Hola :3
Dejo el treceavo capítulo, pero debo aclarar unos puntos importantes, lean por favor.
*Los diálogos están directamente tomados del anime en su versión doblada al español latino, sin embargo, me tomé la libertad de omitir algunos, de quitar palabras innecesarias y de cambiar otras por sinónimos. Algunas descripciones son detalladas y con tintes violentos, así como el uso de palabras altisonantes.
*Presten atención al leer, porque hay mucho intercambio de diálogos entre Minos y el Grifo, en especial cuando éste último toma todo el control.
*Acerca de Minos: Para mí, el juez es bastante poderoso. Si lo llevamos a la "realidad" del Lore de SS, resulta que sus hilos en verdad son mortales y él no tiene que hacer prácticamente nada, excepto mover brazos, manos y dedos para someter a más de una persona. Ni siquiera hace el esfuerzo físico que sí tendrían que ejecutar Rhadamanthys y Aiacos con sus respectivos ataques.
*Acerca de Albafica: Él sufrió un daño brutal en todo su cuerpo, algo que no puede ser sanado con cosmos, ni con una visita a la fuente de Athena. Vamos, ni siquiera con la tecnología actual podría sobrevivir. Por lo tanto, jamás creí en eso de que "todavía podía pelear". Adoro al personaje, pero no hay manera de levantarse después de sufrir la Marioneta Cósmica. Por lo tanto, hago uso del Lore de mi propio universo de fanfics para justificar eso.
Quienes hayan leído Contacto Humano, lo entenderán. Para quienes no, aquí les dejo la explicación: Solamente un dios podría sanar el daño mortal de la técnica del Grifo (como lo hace Hades con sus espectros revividos). Por lo tanto, Albafica recibió auxilio de una diosa con el poder de regenerar la vida y manipularla en todas sus formas naturales. Gracias a esto, Piscis pudo finalizar su combate contra el juez.
Esto no afecta en nada lo que leerán, porque se respetan los eventos sucedidos en la pelea. Pero si les interesa saber quién es la deidad y sus motivos, los invito a leer el otro fanfic ;)
Advertencias: No hay Lemon por ahora, únicamente descripciones violentas y palabras altisonantes XD
Sobre sus comentarios:
WienGirl: Me es grato saber que te gusta cómo he descrito a Minos y sus orígenes. Claro que sí, daré vistazos de la vida pasada de los otros jueces más adelante. Las reacciones de ellos ante lo que hizo Minos (adelantarse en lo de su linaje) y la visita a Anna sí va a suceder aquí. A partir del próximo capítulo veremos eso con más detalle. Gracias por leer.
Natalita07: Sí, esta era la parte final del otro fanfic con Minos y Anna divirtiéndose de lo lindo. Y aquí veremos la continuación de lo sucedido con el juez, que bueno que te agrada el trasfondo de su familia. Muchas gracias por el apoyo.
Leyla: Sí, esos detalles insinuaban la existencia de su familia. Aquí verás lo problemático y mala leche que es el Grifo. No habrá lemon por el momento, pero no te preocupes, esto no termina todavía. En éste capítulo leerás la pelea de Minos y Albafica.
Hokuto Sexy: Me hiciste reír bastante con lo del baluarte de los jueces, pero es cierto, no confíes en nadie del Inframundo. Es bueno saber que los atisbos del pasado del Grifo y sus cuadros psicóticos son de tu agrado y diversión. Aquí verás más del juez y lo problemático que es el espectro. Pregunta lo que desees, estaré encantada de resolver dudas, de ti y de los demás. Me gusta como se ve Byaku y lo seguiré empleando para el beneficio de Minos. Sobre Anna, no tiene muchas opciones, pero ser la amante del juez ha resultado muy conveniente para ella. Agradezco muchos tus comentarios.
LadySirin: Bienvenida y gracias por ser sincera. Yo sé que el nivel de lemon en éste fanfic es muy elevado, pero me encanta saber que les gusta la historia y los personajes. A mi también me agrada mucho Minos de SS TLC y pues aquí me excedí en la imaginación con el Grifo mental, pero lo disfruto bastante. Aquí leerás sobre la pelea del juez y el santo, pero no terminará aquí la aparición de Minos. Buena suerte con tu fanfic y que la inspiración esté contigo. Gracias por leer y comentar.
Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por capricho perverso :P
Capítulo XIII
Límites del Santuario.
En lo que llegaba el amanecer, el grupo de espectros se movilizó con calma a lo largo de las laderas circundantes, ubicando el acceso más conveniente hacia el interior del valle. Iban a la expectativa, buscando presas para divertirse, al mismo tiempo que se distraían en conversaciones triviales que dejaban en claro lo aburridos que habían estado en el inframundo a la espera de órdenes.
Por su parte, Minos permanecía en silencio, pensativo y atento al espía enviado por Rhadamanthys. El sujeto se mantuvo a distancia, escondiéndose bien y ocultando su cosmos lo suficiente como para que los demás no identificaran su presencia. Pero el juez ya comenzaba a inquietarse, más por el hecho de que su homólogo estaba al tanto de sus escapadas del inframundo.
—¿Qué tan problemático sería si lo asesino de una vez? — interrogó mentalmente. —No creo que te convenga que se entere de la mujer. —
Sintió el sutil cosquilleo en la cabeza, indicativo de la presencia del Grifo, el cual se había mantenido en silencio desde que atravesaron el portal del inframundo.
≪ Probablemente le está reportando a Wyvern el avance de la incursión, no creo que tenga más indicaciones aparte, sólo hay que esperar, el espectro de Deep es algo presuntuoso, así que se delatará por sí solo ≫ respondió con indiferencia.
El juez no dijo más, si la bestia estaba en lo correcto, él no tendría que hacer absolutamente nada para deshacerse de Niobe.
…
Más tarde.
Continuaron avanzando hasta que amaneció. Para ese momento, ya estaban dentro de territorio enemigo y los enfrentamientos iniciales dieron comienzo.
Un grupo de soldados de bajo rango, que desafortunadamente hacían un rondín por esos lares, fueron las primeras víctimas. Sólo bastaron cinco espectros para eliminarlos sin piedad y con bastante crueldad. Minos observó todo impasible, evaluando las habilidades de sus hombres, Byaku había escogido guerreros ágiles y con buena resistencia física, seguramente no tendrían problemas con santos de bajo nivel.
…
La marcha prosiguió un poco más, llegando al comienzo de un sendero rocoso, justamente el acceso que buscaban. El sitio era el correcto, dado que estaba siendo custodiado por cinco santos de bronce y el doble de soldados rasos.
—¡Malditos espectros, aparecieron de la nada! — exclamó el que los lideraba, al percatarse de su presencia. —¡Muchachos, prepárense para pelear! —
Santos y soldados tomaron una posición de ataque. Minos hizo un gesto burlón, mientras que sus subordinados ya se tronaban los nudillos de las manos, ansiosos por atacar.
—Encárguense de ellos— ordenó, mientras seguía su marcha directo al sendero que iba cuesta arriba.
De repente, un santo de armadura azulada se le atravesó en el camino.
