Hija de puta... Sí, creo que ese nombre está bien cuando pasé más de DOS MESES SIN PUBLICAR DESPUÉS DE PROMETER PUBLICAR CADA MES.

Dios, perdón, perdón y mil veces perdón por esto, en serio. Echarle la culpa a la facultad es algo muy reiterativo a pesar de que es verdad, así que en vez de dar excusas sólo los dejaré leer... a los que sigan ahí.

Por cierto, pese a todo espero que les guste, mis Grandes Héroes.


Mes de Cuarentena: Primera Semana sin Cass I

La primera vez que oyó del Mes de Plazos y Postulado de Proyectos, o Mes de Cuarentena, que es como los estudiantes del Ito Ishioka llamaban a las cuatro semanas en las que los directivos y profesores de la universidad prácticamente se encerraban en la institución a calificar desempeños docentes, evaluar planes de estudios y organizar las ferias más importantes del año, Hiro creyó por mucho que era la idea más genial que un instituto hubiera tenido nunca.

Ahora, encabezaba su lista de Las veinte peores ideas elaboradas por el hombre, superando por mucho a las selfies.

-Y este es el número de los bomberos- la voz de su tía lo sacó de sus cavilaciones, aunque no pudo sacarse su cara de perro molesto mientras la veía señalar a Tadashi uno a uno los ítems de la lista que había dejado en la primera hoja de su libreta, donde también estaban los horarios del café, las fotos de cada uno de los platos que servían con sus nombres y las recetas de cada trago-, el de la policía, del hospital y de la señora Matsuda.

Hiro no pudo evitar poner los ojos en blanco.

-Esta conversación es muy cliché- masculló entre dientes, tratando de saber para qué sería útil la señora Matsuda en caso de que tuvieran una emergencia.

-Hiro- le llamó la atención Tadashi, logrando solamente que tuviera que bufar al ser reprendido como un niño, antes de girarse a su tía con una sonrisa un tanto forzada que le obligó a arquear una ceja. Era difícil mantener las cosas como siempre en su situación, ¿Eh?-. Estaremos bien, tía. Tú ve y disfruta, esto será pan comido- repitió, por milésima vez en la noche.

"Pan comido" repitió también él en su fuero interno. Era divertida la caradurez de Tadashi al decir aquello tatas veces, sobre todo cuando no había logrado dirigirle la mirada desde el desayuno del día anterior.

Y es que la situación entre ellos no había hecho otra cosa sino volverse más tensa en cuanto supieron que deberían estar solos por dos semanas, algo que en otra ocasión hubiera significado maratones de videojuegos o anime, y que ahora guardaba un futuro incierto y claramente incómodo.

Pero cuando vio la sonrisa de oreja a oreja que casi parte a la mitad el rostro risueño y rozagante de su tía, debió admitir a sí mismo que él también realizaría este sacrificio gustoso si verla tan feliz era el precio. A pesar de no poder verla exactamente como la figura seria y madura que, creía, toda madre era, Cass siempre había logrado hacer lo mejor para ellos aun cuando ni siquiera había contemplado tener hijos alguna vez. Alocada, infantil a veces y con doctrinas que rayaban en formas demasiado parecidas a la educación militar cuando se trataba de horarios, Cass se las había arreglado muy bien con ellos a pesar de ni siquiera aceptar la guía de un libro para criar niños y era la única familia que ambos tenían. Bajo esa luz, Hiro entendía la obstinación de su hermano en asegurarse de que pudiera irse, disfrutar un poco después de tanto esfuerzo, sin preocuparse por ellos, el café, o siquiera saber de la situación que ambos tenían entre manos.

Todo valía la pena cuando veía esa sonrisa y ese brillo lleno de emoción en los ojos verdes de su tía, y entendía que no tendría nada de malo el que pudiera disfrutar de un merecido viaje después de tantos años de sacrificio por ellos.

Su tía dio un brinquito y ahogó un grito de emoción, en un estado que les recordó mucho a una niña emocionada y que a ambos sacó una sonrisa algo apenada por las miradas que les dirigieron los otros viajeros.

-¡Son los mejores sobrinos que existen!- exclamó, y Hiro sólo pudo ruborizarse, halagado y avergonzado a la vez.

-Y tú la mejor tía- devolvió Tadashi, envolviendo a la mujer entre sus brazos tiernamente, más acostumbrado que él a dar muestras públicas de afecto-, pero la mejor tía va a perder su viaje si no se apresura.

Y fue sólo cuando él lo dijo que tanto Hiro como Cass notaron que estaban llamando a su vuelo por los altoparlantes.

-¡Oh, cielos!- exclamó, repentinamente apresurada y algo apenada ante la risas de sus sobrinos, pero no alcanzó a dar dos pasos en dirección al puente de abordaje, detrás de varios escritorios de atención al público, cuando se volvió para atraparlos a ambos en un fuerte abrazo, con dos bolsos colgando de cada brazo y su maleta de pie junto a ella-. Cuídense, los quiero mucho.

Y Hiro, extrañamente contagiado por el buen humor de su tía, se decidió por devolver el abrazó, hundiendo su rostro en su cuello e inhalando su aroma a café y jazmín.

-Nosotros también, tía- susurró, esperando que el temblor de su voz fuera producto de su imaginación. Aunque lo negara hasta la muerte, desde el incendio no había pasado un solo día sin su tía y le resultaba un poco difícil imaginarse aquellas dos semanas sin ella.

-Diviértete- oyó combinar a su hermano, en un tono de voz que tampoco parecía del todo normal, antes de que ambos la soltaran y ella se marchara a la carrera al puente.

Esperaron una media hora allí, hasta que por los inmensos ventanales que daban a la pista de aterrizaje pudieron ver como el avión en que su tía iba despegaba. Entonces Tadashi se giró hacia el aeropuerto brillante en colores blancos y azules y comenzó a caminar. A Hiro no le pasó por alto el que ni siquiera le dirigiera la palabra para indicarle que se marchaban, y con una presión que había estado sintiendo demasiado en los últimos dos días cerniéndose en su estómago, echó a caminar tras de él en silencio y con sus ojos fijos en las anchas espaldas de su hermano, enfundadas en su chaqueta de cuero favorita.

El camino desde el aeropuerto hasta su hogar era relativamente largo para hacerlo a pie y en invierno, además que al venir con Cass y sus bolsos no podrían haber utilizado la motocicleta de su hermano. Era una suerte que la licencia de conducir de Tadashi le permitiera manejar la camioneta de su tía, o al menos eso pensó cuando el frío invernal de San Fransokyo le azotó de lleno y le obligó a arroparse entre los pliegues de su ropa, aunque éste parecía calar incluso en ellas.

Tadashi observó de reojo a su hermano al notar la forma en que se apretujaba entre su abrigo, viéndose aún más pequeño de lo que ya le parecía al ver como inflaba los mofletes con disgusto y su nariz y las puntas de sus oídos se volvían rojizas ante el frío, más intenso de lo normal de San Fransokyo. Enternecido y divertido por el gesto, alzó la mano dispuesto a acercarlo a él para compartir su calor hasta que llegaran a la camioneta, estacionada a un par de cuadras debido al tráfico.

Pero se detuvo a medio camino de tocarlo cuando la imagen mental de él gimiendo su nombre llegó a su cerebro, obligándolo, como cada vez que sucedía, a permanecer inmóvil y ganando a su instinto de hermano sobreprotector. Se lo pensó mejor, antes de bajar la mano y echar a caminar. Los pasos de Hiro se demoraron un par de segundos en seguirlo, y se sintió la peor basura al no poder tratarlo como siempre.

A Hiro no le pasó desapercibida la forma en que Tadashi estuvo a punto de tocarlo, y no pudo negar la forma en que le dolió el que no colocara su mano sobre él y lo acercara para caminar juntos, como tan común entre ellos era.

Su mirada permaneció en el piso mientras caminaba tras él. El frío le calaba los huesos, pero esa sensación había pasado a segundo plano en cuanto los sentimientos encontrados que tenía respecto a su situación con Tadashi salieron a flote. Tal vez usualmente escapara del excesivo contacto que su hermano solía tener con las personas, en especial cuando se trataba de él, pero a decir verdad siempre disfrutaba en secreto el que le abrazara y caminaran pegados durante el camino de regreso a casa desde la universidad o cuando fuera, y le era extraño tener que caminar sin tocarlo y mucho menos sin hablarle, sentía como si algo de vital importancia le faltara.

-Espera aquí- la voz de su hermano interrumpió sus cavilaciones y le obligó a volver a la realidad, encontrándose con un Tadashi que rebuscaba en su bolsillo, de donde sacó su billetera de cuero marrón-. Compraré la cena.

Hiro dirigió la mirada a su derecha, donde el enorme logo de una marca de pizzas ocupaba la mayoría del espacio en la ventana frente a él. Su humor mejoró un poco ante la expectativa de comer comida chatarra, más cuando se trataba de pizza, con la cual tanto él como su hermano compartían una historia de amor. Estaba a punto de decirle que le parecía una idea genial cuando, sin darle tiempo a abrir la boca o siquiera mirándolo, Tadashi se internó en la pizzería sin mediar palabras.

Hiro hizo una mueca de desagrado al ver cómo nuevamente su hermano lo condenaba al silencio, y bajó la mirada al suelo. Descargó un poco de su frustración con una inocente piedrita que fue a dar con un buzón de correo, desprendiendo un sonido metálico que resonó de forma tétrica en el silencio de la calle a las once de la noche. Tal vez fuera temprano, pero el frío del flamante invierno y el que fuera un día entre semana causaba que un silencio horroroso se apoderara de la ciudad a aquellas horas.

Hiro respiró hondo, tratando de ignorar la alarma de viejo en su cabeza que le decía que debería estar recostado ya y que mañana tenía clases. Lo cierto es que su universidad no dictaba clases lo viernes, o no obligatorias, sino que los alumnos podían organizar sus horarios para dejar libres los viernes en caso de que viajaran o, como él, disfrutaran de un fin de semana largo todas las semanas.

En resumen, mañana sería un día libre encantador para gozar de los deberes de un joven dedicado a trabajar en el café de su tía y tratar de ignorar la forma en que su hermano ni siquiera toleraba verle a los ojos.

-Pan comido- refunfuñó con ironía, haciendo una pobre imitación de la voz de su hermano.

Pero lo cierto es que no estaba verdaderamente molesto con Tadashi. No, ya había pensado todo lo ocurrido y había comprendido que esto era tan extraño para él como para Hiro, e incluso aún más complicado si tomaba en cuenta que no hacían dos días desde que se hubiera enterado de que su hermano tenía esa clase de sentimientos hacía él. Hiro entendía la renuencia al contacto que su hermano tenía, pues aún no sabía exactamente de qué forma actuar o cómo sobrellevarlo de una manera en que ninguno de los dos saliera dolido.

Pero su silencio era más doloroso para él de lo que el mismo Tadashi pudiera creer, sobre todo cuando él era su principal confidente y su compañero. Tal vez aquel día y el anterior la tensión entre ellos pudo verse disminuida por la presencia de una parlanchina y emocionada Cass y la universidad, pero con ambos factores ausentes no sabía cómo tolerarían la presencia del otro en el más absoluto e incómodo de los silencios cuando no debieran atender el café.

El hecho de que los estudiantes del Ito Ishioka no tuvieran vacaciones de invierno durante Navidad y Año Nuevo –aunque el veinticinco de diciembre y primero de enero no dictaran clases- como las otras instituciones se debía a que las tenían durante el mes de cuarentena, que abarcaba desde el comienzo de la tercera semana de enero hasta el final de la segunda semana de febrero, lo que no sólo significaba pavonearse en libertad mientras los otros estudiantes permanecían encerrados en las escuelas, sino que eran dos semanas extras de vacaciones para todos.

Dos semanas extras para disfrutar de la absoluta indiferencia de Tadashi.

Hiro suspiró pesadamente, alzando la mirada al cielo encapotado de su ciudad y rogando a dios –el cristiano o el shintoista, todo servía- que la solución a sus problemas le llegara antes de acabar el día.

-¿Hiro?- dio un respingo cuando la voz de su hermano volvió a sacarlo de sus cavilaciones. Tadashi le miraba con curiosidad, seguramente fruto de ver que no estaba con los pies en la tierra en ese momento, y él sólo pudo ruborizarse y alejar la mirada, apenado de que le descubriera en ese estado, aunque no supiera que era por su culpa. Más cuando le oyó suspirar pesadamente supo, para su horror, que Tadashi estaba más al tanto de lo que él creía-. Vamos, llegaran en media hora.

Trató de ignorar el tono cansado que el mayor tenía y comenzó a caminar, esta vez tomando la delantera y llegando a la camioneta en menos de un minuto, aquella caminata se estaba volviendo insufrible.

Como era de esperarse, el viaje hasta su casa estuvo inmerso en el más profundo de los silencios incómodos, y Hiro tuvo que concentrarse en las casas con decoraciones japonesas que se deslizaban velozmente a su alrededor o en los patrones que las luces de la calle dibujaban en los puños, fuertemente cerrados sobre sus muslos, mientras trataba de ignorar la tensión semi palpable que se alzaba entre ellos. Cabe destacar que le resultó imposible no notar, mirándolo de reojo de vez en vez, la forma en que los labios de su hermano dibujaban una tensa línea o su ceño se fruncía más de la cuenta para estar simplemente concentrado en manejar, y agradeció internamente que la ausencia de tráfico les permitiera llegar a su hogar lo suficientemente rápido como para que pudieran acabar con el extraño silencio.

Lo primero que los recibió en cuanto subieron las escaleras para llegar hasta su casa fue la extraña escena de Baymax tratando de abrir una lata de sardinas al golpearla contra la mesada, causando un molesto sonido que logró que olvidara la situación con su hermano por un segundo.

-¿Bay?- le llamó, extrañado al ver a su amigo en esa situación. Se acercó a él, notando que había tirado una silla al tratar de meter su rechoncha anatomía entre la mesa y la cocina-, ¿Se puede saber qué estás haciendo?

Pero antes de que el robot pudiera responder, un molesto e impaciente maullido le dio toda la información que necesitaba, y se giró para ver cómo Mochi, también sobre la mesada, los observaba y movía la cola con clara impaciencia.

-Mochi tiene hambre- soltó el robot, señalando lo obvio, con aquel tono pausado que tan adorable le resultaba a veces.

-Y Mochi tiene su trasero en un lugar que no debe- secundó él, tomando al gato y colocándolo en el suelo, donde le sintió refregarse con insistencia una y otra vez en sus piernas. Tomó la lata de las manos del robot y la abrió ante él, sabiendo que Baymax aprendería a hacerlo sólo con verle. Luego la dejó frente al gato-. Aquí tienes, bola de pelos.

Iba a comentarle algo a Baymax cuando sintió como una conocida y mullida superficie que desprendía un agradable calorcito se apoderaba de él. Puso los ojos en blanco, atrapado en el abrazo de su malvavisco-calefactor gigante.

-¿Y ahora qué?- refunfuñó, sin tratar de liberarse, sabiendo que sería en vano.

-Tus niveles de calor son bajos- explicó el robot, ahogando un suspiro del chico en su pecho.

Hiro estaba a punto de perder la paciencia cuando una leve risa le llamó la atención y le obligó a llevar su mirada hasta el umbral de la escalera. Donde la imagen de su hermano se recortaba en el tapiz verdoso de la pared.

Permanecía con los brazos y piernas cruzadas mientras soportaba su peso en uno de sus costados, en una posición relajada que le hacía ver terriblemente atractivo. Observaba la escena con una expresión divertida y cierto brillo de ternura en sus ojos, en un gesto tan natural en él que logró aumentar su buen humor a la vez que le hacía arquear las cejas por la sorpresa. Por un minuto logró olvidarse de la tensión al ver a su hermano así, relajado y natural, enfundado en aquel jean gris y esa chaqueta de cuero negra que le sentaba tan bien y que, por algún milagro divino, había comenzado a reemplazar esas estúpidas chaquetas de hilo que siempre usaba. La ausencia de la gorra y el viento que les había azotado al bajar de la camioneta le habían otorgado a sus cabellos un aire rebelde que le daba un marco perfecto a su rostro que debido al frío ostentaba un suave rubor que no hacía más que hacerle ver más masculino aún de una forma que no lograba entender. Tragó saliva y embelesado por la imagen de su hermano alzó sus ojos hasta los suyos, sólo para notar como se tensaba y su sonrisa se esfumaba cuando sus miradas se encontraron y Hiro sintió pánico al pensar en lo que él podría llegar a ver en su expresión.

Se obligó a alejar la mirada al notar el rumbo que sus pensamientos estaban tomando, sintiendo un fuerte rubor que nada tenía que ver con Baymax apoderarse de sus mejillas.

-Tu temperatura corporal ha mejorado considerablemente- el comentario, soltado sin ninguna clase de filtro por el robot, estuvo a punto de lograr que le diera un ataque al saber que Tadashi podría descubrir a qué se debía su aumento de temperatura, y tembló cuando el robot permaneció observándolo fijamente a pesar de ya haberlo soltado, temiendo que pudiera soltar algo más sobre su estado. Sin embargo, éste sólo se giró a Tadashi, cuyo gesto serio mutó en el acto a uno de curiosidad-. Ahora me encargaré de tus necesidades físicas, Tadashi.

