"Era un asesino hace mucho tiempo…."

Año 380 del Calendario del Imperio Humano: 21 de Octubre.

Era una mañana cálida en el pueblo de Rulid, la vista se podía apreciar hasta desde una distancia lejana. El cielo estaba despejado y azul. No tan alejado del pueblo de Rulid se encontraba el bosque; dentro del bosque se podía apreciar una pequeña cabaña junto con un árbol, con un gran hueco donde se podía ver a un dragón durmiendo. Al otro lado de la cabaña habían varios vegetales plantados, y entre otras cosechas, una chica se encontraba de rodillas recolectando. Tenía su cabeza encapuchada: era nada más y nada menos que Alice, que estaba recolectando los vegetales para la cena. Al terminar de ponerlos en su cesta, se puse de pie y dio un pequeño respiro. Entonces escuchó a alguien.

—¡Hermana! —dijo una voz familiar, por lo que Alice miro en la dirección de donde provenía. Pertenecía a su hermana Selka— Buenos días, hermana.

—Selka —Selka fue abrazar a su hermana Alice con mucha alegría, la cual, sorprendida, correspondió—. Hola, Selka. ¿Qué te trae por aquí?

—Como hace un buen día, quería ir a las colinas del este. Kirito y Saga también pueden venir —Alice, dudosa, miró un momento hacia la cabaña.

—En un día así, sería una pena quedarse en casa —respondió sonriendo.

Pero… Me pregunto si él querrá venir... —pensó la chica en aquel guerrero que la había apoyado en los últimos meses.

Más dentro del bosque, no muy alejado de la cabaña, se encontraba un joven talando madera ya cortada para hacer leña para la chimenea. Saga se veía diferente, llevaba puesta una camisa gris, con unas largas mangas blancas que se extendían desde sus antebrazos hacia sus muñecas; no llevaba puesto sus hojas, llevaba unos pantalones negros y su cabello era un poco más largo. Saga terminaba de cortar la madera y se limpió el sudor que estaba en su frente. Dirigió su mirada hacia el cielo, que hizo que en su boca se formara una leve sonrisa.

Adentro de la cabaña se encontraba Alice lista para salir a dar un paseo con su hermana, mientras preparaba a Kirito también, que aún no despertaba de su estado vegetal.

Alice ponía una bufanda alrededor del cuello de Kirito.

—Bien. Vámonos —dijo Alice con una sonrisa al terminar de ponerle la bufanda a Kirito.

La chica empezó a jalar de la silla de Kirito para sacarlo de la cabaña, pero en eso Kirito comenzó a hacer un sonido semejante a un jadeo.

—Ah, ah —Kirito extendió su brazo hacia las espadas que estaban colgadas en la pared. Al parecer Kirito quería llevárselas al paseo.

—Lo siento. Enseguida las traigo.

Alice fue a traer las espadas que estaban colgadas en la pared, tomó la espada de Kirito y después la espada de Eugeo. Se le quedó mirando por un momento y puso una mirada triste antes de que se las llevase a Kirito. Alice miró la espada de Saga por unos momentos, la cual hizo que se pusiera un poco más triste. Dio un suspiro y las colocó con cuidado entre sus piernas para que Kirito las sujetara con sus brazos.

—Sujétalas bien para que no se caigan.

Alice empujó la silla de ruedas saliendo de la cabaña con Kirito y su hermana para dirigirse hacia el bosque a empezar su paseo.

—¿No tienes frio? —le preguntó Alice a su hermana.

—Te preocupas demasiado, hermana —le respondió restándole importancia—. Con tanta ropa acabarás sudando del calor, ¿verdad, Kirito?

Kirito no respondió a la pregunta, lo cual hizo que Selka se pusiera un triste al ver su mirada perdida. La menor dirigió su mirada hacia el cielo donde había varios tragaluces por las ramas de los árboles.

—Seguro que Eugeo piensa lo mismo —de dijo a sí misma.

Los tres caminaron por unos momentos hasta salir del bosque. Se encontraron con un gran lago con varios árboles alrededor. También se podían apreciar unas colinas en el horizonte.

—Es precioso, mucho más que todos los cuadros que hay en la catedral. Este es el mundo que protegiste Kirito, junto a...

—Hermana...

Antes de que terminara Alice lo que iba a decir, vio a Selka, que le estaba hablando para mirar que estaba señalando hacia el lago, por lo que la chica rubia dirigió su mirada hacia donde estaba allí, y vio que había una persona familiar pescando en el lago. Esa persona era…

—Saga...

Seis meses atrás.

Saga y Kirito se encontraban en la consola donde se estaban comunicando con el mundo exterior. Por lo que estaban escuchando Ocean Turtle estaba bajo ataque, pero no estaban seguros de quién o como estaba la situación afuera.

¡Esto es malo! gritó Higa a través de la llamada Si cortan la línea principal de energía, se sobrecargará. El Light Cluster está protegido, pero no llegará corriente al STL de Kirigaya y su hermano, y se quemarán sus fluctlights.

Yo me encargo de bloquear esto dijo Kikouka—. Higa, dile a Tori que vaya a la zona superior con la profesora Koujiro y Asuna. Llévate a Kazuto y a Iori.

¿Asuna? dijo Kirito, alertándose.

Hay una explicación para eso —respondió Saga.

A sus espaldas, lo que no sabían era que Alice había recobrado la conciencia, pero aún estaba en el suelo; solo estaba mirando lo que hacían Saga y Kirito.

—¡No, van a cortar la corriente! —gritó Kikouka.

Un gran resplandor se generó en el cielo arriba de la catedral, seguido de una gran explosión, junto con sonidos de distorsión. La onda empezó a caer sobre todo el mundo de Underworld. La onda de impacto iba a caer sobre los dos hermanos, pero antes de que impactara sobre ellos, la espada de Saga empezó a brillar y se formó alrededor de él una barrera de energía dorada. La onda impactó a los dos chicos, los cuales fueron lanzados, y aunque aún estuviese protegido, Saga salió volando, así como Kazuto, cayendo inconscientes en el suelo.

¡Chicos! gritó Alice, que fue corriendo hacia ellos— ¡Kirito! ¡Saga!

La chica que se encontraba arrodillada al lado de sus compañeros les gritaba sin respuesta.

Si nos salvaron, ¡asuman la responsabilidad ¡Kirito! ¡Saga!

Alice estaba entre sollozos, lo que no sabía es que alguien estaba saliendo del hueco que había en el piso y se estaba dirigiendo a ella.

Kirito… Saga…

Saga empezó a recobrar la conciencia con gruñidos de dolor, y Alice se dio cuenta de esto, lo cual hizo que se aliviara un poco.

Gracias, Stacia Saga abrió sus ojos mientras se sentaba.

¿Qué pasó? preguntó Saga con unas pequeñas pausas, aún recuperándose del impacto, mientras que la chica rubia inmediatamente lo abrazó, dejándolo incluso más confundido.

Me tenías preocupada.

—¿Qué pasó? Alice dejó de abrazar al asesino y entre sollozos miró a Kirito

Tu hermano…

Saga, con temor, vio a su hermano, el cual tenía los ojos cerrados.

—¡Kirito! —Saga se acercó rápidamente— ¡Kirito! ¡Hermano, responde!

Saga le checó el cuello, comprobando si tenía pulso. Lo alivió un poco el notar que estaba vivo, pero aun así Kirito no despertaba.

Por favor, no me hagas esto, grandísimo idiota… ¡Despierta! ¡Despierta! Saga intentó desesperadamente reanimarlo con RCP, pero al ver que sus intentos eran en vano simplemente se detuvo y puso su cabeza en el pecho de su hermano, tratando de contener las lágrimas. Alice se acercó hacia Saga para acariciarle su espalda y tratar de consolarlo.

