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Why are you getting out from there?;

Atrofia.

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Para una mente fracturada, amor y odio bien podrían ser la misma palabra.

Mi-Noo terminó de ver el último obsequio de parte de Choi Shi-Hoon en su teléfono, sin volumen y de forma discreta. Sin lagrimas de por medio, sin un atisbo de desesperación, sin nada que revelase lo que en realidad sentía porque eso sería complacer a esos tres, y lo que menos necesitaba era dejarles saber que podían afectarlo más, que podían mellar su armadura luego de aquel ataque frontal que ejecutaron apenas inició el año académico.

En lugar de demostrar su irritación pasó de página y siguió observando.

Para una mente fracturada, con suficientes motivos de por medio y aquellas emociones violentas tan propias de lo que le había sucedido no existía la posibilidad de sanar así sin más. En el fondo, muy, muy adentro de su entumecido corazón, todavía había algo de amor por ella, y ese amor exigía revhanza.

Solo después de eso se permitiría olvidar.

Debe ser la quinta del día, y eso que es temprano–, pensó al tomar nota, –Otro rostro que añadir al proyecto–

El estudiar cómo operaba había sido por demás esclarecedor y sin embargo, no solucionaba en nada sus verdaderas dudas. Entendía que el tipo tenía carisma, entendía que era atractivo, muy inteligente, que tenía buen físico, que sabía lo que debía decir y conocía el momento adecuado para decirlo y jamás se dejaba amedrentar por una mala reacción.

Tenía más que claro que Choi Shi-Hoon era de la clase de persona que se ganaba la admiración de otros, por lo que no comprendía el que se fijase en alguien tan insignificante dentro de la escala social para atormentar. El que tuviese que añadir a la experiencia sexual de dos mujeres la humillación de un tercero no encajaba para nada con lo que había aprendido de otras personas que también eran dignas de admiración, aunque claro, aquellos solo se trataba de observaciones parciales.

Lo que realmente buscaba estaba en realidad, expuesto a flor de piel. Quebrando ese elemento, su muy oculto sadismo, Mi-Noo pudo contemplar lo que se ocultaba bajo la máscara.

Era sutil, y muy hábil a la hora de manipular.

Lo envidiaba y a la vez, lo aborrecía por completo.

–¿Entonces nos veremos más tarde?–

Vio a una de sus compañeras de clase, la misma que un par de días antes le sonriese al pedir unos apuntes, caer presa del hechizo de Choi Shi-Hoon.

La pobre, sonrojada y todo, negó con la cabeza y se despidió apenada. Estaba haciéndose la difícil para salvaguardar apariencias.

Habiendo aprendido una que otra cosa durante su periodo de observación, Mi-Noo logró sacarle algunos detalles sobre su vida privada a esa chica. Al parecer era hija única y ambos padres trabajan a tiempo completo para pagar sus estudios en una situación muy parecida a la propia, aparte de eso, era una chica bastante normal, linda por cierto pero nada especial.

No se comparaba en nada a Ji-A.

Al cabo de unos minutos apareció Sae-Hyun, charlaron en voz baja sobre el final del semestre y la necesidad de aprobar un par de cursos especialmente complicados. En un punto, Mi-Noo pudo sentir la mirada de alguien clavarse en su espalda, mas, no sucumbió a la tentación, no se giró hacía atrás ni les prestó atención. Se mantuvo relajado, revisando sus notas y corrigiendo alguno que otro detalle.

Mi-Noo sabía que no se quedarían por mucho, y al poco tiempo los dos partieron. Sae-Hyun no tendría más clases durante el día y Choi Shi-Hoon tenía una ventana que aprovecharía para visitar a Ji-A. Como era de esperarse, se quedarían los tres hasta después de almuerzo, luego Choi Shi-Hoon volvería al campus, tendría un par más de clases y se marcharía nuevamente a ver a Ji-A. En algún punto, encontraría entre sus cosas una nota y con eso bastaría.

No necesitaba hacer mucho más.

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Aquella noche ella despertó en medio de una pesadilla, su boca estaba seca, eso fue lo primero que notó.

Su boca estaba seca y tenía frío.

No sabía si estaba en su cama, ni siquiera sabía si estaba en su habitación, todo a su alrededor estaba fuera de foco, todo estaba borroso.

Alguien apartó el cabello de su rostro, hebras doradas entre los dedos de un desconocido que la observaba con preocupación.

No podía identificar su rostro, mas, creía reconocer la voz.

–Veo que ya despertaste–

Con algo de dificultad, logró alzar un brazo para así escudar su vista de la penetrante luz. Un halo plateado se difuminaba entre sus dedos, encendido cual arcoíris en sus bordes.

Desvió la cabeza a un lado, y allí junto a ella, en un punto apartado del día, lo vio a él, sumido en la oscuridad que pronto lo envolvió todo al apagarse su linterna.

Desde allí, habló.

–Bienvenida al final de esta vida, señorita Sae-Hyun–

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Ya casi era final de semestre, y con los exámenes encima muchos estudiantes blandían sus emociones a flor de piel. Así que mientras muchos intentaban en vano comprimir toda la información del periodo en unos pocos días, otros simplemente se doblegaban ante la presión y sucumbían a sus instintos base.

En un dormitorio apartado del campus, a poco menos de veinte minutos en auto, Ji-A contemplaba el muro desnudo de su departamento el cual lejos de parecerse a su cuarto allá en casa, permanecía siempre a oscuras, con las cortinas cerradas y el piso bastante sucio, atiborrado de envoltorios de comida rápida, bebidas energéticas y cenas instantáneas.

Sobre la cama deshecha, la silueta de Sae-Hyun se desdibujaba en el gris permanente que era tan propio de esa recamara, bien oculta bajo una manta en condiciones menos que prístinas todavía apestando a semen, licor y sus propios fluidos. Una mezcla propia del deprimente estado de sus vidas de estudiantes, sobreviviendo día a día con esa careta infeliz que sonreía con absoluta confianza, la cual demostraba al mundo lo maravilloso que era ser ella, la mujer joven que pronto se convertiría en una profesional, la que cumpliría con todas las expectativas que sus padres habían puesto sobre su persona.

Una risa nerviosa escapó de entre sus labios, ciertamente estaba viviendo el sueño, su yo de infancia de seguro se sentiría orgullosa si pudiese ver en lo que se había convertido.

Casi podía verse a si misma a esa edad, cuando todavía creía que el mundo funcionaba en base a la esperanza y sus egoístas deseos de niña. Ignorante, no inocente, porque ya desde entonces sabía cómo manipular para obtener lo que quería, y lo que quería era encontrar a alguien que pudiese igualar su juego, ver más allá de sus múltiples decepciones.

Y vaya que lo halló…

Sae-Hyun emergió de su capullo de tela al escucharla reír, ataviada en un elegante conjunto de lencería de encaje que contrastaba de forma violenta con el desprolijo estado de su rostro, con el lápiz labial embarrado sobre la mejilla izquierda y la sombra de ojos extendiéndose como neblina por sobre sus pómulos. Ji-A imaginó que cualquiera que las viese en ese estado no las consideraría más que un par de prostitutas baratas, y en cierto sentido, tendría razón, salvo por el detalle de que una prostituta al menos era compensada antes de dejarse humillar mientras que ellas dos ofrecían cama y comida al tipo que se las cogía y le agradecían por su atención.

Con algo de resquemor, esperó que la familiar sensación en su entrepierna le permitiese diluir la vergüenza y el asco junto con la excitación para así justificar su permanencia en ese cuarto, y sin embargo, Ji-A debía de admitir que luego de unos meses ya no era tan sencillo el entregarse así sin más.

Con el tiempo, le estaba costando más y más el verse al espejo cada mañana, en especial desde aquel maldito día en el que trajeron a Mi-Noo ante ella.

–¿Vas a decirme más sobre ese chico?, lo volví a ver hoy y me ignoró, creo que hay algo raro en él–

Sae-Hyun llegó a incorporarse a su lado, ambas enfrentando el muro desnudo desde el que antes colgase un espejo que Ji-A planeaba desechar, pero que por petición de Choi Shi-Hoon, ahora descansaba contra la puerta, de modo tal que ellas dos pudiesen verse siempre antes de contestar. Todo el asunto le había parecido muy cómico a su amante mutuo desde que sucedió lo de la humillación de Mi-Noo, por lo que sin importar que cualquiera de las dos protestara, el espejo se quedó allí, en caso de que llegase alguien a ver.

La joven pelinegra, notó Sae-Hyun, había convertido en hábito aquello de no verse al espejo, y a decir verdad, ese comportamiento le intrigaba, porque era obvio que estaba atado a Mi-Noo, con quien ninguna de las dos hablaba, que las evadía sin importar lugar ni circunstancia.

Ji-A humedeció sus labios con la lengua antes de escapar de aquello invisible que comandaba su atención, y que Sae-Hyun tan solo podía imaginar que residía en aquella pared vacía.

Algunas noches, la joven rubia escuchaba a Ji-A murmurar sobre una promesa, no siempre, claro está, solo cuando a su cuerpo se le permitía descansar, cuando Choi Shi-Hoon se dirigía a visitar a sus otras conquistas.

–¿Qué hay que decir?, nos conocimos siendo niños e hicimos una tonta promesa–, mencionó Ji-A con voz muerta, regresando sin más a su silenciosa contemplación.

Sae-Hyun contuvo la respiración y ahogó sus propios recuerdos de infancia.

En su tiempo, también conoció a alguien así, y al igual que Ji-A…

¡No!, no era conveniente pensar en ello, nada se ganaba viviendo en el pasado. Un día tal vez, en un futuro lejano y ya encaminada a una vida más estable se tomaría el tiempo de reflexionar, pero por mientras, se permitiría vivir en absoluta libertad.

–Ya veo, entonces, ¿no te arrepientes?–, preguntó la rubia.

Ji-A volvió a remojarse los labios al contestar, en lo que parecía ser el inicio de un tick nervioso.

–Claro que no, no digas tonterías–, sentenció de manera firme, –¿Por qué habría de arrepentirme por hacer lo que quiero?–

Sae-Hyun contempló dejar el asunto hasta allí, pero francamente estaba aburrida y no sabía cuándo regresaría Choi Shi-Hoon. Por otra parte, extrañaba un tanto la admiración de Mi-Noo y le daba curiosidad saber más de él.

El tiempo entre clases era bastante insípido sin su junior incluso si en total no se conocieron más allá de un par de horas.

–Sabes, cuando era pequeña, imaginaba que terminaría con alguien como Mi-Noo–, comentó la rubia.

Ji-A abrió los ojos de par en par.

–¿Hablas en serio?–

–Claro que hablo en serio, ¿qué acaso jamás lo has imaginado?, ¿estar con alguien que siempre te amó y esperó por ti?, entiendo que por ahora nos divertimos con tipos como Choi Shi-Hoon, pero a la larga hay que despedirse de ellos y buscar algo más sólido, algo más confiable–

La pelinegra no pudo evitar reír, logrando que Sae-Hyun frunciese el ceño.

–Mira quien lo dice–, habló Ji-A en medio de las carcajadas, –¿En qué clase de tonterías románticas piensas?, ¿alguien que siempre te amó?, más bien alguien aburrido y sin valor. No te engañes, tarde o temprano te cansarías de alguien así y volverías a los brazos de alguien como mi senpai–

Sae-Hyun frunció el ceño sin querer admitir que Ji-A en algo tenía razón. Por allí afuera tenía un par de novios "serios" pero al aburrirse de ellos, regresaba siempre con Choi Shi-Hoon, y ni siquiera le daba resquemor el compartir con otras chicas. Aquello de "exclusividad" simplemente no se aplicaba a su caso, mas, nada de malo le veía.

Era diversión sin compromisos, como debía de ser. Solo sexo y nada más.

Pero un día ya no sería suficiente.

