Hija de puta... eh, pero hija de puta buena. Sinceramente pensé que debería esperar un poco más antes de subir éste capítulo, pero no sería justo ni para ustedes que han esperado tanto tiempo, ni para mi que estoy que me muero de los nervios.

En este capítulo hay algo que muchos han esperado, pero no quiero decirles nada que arruine las cosas. Sepan disculpar la forma en que se dan las cosas...

Desde ya, espero que les guste mis Grandes Héroes.


Mes de Cuarentena: Primera Semana sin Cass II


Baymax llevaba cerca de una hora contemplando el desastroso estado de su creador, con sus cámaras hiperespectrales fijas en la imagen del joven que iba y venía caminando como un león enjaulado, haciendo y deshaciendo el mismo camino una y otra vez.

El estado de estrés en el que se hallaba era claro gracias a su lenguaje corporal, la forma en que constantemente frotaba su propio rostro con violencia y, principalmente, los altos niveles de irregularidad en sus funciones glandulares y cerebrales, que causaban que sus hormonas y neurotransmisores fluyeran erráticamente en todo su sistema nervioso, respiratorio y cardíaco.

Llevaba debatiéndose unos dos minutos sobre si debería intervenir para tratar de calmar al humano o si sólo debería permanecer en silencio, acariciando al dormido gato entre sus brazos, a riesgo de que su intervención sólo lo alterara más. Y hubiera seguido dudando si no hubiera sido por el notable incremento en la cantidad de latidos por segundo que realizaba su corazón cuando, casi al borde de arañarse severamente el rostro, le oyó soltar un exasperado gruñido.

Si no intervenía pronto lo más probable era que el incremento en su presión arterial tuviera secuelas desfavorables en su creador.

-Tadashi, tu presión arterial está peligrosamente alta- le informó el robot, sólo para percibir en respuesta el aumento de testosterona y cortisona en el humano, junto a una mirada que ayudaba a dejar más en claro lo molesto y aterrado que estaba.

-¡¿Y cómo no lo estaría, Baymax?!- exclamó, deteniéndose por fin y encarándolo con un rostro demacrado y al borde de la histeria que, luego de cuatro noches sin poder dormir decentemente, presentaba unas notorias ojeras y un poco agradable color de piel- ¡Hiro lleva toda la noche afuera por mi culpa!, ¡Ni siquiera sé dónde está o si se fue con Fred!, ¡Y no sé qué tan feliz me pondría el que estuviera con Fred en todo caso!

Ante esa información nueva el robot sólo pudo inclinar su cabeza hacia un lado, más confundido ahora.

-¿Fred representa una amenaza para Hiro?- inquirió, y estuvo a punto de comenzar una búsqueda sobre esa clase de situaciones cuando una nueva alteración en las hormonas del humano y la forma en que cesó de respirar por un segundo le obligó a centrar su atención en él, desfibriladores listos.

Tadashi tardó un segundo en responder, alejando la mirada y deslizando una mano por sus cabellos en un gesto que Baymax relacionaba a la forma en que el chico buscaba un poco de calma para pensar.

-No, claro que no- murmuró, esbozando una sonrisa que le extrañó, puesto que nada en su organismo indicaba que estuviera feliz-. De hecho, creo que la única amenaza para Hiro soy yo.

Curioso ante tal afirmación, Baymax estuvo a punto de sacarle de su error informándole de la forma en que las hormonas y neurotransmisores del menor de los Hamada reaccionaban de forma positiva cada vez que él estaba cerca, pero se detuvo cuando una nueva alteración en el organismo de su creador tuvo lugar, en respuesta al sonido de una llave introducirse en la cerradura del lugar.

Todos los pensamientos de reproche que Tadashi se estaba dedicando se desvanecieron en cuanto vio el picaporte de la puerta moverse un segundo antes de que aquella mata de negros y alocados cabellos se adentrara en el café, seguido por su hermano aún vestido con su uniforme. Sano y salvo.

Ni siquiera le dejó acabar de cerrar del todo la puerta cuando prácticamente se lanzó sobre él, sosteniendo firmemente sus pequeños y congelados hombros e inspeccionando cada ángulo existente de aquel rostro que le veía con una expresión descompuesta por la sorpresa y la curiosidad. Al ver que no había nada fuera de lugar en él sólo pudo suspirar, embargado por un profundo alivio.

Al menos hasta que su estado de histeria anterior retornara a él, causando que acercara su rostro al de su hermano hasta que sus narices casi se rozaran.

-¡¿Cómo se te ocurre hacer algo así?!- exclamó en su rostro, sintiendo como el chico daba un pequeño salto en el lugar ante su tono un par de octavas más alto de lo necesario, abriendo los ojos de par en par, aunque eso no logró que se detuviera- ¡Estaba tan preocupado por ti, Hiro!, ¡Te fuiste sin decir nada!, ¡Sin un abrigo!, ¡Ni siquiera sabía si estabas con Fred!, ¡Yo…!

Pero entonces el chico soltó una pequeña risa, al tiempo que sus ojos sorprendidos se llenaban de un brillo que no había visto desde el día en que por fin había logrado que aceptara que estaba vivo. Y cuando una radiante sonrisa se instaló en su faz, tan amplia que estuvo seguro de que sería dolorosa, Tadashi se detuvo, dedicándole una mirada de extrañez esta vez.

¿Se había perdido de algo?

-Hiro…- comenzó, dudoso, antes de separarse de él unos pasos y alejar sus manos de sus hombros lentamente. No quería aceptarlo, pero el ver aquel gesto de pura felicidad después de tanto tiempo, y especialmente después de la forma en que se habían despedido la noche anterior, había generado que una calidez especial se apoderara de su pecho. Su voz fue inevitablemente más suave cuando volvió a hablar, aún extrañado-. Tú… ¿Estás bien?

El brillo en sus ojos le absorbió por segundos enteros en los que volvió a redescubrir cada tonalidad de ámbar y chocolate a la luz de los tibios rayos de sol que se colaban por las cortinas del lugar, coloreando de un suave rosa el rostro de su hermano… aunque le pareció percibir una tonalidad más intensa de lo normal en sus mejillas.

Sin embargo no pudo inspeccionar su rostro como hubiera querido, pues pasado un momento el chico fijó su mirada en el suelo y se llevó un puño a la boca, ocultando su rostro deliberadamente y aclarándose la garganta antes de hablar:

-Sí, no te preocupes- habló al fin, en un tono algo ronco a su parecer. Frunció el ceño, consternado, pero arqueó sus cejas con sorpresa cuando al volver a alzar la mirada una relajada sonrisa se hallaba presente en su rostro. El menor se encogió de hombros en un gesto despreocupado que, debido a lo habitual que resultaba en él, le obligó a respirar aliviado por tener ese momento de naturalidad en medio de toda la locura que había sido su relación aquellos días. Hiro volvió a hablar-. Ya sabes, Fred es asombrosamente bueno para distraer a las personas.

Y con esas palabras toda la calma y serenidad que había logrado recolectar de ver a salvo a su hermano y por fin ver un poco de alegría en él se desvanecieron tan rápido como llegaron. Sintió a Baymax moverse inquieto tras de él, lo que sólo ayudó a que la tensión en su cuerpo aumentara por el temor a que el robot dijera algo inapropiado.

-¿A-Ah, sí?- respondió a duras penas, tragando saliva para deshacer el nudo que se había formado en su garganta. Hiro sólo asintió, antes de rodearlo con un relajado movimiento y dirigirse hacia el mostrador. Suspiró aliviado al oír como el chico le explicaba al robot que no podría permanecer en el café sin que alguien pudiera sospechar de su identidad verdadera como héroes, y como él se retiraba sin más.

Sin embargo el robot sólo pudo traer a su cabeza todos los pensamientos que la habían estado rondando durante la noche anterior y aquella mañana y, considerando que era lo mejor aunque estuviera aterrado por ello, se aclaró la garganta antes de dirigirse a su hermano, quien ahora se dedicaba a bajar cada silla de las mesas del café.

-O-Oye, Hiro- hizo una mueca a espaldas del aludido, maldiciendo por aquel tartamudeo producto de los nervios. Pero cuando éstos sólo aumentaron al notar como la mirada del chico permanecía fija en él, curiosa, no pudo evitar admirar la valentía que su hermano había tenido la noche anterior para hablar de aquello-. Sobre lo de ayer…

Titubeó un segundo al ver como la curiosidad en sus tiernos ojos castaños era reemplazada por algo muy parecido al aburrimiento, un segundo antes de que Hiro apartara la mirada y siguiera tranquilamente con su tarea.

-Mi forma de pensar no cambiará, Tadashi- le cortó, sonando relajado, y el mayor sólo pudo tragar saliva y tratar de negar con todas sus fuerzas el hecho de que el tono indiferente de su hermanito menor le amedrentaba al punto de hacerlo callar-, así que si sigues sin entender, por el momento lo mejor sería que no hablemos de esto- zanjó, dándole la espalda nuevamente antes de dirigirse esta vez a abrir las cortinas.

El mayor abrió los ojos de par en par, con la mirada fija en el delicado perfil del rostro de su hermano bañado por la luz del sol de la mañana, y tardó un momento en pensar en alguna cosa que agregar a lo dicho por él.

Aunque dudaba que hubiera dicho algo aún si la señora Matsuda no hubiera metido su canosa cabellera por la puerta sin llave, interrumpiéndolo y casi causando que le diera un infarto.

-Buenos días, niños- saludó, en un tono amable y tierno, mientras se internaba en el lugar-. ¿Ya está abierto?

Tadashi alzó una ceja, pues la mujer tenía el cartel de Cerrado prácticamente pegado a la cara.

Hiro, por otro lado, le sonrió amablemente.

-Buenos días, señora Matsuda- Tadashi se sintió casi indignado de que prefiriera ver a aquella mujer antes de seguir hablando con él, y la forma en que su mentón quedó al ras del suelo en cuanto oyó sus palabras dichas en aquel tono encantador se lo dejó muy en claro. Y la sonrisa perniciosa que su hermano le dio de vuelta le dejó muy en claro también sus deseos de que se jodiera, antes de que volviera a ver a la mujer, radiante como nunca-. Abriremos en unos momentos, pero puede quedarse si lo desea.

Baymax, del otro lado de la cortina y con Mochi ronroneando en sus brazos, se preguntó qué fue exactamente lo que causó que Tadashi se quedara sin aire por un segundo, antes de que sus niveles de cortisona volvieran a dispararse. Pero dado que la ira no era una emergencia médica que le requiriera, simplemente se dio media vuelta y subió las escaleras tan en silencio como pudo.

Luego de eso, la jornada laboral se desarrolló de igual forma que en los días anteriores, aunque ciertamente con más cordialidad entre ambos hermanos. Esta vez Tadashi permaneció con una agradable sonrisa no sólo mientras atendía a los clientes sino también cuando su hermano se acercaba con los pedidos, intercambiando las palabras justas y necesarias, claro, pero al menos mirándose a los ojos al hablar.

Mientras la tarde transcurría Tadashi se descubrió un par de veces con la mirada fija en su hermano, inevitablemente curioso por el extremo cambio en su estado de ánimo desde la última vez que lo había visto. Se movía entre los clientes con una sonrisa radiante que dejaba expuestos sus blancos dientes y la enternecedora hendidura entre ellos. Se entretenía en conversaciones con ellos como nunca antes e incluso generó en un momento un debate colectivo sobre si el equipo del ITSF ganaría el campeonato este año al igual que el anterior o no, donde se mantuvo firmemente a favor del local sólo porque Wasabi estaba en él.

Aunque agradecía el cambio -pues no hubiera soportado ver a su hermano en un pésimo estado por su culpa-, sin lugar a dudas éste le desconcertaba. Hiro nunca tendía a ser el centro de atención en ningún lado, prueba de ello era lo nervioso que muchas veces se ponía cuando debía exponer en las ferias de la universidad. Pero en aquella ocasión parecía un pez nadando en el agua, riendo, charlando e incluso haciendo chistes tontos de los que todos reían. Hasta él se descubrió haciéndolo un par de veces.

Pero a pesar de lo grato que le resultaba el verle en aquella faceta relajada había algo que no acababa de ponerlo cómodo con todo aquello. No le gustaba que todas las miradas estuvieran fijas en él, no le agradaba que las jóvenes en el café le sonrieran tontamente cuando les llevaba sus pedidos o le dieran las gracias por cada cosa que hacía, y tampoco le gustaba la forma en que incluso algunos chicos lo hacían.

De hecho, y para su infinita sorpresa, se sentía feliz cuando permanecía hablando con la señora Matsuda y su compañera de turno. La anciana mujer pasaba tantas horas al día en el café que incluso podía llegar a tener ocho compañeros de mesa en distintas horas del día.

-Dime, pequeño Hiro, ¿Estás enamorado?

Al menos se sintió feliz hasta que aquella pregunta, soltada sin el menor filtro y con toda la intención de ser oída por todo el café, casi le obliga a soltar la taza que estaba llenando de café con leche en ese momento.

Tragó saliva, observando de reojo a su hermano mientras fingía estar inmerso en su labor. Con los ojos fijos en su rostro de perfil, Tadashi pudo ver perfectamente como el desconcierto obligaba a Hiro a abrir sus ojos de par en par y a boquear por un segundo, antes de que un fuerte rubor se apoderara de sus mejillas -como si afuera no estuvieran a dos grados-, al notar como las conversaciones de cinco mesas a la redonda cesaban por completo y todas las miradas se fijaban en él.

El silencio de Hiro se extendió por tanto tiempo que estuvo a punto de rebalsar la taza, pero alcanzó a ver cómo el chico sonreía levemente antes de contestar y de que el café le quemara la mano.

