Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.


La Desaparición del Héroe, Parte 2

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Capítulo 19

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"No todos los héroes usan una máscara. Algunos héroes salvan el día de las maneras más sencillas. Simplemente estando para nosotros, o haciéndonos saber que creen en nosotros."–The Flash, DC Comics.

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Un día había pasado desde su encuentro atropellado con Grimmel. Su cuerpo mallugado aún le exigía descanso, pero él, por más que lo intentara, no podía concederle ese deseo.

Resultaba imposible sacar de su mente las últimas palabras que le dirigió el hombre. Sentía náuseas y su pulso se aceleraba con sólo recordar la expresión en su rostro, aquella con la cual presumió su victoria, evidenciando lo débil e inútil que era.

Sí, había salvado a muchas personas en el último año, volviendo la ciudad un poco más segura. Y sí, sabía que no todos los héroes vencían a su enemigo jurado en el primer intento. Pero eso no evitaba que se sintiera impotente.

¿Qué pasaría si Grimmel cumplía su promesa la próxima vez?

¿Qué pasaría si no llegaba a tiempo para salvar a la siguiente persona en peligro?

Hasta ahora sólo había estado jugando a ser un superhéroe… justo como lo hizo de niño. Sólo que esta vez el peligro era real y no desaparecería al terminar de jugar…

—Tyre…—se sobresaltó ante el llamado, girando el rostro hacia el intruso.

Ahí, recargado contra el marco de la puerta, estaba su hermano de brazos cruzados y con una sonrisa en forma de mueca.

—Dime…—carraspeó Hiccup, como si supiera lo que pensaba—. ¿Por qué caemos?

Soltó una corta risa amarga en respuesta. Su hermano siempre elegía los métodos más extraños para intentar levantarle el ánimo… Y era aún más extraño que siempre funcionara.

—¿En serio estás citando a Batman de Christian Bale para hacerme sentir mejor?

—Error—detuvo Hiccup con total seriedad, avanzando hacia él.

Se detuvo frente a la cama, sujetando su brazo sano para obligarlo a sentarse. Lo mantuvo ahí por varios segundos, con los ojos fijos en los suyos, y entonces declaró:

Para aprender a levantarnos.

Esta vez la risa de Tyre fue un poco más alegre. Correspondió a su agarre y se apoyó en él para ponerse de pie.

Le dio la razón de momento. Recordándose que no podía fallar, porque esta vez, si cometía un error, el juego no podría iniciar de nuevo.

Quizá fue ese último pensamiento lo que hizo que tomara la siguiente decisión… No permitiría que nadie más resultara herido, incluso si eso significaba luchar solo.

No arriesgaría a nadie… En especial a su familia.

No le daría la oportunidad a Grimmel de cumplir su promesa, pero él sí cumpliría la suya y lo detendría.

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—¿Cómo te has sentido hoy, Ty?—cuestionó su madre de pronto, sacándolo de sus pensamientos.

Hasta hace un momento había estado revolviendo la comida en su plato con el tenedor, inmerso en una realidad diferente mientras sus padres y hermano hablaban sobre los planes para la universidad. Un tema en el que, honestamente, no deseaba involucrarse.

Dentro de unos meses Hiccup se mudaría para estudiar en la Universidad de Oslo, pronto recibirían los resultados de su examen y, sabiendo cuán inteligente era su hermano, no dudaba que sería aceptado. Y se alegraba, ¡vaya que lo hacía! Pero una parte de él no quería ni deseaba aceptar el hecho de separarse.

Podían llamarlo una locura, pero luego de pasar prácticamente toda la vida juntos, la idea de tomar caminos diferentes no era algo que había considerado.

Claro que no era algo que le diría, pues tampoco quería arruinar su emoción por culpa de sus inseguridades. Estaba orgulloso de él y de cada uno de sus logros, y si para apoyarlo tenía que fingir una sonrisa al despedirse de él, entonces lo haría, después de todo, Hiccup había hecho cosas más difíciles para ayudarlo.

—¿Tyre?—volvió a llamar su madre al no recibir una respuesta.

—¿Eh? Estoy bien—dijo con palabras atropelladas, recobrando la compostura—, el brazo ya casi no me duele, pero las medicinas me tienen un poco adormilado—lo segundo era mentira, pero vaya que funcionaba como excusa.

—Bueno, si no te duele puedes dejar de tomarlas—aconsejó su madre, examinándolo con la mirada, justo como la doctora que era—. Aún no puedo creer que cruzaras la calle con el semáforo en verde—frunció el ceño.