—¡¿Cómo te atreves a subestimarnos, espectro?!— reclamó, dispuesto a lanzar un ataque. —¡No los dejaremos avan…! —
No pudo terminar la frase, quedándose con la boca abierta, haciendo gestos de asfixia, para luego poner los ojos en blanco y caer de rodillas al suelo.
—Cuida tus palabras, santo de Athena, estás frente a un juez del inframundo— dijo Byaku, acercándose al lado de Minos con la mano derecha cerrada en puño y emanando un cosmos rojizo. —Por tu insolencia, tu alma será quemada. —
Acto seguido, el santo de bronce fue envuelto por una flama escarlata como si estuviese siendo incinerado vivo. Sus gritos fueron estremecedores, provocando el nerviosismo de sus compañeros. Su cuerpo físico no sufrió daño alguno, pero quedó como un cascarón vacío una vez que su alma fue calcinada por completo debido a la sobrenatural técnica del Nigromante.
—Nosotros nos encargamos, señor— indicó, después de asesinar al guerrero.
Minos asintió y reanudó su marcha sin mirar atrás, no le interesaba presenciar algo tan aburrido como la masacre de unos simples soldados. Los gritos de batalla y los estruendos de los ataques fueron disminuyendo conforme se alejaba del lugar.
No tuvo que caminar demasiado para encontrar algo de diversión, el sonido de unos pasos apresurados le dijo que nuevos adversarios se acercaban. Se detuvo, esperando a que surgiesen justo en la próxima saliente rocosa. Cinco santos de plata llegaron corriendo, evidentemente, iban en auxilio del grupo anterior. Pero Minos no los dejaría pasar de ahí.
—¡Un espectro de Hades! — se sorprendió el robusto líder. —¡¿Cómo llegó hasta aquí?! —
El juez simplemente sonrió e hizo que su cosmoenergía se desplegara, inquietando visiblemente a los guerreros. Hizo un gesto retador con las manos, invitándolos a que lo atacasen.
—¡Acabaremos contigo! —
Los cinco santos elevaron sus cosmos y lanzaron sus ataques directamente contra el invasor. El estruendo fue enorme, levantando tierra y piedras por todos lados. Pero, tan pronto la cortina de polvo se disipó, los hombres observaron atónitos que el sujeto de oscura armadura permanecía intacto y sin ningún daño, gracias a la protección de sus enormes alas, posicionadas a modo de escudo.
Minos no les dio tiempo de nada, su cosmos vibró y las extensiones de su Sapuri se abrieron de golpe, creando una potente ventisca que los arrojó contra las afiladas rocas como si fuesen frágiles ramas secas. El daño físico fue evidente a pesar de tener armaduras cubriéndolos. El líder sangraba de la frente y sus compañeros tenían lesiones en brazos, piernas y torso.
Antes de que pudiesen recuperarse, el ministro desplegó sus hilos mortales.
—Hora de jugar. —
Los filamentos atraparon a tres santos de sus extremidades, elevándolos y acercándolos a él. Sus huesos comenzaron a crujir, al mismo tiempo que sus cuerpos eran retorcidos grotescamente, arrancándoles gritos de dolor.
—Que sonido tan agradable genera sus huesos— sonrió con perversión. —Pero, son tan frágiles. —
Los dejó caer al suelo, dándose cuenta que todavía respiraban. Así que, con un leve movimiento de sus dedos, hizo que las hebras rompieran sus cuellos para no alargar más su sufrimiento.
Entonces, dirigió su atención a los dos que faltaban.
—¡Maldición, asqueroso espectro, no te dejaré poner un pie en el Santuario! — advirtió el guerrero.
El juez hizo una mueca socarrona.
—Admiro tu gran valentía, caballero— desplegó nuevamente sus hilos. —Pero es inútil, así como veo, no tienes la fuerza que respalde tu valor, entonces, solamente eres una estúpida marioneta muy fácil de controlar, ya sea por la diosa Athena o por mí, el gran Minos— su cosmoenergía violácea se manifestó para ejecutar su mortal técnica. —¡Marioneta Cósmica! —
Los filamentos atraparon a los santos, alzándolos en el aire, inmovilizando sus cuerpos, tensando sus brazos y piernas con una tremenda fuerza. Ellos no podían creer lo que estaba sucediendo al escuchar el sonido de sus huesos quebrándose lentamente.
—Sus patéticas vidas son controladas por mis hilos, que inútil es su existencia— soltó una risita cruel, al mismo tiempo que la técnica destrozaba a los hombres por completo, silenciando sus gritos agónicos.
Los cuerpos sin vida cayeron pesadamente. El ministro se sintió complacido al notar la debilidad de sus enemigos y ahora se preguntaba si podría encontrar una marioneta más divertida. En ese momento, sus hombres lo alcanzaron.
—Señor Minos— habló Byaku, haciendo una reverencia. —Hemos derrotado a todos los caballeros que se encontraban cerca de aquí. —
—De todas formas, esos caballeros no dejan de aparecer— indicó otro espectro.
—Por lo que veo, señor, están decididos a no dejarnos entrar al Santuario— secundó uno más.
—No hay que precipitarse, el Santuario se encuentra frente a nosotros— el juez comenzó a caminar. —Ustedes mismos han sido testigos, han comprobado lo débiles que son estos caballeros, ¿No es así? —
Los espectros retomaron su marcha, recorriendo otro tramo del camino por algunos minutos.
De repente, una suave brisa comenzó a soplar. Minos se percató de un agradable aroma de rosas, lo cual se le hizo extraño, pero no tuvo tiempo para razonarlo, porque casi de inmediato, notó la presencia de Niobe acercándose a ellos. No estaba seguro de lo que planeaba, pero decidió fingir que no lo había detectado.
Entonces, la repentina brisa trajo algo inesperado.
—¿Qué?, ¿Estos son pétalos de rosa? — interrogó el Nigromante, al notar las rojas corolas volando.
Todos los espectros prestaron atención y se sorprendieron cuando, metros más adelante, se encontraron con un extenso campo de rosas carmesí, creciendo a lo largo y ancho del valle.
—Miren eso, el camino al Santuario está cubierto de rosas rojas— dijo uno de ellos.
Él y otro más, saltaron imprudencialmente al jardín.
—Son unos tontos, ¿Creen que unas rosas rojas podrían detenernos? — se burló, a la vez que comenzaba a pisotear las flores.
Su compañero lo imitó.
—¿En verdad piensan que unas flores van a detenernos? —
Por unos segundos se mantuvieron así, destrozando las rosas con suma diversión. Sin embargo, no se percataron del gran peligro que lentamente se adentró en sus cuerpos.
≪ Son unos estúpidos ≫ masculló el Grifo de pronto. ≪ Esas flores no son normales, están impregnadas de cosmos, por lo tanto, son una trampa. ≫
Minos entornó la mirada cuando lo oyó, pero ya era demasiado tarde. Todos fueron testigos de cómo sus compañeros se quedaron inmóviles, para luego empezar a temblar visiblemente, a la vez que, vomitaban sangre por la boca.
—¡¿Q-Qué p-pasa…?! — balbuceó uno, antes de caer de bruces al suelo, junto con su compañero.
Ambos guerreros se retorcieron agónicamente y luego quedaron inertes.
—Pero, esto es… — mencionó el juez, sin embargo, guardó silencio tan pronto notó al espía llegando junto a ellos.
