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Un Milagro En Navidad
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—Resumen Completo: Sakura Haruno era una mujer que no veía en la navidad como todos los demás, pues cada navidad que pasaba vivía siempre una mala experiencia y se había acostumbrado a ver la navidad como una época triste, tétrica y solitaria, además de que se sentía atada a una promesa que le habían hecho que nunca se cumpliría pues el hombre de esa promesa ya había hecho su vida.
Sasuke Uchiha había vuelto al pueblo que lo vio nacer solo para descansar de la ciudad y de sus propios problemas, pero él nunca pensó que volvería a encontrarse con aquella chica a la que había amado por mucho tiempo.
Sakura no sabía que el destino le tenía preparada una sorpresa, la cual la haría pasar la mejor navidad de su vida.
Un milagro de navidad…
—Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, le pertenecen a Masashi Kishimoto pero la historia es de mi total autoría. Lea bajo su propio riesgo y si la historia no es de su agrado, no la lea. Simplemente no vaya por ahí arruinando el trabajo de otro con su envidia. Gracias :)
—Advertencias: Lemmon — OOC — Lenguaje Explicito — Angustia — ¿?
—Rating: M (+18)
—Notas: Esta historia fue escrita en formato original y fue publicada en Wattpad, más adelante los detalles, lo que quiere decir que algunas cosas resultaran, extrañas, digamos, el cambio de los personajes y el ambiente por igual. Por eso señale las advertencias para que esté enterada (o) y no se sorprenda cuando este leyendo.
—Posdata: Puede que la historia este publicada por completo en la página original pero muchas cosas cambiaran por la adaptación.
—Historia Original: «La Mejor Navidad de Todas» por «Denisetkm» en «Wattpad»
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Capitulo 1
Cinco Días Para Navidad — 1er Día
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*—Sakura:
Cinco días.
Faltaban cinco días para navidad y aun no podía acostumbrarse a la melancolía que la embargaba cuando estas fechas se acercaban.
Soltó un suspiro y se acomodó en un sillón en su consultorio.
Era lo mismo cada año, a veces iba a fiestas que hacían sus amigos o compañeros de trabajo, pero no era lo mismo que estar en una fiesta familiar, sintiendo su cercanía. Dada estas circunstancias y como huraña que era, a veces terminaba yéndose un poco antes de las fiestas, es que no podía ver a sus allegados con sus parejas y familiares sin sentirse afligida, verlos era como si le estuvieran clavando una estaca en el corazón.
Miró por la ventana de cristal, viendo que estaba oscuro. Cuando observó la hora en el reloj de pulsera en su muñeca, se sorprendió de ver que eran cerca de las diez de la noche.
¿De qué se sorprendía? Sabía perfectamente que cuando estos días festivos estaban cerca, tendía a pasársele el tiempo trabajando y pensando en el pasado. Además, como no había nadie quien la esperaría con los brazos abiertos, a veces se quedaba haciendo turnos en el hospital y ayudando a los demás. Su trabajo a veces la hacía olvidarse de lo sola que estaba y agradecía haber estudiado medicina, esto consumía todo su tiempo.
Sakura Haruno suspiró.
Era lo mejor, pues simplemente no quería pasar su tiempo haciendo cosas tontas y la gente en aquella época del año era eso lo que hacía. Se olvidaban de las prioridades del día a día, olvidándose del trabajo y de otras cosas importantes. Sakura odiaba eso y el caos que se armaba en el hospital donde ejercía durante esas fechas.
De mañana en adelante, el caos comenzará a reinar por la ciudad con más énfasis que los días posteriores.
Chasqueó la lengua y se dijo que era mejor que se fuera a hacer algo, pues, estar de ociosa le hacía pensar en la estúpida época navideña y en todo lo que traía consigo. Si, ella odiaba la navidad, aquella época festiva que llenaba a todos de felicidad, armonía y amor, lo admitía.
A diferencia de los demás, no la veía así. Para ella era como una temporada negra, solitaria y triste. Odiaba la navidad porque esa época la había marcado varias veces su vida, ofreciéndole trágicos sucesos como si fuera una bendición cuando era todo lo contrario.
Su mano viajó hacia su vientre, pero la dejó caer rápidamente.
Se dijo que no iba a evocar esos eventos, pero una vez que comenzaba, no podía detener su cerebro de seguir. Se maldijo mientras agarraba su cabeza con sus manos, tratando de bloquear todo, pero fue una acción fallida.
Recordó cómo estos eventos sucedidos en su vida, los cuales la habían marcado, la habían hecho detestar la época con tanto ahínco que ya todos sabían lo mucho que odiaba la misma y no trataban de hacerla cambiar de parecer.
¿Cómo podría amar la navidad si le habían pasado tantas cosas malas? Solo un individuo demasiado positivo de la vida vería la navidad diferente y ella no era para nada una persona positiva.
Su vista se plantó en su mano derecha, en donde reposaba, desde hace varios años, los anillos de casados de sus fenecidos padres y en la muñeca, una estúpida pulsera de hilos que aún no había visto su fin. Miró con desprecio la pulsera en su muñeca.
¿Por qué seguía teniendo esa basura allí todavía? Era un regalo que le había hecho su ex novio, quien creyó que era el amor de su vida y que estaría por siempre a su lado.
