a sí mismo al notar que, contrario a lo que esperaba, su voz no sonaba dolida o rota, sino más bien nerviosa, ansiosa como la de aquel que ha esperado por mucho tiempo algo. La forma en que la sonrisa del mayor se amplió ante sus ojos, lobuna, seductora, pero feliz, no hizo más que acelerar aún más el latir de su corazón, si es que eso era posible-. Gracias, hermano-susurró, sintiendo una morbosa satisfacción en poder utilizar la palabra mientras, bajo las sábanas, las manos de Tadashi se deslizaban lentamente hacia zonas que ningún hermano debería tocar-. Gracias por haber vuelto.

El mayor suspiró suavemente sobre su rostro, y aunque no pudo sentir la tibia caricia de su aliento, sí que pudo sentir como todo su deseo se transmitía a él en ese simple gesto.

Despertó justo en el instante en que los labios de su hermano se posaron sobre los suyos, siguiendo la regla universal de todo sueño de finalizar en la mejor parte, y aunque por sencillo acto de razón debería sentirse perturbado o molesto, lo primero que pudo percibir perfectamente tangible fue la forma en que sus labios tiraban hacia atrás en una amplia sonrisa cuando despertó, en medio de la semipenumbra de su cuarto a la madrugada. Irónicamente, fue esa sensación de bienestar la que causó que las náuseas volvieran a hacerse presentes en su persona.

¡¿Cómo rayos podía estar sonriendo después de haber soñado que besaba a su hermano?!

Pero antes de que su cuerpo pudiera procesar las colosales cantidades de auto odio en las que estaba dispuesto ahogarse justo en ese momento, un sonido, bajo y grave, le obligó a alzar la mirada, dando de lleno en la puerta corrediza del shōji de su hermano, entreabierta, y en la silueta que allí reposaba cubierta en cobertores hasta asimilar a un gigantesco capullo de tela en medio de la cama, rociado por las estelas de luz que se adentraban por la persiana y que dibujaban cada pliegue de las sábanas. Tadashi volvió a roncar suavemente, causando que Hiro volviera a sonreír al saber que la presencia de su hermano, al menos, no era producto de un sueño. Sin embargo, su presencia allí le recordó algo y el menor no pudo evitar tragar saliva con cierto nerviosismo al pensar en aquel pequeño detalle con el que Tadashi siempre le molestaba desde pequeño.

Hacía ruidos dormido.

En su momento las bromas constantes de su hermano sobre su hábito de balbucear y jadear e incluso reír entre sueños no habían hecho más que avergonzarlo y causar que, luego del tiempo óptimo molestándolo al respecto, acabara lanzándose sobre su hermano para acallarlo a golpes. Pero ahora, y considerando el tipo de sueño que acababa de tener, Hiro se obligó a permanecer vigilando en silencio a su hermano, a medida que sus ojos se acostumbraban a la luz mortecina que inundaba el lugar. Su corazón se estremecía de terror sólo de imaginar el que, entre todos los sucesos que habían ocurrido y las emociones que le habían asaltado en el sueño, algún sonido poco recurrente llegara a alertar a Tadashi de la naturaleza de éste. Desde luego que era imposible que sólo por un gimoteo su hermano fuera capaz de deducir que quien los producía, justamente, fuera él, pero el simple hecho de que supiera que comenzaba a tener sueños húmedos era lo suficientemente vergonzoso como para poder soportarlo cuando su hermano quisiera hablar al respecto.

No obstante, su cuerpo entero se relajó cuando un suave ronquido se elevó nuevamente en el silencio sepulcral del lugar, y un suspiro de alivio acompañó su caída nuevamente en la cama, donde se dedicó con calma a despreciarse nuevamente.

El sueño le fue esquivo, manteniéndole en un estado de somnolencia ligero del que despertaba fácilmente y que mucho le costaba recuperar una vez perdido.

El alba le encontró dando vueltas en su cama, y sólo pudo dormir, al fin, unas horas antes de que Cass subiera a despertarle.

Hiro suspiró pesadamente mientras cerraba la regadera y emergía de la ducha, sólo para encontrarse con una habitación cubierta por completo de vapor en la que, a tientas, debió buscar las blancas y suaves toallas que su amigo le había prestado. Estar en aquella habitación era como haber metido un poco de la costa y su niebla invernal a la casa.

Mientras se secaba el cabello lo mejor que podía, con movimientos bruscos y erráticos que poco hicieron a favor de domar el desastre innato de su cabellera, Hiro no pudo evitar pensar que le hubiera gustado que los sueños se hubieran detenido en esos dos simples percances... pero, para su horror, se habían repetido sistemáticamente durante toda la semana anterior, dejándole, desde luego, con una sensación de culpa inconmensurable y un hastío consigo mismo que no le dejaba en paz en cuanto se quedaba solo con sus pensamientos.

¿Se sentía sucio? Claro que sí, de una forma que una simple ducha no podría solucionar, pero más que nada se sentía frustrado, molesto.

Detuvo los movimientos sobre su cabeza y dejó que sus dedos se aferraran, aún sobre la toalla, a las suaves y húmedas hebras de su cabello, jalando de ellas mientras su ceño se volvía una profunda línea entre sus ojos.

Le molestaba el no saber qué rayos estaba ocurriendo con él, el porqué de que no pudiera ver a su hermano por unos minutos antes de que aquellos pensamientos incorrectos surgieran en su mente y que su cuerpo decidiera volverse completamente loco. Y ni siquiera ya de la manera en que lo hacía cuando la idea de que Tadashi formara nuevamente parte del mundo de los vivos causaba que cada pequeña mueca que su hermano esbozaba le produjera una arritmia.

Esto era... dios, esto era mil veces más fuerte.

El cuerpo de Tadashi, por ejemplo. A penas si podía adivinarlo debajo de las ajustadas telas de entrenamiento y sus camisetas, pero el sólo notar como la ropa se ajustaba a él era suficiente para que un hormigueo desconcertante recorriera su cuerpo desde la médula hasta la punta de sus dedos, pasando por zonas que por el bien de su salud mental era mejor no puntualizar.

Su voz, o lo que ella era capaz de despertar en él, era otra clara muestra de los extraños cambios que estaba sintiendo. Nunca en su vida Hiro podría dar testimonio de deber presionar sus muslos sólo porque alguien le susurrara algo al oído, mucho menos cuando era un comentario burlón sobre el pobre profesor de Aritmética, que titánicamente luchaba por ocultar su incipiente calvicie debajo de largas hebras de cabello que recorrían todo el techo sin tejas, hasta lograr disimularlo... al menos, claro, que cayeran por la mitad de su rostro cuando ingresó a clase luego de escapar del vendaval de invierno... Estaba seguro de que nadie se ruborizaría como una colegiala ante eso, excepto cuando Tadashi lo susurraba con su baja y ronca voz a su oído.

Los rubores que le provocaba, los estremecimientos y suspiros cuando sonreía con ese leve atisbo burlón que le quedaba tan bien y que le derretía las neuronas por un segundo. Los paros cardíacos cada vez que le besaba la frente -un gesto tan común como hacer el Puño- mientras él trataba de escapar por todos los medios posibles. Y, oh, como olvidar por las noches, cuando caía en brazos de Morfeo...

Sólo fue consciente de que estaba jalando con demasiada fuerza su cabello cuando sintió el resquemor de sus dedos, el ardor frío y caliente en su cuero cabelludo que le obligó a frotar la zona para apaciguarlo.

Alejó sus manos de su cabello y, aún sin olvidar su frustración, comenzó a secar su cuello y hombros con demasiada velocidad como para estar haciendo realmente un buen trabajo.

Trató de no volver a pensar en ello mientras embotaba con algo de esfuerzo sus húmedas piernas en un jean de desgastado color gris -no volvería a dejar que Bay hiciera un análisis del crecimiento de sus órganos genitales en su vida- antes de salir por la puerta doble de reluciente madera de roble tallada que separaba el baño del resto de la habitación.

"La modestia en su máxima expresión" ironizó en su fuero interno, mientras echaba una mirada a las altas paredes de blanco alabastro, el techo con diseños barrocos tallados y la humilde araña dorada -que, esperaba, no fuera realmente de oro- que iluminaba la habitación, además de la cama de doseles vaporosos y blanquecinos que más que la modesta cama de una habitación de huéspedes parecía el lecho nupcial de una princesa virgen.

Si el baño en sí mismo era casi del tamaño de su sala, la altura de este lugar podía equiparar con calma las dimensiones de su casa.

Negó con la cabeza un par de veces antes de avanzar sobre las brillantes baldosas blanquecinas hasta situarse junto a la cama. Si bien aún no podía acostumbrarse a las excentricidades que como sabe-dios-cuánto-llonarios, la familia de Fred podía darse, al menos ya había convivido lo suficiente con él como para sobrepasar el vergonzoso momento en que su barbilla llegaba al ras del suelo cada vez que su amigo abría una nueva puerta frente a sus ojos...

La mayoría de las veces…

Las pisadas que llenaban como un eco constante el lugar se detuvieron justo a su lado cuando se inclinó para tomar de su mochila la camiseta de mangas largas color negro que había traído como repuesto. Ni siquiera necesitó voltearse a verlo para saber que su buen amigo robot le estaría escaneando.

O dar su consentimiento.

-¿Qué hay de nuevo, Bay?- preguntó, deslizando su cabeza por el orificio mayor de la prenda, antes de estirarla sobre su vientre. Se giró sobre sus talones desnudos y se dejó caer sobre la cama perfectamente tendida, se inclinó para poder enfundar sus pies en los calcetines con diseños de robots.

Cuando alzó la mirada nuevamente al robot, apenas pudo contener la risa al ver la exuberante extensión de lana roja que cubría su pecho y vientre, o a la gigantesca cabeza de reno que aparecía con su nariz brillante en el centro, bordeada por pinos y copos de nieve sobre un fondo rojo.

Cass debió estar en el límite del espíritu navideño que cada persona podía soportar, biológicamente hablando, como para comprarle a Baymax un suéter como ése.

Ajeno a su diversión, el robot sólo pudo contestar a la pregunta directa que había realizado.

-Los procesos orgánicos de tu cuerpo corresponden perfectamente a cómo debería hacerlo una persona que ha mantenido períodos de ejercicio de la prolongación y exigencia que los tuyos, Hiro. Recomiendo pronta elongación para relajar tus músculos y evitar futuros dolores, e ingerir agua en las próximas horas para evitar una posible deshidratación o pérdida de minerales.

-¿Eso es todo?- preguntó, no exactamente curioso, mientras guardaba su bolsa de ropa sucia -y ligeramente tóxica-, dentro de su mochila. El traje estaba siendo higienizado por lo que sea que se encargara de la limpieza en la casa de Fred, y le sería devuelto en la puerta por Heatcliff al retirarse-. Eso fue sorprendentemente breve. No que me moleste, desde luego...

Más al alzar la vista sólo pudo enarcar una ceja cuando notó la plena atención con la que Baymax aún le observaba, dejando más que claro para él que el escaneo no había finalizado.

-¿Qué más hay?- preguntó, recostándose en la cama con ambos brazos cruzados detrás de su cabeza, cuidando de no ensuciar las mantas, que valían más que su alma, con sus zapatillas verdes.

Baymax pareció estudiarlo por un minuto más de lo estrictamente necesario, y Hiro sólo pudo preguntarse qué era lo que hacía dudar al robot.

-Tus niveles hormonales y la actividad de neurotransmisores son erráticos y se alteran con facilidad de una forma dramática en los últimos días- soltó, con una voz que incluso sonaba como si la máquina pudiera tener tacto, y Hiro sólo pudo abrir los ojos de par en par al adivinar por dónde iban las cosas-. Al comienzo, diagnostiqué estas alteraciones como producto de la repentina aparición de Tadashi- explicó, inclinando levemente su cabeza a la derecha, y Hiro no supo por qué motivo se sintió en la necesidad de alejar la mirada de las cámaras hiperespectrales del robot, aunque logró mantenerla hasta que siguió hablando:-, pero, considerando que tu cerebro había comenzado normalizar su actividad ante su presencia, no logro encontrar una explicación a que te alteres nuevamente cuando Tadashi está cerca.