–¿Es esa la clase de vida que quieres tener?–, preguntó Sae-Hyun más para si misma que para su amiga, la cual, impávida, contestó.

–No, pero ya que Mi-Noo me vio así, ¿qué más da lo que pase con él?, además eso solo sirvió para demostrar lo que ya sabía. Hice bien en olvidarme de alguien tan patético, ahora puedo hacer lo que se me venga en gana sin sentirme culpable–

Viéndolo así… A Sae-Hyun todo el asunto le sonaba a derrota.

–Si lo buscases ahora…–, comenzó a decir la rubia, buscando la mirada de Ji-A, –Si le prometieses que todo entre tú y Choi Shi-Hoon ha terminado, entonces de seguro él te recibiría con los brazos abiertos, porque los chicos como él, los chicos como Mi-Noo son de la clase que sabe perdonar–

Sae-Hyun tragó saliva, sorprendida por lo que había escapado de su boca, una declaración tan noble, tan pura, tan… Ridícula.

Esperaría esas palabras de una chica de primaria, o secundaria a lo mucho, pero no de una adulta, mucho menos de si misma que conocía el funcionamiento del mundo, con todos sus giros y sus vueltas.

–¿Hablas por experiencia propia?–, cuestionó Ji-A con evidente mofa, –¿En serio?, ¿de verdad te crees esas tonterías?–

Y así sin más, aquellas hermosas palabras se convirtieron en polvo, siendo tan volubles como la boca que las pronunció.

–¿Qué estás tratando de decir?–

Ji-A se puso de pie para dirigirse al baño, dando en todo momento la espalda al espejo. Desde allí, con la puerta abierta, siguió charlando, apoyándose sobre el lavabo.

–De seguro tú también conociste a un tonto que se enamoró de ti, y que te hizo sentir bien, así que le dijiste lo que esperaba oír para así sentirte bien contigo misma porque era lindo que te prestaran atención, que reconociesen lo especial que eres hasta que alguien mejor apareció y te diste cuenta de que su presencia te asfixiaba, que te aburría y que merecías algo mejor–

Agua corriendo, la luz blanca del tocador bañando la silueta desnuda de Ji-A que veía su propio reflejo buscando aquello que temía tanto volver a ver.

En un punto, unas cuantas semanas atrás, despertó de madrugada para encontrarse con su reflejo que la observaba presa de una extraña emoción, algo que le revolvía las entrañas, que la hacía sentirse pequeña y miserable.

Había olvidado el teléfono de Mi-Noo en cuanto conoció al senpai, e incluso antes, ya trataba de apartarlo de su vida.

¿Por qué había hecho eso?, ¿por qué su reflejo insistía en recriminarle por algo sobre lo que no tenía control?.

No lo sabía, no tenía ni la menor idea de lo que la llevó a seguir con esa mentira cuando fácilmente pudo haber cortado todo vínculo con Mi-Noo desde mucho antes.

–Obvio, no fue con malas intensiones, no fue tu culpa el que se lo creyese, y que no se diese cuenta de que las promesas de niñez no tienen valor alguno–

Hizo hincapié en ignorar el espejo de la puerta, pues solo allí surgía la manifestación. El baño era seguro, tanto el propio como el del campus, pero no el de la puerta, no el que Choi Shi-Hoon se empeñaba en conservar.

–Y así un día, te alejaste del triste barrio en el que naciste para estudiar en esta ciudad, y todo es diferente. Ya no es sobre ese tonto, ya no se trata de tu estúpido amigo de infancia del que creías estar enamorada–

Ji-A intentó ser lo más desapasionada posible, todo con tal de no revelar a Sae-Hyun lo que los terrores nocturnos traían. De seguro, pensó, la rubia debía de tener sus propios demonios, quizás demasiados similares entre las dos.

Suspirando, la pelinegra se dio por vencida y se alejó del tocador, sabiendo que cualquier intento por disimular lo que ocurría en esa habitación sería insuficiente. Las marcas eran sutiles, y así con todo lo suficientemente notorias como para que cualquiera que la viese desnuda notase que ella ya le pertenecía a alguien.

Si un día conocía a otro pretendiente, de seguro lo arruinaría todo con tal de no tener que salir de su habitación y exponer su cuerpo.

–Un hombre atractivo con una personalidad avasalladora se presenta ante ti y te dice que te desea, y tiene… No sé qué, algo especial, que hace que le creas. Así que te entregas a esa persona y te olvidas por completo del triste payaso que perseguía tu sombra allá en casa, y claro, con el tiempo se te hace sencillo justificarlo, con el tiempo crees haberlo olvidado porque no es la primera vez que lo haces, de hecho, ya estás acostumbrada a romper tus promesas–

Si un día conocía a otro hombre, ¿se daría cuenta de que había sido arruinada?.

–Si volvieses a casa a decirle a esa persona que la amas, ¿qué crees que pasaría?–, preguntó Ji-A.

Sae-Hyun intentó sonreír, emulando el valor que no sentía.

–Él me creería, digo, es un tonto, ¿no?, y lo único que quiere es que lo amen, así que me creería, y lo dejaría todo atrás para que fuésemos felices–

Ji-A resopló por la nariz, sorprendía ante la ingenuidad de Sae-Hyun.

–¿Por qué habría de hacer eso?–

La rubia se quedó sin palabras.

–Ya le demostraste que para ti las promesas no tienen valor, y que bastó algo de distancia para romper todo lo que él creía era especial–, murmuró Ji-A apoyándose en el marco de la puerta del baño, –Le habrías demostrado la clase de persona que realmente eres, y más que nada, siempre sentirías una pizca de desdén por él, siempre recordarías que lloró como un niño al ver que no eras especial ni honesta ni nada porque al final del día eres humana, y tienes derecho a ser tan imperfecta como se de te la gana–

Ver el rostro de Sae-Hyun desmoronarse no fue una experiencia gratificante para Ji-A, mas, era lo que debía de suceder.

La verdad era que ninguna de las dos estaban hechas para vivir con tipos inferiores como Mi-Noo, y eso no cambiaría.

–Siempre le recriminarías su debilidad, incluso si no es su culpa, incluso si fuiste tú misma la que lo empujó a eso–, concluyó la pelinegra, –La que todo el tiempo lo daba por sentado, la que olvidó todas las fechas importantes, probando siempre su paciencia, su fidelidad a cambio de nada. Te convertirías en alguien incapaz de mirar a sus propios padres a la cara sin morir de vergüenza al recordar lo que le hicimos–

Relamió y relamió sus labios, rascando nerviosamente la madera del marco, ante la incómoda mirada de Sae-Hyun.

–No, así es más fácil. Un día, ojala pronto, él me olvidará, o si me recuerda sentirá desprecio por mi, y no pensará en hablarme, ni siquiera intentará acercarse a mi–

Sae-Hyun negó con la cabeza, pues el concepto de que su tierno junior la olvidase le era imposible de concebir. Shi-Hoon era, a final de cuentas, una diversión, una muy costosa y demandante diversión, pero nada más que eso.

Eventualmente curaría su adicción y encontraría a alguien como Choi Shi-Hoon pero fiel, o en su defecto a alguien como Mi-Noo al que pudiese moldear.

Todo el asunto de ser la "esclava sexual" de su amante era temporal, algo que vivir mientras cursaba sus estudios y que abandonaría en cuando consiguiese un diploma para comenzar a vivir en serio.

–Te equivocas–, respondió la rubia con absoluta seguridad, –Estás en un error, podría hacer que me ame de nuevo, podría tenerlo así, sin siquiera esforzarme–

Asintiendo para si misma, Sae-Hyun se puso de pie y se plantó frente a Ji-A.

–Podría olvidarme por siempre de los tipos como Choi Shi-Hoon, podría vivir sin ellos y ser feliz con mi propio Mi-Noo, quizás incluso lo escoja a él y sane su corazón. ¿No sería acaso gracioso?, es un escenario tan cliché que jamás se te ocurriría, pero yo puedo hacerlo realidad ahora mismo–

Ji-A estalló en carcajadas.

–¿Ser feliz dices?–, preguntó al borde de las lagrimas, sujetándose el estómago y doblándose de forma exagerada.

–Un día saldré de aquí, y me olvidaré de Choi Shi-Hoon, entonces encontraré a alguien decente–, afirmó Sae-Hyun, –Ya lo verás, todo esto no es más que una pequeña distracción, diversión sin consecuencias si es que eres lista como yo. Esta es la época en la que podemos ser libres pero después, tendré a alguien que no sea un mujeriego, alguien con quien envejecer y tener una familia cuando llegue el momento–

–Ya has tenido de esos y siempre lo arruinas–rebatió Ji-A sin poder concebir la inocencia de su compañera, ¡y eso que era un año mayor!.

Tendría que explicarle bien, dejarle en claro a Sae-Hyun que no había un señor perfecto a la vuelta de la esquina, porque lo que ellas querían no era a un tipo blandengue como Mi-Noo, y nada ni nadie, ni ninguna medida de convicción temporal alterarían eso.

–Tú y yo somos adictas, y no podemos ni queremos detenernos. Está es nuestra vida, ¡esto es todo lo que somos y no deseamos nada más!–, exclamó Ji-A extendiendo los brazos, –¿Ves este lugar?, es igual al tuyo, de hecho no creo que hayas pasado por tu propio departamento en meses. Esa es la vida que llevamos, es lo que somos–

Sae-Hyun contempló el triste estado de su vida, y muy a regañadientes tuvo que admitir que era cierto. Durante los últimos meses había dejado dar rienda suelta a su adicción y ya estaba comenzando a sufrir las consecuencias. Falta de sueño y abuso de medicamentos a un lado, estaba el coste social a considerar, pues si su familia se enteraba del modo en el que vivía, no estaba muy convencida de que lo aceptasen así sin más.

Aún así, no quería dar el brazo a torcer. Seguía convencida de que eventualmente cambiaría.

–No es cierto, un día dejaré todo esto atrás–, comentó con falso bravado, –¿Y por qué no habría de escoger a alguien como Mi-Noo?, podría robartelo sin esforzarme, siempre que sea más fiel que tú lo que no sería ningún desafío lograr que me ame–

Ji-A sacudió la cabeza cruzándose de brazos.

–Claro, como si fuese a dejarte–

–¿Estás celosa?–, preguntó la rubia con bastante incredulidad, –Quiero decir, me sorprendería después de lo que hemos hecho desde la última vez que lo viste–

La pelinegra vio a Sae-Hyun con asco.

–Para nada–, espetó cortante, –Pero no por eso está bien que alguien como tú le haga daño. Mejor deja que viva su mediocre vida lejos de nosotras y conozca a una chica tan insípida y común como él–

Típico de niña malcriada, pensó Sae-Hyun, el quejarse porque alguien más deseaba jugar con sus cosas, incluso si la misma Ji-A decía no sentir nada por él.

No que ella fuese diferente, pues a final de cuentas, por egoísta que pareciera al menos Ji-A lo estaba dejando ir. De todos modos, Sae-Hyun no planeaba en realidad aprovecharse de su junior. Ya suficiente crueldad le había enseñado al dejarle ver en lo que su querida Ji-A se había convertido, pero tal vez, a futuro, en cuanto Choi Shi-Hoon ya no fuese un factor en su vida y Mi-Noo creciese un poco más, entonces quizás se arriesgaría.

–Se ha tardado mucho–, murmuró Ji-A impaciente, –Se suponía que sus clases terminarían antes, ¿crees que se haya pasado a ver a alguna de primero?–

–Quizás–, contestó Sae-Hyun imaginando que aparte de una cita, existiría solo otro motivo para que Choi Shi-Hoon se retrasase, –Es eso o lo está acosando otra vez–

–Si lo hace debe ser en secreto porque le pedí que se detuviera–

Sae-Hyun sacudió la cabeza, preguntándose como alguien tan lista como Ji-A podía ser así de ingenua para no comprender que ellas no eran las novias ni amantes ni nada de Choi Shi-Hoon, que a lo mucho, calificaban como un polvo regular, una de las muchas amistades fáciles con las que coger cuando no habían nuevas conquistas.