Señorita… —dijo una voz familiar.

—Señor Bercouli... —Bercouli estaba confundido al ver la escena. Ver que Alice estaba llorando mientras que el asesino estaba junto al cuerpo Kirito con la cabeza junto a su pecho; el otro chico estaba inconsciente en el otro extremo con una tela dorada en su torso.

—¿Qué pasó aquí?

Una hora después Bercouli convocó a todos los caballeros de la integridad restantes para una reunión de emergencia.

Estamos ante la mayor emergencia de la iglesia Axioma. La clérigo Mayor perdió contra tres espadachines y dejó el Imperio Humano.

—¡¿Cómo dices?! preguntó Fanatio, impactada.

No es posible... dijo Eldrie.

Y eso no es todo... Chudelkin está muerto y los dignatarios perdieron sus funciones — esto generó aun más tensión entre los caballeros.

—¿Por qué actuaron así los espadachines? Como si no temieran a los dioses dijo Eldrie, molesto.

—Porque la Clérigo Mayor planeaba transformar a la mitad de la población en un monstruo de espadas —respondió Bercouli seriamente.

¿La Clérigo Mayor planeaba algo tan espantoso?

Me cuesta creerlo dijo Deusolbert.

Maestro Bercouli, ¿dónde están los traidores? Debemos atraparlos e interrogarlos —comento un enojado Eldrie.

No tenemos tiempo para eso. ¿Qué creen que pasará si el Territorio Oscuro descubre lo sucedido? La batalla contra esos espadachines y el Territorio Oscuro redujo el número de caballeros. Nosotros solos no podemos repeler al Territorio Oscuro.

¿Y qué debemos hacer?

Primero hay que restaurar a la orden de los Caballeros de la Integridad, luego reorganizar y reentrenar a los Ejércitos de los Cuatro Imperios. Nosotros solos no somos suficientes e imagino que tienen mucho que decir, pero la prioridad es defender a los ciudadanos.

Entendido —respondieron al unísono los caballeros.

Bercouli les ordenó que regresaran a sus puestos, lo que no sabían es que estaban siendo escuchados por alguien desde el techo.

1 mes después

Año 380 del calendario del Imperio Humano: 9 de Junio.

Había pasado un mes después los acontecimientos de Quinella. Ahora había mucha más actividad en la catedral que en tiempos pasados. En los jardines de la Catedral había varias casas de campaña junto con varios estandartes con el símbolo del Imperio Humano, había varios escuadrones de soldados practicando sus habilidades y ataques con la espada mientras que sus respectivos caballeros estaban observando y entrenándolos. Alice se encontraba en uno de los pasillos principales de la catedral.

Tal vez tengan hambre —pensaba la chica cuando escuchó que alguien estaba hablando en uno de los salones de la catedral.

—¿Es verdad que están vivos los espadachines que se rebelaron? preguntó un chico en el salón.

Sí, aunque dos están en coma y el otro no ha hablado desde entonces —dijo el otro—. Es vital prepararse para la invasión del Territorio Oscuro, primero deberían ejecutar a esos traidores.

—¿En qué estará pensando el capitán Bercouli?

Al escuchar eso, Alice continuó su camino hacia la habitación donde estaban sus amigos, dándose cuenta de que la catedral ya no era segura para ella y sus amigos, por lo que sería necesario huir.

Lo que no sabía Alice es que estaba siendo escuchada por una persona colgada en los techos de los corredores. La persona encapuchada dirigió su camino hacia la ventana más cercana de la catedral, y entonces dio un salto en picada, y como estaba casi a la mitad de la Catedral, se dejó caer por unos instantes, para después abrir una especie de paracaídas, comenzando a planear hacia la Academia de Centoria.

Justamente cayó en el techo de los dormitorios de la academia, haciendo un silbido imitando un ave. Esperó unos momentos y escuchó un silbido similar al suyo, por lo que bajó del techo hacia la recepción de los dormitorios, encontrando a la maestra Azurika.

La persona encapuchada se quedó mirando por un momento a la maestra Azurika. Ella asintió con la cabeza, acercó una lámpara que estaba atrás de ella y la accionó hacia abajo como si fuese una palanca. Debajo de su escritorio se abrió una compuerta, revelando unas escaleras que llevaban hacia abajo. El encapuchado dio un salto encima del escritorio de la maestra y empezó a bajar las escaleras, mientras detrás de él la compuerta se cerraba automáticamente.

Cuando llegó a su destino, que era gran sala subterránea con varias personas dentro, la mayoría que usaba trajes blancos con capucha, había varios mapas dibujados a mano con distintas rutas trazados en ellos pegados en las paredes, mientras en los otros extremos de la sala había muñecos de entrenamiento, más uno para otras personas entrenando, ya sea en combate cuerpo a cuerpo o con la espada. La persona encapuchada se dirigió a una parte de la sala donde había una gran mesa con un mapa de toda la capital en ella. Alrededor se encontraba un rostro familiar.

Mentora dijo la persona, llevando la mando derecha a su pecho con el puño cerrado.

Ah, Latios, bienvenido de regreso —Krista se encontraba frente al chico. Tenía un rostro más maduro y con seguridad—. ¿Alguna novedad?

Casi lo mismo, mentora. Mucha actividad en la Catedral, los caballeros de la integridad están concentrados en entrenar a todas las tropas de los cuatro ejércitos —dijo Latios mientras se quitaba su capucha.

Ya veo, entonces nada ha cambiado.

Ha pasado un mes desde que están así, ¿no cree que ya es el momento de darnos a conocer, mentora? —preguntó una chica al lado de Krista.

No, aún no, Cecilia. Aunque ya haya pasado un mes desde que nos dieron la noticia de que la Clérigo Mayor cayó junto con todos los dignitarios, que a la vez perdieron sus funciones, desde en ese momento se nos abrió la habilidad de asesinar libremente y a la vez de operar con facilidad y expandirnos más en la capital. Aún no es el momento de darnos a conocer con los caballeros, hay que darles más tiempo, y a nosotros también.

Pero… ¿cree que nos acepten? ¿O seremos marcados como criminales y nos darán caza? preguntó otro chico chico que estaba en el otro lado de la mesa.

Ten fe, Lenny. El mismo Bercouli lo dijo, ellos solos no pueden contra el Territorio Oscuro, además de que logramos reclutar más asesinos a nuestra causa. No dudará en aceptar nuestra ayuda.

Pero Mentora… no somos un ejército, además de que no somos más de cincuenta, si hablamos de todos los asesinos que están esparcidos en toda la capital dijo Cecilia.

Mi querida Cecilia, alguien muy sabio me dijo alguna vez que los números no son lo que importan. Lo que importa es… Krista lanzó una daga hacia donde estaba Cecilia. Ella dio una voltereta en el aire para esquivarla y volvió a caer de pie mientras que la daga impactó en la paredLa habilidad… muy bien… je, je, je dijo Krista mientras que se reía. Cecilia también reía con ella, pero con un poco de nerviosismo—. Bien, ya saben cómo es esto. Entrenen a los nuevos reclutas, hagan sus rondas diarias, revisen con nuestros informantes si hay alguna novedad, si hay ciudadanos en problemas ayúdenlos. Recuerden, sólo asesinen cuando sea necesario. Aún no hay que levantar conmoción entre los ciudadanos y tener a los caballeros de la integridad en nuestra contra, no hasta que nos hayamos dado a conocer. Si un guardia o soldado los descubre no los confronten, usen acciones evasivas y escapen de su vista. Ah, y no olviden entrenar.

