No, no. No se murió esto todavía.

Lamento la demora, pero tengo una noticia nueva: ¡Empecé a trabajar! Jejeje, no duró tanto el dulce respiro de desempleada. Tampoco es mucho, pero entre ponerme al día con las clases y tener algo de vida social, se demoró mi escritura un tanto.

Eso no quiere decir que me vaya a tomar esos recreos de seis meses, para nada. Voy a administrar mis tiempos para estar aquí tanto como sea posible y actualizar tan seguido como se pueda, no se preocupen.

No hay mucho que decir más que eso, así que simplemente los dejo con el cap, amores.

Nos vemos abajo, mis Grandes Héroes~


Cena con el enemigo


—Chicos, él es Alistair Krei —Hiro aún no se había recuperado del todo, cuando su tía comenzó a hablar, tomando con delicadeza el brazo del hombre que, a todas luces, estaba mucho más nervioso de lo que hubiera querido aparentar —. Seguramente lo recuerdan.

Hiro pensó que recordar era un eufemismo bastante débil. Krei, más alto de lo que tenía memoria, vestido pulcramente, aunque se hubiera sacado la chaqueta de su traje, con el cabello rubio perfectamente peinado y brillando como un sol artificial bajo la luz de la cocina, era la estampa de un triunfador en la vida... uno que apenas podía sostenerse si no fuera por el brazo de su tía rodeando el suyo.

El silencio se extendió por unos instantes, tenso como era de esperar, hasta que Tadashi hizo gala de sus dotes de socialización, mucho más pulidas que las suyas, por lo visto.

—Tía... bueno. Nos sorprendiste —comentó, claramente afectado, pero dando todo de sí —. Es un gusto verlo de nuevo, señor Krei.

—Puedes llamarme sólo Alistair, Tadashi —saludó, cortés y elegante, con esa sonrisa de empresario que ponía para cada fotografía —. Es un gusto verte de nuevo, y a ti, joven Hiro.

Alguien debía entender que no se molestara en devolver el saludo, su tía, Tadashi, el mismo Krei. Se esforzó en asentir, pero sentía las comisuras de los labios demasiado tensas, en algo que asimilaba más un gruñido mal disimulado que una sonrisa.

Si no tuviera los ojos de los dos adultos fijos en él, estaba seguro de que Tadashi le hubiera dejado un lindo moretón de un codazo.

Por suerte para todos, Cass era mejor para disimular los momentos tensos.

—El señor Krei estaba muy interesado en conocerlos, chicos —se apresuró a decir, y a Hiro no le pasó desapercibida la forma en que presionaba suavemente el brazo del tenso hombre —. Él... bueno, ha pensado mucho en lo que ocurrió, y quería hablar con ustedes para disculparse.

—Sólo llámame Alistair, querida Cass.

El estómago de Hiro dio un vuelco, los ojos fijos en aquellos brazos tocándose con tanta naturalidad, en la mirada íntima que aquel tipo le daba a su tía.

—Pues parece que ha hecho algo más que disculparse en estas semanas, señor Krei —soltó, sin poder refrenar todo el asco que el acto montado le daba. Porque, claro, no se lo tragaba.

Sin embargo, la forma en que Tadashi y su tía se crisparon ante el comentario, le dejó en claro que había sido demasiado para un primer golpe sutil. El momento se extendió unos segundos, sin que nadie se atreviera a decir algo, y Hiro se estaba vanagloriando de poner palos en la rueda a aquel sujeto.

Para su mala suerte, parecía tener una aliada con demasiado peso en el lugar.

—Muy bien, ¿Qué tal si seguimos hablando frente a un buen plato de carne asada?, ¿Qué les parece?

Y ni siquiera había terminado de hablar, cuando aquel bastardo se apresuró a sonreírle y comenzó a poner la mesa... o a intentarlo. Hiro puso los ojos en blanco cuando, tan diligentemente como siempre, Tadashi le ayudó a cortar las servilletas.

Claro que él no puso nada de sí para disimular su desagrado. Ni siquiera tuvo la delicadeza de esperar a que el sujeto se sentara para comenzar a comer, ante las miradas de reproche mal disimuladas que Tadashi y Cass le estaban dirigiendo.

—Entonces... tía, señ... Alistair —la voz de Tadashi sonaba titubeante, algo que era sorprendente en él incluso en una situación tan desconcertante como aquella, y Hiro le dedicó una mirada de profunda lástima por el papel que se estaba forzando a interpretar. Esa afición de su hermano por aparentar lo que no sentía con todo el mundo se le estaba yendo de las manos —. Entiendo que han estado saliendo estas semanas... ¿Cómo pasó eso?

Cass sonrió, agradecida y... por el amor de Dios, ¿Estaba ruborizada? Hiro lamentó haberle dado una mano la noche de los vestidos.

—Bueno, fue en medio de sus vacaciones en Hawái... supongo que puede decirse que nuestra relación empezó con el pie izquierdo —ella intentó disimular una sonrisa, y Krei le dedicó una mirada pícara, con un pedazo de carne a medio camino entre el plato y su boca.

—Más acertado sería decir que empezó con una patada con la derecha —comentó, galante, y Hiro casi les lanza su ración de carne al ver el brillo en el rostro de ambos, compartiendo una broma íntima como si se conocieran de toda la vida.

Algún ademán habría hecho, de seguro, o Tadashi no hubiera presionado su pierna debajo de la mesa de la forma en que lo hizo, suave, pero firme como una advertencia. Tragó saliva, indeciso entre odiarlo a él o a sí mismo al sentir su vientre revolucionarse en respuesta al gentil toque de sus dedos. Por suerte, Baymax estaba de lo más seguro en su puerto de carga.