-No lo creo, señora Matsuda- su voz sonaba sincera, al menos para cualquiera que no le conociera. Pero para él, que había sido testigo de su actuar desde sus primeras mentiras, no le pasó desapercibido como se colocaba un mechón de cabello azabache tras su oreja, en un movimiento que estaba diseñado para ocultar su nerviosismo-. ¿Por qué pregunta?

La anciana mujer se encogió de hombros y se acomodó los anteojos sobre sus oscuros ojos rasgados, claramente satisfecha de que el chico le siguiera la charla.

-Es que estás radiante, cariño- explicó escuetamente antes de dar un sorbo a su tercera taza de té del día. Cuando volvió a hablar Hiro aún estaba esperando por su respuesta, educado como pocas veces lo era-. Me recuerdas mucho a mi pequeña nieta cuando hay un chico especial en su vida.

Ante esa afirmación Tadashi tuvo que sujetarse con fuerza del mostrador para no caer de la impresión, cuidando de no volcar el contenido de la taza que acababa de servir, y esperando que todos los ojos estuvieran lo suficientemente fijos en el rostro al rojo vivo de su hermano como para notar la forma en la que él estaba a punto de convulsionar.

-¿Tiene una nieta?- preguntó Hiro, esta vez con una franca sorpresa en su rostro.

-Claro, una princesita de catorce años- aseguró la mujer, antes de dedicarle una mirada pícara y una sonrisa descarada- ¿Te gustaría que te la presente?

A esas alturas, Tadashi estaba pensándose seriamente la posibilidad de echar a la mujer del lugar. ¿Cómo se le ocurría presentarle a Hiro una chica cuando él ni siquiera estaba logrando rescatarlo de las garras de Fred?

Entonces hizo falso contacto por un segundo.

¿Qué tenía de malo que su hermano conociera chicas?, ¿No sería la solución perfecta a sus problemas?

La risa de Hiro le sacó de sus cavilaciones por un segundo.

-Se lo agradezco, pero creo que estoy bien así por ahora- rechazó cortésmente.

"Definitivamente sería la solución perfecta". Murmuró en su fuero interno… ¿Entonces por qué aquella inexplicable felicidad le embargó al oír la negativa de su hermano?

Ajena a su predicamento, la señora Matsuda sonrió al chico sin el menor rencor. En cambio, estaba disfrutando de que todas las miradas estuvieran fijas en su charla y, de paso, de avergonzar a aquel chiquillo que había visto crecer y que tan adorable le parecía.

-Es una pena, pequeño Hiro, porque en verdad te estás poniendo muy guapo- soltó sin pena alguna, ahogando una carcajada al ver la forma en que su amiga, frente a ella, escupía parte de su té en la taza de nuevo y como el chico se prendía como un cerillo por la pena. Decidió aprovecharse un poco más antes de que Hiro saliera corriendo, como su expresión dejaba en claro era su deseo-. Estoy segura de que tienes muchas chicas y chicos tras de ti ahora mismo, ¿No?- inquirió, parpadeando repetidas veces de la forma más inocente que podía.

La iba a echar.

Tadashi definitivamente la iba a echar del café.

¿De verdad había dicho eso?, ¿Cómo era posible que una mujer de setenta años como ella se encargara de hablar así a un jovenzuelo de quince, frente a toda aquella gente, y además insinuar lo que acababa de insinuar? Entendía que quisiera mostrarse moderna y de mente abierta, ¿Pero llegar al punto de suponer que Hiro podía ser atractivo para otros chicos? ¡¿Se había vuelto loca?!

Con su semblante serio y sin razonar bien, Tadashi se dispuso a bordear el mostrador y sacar a su hermano, que se había quedado de piedra, de aquel aprieto antes de que pudiera ofenderse realmente con la mujer.

Sin embargo fue él mismo quien se quedó de piedra cuando, contra todo pronóstico y para su sorpresa, Hiro se echó a reír ante la mujer, al igual que buena parte de los comensales del café.

-Señora Matsuda, agradezco el halago, pero realmente dudo que las cosas sean como usted las pinta- soltó, despreocupado, antes girarse a una pareja en la mesa tras él y darles la cuenta-. No exagere, por favor.

La mujer sonrió, dispuesta a seguir.

-No veo por qué no. Tienes un cuerpo bastante atractivo para un chico de tu edad y un rostro muy peculiar, masculino pero delicadamente definido- agregó, antes de beber un sorbo más-. Yo creo que podrías tener muchos pretendientes, tanto chicas como chicos.

Hiro negó con la cabeza, sonriendo y ruborizado por la pena, sin ser consciente de la forma en que varias mesas alrededor asentían a la observación de la anciana mujer.

Ciertamente Hiro había crecido desde aquel niño enclenque y callado que ayudaba tímidamente y de mala gana a su tía en el café; todos los presentes podían notar la forma en que su cuerpo había adquirido seguridad y elegancia al andar y tonicidad en aquel año, atributos que sólo eran resaltados por la elegante manera en que su traje de mesero se pegaba a su cuerpo con las tonalidades negras y blancas. De igual forma su rostro había tornado sus rasgos aún aniñados en unos más finos y delicados, aunque siempre conservando un dejo de inocencia que le hacía terriblemente tierno. Su nariz pequeña y ligeramente respingada, sus cejas perfectamente delineadas y su mentón marcado ayudaban a delimitar unas mejillas de tersa piel lampiña, unos rosáceos y carnosos labios que dibujaban una sensual curva en cada sonrisa y como sus ojos enmarcados por un bosque de espesas pestañas negras brillaban con un aire de seguridad e inteligencia que no por ello los hacía altaneros o ególatras como en otros tiempos habían sido.

Aquella tarde en especial, de hecho, su andar era relajado y fluido entre las mesas, como si apenas tocara el suelo mientras hablaba con uno y otro cliente, y sus sonrisas educadas y divertidas, junto al brillo de jovialidad en sus ojos chocolate, hacía que fuera casi imposible despegar la mirada de él, atrayendo a la mayoría de los jóvenes presentes como la luz a las polillas.

Y en ese trance se descubrió Tadashi cuando Hiro llegó al mostrador para buscar la orden de unas chicas. Sus ojos sorprendidos se encontraron con los alegres de su hermano a un escaso metro de distancia, y el joven debió fruncir el ceño al ver que no despegaba su mirada de la suya, redescubriendo las suaves tonalidades de ámbar bajo la luz del foco de bajo consumo, y sin poder decir nada.

-¿Tadashi?- le llamó pasados unos segundos de silencioso intercambio. Pasó unas veces su mano frente a sus ojos para cortar el contacto, a lo que el mayor parpadeó un par de veces, desconcertado- ¿Está todo bien?

El aludido le observó descolocado por unos instantes más antes de, alarmado, notar la forma en que se le había quedado mirando y apresurarse a entregarle la bandeja con tres cafés con leche y media docena de croissants.

-C-claro- se apresuró a responder, maldiciendo internamente el temblor de su voz. No podía dejar que su hermano notara la forma en que lo dicho por aquella mujer lo había afectado, y mucho menos podía permitirse el que Hiro descubriera el riguroso escudriño al que acababa de someterlo-. Es sólo que estoy un poco cansado.

Hiro alzó una ceja antes de dirigirle una mirada inquisidora y dudosa por un par de segundos, en los que Tadashi debió cruzar los dedos por debajo del mostrador, esperando que su hermano decidiera creerle.

Y no pudo más que suspirar de alivio en su fuero interno al ver como se encogía de hombros, antes de darse la vuelta con el pedido en mano y dirigirse a una mesa con tres jóvenes en una de las ventanas laterales…

Motivo por el cual no pudo ver como el chico esbozaba una gran sonrisa que era la mezcla perfecta entre malicia y felicidad absoluta.

Debía admitirlo, aún estaba algo resentido por la conversación que habían tenido con su hermano la noche anterior, y de hecho estaba seguro que no hubiera tenido el valor de ir aquel día al café si no hubiera sido por la insistencia de Fred y su extraño consejo.

-¿Cómo pretendes que finja que no me afecta?- había dicho la noche anterior, vaciando la tercera caja de pañuelos que su amigo le había tendido, y fulminándolo con sus ojos llorosos y dolidos mientras le veía comer frituras despreocupadamente.

-Es lo único que servirá, Hiro- le había respondido, con toda su atención puesta en la pantalla frente a él, donde transmitían una tonta película francesa que ni siquiera estaba traducida y a la que en realidad ninguno le estaba prestando atención-. Finge que no te duele, finge que no te importa en lo más mínimo, que tu vida no cambió para nada a pesar de lo mucho que estés sufriendo. No puedes dejar que sepa lo mucho que te duele su indiferencia, no puedes dejarle ver lo mucho que te importa. Y si eso no da resultado… bueno, al menos podrás seguir con la cabeza en alto e incluso llegar a convencerte de que en realidad es así, que en realidad no duele, que en realidad él te importa tan poco como tú a él. Si es posible incluso trata de mostrarte más feliz que nunca, por mucho que te estés muriendo.

Ante esas palabras Hiro había arqueado una ceja con curiosidad, sólo para fruncir el ceño. Era claro que algo de lo que no estaba enterado había acontecido entre su amigo y Wasabi mientras él había estado en el café, porque aquellas palabras ciertamente parecían dirigidas más al rubio que a él.

-¿Quieres hablar de eso?- preguntó con la voz algo pastosa por el llanto, a la vez que se secaba las lágrimas por milésima vez en la noche. Misteriosamente su llanto cesó, aunque no estaba seguro si ya se había desahogado del todo o si sólo se le habían acabado las lágrimas.

Fred había negado efusivamente con la cabeza, dejando una botana a mitad de camino entre la bolsa y su boca, antes de bufar por lo bajo y abandonar tanto bocadillo como bolsa en el suelo y ponerse de pie de un salto.

-No, quiero olvidarlo- había gruñido, y los aires de promesa en su voz fueron perceptibles incluso para el chico-. Venga, ambos vamos a olvidarlo.

Hiro se quejó cuando envolvió su delgada muñeca entre sus dedos largos y finos, pero acabó por dejarse arrastrar por el chico hasta quedar ambos de pie frente al televisor gigante.

-¿Qué se supone que haremos?- preguntó, extrañado y ya sintiéndose un poco mejor sólo de ver como el chico abría el menú de juegos de su televisor.

-Cosas de adultos, Hiro- había respondido, con cierto aire enigmático y pagado de sí mismo-. Cosas de adultos.

Y cosas para adultos resultó ser jugar por dos horas seguidas una batalla de bailarines en un tablero gigante, con movimientos que empezaron por darle pena cuando sus pasos terminaron pareciendo más una serie de convulsiones que una imitación del avatar en la pantalla. Pero al final de la tercera canción de pop japonés había acabado por descubrir su talento innato para bailar… o pasar vergüenza, que era casi lo mismo en ese caso. Y a eso debía buena parte del buen humor que hoy se cargaba.

La otra mitad era por completo a causa de lo acontecido aquella mañana.

Y aunque había tenido sus dudas, finalmente aceptó hacer el intento y volver al café. Francamente no había esperado ninguna reacción en especial de su hermano más allá de la indiferencia típica de aquellos días… por eso apenas había podido controlar su alegría cuando se había descubierto asaltado por él tras poner un pie en el café. Aquella preocupación digna de una madre histérica, aquel enojo que estaba destinado exclusivamente a ocultar el miedo de su hermano por él cuando se ponía en problemas estúpidos y peligrosos. Y el infinito amor que había tras aquel temor.

Apenas había logrado ocultar la felicidad sobrehumana que lo había embargado en aquel momento, pues el que su hermano aún pudiera reaccionar de aquella forma por él sólo quería decir una cosa: no todo estaba perdido, aún había oportunidad de que pudieran volver a tener aquella cercanía con su hermano y, tal vez, incluso pudieran tratar de volver a hablar de su situación.

Pero no en ese momento, no cuando sus sentimientos heridos estaban tan latentes aún y mucho menos después de que Fred le había dicho que, bajo ningún concepto, debía dejar que Tadashi viera cuanto aquello le importaba aún.

Así que sabiendo que sus heridas quedarían expuestas si tocaban el tema de nuevo, se negó a toda costa a dejar que Tadashi tratara de abordarlo aquella mañana, dejando en claro que lo suyo iba en serio y que no estaba dispuesto a oír nada hasta que él tampoco estuviera dispuesto a escucharlo, sin importar cuanto muriera por dentro por oír lo que él tuviera que decir o si para evitarlo tenía que soportar a la señora Matsuda incluso media hora antes de lo estrictamente necesario.

Mujer a la cual no sabía en ese momento si aborrecer o adorar por lo que le debía.

Está bien, tal vez hubiera sufrido uno de los mayores bochornos hace unos minutos gracias a ella, pero había tenido una revelación bastante importante y no se trataba de que la mitad del café estuviera de acuerdo en que se había vuelto un bonito adolescente con cara de niña y que tenía por completo la atención de todos los clientes del Lucky´s Cat. No, la revelación era que a su querido hermano no le gustaba un ápice que la tuviera. Había podido notar la mirada de Tadashi fija en él en todo momento que había hablado con la señora Matsuda y los demás comensales antes y después de ella. Sus ojos se habían clavado como cuchillas sobre él en cada instante en que había permanecido conversando con las personas en el lugar, y eso había sido en buena parte lo que le había incentivado a mostrarse más extrovertido de lo normal.

Y lo que había descubierto le había dejado radiante como una estrella. Sí, su dulce hermano apenas y había podido despegar su mirada de él, y esta vez no se trataba de miradas de soslayo e intermitentes, recelosas, como las que le había estado dedicando durante aquellos días en el trabajo. No, eran miradas fijas, interesadas y, si no se equivocaba, posesivas.