—Creo que, no deberíamos avanzar más, mi señor Minos— habló con media sonrisa, consiguiendo que el ministro volteara a verlo. —Son rosas venenosas, especialmente mortíferas, señor, los matarán con su simple esencia. —
El aludido fingió sorpresa.
—Dime qué estás haciendo aquí, tú eres de los soldados de Rhadamanthys, Estrella de la Profundidad, Niobe. —
—Bien, honestamente no es importante, creo que, por el momento, sólo deberíamos preocuparnos por… él— señaló hacia un punto específico del camino.
Sobre unas ruinas blanquecinas, estaba sentado un guerrero de armadura dorada y larga cabellera aguamarina, el cual saludó con frialdad.
—Espectros, sean ustedes bienvenidos. —
—¿Tú eres…? — quiso preguntar Byaku.
—Yo soy Albafica, amigo, caballero dorado de Piscis. —
—¿El caballero dorado de Piscis? —
—¡Es Albafica! — corroboró el espectro detrás de Byaku.
Minos sonrió abiertamente, no esperaba encontrarse tan pronto con un santo dorado. En su cabeza, el cosquilleo le avisó de la repentina complacencia que sintió la entidad mitológica.
≪ ¡Perfecto!, ya tenía ganas de enfrentar a un guerrero de élite ≫ se expresó con cierta emoción.
—Si no me equivoco, eres uno de los últimos caballeros dorados de Athena, dime, ¿Acaso has venido desde la doceava casa hasta aquí? — lo miró con detenimiento, percatándose de lo llamativos que eran sus rasgos faciales. —Sin duda, es un caballero muy hermoso— murmuró divertido.
El santo de Piscis mantuvo su gesto serio, al mismo tiempo que bajaba de las ruinas con un simple salto y lanzaba un desafío directo hacia ellos.
—Señores, saltaron directamente a su muerte, que ingenuos— observó a Niobe. —Ese espectro tiene razón, son rosas venenosas, si están listos para morir, entonces entren a mi jardín, son bienvenidos— sonrió con prepotencia. —¿O acaso correrán como unos cobardes?, sucios espectros. —
Los subordinados cayeron inmediatamente en la provocación y, sin esperar a que les diesen una orden, cuatro de ellos se lanzaron directo al ataque. Evadieron gran parte del área sembrada con un increíble salto, sin embargo, apenas tocaron tierra, el guerrero dorado desplegó su contraofensiva en forma de rosas rojas. Dichas flores se convirtieron en mortíferas saetas que se clavaron de lleno en sus cuerpos, envenenándolos instantáneamente.
El juez observó todo con atención e indolencia, ya sabía de antemano que perdería hombres en esta incursión. De pronto, sintió que el cosquilleo en su cabeza se transformaba en una leve punzada, cosa que no le agradó para nada.
≪ Quiero jugar con él ≫ dijo la bestia en un tono siniestro. ≪ Déjame el control Minos, deseo romperle los huesos uno por uno ≫ solicitó, casi con ansiedad.
Su portador no comprendió el brusco cambio de humor. Sí, tenían la orden de eliminar al menos a un santo dorado, pero hasta él mismo pudo sentir que el deseo de la entidad era excesivo.
—¿Qué diablos te pasa?, no debemos confiarnos, no conocemos sus habilidades ni el nivel de su poder— lo increpó mentalmente. —No quiero que intervengas, esta misión la voy a ejecutar yo y no quiero errores. —
El Grifo quiso contestarle, pero la interrupción de Niobe lo detuvo.
—Tienes unos soldados verdaderamente valientes, mi señor Minos— dijo burlón. —No te dejes engañar por su apariencia, al igual que su jardín de rosas, ese caballero es mortífero. —
Albafica sonrió levemente y volvió a lanzar otra provocación.
—Díganme ahora quién sigue, ¿Enviarás al resto de tus soldados? — le dirigió una mirada directa al juez. —¿O acaso, tú vendrás a enfrentarme?, Minos de Grifo. —
El ministro se rio por lo bajo, dispuesto a tomar el desafío. Pero, una vez más, el espía de Rhadamanthys intervino con sobrada confianza.
—Bueno, bueno, señor Minos, permítame a mí encárgame de esto. —
Acto seguido, la Estella de la Profundidad saltó directo al campo de rosas, quedando no muy lejos del caballero de Athena. Se notaba que era un tipo presumido ya que, haciendo gala de su habilidad como espectro, reveló que era inmune a la esencia venenosa de las rosas. Albafica lo tomó como un simple juego y la pelea dio comienzo.
Minos prestó atención al desempeño de ambos.
Niobe poseía una buena habilidad que podía rivalizar con las flores venenosas del guerrero dorado. Pero éste, guardaba más trucos bajo la manga y eso lo demostró al no verse afectado por la Fragancia Profunda, e incluso, logró evitar que se extendiera hacia la villa cercana. Posteriormente, su ataque elaborado con su propia sangre venenosa, resultó sorprendente para el juez.
—La brisa se convirtió en espinas— pensó con asombro, mientras Albafica le explicaba a Niobe la técnica que usó para asesinarlo dolorosamente.
El Grifo sonrió complacido.
≪ Perfecto, el santo ya se deshizo del estorbo, me agrada… será una magnífica marioneta ≫ la maldad se percibió en su voz.
A Minos no le agradó esto, ya que él prefería hacer las cosas rápido y no perder el tiempo.
—Déjate de estupideces, no olvides que Pandora y los dioses gemelos están atentos a esta misión— masculló al percibir que intentaba tomar el control de su cuerpo. —Si fracasamos, Alone podría tener problemas para comenzar su estúpido lienzo perdido. —
Escuchó su gruñido molesto, al mismo tiempo que la punzada en sus sienes aumentaba.
≪ ¡Tú y ese mocoso ya me tienen harto! ≫ ejerció su dominio, sin darle tiempo de nada, sometiéndolo con un leve golpe mental para aturdirlo un instante. ≪ ¡No hay ninguna maldita prisa por ir al Santuario, así que cállate y observa! ≫
El juez no pudo hacer nada, sintiendo cómo el espectro se adueñaba por completo de sus acciones.
—Bestia idiota— farfulló con irritación, no quedándole más opción que confiar en que no cometiese algún error.
Su cosmos se elevó una vez más, envolviéndolo sutilmente para protegerse de la esencia tóxica de las flores restantes que la técnica de Niobe no alcanzó a desecar. A continuación, ejecutó un enorme salto, que lo dejó a escasos metros del santo dorado.
—Maravilloso— la entidad mitológica habló a través de su portador.
—Te agradezco mucho el halago, señor Minos de Grifo— respondió el caballero, mirándolo de soslayo.
—Ah, lo confirmo, serás una maravillosa marioneta, eres perfecto para mi colección, Albafica Piscis— el mencionado se giró para verlo de frente. —Ahora yo voy a ser tu próximo oponente. —
Tan pronto dijo esto, su cosmoenergía creció de golpe, al mismo tiempo que abría sus alas negras y desplegaba su ataque.