Mentora, también tengo noticias del Mentor… dijo Latios, temeroso, con unas pequeñas pausas

Al decir eso, hizo que en la sala todas las personas dejaran de hacer sus actividades y voltearon a ver hacia donde estaban Krista y los demás. El ambiente se puso tenso por unos momentos y con varias dudas, lo cual hizo que Krista levantara su mano para que regresaran a sus actividades.

—¿Qué sucede?

No, al parecer las cosas no están nada bien… Estaba en uno de los pasillos de la Catedral y vi que había una caballero en los pasillos, de cabello dorado como la luz de Solus esto hizo que captara más la atención de Krista, porque sabía de quién estaba hablando, provocando que se enfadara un poco, ya que aún no olvidaba ese día.

En eso escuché una conversación en uno de los salones de la Catedral. Unos estudiantes estaban hablando de los espadachines que pelearon contra la Clérigo Mayor, revelando que dos quedaron en coma, pero uno no, que no ha hablado en lo absoluto. Supongo que es… el Mentor. La cosa es que hablaron de que deberían ejecutarlos por alta traición, pero el otro le respondió que deberían concentrarse en entrenar para el ataque del Territorio Oscuro. Está en consideración que los ejecuten. La chica se marchó y se dijo a ella misma que ellos no están a salvo en la catedral y piensan huir de la, sólo que no menciono a donde irán. Pero Mentora, no estoy segura si se refería al Mentor con ellos. ¿Será que ella los estará ayudando? Si es así, entonces, ¿por qué? — esto comenzó a generar dudas en Krista.

Mentora, ¿cree que este sea el momento? O, ¿deberíamos ir a rescatar al Mentor? preguntó Cecilia.

No respondió Krista—. Sea lo que sea no, podemos arriesgarnos así, pero podemos estar seguros de una cosa: Si es que esa caballero está con ellos, aún no lo ha matado, por alguna razón, así que podemos asumir que el Mentor aún está a salvo así. Seguiremos con respecto al plan y no tomen decisiones arriesgadas sin consultarme, ¿entendido? Adhiéranse al plan.

Mentora, pero, ¿qué es lo que haremos con respecto a eso? Usted lo conoció más que nosotros, ¿tiene alguna idea de a dónde podrían huir?

Por ahora no haremos nada, una vez que nos demos a conocer yo iré a buscarlo y si sé exactamente a dónde podrían a ver ido Cecilia asintió con la cabeza y se retiró, mientras que Krista se quedó observando el mapa en la mesa, pensando mientras veía el pueblo de Rulid en él.

—Maestro... ¿Qué fue lo que le pasó?

Mientras tanto, en la catedral, Alice entró a la habitación donde se encontraban los chicos. Kirito estaba recostado en una cama mientras que Eugeo en otra; Saga seguía observando a su hermano, pensativo.

Saga… —le llamó la chica tocando su hombro.

Ah, hola, Alice, ¿qué sucede?

Mira, sé que sonará confuso, pero… tenemos que irnos de aquí… no es seguro… Saga la interrumpió, tomando la mano de la chica, que se encontraba sobre su hombro.

Lo sé… empezaré a empacar —Saga le regaló una sonrisa. La chica simplemente le regresó la sonrisa, lo cual la alivió un poco.

Al anochecer, después de haber empacado sus cosas y subido al dragón de Alice, Saga levantaba a su hermano con cuidado para que Alice lo sujetara mientras que él se llevaría abrazando a Eugeo, sujetando el sudario que tenía puesto.

¿Listos? preguntó Alice.

Todo listo —le respondió el asesino.

Alice levantó la cuerda de su dragón y él empezó a tomar vuelo mientras Alice miraba hacia atrás para apreciar cómo la Catedral se iba alejando poco a poco.

¿Todo bien?

Sí… es sólo… que se siente raro… ¿Y tú? ¿Cómo te sientes?

Bien, sólo espero que esta cosa no me vaya a tirar —Saga sabía que él no era del agrado del dragón de Alice, por lo que se sentía algo nervioso, generando que Alice se riera un poco.

Vayamos a Rulid, es mi pueblo natal y el de Eugeo. Tal vez allí nos acepten…

Esperemos que sí.

Si quieres puedes dormir, Saga, llegaremos al amanecer.

Gracias, Alice, trataré de estar despierto todo el camino.

Después de una noche de vuelo llegaron a Rulid. El Sol de Solus estaba saliendo en el horizonte. Alice aterrizó su dragón no muy cerca ni muy lejos de Rulid para no asustar a los aldeanos. Se puso su poncho café con capucha, después despertó a Saga. Se saludaron y empezaron a bajar a Kirito y a Eugeo, cargándolos cada uno en sus espaldas. Alice ordenó a su dragón que se quedara ahí por el momento mientras iban hablar con los aldeanos de Rulid, y después de treinta minutos de camino, llegaron a la entrada del pueblo.

—¡Esperen! Los extraños no pueden entrar al pueblo dijo un muchacho que se les acercaba por detrás, provocando que Alice y Saga se detuvieran y miraran a quien los estaba llamando.

El muchacho se estaba acercando a ellos, pero en eso notó a Kirito y a Eugeo en las espaldas de Alice y Saga.

Un momento…esos son... Alice y Saga se dieron la vuelta para revelar sus rostros, lo cual hizo que el muchacho se quedara en shockNo me digas que eres…

Soy Alice. Llama al alcalde. Gasupht Schuberg, por favor.

El muchacho no hizo más preguntas y fue corriendo a buscar al alcalde, dejando a ambos esperando un rato hasta que fueron convocados al centro del pueblo, mientras que varios aldeanos se acercaban a ver la situación.

—¿Crees que esto funcionará? —preguntó el asesino, sin respuesta.

De entre los aldeanos salió el alcalde Gasupht Schuberg, un hombre que parecía ser no tan mayor de edad, con cabello café y bigote, el cual se acercaba a ambos.

¿Alice? ¿Eres tú? —preguntó Gasupht.

Sí.

¿Qué haces aquí? ¿Perdonaron tu crimen?

Me arrebataron mis recuerdos sobre esta aldea como castigo, no sé si eso es suficiente pago por el crimen o no, pero ahora este pueblo es el único lugar al que puedo venir.

Saga estaba preocupado de lo que respondería su padre, quien tomó su tiempo para responder.

Lárgate... Saga quedó sorprendido ante esa respuestaNo podemos permitir que un criminal viva aquí.

La respuesta hizo que Alice se sintiera triste y decepcionada de que no fueron aceptados en el pueblo pero, a diferencia de Alice, Saga perdió la paciencia, mientras una ira reprimida recorría todo su cuerpo. Después de los eventos de Quinella, Saga trató de no perder la calma y su paciencia durante todos esos meses antes de llegar a Rulid, pero el escuchar la respuesta del padre de Alice fue la chispa que hizo que sacara toda su ira acumulada de todos esos meses. Saga puso con cuidado a Eugeo en el suelo con una velocidad increíble, tomó a Gasupht del cuello de su camisa y con su otra mano activó su hoja oculta y puso la punta en el cuello del hombre, el cual aún estaba procesando lo que acaba de pasar, comenzando a sentir miedo y terror en todo su cuerpo al saber que su vida estaba pendiendo de un hilo.