Porque sí, así como él era un niño celoso y guardián de sus seres queridos, sabía perfectamente que Tadashi tampoco era muy abierto a dejar que otros jugaran con sus juguetes en su cara. Podía ser amable, podía ser capaz de pasarla bien en una fiesta y trabajar perfectamente con un millón de desconocidos, pero él lo conocía. Tadashi era selectivo, más de lo que cualquiera pudiera esperar, y una vez conformaba un grupo de amigos o personas cercanas para nada estaba dispuesto a que cualquiera interactuara con ellos en su presencia.

Era un mal hábito que, suponía, se debía de alguna forma al hecho de perder sus padres y que sus amigos fácilmente le cambiaran por otras personas de pequeño… o quizás los celos estuvieran en su sangre, ya que él era exactamente igual y podía apostar lo que fuera a que Cass también lo era.

Es decir, Tadashi era un chico celoso en el fondo, y el que permaneciera con su vista vigilante en él durante todo su horario de trabajo sólo podía significar una cosa: Tadashi estaba celoso de que recibiera tanta atención de otras personas.

Y lo más importante, sospechaba que ni siquiera su muy cercano amigo Fred se hallaba exento del recelo de su hermano, lo que sin dudas explicaría el porqué de su progresivo enfurruñamiento y cabreo hacia él desde que había comenzado a pasar las noches con el millonario.

Cuando la idea de que él y Fred pudieran llegar a estar haciendo algo más que sólo hablar tonterías y desahogarse mutuamente pasó por su mente estuvo a punto de echarse a reír allí mismo, pero trató de contenerse al llegar a la mesa donde aquellas tres chicas, aparentemente de su edad, esperaban su orden con amables sonrisas.

Y desde luego que se quedó hablando con ellas un poco más de lo necesario, sintiendo como dos deliciosas puñaladas los ojos de su hermano fijos en su nuca, sin llegar a sospechar la forma en que el blanco trapo que cada día usaba sufría por sus acciones al ser retorcido por un ceñudo Tadashi.

Sin embargo no quería dar demasiadas alas a su imaginación. Tadashi podía estar celándolo sin que ello involucrara algo más respecto a su situación actual. Sabía que no era lo mismo el que su hermano le viera como un chico atractivo a mujeres y hombres a que entendiera que el único hombre que le interesaba le mirara era él, aun cuando nunca pudiera verlo como lo hubiera deseado.

Pero no por ello se iba a detener, llevaría aquella estrategia de los celos hasta donde fuera necesario, o al menos hasta que su hermano sintiera la verdadera amenaza de que pudiera ser reemplazado por otra persona, que, sospechaba, era el punto en que ya no podría soportarlo más y debería sentarse a escucharlo.

Hiro sonrió, maquiavélico, antes de dirigirse con una sonrisa radiante a una mesa en la que dos chicos llevaban rato sonriéndole.

Tres horas más tarde, Hiro suspiró mientras ponía llave a la puerta principal del café, aun riendo levemente de las locuras de la señora Matsuda, que ahora ya no le parecía ni una ancianita tan indefensa ni tan triste sabiendo que en realidad tenía una nieta y una hija que la visitaban tres veces a la semana.

Se estiró un poco, sintiendo los músculos agarrotados por un día inusualmente agitado para ser de semana, pero curiosamente satisfecho. Sentía sus piernas y brazos algo agarrotados después de ir y venir todo el día con pedidos y un olor bastante similar a una panadería permanecía mezclado en su ropa y cabello, junto a deliciosos matices de café.

Estaba tan ensimismado en relajarse que dio un silencioso respingo cuando oyó a Tadashi hablarle desde el mostrador.

-Ven aquí- su voz sonaba serena, pero el tono no dejaba lugar a réplica, nuevamente había entrado en su faceta de madre-, tómate un café y come algo, hoy no paraste ni un segundo.

Hiro estuvo muy tentado a dar un grito de dicha al oír la genuina preocupación tras el mandato del mayor, pero se reprimió a tiempo y, en lugar de ello, sólo se dio vuelta con una sonrisa y se dirigió con paso lento a su banco, aceptando dichoso el café y las medialunas que su hermano ya le había preparado.

-Gracias- se limitó a decir, antes de tomar la blanca pieza de cerámica entre sus manos, recibiendo su calidez con un suspiro de dicha antes de llevársela a los labios. De inmediato la cafeína comenzó a hacer efecto y le obligó a cerrar los ojos, dichoso, incluso después de que hubiera separado la taza de sus labios-. Diablos, cada vez lo haces mejor- suspiró, disfrutando del dulce sabor, suavizado con un chorro de leche tibia.

Cuando abrió los ojos no pudo evitar ruborizarse levemente al ver la mirada hermano fija en su rostro, y repentinamente fue consciente de lo qué había dicho y el tono en qué había sido dicho.

Alejó la mirada, avergonzado, mientras trataba de disimular su rubor tomando otro trago de café.

"Podrás ser muy seguro y provocador en tus sueños, Hiro, pero sigues siendo un niño". Había susurrado una voz en su fuero interno, y la hubiera mandado a callar abiertamente si no fuera porque estaba demasiado pendiente de la mirada el mayor sobre él, inescrutable pero fija.

Al menos hasta que se volteó hacia la máquina de hacer café sobre el mostrador y, en tres simples pasos, se preparó una taza para él mismo.

Respiró hondo y trató de olvidar aquello con una medialuna, esperando que alguno de los dos rompiera el pesado silencio que comenzaba a surgir en aquel lugar.

-Oye- y casi se ahoga con ella, pues en verdad no esperaba que fuera Tadashi quien rompiera el silencio y, mucho menos, que lo hiciera tan rápido. Cuando alzó su mirada hasta él pudo notar cierto nerviosismo en su gesto, a la vez que se llevaba una mano hasta la nuca y comenzaba a masajearla lentamente, buscando relajarse-. Estaba pensando que, si no tienes nada que hacer, puedes quedarte a ver una película conmigo esta noche.

Hiro alzó ambas cejas por la sorpresa, incapaz de creer que su hermano se atreviera a dar un primer paso para que las cosas volvieran a la normalidad. Y sólo pudo sonreír de medio lado, infinitamente enternecido por el claro nerviosismo que le embargaba. De cierta forma el saber que ambos estaban casi igual de incomodos por todo aquello, pero dispuestos a mejorar las cosas, le parecía realmente algo bonito.

Pero si las cosas estaban tomando esa dirección era por una causa, y sin duda se debía al concejo de Fred. Y cuando las cosas por fin comenzaban a tomar el camino correcto era cuando más firme debía mantenerse.

Hizo una mueca apenada que sólo era sincera en un cincuenta por ciento, el otro cincuenta por ciento estaba destinado al gozo que le causaba el darle a Tadashi un poco de su propia medicina.

-Yo… lo lamento, pero tengo planes con Fred esta noche- explicó vagamente, lo que no era exactamente mentira, pues ambos habían quedado para una revancha en la guerra de bailarines. Aunque dudaba que pudiera competir con las piernas en el estado en que se hallaban-. De hecho debería cambiarme ya.

La forma en que su expresión cambió perceptiblemente de una velada esperanza a la más pura pena hizo tambalear su firmeza por un segundo, pero pronto el mayor cambió su faz por una pobremente feliz.

-Oh, bien. Lo entiendo…- se había apresurado a responder, y aunque trató de sonar relajado e indiferente, Hiro pudo notar cierta tensión en su voz que denotaba su molestia- De igual forma tengo que pasar algo de tiempo de caridad con mi hijo, ¿No crees?

Si Tadashi no hubiera estado tan ensimismado tratando de no darse un zape por su idiota comentario, hubiera sido capaz de oír el "¿Qué?" que aquella voz que comenzaba a odiar exclamaba en su fuero interno.

Hiro alzó una ceja y le contempló torciendo el gesto por la confusión. Su hijo… ¿Era Baymax?

-Oookay…- fue lo único que pudo decir, aún bajo los efectos de la extrañez, antes de deslizarse lentamente por el borde del banquillo y caer de pie-. Eh… ¿Diviértete con Baymax?- ofreció, dudoso. Cuando el mayor asintió, claramente nervioso y con una tensa sonrisa curvando sus labios de forma irregular, el chico sólo pudo alejarse con pasos presurosos hasta desaparecer tras la roja cortina del café.

Y una vez estuvo a salvo tras ésta debió detenerse y parpadear un par de veces, antes de ahogar una risa enternecida contra su mano y dirigirse a cambiarse antes e ir a casa de Fred.

-Adiós- se apresuró a agregar el mayor cuando vio al joven emprender su huida, agitando su mano en un gesto demasiado rápido como para resultar natural. Cuando la cortina ocultó el cuerpo de su hermano de su campo de visión, Tadashi sólo pudo echarse sobre la fría superficie de madera y exhalar un abochornado gemido contra ella. Miró con pena la blanca taza de café que Hiro había tenido entre sus manos hasta hace tan sólo unos segundos, sintiendo sus pómulos aumentar de temperatura-Tiempo de caridad con mi hijo… ¿En qué rayos estás pensando, Tadashi?

De repente a su mente llegó la dichosa expresión de gozo que su hermano había esbozado al beber su café, y el rubor de Tadashi sólo aumentó cuando volvió a dibujar las espesas pestañas del chico describiendo un alargado arco sobre sus pómulos ruborizados, y la forma en que la humedad cubría sus labios cuando separó la taza de ellos, haciéndoles ver más brillantes y rojizos que de costumbre, le obligó a reprimir un estremecimiento de deseo. De sólo pensar que esos mismos labios estaban ahora mismo a unos pocos escalones de distancia…

Tadashi abrió los ojos de par en par, horrorizado por el camino que estaban siguiendo sus pensamientos, antes de volver a dejar caer su cabeza entre sus brazos y ahogar otro gemido.

"Realmente, ¿En qué rayos estás pensando?".


La noche del jueves Tadashi ahogó un pesado suspiro, sentándose en el amplio sofá de tres cuerpos que ocupada el centro de su sala de estar y llevándose una lata de cerveza a los labios. Usualmente no bebía alcohol, pues él mismo había tenido que admitir su baja tolerancia a él luego de que Gogo se burlara en su cara por haberse quedado dormido sobre Wasabi solo después de unas cervezas la primera vez que habían salido de fiesta… y luego de haber tratado de bailar con él a la vista de todo el campus, por supuesto.

Sus mejillas se encendieron por el recuerdo, a la vez que daba otro sorbo y sentía el amargo líquido contra su lengua, obligándole a reprimir un estremecimiento que no era del todo por causa de su baja temperatura. A decir verdad ni siquiera el sabor de aquella bebida le gustaba tanto, pero su consumo era más bien como una especie de tratamiento alternativo para él. Le ayudaba a dormir como un bebé, lo que estaba empíricamente comprobado luego de tres intentos de fiestón con sus amigos que habían acabado irremediablemente igual… y dormir como un bebé le vendría muy bien luego de no haberlo hecho correctamente por casi una semana.

Estaba dispuesto a encender el televisor y ver alguna idiotez hasta que el alcohol lo arrastrara felizmente al mundo del sueño, pero sus deseos se vieron frustrados en el momento en que su celular comenzó a vibrar en el bolsillo de su jean, sacándolo de su ensimismado aburrimiento e interrumpiendo el crepitar del fuego en el hogar con su pegajosa melodía.

Cuando la foto de Wasabi con la camiseta negra de Adicto al caos que le había regalado en su cumpleaños, apareció en su celular, Tadashi no pudo más que alzar una ceja con curiosidad.

-¿Viejo?- habló con calma a modo de saludo, dando un lento sorbo a su cerveza antes de poner los pies sobre el sillón, dispuesto a holgazanear mientras escuchaba lo que su amigo tuviera que decirle.

-Tadashi… ¿Fred y Hiro son pareja?

Y ante esa pregunta hizo un proceso en reversa, volvió a verter el contenido de la lata en su interior y se irguió en el asiento, abriendo los ojos por la sorpresa y tosiendo por el ahogo.

-¿Q-QUÉ?- preguntó con los ojos abiertos de par en par, sintiendo las lágrimas producto de su ahogo deslizarse por sus mejillas.

Pudo oír un breve tartamudeo del otro lado de la línea, y adivinó la incomodidad de su amigo incluso sin verlo. Si aquellas charlas le sacaban de su zona de confort a él, no quería imaginar lo que sufriría alguien tan correcto como lo era Wasabi al tenerlas.

-L-Lo siento- se disculpó y Tadashi esperó al oírle suspirar de manera nerviosa-. Pero es que están todas las noches juntos, Y Hiro siempre se queda en su casa hasta temprano en la mañana y creí que tú…

Tadashi frunció el ceño, antes de entrecerrar sus ojos con recelo y dejar la cerveza en su mano sobre la mesa frente a él. Aquello despertó sus alarmas.

-Un momento ¿Y tú cómo sabes eso?- preguntó, interrumpiendo la enfurruñada verborragia de su amigo. La forma en que le oyó tragar saliva audiblemente al saberse descubierto le hubiera resultado graciosa si no le inquietara tanto lo mucho que sabía de la vida de su hermano para no verse desde… ¿Cuándo había sido la última misión? Con la llegada del frío las actividades delictivas se reducían drásticamente y la mayoría de las que se llevaban a cabo eran lo suficientemente irrelevantes como para delegarlas a los policías de la ciudad.

Del otro lado de la línea el silencio se mantuvo por un segundo, antes de que el sonido de su amigo al inhalar profundamente lo cortara.

