Sí sí, se me pasó el martes, pero tengo una muy buena excusa: empecé a trabajar a la noche ese día, así que se me complica un poco revisar y subir.

Peeero, y pensándolo mejor, ¿No es mucho más cómodo para todos el sábado? Vamos, no puedo ser la única que se quede hasta las cuatro de la mañana leyendo o escribiendo, sean sinceros.

En fin, como ya me demoré por unos días, los dejo con el cap.

Nos vemos abajo, mis Grandes Héroes~


Tío Krei


Se removió con un quejido molesto, frunciendo el ceño entre sueños, cuando un cosquilleo sobre su frente le arrancó apenas de su estado de inconciencia. Suspiró, disfrutando de la suavidad bajo su cuerpo, y adoptó una posición más cómoda. La tela que cubría su espalda se deslizó, pero no le dio mayor importancia, no hacía tanto frío como la estación lo ameritaba, en especial con la cálida sensación del baño de sol sobre su piel.

Pero cuando un nuevo toque en su cuerpo se repitió, esta vez sobre su espalda, Hiro volvió a fruncir el ceño.

No era un tacto molesto, ni desagradable. Curioso, o demasiado somnoliento, Hiro notó que era una sensación relajante, una serie de pequeñas presiones sobre su espalda, algo que se quedaba a medio camino entre una succión y un roce. Cuando fue más consciente de sí mismo, notó que los toques tenían un patrón: descendían lentamente por su piel, desde su omóplato, siguiendo el camino de su espalda hasta llegar al centro, sólo para volver a subir. Una sonrisa se le escapó entre sueños cuando un par de dedos cálidos rozaron su cadera, deslizando aún más lo que, suponía, eran sábanas. Ascendían lentamente, dejando apenas un roce que le hacía cosquillas, en extremo cuidadoso, como si quien lo estuviera tocando temiera herirlo.

Cuando los dedos rozaron tentativamente su costado, donde un apenas notable ardor le obligó a hacer una mueca, Hiro entreabrió los ojos. Lo primero que pensó fue que había mucha luz para ser su habitación; lo segundo, que estaba demasiado ordenado.

Sólo supo dónde estaba cuando el sonido del movimiento llegó a él, amortiguado por la distancia y gruesas paredes. Y los recuerdos de la noche anterior lo asaltaron con tanta violencia, que a lo único que pudo atinar fue a reprimir un respingo de espanto.

Sin embargo, se repuso casi de inmediato, tratando de mantenerse lo más tranquilo posible. No quería, por nada en esta vida, que quien lo estaba tocando descubriera que estaba despierto.

Tadashi sonrió al percatarse de su actuación. Hiro, de hecho, tenía talento para fingirse dormido: la primera vez había tardado algo en notarlo, y si esta vez no hubiera sido él quien le molestara hasta despertarlo, estaba seguro de que no lo habría descubierto. Seguía tan relajado que podría engañarlo si no hubiera reaccionado al sentir la vacilación momentánea en la respiración del chico, así como la tensión de los músculos de su espalda cuando descubrió... bueno, el lugar, el día, el que era él quien lo estaba tocando...

Sí, tenía talento, porque Tadashi debía reconocer que él mismo hubiera al menos dado un respingo.

Aunque estaba a punto de echarle en cara su actuación, se lo pensó dos veces al alzar la mirada. Seguía con la misma expresión relajada en esa cara angelical que ponía al dormir, una carita preciosa que le obligó a mover su cabello para apreciarla mejor, antes de que la piel desnuda bajo el sol lo tentara a tocarlo. Pero, bajo el sol, también era perfectamente notable el rubor que crecía en sus mejillas, como leves pinceladas de rosa que no estaban allí antes. Sonrió con malicia, antes de volver a descender por su espalda, besando suavemente la piel, mordiendo apenas lo suficiente. Sin apartar la mirada de la porción de rostro visible para él, colocó su mano sobre su cadera, sin hacer más que eso, pero tocando tentativamente la piel de su vientre bajo, donde el cosquilleo sería imposible de ignorar. Buscó sus pies con uno de los suyos, y se coló en el espacio entre sus tobillos; sonrió al sentir los pies revolverse con nerviosismo a medida que ascendía por la suave piel de la espalda. Cuando llegó a su cuello, su rodilla ya había ganado el lugar entre los muslos del chico.

Lo besó con dulzura, aunque no sin deseo. De ser absolutamente sincero, si por él fuera ya lo habría girado y lo estaría devorando de nuevo, sin preocuparse por los compañeros que, en el laboratorio general, comenzaban a preparar sus máquinas.

Pegó su cuerpo al del menor, sintiendo cómo cada vez le costaba más mantener las apariencias. La piel tersa y caliente contra la suya se erizaba, sus músculos se estremecían, su respiración se volvía difícil. Rio sobre su oído, antes de deslizar su mano suavemente sobre su vientre, una caricia inocente pero que, sin duda, lo volvería loco en su estado.

—Será mejor que acabes con la actuación, a menos que quieras cumplir alguna fantasía con hacerlo dormido... o con público —bromeó, antes de morder su oído.

Fue todo lo que necesitó para que el chico se irguiera de un salto, con el rostro al rojo vivo y tapándose con las sábanas que había alcanzado, las que usualmente cubrían los elementos que debían protegerse del polvo. Tadashi opinó que se veían encantadoras cayendo por la curva de la cadera de Hiro, dejando a la vista la delicada piel donde algunas marcas ya eran evidentes.

Deslizó su mano hasta el lugar, pero un firme manotazo del chico lo detuvo. Cuando llevó su mirada a la del menor, había en su rostro una mezcla de pánico, vergüenza e incredulidad que se le hizo de lo más adorable.

—¿Estás loco? —susurró, y Tadashi sonrió, recostándose sobre su codo, antes de dejar sus ojos vagar por esa delicada espalda, por las marcas que había hecho la noche anterior. Le costó un momento prestar atención a lo que su hermano estuviera diciendo —¿Por qué no me despertaste antes de que amaneciera?, ¿Qué haremos si alguien entra?

—La puerta está asegurada y el vidrio opaco —explicó, ahogando un bostezo —. Además, no sería la primera vez que llego antes que todos, o que duermo en el laboratorio —señaló hacia abajo con la mirada, al colchón que había llevado para las largas noches en que diseñaba a Baymax.

Notó cómo los ojos de Hiro se demoraban un poco más en su cuerpo que en el colchón en sí mismo, y sonrió suavemente, sintiéndose algo orgulloso. No era narcisista, pero sabía que tenía su encanto. El ser capaz de distraer al chico era suficiente pago para él.

—P-Pero... y si...

El hacerlo tartamudear, como ganarse el cielo.

—Hiro, mi amor, ¿En serio vamos a ponernos a discutir esto cuando estamos desnu...?

Miró con sorpresa la mano que presionó sus labios, silenciándolo antes de terminar la frase. Cuando alzó la mirada al chico, el pánico en sus ojos era más que claro... y encantador.

—¡Pueden escucharte! —jadeó, la voz en un hilo, rojo como un tomate. Tadashi sonrió, antes de morder suavemente dos de sus dedos.

No, no podían oírlos. Pero Hiro no tenía por qué saberlo.

Tomó la muñeca de esa mano que lo silenciaba y, sin mucho cuidado o delicadeza, hizo caer al chico debajo de él. Se apresuró a colocar una pierna entre los tersos muslos, y oyó a Hiro ahogar un gritito de sorpresa. Con una sonrisa divertida, descendió hasta estar sólo a uno centímetros de su rostro.

Y respiró aliviado al verle cerrar los ojos con fuerza, rojo hasta los oídos y con la respiración agitada. Cuando se dejó caer deliberadamente sobre él, pegando su pecho al suyo, el latido acelerado le llenó de tranquilidad.

Besó con ternura su frente, sus párpados, sus cálidas mejillas. Volvió a tomar su mano con suavidad, para dejar un beso en su muñeca, donde la sombra de unas marcas dejaba en evidencia la brusquedad con que lo había tratado la noche anterior. Descendió, cubriendo todo el camino de su brazo con besos delicados, que no tenían más intenciones que mostrar al chico cuánto le encantaba. Un mimo entre amantes.