No existía afecto entre los tres, ni confianza ni nada por el estilo. Lo que hacían, lo hacían porque se sentía condenadamente bien, y eso era todo.

–Ok, ambas sabemos que porque le pidas algo no significa que lo vaya a hacer–, explicó Sae-Hyun, –¿O de verdad te tragaste toda su mierda romántica?, porque eso sería realmente patético–

Ji-A se sonrojó y miró al piso.

–Es lo que imaginé–, escupió Sae-Hyun, –Y crees que yo soy la ingenua…–

–Quería traerlo de regreso–, susurró Ji-A, –Ya sabes a lo que me refiero–

La rubia recobró la compostura, preguntándose si de verdad repetirían eso, si sería capaz de humillar a su junior nuevamente.

–Oh… No me lo había dicho–

–Al parecer, le pareció muy cómico la primera vez, y como no se ha dejado amedrentar quiere repetir la experiencia–, explicó la pelinegra, –Sabes que comenzó con un trío, y ahora hasta tiene videos de lo que hacemos, así que quizás se aburrió de todo y esta es la manera de revivir la chispa–

–Ji-A, sabes que entre las dos hemos hecho cosas bastante arriesgadas pero esto…–, dijo Sae-Hyun consternada, –No podemos permitírselo. Es en serio Ji-A, el pobre no se lo merece–

Ji-A volvió a sentarse sobre la cama a esperar, temiendo que en cualquier minuto, Choi Shi-Hoon abriese la puerta trayendo consigo a Mi-Noo, sabiendo, para su desgracia, que no lo detendría.

–Va a pasar quieras o no–

Antes de que la rubia pudiese protestar, Ji-A la silenció.

–No tenemos vida afuera de esta habitación, después de convertirnos en sus perras toda nuestra existencia se redujo a una entretención para Choi Shi-Hoon. Si nos lleva al karaoke es para cogernos, si nos lleva a comprar ropa, es para cogernos, si salimos con sus amigos es para que nos manoseen mientras que él nos coge–

La pelinegra no sabía si reír o llorar, ¿para eso se había esforzado tanto en sus estudios?, ¿para ganarse un cupo como receptáculo de semen de un playboy?, ¡allí estaba la chica más linda e inteligente de toda su clase!, ¡la más admirada y envidiada!.

Vio a Sae-Hyun e imaginó que sería lo mismo para ella, que a final de cuentas, las dos existían para llenar cualquier necesidad emocional y sexual que Choi Shi-Hoon tuviese y para nada más servían, y claro, el plan de la rubia no era del todo descabellado, un día tendrían que despertar del trance y darse cuenta de que Choi Shi-Hoon no se conformaría con una puta entrenada y domada cuando tenía todo un universo de hembras mejores que ellas dos a su disposición, y ellas, claro está, seguirían en el mismo circuito hasta encontrar un tonto con el cual conformarse, con el que vivirían intentando en vano no dejarse llevar por sus adicciones.

Lo que Sae-Hyun parecía no comprender era que nunca se librarían por completo del apetito que ChoiShi-Hoon había despertado en ellas, y que a la larga, terminarían por recaer. Lo suyo no eran más que fantasías, tontos sueños que Ji-A sabía jamás se convertirían en realidad.

–La mitad de nuestras amigas están celosas de nosotras por pasar tanto tiempo con alguien así de popular, el resto, pues piensan que somos un par de putas y nos mantienen a distancia, como si fuésemos contagiosas–, escupió Ji-A, –Eso sin contar que hay un montón de primerizas que nos odian por monopolizar a Choi Shi-Hoon, y a pesar de todo, queremos más, así que no sé que te hace creer que podemos detenerlo o que siquiera lo intentaremos–

Sae-Hyun se mordió el labio inferior, debía pensar en algo para salvar a su junior, cualquier cosa serviría.

–Aún así, deberíamos advertirle–

–Intenté sabotear sus estudios para hacerlo volver a casa–, confesó Ji-A –Pero al parecer eso solo lo animó a seguir. El muy estúpido nunca fue tan aplicado como ahora–

–Quizás lo intenta como una manera de superarte–, razonó Sae-Hyun, –Tal vez quiere demostrar que puede vencerte a ti y a Choi Shi-Hoon en algo–

Ji-A sacudió la cabeza, –Siempre fue un estudiante mediocre así que dudo de que lo logre–, dijo, –La verdad, me sorprende que haya conseguido llegar hasta aquí, pero eso ya no es importante. Pasan de las once, mi senpai ya debería haber llegado–

–¿Todavía nada?–

Revisaron sus teléfonos esperando ver alguna llamada perdida, o un mensaje.

Nada, hasta que unos minutos después, alguien intentó abrir la puerta.

–Ese debe ser él–, murmuró Ji-A.

Sae-Hyun se adelantó a abrir la puerta, –¿Se fue sin sus llaves?–, dijo la rubia un tanto sorprendida, –Que raro, no suele olvidar nada–

Ambas mujeres lo vieron de pie en la entrada, en donde se mantuvo con la boca abierta y una expresión bovina que en nada encajaba con su rostro.

Sae-Hyun tomó su mano y jaló de ella.

–Choi Shi-Hoon, ¡me preocupaste!, ¿por qué tardaste tanto?–

–Hazte a un lado–

Su voz sonaba hueca, mecánica, no más que un murmulló escapando de sus pálidos labios.

–¿Estás bien?, te ves algo demacrado–, dijo Ji-A, –Ya entra, debiste decirnos que te sentías mal–

Choi Shi-Hoon dio un par de pasos antes de desmoronarse en los brazos de Sae-Hyun. Entre ella y Ji-A, lo cargaron a la cama.

Temblaba y sudaba copiosamente, tanto que ya había empapado su camisa. Las dos estaba tan preocupadas que no vieron cerrarse la puerta ni a la cuarta persona que entró.

Los observó a oscuras, aquel grupo iluminado por la luz proveniente del baño que cubría no más del lecho en el que los tres se encontraban, con Choi Shi-Hoon en medio y Sae-Hyun y Ji-A a su alrededor. No fueron conscientes de que tenían compañía hasta que la luz de una linterna los encandiló.

–Les explicaré lo que va a suceder, ¡no se levanten!–, demandó el extraño mientras que ponía a contraluz un filoso cuchillo, –Permanezcan en la cama y relájense, no queremos que ocurra algún accidente–

Ji-A contuvo el aliento y Sae-Hyun se puso a temblar, Choi Shi-Hoon por su parte se relamió los labios y se preguntó si acaso al fin lo ayudarían.

El extraño arrojó sobre el pecho del estudiante una bolsa plástica junto con una botella de agua y algunas láminas con varios diseños.

–Choi Shi-Hoon, ya sabes lo que tienes que hacer–, susurró el desconocido que permanecía en la oscuridad, apagando al fin su linterna.

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Sueños inconexos y vértigo, en su entrepierna una conocida viscosidad que poco y nada aliviaba las secuelas de aquello de lo que tan solo sospechaba. Despertó de un profundo sueño sin recordar cómo ni cuándo cayó dormida.

A su alrededor, la habitación oscura ofrecía nulo confort salvo por la luz residual del baño.

Estaba sola.

Le costó recobrar el sentido de si misma, el saber que se encontraba desnuda sobre una superficie mullida, que el aire estaba húmedo y su piel ligeramente pegajosa, que existía una pesadez sobre sus miembros y un dolor constante en sus costados y sus hombros.

Su mejilla izquierda ardía y ella no tenía ni la menor idea del motivo.

Deseaba cerrar los ojos y volver a desaparecer…

–¿Qué me pasó?–

–Eres la última en despertar, que mal por ti Ji-A–

A su mente vino la silueta del desconocido con su cuchillo, tenue en contra de la luz, contemplando a Choi Shi-Hoon que al parecer colapsaría en cualquier momento.

La joven de cabello negro respiró profundamente, sin tener idea de si acaso ese se convertiría en su último suspiro.

Súbitamente lo tuvo encima, oscureciendo toda luz a su alrededor.

Ji-A dejó escapar un lastimero quejido al verse reflejada en la hoja de acero, que mellada y todo lucia completamente aterradora.

No quería morir, ¡no así!. Todavía le quedaba mucho por lo que vivir, mucho que hacer y ella…

Luego lo escuchó reír.

–Relajate–, pidió el extraño al alejarse, –Créeme, lo menos que quiero es cortarte. Ahora quedate tranquila para que pueda explicar un par de cosas–

A pesar del tiempo que los separaba pudo reconocer su voz, el timbre usualmente amable y algo dubitativo que lo había convertido en el confidente ideal durante buena parte de su infancia seguía presente, solo que ahora, había algo más, un elemento de incertidumbre que no le gustaba para nada.

Estaba demasiado oscuro como para verlo bien, por lo que al principio no lo reconoció, pero estaba segura de que se trataba de Mi-Noo.

–¿Qué fue lo que pasó, qué me hiciste?–

Mi-Noo se acercó nuevamente y con delicadeza humedeció los labios de Ji-A usando un paño húmedo.

–Estuve estudiando–, le dijo, –Quería entender lo que eras–

Ante la mirada de incredulidad de Ji-A, Mi-Noo suspiró y se alejó.

–Bueno, si en verdad quieres saber, sentía curiosidad sobre tu personalidad, sobre quién eres realmente–, murmuró, –Nos conocimos desde siempre, y te amé desde que tuve noción de ese concepto, por eso deseaba entenderte, además de que la idea de tenerte a mi disposición me pareció irresistible–

–¿Qué?, ¿es mi cuerpo lo que deseas?, pues si vas a violarme adelante, ¡hazlo!. No creo que sienta nada con esa cosa patética que tienes entre las piernas–, replicó Ji-A mofándose.

La joven pelinegra saboreó su aparente victoria al verlo retroceder, de seguro ocultando las lagrimas que sabía tan fácilmente surgirían de sus ojos, y es que a pesar de que durante toda su vida Ji-A le guardó cierto respeto por su fidelidad, todo aquello había sido sepultado el día que lo vio correrse mientras que a ella la cogían.

Había sido algo tan triste que Ji-A sencillamente no podía pensar en Mi-Noo sin sentir pena y un tanto de asco por haberse ilusionado con alguien con quien no tenía oportunidad, por haber llorado como un niño al darse cuenta de que sus sentimientos jamás serían reciprocados.

Su valentía le duró poco a Ji-A, pues lejos de mostrarse herido, Mi-Noo comenzó a reír.

–¿¡Qué crees que es tan gracioso!?–, preguntó escandalizada, antes de que Mi-Noo la sujetase del cuello.

Ji-A intentó mostrarse desafiante.

–Es natural que me subestimes, después de todo, soy infinitamente inferior a ti en prácticamente todos los sentidos, y a pesar de ello… Te tengo aquí–, contestó Mi-Noo, –Bastante humillante, ¿no lo crees?–

Ji-A frunció el ceño, ¿cómo podía ser que un inepto del calibre de Mi-Noo la superase?, no tenía sentido, no era correcto.

Juntando valor, Ji-A intentó levantarse, mas, apenas logró alzar los brazos antes de que un dolor punzante la obligase a detenerse.

Detrás de la máscara, estaba segura de que Mi-Noo seguía sonriendo.

–Ojala pudieses verte tal y como yo te estoy viendo Ji-A, eres patética–

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Sae-Hyun trató de no gritar al recibir el chorro de agua helada, no que tuviese mucho más que hacer con la punta del cuchillo de Mi-Noo posicionada en medio de sus senos.

–Te pedí que te mantuvieses quieta y me desobedeciste–

La bañera estaba gélida y el agua todavía más. El frío era insoportable.

Quería huir, quería desaparecer.