-T-Tengo contactos- se limitó a decir, nervioso. Claro, si es que ir todas las noches hasta la mansión de Fred y preguntarle a Heatcliff se consideraba tener contactos pues sí, los tenía. Sin embargo, pronto la molestia retornó a su voz, aunque esta vez se aseguró de que su tono fuera más relajado-. Como sea, ¿Crees que sean pareja?

Tadashi estaba a punto de soltar una rotunda negativa, pero se detuvo justo a tiempo de hacerlo. ¿Realmente podía ser tan hipócrita de negar la misma pregunta que él llevaba haciéndose durante una semana?, ¿No se había gastado sus preciosas horas de sueño desde el jueves pasado formulándose preguntas similares e incluso peores y se había visto orillado a tomar alcohol para dormir esta noche?, ¿Realmente estaba seguro ya de que el que Hiro y Fred fueran pareja no fuera el caso?

Su momento de silencio se extendió lo suficiente para que un considerable charco se formara bajo su lata de cerveza debido a la condensación del agua, y se apresuró a colocarla en el suelo y limpiar el charco antes que dejara una mancha que obligara a Cass a hacerle cometer harakiri.

-Yo…- comenzó, dudosamente. Deseaba con toda su alma poder responder que no, pero hacerlo hubiera sido una gran blasfemia-. No lo sé, Wasabi- acabó por confesar, sintiéndose como si estuviera hablando de la inocencia de un condenado a muerte y no por la posible relación de su hermano. Tampoco entendía del todo la profunda decepción que le provocaba aquella posibilidad.

Wasabi volvió a suspirar pesadamente del otro lado de la línea, y Tadashi creyó tener cierta empatía por su estado… aunque no logaba entender a qué se debía su preocupación ¿Acaso le inquietaba tener amigos gay?

-Entiendo…- acabó por soltar el mayor, con un tono de voz que dejaba entrever su consternación y que cambió por uno de vergüenza cuando volvió a hablar-. En verdad lo siento, viejo.

Conocía a su amigo lo suficiente para saber cómo se estaba sintiendo en ese instante, sin duda reprochándose por haberle soltado aquella bomba sin más y de golpe, pero aunque no le parecía la mejor forma de abordar una cuestión así no podía sentirse molesto con él. Y en cierta forma incluso podría llegar a comprender el que actuara de aquella forma aún sin saber qué motivos lo estuvieran guiando. Wasabi se caracterizaba por su tendencia a dar una y mil vueltas a los problemas más pequeños, y si él lo había estado pasando mal aquella semana sólo por barajar un par de ideas sobre lo que Fred y Hiro podían estar haciendo, no podía ni siquiera imaginarse la clase de auto tortura a la que su amigo se había estado sometiendo.

-Está bien- le restó importancia al tema con el tono de voz más tranquilizador que la situación le permitía- adiós, Wasabi.

El otro soltó un escueto adiós antes de colgarle, dejando a Tadashi solo con su conciencia y el fuego.

Se quedó mirando un par de segundos la pantalla de su celular. Con él aún en la mano se inclinó a tomar la lata del suelo para, acto seguido, volver a recostarse en los almohadones que fungían como respaldo en el apoyabrazos del sofá.

Tomó un sorbo de cerveza lentamente, antes de volver a encender la pantalla y dirigirse directamente al chat de su hermano.

La tarde se había desarrollado casi tan jovialmente como la anterior en el café, y nuevamente Tadashi había propuesto a Hiro el quedarse en casa, sólo para recibir una negativa del chico casi de inmediato, antes de retirarse como cada día lo hacía a las ocho de la noche. Y desde ese momento no había vuelto a conectarse, aunque habían pasado tres horas ya.

No fue consciente de la desesperada manera en la que bebía esta vez, ansioso por desconectarse de la realidad antes de que su mente volviera a maquinar cualquier cosa en contra de su amigo y su hermano, mientras el silencio de la habitación sólo era interrumpido por el ir y venir del líquido dentro de la lata y el crepitar del fuego en una esquina de la habitación. Aún no entendía por qué Cass había insistido en mantener el hogar en lugar de adoptar un sistema de calefacción más moderno como en el resto de la casa, pero debía admitir que era agradable la manera en que el resplandor rojizo lo embargaba todo y cómo dibujaba sombras danzantes por todo el lugar… era una suerte el que no hubiera desarrollado ningún tipo de trauma por el ver llamas luego el incendio.

Era eso, o que tenía un trauma mucho mayor entre manos como para preocuparse por eso.

Estuvo tentado por un momento en el tratar de adivinar el porqué de que Wasabi se interesara en la relación que Fred y Hiro mantenían, pero dejó de tratar de engañarse luego de los tres primeros segundos. Lo que menos le interesaba a Tadashi eran los motivos del llamado de Wasabi, porque lo único que le importaba de esa situación era su hermano.

Fuera lo que fuera que hubiera preocupado a Wasabi al punto de orillarse a tener que llamarlo le había ayudado a dejar algo en claro: él no era el único que sospechaba que ambos podrían ser algo más, y sus actividades –fueran las que fueran e independientemente de los detalles que Wasabi conociera- daban lugar a aquellas interpretaciones, y no eran sólo desvaríos suyas por ser un hermano demasiado celoso y sobreprotector.

Sin profundizar en el triste hecho de que él mismo lo reconociera, suspiró pesadamente, cansado de todo aquello. Dejó su celular de forma desganada sobre la mesita de té, con la mirada fija en el fuego que era la única fuente de luz en toda la casa, antes de dar un sobo a su cerveza helada aún.

Está vez sintió como pasados unos momentos su cuerpo se volvía más pesado y sus parpadeos cada vez más lentos debido a la pesadez de sus párpados. El fuego generó un efecto casi hipnótico en él y al cabo de unos segundos su respiración se volvió más relajada.

Debería darle vergüenza el que su cuerpo fuera tan susceptible a caer en los efectos del alcohol con sólo una lata, pero en ese momento lo agradecía.

Pero mientras permanecía en ese estado de sopor y apuraba un trago de la lata, pensó que tal vez ya fuera hora de encarar seriamente a Hiro respecto a sus actividades con Fred y preguntarle si en verdad su relación con él era de la naturaleza que él y Wasabi sospechaban.

-Pequeño bastardo- farfulló con voz pesada y arrastrando las palabras un poco- ¿No se supone que estabas enamorado de mí?, ¿Qué haces corriendo a los brazos de otro en cuanto no te dan lo que quieres, niño malcriado?, ¿Qué haces tratando de llamar la atención de todos cada tarde y dejando que todos los clientes te hablen y miren así en mi cara?

Tadashi felizmente se hubiera horrorizado hasta que su piel adquiriera una tonalidad verdosa de ser consciente de lo que acababa de pensar, pero el alcohol siempre había ayudado a que soltara las cosas que menos le creerían capaz de decir, no hablando por él exactamente, pero sí dándole el empujoncito que necesitaba para arrepentirse de cada pequeño recuerdo en sus momentos de lucidez.

Apuró el último vestigio de cerveza de la lata antes de lanzarla despreocupadamente al suelo de madera y se acomodó mejor en el sofá, dispuesto a dejarse llevar por el sueño. Pero en lugar del sueño sereno y apacible que deseaba se vio asaltado una y otra vez por el recuerdo de los húmedos labios de su hermano menor, las sonrisas coquetas –a su parecer- que les dirigía a todos en el café y las ideas que él mismo había tenido de lo que podría estar haciendo con Fred en su casa…

Y la peor parte de sus sueños, la que le obligó a caer del sofá aún a mitad de la noche con un aparatoso golpe y soltando un grito espantado, sobrio del horror, fue la imagen que llegó a su mente de él mismo castigando a su hermano por la manera en que lo había estado ignorando durante aquellos días y en cambio había preferido pasar su tiempo con Fred y los clientes.

Tras sacudir la cabeza un par de veces y con el hombro ligeramente adolorido por la caída, Tadashi abrió los ojos de par en par por las fuertes nauseas que le obligaron a ahogar una arcada allí mismo. Sin poder soportarlo, echó a correr por la cocina y las escaleras hasta llegar al baño en su habitación, no estando exactamente seguro de si el profundo malestar que le hizo devolver todo el contenido de su estómago en el inodoro era por causa de la cerveza, o por el recuerdo de los jadeos y gemidos de Hiro mientras lo llamaba por su nombre exactamente igual que hace una semana había hecho, mientras él emitía sus propios gruñidos de gozo contra su oído, con la mirada fija en su pequeño rostro ruborizado y con la misma mueca de gozo que había realizado en su cara la tarde anterior, al tiempo que le sometía contra el suelo de la sala frente a aquel fuego encendido.

Tragó saliva tras cepillar sus dientes, viendo horrorizado y con un poderoso sonrojo la imagen que el espejo le devolvía. Cuando salió del baño tuvo dos cosas en claro: la primera era que no podría volver a conciliar el sueño aún si se bajaba toda una licorería él solo. Y la segunda era que no podría aguantar hasta el día siguiente para preguntar a Hiro sobre su relación con Fred porque simplemente no podía esperar un segundo más antes de saber qué era lo que esos dos estaban haciendo… y tenía justo lo indicado para lograrlo, mandando a la mierda por una vez en su vida sus predicamentos morales por lo que iba a hacer.

Secó el exceso de humedad que aún había en sus labios con un movimiento casi violento antes de dirigirse al espacio a los pies de la cama de su hermano, donde su blanco robot yacía encerrado en su puerto de carga, sobre el cuál un relajado Mochi dormía plácidamente.

-Creo que sí pasaremos tiempo de calidad juntos, hijo- murmuró, frunciendo el ceño y ganándose una mirada adormilada y curiosa del gato.


Tadashi dejó escapar un pesado suspiro contra la palma de su mano, el milésimo que había soltado en lo que llevaba desde que el sol se había alzado sobre la ciudad. Sentía los párpados pesados y el comienzo de una migraña gestarse en su cabeza, pero decidido a ignorar su malestar, volvió a tomar la taza de café junto a él en el mostrador y darle un sorbo. Su estómago se quejó ante el pesado líquido, aun revuelto luego de la cerveza y su malestar de la noche anterior, pero tampoco quiso prestar atención a ello.

En lugar de eso, toda su atención permaneció fija en el rostro relajado de su hermano, quien permanecía con los audífonos puestos y tonteaba distraídamente con su celular mientras se sostenía con un brazo del gancho del cable car en el que viajaba. El hecho de presenciar cómo casi no había despegado la mirada del aparato le resultaba indignante después de pasarse la noche revisando en qué momento se conectaría al chat, sólo para que nunca lo hiciera.

-Tadashi, tu cuerpo necesita urgentemente descansar- informó Baymax a su lado, mirándolo con la cabeza inclinada y un gesto que, de no tratarse de un robot sin capacidad de realizar expresiones humanas, hubiera parecido preocupado al chico.

Pero éste ni siquiera despegó la mirada de su celular para notarlo, con toda su atención fija en el chico que observaba a través de la flamante aplicación que había creado la noche anterior.

-Claro, Bay, lo haré en cuanto Wasabi acepte publicar en internet la foto con el tutú rosa que Honey le obligó a ponerse en primer año- murmuró distraídamente, confundiendo más al robot.

-No veo la relación entre la humillación de un amigo y una mejora en tu salud física y psicológica.

-Ni yo, pero siempre funciona.

Tal vez estuviera sufriendo un serio caso de odio contra el mundo y todo lo que lo habitara en ese momento, pero Tadashi apostaba a que cualquiera en su situación lo entendería por completo.

Y es que, luego de tener ese perturbador sueño sobre el que no quería hablar ni consigo mismo, Tadashi se había dirigido acompañado de su asistente médico personal a la cochera, decidido a acabar de una vez por todas con las incertidumbres que lo embargaban sobre el vínculo que Fred y Hiro estaban manteniendo y que estaban teniendo efectos peligrosos incluso en la relación de por sí tensa que él tenía con su hermano.

¿Y cómo lo lograría? Pues de forma muy sencilla y amoral.

El día que había decidido rastrear a sus amigos para revelar su identidad como héroes, Tadashi había utilizado sus chips de rastreo para seguirlos, colocando uno sólo en Baymax debido a que sus fuertes creencias morales y principios le hacían imposible la simple idea de violentar la intimidad de sus amigos. Pero en esta ocasión, tal vez por la desesperación, tal vez por la cerveza, ni su moral ni sus principios impidieron que tomara toda la información necesaria sobre su hermano de la base de datos del robot junto a él con la única intensión de espiarlo, y tampoco nada impidió que la introdujera en el sistema de rastreo que poseía uno de los diminutos y esféricos micro drones que había creado hace ya tanto tiempo, junto a los chips.

¿Quién hubiera creído que sus sueños de espía se harían realidad después de tanto tiempo, de la forma más amarga posible y con su pequeño hermano?

Para cuando los primeros rayos del sol comenzaban a tintar de índigo el cielo sobre las montañas tras la ciudad y cuando los ojos de Tadashi ya comenzaban a ver doble las letras y códigos de la pantalla de su computadora, el pequeño drone diseñado para rastrear a su hermano -a través de los datos que Baymax había brindado sobre su cuerpo y los que él pudo aportar de la señal del celular del chico- partió de la cochera mientras el inventor volvía a ocultar la caja verdosa en uno de los cajones de la mesa y emprendía su ascenso por las escaleras con un chistoso malvavisco gigante detrás cuidando de que no se desvaneciera allí mismo.

Pero no subió hasta su habitación, sino que se sentó en el sillón nuevamente, notando las brasas que aún ardían de la noche anterior y la lata de cerveza vacía en el suelo. Pasó con fuerza una mano por su rostro, tratando de alejar el sueño que luchaba por hacerle desvanecerse allí mismo, y tomó su celular para ver lo que el drone captaba en su camino por las pobremente iluminadas calles de San Fransokyo.