El estremecimiento de espanto que recorrió a su hermano no le pasó desapercibido y por un segundo se regodeó en la forma en que comenzó a retroceder para escapar de su tratamiento. El timbre sonó en ese instante, salvándolo del abrazo de oso del robot.

-Debe ser la pizza- anunció de forma precitada, saltando hacia atrás en el momento en que Bay salía de detrás de la mesa-, será en otra ocasión, Bay.

Y desapareció a toda velocidad por la escalera, sacando una risa al chico. Pero pronto guardó silencio, recordando la forma en que por un segundo todo había vuelto a la normalidad, sólo para ser arruinado por él y sus impulsos irracionales que no era capaz de mantener ocultos.

Debía admitir que Tadashi no era el único culpable de que su situación fuera cada vez peor, pero ahora que sabía lo que él sentía, los gestos que delataran sus pensamientos parecían incluso más evidentes para el chico, que ahora era perfectamente capaz de distinguirlos de los gestos ordinarios de un hermano a otro. Y debía admitir que sus pensamientos se habían vuelto incluso más difíciles de disimular sólo en un día, lo que no ayudaba en nada a que las cosas se tornaran medianamente normales entre ellos.

Suspiró pesadamente, sintiéndose molesto consigo mismo, con su hermano y con toda aquella extraña situación que había llegado a poner aún más de cabeza su vida.

Aquellas serían dos largas semanas.


Se sumergió entre las sabanas y cobertores de su cama de un salto, temblando ligeramente. Se había dado una cálida ducha que ayudó en parte a que sus agarrotados músculos se relajaran y a alejar el frío de su cuerpo, pero éste había vuelto a apoderarse de él mientras se secaba y vestía en el baño y, para cuando pudo meterse en la cama, sus pies ya ostentaban su acostumbrada temperatura de cubos de hielo. Aunque ni muerto se pondría medias para dormir, eso nunca.

Su cuerpo tembló un par de segundos más a pesar de las sabanas que lo cubrían, y se vio obligado a colocarse en posición fetal para tratar de aplacar el frío. Tardó así unos minutos, pues era verdaderamente propenso a enfriarse rápido, antes de que sus músculos se relajaran y, con un suspiro, pudiera estirarse en la cama con tranquilidad. Pero sabía que aún no sería capaz de conciliar el sueño.

Aunque estaba verdaderamente cansado luego de un día agotador física y mentalmente, su frustración e incomodidad aún estaban demasiado a flor de piel como para permitir que la serotonina hiciera su trabajo correctamente sobre su cuerpo.

Si en algún momento había guardado la esperanza de tener una cena normal con su hermano, éstas se habían esfumando en cuanto había notado la tensión en Tadashi antes de que bajara por la pizza. Tensión que se mantuvo incluso hasta que estuvieron comiendo, ambos en silencio, frente al televisor de la sala y con Baymax entre ambos, insistiendo en brindarles calor. Aunque agradecía la barrera que el robot era entre su hermano y él, junto a las ruidosas explosiones de la película que estaban pasando a aquellas horas, Hiro no podía evitar notar la forma en que el silencio se extendía más de lo necesario.

Estaban viendo una película vieja, llena de explosiones sin sentido y con Van Damme como protagonista mientras comían pizza y sin supervisión adulta cerca. Por ley eso significaba que ambos deberían estar saltando sobre el sofá como los adolescentes fanáticos que eran, gritando hasta que la señora Matsuda fuera a reclamarles que se callaran y tratando de imitar las peleas entre ellos, o al menos haciendo chistes sobre las escenas que sólo a ellos les resultarían graciosos, como toda la vida habían hecho.

En lugar de eso, estaban sentados en el más absoluto de los silencios, como unos jóvenes maduros y respetables y fingiendo ver una película a la que, estaba seguro, ambos le habían perdido el hilo hace un buen rato.

Y cuando una escena demasiado subida de tono se hizo presente, Hiro sintió que aquello era intolerable.

Se había excusado con su hermano sobre que estaba muy cansado y se había marchado a la habitación antes de que la camiseta de Van Damme cayera al suelo, reprochándose por el hecho de que el sujeto se le hiciera más atractivo que la despampanante rubia que estaba a punto de tirarse.

Con cierto aire apenado, Hiro se preguntó cuánto tiempo más podrían durar ambos en aquel silencio, sólo para, un segundo después, horrorizarse ante la idea de que aquello sería siempre así si no se atrevía a hablar con Tadashi sobre aquello o si él no lograba aceptar que le amara en silencio, como había planeado antes de que todo aquello ocurriera.

Tal vez, en realidad, nada volviera a ser como antes nunca.

Tragó saliva, sintiendo como un nudo en la garganta le dificultaba el trabajo. De todas las formas que había imaginado de perder a su hermano en todos aquellos meses, jamás se le hubiera pasado por la mente la que estaba ocurriendo en ese instante.

Para su profundo alivió, una melodía reverberó en el silencio de la habitación, arrancándolo de sus trágicos pensamientos, y tardó un segundo en notar que se trataba del tono de llamada de su celular… y no cualquier tono de llamada, sino el opening de un anime.

-Hola, Fred- saludó, sin necesidad siquiera de leer el nombre o ver la foto de su amigo haciendo muecas extrañas en la pantalla. Dirigió una mirada al reloj samurái en la pared, frunciendo el ceño al ver que eran pasadas la una de la madrugada- ¿Qué hay?- preguntó, curioso por saber que podría necesitar su amigo.

-¡Amiguito!- el tono jovial y vivaracho le sacó una sonrisa, aliviado de que al parecer no se tratara de nada malo- ¿Ya viste el nuevo adelanto que sacaron sobre Bestias Metálicas?, ¡Estoy alucinando!

Ante la felicidad de su amigo, Hiro no tardó en notar que estaban hablando de alguna de las series extrañas que veía.

-¿B-Bestias… qué? Ni siquiera sé qué es eso- aceptó, y no pudo más que reír al escuchar el jadeo indignado del rubio del otro lado de la línea.

-¡¿Qué?!, ¡¿Quieres decir que no conoces el asombroso mundo futurista, post-apocalíptico y maravillosamente fantástico de Maximus Pavel y sus Mercenarios Justicieros?!

Parpadeó un par de veces, tratando de procesar todo lo que había escuchado, sólo para echarse a reír entre dientes. Hablar con Fred siempre le subía los ánimos.

-Suena a algo que sólo tú conoces, Fred.

-¡Inaceptable!, ¿Es qué ya no enseñan nada en las escuelas?- se quejó, y Hiro no se atrevió a señalar que no había forma en que algo de las series que él veía fuera lo suficientemente útil o inútil como para enseñarlo en las escuelas- Mañana a la noche vendrás a casa y te introduciré al magnifico mundo de B.M.- sentenció, y Hiro no supo si reír o llorar al notar el aire de juramento en sus palabras.

-¿Introducirme qué?- repitió, aún incrédulo de que Fred siempre se tomara tan a pecho el enseñarle sus series raras, pero considerando que siempre le terminaban gustando y, más importante aún, significaba mantenerse lejos de Tadashi el tiempo suficiente para saber qué le diría para mejorar su relación, no dudó en aceptar-. Bien, bien. Iré, pero que valga la pena.

-Claro que lo hará- soltó en un tono que parecía casi ofendido ante su duda, lo que le obligó a soltar una risa tonta. Estaba riendo más en ese rato que entre todo el día y el anterior combinados. Sin embargo, hubo un sonido de duda que obligó a Hiro a mantener silencio, oyendo a su amigo dudar antes de volver a hablar- Y, Hiro… ¿Podrías venir solo?

El aludido frunció el ceño, extrañado ante la petición. Usualmente Fred era de los que opinaban que entre más mejor.

-¿Solo?- repitió, pero sólo de pensar quien sería la única persona con la que él podría ir hasta su casa sintió pánico. Ir solo era perfecto-. Claro, no hay problema… ¿Pero sucede algo?

-No, no. Todo está bien- se apresuró a responder, haciendo arquear las cejas al menor ante el nerviosismo palpable en su voz. Sin embargo, a pesar de su afirmación, Hiro sólo contó tres segundos antes de que volviera a hablar-. Bueno, puede que haya algo de lo que necesite hablar, y tú eres el único al que se lo puedo confiar.

Hiro abrió los ojos en un claro gesto de sorpresa ante esa afirmación, antes de sonreír, enternecido por el gesto el mayor. Fred y él, tal vez por ser los que gustos más similares compartían, se habían vuelto buenos amigos últimamente y de hecho ya lo consideraba su mejor amigo humano… Por ello, no necesitaba decir más: si Fred necesitaba un oído y un hombro comprensivo, él estaba allí para él de la misma manera en que el rubio lo estaría para Hiro.

-Está bien… ¿A qué hora quieres que vaya?


Cuando las luces de la habitación se apagaron, Tadashi pudo al fin dejar de contener la respiración y suspirar, agitado.

Deseó poder sentirse mal por, por segunda vez consecutiva, violar la intimidad de su hermano de la forma en que lo había hecho al oírle en una llamada personal. Pero, por segunda vez consecutiva, su travesura se había vuelto en su contra y ahora estaba al borde de la hiperventilación y con un nudo en el estómago que comenzaba a ser molesto.

Había subido luego de tirar la caja de la pizza a la basura y guardar los restos casi intactos de ésta en la heladera. Más había aguardado en la puerta al oír a Hiro hablar, sin ánimos de enfrentarse aún con él o con la manera en que le hacía sentir la situación entre ambos. Demasiado había sido para él descubrir la forma en que le había mirado cuando lo atrapó en aquella tierna escena con Baymax, disfrutando de la bonita expresión que hacía cuando estaba a punto de mandar a la mierda a alguien. Aquel brillo extraño y encantador en los ojos de su hermano dirigidos a su persona debería ser lo suficientemente incómodo por sí mismo para justificar el que ni siquiera se atreviera a verlo. Pero lo que de verdad estaba a punto de sacarlo de quicio y le impedía tan siquiera ver y tocar a su hermano como toda la vida había hecho, era la forma en que su cuerpo había reaccionado al notarlo, nuevamente deseoso de responder a su mirada, al igual que la noche en que había descubierto la clase de cosas que Hiro decía sentir por él.

Aquella vez se había encerrado en su habitación, horrorizado tanto por la situación como el estado de su cuerpo con todo aquello, y se había sentado en el suelo, en el punto oscuro de su habitación, sintiendo náuseas y vergüenza por sí mismo. Su estado de ansia, el cosquilleo de excitación que le recorría al recordar a Hiro gimiendo su nombre, todo era enfermizo, todo contribuía a que su horror y enojo con él y consigo mismo creciera a cada instante. Y en parte fue por ello, además de la tensión obvia entre ellos, por lo que no le pudo dirigir la mirada todos esos días, porque si bien era Hiro quien había comenzado con todo aquello y cuando aún no podía creerlo, cuando aún no podía evitar sentir algo de asco por la situación, su cuerpo parecía tener una opinión muy diferente de la de su mente sobre todo aquello. Era algo que había dejado en claro la primera noche, y que había reafirmado al estremecerse de gozo al ver el deseo en los ojos de su hermano hace unas horas.

Pero era una reacción muy distinta a la que estaba teniendo ahora, luego de oír como su hermano planeaba verse con Fred a la noche siguiente para que él le introdujera algo que solamente él conocía…

¡Y que valiera la pena!

Bien, tal vez fuera algo precipitado de su parte eso de no hablar con Hiro, porque definitivamente él tendría que darle algunas respuestas si creía que podría irse con Fred a la noche a hacer…

¿A hacer qué?. Se preguntó en su fuero interno, soltando el picaporte de la puerta que ni siquiera había notado que estaba sosteniendo. En realidad no había oído nada que dejara ver que planearan hacer algo fuera de lo normal más que juntarse un par de horas como buenos amigos un viernes a la noche antes de las vacaciones… y definitivamente no había escuchado nada que dejara sospechar que planeaban hacer algo de lo que él se había imaginado.

Aunque cabía destacar que había dejado de escuchar en el momento en que la idea de Fred introduciendo cosas desconocidas en su hermanito había pasado por su mente, poniendo su piel de una tonalidad verdosa poco atractiva.

Agitó la cabeza de un lado a otro con fuerza, causando que un chasquido en las vértebras de su cuello se hiciera presente, antes de restregar con demasiada energía sus manos sobre su rostro, tratando de despabilar. Agradeció el que Baymax se hubiera quedado jugando con Mochi, o su diagnóstico –un pre-infarto, probablemente- hubiera delatado su presencia de la forma más vergonzosa.

"Me estoy volviendo un enfermo de lo peor" sollozó en su fuero interno, horrorizado de que su mente fuera capaz de imaginar a su hermanito en situaciones como ésas, mucho menos luego de lo que había acontecido con Rakitic y la situación tan delicada en que ambos se encontraban.

No podía permitirse seguir imaginando tonterías absurdas de aquel tipo bajo ningún concepto… Por qué eran tonterías, ¿No?


Hiro no pudo hacer más que guardar un silencio contemplativo, reflexivo y lleno de respeto, sintiendo la mirada inquisidora de Fred sobre él, evaluando su reacción e inclinado hacia adelante en su asiento. De hecho, incluso parecía analizarlo como si fuera una especie de experimento social o algo así.

-Wow- fue lo único que pudo decir al cabo de unos segundos, con un tono de voz que denotaba su sorpresa absoluta, y Fred sonrió, complacido, antes de echarse nuevamente hacia atrás con un brillo satisfecho y orgulloso en sus ojos azules.

-Lo sé.

Hiro soltó una risita anonadada.

-Es que fue muy… ¡Wow!

-Lo sé- repitió, ampliando su sonrisa en un gesto que dejaba en claro cuan pagado de sí mismo se hallaba.

-¿Cuántas temporadas llevamos?- preguntó, echándose él también hacia atrás en su puff y bebiendo de su refresco.

Fred inclinó la cabeza ligeramente, pensándolo un segundo antes de volver a sonreír, pagado de sí mismo.

-¿Entiendes algo de lo que acaba de suceder?

-Ni una mierda- confesó, compartiendo su sonrisa relajada y apenas separando la lata de refresco de sus labios. Con Fred estaba lo suficientemente en confianza como para soltar groserías, algo que no sucedía con ningún miembro del equipo por separado.

-Entonces debemos haber acabado la cuarta- soltó, completamente relajado.

En cambio Hiro, que estaba bebiendo plácidamente de su lata de refresco de cola, estuvo a punto de ahogarse con ella cuando la sorpresa le obligó a dar un respingo. ¡Cuatro temporadas en una noche!

Dios, esa mierda sí que era adictiva.

-No entiendo cómo haces para que las cosas más raras sean geniales- confesó, secándose los restos de la gaseosa de los labios y viéndolo con un gesto que combinaba diversión con curiosidad, pues realmente su amigo era único para eso.

El chico sólo se encogió de hombros.

-Yo no hago nada. Sólo tengo la habilidad de ver, leer y escuchar de todo y a veces encuentras estas joyitas en el camino- comentó, tomando un puñado de papas fritas de la montaña de comida chatarra que había entre ellos. El orgullo en su voz hacía parecer que estuviera hablando de alguna de sus habilidades como héroe.

Pero Hiro sólo pudo concentrarse en una parte de la frase.

-Y, hablando de escuchar de todo- comenzó, en un tono dudoso, ganándose en el acto la atención el rubio, a quien una gota del queso de las papas le caía cómicamente por la barbilla, dibujando un senderito anaranjado sobre la pálida piel-¿Qué era lo que tenías que decirme?

Fred pareció descolocado por un momento, pero pronto su expresión relajada fue reemplazada por una profunda pena que embargaba sus facciones. Alejó la mirada, claramente afectado, y Hiro se maldijo por ser tan directo, pero ¡Vamos! Llevaban allí casi nueve horas y no habían tocado el tema. Bebió refresco, desesperado por una excusa que le permitiera alejar la mirada de su amigo y dejar de sentirse un maldito insensible.

-Estoy enamorado de Wasabi.

Pero cuando de nuevo tuvo que toser de forma vergonzosamente evidente mientras luchaba por no morir ahogado por la gaseosa, debió conceder que no era el único demasiado directo allí.

Cuando por fin pudo recuperarse del ataque y logró limpiar los restos de cola que aún goteaban de sus fosas nasales, Hiro no pudo más que mirar a su amigo con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa y un gran sonrojo sobre sus mejillas, tratando de pensar en qué decir ahora.

Sin embargo, la forma en que Fred permanecía con la cabeza gacha y los ojos fijos en la lata de cerveza en sus manos, jugando con ella de forma melancólica, le dejó entrever que aquello no era exactamente de lo que iban a hablar.

