Hola a todos :3
Por fin he logrado retomar el fanfic, aunque me costó un poco de trabajo. Continuamos con la extraña relación de Minos y Anna, donde veremos qué sucede después de que el juez sacara a la monja del inframundo con el permiso de Alone. Les aviso que de nuevo tomo diálogos del manga/anime para una escena que verán aquí.
Agradezco su tiempo y paciencia, así como sus lindos comentarios ;D Sean bienvenidas(os) todas(os) de nuevo :D
Advertencias: Lemon explícito con descripciones detalladas, tensión sexual e intimidación física y emocional. Si no lo toleran, por favor cierren la pestaña/ventana y vayan a leer otro fanfic. Aunque existen otras historias por ahí, que son mucho más oscuras que la mía XP
Sobre sus comentarios:
Kitty 1999: Ya sabes querida, Minos sigue teniendo su lado sádico, así que esos castigos son lo más normal que él ejecutaría ;D Por otro lado, el juez y Alone seguirán con su complicidad. Muchas gracias por tu fidelidad estimada Kitty.
Leila: Feliz de que te guste leer mis perversiones ;D Es cierto, Minos no deja de ser un sádico y su complicidad con Alone continuará. No hay problema si gustas continuar como anónima :D Agradezco tu apoyo, eres divertida.
Natalita07: Así es, Minos se arriesgó, pero como hemos visto, Alone lo ve como un aliado para su conveniencia también. Efectivamente, Anna y Minos aún tienen más lemon por delante XD Muchas gracias por tu paciencia y comentarios, eres una lectora fabulosa :D
Roses Girl: Tienes razón, Anna si que la está pasando bien con el juez XD Minos es bastante inteligente y sabe aprovechar las situaciones :D Es correcto, el Grifo sabe algo, pero lo veremos más adelante ;) Gracias por leer.
WienGirl: Gracias por la paciencia, ojalá siga contando con tu apoyo y comentarios ;D
Pyxis and Lynx: Gracias por comentar y por el apoyo. Tienes razón en tus palabras, ojalá pueda seguir leyéndote :D
Guest: Bienvenido(a) al fanfic y muchas gracias por tu comentario, me alegra saber que te gusta la historia y los personajes :D Aquí está la actualización por fin ;)
Hokuto Sexy: Bienvenida al fanfic, es un gusto leer un review de tu parte :D Son muy gratas tus palabras y me alegraron mucho el día, además de que tienes toda la razón. Encantada de saber que te agradó la historia, la cual sí se despega mucho de otras versiones del juez jaja XD Muchas gracias por leer :D
Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por capricho perverso :P
Capítulo X
Minos despertó perezosamente debido a la ligera punzada en su cabeza. El Grifo lo dejó descansar lo suficiente, pero, faltando apenas dos horas para el amanecer en el mundo exterior, lo hizo retornar a la vigilia. Era necesario sacar a la mujer del inframundo y dado que obtuvieron el beneplácito de Alone, no desaprovecharía semejante oportunidad.
Si bien el espectro odiaba al joven anfitrión de su dios, no podía quejarse demasiado. Sus planes estaban ejecutándose casi a la perfección y todo gracias a su vasija humana. Minos era un tipo insolente al cual le encantaría retorcerle el cerebro, pero los últimos acontecimientos con la mujer, lo habían hecho cambiar de opinión. En especial porque su meta ya era una realidad.
—Es demasiado temprano, ¿No crees? — bostezó el juez, levantándose de la cama.
≪ Es mejor movilizarnos entre las sombras ≫ respondió la entidad.
El hombre se desperezó y vistió rápidamente. Peinó su largo cabello platinado y posteriormente su Sapuri lo cubrió con todo y yelmo en la cabeza. Se encaminó a la salida de sus aposentos, esperando que la monja ya estuviese despierta.
…
Llegó a la habitación de Anna y, sin anunciarse, entró en ella como si nada. La encontró iluminada por las velas del candelabro, la cuales estaban bastante reducidas, lo que significaba que ni siquiera las había apagado. Volteó hacía la cama y miró a la mujer, desnuda y adormilada, apenas despabilándose.
—Te dije que debías estar despierta temprano— levantó una ceja en reproche.
Aunque entendía perfectamente su cansancio, los encuentros sexuales dejaban agotado a cualquiera.
La mujer respingó un poco y aunque se notaba algo desorientada por la luz ambiental y la hora, de inmediato se sentó en la cama.
—Lo siento señor Minos, yo… — quiso disculparse, mientras buscaba su hábito.
—Cinco minutos— la interrumpió, para luego darse la vuelta y salir. —Daremos un pequeño paseo, así que trae la marioneta contigo. —
Tras cerrar la puerta, el juez se encaminó al vestíbulo.
≪ Será mejor preparar una barrera de hilos que disimule nuestra ausencia ≫ indicó el Grifo. ≪ Aunque no hay espectros vigilando los pasajes al mundo exterior, es mejor no dejar nada al azar. ≫
El hombre se detuvo en medio de la estancia y levantó ambos brazos.
—Bien, lo haré. —
Su cosmos vibró ligeramente, manifestándose y creciendo a lo largo y ancho de Ptolomea. Los filamentos sobrenaturales se hicieron presentes, ondulando y distribuyéndose por las paredes, el techo y el suelo. Casi terminaba cuando llegó corriendo la mujer, más presentable y con el envoltorio de terciopelo negro atado a su cintura. Se detuvo e hizo una reverencia.
El juez la miró de reojo, pero no dijo nada, enfocándose en terminar la barrera. Cuando por fin quedó lista, la llamó con un gesto de la mano.
—Ven aquí. —
Tan pronto Anna se detuvo frente a él, Minos la observó atentamente, notando que sus gestos eran más relajados y ya no mostraba tanto nerviosismo con su cercanía. Eso era algo bueno y ahora debía pensar cómo la sacaría a través del pasaje hacia la isla de los Curanderos sin que se sobresaltara demasiado.
Para las Estrellas Malignas no era complicado hacer eso, el manejo del cosmos les facilitaba usar los caminos que conectan al inframundo con el mundo exterior. Pero, para los espectros de servicio, podría ser algo incómodo, porque se trataba de una transición entre dos ambientes muy diferentes.
Decidió que, llevarla inconsciente, era lo más adecuado.
—Será mejor que sigas durmiendo— tras decir esto, colocó la mano derecha en la unión de su hombro y cuello.
Hizo una rápida presión con los dedos, provocándole un desvanecimiento. El cuerpo de la mujer se aflojó en un santiamén y el ministro la tomó en brazos de inmediato, acomodándola contra el peto de su armadura.