Le tomó al pequeño robot unos veinte minutos llegar hasta la mansión de Fred, y cuando la imponente edificación apareció en su pantalla Tadashi se irguió en el sofá, sin el menor atisbo de sueño, atento a cualquier imagen de su hermano que pudiera aparecer.

Pero cuando lo único que vio fue el cómo todo comenzaba a girar a toda velocidad y, de repente, lo que pudo captar el robot fue una larga cinta verdosa que el chico tardó un segundo en reconocer como una hoja de césped, sólo pudo fruncir el ceño con confusión. Acto seguido, la comprensión brilló en sus ojos y se dejó caer pesadamente contra el respaldo del sofá con un bufido lleno de frustración, cubriéndose con ambas manos el rostro demacrado.

-El radar- gruñó entre sus manos, como si estuviera diciendo la mayor blasfemia.

¿Cómo había podido olvidar el maldito radar que Hiro le había mostrado? Porque sí, el maldito genio de su hermano no se había ganado su título por tonterías, sino que en verdad era un prodigio que no dejaba ningún cabo suelto cuando se trataba de cosas serias.

Hiro había reinventado por completo el sistema de seguridad de la mansión de Fred desde que habían comenzado a entrenar allí, y esas modificaciones no se limitaban solamente a que los robots con los que luchaban no se volvieran locos y los atacaran de la nada cuando no estaban entrenando o que las cámaras de seguridad de Fred mostraran un patio vacío y apacible aun cuando ellos estuvieran allí –en caso de que la policía alguna vez debiera revisarlas, pues no creían que fuera necesario que vieran a seis locos chicos partiéndole la madre a unos robots resistentes a las llamas y los químicos-, entrenando. No, sino que Hiro se había lucido creando un radar que detectaba y neutralizaba cualquier cámara, drone, celular o vehículo cuyos códigos no estuvieran registrados en el sistema en un radio de un kilómetro, aunque éstos últimos fueron agregados sólo después de estar seguros de que la casa de Fred no quedaba bajo la vía de cualquier empresa de aviones, y los celulares quedaban admitidos cuando se conectaban al wi fi de la casa, pues no querían que alguien sospechara sobre porqué su celular no funcionaba dentro de la casa del millonario en caso de que llegaran familiares o amigos de éste.

En definitiva, eso quería decir no sólo que su hermano era el genio más grande del mundo, sino que había logrado joderlo de la mejor manera y sin saberlo siquiera…como por tercera vez en el primer mes de aquel año.

Consciente de que sólo faltaban dos horas para poner en marcha su vida y recibir la encomienda para la cafetería, Tadashi decidió renunciar nuevamente a intentar dormir y dejar de lamentarse por su fatídica suerte para meterse en la ducha e intentar sacarse esa magnífica cara de zombie adicto al crack que se estaba cargando desde la semana pasada.

Apenas acababa de despedir al señor Denki y a su hijo cuando, tras cerrar la puerta, una alarma de su celular lo hizo fruncir el ceño, pues no la reconocía. Sacó con movimientos perezosos el aparato mientras se dirigía bostezando hasta el mostrador. Y cuando se instaló en el banquillo y abrió sus notificaciones, estuvo a punto de caerse al ver el rostro sonriente de su hermano caminando por la calle, con la fresca brisa mañanera agitando sus cabellos y el sol bañando un rostro curiosamente cubierto de una fina capa de sudor a pesar de la estación y la temperatura.

El grito de euforia que dio para festejar que no todo su trabajo había sido completamente inútil fue tal, que pasados unos segundos un alarmado Baymax cayó cual bola de nieve gigante por las escaleras del café, confundido por creer que se trataba de un grito de dolor.

Tras un segundo de eufórica confusión, Tadashi comprendió que una vez su objetivo se alejó del radar que neutralizaba las cámaras nada había impedido al drone seguir a su hermano por la calle y que funcionaría correctamente en cualquier otro lugar.

Bien, tal vez cualquier otro inventor se hubiera sentido desanimado al saber que su invento funcionaba perfectamente para todo excepto para aquello por lo que había sido creado. Pero Tadashi era un inventor optimista, y si no había podido verlo durante la noche y en el lugar que quería, al menos se desquitaría espiando a su hermano en todo el trayecto que le tomara llegar hasta su hogar.

Definitivamente no pensaría en lo turbio que había sonado eso.

Y Tadashi lo hizo, pasó una hora completa viendo como su hermano caminaba por el barrio más rico de la ciudad y luego abordaba un cable car que lo llevó por el centro y que ahora se dirigía a su hogar, lleno de unos pocos trabajadores que tenían cara de estar más muertos que vivos, muy parecidas a la que Tadashi tenía en ese momento.

La imagen que tenía de Hiro era un plano occipital, lo que le indicaba que el robot estaría en algún lugar un poco más arriba de él, tal vez en la muñeca de su sudadera o la manija de la que se sostenía. No le preocupaba en lo más mínimo el que pudiera verlo, pues su forma esférica, su color negro y su pequeño tamaño haría pasar al drone por una mosca o un insecto cualquiera.

Lo que sí le preocupaba era, en realidad, el notable estado de agitación y alegría en el que su hermano se hallaba. Sonreía, con un rostro completamente despabilado muy discorde a los de los otros viajeros a su alrededor, y constantemente deslizaba la manga de su brazo libre por su rostro retirando el exceso de sudor de su piel, como si no estuvieran a cinco grados fuera.

Y como si su estado acalorado y su inexplicable sonrisa para alguien que se había despertado a las seis de la mañana en un gélido día de vacaciones no fueran motivo de alarma para él, Tadashi puso su mejor cara de ¿Qué carajos? cuando vio al chico comenzar a menear sus caderas despreocupadamente en un movimiento que hubiera resultado imperceptible a cualquiera, mientras tarareaba alguna canción en español que no conocía.

Bien, lo que fuera que había estado haciendo en la casa de Fred él tendría que saberlo, porque en quince años que llevaba junto a su hermano nunca, jamás, le había visto bailar en público… ni en privado en realidad.

Apagó el celular en el momento en que le vio descender del cable car justo frente a su casa, tomando rápidamente su fiel y maltratado trapo y comenzando a limpiar la taza en la que había estado bebiendo café hasta hace un segundo, justo a tiempo de oír el sonido de la llave de su hermano introducirse en la cerradura de la puerta.

Cuando Hiro entró con una relajada sonrisa al café y se arrancó los blancos auriculares, ni siquiera sospechaba que había estado siendo espiado desde el momento en que se había marchado de la mansión de Fred por una imperceptible bola de circuitos que ahora mismo yacía en su hombro.

-Buenos días- saludó con la voz un par de octavas más alta de lo normal, lo que sólo ayudaba a resaltar la alegría que le embargaba mientras caminaba despreocupadamente hasta el dúo. Alegría que al propio Tadashi lo tenía al borde de volver a estrangular su trapo blanco.

-Buenos días- saludó tranquilamente, tratando de no sonar ansioso en lo más mínimo pero sin poder esbozar una sonrisa a riesgo de que se viera demasiado falsa. Vio de reojo como el robot y Hiro hacían el puño, y esperó en silencio a que Baymax dijera su Balalalah antes de volver a hablar- ¿Cómo estás?

El chico se encogió de hombros, sin siquiera sospechar del repentino interés del mayor luego de que sus interacciones se volvieran más frecuentes desde la mañana en que Tadashi trató de hablar y él le cortó.

-Nada fuera de lo normal…- comenzó, mientras volvía a secarse el sudor del rostro. Ante ese gesto que Tadashi ya había naturalizado él pareció recordar algo-. Salvo que necesito urgentemente ducharme antes de comenzar a trabajar- añadió con una expresión reflexiva, asintiendo a sí mismo.

Tadashi frunció el ceño, confundido. Estaba acostumbrado a que se duchara en casa de Fred, aún con lo mucho que eso lo molestaba.

-¿Por qué?- inquirió, aunque sin apartar la vista de la taza mientras la colocaba en el pequeño aparador junto a la caja registradora.

De reojo pudo ver como Hiro esbozaba una sonrisa entre apenada y divertida.

-Porque Fred es una bestia que no puede dejar esperar una revancha hasta la noche y que me obligó a tener una segunda ronda ni bien salí de bañarme- soltó de la nada, con una expresión divertida al tiempo que sus ojos describían un arco perfecto cuando los puso en blanco. Hiro ni siquiera llegaba a adivinar la forma en que sus palabras podrían ser interpretadas, interpretaciones que llevaron a Tadashi a sostenerse con fuerza del mostrador para no caer cuando sus piernas le fallaron por la sorpresa. Ajeno a la severa apnea que su hermano estaba sufriendo o a la forma en que Baymax se giró hacia él, alarmado por el drástico aumento en sus neurotransmisores y su frecuencia cardíaca, Hiro sólo emprendió su ascenso por las escaleras parloteando consigo mismo, haciendo una pobre imitación de la voz de su amigo-. Mueve más las caderas, Hiro. Sigue el ritmo, Hiro. Tienes que subir y bajar más rápido, Hiro. Por favor, algo tan natural no tendría que tener tantas reglas.

Y mientras la voz del chico se desvanecía por las escaleras, Tadashi se resbaló de su soporte en el mostrador y cayó aparatosamente al suelo, arrastrando consigo el sucio trapo y emitiendo un ahogado gemido de dolor.

Baymax estuvo frente a él en el acto.

-Has sufrido una…

El robot se detuvo al percibir los elevados niveles de cortisona que acompañaron la mirada fulminante que Tadashi, desde el suelo, le lanzó.

-Diez, Baymax- siseó, dejándose caer en el suelo junto al plato de agua de Mochi, mirando con todo el odio que le embargaba al techo, como si éste fuera cierto rubio a quien nunca más podría llamar amigo-. El dolor emocional es diez.

Escaneó al humano a toda velocidad, con sus válvulas de morfina cargadas, pero se detuvo al notar que los neurotransmisores del chico no arrojaban señales acordes a los niveles de dolor que él manifestaba. Si pudiera arquear una ceja lo hubiera hecho, sobre todo cuando vio al ceñudo joven lanzarse aquel pestilente trapo manchado de café a la cara con un gruñido frustrado que a duras penas pudo ahogar.

Cuando Hiro volvió a bajar, fresco como una lechuga y vestido con su uniforme de mesero como si no hubiera estado bailando como un desquiciado hace tan solo unas horas, no pudo evitar arquear una ceja al ver a su hermano tendido en el suelo con aquel asqueroso trapo en el rostro.

Luego de eso, el día transcurrió normalmente para Hiro. Mantuvo sus típicas conversaciones con los clientes y se paseó veloz y eficazmente por cada mesa llevando y trayendo fuentes con comida y café. Agradeció que la señora Matsuda se limitara a hacer comentarios sobre las noticias en vez de volver a hablar de su persona y, nuevamente, pudo disfrutar de la mirada de su hermano sobre él toda la tarde, aunque esta vez hubo algo que no se pudo explicar en ella. Tadashi había parecido molesto desde que le había encontrado en el suelo del café durante la mañana, pero no había tenido tiempo de preguntarle el porqué de ello en ningún momento porque, al igual que hace dos días, los clientes habían comenzado a llegar desde el momento en que descorrieron las cortinas rojas.

Lo que Hiro no sabía era que el motivo de la molestia de su hermano era, nuevamente, él. Él, que caminaba con paso extraño debido al dolor muscular que sufría por llevar tres días en una competencia de baile misteriosamente adictiva con Fred.

Un paso incómodo que le obligaba a mantener su mente ocupada en lo que fuera que lo hubiera producido, además de obligarlo a clavar su mirada en aquellos glúteos sorpresivamente redondeados más de lo que hubiera sido correcto por parte de un hermano u otro hombre siquiera. Incluso apartó la mirada un par de veces, rojo como una brasa, cuando por culpa de ese trasero envuelto en aquel ajustado pantalón negro la imagen de su hermano en sueños llegaba a él nuevamente.

Pero misteriosamente el horror y malestar que sentía cada vez que rememoraba los gemidos de Hiro en sus sueños poco a poco fueron mermando sólo para dar lugar a un interesado análisis de los detalles que podía rescatar de sus sueños, como las mejillas sonrosadas, los labios entreabiertos y brillantes y la piel perlada delicadamente por el sudor, a la vez que los comparaba con las características reales de su hermano. Llegó a la conclusión que los labios de Hiro eran más carnosos y rojizos en la realidad que en sus sueños, y que sus ojos tan expresivos le darían un toque más inocente y placentero a la mirada que el Hiro de su sueño le dedicaba.

Y aunque estuvo a punto de horrorizarse nuevamente al ser consciente de lo que estaba pensando sobre su hermano, el verlo alejarse con ese paso molesto sólo le recordó que probablemente aquellos gestos de su hermano en pleno acto íntimo alguien ya los conocía y no era él.

Nuevamente lo embargaron los urgidos deseos de interrogar al chico por su relación con Fred, más aún al recordar que Wasabi y no sólo él también había notado lo extraño de sus encuentros.

Soportó tan estoicamente como pudo toda la tarde, pero cuando la hora de cerrar llegó y Hiro corrió nuevamente a cambiarse, aparentemente más urgido que de costumbre, Tadashi se juró preguntarle… teniendo a Baymax junto a él sólo en caso de que necesitara sus desfibriladores.

Pero se hallaba tan ensimismado en la forma en que lo haría, que apenas fue consciente de la presencia de Hiro en el café sólo cuando éste lo atravesó como un bólido, soltando un agitado y emocionado adiós.

