Mes de Cuarentena II: La Salvación, por Fred


Cerró los ojos con fuerza y enterró su rostro entre sus rodillas, a la vez que rodeaba su cabeza con ambos brazos. Tenía la esperanza de que de esa forma todo lo que lo rodeaba desaparecería, los golpes y llamados al otro lado de la puerta cesarían y él no tendría motivos para llorar y temblar como estaba haciendo, sintiéndose la peor porquería del universo.

Pero la oscuridad en la que se escondía sólo lograba que el temor y el pánico se potenciaran. Y volvía a sentir las manos ajenas sobre su cuerpo, la insistencia, la brusquedad, la fuerza y la más pura indiferencia a sus pedidos por que se detuviera…

Ni siquiera quería pensar en lo que hubiera pasado si Baymax no hubiera llegado tras su grito por la mordida de Tadashi y les hubiera separado. Apenas recordaba ese momento, pero estaba seguro de haberse sentido como un animal salvaje a punto de ser capturado por el cazador y al cual un atajo se le abría repentinamente ante los ojos. En cuanto el pánico cedió un instante y pudo darse cuenta de su libertad, la velocidad de sus piernas se le hizo insuficiente para subir a la carrera por las escaleras y encerrarse en su baño, el único con seguro en toda la casa, y allí permanecía hasta ese momento, unos quince minutos en los que los golpes y llamados no habían cesado y comenzaban a volverlo loco.

-¡Hiro, abre por favor!- se oyó claramente y por milésima vez, y la preocupación en la voz de su hermano sólo logró mortificarlo el doble.

Tadashi se maldijo mentalmente antes de recargar su frente en la superficie de madera, ignorando a duras penas la fuerte jaqueca que comenzaba a gestarse en su cabeza. Aún le costaba un poco razonar debido al alcohol, pero eso no quitaba de su mente el motivo por el cual había subido como una ráfaga las escaleras aún a riesgo de tropezar por causa del alcohol, ignorando los llamados de Baymax, que ahora permanecía de pie tras la puerta cerrada del cuarto.

Luego de alejarle de él, el robot había comenzado a describir los elevados niveles de neurotransmisores de su hermano, su acelerado ritmo y su dificultad para respirar. Como antiguo estudiante de medicina, estaba lo suficientemente familiarizado con los síntomas como para saber de qué se trataba incluso antes de que Baymax diera su diagnóstico: Hiro estaba al borde de un ataque de pánico.

Sus ojos preocupados cayeron sobre el rostro de su hermano, y en el acto sintió su alma desplomarse hasta sus pies al ver el tono pálido de su piel, la forma en que sus ojos alarmados estaban abiertos y a punto de salirse de sus cuencas. Su boca estaba abierta de par en par y trataba dificultosamente de respirar en inhalaciones demasiado cortas y abruptas y sus manos y piernas temblaban como si estuvieran a punto de dejarlo caer sobre la alfombra nuevamente.

Y aunque claramente le hacía sentir devastado el ver a su hermanito en ese estado, lo que en realidad estaba a punto de destrozarlo era el hecho de que esa mirada aterrada, esos temblores y su delicada situación eran completamente por él.

-Hiro- su nombre escapó casi ahogado, mientras lentamente el horror de lo que había hecho caía sobre él, revolviendo su estómago más de lo que cualquier bebida pudiera hacerlo. Se instaló en el fondo como un fragmento de hielo que se desprendió de golpe del techo de una caverna, y con la misma fuerza.

Y ni siquiera pudo inclinarse hacia él, llevado por un instinto protector que le dictaba calmar a su hermano a toda costa aun cuando él era el principal causante de su alteración, antes de que, cual conejo aterrado, el chico saliera de su transe y echara a correr a toda velocidad.

Y Tadashi, repentinamente descolocado, tardó unos pocos segundos en seguirle el paso, subiendo las escaleras pisándole los talones y a tiempo de ver como la puerta del baño se cerraba en su cara. El traqueteó de la llave en la cerradura sonó un segundo antes de que Hiro se deslizara pesadamente por la puerta y dejara salir ahogados sollozos.

Con la imagen mental de su hermano casi en posición fetal, Tadashi volvió a insistir.

-Hiro, lo lamento- susurró, inconsciente de la forma en que esas palabras provocaron un sobresalto en el chico, que logró controlar sus sollozos por un momento para oír lo que su hermano debía decir-. Yo… yo no sé qué me está pasando, no tengo idea de qué nos ocurre. No sé por qué hice lo que hice, yo…- soltó un gruñido de frustración, tratando infructuosamente de poner sus ideas en orden, pero la vergüenza de lo que había hecho le detuvo a la vez que le embargaba una profunda ira hacia sí mismo, una ira que estaba acompañada con el desesperado deseo de poder abrazar a su hermano, de poder consolarlo y hacerle sentir que todo estaría bien, aun cuando no tenía la menor certeza de que eso fuera así-. Maldición ¡Hiro, por favor abre la puerta!, ¡No sé en qué estaba pensando!

Y aun temblando y aterrado, Hiro reconoció su última oportunidad de hacer que Tadashi le escuchara.

-P-Piensas que me acuesto con Fred- respondió, acelerado, antes de que su hermano hablara nuevamente. Sabía que Tadashi no se refería a eso, pero por algún motivo sentía que esa podía ser la última vez en que el mayor se detuviera a escucharlo… hubiera deseado que no fuera por la culpa o el alcohol-. No es eso, Tadashi. La razón por la que llego adolorido y sudado es porque todas las noches jugamos sus juegos de realidad virtual o de baile. Las cosas de adultos que hacemos son… es…- trató de pensar una forma en que lo que iba a decir sonara menos vergonzoso, pero viendo que eso no sería posible, o no en su estado actual, sólo lo soltó sin más, con un fuerte rubor que no sólo era por el llanto-. Es hablar de nuestros problemas amorosos… mientras yo hablo d-de ti, él me habla de… Fred… él está enamorado de Wasabi, ¿Tienes idea de cómo debe sentirse sólo por la forma en que él ve el mundo?- un sollozo se le escapó a medida que continuaba hablando, y su voz se transformó en una especie de quejido agudo del cual en otra situación sin duda se hubiera apenado-. Entiende, Tadashi, me voy cada noche porque no puedo tolerar estar cerca de ti, no mientras veo como nos alejamos cada vez más y no mientras tú te niegues a darme la oportunidad de explicarme. Con Fred tratamos de no pensar en ustedes, y si ni siquiera podemos hacer eso, al menos hablar, escucharnos nos ayuda- tragó saliva, haciendo un último esfuerzo-. Sólo quería alguien que me entienda, Tadashi, y ese alguien ya no eres tú.

Y calló, sintiendo el nudo en su garganta sofocarlo un poco más y la angustia oprimir su pecho con la suficiente fuerza como para que sólo pudiera respirar a través de ahogados y trabajosos jadeos.

Tadashi tragó saliva, impactado. Jamás creyó que aquel fuera el motivo por el que Hiro se marchaba cada noche… visto en retrospectiva, era casi cómico que, deseando más que nunca mantenerlo junto a él y ser su apoyo, fuera nuevamente el pilar débil que le dejaba vulnerable y buscando consuelo en otro.

-Hiro… yo no tenía idea- jadeó, estupefacto y con los ojos ampliamente abiertos por la sorpresa. De repente se sintió un idiota por su comportamiento y por todas aquellas cosas sin sentido que había supuesto de su hermanito. Sentía como si estuviera repitiendo el episodio con Rakitic, pero aun así, no podía evitar estar algo molesto con el otro, por lo que reclamó: -. Debiste decirme, podríamos haber hablado, yo te hubiera escuchado…

-¡Yo te lo dije, Tadashi!- la exclamación indignada y dolida del chico le interrumpió en mitad de frase, obligándole a dar un respingo. La habitación permaneció en un silencio sepulcral por un instante antes de que Hiro, con un tono más bajo y triste, continuara-. Te lo dije, pero tú no quieres oírme, no quieres comprenderme- se mordió los labios, esforzándose porque su llanto no se evidenciara en su voz, un intento claramente en vano-. Sólo quieres convencerme de que soy un niño confundido… ¡Pero no estoy confundido, maldita sea, estoy enamorado!

Y el silencio volvió a recobrar su lugar en la escena un segundo después de que el respingo unísono de ambos hermanos se elevara luego de aquella confesión, el de Hiro como quien se había sacado un enorme peso de encima, el de Tadashi como si acabara de recibir la peor noticia.

Al otro lado de la puerta, la gélida pesadez en el estómago de Tadashi había aumentado casi hasta sentirse como un peso doloroso, uno que comenzaba a extenderse por su pecho y cabeza. Apoyó su frente en la superficie de madera, manteniéndose en silencio y dejando que las palabras del chico se abrieran paso por su mente embotada con lentitud. El malestar empeoró hasta ser casi intolerable, y a esas alturas Tadashi apenas podía discernir si lo que lo estaba matando era la culpa o las náuseas.