—Es tiempo de guardarte en otro lado, mi querida Anna— se encaminó a la salida.
≪ ¿A dónde la llevaremos? ≫ preguntó el espectro.
—Si no me equivoco, en el bosque cercano al pueblo, Luco tenía su campo de lirios blancos, por lo tanto, ahí mismo debía tener un lugar para elaborar sus menjurjes— explicó.
≪ Vamos entonces. ≫
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.
Isla de los Curanderos.
Después de atravesar el pasaje que conectaba el inframundo con la isla, el ministro se halló caminando en medio del tranquilo bosque con la mujer aún durmiendo. El ambiente era fresco, pero no hacía frío, la floresta olía agradablemente y los animales se mantenían agazapados a su paso. El cielo permanecía oscuro e iluminado por la luna y las estrellas.
De repente, notó que ella despertaba, sobresaltándose al percatarse de lo que sucedía. Minos la contempló con gesto burlón, deteniendo su marcha.
—Así que ya despertaste, pensé que todavía tardarías un poco más, aunque, de cualquier forma, ya llegamos. —
Anna volteó para todos lados, con una expresión anonadada y sin comprender absolutamente nada. Comenzó a temblar como si temiera algo, por lo que el juez decidió bajarla al suelo.
—Señor Minos… ¿Dónde…? —
La expresión del juez adquirió un matiz parcialmente serio antes de contestar.
—Estamos en la isla de los curanderos. —
La monja abrió los ojos con gran desconcierto, así que la tomó del mentón para que lo mirase directo a la cara, necesitaba dejarle en claro cómo serían las cosas a partir de ahora.
—Presta atención a lo que voy a decirte porque no lo repetiré— acercó su rostro al de ella y entornó la mirada. —Tú eres mía, debes tenerlo muy presente, así que no pienso compartirte con nadie y tampoco tengo ganas de dar explicaciones a Pandora o a los dioses— sonrió con travesura. —Por lo tanto, te "guardaré" aquí… —
La liberó para luego tomarla de los hombros y hacerla girar en una dirección especifica. Algunos metros adelante, se podía distinguir el inicio de un amplio campo y un poco más allá, una cabaña sencilla.
Anna se sobresaltó ligeramente, quizás recordando que en ese lugar fue convertida en espectro de servicio. Pero, dejando eso de lado, la presente situación era mucho más difícil de digerir: El juez la había sacado del inframundo. Ella era bastante inteligente, así que probablemente ya intuía que esto no era por amabilidad ni compasión, sino por un motivo muy específico, que Minos no tenía intención de revelar en éste momento.
Ante el mutismo de la sierva, él continuó.
—La isla ha dejado de tener importancia estratégica para la guerra santa, así que ningún espectro vendrá de nuevo, por lo tanto, te quedarás aquí y esperarás hasta que yo regrese. —
La mujer se giró para mirarlo, sin embargo, no pudo decir nada. Él realmente no esperaba una respuesta, ya sabía que ella simplemente se estaba adaptando a la situación con rapidez, así que únicamente hizo una reverencia en gesto de aceptación. Eso le agradaba al juez, no obstante, debía recalcarle que no hiciese alguna tontería, como tratar de huir.
Sin perder su expresión seria, dio un paso hacia la sirvienta.
—Una cosa más— desplegó sus enormes alas y la rodeó posesivamente con ellas para intimidarla. —No intentes nada extraño, Anna… ¿Entendiste? — advirtió con frialdad.
La monja palideció visiblemente y tragó saliva con torpeza, al mismo tiempo que confirmaba con un rápido asentimiento de cabeza. Eso era todo lo que él necesitaba, así que retrocedió un par de pasos, apartando sus alas y abriéndolas hacia arriba. Con un sólo y poderoso aleteo se elevó del suelo, generando una ráfaga de aire que levantó algo de polvo.
Una vez que estuvo a una altura considerable, se dirigió al bosque para cruzar de nuevo el pasaje hacia el inframundo.
≪ Algo me dice que la hembra no se quedará quieta ≫ murmuró el Grifo en su cabeza.
—Supongo que la cabaña no será muy acogedora para ella, pero quiero ver cómo se adapta a dicha situación y qué es lo que hará con esta oportunidad— respondió Minos. —Además, la marioneta nos mantendrá al tanto de sus movimientos. —
≪ ¿Por qué te interesa lo que haga? ≫
El ministro soltó una risa divertida.
—Anna ha resultado ser una mujer muy peculiar para mí, así que me interesa saber hasta dónde es capaz de llegar con tal de sobrevivir— fue desacelerando su vuelo, descendiendo entre los árboles. —Hace mucho tiempo que no me divertía de esta manera, no sólo por ella, sino también por el mocoso y el rumbo que está tomando la guerra santa. —
El espectro gruñó molesto.
≪ Esto no será permanente, Hades despertará en cualquier momento y ese estúpido humano desaparecerá por completo. ≫
El juez tocó suelo y replegó las extensiones de su Sapuri, para luego caminar hacia una cueva disimulada por la vegetación, dicho lugar era la conexión entre la isla de los curanderos y el inframundo.
—Di lo que quieras bestia, pero no puedes negar que todo está saliendo de acuerdo a tus planes— mencionó con indiferencia. —Ahora sólo queda esperar el siguiente movimiento de Alone. —
La entidad mitológica volvió a resoplar, pero ya no dijo nada.
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Inframundo, Tribunal del Silencio.
Minos se dirigió a su lugar de trabajo, necesitaba asegurarse de que lo sucedido ayer con Lune no fuera a darle problemas. Así que, tan pronto ingresó al vestíbulo principal, buscó al Balrog con su cosmos, encontrándolo en el almacén de libros.
Subió las escaleras rumbo al estrado y se acercó a su escritorio, en ese momento, el subordinado salió a recibirlo.
—Bienvenido, señor Minos— hizo una inclinación.
Inmediatamente el juez pudo notar algo diferente en él.
—¿Qué haces aquí tan temprano? —
—Vine a terminar mis tareas de ayer, hay muchas notas pendientes por transcribir— explicó tranquilamente. —También estoy preparando los libros nuevos para las almas que llegarán hoy, Fyodor informó que hay muchas en camino— se acercó a la mesa y abrió un frasco de tinta nuevo. —Si gusta, señor, puedo comenzar a juzgarlas mientras usted toma su desayuno. —
Normalmente Lune no era tan formal ni servicial, por lo que Minos quiso asegurarse.