Claro, no podía decir que hubiera olvidado la noche anterior, la frustración, el enojo de ambos y, sobre todo, el de Hiro. Palpitaba todavía en su piel, en ese lugar en su mentón que, estaba seguro, sería de un color llamativo a la tarde, si no podía cubrirlo con algún maquillaje milagroso de Honey.

Pero también estaba patente en la duda que el cuerpo bajo él mostraba en cada avance. En otras oportunidades, Hiro sin duda hubiera buscado pegarse a su piel, devolver sus atenciones, besarlo de vuelta o al menos abrazarlo. Hoy, sólo permanecía quieto, esperando, atento a sus acciones, pero sin entusiasmarse por corresponderlas. Era la actitud de alguien que espera el menor cambio, el rechazo al que tan tristemente le tenía acostumbrado.

No podría decir que estaba feliz de haberlo arrastrado a ese punto, aunque hubiera sido su objetivo en un tiempo. Ahora que Hiro le mostraba, no rechazo, sino cierto recelo, no podía evitar pensar en cuánto él lo habría herido cada vez con sus palabras. Porque si a Tadashi le dolía no tenerlo pegado a él, no podía imaginarse cómo soportar el que lo empujara y le dijera que habían cometido un error.

Sintiendo la culpa crecer en su pecho, enterró su rostro en el cuello del muchacho. Inhaló profundamente, llenándose de ese aroma que tan bien conocía, consolándose en el corazón que se estremecía contra él, tan agitado como el suyo.

Besó su piel, ascendiendo por la línea de la yugular, sintiendo el pulso caliente bajo sus labios. Su mano buscó la del chico, y entrelazó sus dedos. Hiro presionó en respuesta, seguro de manera inconsciente.

—Estás un poco empalagoso, ¿No es así? —susurró. Claro que buscaba ser una burla, pero sonó tan estrangulado, que casi pudo sentir su nerviosismo.

Él, en cambio, sonrió contra su mentón.

—Te advertí que sería sumamente cursi.

Hiro entrecerró los ojos, molesto, sólo para pellizcarlo con su mano libre justo en el costado. Tadashi dio un respingo en respuesta, antes de echarse a reír contra su piel, encantado de recuperar gradualmente esos gestos de intimidad, esas licencias que sólo la confianza compartida les daba y que, hace tiempo, había dejado de disfrutar en su forma más pura.

Sí, se había propuesto mantener las distancias, aunque sin alejar a su hermano como lo había hecho tras regresar de la isla. Se había esforzado, convencido de que si Hiro seguía junto a él pese a que censurara la parte más... compleja de su relación, tarde o temprano ambos volverían a tener lazos similares a los que habían tenido siempre, estrictamente fraternos. Creía que era su deber, que era su tarea evitar que Hiro cayera cada vez más en algo de lo que después, ya adulto y buscando conocer a otras personas, se podría avergonzar. Él crecería, sería un buen hombre que merecería a un buen compañero en su vida, no importa cuánto se volviera loco solo con la idea. En su mente, lo único que importaba era proteger a su hermano, de lo que él pudiera hacer, de lo que cualquiera pudiera pensar. Por eso le había aterrado tanto descubrir que, además de su círculo de amigos, era ahora Cass quien sospechaba de ellos.

Y el hecho de que pareciera no importarle se sentía, en realidad, una burla del universo.

Claro, tenía también sus propias reservas morales, las que su hermano siempre le echaba en cara, pero lo cierto es que cada vez tenían menos peso para Tadashi, en especial cuando los días pasaban y él cada vez más extrañaba el contacto de su piel, de sus labios, pero también los detalles más mundanos, como sus bromas, sus chistes compartidos, sus tardes comiendo comida chatarra frente a alguna película que sólo ellos podrían disfrutar. En su mente, en ese momento, tenía dos opciones: podía perder a su hermano y mantener a su amante, o sacrificar esa relación para recuperar al Hiro que había conocido toda su vida.

Y creía que había elegido bien cuando prefirió tener a su hermano a su lado, pero eso no quería decir que las cosas fueran más fáciles para él. Había intentado mantener distancia tanto como eliminarla por completo, se había forzado a hacerle cosquillas, a tocarlo sin cuidado alguno, como cualquier contacto al azar que había compartido con él toda su vida. Buscaba demostrarse que podía tocarlo sin que su cuerpo entero estallara en deseos de poseerlo.

En parte lo había logrado, por un tiempo al menos. Pero a medida que los días pasaban, cada vez más esos contactos que buscaban ser una prueba para él, acabaron siendo una excusa para sentir la piel de Hiro, para hacerlo ruborizar, para que se estremeciera bajo sus dedos.

Y esas marcas, esas marcas que había dejado en todo su cuerpo, eran su mayor orgullo y mayor perdición, ver cómo se desvanecían día a día le volvía loco, y el día del primer ataque, cuando Hiro mostraba su espalda desnuda ante él sin ningún cuidado, casi se le había lanzado encima para volver a marcarlo, para hacerlo suyo por una semana más. Se había refrenado a tiempo, limitándose a sentir la curva de esa espalda preciosa bajo su dedo mientras le subía el cierre del traje, antes de recorrer la marca más notoria, una mordida salvaje en su nuca.

Si había salido corriendo en ese momento, era pura y exclusivamente porque había estado a punto de hacer una locura.

Pero ahora mismo, sintiendo el cuerpo del chico debajo de él, sus manos entrelazadas, y la manera en que su piel se rozaba sin más dificultad que algún estremecimiento traicionero, Tadashi ya no pensaba que aquello era una locura. Ahora mismo no imaginaba un lugar más perfecto en el que estar que aferrado al cuerpo desnudo de Hiro, con sus manos unidas, compartiendo el calor de sus pieles y sintiendo su corazón, algo más sosegado, latir contra él.

No, no quería otra cosa que eso que tenían, tuviera el nombre que tuviera. Quería besar a Hiro, hacerlo suspirar, gemir y reír. Quería sacarlo de quicio como siempre y estremecerlo como hace poco había descubierto podía. No se lamentaría de eso, nunca más.

De lo único que se lamentaba, en realidad, era de haber lastimado tanto al chico en el camino. Y no era idiota, sabía que Hiro pasaría un tiempo receloso a sus muestras de afecto, esperando que una mañana cualquiera se despertara y, sin más, lo rechazara. Que él supiera que eso no ocurriría no era garantía para el otro, y lo sabía, lo entendía.

Por eso debía dar todo de sí para demostrarle que no se echaría atrás, y eso sería con acciones, no sólo con palabras susurradas tras un orgasmo, en medio de la noche.

Por el momento, tomó la iniciativa de alzarse y, sosteniendo con suavidad su mentón, besar sus labios. Sintió al chico tensarse bajo él, sorprendido, y sus labios temblar contra los suyos. Cuando se alejó, Hiro lo miraba con duda, sí, pero con un brillo esperanzado que hizo a Tadashi sonreír, antes de volver a presionar sus labios en un beso casto.

Siempre en situaciones extremas, siempre al borde del abismo y consumidos por una pasión que les impedía pensar con claridad, no podía recordar muchas ocasiones en las que hubiera besado con esa dulzura al chico, sólo por el placer de hacerlo, disfrutando de compartir ese gesto afectuoso.

No era de extrañar que los ojos de Hiro estuvieran más húmedos de lo normal cuando se separó, y sonrió con ternura ante su expresión emocionada. Dejándose caer a su lado, envolvió su torso y pegó su espalda a su pecho, antes de recuperar su lugar entre las piernas de su hermano. En su fuero interno se preguntó cómo es que nunca había dormido de aquella manera con él: se sentía tan pequeño y perfecto entre sus brazos que no podía más que pensar en estar así por otras cinco horas.

Aunque por la altura del sol en la ventana y el creciente ajetreo en el laboratorio, sabía que eso no sería posible si querían pasar desapercibidos. Hiro pareció pensar como él.