¿Qué Hiro estaba enamorado de él? Era por mucho la idea más ridícula e inverosímil que hubiera oído alguna vez en su vida… pero no dejaba de ser por ello el problema por el que todo había comenzado. ¿De verdad su hermano podía estar enamorado de él?, ¿Desearlo como daba a entender?... bueno, él mismo debía admitir que se sentía extraño últimamente hacia el chico, y si bien por el momento no podía recordar todo lo que había dicho sobre la alfombra hace unos minutos, sí que tenía presente lo que había hecho y sentido, por mucho que anhelara olvidarlo.

Y si él había sido capaz de abordar a su hermano de la forma en que lo había hecho, deseoso, caliente, ¿Por qué se atrevía a negar rotundamente lo que su hermano sentía por él?

Agitó su cabeza con fuerza, sintiendo como si estuviera a punto de abrirse por la mitad, y debió aceptar que su cerebro no podría hacer más por aquella noche.

-Hiro- gruñó, aún estupefacto por la confesión del muchacho, antes de volver a negar. No podía explicar ni entender mucho en ese momento, y sólo había una cosa que tenía clara-. No estoy en condiciones para hablar de esto ahora, pero… por favor, abre- repitió por milésima vez, colocando sus manos extendidas sobre la bruñida madera, como si ese delicado toque pudiera convencer al chico del otro lado-. No voy a… prometo que no voy a hacer nada, pero necesito verte, necesito abrazarte y saber que estás bien… por favor…

Su voz era baja, un ruego lastimero que comenzó a mezclar el inglés y el japonés con cada segundo que pasaba. Necesitaba tener a su hermano entre sus brazos, saber que estaba bienaunque se sintiera de lo peor; quería poder consolarlo, mimarlo y que se desahogara entre sus brazos. Aunque la situación entre ellos no estaba ni cerca de solucionarse, quería hacerle sentir que no estaba solo, que él estaría siempre a su lado aunque no fuera la mejor de las compañías y por sobre todo, quería resarcir el error que había cometido.

Pero a medida que los segundos se asomaban al minuto sus esperanzas comenzaron a flaquear y la certeza de que la había cagado de la peor manera posible se alzó sobre él como una sombra sofocante, mientras una angustia terrible le atenazaba el pecho y le dificultaba la respiración sólo de creer que Hiro no podría volver a verlo sin miedo y dolor en los ojos.

Fue por ello que, pese a la incomodidad de la situación en general, Tadashi estuvo a punto de echarse a llorar de dicha cuando la puerta del baño se abrió y un remolino de cabellos negros revueltos se echó sobre él con tal ímpetu que debió dejarse caer suavemente contra el suelo para poder soportarlo, en cuclillas, mientras mantenía fuertemente asido en un abrazo a su hermano menor. Los sollozos ahogados y gemidos de Hiro en su pecho le dificultaban la respiración, y la forma en que sus manos se aferraban a su camiseta, temblando como hojas y sintiéndose más pequeñas que nunca, sólo contribuyeron a que se sintiera como un maldito bastardo, como el peor de ellos.

De hecho, mientras acariciaba su espalda y cabello y lo aferraba con fuerza a su pecho, y mientras las lágrimas no dejaban de fluir y empaparle la ropa, Tadashi no pudo evitar volver a ver a Hiro como aquel niñito que siempre consolaba luego de alguna pesadilla, y el remordimiento y la vergüenza no hicieron más que sumergirle un poco más en el autodesprecio y el dolor que le causaba ver a su hermanito así por su culpa.

-L-Lo siento- sollozó el chico contra su pecho, y Tadashi le miró asombrado por la repentina disculpa-. Lamento no poder cambiar esto, Tadashi.

Y el aludido debió apartar la vista, sintiéndose asfixiado por un momento, porque así como lo decía, con ese dolor, con esa culpa y con esa absoluta sinceridad, Tadashi estuvo a punto de creer que Hiro de verdad sentía todo lo que afirmaba sentir por él.

Apartó la idea mientras lo estrechaba con más fuerza contra él y repartía con una de sus manos lentas y cálidas caricias por la espalda temblorosa, soportando los sollozos y las disculpas que cada cierto tiempo dejaban los labios del chico.

En algún momento de la noche los espasmos cesaron, las lágrimas dejaron de fluir y los sollozos ahogados dieron lugar a un hipo en sueños que le partía el corazón, y con la cabeza aun revuelta y pesada, Tadashi llevó a su dormido hermano hasta la cama en la que todo había comenzado, antes de dirigirse a la suya, donde aún le esperaba una larga noche de sueño intranquilo y agotador.


Suspiró pesadamente, dejándose caer con un ruido sordo en la tumbona, echándose hacia atrás y soportando el peso de su cuerpo en sus brazos. Agradeció el sopló gélido de viento en su rostro sudado y caliente como si no estuviera en pleno invierno. Alzó la mirada al cielo encapotado y apunto de soltar nieve sobre ellos, con el sonido de sus amigos luchando como un familiar murmullo a la distancia, uno que ya había aprendido a ignorar con total naturalidad.

Se irguió para tomar una toalla de la mesa junto a él y secarse el sudor, pero una mancha oscura en la periferia le hizo alzar la mirada en esa dirección mientras lo hacía.

Hiro mantenía una postura relajada mientras se escurría del entrenamiento grupal, y creía entrever una sonrisa a través del casco violeta mientras se dirigía al encuentro con Fred, que permanecía sentado al otro extremo de la fila de asientos, a varios metros de distancia.

Aún no podía verlo y no pensar en la vergonzosa forma en que había actuado con él, pero al menos su hermano parecía haberlo superado bastante bien a pesar de todo. Claro, la situación había sido incómoda en casa durante el viernes y sábado, aunque lograban permanecer en la misma habitación por unos cuantos minutos antes de que alguno de los dos necesitara huir, y durante ese día, mientras cada uno permanecía distraído en sus propios combates, al menos podían permanecer cerca sin ser cien por ciento conscientes del otro... o bueno, esperaba que Hiro lo estuviera sobrellevando mejor que él.

Porque en lo que a Tadashi refería, nunca antes había sido tan consciente de la cercanía de su hermano como aquel día. Cada estrategia, cada paso, cada movimiento que realizaba con la elegancia de una coreografía. Nunca había notado que Hiro pudiera hacer volteretas como las que hacía ni las patadas que repartía a diestra y siniestra entre sus compañeros, la facilidad con la que desviaba cada ataque de Gogo y Honey y como, sin necesidad de Baymax, podía dejarle el camino libre a Wasabi ante sus amigas.

El mismo Wasabi que ahora se hallaba en un gran aprieto sin su escudo, mientras éste paraba por fin frente al rubio.

Algo en el pecho del mayor de los Hamada se agitó cuando vio a su hermano sacarse su casco y agitar sus cabellos húmedos en un gracioso movimiento, antes de esbozar una de sus encantadoras sonrisas de oreja a oreja para su amigo, y nuevamente un dejo de celos se removió en su interior al verle dedicar a otro esos gestos de confianza que le negaba a él.

Parpadeó un par de veces y negó con fuerza, sacudiéndose la idea al notar lo peligrosa que era. Ya habían dejado claro que la relación entre Fred y Hiro era sólo de amistad, y si no lo fuera estaba claro que no eran celos lo que debía sentir por ella.

A pesar de ser consciente de ello, no pudo despegar sus ojos de la figura de su hermano, de pie en una postura relajada pero erguida, elegante y esbelto como ningún adolescente o nerd tenía derecho a serlo. Su cabello desordenado no parecía otra cosa que salvajemente adorable, y era el complemento perfecto para ese cuerpo que sin las corazas de fibra de carbono se pegaba como una segunda piel a cada músculo delicadamente trabajado. Para su sorpresa, se descubrió recorriendo la curva marcada del pequeño trasero de su hermano, al igual que la forma en que su espalda lumbar se arqueaba suavemente, de modo encantador y por poco femenina.

Tragó saliva, sintiendo su rostro acalorado de repente, y se obligó a apartar la vista del chico, sintiendo el remordimiento aflorar en su pecho al ser consciente de la forma en que le veía.

Sin embargo, e ignorando la forma en que su estómago se contraía por ello, pronto volvió a fijar sus ojos en el rostro del otro. Entonces frunció el ceño ante la mueca de sorpresa que había borrado la sonrisa alegre y la había reemplazado por un par de ojos abiertos de par en par.

Cuando giró su rostro en dirección a la arena de entrenamiento, Tadashi pudo apreciar perfectamente el notorio rubor que cubría sus mejillas e incluso la punta de sus oídos de una manera que sólo podía ser encantadora.

Ignorando el pensamiento, siguió casi sin notarlo la dirección de la mirada de su hermano, justo al lugar en que Wasabi esperaba el ataque de ambas chicas completamente desprotegido. Alcanzó a ver cómo lograba esquivar una de las esferas de Honey antes de volver su vista a su hermano, que intercalaba su mirada sorprendida sin parar entre su interlocutor y el héroe moreno.

