Debilidad

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En sus años de vida siempre había considerado los sentimientos como una debilidad inquebrantable. Y allí, aferrado a Sakura como si por un instante su existencia únicamente hubiese dependido de los latidos frenéticos contra su pecho, sintió la sentencia desplomada contra su nuca.

Se alejó tolerando el tambaleo causado por el aroma a rosas inundando su nariz.

- Sakura – la llamó siendo consciente de las cámaras colgadas en cada esquina del cuarto.

Un abrazo público.

Otra vez.

- No estamos solos – agregó dirigiendo su mirada a los ojos invisibles tras los objetos de metal.

La chica retrocedió mientras la piel en su cuerpo ardía. Ofendida era un término adecuado para su condición.

- Lo siento – susurró llevando a la realidad los hechos en su historia.

Levantó la vista analizando el aspecto recompuesto en su compañero; Ciertamente, lo ocurrido entre ellos pertenecía a simples caricias privadas de libertad. Inclinó su cabeza condescendiente recibiendo un gélido resoplido por parte del pelinegro.

Las palabras sobraban tanto como las miradas esquivas.

- Descansa – culminó tormentoso.

El silencio en la habitación reinó durante tantos minutos que su cuerpo sintió la soledad regir poderosa. Su realidad era un constante dolor clavado en su alma. La desfachatez al enamorarse de Sasuke por segunda vez y continuar siendo rechazada oficialmente cual insignificante escombro, mientras ella lo continuaba eligiendo sin dar espacio al azar, parecía una estúpida elección.

Tal vez, entre cuatro paredes sus sentimientos podían resurgir poderosos, sin embargo, si los pensamientos que comenzaban a taladrar en su mente eran reales, Sasuke únicamente estaba haciendo lo que ella solicitó. Le imploró en la prisión calmar sus deseos como lo único que deseaba antes de morir, más aún, luego de lo ocurrido con Naruto, no podía comprender como Sasuke había ignorado aquel hecho tan vanamente, acostándose con ella luego de tan solo unos días.

Sin embargo, la declaración de sus sentimientos permanecía en su pecho, Sasuke la apreciaba. De una forma tergiversada por ella misma e incomprendida por el muchacho. Un sentimiento del que él seguía escapando constantemente.

Nuevamente era la culpable de su idilio mental. Si el mundo acabara en aquel instante, ahora tenía más asuntos inconclusos de los que podía manejar.

La puerta se abrió lentamente interrumpiendo el hilo fugaz de su mente masoquista.

El rubio asomó su nariz con tanta calma como era posible. La bolsa de cartón abrazada a su pecho desprendió un aroma intoxicante.

- Sakura- chan, Sasuke dijo que deberías descansar pero supongo que tienes hambre

El estómago vació rugió feroz mientras su cuerpo instintivamente se reincorporaba en la cama.

Su mente había permanecido más de una semana en una constante lucha de sentidos, sin embargo, ni por un minuto había considerado la inanición como un problema.

- No recuerdo cuando fue la última vez que comí – susurró consternada- debe ser esta mañana pero para mi ha sido hace días.

El muchacho ingresó en la habitación tomando lugar en la cama a los pies de la pelirosa.

- Nos preocupas – soltó mientras desenvolvía las meriendas.

La pausa continua irrumpió incomoda.

- el país del rayo se mantiene firme, pero aun así no pude conseguir más que esto. El alimento escasea no solo en Konoha.. – agregó cambiando de tema.

- … Ambos? – cuestionó la chica de pronto

-Si. Ambos nos preocupamos – respondió firme- Desde nuestro paso por la Aldea del Sonido pareces olvidar comer. No entiendo, estamos bien ¿no?. Konoha tiene escases de comida, pero aun así deberías haber recuperado fuerzas. Es probable que no hayas desayunado...

Sakura suspiró concentrada en el tarro de aluminio entre sus dedos.

- ¿Las cosas entre ustedes marchan bien? – agregó luego de unos minutos en completo silencio. Su voz profunda descolocó aún mas los latidos en la muchacha.

- Las cosas…entre nosotros? – repitió olvidando el alimento frente a ella.

- Con Sasuke, ustedes están bien?… - susurró nuevamente el Uzumaki.

Quiso responder, sin embargo, no encontró las palabras adecuadas. Exactamente que tendría que estar bien, su constante tensión sexual, el mutismo entre sus cuerpos, el fluir de sus miradas o simplemente la completa incapacidad para sobrellevar una conversación sin provocar en ella la absurda oleada de hormonas en que se convertía su cuerpo. Acaso Naruto aún no comprendía que, si bien existía aprecio, la relación entre ellos no era más que una explosiva tirantez blasfema. No existía nada entre ellos y a la vez su unión significaba todo.