-Y… ¿Y él lo sabe?- preguntó, empezando por la parte que, suponía, era la más fácil. Aunque cuando le vio descomponer su gesto en uno de dolor y cubrirse el rostro con una mano antes de asentir, Hiro no pudo más que esbozar un gesto de profunda pena. Le resultaba doloroso ver a su amigo así, y su estado era toda la prueba que necesitaba para fundamentar lo que iba a decir- Supongo que no le gustó la idea.

Negó, antes de emitir una risa seca y carente de alegría.

-Ni un poco- susurró, y Hiro sintió su estómago anudarse al oír la forma en que su voz se quebraba levemente al hablar.

Ver a alguien tan querido como Fred en ese estado, especialmente sabiendo cómo era Fred habitualmente, era más doloroso de lo que hubiera esperado.

Haciéndose de valor y por primera vez en su vida poniéndose en el lugar del psicólogo en una charla de amigos, Hiro extendió una mano y la colocó en su hombro, ejerciendo una presión lo suficientemente fuerte como para transmitirle toda su confianza y apoyo. Y cuando el chico alzó la mirada, con aquellos ojos tan profundos, que tan felices estaba acostumbrado a ver, completamente anegados en lágrimas retenidas y con un fuerte rubor que cubría buena parte de sus mejillas y el puente de su nariz, Hiro esbozó su mejor sonrisa tranquilizadora.

-Sólo dime todo desde el comienzo- pidió, con su tono más amigable y sereno. Ignoró olímpicamente todas las alarmas en su mente que le gritaban que debía huir de allí antes de obtener un nuevo trauma que agregar a la lista. Si su amigo lo necesitaba para descargarse él estaría allí sin importar a qué precio.

Fred le miró con los ojos ampliamente abiertos por unos segundos, sorprendido, antes de relajar su expresión en una avergonzada y regalarle una sonrisa que bailaba entre la pena y el agradecimiento.

-Recuerda que tú lo pediste, amiguito- comentó, y Hiro no pudo más que reír, sorprendido de que el rubio pudiera conservar su buen humor incluso en esa situación. Acto seguido guardó silencio, y Hiro pudo apreciar como un brillo ausente hacía presencia en su mirada, debido seguro a estar recordando. Se reclinó sobre el puff amarillo que él utilizaba, soltando un pesado suspiro antes de , tal vez no lo sepas, pero conozco a Wasabi desde los diecisiete años, cuando íbamos a la misma escuela pública. Él ya era entonces un gigante entre los demás chicos y sin duda era muy querido por ellos a pesar de ser un estúpido nerd ordenado y tímido- murmuró, y por la pequeña sonrisa que se le escapó, llena de ternura, supo que estaría rememorando a su amigo y que ya habría sentido algún sentimiento por él desde entonces-. Yo era todo lo contrario: un freak flacucho y adicto a los cómics que rara vez prestaba atención a las clases y sólo era útil en el instituto como la mascota del equipo, mientras él pudo obtener una beca deportiva por el fútbol americano y gracias a que era un maldito genio. Yo, en cambio, tuve que pedir apoyo académico con los tutores de pares para terminar la secundaria por culpa de Física… ¡Oh! Y adivina quién fue el gigantesco y altruista trasero que fue mi tutor.

Hiro sólo pudo reír, imaginándose la escena en su mente. Un exasperado Wasabi y un indiferente Fred tratando de descubrir los misterios de la Física.

-Y forrado en millones como lo estás pediste ayuda de otros alumnos… ¿Es que ya estabas enamorado de Wasabi y lo hacías para pasar tiempo con él?- preguntó, mirándolo con diversión y con cierto aire acusador en su expresión de superioridad.

Expresión que cambió por una de desconcertada sorpresa al ver como el rubio se echaba a reír con ganas en su cara.

-¡Dios, no! Ni yo soy tan cursi- exclamó, aún entre risas, y Hiro no pudo evitar fulminarlo con la mirada al notar que su amigo le había llamado cursi, aun cuando no pareciera ser consciente de ello, pues siguió hablando-. Papá siempre insistió en darme la educación humilde que él tuvo- explicó-. De hecho, sólo pude llenar mi sala de las maravillas que tú conoces cuando cumplí los veinte… Y con respecto a Wasabi ¡Nos odiábamos!

Hiro estaba a punto de señalar que no entendía como vivir en una mansión como aquella podía considerarse educación humilde aun cuando fuera a una escuela pública, pero aquel dato le obligó a olvidarse completamente de ello.

-¿Qué?- exclamó, con los ojos abiertos de par en par. ¿Ellos odiarse?, ¿Ellos, que eran uña y carne?

El mayor rio, divertido por su reacción.

-No podíamos ni vernos- confesó, encogiéndose de hombros con una sonrisa-. Él era muy meticuloso, detallado y estudioso, ¡Y hablaba de cosas que me aburrían! Una vez se fue indignado porque me había dormido en plena explicación- comentó con cierto dejo de diversión y malicia en sus ojos. Y Hiro no pudo más que reír, imaginando una de las típicas salidas escandalosas que su amigo hacía cuando estaba enfurecido, azotando puertas y gritando. Por alguna razón, el imaginarse a un Wasabi de diecisiete años en ese estado se le hacía aún más gracioso por lo ridículo que era.

-¿Y cómo fue que se hicieron amigos?- se decidió a preguntar, ya sinceramente interesado en la historia.

Fred se encogió de hombros.

-Supongo que me tomó como su reto personal- reflexionó, echándose hacia atrás en su asiento. En sus ojos volvió a aparecer aquel brillo ausente, aparentemente rememorando aquellas épocas, y sonrió con una expresión que a Hiro le pareció bastante tierna-. De hecho, me obligó a hacer el examen final y no se fue de junto la puerta del salón hasta que salí con el único diez que he tenido en mi vida en la mano… Y desde entonces me obligó a estudiar con él y acabé el secundario con honores… Creo que papá lloró de orgullo por una semana, y él también.

-¿Y entonces?- preguntó, cada vez más interesado en el relato. Nunca creyó que los orígenes de aquella loca amistad hubieran sido tan… bueno… sacados de un mal manga yaoi.

-Y entonces él decidió pulir sus intereses científicos y yo le prometí que no logaría sacarme de encima hasta que me fabricara ese rayo encogedor…y no soy tan tonto, sé perfectamente que es imposible- afirmó, guiñándole un ojo en complicidad. Hiro rio.

-Dragón listo- aprobó, antes de inclinarse ligeramente hacía adelante, listo para hacer la pregunta del millón- ¿Es decir que ya estabas enamorado de él al entrar en la universidad?

El rubio asintió, sonriente y esta vez con un leve aire melancólico apoderándose de su gesto.

-Fue durante el último año de secundaria. La idea de alejarme de él de repente se me hacía insoportable y no tardé en comprender que no era una reacción como la de dos amigos que toman caminos diferentes, no. Sentía que me iba a morir sin él… y bueno, decidí que papá podría por fin cumplir su sueño de tener un hijo que estudiara en la universidad… al menos hasta que descubrí que podía ser la mascota allí también- agregó como quien no quiere la cosa, con un gesto de orgullo y diversión propio de un villano que relata su plan maestro.

Hiro se echó a reír entre dientes con asombro, en parte por la descarada confesión de su amigo, en parte por todo lo que había hecho por estar junto a la persona que amaba, aun cuando lo hiciera en silencio. Pero pronto la seriedad retornó a su rostro cuando vio que la leve alegría en el de su amigo desaparecía, y creyó saber por qué.

-¿Y cuántos años…?- comenzó, aunque no sabía se era apropiado terminar la pregunta. Pero Fred se adelantó y lo hizo por él, con una expresión que sólo podría definir como desolada.

-¿Desde cuándo lo guardo en silencio?- propuso, y esperó a que Hiro asintiera para continuar-. Serán cinco cuando cumpla veintidós.

Hiro apenas pudo disimular el estupor en su rostro ante eso. "¡Cinco años!" repitió escandalizado, no pudiendo evitar sentir cierta pena por su amigo.

-Seh- afirmó el rubio a su exclamación silenciosa.

Aguardó en un respetuoso mutismo, esperando que su amigo agregara algo más, pero al ver que se mantenía callado decidió hacer la pregunta que deseaba hacer desde el primer momento.

-¿Y cuándo se lo dijiste?- murmuró, tratando de que su tono no fuera tan brusco pues era consciente de que estaba adentrándose en un terreno escabroso.

Fred inhaló hondo de forma notable antes de soltar un lento y silencioso suspiro.

-Antes de que sucediera lo de Tadashi le confesé que me gustaban los chicos y desde ese entonces su forma de actuar conmigo ha sido… diferente- comenzó, y Hiro debió hacer un esfuerzo sobrehumano para no hacer una mueca al oír el nombre de su hermano-. Se apartó un poco y parecía algo incómodo cuando estaba a solas conmigo, supongo que más que nada por su forma tan ordenada de ver el mundo, no sé… Había decidido que si seguía así de distante no avanzaría ni le diría nada de lo que sentía, prefería ciertamente permanecer a su lado en silencio a perderlo por mis sentimientos- Hiro abrió los ojos de par en par, no tanto por el que Fred pensara de esa forma, sino porque era exactamente la postura que él había tomado sobre su propia situación. Fred suspiró una vez más y continuó su relato, arqueando sus cejas de una manera que dejaba entrever su incomodidad-. Pero como las cosas mejoraron luego de que encontraras a Tadashi creí que sería bueno avanzar… ¿Recuerdas aquel día antes de Navidad, cuando vinimos a jugar videojuegos?- preguntó, mirándolo de reojo, y Hiro lo pensó por un segundo antes de recordar que era el mismo día en que fue a comprar los regalos para Cass con las chicas. Asintió, y no le pasó por alto la forma en que unas notables pinceladas de color rosa se apoderaban de los pómulos de su amigo antes de que éste apartara la mirada otra vez- Bueno, algunos días antes había comenzado a dejarle entrever que el tiempo que pasaba con él era especial para mi… pero él siempre fue muy lento con esas cosas. En serio, su primera novia la tuvo a los veinte y sólo duraron tres semanas- comentó, y algo en su tono de voz y la sonrisa que curvó sus labios por un efímero segundo le aseguró que aquello no le parecía tan trágico como cabía suponer-. En fin, no lo estábamos pasando mal, de hecho estábamos bebiendo unas cervezas y ya me había aburrido de ganarle en el Mario Kart. Él estaba ya frustrado y bueno, siempre me pareció lindo cuando se enoja- confesó, bajando la mirada y sonrojándose aún más, mientras Hiro trataba de comprender qué podía tener de lindo Wasabi cuando entraba en su fase de drama queen. Pero la forma en que la expresión de Fred mutó de aquella avergonzada a una seria y casi arrepentida le arrancó de su reflexión a tiempo de oír el avergonzado susurro que soltó:-. Y no sé si fue eso o el alcohol, pero simplemente dejé de pensar y lo… besé.

Hiro alzó ambas cejas por la sorpresa, y luchó internamente con todas sus fuerzas para no imaginar la escena pero fue inevitable acabar haciéndolo. Un Fred llevado por el alcohol, un Wasabi molesto, en jaque debido a la orientación de su mejor amigo y, además, tomado por sorpresa por éste.

Supo la respuesta antes siquiera de preguntar:

-¿Cómo reaccionó?

Y se sintió un maldito bastardo por hacerlo al ver como su amigo se hundía, tanto en el puff como anímicamente.

-No muy bien- contestó-. Se quedó de piedra, y admito que yo también,…- volvió a alejar la mirada y se mordió el labio, esta vez perceptiblemente afectado por el recuerdo-. Traté de disculparme en cuanto note que iba a salir corriendo.

Ante ese último comentario, Hiro no pudo evitar alzar una ceja y fruncir el ceño, viéndolo con extrañeza y una leve molestia que le resultaba desconcertante.

-¿Disculparte?- repitió, y su estado se reflejó en el tono indignado de su voz-. Pero si tú lo quieres, ¿Por qué te disculparías si no has hecho nada malo?

Fred se volteó hacia él y Hiro pudo ver a la perfección como alzaba ambas cejas por la sorpresa, con sus ojos fijos en su persona. No supo decir si su expresión se debía a que no se había planteado la pregunta o a que le sorprendía que pudiera formularla.

Al cabo de un momento el rubio volvió a hablar, entre confuso y molesto esta vez.

-Pues no, pero no debí invadir de esa forma su espacio sin pensar en su opinión- explicó, y Hiro debió darle la razón, comprendiendo que su enojo no era con él sino consigo mismo y su impulsivo arranque-. Se levantó, estaba muy molesto y me… dijo que lo que sentía estaba mal, que era incorrecto- susurró, temblándole el labio inferior y quebrándosele la voz de una forma notable. Hiro nunca deseó tanto golpear a un amigo como en ese momento lo deseó con Wasabi, ¿Quién era él para decidir qué era correcto y qué no? Esa obsesión suya con el orden se estaba volviendo preocupante. Ajeno a su juicio interno, Fred continuó, apenas más sereno-. No tienes idea de cómo me sentí, de cuan idiota y humillado… acabé siendo yo quien lo echó de la casa.

Hiro le contempló en silencio, esperando a que acotara algo más, pero al ver que no continuaba decidió hacerlo él.

-Esto… ¿Fue hace tres semanas?- preguntó, sacando las cuentas con rapidez. Al ver a su amigo asentir, continuó-. ¿No han vuelto a hablar sobre ello?

Fred negó lentamente con la cabeza, con la cabeza gacha, y un par de mechones de su rubio cabello que se habían salido de su gorro bailaron lentamente con el movimiento.

-Ni de eso ni de nada- confesó-. Apenas y nos hemos dirigido la mirada en las misiones y la universidad.

Extrañado, Hiro trató de recordar el comportamiento de aquel par en los últimos tiempos, pero debido a la llegada de Tadashi al equipo y sus propios problemitas, no recordaba algún comportamiento extraño del dúo… aunque…

Aunque sí que había notado un par de cosas de ambos, en especial de su moreno amigo.

A su memoria llegó el recuerdo de las reacciones de Wasabi el día en que Tadashi les había descubierto. Sus expresiones molestas cuando Fred tuvo su escena de fanboy por la habilidad de su hermano con las katanas tuvieron ahora un significado completamente distinto, al igual que todos sus gestos molestos cada vez que el chico halagaba a su hermano. Lo mismo la noche en que conocieron a Ambrum, cuando había hablado de aquella forma al rubio en el callejón… si lo que Fred le decía era correcto, Wasabi ya sabía de los gustos de su amigo en aquel entonces.

Hiro reflexionó un momento, en silencio. Aquellos ataques de malhumor no parecían los de un amigo demasiado harto de la actitud infantil de otro, ni aquella agresividad le parecía tan inexplicable ya. Tal vez, sólo tal vez, esos momentos de molestia se parecían a ataques de celos, y aquella agresividad parecía la inseguridad de alguien a quien el suelo, los pilares que cimentaban su vida, se le tambaleaban con fuerza. Alguien con miedo, alguien en negación… y Hiro lo sabía muy bien porque él mismo había sido ese alguien ya, y era demasiado consciente de que había pasado por eso en los últimos meses.

Y si las cosas eran tan similares como él creía, no sólo era capaz de entender a Wasabi, sino que podía apostar a que las cosas tendrían un giro que ni siquiera Fred, en su condición de amante de la ficción, podría prever.

Pero, aunque tuviera un buen presentimiento, no podía apostar que las cosas fueran en la dirección que él creía y Fred no necesitaba que le diera esperanzas tontas, sino que necesitaba su apoyo, o al menos descargarse con él.

Y también debía admitir que entendía cómo se sentía Fred en cada aspecto posible: su miedo, su vergüenza, su indignación… y sintió un poderoso deseo de retribuir su confianza con la misma, pero aún mantenía dudas.

Fred sorbió por la nariz y se enjuagó una lágrima en silencio, ajeno a su disputa interna y extrayéndolo de ella a la vez.

Le miró de reojo, y Hiro supo reconocer la soledad y la pena mezcladas con vergüenza en sus grandes ojos azules.

-Lamento descargar esto contigo, pero eres el único que no me toma como un tonto adicto a los cómics- murmuró, y fue lo que faltaba para que el corazón de Hiro se rompiera ante aquella afirmación.

Acercó su puff al de él de un rápido movimiento y colocó su mano en su hombro nuevamente, tratando de transmitirle su apoyo y llamando su atención a la vez.

-Fred, no digas eso. Todos creemos que eres especial y auténtico, te aseguro que nadie piensa en ti como un tonto. ¡¿Quién más hubiera tenido las agallas y se hubiera arriesgado como lo hiciste por el chofer del bus aquella vez?!- recordó, y unas suaves pinceladas de rosa volvieron a ruborizar las mejillas del mayor ante sus palabras-. Haznos un favor y no te menosprecies, porque ninguno de nosotros cree que seas un tonto, ni siquiera el mismo Wasabi- aseguró, dando el tema por zanjado.

La sorpresa en el rostro el rubio se le hizo curiosamente tierna, al igual que la forma en que mutó a una expresión embargada por la pena y el agradecimiento. Hiro supuso que hasta las personas que se encargaban de alegrar el día a todos, como era Fred con el equipo, necesitaban palabras de aliento también de vez en cuando.