Se inclinó levemente sobre el rubio y le susurró algo. Fred asintió lentamente, rojo como un tomate.

Acto seguido, se echó a reír. Una risa claramente entre dientes, con los ojos cerrados y las mejillas redondas y rojas llenas de hoyuelos, con el cabello agitándose al viento y una mano en su nuca, un gesto que tenía desde pequeño.

Tadashi estuvo seguro de que su pecho se estremeció por la imagen, que le obligó a volver a tragar saliva y sonrojarse nuevamente. ¿Desde cuándo su hermano podía verse tan lindo y encantador sin siquiera proponérselo?

-¡Hiro, necesito una mano aquí!- la voz de Wasabi, alterada y ronca debido al esfuerzo de tener a Gogo a punto de decapitarlo, interrumpió el momento y el chico se precipitó al combate luego de despedirse del rubio con una seña.

Tadashi no pudo evitar quedarse prendado del desafío en los ojos de su hermano cuando tomó carrera y se lanzó al combate de un solo impulso que obligó a Gogo a usar su disco como escudo para rechazarlo, evitando que el próximo ataque cayera sobre el moreno.

Nuevamente los movimientos del muchacho le dejaron completamente encantado por lo decididos que eran, por su fuerza, pero sin poder evitar preocuparse por lo impulsivo del muchacho en batalla, pues aunque sabía que Gogo jamás le haría daño, ciertamente le era imposible el ignorar que había saltado a la pelea sin ponerse su casco aunque lo tuviera en mano.

Se lo puso en cuanto Gogo le dio un pequeño descanso, para su más profundo alivio, pero no pudo separar sus ojos del chico, obnubilado con su silueta en batalla y la elegante agilidad de sus movimientos.

El brillo absorto en sus ojos no pasó tan desapercibido como hubiera querido.

-Si sigues viéndolo así, no seré el único que lo note.

Tadashi alzó la mirada en dirección a la voz que había hablado, sólo para encontrarse a su rubio amigo aún dentro de su traje de lagarto y mirándolo con una sonrisa entre divertida y conciliadora, mientras le tendía un vaso de lo que parecía ser limonada. La aceptó y en el acto una profunda culpa le oprimió el pecho al recordar todo lo mal que había pensado de él.

Sin embargo pronto sus palabras llamaron su atención, y sospechando su terrible sentido trató de hacerse el tonto.

-¿C-Cómo?- preguntó con su voz ahogada y en el momento se maldijo por el estúpido tartamudeo.

Más si Fred escuchó la pregunta la ignoró totalmente. Se sentó en la tumbona junto a él y continuó, con la mirada en la arena de entrenamiento, aunque Tadashi creía adivinar que su mente estaba en un lugar completamente diferente en ese momento.

-Creo que no hemos hablado mucho desde que volviste, ¿No?- preguntó, y Tadashi supo de inmediato que se refería a su supuesta resurrección. Aunque no sabía a qué venía la pregunta acabó asintiendo, pues ciertamente su número de charlas se habían reducido considerablemente en comparación a lo que eran antes del incendio. Fred continuó, esta vez volteando a verle, una mirada que era casi inescrutable a excepción del dejo conciliador en sus ojos azules-. Pero sí que he hablado mucho con Hiro- Tadashi se tensó en el acto ante la mención de su hermano, extrañado e incómodo, pero el rubio continuó sin detenerse en ese detalle-, y más importante aún, lo he escuchado, mucho, y creo que por su bien es hora de que tú me escuches también- aseguró, con un brillo en sus ojos que rara vez Tadashi le había visto. De repente los ojos azules de su amigo, usualmente risueños y jocosos, parecían profundos, serios y con una convicción que no dejaba lugar a réplica, parecía una persona mucho mayor-. Hiro vivió algo muy doloroso cuando te fuiste, Tadashi, y lo que menos necesita ahora es perderte otra vez.

El chico frunció el ceño, confundido por sus palabras.

-¿Qué…?

-Lo que quiero decir- continuó, interrumpiéndolo al adivinar su pregunta- es que él te necesita, y si tú no estás dispuesto a tratar de entender lo que está pasando, por lo menos no lo trates como si estuviera confundido. Es un chico muy inteligente para eso, él sabe bien lo que siente.

Tadashi no pudo decir nada ante eso, en su lugar prefirió fijar sus ojos en el líquido amarillo en su vaso mientras sopesaba sus palabras. Hiro le había confesado ya que había hablado de ciertas cosas con Fred, por lo que sus palabras en realidad no le sorprendían. Lo que sí desconocía era hasta qué punto habría llegado, y francamente estaba sorprendido de que el rubio se tomara con tanta calma algo que a él y, creía, a cualquier persona normal le revolvería el estómago.

Aunque también le llamaba la atención la seguridad que tenía el otro en los sentimientos que su hermano afirmaba tener por él, y le inquietaba un poco el que Fred pudiera saber algo de lo que había hecho la madrugada del viernes, la forma en que había abordado a Hiro. Aunque sospechaba que él no se hubiera acercado tan tranquilo de saberlo.

Con un peso en el estómago que le era imposible de ignorar, Tadashi suspiró pesadamente.

Si Fred y Hiro estaban en lo cierto y Hiro realmente sentía todo lo que decía sentir por él, entonces no sólo estaba jodido, estaba enterrado en la mierda hasta el cuello. ¿De qué forma iba a afrontar aquello?, ¿Cómo iba a lograr que su hermano entrara en razón?, ¿Cómo iba a poder ver a Cass a los ojos después de eso?

Y estaba la otra parte, ¿Cómo iba a poder ser el pilar que mantuviera fuerte a Hiro si era el punto débil en todo aquello?, ¿Cómo volver la relación con su hermano a lo que era antes?, ¿Cómo podía mantenerse a su lado sin perder todo lazo en el proceso?

Tragó saliva cuando una idea fugaz comenzó a formarse en su mente. Si la cercanía con Hiro era el problema de todo aquello, ¿Por qué simplemente no se iba de casa? Es cierto, perdería la posibilidad de estar con él y consolarlo, pero al menos tal vez su ausencia ayudara a poner las ideas en claro a Hiro y no terminaría por perder a su hermano por completo.

Un sabor agridulce se formó en su pecho. Volvió a suspirar pesadamente y Fred se compadeció de él. Entendía a su amiguito porque sabía lo que sentía, y entendía a Tadashi porque no podía imaginarse lo que estaría sintiendo en ese momento.

-No te estoy diciendo qué hacer- aseguró, tratando de sacar al otro de sus pensamientos-. Sólo quiero que lo pienses, que trates de entender a Hiro, hablar con él y, tal vez, acaben llegando a un punto en que ambos se sientan cómodos. Son hermanos, Tadashi, nunca el amor debería ser lo que los separara de esta forma.

El aludido abrió los ojos de par en par por la sorpresa antes de, apenado, apartar la vista, sintiendo como la temperatura en su rostro aumentaba varios grados.

La sensación agridulce se acentuó en su estómago ante aquellas palabras, junto a algo que se sentía muy similar al dolor. Dejar la casa, ¿Realmente era necesario llegar a ese punto para que las cosas fueran bien entre ellos?

Lo que menos necesita es perderte otra vez.

Desestimó rápidamente la idea, con una profunda convicción en su interior. Nunca había existido un pilar que mantuviera de pie una fortaleza a la distancia.

Lo único que podía hacer era ser paciente y tratar de estar ahí para su hermano en lo que pudiera. No sabía cómo haría frente al camino que deberían recorrer, pero al menos sabía que lo haría junto a Hiro.

Resuelto, aunque no por ello menos avergonzado, se giró nuevamente al rubio. Fred sonrió al ver el agradecimiento en los ojos de su amigo.

-Fred… ¿Siempre fuiste tan inteligente?

El rubio se echó a reír entre dientes, sintiéndose un poco mejor por ambos hermanos y consigo mismo. Tal vez Hiro tuviera razón y no fuera sólo el idiota destinado a hacer reír al grupo.

-Creo que es la influencia de hablar con tu hermano…- comentó, a lo que Tadashi asintió, llevándose por fin el vaso de limonada a los labios-… O tal vez el tener sexo salvaje con Wasabi, no sé.

Tadashi jadeó por la sorpresa antes de comenzar a toser desesperadamente, tratando de expulsar la limonada que se había ido por todos los agujeros equivocados. Sobraba decir que eso no se lo esperaba para nada.

Un par de segundos después, y aun entre hipidos desesperados, acabó echándose a reír.

-Gr-Gran reflexión- soltó, entre risas y tos. Fred rio levemente, sonrojado.

Era bueno poder recuperar algo de su vieja relación con Tadashi.

Una vez vio que el chico se había recuperado por completo se puso en pie.

