Hola a todos :3

En las últimas semanas he estado bastante ocupada con el trabajo y no he podido avanzar mucho con los fanfics largos, así que les pido paciencia. Por el momento, les dejo el nuevo capítulo de nuestro pervertido juez y la pobre Anna, espero les guste y me dejen sus reviews, adoro leerlos y me motivan ;)

Advertencias: Lemon explícito con descripciones detalladas, tensión sexual e intimidación física y emocional. Si no lo toleran, por favor cierren la pestaña/ventana y vayan a leer otro fanfic. Aunque existen otras historias por ahí, que son mucho más oscuras que la mía XP


Sobre sus comentarios:

WienGirl: Encantada de leerte y aquí continuamos con las perversiones del Minos jaja ;D Gracias por comentar.

Pyxis and Lynx: Muchas queremos jugar con él XD Que bueno que leíste el capítulo especial, porque la verdad, esa pequeña historia me ha inspirado demasiado para escribir esto XD Y claro, el Minos sabe tratar a una mujer en la cama (aunque sea un maldito en otros aspectos) y no le hace gracia lo que quiere el Grifo. Por eso lo chantajea con el error del pasado, ya hablaré de eso un poco más adelante. Muchas gracias por comentar.

Roses Girl: Gracias por tus palabras, me hacen sonrojar :D Es un gusto saber que te agrada la historia y el comportamiento de Minos (es un pervertido, pero no busca dañar a Anna). Quizás he descrito al juez como un buen amante, pero no puedo evitarlo, se me antoja de esa manera XD El libro rojo es interesante y lo seguiré usando. Sobre el error del espectro, también lo mencionaré un poco más adelante. Muchas gracias por comentar.

Leyla: Que divertido es leerte XD Como hemos visto, la trama de por sí es fuerte, así que las perversiones continuarán XD Sé que el espectro es inquietante, pero no te preocupes, Anna no la pasará nada mal. Minos es irresistible para jugar con él ;D Gracias por comentar.

Kitty 1999: En pocas palabras definiste a Minos y al Grifo jaja XD Tienes razón estimada Kitty, el espectro es más instintivo y salvaje, en cambio el juez, es un poco más dado a disfrutar y hacer disfrutar y aquí lo leerás ;P Gracias por comentar.

Ginink: Gusto en leerte :) Minos es un pervertido, no se puede negar. El Grifo es de comportamiento más animal, pero aquí leerás que no hay a cual irle de los dos jaja XD Anna definitivamente sólo debe preocuparse por disfrutar XD Muchas gracias por leer.


Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por capricho perverso :P


Capítulo VI

El deseo crecía rápidamente en el juez.

Minos se complacía de muchas cosas cuando tenía a una mujer entre sus manos y el hecho de conseguir que respondiese de esa manera tan sensual e intensa a sus caricias, era algo que disfrutaba mucho. Claramente podía escuchar, ver y sentir las reacciones físicas de Anna, lo que fustigaba cada vez más su apetito carnal.

Mantuvo el lento vaivén de sus dedos por varios segundos más, así como la presión sobre su vértice, la cual fue cediendo poco a poco, conforme notaba la disminución de su estertor. La monja tenía una expresión aletargada en el rostro y se veía hermosa de esa manera, con la mirada húmeda y perdida en la nada, exhalando entrecortado por la boca y temblando notoriamente debido a la lentitud con la que se disipaba su orgasmo.

La palpitación de su cavidad se mantenía latiendo suavemente, escurriendo todavía en una clara invitación para continuar. El juez lo sabía perfectamente, así que liberó sus muñecas y retiró despacio sus dedos, los cuales permanecían cubiertos por hilos transparentes que se deslizaban con travesura. Comenzó a juguetear con ellos, dándose cuenta que su lubricación ya era suficientemente abundante.

Se relamió los labios con malicia. Entonces, sintió su mirada sobre él, la monja lo veía con el mismo gesto nervioso a pesar de haber recibido tan placentera caricia. No tenía nada de raro y sabía que tal vez podría tener miedo de lo que sucedería a continuación. Sin embargo, ya no había marcha atrás, así que sólo podía confiar en que ella cooperara por las buenas.