-Gracias, amiguito… -susurró, antes de soltar un pesado suspiro-, pero en fin, según él lo que siento no es correcto, así que no hay nada que hacer- bajó la mirada, decayendo nuevamente de una forma notable en su rostro y su voz, y Hiro volvió a sentirse mal por él, por ambos en realidad. Pero cuando iba a hablar el mayor suspiró profundamente y se restregó con fuerza el rostro entre ambas manos-. Wow, mira todo lo que te he dicho- comentó, recuperando un tono de voz que distaba mucho de ser tan animado como era habitual-. De verdad lo siento, amiguito. A tu edad estas cosas no pasan, y mucho menos importan… No voy a pedirte que me entiendas por algo tan tonto.

Hiro se apartó un poco de él, mirándolo con un gesto calculador que llamó la atención del otro. Claro que entendía a Fred, lo entendía más incluso de lo que él pudiera sospechar.

Y tal vez sería bueno que supiera que, para bien o para mal, no estaba tan solo en eso como él creía.

-¿Tienes tiempo para una historia?- se apresuró a preguntar antes de poder arrepentirse.

Fred le miró con curiosidad debido a su drástico cambio de tema, parpadeando un par de veces. Asintió con su atención puesta completamente en él y Hiro tragó saliva, tratando de reunir el suficiente valor para empezar a hablar.


-Y ahora él lo sabe y está… tan distante, tan diferente- comentó, sintiendo sus mejillas arder como si alguien sostuviera dos brazas contra ellas. La pena que sentía al haber hablado de los bizarros sucesos que habían acontecido en su vida en los últimos días con alguien que no fuera Baymax sólo era superado por el profundo alivio que le producía haberlo hecho. Inhaló profundamente, tratando de estabilizar su voz luego de la infinidad de veces que había estado a punto de llorar durante el relato-. Y ahora, yo… no sé qué hacer.

Hiro tragó saliva antes de refregar su rostro con ambas manos e inhalar profundamente entre ellas. Se sentía más ligero sabiendo que podía hablar de aquello con alguien, es cierto, pero también sentía como el silencio sepulcral que había en el ambiente crecía cada vez más, obteniendo peso propio.

Cuando el mutismo de Fred se hizo demasiado prolongado para su gusto Hiro alzó la mirada hacia él, temeroso de haber cometido un error. Temor que sólo aumentó al hallarse con el rostro del rubio: un gesto sorprendido embargaba sus facciones y él le observaba con las cejas alzadas y los labios entreabiertos, completamente desconcertado.

Ante la expresión del mayor, Hiro debió alejar la mirada nuevamente, sintiéndose avergonzado. Si Fred creía que él no podría entenderlo por algo como un amor no correspondido, menos podía esperar él que Fred le comprendiera por un incesto, ¿Verdad? Pues sin dudas sus inclinaciones desviadas eran mucho peor que un amor no correspondido entre hombres.

-Crees que estoy enfermo… ¿No?- murmuró, desesperado por salir de aquel silencio aplastante. Cualquier cosa era mejor a que ahora no sólo Tadashi, sino Fred también le condenara al silencio.

Pero se sintió mejor cuando, ante sus palabras, el rubio abrió los ojos de par en par y cerró los labios. Alzó con rapidez ambos brazos y agitó sus manos con desesperación, al tiempo que hablaba atropelladamente.

-¡No, no, no!, ¡Hiro, no!- exclamó, con tal urgencia en su voz que el aludido estuvo a punto de reír-. Claro que no… es sólo que me dejaste en shock.

Hiro soltó una risa sin el más mínimo dejo de gracia ante la sinceridad de su amigo.

-Y no sólo a ti…

El recuerdo del rostro de Tadashi la noche en que había descubierto sus sentimientos, aquella expresión horrorizada y estupefacta que no se había marchado de su cabeza ni un solo instante desde entonces apareció nuevamente en su mente, recordándole una y otra vez cuan enfermizo era lo que sentía, y cuanto más enfermizo resultaba el que tratara de defender su amor a toda costa. Suspiró pesadamente, cansado, antes de dejarse caer en el puff con todas las ganas que tenía de lanzarse desde el arco más alto del Golden Gate.

Podía sentir la mirada de Fred clavada en él, y no mentía, de verdad se sentía aliviado de hablar de aquello con alguien de carne y hueso, pero había algo muy negativo cuando cambiabas a tu confidente robot por un humano: debías escuchar su opinión… y francamente entraría en pánico si Fred no abría la boca de una maldita vez y le soltaba lo que fuera que estaba pensando, a pesar de lo mucho que ello pudiera herirlo.

Y cuando estaba a punto de exclamar que por el amor de dios hablara, Fred le sonrió. Una pequeña y relajada sonrisa que le dejó parpadeando, sorprendido, por ver que pudiera existir en una situación como esa.

-No puedo decirte que te entiendo a la perfección, porque ambos sabemos que estaría mintiendo- confesó, inclinándose hacía él y apoyando sus codos en sus muslos para estar más cómodo. Había un brillo diferente en su mirada esta vez, un dejo de madurez e inteligencia que nunca había visto en él-. Pero ambos sabemos que era mejor que Tadashi lo descubriera… puede que de una forma menos traumática, sí- rio sin poder evitarlo cuando la imagen mental del rostro cómicamente espantado del mayor de los Hamada luego de escuchar a Hiro llegó a su mente, y Hiro le fulminó con la mirada, sin compartir su opinión. El rubio continuó antes de que el chico decidiera acompañar a Gogo en su gran arte de golpearlo con cuencos de comida-. Escucha, el silencio es algo terrible, sí… pero el silencio que uno mismo se impone es aún peor, así que créeme, en cuento este momento pase y Tadashi se recupere de su shock te sentirás mejor por no habértelo guardado- aseguró, con tal certeza en su voz que Hiro sólo pudo sonreír, sintiéndose un poco más optimista. Fred le devolvió el gesto antes de continuar:-. Además, tú tienes una ventaja que yo no poseo, y es que aunque sea el principal problema de todo esto, Tadashi es tu hermano y al menos estás completamente seguro de que él te ama en ese sentido. Así que deja de tener miedo de que se muestre distante ahora, porque sabiendo como es, si esto es sólo una etapa sabrán pasar por ella juntos. Y sí resulta que estos sentimientos que tienes son tan reales y duraderos como tú y yo creemos, encontraran la manera de seguir juntos a pesar de todo… y de la forma que sea.

Hiro se le quedó mirando con los ojos abiertos de par en par y los labios ligeramente separados por la sorpresa, anonadado de que aquel rubio que generalmente tendía a confundir la realidad con la ficción y se la pasaba inventando diálogos de superhéroes que jamás tendrían lugar pudiera llegar a decir algo tan inteligente y alentador. Sin embargo pronto reflexionó sobre las palabras de su amigo y sonrió levemente. Era cierto, ¿Qué no habían superado ya junto a su hermano? Habían seguido juntos a pesar de la muerte, el miedo y el dolor. Sería la cosa más ridícula el creer que justamente el amor sería lo que los separara.

Volvió a llevar su mirada al mayor, sonriendo de oreja a oreja esta vez.

-Ya ves que no eres ningún tonto- le pinchó, antes de extender su brazo y darle un amistoso golpe en el hombro. La sonrisa del rubio también creció en respuesta, alegre de ver el cambio de ánimo en su joven amigo y de ser útil. Entonces Hiro mutó su gesto en uno más serio, aunque sin perder su sonrisa esta vez-. Yo… en verdad te lo agradezco, me siento mucho mejor. Y… y el que no me juzgues por esto es…

Fred negó en silencio al notar como la voz del chico flaqueaba, no quería que volviera a desanimarse por ello en su presencia. En vez de seguir por ese rumbo, decidió devolverle el gesto.

-Y yo te agradezco a ti por oírme… y recuerda, puedes venir aquí siempre que quieras- aseguró, mirándolo fijamente con una sonrisa tranquilizadora. Hiro sólo asintió, sonriente, y se enjuagó rápidamente la humedad excesiva que amenazaba con rebalsar por las comisuras de sus ojos. Al notar que volvía a relajarse, Fred se puso de pie de un salto, antes de dirigirse al acomodador repleto de CD´s y DVD´s que había bajo su gigantesco televisor, caminando chistoso por culpa del entumecimiento en sus piernas al haber estado tanto tiempo en la misma posición-. Bien, basta de charla. ¿Estás listo para otra dosis de fantasía que nos haga olvidar de la porquería de mundo que nos rodea?

Hiro rio, encantado con el panorama, antes de dirigir una mirada a su siempre olvidado celular para ver la hora. Soltó un nada masculino grito de espanto al ver que pasaban de las tres de la madrugada.

-¡Mierda!- soltó alarmado, poniéndose de pie de golpe y luchando contra el nada leve mareo que le embargó-. Mira qué hora es, Tadashi va a matarme si no vuelvo a casa ya.

Pero toda urgencia desapareció de su mente al nombrar a su hermano. Pues a pesar de lo dicho por Fred y de su propia promesa de encarar el tema en cuanto tuviera la oportunidad, la idea de estar a solas con Tadashi no le parecía exactamente tentadora en la situación en la que se encontraban.

La renuencia en el rostro del chico no pasó desapercibida al rubio, que apiadándose de él pensó con rapidez una solución al problema.

-Si lo prefieres puedes quedarte- ofreció como quien no quiere la cosa, y el agradecimiento infinito en los ojos castaños de su amigo cuando alzó el rostro, como si tuviera un resorte en el cuello, para verlo estuvo a punto de lograr que se echara a reír. De hecho, las comisuras de sus labios se elevaron levemente cuando volvió a hablar, señalando a una de las puertas laterales de su sala especial con un gesto de la cabeza-. Tengo una habitación de huéspedes justo ahí.

Hiro asintió sin pensarlo dos veces, sintiéndose más aliviado ahora.

-Claro- aceptó, como si al otro pudiera llegar a quedarle alguna duda, antes de volver a ver su celular-. Llamaré a Tadashi para avisarle.

Pero se detuvo antes de buscar el nombre de su hermano en su lista de contactos. No lo había pensado hasta el momento, pero apenas marcó el número de Tadashi rogó a todos los dioses de las dos religiones que había heredado porque él fuera benevolente y no le anunciara que iba a llevarlo de las pestañas hasta su casa apenas le colgara, pues no sería la primera vez que Tadashi iba a rescatarlo sin que se lo pidiera. Y, de hecho, se esperaba algo de enojo si llegaba a despertarlo a esas horas o que lo reprendiera por no haberle llamado antes… Había múltiples fases de madre histérica que Tadashi podía tener en cuestión de segundos.

Lo que no se esperaba, de hecho, era que atendiera al primer pitido.

-¿Quieres que te busque?

Y definitivamente no esperaba, después de la manera en que lo había ignorado en las últimas cuarenta y ocho horas, que le respondiera con aquella pregunta y aquel tono tan servicial.

Tardó un segundo en responder, desconcertado por aquel cambio repentino.

-Eh… no- soltó, alzando una ceja y tratando de recordar qué era lo que iba a decir-. De hecho, te llamo para avisar que me quedaré aquí esta noche- aseguró, y el sonido seco de algo al caer al otro lado de la línea le sorprendió. Frunció el ceño y aguardó por un segundo, sólo para continuar al notar que el silencio volvía a reinar-. Iré mañana a tiempo para abrir el café- aseguró.

El silencio al otro lado de la línea se mantuvo por un par de segundos más, y estaba a punto de ver para cerciorarse de que la llamada no se había cortado cuando Tadashi al fin habló.

-C-Claro, no hay problema- aseguró, pero su tono de voz dejaba entrever su duda. Sin embargo, debido a la situación en que ambos se encontraban no se aventuró a preguntar si algo malo ocurría, en lugar de eso simplemente decidió acabar con aquella conversación. El extraño modo de comportarse de su hermano le hacía sentir incómodo.

-Bien, adiós entonces.

-Hiro, espera…- pidió, y el chico se detuvo a punto de colgar. Un estremecimiento sin sentido le recorrió al oírle llamarlo por su nombre, lo que resultaba sorprendente si consideraba que en aquel día no le había llamado directamente en ningún momento, ni por su nombre ni con la palabra hermano, mientras atendían el café. Nuevamente esperó, intrigado por lo que tuviera que decirle y maldiciendo la forma en que su corazón se aceleró ante aquella vaga esperanza de hacer las paces. Pero para su molestia, luego de un breve momento de duda Tadashi pareció cambiar de opinión fuera lo que fuera que le iba a decir-. No… no es nada… Cuídate- finalizó, pareciendo apesadumbrado.

Hiro arqueó una ceja, curioso por lo último.

"¿Cuidarme?" Repitió en su fuero interno "¿De qué?, ¿De una avalancha de muñecos de colección de Fred?".

-Okaaay… Adiós.

-Adiós, Hiro.

Hiro alejó el celular de su oído aún con el ceño fruncido, con la mirada fija en el rostro de su hermano mayor haciendo una mueca tonta en la foto que tenía por contacto. Notó que la llamada continuaba luego de varios segundos por más que esperara a que el otro cortara, pero no deseando dar más vueltas al respecto cuando por fin había logrado estar medianamente en paz consigo mismo, fue Hiro quien acabó por cortar.

Y al hacerlo acabó por sonreír con un leve toque de malicia y satisfacción, como el pequeño bastardo que sabía que era.

"La ley del hielo no es tan pan comido como creíste, ¿Eh?" se burló en su fuero interno, antes de girarse hacia su amigo con ánimos renovados.

-¿Listo para la quinta temporada?- preguntó, sonriendo de oreja a oreja. Fred le miró con curiosidad.

-¿No dijiste que tenías trabajo mañana?

Se encogió de hombros, volviendo a sentarse en el puff púrpura.

-Es horario de sábado, abrimos luego del mediodía- explicó.

Fred le sonrió, lanzándose al puff junto a él con el mando del televisor en la mano.

-En ese caso… ¡¿Qué estamos esperando?!

Hiro rio entre dientes, agradeciendo el tener un amigo como Fred.


Tadashi bostezó audiblemente, sintiendo sus párpados pesados y una gran somnolencia embargar cada parte de su cuerpo. Reprimió un segundo bostezo al mismo tiempo que se colocaba el delantal negro que solía usar cada vez que ayudaba a su tía en el café.

Lo primero que le recibió al entrar al lugar fue la cegadora luz del sol del mediodía que lograba atravesar las gruesas cortinas rojas del café de su tía, dibujando estelas rojizas de luz sobre el suelo de baldosas negras y blancas y tiñendo de un extraño rosa las paredes verde limón del lugar.

Mochi maulló a su lado antes de que pudiera sentir su rechoncho y cálido cuerpo restregarse contra su pantalón negro, seguramente llenándolo de una estela de pelos naranjas y blancos que debería quitar antes de recibir a sus clientes.

Acostumbrado ya a las técnicas que la mascota de su tía tenía para engatusar a todos en la casa, sonrió de lado para dirigirse al espacio tras el mostrador donde se hallaba el rincón del gato, con un plato de agua y otro para comida, y colocó en el último una ración de croquetas sobre las que la pelota peluda se abalanzó. Acarició un par de veces su cuerpo cálido y su suave pelaje, sintiendo como el animal comenzaba a ronronear en el acto mientras mascaba felizmente su alimento. Inevitablemente acabó por ensanchar su sonrisa, pues aunque nunca había tenido una relación exactamente estrecha con el animal, era relajante darle mimos y molestarlo cuando más dispuesto a mandar a todos a la mierda estaba el gato. Aún no lograba entender esa afición que tenía por las cosas pequeñas, tiernas y malhumoradas, pero recientemente había descubierto que se encontraba rodeado de ellas.

Dejó que el gato terminara de comer en paz y se dirigió más muerto que vivo al mostrador del café, donde revisó la apariencia de los bizcochos, tartas y las rosquillas que habían llegado aquella mañana antes de proceder a hacerse un café para reanimarse, su última carta para sacarse la cara de zombie antes de que los clientes comenzaran a llegar.

Su estado no se debía a que le molestara haber tenido que despertarse temprano para recibir el encargo de cada mañana para la cafetería, claro que no. De hecho, y aunque buena parte de su rutina había sido remplazada por los entrenamientos con el equipo, aún disfrutaba de salir a correr con Hiro algunas mañanas en las que no tuviera universidad y si no habían tenido una misión la noche anterior.

Una mueca apareció en su rostro ante el recuerdo de su hermano menor, al tiempo que debió detenerse a mitad del vertido de agua sobre los granos de café para no hacer un desastre que luego tuviera que limpiar. Podía sonar algo extremo y egoísta, pero Hiro era por completo el responsable de que se encontrara tan cansado a esas horas del día, cuando por lo general ya se encontraba lleno de energía y listo para afrontar su rutina con el mejor humor.