Ambos hermanos se encogieron en su sitio al recordar esa otra mentira.

—Lo importante es que están bien—se apresuró a decir su padre, levantándose para empezar a recoger los platos vacíos.

Nadie mejor que Stoick Haddock para terminar con una conversación incómoda.

—Hiccup, ¿por qué no ayudas a tu madre a limpiar la cocina?—sugirió el mayor—. Nosotros nos encargaremos de la mesa.

Los tres Haddock restantes sabían lo que eso significaba y obedecieron sin rechistar, dejando a Tyre y su padre solos.

—Hijo…—carraspeó sin saber cómo iniciar—, está bien si cambiaste de opinión sobre trabajar conmigo en la empresa. Nada me haría más feliz que enviar a ambos a la universidad.

—Estoy bien con la idea, papá—negó con una media sonrisa para calmarlo—. Yo fui quién lo sugirió, después de todo, no tiene sentido ir a la universidad si no sé qué quiero estudiar.

Stoick suspiró, frotándose el entrecejo con una mano. A pesar de la seguridad con la que Ty decía aquello, había algo que no terminaba de convencerlo.

—De acuerdo—concedió finalmente—, pero si cambias de opinión no dudes en decírmelo—repitió y el azabache no pudo más que asentir.

No era mentira lo que le había dicho. En ese punto de su vida no tenía idea de qué quería hacer, durante el último año se había enfocado tanto en ser Night Fury, que terminó olvidando todo lo demás. Como si se hubiera quedado en pausa mientras el resto continuaba avanzando…

—Y también—continuó Stoick de pronto—, recuerda que puedes contarnos lo que sea.

Apoyó las manos en sus hombros, dándole un ligero apretón que le erizó la piel. A diferencia de otras muestras de afecto de su padre, esta lo reconfortó de una manera diferente.

—Ningún secreto puede ser tan malo como para ocultárselo a tu familia.

Eso último lo descolocó.

—Nada ocurre en esta casa sin que yo me entere—agregó con un toque entre serio y bromista.

Desvió su mirada, pues no quería admitir que sabía a qué se refería y tampoco quería averiguar si él era consciente de ello.

¿Qué podría decir en ese momento que no resultara sospechoso? Por fortuna, o quizá desgracia, no tuvo necesidad de pensar en eso, pues esta vez la conversación terminó con el sonido de un vaso rompiéndose en la cocina.

—¿Valka?—cuestionó Stoick, girándose hacia la puerta corrediza entreabierta, descubriendo que los adornos en la pared se balanceaban con insistencia.

—Está temblando—advirtió Tyre, sintiendo el suelo moverse bajo sus pies.

—¡Cariño, salgan de la casa!—exclamó al comprender el peligro que corrían.

Con la casa entera estremeciéndose y crujiendo a su alrededor, los cuatro lograron reunirse en el patio trasero, aliviados por verse a salvo.

Tyre, que tenía unos sentidos más desarrollados y aun inestables por culpa del gas que usó Grimmel, podía sentir los movimientos de la tierra más intensos que el resto, provocándole vértigo. Retrocedió, apoyándose en el hombro de Hiccup para mantenerse de pie, mientras sus padres observaban preocupados cómo la casa continuaba agitándose de un lado a otro.

Tan sólo fueron unos minutos, pero cuando finalmente terminó, todos se permitieron suspirar con alivio.

—¿Están bien?—preguntó Stoick mientras abrazaba a su esposa por la cintura.

Obtuvo un asentimiento como respuesta y, luego de inspeccionarlos con la mirada, él también asintió.

—Iré con los vecinos para ver sin necesitan ayuda—avisó con calma, separándose de la castaña—. Ustedes quédense aquí y no entren a la casa, podría haber replicas.

—Ten cuidado—pidió Valka, dándole un beso corto para dejarlo partir.

Una hora después del temblor, no había ocurrido ninguna replica, pero los vehículos de emergencia continuaban escuchándose en las calles.

Al final habían decidido regresar a la casa, alertas ante cualquier movimiento o crujido que esta produjera, para escuchar los reportes del noticiero sobre lo ocurrido.

Hasta ahora, todo lo que sabían era que fue un sismo de 6.0 grados, con epicentro en la isla y ningún muerto, pero muchos heridos.

«Se pronostican olas fuertes y aumento de la marea en las próximas horas» decía uno de los conductores del programa «Por lo que se recomienda a la población evacuar las costas hasta nuevo aviso».

—No es normal que un temblor se genere en la isla—murmuró Hiccup sentado a su lado en el sillón—, al menos no con esa magnitud.