—¿Dónde estuviste ayer en la tarde? —
El Balrog parpadeó extrañado por la pregunta, pero no hizo gesto alguno de nerviosismo, como se supone haría si recordase lo sucedido en Ptolomea.
—Aquí, en la Corte del Silencio, juzgando las últimas almas del día— dijo con normalidad. —Tan pronto usted regresó el libro de almas, me dediqué a pasar en limpio los reportes, pero como no terminé ayer, vine temprano hoy. —
El Grifo lo examinó con atención y se dio cuenta de que no mentía.
≪ El mocoso le borró la memoria y la sustituyó con recuerdos falsos, adaptados a la situación ≫ sonrió satisfecho. ≪ Además, ya no percibo su conciencia humana, esto es perfecto. ≫
El juez asintió.
—Bien, sigue trabajando entonces— se dio la media vuelta y se encaminó a la puerta de piedra en el muro.
Lune retomó sus actividades como si nada.
…
Oficina de los jueces.
Minos tomó asiento en uno de los sillones de la estancia, mientras una monja colocaba en la mesita del centro una bandeja con alimentos recién preparados. Tan pronto la sirvienta se retiró, el ministro empezó a comer con avidez, dado que ya tenía hambre.
Repentinamente, una llamada de cosmos lo hizo dejar de masticar.
—Juez Grifo— resonó la voz de Alone. —Reunión en el castillo en tres horas, los requiero a ti y a los otros líderes, lleven a sus lugartenientes. —
—Entendido. —
La comunicación finalizó y el ministro siguió degustando su comida tranquilamente.
≪ Así que el mocoso presentará su "plan de guerra" ≫ sonrió burlón el espectro. ≪ ¿Qué inventará para distraer a los demás? ≫
El ministro se alzó de hombros con indiferencia.
—Me da igual lo que se le ocurra, pero seguramente nos enviará para crear una distracción. —
.
.
Castillo de Hades.
Minos entró al vestíbulo del lugar, encontrándose con sus homólogos jueces, Byaku de Nigromante y algunos otros espectros. Todos se encaminaron a la sala del trono, donde se llevaría a cabo la reunión.
Las puertas se abrieron de par en par, revelando la enorme estancia y, al fondo, el trono oscuro, enmarcado por cortinajes purpúreos. Alone permanecía sentado en una postura altiva, sonriendo ligeramente, al mismo tiempo que su cachorro descansaba en su regazo. Pandora estaba a su lado, tocando una enorme arpa.
Todos ingresaron con paso firme y se detuvieron frente a su señor. La melodía cesó.
—Se han reunido ya, mis valientes soldados— dijo la mujer a modo de saludo. —La resurrección del señor Hades ahora es completa. —
Los mencionados se arrodillaron ante el rey del inframundo y se quitaron los cascos en señal de respeto. El muchacho sonrió complacido.
—Mis soldados, mis espectros— con la mano derecha hizo un ademán hacia el techo. —Observen bien. —
Su cosmos se manifestó ligeramente, creando una llamativa visión en la cúpula. Los subordinados se pusieron de pie para contemplar con admiración lo que parecía ser un mapa astronómico de brillantes colores.
—El techo está lleno de estrellas— dijo uno de ellos.
Minos observó con atención.
—No— corrigió con una leve sonrisa. —Son constelaciones. —
Pandora retomó la palabra.
—Como ustedes saben, los caballeros visten las armaduras que corresponden a todas y cada una de las constelaciones, me refiero a que representan su vida. —
Justo en ese instante, la constelación que simbolizaba a Pegaso, se apagó.
—La oscuridad se las traga— menciono el mismo soldado.
—Están desapareciendo— comentó asombrado Cheshire de Cait Sith.
—Esa fue la de Pegaso— aclaró Pandora con orgullo. —El señor Hades se encargó de él en persona— volteó a mirarlo.
—Mis queridos espectros, si se mezclan todos los colores, solamente obtendremos oscuridad, es el bello color de la salvación— explicó el joven. —Mis soldados, me ayudarán a teñir el cielo y también la tierra de obscuridad para su salvación— sonrió con angelical malicia. —Mátenlos, si, primero a Athena… nosotros teñiremos éste mundo de oscuridad. —
Pandora asintió encantada.
—En ese caso, comenzaremos por atacar el Santuario— dirigió la mirada al juez Grifo. —Minos, Estrella Celeste de la Nobleza— el mencionado se arrodilló. —Escoge a tus soldados y vayan al Santuario. —
—Como usted ordene. —
—Muéstrales a los caballeros de Athena el poder de los jueces, los guerreros más fuertes que existen en el inframundo, los que dirigen a nuestro ejército de espectros— finalizó la mujer.
El hombre se puso de pie, colocándose el yelmo.
—Yo, Minos de Grifo, les juro que presentaré ante el señor y maestro Hades, el más hermoso color oscuro— hizo una sonrisa sutilmente burlona, al mismo tiempo que miraba a Alone con complicidad.
Éste le correspondió con el mismo gesto, dando a entender que le había gustado su teatrera respuesta. Evidentemente, nadie se percató de aquella extraña confabulación, ya que todos los demás parecían bastante emocionados de que por fin su señor diera la primera orden en esta guerra santa.
—Es todo, pueden retirarse— dijo el muchacho, cargando a su perro en brazos y encaminándose hacia otro pasillo, seguido por Pandora.
Tan pronto estos desaparecieron, los demás comenzaron a platicar, mostrándose ansiosos por ir a la batalla contra los santos de Athena. Pero no todos estaban de acuerdo con la elección de Pandora que, a final de cuentas, sólo había expresado la deliberación que su señor "Hades" le dictó antes de la reunión.
—¿Por qué te envían a ti? — gruñó Rhadamanthys. —Se supone que aún tienes responsabilidades en la Corte del Silencio. —
Minos rodó los ojos y le dirigió una mirada burlona.
—No seas envidioso Wyvern, ya tendrás tu oportunidad de lucirte en otra ocasión, ahora, no me estorbes, que debo ir a planear mi incursión al Santuario— pasó a su lado, encaminándose a la salida. —Byaku, quiero una lista de los espectros disponibles. —
—Si señor, de inmediato— el Nigromante lo siguió y ambos abandonaron la estancia.
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Tribunal del Silencio, oficina de los jueces.
Minos se pasó buena parte del día planeando la estrategia que emplearía en el ataque al Santuario. Dado que se trataba de una "cortina de humo", no quiso invertir demasiada energía en escoger a los soldados que llevaría, así que le dejó dicha labor a Byaku. Realmente no le importaba quienes serían los elegidos, ya que él se encargaría de los santos que se le atravesasen en el camino.