Logró mantenerle la mirada a pesar de sentir como si un yunque acabara de caer sobre su vientre ante las palabras de Baymax. ¿Tan obvia era su absurda situación?

-¿Puedes relacionar a Tadashi directamente con mis alteraciones... hormonales?- preguntó, y la palabra se sintió como hiel en su garganta a medida que la decía.

Baymax volvió a tomarse un momento antes de responder.

-Aunque las alteraciones suelen estar presentes durante gran parte del día, tus hormonas se disparan principalmente ante determinadas situaciones que involucran a Tadashi de una forma en que no lo hacen con nada más. A pesar de tener altos niveles de testosterona y cortisol, también tus endorfinas se disparan, lo que sólo se suele ver cuando el paciente manifiesta determinados tipos de inquietudes o altas cantidades de estrés.

Hiro no pudo evitar esta vez alejar la mirada, sintiendo como si Bay hubiera dado en el centro de la diana con su suposición.

-¿Determinados tipos de inquietudes?- repitió, curioso, y aunque todo su ser temblaba ante la posible respuesta, no pudo reprimirse de preguntar:- ¿Qué tipo de inquietudes?

-Principalmente en situaciones de frustración de índole moral, y variables de la sexual.

El hecho de que Hiro no saltara hasta dar con su brillante cabeza en el techo era probablemente debido a que no tenía la superficie de apoyo correcta para lograrlo. Pero se contentó con el hermoso golpe que se dio al, guiado por un espasmo horrorizado de su propio cuerpo, acabar sobre el suelo de fina cerámica blanca. Se hubiera fijado en el detalle de que su rostro se reflejaba en la impoluta superficie de no estar lo suficientemente ocupado en desear que el suelo se abriera y se lo tragara.

-Muy bien, detente ahí- exclamó, sin poder ocultar el dolor de la caída en su voz, pero sin dar tiempo al robot a finalizar su monólogo sobre niveles de dolor-. No puede haber nada relacionado a la sexualidad entre mi hermano y yo. Lo sabes, ¿No?

-Hiro...

-Es algo enfermo, repudiable- continuó, sin detenerse a escuchar al robot, demasiado ocupado en dejar fluir en su voz toda la molestia que le embargaba, aun cuando no sabía a quién estaba dirigida.

-Hiro...

-Está mal, es una aberración a la naturaleza...

-Hiro...

-Las sociedades lo podrían abalar en la antigüedad, pero no ésta, y no ahora...

-Hiro...

-Simplemente, yo... yo no puedo sentir ningún tipo de atracción sexual hacia Tadashi, ¿Entiendes eso? ¡Está mal!- exclamó, sin saber en qué instante de su soliloquio la molestia había mutado en desesperación, una desesperación que se veía claramente para el robot en las reacciones de su organismo, al igual que las alteraciones hormonales. Baymax no pudo evitar preguntarse por qué su segundo inventor estaba tan aterrado.

-Hiro...- probó una vez más.

-¡¿Qué rayos quieres?!- vociferó, accediendo por fin a prestar atención al robot, observándolo desde su nueva altura y con los ojos ardiendo en rabia y temor, sentimientos que sólo lograban desconcertarle más.

Baymax, notando el incremento en las pulsaciones del corazón del chico y en su presión arterial, decidió utilizar un tono de voz suave para hablar:

-Nunca dije que tus alteraciones se debieran específicamente a esos motivos...- señaló, esforzándose por que su tono fuera tan bajo como el que utilizaba cuando se quedaba sin batería. Investigaciones que había realizado anteriormente habían demostrado que, mientras con Tadashi los sonidos altos y agudos al hablar le ayudaban a relajarse y sentirse cómodo, a Hiro eran los tonos graves y bajos los que le calmaban.

De ahí uno de los factores por los que ambos hermanos fueran irremediablemente un bálsamo para las irritaciones del otro, aunque también la mayoría de las veces sus causantes.

Aunque desde hace tres semanas que notaba que las reacciones de Hiro distaban mucho de ser relajadas, en determinadas ocasiones, cuando Tadashi se comportaba amenamente y utilizaba su tono de voz grave y tranquilizador cerca de él. De hecho, era de las ocasiones en las que había notado más se alteraban las funciones neuronales de Hiro.

Hiro tragó saliva, mientras permanecía observando el rostro inescrutable de Baymax por lo que se le hizo una eternidad a medida que, lentamente, tomaba consciencia de la forma en que había reaccionado frente al robot. Estar a la defensiva nunca significaba nada bueno, él lo sabía, pero en ese instante simplemente no quiso pensar en las implicaciones que traía el hecho de que se había fijado únicamente en una de las dos situaciones hipotéticas que Baymax le había presentado. Su mente estaba demasiado cansada entre todo el ajetreo de la universidad, el jaleo de ser héroe y el desastre psicológico por el que se encaminaba su vida como para sumar algo más por este día, y ni siquiera quería pensar en lo que podría hallarse cuando fuera a dormir.

Un hormigueo, no tan desconocido ahora, se alzó por encima del malestar de su cuerpo cuando la idea llegó a su mente y Hiro no necesitó más que sentir la forma en que ese cosquilleo se concentraba en sus pómulos y orejas para saber que estaba ruborizado.

-Tus endorfinas se han elevado- señaló Baymax, y Hiro suspiró, cansado, antes de volver a sentarse en la cama.

-Lo supuse- admitió, sólo para alzar su mirada y ver al robot por entre las pestañas, sintiendo como la culpa comenzaba a instaurarse como un peso sólido en su vientre. Pese a ser una máquina aquel malvavisco gigante era parte de su familia, y aunque fuera imposible a veces le gustaba jugar con la idea de que pudiera desarrollar sentimientos que correspondieran los suyos hacia él, y la idea de herirlos era algo que le aterraba algunas veces-. Lo siento mucho, Bay... estos cambios de humor de la pubertad son una mierda, ¿Sabes?- se jactó sin ganas, al tiempo que barría con la punta de su zapatilla el suelo, avergonzado.

Sin estar seguro de por qué extraña información sobre cómo tratar con la depresión se estaba guiando, Hiro agradeció cuando los rechinantes pasos de la máquina la llevaron a sentarse a su lado y envolverlo con uno de sus suaves brazos. No era que el contacto lo reconfortara especialmente, pero lo ridículo de la situación le subía el ánimo al menos.

-En cuanto a eso, puedo tratar de resolver tus inquietudes- informó el robot, mientras daba amistosos golpecitos en su cabeza que acabaron por hacer reír al chico. Sentía como poco a poco la estática se apoderaba de su cabello debido al roce del vinil.

-No vas a darme la charla de la flor y la abeja, ¿Verdad?

Los golpes se detuvieron por un instante y Baymax se giró hacia él, inclinando su cabeza levemente a la izquierda, confundido.

-No veo cómo los procesos de polinización y coperacionismo pueden estar relacionados a tus cambios de humor.

Hiro debió reprimir sus deseos de poner los ojos en blanco. Era demasiado fácil olvidar que estaba hablando con un robot cuando se trataba de Baymax... por suerte era una regla que no se extendía a muchas cosas, como cuando se trataba de hablar de temas vergonzosos.

Casi siempre.

-Bueno... si quieres ayudarme...- comenzó, pensando deliberadamente cómo podía comunicar sus dudas de forma directa sin morir de pena en el proceso. Era más difícil de lo que cualquiera pudiera creer el devolver su estatus de robot a Baymax cuando había sido, casi por un año, lo más cercano a un hermano que pudiera tener y francamente dudaba que alguna vez lograra volver a verlo como una simple máquina. Olvidándose de ese detalle, logró soltar, al fin, lo que creía sería entendible para su blanco amigo- ¿Qué tan normal es tener sueños eróticos durante la pubertad?

"Dios, si estás ahí, te ruego que esta bola de circuitos sepa qué significa lo que le acabo de decir". Rogó, decididamente negado a tener que explicar con palabras más claras el que estuviera teniendo sueños húmedos con su hermano y no se atreviera a confesarlo a su mejor amigo robot, que estaba especialmente diseñado para cuidar de la salud de sus pacientes. Bien, su salud mental estaba amenazada en ese momento, y mucho.

Cuando el silencio de Baymax se prolongó por un momento otra vez, Hiro estuvo seriamente tentado a levantarse de la cama y fingir que nada de aquello había pasado.

Por suerte, o desgracia, sólo parecía estar rebuscando en su amplia base de datos.

-En el campo de la psicología, según Sigmund Freud...

Hiro sintió como si a su estómago acabaran de echarle el doble de su peso en piedras en ese momento, y se encargó de hacerlo notar con un pronunciado gruñido de desesperación.

-¡¿Por qué tienes que hablar de él?!- exclamó, mientras se dejaba caer pesadamente sobre las mantas, cubriéndose el rostro con ambas manos. Estaba muy cerca de querer llorar.

Baymax continuó hablando, ignorante del hecho por el cual la testosterona había aumentado en el cerebro de su paciente ante la mención del psicólogo, denotando su molestia.

-La psicología es hoy en día aceptada como una rama de la medicina moderna, por lo que el que esté relacionado con ella no es nada por lo cual asombrarse- puntualizó, antes de continuar, ignorando la frustración del adolescente y la forma en que, al parecer, entraba en un leve estado depresivo-. Según Freud, los sueños de índole sexual están directamente relacionados con los deseos carnales de cada una de las personas y la forma en que éstos son reprimidos cuando entran en conflicto con las leyes de la moral de cada paciente o las normas sociales.

Hiro suspiró pesadamente, al tiempo que se colocaba boca abajo en la cama, luchando por ignorar la forma en que su malestar estomacal se intensificaba.

-Espero que Freud esté ardiendo en el Infierno, ¿Sabes?- gruñó.

-Aunque no hay evidencia científica de que lo que Freud dice es cierto, sí se puede explicar la presencia de sueños húmedos durante la pubertad como una consecuencia de las hormonas que se liberan durante la etapa de sueño REM- explicó-. La corteza prefrontal del cerebro es la encargada de regular e inhibir los deseos agresivos y libidinosos . Durante la etapa de sueño REM, se activan los sistemas dopaminérgicos mesolímbicos-corticales, asociados con los deseos sexuales, al tiempo que disminuye la actividad de la corteza prefrontal. Al debilitarse el factor que inhibe el deseo sexual, es normal que éste se manifieste en los sueños por el aumento de las hormonas.

Hiro parpadeó un par de veces sin apartar su mirada del robot.

-Que no te asombre si mi cabeza explota después de semejante explicación, Bay- susurró el chico, mientras trataba de asociar todo lo que el robot acababa de decirle, sintiendo los engranajes de su cabeza comenzar a girar-. Demonios, hasta Freud parece más fácil de entender.

Sin embargo, el silencio que se alzó en la habitación por un minuto no era de confusión ni mucho menos. Las ventajas de ser un genio no se limitaban a la tecnología para el chico, sino que Hiro era completamente capaz de comprender cosas como la Biología sin mucha dificultad y, como supo desde el comienzo, era claro que todo aquello tenía que ver con sus alocadas hormonas de adolescente.

Pero una vez más Freud llegaba a joderlo de la mejor manera, porque no había nada en la explicación de Bay que negara su teoría de que sus sueños bien podrían producirse por deseos sexuales reprimidos por una fuerza moral, y es que, simplemente ¿Había algo más amoral que el desear que tu propio hermano te jodiera duro y parejo toda la noche? Él creía que no.

Abrió los ojos de par en par ante la crudeza del pensamiento, y no pudo evitar cubrirse la cabeza con una de las gigantescas almohadas que adornaban la cama cuando éste le trajo a la mente algunas escenas de los sueños que había protagonizado junto a Tadashi, volviendo su rostro rojo como un pimiento por causa de la pena. ¿No se suponía que la mayoría de los sueños se olvidaban a los segundos de tenerlos?, ¿Por qué los suyos tenían que ser tan gráficos y permanecer frescos en su memoria?

Claramente alguna hormona le informaría al robot que estaba avergonzado, por lo que éste dio un pobre intento de tranquilizarlo.