Tadashi asintió, aún inmerso en su mente. Un segundo después abrió los ojos de par en par y se giró a toda velocidad a la puerta.

-¡Hiro, espera!- exclamó, deteniendo al chico justo en el marco de la puerta, con la mitad del cuerpo fuera ya de la casa. El aludido se giró a verlo emitiendo un sonido que le instaba a continuar, un brillo mezcla de curiosidad y apuro embargaba sus ojos castaños, y saber que ese apuro no era para estar junto a él hizo sentirse ligeramente traicionado a Tadashi. No se detuvo en eso mucho tiempo, pero con su molestia tomando nuevos bríos por el detalle se inclinó sobre el mostrador, la mirada inquisidora fija en el chico- ¿Se puede saber qué carajos es lo que tanto haces en casa de Fred?

Hiro arqueó ambas cejas con sorpresa, gran parte gracias a la presencia de un insulto en la pregunta de su hermano, pues se contaban con los dedos de una mano las veces que le había oído blasfemar en su vida. Pero la pregunta en sí ya era una gran sorpresa para él, y una buena preocupación también.

¿Cómo podía definir lo que solía hacer con Fred? No se podía decir que fueran noches de películas aun cuando siempre hubiera una en el televisor de fondo. Tampoco se podía decir que estuvieran compartiéndose secretos, pues el único que tenían ya lo habían dicho y eso hubiera sido muy similar a decir que hacían pijamadas. Las competencias de baile eran lo que centralizaba sus encuentros últimamente, pero incluso éstas eran producto de algo más, y nunca diría a Tadashi que ese algo más era que lo utilizaban de método para escapar de la realidad y no pensar cada uno en sus dolores de cabeza románticos que, en su caso, era su propio hermano e interrogador.

Entonces las palabras del propio Fred llegaron a su mente, y sólo pudo sonreír tontamente. Jamás hubiera creído que lo diría a alguien más.

-Cosas de adultos- soltó a modo de explicación, en medio de un encogimiento de hombros, antes de desaparecer rumbo a la casa de su amigo.

Completamente inconsciente de la forma en que Tadashi debió sostenerse con fuerza del mostrador por segunda vez en el día, logrando a duras penas no caer de éste.

Con los impulsos del cuerpo de Hiro alejándose relajadamente por la acera, Baymax pudo concentrarse en Tadashi, aunque si Hiro hubiera seguido allí aún hubiera sido necesario hacerlo.

Y es que los niveles de cortisol que inundaban el sistema nervioso del chico prácticamente le gritaban, como millares de millares de pequeñas bombas de destrucción masiva, que lo hiciera. La testosterona también inundó el cuerpo de su primer creador al cabo de unos segundos, a la vez que progresivamente la actividad de sus neurotransmisores comenzó a crecer, llegando a ser una verdadera vorágine. Su ritmo cardíaco se incrementó drásticamente al igual que el respiratorio a medida que el humano comenzaba a hiperventilar. Cuando a él llegó la leve señal de dolor que envió su organismo cuando deslizó con fuerza sus uñas sobre la bruñida madera del mostrador, dejando ocho surcos en ella, Baymax decidió que era hora de intervenir.

-Tadashi, parece que estás exaltado- le informó, tratando de utilizar el tono alto y ligeramente agudo que solía relajarlo.

Por eso le resultó tan confuso al robot cuando sus neurotransmisores se dispararon.

-Exaltado- repitió en un ronco gruñido, fulminando y viendo completamente en rojo la puerta por la que su hermano acababa de retirarse.

"Ese es un puto eufemismo".


Hiro entró tan silenciosamente como le fue posible, estremeciéndose por el frío y sintiendo sus manos entumecidas mientras cerraba la puerta. Lo recibió la profunda oscuridad y el ensordecedor silencio del café, cosa que no le resultó extraña considerando que eran casi las dos de la madrugada, sin embargo agudizó el oído, tratando de oír la presencia de alguien cerca o del otro lado de la calle, pero pasados unos segundos lo único que podía percibir era el lejano sonido de los autos y el ir y venir casi inaudible de su propia respiración.

Sonrió de lado y, aprovechando su aparente soledad, hizo lo que se había contenido de hacer durante todo el trayecto de vuelta desde la mansión de Fred: comenzó a bailar.

Aunque no estaba seguro de que baile fuera la palabra correcta para describir esos saltos llenos de euforia propios de un fan en pleno concierto de rock que acompañaba con risas ahogadas y grititos de emoción, aquel ritual de fanboy que llevó a cabo frente a la puerta cerrada del café al recordar el porqué de que estuviera de nuevo en su casa ya.

Había caminado distraídamente por la ciudad por una hora, valiéndose del último cable car en funcionamiento para que le acercara a la casa de su amigo. Ciertamente el que Fred fuera millonario era una ventaja para muchas cosas, pero el chico tendía a ser tan generoso con él y los demás que a veces sentía que se estaba aprovechando, aun cuando los gastos que realizaba por ellos de seguro ni siquiera le hicieran cosquillas al acaudalado bolsillo de sus padres. Cuando la imponente edificación de la casa de su amigo había aparecido a sus ojos aun estando a unas cuadras de distancia la hora debía rozar la medianoche.

Había llamado a la puerta sin mayores dilaciones, pues hace tiempo que había dejado de resultarle intimidante la abundancia que toda la casa derrochaba, y como cada noche Heatcliff había acudido a abrirla para él. Intercambió un par de palabras de cortesía con el adulto por unos segundos antes de preguntar si Fred se encontraba, algo que hacía sólo por educación ya que llevaba viviendo allí desde hace una semana prácticamente.

Por ello abrió los ojos de par en par cuando la respuesta fue distinta a la usual afirmativa, y no precisamente porque le dijera que Fred no estaba.

-Está en su habitación junto al señorito Wasabi- había soltado el mayordomo, con su tono estirado y aburrido de siempre, y había sido justamente esa naturalidad ante un detalle tan contundente la que había obligado a Hiro a parpadear reiteradas veces y esperar unos segundos antes de preguntar.

-¿Disculpe?, ¿Cómo fue que dijo?- Hiro necesitaba la certeza de no haber oído mal.

-Que el joven Frederick está en su habitación junto al señorito Wasabi- repitió al cabo de unos segundos, con tono aburrido, y causando que el mentón del chico flaqueara ligeramente, a punto de dejarle con la boca abierta. El mayor continuó, manteniendo su gesto estoico- ¿Gusta pasar, joven Hiro?

El chico salió de su estupor en el acto ¿Pasar e interrumpir a ambos después de tanto esperar a que las cosas se dieran entre ellos? O peor ¿Pasar y correr el riesgo de ver cómo las cosas se daban entre ellos?

Ni en un millón de años.

-Está bien, Heatcliff. Vendré en otra ocasión… descansa- se despidió, y emprendió la retirada en silencio, inmerso en su reflexión mientras caminaba hasta su hogar sin importarle la distancia o el frío. No estaba seguro de lo que había pasado durante sus ausencias en aquellos días, pero una cosa era clara, si Wasabi se había acercado sin que Fred le llamara y a aquellas horas, su amigo definitivamente tenía más posibilidades de las que creía… Además de que las cosas habían comenzado a encaminarse por la dirección que él había previsto mucho antes de lo que hubiera creído.

Hiro detuvo su eufórico festejo por su amigo cuando comenzó a costarle respirar correctamente, y jadeando por lo bajo decidió que por una vez sería buena idea dormir antes de las tres de la madrugada.

Cuando Hiro emprendió el ascenso por las oscuras escaleras que conectaban el café con el resto de la casa lo primero que le llamó la atención fue un gruñido que se alzó perezosamente en el silencio sepulcral del lugar. Frunció el ceño con extrañez y permaneció de pie al comienzo de las escaleras, agudizando el oído otra vez para cerciorarse que no se tratara de Mochi. Al cabo de unos segundos el gutural sonido de molestia se repitió y tuvo claro que no se trataba del animal, sino que provenía de su hermano.

Alzó una ceja y con la curiosidad y una velada preocupación embargando su gesto emprendió el ascenso nuevamente, dispuesto a descubrir qué le estaba pasando a Tadashi.

A cada paso que daba una inexplicable incertidumbre comenzaba a embargar lentamente su ser, alentada por los murmullos ininteligibles y claramente molestos de su hermano. Y ésta aumentó cuando llegó a la cocina y el sonido de algo metálico al caer embargó el ambiente, seguido casi de inmediato por el inconfundible chasquido de una lata al ser abierta y el siseo del gas al escapar de ella.

No entendió por qué su corazón se aceleró levemente al bordear la mesa redonda y las sillas para llegar hasta la sala donde su hermano se hallaba, pero lo hizo de igual forma, ignorando todas las alarmas inconscientes que le gritaban que no era una buena idea.

Aunque se arrepintió de hacerlo cuando, al cruzar el umbral de la puerta, lo primero que vio fue a Tadashi sólo con una camiseta mangas largas negra y un jean gris, recortado como una oscura silueta contra el agradable fuego que iluminaba todo desde el otro lado de la habitación y bebiendo de una helada lata de cerveza como si se tratara de la única fuente de agua en el desierto.

-¿Tadashi?- le llamó con la sorpresa trasluciéndose en su tono de voz, casi sin poder creer que en verdad estuviera viendo a su hermano.

Era conocido por todos los cercanos a él la baja tolerancia que el inventor tenía al alcohol, lo que acarreaba como consecuencia el que pudiera contar con los dedos de las manos las veces en las que Tadashi bebía. Y fue por ello que cuando su vista dio de lleno con la imagen de al menos ocho latas de cerveza vacías sobre la mesita de café frente al sofá, aquella imagen sólo se volvió más irreal aún.

-¿Qué car-?- estuvo a punto de exclamar una grosería pero guardó silencio a la vez que se acercaba a su hermano, quien había dejado de beber en cuanto su voz se había alzado en el lugar. El mayor permaneció viéndolo con gesto impasible, parpadeando lentamente, y ese gesto fue indicio suficiente para que Hiro frunciera el ceño, molesto- ¿Estás borracho?- preguntó lo obvio casi en una exclamación indignada, antes de bordear el sofá con la vista fija en él, acercándose al fuego para aminorar el entumecimiento en sus extremidades por el frío. De verdad no podía creer que su hermano decidiera beber en aquellas cantidades estando absolutamente solo y sabiendo que no podía tolerarlas, esa clase de acciones inconscientes eran propias de él, no de Tadashi-. No me jodas, Tadashi, sabes que no aguantas el alcohol.

Ante el indignado regaño el mayor permaneció impertérrito, con la mirada fija en su lata de cerveza y con un gesto aburrido y ausente embargando su faz. Su silencio se extendió lo suficiente como para que Hiro creyera que no lo había oído –o que se hubiera muerto por una sobredosis de alcohol, lo que fuera- y estaba a punto de reclamarle nuevamente cuando el mayor volvió a hablar, haciéndole callar en el acto y obligándole a abrir los ojos de par en par.

-Para qué joderte yo si de eso ya se encarga Fred, ¿Eh?- soltó por lo bajo, con gesto relajado, mientras daba vueltas lentamente a la lata de cerveza entre sus manos, observándola con cierto desinterés ausente.

Por su parte, Hiro sólo atinó a parpadear reiteradas veces, aun tratando de procesar en su cerebro lo que su hermano acababa de decir mientras le veía apurar un trago de la lata, que despidió un destello rojizo al ser bañada por la luz del fuego. Por un momento el movimiento de los músculos del grueso y masculino cuello de su hermano le hipnotizaron y el subir y bajar de su manzana de Adán le hizo imposible razonar correctamente.

Y cuando por fin logró entender lo que el mayor acababa de decir un poderoso ardor que nada tenía que ver con el calor del fuego tras él se apoderó de sus mejillas y rostro en general.

-¿Q-Qué quieres decir?- preguntó con tono tembloroso y luchando por mantener su mirada fija en él, embargado por una inexplicable timidez. Tadashi no podía estar insinuando lo que creía, ¿No?

Sin embargo debió tragar saliva con nerviosismo al verle ponerse en pie con un gruñido por causa del esfuerzo, luego de dejar caer la lata vacía en el suelo sin el menor interés, algo sin precedentes en su ordenado hermano.

-Lo que oíste- soltó en un gruñido, con la vista fija en el sorprendido chico antes de comenzar a acercarse a él dando tumbos. La forma en que arrastraba las vocales al hablar le hubiera sido graciosa de no ser por su significado cuando volvió a hablar:- ¿Crees que soy idiota?, ¿Por qué otro motivo irías corriendo cada noche a casa de Fred sino? En especial después de que te negara lo que deseabas aquella noche.

Era oficial, esta vez Hiro podía apostar que su temperatura corporal fácilmente superaba la del fuego que entibiaba su espalda, y era más que probable el que sus oídos acabaran de estallar por el brillante rubor que cubrió cada centímetro de su pálida tez ante las palabras del mayor y la mirada entre divertida y acusadora que le estaba dirigiendo.

Abrió y cerró la boca un par de veces, paralizado por la sorpresa.

¿Tadashi realmente estaba diciendo todo lo que estaba escuchando?, ¿Cómo estaba seguro de que aquel era su usualmente dulce y tierno hermano y no la bastarda imitación que aparecía en sus sueños? Tal vez estuviera agonizando y a punto de morir congelado en las calles de San Fransokyo luego de volver de la mansión de Fred, eso explicaría el porqué de que se sentía como si el mismo infierno se hubiera desatado bajo su piel.