Y es que, analizando la situación fríamente, era una verdadera estupidez enviar a un grupo reducido de espectros a un ataque directo al hogar de la diosa Athena. Pero no podía culpar a Alone, el muchacho no sabía nada de estrategia militar y estaba siendo presionado por Pandora y los dioses gemelos. Él simplemente quería darles una distracción para que no dudaran de que "Hades" había despertado y no le impidiesen comenzar con su "lienzo perdido".
Entonces, para apoyar al mocoso, Minos se encargaría de hacer un pequeño "show de marionetas" que los entretuviera.
≪ Y de paso, podríamos asesinar algunos santos, tal vez a uno dorado ≫ propuso el Grifo.
—Supongo que sí, pero me imagino que antes enviarán a los soldados de menor rango. —
≪ Como sea, simplemente será un juego aburrido ≫ bostezó con indiferencia. ≪ ¿Cuándo iremos? ≫
—Pasado mañana— explicó, mientras terminaba de anotar en un pergamino los pormenores. —Esto no es tan simple, primero hay que afinar la estrategia a desplegar, seleccionar a los hombres, prepararlos para el viaje, recuerda que no podemos usar un pasaje directo al Santuario y ellos no tienen la capacidad de volar. —
≪ Bien, haz lo que quieras, siempre y cuando no dejemos de visitar a la mujer en las siguientes noches. ≫
El juez exhaló aburridamente, pero no dijo nada. Entonces la puerta se abrió, era Byaku, quien ya traía la lista de los guerreros disponibles en éste momento.
…
Mas tarde.
Luego de que su lugarteniente se marchase para cumplir con las órdenes, Minos se tomó un tiempo de relajación en el área de termas. Y también aprovechó para saber que había estado haciendo la monja.
—¿Qué ha hecho a lo largo del día? — invocó a la marioneta, mientras permanecía sumergido en el agua templada.
La respuesta fue rápida y concisa.
[Abandonó el bosque y fue al pueblo. Llegó a la casa de su difunta abuela. Ha estado conviviendo con una mujer mayor que la conocía de tiempo atrás]
El juez sintió el enfado inmediato del espectro.
≪ ¡Condenada mujer, es demasiado rebelde!, si alguien se percata de su condición, será un problema. ≫
Su portador chasqueó la lengua y sonrió divertido, a la vez que salía del agua.
—No es para tanto, el libro rojo reveló que visitaba poco a su abuela y que nadie la conocía en el pueblo, así que dudo mucho que la relacionen con los aldeanos desaparecidos. —
≪ De cualquier forma, merece un castigo ≫ sentenció.
Minos no contestó, únicamente se limitó a tomar un lienzo cercano para secar su larga cabellera.
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Isla de los Curanderos.
La noche ya había caído sobre la isla, facilitándole a Minos sobrevolar el bosque en dirección al pueblo sin ser visto. Ya sabía que Anna estaba ahí, solamente debía ubicar la casa correcta.
≪ Realmente me sorprende el valor de la hembra, supongo que no le importa desafiar tus órdenes ≫ mencionó la bestia.
—Es una mujer atrevida y eso me gusta hasta cierto punto— reconoció el juez. —Después de todo, se necesita carácter para criar a un hijo y soportar todo lo que eso conlleva. —
≪ Aun así, es necesario darle un escarmiento por no acatar la orden de quedarse en la cabaña. ≫
—Un pequeño susto será suficiente— distinguió el pueblo y comenzó a descender. —Ahora dime en cuál casa está. —
La villa tenía un tamaño considerable, por lo que no era tan fácil ubicar a una persona.
≪ Dirígete hacia el sur, pasando la catedral y el almacén, ya puedo sentir la cercanía de la marioneta. ≫
El ministro siguió las indicaciones fácilmente, dado que la luna estaba a sus espaldas y la iluminación era suficiente para distinguir las viviendas y los árboles. Al cabo de unos momentos, pudo ver una casita de colores claros y, en la ventana del piso superior, una silueta sentada en la cornisa.
Se trataba de la monja, quien, al distinguirlo acercándose a la vivienda, comenzó a retroceder asustada.
—Te encontré, mi querida Anna— murmuró con malicia.
Las ráfagas de viento generadas por sus alas chocaron contra el muro y las portezuelas de madera, dañándolas un poco. Las cortinas se rasgaron y muy probablemente algunas cosas del interior cayeron al suelo, debido al aire arremolinándose. Esto mismo provocó que la mujer fuera empujada sobre la cama.
Gracias a la extraña maniobrabilidad del Sapuri, Minos logró posarse acuclillado en el amplio marco de la ventana, asemejándose a una criatura sobrenatural que atemorizó visiblemente a la mujer. La contempló con seriedad y un dejo de irritación poco disimulado. Era necesario aleccionarla para que no volviese a desobedecer.
Plegó sus alas para que no le estorbasen y después ingresó a la habitación. Caminó hacia la sirvienta, quien lo miraba con la respiración detenida.
—Anna, eres una pequeña indisciplinada— dijo, mientras le daba un vistazo al lugar. —¿Y qué tenemos aquí, una pintoresca casita? —
La mujer tragó saliva y respiró hondamente, en un intento por controlar su temor a pesar del inquietante escenario.
—Es… es la casa de mi… abuela— se sentó en la orilla de la cama. —¿C-Cómo… me encontró? — se atrevió a cuestionar.
El juez regresó a mirarla, sonriéndole con travesura, satisfecho de ver que ella seguía manteniendo su carácter, capoteando perfectamente la situación. Tal vez Anna intuía que él no le haría daño alguno, pero se mantenía en alerta constante, siempre tanteando el terreno.
Se acercó hasta quedar frente a ella y la observó con más atención, arrastrando su mirada con descaro. Anna ya no usaba el uniforme de los espectros de servicio, sino que vestía un simple camisón largo, que si bien, disimulaba su figura, no ocultaba sus curvas del todo. Y esa sencilla imagen, comenzó a excitarlo.
Su pregunta no le molestó en absoluto, por el contrario, Minos tenía la intención de explicarle… sólo para deleitarse con su desconcierto. Hizo un ademán con la mano derecha, invocando un hilo de cosmos. El títere blanco, que permanecía por la cabecera de la cama, se elevó en el aire y voló hacía él. El rostro de la monja se transfiguró al comprender.