—¿Y eso como ocurrió? —continuó, genuinamente interesado. Y a decir verdad, más allá de su molestia, Hiro entendía su punto. ¿Cómo había aparecido aquel magnate de la tecnología en la humilde y sencilla vida de su tía?, porque claramente no vivían en ninguna novela falta de trama y el destino no había unido a nadie allí.

¿Qué estaba buscando, específicamente, Alistair Krei el día en que llegó a la puerta de Cass Hamada?

—Bueno... fue más bien colateral... —comenzó el hombre, claramente debatiéndose en qué palabras elegir, pero mucho menos tenso que al comienzo —. Yo... Después de todo lo que pasó, simplemente no podía seguir manteniéndome como si nada mientras realizaba mis proyectos. Lo de Abigail, lo de Callaghan, incluso el incendio del Ito Ishioka en el que supuestamente perdiste la vida, todos eran momentos horribles en los que yo había tenido que ver. Directa o indirectamente, tenía la culpa de lo ocurrido, había arruinado tantas vidas, y cada vez que comenzaba un proyecto nuevo demasiado osado, me asaltaban las dudas de lo que podía desencadenar con ellos, de a quién podía lastimar... — su voz se cortó por un momento, y a su pesar, Hiro pudo sentir el verdadero agobio que aquel tipo parecía sufrir, visible en las profundas marcas de su frente y el labio ligeramente tembloroso. Sin embargo, ver cómo Cass volvía a rodear su brazo, presionando suavemente para darle ánimos, lo puso alerta. Por más convincente que fuera, si su tía estaba en medio, Hiro no iba a tomar lo primero que le dieran como la verdad absoluta.

Pasado un momento, Krei suspiró, entrelazando sus dedos con los de la mujer, que se vieron más delicados que nunca en comparación. Alzó la mirada, los ojos claros ligeramente más brillantes, pero sin lugar a dudas decididos.

—Después de que la noticia de tu regreso corrió como pólvora por la ciudad, Tadashi... bueno, lo consideré una señal. No me preguntes, simplemente creí que no había manera en que pudiera o debiera desaprovechar la oportunidad de disculparme contigo, con los dos, luego de todo lo ocurrido. Entonces, creí que debía hacer las cosas bien, y decidí que sería lo correcto hablar primero con su tía antes de aparecerme tan violentamente ante ustedes... pero bueno —le dedicó una mirada divertida a Cass, que hizo una mueca, a medio camino entre una sonrisa y un puchero —. Ciertamente no esperaba que tuvieran una tía tan protectora.

Un bufido se le escapó.

—No puedo adivinar por qué.

—Entonces... ¿En qué tipo de proyectos se ha embarcado últimamente? —Tadashi se apresuró a tapar su voz, y Hiro le fulminó con la mirada. Más lo perdonó, solo a medias, al caer en cuenta de que no había aceptado realmente la disculpa. En cambio, había ido por lo que más le interesaba: los negocios de Krei.

Si había algo que debía reconocer a su hermano, era la cualidad de saber aprovechar una oportunidad cuando la tenía en frente.

Krei sonrió, sin dudas también notando el cambio de tema. No obstante, parecía un terreno en el que se sentía más seguro.

—Nada demasiado asombroso, me temo —admitió, con una sonrisa modesta que repugnó a Hiro —. Me centré en perfeccionar cuanto pueda los antiguos proyectos que tenía, algunos del tiempo en que solo era estudiante. No pretendo dar a mis empresas un objetivo meramente comercial, he tenido demasiado de eso ya. Por el contrario, luego de lo de Abigail, me di cuenta de que el enriquecimiento personal no es el único fin que la tecnología debería seguir —Hiro no pudo evitar alzar una ceja, escéptico, y el gesto no le pasó por alto al sujeto. Aunque el desánimo brilló en sus ojos por un momento, pronto continuó, esta vez viéndolo a él —. Aunque tal vez esté simplificando mucho el motivo, después de todo, no es sólo por el incidente con Abigail que decidí cambiar el enfoque de mi trabajo: fue más bien por el pequeño héroe que le salvó la vida el día en que Callaghan atacó mis laboratorios... y a mí, claro.

Hiro se removió y Tadashi presionó con suavidad su pierna, que no había dejado de tocar por debajo de la mesa, en un gesto que parecía destinado a tranquilizarlo o hacerle sentir seguro. Pero no, no estaba inquieto, no se sentía amenazado.

Estaba indignado.

Indignado no sólo de que aquel bastardo se montara ese teatro del buen hombre que buscaba redimirse, sino también de que usara a su tía, y a él mismo, para conseguirlo. Y el hecho de que Cass lo mirara con esa infinita dulzura, sin dejar de apoyarlo, estaba a punto de sacarlo de sus casillas.

Se mordió la lengua, seguro de que ya no podría tocar siquiera un pedazo de carne. Krei prosiguió:

—He continuado algunos negocios en el exterior, claro, pero las ganancias de esos proyectos no los destino en mí mismo. En cambio, estoy interesado en invertirlo en educación, en las escuelas de zonas marginadas de la ciudad, y, por supuesto, buena parte va al Ito Ishioka y otras universidades de la zona. Creo que lo mejor para que se promulgue la idea de que la tecnología debe destinarse a mejorar la vida de las personas, de forma consciente, es empezar por la formación y apoyo a los futuros inventores...

—Por dios, es un discurso muy trillado, señor Krei.

El silencio fue absoluto, y tres pares de ojos absortos fueron directo a él, sorprendidos por su interrupción. Sin embargo, Hiro ni siquiera se inmutó ante la expresión de los demás, y se cruzó de brazos, indiferente.