«Sin duda no es nada común» agregó el otro hombre en la pantalla, como si respondiera a sus palabras, «Esto sólo demuestra que la naturaleza es un misterio impredecible».

—Era el hospital—dijo de pronto su madre, volviendo a la habitación con teléfono en mano—, la sala de emergencias está llena y necesitan ayuda—suspiró, dejándose caer en el sillón individual—. Será una noche larga.

—Lo entendemos, cariño—tranquilizó Stoick masajeando sus hombros—. Yo te llevaré. También tengo que ir a la oficina para revisar que todo esté en orden.

—¿Estarán bien sin nosotros?—preguntó Valka al par de hermanos, mirándolos con preocupación.

—Descuida, conocemos el protocolo de emergencia—ahora fue Hiccup quien la calmó con una sonrisa—. Nos quedaremos en el primer piso por seguridad.

La castaña suspiró rendida, devolviéndole la sonrisa por un instante. Se levantó para acariciar las mejillas de sus hijos, besando sus frentes en despedida.

—Tengan cuidado, ¿sí?—pidió antes de apartarse—, y llámennos si ocurre algo.

—No hagan locuras—agregó su padre, señalándolos a ambos con la llave del auto.

Hiccup y Tyre se observaron con complicidad antes de asentirles con una sonrisa que sólo aumentó su preocupación. Al final, muy en el fondo, seguían siendo el par de niños traviesos de siempre.

Confiando en que estarían bien, los adultos se marcharon dándoles una última advertencia desde la puerta antes de cerrarla con un ruido sordo.

—Ya lo escuchaste—habló de pronto Hiccup, caminando hacia la cocina—. No hagas locuras.

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Podían llamarlo locura e incluso obsesión, pero tenía el presentimiento de que Grimmel estaba detrás del sismo.

Como Hiccup había dicho, no era normal que ocurrieran temblores de esa magnitud en la isla. No estaba seguro y tampoco era experto en el movimiento tectónico, pero comparado con otras veces, algo se había sentido diferente esta ocasión. No era natural.

Claro que no tenía manera de comprobarlo, al menos no de momento, y por eso planeaba salir, aún en contra de la voluntad de su hermano.

Fue por eso que, en cuanto Hiccup pareció quedarse dormido, se apresuró a subir al ático con todo el sigilo que la casa le permitió, buscando su traje entre la oscuridad. Porque de lo que sí estaba seguro era que las personas seguirían en peligro mientras Grimmel estuviera ahí afuera.

Cuando decidió convertirse en Night Fury, jamás pensó que terminaría viviendo lo mismo que los héroes de los comics que leía de pequeño. No pensó que él, como cualquier otro justiciero, tendría su propio enemigo. Pero lo cierto era que, detrás de todo superhéroe había, por lo menos, un supervillano.

Batman tenía a Joker, Spider-Man a Green Goblin, Flash a Reverse Flash… Y, desde hace dos meses, Night Fury lo tenía a él

Grimmel Grisly. No sabía quién era realmente, ni qué buscaba, pero sus acciones estaban afectando a toda la ciudad y eso no lo podía permitir. Por eso debía encontrarlo cuanto antes, debía detenerlo para evitar que siguiera dañando a personas inocentes.

—¡Deberías quedarte en la cama!—exclamó una voz tras él, sobresaltándolo.

—¡Hiccup!—regañó cuando la luz del laboratorio se encendió, dejándolo al descubierto—, me asustaste.

—Te lo tienes merecido—gruñó el castaño, avanzando hacia él—. Acordamos que descansarías hasta que tus heridas terminaran de sanar.

Suspiró frustrado, sintiendo la derrota y el regaño golpeándolo con fuerza. Tenía razón y, aunque no lo admitiera, también comprendía la razón de su enojo.

—¿En serio planeas ir tras él en este momento?—cuestionó Hiccup de brazos cruzados—. No me digas que crees que Grimmel provocó el sismo…

Verlo desviar la mirada nervioso fue la única respuesta que necesitó.

—Eso es imposible, Tyre—intentó razonar.

—Bueno…—alargó el azabache, aun sin observarlo—, hace un año yo también me convertí en lo imposible.

—No cites a Flash en una situación como esta, Tyre—reprendió el mayor, señalándolo con un dedo acusador.

Ty se encogió de hombros con simpleza, para después terminar de vestirse con su traje ante la mirada molesta de Hiccup.

—Si nuestros padres vuelven y no estás, no podré cubrirte—advirtió Hiccup, esperando que eso bastara para convencerlo.