–Te lo pedí de la mejor manera, fui gentil, y a pesar de todo me insultas y desprecias mi bondad–

No tenía idea de lo que pasaba por la mente de Mi-Noo, no quería siquiera imaginar la clase de monstruo que se ocultaba detrás del muchacho amable que conociese tantos meses atrás y que ahora amenazaba su vida.

Casi no parecían ser la misma persona y a pesar de ello, Sae-Hyun no tenía ni la menor duda de que detrás de la máscara se encontraba Mi-Noo. Lo reconoció de inmediato por la voz, que ajena a sus acciones no revelaba en nada el aire de violencia contenida que provenía de su atacante.

–¿Crees que me da placer hacerte esto?, ¿que soy la clase de enfermo que se excita por degradar a una mujer?–

Negó con la cabeza, con los dientes castañeando y las palmas hacía adelante en señal de sumisión. Quería aplacar a Mi-Noo, tratar de razonar con él para que al menos detuviese el chorro de agua y le diese tiempo de respirar.

Se moría de frío, temblaba como una hoja en el pequeño cuadro de la ducha.

Finalmente, Mi-Noo cortó el flujo de agua, se levantó y cogió un par de toallas con las que comenzó a secar a Sae-Hyun. Ella notó que fue en extremo cuidadoso de no tocar sus partes púdicas, y que en ningún momento fue brusco.

Era irreal que el mismo sujeto que le pusiese un cuchillo contra el pecho mientras que intentaba ahogarla ahora pareciese preocuparse por ella.

De seguro, pensó ella, se trataba de un juego mental, una forma nada sutil de quebrar su confianza y hacerla vulnerable, y lo peor es que estaba funcionando.

En cuanto acabó, Mi-Noo volvió a apagar la luz y se sentó sobre la tapa del retrete.

–Sabe señorita Sae-Hyun, cuando la conocí, no pude evitar admirarla–

Sae-Hyun hubiese mentido al decir que no lo notó con lo obvio que era Mi-Noo a la hora de demostrar sus emociones, el pobre chico sencillamente tenía demasiado corazón, incluso si por cortesía muchas veces parecía preferir guardarse su opinión.

Era muy amable, de la clase de persona que a la rubia le encantaba tener cerca y a la vez…

–Honestamente, no pude evitar sentirme dichoso al creer que con el tiempo usted también sería una amiga–, confesó el muchacho, –Una persona tan madura, tan confiable y a la vez, cálida. Usted me daba esa impresión–

–Mi-Noo–, susurró Sae-Hyun con dificultad, –Yo… Yo de verdad lo siento, lamento mucho el haberte engañado. Nunca fue mi intensión humillarte, no quería tratarte tan mal–

Mi-Noo ladeó la cabeza, tras su máscara, era imposible el adivinar sus expresiones.

–¿Engañarme?, no, al principio no. Debe de haber existido algo de esa persona, ¿no es así?, en algún punto, usted era esa persona–

Sae-Hyun tragó saliva, sintiendo desconfianza y terror. Una palabra mal dicha, una expresión malinterpretada y estaba segura de que todo acabaría.

Aún así sentía que debía arriesgarse, más si Mi-Noo se mostraba de buen humor.

No se movería, no sin su consentimiento.

Mantendría la calma, eso haría, se mantendría en calma y apelaría a la humanidad de su junior.

–Mi-Noo, tengo mucho frío–

Sae-Hyun lo vio asentir antes de levantarse para ayudarla a sentarse sobre el retrete y así luego cubrirla con otra toalla. Con aquella, se habría gastado las tres que Ji-A mantenía en su departamento.

–En fin, como le estaba diciendo, estoy seguro de que usted en realidad es la persona madura y bondadosa que conocí el primer día, también sé que para usted yo soy escoria–

–¡No es cierto!–, se apresuró a replicar Sae-Hyun, –Por favor, sé que te ofendí, pero ese fue mi error y no el tuyo. No te merecías lo que te hicimos–

La joven rubia sintió el filo del cuchillo recorrer sus piernas, cortando las medias de encaje que apenas unas horas antes se calzó y que no pensaba quitarse hasta que estuviesen por completo arruinadas.

La tela cedió casi de inmediato, cayendo al suelo inutilizada, empapándose de la humedad que bañaba las baldosas.

–No se trata de merecer–, susurró Mi-Noo, –Señorita Sae-Hyun, jamás se ha tratado de eso. Amor, justicia, lealtad… Esas son cosas que se entregan libremente, usted debería saberlo, usted misma me enseñó esa lección. Fue ignorante de mi parte el esperar que una desconocida como usted me tendiese una mano, error mío, lo sé. Debí darme cuenta antes de que usted solo jugaba conmigo porque alguien importante se lo había pedido, porque todas esas cualidades maravillosas que la describen no aplican a alguien a quien usted no puede admirar–

Sae-Hyun quiso gritar al sentir el filo recorrer sus muslos para luego subir por su vientre y tocar su pezón izquierdo.

–Eres una criatura perfecta, Sae-Hyun, incluso gimiendo como una cerda en celo, con el rostro embarrado de semen y oliendo a sudor y orina sigues siendo preciosa–

–¡Por favor dejame ir!–

Mi-Noo ignoró las quejas de la rubia al escuchar ruido proveniente desde el departamento. Su tiempo con Sae-Hyun se acababa.

–Al parecer ya despertó–, murmuró decepcionado, –Bueno, qué se le va a hacer. Que sea esta nuestra despedida, señorita Sae-Hyun, y gracias por enseñarme lo precioso que es su amor por Choi Shi-Hoon y Ji-A, ellos dos son muy afortunados de tenerla–

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Ji-A había escuchado ruido desde el armario, un golpe firme que hizo eco en la habitación.

Debe ser mi senpai, Mi-Noo apuesto a que lo encerró para que no pudiese salvarme

Convenciéndose a si misma de que no todo estaba perdido, decidió que nada arriesgaba con enfrentarse a Mi-Noo. A final de cuentas lo suyo no era más que un ridículo berrinche que se había salido de control.

En el peor de los casos intentaría cogérsela, pero siendo él alguien tan patético de seguro acabaría antes de empezar.

Una sonrisa valerosa dominó su rostro, ¿a qué le tenía miedo?, ¿a Mi-Noo?, pues de ningún modo, no era posible que alguien así pudiese de verdad amedrentarla.

–¿Y al final vas a violarme o no?, porque después de tu vergonzoso desplante del otro día sé que no debo preocuparme, no con una "cosita" tan patética como la tuya, Mi-Noo–

Era tan difícil interpretarlo sin poder verlo, en el pasado su rostro era un libro abierto, todos sus secretos fluían sin control divulgando cada pequeño pensamiento como si fuese digno de ser escuchado, aunque claro, ciertas cosas se las guardaba, las que hacía obvias con su conducta.

Su amor, su cariño, ya no le resultaba tierno a Ji-A. Desde hacía mucho que se avergonzaba de tenerlo cerca.

–¿De verdad te da tanto miedo decepcionar a otra mujer, asqueroso virgen, que tienes que violar a alguien para sentirte fuerte?, si quieres puedo gemir, puedo fingir que me gusta–

Mi-Noo no necesitó hacer mucho, de hecho, fue su inacción lo que más sorprendió a Ji-A.

La dejó a oscuras, apagó su linterna y sencillamente se desvaneció.

El golpeteo resumió tanto en frecuencia como intensidad, Ji-A contó hasta cien, escuchó el golpe, luego volvió a contar hasta cien, y de nuevo escuchó el golpe.

Abrió la boca sin saber qué decir o qué hacer, de seguro, Mi-Noo seguía allí, esperando a que ella cometiese un error, a que se levantase para así atacarla.

–Vaya, esperaba que fuese efectiva, pero no a tal grado–, lo escuchó decir muy cerca de ella, con su aliento rozándole el cuello.

Ji-A se volteó violentamente a un lado y sus ojos se llenaron de lagrimas antes de que Mi-Noo la sujetase de los hombros y la volviese a acostar sobre su espalda. De la boca de la joven escapó un lastimero gemido de dolor que le hizo arder la garganta.

–Cuidado–, advirtió Mi-Noo, –No quiero que te lastimes–

Ji-A hizo rechinar los dientes, no quería darle la satisfacción a Mi-Noo de oírla gritar. Ya suficiente era la humillación de no poder moverse sin sentir que todo su cuerpo colapsaría.

–Te daré algo para el dolor y no quiero quejas, no deseo convencerte como tuve que hacer con la señorita Sae-Hyun–

La joven pelinegra tragó saliva al sentir movimiento tras su cabeza. Mi-Noo debió haber tenido una almohada para ayudarse, porque lo siguiente que supo era que estaba sentada.

–Bebe, y procura no ahogarte–

En cualquier otra circunstancia le hubiese escupido en la cara, mas, no contaba con ese lujo. Su senpai no venía, y ella no estaba en condiciones de pelear.

Sintió el cristal frío posarse en sus labios y bebió con calma, su boca estaba seca, su garganta todavía más, por poco y pierde el control de no haber sido porque su mellada dignidad se lo impidió.

Mi-Noo estaba muy cerca de ella, prácticamente sosteniéndola con su propio cuerpo.

Su voz era suave y tranquila, Ji-A no pudo suprimir los escalofríos que sintió al escucharlo hablar.

–Luego de una productiva jornada de estudios Choi Shi-Hoon volvió al departamento de una de sus amigas para reunirse con ella y su amante, allí, les compartió unas láminas de ciertas sustancias que resulta estaban adulteradas. No teniendo experiencia previa con esa clase de cosas, les fue imposible el prever que actuarían como animales–

–¿Qué fue lo que hiciste?–, preguntó Ji-A consternada.

Mi-Noo se aclaró la garganta al contestar.

–¿Yo?, nada, pero ustedes tres hicieron mucho. No tienes idea de la cantidad de daños que provocaron ni de las malas decisiones que tomaron–

La joven pelinegra negó con la cabeza, ¿drogas?, ella no consumía nada de eso, nada que no le hubiese sido recetado por un doctor y solo cuando las presiones de la vida universitaria se volvían insoportables.

–No me mientas Mi-Noo, tú hiciste algo–

Ji-A podía imaginar su sonrisa, su satisfacción al haberla superado no solo a ella, sino también al senpai y a Sae-Hyun.

–Solo me senté a ver como destruían sus vidas–

Fragmentos del día anterior se agolparon en su cabeza, recuerdos inconexos de deseo y violencia.

–Me senté a ver como se degradaban los unos a los otros, como se quebraban y reían–

Ji-A explotó por la ira.

–¿Qué es esto?, ¿venganza por romper una tonta promesa de niños?, ya madura maldito demente, no me gustas, lo que es más, ¡ni siquiera me agradabas!, ¡no tienes idea de lo feliz que fui al no tenerte ya más pegado a mi sombra!–

Quería hacer mucho más que escupir en el rostro de Mi-Noo, ¡Ji-A deseaba arrancarle los ojos!, quería verlo destrozado, quería verlo nuevamente humillado, ¡vencido!, y nada podía hacer, ninguna maldita cosa porque ese enfermo la había dominado desde el inicio, desde que entró en el departamento con Choi Shi-Hoon.

Su frustración se volvió insoportable, ¿cómo era posible que el mismo niño que nada podía hacer por su cuenta se burlase de ella?, no era correcto, ¡no era lógico!.

En su arrebato trató de golpearlo, empujando su cuerpo contra Mi-Noo, tratando de darle codazos a pesar de que sus miembros ardían de dolor con cada impacto.

–¡Te desprecio Mi-Noo!, ¡Te desprecio como no tienes idea!–

Quería hacerlo gritar, decir algo, lo que sea, pero Mi-Noo permanecía inmóvil, Mi-Noo seguía sosteniéndola a pesar de todo y eso la asqueaba.

¿Cómo se atrevía a mostrar lastima por alguien como ella?.