—¿Cómo volveremos sin que nos noten? —comenzó en un murmullo, pero se interrumpió con un sonido ahogado, casi como un sollozo. Tadashi entrecerró los ojos, adormilado, pero enarcó una ceja al sentirle gimotear —. Dios, tía Cass me va a matar, ¿Verdad?

Tadashi sonrió con somnolencia, instintivamente lo estrechó entre sus brazos.

—No te preocupes, le envié un mensaje a Cass explicando que teníamos que irnos temprano para un trabajo —bostezó despreocupadamente, ganándose una mirada de curiosidad por parte de Hiro. No recordaba la última vez que le había visto tan relajado—. También le dije que estabas preparando una disculpa, así que más te vale pensar algo rápido, porque volveremos a vernos con nuestro amigo.

Hiro gruñó, claramente en desacuerdo. Si le preguntaran a él, últimamente estaba dando la cara y disculpándose por muchas cosas que, en realidad, no sentía.

—¿Y cuándo será eso? —preguntó a su pesar, sabiendo que no había forma de zafarse de la situación, especialmente si era Cass quien tenía las riendas.

Antes de que terminara la pregunta siquiera, Hiro sintió algo vibrar cerca de ellos. Tadashi se estiró con pereza hasta tocar con sus dedos el celular, antes de llevarlo a su rostro. Parpadeó un par de veces, frunciendo el ceño como si le costara entender algo.

Un segundo después, una risa idiota se le escapó, mientras dejaba caer el aparato entre ellos. Hiro ni siquiera debió preguntar, antes de que el otro le dedicara una mirada divertida.

—¿Recuerdas que íbamos a hacer el allanamiento hoy porque Krei tendría una cena? —inquirió, a lo que Hiro asintió, confundido —. Pues adivina con quiénes es la cena.

Al igual que él, parpadeó un par de veces, más lento de lo normal, antes de dejar caer la cabeza contra el colchón con un lamento demasiado sincero.

Un segundo después, una sonrisita maliciosa se dibujó en su rostro, antes de mirar a Tadashi por encima de su hombro, dándole una mirada evaluativa que desconcertó al chico.

—Mientras yo pienso la disculpa, tú vete inventando algo para ocultar ese mentón hinchado y esa mordida —se burló, encantado, antes de que la sonrisa de Tadashi se esfumara tras su risa maliciosa.


La luz baja y las mamparas estilo oriental daban cierto toque de intimidad al lugar. La música de ambiente era agradable, algún viejo jazz que nunca hubiera escuchado si de él dependiera, pero que de seguro buscaría a partir de ese momento. El sonido lejano de otros comensales, así como el olor apetitoso de la comida distribuida en la mesa, contribuían a crear una atmósfera amena, una que era ideal para cualquier cena familiar.

Sin embargo, Tadashi se removió en su asiento, levemente incómodo.

No se malinterprete, había sido un cambio de último momento –uno que agradecía mucho- el haber acabado en un restaurante donde no tuvieran que llevar ropa de etiqueta, traje o siquiera corbata. Aun así, el lugar era lo suficientemente caro para que debieran usar camisa si querían entrar sin verse como bichos raros. Y no es que nunca usara camisa, pero Tadashi sentía como si acabara de escalar de simple nerd simpaticón a snob desesperado.

Miró a su lado, donde Hiro estaba luchando por entender para qué eran unos tenedores extra, y no pudo evitar sonreír. Para dos chicos como ellos, que eran felices entre pizza barata y gomitas, aquello se sentía un poco... demasiado.

Por eso le sorprendía que Cass pareciera tan tranquila ordenando por todos, incluso por Krei, que había renunciado a su traje y ahora permanecía con una camisa negra arremangada... exponiendo un reloj que parecía valer más que toda su matrícula universitaria, tal vez.

Hizo una mueca, similar a las que se le escapaban a veces al pasear por la casa de Fred, y se apresuró a cambiar el hilo del pensamiento. No estaban allí para dar un aproximado del valor material de nada: en definitiva, estaban en medio de una misión secreta.

Porque entre la mañana y lo acelerado de la tarde, aún no habían tenido oportunidad de comunicarle al equipo el porqué de que el allanamiento se suspendiera. Con suerte, había logrado tomar algo del maquillaje milagroso de Honey de pasada, explicar atropelladamente su encuentro con los yakuza y toda la teoría de que Cass era parte del plan de los sujetos, antes de excusar varias de las marcas de su cuerpo como parte de la misma pelea... claro, no todos se lo creyeron de las mordidas, pero la marca en la mandíbula entró a la perfección. Era una suerte que la inflamación en su mentón no fuera tanta, o sería imposible estar atento a cada gesto del tipo mientras intentaba ocultar sus propias heridas incriminatorias.

Sin embargo, lo que había averiguado hasta el momento era absolutamente nada, en vista de que el único diálogo directo que habían compartido con el sujeto fue el saludo cuando pasó a recogerlos.

Tadashi se devanó los sesos un momento, pensando en un buen comentario para romper el hielo y tomar las riendas de la conversación lo más rápido posible... pero una exclamación de asombro de Hiro lo distrajo, y observó con cierta diversión su expresión al ver cómo ponían ante él un platillo lleno de una comida a la que no podría dar nombre, pero que ya tenía planeado robarle durante la noche.

—Bonito lugar —comentó, desenfadado, un tono casual que no parecía halagador ni indiferente. Había aprendido a usar ese tono cuando sentía que un grupo estaba incómodo, y agradeció que tuviera tanto efecto en un magnate treintañero como en un equipo de universitarios estresados porque un software estaba fallando.

—¿Verdad? — Krei le siguió el diálogo, tan tranquilo como él, y suponía que de manera igual de premeditada. Podía parecer un rico inútil, pero tenía sus dotes para hacerte creer que estabas a su nivel —. Me gusta la humildad de estos lugares, y nunca hubiera conocido este de no ser por tu tía.

Bien, nunca había oído un comentario más petulante dicho con tanta inocencia.

Un silencio sorprendido llenó la mesa por un momento, y Tadashi agradeció que la risita de Cass distrajera la atención del hombre de la expresión perpleja que tanto él como Hiro mantenían. Ni siquiera necesitaba ver a su hermano para saber que la frase rico mimado estaría en toda su cara.

Sin embargo, hubo algo de esa expresión que lo tranquilizó un poco: el sujeto no era perfecto. Alguien que estuviera allí con intensiones ocultas, montando un acto, no se daría el lujo de errar alguna oportunidad para metérselos en el bolsillo como ya tenía a su tía, no dejaría que se dieran momentos de silencio. Alguien que buscara hacerles bajar la guardia, que intentara encerrarlos en algún ardid o tratara de limpiar su expediente para salir de la lista negra del equipo, sin duda tendría sus habilidades sociales más pulidas, los comentarios precisos, una seguridad intachable en sí mismo.

Y Krei parecía no poder tener seguridad de nada si no estaba rozando a su tía, aunque fuera con la piel de su brazo, pegado al de ella.

No era algo evidente, pero estaba a plena vista una vez lo notabas: las miradas lastimeras buscándola a cada instante, la proximidad, la forma en que Cass no podía moverse sin que el cuerpo del hombre se ajustara de alguna manera a ese movimiento. No estaba de ninguna manera sobre ella, no la incomodaba, pero necesitaba reafirmar en cada momento la seguridad de tener a la mujer a su lado, como si la necesitara, como si no pudiera soportar la idea de su lejanía. No era un acoso, no era tampoco la actitud de un hombre asustado... era algo más complicado.

Como si no pudiera aceptar la idea de no estar junto a ella, como si acabara de descubrir algo nuevo y hermoso, y se negara a perderlo. Reflexionó, y sólo un instante después notó cómo su pie se pegaba al pie de su hermano bajo la mesa, lejos de la mirada de los adultos, un espacio íntimo en medio del mar de personas. No era un contacto inapropiado para cualquiera que los viera, claro.

Inapropiada era la satisfacción que le recorrió al sentir la leve tensión que invadió a Hiro ante el contacto. Se apresuró a tomar un sorbo de su bebida, antes de que su sonrisa fuera demasiado evidente, y el chico sólo frunció el ceño, para luego empujar su pie, buscando apartarlo.