—Esta marioneta es muy particular— tomó las cruces de madera y la hizo bailar. —Está vinculada con el Sapuri de Grifo a través de un hilo especial… — aproximó su rostro al de ella para enfatizar sus siguientes palabras. —Y, cuando tú la aceptaste, quedaste enlazada a ella. —
La sirvienta palideció al escucharlo. Ahora entendía que dicho juguete no sólo era para entretener al juez, sino que también servía para vigilarla a ella todo el tiempo. Por eso Minos siempre sabía dónde estaba y lo que hacía.
—¡Ya te lo dije antes, no puedes alejarte de mí! — su voz adquirió un tono molesto. Dejó la marioneta a un lado y la tomó del brazo para levantarla de la cama. —¡Ahora dime, Anna, ¿Cómo debería castigarte?! —
El juez la sintió temblar notoriamente, era el momento adecuado para darle un pequeño susto. Y ya tenía en mente una idea tenebrosa, así que la arrastró con él hacia la ventana.
—Veamos que más tenemos por aquí— la abrazó por detrás, manteniéndola atrapada contra su torso, mientras la obligaba a mirar el pueblo. —Ya veo, viniste aquí porque parece ser un lugar agradable y tranquilo— soltó una risita siniestra, asustándola un poco más. —¿Te gustaría que lo destruya? —
Anna volvió a sobresaltarse, pero se mantuvo en silencio un par de segundos, cavilando su respuesta. Muy probablemente no deseaba la devastación de la pobre isla, los habitantes ya habían pasado por mucho con las desapariciones de sus seres queridos.
Y, en realidad, Minos no tenía la intención de hacer eso. Semejante masacre no pasaría desapercibida para el Santuario y lo que menos necesitaba el juez, era llamar la atención hacia ese lugar. Así que todo dependía de su contestación.
—P-Por favor, señor Minos— habló finalmente. —No era mi intención alejarme del bosque… es sólo que… no me sentía cómoda ahí… es decir, su residencia… —
Él la tomó de los hombros y la hizo girar para mirarlo.
—No puedes permanecer en Ptolomea por ahora— la observó con malicia, sujetándola del mentón para luego acercarse hasta tocar su frente con el frío yelmo. —Y, además, te necesito para algo muy especial. —
La intención velada en sus palabras inquietó a la sierva, aunque era poco probable que pudiese intuir el propósito del juez Grifo en éste momento. No obstante, ella demostró una vez más su capacidad de adaptación.
—P-Por favor, no ataque la villa… yo me quedaré aquí y haré lo que me ordene. —
Minos sonrió ladinamente, encantado de escuchar su súplica.
—Claro que lo harás, mi pequeña marioneta— su mano se deslizó para rozar su mejilla con suavidad. —No te va a quedar de otra… — se relamió los labios con lentitud.
Al juez le divertía ponerla a prueba y aunque Anna estaba nerviosa, sus respuestas y acciones, eran muy inteligentes. Esto, inevitablemente, aumentaba su interés en ella. Después de todo, esta era la mejor forma de conseguir el objetivo del Grifo. No había necesidad de forzarla o atemorizarla más de lo necesario.
Y, al parecer, también la mujer lo entendía muy bien, demostrándolo con un inesperado movimiento.
Las manos femeninas subieron despacio por el peto de la armadura, hasta alcanzar su rostro por debajo de los laterales del casco. El ministro se percató de ello, pero no se apartó, dejándola actuar libremente. Anna se estiró un poco para rozar lentamente sus labios en un sorpresivo beso.
Por un breve instante, Minos se desconcertó.
≪ Vaya, vaya, mira nada más ≫ sonrió divertido el espectro. ≪ Creo que la hembra quiere engatusarte. ≫
Ignorando por completo a la entidad, el juez aceptó el ósculo con agrado, respondiendo inmediatamente. La tomó por la nuca con ansiedad y la abrazó por la cintura, levantándola del suelo. El beso se intensificó, al mismo tiempo que ella le quitaba el yelmo para luego aferrarse a su cabello.
El ministro intuyó el motivo de su actuar, así que le permitió continuar, deseaba ver hasta dónde era capaz de llegar. Debido a su experiencia, no le costó demasiado tomar el control, logrando que se sometiera a las sensaciones agradables que le provocaba con la lengua. Sus respiraciones se aceleraron y el deseo físico empezó a manifestarse.
Minos deslizó la otra mano hacia el trasero de la sierva, disfrutando de sus formas, alzándola un poco más para posicionarla de mejor manera. Y para ello, necesitaba hacer algo con su camisón. Anna dejó caer el yelmo al suelo cuando sintió su toque y escuchó la tela rasgándose de pronto. El juez había rotó el lateral de la prenda para hacer que le rodease la cintura con las piernas.
Sin importarle su nuevo sobresalto, él continuó con el beso, robándole el aliento y dejándole en claro que su invitación había sido aceptada.
—Tu iniciativa ha resultado sorpresiva, pero muy grata— reconoció para sí mismo, liberándola al fin para hacer una pausa y recuperar el aire.
La sostuvo con firmeza y caminó hacia la pared cercana, mirándola con intensidad y sin ocultar su lujuria, cosa que ella distinguió con claridad en sus ojos violáceos. Aunque parecía nerviosa, no daba muestras de retroceder, quizás dejándose convencer por sus propios impulsos naturales. Minos no conocía sus pensamientos, pero podía intuir su conflicto interno. Sin embargo, no importaba si Anna creía que esto estaba bien o mal, porque a pesar de todo, su cuerpo estaba respondiendo.
—Vaya, eso fue traviesamente inesperado— la recargó contra el muro, sosteniéndola con la presión de su propio cuerpo. —Muy bien Anna, le concederé el perdón a esta villa si logras… convencerme. —
El Grifo se regodeó.
≪ ¿Convencerte de no devastar el pueblo?, sí que te gusta usar el chantaje para todo y con todos ≫ soltó una risa divertida. ≪ Aunque realmente no importa su respuesta, seguiremos fornicándola hasta el cansancio. ≫
El ministro desatendió nuevamente las palabras de la bestia, enfocándose en la mujer. Pero era verdad, diera la respuesta que diera, él volvería a tomarla las veces que fueran necesarias. No obstante, conseguir que cediese sin oposición alguna, era ciertamente mucho mejor.
—Lo haré, señor Minos— confirmó con total seguridad.
El mencionado se relamió los labios de nuevo y sonrió con más satisfacción al escucharla.