Una carcajada ironía salió de lo más profundo de su ser y lanzó la otra mano para quitarse la estúpida pulsera, pero se detuvo y la dejó reposando allí. A pesar de que este ex novio la había abandonado, Sakura aún conservaba la pulsera por simple creencias, que ella, como una persona de ciencia, no debería de estar de estúpida creyendo.
Ladeó la cabeza. Debería dejar esa estúpida creencia que tenía y que la había hecho llevarla desde el momento que se la entregaron en su muñeca. Su ex novio no cumpliría su promesa, sabía que este no regresaría a aquel pequeño pueblo sin progreso.
Procedió a quitársela, diciéndose a sí misma que debería liberarse de aquel recuerdo doloroso de una vez por todas, pero cuando se la estaba quitando, tocaron la puerta de su consultorio y luego esta se abrió impetuosamente. Sakura miró hacia allí. Una mujer con el pelo rubio platinado entró rápidamente en el consultorio y se acercó a ella sonriente.
—Hola Sakura —saludó la recién llegada.
No pudo evitar hacer una mueca al ver a su amiga de infancia, Ino Yamanaka. Ino sonreía tan alegre que cualquiera se empaparía de su alegría, pero no Sakura, por más que su amiga lo intentara, no podía sonreír como ella.
Aun así, la mueca que hizo, a Ino le había parecido una sonrisa. Esta se sentó en una de las butacas frente al escritorio de Sakura y se inclinó.
—¡Vamos! —exclamó Ino—. Sonríe con ganas, Rosita Fresita —dijo con diversión mientras la llamaba por el apodo que habían utilizado hacia ella desde que era una mocosa, todo por su nombre y por el color de su pelo que era un rosa suave natural. Algo estúpido y Sakura pedía que ya no la llamaran así sus allegados, pero Ino, seguía insistiendo.
—¿Cuándo vas a dejar ese apodo tan infantil? —preguntó cansada mientras clavaba su mirada de color verde en la azul celeste de Ino.
—Ya te he dicho que solo lo dejaré cuando me muera, Sakura —bromeó Ino, pero la broma no llegó a la mencionada. Odiaba cuando la gente bromeaba con su muerte como si fuera nada y Ino sabía que odiaba estas cosas.
Ino se dio cuenta de lo que dijo e hizo una mueca.
—Lo siento —se disculpó su amiga con pesar.
Bueno, no había problema, pero que no volviera a bromear con esto. Sabía que no era del agrado de Sakura. Se encogió de hombros, restándole importancia, porque al final, ya no había razón para hacer un escándalo por ello, al final, todos iban a morir.
—Está bien —aceptó—. De todos modos, algún día todo el mundo va a morir—dijo sin tacto y observó como su amiga la miraba con mucha sorpresa.
—¡Sakura! —exclamó Ino unos momentos después— ¡Por Dios! ¡Se un poco positiva! —gritó viéndose horrorizada.
¿Qué? Era la verdad. Como mujer de ciencia, no podía estar pensando que la vida era eterna. Todos pasábamos por aquí rápidamente, deteniéndonos un poco para lograr ciertas metas en nuestra vida, pero al final, la meta final era la muerte. Aunque se lamentaba de la muerte de sus padres, sabía que, si estuvieran vivos, al final, estaría perdiéndolos por igual.
Sakura hizo un ademán de manos.
—Es simplemente la verdad, es el ciclo de la vida —dijo sin importancia.
—Ya entiendo porque estudiaste medicina —comentó Ino dejando su despegamiento—. No le das mucha importancia a la muerte —dijo con dureza.
Sakura arqueó las cejas. ¿Qué tenía que ver eso con lo otro?
—¿Ah?
—No te sorprendes cuando ves a una persona sangrando o muriendo —murmuró su amiga encogiéndose de hombros.
La verdad es que, si se sorprendía, solo a veces. Cuando vio la primera persona en emergencias fallecer, recordó la muerte de sus padres y se sintió horrorizada por varios días, pero el trabajo de campo te hace duro, al final te endureces tanto que tratas de que esto no te afectara lo suficiente, pero Sakura si podía decir que había algunos casos que le sorprendían.
—Es porque estoy acostumbrada —comentó Sakura con la misma paz de antes.
—Debes de ser un poco más sensible, si sigues así, nunca encontrarás pareja.
Sakura le dio una mala mirada a su querida amiga y esta se rió nerviosa para luego murmurar una disculpa. Sakura suspiró e hizo un ademán de manos, restándole importancia. Así era su amiga, una mujer sin tacto y demasiada directa, pero aun así Sakura la quería mucho.
Le dio una larga mirada a esta. Ino comenzó a jugar con el final de su coleta rubia, cosa que hacía cuando soltaba uno de sus comentarios que cruzaban la línea. Por más pasada de la raya que fuera, Sakura la amaba como quiera. Siempre había estado allí a su lado. Aunque no estaba siempre, pues tenía sus prioridades con su familia, pero, aun así, estaba allí y Sakura se lo agradecía mucho.