-Durante la pubertad es normal una alteración hormonal mayor que desencadene sueños con situaciones sexuales- comentó, mientras colocaba una de sus gigantescas manos sobre su espalda, a modo de consuelo, y fijaba su mirada en la blanca almohada que ocultaba de sus ojos la cabeza de Hiro. Éste ahogó un gemido, preguntándose si había forma posible de que aquello acabara de una forma más vergonzosa aún-, y no es extraño, ni debes preocuparte, si son acompañados por poluciones nocturnas...

-¿Polu... qué?- preguntó, extrayendo su agitada cabeza de debajo de la almohada y viendo a Baymax con el ceño fruncido, completamente desorientado por causa del término.

-Es cuando, al dormir, los varones jóvenes experimentan eyacul...- ni siquiera le dejó terminar al adivinar por dónde iba la frase, interrumpiéndole con un agudo grito y saltando de la cama.

-¡Wow!, ¡Alto!, ¡Ya entendí!- exclamó, rojo como una remolacha y sintiendo como si su corazón estuviera a punto de salírsele del pecho. Tomó su mochila antes siquiera de que el robot se pusiera en pie- ¿Sabes qué? Mejor vamos con el resto, ya ha pasado buen rato.

-Pero aún pareces alterado, Hiro- apuntó, acercándose a él con pasos lentos, rodeando la cama-, debo estar al tanto de tu estado y responder todas tus inquietudes.

Hiro rio, nervioso, mientras se abalanzaba sobre la puerta y la abría de par en par, sintiendo como un sudor frío recorría su nuca.

-¿Inquietudes? Amigo, Freud y tú parecen tener mucho en común, porque producen más de las que responden.

Y, sin molestarse en escuchar la respuesta extrañada del robot a ese comentario, echó a correr como alma que lleva el diablo hasta la sala especial de Fred. No necesitaba más conversaciones con su asistente médico por ahora, y esperaba que eso se mantuviera así por siempre.

Los valiosos cuadros e interminables pasillos se deslizaron a toda velocidad a sus laterales en su intento de escapar de su amigo y de la realidad que su cuerpo le gritaba, y cuando atravesó la última puerta que le separaba de los chicos, aquella de madera que se plegaba al palmear con sus manos, lo primero que le recibió fue un agradable saludo de parte de Gogo.

Sí, el cuenco volador.

-¿Dónde estabas?- exclamó, y Hiro le dedicó una mirada extrañada, mientras tomaba el recipiente de brillante color amarillo entre sus manos, a la vez que oía los pasos de Baymax alcanzarlo con un chillido más constante de lo habitual-. Honey no nos dejaba empezar hasta que llegaras.

-Es que si empezaban no iban a parar hasta acabar con todo- explicó la rubia, mientras abarcaba con un gesto de su mano la extensa mesa cubierta por todo tipo de comida chatarra que, debía admitir, parecía el perfecto cóctel suicida para sus estómagos.

Sin molestarse en negar la acusación, Gogo se encogió de hombros mientras tomaba con una de sus manos una porción de pizza y comenzaba a devorarla con algo que, Hiro apostaba, estaba muy lejos de ser la fina etiqueta de una dama al comer. Sólo rio, al igual que el resto, mientras se dejaba caer junto a Fred y tomaba una papa frita. El robot se limitó a sentarse en el suelo junto a Tadashi, que permanecía muy cómodo en un sillón.

-Gracias, Honey. Eres la mejor- agradeció, dedicándole una mirada llena de significado a la coreana. Ésta sólo le sacó la lengua, ganándose una risa del muchacho.

-¡Oye, yo también luchaba por detenerlos!- reclamó el joven rubio a su lado, ganándose una mirada acusadora de los chicos a su alrededor, y una dudosa del pequeño asiático.

-Fred, te comiste unas tres porciones de pizza antes de que pudiéramos detenerte- señaló Tadashi, tomando con calma una porción de papas fritas, mientras tomaba el control remoto de una mesa a su lado y se lo tendía al chico, que ostentaba una sonrisa que no parecía en lo más mínimo apenada.

-Oh, cierto- se limitó a decir, al tiempo que encendía el enorme televisor frente a ellos.

Lo primero que apareció luego de un leve chispazo de estática en la atmósfera, fue una imagen de ellos en el noticiero de la tarde, y Hiro no pudo evitar alzar ambas cejas, curioso por saber de qué estarían hablando.

No era algo extraño el que paulatinamente encontrara una que otra noticia sobre su grupo en la televisión, y estaba relativamente acostumbrado ya, pero eso no quitaba el hecho de que le agradara y aún resultara curioso el ser una figura pública. Casi nunca se perdía una noticia sobre los Grandes Seis, lo que, de cierta extraña manera, le hacía sentir como una diva.

Pero en esta ocasión no pudo sentirse protagonista de su propia historia, pues de quien estaban hablando no era de él. Más tampoco del equipo por completo.

Quien aparecía como una imagen que ocupaba la mitad de la pantalla, con su máscara cubriendo estratégicamente la mitad de su rostro y el visor de vuelo haciendo lo mismo por el resto, erguido y con una de sus katanas en la mano, no era otro que Tadashi, por millonésima vez en las noticias.

La fotografía había sido tomada de espaldas, pero el chico tenía el rostro levemente girado hacia la derecha, dejando una vista bastante sugerente de la fuerte curva de su mentón y nariz que, al igual que la longitud de su cuello, daban como resultado una imagen muy atractiva aún bajo la máscara. Fue tomada en algún momento entre el atardecer y el ocaso, causando que los juegos de luces y sombras bailaran sobre los anchos hombros y brazos, ahora en toda regla tonificados y poderosos, haciendo relucir la coraza que formaban sus alas en reposo sobre su espalda, adhiriéndose a la curva de ésta, completamente perceptible debido a la postura erguida y masculina que su hermano de forma natural poseía.

Hiro se removió incómodo al sentir un curioso hormigueo, no del todo desconocido, deslizarse por el espacio entre sus muslos ante la imagen. Hasta el momento sabía que su hermano era atractivo, indudablemente, y también fuerte, pero nunca había podido ver que detrás de su gentileza y mirada amable, Tadashi podía verse de una forma muy diferente, mucho más sugestiva y deseable de lo que ya era para él.

Tadashi se veía poderoso, seguro, se veía como un verdadero héroe dispuesto a salvar al mundo, y eso le excitaba como nada lo había logrado antes.

Escandalizado por el pensamiento, alejó la mirada, rogando porque el único que pudiera percibir el ardor en sus mejillas fuera él. Sin embargo, casi le da un infarto al descubrir la mirada fija de Baymax sobre su persona, curiosa. En su fuero interno rogó porque no fuera a soltar algo como "Tus hormonas indican que estás a punto de sufrir una erección sólo por ver a tu hermano mayor" o algo por el estilo.

Por suerte, la voz femenina que comenzó a hablar en la televisión pareció llamar su atención mucho más que sus cambios de humor repentinos de púbero, de los que tal vez ya estuviera harto, para pena de Hiro.

"Señoras y señores, es oficial" decía, mientras tanto, la periodista encargada de dar la noticia; una mujer morena de aproximadamente cuarentena años que estaba en ese canal desde que Hiro tenía memoria, pero cuyo nombre nunca había llegado a memorizar. La mujer continuó hablando con un tono especialmente lleno de entusiasmo e intriga diseñado para atraer a la tele-audiencia: "Con casi tres semanas apareciendo junto a nuestros queridos héroes y con su propio cupo de maleantes tras las rejas no creo que a alguien quepa duda ya de que el título Grandes Seis nos ha quedado corto a todos".

-Ya se estaban tardando, genios- se burló Gogo, mientras se abalanzaba sobre otro pedazo de pizza, recibiendo un chistido colectivo por parte del grupo-. Ay, por favor- protestó.

Más pronto guardó silencio también, prestando atención, expectante como el resto, a que la mujer finalizara con el segmento.

"Ha estado acompañándonos, protegiéndonos como el resto de nuestros valientes héroes desde las vísperas de Navidad del año pasado, deslizándose silenciosamente en la escena poco a poco, ganándose el cariño de la gente y las miradas de las muchachas desde ese momento porque, hay que admitirlo, está que arde" la mujer guiñó coquetamente a la cámara y, ruborizado aún, Hiro no pudo evitar girar su mirada hacia su hermano cuando leves carcajadas por parte de sus compañeros estallaron en la sala, y a pesar del pinchazo de celos que estaba sufriendo, no pudo evitar echarse a reír también al ver el rostro rojo como una remolacha del mayor. Por supuesto, fue el único del grupo que se ganó un golpe con una lata de gaseosa vacía ". Con sus poderosas katanas, su aspecto soberbio y su agilidad para meter ladrones en la cárcel a patadas" Hiro pudo reconocer el comentario como un recordatorio de una semana atrás, cuando la escena del banco en la primera misión de Tadashi se había repetido esta vez con civiles dentro en un día común. Por suerte Tadashi había acatado su orden de permanecer junto a él, pero se había dado el gusto de tener un combate cuerpo a cuerpo con al menos tres de ellos, lo que le había dejado al borde de un infarto y a su hermano con muchos seguidores en YouTube ", este nuevo héroe, a quien la comunidad de San Fransokyo han decidido llamar Shadow por su traje y las asombrosas luchas en completo silencio que lo caracterizan, ha sido abiertamente aceptado por la comunidad como el merecedor de darles el Siete a nuestros Grandes y, con ello, extender a él la pregunta que ha acompañado a Watcher, Sonic, Blades, Freak, Colossus y Alchemy desde sus comienzos... ¿Quién es, en realidad, este héroe desconocido?".

Un silencio sepulcral se alzó en la habitación luego de que la mujer fuera a comerciales, un silencio lleno de reflexión ante el que, inevitablemente, Hiro acabó por lanzar una sonora carcajada al cabo de un minuto.

-¡Y yo que creía que el mío era malo!- exclamó el chico, ahogado en su propia risa, antes de volver a estallar en sonoras carcajadas.

-¿Alchemy?- repitió Honey, claramente indignada-. Creo que hubiera preferido que Fred nos ponga los nombres.

-Al menos el mío se parece a mi nombre- comentó el rubio, aunque se veía claramente desilusionado por no ser llamado como El Súper Dragón de Fuego o algo así.

-Y combina con tu forma de ser- pinchó Gogo, viendo a todos los anonadados chicos con cierto aire de superioridad. La preparación de quien ya sabía una mala noticia, igual que Hiro, que sólo podía reír entre dientes.

-Nunca más volveré a quejarme de Wasabi- comentó el moreno mientras negaba con la cabeza lentamente, profundamente consternado.

-¿Y tú qué?- la voz de Gogo volvió a alzarse, esta vez en dirección a Tadashi, quien había permanecido en un ameno silencio mientras contemplaba la desolación de sus amigos, esbozando una tranquila sonrisa- ¿Por qué tan feliz?

El moreno se encogió de hombros, relajado, antes de tomar un pedazo de pizza.

-Porque Shadow no es tan malo como Sonic, al menos- respondió con una maliciosa calma, antes de dar una mordida a la pizza. Con una sonrisa de medio lado que, de estar dirigida a él, le hubiera derretido hasta reducirlo a una temblorosa masa en el piso.

Cuando iba a prepararse para ocultar su sonrojo del resto descubrió, horrorizado, que el pensamiento ya no le molestaba a tal punto como para eso. Tembló de pies a cabeza ante la idea de que algo en su ser estaba aceptando esa extraña inclinación por señalar el atractivo físico de su hermano de las peores maneras posibles.

Hiro no pudo evitar interpretar más que como justicia divina la forma en que Gogo embarró pizza en todo el hermoso y masculino rostro de Tadashi, mientras las risas se alzaban nuevamente entre sus amigos.


El cosquilleo le hizo gruñir molesto mientras avanzaba por su pierna desnuda lentamente desde el tobillo, luchando por arrastrarlo de aquel maravilloso mundo sin tiempo ni preocupaciones.

Hiro volvió a gruñir, remolón, antes de dar una pequeña patada para apartar lo que fuera que le estuviera molestando, que probablemente era Mochi con su mala costumbre de meterse bajo sus sábanas en invierno en busca de calor.