Encontró entonces, un sentimiento oculto en lo profundo de su corazón. Hubiese deseado que nadie supiera de lo ocurrido con el Uchiha. Deseaba imperiosamente no dar a conocer la clase de mujer fácil en que se había convertido. Pretender estar enamorada era más fácil que simplemente dar a conocer el doloroso deseo por ser poseída de las formas más grotescas y poco saludables que podían cruzar sus pensamientos. ¿Se había aferrado a la sensación de estar enamorada únicamente para no dar a conocer el grotesco deseo naciente de su atracción? En aquel sentido, entonces no amaba a Sasuke. Simplemente lo deseaba desde lo profundo de sus entrañas. Pero ¿amor? ¿Había estado confundiendo sus deseos con amor como una justificación para lo que podían pensar sobre ella?

¿Lo podía amar sin saber gran parte de su vida?

- No hay nada entre nosotros. – culminó finalmente- a veces parece que si y luego estoy en la nada. Sasuke instala una muralla entre nosotros. No quiero hablar de esto contigo Naruto.

El chico asintió compungido.

La puerta de la habitación se abrió haciendo ingreso tres mujeres con el rostro plasmado en nerviosismo.

- Naruto- san. – saludó nerviosa tras un respingo de consternación- Sakura – san, Mi nombre es Misora Tsukimi solo venimos a chequear como se encuentra. Ha despertado de un fuerte Genjutsu pero al parecer su cuerpo se encuentra en buen estado.

Naruto se levantó de la cama para dar espacio a las enfermeras. Sin embargo, una mano aferrada a la tela de su brazo paró en seco su retiro.

- Naruto, quédate. – susurró agraviada- un poco mas.

El rostro del muchacho se tornó en un gesto de dulzura mientras asintió suavemente.

- Claro Sakura- chan. No me moveré de aquí – soltó para luego caminar frente a la cama.

Las mujeres enrojecieron ante aquel gesto dando paso al muchacho hacia el futón. El movimiento torpe en sus acciones no pareció sorprender a Sakura. Después de todo, Naruto era un hombre atractivo y famoso entre las aldeas. Recordar aquello le pareció el efímero recuerdo de sus últimos meses de paz en Konoha, antes que todo aquello estallara.

La muchacha se recostó en la cama mientras las enfermeras chequeaban sus signos vitales y realizaban preguntas de rutina para identificar su confusión mental. Sin embargo, solo un aspecto permanecía en la mente de la chica. Acaso había dejado pasar demasiado rápido lo ocurrido con Naruto. Nuevamente se había cegado en Sasuke sin dar espacio al espacio existente en su corazón para el joven rubio. Después de todo, si existía una parte de ella que lo deseó, es porque bajo toda su encaprichada nebulosa obsesiva, podía avivarse un fuego rotundo por el Uzumaki.

Lo observó de reojo permanecer sentado estático con los codos en sus rodillas y las manos atadas a la bolsa de papel. Su mirada azulada fija en la baldosa solo pareció subir un segundo para fijarse en el verde de sus ojos. El respingo ante la interacción imprevista los sobresaltó repentinamente.

En primera instancia ¿Por qué simplemente no podía amar a Naruto?

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Golpeó aquel árbol con la intensidad de su puño. La frustración en sus acciones estaba desmembrando sus sentidos.

Qué significado tenía todo esto. Qué estaba haciendo con su vida. Qué estaba haciendo con Sakura. Por qué la innecesaria tarea de ocultar su interacción.

Frotó su rostro con claras intenciones de huida.

Aquella cueva le había instaurado un poder inimaginable, sin embargo, cuando vio a Sakura caer, se sintió tan débil como hace años no había figurado en su gama de sentimientos; una situación que no podía controlar, un abismo al que podía caer fácilmente.

Se encontraba viviendo en el borde un precipicio al que solía acercarse demasiado. ¿Qué pasaría con él si se dejaba llevar por aquellos sentimientos?. Cómo reaccionaría su propia humanidad ante aquello. Ciertamente era lo que menos le preocupaba, más bien, la parte soberbia en su persona era la exclusiva alarma en su interior. La posesión, la obsesión, la locura. El exclusivo rasgo heredado en sus venas.

La había llevado hasta allí y por aquella simple acción Sakura podría haber muerto fácilmente. Cuántas veces debía estar al borde del precipicio para comprender la maldición en su vida.

Un movimiento inadecuado.

Desde el primer momento, Sakura debió permanecer en Konoha, lejos de todo. Alejado de él y su miseria.

Sin embargo, existía algo de lo cual no se podía arrepentir. El lazo entre sus mentes había trascendido a la unión física de una forma tan consistente como tacita. ¿Acaso la unión con otra mujer hubiese colmado su instinto de una forma tan satisfactoria? Una pregunta que no requería respuesta. Más bien, no necesitaba ser contestada por que, de cualquier forma, solo existía un frontera.

No debía amar así.

Jamás.