Ino era una mujer tan vivaz que era difícil odiarla. Era tan feliz, pero era obvio que debía de estarlo. Estaba casada con un buen hombre y había formado una hermosa familia con este. Sakura admitía sentir de vez en cuando envidia por lo que tenía su amiga, porque en el fondo, muy raras veces deseaba tener lo mismo, pero dudaba que algún día lo tuviese. Todos en el pueblo la conocían como la Huraña Sakura y los hombres de su edad, de los cuales podría ser pareja, o estaban casados o ni vivían allí.
Soltó un pesado suspiro. Por eso odiaba la navidad, solo en esta época era que se sentía de esa manera, tan solitaria. Los demás meses del año lo pasaba sin problemas y sin pensar en su soledad. Solo esperaba que esta vez, la festividad pasará pronto.
—Sakura… —escuchó que su amiga la llamaba.
Fijo su vista en su compañera.
—¿Sí? —preguntó Sakura con las cejas arqueadas.
—¿Por qué te la estabas quitando? —preguntó Ino mirándola seriamente.
¿Quitando? Sakura arqueó las cejas un tanto confundida y su vista rápidamente se desvió hacia la pulsera de hilos en su muñeca. Ah, a eso se refería. Sakura trató de volver a atarla, pero se detuvo. Quizás debería hablar con su amiga de esto seriamente. No podía seguir usando algo por una promesa o por una estúpida creencia.
—Creo que ya debería deshacerme de esta —le informó a su amiga y Ino ahogó un quejido.
—¡No puedes! —exclamó— Tienes años con ella y déjame decirte que está muy bien hecha —le dijo y Sakura asintió.
Otra pulsera de hilos estaría desgastada después de tanto tiempo, pero esta seguía intacta. Los hilos de color negro y rojo debían de ser de muy buena calidad y la persona que la había hecho, debió usar mucha fuerza para atarlos estéticamente. No había un hilo fuera de su sitio.
—La pulsera que Itachi me regaló hace tiempo que murió, pero la tengo guardada en mi baúl de recuerdos, bueno al menos los retazos de ella —escuchó que Ino continuaba.
Sakura recordó que cuando estuvo saliendo con el chico que dijo ser el amor de su vida, el hermano mayor de este estuvo detrás de los huesos de Ino. Antes de que ambos chicos decidieran abandonar la ciudad que los vio nacer para buscar un mejor porvenir, Itachi Uchiha le obsequió una pulsera de hilos de color negra y azul a Ino mientras que Sasuke Uchiha, quien había sido el novio de Sakura, le entregó la que todavía llevaba en la muñeca.
—…es algo raro que aun la pulsa esté viva —continuó Ino sacando a Sakura de sus pensamientos—. Con todo lo que ha pasado.
Sakura asintió. Había pasado de todo en su vida, pero la pequeña perra seguía intacta en su muñeca, como si nada hubiera pasado. ¿De qué diablos estaba hecha? ¿Era con el cabello de un demonio o algo así? Quizás estaba bañada en agua bendita y no lo sabía.
—Creo que deberías dejártela puesta —sugirió Ino y Sakura dejó de mirar la pulsera para enfocar su vista en su amiga.
¿Por qué debería hacerlo? ¿Por qué debería seguir usando esa estúpida pulsera?
Sakura había estado usando aquel objeto por casi 10 años, llevando con ella una promesa que le había hecho el amor de su vida. Recordaba que cuando Sasuke se la obsequió y la colocó en su muñeca, él mismo había dicho que volvería por ella y la sacaría del pueblo para que vivieran juntos.
Una risa irónica salió de ella. Sasuke no volvería al pueblo. ¿A qué? Había escuchado de los chismosos del pueblo cuando este se casó y cuando éste fundó una exitosa empresa. Un hombre de su calibre no volvería a un pueblo que no tenía futuro. Podía ser el lugar que lo vio nacer, pero era solo eso. Su familia hacía años que se había ido de aquel lugar y lo único que quedaba era su vieja casa.
Él nunca volvería a aquel pueblecito y menos a estar con ella. Sonrió sin ganas.
Ni siquiera volvió cuando ella…
—Ino estás tan equivocada —le dijo a su amiga saliendo de sus pensamientos y tratando de no tocar esa parte de su pasado—. Aquella promesa murió cuando Sasuke se casó e hizo su vida. Además, es de tontos pensar en una promesa tan tonta como aquella, éramos jóvenes y los jóvenes siempre hacen cosas tontas —Sakura se encogió de hombros restándole importancia, como a todo en su vida.
—Si, pero, aunque se haya casado, sé que has pensado en Sasuke volviendo a tu vida y… —comenzó a decir Ino.
—¡Basta! —exclamó Sakura interrumpiéndola—. Deja de soñar tanto, ¿sí? —le espetó con dureza, pero alguien debía de ser el adulto allí y dejar de pensar en promesas de adolescentes.
Sasuke no iba a regresar, ni por más que lo soñara ni lo deseara. Además, habían pasado diez años. Era estúpido seguir aferrándose a una promesa de tanto tiempo. La vida pasaba y cambiaba, y mucho. Ya no era la joven de ese entonces y estaba segura que Sasuke tampoco debía de ser aquel chico que la había cautivado desde la primera vez que lo vio.
—No puedes predecir el futuro, Sakura —murmuró Ino.
