Hijo#8: Muchos problemas sin resolver

El silencio se acumuló por toda la habitación, después de su confesión.

No se tardó mucho para que el aire empezara a tornarse pesado en cuestión de segundos por todas las feromonas que expulsaba su gemelo sin control y pronto el lugar no tardo en apestar por culpa de sus emociones, a pesar que su habitación era la más espaciosa de la mansión, el olor amargo parecía querer permanecer en el aire.

El mayor de los pelinegros miro con fastidio al mismo tiempo que se concentraba en abanicase con la mano para alejar el mal olor de su nariz.

Muchas personas se hubieran orinado en sus pantalones al estar cerca ante tan cantidad de feromonas que expulsaba un alfa sin control de sus emociones, incluso tal vez se desmayarían porque su cerebro no podía soportar tal presión de su parte.

Pero Amane era diferente a esos debiluchos.

Él creció con alfas a su alrededor desde que tiene uso de la razón, por lo que se mantuvo inmune ante la amenaza que representaba estar enfrente de un alfa desconsolado.

Solo rodó los ojos ante las acciones de su hermano.

- Oh, por favor. Madura Tsukasa – Dijo el omega haciendo con una mueca de asco sin dejar de abanicarse. – Fuiste tu quien provoco todo esto, o acaso esperabas que me quedara aquí sentado sin hacer algo al respecto -

- Había mejores formas para… -

- Por supuesto, había otras formas para vengarme – Interrumpió lo que iba decir su gemelo al mismo tiempo que se levantaba del sofá. – Pero fue esta la que elegí para hacerte sufrir, o me dirás que no sentiste asco cuando me acostaba con ellos a través del maldito lazo -

Él no podía sentir las emociones de su hermano por la marca debido que él constantemente seguía rechazando la unión de ambos.

Pero Tsukasa era un caso diferente.

Él quería esta unión.

Su gemelo podía sentir sus emociones debido que seguía obstinadamente en mantener el lazo que ahora los conectaba, por lo que todas las veces que sintió asco u odio cuando se revolcaba con un alfa, inevitablemente Tsukasa lo sentiría y caería en cuenta lo que estaba haciendo.

Sin embargo, tardo mucho tiempo en venir.

El omega se acomodó la bata para evitar seguir mostrando su cuerpo al mismo tiempo que giraba su cabeza hacia el otro lado de la habitación para no ver a su hermano.

- Si ya terminaste tus asuntos aquí, porque mejor no te largas. ¿No ves que arruinas mi apetito? – Le hizo un leve movimiento hacia la puerta con su muñeca para que se largara.

Solo quería una buena copa de sake frio acompañado de un delicioso sushi.

¿Es acaso mucho pedir?

Pues, al parecer si lo era.

- ¡E-espera aún no he terminado de hablar! – Reclamo apresuradamente Tsukasa.

El omega se puso tenso cuando escucho el sonido de los pasos de su gemelo dirigirse hacia él, con temor miro a sus espaldas para observar que Tsukasa se hallaba a tan solo unos centímetros de acercarse a donde se encontraba parado.

En otra situación, esto no significaría nada.

Solo sería su adorable hermanito quien se acercaba a él por cualquier motivo.

Pero ahora esto era diferente.

Ya no era su hermano menor que alguna vez compartió travesuras.

Él era quien lo convirtió en esto.

En alguien repugnante que no paraba de tenerle miedo a su propia familia.

Algo que se suponía que nunca debería de haber pasado.

Amane en su pánico no lo pensó dos veces, de inmediato se abalanzo hacia el vaso de sake que descansaba en su mesa auxiliar y tan pronto como la bebida estuvo en sus manos, se dejó llevar por su miedo y le lanzo el contenido del vaso en dirección a Tsukasa.

Y de nuevo la habitación volvió a sumergirse en silencio.

El mayor de ambos pelinegros se encorvo desde su lugar, jadeando pesadamente y aferrándose al vaso como si se tratara de algún tipo de salvavidas.

Sus lágrimas comenzaron a caer sobre el suelo antes que se diera cuenta que se encontraba llorando, intento restregar con ambas manos su rostro para limpiar cualquier rastro de lágrimas.

El omega sintió la necesidad de llorar, pero solo se mordió los labios para evitar que los sollozos se escaparan de su boca.

Pero el sentimiento fue demasiado que tuvo que tapar un lado de la cara con el dorso de la mano derecha, para restregar sus lágrimas y empezó a llorar.

Tsukasa también guardó silencio, su mente estaba frenética sin saber cómo reaccionar.

Sin embargo, no podía dejar a su Amane de esta manera, por lo que avanzo unos pasos hacia delante para acercarse a calmarlo.

- …vete – Susurro miserable el omega, mientras de reojo lo veía acercarse a él.

Se detuvo a medio camino antes de llegar a su gemelo.

El alfa pensó que había escuchado mal a su hermano, por lo que siguió avanzando hasta que de repente algo se estrelló cerca de sus pies.

Tsukasa bajó lentamente la mirada y miró hacia abajo, su mirada se topó con los fragmentos de vidrio esparcidos en el piso y parte de sus zapatos.

Cuando volvió a levantar la vista, vio el rostro de su hermano que lo miraba con la cara manchado de lágrimas.

- Crees que estoy bromeando, ¿verdad? – Hablo Amane sarcásticamente con una cara distorsionada. - ¿Acaso piensas que puedes salirte con la tuya? – Lo acuso fríamente.

Se sentía patético por no poder controlar sus emociones como quería.

De un momento se sentía confiado en su plan y de un momento a otro, se encontraba experimentando un terror tan grande que le provocaba llorar sin que pudiese hacer algo para controlarse.

Para Amane, el control le hacía sentir seguro y de alguna manera estable.

Por eso amaba tanto tener poder.

Él tenía un dominio en todos los aspectos de su vida y de repente fue violado y despojado de cualquier mota de todo lo que le hacía sentir firme. Sintiendo como al pasar de los días sus emociones se volvían cada vez más erráticas.

- … te odio, ¡te odio! – Murmuro el mayor de los pelinegros, solo para retomar más fuerza a sus palabras. - ¡TE ODIO! –

Los ojos de Tsukasa, que temblaban sin cesar por sus palabras.

Pero eso no le importaba.

Dejando salir su ira, Amane agarro la bandeja de sushi que seguía intacto en la mesa auxiliar y se la lanzo a su gemelo.

El menor no expreso nada cuando parte de sus pantalones y zapatos ahora se encontraban cubiertos de pescado, arroz y trozos de vidrio.

Solo se quedó ahí parado, listo para recibir el desprecio de su amado Amane, si ser el objetivo de su odio lo hacía sentir bien, pues, bueno, no le importaría ser apuñalado con tal de traerle consuelo a su pareja.

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Curiosidad que anhelo#8

Amane es inmune a las feromonas de alfa, algo que fue aprendiendo por la experiencia.

Digo, siendo el hijo consentido de un jefe mafioso, puedo imaginarme como varios alfas quisieron aprovechar esto y el hecho de que es un omega.