-Sea lo que sea que hagas, no lo solucionaras ahora- comentó, colocándose la parte superior de su traje-, así que te recomiendo patear un par de traseros metálicos antes de irte. Suele bajarme el estrés.

Tadashi asintió con una sonrisa antes de ponerse en pie también y seguir a su compañero hasta el sitio donde Wasabi necesitaba urgentemente un relevo.

Pronto el entrenamiento acabó convirtiéndose en una batalla de equipos, donde Fred se encargó de poner nombres ridículos que se les olvidaron apenas los dijo y Gogo, estando en el mismo equipo que Wasabi y Honey, se encargó de cobrarse por fin venganza con Tadashi por aquel entrenamiento en que no le había dado ni una vez.

Pero debía admitir que gran parte de la culpa por su falta de eficacia la tenía el muchacho que tan grácilmente esquivaba las esferas de Honey a su lado, con esos movimientos coreográficos y fuertes que acababa de descubrir.

Trató de concentrarse en la pelea, en verdad trató, pero sólo pudo esquivar un par de discos de la coreana por llevar su mirada cada pocos segundos a donde estaba su hermano. Y tal vez por ello notó la forma en que, por fin, una de las esferas daba en el pie de Hiro, expandiéndose inmediatamente la espuma que le inmovilizó a los pocos segundos.

La energía cinética hizo lo suyo y el cuerpo de su hermano, que estaba en carrera al momento de ser impactado, decidió seguir su camino hasta el piso. Tadashi sabía que no era una caída fuerte ni peligrosa, y aunque sin duda le dolería, su hermano no iba a tener ningún daño.

Entonces no entendía por qué corrió en el acto hasta donde el chico estaba, atrapándolo en el aire antes incluso de que se aproximara al suelo.

Hiro jadeó contra él, atravesando la tela de su traje y calentando su pecho con su aliento, a la vez que sus manos se aferraban a sus brazos, buscando colocarse en una posición erguida. Tadashi trató con toda su fuerza de voluntad el ignorar la forma en que su cuerpo se estremeció al ser consciente del contacto de su hermano, pero de igual forma no pudo evitar que su piel se erizara en respuesta y el maldito hormigueo de emoción llenara su pecho.

Hormigueo que se transformó en un verdadero terremoto cuando el chico levantó la mirada, dejándole apreciar la expresión confundida y el brillo adolorido en esos ojos dorados tan similares a los suyos. Hiro llevó su mano hasta el puente de la nariz, que ahora que lo notaba parecía ligeramente enrojecido, y masculló una maldición demasiado suave para lo que Tadashi sabía era su vocabulario.

Y cuando sus ojos dieron con él, reconociendo de quién era el cuerpo en el que estaba recostado casi por completo, Tadashi no pudo evitar sonreír divertido ante el potente rubor que ahora sí se extendió por todo su rostro, incluso la punta de sus oídos. El chico tartamudeó torpemente algo que parecía ser su nombre, y él le dedicó una mirada maliciosa que de inmediato le dejó mudo.

Tadashi maldijo en su fuero interno al reconocer la forma en que el hormigueo se extendía ahora a todo su cuerpo ante la visión de la tierna e infantil carita de su hermano roja por la vergüenza, y se sorprendió cuando otras partes de su cuerpo también temblaron ante la distancia nula con el otro.

Tragó saliva, la sonrisa perdiéndose lentamente al ser consciente de lo que estaba haciendo, y no pudo evitar un estremecimiento por la forma en que Hiro sólo se quedaba allí, de pie, completamente quieto. Ruborizado, expectante y completamente sumiso, Tadashi sólo pudo pensar que su hermanito era demasiado lindo para su propio bien.

Sin embargo, frunció el ceño cuando notó como la mirada, sumisa y expectante, se tornaba en una claramente espantada, mientras el rubor en sus mejillas se degradaba lentamente hasta que la piel se tornó de un color casi pálido. Frunció el ceño con extrañeza, antes de notar la forma en que las manos sobre sus brazos trataban de apartarlo con demasiada insistencia.

-¡Hiro!- la aguda exclamación de Honey los obligó a soltar un respingo, y Tadashi de inmediato se apresuró a ayudar al chico a colocarse correctamente de pie, al tiempo que la preocupada rubia y el resto de sus compañeros llegaba a ellos. Tadashi respiró aliviado al notar que ninguno de ellos parecía haberse percatado de nada, a juzgar por sus expresiones-. Ay, Hiro, perdón. No quería ser tan ruda. ¿No te esquinzaste?

Los hermanos vieron como rápidamente la chica sacaba de su bolso un tubo de ensayo diminuto y vertía algunas gotas del líquido solvente sobre la mezcla ya endurecida, causando que ésta se derritiera y Hiro pudiera retirar su pie. Aún sosteniéndose del hombro de Tadashi, Hiro hizo un par de movimientos de prueba antes de sonreír a la chica.

-Tranquila, Honey. Está todo bien.

Tadashi lo miró de reojo, siendo demasiado consciente de la forma en que el chico se alejaba disimuladamente de su lado. Por un momento creyó que, por extraña que fuera su propia reacción, la expresión de Hiro podría llegar a augurar un mejor desarrollo de su relación a partir de ahora… Pero considerando su apuro por mantener la mayor distancia posible con él, ya no estaba tan seguro.

Suspiró disimuladamente, sintiéndose nuevamente apesadumbrado.

Gogo bostezó audiblemente a lo lejos y todos llevaron por reflejo la mirada al cielo encapotado, que poco a poco estaba pasando a ese gris oscuro que anunciaba la proximidad de la noche.

-Creo que ha sido suficiente entrenamiento por hoy- comentó Wasabi, con una voz que denotaba cansancio, mientras hacía movimientos circulares con el brazo-, este cuerpo ha sido explotado mucho en el último tiempo.

Algo dentro de Tadashi le decía que era mejor no pensar en el significado de la mirada indignada que Fred le echó al moreno ante el último comentario, pero no pudo evitar prestarle atención cuando se puso de pie sobre una tumbona. Aplaudió un par de veces para que todos le escucharan.

-Ahora, chicos, cierren la boca y escuchen- exclamó, en un tono pomposo que le sacó una sonrisa a la mayoría y causó que Gogo alzara una ceja, esperando la próxima y brillante estupidez de su amigo-. Tal vez no lo recuerden, pero hace un año les prometí que iríamos a la isla de mi familia, y dado que nos quedan dos semanas completas después de que Cass regrese, declaro que la segunda mitad del Mes de Cuarentena será ¡El mejor fiestón de nuestras vidas!

El tono emocionado y sus palabras despertaron en el equipo un murmullo de emoción y risa. La perspectiva de un viaje entre amigos, fiestas y diversión a siempre era bien recibida.

-No sé si emocionarme o temer por mi vida.

Bueno, por casi todos. Pensó Tadashi con diversión, mirando de reojo a su amiga coreana. Soltó una risita al ver la sonrisa que la chica no podía ocultar.

Entonces las palabras del rubio hicieron ruido en su cabeza. Por instinto llevó su mirada hasta su hermano, y al encontrarse con su mirada confundida supo que él también lo había notado.

-Espera… ¿Estás diciendo que nos esperaran para ir?- preguntó, en un tono alarmado que dejó clara su negativa-. No, no, no. No podemos permitir eso.

-Sí, chicos- arqueó ambas cejas al oír a su hermano apoyándolo, en un tono tan preocupado como el suyo-. Preferiría mil veces no ir antes de que ustedes desperdicien tiempo por nosotros.

Fred les dedicó una sonrisa, poniendo sus brazos de lagarto en jarra.

-Amigos, ustedes deben ser el principal motivo de este viaje… especialmente, no podemos irnos sin Tadashi- aseguró, y el aludido no pudo evitar ruborizarse al ver los cinco pares de ojos que se giraban hacia él cargados de afecto, y una especie de calidez inundó su pecho, lmenos hasta que Fred volvió a abrir la boca-… porque él será el conductor designado.

Los demás miembros del grupo se echaron a reír al unísono y el aludido se llevó una mano al rostro, pellizcándose el puente de la nariz y conteniendo una carcajada.

-Claro, ¿Por qué no?- ironizó, poniendo los ojos en blanco y haciendo un exagerado gesto con los hombros. A su alrededor, las risas de sus compañeros volvieron a llenar el lugar.


Oyó a Hiro maldecir por lo bajo desde la sala de estar, e inmediatamente alejó la mirada de su celular, con sus ojos fijos en el quicio de la puerta.

Tragó el bocado de sándwich que estaba masticando y dudó por un momento. Como las últimas dos noches, Hiro se había encargado de mantener distancia en la medida en que le fuera posible sin ser descortés con él. Había permanecido sentado en la cocina, secándose el cabello despreocupadamente –si es que a permanecer con una toalla en la cabeza sin hacer nada se le podía llamar así- mientras él se preparaba un café y un aperitivo, pero se negó a que le preparara algo a él también y había huido en cuanto se sentó en la mesa, alegando que estaba por comenzar alguna serie que seguía.