No, no podía, pero de algo estaba segura. Sasuke no iba a regresar y si lo haría, no sería por ella. Lo sentía, pero esa era la maldita realidad.
Sakura bajó la vista hacia la pulsera y en un arrebato comenzó a quitársela ante la mirada sorprendida de Ino. Cuando la tuvo fuera de su muñeca, se la lanzó a Ino.
—Guárdala con la otra, ¿sí? —le dijo cuando Ino la atrapó en el aire.
—No puedes hacer esto, Sakura —se quejó Ino y Sakura alzó una ceja. Si, ella podía hacerlo—. ¿Acaso no te has dado cuenta de que cuando te quitas la pulsera pasan cosas malas? —le recordó. Sakura movió la cabeza. Era solo estúpidas creencias de su amiga. Decía que cada vez que se quitaba la pulsera algo malo le pasaba. Eran solo coincidencias. Solo eso.
Sakura se mordió los labios.
No iba a ser supersticiosa como Ino, pero recordaba que la noche en que ocurrió la muerte de sus padres, había hecho una rabieta y se había quitado la pulsera. Esa noche sus padres tenían previsto ir a una cena de navidad y ella se había negado acompañarlos, consiguiéndolo. Murieron por un accidente de coche esa misma noche. Se preguntó qué hubiese pasado si hubiese ido con ellos. ¿Estaría muerta ahora mismo?
Además de ello, podría agregar que tampoco tenía la pulsera cuando sufrió el accidente en el parqueo del hospital. Este sucedió la misma noche de navidad y fue chocada por un hombre borracho que había llevado a su mujer igual de borracha a urgencias. Aunque no se había culpado al hombre por querer salvar la vida de su esposa, había sido casi causante de su muerte. Había durado en coma casi tres meses desde navidad hasta principios de marzo porque su cabeza había sufrido por el accidente.
Gracias a Dios que ya estaba mejor, pero había sufrido demasiado en dicha época y por ende no le gustaba tanto. Además, volvía a repetir, no tenía familia para estar disfrutándola.
—Estás loca —le dijo Sakura respondiéndole a lo de antes, pero sabía que se equivocaba al decirle aquello.
Sabía lo que su amiga le estaba diciendo, cuando hacía alguna rabieta, cuando pensaba sobre el pasado y se quitaba la pulsera ocurrían cosas malas. Quizás… Quizás esta está bendecida de alguna manera.
Sakura extendió la mano hacia Ino y esta rápidamente le dio el accesorio de regreso. Sakura le dio una mirada cansada mientras se preguntaba por qué debía conservar aquello que tanto le hacía recordar a su amor perdido.
—No debes quitártela Sakura —dijo Ino—. Es un recuerdo de Sasuke que siempre te protegerá, además de que, no sabemos si algún día regresará a ti.
¿Regresar a ella? ¿Un hombre casado y con su vida hecha lejos de aquel pueblucho de mierda? Quiso reírse, pero para no tener a Ino reclamándole una vez más, prefirió aguantar las ganas.
—Ya entendí —le dijo a su amiga.
—Esta pulsera es como un amuleto y te ha salvado —murmuró su amiga y cuando Sakura alzó la mirada observó que esta estaba llorando—. ¿Recuerdas cuando iban a desconectarte? —preguntó Ino y Sakura arqueó las cejas. Era obvio que no lo recordaba porque estaba perdida en su mundo. Ino se fijó en lo que dijo y se rio como tonta—. No me refiero a recordar directamente, pero te aclaro la mente. Cuando nos informaron que la hinchazón en tu cabeza no bajaba y que, si seguía así, tendrían que desconectarse, yo te coloque la pulsera y rece por ti durante tres días —Ino cerró los ojos—. Como si fueras Jesús, al tercer despertaste.
Sakura movió la cabeza.
Sakura entornó los ojos. Ino siempre contaba esa historia. Era cierto que había despertado de la nada, pero no creía que fuese por una estúpida pulsera. Era una mujer de ciencia y sabía que todo proceso médico tenía su explicación. Su cuerpo simplemente comenzó a asimilar la medicina y luego empezó a sanar.
—De acuerdo —aceptó mientras volvía a colocar la pulsera alrededor de su muñeca para calmar la ansiedad de Ino que se preocupaba tanto por ella. Su amiga siempre lloraba por ella mientras que Sakura ni siquiera se inmutaba en hacerle caso a Ino. Era una mala amiga.
Sakura alzó la muñeca.
—¿Contenta?
—Así me gusta —dijo Ino levantándose de la silla—. Ya me tengo que ir, mi turno terminó. Tú también vete, Sakura, te ves muy cansada —señaló esta y Sakura decidió asentir para no llevarle la contraria a su amiga. Era lo mejor.
Además, tenía razón esta vez. Se sentía cansada y con muchas ganas de dormir hasta el mediodía. Tal vez debería pedir el día libre de mañana. Ino se acercó a ella y le dio un abrazo, se despidió de Sakura y se fue. Sakura hizo lo mismo, guardó sus cosas y se fue del hospital.
Condujo con una mirada desolada hasta su casa. No podía evitar sentirse triste de vez en cuando, aunque no lo quisiera, pero en el camino veía como en las otras casas y otros establecimientos, se sentía el espíritu navideño. Quizás debía también buscar ese espíritu.