La noche anterior apenas y había logrado pegar el ojo, dándole vueltas una y otra vez a qué tanto podría estar haciendo Hiro en casa de Fred. Aunque se había prometido no pensar en ello durante todo el viernes, concentrándose tanto como podía en atender el café correctamente, apenas despidió al último cliente no había podido evitar volver a reconstruir al menos diez veces la conversación que –aún le apenaba admitirlo- había espiado entre Hiro y su millonario amigo. Cada uno de los resultados conducía a posibilidades una más descabellada que la otra y que no le habían dejado respirar tranquilo mientras él cerraba el café y Hiro subía a bañarse para ir a la mansión de Fred.

Cuando la idea de que aquello no fuera sólo una reunión de amigos se le cruzó por la mente estuvo a punto de detener al chico, pero acabó por ignorarla, siendo consciente de que lo más probable es que sólo fueran a ver una de esas películas extrañas por las que ambos tenían una poderosa afición. Al final dejó ir a Hiro sin siquiera preguntarle a qué hora llegaría, suponiendo que para la hora de dormir ya estaría allí nuevamente, pues el sol apenas se había ocultado cuando él se había marchado.

Cuando la hora de cenar llegó y se predispuso a cocinar alguna cosa rápida aún estaba relajado, pues sólo habían pasado tres horas desde que Hiro se había marchado. Pero su calma poco a poco se fue desvaneciendo, siendo reemplazada por la extrañez y, finalmente, por la paranoia cuando dieron las tres de la madrugada y su hermano aún no había llegado a casa.

¿Le habría pasado algo en el camino?, Pronto había descartado la idea, pues de hallarse en una situación que ameritara su intervención como héroe Hiro los hubiera contactado inmediatamente. Entonces, y si no se había quedado congelado en alguna calle, suponía que el motivo de semejante retraso se debía a que se había quedado tonteando con Fred por horas, horas lo suficientemente divertidas como para que ni siquiera se dignara a llamarlo para decirle que estaba bien.

Tadashi, ya sin reprimirse en su faceta de hermano sobre protector, tomó su celular y se dedicó a revisar sus redes por si había posteado algo, pero estuvo a punto de escupir el café que estaba bebiendo al notar que la última conexión de Hiro había sido exactamente media hora después de que se había ido.

¿Qué tanto estaba haciendo con Fred que ni siquiera podía dignarse a tocar su celular en todo el rato que llevaba en su casa?

Sin pensarlo mucho se dispuso a llamar a su hermano, pero se detuvo un segundo antes, mirando fijamente la pantalla, donde la foto con la que había agendado a su hermano le devolvía a un sonriente e inocente niño siendo abrazado por su robot gigante en pleno proceso de estabilización hormonal por parte de Baymax.

Luego, dejó el aparato sobre la mesa para té frente a él, tratando de no despertar a un durmiente Mochi sobre su regazo y clavando sus ojos en la televisión, en una película que ni siquiera era la misma que estaba viendo antes de comenzar a carcomerse la cabeza pensando en su hermano.

"Estás siendo exagerado" se reprendió en su fuero interno, molesto consigo mismo. Su hermano nunca había sido de los que les prestaban mucha atención a los celulares y tendía, bastante seguido, a dejarse absorber por las películas que estuviera mirando o los juegos que estuviera jugando. Él mismo era así a su edad, más aún cuando se trataba de pasarla bien con un amigo, así que no podía ponerse como una madre histérica sólo porque Hiro no le llamara para decirle que estaba bien. "Es la actitud normal de los adolescentes".

De hecho el que estaba actuando fuera de lo normal no era otro sino él. ¡Era un viernes a la noche y tenía la casa completamente sola para él! ¿Cómo podía explicarse que un joven adulto de veinte años con semejante oportunidad entre manos estuviera viendo una mala película de terror y bebiendo café en vez de llamar a sus amigos para pasar el rato entre cervezas y pizza? ¡Cualquier adolescente de hecho incluso estaría teniendo sexo en ese momento!

Arqueó una ceja extrañado ante su propio pensamiento, pues para nada era normal en él, cuando éste le trajo a la mente un detalle que había pasado por alto.

Hiro, su dulce hermanito, era un adolescente…

Uno que, ya había visto y de la peor manera, no era ignorante respecto a lo que a sexualidad refería…

Uno que ahora mismo estaba en la casa de otro chico y que llevaba casi nueve horas en ese lugar sin mostrar la más mínima señal de vida, un viernes por la noche.

Tragó saliva, sintiendo como su piel se acaloraba a la vez que un sudor frío se deslizaba por su nuca, y ambas sensaciones no tenían nada que ver con el fuego que llenaba de calidez el ambiente, el café que estaba tomando o la puerta que Mochi había abierto hace unos quince minutos para llegar plácidamente hasta su regazo y por donde una fresca brisa se colaba.

Trató de serenarse respirando hondo y acariciando lentamente al ronroneante gato en sus muslos. Nuevamente estaba imaginando las situaciones más extremas y descabelladas. Tal vez Hiro y Fred fueran más cercanos de lo que él había supuesto, sí, incluso al nivel de que su hermano le contara sus problemas universitarios al rubio en lugar de a él, pero eso no quería decir nada. Ellos eran buenos amigos nada más, unos que se contaban secretos que nadie más sabía, unos que descargaban sus frustraciones mutuamente, unos que llevaban nueve horas solos en una casa sin la más mínima intención de comunicarse con el mundo al parecer.

Negó reiteradas veces, ganándose una mirada curiosa de Mochi antes de que volviera a echarse a dormir. Está bien, puede que la situación no fuera la mejor para no malinterpretar las cosas, pero ¡Vamos! No creía posible que su hermanito se fijara en un chico, mucho menos en un chico mayor que él por siete años, ¿Verdad? Además Hiro… él estaba interesado en…

En…

"Si se interesó en ti, que no sólo eres un chico mayor sino que su propio hermano, ¿Qué te hace pensar que no le interesaría estar con alguien como Fred?" susurró una voz en su fuero interno, divertida y maquiavélica, obligándolo a abrir los ojos de par en par. Sintió un nudo en su garganta ante ese pensamiento, y se apresuró a beber café para deshacerlo, aunque no tuvo mucho éxito a pesar de la cálida sensación. Era la primera vez desde que había descubierto lo de Hiro que se atrevía a tener un pensamiento directo sobre ello y eso no le hacía sentir exactamente más relajado al respecto. Ni siquiera se atrevía a hablarle aún, sin saber cómo encarar el tema o tan siquiera si debería encararlo. ¿Acaso se podía seguir como si nada luego de hallar a tu hermanito gimiendo por ti en sueños? Porque él ni siquiera podía mirarlo a los ojos aún.

Volvió a negar, tratando de apartar tanto las palabras de su inconsciente como cualquier pensamiento relacionado a su situación con Hiro. Después de todo, lo más probable era que su hermano sólo estuviera sufriendo las consecuencias de un cuerpo en plena revolución hormonal y estuviera confundiendo las señales que éste le daba.

Asintió, consolándose en ese pensamiento, y se dispuso a dar por zanjado el tema por el momento.

"Claro, relájate. No es más que un adolescente hormonal e impulsivo en la casa de un adulto inmaduro e igual de impulsivo con el que suele descargar todas sus frustraciones… ¿Qué clase de cosas inapropiadas podrían estar haciendo además de follando por despecho?"

Esta vez Tadashi no pudo evitar escupir el café que acababa de beber de nuevo en la taza, sintiendo de paso como se ahogaba y su garganta ardía debido a su temperatura de éste. ¡¿Qué onda con sus pensamientos?!

Y aunque luchó con todas sus fuerzas por ignorar ese último, éste permaneció flotando en su mente por unos minutos eternos, reverberando en su cabeza con mayor nitidez que los diálogos y gritos de la película que supuestamente estaba mirando. Gruñó por lo bajo, enfurruñado, y se bebió el café de un solo trago, esperando que las posibles quemaduras internas que aquello le provocara lograran que dejara de pensar en idioteces.

Aún con la taza vacía en la mano el joven cambió de posición con cuidado, tratando de conseguir una postura más cómoda para sus agarrotados músculos y, a la vez, tratando de no molestar a Mochi. Deslizó lentamente su mano sobre el suave pelaje tricolor, esperando que su textura sedosa, su calor y sus dulces ronroneos lograran relajar la molesta sensación que comenzaba a gestarse en su cabeza, como un precursor de la migraña. El gato soltó un maullido somnoliento antes de estirarse y dar un par de vueltas sobre sus muslos sólo para volver a echarse, masajeando con delicadeza la tela de sus jeans azules y clavándole una que otra uña. Tadashi lo observó por unos segundos, debiendo admitir que la bola de pelos de su tía era muy tierna.

Aunque eso no impidió que dejará caer estruendosamente al animal cuando se puso en pie para tomar su celular, que había comenzado a sonar con la melodía de apertura de alguna serie animada. Se disculpó mentalmente por Mochi al oírlo quejarse, pero eso dejó de importarle en cuanto vio que la llamada era de su hermano.

Ni siquiera alcanzó a pensarlo dos veces antes de contestar. Ni pudo disimular la urgencia en su voz cuando habló:

-¿Quieres que te busque?

La pregunta había salido antes siquiera de que la pensara, urgente y esperanzada, una esperanza que ciertamente no entendía, pero que se hizo más clara cuando la negativa de su hermano la aplastó por completo. Cuando el chico le anunció que se quedaría a dormir en casa de Fred no pudo evitar que la taza se cayera de su mano, e inconscientemente agradeció el que estuviera vacía.

Su rostro, estaba seguro, era todo un poema. Pero es que realmente estaba desconcertado con todo aquello. Primero se la pasaba sin dar ni la más mínima señal de vida mientras estaba con Fred, y luego lo llamaba sólo para decirle que se quedaría a dormir ¿Se suponía que estaban en edad de hacer pijamadas o qué?

Tragó saliva lo más silenciosamente posible, notando que su silencio se había prolongado más de lo necesario, y acabó por aceptar, sin saber exactamente qué estaba diciendo.

Pero se arrepintió en cuanto notó que su hermano cortaría. Le llamó por primera vez en aquel día por su nombre, sintiéndose extraño pero sabiendo que eso evitaría que le colgara. Se sintió un bastardo al abusar de esa forma de la situación en la que se hallaban y de la manera en que –sabía- su hermano se sentía por su distanciamiento, pero cualquier cosa serviría para lograr que Hiro volviera a su hogar, a la seguridad de su casa y lejos de Fred. Y fue entonces que se dio cuenta ¿Qué se supone que le diría? ¿"Hey, Hiro, creo que tú y Fred podrían haber estado haciendo cosas pervertidas en estas horas y me sentiría más cómodo si estuvieras aquí, conmigo"? Sí, pues no se imaginaba como eso podría ayudar a relajar las cosas entre ambos. Además, ¡Fred era su amigo, por dios!, ¿En qué clase de enfermo paranoico lo estaba convirtiendo aquel distanciamiento con Hiro?

Sin saber qué decir y sintiéndose un idiota por llegar a pensar de esa forma de uno de sus mejores amigos y su hermano, acabó por dejar a Hiro cortar, no sin antes agregar un Cuídate del que se arrepintió apenas lo dijo.

¿Cuidarse de qué, de las películas traumatizantes del rubio?

No pudo evitar maldecirse en voz alta. Si tan sólo hubiera tratado de hablar las cosas en el primer momento ahora no tendría que estar sufriendo por la incomodidad que sentía al hablar con su propio hermano. Si no le había dirigido la palabra en casi cuarenta y ocho horas, ¿Con qué derecho ahora lo obligaría a obedecer una orden? Y lo peor de todo es que él estaba perfectamente consciente de la manera en que estaba haciendo sentir a su hermano al someterlo a aquel silencio, a aquella distancia: exactamente igual a la forma en que él mismo se sentía cuando Hiro aún creía que desaparecería en cualquier momento entre las nubes de un sueño.

Se maldijo nuevamente, deslizando una mano por su rostro para tratar de calmarse, pero sólo pudo sumergirse en su autodesprecio. ¿Cómo podía actuar de esa forma con Hiro luego de que por fin había recuperado a su hermano?, ¿Luego de que el mismo Hiro le recuperara a él?, Y, peor aún, sabiendo exactamente la forma en que el chico se sentía.

Suspiró pesadamente, molesto por aquella situación, harto de estar distante con su hermano. Él ni siquiera tenía la culpa de aquello, después de todo nadie podía controlar sus sueños o las reacciones de su cuerpo. Hiro incluso había tratado de explicarse, pero él no lo había dejado hablar, completamente sorprendido por descubrir algo como aquello. ¡No todos los días descubrías que tu hermanito tenía sueños húmedos contigo!

Cuando un pensamiento aún más perturbador se abrió paso en su mente Tadashi se quedó sin aire, al tiempo que su sangre se helaba del espanto.

"Y aún menos normal es que notes a tu cuerpo más que predispuesto a hacerlos realidad".

Decidido esta vez a olvidarse de todo aquello acabó por apagar el televisor y dirigirse a la cocina para lavar la taza.

Se había tomado un largo baño de agua caliente antes de acostarse para relajar sus tensos músculos, pero aunque lo había logrado en buena medida no pudo dormir incluso luego de largo rato dando vueltas en la cama. Las ideas sobre lo que Hiro y Fred pudieran estar haciendo lo asaltaban cada vez que estaba a punto de dormirse, manteniéndolo en un estado nervioso y molesto toda la noche. Apenas logró conciliar el sueño pasadas las cinco de la mañana, lo que sólo le sumó una gran molestia cuando su despertador sonó a las siete en punto, dejándole el margen de tiempo necesario para vestirse, lavarse la cara y desear morir con todas sus fuerzas antes de que el camión que traía las donas para la cafetería llegara.

Y había vuelto a acostarse luego de las ocho, cuando había acabado de acomodar las cosas en la cafetería, pero esa siesta no podía compararse al descanso que brindaba una buena noche de sueño tranquilo.

Se llevó la taza de café que había preparado a los labios, dejando que el calor del líquido recorriera su garganta y calentara su cuerpo. Sonrió de lado, reanimado, antes de dirigir una mirada al reloj de gato en la pared tras él, justo al lado de la puerta de cortinas rojas que separaba al café de las escaleras de su casa. Faltaba media hora para abrir, y aún no tenía rastros de su hermano. Ni siquiera le había vuelto a llamar a la mañana y, extrañamente embargado por un golpe de orgullo, él se negaba a ser el primero en llamar.

Aunque comenzó a replanteárselo dos minutos después, un segundo antes oír una llave introduciéndose en la cerradura del local.

Una sonrisa de oreja a oreja se instaló en su rostro al ver la agitada cabellera azabache, bañada por los rayos del sol, asomar por la puerta principal. Ni siquiera notó que la forma en que la ausencia de su hermano le había estado pesando hasta que sus hombros se sintieron más ligeros al verlo allí, y pudo respirar tranquilo al saber que estaba en casa.

Sin embargo, era consciente de que aún tenía que ir con cautela, por lo que hizo lo posible para disimular su alegría ojeando el listado de platos y sus precios, tratando de memorizarlos como si no lo hubiera hecho ya el día anterior.

-Hola- la suave voz de su hermano le llegó justo después de que volviera a cerrar la puerta y se sorprendió al notar que él hablara primero, pero aún más lo hizo al alzar la mirada y ver su expresión relajada mientras se acercaba al mostrador, con la mirada fija en su celular. Estuvo tentado a alzar una ceja al ver que suspiraba, aliviado-. Que suerte, creí que no llegaría a tiempo para abrir el café- comentó, sentándose en uno de los tres bancos altos que rodeaban el mostrador.

Tadashi frunció el ceño ante el último comentario, extrañado, aunque más lo estaba por la nueva actitud del chico, tan natural… como si de repente se hubiera olvidado de aquellos dos días.

-Buenos días- devolvió el saludo, aunque se maldijo por considerarlo un saludo demasiado distante. Aprovechó el momento en que volteó nuevamente a ver el reloj para hacer una mueca que expresaba cuan idiota se sentía-. Tranquilo, aún falta media hora- contestó lo obvio.

Hiro asintió frente a él, y cuando volvió a verlo se quedó de piedra un segundo al hallar una pequeña sonrisa en sus labios, lo suficientemente notable como para que el espacio entre sus dientes que siempre le había parecido tan tierno fuera visible. Si el chico lo notó no pareció afectarle en lo más mínimo.

-Lo sé, pero salí más tarde de lo que esperaba de casa de Fred- explicó, causando que su expresión relajada flaqueara por un instante y su ceño estuviera a punto de fruncirse-. Siempre pierdo la noción del tiempo cuando estoy con él.

Tadashi no supo exactamente a qué se debió la sensación de una cuchilla clavándose hondo en su corazón, pero esperando que no fuera notable, se dedicó a encender la cafetera que había preparado antes y a sacar unas cuantas tazas para limpiarlas, aun cuando éstas estaban impolutas.

-¿Ah, sí?- fue la brillante respuesta que se le ocurrió, manteniendo la mirada fija en las tazas mientras la molestia que había sentido la noche anterior volvía a hacerse presente en su persona. Se esmeró por pensar en otra cosa antes de que su mal humor se volviera evidente, pues su hermano tenía una habilidad especial para descubrir su estado de ánimo sólo con echarle una mirada a sus ojos-. ¿Ya comiste?, queda algo de pasta que me hice anoche si quieres.