–Desearía que desaparecieras Mi-Noo, desearía no tener que volver a verte–

Ji-A lloró amargamente, ¿por cuánto tiempo?, pues no tenía ni la menor idea. Su pecho se sacudía con cada sollozo, sus lagrimas y el sudor le dejaron el rostro húmedo, helado y pegajoso conforme una secreción trasparente se filtraba por su nariz y ella se sacudía cada vez más despacio.

De seguro se veía patética…

–Gracias por ser honesta–

Para sorpresa de nadie, Mi-Noo eligió no burlarse de ella, él simplemente no era así lo que hacía de la experiencia de ser su presa algo todavía más insultante, pues ya no podía atribuir su amabilidad a la debilidad que siempre lo caracterizó, no en esas circunstancias.

Sacudiendo la cabeza, Ji-A se preguntó si acaso todo eso pudo haberse evitado desde un inicio, y se dio cuenta de que en realidad, pasaría tarde o temprano. Había demasiado entre ella y Mi-Noo como para ignorarlo, mucha historia compartida, muchos recuerdos que creía con el tiempo se desvanecerían para poder un día pretender que hubo bondad en sus actos, del mismo modo que tantas otras historias acaban.

A final de cuentas, Ji-A no tenía a nadie a quien culpar sino a si misma, eligió el peor modo de acabar con su relación, con su primera y más importante amistad, la que en su infancia creyó sería mucho más que un afecto inocente.

Dejar que su senpai la convenciese de romper el corazón de Mi-Noo había sido un acto cruel de parte de los tres y en especial suyo, porque ella estaba en control, era ella quien sonrió al enterarse del plan y lo peor era que ella ni siquiera protestó. Le siguió la corriente como una buena mascota, obediente y leal a un tipo que solo la veía como una colección de agujeros con los que jugar.

–Lo sospechaba desde antes, ¿sabes?–, confesó Mi-Noo, –A partir de cierto punto pude notar toda la falsedad que nos rodeaba, pero tenía miedo de admitirlo, miedo de aceptar la verdad, de aceptar lo que eras, lo que yo soy–

Ji-A pudo haberlo negado, y decir que no se trataba de eso, que en realidad, era normal que con el tiempo las personas crecieran y se alejaran y que eso le había sucedido a los dos.

Sin embargo, sabía que nada ganaría con ello. Lo había insultado y a cambio Mi-Noo hizo lo mismo, y como era típico de él, ahora estaba dando explicaciones, tratando como siempre de cargar con la culpa.

Así casi parecía vulnerable, hasta que volvió a abrir la boca.

–La señorita Sae-Hyun y tú son muy parecidas en ese sentido, ambas viven rodeadas de falsedad–

Fue entonces que Mi-Noo como lo conocía se desvaneció, y la persona con la que se encontró antes volvió a tomar su lugar. Aquella barrera antes inexistente la atrapó de improvisto, dejando en claro que desde ese punto en adelante no habría más compasión.

Como cualquier animal de presa Ji-A se puso en guardia. Ahora lo comprendía, ahora se daba cuenta de que Mi-Noo ya no volvería a ser la persona inofensiva que la dejaba salirse con la suya.

–¿Qué le hiciste a Sae-Hyun?–, preguntó Ji-A con un nudo en la garganta, –¿Y qué hiciste con mi senpai?, será mejor que no los hayas lastimado o te juro que me las pagarás–

Mi-Noo se movió entre las sombras, paseándose alrededor de ella tal silueta. Sus pagos resonaban con suavidad sobre el piso, aplastando envoltorios y papeles en su marcha.

Sin poder ver su rostro, sin poder adivinar lo que pensaba, solo le quedaba esperar lo peor.

Ji-A admitió al fin que le temía a su viejo amigo.

–¿Qué harás conmigo?–

Mi-Noo se detuvo frente a ella, se aclaró la garganta y comenzó a hablar.

–Hace años, una niña ilusa le hizo una promesa a un pobre diablo, ya sabes, de la clase de promesas que solo un chiquillo se tomaría en serio–

Una promesa… Claro que recordaba haber hecho una promesa, algo que en ese entonces creía con todo su corazón se volvería cierto. Mas, por aquella época no tenía idea de la fragilidad del corazón humano, en especial al darse cuenta de que cumplir con algo así era completamente irrisorio.

¿Por qué habría de limitarse por alguien que ya ni siquiera le agradaba?, el mundo era un lugar inmenso y Mi-Noo era tan insignificante en comparación…

–Pero luego, ella creció, cambió, solo que el muy tonto se negaba a entenderlo. He allí el meollo del nuestros problemas, la raíz de lo que nos diferencia Ji-A–

Ella había crecido, claro. Ya en la secundaria lo había olvidado, e incluso mucho antes encontraba excusas para hacerlo a un lado, convirtiendo a Mi-Noo en un confiable guardián de secretos, un confidente fiel y nada más que estaba apenas por encima de una mascota, como un conveniente sello de pureza para enseñar a sus padres y que así ellos se sintiesen orgullosos de su sensible y bondadosa hija.

Incluso le permitía desesperar de amor por ella sin humillarlo, como la persona noble que era.

Ya en ese entonces era la pequeña tirana que reinaba sobre Mi-Noo, y ahora su reino se venía abajo.

Una revolución de parte de un solo súbdito rencoroso, el único que todavía creía que su lealtad le servía de algo solo para darse cuenta de que todo era un acto, de que no había recompensa para algo tan insignificante como permanecer fiel a un espejismo.

–De no ser por ti, Ji-A, y por la señorita Sae-Hyan y tu senpai, este niño patético y llorón seguiría con vida, persiguiendo a alguien que jamás existió–, escupió Mi-Noo lleno de asco, –Ciego, ¡débil!, sin dirección ni propósito. ¡Tropezando por la vida detrás de ti!–

Luego se fue la rabia y la revulsión, siendo reemplazadas por una estremecedora calma en la voz de Mi-Noo.

Sus siguientes palabras fueron desde el fondo de su corazón, así lo sintió Ji-A

–Tú lo liberaste, lo empujaste más allá de las erradas concepciones que tenía sobre si mismo y por ello pudo al fin madurar, y por eso, como agradecimiento, yo haré lo mismo por ti y por los que amas–

El golpeteo del armario que jamás se detuvo fue interrumpido por algo más, una serie de gemidos, algunos cuantos gritos e insultos de naturaleza lasciva. Como si de una mala porno se tratase, Ji-A reconoció su propia voz, y también la voz de su senpai y de Sae-Hyun.

Más y más recuerdos, el haber bebido de aquella botella que hizo que los colores transmutaran en sonido y textura, penetrante en su cerebro cual estática, abriendo los hemisferios de su mente a nueva información antes de que su corazón se paralizase y una rabia antes inexistente la poseyese por completo. Ya presa de su lujuria y de la sangre se transformó en un animal, así como Sae-Hyun- y Choi Shi-Hoon.

En efecto, el dolor vendría, Mi-Noo se aseguraría de ello.

–No te atreviste–, gimió Ji-A al darse cuenta de lo que implicaba ese audio, –Mi-No, en serio no te atreverás a exponerme de ese modo. Eso es un crimen, ¡es una traición, Mi-Noo!–

–Te hice libre–, contestó Mi-Noo negando con la cabeza, –Ya no tienes para qué fingir ser lo que no eres, ahora, puedes vivir como te plazca, sin las limitaciones de nadie más. Sin tu pedestal no eres otra cosa que un agujero viviente, que excreta, coge y miente, como todos los demás–

Tenía una vaga idea de las consecuencias que tendría para su vida si ese material se hacía público, de la perdida de respeto de parte de todos los que importaban en su mundo.

Mi-Noo haría que todos la vieran por lo que era.

–Arruinarás mi vida–

El joven asintió, depositando sobre el vientre de Ji-A el teléfono de Choi Shi-Hoon.

–¿Por qué?–, preguntó Ji-A, –¿Por qué no me dejaste ir?, podrías haber olvidado todo esto, podrías… ¡Deberías haberte dado cuenta de que yo no quería nada contigo!–

Mi-Noo permaneció inmóvil, en ese punto, buscaba que el desprecio de Ji-A se impregnase en su memoria, quería borrar todo rastro de la persona que creyó conocer y reemplazarlo por la mujer cuyo rencor recibía libremente.

Quizás tomaría años, después de todo, la conocía desde siempre, pero eventualmente la convertiría en otra sombra y se desvanecería, y dado que perdería a su ilusión, no vio nada de malo con revelar sus verdaderos motivos.

La única cosa de la que siempre estuvo seguro no era cierta, por lo que bien podría admitirlo.

–Porque su amor por ti era puro–

Cada palabra desbordaba pasión, cada silaba fue pronunciada con atención para así grabarse en la mente de Ji-A.

Mi-Noo no le dijo sobre todas las noches que pasó en vela atormentado por aquella imagen ni sobre los periodos de terror absoluto que provocaron los videos que Choi Shi-Hoon le enviaba. No había necesidad de discutir con ella lo cerca que estuvo de tomar su propia vida con tal de librarse de la vergüenza de aquel día y de los días subsiguientes.

–Considera esto el último acto egoísta de Mi-Noo respecto a ti, y descuida, ya no volveremos a vernos–, prometió el joven antes de colocar aquel espejo maldito frente a Ji-A para luego encender la luz y que así se reflejase el estado de la habitación.

La patética y acabada criatura con la que se encontró Ji-A apenas podía llamarse humana, sobre su cuerpo cubierto de laceraciones se hallaban una mezcla de fluidos cuyo aroma permeaba la habitación.

El dolor se esparció por sus miembros como un voraz incendio, implacable sobre sus torturados nervios que protestaban frente al menor estímulo.

Incluso la brisa fantasmal que acariciaba su cuerpo, el roce de la tela bajo su espalda y el sudor que se entremezclaba con sus lagrimas eran demasiado.

–Al fin podrás conocerla–, susurró Mi-Noo viendo hacía el espejo, –La verdadera tú–

Y con eso, Mi-Noo volvió a apagar la luz y se marchó.

Ji-A ahogó un gemido y en su desesperación trató de levantarse, mas, sus piernas no tenía la fuerza necesaria para tal labor.

Se quedó confinada a la cama, observando el espejo oscuro, aquel mismo en el cual la vio cuando su traición tomó forma.

–Mi-Noo vuelve, esto no es gracioso–

Sin que lo supiese, la deshidratación comenzaba a afectarla, en conjunto con la oscuridad y los sonidos desconocidos. Con sus pupilas afectadas por la falta de iluminación, todo resplandor era captado con suma precisión en la superficie reflectante, trasmitiendo a sus pupilas la forma del terror.

Exhalando, creyó espiar movimiento por el rabillo del ojo y sin embargo, nada había allí.

La torturada mente de Ji-A estaba creando demonios donde estos no existían, o tal vez, sacaba a relucir aquellos que guardaba en lo profundo de su corazón.

Aquel espejo era el portal, el receptor de su mayor vergüenza, testigo de su más profundo fracaso contemplado por la única criatura a la que no lograría engañar.

–¡Ya vuelve!, ¿ya?, me disculparé, ¿es eso lo que quieres?, ¡pues lo siento!, en realidad lo lamento…–

Más silencio, interrumpido por el golpeteo intermitente de una pared, algunos gemidos extraños y el sonido de agua corriendo.

–Mi-Noo, sé que estás del otro lado de la puerta–

Silencio, y todos los bellos de su cuerpo erizándose, palpables en el miedo abyecto de lo desconocido. Aquellos demonios que ocultaba, aquellos temores profundos, pronto saldrían a darle caza al saber que se había quedado sola.

–Mi-Noo ven, ya vuelve, se suponía… –

Y en la última de sus horas, al momento en que su consciencia requirió sentir alivio, su mente conjuró aquel momento de felicidad que permanecía puro en medio de la inmundicia que había creado.