Se acercó de nuevo a la monja y colocó los brazos a sus costados para luego cernirse sobre ella. Ambas pieles ahora desprendían calor, generando placenteras cosquillas. El torso masculino se restregó deliciosamente contra los endurecidos pechos y su pelvis se posicionó en medio de sus temblorosos muslos, permitiendo que su palpitante hombría presionara sobre el vientre femenino. El peso que ejercía era el suficiente para hacer que se estremeciera con el roce de sus pliegues.

—¿Demasiado sensible? — sonrió maliciosamente.

Sin darle tiempo de reaccionar a la mujer, Minos comenzó a oscilar las caderas lentamente contra ella, consiguiendo que cerrara los párpados con fuerza y que gimiera sin poder evitarlo. La sensibilidad aún persistía en su carne, así que bastaba con un sencillo estímulo para sacudirla de nuevo. Lo cual era perfecto para el juez, ya que, entre más húmeda y excitada estuviera, el coito sería mucho mejor.

¡La hembra ya está lista, así que deja de perder el tiempo! ≫ siseó el Grifo.

El juez pudo notar que el espectro estaba sumamente inquieto, incluso su voz se escuchó grave y casi feral. Por otro lado, él también era consciente de su propio deseo, ya no podía demorarse más, había estado esperando esto por demasiado tiempo.

La mujer mantuvo los ojos cerrados cuando él se apartó de su cuerpo. Pasó las manos por debajo de su espalda para levantarla fácilmente y colocarla sobre su hombro derecho, sujetándole las piernas con firmeza. Bien podría cargarla de otra manera, pero por mera malicia decidió hacerlo así, necesitaba que la monja estuviera bien despierta y consciente de lo que iba a suceder. Así que comenzó a caminar por el agua, rumbo a los escalones para salir de la piscina.

Casi de inmediato la escuchó sobresaltarse y jadear asustada, al mismo tiempo que se aferraba a su espalda y cabello con ambas manos. Minos sintió el tirón, pero no le molestó en absoluto, estaba más concentrado en llevarla a su lecho, mientras lidiaba con la entidad mitológica.

Te lo advierto, bestia estúpida, no se te ocurra intervenir— dijo para sí mismo, saliendo de la habitación de baño. —Sólo quédate en silencio y no estés jodiéndome.

Pasaré por alto tu insolente comportamiento sólo porque has llegado hasta éste punto con la mujer, pero no me provoques Minos, porque, aunque te necesito para asegurar mi linaje y jerarquía en el inframundo, todavía puedo castigarte ≫ respondió con frialdad.

Minos se rió levemente, comprobando que en verdad el Grifo no haría nada para interferir. Después de todo, tenía muy presente la advertencia que a cada rato le recordaba el juez: Sus errores del pasado habían sido muy arriesgados y en éste siglo no debía repetirlos por nada.

Caminó hasta la enorme cama con dosel, la cual estaba perfectamente arreglada y con sábanas limpias. Subió sin problema alguno, sosteniendo a la monja sobre su hombro, pero casi de inmediato, aflojó el brazo y se inclinó hacia adelante para dejarla caer. Quizás no debió hacer eso sin previo aviso, ya que Anna gritó asustada y no alcanzó a liberar los mechones de cabello plateado que sostenía con su mano.

El tirón fue doloroso, consiguiendo que el juez gruñera molesto y clavara sus ojos violáceos en ella.

—Controla esas manos, mujer— le arrebató el pelo para lanzarlo por encima de su hombro. —A menos que quieras que te las amarre— advirtió con un dejo de travesura, acercando su rostro.

Se mantuvo sobre la mujer, sosteniéndose con brazos y rodillas. A pesar de que ella estaba nerviosa, de nuevo su oscura mirada se deslizó por el cuerpo del juez, entreteniéndose con el movimiento de su esculpido torso debido a su inquieta respiración, con la línea de su marcada musculatura abdominal y finalmente, con la morbosa vista que su prominente erección ofrecía.

A estas alturas de la situación, Minos podía sentir las punzadas de su carne y la excitación golpeando con fuerza en su vientre, manifestándose con su propia humedad seminal. Estaba bastante agitado, a muy poco de perder su propio control. Y el hecho de que la monja se mantuviese sumisa, con su expresión temblorosa y su escrutinio curioso, sólo empeoraba el escenario.