De reojo pudo ver al chico negar antes de bajarse del banco. No pudo evitar sentir algo de ternura y diversión al ver que debía deslizarse lentamente por el borde del cojín rojo redondo, pues sus pies no llegaban al suelo.

-No, ya tomé una ducha y comí con Fred- informó, y la ambigüedad de la frase fue suficiente para que su escasa alegría se fuera directo por el drenaje y que una taza estuviera a punto de resbalarse de sus dedos-. Me iré a vestir y luego te ayudaré a organizar todo.

Cuando el chico desapareció detrás de las pesadas cortinas rojas y sus pasos dejaron de resonar en los escalones de madera, Tadashi se permitió jadear, sintiendo como si se quedara sin aire luego de que le dieran un golpe en el estómago.

¡¿Por qué carajos se había bañado con Fred?!

Cuando Hiro volvió a bajar, esta vez ya con sus pantalones negros, su camisa blanca y el delantal negro característico del lugar, Tadashi apenas había logrado recuperarse de la hiperventilación que la nueva tanda de pensamientos extraños le había provocado. Y aunque pudo notar que el chico se le quedaba viendo con una ceja alzada y el ceño fruncido al hallarlo aferrándose con sus dos manos a una taza de café como si estuviera a punto de estrangularla, decidió sólo carraspear para disimular y fingir que en realidad la estaba limpiando, frotando el repasador blanco en su mano con esmero sobre la cerámica. Por el rabillo del ojo pudo ver como el menor se encogía de hombros y se dirigía a las mesas, comenzando a bajar las sillas que habían subido para poder trapear el suelo.

Suspiró aliviado al notar que el muchacho perdía el interés en él, completamente inconsciente de la forma en que Hiro trataba de no reír al notar el estado alterado del mayor. Aunque no estaba seguro a qué se debiera, cualquier molestia que Tadashi pudiera sentir mientras trataba de mantenerse ajeno a él significaba una venganza que el universo le estaba regalando a Hiro.

Realmente no había mucho que hacer, pues acostumbrados a la rutina de Cass habían preparado todo la noche anterior. Eso sin embargo no significaba que ambos no se concentraran en sus trabajos como si se trataran de las cosas más complejas de realizar, Hiro tarareando el opening de la estúpida saga de Fred mientras abría una a una las pesadas cortinas rojas, dejando que la luz del sol se extendiera por cada rincón del lugar, y Tadashi vigilando el ir y venir despreocupado y extrañamente relajado del otro, consternado por su nueva actitud.

¿Tan bien se había sentido estar lejos de él como para que desapareciera de un plumazo su actitud pasiva y reacia?

Frunció el ceño al notar cierto resentimiento sin sentido en el pensamiento, y cuando notó que un par de personas comenzaban a asomar la mirada por las ventanas para ver si ya estaban atendiendo decidió encender el televisor para llenar del sonido de las noticias el lugar, antes de dirigirse a la puerta principal y voltear el cartel para indicar que estaba abierto.

El primer cliente entró junto a una gélida ventisca del exterior que le hizo agradecer la calefacción del lugar, antes de dedicarle su mejor sonrisa y acercarse a recibir su pedido.

El día a partir de ahí transcurrió relativamente tranquilo para ambos. Tadashi pudo felizmente dedicarse a preparar los platillos sencillos que ofrecían y las bebidas mientras Hiro iba y venía llevando los pedidos con una sonrisa igual de amable que la del mayor. Aunque en ningún momento intercambiaron más palabras que las necesarias para informar sobre un pedido o para que Hiro supliera a Tadashi con los cafés mientras él preparaba algún plato ligero que por lo general eran sándwiches tostados o algún postre.

Y aunque la oleada de clientes que se refugiaba del frío invernal típica de los sábados les obligó a acelerar el paso y mantenerse en movimiento constante durante buena parte de la tarde ambos no pudieron más que estar agradecidos, pues se les hacía casi imposible pensar en otra cosa que no fuera su deber atendiendo el café.

También agradecieron profundamente el que no se presentara ninguna situación que ameritara su presencia como héroes durante el día, pues aunque sabían que los chicos serían perfectamente capaces de hacer frente a lo que sea sin problema aún si los hermanos no estaban, sinceramente no podrían estar concentrados si su instinto de héroes tiraba de ellos constantemente a la acción.

Relajado y más ligero ahora que había podido hablar de la situación que lo aquejaba, Hiro se movía como pez en el agua entre los clientes, intercambiando palabras amables con ellos mientras dejaba los platos, hablando del clima e incluso brindando una actualización completa de su situación académica a la señora Matsuda con todo gusto. Él era generalmente reacio a interactuar con personas que no le fueran cercanas, pero (tal vez por su paz interior ahora que sabía que tenía al menos a un amigo que le escucharía y le brindaría consuelo en su penosa situación) decidió que no había nada de malo en regalar algo de su recientemente adquirido buen humor por el lugar, mezclándose en la calidez de la calefacción y el agradable olor a café que inundaba el ambiente.

Y el cambio ciertamente no le pasó desapercibido al mayor, quien no podía evitar echar una mirada de reojo al muchacho mientras interactuaba con los clientes. La apariencia desanimada y el aire sarcástico, molesto y silencioso que se había apoderado de él durante los días anteriores ahora parecía ser sólo un recuerdo tras aquellas sonrisas de oreja a oreja que poblaban su rostro y dibujaban dos tiernos hoyuelos en sus mejillas rojizas debido al trabajo. Sabía que era un pensamiento egoísta, pero el saber que la mejora en el estado ánimo del chico se debía completamente a lo que fuera que hubieran estado haciendo con Fred toda la noche no hacía más que aumentar su malestar al respecto y a seguirlo con la mirada mientras se deslizaba por cada mesa con un paso grácil y una mirada amable.

"Bueno, al menos no camina raro. Eso es bueno" observó en su fuero interno, mientras trataba de dejar el dibujo de una hoja con crema sobre la superficie de un café… sin embargo, al notar a qué hacía referencia su propio pensamiento el pulso de mano tembló y aquella delicada hoja se terminó pareciendo más a un Totoro adicto al crack. Molesto consigo mismo y sintiendo como un calor demasiado poderoso se apoderaba de sus oídos -que seguramente estarían al rojo vivo en ese momento-, revolvió el café disimulando lo mejor que podía su fracaso absoluto antes de ponerlo en una bandeja junto a tres rosquillas y tocar la campana sobre el mostrador para que su principal dolor de cabeza lo llevara a la mesa correspondiente.

Al cabo de seis horas de arduo trabajo ambos suspiraron, habiendo cerrado las cortinas del café y bebiendo cada uno de la bebida homónima, demasiado cansados como para preocuparse por el silencio tenso que se alzaba entre ellos, disfrutando de un momento de relajación.

Al menos hasta que una molesta campanita resonó en el lugar, y Tadashi tuvo un mal presentimiento que le obligó a fruncir el ceño al ver como Hiro extraía su celular de uno de los bolsillos de su pantalón. Cuando le vio dedicar a la pantalla la sonrisa más sincera y radiante que le había visto en el día debió utilizar una fuerza sobrehumana para no poner los ojos en blanco.

El chico apuró la bebida de un sorbo antes de acercar el celular a sus labios, un segundo antes de que el sonido que indicaba que comenzaba a grabar llenara en el lugar.

-Creo que una limusina es exagerado, pero admito que no quiero llegar con el trasero congelado allá… ¿Un auto común y corriente no sería mejor?- propuso en un tono relajado y vivaracho, ignorando completamente su presencia allí. Tadashi estrechó sus ojos levemente ante eso, y sólo necesitó oír la palabra limusina para saber a quién estaba hablando su hermano. Esta vez tuvo que reprimir su deseo de arrastrarlo hasta el interior de la casa y encerrarlo allí hasta que la universidad reanudara el dictado de clases.

-¿Irás de nuevo con Fred?- preguntó disimuladamente, esperando que el aire de despecho en su voz fuera sólo fruto de su imaginación. El chico asintió sin dirigirle la mirada, sonriendo mientras tipeaba algo a toda velocidad y se bajaba del banco con una prisa y emoción demasiado latente en el brillo de sus ojos.

Tadashi apartó la mirada, curiosamente dolido por la indiferencia de su hermano, antes de que éste se internara nuevamente en la casa sin mediar más palabras.

No era tan divertido recibir una cucharada de tu propia medicina.

-Oye- alzó ambas cejas por la sorpresa cuando, luego de apenas diez segundos de que se marchara, la voz de su hermano resonó tímidamente en el lugar. Se giró con un brillo curioso en sus ojos, y sintió su corazón dar un vuelco al ver el rostro dubitativo y algo ruborizado del menor.

No pudo más que suspirar en su fuero interno, con la esperanza de que hubiera recapacitado y que decidiera quedarse allí aquella noche.

-¿Qué pasa?- preguntó, tomando las tazas que ambos habían estado utilizando y dirigiéndose al lavado instalado a un lado el mostrador, sonriendo abiertamente a sabiendas de que el chico sólo sería capaz de ver su espalda en aquel ángulo.

Abrió la canilla y se dispuso a lavar.

-Pues… me olvidé de decirte que me quedaré en casa de Fred hasta el lunes.

Y agradeció profundamente que el sonido del agua correr ocultara el de ambas tazas al caer dentro del lavado, haciéndose añicos, cuando el tímido susurro del chico fue decodificado por su cerebro.

Tadashi se quedó de piedra, sabiendo perfectamente que el chico estaba aguardando por una respuesta aun cuando no hubiera formulado una pregunta o pedido permiso exactamente, pues era algo que se sobre entendía al ser él el mayor a cargo en ese momento.

Tadashi tragó saliva, viendo los pedazos de blanca cerámica rodeados por agua espumosa, tratando de pensar en las palabras exactas que decir. Si por él fuera la respuesta sería una rotunda negativa, claro está, una negativa que le permitiera dormir tranquilo aquel fin de semana.

Pero conociendo a su hermano como lo conocía tenía claro que no se iba a quedar tranquilo con una negativa así como así y sin decir ni pío. No, él exigiría respuestas y explicaciones, respuestas y explicaciones que no tenía. O bueno, sí las tenía, pero cada una era más perturbada y enferma que la otra y de ninguna manera dejaría que Hiro viera cuanto le afectaba el que pasara tanto tiempo a solas con Fred.

Cerró los ojos con fuerza, apretando los labios con frustración hasta que éstos fueron sólo una fina línea en su rostro.

Una vez más se maldijo por no poder ser capaz de ver a su hermano o tan siquiera poder hablar de sus preocupaciones.

-E-Está bien… siempre que estés aquí para abrir- acabó por decir, con su voz temblando de una manera que, esperaba, sólo fuera perceptible para él. Sintió cada palabra como una puñalada en su espalda.

Y el sonido de emoción que el chico soltó a sus espaldas, ajeno a su predicamento, fue la estocada final.

-Claro que sí, aquí estaré- exclamó, repentinamente reanimado, y Tadashi debió sostenerse de los lados de la piscina de lavado para no voltearse a fulminarlo con la mirada o correr a detenerlo cuando, luego de unos muy sospechosos treinta segundos, le vio atravesar el café con un bolso y ya vestido con ropa casual de invierno-. Nos vemos el lunes, Tadashi.

El mayor jadeó a tiempo para que el sonido de la puerta al cerrarse lo ocultara, al tiempo que todo su cuerpo se estremecía al recordar la última vez que su hermano le había llamado por su nombre, un estremecimiento acompañado por una sensación que no sabía definir como buena o mala recorriendo su piel.

Una leve ira le embargó ante el recuerdo, y deseó con todas sus fuerzas salir del lugar, tomar a su hermano por el pescuezo y arrastrarlo hasta la casa nuevamente para castigarlo por la forma en que le estaba haciendo sentir, aún sin entender la magnitud de lo que ello, todo aquello, significaba.

En lugar de eso, acabó por relajar el agarre de sus manos en la blanca cerámica del lavabo, sin saber en qué momento éste había aumentado hasta que un temblor recorriera completamente sus brazos. Suspiró pesadamente con la vista clavada en las tazas rotas, antes de dejar caer su cabeza en un gesto muy similar al de alguien que aceptaba su derrota absoluta.

-Sólo… cuídate- susurró al aire.


-Tía, estamos bien, tranquila- repitió por enésima vez la noche del domingo, esbozando una sonrisa divertida mientras cortaba la verborragia incesante de Cass por celular-. El café ha ido perfectamente y no hemos envenenado a Mochi.

-No es gracioso, Tadashi- le reprendió la mujer, y el aludido amplió su sonrisa ante la culpa evidente en la voz de su tía-. Me siento pésima, estos días han sido tan asombrosos que me había olvidado por completo de llamarlos.

-Es entendible, son tus vacaciones- la calmó el chico, dejando de lado el libro que estaba leyendo para ponerse de pie y estirarse un poco luego de dos horas en esa posición, donde yacía muy cómodamente holgazaneando hasta que su tía llamó para tener un ataque de culpa sobre su oído por haberse olvidado de ellos-. Además no tienes de qué preocuparte, ya somos lo suficientemente grandes como para cuidarnos solos.

-Lo sé, ¿Sí? Pero una madre tiene derecho a preocuparse… sobre todo después de ser la peor madre- le oyó refunfuñar, y Tadashi esbozó una sonrisa enternecida ante la reprimenda que ella misma se estaba dando, pero sobre todo por utilizar aquel término.

-Eres la mejor madre- rebatió, oyendo un sonido enternecido del otro lado y avergonzándose un poco por ser tan malditamente cursi con su tía-. ¿Y cómo la ha estado pasando la mejor madre?

Descendió las escaleras mientras escuchaba a su tía parlotear sobre los lugares que habían visitado y sobre lo bellísimas que eran las playas en Cuba, mientras pensaba en qué podría prepararse de comer. No pudo evitar echarse a reír al oír la anécdota de como una gaviota le había robado su almuerzo.

-¿Y ustedes cómo han estado?

La pregunta le obligó a detenerse en seco al pie de la escalera, haciendo una mueca de desagrado. Sabía que algo como "Bueno, con Hiro las cosas siguen tensas luego de que lo descubriera soñando conmigo en situaciones nada fraternas, apenas nos hablamos o intercambiamos miradas y ahora mismo está en la casa de Fred por segunda noche consecutiva donde, sospecho, están haciendo toda clase de cosas pervertidas por el hecho de que no he tenido las pelotas para hablar sobre todo esto con mi hermano… Pero, fuera de eso, hemos estado perfectamente" no sería una respuesta que exactamente ayudaría a que su tía no tuviera un derrame o algo en una isla del Caribe…. Pero, por otro lado, nunca había sido bueno para mentir.

-Hemos estado bien- aseguró, tratando de que la tensión que había despertado en él el anterior pensamiento no se reflejara en su voz-. Yo estoy pensando en qué comer, y Hiro está en casa de Fred viendo sus películas raras y pasando el rato. Vendrá mañana a la hora de abrir.

-Oh, así que estás solo en casa- la voz de su tía tenía un aire divertido que no alcanzó a entender del todo, al menos hasta que volvió a hablar, causando que su piel se tornara de todas las tonalidades de rojo existentes-, ¿Y no aprovecharas eso llevando a una chica a casa?

-¡Tía!- le reprendió, avergonzado, al tiempo que se cubría el rostro con una mano y negaba lentamente, oyendo las carcajadas de la mujer del otro lado de la línea. Ella acostumbraba a tener aquellos arranques de la nada desde que, a los diecisiete años, lo había descubierto en una situación comprometedora con una chica en el sofá… ¡Pero vamos, se suponía que ella y Hiro no regresarían del cine hasta las diez!

-Sólo bromeo, cariño…- pareció dudar un segundo, y Tadashi supo que tendría que sostenerse de la baranda de la escalera antes de que volviera a hablar-. Aunque tampoco tendría nada de malo que lo hicieras… es decir… no has estado con nadie desde que volviste.

Tadashi agradeció haber seguido su instinto cuando, luego de las palabras de su tía, sus piernas flaquearon levemente, seguramente debido a que toda la sangre en ellas subiera a concentrarse en sus mejillas.

TÍA!- exclamó, horrorizado de que la mujer que los había criado fuera capaz de soltar cosas tan vergonzosas como si nada… y acertadas, para rematarlo-. N-No tienes forma de saber eso, y aún si pudieras, no es de tu incumbencia.

Respiró hondo cuando las carcajadas de la mujer volvieron a ser perceptibles a través de los parlantes de su celular. Definitivamente no había forma de que se lo tomara en serio, así que no tenía sentido molestarse por aquello.

-Ya, ya, lo lamento- se disculpó, pero su sonrisa divertida era perceptible en su voz y Tadashi sólo pudo poner los ojos en blanco-. No lo volveré a hacer.

-Sí, claro- le pinchó, sin poder evitar sonreír con cierta resignación y escepticismo.

Oyó a alguien hablar en español del otro lado de la línea, antes de que su tía respondiera en inglés.