—Sé que encontrarás una manera—respondió el azabache, restándole importancia mientras terminaba de prepararse.

—¡Tyre, estoy hablando enserio!—exclamó, sujetándolo del hombro—. No estás en condición para enfrentarlo de nuevo. ¡Ni siquiera notaste que te seguí!—insistió, su mirada reflejaba preocupación—. Tus poderes siguen inestables a causa de la droga que usó en ti y…

—¡Estaré bien!—detuvo con brusquedad, sintiendo la frustración quemándolo por dentro, como si le advirtiera que, si no tenía cuidado, el fuego alcanzaría a su hermano—. No puedo continuar escondiéndome mientras él está allá afuera.

—No irá a ningún lado, Ty—agregó Hiccup con calma, apartándose al sentir cierto calor emanando de su cuerpo—. Sé que es difícil, pero a veces es necesario pensar en ti y luego en el resto; incluso los superhéroes deben permitirse hacer eso.

Suspiró, de nuevo no quería admitir que tenía razón. Sabía que lo estaba decepcionando, en especial luego de la conversación que tuvieron el día anterior, pero en ese momento no tenía muchas alternativas.

—Tal vez…—concedió rendido, tomando el antifaz del escritorio y dejando el cabestrillo en su lugar—, pero aun así debo hacerlo.

Si tan sólo pudiera averiguar cuál era el objetivo de Grimmel, al menos así tendría una idea sobre cómo detenerlo.

—Estaré bien—aseguró con calma, regalándole una sonrisa mientras abría la ventana del ático—. Volveré antes que nuestros padres, lo prometo.

Y, sin darle tiempo de responder, se marchó dejando a Hiccup solo, observando la basta oscuridad.

Entendía cuáles eran sus intenciones y la razón de su comportamiento, por eso no podía culparlo ni molestarse de verdad. Pero eso no evitaba que se preocupara. Porque desde que Grimmel apareció, había comenzado a sentir cómo su hermano se alejaba de él.

—No dejaré que luches tú solo—murmuró, dejándose caer en su silla.

No podía permitir que esa distancia continuara incrementando.

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"Cuando se trata de la familia y de la gente que amamos, todos somos vulnerables. Ninguno de nosotros se salva de tomar una mala decisión."–The Flash, DC Comics.

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Iba tarde. Iba muy tarde, pero ¿podían culparlo? Había dormido prácticamente nada luego de una larga noche de vigilancia, ahora que ya no tenía que cargar con un brazo enyesado. Claro que no podía usar esa excusa con sus padres, al menos no la versión larga.

—Supondrán que te quedaste dormido—se dijo a sí mismo mientras bajaba las escaleras a toda prisa—, ni siquiera debes inventar algo.

Observó su reflejo en el espejo decorativo del pasillo, notando el cansancio en sus ojos. Practicó una sonrisa para no preocupar a su familia y, con un suspiro rendido, se dirigió hacia la puerta.

Tan sólo dio un par de pasos en la acera, cuando su instinto le advirtió sobre los temblores que emergían de la tierra, cada vez más fuertes y estridentes, como un grito de agonía atravesando sus oídos.

Duró poco, pero fue suficiente para determinar su origen cuando escuchó un estruendo en la lejanía, donde una línea de humo comenzó a alzarse, mezclándose con el blanco de las nubes hasta volverlas grises.

—Grimmel…—murmuró con la mandíbula tensa.

Las sirenas de emergencia no tardaron en resonar, advirtiéndole que debía apresurarse.

Definitivamente llegaría muy tarde a la cena familiar.

—Lo siento—suspiró con pesar, regresando a la casa para, minutos después, escabullirse envuelto en su traje negro.

Aún podía sentir ligeros espasmos provenientes del suelo cuando llegó al lugar del incidente. Su expresión cambió de preocupación a terror al darse cuenta de la situación.

El centro comercial, que había estado en renovaciones y al fin abría sus puertas al público, estaba lleno de fracturas, con los ventanales rotos y personas heridas saliendo del interior. Algunas paredes habían colapsado, cubriendo la acera con escombros y vidrios que crujían bajo los pies de los paramédicos.

—¿Qué… ocurrió?—logró pronunciar, estático en su sitio.

—Night Fury—suspiró con alivio un policía, acercándose a él cuando lo reconoció—, nos vendría bien tu ayuda.

—¿Qué ocurrió?—volvió a preguntar, haciendo amago de todo su autocontrol.