Escucha, bastardo, la he pasado de "maravilla" estos últimos meses antes de llegar aquí, solo buscamos un lugar para poder descansar de todo lo que hemos pasado, y al llegar aquí y rechazas a tu propia hija. ¡Tu propia hija! ¿Sabes lo que tuvimos que pasar para poder encontrarla? Ni siquiera tú… que eres su padre… No tuviste la voluntad ni el descaro de ir a buscarla por ti mismo, y nosotros, que en verdad apreciamos y queremos a Alice, la fuimos a buscar, y cuando por fin regresó a ti, ¿cuál es tu respuesta….? "Lárgate". No deberías llamarte su padre si es así… ¿Sabes qué? Debería… debería... —los ojos de Saga, que se habían enrojecido, se cerraron mientras respiraba y alejaba la hoja del cuello del alcalde.

Los aldeanos jadearon al ver que su alcalde podría hacer asesinado en frente de ellos. Alice también estaba sorprendida y temía la vida por su padre, pero a la vez había comprendido un poco toda la ira que tenía Saga.

Actualidad.

El viento seguía soplando, haciendo que se escucharan los pétalos de las flores. Alice seguía mirando a Saga, suspiró y cerró sus ojos.

—Hermana... —Alice miró a su hermana, que tenía una cara de preocupación y le regalaba una sonrisa para despreocuparla.

—No es nada, vámonos.

La respuesta de su hermana no la tuvo satisfecha del todo, Selka sabía qué tenía Alice en mente, pero no quería decirlo y continuar con su paseo, así que la chica se dio la vuelta y fue corriendo hacia donde estaba Saga.

Alice, al ver esto, trato de detenerla pero no pudo, sólo vio cómo su hermana fue corriendo hacia donde estaba aquel chico. Alice estaba mirando cómo conversaban. No sabía con exactitud qué estaban diciendo, pero al ver sus expresiones faciales, supuso que Selka estaba feliz de ver a Saga, mientras que él también estaba alegre de verla. Pasaron unos momentos mientras ellos conversaban. En eso, Selka señaló a donde estaba Alice. Saga volteó hacia donde estaba ella y los dos hicieron contacto visual por unos momentos. Alice no sabía qué hacer al ver a Saga, mientras que el tenía una expresión seria, la cual cambió por una sonrisa, y saludó a Alice con su mano derecha, tomándola por sorpresa. Le regresó el saludo para que posterior a esto Selka y Saga regresaran a donde estaban Alice y Kirito.

—¿Nos vamos? —dijo calmado Saga, lo cual alivió mucho a la chica.

—Sí, vámonos.

—Hola, hermano, ¿cómo estás? —preguntó el chico sin respuesta alguna— Me alegra.

Los cuatro continuaron su paseo. Pasó un tiempo mientras iban caminando por el tramo y admiraban el paisaje a las afueras de Rulid. Las colinas se veían claramente, cosa que todos estaban disfrutando. Alice estaba conversando con Saga sobre qué haría para la cena. La chica lo disfrutaba, ya que durante los últimos meses casi no conversaban muy a menudo, además de que Alice no traía como tema de conversación los incidentes que pasaron en la iglesia, con el fin de cuidar a Saga. Ella sabía lo mucho que lo afectó y no quería recordar el pasado.

Alice se sentía natural, libre, como si por fin estuviera en casa con las personas que más les importaban. Pasó un rato mientras caminaban, entonces hubo un silencio entre ellos, el cual se puso un poco incómodo.

—¿Qué ocurre, Selka? ¿Hay algún problema? —la chica rubia se detuvo.

—Eh… El señor Barbossa quería pedirles ayuda —contestó algo apenada la menor—. Quiere ayuda con el árbol de los cultivos.

—Conque era eso. Tú no debes de preocuparte —dijo Saga, tratando de calmar a la chica, que se veía molesta.

—Es que son unos egoístas. Barbossa, Lidack, no les permiten vivir en el pueblo, pero no dudan en encargarles trabajo —Alice se le acercó y le tomó los hombros.

—Descuida, Selka. Estoy agradecida de que nos permitan vivir cerca del pueblo—. A pesar de lo que pasó... —Alice recordó lo que había pasado con su padre y Saga.

—Hermana, el año que viene completaré mi periodo de entrenamiento. A pesar de que será poco, por fin conseguiré dinero, y cuando eso pase, ya no tendrás que ayudar a esas personas. Yo... yo... cuidaré de ustedes…siempre…

—Gracias, pero tenerte cerca ya me hace más que feliz, Selka —Alice abrazó a su hermana fuertemente.

—Lo importante…es que estemos…juntos, ¿no crees? —el chico acarició la cabeza de Selka, generándole una sonrisa.

—Así es, Saga, Kirito, Eugeo, tú y yo.

—Chicos… gracias.

—¿Por qué? —preguntaron al unísono.

—Por permitirme estar a su lado —al escuchar esto, no respondieron, simplemente le dieron una sonrisa a Selka.

Antes de que se fueran ayudar a Barbossa, Selka ofreció ayudar a Saga con llevarse su cubeta con peces y su caña a la cabaña, cosa que él aceptó con gusto.

—Por favor, también revisa cómo va la herida de Eugeo. Pensaba traerlo conmigo, pero no quiero que se infecte y las cosas se compliquen. Por favor, Selka —Selka le sonrió al asesino mientras se despedía para regresar a la cabaña.

Alice, Kirito y Saga fueron hacia donde estaba el señor Barbossa, pasando por los campos de trigo. Antes de llegar a su destino se podían escuchar varios sonidos metálicos chocando contra un tronco, acompañados de gruñidos de dolor.

—¡No se distraigan! —dijo alguien con un tono de voz grave— ¡Mientras perdemos el tiempo aquí, Lidack expandió su territorio 20 metros en todas las direcciones!

—Hola, Señor Barbossa —dijo Alice al hombre que gritaba.

—Oh, Alice, gracias por venir —Barbossa tenía rasgos faciales de bigote y pelo alrededor de su cabeza, y su cráneo era completamente calvo.

—Escuché que querías vernos.

—Ah, sí, trajiste a tu amigo, excelente. ¿Lo ven? —aquel hombre apuntó hacia un árbol— Llevamos con ese molesto roble plateado desde ayer, no avanzamos ni con 10 hombres adultos con hacha. El acuerdo era darte trabajo una vez al mes, pero, ¿podrías ayudarme como favor especial, Alice?

—De acuerdo, Señor Barbossa. Si es sólo esta vez...

—Oh, gracias, Alice —Alice dejó la silla de ruedas de Kirito mientras se iba acercar al roble, pero Saga la detuvo.

—¿Quieres hacerlo tú? Si quieres yo puedo hacerlo.

—Está bien, no te preocupes, yo lo hago. Igual te agradezco tu ayuda.

Alice se acercó al árbol para comparar el status de durabilidad del roble. Saga no pasó por alto que a Barbossa algo le estaba disgustando al ver esto. Después de checar el status del roble, Alice fue a tomar una de las espadas de Kirito para poder cortarlo.

—Lo siento, Kirito. Necesito tomar tu espada prestada.

Antes de que pudiera tomar su espada, Kirito hizo un movimiento para abrazar más las espadas. Alice se sorprendió al ver esto, y se agachó para mirarlo a los ojos, sonriéndole. Kirito no reaccionó de alguna manera, entendió y dejó caer un poco su brazo para que Alice pudiera tomar su espada.

—Gracias.

—Tranquilo, hermano, estará bien —Saga apoyó su mano en el hombro del pelinegro sin recibir respuesta alguna.

Alice se puso en posición de combate para cortar el roble, mientras analizaba dónde tenía que dar el golpe. Los jóvenes hablaban a sus espaldas.

—¿Piensas cortar el árbol con esa espada tan fina? —preguntó un joven con tono de burla a Alice, lo cual ella ignoró.

—Se romperá —secundó el otro, provocando que el asesino acompañante de la chica se irritara, mientras se cruzaba de brazos y sonreía con soberbia.