Aunque claramente era una excusa, simplemente lo aceptó y se dedicó a pasar el tiempo en las redes, comiendo sin prestar mucha atención a su comida. Sabía que era incómodo para el chico estar junto a él, incluso para Tadashi lo era, por lo que de cierta manera agradecía esa distancia. Era más fácil actuar como normalmente lo hacía cuando su hermano permanecía en un lugar diferente al suyo, como una presencia silenciosa que le ayudaba a dar un toque más de rutina a su día a día.

También estaba feliz de que hubiera dejado de ir a la casa de Fred cada noche, aún con lo horrible que eso sonaba. La realidad es que esos celos enfermizos habían desaparecido por completo en cuanto Fred salió de la ecuación como una amenaza a la santa virginidad de su hermanito, pero aun así seguía inquietándole el que estuviera a solas con él.

No podía evitar sentirse un bastardo al seguir recelando de un amigo que había sido tan bueno con él siempre, que le había dado buenos consejos y que constantemente estaba dispuesto a dar una mano. Pero ese instinto sobreprotector que tenía con Hiro le impedía ser objetivo con las otras personas y sus propias acciones, y lo había comprobado de a peor manera.

Por paradójico que sonara, permanecer junto a Hiro parecía ser la única forma de controlar sus propios impulsos sobre él.

Haciendo a un lado el perturbador pensamiento, Tadashi se concentró en volver a comer, tratando de ignorar la voz en su fuero interno que le decía constantemente que su hermano necesitaba su ayuda, como si fuera otra vez un bebé que no podía hacer nada por sí mismo.

Intento que se fue al caño cuando Hiro soltó un gemido de dolor y él se puso en pie como un resorte, dirigiéndose al lugar de donde provenía la voz.

Entró justo a tiempo para ver cómo su hermano permanecía encorvado sobre el sillón con sus manos sosteniendo una de sus piernas en un ángulo extraño y gimoteando maldiciones y siseos mientras permanecía con la mirada fija en su pantorrilla, su pantalón de algodón alzado hasta la rodilla.

Tadashi frunció el ceño, extrañado.

-¿Qué haces?- preguntó de golpe, y no pudo evitar reír en su fuero interno al ver como el chico soltaba un grito por la sorpresa y soltaba su pierna, dando una patada a la mesa.

La mirada fulminante que le dedicó fue tan natural que Tadashi experimentó un sentimiento similar a la nostalgia. Amplió su sonrisa socarrona al ver el pequeño puchero en los labios de Hiro.

-Nada- gruñó enfurruñado, mientras bajaba la tela de su pantalón.

Tadashi puso los ojos en blanco antes de, con cinco zancadas, rodear el sillón y colocarse entre la mesa y el chico. Sin el menor reparo aferró por el tobillo la pierna que el chico acababa de ocultar y jaló de él, escuchando la queja del adolescente, que por poco se cae del sillón. Tadashi no siempre podía ser paciente con su hermano, y mucho menos cuando sentía que podía estar ocultándole algún peligro. Alzó la tela del pantalón y, en el acto, soltó un respingo.

Sobre la bruñida piel de la tibia había un notorio hematoma, de un color púrpura para nada bonito, y con una fina línea de piel lacerada que brillaba por la humedad de la sangre.

Hiro apartó la mirada en el momento en que la expresión acusadora del otro chocó con él, y Tadashi no necesitó más que eso para saber que era consciente de que había sido un idiota.

-¿Qué es esto, Hiro?- reclamó, con la molestia más que evidente en su tono hosco, elevando la otra pierna, sólo para encontrarse con el mismo resultado.

-Las botas magnéticas de mi traje son rígidas para un mayor agarre cuando vuelo- explicó en un tono bajo, y Tadashi supo reconocer la expresión que siempre ponía cuando lo regañaba de niño, con los ojos esquivos y un pequeño puchero en la boca. Su corazón palpitó con fuerza, pero él aún debía mantener la mascarada de enfado-, pero eso hace que se mantengan demasiado firmes contra la piel y me lastimen si permanezco en vuelo por mucho tiempo... estos moretones se me hicieron durante tu semana de prueba, pero desde entonces no volvimos a tener tanto alboroto y creo que hoy, con el entrenamiento con las chicas, me excedí de nuevo- acabó, y Tadashi no podía creer que se pareciera tanto a un perrito regañado.

Se moría de ganas de regañar a Hiro como se lo merecía, de lo idiota que era por no decirle antes y de cuanto podía empeorar aquello si no se higienizaba correctamente. Suspiró pesadamente y alzó la mirada hasta el rostro del otro, dispuesto a soltarle una retahíla de reproches por su idiotez, cuando la expresión en el rostro de su hermano lo detuvo.

Hiro apartaba la mirada de él, aun con las pestañas bajas y con el puente de la nariz ligeramente fruncido en lo que le recordaba la expresión de Mochi cuando siseaba, molesto. Su pelo húmedo dibujaba largas sombras sobre su rostro, por lo que le era imposible leer lo que pasaba por su mente en sus ojos a pesar de la leve luminiscencia extra que le regalaba el fuego encendido en la esquina de la habitación, pero, a juzgar por la tensión que repentinamente notaba en las piernas entre sus manos, no eran pensamientos agradables.

Entonces se dio cuenta, y se maldijo en su fuero interno por la brusquedad con la que se había acercado al chico cuando esos días anteriores apenas se había atrevido a dirigirle la palabra.

Su gesto hosco al alejarse en la mansión de Fred retornó a su memoria y Tadashi tragó saliva.

Era un ingenuo si creía que porque Hiro le había dejado consolarle y se dignaba a quedarse en casa en vez de ir hasta la de Fred, las cosas entre ellos mejorarían sencillamente. Desde luego que Hiro seguía molesto con él, su actitud esquiva debería habérselo dejado claro desde un primer momento.

Tal vez Fred había resultado alentador con sus consejos, y sabía que debía seguirlos para que las cosas entre Hiro y él mejoraran. Pero ese era sólo su parte del proceso, Hiro aún debía trazar su propio camino para perdonarle.

Y bueno, lo mínimo que podía hacer para ayudarlo era ser paciente y estar allí cada vez que Hiro lo necesitase.

Como en ese momento.

Soltó un pequeño suspiro, sin poder evitar sentirse desilusionado, antes de ponerse en pie.

-Aguarda aquí un momento- pidió, sin dirigirle la mirada, mientras se dirigía a la cocina. Volvió a los pocos segundos con el kit de primeros auxilios que Cass siempre guardaba sobre el refrigerador y con un ronroneante Moshi reclamando su porción de alimentos.

Notó levemente como Hiro se apretaba contra el respaldo del sillón, pero trató de ignorarlo para volver a tomar una de las piernas del chico nuevamente, con mil veces más delicadeza. No le pasó desapercibida la forma en que el otro se tensó cuando llevó su rostro hasta la herida y olfateó levemente, comprobando que no hubiera ya una infección en proceso. Bien, sólo olía al leve aroma a hierro de la sangre.

-Tal vez duela un poco- comentó, destapando la botella de agua oxigenada y vertiendo su contenido a gotas sobre la herida, ayudándose de una gasa para evitar que el resto del líquido cayera al suelo, ante la atenta mirada del otro.

Debió sujetar con fuerza su pierna cuando el efecto efervescente comenzó y la herida se llenó de una espesa capa de espuma. Ya había visto suficiente de las patadas de caballo de su hermano como para saber que no quería una en su cara por mucho que se las mereciera.

-¿Qué es exactamente un poco para ti?- siseó el chico, antes de soltar un gimoteo muy similar a un insulto en su honor. Tadashi no pudo evitar sonreír con diversión.

Hiro siempre sería su bebé llorón.

-Vamos, héroe. Eres capaz de hacerle frente a un rinoceronte, un grupo de ladrones armados, un asesino, y sepa Dios cuántas cosas más, ¿Y no puedes con un poco de ardor?- comentó, divertido, mientras limpiaba la espuma. Disfrutó por un segundo de la expresión aliviada del chico, antes de volver a echar una generosa cantidad que le regaló un grito y una segunda retahíla de insultos-. Tal vez ahora aprenderás a hablar de tus heridas antes de que se infecten, cabeza de chorlito... ¿Cómo es que Baymax no notó esto?- se extrañó, y el chico volvió a apartar la mirada cuando le dedicó un gesto inquisidor.

-Me molestan mucho los escaneos de Baymax, así que lo he estado evitando por un tiempo- explicó, y Tadashi le miró sorprendido. Eso era raro y peligroso.

Sin embargo volvió a reprimir el comentario, en su lugar se encargó de secar otra vez la herida y aplicar sobre ella un poco de pomada antibiótica que Moshi se aproximó a oler con curiosidad, sólo para apartarse sacudiendo la cabeza.