En lugar de eso, sólo logró que enredara sus tobillos, manteniéndolo pegado a su pierna y ocupando todo el espacio entre sus pies. No era nada, y sin embargo el contacto bastó para que se ruborizara.

—Hiro, cariño, ¿Es demasiado picante para ti? —la pregunta de su tía lo sacó un instante de su jugueteo, y debió apresurar el trago para ahogar una carcajada al ver la expresión espantada del chico.

—No... creo que fue sólo una pimienta.

—Dime si te pone muy caliente —se atrevió a bromear, y aunque sintió la mirada curiosa de su tía sobre él, nada pudo importarle más que la manera en que el rostro del chico escalaba otra tonalidad de rojo.

—Tal vez hubieras preferido el sushi —aventuró Krei, amable, y Tadashi puso todo de sí para no reírse de su hermano, que se debatía entre soportar el escrutinio general, y gritarle en la cara que no por ser de familia japonesa sólo podía comer sushi.

Decidió que estaba bien de bromas, y que no debería desperdiciar la oportunidad de investigar al mayor.

—Está bien, le pasa a veces en la cafetería de la universidad —explicó, sabiendo que eso los llevaría de inmediato al terreno de los proyectos.

Sonrió, internamente orgulloso, cuando sólo fue cosa de unos minutos antes de que su predicción se cumpliera. Krei podía ser un empresario multimillonario ahora, pero era tan nerd como ellos en el fondo.

Tal vez demasiado, dado que le estaba costando no dejarse embargar por la genuina impresión que le dejaban sus planes a futuro. Incluso Hiro, que seguía mostrándose receloso, tenía una expresión de verdadero interés a medida que el mayor hablaba, y se le estaba haciendo imposible no sonreír al sentir cómo su pierna, que ahora colgaba desde su muslo, se agitaba en un gesto de infantil concentración.

—Por el momento no tengo interés en empezar proyectos nuevos en el exterior, sólo busco mantener los que ya había iniciado con algunos ingenieros ambientalistas —comentó, como al pasar, jugueteando con los dedos de una Cass a la que, en más de veinte años, nunca había visto tan interesada en temas de energías renovables —. Aunque sí que tengo intensiones de traer a algunos inversores a esta zona, en la próxima fiesta de la empresa.

Tadashi estaba a punto de hacer un comentario respecto a lo necesarios que eran inversores, recordando su vieja frustración por los proyectos rechazados sobre protección en zonas propensas a desastres ambientales que había diseñado con Honey, cuando sintió a Hiro removerse a su lado. Le miró de reojo, y notó en el acto cómo fruncía el ceño, aparentemente dudando sobre decir algo o mantenerse en silencio.

Siendo Hiro, no le sorprendió que no se callara. Lo que le sorprendió fue que fuera tan específico respecto a lo que querían averiguar.

—¿Entonces no eres tú el que está dándole tecnología a los yakuzas?

Tadashi estuvo bastante seguro de que había dejado caer algo de su bebida sobre la mesa cuando el vaso tembló en su mano, y se sintió un poco consolador ver cómo su tía dejaba caer parte del bocado que se estaba llevando a la boca sobre el plato, al tiempo que abría los ojos de par en par.

No pudo evitar llevar una mirada de reproche a su hermano, pensando seriamente si sería demasiado darle el pellizco que, en efecto, quería darle. ¿Es que se había vuelto loco?, ¿A qué ir tan directo con el principal sospechoso? Que el día anterior estuviera a punto de soltar todo frente a Krei por los nervios y la frustración lo entendía, pero, ¿Ahora?, ¿Qué lo empujaba en ese momento?

—Hiro...

—¿Los sujetos de las noticias?

La voz desconcertada del hombre interrumpió su reproche unísono con su tía, y le obligó a detenerse un momento para volver a ver a Krei. Ojos abiertos con sorpresa, una ceja arqueada en expresión de desconcierto, un brillo perplejo y algo divertido en sus ojos, y una sonrisa incrédula jalando de una de sus comisuras. La sorpresa era indudablemente genuina, él no se esperaba esa pregunta. La incredulidad, también: le parecía ridículo.

Entonces, volvió a llevar su mirada a su hermano, más atento. Tenía un gesto que cualquiera pensaría de recelo, con un puchero a medio formar en los labios y una mirada enfurruñada que, sabía, era muy diferente a la que su hermano realmente usaba. Fue todo lo que necesitó para saber qué pretendía con aquello: Hiro no estaba siendo imprudente, estaba interpretando el papel de un chiquillo que sí lo era.

Volvió la mirada al mayor, y la sonrisa divertida y algo juguetona del otro fue suficiente para él. Hiro no estaba actuando así ni había hecho esa pregunta porque le interesara la respuesta, lo había hecho para ver la expresión de Krei cuando lo hiciera.

Y esa no era para nada la de alguien culpable.

—¿Crees que les daría trajes tan aburridos a terroristas si estuviera en mi poder?

Hiro sonrió, aparentemente tan satisfecho como él con lo que había encontrado.

—No confío en los gustos de un ricachón mimado, y no creo que ellos lo hagan si tienen medio gramo de cerebro —sentenció, ganándose en el acto una risa del hombre y una mirada de advertencia de su tía.

—¿Esa es la disculpa que estuviste ensayando toda la tarde? —se burló, secretamente deseando vengarse por la movida secreta. A decir verdad, estaba bastante impresionado con las estrategias arriesgadas del chico y su capacidad de fingir inocencia cuando más lo necesitaba, pero eso no lo admitiría ni en un millón de años.

Cuando le miró con una molestia completamente verdadera, no pudo evitar sonreír. Hiro fingiendo inocencia tenía su encanto, pero su Hiro, deseando internamente asesinarlo, era la perfección.

—En eso Tadashi tiene razón —intervino tía Cass, maliciosa — ¿No hay algo que quisieras decir, Hiro?

Empezaba a preocuparle que su perfecto Hiro tuviera un tenedor en la mano, y el ángulo perfecto para clavárselo en las pelotas.

—Cass, no es necesario...

Hiro bufó, antes de poner los ojos en blanco y dejar el cubierto sobre la mesa.

—Sí lo es, no me dejarán en paz si no lo hago —explicó, mintiendo sólo a medias, antes de alzar la mirada y, sin rastro alguno de pena, hablar mirando a los ojos al sujeto —. Escucha, no me creo del todo el que de repente te hayas vuelto un ángel que busca salvar al mundo ni mucho menos, y no voy a olvidar nunca todo lo que hiciste y a la gente que pusiste en riesgo... —hizo una breve pausa, y a juzgar por la expresión del sujeto, Tadashi se replanteó si no hubiera sido mejor guardar silencio —. Pero no tienes la culpa de todo lo que crees, no tienes porqué asumirla: lo que pasó en el laboratorio, lo que pasó con Tadashi y conmigo, no tuviste nada que ver en eso. Y si de verdad eres sincero con todo lo que dices querer hacer, entonces me parece que los errores que cometiste, los estás remendando por el lado correcto... y que eres un hombre respetable —Tadashi aguardó un momento, mirando con un gesto sorprendido al chico, tanto como los demás en la mesa. Hiro no había tartamudeado, no había apartado la mirada, y aunque no se había explayado demasiado, había sido claro.

No podía decir que Hiro creyera en verdad en todo lo que decía, pero sí podía decir que era lo más cercano a una disculpa y al perdón que tendría de él por el momento. Y la forma en que la mirada del sujeto pareció brillar por un instante, le dejó en claro que Krei también lo sabía. El silencio se extendió unos segundos, y estaba a punto de comentar algo, cuando Hiro volvió a hablar:

—Pero sigo sin confiar en alguien que cree que este es un lugar humilde —concluyó, tomando su tenedor de nuevo —. Apestas a rico mimado a kilómetros, no sé cómo mi tía te soporta.

El gesto aliviado del mayor cambió en el acto a uno de estupefacción, antes de que lo que parecía una genuina carcajada escapara de su boca, agitando su pecho y obligándolo a recostarse en el respaldo de su silla.