Sólo miren y aprendan…idiotas… —pensó.

Alice, después de analizar su ataque, puso su pie en posición y sacó la espada, dando un ataque perfecto en horizontal al roble, el cual hizo que se escuchara el eco de la espada, a la vez que unas hojas salían volando. Todos estaban confundidos, a excepción de Saga, ya que el árbol no se había cortado.

—¿Qué? ¿Fallaste? —preguntó el joven que se había comenzado a burlar de ella antes.

—Caerá en esa dirección —dijo Alice, volviendo a su posición original y mirando a los jóvenes.

El árbol empezó a caer lentamente. Los jóvenes estaban confundidos y asustados a la vez, porque iba a caer justo en donde estaban ellos y no tenían otra opción más que correr.

—Mph… Esperaba que cayera encima de ustedes —dijo Saga a los jóvenes en tono de burla, generando rabia en ellos.

—¡Ma…Magnífico! ¡Eres increíble! Pareces una obra divina. Alice, te pagaré el doble si vienes una a la semana y no al mes. De hecho, ¿podrías venir una vez al día?

—Espera aquí, hermano —Saga notó que Barbossa quería abusar de la amabilidad de Alice, por lo que era hora de intervenir.

—No. Tengo suficiente con lo que me pagas ahora.

La respuesta de Alice hizo que Barbossa se molestara, y cuando estaba a punto de gritarle, alguien lo tomó del hombro a sus espaldas y lo volteó hacia su dirección.

—Será mejor que hagas caso a la señorita, anciano… No querrás que pase algo, ¿o sí? —dijo Saga con una sonrisa sombría e intimidante a Barbossa, lo cual hizo que éste se asustara, quedando solo con su expresión, dando a entender que estaba tan claro como el agua.

—Mi paga, por favor —Alice le tocó el hombro y extendió su mano.

—¿¡Ah… Ah!? Ah, s-s-s-sí, claro, claro.

—Muchas gracias.

De repente se escuchó un sonido muy fuerte que captó la atención de Alice y Saga. Provenía de Kirito, que había caído de su silla.

—¡Kirito!

Ambos fueron corriendo hacia donde se había caído para ayudarlo, y cuando se arrodillaron para vieron que el pelinegro estaba tratando de gatear hacia una dirección, sin éxito, con su único brazo extendido hacia el frente como si trata de alcanzar algo. Los jóvenes que se habían burlado de Alice habían tomado la espada de Eugeo.

—Pesa muchísimo. Por eso la chica pudo cortar el árbol de un golpe —decía un chico tratando de cargar la espada.

—Dámela —pidió otro chico que tomó la espada e intentó sacarla.

—Esa espada no te pertenece, así que devuélvela —Saga se encontrada de pie frente a ellos—. No lo volveré a repetir… devuélvanla.

—Le pedimos que nos la prestara y nos la dio sin ningún problema. Solo dice "Ah… ah..."

Parecía como si un cristal se hubiera roto dentro de alguien. Saga fue corriendo hacia el chico que traía la espada en sus manos, lo tomó del cuello de la camisa e hizo un movimiento en la muñeca del chico, rompiéndola en el proceso y obligándolo a soltar la espada, mientras llevaba su mano derecha rápidamente hacia su cuello, sólo que antes de tocarlo, Saga se dio cuenta de que no traía sus hojas.

El chico estaba totalmente asustado. Saga lo miró directamente a los ojos, los cuales estaban enrojecidos de enojo.

—La próxima vez… no será sólo tu muñeca.

Saga le dio un golpe demasiado fuerte en el estómago que hizo que le sacara el aire, y después le metió un golpe en la cara que hizo que lo mandó a volar, mientras todos, asustados, se acercaron hacia donde yacía el chico, que estaba inconsciente y con su nariz sangrando y desfigurada.

—¡A… asesino! ¡Lo mataste! —gritó uno de sus compañeros.

—¡No, no, esperen! ¡Sigue vivo! Hay que atenderlo rápido —dijo otro de sus compañeros, que estaba ayudándolo a levantarse mientras su nariz sangraba y los demás corrían asustados.

Ya con el lugar totalmente abandonado, Saga escupió a donde estaba tirado el chico y fue a recoger la espada de Eugeo del suelo, para después ir y entregársela a Alice, quien no se inmutó ante lo que acababa de pasar.

—Lo siento… —Saga le dio la espalda a la chica para sentar nuevamente a su hermano en la silla de ruedas y posteriormente irse.

"¿Para qué peleamos aguantando tanto sufrimiento?" se preguntó Alice mientras Saga avanzaba más adelante. "Eugeo quedó en coma, Kirito perdió su habilidad de poder hablar junto con sus emociones, y Saga no ha sido el mismo desde entonces. ¿Para qué hemos ido tan lejos, para qué? ¿Todo para proteger qué?"

Pasaron unas horas, y cuando llegaron a la cabaña escucharon un rugido que provenía del cielo. Vieron que era el dragón de Alice, regresando también a la cabaña. El dragón aterrizó enfrente de ellos, y por lo que veían, estaba feliz, extendiendo su cabeza hacia donde estaba Alice, mientras que ella se acercaba para acariciarlo.

—Subiste un poco de peso, Amayori —dijo Alice—. Has comido muchos peces en el lago.

Amayori se acercó a Saga. Su expresión facial cambió de feliz a enojado.

—Hola, Bestia —saludó Saga mientras la acariciaba demostrando que habían hecho las paces desde que llegaron al pueblo.

—Ya te dije que es Amayori —dijo la chica rubia sonriéndole.

—Lo sé, lo sé.

—Buenas noches, Amayori —dijo Alice a Amayori mientras veía cómo se preparaba para dormir.

—Gorda… —acusó Saga a Amayori, lo cual al parecer escuchó, porque abrió un ojo mirando hacia Saga. Él simplemente soltó una pequeña risa.

Al anochecer, Alice, Kirito y Saga se encontraban cenando en el comedor. Alice había hecho un estofado para la cena con los vegetales que ella recogió y con los peces que había pescado Saga. Era una noche pacífica. Ya estaban acostumbrados y a la vez lo disfrutaban.

—Come despacio —dijo Alice a Kirito mientras ponía la cuchara en su boca.

—Está delicioso, Alice, como siempre —ella sonrió con un ligero sonrojo en sus mejillas.

—Alice, iré a darle de comer a Eugeo —Saga se levantó, dejando los platos en la cocina y tomando la comida de Eugeo.

—Sí, trata de que coma despacio.

Saga fue al cuarto donde estaba Eugeo para darle de comer, lo que, a diferencia de Kirito, en un principio era más difícil, ya que había que evitar que no se ahogara con la comida y que no se le cayera, pero con el tiempo se hizo cada vez más fácil. Ahora Eugeo respondía cuando le daban de comer, además de que el sudario seguía curando su herida. Desgraciadamente, no despertaba todavía.

Mientras que Saga le daba de comer a Eugeo, escuchó a Amayori rugir, por lo que puso el plato en la pequeña repisa junto a la cama de Eugeo y fue hacia la ventana.

—¿Qué pasa, bestia? —preguntó Saga a Amayori, que estaba mirando hacia el cielo, así que abrió la ventana para dar un pequeño salto sobre ella y salir de la cabaña, viendo que Alice también estaba afuera.

—¿Qué pasa?

—Eso —Alice señaló hacia arriba, donde había otro dragón volando—. El hermano mayor de Amayori, Takiguri.

El dragón Takiguri aterrizó no tan lejos de ellos y alguien se bajó de él.