Aunque se hundió con deleite entre los cálidos cobertores de su cama al apartar la molesta sensación, listo a volver a caer en un sueño profundo, sólo pudo disfrutar de la calma por tres segundos a lo mucho... el tiempo suficiente para recalcular que ese cálido cosquilleo que bailaba sobre la piel de su cuello poco tenía que ver con la sensación del pelaje de su gato cuando se colaba con él.

-¡¿Qué dem...?!- comenzó, incorporándose como un resorte. Su velocidad más de una vez le había evitado el perder a alguien.

Aunque lo que había perdido en ese momento, estaba seguro, era la cabeza. Porque aún en la oscuridad casi perfecta de la habitación y el completo silencio de la calle, no había forma de que no reconociera ese par de ojos que parecían brillar en la oscuridad, sibilinos, divertidos...

Hambrientos.

Hiro jadeó contra la mano que de la nada había cubierto sus labios, y el vaho de su propio aliento le humedeció el rostro cuando apenas se retiró de su piel, permaneciendo suspendida a escasos centímetros de su boca.

-Hablas muy alto- susurró el chico, aun dudando si era correcto apartar su mano. Hiro decidió por él, alejándose lo suficiente para poder mirarlo desde la escasa seguridad que le brindaban los cincuenta centímetros que el colchón le permitía alejarse de Tadashi sin caerse de la cama-, despertaras a tía Cass.

No se molestó en ocultar el recelo en su mirada, le importaba poco que el resto de su rostro pareciera una antorcha, tal como le aseguraba la mirada divertida que su hermano paseaba por cada parte de él. Hubo un instante de duda cuando aquellos ojos se posaron sobre sus labios, perturbándolo grandemente, un segundo en que la sonrisa sibilina del mayor flaqueó un instante antes de volver a alzar su mirada hasta sus ojos. Hiro tragó saliva disimuladamente, algo mareado ante la mirada, que ahora no dejaba lugar a dudas de las intenciones de su hermano.

-¿Y por qué habría inconveniente en despertar a Cass, hermano?- gruñó, esgrimiendo la palabra con un énfasis hiriente, esperando que, de estar otra vez en otro maldito sueño, la parte trastornada de su cerebro que se dedicaba a hacer aquellos odiosos juegos se dejará de molestar de una vez.

La sonrisa lobuna de su "hermano" le dijo que eso definitivamente no iba a pasar hoy.

-Ya fuimos interrumpidos la otra noche, Hiro- susurró, acercando su rostro mucho más allá del límite que hubiera resultado cómodo al chico. El aludido se mordió el labio, molesto por que la forma en que Tadashi soltó su nombre bastara para causar una verdadera revolución sobre su piel-, ¿Por qué buscarías más pretextos para que pase también esta vez?

Hiro se estremeció de pies a cabeza sólo ante las breves imágenes que pasaron por su mente de todos los resultados en los que podían llegar a desembocar esas palabras, y se volteó en el instante en que una imagen suya mordiendo una almohada apareció, listo para salir corriendo de allí.

Lástima por aquella mano que se asió como una prensa a su débil antebrazo y, de un sólo jalón, pegó su espalda casi por completo al fornido pecho desnudo.

De no estar casi un cien por ciento seguro de que se trataba de otro de sus sueños, hubiera asegurado que sus pupilas se dilataron al roce de los labios del mayor sobre su cuello. Pero tenía la garantía de que todas esas sensaciones eran un invento de su mente.

Eso no quería decir que se rendiría tan sencillamente. Aquello no estaba bien, y consentir a su cerebro para que le jugara esas pasadas no era correcto.

Gruñó nuevamente, forcejeando contra las manos de Tadashi cuando, para su horror, descubrió que no eran ellas lo que lo retenían contra su hermano, puesto que éstas se hundían lentamente, desapareciendo entre las sábanas hacia lugares que ningún hermano debería tocar.

-Acerca tus caderas, Hiro- susurró Tadashi contra su oído, ganándose una mirada fulminante del muchacho sólo por la sonrisa que se transparentaba en la voz del otro. Tadashi sólo rio antes de besar la unión de su cuello y mentón, estremeciendo al chico cautivo, disfrutando de sus forcejeos- ¿No lo ves?, Es tu cuerpo, tu mente, la que grita que todo esto es lo que deseas- ronroneó sobre su oído, con la vista fija en las comisuras de los labios del rabioso chico- ¿Por qué no me dejas simplemente satisfacerte ahora, hermanito?

Hiro se estremeció de pies a cabeza por causa de la grave voz del mayor, baja y ronca debido a la excitación. Cuando sintió una mano inmiscuirse bajo el elástico de su pijama se lanzó hacia atrás, tratando de alejarse tanto como fuera posible de su contacto.

Dio un respingo horrorizado al sentir que se había pegado a una parte de la anatomía del chico incluso peor. Pero éste, desde luego, le mantuvo fuertemente asido a él.

-Hiro- susurró, con voz que obligó al aludido a escucharlo con deleite, a recubrirse en ese tono de voz como lo haría en una segunda piel, a pesar de estar luchando por imponer su moral en aquel desastre-. Ya no huyas... no me alejes de ti.

El chico se estremeció por completo ante aquella frase para, acto seguido, comenzar a buscar la forma de dársela de bruces contra el suelo en cuanto despertara, porque nadie podía quedar impune luego de jugar con algo tan grave como lo que significaba para él el ser abandonado por Tadashi, ni siquiera él mismo.

-T-Tadashi- susurró, sintiendo que algo se quebraba en su interior con un nuevo beso del mayor sobre los riesgosos límites de su boca-. No quiero que te vayas… pero no puedo…

Estaba a punto de explicarle el por qué no quería volver a oír ese tema, el por qué estaba mal soñarse en ese tipo de situaciones cuando, sin previo aviso, los labios y lengua del mayor se apoderaron de su boca por completo, a la vez que las manos se tornaban cada vez más inquietas debajo de la tela de su ropa interior.

-Hiro...- susurró sobre la piel húmeda de sus labios, antes de deslizar su lengua lenta y concienzudamente sobre ellos, delineándolos en una oscura caricia que envió un cosquilleo por todo su cuerpo, mientras aquellas manos le llenaban de sensaciones sorprendentemente reales-, Ah, Hiro...

El chico gimió contra los labios de su hermano, contagiado por las ansias de aquel suspiro y sintiendo como las lágrimas de impotencia se deslizaban por sus sienes. Al mismo tiempo, una profunda frustración y molestia –que estaba dirigida a sí mismo- comenzaba a gestarse en su pecho al descubrirse encantado con los movimientos soeces de Tadashi sobre su piel.

-Hiro...

Se apartó apenas lo suficiente para respirar en cuanto él volvió a llamarlo, urgido. Echó la cabeza hacia atrás, momento que Tadashi aprovechó para apoderarse de su cuello y cernirse sobre él, dominante de una forma que le parecía encantadora y terrorífica por igual.

-Hiro…

-T-Tadashi...- ronroneó, enredando sus dedos en los suaves cabellos de medianoche del otro, a la vez que, ya completamente dominado por las sensaciones del sueño, se abría gustoso de piernas para él.

-¡Hiro!

Saltó en la cama con un grito espantado y, sospechaba, demasiado femenino para un joven de casi dieciséis años, en medio de una habitación excesivamente brillante para tratarse de la misma que hasta hace unos segundos lo había envuelto en su oscuridad. Un bocinazo se oyó a la distancia, llegando a él amortiguado por la ventana, mientras el frío de la habitación se apoderaba de su pecho y rostro.

Con el oído aún resentido por el grito y el corazón latiéndole a mil por hora, Hiro buscó en medio de la iluminada habitación al responsable de su estado, sólo para ver sobre él un par de ojos castaños que bailaban entre la curiosidad, la diversión y la molestia. Un par de ojos que distaban mucho de los que habitaban en sus sueños.

Hiro miró desorientado a su hermano por un segundo antes de, aterrorizado, bajar la mirada hasta su cuerpo. Suspiró, profundamente aliviado al ver que no había ningún relieve en la superficie de las sábanas que evidenciara de la forma más vergonzosa lo que había estado soñando.

Un roce áspero pero delicado sobre su piel le sobresaltó una vez más y, alzando la mirada hasta su hermano, se topó con los ojos curiosos y preocupados del mayor. Extrañado, no entendió la expresión de su hermano hasta que pudo ver la ligera humedad que recubría la yema del dedo pulgar que acababa de rozar su mejilla derecha.

Tragó saliva, preparándose para el interrogatorio.

Tadashi se sentó junto a él, refregando el resto de la lágrima entre su pulgar e índice.

-Estabas llorando otra vez- susurró, con los ojos fijos en ella. Hiro se refregó un ojo mientras trataba de despertarse un poco más, aunque su somnolencia no le impedía notar que Tadashi no se atrevía a mirarlo a los ojos, además de aquella línea tensa en la que se habían convertido sus labios, evidenciando su molestia-... y me llamabas en sueños.

Ese último comentario, dicho como al pasar, cayó como una roca a su estómago, obligándolo a bajar la mirada hasta el edredón de color azul. No había una acusación en sus palabras o en su tono, no hacia él exactamente, y Hiro se sintió aún peor de lo que ya se sentía al saber que Tadashi se estaba reprochando nuevamente por su culpa.

Pese a los claros avances que ambos habían tenido en su relación, los claroscuros de la muerte y renacer de Tadashi seguían generando tensiones cada vez que él manifestaba alguna señal de malestar en relación al tema. Tadashi era actualmente el más afectado de ambos cada vez que él se deprimía, y Hiro se sentía incluso peor al ser consciente de que su hermano se desvivía por reconfortarlo y que se sentía cada vez más desesperado al no lograrlo a pesar de todas las medidas que había tomado.

Sin embargo, no podía dejar de agradecer el hecho de que confundiera el motivo de su llanto con el extremo más opuesto al que verdaderamente lo había originado. No había motivo lógico que condujera a su hermano a la conclusión de que estaba llorando por el hecho de que se sentía un traidor al soñarse enredado bajo las sábanas con él, y esperaba que nunca lo hubiera.

-T-Tadashi...- comenzó, aún sin atreverse a mirarlo a los ojos de la misma manera en que el aludido no podía verle a él. Odiaba todo aquello y desearía haber podido explicar la situación real para que pudiera liberarse de la culpa que lo embargaba, pero dudaba verdaderamente que llegara a aliviarle en realidad-. No tienes de qué preocuparte, sólo fue un mal sueño. Ni siquiera lo recuerdo ahora mismo ya.

El aludido asintió lentamente, sopesando sus palabras con calma, con la curva de sus labios ligeramente más relajada. Hiro se sintió algo aliviado al ver en ese gesto que la molestia de su hermano parecía algo mermada. Sus ojos se encontraron por primera vez, Hiro mirándolo por entre las pestañas, Tadashi de reojo, serio. Una sonrisa del menor, conciliadora, bastó para contagiar un poco del optimismo que él mismo no sentía al gesto del otro y que Tadashi suspirara a la vez que volvía a alejar la mirada, perceptiblemente más tranquilo.

-¿Estás seguro de que no hay problema?- preguntó, dejándose caer de espaldas en la cama. Se sacó la gorra característica, que cada vez usaba menos en realidad, y comenzó a juguetear con ella, en la espera de su respuesta.

Hiro esbozó una sonrisa más relajada mientras se sentaba en posición de flor de loto, dando lugar al mayor.

-Claro que sí, hermanote. No te preocupes- aseguró, aliviado de que no decidiera indagar más.

Tadashi se detuvo un instante en la actividad de girar su gorra en el aire, sopesando sus palabras sin apartar la mirada de la tela negra.

-Hay algo más- murmuró, y Hiro le miró con curiosidad, a medio camino de despegarse de las sábanas-. No sólo llorabas y me llamabas, sino que estabas sonrojado y... sonreías- concluyó, esbozando una expresión que dejaba más que claro la gran confusión que aquello había despertado en él, aunque debía admitir que sería una reacción comprensible en cualquier persona ante semejante situación.