-Aún así, deberías pedir ayuda cuando estas cosas pasan- dijo. Debería contentarse con eso por ahora, y por la forma en que Hiro resopló, disgustado, supo que lo había tomado como el regaño que era. Dándose por satisfecho, Tadashi decidió llevar la conversación a terrenos menos peligrosos-. ¿Y por qué no pones simplemente relleno al borde de tus botas?

-Oh, pero que brillante, ¿Cómo no se me ocurrió a-¡ah! ¡Mierda, Tadashi!- exclamó en un siseo agudo, interrumpiendo su ironía cuando un nuevo chorro de agua oxigenada comenzó a burbujear en la herida de su otra pierna- ¡¿Puedes avisar, maldito bastardo?!

Alzó una ceja ante el insulto, pero considerando que por una vez se lo merecía, lo dejó pasar mientras sujetaba la pierna de su hermano.

-¿Decías?- continuó con tranquilidad, sintiendo la mirada fulminante del chico sobre él. Sabía que estaba molesto, pero al menos le agradaba saber que su enfado era por un motivo diferente esta vez.

-No tengo tiempo- gruñó, apartando nuevamente la mirada. Comenzó a dar lentas caricias sobre el lomo de Moshi, que permanecía hecho una bolita junto a él-. Antes por la universidad y las misiones, y ahora por el café.

Tadashi frunció el ceño, considerándolo una excusa bastante pobre, pero no pudo evitar asentir al recordar que su hermano, con todo lo excepcional de su vida, seguía siendo un adolescente con sus breves períodos en que simplemente quería holgazanear.

Agregó el ungüento a la otra herida y, cuando estuvo satisfecho, se puso de pie con el kit en las manos. Ahogó un bostezo con el dorso de la mano y, repentinamente embargado por el sueño, echó una mirada al reloj que colgaba en una de las paredes. Se sorprendió al saber que pasaba de la medianoche.

-Será mejor que nos vayamos a dormir de una vez- dijo, dirigiéndose hacia la cocina-, hay que abrir el café mañana.

Sin embargo se detuvo al ver que el chico no le seguía y en cambio se quedaba mirando fijamente sus piernas sin prestarle atención al televisor encendido o a Moshi.

-¿Hiro?- le llamó, y el chico recién entonces reaccionó dando un respingo- ¿Vienes?

Se sintió incómodo por la forma en que lo había dicho, y el que el otro se tardara unos segundos más en responder no ayudaba exactamente a relajarlo.

-Está bien, iré en un rato- respondió en una voz tan baja que apenas fue capaz de entender. Una ligera presión se hizo presente en su pecho ante el tono extraño en su hermano, pero lo dejó pasar, suponiendo que el chico necesitaba su tiempo.

-Bien- aceptó, aun dudando si era lo correcto irse sin indagar sobre su desgano, pero acabóoptando por lo contrario-. Apaga el fuego cuando te vayas.

Y se retiró sin más respuesta que un leve cabeceo del chico. No pudo ignorar la forma en que el pecho se le atenazaba más y como su cabeza punzaba con la idea de que algo no iba del todo bien.


Pese a sus malos presentimientos, los días siguientes lo sorprendieron con una gran mejora en el comportamiento de su hermano. Seguía siendo esquivo y más silencioso que de costumbre, pero al menos no trataba de encerrarse en el cuarto cada vez que entraba a la casa después de cerrar el café, y podía mantenerse sentado en la misma habitación cuando comían, aunque aquellas comidas no eran ya las mismas que antes, cuando hablaban desde tecnología y avances para Baymax hasta anime.

Sentía nostalgia por aquella relación que no sabía si recuperaría, y aunque sabia que la situación era incómoda, se consolaba en que pudieran aparentar normalidad en el día a día, como ahora, mientras Hiro se paseaba entre los pocos clientes que quedaba en el café aquella fría noche, levantando pedidos con calma, recibiendo la cuenta y algunas propinas que, aunque en otro tiempo se las hubiera arrebatado solo para tomarle el pelo, ahora no se atrevería.

Sí, era imposible ignorar que las cosas no eran iguales, y eso le hizo sentir una pequeña pesadez. Pero prefería eso a volver a ser visto por Hiro de la misma forma que la noche en que lo atacó.

El sonido de los pasos acercándose le obligó a alzar la mirada a tiempo de ver al chico acercarse a él. Frunció el ceño al ver que no alzaba la vista en su dirección.

-La mesa cinco quiere otro café con croissant- dijo sin más, y Tadashi se molestó al ver que se disponía a marcharse aunque no hubiera nadie requiriéndolo en ese momento.

Pese a la mejoría que había notado desde la noche en que le curó, aún había momentos como aquellos en que Hiro huía de él sin motivo aparente, sin que hubiera hecho nada para molestarlo. Tadashi no estaba seguro de lo que su hermano pensaba en esos momentos, aunque sospechaba que Hiro recordaba de una u otra manera la forma en que lo había atacado, trataba de imponer espacio entre ellos para calmarse o lo que debiera hacer.

Cuando eso ocurría, rompiendo la máscara de normalidad que tanto lo tranquilizaba, Tadashi se sentía embargado de una profunda frustración. Y aquella no era la ecepción.

-¿Puedes hacerte cargo de los croissant?- pidió antes de siquiera pensarlo, y solo pudo maldecirse mentalmente al ver la forma en que, en el acto, los hombros de Hiro se tensaron y él vaciló un momento, a punto de marcharse, antes de meterse en el espacio tras el mostrador a regañadientes.

El pequeño espacio tras el mostrador.

Fue solo cuando lo tuvo pegado a él que notó lo tenso que estaba en realidad su hermano, y no pudo evitar sentir una alerta extenderse por todo su cuerpo ante eso.

¿Estaban las cosas realmente mejorando como creía?

Hiro se inclinó mientras continuaba preparando el café con la máquina, y frunció el ceño al ver el plato en su mano temblar cuando abrió la puertilla de metal para tomar el bocadillo.

Sabia que le había pedido eso en parte para castigarlo por estar tan distante, tal vez incluso para probarse a sí mismo que las cosas no eran tan malas como él creía. Pero la clara tensión que su hermano demostraba al estar tan cerca, y que ahora que lo pensaba había estado presente cada vez que se acercaba a él en silencio y le sorprendía, era una bofetada tanto a su esperanza de mejorar las cosas, como a su maltrecha consciencia.

Cuando hubo cargado los tres croissants que el cliente había pedido, Hiro se apresuró a ponerse en pie y, desde luego, huir tan rápido como pudiera. Tadashi, que ya había acabado con el café, estiró su mano para tomar su hombro y detenerlo: tendría piedad y le permitiría marcharse si ya lo quería.

Sin embargo, en cuanto la mano del mayor se posó en el hombro de Hiro, Tadashi solo pudo ver de reojo como su hermano se volteaba, alerta, y el estruendo del blanco plato de porcelana al hacerse añicos enmudecía todo otro sonido en el café.

Tadashi debería haber esperado esa reacción, sabía que sí, pero jamás creyó que todo fuera tan mal como para que, con solo tocarlo, Hiro inmediatamente se pegara a la madera del otro extremo del mostrador, tratando de poner tanta distancia entre ellos como le fuera posible.

Tragó saliva, al tiempo que percibía como los jadeos de Hiro se volvían cada vez más notorios, la forma en que sus dedos se enterraban en la madera al punto de dejar pequeños surcos con sus uñas en la bruñida superficie y como le miraba con los ojos desorbitados, como los de un pequeño conejo a la espera del ataque.

Dejando eso de lado, sabía que debía dar una explicación antes de que el estado de su hermano despertara suposiciones que luego preocuparan a tía Cass, aunque ni por asomo llegarían a ser tan malas como la propia realidad.

-Lo lamento, debí avisarte que había agua- comentó, tomando un trapo que había junto a él e inclinándose a secar un charco que desde luego no existía. Sintió la mirada de su hermano clavada en su nuca el tiempo suficiente para que las charlas a su alrededor volvieran a fluir. Un segundo después, no sin cierta vacilación, se agachó junto a él y comenzó a recoger los restos del plato en silencio.

-Lo siento- se disculpó Tadashi en un susurro apenas audible- yo…

-Solo déjalo- murmuró el chico, cortándolo, para tomar otro plato de bajo la mesa y rápidamente sustituir los croissants en el suelo con unos en buen estado. Se puso en pie, tomó el café y huyó de su lado con tanta rapidez como serenidad.

Tadashi se mantuvo allí abajo un poco más, sopesando la derrota absoluta de su optimismo.

Las cosas con Hiro no habían mejorado, nada. No si el más leve toque obligaba a su hermano a reaccionar como si le hubiera apuñalado. No si era necesario que ambos guardaran silencio cada vez que estaban juntos, momentos en que seguramente Hiro borraba mentalmente su presencia de la habitación. Y definitivamente no estaban bien si notaba como, desde el día que lo curó, Hiro nunca más le vio a los ojos.