—¿Cómo me encontraste? ¿Qué quieres, Eldrie Synthesis 31? —Saga le molestó, poniéndose alerta al ver de nuevo a Eldrie.

—Cuánto tiempo, maestra Alice.

—Saga, vuelve adentro con los chicos. Yo arreglo esto.

Alice y Eldrie se encontraban en la mesa conversando, mientras que Saga estaba sentado junto a la chimenea con su hermano al lado, poniendo atención a las palabras del caballero.

—¿Cómo encontraste este lugar? Estoy segura que la Orden no puede permitirse mandar dragones a todas partes sólo para buscarme —Alice fue directo al grano.

—Seguí el lazo que une nuestras almas, o eso es lo que me gustaría decir. Desafortunadamente, simplemente fue una coincidencia —dijo Eldrie con un tono de decepción—. Recibimos noticias de que goblins y orcos están activos por el Norte. Por órdenes del capitán, cerramos mediante derrumbamientos las cuevas del norte, el sur y el oeste, pero podrían intentar excavar por ellas, así que vine a echar un vistazo.

—Entonces, ¿pudiste determinar las acciones del Territorio Oscuro?

—Pasé un día entero patrullando el perímetro de las cuevas, pero no vi a un solo goblin u orco. Las cuevas estaban llenas de rocas y cuando monté a Takiguri para volver a la capital, empezó a comportarse de manera extraña. Lo dejé volar por su cuenta y aterrizó aquí, y ya que me dio la oportunidad de verte de nuevo, es mi responsabilidad decirte esto —Eldrie se levantó de su silla y miró a Alice—. Maestra Alice, regresa a los caballeros. Necesitamos tu espada mucho más que mil soldados.

—No puedo —Alice apartó la mirada de su antiguo alumno.

—Pero, ¡¿por qué no?! —preguntó Eldrie, desesperado y preocupado, mientras fijaba su mirada a los hermanos con disgusto— Hmp… ¿Es por culpa de esos hombres? Los traidores que escaparon de sus celdas en la Catedral y pelearon contra otros caballeros, un dignitario y la misma Clérigo mayor siguen haciéndote dudar, maestra Alice.

Alice no respondió. Simplemente apartó su mirada.

—Si es así, cortaré de raíz el origen de tus dudas… ¡Aquí y en este instante!

Eldrie llevó su mano a su espada, lo que hizo que Saga se levantara rápidamente y se pusiera frente a su hermano, poniendo guardia con sus brazos y puños cerrados para protegerlo mientras se preparaba para cualquier ataque.

—¡No! —gritó la chica— Saga… no.

Saga se calmó un poco, aún en guardia esperando algún ataque, mientras que Eldrie se sorprendió ante la reacción de su maestra.

—Ellos también pelearon por la justicia en la que creen. Si no, ¿cómo crees que vencieron a los caballeros y la Clérigo Mayor? Tú peleaste contra ellos también y seguramente sentiste el peso de sus espadas.

—Si eso es verdad, ¿por qué no empuñan sus espadas ahora? ¿Por qué te tienen atrapada aquí con esos aspectos tan lamentables? Si mataron a Administrator para proteger a la gente, ¡deberían de ir corriendo a unirse a las líneas del Este!

—Lo siento, Eldrie… No puedo ir contigo… No tiene nada que ver con ellos, ya no puedo empuñar mi espada. Si peleáramos ahora mismo no duraría ni tres minutos… Además yo misma lo decidí.

—Ya veo. En ese caso, no diré nada más —Eldrie hizo una pequeña reverencia y se dirigió hacia la puerta—. Aquí nos despedimos, Maestra. Yo jamás olvidaré los fundamentos que me enseñaste.

—Cuídate. Te deseo buena suerte.

Eldrie cerró sus ojos y salió fuera de la cabaña, seguido por Saga, para ver cómo Eldrie montaba a Takiguri para irse volando.

—No te preocupes, no volverá —Alice estaba triste, lo cual el asesino notó mientras asentía con su cabeza, cerrando la puerta de la cabaña.

—Lo siento, debes estar cansado. Vamos a la cama —dijo Alice empujando la silla de Kirito para llevarlo a su cuarto.

La chica cambió de ropa a Kirito para dormir, mientras que Saga se quedó un rato en la sala ordenando las cosas de la mesa y la cocina. Cuando terminó, apagó las velas y la chimenea y se dirigió a su cuarto, no sin antes pasar con Eugeo para cambiar sus sábanas y almohadas. Antes de entrar a su cuarto vio que la puerta de Alice y Kirito estaba abierta, echó un pequeño vistazo y vio que estaban ya dormidos, lo cual le dio cierta tranquilidad. Fue a su cuarto, se cambió de ropa y se acostó en su cama mientras se quedaba mirando el techo por unos momentos, atrapado en sus pensamientos. Lentamente iba cerrando los ojos.

Antes de caer en un sueño profundo, escuchó que su puerta se estaba abriendo. Alguien se estaba acercando hacia él y se acostó a su lado abrazándolo. Él estaba seguro de quién era, ya eran varias las veces que Alice se escabullía en su cuarto para acostarse a su lado, y antes de que él despertara ya no estaba ahí, pero nunca quiso despertarse del todo, por lo que no abrió los ojos.

—Dime, Saga… ¿Qué debería hacer? —lágrimas provenientes de sus ojos azules como el mar descendían. Una cayó en el cuello de Saga.

—No lo sé… —contestó en un tono casi inaudible para la chica.

Saga estaba a punto de caer en un sueño profundo cuando sintió que ella se levantó rápidamente de su cama, lo cual hizo que se despertara rápidamente. Oyó que su hermano estaba haciendo esfuerzos, por lo fue corriendo hacia su cuarto para ver que Alice estaba atendiendo a Kirito.

Kirito estaba levantando su brazo hacia el techo con quejidos de dolor, parecía que algo lo estuviera asustando.

—¿Qué estaba pasando?

En ese momento, Alice y Saga escucharon que Amayori estaba gruñendo. La chica fue a la ventaba para comprobar qué tenía.

Lo que vio a lo lejos la dejó impactada. Fue corriendo hacia la puerta mientras Saga la seguía. Al salir de la cabaña, observaron lo que le causaba conmoción al dragón, que eran llamas provenientes del pueblo. El Territorio Oscuro había atacado.

—¡Selka!

"Es difícil renunciar a la vida que conoces." -Edward Kenway

Alice entró corriendo a toda velocidad para ponerse su armadura, tomar su espada e ir hacia el pueblo. Su hermana y familia se encontraban en grave peligro. Saga, por su parte, se encontraba en conflicto. Su vida como asesino había generado muchas preocupaciones y daños hacia sus seres queridos, entre ellos, el estado actual de su hermano.

Alice fue hacia un baúl cerca de las espadas para posteriormente entregárselo a Saga.

—¿Qué es esto?

—Sé que quieres olvidar el pasado y no te culpo por eso, pero necesito tu ayuda, no puedo hacerlo sola —Saga abrió el baúl y observó todo su equipo junto a la gabardina hecha por su alumna Krista en perfecto estado—. Lo siento… lo guardé… Pensé que podría ser necesario en algún momento… —dijo Alice un poco temerosa, esperando la respuesta de Saga, que jamás salió.

Alice sólo soltó una mirada de tristeza y salió de la cabaña para dirigirse al pueblo, recordando lo que había pasado con Saga cuando habían terminado su cabaña.

Después de haber terminado de construir la cabaña con ayuda de unos amigos de Selka, Alice notó que Saga estaba viendo directamente. Lo siguiente que hizo la tomó por sorpresa. Saga se arrebató sus hojas fuertemente de sus muñecas y las arrojó con mucha fuerza hacia el suelo, para después quitarse su traje y también arrojarlo al suelo, a la vez que también se quitó su cinturón de herramientas. Sólo se quedó puestos su camisa blanca y sus pantalones, dio un grito de rabia y dolor y entró a la cabaña.