Sí, la necesitaba de esa manera, pero dicho comportamiento también aguijoneaba su lado sádico. Aunque no de una manera en que desease provocarle daño, sino todo lo contrario. Él quería verla sucumbir de placer.

Y como si la monja intuyese que no la lastimaría, negó rápidamente con el rostro. Al parecer, no deseaba estar amarrada, así que cooperaría hasta donde le fuese posible. Minos sonrió y se acercó a su oído, haciéndola estremecerse con sus palabras.

—Hueles delicioso… —

Era verdad.

No sabía cómo explicarlo, pero la monja desprendía una excitante fragancia que lo cautivaba cada vez más. Entonces, degustaría de nuevo el sabor de su piel. La sintió temblar y casi la escuchó ronronear en contra de su voluntad cuando su lengua inició el travieso recorrido del contorno de su oreja. La respiración de ella se aceleró, a la vez que cerraba los ojos para dejarse arrastrar por las nuevas sensaciones.

Muy bien Anna, sólo déjate llevar— se regodeó, mientras su húmedo lengüeteo bajaba por el cuello femenino.

Ahora era mucho más fácil, la mujer estaba sumamente receptiva después de su primera culminación, así que los efectos sensitivos sobre su dermis serían más intensos. Además, las puntas húmedas del cabello platinado ayudaban a que los erizamientos cutáneos fueran en aumento conforme se deslizaban por sus brazos, hombros y pechos.

Sin dejarse caer por completo sobre ella, Minos se recostó de tal manera que percibió la suavidad de su piel y la agitación de su cuerpo. Los restos de agua desaparecieron rápidamente, quedando sólo la calidez superficial, así que decidió acariciarla un poco más, sólo para asegurarse de que estaba completamente sometida a su capricho.

Ambas manos iniciaron un lascivo manoseo y los gemidos de la sierva se incrementaron cuando la libación del juez se quedó en sus pechos, intercalando lamidas y besos con sus tibios labios, para luego enfocarse en mordisquear con impertinencia sus endurecidos pezones, usando la presión exacta que la hizo sacudirse aún más. A pesar de que Anna se aferraba a las sábanas en un vano intento por tratar de controlar la respuesta de su cuerpo, esto resultaba inútil, ya que él sabía cómo torturarla para su beneficio.

No obstante, aunque estaba concentrado en la mujer, también podía distinguir las palabras del espectro.

Hermosa marioneta danzando a tu voluntad… es un delicioso espectáculo en verdad ≫ masculló, muy atento al comportamiento de la mujer.

El Grifo no tenía intenciones de hacer nada por el momento, su insolente anfitrión humano estaba ejecutando muy bien su trabajo. Si conseguía que la hembra cediera por completo a éste encuentro y a los que vendrían después, su plan saldría perfecto, pues necesitaba asegurar su línea de sangre antes del despertar de Hades. Pero quizás lo más divertido de todo esto, era que sus "hermanos" no se darían cuenta hasta que fuera demasiado tarde. Se regodeó internamente, enfocando de nuevo su atención cuando el clamor femenino adquirió un voluptuoso matiz.

El juez ignoró a la entidad, concentrándose en acariciar los muslos, las caderas y los costados de Anna, tomándose unos momentos más antes de finalizar sus juegos previos, haciendo un último esfuerzo para no tomarla con demasiado ímpetu. Y es que su propio cuerpo ya temblaba ansioso, manifestando su deseo carnal en las incómodas palpitaciones de su hombría y en el resoplido descontrolado de su pecho.

Maldita sea, ya no puedo esperar más…

Dejó de tocarla para luego posicionar ambos brazos a los lados y alzarse nuevamente sobre ella. Su pelvis se abrió paso entre las piernas femeninas y con sus propios muslos empujó bruscamente para hacer que las separase todavía más. Su rígido miembro quedó peligrosamente cerca de la húmeda cavidad, provocando otra punzada que lo hizo tensar la mandíbula y resollar con mayor fuerza.

La mujer abrió los ojos en ese instante y tragó saliva con dificultad cuando se encontró con la mirada del juez. Era muy probable que pudiese advertir un brillo perverso en sus iris violáceos, así como la malicia reflejada en su taimada sonrisa. Simplemente era algo que Minos no podía evitar expresar, así era su naturaleza, por lo tanto, ella debía acostumbrase a eso.