Sonrió, Ino la había puesto positiva otra vez, esperaba que aquel positivismo durará hasta finales de navidad. Tal vez debería ir mañana de compras. Si, debería comprar algunas cosas nuevas para la casa y darle un poco de luz a esta. Darle ese espíritu navideño que los demás tenían.
¿Qué rayos había pasado? ¿Acaso estaba olvidando poco a poco el dolor que le traía esta época? ¿Era eso?
Bueno, fuese lo que fuese, estaba haciendo un poco de efecto en ella y algo le decía que debería avanzar.
Aparcó frente a su casa, la cual se veía tan oscura y tan tenebrosa pues todas las luces estaban apagadas. Debería dejar las luces encendidas o pedirle a alguien que las encendiera mientras estaban en el hospital. Como era un pueblo pequeño y todos se conocían, no había robos ni malhechores. Había mucha solidaridad entre los habitantes. Esto era lo bueno de vivir en un lugar como aquel. Además de que no había el ruido que existía en la ciudad. Esto era lo que le gustaba de allí.
Hizo un mohín cuando por la ventanilla del auto vio la nieve apilándose en su jardín. No había tenido tiempo para limpiarlo porque no le había importado, pero ahora que tenía el espíritu positivo, tal vez debería pagarle a alguien para que lo hiciera. También, podría comprar algunos venados de luces y colocarlos allí. Se verían bien con la casa.
Quitó sus llaves del contacto y salió del vehículo. Mientras hacía una lista mental de cosas que comprar, intentó caminar hacia la casa, pero ni bien dio un paso, algo la hizo detenerse cuando su cuello fue jalado hacia atrás.
Se volvió hacia atrás. Su bufanda estaba trancada con la puerta de su destartalado auto. ¿Cómo no se había dado cuenta?
Sonrió, era una tonta. Comenzó a tirar lentamente de la bufanda, pensando que saldría fácilmente, se equivocó. No iba a salir. Buscó las llaves en su abrigo para desbloquear el vehículo y cuando la llevó hacia el agujero de la puerta, cayeron, así de simple.
Sakura iba a soltar un improperio, pero se contuvo.
—Actitud positiva. Actitud positiva —se dijo a sí misma animándose a mantener el espíritu positivo.
Se inclinó a buscarlas, pero sus manos fueron tan estúpidas que la movieron hasta debajo del auto. ¡Oh no!
—¿En serio? —gritó en voz alta mientras miraba al cielo. Cuando se decía que iba a ser más feliz, el mundo conspiraba para que fuese lo contrario. ¿Es que acaso quien sea que movía los malditos hilos del destino no quería verla feliz? Dios que le diera paciencia porque no tenía.
Ya que no podía tomar las llaves debajo del auto porque tenía la bufanda estancada en la puerta y para librarse de esta tenía que sacarla primero, lo que Sakura intentó fue tirar más de esta para ver si salía del auto. Comenzó a tirar otra vez de la bufanda, pero la maldita que era de lana y muy cara, no quería salir.
Soltó un improperio en voz alta y tiró de ella una vez más, pero por la fuerza, además de quedarse sin bufanda quedó tirada sobre el frío y húmedo suelo por la nieve derretida. Tanto como su ropa y como su cabello se llenaron de nieve y maldijo al cielo.
Ya entendía. Era uno de esos días de perros. Todo ese positivismo no sirvió para nada. El cielo se la jugaba para que continuara odiando todo a su alrededor.
¿Acaso Dios estaba en contra de ella? ¿La odiaba? ¿Por eso le pasaban tantas cosas horribles? Y ella que había pensado tan positivamente hace unos minutos, pero no, como siempre, todo era un caos.
No quería llorar, pero sin darse cuenta, las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos. Sus sollozos se hicieron evidentes. Cuando trataba de arreglar las cosas venía el destino y lo embarraba todo. Odiaba esta mierda. Solo quería ser feliz. Estar tranquila hasta que llegara el día en que tuviera que abandonar este plano terrenal. Seguramente terminaría en el infierno por ser tan poco creyente.
Maldita sea. Ya no aguantaba su vida. Todo le salía mal.
De mala gana, se puso de pie. Ahora estaba tan cansada y le dolía la cabeza. Su trasero le dolía por igual. Solo quería darse una ducha caliente y entrar en la cama. Tal vez mañana sería un mejor día.
Se rió. Lo dudaba.
Dejó de sollozar y comenzó a limpiarse un poco, o al menos trató, porque tenía el abrigo todo sucio y este solo se limpiaría si lo llevaba a la tintorería.
—¿Estás herida? —escuchó una voz varonil profunda preguntarle.
Sakura negó con la cabeza rápidamente, pero luego se quedó petrificada.
Espera un momento.
—Es interesante como tu pelo sigue viéndose tan hermoso a pesar de los años, Sakura —continuó la misma persona mientras Sakura se tensaba al reconocer dicha voz. Lentamente, comenzó a girarse hacia el lugar donde venía la voz para ver una figura masculina a unos pasos de ella.
El corazón de Sakura se detuvo y sus ojos se abrieron como luna llena al reconocer la figura frente a ella. Su cabello seguía siendo igual de negro que siempre y sus ojos seguían brillando como ese brillo peligroso de antes.