—¡Onda Gigante de Plumas! —
El Grifo se manifestó brevemente, demostrando su enorme poder con una ráfaga de viento que se transformó en un destructivo torbellino, el cual arrasó con todas las rosas rojas e incluso provocó un temblor que levantó enormes cimientos de roca y tierra con pasmosa facilidad.
A partir de éste momento, Minos fue testigo del comportamiento soberbio y malévolo de la entidad.
No es que no lo conociese lo suficiente, sino que, era muy diferente tratar con él en su cabeza, a verlo interactuar con otro ser humano. El juez estaba acostumbrado a soportarlo y encararlo sin tener que darle demasiada importancia a sus burlas e insultos. Pero, verlo hacer lo mismo contra el santo, le daba otra perspectiva ya que, a primera vista, se notaba que aquel guerrero era muy fácil de provocar y eso lo dejaba en desventaja.
Aprovechando la distracción del dorado, se acercó intimidante a él.
—Tus rosas demoníacas reales nunca fueron un problema, con o sin la ayuda de ese inútil de Niobe— dijo con burla. —¿Cómo te sientes al haber perdido todas y cada una de tus rosas?, aunque tal vez tú, Albafica, seas la única rosa venenosa que permanece frente a mí en éste campo, o, ¿Eres sólo una indefensa flor? —
El soldado de Athena reaccionó tal y como lo esperaba el espectro, con furia.
—¡¿Supones que mi rosa negra no puede luchar contra ti sin las demás?! — lanzó un golpe contra el juez, pero éste, lo esquivó con relativa facilidad, consiguiendo únicamente arrancarle el yelmo de la cabeza. —¡Rosas Piraña! —
Más flores negras fueron lanzadas con destreza, pero la agilidad del ministro fue suficiente para evitar cualquier daño a su Sapuri. Una sonrisa astuta se dibujó en su rostro cuando envío sus hilos hacia el santo, los cuales se enredaron en sus extremidades y cuerpo, sometiéndolo en un parpadeo.
—¡Marioneta Cósmica! — el brillo violáceo se intensificó y la peligrosa técnica se adueñó de la total movilidad del guerrero. —No podrás mover ni un sólo dedo a tu voluntad, Albafica de Piscis, cualquiera que sea capturado por mi técnica, en ese momento se vuelve mi marioneta sin remedio, hasta un caballero dorado como tú se somete a mis hilos, estás acabado— sentenció.
Los cinco espectros restantes alabaron las acciones de su superior, asombrados por la facilidad con la que había dominado al doceavo santo.
—¡Él lo hizo! —
—¡Es el gran Minos! — dijo Byaku.
—¡Ustedes, ¿Qué rayos están mirando?, vayan hacia el Santuario por Athena, mientras yo me encargo de éste caballero dorado mequetrefe e insolente! —
—¡Esperen! — la preocupación se distinguió en la voz de Albafica.
Al percatarse de esto, la malsana diversión del Grifo se incrementó, así que decidió cambiar sus planes, enviando a los subordinados a devastar el pueblo cercano.
—Ah, por cierto, evitaste que la fragancia mortal de Niobe se esparciera con el viento, formando un remolino alrededor tuyo, que heroico— se expresó sarcástico. —Escuché que hay una pequeña villa cerca del Santuario— hizo un gesto malicioso. —Ah, que excitante, antes de ir al Santuario, quiero que destruyan ese pueblo, quiero que asesinen a todos los humanos que habitan ahí. —
Inmediatamente Byaku y los demás se movilizaron para cumplir las órdenes. Saltaron hacia el camino despejado y se alejaron corriendo, burlándose del caballero de Piscis.
—¡¿Qué está pasando!, ¡No, aguarden! — el desasosiego que mostró al verlos huir, fue suficiente para incitar el sadismo de la criatura.
—No te servirá de nada suplicar— movió el brazo, consiguiendo que los hilos levantaran al santo, para luego azotarlo bruscamente contra el suelo.
—¡M-Maldito! —
—Jugar con los débiles es un privilegio del fuerte, ¿No lo sabias? — su mirada se volvió inquietante. —Si tratas de moverte contra mi voluntad, romperé cada uno de tus huesos— su sonrisa torcida delataba el regodeo que esto le provocaba. —Al fin te has convertido en otra de mis marionetas, el Santuario puede esperar, quiero jugar contigo un rato— dobló un dedo para que los filamentos levantaran al guerrero.
Aunque Albafica intentó resistirse, su cuerpo no respondía en absoluto y lo único que podía hacer, era dirigirle una mirada cargada de rencor.
—Ahora, vamos a comenzar por destrozar ese hermoso rostro que tienes, Piscis— dobló un par de dedos, obligando al dorado a golpearse la cara con su propio puño en repetidas ocasiones, mientras se reía. —Después, ¿Tus brazos o tus piernas?, o quizás… ¿Debería romperte el cuello en éste instante? — su mueca fue perversa. —Tú decídelo. —
A pesar del castigo, el caballero lo contempló desafiante, lo que instigó la diversión del espectro.
—Ah-ah, que tu madre no te enseñó a no mirar feo a la gente— nuevamente hizo un par de movimientos, riéndose por lo bajo.
Los hilos tomaron el control de la extremidad derecha del santo, para luego apuntar y dirigir dos de sus dedos directo a sus ojos, con la clara intención de dejarlo ciego. Albafica hizo todo lo posible para evitarlo, así que un crujido se escuchó y luego la sangre se derramó.
—Minos… Minos… — su brazo derecho colgó inerte, sangrando profusamente debido al desgarre de los tejidos y la piel. —No tengo tiempo para jugar contigo, ni de que tú juegues conmigo— levantó la cara, mirándolo con una media sonrisa. —Rostro, brazo, pierna, rompe lo que quieras, pero, ¡No te dejaré pasar por aquí! — declaró con seguridad, a pesar del enorme dolor que lo invadía.
El Grifo mantuvo una expresión eufórica, divirtiéndose de sobremanera. El que Albafica lo retara, simplemente aumentaba su deseo por lastimarlo incluso más.
—Ah, pero que valiente eres, rompiste tu brazo a propósito para liberarte de mí Marioneta Cósmica— sonrió con perversidad. —Veo que ya estás listo para que acabe contigo de una vez por todas… será divertido. —
Ambos mantuvieron su postura y, a pesar de sus heridas, Albafica no retrocedía ni un sólo paso, cosa que la bestia reconoció con algo de admiración.
—Ahora entiendo porque los caballeros dorados son los más poderosos de Athena— lo miró detenidamente. —¿Y bien?, dime cómo pretendes retenerme aquí en esas condiciones— habló con cinismo. —Además, mis espectros muy pronto van a destruir esa insignificante villa. —
Entonces, Piscis sonrió engreídamente.
—Tonto… es tu ejército quien va a ser destruido. —
—¿Qué? — el Grifo se sorprendió por el comentario.
—¿Creíste que éste era el único sendero de rosas demoníacas? —
Minos ya lo presentía, si aquel guerrero era la primera línea de defensa, por lógica, sus trampas de flores debían estar en otros sitios. Irse a lo tonto por ahí, fue un grave error de sus hombres.
—¿A qué te refieres, caballero? — inquirió la entidad, tan pronto percibió algo extraño en la dirección por donde se habían ido los subordinados.