Sin decir nada, la sostuvo con un sólo brazo, apartándose un poco de su cuerpo. Entonces chasqueó los dedos de la mano libre para hacer que su Sapuri vibrara sutilmente. Le había dado una orden concisa a la armadura para que, únicamente, se desmontaran las hombreras que cubrían sus brazos y el faldón que protegía su cintura, caderas y muslos. Dichas piezas cayeron al suelo, haciendo un ruido metálico.
La idea que tenía en mente requería que nada estorbase a sus brazos y que, obviamente, tuviese libre movimiento de pelvis. La monja lo comprendió de inmediato, estremeciéndose cuando él se posicionó de nuevo entre sus piernas. A pesar de que las vestimentas de ambos fungían como barrera, la fricción de su virilidad creciendo, le arrancó un sonoro jadeo a la sierva.
El juez empujó las caderas obscenamente contra su vientre, obligándola a sujetarse de sus hombros conforme la estimulación provocaba el temblor de su cuerpo. Notó el calor y la palpitación de su intimidad, así que fue incrementando la potencia de su oscilación.
—Vamos Anna, no te contengas… — masculló en un tono grave y agitado. —¡Quiero escucharte! —
La joven cerró los ojos y reposó la cabeza contra el muro, permitiendo que más gemidos lascivos se generaran en su garganta. Era innegable su disfrute y el aumento del abrazo de sus muslos, lo confirmó.
—¡No se… detenga! — exclamó con intensidad.
Minos presionó un poco más, consiguiendo que el roce inflamara el vértice de su sexo, regalándole placenteras descargas. Y precisamente era eso lo que él necesitaba, que ella se excitara lo suficiente para que comenzase a lubricar. Cosa que, al paso de los segundos, se hizo evidente con la humedad inicial impregnando sus vestiduras.
Su resollar se volvió discontinuo cuando sintió una nueva punzada de excitación retorciéndose en su interior. Entonces, detuvo el vaivén de sus caderas y deslizó una mano en medio de ambos vientres para tentar sobre la pampanilla de la mujer.
—Te has humedecido muy pronto, mi pequeña marioneta— susurró libidinosamente cerca de su oído.
La monja abrió los ojos para contemplarlo con una mueca arrobada. La respuesta de su cuerpo había sido vertiginosa y parecía querer aprovecharlo, ya que, nuevamente sus carnosos labios se adosaron a la boca masculina, al mismo tiempo que ondulaba las caderas contra su hombría. Esto hizo que el juez jadeara guturalmente, respondiendo al beso y reanudando sus acometidas.
Sin embargo, esta pequeña estimulación no sería suficiente para ninguno de los dos. La libido en ambos había escalado demasiado y necesitaba ser saciada.
—¡Ya no puedo… esperar! — susurró Anna en un matiz que sonó a lúbrico ruego.
El hombre dejó escapar otro gruñido, mientras se detenía y presionaba su peso contra el cuerpo femenino. En vez de asustarse, la mujer se sacudió una vez más, cerrando los párpados, ronroneando y sonriendo con lascivo descaro. Lo que probablemente significaba que una convulsión de placer estaba naciendo en su sexo.
≪ Eres tan hermosa con esas muecas, mujer ≫ se deleitó el Grifo, ya que podía percibir mucho mejor su deseo carnal. ≪ ¡Vamos Minos, estoy impaciente! ≫
Su portador comprendió que ya no podía seguir jugando, el espectro estaba muy ansioso. Y la dolorosa punzada en su miembro le gritaba que también andaba en las mismas condiciones.
—¿Estás segura de poder convencerme? — interrogó, observándola fijamente. Ella no dijo nada, limitándose a humedecer sus labios con parsimonia. —Entonces, te pondré a prueba— sonrió malicioso.
Se apartó del muro, rodeándola con ambos brazos para sostenerla mejor y posteriormente caminó hacia la ventana. La sierva se quedó brevemente distraída por las sensaciones físicas, así que no se dio cuenta de lo que el juez hacía.
La mantuvo abrazada contra su torso, al mismo tiempo que plegaba las extensiones del Sapuri para atravesar el marco y después arrojarse al vacío. Todo sucedió en un santiamén, sus alas se abrieron de golpe y únicamente ejecutaron un par de poderosos aleteos, suficiente para elevarlos rumbo al cielo.
La carcajada de la criatura resonó en su cabeza.
≪ ¡Eres un maldito desquiciado, Minos! ≫ se expresó con suma diversión. ≪ ¡Pero más te vale no matarla del susto! ≫
El ministro sonrió confiadamente.
—Esta mujer no es tan frágil ni cobarde, tú mismo lo has dicho— le respondió mentalmente. —Ahora, cállate y ayúdame a mantener el control del cosmos. —
El Grifo asintió, después de todo, le complacía bastante lo que hacía el humano.
El ascenso fue vertiginoso, subiendo más y más alto. Anna temblaba y parecía estar en shock al contemplar la lejanía del suelo y sentir el viento agitando su cabello. El pánico la hizo apretar los párpados y aferrarse al cuello del juez, mientras gritaba despavorida.
—¡¿Qué sucede Anna?, ¿Te dan miedo las alturas?! — se burló de su reacción.
Al portador del Grifo le divertía ver su nerviosismo. No obstante, también lograba percibir que no era solamente miedo lo que le provocaba a la mujer. La adrenalina que ahora corría por su cuerpo, igualmente espoleaba su excitación y más al darse cuenta que él la sujetaba con firmeza. Obviamente, Minos no la dejaría caer, ya que todo era parte del juego.
Unos momentos después, el ministro se detuvo para quedar flotando en el aire. El despliegue de su poderoso cosmos alrededor de ellos, le permitía ejecutar semejante proeza. Sus enormes alas negras se mantenían completamente abiertas como un método de estabilización y la barrera de cosmoenergía les brindaba protección contra la temperatura fría y el viento.
Anna abrió los ojos, contemplándolo a él y luego a su entorno. Esto parecía una locura, pero el panorama del pueblo lejano y la costa del mar, eran algo digno de admirar. Y aunque Minos parecía un ángel siniestro en medio de la noche iluminada por la luna plateada, ella no dudó en preguntar.
—¿Por qué? — lo miró de nuevo.
El hombre mantuvo su expresión burlona y arrogante, divirtiéndose con su macabro juego.
—Si no me convences… — hizo una mueca malvada. —Tendrás una vista privilegiada— una de sus manos la soltó, para luego crear un orbe de cosmos púrpura en su palma.
La intención quedó muy clara: Dejar caer ese ataque a la villa.