Cass, en cambio, parecía avergonzada.

—Hiro, por favor...

—¿Por favor? Por favor con este tipo —exclamó, señalando al sujeto con su tenedor —. Gente como tú, que envía a colegas al vacío sin tener la certeza de poder garantizar su seguridad, y de plano sin que le importe, no se preocupa más que por su bolsillo —estalló, ignorando la forma en que Tadashi presionaba cada vez más su pierna —. A ti no te interesa la educación ni el uso socialmente consciente de la tecnología, lo único que quieres es ser cada vez más rico, no dudo que seas tú el que da tecnología a esos terr...

—Hiro, basta.

Y aunque estaba esperando que interviniera en cualquier momento, eso no significó que el tono de Tadashi sonara... de la forma en que lo hizo. Tan autoritario, firme y molesto, como nunca antes lo había sido con él.

Cuando alzó la vista, debió reconocer que los ojos de su hermano, fijos en él, eran francamente intimidantes. No solo era una mirada molesta, la advertencia en ella era palpable, real.

A pesar de sí mismo, la respuesta que planeaba darle murió en su garganta.

—El señor Krei quiere ser amable y tiene nobles intenciones, no voy a dejar que le faltes el respeto de esta manera —el tono autoritario lo dejó sorprendido. Tanto, que apenas notó cuando lo tomó con firmeza de su brazo y le obligó a subir las escaleras junto a él, dando una disculpa a Krei y a su tía.

Sólo fue consciente de sí mismo de nuevo cuando la puerta se cerró tras él, en su habitación.

—Bonita actuación, te felicito —se burló el mayor a sus espaldas, y Hiro sintió su rostro arder. No, no por la vergüenza, sino por la indignación que le causaba el que Tadashi, de entre todos, se atreviera a tratarlo como a un niño ingenuo.

Se giró, lanzándole una mirada fulminante.

—¡¿Qué fue eso?! Iba a...

—¿A qué? —le interrumpió, acercándose lo suficiente a él como para que debiera retroceder un par de pasos —¿A prácticamente confesarle que somos los héroes que luchamos contra sus chicos esta tarde? Pues sí, eso es exactamente lo que ibas a hacer.

Aunque la figura era imponente y le obligó a estremecerse, Hiro supo que estaba buscando evitar que el menor sonido se filtrara de la habitación. En medio de su creciente indignación, se obligó a moderar su forma de expresarse.

—No iba a delatarnos —aseguró, tras inhalar lentamente. Parpadeó un par de veces, antes de dedicarle una mirada divertida —. Aunque no tienes que preocuparte por eso, porque, como habrás visto, él sabe quién soy.

—¿Qué certeza hay de que te recuerde? —interrogó, molesto —. Quizás solo fue una coincidencia, no necesariamente tiene que haberte visto en el atentado contra el edificio de su compañía.

Hiro puso los ojos en blanco.

—Tadashi...

—No —lo interrumpió —. No sabemos siquiera si es culpable de las apariciones de los yakuzas, no podemos sólo guiarnos por un comentario que bien pudo ser hecho para desviar nuestra atención. No tenemos certeza de nada, más que de que estamos en medio de una investigación, y tú no vas a arruinarla.

Con los ojos como platos, Hiro sintió, por primera vez en mucho tiempo, que alguien se atrevía a poner en tela de juicio sus capacidades. Que ese alguien fuera Tadashi sólo lo hacía peor.

A punto de estallar, Hiro trató de calmarse.

—No seas idiota, es claro que es él —exclamó por lo bajo, desesperado —. Está usando a tía Cass, Tadashi, no podemos dejarla con él... a menos que tú también quieras usarla en esto.

Porque, de otra manera, no entendía cómo su hermano podía estar tan tranquilo mientras aquel sujeto permanecía junto a su tía, abajo. Había logrado aproximarse a ella en su ausencia, habían estado a solas bajo sus narices, buscando siempre llegar a ellos, y si algo ocurría a su tía, era exclusivamente culpa de su falta de precaución.

Pero cuando la expresión de Tadashi cambió de molesta a una sorprendida y, en parte, herida, Hiro comprendió la gravedad de sus acusaciones.

Estaba a punto de disculparse, cuando el mayor se recompuso.

—Nunca dejaría que le pase algo a Cass, o a ti ¿Entendido? Así que no vuelvas a insultarme con algo así —le reprendió, claramente ofendido, y Hiro sintió cómo un ápice de pena se abría paso en su enojo.

Estaba a punto de hablar, cuando un dedo se posó sobre sus labios, tomándolo por sorpresa. Alzó la mirada, tratando de ignorar la manera en que sus mejillas subían de temperatura, y se sorprendió al encontrar a Tadashi en actitud de escucha, con el rostro ligeramente tornado en dirección a la puerta.

Le costó un momento escuchar algo más que no fuera el pitido de su pulso en sus oídos, pero cuando logró tranquilizarse, pudo escuchar unos murmullos que venían de la cocina, aunque le era imposible identificar qué era lo que decían.

Tadashi se giró en su dirección.

—Guarda silencio y escucha, ¿Entendido?

Su tono era más gentil cuando volvió a hablar, y ante eso Hiro no pudo más que asentir, embobado. Le pareció divisar una leve curva en los labios de su hermano, así como que el dedo se demoraba más de lo necesario en su boca.

Sin embargo, se giró y emprendió la marcha hacia la puerta de la habitación sin dedicarle una mirada más, dejando desconcertado al chico, antes de que su cerebro le recordara que debía seguirlo.