-Debo irme, el guapo cocinero del hotel donde nos hospedamos está por servir la cena- susurró, divertida, y un par de risas a su alrededor le confirmaron que, para su horror, aquella conversación para nada se había limitado a ellos dos. Su rostro volvió a arder-. ¿Qué opinas de tener un tío cubano, cariño? Creo que puedo robármelo si esta noche acepta bailar conmigo.

Se estremeció del espanto, definitivamente lo que menos quería en ese momento era imaginarse a su tía tratando de seducir a un completo desconocido… De hecho, ni siquiera quería tratar de imaginarse a su tierna y algo loca tía en fase seductora.

-Definitivamente no quiero estar ahí para verte- se sinceró, reprimiendo una arcada-. ¿Sabes? Creo que Mochi se acaba de prender fuego, iré ver.

Las risas de su tía y algunas personas más aún eran perceptibles del otro lado de la línea cuando le dio a colgar a toda velocidad. Se quedó mirando su celular por un segundo, espantado, antes de estremecerse cuando la imagen de su tía en un vestido de coctel le cruzó por la cabeza.

-Sólo tratemos de olvidar eso, Tadashi- se dijo a sí mismo, mientras se dirigía hasta la mesada para dedicarse a preparar un elaborado plato… es decir, pizza-, ¿La quieres con jamón y queso, cabeza de chorlito?- preguntó, sacando el paquete con masa para pizza ya preparada del refrigerador.

Pero cuando se volteó a repetir la pregunta, lo único con lo que se encontró fue con la mesa vacía y el silencio del lugar. Frunció el ceño al notar que estaba completamente solo, y se giró nuevamente hacia la cocina, sacando un par de moldes para pizza del horno y buscando el aceite.

Debía admitir que era extraño pasar aquel tiempo a solas, y no sabía exactamente hasta qué punto estaba bien. Usualmente la casa siempre estaba llena de vida y ruido por culpa de Hiro y Cass, de sus conversaciones divertidas y peleas sin sentido en las que él se limitaba a ser un oyente al menos que tocara molestar a su hermanito o llevarle la contra. Sin ellos todo era muy tranquilo, incluso estaría bien decir que la casa se sentía triste.

Negó con la cabeza mientras se limpiaba de las manos el exceso de aceite con el que había recubierto los moldes. A él siempre le había gustado tener su lugar y serenidad, principalmente por ello era que había insistido en instalar el shōji en su cuarto cuando Hiro había comenzado a disfrutar de hacer la habitación un desastre. Sin embargo, lo divertido de la calma se hallaba en escapar del bullicio y la aceleración del día a día, y cuando eso no estaba allí, cuando todo comenzaba a ser demasiado calmado y tranquilo, las cosas se volvían un tanto rutinarias y aburridas.

No admitiría que había comenzado a extrañar a su tía y a su hermano, no cuando sólo habían pasado tres días desde que la había visto a ella y veinticuatro horas desde que se había despedido de Hiro… pero ambos eran tan risueños y ruidosos todo el tiempo que el no tenerlos cerca era demasiado notable y él estaba acostumbrado ya a oírlos todo el tiempo.

Pero bueno, una estaba a varias aguas internacionales de él y respecto al otro, aunque nuevamente no había podido dejar de pensar en él durante el día, debía admitir que no sería la mejor compañía en la situación tan tensa en la que se hallaban. Así que debería aprovechar aquellos momentos de soledad para relajarse lo máximo posible antes de volver a enfrentarse a la dura realidad con su hermano, en vez de estar lloriqueando por estar solo.

"Aunque no tienes por qué estar solo". Susurró nuevamente aquella voz en su cabeza que ya comenzaba a odiar, siempre burlona. "Sabes perfectamente que hay algunas personas que no tendrían problema en hacerte compañía esta noche".

Tragó saliva sonoramente mientras cerraba la puerta del horno con un golpe tal vez más fuerte de lo necesario, al tiempo que nuevamente diversas tonalidades de rojo subían por sus mejillas.

Aunque pronto alzó una ceja, dirigiendo su mirada de reojo a su celular sobre la mesa.

En realidad la idea no era tan descabellada si lo consideraba. Tal vez no fuera el sujeto más interesado en chicas que existiera sobre la tierra, pero era un hombre a fin de cuentas, uno que hace mucho había dejado de tartamudear cuando veía a una mujer desnuda o sudaba aterrado cuando tenía que sugerir alguna situación especial en una disco. No era de los que se acostaba con alguien a la primera, pero siempre había tenido un par de amigas con las cuales pasarla bien alguna noche, chicas con las que se acostaba sin temor a herir sentimientos, sin tener que quedarse a dormir o ponerse en algo serio cuando definitivamente aún prefería pasarse los días leyendo y jugando videojuegos con su hermano en lugar de tener una novia.

Admitir que prefería pasar el tiempo con su hermano antes que con una chica definitivamente no era algo que ayudara a relajarlo con todo lo que había pasado, pero contrario a lo que hubiera esperado, en vez de una chica a la cual invitar a pasar el rato aquella noche lo que se apareció en su mente fue el recuerdo de aquella cara aun ligeramente aniñada con un ceño fruncido y haciendo el puchero característico de cuando estaba molesto, lo que sin duda pasaría si llegaba a enterarse de que había estado con una mujer en su casa.

Alejó la mirada del celular con una sonrisa divertida, mientras comenzaba a pelar una cebolla para la salsa. Definitivamente no era buena idea el llevar a una chica a su casa, mucho menos cuando era Cass quien se la había dado. Se había prometido no volver a hacerlo desde aquella vez en la que, además de soportar las burlas de su tía, también debió hacerle frente al enojo de su hermanito de doce años, quien no podía creer que prefiriera estar con una muchacha a ir a ver una película en el cine con ellos.

Bien, si aquella vez su ofensa había sido tal como para no hablarle en un día completo, no quería llegar a pensar en lo que podía pasar si se atrevía a hacerlo ahora, con las cosas como estaban.

Suspiró pesadamente, sin poder creer que se hallara en un predicamento semejante, y sólo pudo reír entre dientes y negar con la cabeza, no sabiendo si era la persona con peor suerte del mundo o sólo la más patética.

Cuando sintió un cuerpo cálido deslizarse suavemente contra su pierna y maullar, al tiempo que el divertido sonido de los pasos de su robot comenzaba a bajar por las escaleras, sonrió con resignación, teniendo la respuesta clara.

"La más patética… Definitivamente la más patética". Gruñó en su fuero interno, sintiéndose como si acabara de declarar una verdad universal al contemplar la clase de compañía que tendría aquella noche.


Cerró con llave a toda velocidad cuando por fin logró sacar a la señora Matsuda del café, luego de que ésta tratara de pellizcarle una mejilla por octava vez en el día. Era sorprendente de creer, pero al parecer aquella anciana mujer no tenía nada más que hacer en su vida excepto pasar todos sus días en The Lucky´s Cat Café, atosigándolos o parloteando como cotorra con sus otros comensales. Algunas veces tía Cass había creído que sería apropiado pedirle que dejara de frecuentar el café, o sí lo hacía al menos que dejara de llevar ropa que incluso a ella le quedaría inapropiada ya, pero suponía que en el fondo le tenía cariño a esa pintoresca anciana, porque sin importar cuan molesta fuera siempre la recibía con una sonrisa de oreja a oreja, al igual que casi todos sus clientes habituales.

Giró el cartel de la puerta a cerrado antes de correr la oscura cortina roja sobre el vidrio empañado. Se estremeció ante los vestigios de la gélida brisa que se había colado en el lugar cuando la mujer se retiró y se frotó con fuerza ambos brazos tratando de contrarrestar el efecto, lo que no impidió que su piel se erizara.

-No entiendo cómo puede quedarse hasta tan tarde si sabe que luego tiene que caminar hasta su casa con este frío- comentó al aire, frunciendo el ceño y corriendo la cortina de forma disimulada para seguir la blanca mata de cabellos rizados por la calle, cuidando de que no se resbalara en el suelo que, por causa del rocío, ahora tenía una fina capa de hielo. Se apartó sólo cuando logró ver como la mujer entraba a su edificio, en diagonal a su café, y suspiró-. ¿Crees que viva sola y sólo quiera que alguien se preocupe por ella?

La idea le entristeció levemente, pero pasó a segundo plano al notar que la única respuesta que recibió fue el sepulcral silencio que embargaba el café. Permaneció un par de segundos fingiendo que probaba una puerta que estaba perfectamente cerrada, pero la respuesta nunca llegó a él.

Tragó saliva lo más disimuladamente posible, sintiendo su corazón arrancar a latir a toda velocidad por los nervios cuando dirigió una mirada sobre su hombro al chico en el mostrador, que llevaba dos minutos exactos fregando con todas sus fuerzas una superficie de madera que prácticamente estaba brillando.

Notó que su ceño fruncido y la tensa línea en sus labios eran incluso más evidentes ahora que estaban solos, aunque habían estado presentes en su rostro buena parte del día. Tadashi estaba tenso a la mañana cuando había llegado y apenas le había hablado, lo que tristemente ya no era una novedad para él, pero sí lo era el estado de molestia latente en el que se hallaba. Había sabido disimularlo durante la tarde para los clientes, pero para alguien como él, que conocía sus expresiones como a los circuitos de Baymax, no le habían pasado por alto los pequeños detalles que denotaban su molestia, como la brusquedad con la que le pasaba los platos, la innecesaria agresividad con la que le arrancaba de la mano los papeles donde anotaba los pedidos o la forma en que se quedaba mirando la mesa, como si deseara poder prenderla fuego con la mirada, aunque estaba bastante seguro de que esas miradas no estaban dirigidas a ella en realidad.

Tragó saliva otra vez, esperando que no estuvieran dirigidas a él tampoco.

Dudó un par de segundos antes de inhalar profundamente, recogiendo el escaso valor que había juntado durante la noche anterior, antes de dar media vuelta y dirigirse con pasos lentos al lugar donde su hermano estaba, agradeciendo que el mostrador estuviera de por medio.

"Sólo espero no morir por esto, Fred, o juro que me apareceré en tus pesadillas cada noche" gruñó en su fuero interno, sintiendo como la escasa convicción en sus pasos menguaba a medida que más se acercaba a su hermano y a su ceño fruncido.

Sabía que era incorrecto achacar toda la culpa de lo que pudiera pasar a su amigo, después de todo si él mismo no considerara que aquello era lo mejor ni siquiera hubiera contemplado la idea de llevarlo a cabo.

La noche anterior había vuelto a hablar sobre sus problemas con Fred, luego de haberlos ignorado a consciencia ambos durante todo el día. Fred había dado por zanjado el tema de Wasabi, seguro por completo de que no tenía ninguna posibilidad, pero en cambio había insistido en que, tal vez, lo mejor sería que él hablara con Tadashi para tratar de mejorar la relación de a poco. Y aunque había expresado su rotunda negativa a ponerlo en práctica tan pronto, aun así se pasaron buena parte de la noche del domingo practicando posibles pláticas con Tadashi y buscando las palabras correctas para que éste le oyera sin callarlo, darle un golpe o salir corriendo en cuanto tocara el tema.

Aunque era consciente de que lo más probable era que sucedieran las tres juntas eso no lo había desalentado realmente durante la noche anterior mientras hablaba con su amigo.

-Y recuerda- le había dicho antes de dejarle marchar esa mañana, sosteniendo firmemente su hombro en un gesto muy suyo para darle apoyo-. Si las cosas se ponen peor con Tadashi, siempre puedes volver aquí y hacer estas cosas de adultos conmigo.

Hiro había alzado una ceja con curiosidad ante aquel término.

-¿Cosas de adultos?- repitió, entre curioso y divertido.

-Ya sabes, ver cómo hacer frente a los problemas y todas esas tonterías- aclaró, poniendo los ojos en blanco, a la vez que sacaba una risita al chico. Ante ese panorama el día no parecía destinado a ser un rotundo desastre.

Pero no había forma de que hubiera contemplado la posibilidad de que debería hablar con un Tadashi tan notablemente cabreado y, para colmo, seguramente cabreado con él.

Respiró hondo, sintiendo su corazón al borde de una arritmia y notando como su boca se secaba y su lengua se ponía pesada por los nervios. Se relamió los labios para tranquilizarse antes de subir al banco viéndose lo más relajado posible… por fuera, pues por dentro ya estaba llorando como una niñita asustada.

-H-Hey- le llamó, y maldijo por lo bajo al notar el temblor en su voz. Se mordió el labio cuando vio como Tadashi dejaba de fregar con aquellos bruscos movimientos la mesa.

Tadashi parpadeó un par de veces y contó hasta diez antes de alzar su mirada al rostro de su hermano, tratando de calmarse al ver su expresión contrariada.

Sabía que estaba siendo irracional nuevamente, sí, pero el que lo supiera no quería decir que fuera capaz o quisiera controlarse, menos aun cuando ardía tanto en deseos de golpear algo, fuera el mostrador frente a él o a su rubio amigo.

Nuevamente se había desvelado pensando en el dúo la noche anterior, pues otra vez Hiro parecía haberse olvidado de que no tenía nada de malo enviar un mensaje para recordarle que estaba bien… ¡O siquiera tomar el celular alguna vez, pues no se había vuelto a conectar desde el sábado por la noche!

¡Incluso se habían dado el lujo de cancelar el entrenamiento del equipo por aquella semana!

Su mente divagó una y mil veces por todo lo que ambos podrían estar haciendo y, para su horror, lo que menos creíble le parecía es que estuvieran viendo películas o jugando videojuegos, no por tantas horas al menos, y esta vez ni siquiera la excusa del poco afecto que Hiro le tenía a las redes sirvió para calmarlo, no cuando tenía los nervios a flor de piel y algo muy similar a celos comenzaba a gestarse en su ser. ¿De verdad se estaba privando de pasar una noche con una chica por un pequeño bastardo que ni siquiera se dignaba a enviarle un mensaje? Sí, definitivamente Tadashi se sentía como el tipo más patético de todo el universo.

Y aunque se había alegrado por poder dormir antes de las cuatro de la madrugada esta vez, su alivio sólo duró hasta las siete de la mañana cuando, luego de haber despedido al señor Denki tras recibir la nueva tanda de rosquillas, había visto al chico bajar del cable car con una sonrisa de oreja a oreja.

Y sin el bolso con el que se había marchado el sábado a la noche.

Aquella imagen fue todo lo que necesitó para saber que nuevamente se marcharía aquella noche, y nunca deseó con tantas fuerzas como en ese momento el poder encerrarlo en su casa por tiempo indefinido.

La consciencia de que se marcharía nuevamente en cuanto acabaran de trabajar le había tenido tenso y muy molesto durante todo el día, molestia que había logrado disimular con los clientes, pero que había sido evidente incluso para él cuando Hiro estaba cerca. Incluso ahora, cuando había ignorado tan claramente su pregunta sobre la señora Matsuda.

Más, y a pesar de que había estado acumulando bronca durante todo el día, buena parte de ella se desvaneció cuando le oyó llamarle con esa voz tímida y temblorosa. Era un idiota, pero no había mejor bálsamo para sus enojos que su hermano, aun cuando él era la principal causa de éstos la mayor parte de las veces.

Cuando se encontró con los gigantescos e inocentes ojos castaños de su hermano fijos en él, con un brillo entre avergonzado y atemorizado, y con sus pómulos tintados por unas suaves pinceladas de rosa, Tadashi no pudo evitar sentirse mejor con el mundo. O al menos lo suficiente como para poder reaccionar y avergonzarse de su propia forma de actuar durante el día. ¿Acaso tenía derecho a reclamar a Hiro el que deseara pasar todo el tiempo que pasaba con Fred cuando en su casa sólo había un hermano silencioso que en nada ayudaba a calmar sus miedos? No, incluso para él la respuesta era un rotundo no.

-¿Qué sucede?- preguntó, tratando de sonar lo más relajado posible, mientras se alejaba un poco de él con la excusa de llevar el trapo al lavabo. Ciertamente el que aceptara que se comportaba como un idiota no significaba que pudiera dejar de hacerlo de inmediato o que pudiera dejar de sentirse afectado por todo aquello.

Aunque seguía al borde del desmayo, Hiro se sorprendió en su fuero interno al ver el repentino cambio en la actitud de su hermano luego del prolongado silencio que había seguido a su llamado. De hecho había llegado a creer que no le había oído.

Pero tenía su atención, por fin la tenía, y esta vez parecía que de manera cordial por lo que no dejó pasar la oportunidad de hablar, aún si debía hacerlo a las anchas espaldas de su hermano. Trató de ignorar el ligero cosquilleo que recorrió el espacio entre sus muslos cuando sus ojos se deslizaron por la blanca camisa, delineando la musculosa espalda, sólo para acabar llegando al espacio debajo de sus caderas.

En el acto sintió el calor en sus mejillas aumentar,

"Hiro, no. Concéntrate". Se reprendió en su fuero interno, aunque la voz sonó más parecida a la de Fred que a la de él mismo.