Estuvo tentado a pellizcarse para comprobar que estuviera despierto, pero se puso en guardia al notar como Tadashi ya sólo se hallaba a un escaso metro de él, dedicándole una mirada que bailaba entre la superioridad y la molestia y que le obligó a bajar el rostro, viéndolo por entre las pestañas con cierto nerviosismo. Al final no necesitó infringirse dolor para estar seguro de si estaba hablando con su hermano real o con el de los sueños, pues la respuesta llegó a él con un nada sutil vaho ante la cercanía de Tadashi.

No era ninguna versión de su hermano quien estaba hablando de aquella forma tan soez, era la cerveza.

Hiro nunca había visto a su hermano ebrio en realidad, sólo había gozado de su sufrimiento en los días posteriores por causa de la resaca y, en las últimas semanas desde su llegada al equipo, había disfrutado de las anécdotas que los chicos le relataban entre entrenamientos para mortificar al inventor, en las que siempre lo describían como un alegre papanatas.

Pues claramente nunca habían visto a Tadashi cabreado y borracho, porque la mirada fulminante que le estaba dedicando, con su mentón tenso por la presión que ejercía en él y aquel brillo entre furioso y divertido en sus ojos dorados por el fuego daba la imagen de todo menos la de un alegre papanatas.

Cuando se acercó a él esbozando una afilada sonrisa que nada tenía de alegre y colocó un dedo bajo su mentón para obligarlo a mirarlo a los ojos, dándole fácil acceso a su rostro, Hiro sólo pudo tensarse, alerta, y tratar con todas sus fuerzas de ignorar el agradable cosquilleo que recorrió su vientre ante el gesto. El hedor a cerveza en su aliento le hizo estremecerse ligeramente, incómodo.

-¿Qué pasa?, ¿Acaso Fred te comió la lengua?- inquirió lentamente, sonriendo con malicia y en un tono de voz que si bien denotaba diversión también ocultaba una amenaza perceptible para aquellos que lo conocieran lo suficientemente bien.

Ergo, Hiro volvió a temblar espantado.

De todas las personas del universo, ¿Acaso Tadashi sí estaba celoso de Fred?

Aquello era una locura, una muy ofensiva considerando la gran estima que sentía tanto por el rubio como por el idiota alcoholizado frente a él. Una locura que no estaba dispuesto a tolerar.

Apartó la mano que sostenía su mentón con un brusco golpe, sin molestarse en ocultar los deseos de linchar al mayor que le embargaban en ese momento. Cuando éste le dio una mirada confundida, Hiro le devolvió una mirada fulminante.

-No me quedaré a escuchar esta mierda- afirmó casi en un gruñido, por primera vez en su vida insultando tan abiertamente frente a su hermano, lo que dejaba en claro si no era obvio ya el grado de ira que le embargaba. Se alejó un paso antes de bordearlo con zancadas firmes, enfurecido-. Si deseas hablar de esto lo haremos sólo cuando se te haya quitado lo de borracho y estúpido- sentenció.

Sin embargo, no alcanzó a dar tres pasos siquiera cuando unos dedos fuertes como prensas envolvieron una de sus finas muñecas y jalaron con fuerza, devolviéndolo con ese simple movimiento al lugar donde había estado de pie hace tan sólo un segundo.

Hiro soltó un ahogado grito de sorpresa cuando chocó de lleno con el duro pecho de su hermano, antes de que sus fuertes brazos se cerraran a su alrededor.

-¿Q-Qué?- gruñó, ligeramente atontado por el giro de los acontecimientos. Más cuando fue consciente de la situación en la que se hallaba trató de alejarse con un empujón, pero al notar luego de unos instantes de forcejeo que todo esfuerzo sólo lograría agotar sus fuerzas, Hiro alzó la mirada, fulminando a un igualmente molesto Tadashi con ella- ¡Suéltame!

Contrario a su exigencia, el agarre a su alrededor se afirmó, provocando que el chico soltara un ahogado gruñido de dolor cuando sus propios brazos se presionaron contra su torso de forma incómoda. Así realmente parecía que estaba preso de una serpiente gigante antes que entre en los brazos de su hermano.

-No dejaré que te vayas con él, Hiro- gruñó el mayor a escasos centímetros de su rostro, y el aludido sintió un cosquilleo involuntario recorrer sus muslos internos al oír al mayor llamarlo por su nombre de forma tan posesiva y en medio de un gruñido gutural y masculino.

Se reprendió en su fuero interno, molestó por su escaza fuerza de voluntad.

-De veras no puedo creer que pienses que Fred y yo podríamos hacer algo como… eso- murmuró indignado y avergonzado, viendo a su hermano a los ojos y tratando de apelar a su consciencia.

-No lo sé, Hiro- susurró en un tono de voz ronco, claramente molesto, sin apartar su mirada inquisidora del rostro del chico-. Dímelo tú, ¿Haz estado acostándote con Fred todas estas noches?

El menor se ruborizó levemente, no sabiendo exactamente si se debía al tono de voz del mayor o a su pregunta. Debía admitir que el ataque de celos le encantaba, sí, pero en verdad no podía creer que Tadashi fuera capaz de creer que él se acostaría con alguien sólo por despecho… y en todo caso ¿A él que le importaba?, ¿Cómo podía tener la caradura de reprocharle algo como aquello luego del despiadado desinterés al que le había estado sometiendo aquella semana?

Su ira tomó nuevos bríos, y dolido e indignado, ansioso por darle sólo un trago de la incertidumbre que había pasado por su causa, Hiro decidió que nada tenía de malo hacer sufrir un poco a Tadashi. Además tuvo clara la forma exacta en que haría correr despavorido a su correcto hermano en cuanto las cosas le resultaron molestas.

Tratando de ocultar sus maquiavélicas verdaderas intenciones, Hiro se concentró en esbozar su mejor intento de sonrisa coqueta y burlona, al tiempo volvía su mirada prepotente y altanera… lo que le salió sorpresivamente natural.

-¿Y qué si lo he estado haciendo?- dejó salir al fin, realizando la pregunta con un dejo de provocación que ni siquiera sabía que era capaz de formular, y disfrutando de la forma en que el gesto de superioridad y molestia de su hermano se desvanecía en una escandalizada mueca de sorpresa. Tragándose una carcajada divertida, Hiro se dispuso a seguir. Oh, iba a disfrutar tanto esto:-. ¿Qué harías si fuera el caso, Dashi?- continuó, esgrimiendo el sacrosanto apodo que utilizaba de niño con malicia, listo para dar la puñalada final -. ¿Estarías dispuesto a follarte a tu propio hermanito como castigo?

Él mismo ardió de pena por dentro en cuanto las soeces palabras brotaron de sus labios, incapaz de creer que alguna vez se atreviera a decir algo así frente a su hermano, y menos aún decirlo a él. Pero se trataba de una situación sin precedentes para el chico, una situación de urgencia, y si con eso lograba que Tadashi recobrara la consciencia y por fin le soltara entonces bien valía la pena el bochorno.

Pero grande fue su perplejidad cuando, tras un breve momento de sorpresa, no fue un poderoso rubor lo que cubrió la tez de Tadashi sino que su gesto se tornó en uno oscuro y sibilino, inescrutable a ojos del chico, que dio a Hiro muy mala espina.

Estaba a punto de llamarle, de disculparse si era necesario, cuando un mayor agarre a su alrededor le obligó a soltar un ahogado gemido y cerrar los ojos de dolor. Entreabrió sus párpados, ruborizado, cuando el cálido aliento de su hermano acarició la sensible piel de su oído y le robó un estremecimiento que fue incapaz de contener.

-No me perece mala idea en realidad, hermanito- susurró en su oído con un murmullo grave y deseoso, haciendo un énfasis pernicioso en la palabra final. Y Hiro abrió los ojos de par en par, quedándose sin aire.

Los tibios labios del mayor se cerraron sobre su sensible oído, succionando lentamente y enviando un delicioso cosquilleo por todo el cuerpo del chico, como miles de descargas eléctricas bajo su piel. Hiro debió cerrar los ojos nuevamente y morderse el labio inferior con fuerza para no soltar el ahogado jadeo de placer que luchó por escapar de su garganta.

-¡Woah!- no así con el agudo grito de sorpresa que soltó cuando el otro le liberó de la cárcel de sus brazos y le alzó como si de una pluma se tratase sin mediar palabra alguna, tomándolo firmemente por ambos muslos, justo debajo del comienzo de sus redondeados glúteos.

Hiro se ruborizó con fuerza al descubrirse a horcajadas de las caderas de su hermano, y hubiera reparado en lo íntimo del contacto de sus pelvis si, casi tan rápido como le había alzado, el mayor no hubiera perdido el equilibrio y hubiera caído aparatosamente al suelo, arrastrándolo con él.

Un fuerte escozor se hizo presente en su espalda lumbar al impactar contra el suelo sólo con la fina alfombra blanca que yacía junto al fuego como toda amortiguación para su caída, y sin duda hubiera expresado su dolor en un grito más que audible si no fuera por la suave y cálida textura que selló sus labios en cuanto los separó para quejarse.

Exaltado ante el contacto extraño, Hiro abrió los ojos como platos por la sorpresa, buscando con la mirada aquello que le estuviera callando.

Y cuando dio con él estuvo a punto de creer que se había desmayado por el golpe, porque sólo en sus sueños Tadashi le estaría besando lentamente de la forma en que lo hacía, manteniéndolo inmóvil contra el suelo con el peso de su cuerpo y con sus caderas firmemente instaladas en el espacio entre las piernas abiertas del menor.

Hiro jadeó cuando los labios de su hermano se apartaron de los suyos, pero aprovechándose de ello Tadashi pronto volvió a apoderarse de ellos. El inventor gruñó de dicha al sentir los tibios y suaves labios del menor abrirse para él por el estupor, un sonido ronco y gutural que brotó desde lo más profundo de su garganta y que obligó al cuerpo del chico a estremecerse de deseo en respuesta, como si tuviera mente propia. El menor se removió inquieto ante el desconocido calor que embargó su cuerpo desde el tibio espacio entres sus piernas, y Tadashi se apresuró a deslizar una mano lentamente contra una de sus piernas, en un gesto tranquilizador que sólo logró poner más ansioso al chico. Jadeó contra los labios de su hermano, sintiendo como éste respondía moviendo lentamente los suyos en una caricia húmeda.

Hiro entrecerró los ojos apenas, notando como su visión se nublaba por las lágrimas que amenazaban con desbordarlos. Sin pensarlo bien, llevado por un intenso anhelo que le tomó por sorpresa, alzó ambos brazos sobre los hombros de su hermano y envolvió su cuello, ansioso de sentirlo más cerca.

¿Cuántas noches había soñado con que su hermano le besara de aquella forma?, ¿Cuántas veces le había asaltado el deseo de probar esos labios prohibidos?, ¿Cuántas lágrimas había vertido creyendo que aquello sólo quedaría en eso, en sueños húmedos y fantasías de colegial?

Y sin embargo allí estaba, con el cálido cuerpo de su hermano sobre él, siendo lo suficientemente imponente como para cubrirlo por completo bajo sí y, a la vez, comportándose con la delicadeza justa para darle lentas caricias en la pierna en un gesto tranquilizador, mientras con su mano libre, junto a su cabeza, sostenía el peso de su cuerpo para no aplastarlo.

Cuando los blancos dientes de Tadashi presionaron su labio inferior con delicadeza, pidiendo permiso para profundizar el beso, Hiro soltó un tembloroso suspiro y separó sus labios tímidamente, sintiendo un calor que nada tenía que ver con el fuego junto a ellos extenderse por su cuerpo cuando la ardiente lengua del mayor se adentró en su boca, junto a un gruñido de satisfacción por parte de su dueño.

Pero contrario a lo que esperaba, esto fue como un baldazo de agua fría para el menor, pues con su lengua el sabor de la cerveza fue perceptible para él, obligándole a estremecerse de asco y abrir los ojos de par en par nuevamente, horrorizado.

Sí, llevaba tiempo deseando que Tadashi lo besara como lo estaba haciendo y le tocara de aquella forma… pero en ese momento no era Tadashi quien le estaba besando, no bajo todos sus sentidos al menos, y cuando la cerveza desapareciera y fuera consciente de lo que habían hecho Tadashi no sería capaz de verse ni en un espejo, menos a Cass o a él mismo.

La parte egoísta de Hiro, la que ardía en deseos de ver saciado el cosquilleo abrasador que recorría cada parte de su sistema nervioso, gruñó que lo dejara pasar, que sólo se centrara en disfrutarlo. Y estuvo a punto de ganar cuando la mano que Tadashi había estado utilizando para acariciarle se asió firmemente a su muslo y le obligó a pegar su cadera a la del mayor, que comenzó a realizar lentos movimientos circulares sobre su pelvis, diseñados específicamente para hacerle perder la cabeza y que le obligó a tensar la espalda en un arco cuando le embargó un violento espasmo y soltar un jadeó ahogado.

Pero logró sobreponerse a duras penas. Él valía más que eso, Tadashi valía más que esto. Maldición, el amor que sentía por su hermano, fuera del tipo que fuera, valía más que todo aquello, y jamás le vería sufrir sólo por ver satisfechos los estúpidos deseos de su cuerpo.

-No- jadeó contra sus labios, ejerciendo algo de fuerza sobre sus hombros, deshaciendo el abrazo. Si Tadashi notó su resistencia de plano no le importó, pues trató de volver a apoderarse de sus labios como si no hubiera mañana. Desesperado, Hiro propinó un poderoso empujón a su hermano e inclinó su cabeza en dirección al sofá, poniendo sus labios fuera de su alcance-. ¡Tadashi, no!

El aludido reaccionó esta vez ante su grito, parpadeando repetidas veces con extrañez. Hiro decidió aprovechar su desconcierto para alejarse a una distancia segura de esos labios, pero aquellos largos dedos volvieron a cerrarse sobre sus muñecas, inmovilizándolo contra el suelo de nueva cuenta y sacando un bufido de frustración al chico.