—Por Dios, sí es el más parecido a ti —exclamó, antes de girarse a su tía, que le miraba entre embelesada y apenada, en especial ante ese último comentario —. Querida Cass, has hecho una maravilla con estos chicos.

La mujer se echó a reír entre dientes, ruborizada, y Hiro pareció aliviado de que la atención se desviara de ellos por un momento. Tratando de mantener una expresión relajada, se apresuró a deslizar su mano por su muslo y dejar allí una suave presión. No era una advertencia ni un deseo de marcar su presencia sobre él, como la última noche. Era lo más cercano a apoyo que podía darle en ese momento, su forma silenciosa de felicitarlo.

Y aunque no esperaba ninguna respuesta, un leve calor inundó su pecho cuando, luego de cambiar de mano el tenedor, sus dedos se deslizaron hasta la suya, presionando levemente, buscando entrelazarlos. Lo aceptó de inmediato, feliz a rebosar de poder compartir un gesto así frente a los demás, esperanzado de que esa veda de confianza que Hiro anunciaba, pudiera levantarse antes de lo esperado.

—Costaron un poco ¿Nunca te conté de la vez que tuve que buscarlos de la comisaría?

Y con eso, todo lo íntimo del momento se fue por la borda.

—¡Tía!

Pero ni su exclamación unísona de indignación fue suficiente para detenerla, y entre sus explosiones de pena y nostalgia, Tadashi pudo apreciar en toda su magnitud cómo el hombre no sólo escuchaba atentamente todo lo que ella tenía para decir de aquella noche, sino que la miraba como si, aún con lo inverosímil del relato, estuviera ante el mayor milagro de la creación toda, ante la más asombrosa de todas las criaturas.

Tadashi estuvo seguro en ese momento de que, no importara de qué hablara Cass, Krei no dejaría de escucharla, ni dejaría de verla como si acabara de descubrir un nuevo sol.


—¡¿Estás bromeando?! —la exclamación de Gogo, divertida en toda su incredulidad, reflejaba muy bien cómo él mismo se sentía a veces, al pensar en el cambio que había ocurrido en su vida en menos de cuarenta y ocho horas — ¡¿Krei con Cass?!

—Si tú estás sorprendida, ¿Cómo crees que me sentí yo al verlo en mi cocina? —se burló, dejándose caer a su lado. Le arrebató el café que tenía en la mano, soportando la exclamación molesta de su amiga.

Aunque había tenido sus momentos buenos, lo cierto es que llevaba casi un día entero sin descansar un instante; por una gota de cafeína, felizmente soportaría el berrinche de la coreana.

—Esto es una locura —Wasabi permanecía mirando el techo, con gesto consternado.

—Bienvenido a mi vida.

El tono burlón y cansado le obligó a desviar la mirada de su amigo, hasta el otro punto de la sala, donde un cansado Hiro recostaba a duras penas su peso en el respaldar del sofá que Honey utilizaba. Estaba seguro de que el único motivo por el que no se sentaba en él, era porque se quedaría dormido en el acto.

Dejó vagar su mirada por el cuerpo del chico. Ni siquiera se había cambiado la camisa negra al llegar a su casa, simplemente había tomado a Baymax y, delegando en él la trayectoria de vuelo, se dejó llevar hasta donde sus amigos los esperaban. Había tenido que aferrarlo más de una vez para que no cayera, y acercarlo a su cuerpo para que no sufriera con el frío del viaje. Una vez en la mansión de Fred, la calefacción había sido suficiente para que se deshiciera del abrigo que con suerte logró ponerle, y se paseara con dos botones abiertos y las mangas alzadas.

Tadashi contempló interesado su piel, blanca casi en comparación a la oscuridad de la tela, y cierto dejo de malicia se le escapó al saber que, debajo de toda la perfección del maquillaje, las marcas de sus besos y mordidas seguían siendo un tejido perfecto sobre su cuerpo.

Por un momento, un insano deseo por que fueran visibles para todo el mundo lo distrajo, hasta que Hiro volvió a hablar:

—No estoy seguro de qué pensar respecto a Krei ahora... —murmuró, refregándose un ojo, adormilado —. Pero creo que lo mejor sería hacer que se aleje de Cass por un tiempo, al menos hasta saber cómo se relaciona con los yakuza. No quisiera que ella quedara en medio de un fuego cruzado.

Y ante su comentario, Tadashi se enderezó, tomando un gran sorbo de café. Necesitaba el impulso que sólo la cafeína podía darle, en especial para lo que iba a decir

—De hecho, el que estén juntos es perfecto para nosotros — soltó, a bocajarro y sin filtros, como había aprendido de su hermanito —. De esta forma, tener acceso a los negocios y proyectos de Krei será pan comido.

A sus palabras las siguió solamente el silencio, como era de esperarse. También, como ya se esperaba, cinco pares de ojos se clavaron en él con diferentes grados de incredulidad, desde la leve sorpresa, escalando hasta el horror.

Hiro, que permanecía en un punto medio, pareció despabilarse en el acto, antes de sonreír de forma desconcertante, como si estuviera divertido por algo. Bordeó lentamente el sofá hasta llegar al centro, sin perder en ningún momento su sonrisa.

—Cielos, si no te conociera, de verdad creería que escuché una pequeña connotación de usar a tía Cass y arriesgar su seguridad, como parte de un plan desesperado —comentó. Parpadeó un par de veces, sin apartar la mirada de él, como si esperara el más mínimo gesto que lo desmintiera.

Tadashi respiró hondo, armándose de valor, antes de volver a hablar.

—Si ella permanece a nuestro alcance, no hay riesgos, Hiro — explicó, sintiéndose fatal en el fondo, pero luchando para mantener la entereza —. Este es un caso de mantener cerca a tus amigos, y aún más cerca a tus enemigos.

—Parece más un caso de pero qué mierda tienes en la cabeza, maldito imbécil —exclamó, completamente despierto ahora, y con intenciones claras de hacerle tragar el café, con vaso y todo — ¡No dejaré que arriesgues a Cass de esta manera!, ¡Es prácticamente nuestra madre, por el amor de Dios!

Tadashi no necesitaba el insulto para saber que Hiro estaba furioso. Peor que eso, estaba desilusionado, defraudado de que siquiera pudiera pensar en aquella opción. Tenía demasiada experiencia con los gestos heridos de su hermano, como para poder reconocer en una sola mirada todo el enojo, todo el dolor que la suposición le causaba.

Tristemente, no era el único. Gogo lo miraba como si no lo reconociera, y Fred habló desde su lugar junto a Wasabi, de seguro a favor de Hiro.

—Tadashi, creo que es...

Pero él no se detuvo a escucharlo. Sólo había alguien con quien quería estar en paz, y ese era el chico que, de pie en medio de todos, lo miraba como si estuviera a punto de rompérsele el corazón una vez más.

Se puso de pie sin dudarlo, y acercándose con calma, redujo casi por completo la distancia entre ellos. Hiro debió alzar el rostro para no romper el contacto visual, firme pese a su dolor y miedo.

—Ya te lo dije anoche, nunca me atrevería a ponerlos en riesgo a Cass o a ti —susurró, sin apartar los ojos del chico, dejando que viera en su mirada toda su sinceridad, que confiara en él. Estaban tan cerca que podía ver cada veta de ocre y dorado en sus ojos, tan cerca, que casi podía sentir la cálida sensación de su aliento en su mentón. Habían estado así tantas veces, pero nunca con tantos ojos sobre ellos.

Y sin embargo, el silencio era tal, que podía escuchar a la perfección cada sonido vacilante del chico, y cómo tragó saliva antes de hablar:

—P-Pero... Tadashi...

No pudo reprimir una leve sonrisa. Aunque lo entendía, le dolía su miedo, pero también lo llenaba de ternura el que buscara aferrarse a él como única garantía de seguridad.

—Tienes mi palabra, Hiro —susurró, y sin embargo fue perfectamente audible en la habitación, junto a un par de pasos inquietos y la respiración agitada del chico ante él cuando dijo su nombre —. Lo que veo en los ojos de Krei cuando está con Cass no es malicia, no es estrategia ni deseos de dañarla. Quiere cuidarla, tenerla a su lado. Él la adora, y no dejaría que nada la lastime.