—Escucha Anna, lo diré por única vez… — su tono fue grave, mientras se aproximaba a su rostro y con una mano le rodeaba el cuello, ejerciendo una sutil presión. —No dejes de mirarme… —

Tenía que dejárselo en claro.

Ese ademán no fue para atemorizarla, sino para hacerle entender que deseaba observar sus ojos marrones al mismo tiempo que la tomaba. Necesitaba ver las emociones que se reflejaban en sus pupilas, disfrutarlas mientras la hacía gemir de placer. Todavía no estaba seguro del porqué, pero, encontrarse con su mirada extasiada, era sumamente satisfactorio.

La monja tragó con dificultad, respirando aceleradamente, no obstante, entendía bien lo que el ministro pedía. Esa vivacidad que tenía en los ojos lo confirmaba, ella estaba asustada, pero no al grado de no poder corresponder a sus apetitos. Tal vez le parecía perturbador el comportamiento del juez, pero con sus acciones, Minos le dejaba en claro que no la lastimaría de ninguna manera… excepto, tal vez, un poco de intimidación si fuese necesario.

—¿Lo has entendido, mi pequeña marioneta? — preguntó al ver que se demoraba en responder.

Anna parpadeó con rapidez.

—Sí, señor Minos— dijo sin titubeos.

Esto hizo que la sonrisa del juez se ampliara, así que apartó su mano del cuello femenino, pero no se alejó de ella, sino que arrastró la mirada por sus facciones hasta llegar a sus labios.

Tienes una boca muy apetitosa— decidió que la probaría.

Y sin importarle el sobresalto que dicho gesto pudiera provocarle, se acercó para besarla de forma inesperada. La reacción instantánea de ella fue cerrar los ojos y quedarse petrificada por un par de segundos. Aunque eso no detuvo al juez, quien comenzó a devorar sus carnosos labios con vehemencia, pero teniendo cuidado de moderar sus impulsos. No esperaba que Anna cediera en esto, así que debía empujarla a donde la necesitaba.

Su experiencia era su mejor herramienta en éste juego de poder y sólo era cuestión de saber usarla para someterla a su completo dominio. Así que, con un mordisqueo controlado, la obligó a separar los labios para que lo recibiera en su boca. Ni lento ni perezoso, comenzó a estimularla con el versado, húmedo y malévolo toque de su lengua, haciéndola reaccionar casi por instinto.

La mujer se estremeció en su totalidad al mismo tiempo que aceptaba la invasión y se dejaba guiar por su absoluta y posesiva forma de besar. Sin bien Minos era quien llevaba el control, no estaba siendo violento en ningún momento, simplemente se aprovechaba de su falta de experiencia en estos menesteres. Él lo sabía, dado que muchos detalles de la vida de Anna fueron revelados por el libro rojo y, sumado a esto, su poca resistencia ante el ósculo, le dejaba en claro que dicha situación era un redescubrimiento para ella.

Cosa que utilizaría para su beneficio. Ella tenía experiencia sexual, pero él la moldearía a su antojo.

De pronto, la sintió jadear con torpeza, en parte por la falta de aire y en parte por las sacudidas que el beso le provocaba. Pudo escuchar cómo arañaba las sábanas y sentir cómo su rostro se calentaba debido a las sensaciones. Lentamente se apartó para deleitarse con su lindo rostro sonrojado, con la llamativa coloración de sus labios inflamados y con el ladino rastro húmedo que los unió por un instante.

Anna abrió los ojos para mirarlo, en ellos se podía leer claramente la expresión del deseo carnal que ahora crecía en su interior. Tal vez no era consciente de ello, pero para Minos, fue una grata confirmación que lo hizo sonreír con arrogancia, mientras permitía que su lujuria por fin lo dominara.

—No más juegos, mi pequeña Anna… — dijo, al mismo tiempo que hacía un ligero movimiento con las caderas.

Un sonoro gemido escapó de la monja cuando sintió el roce de la virilidad masculina sobre los pliegues de su intimidad. La malicia se dibujó en el rostro del juez al notar el desconcierto de la mujer. Al parecer, las reacciones físicas de su cuerpo eran bastante intensas con sólo un poco de fricción… y eso que aún no iniciaba lo mejor.