Ella tragó saliva despacio, intentando conservar la calma. Sabía perfectamente que debía seguir su juego para no arriesgar al pueblo y mantener su propia seguridad. No era difícil de comprender, simplemente se trataba de adaptación y supervivencia.
—Mi señor— dejó de abrazarlo, para luego tomar los mechones laterales de su cabello plateado. —¿Podemos continuar? — humedeció sus labios nuevamente. —Por favor… — arrastró la voz en súplica, atrayéndolo.
Los ojos violáceos la miraron fijamente con un inquietante brillo, en verdad disfrutaba que la mujer accediera de esta manera y no iba a negar que quizás, estaba encaprichándose con ella. Así que no se resistió al arrumaco.
La boca femenina lo recibió con ansiedad, permitiendo que su lengua bailara con la suya en intensa lujuria. Sus respiraciones se sincronizaron y las sensaciones volvieron a cosquillear con más fuerza. En ese momento, el juez percibió que la joven dejaba de temblar, enfocándose en su intención de convencerlo. Una de sus manos soltó su cabello y descendió a lo largo del peto, hasta alcanzar la parte descubierta de su abdomen.
Un placentero espasmo estremeció al hombre cuando el tacto bajó unos centímetros más, posándose sobre su palpitante erección. Aunque ella estaba pegada a su cuerpo, el espacio era suficiente para acariciarlo. El suave recorrido sobre su longitud lo hizo empujar las caderas, buscando más de aquel delicioso toque, al mismo tiempo que jadeaba contra sus labios.
≪ Vaya, en verdad te esmeras mujer ≫ reconoció la bestia, disfrutando de las sensaciones.
—¡Continua así! — masculló el juez.
La monja obedeció, arrastrando sus dedos para bajar la vestimenta oscura y liberarlo por completo. La estimulación prosiguió, haciendo que Minos gruñera ante semejante latigazo de placer, finalizando el beso de repente. El cálido masaje iba incitando un mayor endurecimiento de su carne, nublándole poco a poco el juicio, hasta el punto en que suprimió la peligrosa cosmoenergía de su mano.
La aferró de la cintura nuevamente, pero sin impedirle seguir masturbándolo. Cerró los ojos un instante, gozando de las sensaciones corporales.
≪ ¡Esta hembra me encanta y aunque sabe disimular, puedo sentir su deseo creciendo, así que, no la hagamos esperar! ≫ dijo con perversión.
La repentina punzada en su cabeza obligó al juez a regresar a la realidad, pero no tuvo tiempo de oponerse al control que la criatura ejerció sobre su cuerpo.
—¡Suficiente! — gruñó el Grifo, hablando a través de su anfitrión.
Detuvo la mano que lo acariciaba e hizo que se aferrara a su hombro de nuevo. La miró con deseo, dejándole en claro sus intenciones cuando deslizó los dedos por debajo del camisón, justo en medio de sus piernas. La monja se sobresaltó al notar que sujetaba los bordes de su prenda interior, para luego rasgarla con brusquedad. Ella no lo asimiló de inmediato, quedándose inmóvil al ver los trozos de tela cayendo el vacío.
—No hagas estupideces, bestia idiota— advirtió Minos.
≪ No lo haré, me queda bastante en claro que son tus juegos los que han facilitado la respuesta positiva de la hembra. ≫
Sin dejar de mantener el dominio sobre su vasija humana, el Grifo sostuvo a la mujer de las caderas una vez más, alzándola con facilidad y retrayendo el camisón para conseguir que le rodease la cintura con las piernas. Evidentemente esto iba a continuar, aquí y ahora, aprovechando el alto grado de excitación en ambos.
La mujer no se opuso, dejándose guiar a voluntad. Cerró los ojos y un potente gemido emergió de su boca cuando él la posicionó sobre su virilidad. Su sensible cavidad pulsó al sentir la presión y luego su precipitada intromisión. La lubricación facilitó el acople, pero eso no evitó que la mujer clamara con lubricidad y enterrara enérgicamente sus uñas en los hombros.
Una tremenda ola de sensaciones golpeó el sistema nervioso del juez, la cual también fue percibida por el espectro. Esto lo hizo regodearse viciosamente, farfullando palabras en algún idioma antiguo que probablemente aludían al placer. Su voz se perdió en un resuello discontinuo mientras se deleitaba con el temblor de la fémina. La sensación húmeda y caliente de su palpitante interior, ciñendo su dureza, era algo imposible de describir.
—¡Quiero escucharte! — exigió la criatura.
Anna liberó un grito morboso cuando se enterró en ella todavía más, iniciando un vaivén acelerado, casi agresivo. Las contracciones en su intimidad se precipitaron, induciendo una respuesta física mayor que se expresó en descargas remontando su columna vertebral, en un jadear descontrolado y en la convulsión de todo su cuerpo.
≪ ¡Joder, es tan delicioso esto, que podría acostumbrarme a ello! ≫
Minos apenas le prestó atención, los potentes estímulos ya le aturdían la mente. Pero algo le dijo que el espectro en verdad estaba gozando toda esta situación. De acuerdo a las memorias que le compartió, sabía que la criatura casi no interactuaba con sus portadores cuando se trataba de propagar su linaje. Simplemente ordenaba y el juez en turno lo hacía. Por lo tanto, no había experimentado lo que un humano podía sentir a nivel sexual.
Hasta ahora.
Era innegable que su comportamiento rebelde lo había hecho desatinar demasiado. Pero también el Grifo se percató de que, su forma de hacer éstas cosas, era sumamente divertida y placentera. Así que, al paso de los segundos y conforme aumentaba sus embestidas, la reacción de Anna se tornaba casi primitiva. Algo que exacerbaba los instintos de la criatura. El hombre no lograba comprender todavía qué era, pero, sin lugar a dudas, se trataba de algo ventajoso para ambos.
Por su parte, la sierva se mantenía perdida en su propio delirio carnal. La fricción en su sensible botón se volvía cada vez más insoportable. Esto, sumado a la adrenalina, la excitación y el desquiciado proceder del juez, la estaban llevando al límite de la razón. De repente, sus paredes íntimas empezaron a constreñirse notoriamente.
≪ ¡Ahí está, su punto de no retorno! ≫
El ministro supo exactamente lo que debía hacer, la bestia deseaba perderse nuevamente en la mirada embriagada de la mujer.
—¡Mírame Anna! — ordenó imperativo.