Hiro abrió los ojos de par en par ante las palabras del mayor. Acto seguido, alejó la mirada, escandalizado y notando que sus mejillas hormigueaban gracias al rubor que, incriminador, volvía a apoderarse de ellas.

-Y-Yo...- murmuró, pensando a toda velocidad una manera en la que contestar sin evidenciar la naturaleza de su sueño real-. Bueno... ya sabes, no recuerdo mucho en realidad.

Tadashi le miró, esta vez con un gesto que divagaba entre la sospecha y la duda.

-¿En serio?...- interrogó, con una ceja enarcada que dejaba en claro que no estaba del todo convencido- ¿No es un poco extraño un sueño tan dispar?

Cansado ya de la interrogación, descartó la charla con un encogimiento de hombros y una sonrisa.

-Alguien tenía que heredar la bipolaridad de tía Cass, supongo- comentó, estirándose con dicha, sintiendo los músculos de su espalda relajarse.

Pero el mayor continuó observándolo con su expresión inquisidora, causando que Hiro sintiera como un frío sudor comenzaba a deslizarse por su espalda. Era paranoico suponer que Tadashi pudiera descubrir la naturaleza de su sueño sólo con observarlo… ¿No?

Suspiró mentalmente cuando Tadashi sonrió de lado, antes de soltar una pequeña carcajada. Al parecer lo iba a dejar por la paz, para alivio de Hiro.

-Por cierto, tía Cass dijo que si no bajabas a almorzar en cinco minutos iba a sacarte todas las herramientas que te regaló por Navidad- soltó como quien no quiere la cosa, poniéndose en pie con un leve impulso, desordenándole los cabellos al pasar con una enérgica caricia que le arrancó una protesta al chico.

-¿A almorzar?- repitió, confundido- ¿Qué hora es?

-La una de la tarde- dijo, mientras se dirigía a la puerta con un paso relajado en lo que Hiro ahogaba una exclamación de sorpresa-. Y llegué hace seis minutos, por si te interesa.

Esta vez no pudo evitar soltar el pequeño grito aterrado. Cass era verdaderamente temible cuando se la dejaba colgada a la hora de comer, y el hecho de que le permitiera dormir tanto más allá del horario del desayuno era un hecho sin precedentes incluso para un domingo.

-¡Tadashi!- exclamó con un tono de alerta mezclado con el profundo sentimiento de traición que sentía por parte del mayor, saltando de la cama a toda velocidad y tomando la ropa de la noche anterior del suelo, mientras las risas del chico se alejaban por las escaleras.

Y pensar que me preocupo por él. Gruñó en su fuero interno, molesto. Sin embargo, no pudo evitar esbozar una sonrisa embobada cuando la última carcajada de su hermano murió tras las paredes. Al menos ya no se siente mal.


Suspiró pesadamente mientras miraba la pantalla de su computadora con molestia, temiendo tan sólo tocar una tecla para escribir la pregunta en el buscador, pero consciente a la vez de que le quedaba poco tiempo antes de que su hermano y tía volvieran de realizar las compras, paseo del que él desistió con la excusa de relajarse en casa un poco luego de una semana demasiado ajetreada en la universidad.

Y para realizar preguntas como Incesto en la sociedad por internet, por supuesto.

-Cada vez mi historial causa más espanto, ¿Eh, Baymax?- preguntó distraídamente al robot que se paseaba por la habitación, jugando con Mochi.

Su gigantesco amigo se detuvo un segundo en su persecución para realizar un escaneo fugaz.

-No detecto una alteración de hormonas que se corresponda con el temor- informó.

-Oh, ya la sentirás, amigote- aseguró, con una expresión que tenía tanto de humor como de resignación en ella, antes de darle una gran mordida a la roja manzana que había estado lanzando en el aire instantes atrás. Dio enter al buscador como quien presiona el botón de autodestrucción de algún lugar en el que se encontraba atrapado.

Veinte minutos después Hiro cerró los ojos, luchando por ignorar la evidente molestia que crecía a pasos agigantados en su cabeza. Masajeó sus sienes con los dedos, donde una notable presión comenzaba a resultar insoportable. Hubiera hecho lo posible por arrepentirse antes de haber comenzado con toda aquella búsqueda inútil, que sólo había logrado aumentar su malestar respecto a toda la situación con su hermano.

-Detecto un aumento en tus niveles de cortisona y testosterona. ¿Algo en particular te está molestando?- la voz de Baymax se abrió paso entre la nebulosa que se había vuelto su cabeza, a la vez que el robot blanco se colocaba a su lado, con Mochi ronroneando entre sus brazos.

Hiro suspiró pesadamente, acongojado, antes de abrir los ojos y parpadear lentamente, luchando por apartar la sensación de presión en su pecho que comenzaba a asfixiarle, además de alejar la humedad excesiva en sus ojos.

-Sí- aceptó, antes de ponerse en pie, sin verdaderos deseos de dar explicaciones a su amigo por el momento y demasiado consciente de que faltaban pocos minutos antes de que Tadashi y Cass entraran por la puerta. Se dirigió hasta el espacio de suelo hueco en su habitación donde guardaba uno de sus trajes, junto a las partes del de Baymax-. ¿Sabes? Creo que esta vez sí aceptaré ese paseo para estabilizar mis cambios de humor.

Se giró hacia el robot con su coraza roja y violeta entre manos, y Mochi, que había tenido una mala experiencia la última vez que habían experimentado con los propulsores del robot dentro de casa, salió corriendo espantado de la habitación. Hiro pensó que era lo mejor, no quería volver a tener que inventar excusas para tía Cass sobre por qué su gato había amanecido con todo el pelo de la cola chamuscado.


Había sido buena idea después de todo.

No había sido consciente de cuan atrapado se sentía dentro de aquella habitación hasta que la fresca brisa del atardecer chocó contra sus mejillas, trayendo consigo el aroma salado del océano y el sonido de los barcos y las gaviotas en el muelle. El encierro no le hacía bien, no cuando justamente debía estarlo gran parte de la semana para poder ir al día con la universidad, y tampoco es que las salidas a patrullar con los chicos le distendieran de forma correcta, dado que debían estar atentos a los peligros y delincuentes de la ciudad. En resumen, desde hacía aproximadamente un año que realmente no tenía muchos momentos para relajarse.

Los proyectos robóticos que realizaba, aunque fáciles, ya no eran sólo por placer, sino que debía llevar a cabo todo un análisis adjunto que diera cuenta de su funcionamiento y mostrara su utilidad en la sociedad -algo que definitivamente nunca había que hacer en una pelea con Megabot-. Las reuniones con sus amigos siempre terminaban en conversaciones sobre la universidad, las misiones o, las menos de las veces, películas extrañas que sólo Fred parecía conocer. Y la situación con Tadashi... bueno...

-Acelera, Bay- gruñó, enfurruñado, antes de inclinar los mandos de control en los sensores magnéticos de la espalda del robot para que desviara la vía de su vuelo un poco a la derecha, inclinando su cuerpo ligeramente en esa dirección. Hiro bajó la mirada, encontrándose con su rostro aniñado en el reflejo que le devolvía el agua del estrecho. Se perdió un segundo en los reflejos ligeramente anaranjados que el atardecer ya comenzaba a derramar sobre la ciudad y su rostro antes de que el robot dirigiera toda su potencia a sus propulsores y describiera una gigantesca curva al ras de la superficie del agua. Ésta se elevó y chisporroteó por el contacto con la ráfaga de aire caliente, empapando levemente ambas corazas, antes de que Baymax se elevara a toda velocidad hacia el cielo.

Como la primera y todas las veces que volaba con su amigo, un ligero vértigo se apoderó de él ante ese brusco movimiento y estuvo a punto de tener náuseas, pero sólo bastó con que posara su mirada en un punto fijo en la lejanía para que recuperara la estabilidad en el vuelo. Pese a lo molesto que era, cualquier cosa servía para no pensar en...

Gruñó, frustrado, antes de aplastarse contra la coraza del robot para evitar la fricción del viento, aumentando la velocidad con la que Baymax se acercaba hacia uno de los globos de pez. Con suerte acabaría por estrellarse contra la estructura y se olvidaría de los bizarros problemas que le asediaban.

Sin embargo, la velocidad con la que se acercaban comenzó a disminuir cuando ya sólo faltaban unos pocos metros y la inercia obligó a Hiro a aferrarse con fuerza al robot cuando sospechó que su estómago se escaparía por su boca, en el instante mismo en que Baymax colocaba ambos pies sobre el globo.

-¿Por qué paraste?- gruñó Hiro, aferrándose con ambas manos a su estómago, mientras esperaba un segundo a que su malestar desapareciera. Un sonido demasiado conocido llegó hasta sus oídos desde el interior de la armadura de Baymax, respondiendo a su pregunta incluso antes de que el robot lo hiciera.

-Mis niveles de energía están peligrosamente bajos- informó, inclinando su cabeza ligeramente hacia un lado para verlo mientras el chico descendía por su espalda-. Debo volver a recargar, pero en este momento es peligroso que viaje con carga excesiva o ambos podríamos caer al océano.

Hiro se tambaleó ligeramente al pisar la superficie del globo, aferrándose de inmediato a la mano que Baymax le tendía. Tardó un momento en superar su mareo, antes de respirar hondo y sentarse en la superficie de metal de la gigantesca turbina.

-Supongo que estoy atrapado aquí hasta que hayas recuperado energías, ¿No es así?- preguntó, no sabiendo si ya debería haberse acostumbrado a estos altibajos de mala suerte o si su resignación era fruto de algún nuevo trastorno mental gestándose-. Encantador panorama para un domingo a la noche- agregó, dirigiendo su mirada hasta el horizonte, donde el sol comenzaba a teñir la sempiterna niebla del estrecho con una maravillosa paleta de colores naranja, rojo y violeta.

Al menos la vista es sublime. Pensó.

-En verdad lo lamento, Hiro- se disculpó el robot, un gesto más humano de lo que se esperaba. Hiro asintió, antes de dirigirle una sonrisa, esmerándose en relajar las locuras de sus hormonas que pudieran despertar más "sentimientos de culpa" en el robot.

-No hay problema- aseguró-. Vete ahora o no te quedara energía suficiente para viajar tú solo tan siquiera.

Baymax pareció dudar un segundo en el que, Hiro estuvo seguro, se dedicó a hacerle un escaneo para medir su temperatura, hambre o cosas de ese tipo. Una vez estuvo seguro de que no colapsaría por el invierno asintió y se marchó con premura, generando una agradable corriente de aire cálido con sus propulsores que le obligó a cerrar los ojos desprotegidos del visor, oyendo como se alejaba.

Cuando volvió a abrirlos, al cabo de unos segundos, estaba tan sólo él con los colores del atardecer.

Igual que aquella vez. Comentó como al pasar, rememorando el día en que había encontrado a Tadashi en los laboratorios. No lo tomó como una señal, los atardeceres de San Franskyo generalmente eran magníficos debido a la niebla y la evaporación del agua. Las partículas gaseosas dispersas en la atmósfera esparcían de mejor forma los rayos de luz que chocaban contra ellas, llegando a un nivel de iridiscencia en el cual el agua y el cielo se unían y no había un horizonte que los separara, sino que el reflejo del cielo en el estrecho causaba una sola y perfecta bóveda de color naranja que le envolvía con su belleza y bañaba la ciudad, el puerto y las lejanas montañas con ámbar, escarlata, rosa y topacio.

Aunque no lo tomara como una señal, inevitablemente el hermoso espectáculo trajo a su memoria a cierto joven empollón y experto en artes marciales que estaba tratando de mantener lejos de su mente a como diera lugar. Pero atrapado allí ya no podía generar situaciones de adrenalina que le obligaran a olvidarse de sus problemas sin, por ejemplo, tener que saltar de aquel globo y enfrentarse a una muerte segura.

Aunque la idea era tentadora, la verdad.

Suspiró pesadamente, dejando de lado su fase de diva dramática antes de echarse hacia atrás y recostarse sobre sus brazos, observando distraídamente la forma en que el resplandor teñía su traje de colores naranjas también.