—Se trata de mis rosas sangrientas— comenzó a explicar el dorado. —Al ser arrojadas al enemigo, las rosas blancas perforan el corazón, cuando se tornen rojas, tu ejército desaparecerá. —
La bestia volvió a sonreír con enfermiza diversión ante lo que escuchaba.
—Es verdad, el cosmos de mis espectros ha desaparecido por completo— empezó a reír tenebrosamente, ya que en realidad no le importaba la suerte de aquellos sujetos.
—¿Por qué te ríes en esa forma de sus muertes? — Albafica preguntó intrigado y molesto.
—Ay, discúlpame, caballero dorado de Piscis— su regocijo había alcanzado el punto más alto. —¡Destruirte será un honor! — levantó el brazo derecho, emanando un poderoso cosmos violáceo.
Los filamentos que aún mantenían atrapado al guerrero reaccionaron de inmediato, levantando y torciendo de forma antinatural su pierna izquierda. El sonido de los huesos rompiéndose fue demasiado claro y el santo no logró contener su quejido de dolor, mientras que la bestia se deleitaba insanamente con dicha imagen.
De pronto, la sangre que brotó de aquel desgarre de músculos y piel, comenzó a esparcirse en el aire. El juez bajó el brazo y prestó atención a la extraña técnica.
—Vaya, esta es la brisa de sangre que mató a Niobe… creo que llegó el momento… de la fiesta— de nuevo su risita cínica dejó en claro que no le preocupaba en lo más mínimo el próximo ataque. —¿Y ahora qué?, ¿Primero cortarás mi cuerpo en dos, o seré yo el que despedace al tuyo? —
Albafica sonrió con dificultad, pero incluso así, decretó su último cometido.
—¡Te lo dije antes, aunque mis brazos estén rotos, mis piernas quebradas o mi rostro destrozado!, ¡Nunca jamás te permitiré pasar por aquí, Minos! —
El aludido soltó una estruendosa carcajada.
—¡Bien dicho! — desplegó un mayor poder para someterlo.
Esto obligó al doceavo caballero a realizar un esfuerzo sobrehumano para evadir momentáneamente el control de la Marioneta Cósmica. El espectro observó con asombro que conseguía liberar su brazo izquierdo para realizar un ataque desesperado.
—¡Espinas Carmesí! —
Sin inmutarse en lo absoluto, la bestia esperó la lluvia de púas rojas bajo la protección de las negras alas de su armadura. El poder de la técnica era respetable, ya que levantó polvo y piedrecillas con la fuerza del impacto, sin embargo, los Sapuris de los jueces eran más resistentes que los demás, por lo que dicho ataque fue completamente inútil.
El área se despejó y el santo miró atónito cómo el juez abría las alas tranquilamente, sin un sólo rasguño en su persona.
—Siendo honesto, no esperaba que alguien tan bonito, tuviera tanto espíritu de pelea dentro de sí— levantó el brazo nuevamente y su cosmos resplandeció, manipulando de nueva cuenta a Piscis. —Lo malo es que no tienes tanto poder, el poder para seguir tu propio camino sin ser una marioneta, el poder de cumplir tus deseos, ¡El poder de destruir a otros! —
El sufrimiento físico y la furia, obligaron a Albafica a gritar.
—¡Pero por qué! —
Hizo un último esfuerzo para liberarse, pero fue inútil.
La impotencia y el dolor reflejados en el rostro del guerrero dorado fue delicioso para el espectro. Eso era todo lo que necesitaba para saciar su perversa diversión y una vez que lo obtuvo, decidió que ya era momento de desechar al humano. Con una risita cruel, ejecutó el final de la Marioneta Cósmica, cerrando su puño con fuerza.
Nada podría superar aquella grotesca escena, ni el alarido final de Piscis, el cual se acompañó de un estallido carmesí. Su cuerpo crujió horriblemente cuando los mortales hilos lo retorcieron hasta destrozar su columna vertebral cual rama seca, partiéndolo prácticamente por la mitad. Al mismo tiempo, sus demás huesos colapsaron ante la descomunal fuerza, dañando ligamentos, órganos, tejidos y piel. Básicamente, acabando con todas sus funciones vitales, sentenciándolo a una muerte agónica.
Albafica se desplomó en el suelo como un títere sin hilos, agonizando en medio de un charco de sangre.
El espectro de Grifo lo observó por largos segundos, regodeándose viciosamente al notar los espasmos del cuerpo torcido en una posición antinatural. Bien podría quedarse hasta verlo exhalar su último aliento, pero también estaba ansioso por ir a "jugar" con los habitantes del pueblo. Giró sobre sus talones y emprendió la marcha.
—Fuiste un juguete muy entretenido, Albafica de Piscis— concluyó con satisfacción.
En su propia mente, Minos se mantuvo callado, sabiendo perfectamente que no podría recobrar el control de su cuerpo hasta que la bestia se lo permitiese. No lograba comprender del todo aquella macabra diversión, es decir, el espectro pudo simplemente romperle el cuello al santo desde un inicio y terminar el trabajo. Pero no, tenía que humillarlo, someterlo y torturarlo hasta el final, dejándolo en las últimas, porque ni siquiera le facilitó una muerte rápida.
≪ ¿Qué tanto murmuras, Minos? ≫ interrogó el Grifo, atento a las cavilaciones de su vasija humana. ≪ ¿Acaso quieres juzgar de nuevo mis acciones? ≫
Su portador contestó sin rodeos.
—Eres una simple bestia que juega innecesariamente con sus presas, ¿Por qué no eres más práctico?, un simple chasquido, y le hubieras cortado la cabeza con la otra técnica, sin hacer tanto drama. —
La entidad soltó una leve risa antes de responder.
≪ Eres tan aburrido a veces, además, ¿Qué rayos te importa cómo juego con mis marionetas? ≫ preguntó incisivo. ≪ ¿Quieres que te recuerde que no eres tan inocente y que has hecho muchas tonterías desde adolescente? ≫
La criatura tenía razón, él no era una blanca paloma, ya que había tenido sus errores cuando era más joven. Llegó a burlarse de otras personas, a insultarlas, a pelear con ellas por estupideces e incluso, mató a un hombre antes de cumplir la mayoría de edad. Pero, aquellas situaciones, siempre fueron producto de momentos y circunstancias aleatorias, algunas tenían justificación y otras no. Sin embargo, dentro de la sociedad a la que pertenecía, él se podría considerar un hombre común, con sus malos ratos, pero, a final de cuentas, alguien "casi normal".
Y, precisamente, razonando esto, el juez cayó en la cuenta de que, desde que fue poseído por el Grifo, su moralidad, conciencia y empatía se habían degradado a un nivel bastante bajo. Pero no al grado que mostraba la bestia mitológica con sus propios pensamientos y acciones.