Y aunque no estaba seguro de qué estaría viendo en sus ojos, fuera lo que fuera, parecía ser lo suficientemente intenso para que, aún en su miedo, el rubor trepara hasta las mejillas del chico y una mirada furtiva se escapara hasta el grupo tras ellos. Su mirada, su voz, ya no era la de su hermano o su compañero de equipo. Tadashi sabía, tan bien como Hiro, en qué situaciones solía usar ese tono bajo e íntimo, y el que lo usara ante todo el equipo era lo suficientemente riesgoso para que un evidente nerviosismo se apoderara de él.

—Tú... ¿Cómo puedes estar tan seguro? —susurró, bajando la mirada.

Tadashi no pudo reprimir una sonrisa enternecida, antes de que un dedo subiera hasta su rostro y le obligara a alzar la vista con un delicado gesto.

—Porque sé que así es como se ven mis ojos cuando te veo —afirmó.

Lo dijo alto, claro, sin importarle quién lo oyera, y sin embargo, el tono fue lo suficientemente cálido como para envolver al chico y estremecerlo bajo su mirada, subiendo algunos tonos de rojo a sus mejillas. Hiro entreabrió los labios un par de veces, boqueando sin saber qué responder. Era tan consciente cómo él de lo que aquellas palabras implicaban, y de la magnitud de lo que significaba haberlo dicho ante el equipo entero. Ya no era algo sólo de ellos, ya no eran solo palabras susurradas en la noche que podían desdibujarse como una alucinación entre sueños. Ahora eran reales...

Un grito de fangirl deshizo la intimidad del momento, y al ver que Honey y Gogo se habían deslizado a un costado –donde sin dudas tendrían una mejor vista- Tadashi no pudo más que achacar a Fred ese tono agudo y femenino que estuvo a punto de romperle el tímpano.

—¡Al fin, por el amor de Dios!

El grito emocionado de Honey, similar al de una adolescente, le hizo reír tanto como a Hiro.

Bien, quizás esas palabras siempre hubieran sido reales, pero ahora tenían un club de fans que las respaldaba.

Respiró hondo, antes de volver al punto principal del problema.

—Sin embargo, lo que Krei siente por nuestra Cass no lo exime de lo que haga en el plano de los negocios...

—¡Agh! ¡Tadashi, maldita sea! ¡Llevo casi un mes esperando esto!

Tadashi sonrió levemente ante el tono indignado de Gogo, tanto como ante las mejillas al rojo vivo de su hermano. Se giró al equipo, tratando de mantener la compostura, o tanto como pudiera con un brazo rodeando los hombros del chico, estrechándolo contra él. No estaba seguro, pero creyó oír el sonido de una fotografía desde algún lado.

—Tendrás oportunidad de vernos durante el fin de semana, porque Krei quiere llevarnos a sus laboratorios principales el sábado, y todos ustedes están prácticamente obligados a ir —informó, jugando despreocupadamente con uno de los mechones de su hermano, que apenas podía mantenerse quieto, embargado por los nervios.

—¿Nosotros? —Wasabi, que hasta el momento los había observado con una velada alegría, pareció desconcertado.

—Cree que si conocemos sus proyectos actuales, su lugar de trabajo y estamos acompañados por nuestros amigos, logrará que creamos por fin que ha cambiado... supongo que no se conformaría con la disculpa después de todo, también quiere nuestra bendición para estar con Cass —dedujo Hiro, con un aire entre divertido y hastiado de todo aquello.

—Exacto —secundó Tadashi, más por el gusto de estar de acuerdo con el chico que otra cosa —. Aunque no sabemos exactamente qué tiene en mente, tener acceso todos a la vez al laboratorio principal es una oportunidad que deberíamos aprovechar para ver, de una vez por todas, si Krei en verdad tiene vínculos o negocios con armamentística.

—Eso suena a un plan —comentó el moreno, divertido. Tadashi sonrió, contagiado en su cansancio por el entusiasmo del chico. Estaba a punto de dar por finalizada la reunión, cuando Fred alzó la mano, como si se tratara de un estudiante.

—Tengo una duda —expresó, con un tono serio y de concentración que le obligó a alzar una ceja, curioso, antes de que Hiro le diera la palabra — ¿Le van a decir tío Krei? Porque tengo que prepararme para no reírme en sus caras si llego a presenciar eso.

El instante de silencio que siguió a la pregunta fue suficiente para que ambos intercambiaran una mirada con los distintos miembros del equipo, estupefactos. Un segundo después, una carcajada general estalló en el lugar.

—Muérete, Fred —exclamó Hiro, a duras penas recuperando el aliento.

Sin embargo, no esperaba que Wasabi le dedicara una mirada mezcla de advertencia y diversión, antes de rodear los pequeños hombros del rubio y pegarlo a su lado, como protegiéndolo de algún mal invisible.

—Cuidado con lo que dices, amiguito. Con todo y sus locuras, estás amenazando al amor de mi vida y eso no me gusta nada.

El rostro de Fred se volvió de un llamativo color rojo en cuanto lo presionó aún más contra él, genuinamente sorprendido. Un gritito ahogado de pura euforia se alzó desde las dos chicas en la punta del sofá.

—Este día sólo se vuelve mejor y mejor —murmuró Gogo, con la voz temblorosa, y Honey sólo asintió, presionando con fuerza sus manos unidas y con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro.


Hiro apenas podía ver qué hacía mientras vaciaba el contenido de la caja en el recipiente ante él, ligeramente enfurruñado. Estaba cansado, molido por completo, no podía recordar nada del trayecto desde el restaurante a su casa, y mucho menos cómo había logrado los dos viajes, ida y vuelta, hasta la mansión de Fred. Con todo eso, y siendo pasadas las dos de la mañana, debería estar más que dormido apaciblemente en su cama, cubierto hasta la cabeza con las sábanas.

En lugar de ello, estaba tratando de tomar un vaso de leche tibia, para ver si con eso lograba dormirse de una maldita vez.

¿En qué clase de enemigo autoproclamado se estaba convirtiendo su cuerpo?

No podía dar dos pasos firmes seguidos, no podía entrar en calor por completo, y, lo peor, no podía dejar de sentir su vientre removerse, inquieto, al recordar lo que acababa de pasar en la mansión de su amigo.

Que Tadashi le dijera palabras coquetas sólo a él, en medio de la oscuridad, a eso estaba acostumbrado. Incluso con todo y su recelo, sus miradas cargadas de afecto y su jugueteo atrevido habían sido más que suficiente para dejarlo nervioso, para desbaratar desde los cimientos todas las barreras que trataba de poner entre ellos.

El que lo hubiera hecho, además, frente a todo el grupo, era algo que jamás hubiera esperado. Y ante eso, Hiro no sabía cómo reaccionar, no sabía qué pensar o esperar. Aunque en su interior intentaba mantenerse firme a su promesa, seguro de que tarde o temprano algo ocurriría que le haría cambiar de opinión, lo cierto es que muy en el fondo, un preocupante dejo de esperanza le hacía estremecerse de dicha.

Ni siquiera se había percatado de la sonrisita idiota que se había formado en sus labios, mientras retiraba el recipiente de leche tibia del fuego.

—¿Hiro? — el susurro somnoliento bastó para hacerle dar un respingo, y despabilado de golpe, se preguntó qué carajos hacía poniendo la leche tibia en el recipiente de Mochi — ¿Qué haces aquí?

Se giró a su tía con cierto nerviosismo idiota, y le dedicó una sonrisa afectada al verla más dormida que despierta, cubierta con su salto de cama para invierno.

—Buenas noches, tía —saludó, más educado de lo acostumbrado, y se maldijo por ello —. Sólo me servía un poco de leche caliente.

Ella le dedicó una mirada apreciativa al recipiente sobre la mesada, alzando una ceja curiosa.

—¿En el platillo de Mochi?

Hiro rio, antes de apresurarse a bajar el plato, justo al lado de la ronroneante bola de pelos que había bajado junto a su tía y que para nada esperaba un bocadillo de medianoche. Acarició al animal un poco, tratando de recomponer su expresión.