¡Tan placentero, joder! ≫ siseó de nuevo el Grifo. ≪ ¡Eres un maldito loco Minos, no comprendo cómo logras contenerte en éste punto!

El ministro se rió para sí mismo, entretenido al percibir el agobio de la entidad mitológica. Sabía perfectamente que su vínculo de espectro y portador era muy fuerte, pero eso no quería decir que una criatura de su tipo fuese capaz de tolerar las sensaciones que un humano puede llegar a experimentar en muchos sentidos.

¡Cállate de una vez! — gruñó mentalmente, enfocando de nuevo sus lascivas intenciones en la sierva. —Vuelve a danzar para mí… —

Otro movimiento de su pelvis hizo que su miembro rozara de nuevo sobre la sensible carne, estimulando a la vez su botón de placer. Anna apretó los párpados sin querer, mientras jadeaba con más fuerza y comenzaba a temblar notoriamente. Por su lado, Minos se regodeó al escucharla clamar de esa manera y sentir cómo su entrepierna pulsaba con suavidad.

La mujer abrió los ojos de nuevo, intentando sostenerle la mirada. Para el ministro, no era difícil imaginar que su linda marioneta ya estaba en el punto más álgido de su excitación, así que, con una última oscilación, lo confirmó. Esta vez, el gemido ahogado de ella fue acompañado por el goteo de su lubricación.

Un brillo insano se desplegó en sus ojos violáceos, dándole un aire casi desquiciado.

—¿Sabes qué es más placentero que el sonido de los huesos quebrándose? — preguntó con calma, pero sin disimular un dejo de perversión en su voz. —Los gemidos de una mujer… —

Anna se quedó petrificada ante sus palabras, no obstante, intuía perfectamente lo que Minos quería decir.

Entonces, el juez retrocedió las caderas y el inicio de su miembro comenzó a hurgar en la cavidad femenina. Las sensaciones se dispararon, induciendo una poderosa conmoción en su cuerpo. Su mandíbula se tensó de nuevo cuando su hinchada corona friccionó contra la humedad, dando inicio a un libidinoso y estimulante movimiento que lo hizo jadear entrecortado.

¡Tanto maldito tiempo esperando esto! — gruñó complacido, apenas refrenando el impulso de querer enterrarse de golpe.

Sin embargo, no lo haría, no echaría a perder tan placentera oportunidad de gozar y de poder burlarse al mismo tiempo del espectro. Pero el esfuerzo que hacía era enorme y comenzó a dudar de poder mantener el control cuando se abrió paso lentamente en medio de su cálida intimidad.

La monja tembló de nuevo, al mismo tiempo que su boca liberaba un grito de incomodidad, entremezclado con un jadeo enervante y un voluptuoso estertor que llenó toda la habitación. Escuchar eso simplemente acrecentó la lujuria de Minos, quien no se detuvo a pesar de notar cómo ella se aferraba con más fuerza a las sábanas.

—Sigues demasiado estrecha… — masculló entre dientes.

A pesar de todo el juego previo que había hecho con Anna, podía sentir su palpitante abrazo expresándose en las contracciones y dilataciones de sus paredes íntimas. No obstante, su lubricación era suficiente para permitir que su miembro se adentrara centímetro a centímetro en ella, deslizándose sin ninguna dificultad. Ciertamente, esto podría ser un martirizante placer para ambos, debido al parsimonioso proceder del juez y al abandono carnal con el que la monja se entregaba ahora, gimoteando con intensidad, delatando las sensaciones que la sacudían.

Todo en conjunto resultó un poderoso estímulo para Minos, que tan pronto se sintió completamente rodeado, cerró los ojos y se quedó inmóvil, permitiendo que los deliciosos efectos remontaran por su columna vertebral, nublándole la mente por breves instantes. La unión de sus sexos se volvió perfecta y las consecuencias fueron notorias para ambos, expresándose en agudas pulsaciones, en respiraciones aceleradas y en líneas de expresión deformadas por el goce físico.

¡Quiero ver sus ojos! ≫ ordenó la criatura, sumamente exaltada y ansiosa. ≪ ¡Vamos, maldita sea, haz que nos mire!

Minos apenas le prestó atención, su lascivo regodeo ocupaba su mente por completo.