Existió mucho tiempo atrás una niña que hizo una ridícula promesa en la que creía con todo su corazón, mucho antes de saber que esas cosas importantes serían demasiado difíciles de sobrellevar para alguien que apenas comenzaba a vivir, y a pesar de ello, por mucho tiempo creyó tal promesa cierta, al igual que él, que a pesar de todo nunca dudo de su compromiso, tal y como lo haría un niño.

Solo que ya ninguno de los dos era un niño, y ambos sabían lo poco que significaban ciertos compromisos.

–Se suponía que siempre estaríamos juntos–

Finalmente vio a su ser inocente oculta en un borde del reflejo, alguien a quien Ji-A no podía engañar, alguien que siempre sabría que habían fallado y a quien no le interesaban las excusas.

Su parte más inflexible necesitó de un culpable, y como Mi-Noo ya no estaba allí, y ni su senpai ni Sae-Hyun se harían presentes, pues, solo le quedaba un candidato.

Ji-A gritó al verse a si misma emerger del espejo, momento exacto en el cual sus ojos rodaron hacia atrás y perdió la consciencia.

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El dolor llegó más tarde, y luego de que llegó no se detuvo.

Choi Shi-Hoon finalmente conoció el dolor.

Había sido algo tan tonto, tan estúpido que no podía sino sentirse decepcionado de si mismo por caer en el juego de alguien tan patético.

–Tus padres vendrá a verte dentro de poco, al parecer están contratando un abogado para manejar todo–

–¡Pero no hice nada!–

Uno de sus primos había ido a verlo, siendo que era hijo único y que no tenía otros familiares cerca no podía depender de nadie más bajo esas circunstancias.

–Aún así, la policía está haciendo preguntas. Lo mejor es que te preparen–

Incluso con los calmantes le costaba mantener la compostura, y no era para menos. Mi-Noo lo había drogado y luego le hizo lo mismo a las chicas para así grabarlos y humillarlos en público, y para colmo de males se saldría con la suya.

Había sido un simple juego que se le salió de las manos, nada por lo que valiese la pena salir herido.

En el fondo, le estaba haciendo un favor a ese tal Mi-Noo, le estaba dando una importante lección sobre la vida. Choi Shi-Hoon no podía considerarse a si mismo responsable de que el amor de infancia de un pobre diablo no le correspondiese, es decir, había que ser en extremo ingenuo para llegar a esa edad encaprichado por una puta cualquiera.

No era justo, Mi-Noo debió de agradecerle por la lección sobre la cruda y desagradable verdad sobre las mujeres como Ji-A.

–Fue ese imbécil, él fue el responsable–

Su primo sacudió la cabeza para luego revisar que nadie estuviese cerca para oírlos.

–Mira Choi Shi-Hoon, tan solo no respondas ninguna pregunta, espera a que venga tu familia y todo saldrá bien. No cometiste ningún delito grave, el consumo es algo tan insignificante que nadie lo tomará en cuenta y aparte de que te amonesten nada más te sucederá. Los tres tomaron una mala decisión, no debieron experimentar con es basura, no debieron grabarse y mucho menos dejar que otros vieran lo que hacían en la privacidad de su departamento–

Choi Shi-Hoon tenía el presentimiento de que su primo intentaba aminorar las futuras consecuencias de lo sucedido esa noche lo que en si, era extraño, puesto que en su familia no acostumbraban a tratarse de esa manera.

Solo por eso concluyó que en realidad sí estaba metido en problemas y que por mucho que quisiera cobrar venganza no podría hacerlo en el futuro inmediato.

–Como yo lo veo, tu mejor opción es mantener un perfil bajo, mostrarte arrepentido y con eso estarás bien–

–¿¡Dejarás que se salga con la suya!?–, preguntó escandalizado, –Ese asqueroso renacuajo me tendió una trama y por poco me mata, ¿qué acaso tengo que vivir con la vergüenza de lo que pasó mientras que él sale ileso de todo?–

Su primo hizo un gesto de desagrado, comprendiendo a la perfección a Choi Shi-Hoon, pues a ninguno de los dos les gustaba el que se burlasen de ellos.

De haber sido otras las circunstancias, no habría dudado en tomar represalias en contra del tal Mi-Noo y de Ji-A, por dejar que Choi Shi-Hoon hiciese algo tan estúpido como llevar al ex noviecito a la habitación para ver el trío con Sae-Hyun. Al final, su pequeña jugarreta le había salido demasiado caro, y no solo por los costos legales sino también por la humillación por la que su familia tendría que pasar si es que la supuesta grabación salía a la luz.

Choi Shi-Hoon desconocía que su primo ya monitoreaba sus redes para rescatar cualquier posible rumor, y que hasta el momento nada había surgido. De existir esa grabación, y esto era algo que seriamente ponía en duda, pero de ser cierta, entonces necesitaría negociar un arreglo con sus tíos para que le recompensasen por lo que de seguro sería una costosa empresa.

Sin embargo, ya habría tiempo para remediar esas cosas. Lo importante, lo primordial, era lograr que Choi Shi-Hoon pusiese de su parte y dejase en paz al otro chico.

–¿Y qué crees que puedes hacerle que ya no le hayas hecho?, por si no te has dado cuenta nadie avala tu historia, nadie te apoya en esto. Lo más conveniente es aceptar que perdiste y empezar de nuevo, mal que mal, si hay alguien que puede convertir este episodio en una victoria eres tú–

¿Victoria?, ¿¡cómo podía convertir ese episodio en una victoria!?, lo habían humillado de la peor manera y todo el maldito mundo lo sabía. Sin importar lo bien conectado que estuviese ni lo mucho que se rodease de sus amigos nada borraría ese video de la red. Todo el mundo lo vería actuar como un animal, todo el mundo lo juzgaría y mientras tanto Mi-Noo aparentaría ser la víctima cuando en realidad, todo lo que le había hecho se lo merecía.

Ji-A no valía la pena, claro que no, pero Choi Shi-Hoon la había deseado y ella le correspondió. Mi-Noo no tenía derecho a quejarse y mucho menos a hacer un berrinche.

Quizás… Si esperaba un poco más y Ji-A quería intentar de nuevo, le enviaría un lindo saludo a Mi-Noo para que supiese que no había ganado.

Su primo chasqueó los dedos para llamar su atención.

–Choi Shi-Hoon, si algo le pasa a ese chico por tu culpa te van a crucificar. Te recomiendo aprender de esta experiencia, madurar un poco y dejar de ser tan presumido, que no te queda para nada bien–

Choi Shi-Hoon contuvo su lengua con tal de no decirle a su primo exactamente lo que pensaba y mucho menos sobre quién. Si alguien debía madurar era ese asqueroso virgen de Mi-Noo.

–Y si por casualidad lo que dices fuese cierto–, siguió su primo en tono algo más sombrío, –¿De verdad quieres motivarlo a hacer algo peor?. Piensa en todo lo que pudo hacerte a ti y a esas dos y medita en lo que te dije, ¿quieres?, y recupérate pronto, todos nos preocupamos mucho por ti–

Al fin su primo se fue dejándolo a solas.

Aquello de ser presumido lo admitía, y no se sentía mal por ello, a final de cuentas había trabajado duro para tener la vida que deseaba y jamás se sentiría culpable de tomar lo que deseaba. Ji-A era una perra hipócrita que solo se sinceraba cuando se la cogían y Sae-Hyun no era diferente, las dos eran divertidas, a su manera, y en cuanto a su compañía no podía decir nada malo dado que siempre lo complacían y que disfrutaban de hacerlo.

Lo importante de todo eso era que los tres eran maduros, los tres estaban conscientes de lo que hacían a diferencia de Mi-Noo que no era más que un envidioso insensato.

Lo de enviar esos videos, ¿de verdad era tan malo?, pues Choi Shi-Hoon no lo creía así, no podía verlo de otro modo que hacerle un favor a ese iluso para ayudarlo a crecer. Mientras antes se diese cuenta de que debía cambiar mejor para él y para todos, y quizás así dejaría de sufrir porque su amiguita de infancia prefería estar con tipos que sí tenían algo que ofrecer.

Ese día… ¿Cómo fue que se las arregló para secuestrarlo?. Choi Shi-Hoon recordaba el haber charlado con una chica de primer año, una de esas con ojos grandes y personalidad algo tierna que al principio siempre se hacían de rogar para así mantener una fachada de dignidad, la cual nunca les duraba mucho y que siempre, siempre acababan comprometiendo demasiado. De las divertidas, hasta que no lo eran porque esperaban cosas que francamente no eran posibles.

Se suponía que se verían más tarde, y luego… Nada, su memoria estaba en blanco.

Recordaba, no muy bien, el haberla seguido a un salón y después de eso todo se volvió borroso hasta que despertó en el hospital y supo que las chicas también estaban allí junto con Mi-Noo, solo que a este último lo encontraron en otro lugar a millas de distancia.

Y ahora, se enteraba de que su vida como la conocía estaba en peligro de acabarse.

–No se saldrá con la suya–, susurró, sin darse cuenta de que el latido de su corazón se aceleró debido al miedo al pensar en Mi-Noo.

–Yo… Yo no lo dejaré ganar–

Intentó manifestar resolución y valor en sus palabras, la fuerza necesaria para vengarse y obtuvo… Nada.

Cerró los ojos por el cansancio, y para no admitir que por un instante, el pensar en aquel perdedor lo llenó de miedo.

Quizás, tan solo quizás, su primo tenía un buen punto.

Se enfocaría en sanar, en reconstruir su imagen y a Mi-Noo lo dejaría escapar, por esta vez.

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–Hay alguien en la cama–

Un tintineo de llaves, madera crujiendo y pasos apresurados, todas estás cosas eran reales, todas estás cosas eran ilusiones.

Quizás su fiel amigo se había compadecido al fin, y había decidido que el castigo era suficiente y que debía perdonarla.

–¿Mi-Noo?–

–Está delirando, hay que sacarla–

Sintió el ser levantada, una linterna apuntando a cada ojo, iluminando sus pupilas y haciéndola parpadear. Sus secos labios que no conocían el descanso se abrieron en una mueca de desesperanza.

–¿Dónde está Mi-Noo?, ¿y Sae-Hyun?, tienen que ayudarme a encontrarla–

Se detuvieron apenas un instante antes de resumir sus labores, cargando a la joven deshidratada y magullada que sobre una arruinada cama se mecía de un lado al otro y murmuraba cosas sin sentido.

Fue llevada así hasta una ambulancia, bajando las escaleras al alero de un grupo de paramédicos que hicieron todo lo posible por evitar que algún curioso pudiese verla mientras que un par de policías tomaba nota de los efectos dentro del departamento.

–¿Mi-Noo?, ¿no es ese el chico de emergencias?–, susurró uno de ellos.

–¿Emergencias?, no, estuvo aquí anoche–, quiso decir Ji-A sin que nadie la escuchase.

Para ellos, las palabras de la joven no eran otra cosa que un sin sentido, el que alguien hubiese hecho la conexión con el otro caso no debió de haber sido más que una extraña coincidencia de las muchas que sucedían a diario, y a final de cuentas, otra tragedia como la suya no era nada importante, mucho menos viniendo de los labios de una adicta sufriendo de delirios tal y como la rubia que encontraron en el baño, charlando con una toalla a la que no quería dejar ir.

Mañana y el día siguiente, algún otro pobre diablo acabaría con el corazón roto y tomaría una mala decisión, tal y como le sucedió al nuevo residente del ala de suicidas y a la chica del video y sus amigos.

–Imagina vivir así, estos chicos de hoy en día son unos idiotas–

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Al final, se enteró Ji-A, los rescataron debidos a las quejas por ruidos fuertes que provenían desde la habitación, no de Sae-Hyun y tampoco de ella, sino de Choi Shi-Hoon.

A él lo hallaron escondido dentro de un armario, sentado sobre su propio excremento y golpeándose la cabeza de tanto en tanto, tratando de desbloquear el teléfono de Sae-Hyun sin darse cuenta de que la batería estaba muerta.