Por un momento luchó por poner su mente en blanco, simplemente disfrutar del atardecer y la extraña calma de la ciudad, pero no pasó más de unos segundos con la vista fija en el horizonte cuando la imagen mental de los ojos de su hermano, brillando en sus sueños con una tonalidad demasiado similar a los tonos de amarillo que bañaban algunos rincones de las nubes, asaltaran su mente, causando que su piel se erizara al recordar el hambre y pasión ocultos en ellos.

Me pregunto cómo sería Tadashi en la cama- soltó en su fuero interno, genuinamente curioso y tal vez algo expectante- ¿Será tierno, dulce?, ¿O una bestia hambrienta e implacable?

Por un instante, la imagen de Tadashi sometiéndole sobre la cama, mordiendo su cuello con furia o manteniéndole en cuatro con los pantalones bajos azotó su mente, causando que un furioso rubor trepara hasta sus mejillas, sólo para que, un instante después, una pequeña risita se escapara de sus labios.

La idea de su dulce y sereno hermano como un amante rudo volvió a sacarle una carcajada por lo ridículo que le parecía, antes de robarle un respingo escandalizado y obligarle a abrir los ojos de par en par.

-¡No!- exclamó, alarmado y furioso consigo mismo, antes de taparse la boca con ambas manos en un acto reflejo. Esperó un segundo, dirigiendo su mirada en todas las direcciones, y emitió un suspiro de alivio al encontrar sólo nubes en lugar de miradas extrañadas. Parpadeó un par de veces antes de volver a relajarse, adoptando la posición de flor de loto y hundiendo su mirada en sus manos-. Estás cada vez más paranoico, Hiro. ¿Quién podría oírte a estas alturas?

Esperó un par de segundos más en silencio, estudiando la forma en que su corazón comenzaba a regularizar su acelerado ritmo dentro de su pecho, a la vez que su respiración también se normalizaba. Al cabo de un instante, más tranquilo, volvió a recostarse sobre sus codos, con los ojos fijos en el atardecer, pero la mente vagando con cierto recelo en las imágenes fugaces que su mente había creado de la nada. Aún no estaba precisamente acostumbrado a los comentarios más básicos respecto del atractivo de su hermano, estaba claro entonces que pensamientos de éste tipo despertarían alarma en cualquier persona normal.

No, mejor dicho, cualquier persona medianamente normal ni siquiera los tendría.

Hiro frunció el ceño, harto de aquel malestar, de aquella incomodidad con su hermano.

-Esto es ridículo- gruñó, clavando su mirada en el lejano atardecer, como si se dispusiera a hablarle al sol y el océano-. No es mi culpa si mi cuerpo está como loco con Tadashi, y eso definitivamente no tiene nada que ver con síndromes estúpidos de un austríaco loco o por causa de alguna desviación de conducta sexual. Soy un maldito adolescente con hormonas sobre excitadas y con sueños propios de ellas, nada más que eso, ya se pasará.

Su gesto fue firme al finalizar su sentencia, pero sólo bastó que su mente vagara un poco más para que su seguridad comenzara a flaquear.

Esta vez un recuerdo diferente le asaltó, un recuerdo que no pertenecía a ningún sueño producto de sus hormonas o su inconsciente. Su mente voló a aquella noche en que Tadashi le había atrapado en la cama y se había quedado profundamente dormido mientras le abrazaba como a un peluche. Nuevamente su corazón se agitó como si un colibrí se hallara encerrado en su caja torácica y sintió sus mejillas arder en respuesta a la sonrisa de su hermano en la oscuridad, describiendo una tierna curva en su atractivo y masculino rostro. El simple recuerdo de los férreos brazos de su hermano a su alrededor, manteniéndole firmemente pegado a su torso bastó para que un agradable calor envolviera su cuerpo por completo, naciendo desde su vientre, y una sonrisa estúpida se escapara por sus labios, una sensación mil veces preferible a los pensamientos lujuriosos que lo asaltaban de la nada. No importaba cuanto se hubiera quejado de la cercanía del otro en ese momento, la había disfrutado a pesar de que era ese el contacto que había originado toda aquella vorágine de sentimientos y pensamientos dentro de él.

Sin embargo, el recuerdo de las reacciones de su cuerpo ante el aroma masculino y ligeramente picante de Tadashi envolviéndolo, la forma en que su rostro le resultaba encantador en medio de la penumbra de la habitación y el momentáneo deseo que había sentido de que le besará y le inmovilizara no eran para nada fruto de un sueño hormonal, sino que habían sido una respuesta completamente sincera de sí mismo, una reacción suya...

Algo que él había sentido.

Tristemente, en aquel momento había recurrido a la lógica en vez de explorar lo que su cuerpo le estaba diciendo. Había zanjado con la excusa del Edipo la orientación de sus desordenes hormonales, guiándose por la lógica, como toda la vida lo había hecho.

Ingenuamente había buscado en todas partes explicaciones a lo que le pasaba, había tratado de verlo desde la objetividad de la ciencia, desde una aventura por el psicoanálisis, desde los cambios hormonales de un púber, consolándose en lo que la biología podía decirle, incluso investigando cosas como el incesto desde la lejanía, nunca viéndolo como algo que él sufría como persona. Investigó desde la objetividad, como el buen hombre de ciencias que era, interponiendo excusas y razonamientos que falsaran cualquier posibilidad de que toda la información que recolectó durante aquella semana fuera aplicable a su situación, una forma muy personal de negación.

Sin embargo, no acostumbrado a ello a su joven edad, en ningún momento se detuvo a sentir.

Sentir, no pensar. Desconectar su mente de la razón sólo para dejarla vagar por los caminos que quisiera y que tan gustosamente exploraba en sus sueños, en una especie de venganza muy irónica.

Era por eso que su cerebro -maldito bastardo-, le cobraba en su subconsciente todas las veces que le interrumpía cuando como buen adolescente se dedicaba a admirar aspectos de Tadashi desde una perspectiva nada fraterna.

Bufó, llevándose una mano a la frente, allí donde la presión de una jaqueca volvía a gestarse debido a la forma en que su mente trabajaba a una velocidad vertiginosa. Sin embargo, misteriosamente su pecho no se sentía oprimido por la desesperación como antes de salir de su casa, sino que se mantenía en una especulación constante entre la incomodidad y la calma.

Si tan sólo hubiera explorado lo que sentía en lugar de negarlo, hoy no estaría tal vez tan receloso a la compañía de Tadashi, a su contacto e incluso al simple hecho de rememorarlo por temor a que pensamientos libidinosos le asaltaran de la nada. Pensamientos que, cabe aclarar, no habían aparecido desde que comenzara con su reflexión.

No pudo evitar pensar que de haber procedido así desde el comienzo habría podido percibir la evolución de sus pensamientos más deliberadamente desde la primera inocente vez que contempló sus labios con un interés romántico, pasando por aspectos más ingenuos e incluso tiernos, en vez de que ahora sus pensamientos, cada vez más atrevidos y excitantes, lo tomaran por sorpresa, sin saber exactamente si sentirse incómodo por ellos y retenerlos, o dejarlos fluir, no acostumbrado a ello.

Maldijo por lo bajo su razonamiento científico y sus sentimientos desviados. La ciencia había sido siempre su forma de comprender el mundo, y había recurrido a ella por instinto ante un aspecto de él que ni siquiera sabía que era posible cuando, en realidad, todo lo que debería haber hecho era dejar fluir las cosas y escuchar lo que su cuerpo le quería decir.

Pero sentir le resultaba aterrador porque era ilógico, porque no sólo estaba causando que los pilares de su vida se tambalearan bajo sus pies, desbaratando todo aquello que siempre tuvo un lugar seguro, sino que le estaba mostrando el mundo desde una perspectiva desconocida y que, la primera vez que tuvo contacto con ella, casi acaba por destruirlo.

Porque, al igual que esta vez, la primera vez que los sentimientos tuvieron más relevancia en su vida que la razón fue también por causa de Tadashi. Y todo se había tornado sin sentido sin él.

Hiro tragó saliva, sintiendo un nudo en su garganta cuya presencia no entendía del todo a la vez que una contradictoria ligereza en su pecho y hombros, como si acabara de sacarse un peso de encima que jamás hubiera esperado. Soltó un suspiro tembloroso, notando como el atardecer, que había llegado a un punto en que los colores se tornaban incluso aún más brillantes, se desdibujaba tras un manto de humedad excesiva en sus ojos.

Respiró hondo, tratando de relajarse al percibir el sonido de unas turbinas atravesando el aire, acercándose lentamente hasta donde él se hallaba, y pestañeó con rapidez para evitar que las lágrimas desbordaran sus ojos. Si bien sabía que Baymax sería perfectamente capaz de notar que se hallaba sensible independientemente de sus síntomas externos, quería evitar de cualquier forma posible un interrogatorio de su parte.

-Cargaste rápido- se limitó a comentar cuando oyó al otro colocarse de pie en el globo, agradecido de que su voz sonará normal.

-Con una dona y un café tengo para un buen rato- la voz, que definitivamente no tenía punto de comparación con la de su enfermero robot, causó que debiera ahogar un grito espantado y que todo su rostro empalideciera. Cuando alzó la mirada al joven hombre a su lado, la relajada sonrisa de Tadashi causó que su corazón arrancara a latir frenéticamente-. Aunque los entrenamientos han acelerado mi metabolismo, a decir verdad.

Hiro no pudo disimular su mirada sorprendida mientras permanecía estupefacto al ver como su hermano, enfundado en su traje negro, se sentaba a su lado con una actitud relajada. Obligó a su cerebro a fabricar una sonrisa para el mayor, aunque dudaba que eso ayudara a alejar lo sospechoso de su expresión.

-S-Suele pasar- fue el brillante comentario que pudo soltar, y quiso darse de bruces al ver que su voz temblaba ligeramente.

La mirada de Tadashi se retrasó un segundo sobre su rostro desnudo, antes de negar levemente con la cabeza y presionar el botón en el comunicador de su oído, haciendo que el visor naranja-rojizo se desvaneciera, dejando su anguloso rostro completamente desnudo ante él. Un segundo después, la mano del mayor se perdía en su espalda, y Hiro estuvo a punto de soltar una exclamación al sentir la presión en su nuca, justo donde el botón que le permitía sacarse el casco estaba. Se ruborizó cuando el casco fue retirado por su hermano mayor, pero la fresca brisa del atardecer ayudó a disimularlo.

-Es agradable estar con mi hermano de vez en cuando, y no con una pelota de fútbol vistosa- le pinchó, antes de agitar su cabello con un movimiento impetuoso, esbozando una sonrisa relajada que chocaba con la tensión que embargaba el cuerpo del chico. Sin embargo, ante el gesto de su hermano, no pudo evitar relajarse y reír brevemente, tratando de alejarlo.

-Es mejor que tu traje cliché de ninja- devolvió, sonriente. La sincera indignación en los ojos del mayor sólo logró que su sonrisa aumentara el doble.

-Sólo estás celoso porque no se te ocurrió a ti.

-¿Y para qué hubiera tenido katanas? Ni siquiera sé cómo usar un cuchillo para pelar una manzana, posiblemente me cortaría algo con una espada.

El gesto irritado de Tadashi llamó su atención esta vez, ya que su comentario no había sido dicho con la intención de molestarlo.

-Diablos, ¿Por qué todo el mundo cree que las katanas son espadas?- rezongó en voz alta, sonando más bien como si estuviera hablando consigo mismo, antes de girarse a él con una expresión molesta-. Las espadas tienen dos lados con filo, las katanas sólo tienen uno. Son sables, Hiro, sables. ¿Entiendes la diferencia?

El aludido alzó una ceja, extrañado más que por la diferencia aparentemente abismal, por el hecho de que Tadashi la supiera.

-Creo que ni yo ni nadie, hermanote- confesó con cierto toque divertido, sólo por el gusto de irritarlo más, antes de seguir-. Lo que sí me interesa es que tú la tengas tan presente.

Ante el comentario, Tadashi se cortó en medio de su gesto de darle un zape para enarcar ambas cejas, sorprendido. Un segundo más tarde su expresión se tornó neutra, antes de bajar la mano alzada y soportar su peso en ella, dirigiendo su mirada a la superficie metálica del globo.