Cuando lo alcanzó, ya estaba agazapado en el punto ciego de las escaleras, atento a la conversación que ambos adultos mantenían en la cocina. Le sorprendió notar que ninguno sonaba enojado, aunque la pena en la voz de su tía era suficiente para mortificarlo.

—Lamento esto, Hiro suele ser un chico muy amable... es sólo que...

Cerró los ojos al oír la voz de su tía quebrarse ligeramente.

—Es comprensible, Cass —la voz de aquel sujeto era suave y cálida, tanto que lo tomó por sorpresa. No sonaba como alguien que simplemente quería ser amable con ella, sino como alguien que, de hecho, buscaba hacerla sentir mejor —. Ha vivido tantas emociones, tanto dolor, a una edad temprana. Y no es como si le hubiera mostrado precisamente la mejor parte de mí antes, es comprensible que se ponga a la defensiva.

El sonido de unos platos al tocarse levemente y el ruido del agua correr llamó su atención, y se acercó a tiempo de ver cómo el gran magnate Alistari Krei... estaba tratando de ponerse los guantes de su tía para lavar los trastos, al parecer.

Ella, por otro lado, recostaba la cabeza ligeramente en su hombro, más pequeñita de lo que nunca hubiera parecido junto a ellos.

—Está muy sensible desde que Tadashi volvió, ¿Sabes? —comentó, tan alto como para oírlos —. Tardó semanas en volver a hablarle, parecía aterrado porque se esfumara de repente. Y ahora no puede despegarse de él, aunque tienen sus altibajos aún, pero es muy protector, a su manera.

Tragó saliva, avergonzado, en especial al sentir el pecho de su hermano removerse, demasiado cerca de su espalda en un espacio tan estrecho.

Krei giró apenas la cabeza, con la mirada fija en ella.

—Bueno, Tadashi también parece protegerlo mucho —comentó, para su sorpresa —. No le quitó la mano de encima en todo el rato, y siempre estaba atento a él.

Hiro arqueó una ceja, sorprendido, y la suave risa de Cass ocultó la forma en que el mayor apoyaba una mano en la pared de repente.

—¿Lo notaste? Sí, Tadashi es el más protector de los dos... o bueno, a veces creo que es el más celoso, en realidad —comentó, dándole una mirada divertida, inconsciente de cómo sus palabras sumaban varios gramos al ambiente de por sí pesado en las escaleras —. Lo he visto celarlo incluso de sus amigos, y siempre se le queda viendo cuando está demasiado cerca de otras personas. De hecho, olvida eso, no puede apartar su atención de él cada vez que Hiro está en la misma habitación. No tengo idea si será porque intenta protegerlo o... bueno...

El silencio en el lugar se extendió unos segundos, sólo interrumpido por los sonidos de los platos bajo el agua y su propia respiración acelerada.

Y, algo más lejano, el latido de un corazón desbocado.

Krei le dedicó una mirada curiosa.

— ¿O qué? —inquirió, y Cass pareció dudar, mordisqueándose el labio inferior.

—Bueno... no creas que soy una enferma ni nada, ellos se aman, mucho... Si no fueran hermanos, a veces creo que actúan como si se tratara de... otro tipo de amor.

Y si en ese momento una explosión hubiera volado el techo sobre sus cabezas, Hiro estaba bastante seguro de que no le hubiera dado un vuelco en el corazón tan contundente, como el que esas palabras le provocaron. Incluso fue consciente de la manera en que Tadashi retenía la respiración cerca de su nuca por un momento, evidentemente tan afectado como él mismo.

La contundencia de sus palabras tuvo por respuesta el silencio esperado, desde luego, el mismo que había suscitado en Fred la primera vez que le habló de aquello. Y podía ver cómo, lentamente, la expresión de su tía parecía cambiar a una de absoluta pena, ruborizándose incluso.

—Dios mío, ¿Qué cosas digo? —sacudió la cabeza suavemente, a todas luces deseando que la tierra se la tragara ahí mismo, y Hiro sí que podía entenderla —. Estoy cansada, ha sido un día largo, por favor no me hagas caso.

Sin embargo, por la forma en que Krei se la quedaba mirando, era claro que se debatía entre decir algo o dejarlo pasar. Finalmente, pareció tomar una decisión mientras cerraba el grifo.

—Yo... tengo la mente lo suficientemente abierta para entender lo que dices —murmuró, al parecer también algo incómodo con sus propias palabras. La sorpresa en el rostro de Cass era evidente, al igual que la que casi le hace perder pie en el escalón —. Y también, para creer que puede ser una posibilidad real...

Hiro abrió los ojos de par en par. Y aunque quiso saber alguna reacción de su hermano, éste se había convertido de repente en una piedra a sus espaldas.

Cass aún miraba sorprendida a Krei cuando volvió a hablar, dudosa.

—¿No te incomoda?

Krei se encogió de hombros, más bien tratando de restar tensión al momento.

—No creo que ningún tabú sea tan terrible como te lo quieren pintar —comentó con naturalidad, haciendo a la mujer arquear una ceja, genuinamente impresionada —. ¿Te molesta a ti?

Y fue el turno de su tía de boquear, tomada por sorpresa. Hiro comprendió en ese momento que, si bien sospechaba algo, nunca se había detenido a pensarlo como algo posible o real, o, de lo contrario, no se había preguntado realmente como se sentía al respecto.

Con una inquietud creciente en su pecho, Hiro maldijo que se tomara el tiempo suficiente para responder. Incluso Krei se había logrado sacar los guantes y se secaba las manos con calma, dándole la espalda a la mesada.

—No... Creo que hay peores cosas contra las que luchar en el mundo, antes que contra el amor —comentó, al parecer sorprendida de su propia resolución.