—Parece que el edificio fue el epicentro del temblor, hasta ahora no hay muertos, sólo varios heridos—comenzó a explicar el hombre uniformado—. Hemos evacuado toda la zona, en caso de que haya replicas.

El héroe asintió, analizando sus palabras en busca de algún significado oculto.

Aún no sabía qué provocaba los temblores, pero estaba seguro que no era natural y definitivamente su objetivo era el centro comercial. Hasta ahora, siempre habían sido aislados, enfocados en zonas con poca población, pero esta vez decidieron atacar el centro de la ciudad.

No era una casualidad.

—Es como si hubieran estado practicando—murmuró pensativo, ignorando la expresión confundida del policía a su lado.

Antes de poder decir otra cosa, el movimiento bajo sus pies volvió a alertarlo. Era débil, sólo una ligera vibración que hizo saltar a más de uno, pero que fue suficiente para advertirle sobre el peligro que se cernía sobre ellos.

La vibración parecía formar una línea imaginaria, guiando su mirada hacia un punto específico. El techo del edificio. Ahí, de pie en el borde, estaba un hombre corpulento que le sonreía con malicia mientras lo observaba con unos ojos violetas, esos que ya había conocido antes.

—Amplíen la zona de evacuación—ordenó sin apartar la mirada de él—, alejen a todos los civiles.

El oficial, temeroso y sin preguntar más, asintió como respuesta para ir corriendo con sus compañeros. Night Fury no tardó en hacer lo mismo, escalando por el edificio semi derrumbado para llegar al techo.

En otra ocasión, habría disfrutado del paisaje iluminado por los últimos rayos de sol, pero esta vez era más importante la persona frente a él.

Su piel se erizó cuando sus ojos se encontraron, verde contra violeta en una pelea silenciosa que se apresuró a detener.

—Tú has provocado los sismos—dedujo, aún sin pruebas la respuesta era muy obvia—. ¿Por qué?

El hombre castaño no dijo nada, tan sólo volvió a sonreír antes de lanzarse contra él con los puños en alto. Night logró esquivar el primer ataque saltando hacia un costado, dejando al descubierto su cabello azabache cuando la capucha le cayó sobre los hombros.

Exhaló, reponiéndose en su sitio y adoptando una posición defensiva, dispuesto a regresar el siguiente golpe.

—¿Sin palabras?—gruñó, encendiendo sus puños en llamas azules—, entonces pasemos a la acción.

Esta vez, cuando el hombre corrió hacia él, lo detuvo con una bola de fuego que impactó en su hombro, haciéndolo retroceder. Aprovechó su desconcierto para lanzar más proyectiles, acertando varias veces. Pero, contrario a lo que había planeado, el castaño no parecía afectado.

Su ropa estaba quemada, con restos de fuego azul que se sacudió como si no fuera nada. Un gesto que le erizó la piel.

Lo había atacado con todo lo que tenía. Sus manos ardían, advirtiéndole que estaba por llegar a su límite de tiros, pero no podía detenerse.

—¿Estás hecho de plomo o algo así?—se quejó luego de dispararle una vez más, antes de esquivarlo cuando volvió a arremeter contra él.

Se deslizó sobre el suelo agrietado de la azotea, con el polvo adhiriéndose a su traje negro, y se reincorporó de un salto cuando comenzó a temblar, fracturándose cada vez más.

El hombre había golpeado la superficie creando un cráter y, a su vez, una onda que hizo vibrar todo el edificio.

—¡Deja de hacer eso!—advirtió desesperado, tratando de mantenerse de pie—, ¿no entiendes que si el lugar colapsa tú también saldrás herido?

La única respuesta que recibió fueron más temblores y puños que lo hicieron retroceder hacia el borde del techo, acorralado contra el vacío.

—Tomaré eso como un "no"—gruñó, siendo ahora él quien se lanzó al ataque, golpeándolo en un costado con toda su fuerza, pero de nuevo nada ocurrió.

Ante su sorpresa, el hombre sujetó su brazo, alzándolo en el aire mientras un helicóptero zumbaba sobre ellos.

—Genial—siseó frustrado, intentando zafarse.

Lo que menos necesitaba era a un grupo de reporteros imprudentes.

—¿Podrías soltarme?—reclamó, sintiendo sus huesos crujir mientras cubría de fuego su mano libre—, acabo de recuperarme de una lesión—lo golpeó fuerte en el estómago, hiriéndolo por primera vez y enfureciéndolo aún más.