No entendía por qué la bestia mitológica deseaba ver los ojos de la mujer, pero quizás se trataba de algo parecido a la complacencia que él mismo sentía al distinguir sus emociones en ellos. Tomó un poco de aire y finalmente separó los párpados para encontrarse con su mirada. Anna tenía un gesto de excitación que no lograba disimular, a pesar de los nervios que todavía se manifestaban en ella.

La sintió inquietarse ante su afilado escrutinio y no le fue difícil intuir que, gracias al espectro, sus iris violáceos probablemente se veían enturbiados por el crudo deseo. El juez estaba completamente seguro que lo que hacía la bestia, observarla de esa forma, era por una razón importante. Sin embargo, no sabía cuál era, dado que no todos los pensamientos del Grifo llegaban a él.

¡Perfecto! ≫ sonrió de manera casi enfermiza. ≪ ¡Esto ha resultado mucho mejor de lo que pensé!

El tono soberbio de su voz desconcertó a Minos por un segundo. Pero tenía muy en claro que la maldita entidad no le daría explicación alguna si preguntaba.

Decidió no prestarle más atención, concentrándose en la encantadora mueca arrobada de la sierva, en su intermitente jadeo y en la satisfactoria sensación de su miembro ceñido. Repentinamente, sus paredes íntimas pulsaron en torno a él, insinuando una clara invitación para continuar.

El juez sonrió con lujuria.

Sus caderas comenzaron a moverse lánguidamente, consiguiendo que otro gemido ahogado se pronunciara en ella. Los espasmos de su cavidad fueron en aumento conforme se retiraba un poco y volvía a introducirse en su cuerpo, sin prisa alguna a pesar de que las sensaciones corporales se sintieron tremendas. Así mismo, podía notar que Anna estaba igual de alterada, apretando los párpados, resollando irregularmente, temblando con fuerza y casi rasgando la tela que sujetaba con ambas manos.

Sin poderlo evitar, Minos jadeó delirante, al mismo tiempo que sus brazos se flexionaron para sostenerse mejor y comenzar a oscilar con sosegada precisión contra ella, percibiendo una mejor dilatación de sus pliegues para recibirlo con mayor facilidad. Las descargas nerviosas viajaron por su espina dorsal de una manera casi celestial, recordándole una y otra vez, porqué era tan sublime estar entre las piernas de una mujer.

Por breves instantes perdió la noción de la realidad, hasta que distinguió su mirada ligeramente curiosa. La mujer se había percatado de su regocijo, quizás dándose cuenta de que sus reacciones físicas eran tan humanas como las de ella. Nada extraño en realidad, después de tanto tiempo de celibato forzado, no se contendría ahora y menos con las sensaciones tan enervantes que dicho acto sexual le provocaba.

Otra media sonrisa se acentuó en sus labios antes de hablarle traviesamente.

—Es muy satisfactorio ver cómo se refleja el vicio carnal en tus ojos— se acercó a su rostro. —Veamos que tanto puedes expresarlo… —

Comenzó a besarla de nuevo, robándole el aliento sorpresivamente, imponiéndose con el sensual dominio de su lengua, induciéndola a gozarlo sin resistencia alguna. La sierva reaccionó tal y como lo deseaba, sus manos liberaron las sábanas y se arrastraron hacia sus marcados brazos, dibujando su musculatura, mientras intentaba seguir el ritmo del lujurioso beso. El sutil toque de sus dedos deleitó al juez, después de todo, a él también le gustaba ser acariciado.

El cuerpo de Anna dio una respuesta más impetuosa, destacando su rubor, su clamor y su necesidad de tocarlo un poco más. Y mientras sus muslos se mantenían temblando contra los costados del juez, sus manos se deslizaron hacia los anchos hombros para luego jugar con el sedoso cabello plateado. Posiblemente ya no razonaba lo que hacía, dado que el instinto la exhortaba a ceder y disfrutar.

Minos continuó devorando sus apetitosos labios, saboreando la manera en que la mujer respondía a sus estímulos. Aquello simplemente le confirmó que podía ir más allá, así que sus caderas empujaron con mayor potencia, generando un placentero espasmo que rompió el beso y la hizo gemir asfixiadamente. Cerniéndose un poco más sobre ella, aumentó el ritmo de sus embestidas, pero siempre moderando la fuerza de su cuerpo. Ambas pieles friccionaron con intensidad, compartiendo calor y sensaciones.