Se llevó una mano al corazón.
No pensó que volvería a encontrarse con dicha persona. Solo lo habían mencionado varias veces, pero parecía ser que lo habían invocado. Si, definitivamente había invocado a la persona que había anhelado por años, aquella que se fue, su primer amor y el hombre que le rompió el corazón.
Sasuke Uchiha.
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*—Sasuke:
Nunca pensó que estaría regresando a aquel lugar en su vida.
Se bajó de su todoterreno del último modelo y caminó hacia aquella casa que tantos recuerdos le traía. No tenía nada que buscar en dicho lugar. Sus familiares ya no vivían allí pues se habían mudado todos juntos a una ciudad más próspera hace varios años.
Sonrió. Bueno, no es que quisiese decir que aquel lugar no era próspero, pero no se podía comparar a la gran ciudad donde había hecho su hogar por casi 10 años con aquel pueblo donde estaba ahora mismo.
Abrió la puerta de la casa y entró. Aunque la casa había sido habitada por una familia diferente, aún conservaba el olor de antes, a canela y manzana, como los pasteles que hacía su madre. Quizás solo era su mente evocando el olor.
Una triste sonrisa surcó sus labios mientras rememoraba esos viejos tiempos, cuando todo había sido tan diferente. Movió la cabeza y dejó de recordar los viejos tiempos para después cerrar la puerta. Tomó su maleta de viaje y la movió para dejarla al lado de un sofá.
Sasuke Uchiha extendió los brazos al aire. Se sentía cansado. Había conducido hacia allí en un viaje de 7 horas y su cuerpo le estaba pasando factura ya. Debería dar un recorrido por la casa antes de irse a la cama.
Sasuke se tomó su tiempo recorriendo su vieja casa y recordando en cada esquina buenos momentos vividos allí. Lo que más ayudaba era que un viejo amigo restaurado había sido la persona que había amueblado la casa luego de que los antiguos inquilinos se mudaron. Con las fotos que Sasuke le había hecho llegar al mismo, este había hecho un trabajo magnífico encontrando muebles parecidos a los que se usaron cuando vivía aún allí. Incluso, llámenlo mentiroso, pero la había dejado casi igual, solo unos pequeños detalles insignificantes daban la diferencia que solo su familia y él notaría.
Luego de recorrer su viejo hogar, decidió sentarse al fin en el mullido sofá de su sala. Extendió sus largas piernas cubiertas por el pantalón del traje formal de color negro que llevaba ese día. Estaba hecho polvo. Ese viaje de 7 horas al pueblo lo había matado y solo lo había hecho porque deseaba llegar a este esa noche.
Bueno, sumándole a esto, tampoco había querido pasar una noche más bajó el mismo techo de su esposa. Hizo una mueca. La casa que había compartido con su ex esposa. Así sonaba mejor.
Cerró los ojos y se preguntó a sí mismo.
¿Qué había estado pensando antes?
¿Dónde había tenido la cabeza?
Espera, aun mejor, ¿había pensado con la cabeza correcta?
Una ronca risa salió de su ser.
No, no había pensado con la cabeza sobre su cuello, más bien con la cabeza que estaba en el medio de sus pantalones.
Es que cualquiera con dos dedos de frente se hubiera dado cuenta de lo arpía que había sido, o, mejor dicho, que era su ex esposa.
Karin había sido toda una diosa, un ángel del cielo cuando la conoció en sus años universitarios. Si, había sido todo un ángel, solo que era como Lucifer, un ángel caído.
¿Cómo no lo había venido venir? Había estado tan ciego, había estado tan… ¿enamorado? No, se dijo que aquello había sido un encaprichamiento, sólo había sido una forma de olvidar viejos amores. Tanto así que se dejó llevar por unos largos años hasta que terminó casado con ella.
Lo que no entendía es que, como él, un hombre tan inteligente, se había dejado cegar y no había visto el monstruo que era su ex esposa. Karin era una mujer interesada que solo le importaba el dinero y que solo se había acercado a él en la universidad con la intención de vivir una vida buena.
Movió la cabeza e intentó despejar sus pensamientos. Había venido a este pueblo a olvidar a Karin, de la cual se había librado por fin esta mañana al resultar su divorcio al fin efectivo. Ni bien le comunicaron esa gran noticia, Sasuke puso en marcha sus planes, tomó sus maletas y su auto y condujo hasta allí.
Sabía que mañana la prensa estaría loca con la noticia del divorcio de ambos. No le importaba. Esos chismes dudaban que llegaran a este lado del mundo tan alejado y tranquilo. Era el mejor sitio para ocultarse y relajarse hasta que las aguas se calmaran. Además de ello, podría disfrutar de las pascuas en este pintoresco lugar.
Había sido una buena decisión.
Sasuke soltó un suspiro y se puso de pie.
Pensar en su ex esposa le quitó el cansancio y el sueño. Además, si se dormía ahora, estaría soñando con ella por haber pensado en la misma recientemente. Era mejor que aclarara sus pensamientos dando una vuelta por el pueblo. De todos modos, debería comprar cena para esta noche.