Había sido algo tan simple. Un enemigo sin odio, que pese a la intensidad de su genjutsu no había sido capaz de dañar las fibras internas en la chica. Claramente el hombre era maligno en comparación al colera de un reptil legendario. Porque permanecer junto a Sakura significaría arriesgarla a encarar constantemente enemigos ruines, bajos, oscuro. Tan lóbregos como el ser que habitaba en su interior dispuesto a vengar, odiar y amar implacable.

Un compañero de equipo caído y un maestro vencido, no era lo mismo que ver morir a quien avivaba la esperanza en su corazón. Con quien podría anhelar conseguir la familia que fue arrebatada en su niñez; El terror lo inundó, estar en aquella misión con Sakura de pronto se convertía en una perpetua pesadilla. Ya no podría permanecer un instante sin caminar por la soga sobre el abismo, temiendo caer en lo profundo de su condena.

¿Cómo había pasado todo ello frente a sus narices?

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- Por la mañana haremos un último control. Pero si todo va bien, ya se puede marchar – espetó Misora en un hilo de voz. Enfrentar a la reconocida Sakura Haruno era un desafió complejo.

- Estoy muy agradecida con el país del Rayo. Han sido muy amables conmigo, sobre todo en las condiciones actuales del mundo. Seguramente deben tener escasez de camas. No quisiera que por mí, alguien en peor estado se quedará sin atención.

- Oh no! Por supuesto que no es un problema. De todos modos ya es muy tarde. Debe descansar por esta noche.

- Yo cuidaré de ella – soltó el rubio sentado tras las mujeres.

Su presencia antes silenciosa únicamente alteró la compostura en las chicas, girandose acaloradas.

- Naruto – san por favor, usted también debería descansar.

Naruto sonrió apacible antes de erguirse para quedar directamente bajo la luz de la habitación.

Su rostro se veía agotado, sin embargo, el aspecto zorruno pareció destellar entre dientes afilados y hebras rubias más largas de lo habitual durante los últimos meses.

Sakura recordó en él la visión del niño que conoció hace ya tantos años.

- Esto no es nada – exclamó frotando su nuca- solo estaba preocupado por Sakura-chan, pero ya estoy bien. ¡de veras!

- Bien, entonces… enviaremos una almohada para que pueda dormir más cómodo en el futón.

Las muchachas sonrieron antes de retirarse tan silenciosas como habían ingresado sin dar espacio a reclamos.

El rostro del rubio se tornó sereno y la paz recorrió todo el cuerpo de la pelirosa. Naruto tenía aquella clase de influencia en las personas, contrario a lo provocado por el Uchiha. Si bien, ambos parecían destacar a simple vista, logrando el revuelo de las chicas jóvenes a su alrededor, la actitud parca del pelinegro únicamente lograba desatar sensaciones de huida, las cuales ciertamente podían ser igual de atractivas. Sin embargo, Naruto en si mismo, lograba lanzar en la dirección contrarias cada uno de aquellos miedos.

Pese a ello, Naruto no era realmente consciente de su influencia en los demás.

- Tu no entiendes nada ¿verdad? – susurró Sakura incorporándose de pie junto a la cama.

El muchacho relajó su sonrisa alarmado por las palabras en la chica.

- ¿a qué te refieres Sakura -chan? – cuestionó caminando un paso hacia la pelirosa. Después de todo, si bien se encontraba en supuestas buenas condiciones, su aspecto delgado y su piel blanquecina, parecían un fuerte reflejo de su condición mental.

La mujer camino hacia él y en un acto inesperado lo observó desde su altura. No necesitaba alcohol en sus venas para notar las decisiones que la llevaron a besarlo la última vez a solas.

Le sonrió afable antes de atar sus brazos al Uzumaki. Su rostro se clavó en el pecho cálido mientras un sollozo inesperado se desprendió desde lo más profundo de su adolorida humanidad.

- Lo siento Naruto, siento haber hecho como si lo ocurrido entre nosotros no importara. – declaró adormecida por la lluvia de pensamientos cruzando su mente.

Los brazos derrotados subieron sensatos hasta la cintura de la pelirosa, en un acto abnegado la atrajo hacia su cuerpo consciente de los ojos metálicos a su alrededor; La abrazó con ambas manos, aferrado a su cuerpo como si solo en aquel instante recién Sakura le hubiese permitido acceder a ella luego de todos los días transcurridos desde su encuentro.

- Ya veo... entonces supongo que hoy no lo amas. O al menos no en este instante. - susurró el muchacho mientras sus palabras producían un eco profundo en la mujer.

Y entonces Sakura pensó que los hombros de Naruto no temblaban tempestuosos como los del Uchiha, ni por las cámaras tras su espalda, ni por la intensidad en sus sentimientos.

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Hola Hola

Qué harían ustedes en la posición de Sakura?

Yo a veces pienso que me quedaría sin dudarlo con Naruto. Pero ahora tengo 27 años, a los 17 seguí corriendo en el sentido contrario tantas veces como se me antojó.

¿Han estado en esa posición alguna vez?

No olviden comentaaaaar.

espero sus comentarios, saludos, críticas

saludos!!