La expresión del juez se volvió ladina cuando notó cómo la monja se aferraba a su espalda, dibujando su anatomía con insistencia, abandonándose por completo al acto sexual. Entonces, llevó su boca de nuevo al cuello femenino, mordiéndola con precisión y ansiedad, al mismo tiempo que algunos mechones de su pelo se deslizaron por la suave piel, avivando su erizamiento.

Las descargas que recorrían el cuerpo de Minos estaban enloqueciéndolo. Y a esto se sumaba el voluptuoso gimoteo de la mujer, la presión de sus muslos alrededor de su pelvis, el movimiento de sus pechos y las contracciones de su húmedo interior. Sentirla danzando al compás de su deseo, acompañado de la obscena melodía de sus sexos, era un espectáculo increíblemente sensorial y frenético.

De pronto, el ministro sintió un cosquilleo en la cabeza, pero fue tan fugaz, que no le dio tiempo de razonarlo, únicamente escuchó la orden del Grifo.

¡Hazlo!

Su instinto tomó el control.

Gruñó en una entonación casi feral cuando se alzó de nuevo sobre ella, obligándola a liberarlo de su abrazo. Su pecho se agitó con fuerza, intentando recuperar el aire. Sus ojos se clavaron en los de la mujer y por la reacción que ésta tuvo al mirarlo, pudo confirmar que la exacerbación final también se reflejó en sus iris violáceos. Era momento de culminar.

Aprisionó los antebrazos de Anna contra las sábanas y sus caderas arremetieron más rápido, ejecutando una oscilación salvaje y demencial. El aliento abandonó a la monja cuando empezó a clamar estrepitosamente, presa de las bruscas sensaciones que la abrumaban de golpe. Sin embargo, Minos no desaceleró sus acometidas, fustigado por los gemidos de ella, regodeándose al contemplar la lujuria en sus hermosos ojos marrones.

La lubricación de su interior escurría sin parar, permitiendo el deslizamiento de su miembro con morbosa facilidad. La unión de ambos vientres se sincronizó, consiguiendo que el roce del vértice femenino fuera perfecto. El juez podía sentir el latido de su cavidad y la tensión de todo su cuerpo, ella alcanzaría la cima en cualquier momento. Lo que le agradó bastante, porque precisamente era eso lo que necesitaba.

Y como si lo hubiese invocado, la mueca de Minos se volvió arrogante cuando percibió la presión de los pliegues íntimos alrededor de su virilidad.

—¡Mírame Anna! — exigió sin dejar de embestirla, aproximándose a ella para contemplar su mirada acuosa y perdida en una celestial bruma. —¡Quiero verlo en tus ojos! —

Ella obedeció y el juez pudo ver dentro de sus pupilas, cómo el éxtasis empezó a devorarla en una dulce agonía. Un instante después, la mujer apretó los párpados con fuerza al sentir el orgasmo explotando en el centro de su vientre. Su grito, entremezclado con sonidos guturales, resonó por toda la habitación, reflejando las poderosas sensaciones que la subyugaban.

¡Mi hermosa marioneta! — fue el último pensamiento racional de Minos.

El frenético vaivén de sus caderas continuó por unos instantes más, hasta que la presión en torno a su miembro provocó el estallido de su clímax, permitiéndole alcanzar la tan anhelada cúspide sexual. Su poderoso cuerpo se estremeció totalmente y con el último embate, derramó su cálida semilla en el interior de la mujer, al mismo tiempo que liberaba un salvaje bramido.

Su mente se diluyó en tan satisfactoria culminación.

.

.

Los minutos avanzaron perezosamente.

Minos se mantuvo inmóvil sobre la mujer, temblando levemente, respirando con pesadez cerca de su cuello. Ya la había liberado de su agarre y se sostenía con sus brazos y codos flexionados para no asfixiarla con el peso de su cuerpo. Sin embargo, ahora podía notar el cansancio general que traía consigo la práctica del sexo. Pero joder, se sentía tan malditamente bien, que no deseaba apartarse de ella.