Agarró la maleta y la llevó al segundo piso para no dejarla allí en su sala. Entró al cuarto principal que antes había sido el de sus padres y que ahora iba a ser suyo mientras estuviera allí. Dejó la maleta sobre la cama con dosel para buscar ropa más cómoda en esta, ya que tenía este traje desde tempranas horas.
Retiró de su cuerpo el traje hecho a su medida y de una buena marca y decidió colocarse un jersey oscuro y unos vaqueros que habían visto otro color, pero eran tan cómodos que Sasuke, aun con el dinero que tenía, no quería deshacerse de estos. Se calzó unas botas para la nieve y luego se colocó el mismo abrigo de cachemir de antes.
Cuando estuvo listo, bajó y salió de la casa.
El viento frío de la época le golpeó la cara y se arrepintió de no ponerse un gorro, pero no iba a regresar sobre sus pies. Comenzó su caminata por aquel pueblo lleno de recuerdos.
Los recuerdos iban y venían. Recuerdos como su primer beso, su primer partido, sus salidas nocturnas, saltaron en su mente. Se detuvo frente a una cafetería, la cual frecuentó durante sus años de juventud. Oh sí, recordaba esas tardes con su grupo de amigos en aquella cafetería.
Sasuke se acercó por el cristal para mirar dentro del lugar. Era increíble como la fachada seguía siendo igual que hacía diez años. Aunque bueno, era muy raro que en pueblos pequeños los sitios cambiarán. La urbanización llegaba poco a poco a estos lugares.
Una sonrisa apareció en su rostro. Si pudiera, Sasuke se encargaría de reformar aquel lugar, pero éste perdería su toque pintoresco y era mejor dejarlo así. Además, le traía buenos recuerdos y si eso era él, estaba seguro que otros que ya vivían allí se sentían igual.
Siguió caminando por los lugares que había frecuentado en un tiempo atrás, incluso llegó a un área donde habían vivido la mayoría de sus viejos amigos. Aunque a algunas casas le habían hecho algunos arreglos todas seguían igual que antes. El sentimiento de añoranza seguía creciendo dentro de él.
En su momento no había querido irse del pueblo, pues dejaba atrás a sus amigos y a personas importantes para él, pero por su porvenir había sido lo mejor. Solo que quizás debió de regresar al menos alguna vez. La verdad es que habían pasado diez años desde que se fue y no había vuelto a poner un pie hasta ese entonces. Había estado muy ocupado.
Continuó con su caminata hasta que escuchó como alguien se quejaba del universo en voz alta. Era una voz femenina. Sasuke rápidamente buscó el lugar de donde esta venia. Era una mujer luchando con su auto. Se acercó para ver mejor y verificar si podía ofrecerle su ayuda, pero mientras se acercaba, notó que dicha mujer se le parecía muy conocida, demasiado diría él.
La mujer cayó al suelo de un momento a otro y Sasuke se asustó, por lo cual saltó hacia ella para ayudarla, pero vio cómo en unos segundos la mujer se levantaba y comenzaba a sacudirse la nieve de su ropa mientras volvía a quejarse de todo.
—¿Estás herida? —preguntó Sasuke acercándose más y vio cómo, dándole la espalda, la mujer negaba con la cabeza.
Su cabello, el cual era de un rico y brillante rosa suave se movió ante la acción y Sasuke se dijo que ya no había distinción. Era ella y su corazón latió rápidamente al reconocerla. Perdió su control al recordar, como si fuera en cámara lenta, los bellos momentos que vivió junto a aquella mujer. Uno de estos recuerdos, fue como le había gustado acariciar su larga cabellera y decirle que deseaba que sus hijos salieran como ella.
—Es interesante como tu pelo sigue viéndose tan hermoso a pesar de los años, Sakura —soltó de repente y vio como la mencionada, al escucharlo, se tensaba.
Sasuke arqueó las cejas.
Eso sí que fue una reacción.
Lentamente, el rostro de Sakura Haruno se giró hacia él y al fin Sasuke pudo ver la hermosa cara de esta. La madurez le había sentado bien a aquella mujer. Algo que le encantó es que seguía teniendo esos grandes ojos verdes y sus generosos labios que en esos momentos estaban tintados de un suave tono rosa. Esos mismos ojos verdes se abrieron con sorpresa y lo miró como si hubiera visto un fantasma. Bueno, es lo que podía decirse de él. No había regresado por diez largos años y de la nada aparecía allí. Si, debía de ser sorprendente.
Puso su mejor sonrisa para saludarla después de tanto tiempo.
—Hola —murmuró, pero Sakura solo se rió como si fuera una psicópata para luego negar con la cabeza mientras retrocedía lejos de él.
—Lo que me faltaba —dijo en voz alta aun riéndose mientras que Sasuke solo la veía confundido. ¿Lo que le faltaba? ¿A qué se refería? Sakura miró hacia el cielo mientras abría los brazos—. ¿Acaso estás jugando conmigo? —preguntó— ¡Ya basta! ¡Deja de jugar conmigo! —le gritó, pero no fue a él, más bien, fue hacia el aire.
Sasuke no entendía su reacción. Si, era difícil tragarse la sorpresa de que estuviese allí después de tanto tiempo, pero no había que exagerar. Extendió una mano hacia ella para calmarla.