La resolución de todo el asunto fue por lo demás miserable. Ji-A quedó internada por un par de días mientras que se recuperaba de lo que hasta ese momento se creía eran las secuelas de su propia irresponsabilidad.

Por lo mismo tuvo que pasar Sae-Hyun quien fue encontrada en el baño del departamento sobre unas cuantas toallas mojadas. A Choi Shi-Hoon también lo hospitalizaron mientras evaluaban su estado mental, mal que mal, si iban a perseguirlo por algún crimen debían al menos cerciorarse de que estuviese competente.

En cuanto al departamento, pues lo perdieron y todavía no tenían un lugar fijo para los tres, de hecho y por como iban las cosas, Ji-A estaba convencida de que se mudaría con Sae-Hyun y mantendrían la distancia con Choi Shi-Hoon, por la paz mental de todos los involucrados.

Durante esos dos días en cama, Ji-A se entrevistó con un doctor que le recomendó someterse a terapia para lidiar con las consecuencias de su estrepitosa caída, y en cuanto a sus padres, pues ellos no podían estar más de acuerdo, de hecho le pusieron como condición que si quería continuar con sus estudios tendría que tratarse o la harían regresar a casa hasta que diese prueba de ser lo suficientemente madura como para estar por su cuenta.

En ese punto, poca diferencia hubiese hecho en su vida. El video de lo que sucedió esa noche no se hizo público, sin embargo, el solo hecho de que existiese logró destruir la confianza de Ji-A. El temor a que sus amigos, compañeros de clase y algunos de sus profesores favoritos la observasen drogarse, perder el control y hacer cosas de las que francamente siempre se arrepentiría sirvió para destruir esa extraña y muchas veces idílica existencia que tenía con Choi Shi-Hoon y Sae-Hyun.

Y sobre tomar venganza, pues, eso fue algo que descartó casi de inmediato.

¿Aquel video que Mi-Noo grabó de toda la debacle?, pues hubieron rumores sobre su existencia, y esos rumores cada vez más cruentos e irreales fueron suficientes para arruinar lo poco que quedó de la vida escolar de Ji.A.

Aguantar los comentarios morbosos, las insinuaciones diarias, los rumores, el constante cuchicheo y las no muy tentadoras ofertas de algunos de sus profesores se volvió una labor necesaria incluso con la posibilidad de tan solo darse por vencida para ya no escapar de aquella porción de su vida, y sí, pensó mucho en ello, en lo fácil que resultaría mandarlo todo a la mierda y ser la persona del video a tiempo completo. Mal que mal, Choi Shi-Hoon no era el único tipo cuya personalidad le resultaba adictiva, de seguro existían muchos otros más, sujetos más terribles, más dominantes y atractivos, de la clase que no la dejaría huir nunca, no hasta arruinarla por completo para así justificar a cada persona que sin siquiera hablarle la juzgaba como si se tratase de una prostituta.

Y a pesar de ese conocimiento, había algo que la aterraba todavía más que perder su cada vez menor posición social y decepcionar todavía más a sus padres.

–Ji-A, ¿estás despierta?–

El que Mi-Noo se saliese con la suya le había abierto los ojos y la había convencido de reparar su vida, incluso si en el proceso terminaba sacrificando su relación con Shi-Hoon y Sae-Hyun, tristemente, debía concluir que luego de aquella noche entre los tres ya no existiese confianza, por lo que dar a cambio tan poco por la posibilidad de no volver a vivir algo así parecía más que justo.

En consecuencia, Choi Shi-Hoon ya no era parte de su círculo de amigos y Sae-Hyun, pues se había vuelto mucho más sensible frente a los demás, lo que en si no era malo.

Desde afuera, parecía ser una historia de auto superación. Un par de chicas descarriadas encontrando el rumbo de sus vidas y un ex play boy tomándose su vida en serio. Viéndolo así Mi-Noo les había hecho un favor.

Mas, esa no era toda la verdad, en cierto sentido, Mi-Noo la había marcado de una manera especial, ridículo, ¿no?, el que su inepto amigo de infancia la tocase como ningún otro hombre lo hubiese hecho antes.

Lo que nadie veía, nadie salvo Ji-A, era el verdadero alcance de su último obsequio.

–Hija, ya sal de tu habitación–

Comenzó el día en que Sae-Hyun le contó que se había encontrado con un amigo de la infancia, un chico que siempre estuvo enamorada de ella y que por diversas circunstancias se quedó en su ciudad natal.

En ese punto, la rubia era una de las pocas amistades con la cual no se sentía incómoda. Sae-Hyun había pasado por lo mismo, había sufrido la misma lucha y logrado con mucho esfuerzo recobrar parte del respeto de su familia y de sus pares.

–Tendrás que comer afuera tarde o temprano, ¿lo entiendes verdad?–, preguntó su madre antes de alejarse de su recamara, devolviendo así a Ji-A a sus eternas divagaciones.

Sae-Hyun, Sae-Hyun, hermosa y perfecta Sae-Hyun con su infalible plan. Aquello de atiborrarse de tipos como Choi Shi-Hoon, de acostarse con cualquiera que lograse saciar su apetito había ido de maravilla hasta que conoció a Mi-Noo. Ahora, la pobre estaba aterrada de un tipo que ni siquiera le llegaba a los hombros, aterrada del siguiente año en cuanto tuviese que volver a la Universidad.

Mi-Noo había sacado a relucir el horrendo interior de los tres para ya no existiesen secretos, Sae-Hyun jamás podría escapar de esa realidad. Tarde o temprano y a la menor provocación su vida entera podría ser expuesta, asesinando de forma silenciosa la ya menguante esperanza de la joven rubia en su infalible plan.

Y ninguna de las dos podría impedirlo.

Ninguna investigación tomó en serio sus denuncias, para las autoridades, Mi-Noo había sido una victima indirecta de la noche de descontrol de Ji-A y Choi Shi-Hoon con Sae-Hyun. Como supieron más tarde, confesó su senpai, el pobre de Mi-Noo todavía recibía videos de lo que sucedía en ese departamento.

El deterioro mental al que se vio expuesto su ex amigo de infancia culminó en un intento de suicidio al recibir clips de video de la orgía que allí tuvo lugar, aquella misma que Mi-Noo orquestó mientras que se quedaba en las sombras a observar.

Ji-A obviamente lo expuso como una mentira, al igual que Sae-Hyun y Choi Shi-Hoon, pero sin evidencias, sin una historia coherente y con el "supuesto" artífice fuera de combate, era imposible de probar.

Incluso tenía un testigo, una chica de primero que juró haber visto a Mi-Noo de camino a casa a la misma hora en que sucedió todo, colocándole a una distancia tal que le hubiese sido imposible siquiera acercarse a Ji-A.

Cuando Ji-A encaró al supuesto testigo, la pobre se puso a llorar y le rogó que por favor la dejará en paz, como vino a saber mucho después, la chica estaba fracasando en sus estudios y solo salvó el año porque Mi-Noo la ayudó.

Enfrentada a esas lagrimas y las miradas acusatorias de los entonces presentes Ji-A dio por perdida la oportunidad de atrapar a Mi-Noo y se retiró, comprendiendo demasiado bien que esas lagrimas no eran por agradecimiento a su ex amigo, sino de miedo, un miedo que confirmó al voltearse y verlo entre sus compañeros, un miedo que Ji-A conocía demasiado bien.

En fin, nadie les creyó la irrisoria historia de que Mi-Noo llevó a un aturdido Choi Shi-Hoon hasta el departamento de su amante, que de algún modo, el pequeño muchacho lograría someter o amedrentar a alguien mucho más fuerte y capaz que él. Tampoco se compraron aquello de que las drogas las había traído Mi-Noo, pues ni las píldoras ni la botella ni las tabletas tenían sus huellas, de hecho, no había nada en el departamento que delatara su presencia.

Ignoraron por completo lo del cuchillo, y desestimaron toda otra linea de búsqueda concerniente a Mi-Noo en cuanto los tres confesaron que no le vieron el rostro, que solo reconocieron su voz.

El que lo encontrasen en otro punto de la ciudad, abusando de una prescripción médica que casi le quita la vida simplemente selló toda posibilidad de convicción. Por ello, con la presión de las autoridades universitarias, las únicas que realmente querían hacer algo, se vieron forzados a firmar un compromiso prometiendo que desde ese punto en adelante volverían a ser estudiantes ejemplares junto con otras medidas simbólicas que Ji-A sospechaban eran más para limpiar la imagen de la institución que para ayudarlos.

Junto con la terapia, algunos talleres, un arreglo legal que ella desconocía en su mayoría y un final de semestre bastante deslucido fue que Ji-A recuperó de a poco su vida, y en tanto, Mi-Noo se había salido con la suya. Un chico al que siempre consideró de buen corazón había logrado aterrorizarla a ella, a Sae-Hyun e incluso a Choi Shi-Hoon. Los había rebajado a basura, los había humillado y no había nada que pudiesen hacer porque le temían, porque sabían lo que sucedería si volvían a empujarlo.

Escuchó nuevamente a su madre subir por las escaleras, suspirando paso a paso, temiendo que su desdichada hija se quedase en su cuarto nuevamente como esos fenómenos de Japón que escapaban de la vida.

Ella no era así, no era como esos perdedores.

Apenas llevaba un mes encerrada, solo un mes. Ji-A estaba segura de que eventualmente lograría salir al final del verano, pero por el momento permanecería adentro donde estaba segura, donde nadie podía verla.

–Ji-A, ¿aquel chico que siempre venía a jugar?, ya sabes, el bajito, ¿lo recuerdas?, pues el otro día me topé con su madre y me preguntó por ti–

La joven de cabello negro se mordió el labio inferior mientras se apoyaba contra la puerta, su corazón latiendo de manera acelerada, sus pupilas infladas en la oscuridad de su cuarto.

Sae-Hyun había regresado a buscar a su amor de la infancia, y en cuanto lo vio, y se dio cuenta de lo parecido que era a Mi-Noo sintió terror, después de todo, ¿no era igual de injusto lo que le había hecho?, y ni hablar de si descubría el video o escuchaba los rumores, ni imaginar lo que sucedería si lograba verla tal y como era.

Quizás Sae-Hyun crearía otro monstruo, uno que no se detendría en las amenazas.

–¿Quisieras que venga a visitarte?–

Su primer instinto fue decir que sí, que allí en ese entorno familiar, en su pequeño santuario, los dos estarían a salvo.

Su primer instinto debía de estar errado porque de ningún modo esperaba verlo.

–¿Mi-Noo?, ¿él quiere verme?, ¿en serio?–

La voz de su madre sonó en extremo complacida y llena de esperanza.

–¡Ese mismo!, si quieres, puedo preguntar a su madre. Dice que estará de visita y creyó que sería lindo que los se encuentren, después de todo, ese pobre chico también tuvo problemas como los tuyos, ¿no crees que sería un bello gesto el que pudiesen ser amigos de nuevo?–

Los dedos de Ji-A acariciaron el pomo de la puerta, haciendo girar el mecanismo interno hasta detenerse sin atreverse a abrirla.

Su madre ignoraba algunas partes de lo sucedido aquella noche, todo el asunto había sido manejado de manera tal que muchos de los detalles se mantuvieron en secreto, y ella en realidad desconocía el motivo.

No imaginaba razón alguna por la cual Mi-Noo quisiese volver a verla después de la estrepitosa forma en la que terminó todo entre los dos, ni de que sus padres la animaran a hacerlo después de acusarlo constantemente de ser un monstruo.

¿Acaso todos se habían puesto en su contra?.

–No, yo… Yo no creo que sea buena idea, no creo que quiera verme mamá–

Cerró los ojos al percibir la decepción en la voz de su madre y darse cuenta del daño que le estaba haciendo a su familia. No tenía la menor duda de que ellos esperaban mucho más de ella, esperaban a la vieja Ji-A, la joven de la que se sentían orgullosos y no la patética asustadiza que se escondía en su cuarto.