Tragó saliva, y solo fue consciente del entumecimiento en sus piernas de tanto estar en cuclillas cuando el rumor de Moshi robando los croissants caídos en su cara le sacó de sus amargas cavilaciones.

Hiro, desde luego, no se había aproximado al mostrador para ver cómo estaba, y francamente le entendería si nunca más quería saber algo de él.


Los tres días posteriores a esa noche las cosas no habían mejorado nada, por el contrario, Hiro apenas si se había cruzado con él más allá de las horas del café, y por algún motivo sentía que su relación estaba incluso peor que en el tiempo en que se la vivía en la mansión de Fred.

Tadashi suspiró pesadamente y apuró un trago de su café, mientras permanecía con la mirada fija en el fuego encendido en la chimenea, sin verlo realmente. Como los días anteriores, su mente estaba en su hermano.

Antes de ver su reacción en el café había dado por sentado que lo que Hiro sentía por él era algo más ligado a la ira, el desprecio o incluso el odio. Era doloroso pensar así, pero era razonable suponerlo cada vez que rehuía de él.

Pero nadie temblaba por odio, o no por lo menos de la forma en que Hiro lo había hecho con un simple toque.

Luego de ese hecho, había dedicado cada momento a ver la forma en que su hermano se comportaba cuando estaba junto a él, y a recordar sus comportamientos luego de que le atacara. Tristemente, no había hecho falta mucho esfuerzo para notar que la forma en que Hiro rehuía su mirada, el cómo trataba de poner distancia entre ellos de la forma más disimulada posible y la manera en que se mostraba reacio a hablar con él, no eran más que señales de que todo se estaba yendo al demonio, y de una manera incluso peor de lo que él había supuesto.

Si las cosas, de hecho, eran como él las suponía, no entendía cómo Hiro había tenido la entereza para no volver a la casa de su amigo, pese a que estaba seguro de que Fred se lo habría ofrecido más de una vez.

Echó la cabeza hacia atrás con un pesado suspiro, antes de llevar su mano libre hasta sus ojos y restregarlos reiteradas veces, tratando de aplacar la punzada que comenzaba a tornarse molesta tras sus párpados. Permaneció así un momento, con los ojos cerrados, tratando de relajarse. En vano, vale aclarar.

Al comienzo de toda aquella locura había barajado en más de una ocasión el marcharse de la casa, ir a algún lugar donde las cosas no fueran tan complicadas. Tal vez un tiempo viviendo en los campus de la universidad sería suficiente para que tanto Hiro como él aclararan sus ideas y las cosas se calmaran. Tal vez la distancia ayudaría a Hiro a ver otras personas, conocer a alguna muchacha...

Un malestar se asentó en su pecho otra vez, y prefirió creer que era culpa, y no el mismo sentimiento que lo había dominado cuando por primera vez la idea de que Hiro y Fred estaban juntos lo había asaltado. Culpa por dejar en aquella situación a su hermano, por marcharse sin dar ninguna explicación a Cass.

Gruñó de forma lastimera. Cass llegaría al día siguiente, y vaya espectáculo habían montado para ella. El café había funcionado a la perfección, pero no tenía la más mínima idea de cómo explicar la tensión entre su hermano y él cuando ella preguntara.

Luego de un momento más sopesando esas cosas, decidió que era algo demasiado pesado para estar pensando a esas horas y, en especial, luego de un largo día de trabajo. Se irguió con otro suspiro cansado y acercó la taza a sus labios, dispuesto a acabarla e irse a dormir.

Sin embargo, una figura por el rabillo del ojo le llamó la atención, y se volteó rápidamente, a tiempo de ver a Hiro dar un respingo al verse atrapado.

Por un instante que se hizo eterno, Tadashi permaneció con la mirada fija en los ojos chocolate de su hermano, paralizado a un escaso metro de él, entre la puerta y el sillón. Se sintió extraño por un momento, como si estuviera demasiado expuesto ante el menor, que permanecía con los ojos fijos en él, tan desconcertado como el propio Tadashi.

Tardó un segundo en darse cuenta que era porque, por primera vez en casi una semana, Hiro le estaba mirando a los ojos.

Se irguió casi de un salto sobre el sillón, como si sólo en ese momento se diera cuenta de que no estaba fantaseando, sino que su hermano estaba realmente allí. Hiro pareció notarlo también, por lo que se apresuró a desviar la mirada

-Yo...- comenzó, dudoso, y Tadashi alzó una ceja, no sabiendo qué esperar de que el otro le dirigiera la palabra tan repentinamente. Sin embargo, tuvo que reprimir un gruñido de exasperación al verle negar-. No, no es nada.

Hizo ademán de marcharse, y Tadashi, antes de siquiera notarlo, ya estaba de pie a su lado, aferrándolo de uno de sus brazos con más firmeza de lo que hubiera deseado. De inmediato el cuerpo de Hiro se tensó, y el mayor maldijo por lo bajo.

-Espera, por favor- pidió con suavidad, relajando el agarre en el brazo del otro, a la vez que, con delicadeza, le giraba para ver su rostro.

Por otro lado, Hiro se mantuvo con la cabeza gacha, ocultando su expresión de sus ojos, y Tadashi reprimió el impulso de obligarle a alzar la mirada, en especial porque la tensión de sus hombros le daba un claro indicio de que no le gustaría lo que vería.

No quería ser brusco, no quería forzarlo a nada, no quería cometer el menor error que pudiera recordarle a Hiro la última vez que le había detenido en aquella habitación. Pero era algo sobre lo que no tenía control, aunque quisiera hacer las cosas bien, pronto los temblores en los hombros de su hermano le demostraron que no podía hacer nada para aliviar a su hermano, además de dejarlo solo.

Una vez más la idea de marcharse se le hizo tentadora, pero simplemente no podía tolerar el dejar a su hermano de aquella forma, desligarse del problema como si no fuera suyo.

Tragó saliva y, reuniendo los jirones de su coraje, deslizó lentamente sus manos por los hombros y el cuello del chico, antes de, empujando con ambos pulgares, echar su rostro hacia atrás con delicadeza.

Sintió su corazón encogerse al ver los castaños ojos inundados en lágrimas, y la forma en que los dientes mordían con saña el labio inferior, buscando acallar sollozos que de igual forma eran evidentes. Hiro era de esas personas que lloraban con todo el cuerpo.

Y él se sentía como la mayor mierda del mundo por, una vez más, orillar a su hermano a esa situación.

Era casi impensable que aquel chico tan risueño que había crecido junto a él ahora no pudiera contener las lágrimas y los estremecimientos ante su cercanía, y menos que estuviera así por su culpa.

Tragó saliva una vez más, antes de soltar la pregunta que le llevaba atormentando hace días:

-Hiro... ¿acaso me temes?

Porque temblar como lo había hecho aquella noche, reaccionar como si el peligro se cerniera sobre él, apartarse de la forma en que le había visto, hasta el punto de no volver a cruzarse con él, eran cosas que solo podría hacer alguien que temiera algo. Y si lo ponía en una escala de valores, definitivamente era más doloroso que su hermano le temiera, a que simplemente le odiara.

Y aunque sabía que no había manera en que pudiera soportar con entereza una respuesta afirmativa, trató de prepararse para el golpe.

Sin embargo, lo que no esperaba era la evidente sorpresa en los ojos castaños del chico, que se le antojaban encantadores aún entre lágrimas.

-¿Qué?- balbuceó, justo a tiempo para cortar la oleada de culpa que le recorrió ante ese pensamiento.

Frunció el ceño, extrañado por la expresión desconcertada en el rostro cubierto de lágrimas de su hermano.

-¿Me temes?- repitió, sintiendo su voz temblar levemente esta vez- ¿Por eso te alejas de mí?, ¿Por eso reaccionaste de esa forma la otra noche?, ¿Por eso no has sido capaz de mirarme a los ojos desde... desde...?

Tragó saliva, incapaz de continuar. Aunque de igual forma se hubiera cortado al ver cómo la expresión de desconcierto del chico se tornaba en una de perplejidad.

Un segundo después, para acabar de dejarle completamente descolocado, el muchacho que había sido incapaz de mantenerse en la misma habitación con él por días, se aferró a su cintura y, enterrando su rostro en su pecho, le oyó soltar un ahogado sollozo.

A pesar de no entender qué demonios estaba pasando, se apresuró a abrazarle con fuerza. Llevó una mano hasta la alocada cabellera negra y, en un gesto tranquilizador que tenían desde pequeños, comenzó a darle lentas caricias, en lo que aguardaba pacientemente a que Hiro dijera lo que tuviera que decir.

-N-No es que te tema- gimoteó luego de un minuto, calentando su pecho con su aliento, y Tadashi se forzó a prestar atención para entender lo que decía-, no tengo miedo de ti, Tadashi. Es sólo que yo... realmente no sé cómo reaccionar ante todo esto, yo, cada vez que estás cerca... cada vez que me tocas... recuerdo...