Alice no sabía qué decir ante lo que acaba de pasar, pero tenía muy claro que lo que pasó en la Catedral le afectó muchísimo. Ella se acercó a donde estaban las cosas del asesino para recogerlas. No sabía qué es lo que pensaría Saga si las viera de nuevo, por lo que ella decidió guardar las cosas a escondidas, por si algo llegara a pasar, aunque esperaba que nunca fuera así. La cosa que más llamó su atención fue que en el cinturón había una funda especial donde se encontraba una libreta, la cual sacó e inspeccionó, ya que la curiosidad le ganó y decidió quedarse con el diario para leer, entender y ayudar de alguna manera al hombre que la apoyó en algún momento.

Alice miró hacia abajo. Las calles del pueblo estaban ardiendo mientras Goblins buscaban a los aldeanos, destruyendo todo a su paso con sus antorchas y armas de acero. El pueblo, en un intento de defenderse, había creado una barricada en el sur.

—¿Por qué no huyen por el sur si no hay enemigos? ¿Estarán tratando de ganar tiempo? —se preguntó Alice—Amayori , espera aquí hasta que te llame.

Alice saltó de su dragón.

Mientras tanto, en el sur del pueblo, los aldeanos se encontraban reunidos donde Gasupht y Barbossa les estaban dando órdenes.

—Si uno cruza la barricada acaben con él a toda costa —dijo Gasupht.

—¡Ni uno puede adentrarse en el pueblo! —dijo Barbossa.

De repente se escuchó en el cielo un estruendo junto con un destello verde. Impactó en el suelo justo unos cuantos metros cerca de los aldeanos, provocando que todos se asustaran y cubrieran sus ojos para protegerse del polvo del impacto. Cuando el polvo se desvaneció todos se fijaron y se sorprendieron al ver que era Alice.

—Esa es... —susurró Selka, que estaba sorprendida y feliz de verla.

El padre de Alice estaba sorprendido de ver a su hija, pero simplemente no dijo nada y apartó su mirada, cosa que Alice hizo que se pusiera algo triste. Nada había cambiado.

—Aquí no pueden repelerlos. Evacúen a los aldeanos por el sur.

—¡No digas tonterías! ¡No podemos abandonar la mansión, digo, la aldea! —gritó Barbossa.

—Aún pueden sin que los alcancen los goblins, ¿qué prefieres, tu fortuna o tu vida? —Barbossa no respondió, apartó su mirada y tronó los dientes.

—Jink, el jefe de la guardia, ordenó que defendiéramos la plaza. Como alcalde debo seguir sus órdenes. Esa es la ley del imperio —dijo el padre de Alice.

—¡Hagamos lo que dicen! —gritó Selka— Papá, ¿acaso Alice se equivocó alguna vez? No, hasta yo puedo verlo, si nos quedamos nos matarán a todos.

—¿Que huyamos? —preguntó Barbossa en un tono molesto— ¡No te metas, mocosa! Defiendan al pueblo.

De repente el ambiente se puso demasiado tenso. Barbossa miró a Alice, que lo veía con intenciones de matarlo, lo cual provocó que se congelara por unos momentos hasta que volvió a hablar.

—C-claro… ahora lo entiendo. Fuiste tú la que atrajo a los monstruos del Territorio Oscuro al pueblo. Cuando cruzaste la Sierra Fronteriza la oscuridad te corrompió. ¡Es una bruja! ¡Esta muchacha es una bruja!

—Como caballero, revoco la orden de Jink —dijo Alice con un tono serio—. Todos los que están en la plaza, con aquellos armados en la cabeza, deben huir hacia el bosque del sur.

—¿Caballero? En este pueblo no existe ese trabajo sagrado. No te autodenomines caballero sólo porque sabes usar la espada —dijo Barbossa reprimiendo a Alice—. Si se enteran los caballeros de la capital...

Alice se quitó su capa, dando a relucir su espada de Olivo Fragante y su armadura dorada mientras la clavaba en el suelo.

—¡Me llamo Alice! Pertenezco a los caballeros de la integridad de la Iglesia Axioma de Centoria —Selka estaba sorprendida de lo que había dicho Alice. Se llevó sus manos a la boca. Su padre tenía la mente en blanco con gotas de sudor de nerviosismo. Barbossa se tragó sus palabras, tenía un gran nudo en su garganta—. ¡Soy Alice Synthesis Thirty!

—Hermana... ¿eres un caballero?

—Lo siento por no haber dicho nada. Este es el castigo y el deber que se me impuso realmente.

—No importa. Siempre supe que no eras una criminal —Selka derramaba lágrimas de felicidad mientras su padre se arrodillaba ante ella.

—Seguiremos sus órdenes, caballero de la integridad. Los que lleven armas, guíen a los aldeanos hacia el sur. ¡Salgan del pueblo! ¡Escóndanse en el bosque!

Los aldeanos se empezaron a movilizar, mientras que unos dirigían a otros y en grupos diferentes mientras Alice veía a su padre acercársele.

—Lo siento mucho, hija mía... no sabía en qué pensaba… Tu amigo tenía razón sobre mí… En verdad soy un mal padre y un bastardo.

—No importa, padre —dijo Alice felizmente.

Gasupht no respondió, simplemente se alegró de escuchar las palabras de su hija, al saber que nunca le guardó rencor.

—Padre, cuida de Selka y de los demás.

—Cuídate también.

Selka y su padre se fueron con los demás aldeanos.

—¡Amayori! —gritó Alice mientras su dragón aparecía en el cielo— Quémalos y abrásalos con tu fuego.

Un gran destello salió del cielo y una gran ráfaga de energía y fuego de color azul salió disparada de la boca de Amayori contra varios goblins que estaban en suelo, quemándolos vivos y dejando varias explosiones atrás. Desgraciadamente, aún eran demasiados goblins, los cuales habían logrado romper la barricada que pusieron los aldeanos. Jink estaba sorprendido de ver el ataque de Amayori, pero esto hizo que bajara su guardia y detrás de él aparecieron varios goblins. Uno estaba a punto de golpearlo en la cabeza con su espada de acero. Jink cerró sus ojos, pero no sintió nada. Los volvió a abrir y vio que era Alice, que había bloqueado el ataque con su espada.

—¿Pero como…?

—No hay tiempo para explicaciones, es mejor que te marches —Jink no respondió, se levantó y se fue del lugar.

Los goblins comenzaron a atacar a Alice, la cual, por la falta de práctica, comenzaba a retroceder. Amayori lanzó nuevamente su rayo azul, matando unos cuantos goblins, pero como si de una hidra se tratara, aparecían más y más. Alice se reincorporaba cuando a su izquierda observó a un hombre con una gabardina negra, brazaletes plateados, espada dorada y un cinturón con múltiples herramientas.

—Saga... —Alice observó cómo Saga avanzaba, perdido en sus pensamientos.

Después de que Alice se fue, Saga se sentó en una silla de la cabaña.

"Por mi culpa sufrieron muchas personas. Krista, que me ve como un ejemplo; Eugeo terminó en coma y mi hermano en estado vegetal. Yo los arrastré a eso", pensó Saga.

—No debo de volver a luchar —dijo en voz baja.

—¿Recuerdas por qué luchábamos inicialmente? —el fantasma del antiguo maestro Altair apareció ante él.

—Sí, tenemos un credo y luchábamos desde tiempos remotos por la paz —Ezio Auditore apareció también.