≪ Ah, no quieres decir nada ≫ sonrió con malicia. ≪ Entonces hablemos de aquel sujeto al que destripaste con tu espada y lo dejaste morir miserablemente en aquel callejón del centro de Christiania, hace unos años ≫ sintió el leve sobresalto de Minos, ese recuerdo aún lo inquietaba. ≪ Vamos, dime que tanta diferencia hay entre eso y lo que hice con el santo. ≫
Estrictamente hablando, no había mucha. En aquel entonces, Minos aceptó un duelo con espadas contra un hombre mayor que él. Ya no recordaba el motivo de la afrenta, ni porque llegaron a ese extremo, pero los eventos se suscitaron de una forma muy particular. La pugna fue muy cerrada, no obstante, gracias a su agilidad y entrenamiento en esgrima, solamente obtuvo algunas heridas superficiales en el vientre. Pero, su rival, terminó con los intestinos de fuera y un pinchazo mortal en el esternón.
—¡Eso fue en defensa propia! — masculló el juez.
≪ Sí, te defendiste, pero… ¿Por qué dejaste al tipo agonizando? ≫ se burló el Grifo.
Minos no recordaba porque lo hizo. Probablemente fue por el estrés del momento, es decir, había herido gravemente a un hombre y se había quedado frente a él, contemplándolo morir. Para cuando avisó a la policía, ya era demasiado tarde.
—No lo sé, pero como haya sido, yo no perdí el tiempo jugando con él— respondió con molestia. —Además, te confías demasiado, aquel santo era peligroso y tú lo tomaste a la ligera. —
≪ Ya cállate Minos, dejemos esta ridícula conversación para otro día ≫ detuvo su andar y abrió las extensiones de su Sapuri para levantar el vuelo. ≪ Es hora de arrasar el pueblo, tal y como lo solicitó el mocoso ≫ de nuevo, su risa fue siniestra.
El juez simplemente negó para sí mismo, tenía un mal presentimiento.
.
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Rodorio.
No le tomó demasiado tiempo llegar al lugar. Sus alas lo bajaron silenciosamente, posándose en una torre decorativa de un arco de piedra.
—Así que esta era la villa que quería proteger, ahora entiendo, es agradable y tranquila, pero… — con una expresión malvada, invocó su cosmos. —¡Permítanme destruirla! —
Dejó caer el ataque directamente sobre una calle transitada. El golpe de cosmoenergía destrozó viviendas y adoquinados, generando víctimas mortales instantáneamente. Los gritos de los aldeanos heridos fueron incrementándose conforme la onda expansiva corría hacia la siguiente calle para luego girar y provocar más daño. El espectro se regodeó ante el caos.
≪ ¡Corran, miserables humanos! ≫
Batió las alas con fuerza, provocando el derrumbe total de las ruinas cercanas, antes de elevarse en el aire. Con ambas manos volvió a crear orbes de cosmos, los cuales fue lanzando a diestra y siniestra, destruyendo todo a su paso. La gente que no moría por los ataques, lo haría bajo sus propias casas, enterrados vivos.
Minos observaba impasible.
Realmente no tenía nada que decir, él iba a proceder de igual manera, puesto que era una orden de Alone. Sin embargo, era el mismo tema de hace rato, el Grifo perdía demasiado tiempo en su sádica diversión. Lo cual podría ser un problema, pues seguramente, en el Santuario ya se habrían dado cuenta de que un caballero dorado había muerto, por lo que enviarían refuerzos.
—¡Maldita sea, deja de jugar, podrían llegar más santos! —
≪ ¡Voy a hacer lo que me plazca! ≫ aceleró su vuelo, invocando cosmoenergía para que lo rodease y así pudiera atravesar directamente los edificios. ≪ ¡Para cuando lleguen, todos estarán muertos! ≫ se carcajeó.
La destrucción aumentó y el espectro no detuvo su avance, llegando al otro lado del pueblo, donde muchos habitantes trataban de huir. Destrozó el techo y las paredes superiores de una casa cercana a uno de los portales de salida. Y, en ese preciso momento, una jovencita que huía, se topó de frente con él. Quiso la mala suerte que la entidad clavase su atención en ella cuando distinguió la rosa roja que portaba en su vestido.
—Ah, parece que tenemos una admiradora de las rosas— frenó su vuelo y descendió frente a la chiquilla, quien se quedó pasmada por un instante. —Dime, niña con la rosa, tu conoces a Albafica de Piscis, si es así, morirás igual que él— amenazó.
Al escuchar ese nombre, la jovencita reaccionó de una manera que el espectro no se esperada: Sin miedo aparente y con un gesto serio en su rostro. Acarició la flor brevemente y luego lo encaró con una pregunta.
—¿Fuiste tú quien estuvo peleando con el señor Albafica? —
—Así es, pero sinceramente, esperaba más de un caballero dorado— sonrió con burla, a la vez que generaba cosmos en su palma. —Fue decepcionante, pero la verdad me divertí mucho. —
La niña no quiso creer aquellas palabras.
—No pudiste haber derrotado el señor Albafica— dijo con total seguridad.
—¿Qué dices? —
—¡No!, ¡Un caballero de Athena no puede perder contra alguien como tú! — lo miró con furia. —¡Te odio! —
Aquella reacción desconcertó por un instante al espectro. Nunca antes una mocosa se había atrevido a levantarle la voz y lo más llamativo era que, al parecer, ella conocía al santo de Piscis. La rosa que llevaba era idéntica al tipo de flores que usaba el caballero. Se le hizo demasiado gracioso dicho escenario y por un instante pensó en utilizar sus hilos para desmembrarla. Pero como deseaba continuar con su devastación, decidió eliminarla de una vez.
—Eso piensas, en ese caso, debo partir ahora mismo— la cosmoenergía aumentó. —Así que, discúlpame por favor, ¡No puedo perder el tiempo con una basura como tú! —
El ataque se desplegó, generando una poderosa ventisca cargada de energía que comenzó a levantar el empedrado del suelo y cuya fuerza era suficiente para lastimar gravemente a la chiquilla. Sin embargo, la oportuna intervención de alguien, la protegió del impacto.
Minos maldijo internamente al percatarse que se trataba de otro santo dorado, tal y como lo había previsto. Él no temía enfrentar a más de un enemigo a la vez. No obstante, el problema aquí, era que la estúpida bestia sólo estaba jugando y no se tomaba en serio la pelea. Un descuido de ese tipo podría ser fatal, así que, su mal presentimiento iba en aumento.
—¡Yo voy a hacerme cargo de esto! — exclamó el recién llegado con total seriedad. —Huye de prisa—le dijo en voz baja a la niña.
El Grifo sonrió con malicia nuevamente, ignorando por completo el resquemor de su portador.
—Ah, conque Shion de Aries apareció, vino a vengar a su querido amigo, el caballero de Piscis. —
—El espectro que derrotó a Piscis decidió destruir esta villa, como te podrás dar cuenta, es natural que yo venga para detenerlo, porque yo soy el caballero de Aries, el guardián de la primera casa del zodiaco y además… — le lanzó una mirada cargada de furia. —¡No me agrada tu maldito rostro cerca de mí! — desplegó su cosmoenergía dorada a modo de desafío.
La mueca del espectro fue petulante, dispuesto a divertirse con él.
—Vas a sufrir el mismo destino que tu amigo Piscis, lo siento en verdad, ahora despídete de éste mundo— el resplandor violáceo se manifestó, enviando hilos que atraparon el brazo izquierdo del santo inmediatamente. —Quítate de mi camino, Aries— la extremidad comenzó a doblarse hacia atrás.
—¡No lo haré! — el guerrero intentó resistirse a la manipulación.