Realmente no hay prisa Minos, disfrútalo, después de todo, la abstinencia es mala para la salud ≫ se carcajeó la entidad en su cabeza. El tono de su voz ahora era notoriamente relajado, sin lugar a dudas, también había disfrutado de lo mismo que su anfitrión. ≪ Así será más factible dejarla preñada.

El juez exhaló cansadamente, fastidiado por el comportamiento del espectro y con el hecho de que siempre estuviera al tanto de sus pensamientos. No obstante, en éste preciso momento, no tenía ganas de llevarle la contra, así que lo ignoró de nuevo, enfocándose en Anna.

La monja todavía se estremecía ligeramente, quizás las consecuencias del éxtasis seguían recorriéndola. El calor de su cuerpo era delicioso y la suavidad de su piel invitaba a quedarse abrazado a ella. Pero eso no era posible, ella no debía permanecer en sus aposentos.

Entonces, haciendo un gran esfuerzo, comenzó a incorporarse. No pudo evitar gruñir por lo bajo cuando abandonó su húmedo sexo, provocándole un jadeo involuntario que le fascinó. Probablemente sus pliegues continuaban sensibles y estaba totalmente seguro de que ella lo había disfrutado a pesar de todo.

La observó con atención, divirtiéndose con su gesto embelesado.

—Lo has hecho bien, mi pequeña marioneta— su mano derecha le acarició la mejilla dócilmente, haciéndola sobresaltarse un poco. —Puedes retirarte, estoy satisfecho por el momento— le sonrió cínicamente.

Se apartó por completo de ella, recostándose en otro espacio de la cama y cubriéndose los ojos con el brazo. Inhaló y exhaló despacio, tratando de relajar su cuerpo. En verdad había disfrutado de sobremanera yacer con Anna, no podía negarlo, pero ahora necesitaba reposo.

Pasaron algunos segundos antes de que la mujer se moviera, al parecer, estaba agotada y era comprensible que le costara trabajo levantarse de la cama. Notó que se arrastraba a la orilla, llevándose una sábana con ella para cubrirse. Minos se rió internamente, no estaba dispuesto a hacer nada por ella, si estaba adolorida o las piernas no la sostenían, era su problema y tendría que lidiar con ello. Él no podía hacer nada y tampoco era conveniente que lo hiciera.

¿Por qué no la mantienes aquí?, sería muy adecuado para follarla de nuevo mañana ≫ murmuró el Grifo.

Minos resopló y rodó los ojos por debajo de sus párpados. Ese era el motivo para no permitir que la monja le calentara la cama por el resto de la noche: No confiaba en la bestia mitológica ni en sus oscuras intenciones.

Todo lo que había hecho hasta ahora, fue para asegurarse de que la mujer no sufriera algún tipo de trauma luego de ser convertida en su concubina. Lo de ayer y hoy sólo había sido el principio, esto no terminaría pronto, y por muy maldito que él fuese en otras circunstancias, no tenía la intención de dañar ni física, ni emocionalmente a la sierva.

No es necesario, mañana yo mismo la buscaré— respondió en su mente.

Más te vale que así sea, un solo encuentro no es suficiente ≫ masculló la entidad.

¡Ya cállate y déjame descansar! — bufó molesto, incorporándose de la cama tan pronto oyó las puertas de su habitación cerrándose.

La mujer se había marchado y él necesitaba refrescarse un poco antes de acostarse a dormir, debido a que no le agradaba la sensación del sudor en su cuerpo. Se encaminó al área de termas y recorrió el lugar hasta una de las esquinas, donde había una pequeña caída de agua continua. Procedió a enjuagarse rápidamente para luego secarse con uno de los lienzos que permanecían en un estante cercano.

Posteriormente fue a la piscina de hace rato y recogió la marioneta de hueso que se había quedado tirada en la orilla.

—Ve con ella— ordenó.

El cosmos impregnado pulsó y el títere desapareció nuevamente.

Bostezó con flojera mientras regresaba a sus aposentos, para luego dejarse caer sobre la cama y quedarse profundamente dormido.


Continuará...

Bien, esto sigue quedando muy pervertido XD

Espero no se traumen y sigan leyéndome y comentando. En el próximo capítulo, por fin veremos la tan deseada miel que empleó Minos en Anna XD Todavía no estoy segura cuál será su origen, pero seguramente será algo travieso :P

Gracias por leer.

29/Junio/2021