—Oye —murmuró Sasuke.
Sakura se alejó mientras negaba con la cabeza.
—No eres real, eres producto de mi mente —Sakura parecía en negación y Sasuke comenzaba a comprender porque actuaba así. Lo tenía merecido.
La mujer ante él se agacho a recoger algo del suelo, para después coger su bolso que también estaba sobre el asfalto y caminar hacia la casa oscura frente a ellos.
—Ino y sus cosas —escuchó que ella murmuraba el nombre de la cual Sasuke recordaba que era su vieja amiga.
Aún sorprendido por su reacción, Sasuke se quedó mirándola con las cejas arqueadas.
¿Acaso había dicho que no era real?
Se pellizcó a sí mismo y la acción le dolió. Oh si, si lo era.
Dio un paso hacia ella, siguiéndola por el camino de entrada lleno de nieve. ¿Por qué no limpiaba el lugar? Si seguía así podía tener otro accidente.
—Sakura —la llamó y su nombre salió tan grácilmente de su ser. Su mente evocó recuerdos, recuerdos que no quería tener en su mente ahora. Hizo algo muy malo en el pasado y al ver a Sakura, comenzaba a arrepentirse de ello. Es posible que el sufrimiento vivido con su ex esposa sea debido al karma—. Sakura —volvió a llamar y extendió un brazo hacia ella en el momento que la misma abría la puerta de su hogar—. Soy real —le dijo con una sonrisa.
Sakura lo miró con una mueca, una expresión que no pensó en ver en ella, ya que la que chica que recordaba había sido una masita de dulce y esta mujer, esta mujer no parecía ser la misma chica de antes.
—Estaba deseando que no dijeses eso —dijo Sakura para luego, tirar de su brazo con fuerza y entrar en su hogar. Literalmente le cerró la puerta en las narices, dejándolo allí completamente confundido. rápidamente abriendo la puerta y cerrándosela luego entre las narices cuando él había dado un paso adelante.
Sasuke sonrió y bajó la mirada hacia sus zapatos mientras se reía.
Sakura Haruno le había cerrado la puerta en las narices, a él,
Una mueca apareció en los labios de Sasuke. Bueno, de seguro estaba enfadada con él. Era de esperarse, habían sido novios en la adolescencia y cuando tuvo que irse del pueblo, le había hecho una promesa de que volvería por ella, algo que no había hecho, más bien, no la cumplió.
Suspiró. Se lo tenía bien merecido.
Miró hacia la puerta cerrada.
Quizás podía retomar la amistad que habían tenido antes de ser novios, se habían llevado bien y además de eso. Sasuke no quería regresar a la ciudad después que pasaran las pascuas sabiendo que tenían esa mala relación. Era mejor que arreglaran las cosas y así podía irse en paz.
Sasuke se dio la vuelta y se alejó de la casa caminando de nuevo a su vieja casa.
Lo haría, esta sería una de sus metas durante su estadía: arreglar las cosas porque no le gustaba deberle a nadie.
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*—Sakura:
No podía ser cierto.
Con su espalda pegada a la puerta cerrada de su hogar, Sakura se decía esto como si fuera un mantra mientras trataba de procesar lo sucedido hace un rato.
Era Sasuke. Sasuke Uchiha. Su ex novio, el primer amor de su vida y el hombre que la había dejado atrás.
¿Qué diablos hacía allí?
Sakura se quedó pegada de la puerta hasta que escuchó los pasos resonantes sobre el suelo de su jardín, dando a entender que la persona que había estado del otro lado de la puerta se había marchado.
Soltó todo el aire que había estado conteniendo y se cayó de rodillas.
No podía ser. Era él. No era posible.
Se agarró la cabeza con las manos, la cual le latía con dureza.
Estaba segura de que se había golpeado la cabeza al caer luego de tratar de sacar su bufanda. Si, debía de ser esto. Estaba desmayada sobre la nieve y por culpa de Ino, quien mencionó a Sasuke, se lo estaba imaginando allí.
Sakura se rió como tonta.
Claro, ¿Qué más podía ser? Sasuke Uchiha nunca estaría allí. Él era un multimillonario de renombre, estaba casado y tenía una empresa igual de millonaria que él. ¿Qué iba a buscar un hombre como Sasuke Uchiha en un pueblo tan atrasado como aquel?
Si, debía de ser esto.
Sakura se levantó lentamente del suelo y caminó nerviosa por la sala.
¿Cuándo se despertará de aquel sueño? ¿Cuándo? ¿Acaso aquello no había sido suficiente para sorprenderla?
Llevó una mano hacia su brazo y con dureza pellizcó un parte de su piel. La acción le dolió mucho y cuando retiró la mano, vio como su piel se enrojecía donde había pellizcado. ¡Oh no! No, no podía ser realidad. No estaba soñando, estaba en la mera realidad.
Sasuke había estado frente a ella luego de tantos años sin verse y estaba de regreso en el pueblo.
¿Cómo? ¿Por qué?
Espera.
¿Qué hacía él allí?
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Denisetkm - Kisses :*
—Si hay algun error, me avisan para arreglarlo al instante, a veces se me pierden algunas cosas cuando estoy editando— Gracias :)