Un segundo después, su rostro estalló en un furioso rubor, apenada. Sí, Hiro tenía ahí la respuesta de a quién había salido tan estúpidamente penoso, cursi e impulsivo para abrir la boca.

Krei, por otro lado, parecía encantado con el pensamiento y las reacciones de la mujer, a juzgar por la manera en que sonreía.

Una sonrisa que no parecía un ápice de fingida.

—Eres una joya, mi querida Cass —se burló, sin dejar de sonreír, antes de inclinarse a dejar un beso en la frente de su tía —. No pensé que serías tan rebelde.

Cass rio, visiblemente encantada.

—¿Mis métodos para recibir a la gente no te parecieron lo suficientemente evidentes?

Y con la risa de los dos en la cocina, Hiro notó la manera en que Tadashi se removía a su lado, dándole espacio para retroceder. De pie en el espacio oculto de las escaleras, alzó la mirada, dispuesto a ver de una vez por todas cómo había afectado aquella charla a su hermano.

Pero, lejos del horror o la pena que se esperaba, se sorprendió al encontrarse con una expresión pétrea, seria. El rostro de Tadashi era inescrutable, tan impenetrable que Hiro ni siquiera podía asegurar que estuviera enojado o avergonzado. Lo único de lo que estaba seguro, era que ese cerebro estaba a máxima capacidad, aunque ni siquiera podía asegurar debido a qué.

—Supongo que debería marcharme, darles un poco de tiempo...

Ante ese comentario por parte de Krei, Tadashi reaccionó.

—Sube, ahora.

Era una orden, a todas luces. Y aunque odiaba que le dieran órdenes, Hiro no se sentía en el lugar ni con las fuerzas para discutir por ella. Se volteó, tratando de recordar a sus piernas la forma correcta de caminar, y no le pasó desapercibida la manera en que Tadashi parecía intentar dejar tanto espacio entre ellos como fuera posible, pegándose por completo a la pared.

Hiro sintió una punzada de dolor cuando oyó cómo recomponía su tono, y de seguro su expresión, en una mucho más amable al bajar a la cocina.


Hiro caminaba de un extremo a otro de la habitación, consternado. El cabello húmedo que caía por su cuello no hacía más que empeorar su estado, recordándole que, fuera lo que fuera que hubiera ocurrido abajo, había tenido tiempo más que de sobra para darse una ducha.

Desde luego, eso no había ayudado a tranquilizarlo en lo más mínimo.

Aunque hubiera estado firmemente convencido hace unos minutos que todo el acto de Krei frente a ellos no era más que una fachada, lo cierto es que las palabras de Tadashi le habían hecho dudar lo suficiente para replanteárselo.

Sí, es verdad que los yakuzas habían puesto en escena a Krei de manera contundente en el barco, pero lo cierto es que la forma en que lo habían hecho, exponiéndolo tan claramente, no era del todo normal, en especial si se tomaba en consideración que los enfoques de su trabajo, en ese momento, estaban por completo en Callaghan. ¿Realmente esos sujetos trabajaban para Krei? Porque si ese era el caso, ciertamente no le habían hecho ningún favor al ponerlo en su mira.

Por otro lado ¿Era tan imposible que pertenecieran a otra organización? Cualquiera con la suficiente astucia y ambición podría conseguir o imitar parte de la tecnología de Krei Tech y crear un montaje solo para ponerlo en un lugar comprometedor, en especial las empresas que competían con él en la zona.

Y según lo que él mismo había dicho...

Hiro suspiró pesadamente, sentándose en su cama.

Sí, a quién engañaba. Por más que se esforzaba, por más que intentaba mantenerse objetivo, lo único que le venía a la mente, y que en parte había condicionado la forma en que veía al sujeto, era la conversación que acababa de mantener con su tía.

Seguía temiendo que no viera en Cass más que un medio para llegar hasta ellos, por más que no comprendiera con qué objetivos o por qué en ese momento, cuando ya habían sido atacados, siendo que supuestamente llevaba semanas saliendo con su tía.

Pero, pese a su cautela, debía admitir que no había nada en la manera en que la veía, en cómo la trataba, que le diera a entender que estuviera allí por alguien más que ella. Pese a que su principal objetivo, al parecer, era disculparse con ellos, Cass no le era indiferente en lo más mínimo, o de lo contrario el bastardo era el mejor actor que hubiera visto nunca.

En especial por la expresión que puso cuando su tía le confesó lo que pensaba de ellos.

Hiro se cubrió el rostro con una mano, sintiendo la boca reseca y la piel demasiado caliente.

¿Cass sospechaba de ellos?, ¿Desde cuándo?, ¿Por qué motivo? Podía entender que Gogo lo supiera por un accidente, que Fred se hubiera enterado por su propia boca, que Honey y Wasabi... sepa dios de qué forma se enteraron, pero había más posibilidades de que lo notaran... Pero, ¿Cass? Estaba bastante seguro de no haber exteriorizado ninguna expresión lo suficientemente incriminadora frente a ella...

Al menos, que no hubiera sido él quien lo hiciera.

Hiro apenas comenzaba a caer en la magnitud de lo que acababa de pensar, cuando la puerta del cuarto se abrió. Agradeció que quien estuviera allí no fuera su tía con un deseo asesino en su mirada... o por lo menos, trató de convencerse de ello.

Porque la expresión de Tadashi, si bien calmada, no era precisamente una opción mucho mejor.

Tragó saliva, no sabiendo exactamente cómo reaccionar a su presencia o qué preguntar. Para su suerte, fue Tadashi el primero en hablar.