No tuvo oportunidad de recuperar el aliento, pues un atronador grito de cólera lo ensordeció. Vio cómo sus puños se cubrían de púas afiladas mientras corría hacia él. Aunque su mente le insistió en esquivarlo, su cuerpo se paralizó y lo único que pudo hacer fue cerrar los ojos, esperando el golpe que lo arrojó contra el pavimento bajo la mirada aterrada de todos.

¿Cuánto tiempo pasó ahí, tendido en un cráter creado por su cuerpo? No tenía idea, pero esperaba que no fuera mucho, pues aún tenía un enemigo que vencer y una cena a la cual asistir.

—Levántate—se dijo a sí mismo con una voz tan débil que incluso a él le costó escuchar.

No necesitaba ser un genio para saber que sus costillas estaban por romperse, pero decidió ignorarlas a pesar del dolor. Se apoyó sobre sus codos para intentar levantarse, gruñendo mientras su vista se aclaraba, permitiéndole ver al hombre que corría hacia él, ahora con los brazos cubiertos de púas, como si se tratara de una armadura.

—Debe ser una broma—se quejó, rodando sobre el suelo cuando un puño bajó en su dirección.

—¡Night Fury!—gritó de pronto el oficial de antes.

El héroe se permitió observarlo por un segundo, algo que lamentó al sentir una mano endurecida cerrarse sobre su cuello.

—¡A-aléjense de aquí!—logró advertir sin aliento al ser alzado frente a todos.

Sujetó el brazo afilado para servirse de apoyo, ganando pequeños cortes en sus palmas descubiertas mientras luchaba por liberarse.

A su alrededor, escuchó las armas siendo cargadas y apuntadas en su dirección. Todos los policías parecían dispuestos a ayudarlo, pero él no estaba seguro de que fuera buena idea, en especial cuando lo usaban como escudo.

—¡No disparen!—gritó el mismo oficial y él agradeció en silencio que pensara lo mismo.

Pero ese alivio duró poco, porque justo cuando sus ojos se encontraron con unos conocidos entre la multitud, el estruendo de un disparo inundó sus oídos, seguido del ardor que produjo la bala al rozar su hombro.

Su captor, igual de sorprendido que él, decidió arrojarlo contra el muro fracturado del edificio, atravesándolo con un ruido sordo que terminó por derrumbarlo.

Ya cansado de ser tratado como un balón, se incorporó sobre el aparador destrozado en el que había caído. Bastó con inhalar una vez para saber que, ahora sí, sus costillas estaban rotas.

—Ahora sé qué sintió Spidey al enfrentar a Rhino—bromeó con amargura en un intento por apaciguar su dolor.

Si al arácnido le funcionaba esa estrategia, ¿por qué a él no?

—Me sorprende que tu humor siga intacto—habló de pronto una voz entre las sombras.

No necesitó girarse para saber quién era, después de todo lo había visto antes de recibir aquel disparo.

La persona que era responsable de todo ese caos.

—Grimmel...

*O*O*O*

Las imágenes que mostraron en televisión seguían repitiéndose en su mentes mientras conducía por las calles abarrotadas de vehículos y personas. Llegó un punto en que fue imposible continuar y, sumido en la desesperación, abandonó su auto en un callejón vacío para continuar su carrera a pie, suplicando poder llegar a tiempo para ayudar a su hermano.

Nunca tuvo buena condición física y sus pulmones comenzaron a arder casi de inmediato, pero aún así no se rindió. Incluso aunque el suelo bajo sus pies temblara, él continuó corriendo.

Tyre lo había salvado cientos de veces desde que eran niños, y nada iba a impedir que le devolviera el favor esta vez…

Al menos eso fue lo que pensó, porque justo cuando llegaba al lugar un nuevo sismo, seguido de una explosión, hizo que el centro comercial colapsara cubriendo todo con una nube de humo y polvo.

—No…—musitó con los ojos llorosos, quizá por el polvo o por algo más…

Le importó poco el lejano grito de un policía cuando saltó las vallas de seguridad, esquivó cada grieta y escombro en el suelo, ignoró su falta de aliento… Dejó atrás todo y entró al edificio en ruinas, con el nombre de su hermano martillándole la cabeza al ritmo de su corazón.

—No harás esto sin mí—declaró sin aliento—. Ya no más.

En varias ocasiones tuvo que arrastrarse entre los escombros para continuar avanzando, sus pantalones ahora estaban sucios y rasgados, al igual que sus manos cubiertas de pequeños cortes.

Se detuvo un momento para recuperar el aliento, arrepintiéndose cuando le llegó el penetrante olor del gas que cubría el ambiente. Donde quiera que estuviera la fuga, había sido responsable de la explosión de hace rato y, si no tenían cuidado, habría una segunda.