—Es demasiado aburrido torturarte, así que te romperé el cuello de una vez— sentenció con una gélida sonrisa.
Un nuevo hilo se manifestó en el cuello de Shion, comenzando a lastimarlo visiblemente, mientras el Grifo sonreía con malévola satisfacción.
—¡Morirás! —
La presión de los filamentos se intensificó, logrando que su presa gritara de dolor. Sin embargo, justo en ese instante, unas saetas oscuras alcanzaron las hebras, reventándolas al clavarse en el suelo, liberando al santo para dejarlo caer de rodillas, sujetándose el brazo. Una leve capa de polvo se levantó y el desconcierto se manifestó en el rostro del juez, quien disipó su cosmos y observó detenidamente dichos objetos.
—¿Qué cosa?… ¿Rosa negra? —
Tan pronto fue despejándose la polvareda, el sonido metálico de unos pasos atrapó la atención de todos. El espectro entornó la mirada con asombro y molestia al identificarlo: El santo dorado de Piscis.
Minos no podía creer lo que veía, era imposible que alguien se levantase de nuevo tras sufrir la Marioneta Cósmica. Algo no estaba bien aquí y se lo dejó en claro a la entidad.
—¡¿Que mierda significa esto?, ¿Por qué ese tipo se ha levantado de nuevo?!, ¡Bestia imbécil, ¿Acaso no ejecutaste bien la técnica?! —
El Grifo no contestó, ya que dicha situación también lo tomó por sorpresa. Se quedó contemplándolo fijamente, distinguiendo la rosa roja en su boca, la sangre medio seca en su rostro y un perceptible agotamiento en todos sus ademanes.
—Perdóname, Shion… por haber llegado tarde… — dijo Albafica con voz cansada, pasando de largo a la chica y al santo, hasta quedar frente al enemigo. —Te juro que, todavía puedo pelear… —
≪ ¡Maldito!, ¡Pero si le rompí todos los huesos del cuerpo! ≫ gruñó la entidad.
—¿Te podría pedir solamente un favor? — solicitó a su compañero. —No dejes que nadie se acerque, excepto el enemigo— finalizó, colocándose de nuevo la rosa en la boca y lanzándole una mirada grave al juez.
≪ ¿Qué te da fuerzas para pelear, Albafica de Piscis? ≫ pensó con desdén.
Minos se sintió bastante inquieto y volvió a increparlo.
—¡Déjate de preguntas estúpidas y obsérvalo bien, tú debes saber qué carajos está sucediendo, por muy poderoso que fuera, el daño a su cuerpo no podría haber sido sanado con simple cosmos! —
El espectro le hizo caso, enfocándose en leer la cosmoenergía del caballero dorado. Entonces, lo percibió, descubriendo algo completamente inesperado… había recibido ayuda.
≪ ¡No puede ser! ≫ masculló irritado. ≪ ¡Ese miserable humano fue auxiliado por una deidad! ≫ casi gritó de furia.
—¿A qué te refieres? — cuestionó Minos, sumamente intrigado.
≪ Hay un sutil rastro de energía divina disipándose de su cuerpo, la misma que lo curó… ¡Mierda!, ¡Algún maldito dios anda metiendo las narices donde no lo llaman! ≫
Para una entidad de su tipo, no era difícil detectar algo así. Tal y como se percató de la pulsera de flores del santo de Pegaso, ahora distinguía aquel vestigio divino en Piscis. Solamente una divinidad podría sanar el daño que provocaba su letal técnica.
—¿No fue Athena? —
≪ ¡No!, ¡Ella no tiene la capacidad de regenerar la vida! ≫ escupió con frustración, pero dispuesto a continuar con esto. ≪ Aunque, eso ya no importa, jugaré con él hasta romperlo de nuevo ≫ sentenció.
—¡Deja de jugar, bastardo!, ¡Si te descuidas nuevamente, podría ser fatal! —
La bestia ignoró totalmente a Minos, desdeñando su advertencia.
—Me sorprende que sigas con vida— se cruzó de brazos en un gesto prepotente. —Pudiste haber muerto tranquilamente junto con toda tu belleza— dicha frase provocó molestia en Albafica, así que prosiguió con su discurso mordaz. —No importa cuantas veces peleemos, aquellos que no tienen poder, siempre terminarán como marionetas, eres patético, eres tan hermoso, pero lleno de sangre y lodo, ya no me apetece matarte— le dirigió una sonrisa arrogante.
El santo lo observó con detenimiento.
—¿Sabes algo, Minos?, he vivido en soledad debido a mi sangre envenenada, así es como ha sido durante toda mi vida y el que tú me llames hermoso, ¡Me molesta demasiado, maldito espectro! — respondió con determinación, al mismo tiempo que su mano derecha manifestaba cosmoenergía rápidamente. —¡¿Cómo te atreves?, a nadie nunca en mi vida le había permitido llamarme hermoso!, ¡Juro, que te vas a arrepentir el resto de tu vida!, ¡¿Quién crees que eres para hablarme así?!, ¡Tengo mis poderes, mi cosmos, aún no te he demostrado mi verdadero poder! —
La energía se arremolinó en torno al dorado, revelándole al espectro el ataque que ejecutaría.
—¡De acuerdo!, ¡Entonces, muéstrame lo que tienes, caballero! — tomó una posición defensiva y extendió sus alas para protegerse. —¡Veamos de lo que eres capaz! —
—¡Espinas Carmesí! — el cosmos de Albafica explotó, arrojando infinidad de agujas rojas directo al juez.
Éste se burló, recibiendo el ataque de lleno.
—¡Tonto!, ¡Las Espinas Carmesí no pueden dañarme! —
La cosmoenergía desplegada agitó con fuerza el viento alrededor de ambos, afectando el área circundante. Shion de inmediato protegió a la chiquilla con su capa, quedándose inmóviles ante la batalla.
El aluvión rojo se mantuvo constante por largos segundos, cosa que para Minos no pasó desapercibida.
—Maldición, ¿Por qué no disminuye?, ¿Acaso… piensa usar toda su sangre? — se cuestionó ante el choque insistente de las púas.
Semejante pérdida de sangre colocaría al santo dorado en un riesgo mortal. Sin embargo, había algo que no estaba bien y el juez tuvo la sensación de que esto era una estrategia desesperada por parte de Piscis.
—¡No abras las alas hasta que caiga desangrado! —
Pero, de nuevo, el orgulloso Grifo se jactó de no necesitar ayuda.
≪ ¡Cállate Minos!, ¡Tú no vas a decirme cómo pelear contra un simple humano! ≫ resopló con fastidio.
En ese instante, el caballero dejó caer una rodilla al suelo debido al sobresfuerzo, cosa que divirtió a la entidad y que aprovecharía para regresarle el golpe.
—¡Tienes una boca muy grande, Albafica, ¿Esto es todo lo que tienes?! — sonrió con maldad. —¡Bien, terminemos con esto! —
—¡La rosa! — gritó el juez, dándose cuenta de la táctica. —¡Espera, él va a…! —
Demasiado tarde.
El Grifo abrió sus alas de golpe, generando una potente ventisca que levantó una nube de polvo y restos, que fueron arrojados contra el santo, golpeándolo y haciéndole perder el poco equilibrio que le quedaba.