—Cass se fue a dormir, pero creo que mañana no te salvas del cadalso —murmuró, y aunque Hiro apreció el intento, claramente no estaba de humor para bromear.

—No si me voy temprano a la universidad —él también se esforzó. Pero sólo bastó una sola mirada compartida, cargada de significado, para que ambos comprendieran que no tenía sentido retrasar los temas que debían tratar, y lo mejor sería empezar por el más fácil —. ¿Qué piensas de Krei?

Tadashi se rascó la nuca, claramente agobiado, antes de recostarse en la puerta y suspirar.

—No parece haber tenido segundas intenciones esta noche... y tampoco exactamente parecía estar mintiendo con lo que nos decía de sus proyectos.

Hiro inspiró profundamente. Si tan solo hubiera mantenido su bocota cerrada.

—Es demasiada coincidencia lo de los yakuzas y que él sea la cita de Cass —se dejó caer en su cama, rendido, dándole vueltas al asunto —. El ataque esta tarde, y que en el mismo día se haya expuesto de esta manera... no tiene sentido.

No, no lo tenía, y por la expresión de Tadashi, no era el único que lo pensaba.

Hiro le dedicó una mirada de reojo y, pese a lo sensible que se hallaba, no pudo más que sentir pena por él. Parecía tan cansado, tan confundido como él. Y eso que Krei era solo uno de los temas de la agenda.

Y no, ciertamente no tenían ánimos para encarar el otro.

Estaba a punto de sugerirle que tomara una ducha y dejaran todo para mañana, cuando su hermano volvió a hablar:

—Pero eso no quita el hecho de que sea perverso, desde luego —murmuró, y el tono molesto obligó a Hiro a alzar una ceja, sorprendido. Se irguió lo suficiente para fijar su mirada en su hermano, y se estremeció al volver a hallarse con esa expresión fría e inescrutable —. Puede mantener muy bien la fachada de empresario consciente, pero en lo personal...

Hiro le miraba cada vez más extrañado, y estaba a punto de preguntarle a qué se refería, cuando una idea se abrió paso entre la bruma de la confusión.

Y se irguió del todo, indignado.

Oh, no. No, no, no.

No estaban ahí de nuevo, ¿Verdad?

—Dime por favor que no estás refiriéndote a lo que creo.

Porque si ese era el caso, Tadashi no sabía cuánto iba a patearle el trasero a la menor oportunidad, no por, indirectamente, haberle llamado perverso, ¡Sino por ser el mayor idiota en negación de todos!

Él le miró como si acabara de darse cuenta de lo que dijo. Y Hiro hubiera podido disculparlo si se hubiera tan solo retractado.

Pero, no. Tenía que seguir en su papel de imbécil moralista, de héroe y hermano perfecto.

—Hiro, habla del incesto como si fuera lo más natural del mundo —soltó, casi como si fuera un jadeo. Como si no pudiera entender que no comprendiera su punto —¡Es enfermizo!

Indignado más allá de lo que había estado en su vida, Hiro se puso de pie de un salto, con todas las vistas de estar a punto de bajarle los dientes a alguien.

En lugar de eso, eligió el método pacífico que tanto había perfeccionado: burlarse en su cara de sus pretextos.

—Cass y los chicos hacen lo mismo, como habrás notado hoy —soltó, y sintió un dejo de satisfacción recorrerlo al ver cómo su gesto se descomponía por un momento — ¿Son ellos también unos enfermos?

—Cass y los chicos no envían a una colega al vacío sabiendo que corría riesgos...

Hiro dio una palmada, encantado.

—Ah, pero si es el argumento que expuse hoy y que en ese momento no tuvo peso para ti —exclamó, interrumpiéndolo y disfrutando de la expresión consternada del mayor —. ¿Por qué no eres sincero respecto a lo que piensas?, ¿Seguimos hablando de Krei siquiera?

Sintió pena por un momento, porque el único motivo por el que parecía estar tan endeble en sus palabras, era porque acababa de perder por completo su equilibrio. Fuera lo que fuera que se había propuesto en aquellas semanas, ante sí mismo y ante Hiro, acababa de derrumbarse ante él, y lo sabía perfectamente.

Porque ahora no era evidente sólo para él cuan a flor estaban los sentimientos entre ambos, sino que eran perfectamente notables para los demás... y que de todos los que conocían, él era el único que parecía tener problemas con eso.

Respiró hondo, y al ver la expresión desesperada de su hermano, sus hombros temblorosos, y la forma en que bajaba la mirada, como no lo había visto hacer desde que había dejado esa estúpida gorra, Hiro decidió que era tiempo de que Tadashi supiera que, aunque él también tenía miedo, no lo iba a dejar en ese momento solo.

Ni nunca.

—Ta...

—No, Hiro —el aludido abrió los ojos de par en par ante el tono cortante de su hermano, que le dejó con su nombre a la mitad —. Basta, no puedo con esto ahora... Ve a dormir, por favor.

Y ante eso, Hiro sintió su mandíbula prácticamente al ras del suelo. Porque Tadashi no sólo lo estaba tratando como un niño en ese momento, sino que ni siquiera se atrevía a mirarlo a los ojos y mantenía una mano alzada, tratando, a todas luces, de mantener distancia.

Parpadeó un par de veces, sin entender del todo la escena.

Acto seguido, cerró con fuerza los puños, mordiéndose el interior de la mejilla para no gritar una grosería que, sin dudas, despertaría a Cass y a media ciudad.

—No me jodas —gruñó, ya fuera de sus casillas. Y en ese momento, lo único a lo que atinó no fue a insultarlo, ni a señalarle cuán ridículo se veía.