—El edificio no lo soportará—dedujo preocupado para después continuar.

Realmente no sabía hacia donde se dirigía o si realmente encontraría a su hermano al final de ese laberinto de paredes colapsadas, pero no tenía más opciones; Tyre seguía sin responder sus llamadas y eso no era un buen augurio.

—Él va a estar bien—se dijo a sí mismo, deseando que fuera así—. Debe estarlo.

No se atrevía a gritar su nombre, no sólo porque podría provocar un derrumbe, sino porque no sabía quién más podría escucharlo. No quería tomar ese riesgo… Al menos no aún.

Por eso continuó avanzando, con el silencio siendo roto únicamente por las tuberías que goteaban y las luces parpadeantes sobre su cabeza. Y, cuando finalmente llegó a lo que alguna vez fue un estacionamiento subterráneo, soltó un suspiro de alivio salpicado de terror al reconocer la cabellera azabache que sobresalía entre los escombros.

—¡Night Fury!

Al diablo con gritar, ¡su hermano estaba ahí, atrapado, y necesitaba su ayuda!

Tyre no tardó en reaccionar a su voz, lo vio estremecerse bajo la pared de concreto en un intento por liberarse, justo antes de alzar la mirada hacia él.

—¡Sal de aquí!—fue su respuesta, agitando su único brazo libre en un ademán de advertencia desesperado—, ¡vete!

—¿Estás demente?—reclamó Hiccup, frunciendo el ceño confundido y ansioso, sin detener la marcha—. No voy a abandonarte.

El héroe gruñó, ignorando sus palabras, mientras continuaba luchando contra el concreto que lo aprisionaba, pero sus esfuerzos eran en vano.

—Deja que te ayude—insistió, esquivando los escombros dispersos en el camino.

Ahora que estaba más cerca, podía notar la desesperación y el terror en la mirada de su hermano, una expresión que compartía y que esperaba él también reconociera.

—Hiccup—lo escuchó pronunciar, suplicante y agotado.

Su corazón dolió por un instante. Un fugaz momento de duda que le costaría muy caro después.

—Por favor, tienes que irte—insistió Ty—. Él sigue aquí y…

Eso bastó para devolverle el valor.

—Con más razón te ayudaré—apremió, con sólo un par de metros separándolo—. Prometimos ayudarnos siempre, ¿recuerdas?—añadió rápidamente cuando lo escuchó llamarlo de vuelta—. Es lo que hacen los hermanos—sonrió con labios temblorosos.

Dio un paso más hacia adelante, dispuesto a seguir hablando, pero esta vez no hubo palabras saliendo de su garganta… Tan sólo un grito de dolor que le robó el aliento.

—¡Hiccup!

Escuchó a su hermano llamarlo hasta que se quedó sin voz, pero en lugar de responder, lo único que pudo hacer fue caer contra el suelo, sujetando su pierna cubierta de sangre y con una flecha atravesándola de lado a lado.

Sintió unos pasos acercándose, pero su visión se había vuelto demasiado borrosa como para reconocer a la persona.

—Debiste escuchar al héroe—sentenció el desconocido con una calma y arrogancia que le provocaron nauseas—. Eso estuvo muy mal de tu parte.

Aunque su mente divagaba a causa del dolor, tuvo sus sospechas sobre quién podría ser, y las confirmó cuando escuchó a su hermano volver a gritar furioso.

—¡Grimmel!

Era él…

El hombre que había provocado toda esa destrucción y que, a pesar de haberlo prometido, no pudo ayudar a su hermano a detenerlo.

¿Cómo podía exigirle que cumpliera sus promesas, cuando él tampoco lo había hecho?

—Tooth…—pronunció con dificultad, su visión se había aclarado lo suficiente para ver al cazador amenazándolo con la misma ballesta que lo había herido.

Extendió una mano hacia él, dejando un rastro de sangre sobre el suelo. Incluso respirar se había vuelto una tarea imposible, pero aún así intentó acabar con la distancia entre ambos. Esa maldita distancia interminable…

Sus ojos derramaron las primeras lágrimas cuando percibió la desesperación y la furia en la voz de su hermano.

—Déjalo ir… ¡Es a mí a quien quieres!

¿Cómo podría ayudarlo ahora, cuando ni siquiera podía levantarse?

Su hermano seguía atrapado bajo los escombros, indefenso y con una ballesta apuntándolo de cerca.