Ella entreabrió los ojos, encontrándose con sus penetrantes iris violáceos y con una sonrisa ladina que delataba la satisfacción de verla a punto de colapsar en éxtasis. La contemplación amatista la consumió y por una fracción de segundo, Anna vislumbró al espectro tal cual era, una criatura mitológica milenaria. No obstante, fue tan efímero, que terminó por ignorarlo y más cuando el orgasmo empezó a nacer frenéticamente en su centro. El clímax hizo erupción, azotando su sistema nervioso hasta el límite de la enajenación.
Juez y espectro lo pudieron disfrutar: En sus pupilas dilatándose, en su cuerpo estremeciéndose, en la contracción de su interior alrededor de su hombría y en el grito desesperado surgido de su garganta. La cúspide sexual abrumó por completo a la mujer, nublándole toda realidad. Un espectáculo fascinante de presenciar.
…
Los segundos posteriores se hicieron estresantes.
—¡Maldición… ya no puedo aguantar más! — pensó Minos, aferrando con fuerza las caderas femeninas.
Estaba temblando notoriamente y jadeaba con dificultad. Apenas si lograba soportar la intensa punzada de su sexo, que le exigía liberarse también. No esperaba que la mujer culminara tan pronto y de forma tan delirante, ya que dicha situación lo dejó en el límite de su propia cima. Y aunque la bestia estabilizaba el cosmos que le permitía mantenerse en el aire, no confiaba en que ello se mantuviera así una vez que él terminase.
≪ Tienes razón… no podré mantenernos así por más tiempo… bajemos ≫ se expresó en un tono adormecido.
El ministro lo hizo, agitando de nuevo las alas para retomar el vuelo. El descenso fue rápido y unos instantes después, ya se encontraba en el marco de la ventana, sosteniendo con firmeza a la sirvienta. Ingresó a la habitación y caminó hasta la cama.
La joven continuaba extraviada en su mundo y con los ojos entrecerrados. Pero, tan pronto Minos la depositó en la orilla del lecho y colocó los brazos a sus costados, ella lo contempló con interés. El hombre tenía una expresión hambrienta y su mirada era casi salvaje, producto de la presencia del espectro y de la lujuria que lo tenía en el punto más álgido. Sin embargo, no se sintió asustada, quizás por el embelesamiento de todo lo que sucedía.
—Me agrada como me miras, mi linda marioneta— sonrió complacido.
Y ella le correspondió, manteniendo las piernas en torno a su cintura y llevando sus manos hacia su rostro para acariciarlo con suavidad, claramente incitándolo a continuar. Sin perder su sonrisa, Minos se agachó para besarla de nuevo, al mismo tiempo que reiniciaba su oscilación, lenta al principio y acelerándose progresivamente después. Una sacudida mutua se hizo presente.
La respiración de Anna se volvió entrecortada cuando notó el peso del cuerpo masculino sobre ella, aumentando la fuerza de sus embestidas. Llevó sus manos hacia los tensos brazos, clavando de nuevo sus uñas, mientras el beso se interrumpía abruptamente. Sus gemidos lascivos llenaron la habitación y los oídos del juez.
El razonamiento de Minos se apagó y únicamente se concentró en su voluptuoso clamor, en el indescriptible abrazo de su sexo y en su mirada extasiada de carnalidad. Y quizás esa contemplación fue la que lo hizo desplegar sus enormes alas sobre su espalda, para proyectar una imagen impresionante de sí mismo, acentuada por la luz de la luna filtrándose por la ventana y el natural brillo morado de su Sapuri. Una escena que jamás se le borraría de la mente a la mujer.
Un instante después, su arremetida final los hizo alcanzar la cúspide sexual. Él apretó los párpados en el mismo instante en que los sublimes efectos se extendieron por todo su cuerpo, obligándolo a proferir un sonoro y áspero clamor. Su semilla se liberó y su entorno desapareció.
En su mente, la bestia también se relajó, quedándose en completa quietud.
…
La relajación llegó poco a poco.
Minos aún temblaba y respiraba de forma intermitente. Su rostro permanecía enterrado en el hueco del cuello femenino, percibiendo el calor corporal de Anna y su agitación. Era muy probable que la mujer también estuviese sin aliento, extenuada y a punto del desmayo. Y no era para menos, éste encuentro había sido sumamente frenético.
No obstante, la monja había conseguido su propósito: Hacerlo olvidar su desobediencia y convencerlo de no atacar la villa. Aunque, claro, esto último fue una mentira que usó para chantajearla y que ya no tenía importancia. Lo que en verdad valoraba el juez, y el espectro, era que ella parecía acostumbrarse cada vez más a su impredecible personalidad.
El hecho de que la mujer lo aceptase sin renuencia y cumpliera sus caprichos, era una buena señal. Incluso si se trataba de una careta para sobrevivir, aquello era suficiente para él. Lo único que necesitaba es que Anna consintiese lo que vendría después.
Tan pronto se sintió más lúcido, el ministro se apartó despacio, percibiendo su ligero temblor y escuchando un gemido bajo que ella no pudo disimular. Sonrió para sí mismo, ciertamente se le estaban haciendo adictivas dichas expresiones físicas. Se incorporó y la observó con expresión relajada.
—Eso fue divertido, Anna— dijo aletargado, ya que también estaba cansado. —Voy a permitir que te quedes aquí, pero… — su gesto expresó amenaza. —No se te ocurra abandonar esta isla, sabes perfectamente que puedo encontrarte donde sea y no pienso ser tan benevolente la próxima vez. —
La mujer se mantuvo en silencio y únicamente asintió con la cabeza, mientras se sentaba en el borde de la cama y lo miraba con expresión sumisa.
≪ De todas maneras, no tiene a dónde ir, ni a quién recurrir ≫ mencionó el Grifo. ≪ Será fácil mantenerla aquí, sólo necesitará recursos. ≫
—Eso no es ningún problema. —
El juez estuvo de acuerdo, la sirvienta necesitaba permanecer en un sitio seguro y cómodo para sobrellevar su futuro embarazo y quizás aquella casita era lo más conveniente por ahora.
Se dio la media vuelta, dirigiéndose a la ventana, mientras reacomodaba su vestimenta. Pasó junto a las piezas del Sapuri que se había quitado y, tan pronto chasqueó los dedos, éstas regresaron a cubrir su cuerpo en un instante. Sin decir nada más, salió de la vivienda, levantando el vuelo hacia el cielo.
Debía regresar al inframundo para ocuparse de los detalles de su próxima misión al Santuario.
Continuará...
Como pueden ver, Minos sigue los planes de Alone y aprovecha bien la ventaja que tiene con Anna. Y el Grifo no podría estar más complacido XD
Nuevamente agradezco su tiempo y fidelidad ;D
10/Junio/2022