-Y-Yo… Yo entiendo que estés molesto- comenzó, recuperando su seriedad y nuevamente maldiciendo por lo bajo cuando los nervios le hicieron tartamudear. Sin embargo se obligó a continuar cuando notó que los movimientos del otro sobre el lavabo, secando las tazas que había lavado en la tarde, se detenían abruptamente. Tragó saliva antes de continuar-. Sé que tienes motivos para estar molesto conmigo ahora, p-pero creo que d-deberíamos hablar sobre esto antes de que se ponga peor, ¿Sabes?- se sinceró, sintiendo como su corazón se aceleraba nuevamente y sus manos empezaban a sudar-. Yo…

-No estoy molesto contigo, Hiro- le cortó el mayor, siendo su voz un murmullo bajo y tranquilo. Hiro volvió a estremecerse al oír su nombre envuelto en aquella voz tan varonil, en aquel tono tan excéntrico, a la vez que la sorpresa que sus palabras le obligaron a sostenerse con fuerza del borde del mostrador para no caer al suelo de la impresión.

Su corazón dio un vuelco sólo para, acto seguido, arrancar a latir aún con más fuerza de lo que había hecho antes de empezar a hablar con su hermano. Esta vez no por el temor o los nervios, sino por el atisbo de una leve esperanza que jamás esperó vislumbrar tras sus palabras.

¿Acaso Tadashi le había entendido?, ¿Acaso había logrado perdonarlo?

-¿N-No?- repitió, la sorpresa y la alegría trasluciéndose en su voz de una forma que le hubiera resultado vergonzosa en cualquier otro momento, pero que allí y en ese instante no podía importarle menos.

Tadashi pareció dudar un segundo que se le hizo eterno antes de, esbozando una pequeña sonrisa que parecía arrepentida, girarse hacia él. Hiro quiso llorar, pues conocía tanto a su hermano que no le cabía la menor duda de que ese arrepentimiento se debía a que lo había estado apartando aquellos días de forma tan desconsiderada.

-Claro que no- aseguró, acercándose a él lentamente, tal vez demasiado. Hiro podía entender aquel temor a ir demasiado rápido, pero su alegría al saberse comprendido por el mayor despertaba una urgencia irracional por saltar el mostrador que los separaba y abrazarlo con todas sus fuerzas. Pero se contuvo al ver que el chico abría los labios para hablar nuevamente-. Esto… esto es normal. Estás en una edad en la que tu cuerpo y mente están confundidos, ¿Entiendes?- explicó lentamente, y la sonrisa que curvaba los labios del chico flaqueó por un instante, al tiempo que su ceño comenzaba a fruncirse y toda la felicidad recientemente adquirida en sus ojos comenzaba a desvanecerse a medida que el mayor seguía hablando-. Te estás descubriendo y confundes las señales que tu cuerpo te da. Créeme, yo pasé por eso también- finalizó, aparentemente satisfecho con lo que acababa de decir.

Hiro, en cambio, estaba bastante seguro de que a esas alturas su rostro expresaba muy claramente los deseos que le embargaban de tomar ese lindo trapo que su hermano tenía en la mano y hacérselo tragar con esa aún más linda boca suya.

Aquello tenía que ser una broma.

-Estás diciendo que el hecho de que esté enamorado de ti… ¿Es por la pubertad?- preguntó, dejando que su incredulidad y molestia se viera en su tono de voz, mientras escupía la última palabra como si se tratara de una blasfemia.

El cambio en Tadashi fue tan perceptible como el suyo propio, pues tensó sus hombros y le miró serio nuevamente, había cierto brillo de preocupación y reprobación en sus ojos que le crispó, aunque guardó silencio, tratando de serenarse antes de que cualquier avance que hubiera hecho se fuera a la mierda.

-Hiro- le llamó nuevamente, pero esta vez el tono de su voz sonó a alarma, como una advertencia. Era el tono que cualquiera tendría al reprender un niño que había dicho una grosería-, tú no estás enamorado de mí- zanjó, diciendo cada palabra lentamente, en un tono bajo y claro que retumbó en el silencio del lugar con la intensidad de un trueno. El aludido se estremeció, sosteniendo la mirada del otro, recorriendo cada atisbo de molestia y reprobación que se mezclaba con las capas de color chocolate de los ojos de su hermano. Era el colmo que mientras él trataba de abrir sus sentimientos a él, Tadashi sólo le mirara como cuando de niño la liaba grande.

Bien, hasta aquí. El que tratara de convencerle de que ni siquiera podía reconocer sus propios sentimientos después de todo lo que había luchado para aceptarlos era demasiado para él. Hiro Hamada, a pesar de lo que todo el universo parecía dispuesto a hacerle creer, no era un niñato ignorante que ni siquiera sabía comprenderse a sí mismo, y su hermano se iba a enterar.

-¡No seas un maldito hipócrita, Tadashi!- exclamó, poniéndose de pie de un salto y fulminando al aludido con la mirada como no lo hubiera hecho nunca antes. Se regodeó ligeramente en la sorpresa que se hizo presente en el rostro de su hermano cuando le encaró, más volátil que nunca. Cuando volvió a hablar, su tono era bajo y gutural, casi un gruñido, pero lo suficientemente claro como para que las palabras se grabaran de una vez en la cabeza del mayor-. Puedes tratar de convencerte a ti mismo de que esto es sólo una etapa, pero de ninguna forma lograras que dude de lo que siento por ti.

Le vio tragar saliva al tiempo que fruncía el ceño. Hiro trató de apartarse, necesitaba imponer más distancia entre ellos para que el mayor no perturbara su mente, pero su intento se vio frustrado cuando una de las fuertes manos de Tadashi aferró la suya y la sostuvo con fuerza, en lo que Hiro reconoció como un intento desesperado de mantenerle allí el tiempo suficiente para poder convencerle.

-Hiro, escúchame. No sabes lo que…

-No, tú no sabes lo que dices- le interrumpió, alejando su mano de un tirón pero sin deseos de apartarse ya, lo suficientemente enfurecido como para que le importara un bledo si acababa dando un tajo demasiado profundo en su relación con Tadashi como para que luego todo volviera a ser como siempre. Hace tiempo que había aceptado que nada volvería a ser como antes del incendio, fuera para bien o para mal. Y esa certeza, combinada con los nervios que sentía embargarle ante lo que iba a decir, sólo logró que su garganta se anudara y su voz fuera un gruñido dolido y desesperado, pues en él expresaba todo su anhelo porque por fin Tadashi entendiera cómo se sentía-. Esto es lo más fuerte que haya sentido nunca, Tadashi, y estoy completamente seguro de lo que digo, así que si no quieres aceptarlo allá tú y tu moral barata, pero de ninguna forma permitiré que trates de hacerme dudar de lo que siento, ¿Entiendes?

Pudo verle parpadear un par de veces, sorprendido, al tiempo que se le quedaba mirando como si no supiera exactamente qué decir, y es que era claro que se había quedado sin palabras ante aquello. Y Hiro así lo prefirió, pues eso impidió el que le llamara cuando, con los ojos llorosos y las mejillas rojas como las cortinas de aquel lugar, se volteó y se dirigió hacia la puerta a toda velocidad. Forcejeó un poco con la llave antes de poder volver a abrir la puerta y, sin importarle en lo más mínimo el frío viento de aquella noche o la forma en que se pegaba a su piel y parecía querer calarle hasta los huesos, se internó en la calle, dejando a su hermano estupefacto en el mismo lugar, sin poder reaccionar hasta que fue consciente, demasiado tarde, de que su Hiro había vuelto a irse.

Había vuelto a huir de él.

Esperó otro segundo antes de gruñir por la frustración y dejar caer su cabeza pesadamente sobre la superficie de bruñida madera. El dolor que sintió en su frente ni siquiera llegó a comparar el que sentía en su pecho al rememorar los ojos nuevamente llorosos y dolidos de su hermano, y se maldijo, sabiendo que esta vez el único responsable de aquello no era otro sino él.

Lo peor de todo es que no tenía la más mínima idea de cómo remediarlo.


Corrió por la acera y las calles lo más rápido que sus piernas le permitieron, evitando resbalar sobre la fina capa de hielo que lo cubría todo y demasiado ocupado en huir de su casa como para prestarle atención al frío que se pegaba a la piel desnuda de sus mejillas, cuello y manos como si se tratara de millones de pequeñas cuchillas rebanándola.

Pronto una sensación opuesta al gélido viento se deslizó por sus mejillas sonrosadas por el frío, dejando dos senderos cálidos que contrarrestaban la dolorosa sensación. Se enjuago el par de lágrimas con la tela que cubría el dorso de su muñeca, y dobló en una esquina con la vista demasiado empañada como para saber en dónde estaba.

En la calle no se oían más que sus pasos acelerados y sus jadeos agitados por la carrera, y con el frío que hacía eso francamente no le sorprendía. Debió admitir, sin embargo, que le dolió un poco no oír un par de pasos tras él.

"Ambos sabemos que no tendría sentido, no ahora". Murmuró una voz en su cabeza, y Hiro soltó un agitado sollozo mientras las ventanas de locales y las puertas de las casas comenzaban a deslizarse cada vez más lentamente a su alrededor a medida que él desaceleraba. No tenía sentido huir de alguien que no lo estaba persiguiendo, después de todo.

Sabía que esperar que Tadashi le siguiera era una idiotez, lo que menos necesitaban era verse en ese momento.

De hecho, él sabía perfectamente que todo aquello era una idiotez, una muy grande que decidió cometer de igual forma aun sabiendo que las cosas podrían acabar así.

¿Cómo se le había tan siquiera ocurrido que era correcto encarar a su hermano tan pronto, de la nada?, ¿En qué rayos estaba pensando?, ¿Y qué se supone que pretendía con aquella exposición desastrosa de sus sentimientos?

Cerró los ojos, estremeciéndose por el frío, antes de dejar completamente su carrera y caminar por la acera.

"¿Qué es lo que pretendía con eso?". Volvió a pensar, fijando su mirada en el suelo y poniendo más cuidado a los lugares donde pisaba. "No hiciste eso por nada, algo querías sacar de esa charla con Tadashi… o de Tadashi".

El pensamiento tenía sus implicaciones, todo lo que acababa de suceder las tenía. El que decidiera hablar con Tadashi implicaba muchas cosas más además de tratar de mejorar su relación actual o al menos lograr que le hablase. Y Hiro sabía que lo que había hecho, de cierta forma, era una declaración muy propia del adolescente hormonal e impulsivo que era.

Pero no era una declaración convencional, claro que no. Tenía perfectamente claro el hecho de que Tadashi nunca, jamás, sería capaz de corresponder sus sentimientos hacia él. No en el sentido que más lo anhelaba, al menos.

Pero lo que jamás hubiera esperado de su hermano, del sujeto más comprensivo y empático de la ciudad, era que ni siquiera le dejara explicarse, o de plano ni siquiera tratara de escucharle y entender cómo se sentía, entender qué era lo que le pasaba. Y menos el que encima tratara de convencerlo de que sus sentimientos no eran más que una respuesta de su mente a un cuerpo hormonal adolescente, no después de todo el sudor y lágrimas que le había costado a él mismo aceptar que ese no era el hecho, que las cosas eran mucho más profundas y enredadas de lo que él creía.

Estaba enamorado de su hermano, de su propia sangre. Deseaba que Tadashi lo tocara de una forma que de ninguna manera sería aceptable y, lo peor de todo, ni siquiera lograba ya sentirse asqueado por ello.

Sabía que era imposible el que Tadashi le correspondiera de igual manera nunca, que sus labios y sus cuerpos se encontrarían de las formas que más deseaba sólo en sus sueños, y que él nunca le vería de la misma manera en que Hiro lo hacía, con su alma colgando de cada sonrisa, de cada gesto amable o de cada mirada divertida.

Una luz dio de lleno con sus ojos, obligándolo a estrecharlos por un segundo y a cubrirlos con la sombra de su mano, demasiado acostumbrado ya a la iluminación escasa de esa zona de la ciudad a aquellas horas de la noche. Tardó unos segundos más en acostumbrarse a la nueva iluminación y un poco más en notar que había llegado al parque que estaba a unas cuantas cuadras de su casa, donde Cass solía llevarlos de niños y a cuya acera le debía varias raspadas de rodillas.

La imagen de su hermano, siempre siendo un adicto a mantenerlo a salvo, llenándole las rodillas de banditas con imágenes de héroes le hizo reír por un instante con cierta melancolía. Pero pronto el recuerdo le obligó a esbozar un puchero, conteniendo a duras penas el llanto.

Era una broma de muy mal gusto el recordar la hermosa relación que de niños habían tenido justo cuando lo más probable era que ahora ya no pudieran mantener ni siquiera una cordial.

Caminó lentamente hasta el banco más cercano, y maldijo cuando la humedad que lo cubría empapó su ropa de trabajo al sentarse. Aunque si debía ser franco lo que menos le importaba en ese momento era congelar su trasero.

De hecho, morir congelado parecía una idea muy buena en ese instante.

La exagerada idea le sacó una risa por un momento, pero pasado un segundo un sollozo le obligó a contraer todo su cuerpo e, ignorando que era el peor lugar y la peor temperatura para hacer aquello, se dobló sobre sí mismo y cubrió su rostro con sus manos antes de echarse a llorar como había querido hacer desde la primera noche en casa de Fred.

¿Por qué era tan difícil entenderlo? Lo único que Hiro pedía era eso, sólo eso. No quería que Tadashi correspondiera sus sentimientos, eso era imposible desde todo punto de vista existente. Lo que deseaba era que Tadashi le entendiera y que aceptara que, mal que mal y le doliera a quien le doliera, aquello que sentía por él era tan real como el sol que cada día iluminaba la ciudad, y no una equivocación suya como niño inexperto.

Ni siquiera se le había pasado por la cabeza el creer que Tadashi alguna vez sentiría por él lo que Hiro sentía, mucho menos esperaba que llegara a haber algo más entre ellos que el acuerdo tácito de estar juntos a pesar del otro y el que Hiro se sacrificaría tanto como fuera necesario para tener a Tadashi a su lado, aún si debía soportar el verle ser feliz con otras personas. Tadashi era demasiado bueno para caer con él en aquel modo de vida tan retorcido, pues aunque sus sentimientos fueran lo más puro que nunca hubiera experimentado, también eran algo aborrecible en la sociedad.

Así que no, Hiro no quería que su hermano le correspondiera sino que le comprendiera, que le aceptara.

Sollozó, siendo apenas consciente de la forma en que sus dedos se tornaban cada vez más pálidos por el frío.

En sí, quería dejar de sentirse tan solo.

Entonces el estridente sonido de unas campanas barrió con el silencio e interrumpió su sesión de llanto y, con una mano más entumecida de lo que esperaba, sacó su celular de su bolsillo para responder la llamada.

Cuando la foto de Fred le devolvió una sonrisa de oreja a oreja sólo pudo cerrar los ojos, antes de acercar la temblorosa mano a su oído.

-¡Amiguito!- la aguda exclamación, llena de la euforia típica de su amigo, sólo ayudó a recordarle todo lo que habían practicado la charla que se había llevado a cabo en su casa, y la forma tan terrible en que había acabado-. ¿Cómo fue todo?

Entreabrió los labios algo resecos por el frío para responderle, pero en lugar de palabras de ellos sólo brotó un balbuceo ininteligible que acabó en un penoso sollozo, algo que en cualquier momento le hubiera avergonzado mortalmente, pero que en ese momento le valía una reverenda mierda.

Hubo un tenso segundo de silencio del otro lado, antes de que fuera perceptible el pesado resoplido que el rubio hizo al ponerse de pie, seguido del inconfundible sonido de unas llaves al ser tomadas.

-¿Dónde estás?- la preocupación y la urgencia en su voz fueron claras a través de los parlantes del celular, y pudo adivinar la seria expresión de su faz como si lo tuviera en frente en ese momento-. Iré a buscarte de inmediato.


Una amiga me dijo al leer este cap. que le encantaba el que Fred tuviera de buen amigo lo que tenía de inútil... Pues que me perdone san Stan Lee pero Fred es el mejor, ¡Se adapta a todo, en serio! Puede darte un buen consejo lo mismo que hacerte reír con ideas ridículas. Llorar por su mal de amores y aconsejar a otros olvidándose de sí mismo, y puede mandar una limusina por ti para ver películas extrañas que nadie conoce. Todos queremos un Fred, no me jodan, y ya sabíamos que su momento se acercaba, y aún falta que se acerque más... Pero eso más adelante.

No me sorprende que muchos acertaran con el Wafred, claramente a todos nos encanta y si no es el caso vayan encantándose, porque se viene se viene.

Después de un poco más de joderle la vida a Hiro, claro. Aunque admito que me sentía algo mal por él mientras escribía esto... neee.

Bien mis niños, muchas gracias a todos los que están ahí aún, y espero que me acompañen en la próxima, que puede estar más cerca de lo que creen, jejeje.

Antes de todo, un agradecimiento a mi querídisisisisma amiga Celine, a quien jodí todo el tiempo con series y películas raras para tomar el lugar de Bestias Metálicas... sólo para acabar usando una serie inventada por mi... tkm bro, la parte no inútil de Fred desde ya está inspirada en vos y tu capacidad de estar para todos en los momentos indicados.


Como siempre, besos y abrazos para todos.

Balalalalala~