No, lo que hizo fue dedicarle su sonrisa más maliciosa e, ignorando las palabras del mayor, aproximarse hasta estar justo frente a él. Demasiado tarde lo notó Tadashi, y aunque se apresuró a alejar su mano, Hiro fue más rápida al tomarla entre sus dedos.

—¿Por qué quieres que pare, Dashi? —susurró, acercando sus manos unidas a su rostro, y sonrió con coquetería al rozar los dedos del otro con sus labios al hablar — ¿Temes que te recuerde lo bien que la pasamos siendo unos cerdos inmorales?

Y cuando recorrió uno de sus dedos con la lengua, lentamente, pudo sentir más que ver la manera en que Tadashi se estremecía ante el húmedo roce.

Un segundo después, se había trasladado a los labios del mayor. Y aunque debía ponerse en puntas de pie para alcanzarlo, no pudo evitar sonreír cuando sintió el temblor de esa boca contra la suya, de su pecho contra el suyo.

Tomó suavemente sus mejillas para profundizar el beso, mirando por los ojos entrecerrados la manera en que Tadashi parecía debatirse, aunque no le pasó por alto el cómo tomaba sus caderas en respuesta, sin intensiones aparentes de alejarlo.

Casi soltó una risita cuando, tras una baja maldición, Tadashi se lanzó a devorar sus labios con algo que parecía la mezcla perfecta entre desesperación y cariño. Y aunque pensaba burlarse de él, lo cierto es que poco pudo mantener de su firmeza inicial cuando una de las manos ajenas tomó su rostro como si fuera lo más delicado de mundo, mientras el brazo libre se estrechaba en su cintura, pegándolo por completo a su cuerpo.

Hiro suspiró dentro del beso cuando mordió con delicadeza su labio inferior, y le dio acceso, sólo para sentir la conocida caricia de su lengua en busca de la suya. Las piernas le fallaron cuando Tadashi gruñó en aprobación, y el otro se apresuró a sostenerlo, sin dejar de besarlo con desesperación.

Entreabrió los ojos, sólo para ver el ceño fruncido de su hermano. Sonrió levemente, apartándose del beso, y se apresuró a deslizar su dedo por la profunda marca. El toque sin dudas llamó la atención del mayor, que buscó su mirada a través de la bruma del deseo.

Y Hiro se estremeció al reconocer que no había solo deseo en esa mirada.

No, los ojos pardos de su hermano brillaban con ese gesto delicado que había visto su última noche juntos, ese brillo de devoción que lograba derretirlo hasta los cimientos, hasta hacer de él una masa endeble y manipulable.

Hiro sonrió en respuesta, y rozó suavemente la punta de su nariz con la del mayor.

—Te amo —se atrevió a susurrar, ruborizado y sintiendo su corazón hincharse, encantado de haberlo dicho de una vez.

Y sin embargo, el cambio que sintió en el ambiente no fue para nada el que se esperaba.

Porque, lejos de aferrarlo con delicadeza y besarlo hasta que sus labios pidieran tregua, la forma en que Tadashi reaccionó fue, de hecho, apartarlo.

Como si acabara de quemarle la piel.

Hiro le miró por unos instantes, desconcertado, mientras Tadashi volvía a poner distancia, sin poder mirarlo a la cara.

Preocupado, trató de inclinarse para verle a los ojos. Pero lo único que pudo encontrar fue la mirada esquiva de su hermano.

—¿Qué está mal?

Tadashi cerró los ojos con fuerza, negando varias veces.

—No, Hiro, no podemos —soltó, la voz en un hilo, pero lo suficientemente contundente como para estremecer a Hiro. En especial, al ver la desesperación con la que Tadashi trataba de apartarlo.

Tragó saliva, sintiendo, por primera vez desde aquella última noche, un verdadero sentimiento de terror recorrerlo de pies a cabeza.

Anteriormente, Tadashi no podría resistirse a sus besos, a sus provocaciones. No importaba que tan mal parecieran las cosas, él solía olvidarlo en cuanto tocaba sus labios, el mundo desaparecía en cuanto sus pieles se rozaban.

Hiro acababa de dar todo de sí. No sólo lo había provocado y besado, le había declarado su amor, había sido vulnerable aún a pesar de su sonrisa prepotente y su fachada, y sabía que ese era un detalle que Tadashi no ignoraba. Tanto, como le era imposible a Hiro ignorar cuánto él lo adoraba, al nivel que ni siquiera podía mantenerlo oculto a su tía.

Entonces, ¿Por qué hacía aquello?, ¿Por qué se empeñaba en negar lo que ambos sentían?, ¿En demonizarlo al grado de no poder soportar que otros lo supieran?

¿O es que, en realidad, ese sentimiento que ambos compartían le importaba tan poco, como para esperar que algo tan endeble como el tiempo lo borrara?

Hiro tragó saliva, y dando un último esfuerzo, se acercó un paso.

—Te amo, Tadashi —susurró, viendo en el acto como el mayor se tensaba, sintiendo como su corazón se estremecía, aterrado por su reacción —. Te amo, más de lo que un hermano tiene permitido amar a otro, más de lo que un hombre puede amar a otro. ¿Tú no me amas así, también?, ¿No es lo que me dijiste la otra noche?

Porque definitivamente no podía estar tan equivocado, ni Tadashi ser tan idiota, para que ambos confundieran lo que era tan evidente en las miradas que se daban cuando estaban solos.

Pero cuando alzó la mirada, Hiro tragó saliva al sólo ver miedo en los ojos castaños que un instante antes le contemplaban como si fuera un segundo sol.