-No-volvió a exclamar cuando los labios de Tadashi volvieron a abalanzarse en pos de los suyos, alejando su rostro otra vez-. Tadashi, suéltame, por favor- rogó, sintiendo una nada leve desesperación comenzar a embargarle, aunque no lograba entender a qué se debía. Pronto las lágrimas volvieron a inundar sus ojos cuando los intentos del mayor no cesaron, pues no sólo resistirse al toque de su hermano era difícil, sino que el saber que el motor de aquel deseo que lo guiaba no era otra cosa que el alcohol resultaba más doloroso aún.

Pero cuando el mayor comenzó a ser más insistente en sus intentos, regando de besos húmedos y oscuros la piel de su cuello y mejillas, al tiempo que se pegaba más a su cuerpo, Hiro descubrió algo más doloroso aún, algo que su hermano se encargó de aclararlo con un tono decidido que le estremeció sobre el suelo.

-No pararé- gruñó sobre su cuello, un gruñido bajo, animal, deseoso y posesivo que le erizó la piel. Cerró los ojos cuando la cálida lengua de su hermano se deslizó desde su mentón hasta su oído, el que delineó concienzudamente con la punta antes de susurrar junto a él-. Y no dejaré que vayas con Fred.

La desesperación aumentó inmediatamente ante aquella afirmación, y Hiro abrió los ojos como platos al notar de dónde venía.

El toque, la posición, la forma en que aquellas manos le inmovilizaban justo sobre la piel que hace poco más de dos semanas había sangrado en medio de una situación similar pero abismalmente diferente a la vez…

"No". Jadeó en su fuero interno, espantado. No, definitivamente no podía nunca comparar a su hermano con el bastardo de Rakitic…

Pero la desesperación, la impotencia, el miedo…

Ahogando un gemido de frustración cuando la cruel realidad de que temía a su propio hermano se hizo presente en su mente, Hiro volvió a luchar contra el agarre del mayor.

-E-Estás equivocado- acabó por exclamar, maldiciendo el tartamudeo provocado por los nervios. Fijó sus ojos en los del mayor, tratando de ignorar la forma en que las llamas del fuego se reflejaban en ellos, acentuando el propio fuego de deseo en la mirada de su hermano que parecía más que dispuesto a hacerle arder en sus llamas. Cuando su cuerpo entero tembló por la expectativa que aquello ofrecía, la desesperación de hacerle cambiar de opinión antes de que él mismo cayera en aquel juego causó que no pudiera hilar correctamente ni una mísera frase-. Fred y yo no… nosotros… W-Wasabi…

El terror se apoderó de él cuando una profunda ira brilló en los ojos de su hermano ante la mención del chico.

-Wasabi cree lo mismo que yo- gruñó, presionando con fuerza sus muñecas en inmovilizándolo con sus piernas al sentirle removerse bajo él. Volteó a verle para poder hablar mirándolo a los ojos, pero Hiro se estremeció cuando fue el mayor quien habló sobre sus labios, amenazante, posesivo-. Pero no permitiré que él te tenga, Hiro, porque tú eres mío.

Y ante tal afirmación, dicha con aquel brillo hambriento y deseoso en los ojos chocolate del mayor, Hiro se quedó de piedra por la sorpresa, antes de que los labios de su hermano volvieran a apoderarse de los suyos sin contemplaciones.

¿Entonces a eso se reducía todo?, ¿Aquella forma de actuar era sólo por causa de los celos de su hermano?

Hiro sintió un nuevo dolor apoderarse de su pecho, superando con creces a la frustración o el temor. Tadashi no hacía aquello por simple lujuria, ni siquiera lo hacía porque hubiera logrado entender en algo sus sentimientos. No, aquellos besos, aquella posesividad, aquel anhelo no eran más que los celos que despertaba en Tadashi el que hubiera preferido pasar su tiempo con Fred, aun cuando lo hubieran invertido en algo muy diferente en lo que él creía. Aquello no era deseo por él, era la muy singular versión de su hermano de la rabieta que un niño hacía si le quitaban un juguete.

Con la primera lágrima de frustración Hiro no pudo tolerarlo más, y sin pensar en la integridad de su persona, enterró son fuerza sus blancos dientes en el carnoso labio inferior de su hermano.

Tadashi ahogó un grito de dolor cuando el escozor en su labio le obligó a alejarse de la jugosa y cálida boca de su hermano. Frunciendo el ceño se relamió lentamente la zona afectada para calmar el dolor, sintiendo en la punta de su lengua el profundo relieve allí donde los dientes ajenos habían dejado su huella. Agradeció el no detectar sabor a hierro en el lugar.

Aquellas reacciones de gato que tenía eran sólo una de las características que hacía que constantemente comparara a Hiro con Mochi.

-¡Tadashi, por favor, para!- la voz de su hermano le obligó a bajar la mirada hasta él, aún preso bajo su cuerpo, con las muñecas firmemente sujetas a cada lado de su cabeza. Frunció el ceño con extrañez al ver la desesperación en sus ojos, y las alertas de hermano sobreprotector hormiguearon en su subconsciente, dispuestas a defender al chico de lo que fuera, sin saber que la única amenaza allí para Hiro era él. El menor volvió a hablar, claramente desesperado- ¡Por favor, tú no quieres esto!, ¡No quieres hacerlo!- soltó, y esta vez pudo notar como el dolor se colaba en su mirada nuevamente.

Tadashi parpadeó un par de veces, tratando de poner en claro su mente nublada por el alcohol. En el fondo algo le gritaba que lo que estaba haciendo no estaba bien, que su hermano estaba sufriendo y que, si seguía, podría llegar a arrepentirse toda su vida.

¿Pero de qué?

Bajó la mirada al chico nuevamente, en busca de respuestas. Pero se quedó de piedra cuando sus ojos chocaron de lleno con su pequeño hermano inmovilizado bajo él.

Bañado por el destello rojizo de las llamas el rostro de su hermano resultaba una imagen encantadora que, curiosamente, le trajo su sueño a la mente por causa de su similitud… Y descubrió que el Hiro real era mucho mejor. Su cabello siempre alborotado se vertía como tinta de medianoche sobre la blanca alfombra bajo sus cuerpos, enmarcando aquel rostro angelical y delicioso que ahora estaba cubierto por un notable rubor y unas pocas gotas de sudor que perlaban su piel, haciéndola ver aún más tersa y brillante que de costumbre.

Sus ojos chocolate refulgían con destellos ámbar a la luz de las llamas, más brillantes que nunca debido a las lágrimas que los desbordaban. Estaban llenos de un brillo de frustración y desesperación que, de una forma más que cruel y maquiavélica, les hacían parecer la mar de tiernos a ojos del inventor.

Siguió su camino descendente por el rostro de su hermano, encontrándose con el premio mayor, aquel que le obligó a estremecerse de deseo y a relamerse los labios. Y es que allí estaba la boca de su hermano, roja y brillante como la manzana prohibida que era para él, con sus labios inflamados y entreabiertos por los besos que acababa de propinarles, y pareciendo rogar con aquel atisbo de humedad que los volvía tan irresistibles por todos los besos que aun deseaba darles.

Se acercó, hipnotizado por ellos, deseando volver a probarlos, sólo para ver cómo se alejaban de él cuando Hiro ladeó su cabeza a un lado.

Aunque chasqueó la lengua, molesto, no pudo evitar reír entre dientes. La obstinación de su hermano era una de las cosas que más adoraba de él, casi tanto como la bonita forma en que sabía gemía su nombre.

Ahora que lo pensaba, ¿Por qué no lo estaba haciendo en ese momento?

-Claro que quiero- respondió por fin a sus intentos de detenerlo, ganándose en el acto una mirada confundida del chico. Continuó, rozando la ardiente piel de su oído al hablar-. Lo he querido desde el primer momento- confesó con una voz baja y grave, estremeciendo al chico y regodeándose en su reacción. Esbozó una sonrisa ladina sobre su piel antes de continuar-. Lo deseo desde la primera vez que gemiste mi nombre ensueños, desde que te vi retorcerte entre las sábanas, mientras me moría de deseos de hacerte todo lo que el yo de tu sueño estuviera haciéndote- dejó un suave beso sobre la ardiente piel antes de continuar-. Deseo tanto hacerte gemir mi nombre con mis propias manos, hermanito.

Hiro sintió como todo el aire de sus pulmones escapaba de su cuerpo en un tembloroso y sorprendido jadeo ante las palabras del mayor.

¿Aquello podía ser verdad?, ¿En verdad su hermano acababa de confesar que lo deseaba, que lo deseaba al menos de forma física?

Bueno, no sabía si era correcto exactamente el alegrarse por ello, pero Hiro no pudo evitar el calor especial que recorrió su cuerpo ante la esperanza que aquello despertaba en él.

Pero cuando Tadashi volvió a hablar, todo atisbo de felicidad fue opacado por la sorpresa ante su tono y sus palabras.

-Pero preferiste a Fred, ¿No es así?- gruñó sobre su oído, y el tono de reproche en su voz sonó demasiado obvio incluso para él en toda su inexperiencia. Pero debió ignorar eso por un segundo y cerrar con fuerza los ojos, embargado por la pena, cuando una succión en su oído le obligó a estremecerse-. Preferiste que fuera él quien te tocara de esta forma, ¿Verdad?- Hiro soltó un ahogado gimoteo cuando sus labios entreabiertos descendieron por su cuello en una lenta caricia, exhalando su cálido aliento sobre la sensible piel antes de besar ahí de forma apasionada, succionando lentamente la ardiente piel y sintiendo como las pulsaciones de la yugular del joven se disparaban bajo la sensible piel de sus labios. Cuando se separó había una sonrisa de satisfacción curvando sus labios al notar como casi de inmediato la zona comenzaba a adquirir un toque rojizo, aunque generaba una ambivalencia abrumadora con el reproche en sus ojos castaños al imaginar las que Fred pudo haber dejado por lugares a los que tal vez ni el mismo Hiro hubiera tenido acceso alguna vez- ¿Dejaste que te besara así?

Hiro jadeó, azorado. Sintió como todo a su alrededor comenzaba a dar vueltas. Los labios de Tadashi sobre él se sentían tan bien y sus palabras eran tan engatusadoras que debió concentrarse como nunca para volver forcejear contra él, luchando por no darse por vencido.

Tadashi bufó en respuesta, aún más enfurruñado al interpretar la falta de respuesta del chico como una afirmativa a sus palabras. Hiro volvió a tratar de alejarse, los ánimos renovados luego del gruñido molesto del mayor.

Éste enterró su rostro en el espacio donde su cuello se unía con su hombro, inhalando profundamente el suave aroma a café y vainilla que impregnaba la piel desnuda de su hermano.

-Creí que estabas seguro de tus sentimientos por mí, Hiro- susurró burlonamente sobre su piel, con un dejo desdeñoso y divertido, y amplió su sonrisa entre divertida y molesta al sentir como los intentos de resistencia del chico cesaban en el acto, dolido o apenado por sus palabras. El mayor continuó, cerrando los ojos-, ¿Tan voluble resultaste ser, hermanito?- ronroneó, y él mismo se sorprendió del dejó de dolor que se hallaba oculto tras toda burla en su voz.

Hiro tragó saliva, anonadado por las palabras del mayor. Tal vez quien no lo conociera sólo pudiera ver la diversión y la burla, pero para él, que lo conocía casi tanto o mejor que a sí mismo, el ligero dolor en su voz no pasó desapercibido.

-T-Tadashi- soltó en un susurro reflexivo, sorprendido… ¿Tadashi tal vez…?

Hiro hubiera divagado gustoso sobre lo que todo aquel dolor, lo que aquel reproche en la voz de su hermano podía significar, todo lo que escondía. Pero todo intento de pensamiento razonable desapareció cuando, de la nada, los blancos dientes de su hermano se enterraron con fuerza casi salvaje en la sensible piel de su hombro.

El escozor corrió por cada terminación nerviosa de su cuerpo, obligándolo a arquearse contra el mayor mientras las lágrimas afloraban en sus ojos, sólo para trepar por su garganta como una ardiente bola de fuego y salir como un grito que golpeó contra las paredes de aquella habitación y llenó cada rincón de la casa, rompiendo con el apacible silencio que reinaba en ella.


Dios, por Dios, no saben lo nerviosa que estoy mientras escribo esto. Incluso he revisado mil veces la última parte, no termina de convencerme a la vez que me encanta, y sé que ustedes o bien la odian o bien me quieren matar, pero sepan que en el próximo capítulo... alguien tendrá acción.

Sé que tal vez las cosas van rápido, pero considerando todo el tiempo que llevamos juntos creo que está bien que todo comience a avanzar y seguro piensan igual.

Ah, no sé ustedes, pero me encanta el trasfondo de Fred y Wasabi, realmente Fred es un personaje tan interesante para trabajar, tan apasionado, tan fácil de expresar dolor y felicidad, tan frágil y fuerte... Dios, lo adoro.

No sé qué más decir, salvo que me ENCANTÓ meter a la señora Matsuda, es la mejor y adoro a esas viejas desvergonzadas y, sobre todo, amo la forma en que Tadashi estuvo a punto de intervenir en defensa de su hermano... y como lo celó, lo amo y lo odio.

Y aguante la intervención de Wasabi con la llamada karateka y la investigación sobre Fred.

Bien héroes, creo que no hay más que decir, sólo espero de corazón que les haya gustado y que disfruten el próximo capítulo.

Besos y Abrazos, Mangetsu Youkai.

Balalalalalah~