—No veo bien lo que hago cuando estoy cansado — se excusó, antes de erguirse y volver a llenar el recipiente. Oyó un murmullo de asentimiento de la mujer, antes de que le pidiera que pusiera suficiente para ella —. ¿No puedes dormir?

—Ha sido un día largo —comentó, restregándose un ojo cuando Hiro se volvió a ella —. Alistair es como un niño cuando está nervioso.

Hiro sonrió, antes de recorrer a la mujer con más calma. Aunque estaba claramente cansada, debía admitir que era la primera vez en años que la veía sonreír mientras miraba a la nada, y el brillo en sus ojos era algo completamente nuevo, casi como si alguien le hubiera dado un soplo de vida a un fuego que era sólo brazas. No era algo con lo que sentirse mal, era una expresión por completo diferente a la que podían despertar Tadashi o él. En mucho tiempo, era la primera vez que veía en Cass no sólo a una tía amorosa, sino a una mujer feliz.

El pensar que él había reaccionado de la manera en que lo hizo la primera noche, le hizo removerse incómodo. El saber que, además, la dejarían seguir con eso por motivos ligados a sus propios planes y sospechas, era algo que le carcomía por dentro.

Nervioso, consideró que le debía una disculpa, aunque no podía afirmar por qué de las dos cosas.

—Tía, yo lo...

—Agh, Hiro, yo soy quien lo siente —le interrumpió, adivinando sus palabras y acercándose a él con paso calmo, antes de colocar sus manos con delicadeza sobre sus hombros. La expresión sorprendida del menor sólo se acentuó cuando, sin más palabras, la mujer lo estrechó entre sus brazos, en un gesto amoroso que hace mucho no le daba —. Sabía todo lo que pasarías cuando conocieras a Alistair, sabía que podía dolerte todo esto, y sin embargo los presenté de golpe, sin prepararlos para nada o siquiera preguntarles. Estaba tan emocionada, que no pensé en ustedes.

Hiro arqueó las cejas por la sorpresa, pero se apresuró a devolverle el gesto al oír la culpa evidente en su voz.

—Está bien, tía, así es mejor. Si nos hubieras preguntado, lo más probable es que nunca lo hubiéramos querido conocer—afirmó, sin mentir del todo. Si de él hubiera dependido, lo más seguro es que hubiera puesto el grito en el cielo sólo de imaginar a Krei en su casa, o a veinte metros de su tía —. Además, debí estar más a la altura de un genio como yo.

Ella rio, antes de alejarse un poco, apenas lo suficiente para dejar un beso en su frente.

—Eres mi genio, con todo y mi temperamento horrible —comentó, sonriendo y mirándolo como no hacía desde que era pequeño, obligando a Hiro a removerse entre la pena y la ternura, como el niño mimoso que en el fondo aún era.

Pero, desde luego, ella no tenía por qué ver esa parte de él.

—Pero, en serio ¿Cómo puedes soportar a un multimillonario idiota todo el día?, ¿Le pones una mordaza o qué?

Sorprendida, Cass le miró con los ojos ampliamente abiertos, y Hiro no quiso indagar en el motivo del rubor que cubrió sus mejillas antes de que se echara a reír a carcajada limpia.

—Créeme, tiene sus encantos cuando lo conoces —murmuró, enigmática y divertida, y Hiro estaba a punto de hacer un comentario horrorizado, cuando el sonido chisporroteante del hervidor les hizo dar un respingo.

Claro, fue Cass quien se encargó de evitar el desastre y servir los vasos con lo que aún no se había volcado.

—Yo lo limpio mañana —murmuró, bostezando nuevamente, antes de dejar un nuevo beso en su frente y dirigirse a las escaleras —. Tú ve a dormir, mañana tienes clases.

—Y tú una cita seguramente, así que quiero que te pongas una mascarilla antes de dormir, pareces una momia.

La risa de la mujer le sacó una sonrisa, y la siguió con la mirada mientras subía lentamente las escaleras, con un relleno y ronroneante Mochi pegado a sus piernas, con aparentes intenciones de robarle un poco más de leche.

Hiro solamente apartó la mirada cuando supo que había llegado a la planta alta, y se giró bostezando. Se reclinó sobre la mesada, observando con pereza el vaho que se elevaba desde el vaso. Siguió pensando en el brillo de esos ojos verdes, en toda la vitalidad que nunca había visto en su tía y que ahora saltaba a la vista incluso cuando estaba acabada.

Cass era una mujer sorprendente. No sólo por todo lo que había cambiado en ella desde que empezara a salir con Krei, sino por todos los matices que tenía. No se le había pasado por alto las miradas que les había dirigido en el restaurante, mientras Tadashi intentaba ponerlo en una situación incómoda. Su mirada había sido curiosa al comienzo, atenta luego y, finalmente, no le cupo la menor duda de que sospechaba cuál era el verdadero carácter de sus jugueteos en conjunto, así como la forma en que permanecían siempre en contacto.

Y, sin embargo, en ningún momento había hecho una expresión de asco o reprobación. En cambio, seguía manteniendo su conversación con calma, haciendo la vista gorda a lo que era evidente... y, encima, era perfectamente capaz de volver a abrazarlo como siempre, como si todo siguiera igual.

O como si su relación con Tadashi no afectara en lo más mínimo la de ellos.

Hiro sonrió, pensando en los ojos de su tía, en su felicidad, y en cómo incluso Krei parecía tener un brillo más humano del que le recordaba en la feria, hace tanto tiempo. Entonces, el hombre parecía mirar a la gente como si tuviera un signo de dólares en la frente, muy diferente al que había cenado esa noche con ellos, con esa mirada emocionada la hablar de tecnología, con toda la devoción del mundo en los ojos cuando miraba a Cass.

Se estremeció al recordar las palabras de Tadashi, y la simple idea de que fueran verdad fue suficiente para que debiera reprimir un gritito emocionado al mejor estilo Fred.

Tomó un sorbo de su vaso, intentando relajarse y deshacer, una vez más en la noche, el nudo de felicidad que le atenazaba el estómago y que le había hecho girarse en su cama por más de media hora. Más de una vez había tenido el impulso infantil de meterse en el cubículo de Tadashi y obligarlo a recibirlo en la cama como cuando eran pequeños...

Pero consideró que sería forzar demasiado las cosas. Estaba feliz como estaban, era un buen lugar, una buena distancia, y Hiro consideraba que era algo que podía disfrutar de a poco, pequeñas dosis de besos furtivos, de caricias indiscretas y de frases ambiguas cuando estuvieran ante todo el mundo. No tenía por qué pretender más...

Siempre que pretendía más, terminaba con nada.

El sentimiento agridulce le hizo terminar su vaso con cierta amargura, e hizo una mueca ante el pensamiento, recostando su cansada cabeza en su mano. Ya había acabado, y el paso evidente era volver a su cama. Sin embargo, una repentina cobardía lo detuvo en la cocina unos minutos más, dejando que el tibio líquido hiciera efecto.

De hecho, ya comenzaba a dejarse caer sobre su mano. Unos dedos firmes en su brazo fueron lo único que le mantuvieron erguido, y probablemente consciente.

Hiro debió ahogar un gritito de sorpresa cuando unas cálidas manos se deslizaron por su espalda y piernas, y, cómo si se tratara de una pluma, lo cargaron sin el menor esfuerzo... como si la posición no fuera lo suficientemente humillante.

—¿Qué haces? —murmuró, ruborizado y despierto de nuevo a su pesar. Cuando Tadashi subió los primeros peldaños de la escalera, no pudo evitar llevar uno de sus brazos a su cuello, ligeramente atemorizado.

Era una tontería: como siempre, Tadashi no podía ser otra cosa que perfecto.

—Me desperté y no estabas en tu cama —comentó, bajo y un poco amodorrado. Pese a ello, ni sus palabras ni su paso vacilaron —. Luego, tía Cass llevaba un buen rato arriba y tú todavía no habías vuelto.

Hiro trató de ignorar el cosquilleo emocionado que le recorrió ante esas palabras, ante toda esa atención que el mayor le dedicaba.