Un acto de arrepentimiento, aceptar la rama de olivo de parte de Mi-Noo y recibirlo nuevamente en su vida, algo así… Algo significativo, quizás le ayudaría a librarse de la culpa.

–¿Segura?, porque estoy convencida de que lo que necesitas ahora mismo es un amigo, y ustedes siempre se llevaron bien, se veían tan tiernos de niños–, dijo su madre suspirando.

Ji-A hubiese sido feliz de recordar aquello y nada más. En aquel entonces todo era tan sencillo, tan claro. Mi-Noo y ella estarían juntos por siempre porque se amaban, y aquel amor era puro, incorruptible.

Creer de esa manera en algo, estar convencida de que una inocente promesa de niños duraría por siempre le parecía tan natural que al crecer y darse cuenta de que en realidad, no había forma de que tal cosa perdurase, la llevó a convencerse a si misma de que sus pequeñas mentiras estaban todas justificadas. En su mente no le estaba haciendo daño, lo que Mi-Noo desconocía de ella no le afectaba.

Lo que Mi-Noo no sabía no lo podía herir.

–¿Qué dices?, ¿al menos lo pensarás?–

Y sin embargo al elegir la forma de su futuro, agotó sus mentiras. Necesitó tan poco para traicionar su supuesto credo que incluso parecía ridículo el compararse con la persona que proyectaba al mundo, la persona que en realidad no era más que un disfraz.

Lo que a nadie le había dicho, lo que incluso Sae-Hyun ignoraba era que durante esa primera noche en el hospital, logró escapar de su habitación para hacerle una visita a Mi-Noo y decirle que no se saldría con la suya.

Lo encontró en el ala destinada a pacientes suicidas, en cama y con una linea de suero conectada al brazo. Ji-A entró a hurtadillas, esperando no despertarlo hasta estar junto a la cama, sin saber que Mi-Noo la había escuchado llegar.

–Él no querrá verme–

Jamás imaginó ver tal desolación en una persona, algo distinto, algo incluso peor a lo que contempló a inicio de semestre.

Ahora comprendía porque su voz sonaba tan distinta, porque su risa le parecía tan falsa. De alguna manera, toda emoción positiva, todo rastro de amor había sido erradicado de su rostro y en su lugar encontró frialdad, apenas teñida por la furia que se manifestó al cerrar Mi-Noo su puño izquierdo y pronunciar con sus secos y arruinados labios el nombre de la persona que alguna vez amó.

–Me odia mamá, no puedo verlo, no quiero que me siga odiando–

–Hija, eso no es cierto. Ya lo discutimos Ji-A, todo lo que experimentaste fue producto de esa basura que tu ex novio te dio. Estoy segura de que si hablan todo se solucionará y te darás cuenta de que no te guarda rencor–

Ji-A también sabía que lo que su madre decía era en parte verdad, entendía que tomaría mucho tiempo el recuperarse de la humillación por la que había pasado.

No temía el encontrarse con Mi-Noo en la calle, sabía que no sería grosero frente a ella y que sabría comportarse, pero más allá de eso no esperaba cordialidad ni simpatía.

Sin embargo, de estar a solas, ya sin los ojos de los extraños juzgando sus actos pues…

–Eran excelentes amigos hija, todavía pueden serlo. Sé que han estado distantes, es natural que suceda eso y con todos los problemas que tuvieron no me sorprende que estés indecisa, pero a pesar de todo entre ustedes dos hay un lazo que sé los unirá por siempre–

Ji-A quiso reír al escuchar eso, ¿lazos con Mi-Noo?, ¡los había destruido todos!, los acabó sin la menor contemplación por un tipo del que se cansaría en unos cuantos meses a lo mucho, al igual que con cualquier otro novio que antes hubiese tenido el honor de cogérsela

Lo que existía con Mi-Noo no era ni profundo ni poético ni real hasta que él lo volvió real. Nada borraba el fatídico hecho de que él la había visto en su peor momento, y que lo disfrutó. Tal cosa, obviamente, hubiese sido imposible sin que él la odiase, sin que resintiese la ausencia de aquellos lazos que Ji-A había olvidado.

Su último acto egoísta para con ella no fue enseñarle la grabación del trío violento que tuvo con Choi Shi-Hoon y Sae-Hyun, ni tampoco el haberlos drogado ni su complot para arruinarles la reputación. Lo suyo, en realidad, se trataba de quitarle a Ji-A algo que ella de verdad apreciaba, aquello que le permitió dejar de lado la falsa persona a la que se refería Mi-Noo para transformarse en aquella que Choi Shi-Hoon había seducido.

Y luego de eso se intentó matar, Ji-A no era capaz de imaginar la angustia por la que debió haber pasado para tomar esa decisión, para eligir dejar de existir antes que vivir sabiendo que la persona a la que amaba no existía.

–No, él me odia, ella me lo dijo–

En la ventana, en una porción que la cortina no alcanzaba cubrir, el reflejo de una niña enfrentó a Ji-A. Su yo de infancia, encarnado en el cristal, la arrinconó contra la puerta.

Para proteger su mente, Ji-A había separado aquello que consideraba lo mejor de si misma, la parte más pura, la porción noble de su ser, y la había manifestado en su versión de infancia la cual, sin falta, se aparecía cada vez que la mujer intentaba abrir la puerta.

–¿De verdad planeabas escapar?, ¡pues no te dejaré!–

Ji-A sacudió la cabeza, esperando que de milagro la aparición se desvaneciera.

Por meses la vio gestarse en el espejo de su departamento, eligiendo una forma y un propósito, tornándose cada vez más real conforme su propio vínculo con la realidad iba desapareciendo por la existencia simple que Choi Shi-Hoon le otorgaba.

Conforme la culpa se acumulaba, una voz nacía, y con el sacrificio de Mi-Noo aquella maldición interna finalmente floreció.

–Escucha muy bien, Mi-Noo es mi amigo y no dejaré que lo lastimes, ¡yo lo protegeré de todos, incluso de ti!–

Ji-A sabía que tal ente solo existía en su cabeza y que no podía lastimarla y a pesar de ello, no tuvo las fuerzas para hacer girar la perilla.

Su madre al escucharla no soportó más y corrió a llamar a su marido para pedir ayuda.

Temió por Ji-A al escuchar a su aterrada hija discutir consigo misma.

–Vuelve a tu rincón, no se te ocurra escapar–, dijo Ji-A con voz de niña, –Mi-Noo es mi mejor amigo, ¡íbamos a casarnos!, pero por tu culpa se fue, y ahora estoy sola y nadie quiere jugar conmigo…–

Para una mente fracturada, amor y odio bien podrían ser la misma emoción.

El amor de Mi-Noo hacia ella era puro.

El odio de Mi-Noo hacia ella era real.

Ambos existían en el corazón de Ji-A.

–Por tu culpa no quiere vernos, por tu culpa se fue y no volverá, es por ti, es porque siempre lo maltratas, porque siempre eres mala, eres mala, eres mala con Mi-Noo, por tu culpa ya no nos quiere, por ti…–

Debió de existir, en algún punto, la persona que todos decían admirar.

La persona que él había amado.

A Ji-A le hubiese gustado ser esa persona.

De seguro sería capaz de salir de su habitación al acabar el verano, o de convencer a Mi-Noo de visitarla para que así pudiesen charlar. De seguro un día podría verlo a la cara y quizás… Tal vez.

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Why are you getting out from there; atrofia

Mi-Noo prota pelinegro/frágil/Sus ojos o lloran o tienen miedo o son inexistentes

Ji-A amiga del prota/mal encarnado/morena cachonda

Señorita Sae-Hyun la senpai/rubia cachonda/básicamente existe y es manoseable

Choi/Shi-Hoon Playboy/Chico lindo a la coreana/CWC reciclaba su propia chele bebiéndola con fanta y estoy seguro de que este tipo hace lo mismo.

Este iba a ser el mensaje al inicio de todo el proyecto, pero en un genial movimiento mío, olvidé hacerlo y ahora lo leerán aquí

Básicamente, todos los trabajos del autor son de un tipo ultra tímido perdiendo a quien ama por alguien cuya personalidad es la contraría del personaje principal, ahora, esto suele ser lo regular cuando se habla de netorare (y no vamos a entrar en la discusión de si es o no netori y todo eso porque lo veo como algo ultra superfluo dada la calidad del material a trabajar, vamos por la ruta de la desolación sin aparente descanso, no de construir un harem y vivir en gloria para siempre).

¿Qué significa esto para nosotros?, que tenemos mucho material con el que trabajar, lo bueno para uno es que te da múltiples posibilidades de alterar y crear finales, porque mal que mal, no hablamos de un ntr con una mira más alta tipo Bahamut Lagoon ni Live a Live, y ni siquiera Thug Hero Party, o trabajos como Musa u otros que te patean en el estómago con la impotencia de un ligeramente menos inepto protagonista, que a pesar de luchar y esforzarse es derrotado y debe crecer o morir con sus decisiones. Aquí tenemos personajes unidimensionales, villanos con nada de contenido y "heroínas" francamente patéticas, casi demasiado reales, demasiado personales como para tomarlas como simples invenciones literarias.

Nos queda entonces resolver esta frustrante situación, ¿no es así?, sacarnos de la boca el gusto amargo que el autor nos dejó con sus escenas ricolinas que empujan revulsión y deseo a la vez, ese placer masoquista que alimenta el odio.

El cómo lo resolvamos se vuelve una cuestión de gustos, personalmente, disfruto de casi todo tipo de resolución, ¿quieres que la Yazuka se encargue de tu venganza?, pues adelante, ¿prefieres usar tus contactos sobrenaturales?, pues deberías, ¿se te hace ver una explosión o disolver tus problemas en ácido?,

bien, no hay motivo para no hacerlo.

Acá vamos por el pelele al que nadie llevó a una schopería o burdel o como ustedes quieran llamarle para así explicar los profundos misterios de la vida, el amor, y las armas, y en lo que me gusta hacer a mi, no suelo involucrar muchos elementos más allá de la psiquis del protagonista llegando a su límite, con un plan lleno de fallas que tan solo resulta.


Freedom Prophet tiene algunos que me gustaría intervenir, no el de que quema su propia casa ese tipo es glorioso de verdad espero que los que lo netorarearon estuviesen dentro durante el incendio


Ok... No sé si conozcan los trabajos de Oyster, yo espero que no porque todos mis lectores son personas de buena crianza que jamás pero jamás jamás leerían inmoralidades ni cochinadas en internet, pero si acaso se lo toparon, va muy a la par lo que dibuja con emergency (pero en el caso de Oyster no era una peli), en fin, hay una idea de Mob conociendo a una de las víctimas de uno de sus trabajos y todo eso, pero hasta ahora es solo una idea

Iguals uno de Waita, no el de la maid sino el otro de la chica retrete que no les voy a contar, crossover definitivamente, pero hay que pensar bien a quien

meter allí


Saitama enamorando a fantasmas japoneses clásicos o criaturas de terror clásicas, hay una historia a medio escribir con dos, la mujer de la boca cortada y la larguilucha pechugona, El Santo peleó contra momias, vampiros y otros esperpentos, así que lo veo viable, al menos porque sería diferente


Shaggy siempre fue poderoso, me gusta que finalmente se reconozca eso, en las pelis antes del ultra instinto ya tenía un modo serio, era samurai, hombre lobo, campeón de carreras contra Drácula y los otros monstruos, profe de educación física lo que asumo es también un poder, le enseñó los placeres carnales terrestres a una chica detective/hippie/alienigena y la hermana menor de Velma quiere de su salchichón de hace rato, ósea, esto tenía que pasar


Me dio pena el trapito de netosis, igual le haría una cesárea a puñetazos al que se lo netorareo con su novia genérica de ntr, pero de forma noble sin aprovecharme del trapito

Ahora si me voy