—Pero también cada uno de nosotros luchó por motivos personales —dijo Connor Kenway.

—Lo hicimos por amor —exclamó Edward Kenway.

—Por nuestras familias —dijo Arno Dorian.

—Y sobre todo por nuestros seres amados —susurró Jacob Frye.

El ver a todos los maestros le recordó a Saga sus motivos para seguir luchando, y mientras caminaba hacia el pueblo, recordó a sus amigos de SAO, cuando rescataron a su cuñada en ALO y sobre todo cuando vio a aquella chica con lentes en el parque de la ciudad, la cual cada vez que recordaba le generaba muchas emociones.

Saga fue impactado por una flecha en su hombro derecho mientras un goblin rojo más grande que los demás lo observaba, seguido de varios goblins de menor tamaño color verde.

—¡Saga! —lo que le pareció increíble a Alice fue que Saga rompió la flecha tirándola al piso.

—Es mi turno...

Saga saltó contra unos goblins, rompiéndoles la cabeza con una gran fuerza. Siguió corriendo por encima de las cabezas de varios goblins hasta llegar al medio del perímetro.

Un goblin trató de darle con su espada, pero Saga lo detuvo bajándolo, para después clavarle su hoja en el cuello y seguir usándola como impulso para girar.

Otro goblin con una lanza trató de darle un ataque lateral, pero Saga se agachó esquivando el ataque, se levantó y le dio un golpe al cuello con su hoja al goblin, mientras dos querían atacarlo al mismo tiempo. Saga detuvo a uno tomando su brazo y bloqueó el otro ataque del goblin con la misma arma de su compañero, y con una patada mandó a volar al goblin que tenía sostenido, mientras que tomó su espada y se la clavó al último goblin por la espalda.

Otro goblin lo iba a atacar con una lanza, pero Saga logró tomarlo con sus manos mientras que le dio un fuerte golpe en el cuello con su hoja, dejándolo sangrar en el suelo. La misma lanza que tenía la clavó en la cabeza de otro cerdo que lo iba a atacar.

Otro goblin lo tomó por la espalda y su compañero le iba a encajar su espada. Saga logró hacerse un lado para evitar el ataque y el goblin terminó dándole a su compañero, liberándose Saga del agarre. Después le dio un cabezazo al mismo goblin, dejándolo aturdido para después darle un gancho a la quijada con su hoja oculta.

Un goblin más trató de encajarle su espada, pero Saga lo detuvo, y clavó la misma espada en su pecho. Después fue contra otro goblin para darle con su hoja detrás de la nuca, lo tomó y lo mandó a volar.

Saga ya había acabado con varios goblins a la vez, provocando que pusieran su atención en el en vez de seguir avanzando hacia el pueblo.

En medio de las hordas de goblins, Saga activó ambas hojas ocultas para acabar más rápido con sus números.

Saga estaba dando varios golpes a distintos goblins que intentaban a atacarlo en varios puntos mortales como el cuello y el pecho. Desgraciadamente, la falta de práctica provocó que un goblin lograra golpearlo con una estaca de madera en la cabeza, provocando que su sangre bajara de su frente hasta los ojos.

—¡A un lado! ¿¡Cómo es posible que no puedan contra un simple humano!? —gritó alguien con una voz muy grave— ¡Yo me encargaré de esto, Moricca el Sesga Piernas!

Aquel goblin rojo se disponía a atacarlo, cuando al ver el rostro de Saga quedo en estupefacto, como si hubiera visto a un fantasma, al igual que sus compañeros.

—¡Se-se-se señor Nihilus! —Alice aprovechó esta distracción para actuar.

—A partir de ahora, pelearé por lo que yo misma deseo. Para proteger a mi hermana, a mis padres y para defender a la gente del Imperio Humano, como Kirito, Eugeo y Saga —la chica se quitó el parche. Su ojo derecho se había regenerado. Alice le dio un beso, lo arrojó y el parche se desvaneció en el aire.

"Gracias, chicos... Ahora estoy bien. Tal vez seguiré dudando, pero avanzaré por lo que tanto ustedes como yo deseamos. Te ayudaré, Saga, y todo lo que me enseñaste cuando estuvimos en la catedral te lo devolveré de alguna manera" dijo en sus pensamientos.

—¡Enhance Armament! —la espada se empezó a activar y cambió su forma de espada a varios pétalos que volaron hacia el cielo. Moricca, que aún no salía del shock, dirigió su atención a Alice.

—¡Florezcan con violencia!

Los pétalos empezaron a volar sobre toda la horda. Saga se recuperó del golpe y vio lo qué estaba haciendo Alice, por lo que se cubrió en el suelo para que no le dieran los pétalos. Varios goblins estaban llenos de ellos, en especial Moricca, que después empezó a salpicar sangre de donde le habían dado los pétalos, y cayó muerto al suelo junto con varios goblins, mientras la espada de Alice volvía a su forma original.

—¡Este muro separa al Imperio Humano del Territorio Oscuro! —gritó Alice a los invasores que quedaban— Aunque excaven a través de las cuevas, mientras haya caballeros no corromperán estas tierras, así que elijan. O avanzan y se postran en un mar de sangre o retroceden al Territorio Oscuro.

Los goblins y cerdos que quedaban se quedaron inmóviles y empezaron a correr de vuelta a las cuevas, gritando y huyendo de miedo. Cuando ya no quedaba ninguno, los aldeanos empezaron a gritar de victoria. Alice fue corriendo hacia donde estaba Saga y lo ayudó a levantarse.

—Gracias, me recordaste que el amor que tenemos hacia las personas que nos importan es la razón más importante para seguir luchando —dijo Saga.

—No, gracias a ti. Sin ti no hubiera sobrevivido y por ende no podría haber salvado y protegido a los aldeanos.

—No, los dos lo hicimos bien, y salvaste al pueblo. Es lo que importa.

—Los dos salvamos al pueblo —Alice colocó su mano en la mejilla de Saga, limpiando un poco la sangre que había bajado de su frente, mientras él no respondía y se quitaba la capucha para que Alice lo curara rápidamente.

Al día siguiente, los aldeanos se encontraban reconstruyendo y reparando las estructuras del pueblo por el daño ocasionado por el ataque del Territorio Oscuro. Alice y Selka se encontraban junto a Amayori, la cual ya tenía sobre ella a Kirito y Eugeo, mientras Saga terminaba de acomodar su equipaje

—Creo que papá también quería venir a despedirse —dijo Selka.

—Lo sé. Un día, cuando cumpla mi papel, regresaré aquí como Alice Schuberg. Creo que entonces podré decirle honestamente… que he vuelto.

Alice abordó a Amayori, mientras que Saga se despedía de Selka, esperando que él también regresara. Saga le dio un abrazo, prometiéndole volver con Kirito y Eugeo en mejor estado. Ya preparados, Amayori empezó a flotar para después volar hacia Centoria. Selka iba corriendo detrás ellos, gritándoles adiós. Ellos voltearon también a decirle adiós.

—Bueno, Alice, tenemos que entrenar nuevamente —dijo Saga.

—Lo sé —Alice se quedó pensativa unos momentos. Extrañamente, se sentía feliz de que Saga estuviera con ella, por lo que rápidamente sacudió la cabeza—. Espero tengas una buena rutina de entrenamiento, ya que no tenemos mucho tiempo.

—Sí, sólo necesito pasar primero a la academia de la ciudad.

—Está bien, te veré al día siguiente donde me los llevé por primera vez.

Saga solamente asintió mientras observaba el paisaje y se relajaba. Lo que éste no sabía era que otra batalla se libraba en el mundo real.