Presintiendo su falta de disposición para hablar, Hiro continuó. La clara diferencia entre su hermano y él es que él nunca se quedaba con las dudas.

-¿Cómo es que sabes manejar tan bien las espadas?- ignoró la mirada asesina que le lanzó el mayor, con una segura, fija en él y dispuesta a acribillarle a preguntas-. ¿Desde cuándo las usas?, ¿Y desde cuándo eres tan ágil? Además, ¿Cómo es posible que un nerd como tú sea tan genial sólo por ponerse un traje? Porque ni se te ocurra tratar de meterme eso como excusa, los trajes pueden ayudar a mejorar algunas habilidades, pero lo tuyo es completamente natural.

-¿Eso último no deberías decírtelo a ti mismo también?- preguntó, claramente molesto ante el insulto oculto en la pregunta final del muchacho. Hiro no estaba exactamente exento del título de nerd como para molestarlo tan seguido con él.

-Contéstame, Tadashi- ordenó, con sus ojos fijos en los del otro, completamente seguro de sí mismo. El aludido se le quedó mirando por un momento, anonadado y algo abrumado por la firmeza de su hermanito y dudando un segundo antes de soltar un largo suspiro y cerrar los ojos. Llevó sus manos al cilindro en su espalda lumbar y lo retiró, presionando el botón para que se encendiera antes de separar la incandescente hoja en dos sables.

Después de tantos años evadiendo el tema a consciencia no era exactamente sencillo soltarlo como si nada.

-En realidad es más mérito de papá que mío- confesó, alejando la mirada hacia el atardecer, y Hiro guardó silencio un momento, descomponiendo su mueca curiosa de niño en una de seria perplejidad. Tadashi rara vez hablaba de sus padres, de hecho, podía afirmar que ésta era la segunda vez en dos años que los nombraba, y la primera fue de forma indirecta aquella noche que pisó por primera vez los laboratorios del Ito Ishioka-. Es una historia algo menos espectacular de lo que me gustaría- comentó, soltando una pequeña risita, negando con una sonrisa en los labios y una mirada distante. Hiro supo que estaba con él sólo a medias en ese momento-. De pequeño me había obsesionado con las películas de ninjas, así que molesté a papá hasta que me inscribió en una escuela de esgrima, que era lo más parecido en el barrio a un entrenamiento ninja. De cierta forma él acabo entusiasmándose más con mi desempeño que yo, así que era una manera de hacer algo en común y hacerle sentir orgulloso. Al poco tiempo ya estaba en competencias y había desarrollado una especie de afán por hacer piruetas con los floretes en las peleas... a mamá casi le da un infarto la primera vez que me vio hacerlo con una espada real, cuando mis maestros recomendaron a nuestro padre que me inscribiera en cursos más especializados y exigentes- confesó, convirtiendo nuevamente la katana en una sola unidad, y contemplándola con ese aire melancólico que ahora era completamente comprensible para el menor. Aquella espada desconocida llenaba a su hermano de recuerdos sobre su padre, de su infancia-. Lo dejé poco después de que ellos murieran, así que han pasado varios años desde la última vez que luché con espadas… o sables.

Hiro guardó silencio un segundo, observando la hoja con mirada ausente, pues prefería verla a ella a enfrentarse con la mirada melancólica de su hermano. Pero claro, siendo él y sin poder detener su cerebro ni por un minuto, no pudo evitar soltar una pregunta al poco tiempo.

-¿Por qué nunca me hablaste de esto?, ¿Y por qué nunca vi fotos de tus competencias en casa?- preguntó, curioso y con un aire ligeramente acusador. Aunque pareciera algo hipócrita de su parte, no le gustaba que su familia tuviera secretos con él, mucho menos tan geniales.

Tadashi sólo hizo una mueca, esbozando una expresión que Hiro no pudo descifrar del todo.

-Me odiarás por esto... pero creo que es por ti- soltó, y Hiro no pudo refrenar la sorpresa en su rostro.

-¿Por mí?, ¿Qué quieres decir con eso?

Por primera vez desde que empezaran a hablar Tadashi le dirigió una mirada. Parecía evaluarlo con sus ojos, como si estuviera midiendo una posible reacción. Hiro supuso al instante que ambos sabían que se enfadaría sin importar qué, así que no le sorprendió el pesado suspiro que el mayor soltó antes de continuar.

-Son recuerdos muy bellos para mí, Hiro. Ese fue el momento en que más unido me sentí a papá; él no entendía nada de tecnología más allá de la que utilizaba para las operaciones, así que era algo de lo que podíamos hablar sin tantas barreras y era perfectamente consciente de lo orgulloso que él se sentía- comenzó, con cierta humedad extra en sus ojos y un claro nudo en su garganta al hablar que incomodó levemente a Hiro, aunque su mirada se tornó más relajada cuando se enfocó en él, dentro de lo que cabía-. No quería que de alguna forma te sintieras mal por ello, o que envidiarás lo que yo tuve con papá, así que cuando noté el hecho de que comenzabas a buscarlos en fotos a los pocos días de su muerte, decidí ocultar las que tuvieran que ver con mis competencias... tal vez fue algo egoísta de mi parte ahora que lo pienso, pero fue lo más sensato para mí en ese momento- dudó un segundo, en el que Hiro permaneció impasible, contemplando la forma en que la mente de Tadashi comenzaba a divagar-. Puede ser que mi decisión estuviera influida por el dolor que sentía cada vez que pensaba en ellos y veía esas fotos, no lo sé realmente.

Hiro contempló en silencio la expresión de su hermano, antes de alejar la mirada al horizonte.

-¿Los extrañas mucho?- preguntó, sin saber muy bien por qué. La verdad es que nunca habían tenido una conversación como ésa, y resultaba irónico que ocurriera cuando estaba tan dudoso sobre la relación que realmente quería con su hermano, porque era una charla que sin duda los unía como hermanos.

Tadashi parpadeó, con la vista fija en su sable, antes de negar.

-No tanto ya- susurró, algo que llamó la atención del menor-. A veces me siento mal por no hacerlo, aunque todos los días pienso en ellos... a veces... sólo a veces, me despierto aterrado de no recordar detalles. Sus voces, sus olores, sus...

-Rostros- finalizó el chico, con la mirada firme en la distancia aun cuando sabía que tenía la de su hermano fija en él, sorprendido-... lo sé.

Tadashi tardó un segundo en notar que Hiro no estaba hablando de sus padres, y no pudo evitar sentirse ligeramente culpable otra vez.

Extendió su brazo para envolver los pequeños hombros de su hermano con él, y distraídamente alejó la mirada hacia el atardecer. No dijo nada cuando sintió la leve duda ante su contacto por parte del chico, o cuando, como temiendo de hacerlo, Hiro recostó su cabeza contra su hombro, en un gesto tal vez demasiado tierno como para que ellos lo hicieran sin tener golpes de por medio anteriormente.

Hiro suspiró lo más disimuladamente posible contra la armadura de su hermano, sintiendo el frío del material contra su sien y curiosamente ajeno del que comenzaba a volverse intolerable en el aire a su alrededor. Necesitaba un segundo para alejar el nudo en la garganta que se le había formado al rememorar todas aquellas mañanas que luchaba por recordar el tono con que Tadashi lo regañaba, o la expresión exacta de su rostro cuando estaba al borde de un infarto por su causa. Esa expresión no estaba en ninguna de sus fotos, ni ese tono de voz en sus vídeos juntos, y ciertamente aquellas cosas, aunque fueran un placebo para su ausencia, nunca podrían suplantar a un recuerdo bien preservado, mucho menos a la persona real en vivo.

Al menos ya no debo preocuparme por eso. Murmuró en su fuero interno, alzando la mirada disimuladamente al rostro del mayor. Una leve sonrisa estaba presente en los labios de Tadashi, curiosamente relajada. Tal vez él también necesita hablar de papá y mamá de vez en cuando...

Tragó saliva antes de hablar, asegurándose que su voz sonara relajada.

-Tadashi- murmuró, él aludido soltó un pequeño sonido gutural para demostrarle que le escuchaba-. No tienes por qué callarte cosas de mamá y papá por mí, no es como si pudiera extrañarlos, y no estoy celoso porque tú hayas podido disfrutarlos- susurró, observando la manera en que la sonrisa en su rosto se desvanecía ante sus palabras, dándole un toque de varonil seriedad que hizo sentir ligeramente abrumado a Hiro. Se tomó un segundo antes de proseguir:-. Cass y tú me han hecho lo suficientemente feliz estos años, y aunque sé que nunca podrá ser lo mismo que tenerlos a ellos, no cambiaría nada de los últimos años aunque pudiera.

La sorpresa no pasó desapercibida a los ojos del chico al estar pendiente de los gestos del mayor, y se sorprendió a sí mismo al descubrir la completa sinceridad en sus palabras.

-¿Nada?- preguntó el mayor, curioso, aunque sin bajar la mirada hacia él. Hiro tragó saliva una vez más.

-Nada- reafirmó, seguro de sí mismo-. No fue fácil, pero creo que el último año nos ha vuelto más unidos con los chicos y nos ha hecho mejores personas a pesar de todo, hemos ayudado a miles y estamos haciendo de San Fransokyo un lugar mejor... y después de todo tú estás aquí, conmigo. Definitivamente no hay algo que quisiera cambiar, no ahora.

Esperaba que el énfasis en el conmigo sólo hubiera sido perceptible para él, pues estaba seguro de haber sonado más posesivo de lo que un hermano tenía derecho a serlo. Pero es que ver aquella expresión sorprendida y conmovida de su hermano rociada de los tonos rojizos del atardecer, el tener aquella intimidad para decirse las cosas tan francamente, el poder disfrutar de la calidez de su abrazo o el simple hecho de poder sentir la forma en que la mano de Tadashi subía y bajaba a lo largo de su brazo con la esperanza de brindarle calor aún con su traje de por medio... la simple idea de que todo aquello pudiera hacerlo con otra persona le resultaba inimaginable. Tadashi nunca podría tener aquello con otro que no fuera Hiro, y éste estaba perfectamente consciente de ello.

Indiferente ya a la crudeza y posesividad de su pensamiento, se concentró en dibujar cada detalle del rostro de su hermano que hubiera olvidado en los últimos meses. Para su sorpresa, se encontró redescubriendo la masculina curva de su mentón, una marca cuadrada y varonil que le atraía de una forma casi absurda. Sus mejillas perfectamente afeitadas, la curva algo aguileña de su nariz, sus pómulos altos y marcados, el ligero resplandor topacio que sus ojos castaños, bordeados por espesas pestañas negras, adquirían al contacto con la luz solar, muy similar al que podrían tener los suyos propios en ese momento. Los rosáceos labios, ahora algo agrietados por el frío, y el castaño cabello agitado a merced del viento cerraban aquella estampa de belleza masculina que traía a Hiro anonadado.

Era diferente a otras veces que había visto a su hermano, estaba claro, pero no diferente en apariencia. Físicamente, y en su esencia también, Tadashi seguía siendo el mismo de siempre. En realidad era Hiro el que había cambiado. Para Hiro aquella curva en su mentón tenía un significado completamente diferente, era a él a quien ahora aquellos cabellos le resultaban atractivos; esos ojos no tenían nada que los hiciera más seductores o profundos, sino que era a él a quien se lo parecían. Y definitivamente el que aquellos labios rosáceos y agrietados le parecieran tan malditamente irresistibles tenía mucho más que ver con la forma en que Hiro se moría por besarlos que con el que el invierno ya hubiera hecho estragos sobre la epidermis de su hermano y que aun así a él todo le sentara bien.

Se podría haber horrorizado del pensamiento, del deseo impulsivo que le hacía anhelar el aferrarse a aquellos cabellos rebeldes y sedosos, arrodillarse entre las piernas de su hermano y besarlo como un condenado, vengándose de lo mucho que le gustaba que le besara en sueños y lo terrible que se sentía al respecto luego. Pero horrorizarse ya le parecía casi inútil, de hecho ni siquiera su cuerpo parecía necesitarlo ya.