El viento cedió y el polvo fue disipándose para mostrar el escenario final: El doceavo guardián ahora yacía postrado de rodillas en el suelo, semi agachado y completamente inmóvil.
—¡Señor Albafica! — gritó preocupada la jovencita.
—Por si no se han dado cuenta, Albafica de Piscis está acabado, ahora tú eres el siguiente, Shion— amenazó.
El santo de Aries lo miró con gravedad.
—No— se puso de pie. —No hay necesidad de pelear contra alguien que ya fue derrotado. —
—¿Qué? —
De pronto, un par de hilillos de sangre escurrieron por las comisuras de su boca y, en ese preciso instante, la entidad mitológica fue consciente del tenue dolor que ya se expandía con celeridad por su pecho. Aunque fuese el cuerpo físico de su portador, él podía sentir las mismas sensaciones y éstas se incrementaban cuando tenía el dominio completo. Por lo que, su estupefacción fue tremenda cuando notó una intensa molestia corporal.
—¡Hijo de puta! — Minos bramó iracundo. —¡Maldita bestia, has permitido que nos hieran! —
De la impresión, el espectro demoró en asimilar dichas palabras.
—Tan sólo mírate, mírate Minos— Aries bajó la vista al peto del Sapuri.
El Grifo quedó impactado por lo que vio, una maldita flor permanecía clavada en la coraza.
—¡Ah… esto es… la rosa demoníaca que tenía en su boca! — farfulló, al mismo tiempo que un temblor incontrolable se manifestó en su brazo cuando la tomó para arrancarla, lo cual empeoró el malestar. —¡¿Cómo lo hizo?! —
Obviamente, el santo arrojó aquella flor con el cosmos que le quedaba, consiguiendo que tuviese la suficiente fuerza para atravesar la armadura, clavándose en su pecho justo cuando abrió las alas.
—Estás en un error, Minos— Shion se aproximó. —No es una rosa demoníaca, es una rosa sangrienta, es blanca, pero se torna roja con tu sangre, esa es diferente. —
Apretó la rosa con rabia.
—¡Imposible, ¿Una rosa blanca?! —
—Así es, una rosa blanca, cubierta con la sangre roja envenenada de Albafica— explicó el santo, mientras que una mueca de consternación se perfilaba en el rostro del espectro, dejando caer lentamente la flor estrujada. —Su objetivo, no fue matarte con las Espinas Carmesí… subestimaste el poder y el orgullo de Albafica— se detuvo al lado de su compañero de armas.
El Grifo observó fijamente el temblor de su mano, sintiendo cómo su furia crecía, casi a la misma velocidad con la que se propagaba el veneno.
—¡Mierda!, ¡Acabas de mandar todo al infierno, criatura imbécil! — escupió Minos, furioso por tan patética derrota.
La bestia ya no lo escuchó, su cólera empezó a crecer.
—Fui derrotado por una rosa blanca con una simple gota de veneno… ¡Maldito Albafica! —se expresó con rencor, a la vez que apretaba el puño, manifestando un intenso cosmos. —¡Malditos caballeros de Athena! — bramó enfurecido.
Las extensiones de su Sapuri se desplegaron de nuevo y en toda su longitud, permitiendo que su poder se descontrolara en un santiamén. La energía estalló en torno a él, cimbrando la tierra y provocando un terrible vendaval que obligó a Shion a cubrirse el rostro con el brazo para protegerse.
—¡Los destruiré, a ti, a esta villa y a todos! — sentenció, alzando los brazos mientras gritaba el nombre de su devastadora técnica. —¡Onda Gigante de Plumas! —
—¡Maldito infeliz, con esto sólo has conseguido acortar nuestro tiempo de vida! — le reclamó el ministro, fuera de sus casillas también. —¡Bastardo, hijo de puta! —
La inmensa cosmoenergía se amplificó, transformándose en un destructivo tornado que comenzó a levantar las piedras del suelo y a tirar las paredes de las casas dañadas. Incluso la fuerza amenazó con arrojar lejos a la chiquilla, la cual gritaba asustada.
≪ ¡Juro que todo será destruido!, ¡Todo! ≫
El torbellino de energía se elevó muy por encima del pueblo, ampliando su rango de alcance. Pero, súbitamente, algo frenó su expansión. El Grifo parpadeó atónito cuando distinguió una prisión cuadrangular semitransparente, que lo encerraba a él y a su descomunal cosmos.
—Esto que vez aquí, es mi Muro de Cristal y bloqueará tu ataque— explicó el caballero de Aries, quien mantenía un brazo levantado, ejecutando su técnica para encerrarlo. —Albafica dio su vida para proteger éste lugar, ¡Y no voy a permitir que tú lo destruyas! —
La frustración invadió al espectro, cuyas muecas de sufrimiento ya eran notorias. Si tan sólo tuviese un poco más de tiempo, rompería el muro de un puñetazo. Sin embargo, el veneno había mermado vertiginosamente su capacidad de respuesta.
—¡M-Mal-di-to… seas! — vomitó sangre, sintiendo cómo la toxina afectaba sus funciones vitales, impidiéndole continuar.
La vista se le nubló y perdió el equilibrio, colapsando al suelo inevitablemente. Quedó tirado bocabajo, apenas respirando entrecortadamente, mientras oía las voces de los demás. Poco a poco los sonidos se fueron apagando, pero, incluso así, logró escuchar la voz moribunda de Albafica. El juzgador de almas se rio con satisfacción, a final de cuentas, también el santo sucumbiría y, ahora sí, su muerte sería permanente. En cuanto a él, sería revivido más adelante.
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Castillo de Hades.
Alone entró a su taller y cerró la puerta con brusquedad. Posteriormente, bajó al suelo a su cachorro y caminó hacia uno de los grandes ventanales.
—¿Qué opinas, Cerbero?, ¿Crees que Athena tiene algo que ver en esto? — interrogó al aire.
El perro se acercó y se sentó a su lado, moviendo la cola alegremente, a la vez que hacía un único ladrido, a modo de respuesta.
—Entonces, es así— se respondió a sí mismo. —De alguna manera, ella está evitando que reviva a Minos. —
Hace un par de horas, usó el poder de Hades para traer más espectros al castillo y de paso, revivir a los que habían muerto en la incursión al Santuario. Sabía que algo había sucedido en ese lugar, ya que Minos no hubiera perdido tan fácilmente y menos después de vencer al santo de Piscis la primera vez. Sin embargo, no estaba seguro de que fue y necesitaba estar al tanto. Además, también era prioritario revivir al juez, dado que algunas cosas podrían salírsele de las manos sin ayuda extra.
—Bien, tendré que enviar a alguien por él— dijo con serenidad. —¿A quién recomiendas? — miró al cachorro.
El animal le devolvió el gesto y comenzó a jadear con la lengua de fuera, a la vez que "rascaba" el piso con sus patas delanteras. Alone simplemente sonrió, después de todo, Cerbero ya no era un perro normal.
Continuará...
Muchas gracias por leer y por los reviews que gusten regalarme :3
Esta historia continua y en el próximo capítulo sabremos que sucedió con Anna :D
4/Septiembre/2022