—Yo también te amo, Hiro —susurró, con la voz temblándole en cada palabra. Y aunque esas palabras eran todo lo que quería escuchar en ese momento, el chico sabía que eran un cuchillo de doble filo en cuanto su hermano volvió a hablar —. Pero esto... esto, lo de la otra noche, todo... todo esto fue un error, y no puede volver a ocurrir.

Las palabras eran bajas, temblorosas, apenas un susurro que sólo él podía oír en la habitación. Pero para Hiro tuvieron la contundencia de un trueno, lo suficientemente fuertes y dolorosas como para provocar que todo el piso temblara bajo sus pies, y él debiera retroceder dos pasos. No fue hasta que toda la habitación se desdibujó en una bruma borrosa, que notó que estaba llorando.

Y aunque no tenía idea qué expresión estaría haciendo en ese momento, debía ser lo suficientemente desesperada como para que, en medio de su propia confusión, Tadashi lo mirara horrorizado, quizás tomando consciencia de lo que acababa de decirle.

Se adelantó dos pasos en su dirección.

—Hiro, no, escucha...

Pero él consideraba que ya había escuchado demasiado por aquel día, por aquella vida quizás. Negó con fuerza cuando el otro se adelantó, llamándolo con un tono casi desesperado, apartándose de la puerta.

Lo necesario para que, en un descuido, Hiro lo bordeara y saliera disparado a toda velocidad por las escaleras.

No tenía en claro qué pretendía hacer, pero sí que estaba seguro de algo: debía poner cuanta distancia le fuera posible entre él y los pasos que lo perseguían a escasos metros, del chico que lo llamaba por su nombre lo suficientemente bajo como para no despertar a su tía.

Ni siquiera se lo pensó mucho antes de bajar directo a las escaleras del sótano y cerrar la puerta tras de sí. Ah, pero eso no era suficiente.

En ese momento necesitaba estar lo más lejos posible que pudiera de su hermano. No metros: kilómetros, kilómetros de ciudad, de aire, de agua.

Y contuvo la respiración cuando, junto a la mesa en que había descubierto a Tadashi investigando los explosivos, vio la olvidada mochila propulsora que había estado arreglando durante la semana.

Aunque lo dudó un momento, no del todo seguro de que la cosa funcionara, sólo le bastó oír los pasos acelerados bajando por las escaleras para decidirse. Presionó el control de pared que abría la puerta de la cochera, y se abalanzó sobre el aparato. La persiana ni siquiera se había separado unos veinte centímetros del suelo cuando el chico se deslizó por la ranura y, sin dudar un instante o preocuparse por el frío que le congelaba la piel y los huesos, echaba a correr por la nevada acera.

No estaba viendo en qué dirección corría, ni si alguien lo seguía. De cualquier forma, era la única persona que estaría a esas horas caminando por la ciudad, y la nieve era lo suficientemente gruesa en las aceras como para amortiguar el golpe de sus zapatillas sin atar, lo que agradecía, aun cuando había estado a punto de caerse de bruces en más de una ocasión.

Pero no podía importarle menos. Había corrido diez cuadras, que no se sentían lo suficientemente alejadas de su casa como para estar seguro, cuando encontró un callejón oscuro, en el que la luz de la calle no penetraba, y ni siquiera la nieve había cubierto el suelo. Respirando con agitación, Hiro se apresuró a internarse en él, ignorando la molesta sensación del barro abrazándose a sus suelas.

En cambio, se enjuagó una lágrima de las tantas que cubrían su rostro, y se apresuró a colocarse la mochila correctamente, respirando hondo el olor a tierra mojada del lugar. Aguardó un instante, antes de presionar el botón de encendido.

Y se sintió profundamente agradecido cuando el motor arrancó.


Bajen las antorchas... A quién engaño, acepto lo que tengan para decir y lanzar.

Necesitaba a estos dos, en serio. Necesitaba esa descarga de sufrimiento que me mantiene con vida, y tranquilos, no estamos tan lejos de dejar las cosas en claro. A los que preguntaban qué iba a pasar con la mochila propulsora, bueno, al final sirvió más que de excusa para estar cerca de Tadashi... irónico que sirviera para escapar por MILÉSIMA VEZ de sus negaciones. Tenía ganas de ponerla en funcionamiento desde el primer cap, pero no pensé que sería así.

Amé la cantidad de comentarios preguntando por si Cass aceptaba el Hidashi, jajaja. Tuve mis dudas al respecto, pero hiciera lo que hiciera, no podía imaginar a Cass toda molesta. En mi mente y la historia, Cass es de esas personas que no entienden de todo el mundo y que tienen sus propias formas de ver las cosas, independientemente de lo que piense la sociedad. En pocas palabras, Cass y Hiro son prácticamente un calco del otro, con las mismas salidas y formas rápidas de adaptarse... lo que nos deja al pobre Tadashi solo, sintiéndose como un idiota y tratando de aferrarse a lo que considera correcto. Así le va.

Krei sigue en tela de juicio, ni más ni menos, aunque sea bueno para adaptarse también a las situaciones locas de este grupo. Lo cierto es que tenía mis reservas con mostrarlo tan abierto como Cass, pero bueno, él quiere mantenerse cerca de los Hamada... aunque no sabemos los motivos, claro.

Eso es todo por ahora, mis hermosos. Mañana hay clases, pero en cuanto salga continuo con este bebé, ¿O acaso podría escribir en el aula? Jejeje, La profe fujoshi en mi interior lo exige.

De paso les comento que este sábado es mi cumpleaños, así que cuando vuelva a publicar seré una flamante profe con 23 y hartos deseos de jubilarse ya.

Sin más que decir, los dejo por esta semana.

Besos y abrazos, Mangetsu Youkai.

Balalalalah~