¿Había dicho hormonas adolescentes? Tal vez tuvieran que ver un poco, pero definitivamente no eran las responsables de que sus reacciones horrorizadas se calmaran en cuanto aceptó que Tadashi no era para él ya sólo su hermano. Definitivamente no eran las responsables del hecho de que no tuviera casi pensamientos soeces desde que aceptó abiertamente para sí que aquello no era ya sólo un caso ajeno, algo para investigar desde la objetividad, sino algo que estaba muy presente dentro de él.

Y, definitivamente, no eran la causa de que sintiera como si le acabaran de retirar unos varios cientos de kilos de los hombros al pensar que, para su más puro horror, aquello que despertaba todas las extrañas reacciones ante Tadashi tenía más de abstracto que empírico, y no era algo que él pudiera aislar en un tubo de ensayo para su análisis o desarmar para descubrir su funcionamiento… Tadashi se le había metido bajo la piel de una forma demasiado poderosa como para explicarlo a través de la ciencia o la razón.

Tragó saliva, viendo como la imagen del bello y varonil rostro de su hermano, con un breve resplandor angelical debido a la luz solar, se desdibujaba tras la humedad excesiva de sus ojos. ¿Tenía algún sentido preocuparse por la forma en que lo viera, después de todo? Hace unos meses estaba completamente seguro de que sólo podría volver a ver aquel rostro después de muerto. Mientras pudiera permanecer con él ¿Realmente importaba la forma en que se sintiera respecto a su hermano?

Ajeno a la devastadora epifanía que acababa de sufrir su hermano menor, Tadashi contemplaba con una mirada embelesada el maravilloso espectáculo de un atardecer en San Fransokyo, obnubilado por el degradé de los colores rojizos y amarillentos que se derramaban sobre el vientre de las nubes con un sol que poco a poco concluía su jornada. Se sintió misteriosamente relajado de poder hablar sin temores con Hiro sobre sus padres, una urgencia que no había notado tenía hasta este momento y que, misteriosamente, se veía saciada por ahora. También hubo cierto confort y consuelo en el poder mantener a su hermano junto a él, en un silencio tan profundo y reconfortante, rodeados de aquella calma y belleza. Todo se sentía perfecto, todo estaba en su lugar si lo tenía a su lado, y era una tranquilidad que le hacía ver todo de forma más espectacular.

-Esto... está que arde- murmuró, sin poder evitarlo, sonriendo ampliamente.

Hubo un segundo de silencio junto a él, antes de que un pequeño y entrecortado hilo de voz le contestara.

-S-sí.

Tadashi frunció el ceño, sorprendido al oír el tono afectado del chico y, con todas sus alertas de hermano sobre protector disparándose en su mente, se alejó de él lo suficiente para poder tener plena visión de su rostro.

Y con él chocó la imagen de los ojos ámbar de su hermano, aún más brillantes que de costumbre debido a las sendas lágrimas que caían por sus mejillas y que desde allí parecían escupir una vez más en la esperanza de estar reconfortando a su hermano, de estar derribando otra barrera...

Alarmado, tomó con firmeza los hombros del chico, curiosamente pequeños y delicados entre sus manos, e impuso una leve distancia entre ellos, la suficiente para poder tener una visión clara de su rostro lloroso y del pequeño puchero que estaba esbozando, un gesto algo cómico y adorable que hacía desde pequeño.

-¿Qué sucede, Hiro?- le interrogó, alarmado. El ver a su hermano llorar se había vuelto algo casi inusual una vez más, y el que de repente debiera contemplarlo dos veces en un mismo día era un golpe muy duro para él, que creía que estaba ayudando al chico a superar su pérdida.

El aludido cerró los ojos antes de negar efusivamente con la cabeza, tenía las húmedas mejillas increíblemente ruborizadas, de una forma que ni siquiera el atardecer podía disimular, y estaba bastante seguro de que estaba respirando de forma más agitada de lo normal.

Preocupado, Tadashi estuvo a punto de cargarlo en sus espaldas y llevarlo a algún lugar en tierra firme donde pudiera calmarse, pero sólo logró hacer ademán de levantarse cuando, sin previo aviso, Hiro se lanzó contra él y envolvió su torso con sus brazos, con una fuerza de la que Tadashi jamás creería portador a su hermano.

Jadeó, mezcla de sorpresa y dolor por la fuerza con que Hiro se apegaba a él. Estuvo a un segundo de volver a alejarlo, pero la forma en que su hermano presionó su rostro en su pecho le detuvo por completo, desarmándolo y dejándole de piedra.

Aún más al sentir el vago murmullo que soltó sobre la base de su cuello, obligándole a reprimir un estremecimiento.

-E-Es sólo que de verdad me hace feliz que estés aquí, Tadashi.

El mayor abrió los ojos de par en par, impactado. No importaba cuántas veces Hiro se lo hubiera dicho ya, cada vez le resultaba incluso más especial que la anterior por el hecho de que su hermano comenzaba a confiar en él nuevamente.

Sin pensarlo mucho tomó al chico por su delgada cintura y le levantó casi sin esfuerzo -algo que, de hallarse en cualquier otra situación, estaba seguro que le hubiera ganado un buen insulto-, sólo para colocarlo en su regazo y envolverlo con ambos brazos, hundiendo también su rostro en la unión de su cuello y hombro, sintiendo los ligeros temblores y sollozos que agitaban su pequeño cuerpo.

A pesar de lo extraño de la situación, del hecho de que, después de muchos años, había logrado hablar de sus padres aunque sea un poco con Hiro y de lo curioso que le resultaba su extraño comportamiento en aquel día, Tadashi no pudo evitar sonreír ampliamente, al tiempo que sentía una ligera calidez deslizarse por su mejilla para acabar por unirse a la humedad que regaba el espacio entre sus rostros y sus armaduras.

-También me alegra estar aquí, Hiro- susurró, con la voz ligeramente afectada, al tiempo que acercaba aún más al chico hacia su pecho, luchando por aislarlo en aquel reducido espacio donde, era evidente, él era perfectamente palpable y se hallaba presente-, pero ya deja de llorar, porque no planeo irme.

Hiro sintió que algo en su corazón se agitaba con fuerza ante aquella firme certeza de su hermano. Se preguntó si estaría tan seguro de ello si supiera que el motivo de sus lágrimas no era tanto su presencia allí, sino el temor de volver a perderlo si descubría lo que se había vuelto tan evidente para él hace unos minutos.

Se abrazó con aún más fuerza a su hermano, esperando que no le quedara ninguna secuela del coma que pudiera causarle dolor ante su ímpetu, pero es que simplemente necesitaba sentirlo allí, junto a él, bañado por la misma luz mortecina de aquel sol que ya sólo era un resplandor en la lejanía. ¿Acaso Tadashi estaría dispuesto a soportar a una persona tan enferma a su lado de enterarse lo que había descubierto? Estaba seguro de que no, había cosas que ni siquiera las mejores personas, como Tadashi, tolerarían.

Y que su hermano menor estuviera total, irracional y enfermamente enamorado de él no era una de ellas, podía apostarlo.

Cuando lo descubrió, cuando por fin se atrevió a admitírselo a sí mismo, Hiro comenzó a llorar, aliviado, sin motivo. De repente caudales de agua cristalina y salada comenzaron a manar de sus ojos sin freno, como si fuera algo que tuviera guardado hace mucho más tiempo del que creía y necesitara salir.

Pero casi en el momento en que, con una sonrisa amarga, aceptaba el hecho de que su hermano no podría volver a ser solamente eso para él, independientemente de sus hormonas o trastornos propios de su edad, una nueva preocupación volvía a instalarse sobre sus hombros...

¿Cuál podría ser la reacción de Tadashi de llegar a saberlo?

Claramente se alejaría horrorizado de él, y Hiro volvería a estar solo con el recuerdo de su hermano...

¿Cómo era posible sacarse una pesada carga de los hombros sólo para de inmediato volver a cargar otra?, ¿Cómo lograría que su hermano permaneciera a su lado a pesar de sus sentimientos, de sus anhelos enfermizos?

La respuesta era sencilla en realidad, tan sencilla que era devastadora y liberadora por igual. Debería guardarlos bajo todas sus llaves, en lo más profundo de su ser, donde sólo lograran lastimarlo a él y a nadie más. Tadashi era un buen hombre, algún día llegaría a casarse con una mujer que lo mereciera en verdad y a tener hijos hermosos que él llamaría sobrinos, pequeñas bendiciones donde él podría desahogar todo el cariño que no podría dar a su hermano. Él no se merecía que perturbaran su vida con algo tan sucio como el amor execrable que sentía por él, aun cuando fuera posible que nadie llegara a amarlo tanto como Hiro lo haría de ser correspondido.

Pero eso no debía pasar. Tadashi no debía saber nunca lo que sentía por él, aun cuando ese secreto llegara a destrozarlo.

Se abrazó con fuerza al pecho de su hermano, siendo correspondido de inmediato. Sintió como la oscuridad y el frío comenzaba a deslizarse sobre el firmamento.

Y sobre su corazón.


Sueño REM: Face rapid eye movement, o fase de movimientos oculares rápidos en español, es la etapa de sueño en los mamíferos en la que hay mayor actividad cerebral y es cuando, por lo general, más sueños se tiene.

Bien, voy a tomarme el trabajo de aclarar que no soy experta en psicología ni mucho menos, algo que cualquiera que sí lo sea y por algún motivo esté aquí ya habrá visto. La información que aquí ven sobre el tema es sacada completamente de Wikipedia y otras páginas. Pero antes de correr el riesgo de ofender a alguien apasionado por el tema o por el mismo Freud, sepan que esto es ficción, una mentira que sabe que lo es y que está destinada a ser tomada como eso, y por lo tanto no sería lógico tomar como algo serio todo lo que aquí escribo al menos que yo tenga la intención de que lo sea, y eso lo sabrán siempre en las notas al pie.

Tuve mis dudas sobre toda la investigación, y créanme que la reduje bastante, pero a su vez me era imposible el pensar un Hiro que simplemente se sentara a llorar y aceptara que sentía algo por su hermano, todos sabemos que so es imposible. Hiro es un científico, un investigador, y no había forma de poder escribir este capítulo sin que eso saliera a la luz, aunque traté de hacerlo lo más ameno posible.

¿El porqué de los sueños húmedos y la charla con Baymax? Bueno, más que nada por el hecho de que yo misma necesitaba un poco de acción ya, aunque fuera por encima y no en la realidad -aunque créanme, tiene su importancia más adelante-, pero muy importante también, y como ya mencioné antes, me encanta joderle la vida a Hiro, jejeje.

Antes de despedirme, porque tengo la sensación de escribir en tres teclados a la vez por el sueño, quería dar mis agradecimientos especiales a 4LP4C4Shipper y Any por sus comentarios en los capítulos anteriores. La primera porque sinceramente no puedo creer que ésto realmente le haya gustado tanto a alguien como para leerlo más de una vez, de verdad me emocionó eso. Obviamente siempre escribo por placer, pero también escribo por ustedes y saber que la gente lo disfruta a ese grado es algo que de verdad me asombra y adoro, así que gracias por decírmelo.

Y Any, ay Any... Espero que esto esté a las expectativas de lo que piensas de esta historia, en especial porque aparece Mochi -curiosamente está algo presente de ahora en adelante-. No tienes idea de lo que me hizo sentir tu comentario, en serio. Soy una escritora exigente con ciertas cosas e investigo mucho para que las historias, los entornos y todo sea lo más parecido a la realidad de la historia original, además de darle cierto toque de datos de color de los que pondré al pasar un diez por ciento de lo que encuentro por ahí. También suelo pensar bastante las cosas para que nada parezca demasiado al azar en mi historia, porque si bien ya dije esto es ficción, no es cuestión de entregar cualquier cosa al lector. Francamente nunca creí que alguien lo notara, pero me alegra saber que sí, que cada detalle es visto por otros lectores como tú, y quiero que sepan que en cada minuto que le invierto a eso va un poco más de mi cariño para este fic y para ustedes, mis grandes héroes.

Bien, me despido antes de que esto se ponga más cursi o me duerma sobre el teclado y publique cualquier cosa.

Besos y Abrazos, Mangetsu Youkai.

Balalalalalah~