Tadashi tardó un segundo en entender a qué se refería, y cuando finalmente lo hizo, sintió su alma caer al piso. Si lo pensaba en retrospectiva, había sabido desde el primer momento que Hiro, recordaba lo ocurrido ante su cercanía, pero jamás pensó que ese recuerdo fuera tan traumático como para que reaccionara instintivamente alejándose, o incluso echándose a temblar y llorar. Hiro tal vez no le temía a él, pero sí a lo que era capaz de hacer.

-Hiro...- comenzó, pero de inmediato se dio cuenta de que no tenía nada que decir. Respiró hondo y susurró finalmente un bajo: -Lo siento, Hiro.

Apesadumbrado, trató de imponer una mínima distancia que tranquilizara a su hermano, pero se sorprendió al sentir la resistencia del otro, que se abrazó con aún más fuerza a él. Desconcertado, bajó la mirada, y lo golpeó de lleno la visión de aquellos ojos llorosos, rodeados de pestañas como estrellas, y con un leve tono rojizo sobre los pómulos.

Volvió a respirar hondo, esta vez por motivos diferentes.

-No lo entiendes- le detuvo, y Tadashi frunció el ceño al verle cerrar los ojos -Aquella noche sí me asustaste, pero luego... Lo que recuerdo, como me siento, me asusta también... pero no se siente mal...

Enarcó una ceja, extrañado, sólo para abrir los ojos de par en par al entender lo que Hiro quería decir, y el motivo por el que parecía avergonzado: pese a haberlo asustado aquella noche, Hiro no temía de él o lo que había hecho, sino que despertaba algún sentimiento más complicado, y tal vez el miedo ante lo inapropiado de su reacción era lo que le mantenía tan esquivo.

Pero había algo que no tenía sentido. Si Hiro sólo se sintiera culpable por disfrutar de eso o algo así ¿Por qué se había mostrado tan esquivo, tan aterrorizado sólo cuando estaba cerca de él?

Demasiado harto de tener aquellas preguntas rondando en su cabeza, Tadashi decidió dejar de lado sus miedos y soltar las cosas de frente:

-¿Entonces por qué te comportabas así sólo cuando estabas conmigo, como si esperaras que fuera a hacerte algo horrible en cualquier momento?

Los ojos de Hiro se abrieron de par en par por la sorpresa, y Tadashi no pudo evitar sentir que había estado pensando muy lejos de lo que realmente pasaba.

-Nunca me sentí de esa forma- soltó, y su mirada le dejó claro que no estaba mintiendo.

Tragó saliva, un poco impactado por esos ojos sorprendidos, pero más aún por sus palabras. ¿Acaso podía equivocarse tanto?

-Entonces... por qué...

Pareciendo por primera vez dispuesto a que las cosas fluyeran entre ellos, Hiro captó en el acto su duda. Casi de inmediato, tanto el rubor como la pena en su rostro aumentaron de manera notable.

-Yo... creí que si yo recordaba y me sentía de esa manera cada vez que estabas cerca, tú también lo harías y supuse...- se detuvo un segundo, y Tadashi notó cómo un leve dolor se colaba en su mirada. Tragó saliva antes de volver a hablar: - Supuse que te sentirías tan mal como aquella noche, creí... creí que te daría asco cada vez que me tocaras o me vieras, y eso me hacía sentir mal. No quería que recordaras y te sintieras culpable o asqueado de ti o de mí. De cierta forma, sé que todo esto es mi culpa, y no quiero que acabes sintiéndote peor por mi causa.

Y una vez finalizó, apartó por fin la mirada. Parecía profundamente mortificado, pero de igual forma daba la impresión de que acabara de deshacerse de una carga insoportable. Tadashi no pudo alejar la mirada de los cabellos azabache mientras reflexionaba sobre sus palabras.

Era verdad que se sentía sucio cada vez que recordaba lo que había estado a punto de hacer con su hermano, y Hiro ni siquiera podría sospechar que se sentía así no por lo que había hecho, sino por lo mucho que le encantaba el rostro ruborizado que sus recuerdos le devolvían cuando estaba cerca de su hermano o no, de lo mucho que añoraba la sensación de aquel pequeño cuerpo bajo el suyo.

Hiro no podía siquiera sospechar lo mucho que estaba errado con su suposición, porque aun estando asqueado de sí mismo, no era esa la sensación que sus recuerdos le despertaban exactamente en primera instancia.

Pero eso sólo ocupó un segundo en su pensamiento, porque por encima del cerdo que sabía que era, estaba la aplastante y encantadora verdad de que su hermano se había mantenido alejado de él no por lo que pudiera sentir, sino porque no quería que el propio Tadashi sufriera por sus acciones.

Cada intento por alejarse, cada mirada cargada de pánico, ¿Era el miedo que Hiro mostraba una respuesta a la idea de que se odiara a sí mismo?

Lo abrazó con todas sus fuerzas, tantas que estuvo seguro de escucharle quejarse.

-¿Qué hice para merecerte? - preguntó al aire, sintiéndose infinitamente aliviado de que las cosas no fueran tan horribles como él había pensado. La leve risita de Hiro, que siguió a un prolongado momento de sorpresa, se sintió como el abrazo de un amigo que no se veía en años.

-¿Quizás fuiste un nazi en tu vida pasada?, ¿Qué merecería un castigo tan terrible?

Su sarcasmo también se sintió así.


-¿Qué demonios es esto? - preguntó extrañado, más al aire que a alguien en particular, mientras se enfrentaba cara a cara con los perturbadores ojos de lo que parecía ser un elefante. No pudo continuar con su inspección antes de que un zape no tan fuerte como sorpresivo le hiciera dar un salto en su asiento.

-Te dije que me esperaras para abrir los regalos- soltó el mayor, dejándose caer sobre la silla frente a su taza de café. Hiro imitó sus palabras con un puchero y un pobre intento de la voz de su hermano, soportando su mirada de fingida molestia. Un segundo después, ambos se echaron a reír.

Hiro respiró hondo, secretamente aliviado de que las cosas parecieran mejorar entre su hermano y él.

-Se llama sunga- respondió con calma Cass, mientras se sentaba también en la mesa-. Creí que necesitarían un par de trajes de baño sensacionales si van a la playa con los chicos.

Los hermanos parpadearon un par de veces, contemplando el trozo de tela gris mientras repetían mentalmente las palabras de la mujer.

-¿Traje... de baño?

-Entonces... ¿La trompa es para...?

Hiro ni siquiera esperó a que su hermano concluyera antes de lanzar la ropa interior entre la docena de bolsas con regalos que los habían hecho demorarse cerca de dos horas en los controles del aeropuerto. Repentinamente habían perdido el interés en todas ellas.

Cass se echó a reír ante la reacción espantada de los jóvenes, y su piel recientemente bronceada contrastó de forma encantadora con su suéter blanco. Hiro no pudo evitar sonreír por ella, pues desde el momento en que la vio bajar por el puente de pasajeros pudo reconocer como las breves vacaciones la habían hecho rejuvenecer varios años. Decidió que, así tuviera que sufrir veinte veces lo que en aquellas dos semanas, seguro lo haría de nuevo con tal de verla así cada vez.

-¿Fueron unas semanas alocadas? -preguntó la mujer luego de recuperar el aliento, con una sonrisa de oreja a oreja y mientras se llevaba el café a los labios.

Hiro y Tadashi intercambiaron una mirada casi imperceptible y cargada de significado tras sus tazas.

-Estuvieron bien- se apresuró a responder el mayor, con una naturalidad y desenvoltura que habrían merecido un Oscar en opinión de Hiro.

-Muy tranquilas- le secundó.

Sin embargo, los ojos de Cass se deslizaron de uno a otro un par de veces, haciendo que los hermanos se sintieran ligeramente incómodos a pesar de saber que era imposible que la mujer se hiciera siquiera idea de lo mucho que aquellas semanas habían sido una locura.

Un segundo después, para tranquilidad de ambos, soltó un suspiro aliviado.

-Que bueno- murmuró, antes de dedicar una mirada apenada a ambos y continuar: -. A su edad sólo me metía en problemas con mis novios y mis padres. Es una suerte que ustedes sean más sencillos que yo.

Un nuevo intercambio de miradas, esta vez con un dejo de diversión.

-Claro...- respondieron al unísono.

Cass rio un poco ante la complicidad evidente, pero decidió pasarlo por alto esta vez.

-En fin... ¿Qué quieren comer?


Francamente esta vez no tengo ninguna excusa que valga la pena, pero sí mucho, muchísimo agradecimiento para mi gran amiga Celine. Sin tu constante boicoteo con culpabilidad por ser una colgada de mierda este cap tal vez nunca saliera, e incluso tal vez dejara la historia, así que mil gracias bbcita.

Y también miles de gracias a todos mis Grandes Héroes que siguen leyendo esto a pesar de las actualizaciones cada mil años, no tienen precio, hermosos míos.

Sin más que decir, nos vemos luego.

Besos y abrazos...

Mangetsu Youkai.