—Pareces un acosador —murmuró en cambio, ganándose una risa del otro.

Cuando pasaron el umbral de su puerta, Hiro hizo ademán de bajarse para ir a su cama. Por ello le sorprendió tanto que Tadashi reafirmara su agarre y se dirigiera hasta su shõji, sin mediar palabras.

Hiro incluso lo miraba con un dejo de sorpresa cuando lo depositó en medio de su cama, con algo que sólo podía describir como delicadeza.

—¿Por qué...? —murmuró, apenado, cuando le vio cerrar tras él el cubículo. Tadashi estaba a punto de meterse bajo las cobijas cuando su mirada le detuvo, y pareció dudar un momento.

—¿Te molesta dormir conmigo? —preguntó a su vez, con una expresión que dejaba en claro que era la primera vez que se lo planteaba. Lo cierto es que no era raro cuando eran pequeños... pero ahora, y ante los cambios en su relación…

Hiro se apresuró a negar, no quería malentendidos.

—No, claro que no... me sorprendió un poco, nada más —confesó, y algo se removió dentro de él al ver la sonrisa encantada del mayor, antes de meterse bajo las cobijas y cubrirlos hasta la cabeza en un solo movimiento. Por supuesto, también lo arrastró a él, arrancándole un grito ahogado y pegando su espalda a su pecho.

Y aunque podría disfrutar de lo dulce del gesto, lo cierto es que el aroma de aquellas sábanas, así como el calor corporal de su hermano, fue suficiente para que todo su cuerpo se estremeciera, alerta. Estaba agotado, desde luego, había sido un día interminable... pero una cosa era lo que su cuerpo sentía, y lo que realmente podría resistir en ese estado.

Se tensó al sentir un par de dedos cálidos rozar su lado derecho, ahí donde la herida seguía fresca, pero casi por completo olvidada gracias a los cuidados de su hermano.

—¿Debería revisarla?

O bueno, olvidada por él.

—La has revisado tres veces desde que llegamos de la universidad —gruñó, exhausto, pero aún atento a los movimientos de esos dedos —. Y sospecho que hiciste que Bay la revisara al menos una vez.

Tadashi rio, tan cerca de su oído que debió reprimir un escalofrío.

—Dos veces, en realidad —confesó, antes de dejar caer su mano por su piel, hasta su vientre. Hiro tragó saliva cuando se removió más cerca de él —. Y te informo que no te irás de esta casa hasta que tomes tus hemostáticos cada día.

Hiro gruñó, pero no dijo nada. No había manera en que pudiera mantener un tono de voz decente con aquellos dedos en su vientre, con su pecho pegado a su espalda y el cálido aliento de Tadashi haciendo cosquillas sobre su cuello. No cuando el recuerdo de su última noche allí regresaba a él en cada inhalación del perfume de aquellas sábanas.

Se estremeció cuando una de las piernas de Tadashi se abrió paso entre sus muslos, y se maldijo cuando su corazón arrancó a latir a toda velocidad al sentir un suave beso sobre su oído, tan cálido, que debió cerrar los ojos con fuerza.

Más, al cabo de un minuto, cuando los brazos y piernas del otro se limitaron a abrazarlo, y su respiración se volvió cada vez más pausada, Hiro no pudo evitar removerse, incrédulo.

Un suspiro somnoliento se escapó de los labios del mayor, y no pudo más que voltearse hacia él.

—Oye... —le llamó, dubitativo — ¿De verdad sólo vamos a dormir?

Fue un susurro nada más, pero la pregunta fue lo suficientemente violenta en medio del silencio como para que Hiro no pudiera evitar ruborizarse al notar cómo sonaba.

La carcajada que Tadashi no pudo reprimir sólo contribuyó a que quisiera morirse.

—Por dios, Hiro, admiro tu juventud —se burló, y el chico no pudo más que enterrar la cabeza bajo las sábanas, con los oídos a punto de estallar. Maldijo cuando el otro encontró, aún entre toda la tela, el punto exacto donde estaba su oreja —. Debo admitir que no estoy ni en la mitad de las condiciones que tú, pero si quieres hacer algo más que dormir, puedo hacer un esfuerzo... no es que me fuera tanto sacrificio, claro...

—Por favor, sólo duérmete —sollozó, y el otro se echó a reír.

—Pero ahora no sé si de verdad querías...

—¡Tadashi!

Una nueva carcajada llenó el silencio, ahogada, y Hiro no pudo más que estremecerse al sentirla justo sobre su oído. Sin embargo, él mismo tenía una pequeña sonrisa traidora cuando, sin detenerse ante sus quejas, corrió por completo la tela que cubría su rostro.

Un beso juguetón sobre su oído lo sorprendió, y cuando lo giró, dejándolo de frente a él, Hiro le miró con curiosidad y pena, alerta.

Y sin embargo, para nada se esperaba el beso delicado que dejó caer sobre sus labios, apenas un roce que fue suficiente para que debiera estremecerse.

Cuando los ojos de su hermano siguieron fijos en los suyos, no pudo más que ruborizarse ante esa mirada cargada de cariño y devoción. Rozó su mejilla apenas con la punta de los dedos, antes de rodearlo con su brazo y volver a pegarlo a su pecho. El olor de su piel lo llenó de inmediato.

—Me gusta estar contigo, así también —susurró sobre su oído, un tono más bajo que los anteriores, más íntimo, y Hiro cerró los ojos, dejando que lo embargara. Entonces, sí que oyó un corazón agitado, y no era solamente el suyo —. Quiero dormir abrazado a ti cada noche, mi amor.

Y por primera vez desde que empezara a llamarlo así, Hiro tuvo oportunidad de avergonzarse por eso, aun cuando secretamente su corazón se saltara un latido cada vez que lo hacía.

—¿No te han dicho que eres demasiado penoso a veces? —murmuró, y se maldijo cuando la sonrisa que luchaba por reprimir se traslució en su voz. Tadashi volvió a reír. Hiro no pudo más que sentir todo su ser estremecerse de dicha al sentir sus brazos estrecharlo contra su pecho.

—Y sospecho que te encanta, ¿No es así? —inquirió, con una voz baja y ronca que erizó su piel.

Hiro no respondió, o al menos, no con palabras. En cambio, alzó la mirada y, en medio de la oscuridad herida por la luz de la ventana, se irguió apenas lo suficiente para dejar un único beso en los labios sonrientes de Tadashi.


Estos dos me dan vida nueva. Literal soy como Fred, Gogo y Honey cada vez que escribo y ¡Sí señores, eso fue Hidashi con público!, ¡Ahora hay testigos!

Pese a sus fantasías, convengamos que tampoco Tadashi va a salir a comerle la boca frente a todo el mundo, pero, hey, es todo un avance.

Respecto a la reacción de los chicos y Cass, me estuve preparando por días para darles una suerte de disculpa de por qué todos en la historia parecían aceptar la relación de estos dos de manera tan natural, y me encuentro la bandeja de mensajes llena de correos festejándolo. Quedé como una verdadera payasa que sobrepiensa todo, los amo.

En fin, entre un Tadashi cursi, un Hiro apenado, un Krei enamorado y un Wasabi protector, creo que tengo mi semana completa. Responsabilizo a los libros por estas expectativas sin sentido con las parejas.

Ya hablando en serio, lamento que el cap fuera tan corto, pero creo que venía bien algo más dinámico en estos casos, en especial con el largo del anterior jeje. Si me dejo llevar, volveré a escribir caps interminables cada seis meses, y nadie quiere eso. Nos quedan unos cuantos antes del final, después de todo.

Por cierto, uno de ustedes me comentó que este es el mes Hidashi. Por el amor de dios ¡Quiero leer todo lo que tengan, por favor!, ¡Necesito que haya más de estos dos para disfrutar! Creo que es una gran oportunidad para sacar a la luz un one shot que había enterrado porque, ahora, me parecía bastante perturbador. Pero todo sea por la causa (?

En fin, sin nada más que decir, los dejo por hoy. Espero que disfruten el cap en este día nuevo.

Besos y Abrazos.

Mangetsu Youkai.

Balalalalah