—Vamos, héroe—volvió a hablar Grimmel, erizándole la piel—. Si quieres detenerme, deja que la bestia se libere.

¿Bestia? ¿A qué se refería?

—Quizá ocupas un incentivo más fuerte—continuó de pronto, deteniéndose y girando hacia él con una aterradora sonrisa, mientras la ballesta buscaba un nuevo objetivo.

Lo sabía. Lo que pasaría después… no había manera de evitarlo…

Habría querido ver a su hermano por última vez, pero sus ojos se cerraron por instinto cuando la flecha fue disparada, esperando en silencio el siguiente impacto contra su cuerpo.

Pero nunca llegó…

En su lugar sintió unos brazos envolviéndolo y haciéndolo rodar sobre el suelo agrietado. Era un abrazo fuerte y desesperado, caluroso y abrazador… Tan familiar y reconfortante que deseó poder corresponder.

—¿Toothless…?—murmuró agotado, abriendo los ojos un momento, descubriendo el rostro sucio de su hermano.

—Hiccup—dijo lloroso, su voz sonaba tan diferente, casi irreconocible.

Llevó una mano a su rostro, mezclando el polvo con la sangre en sus dedos, sintiendo una rugosidad extraña en sus mejillas, justo donde iniciaba el antifaz negro.

¿Qué había ocurrido? ¿Por qué el cuerpo de su hermano parecía arder en llamas? ¿Y por qué los ojos de su hermano le recordaban a los de un reptil?

Tenía tantas preguntas que quería hacerle, pero prefirió gastar su último aliento en algo mejor…

—Este… no es el final…—susurró, su mano deslizándose devuelta a su regazo—. Así que sigue luchando...

—Hiccup…

Sonrió, odiándose por no ser útil para su hermano.

—Y prométeme… que no te rendirás…

¿Cómo podía pedirle algo así, cuando él sí lo estaba haciendo?

¿Cómo podía pedirle que siguiera luchando, cuando él ya no podía hacerlo?

¿Cómo podía dejarlo… cuando sabía que aún lo necesitaba a su lado?

¿Cómo podía decirle adiós… cuando no quería irse?

—¿Hiccup?—lo llamó, su voz ahora rota y los ojos llorosos mientras observaba al castaño que yacía inconsciente en sus brazos.

Le buscó el pulso desesperado, encontrándolo débil, casi inexistente al igual que su respiración… Y gritó…

Gritó con todas sus fuerzas, haciendo temblar las paredes que aún quedaban en pie. Era un grito desgarrador y lleno de agonía que, ante sus oídos y los de Grimmel, pareció el rugido de una bestia.

Una bestia feroz y fuera de control.

—¿Eso era lo que querías, o no?—pronunció con una voz gutural, sintiendo la mirada del cazador en su espalda.

Dejó con cuidado a Hiccup en el suelo y se giró tan lentamente que incluso Grimmel se estremeció cuando encontró sus ojos, ahora de un verde que lucía tan letal como el ácido de un Changewing. Pero Night Fury, cegado por sus emociones, ni siquiera pudo detenerse a disfrutar esa reacción.

El fuego en su interior lo quemaba, sacándole gruñidos de dolor. Su mente, su corazón, incluso su respiración; todo su cuerpo le exigía una única cosa: Destruir a Grimmel Grisly.

Por primera vez, se dejó consumir por la furia que hacía honor a su nombre… Por primera vez, estaba dispuesto a tirar a matar.

Se lanzó contra él, ansiando poder desgarrarle la piel con las garras que habían comenzado a crecer en sus manos.

Lo derribó contra el suelo, clavándole las garras en el hombro. Siseó extasiado mientras aplicaba más fuerza a su agarre, sintiendo los hilos de sangre deslizarse entre sus dedos. Pero el placer que le provocaba desapareció en cuanto lo vio sonreír.

¡¿Por qué?! Quería que sufriera, ¡que gritara de dolor como lo hizo su hermano! Entonces ¡¿por qué lo miraba con esa sonrisa lasciva y penetrante?!

Aun teniéndolo entre sus garras, ¿por qué Grimmel parecía seguir ganándole?

Alzó su mano libre, con las garras resplandeciendo bajo las luces parpadeantes. Un ligero vapor azul escapó por sus fosas nasales, producto del fuego interno que agitaba su respiración.

Realmente quería desgarrarle la garganta, ¡en verdad quería hacerlo!

Pero no pudo.

La sonrisa del cazador seguía taladrando su cabeza, evitando que pudiera predecir su siguiente movimiento.

Si hubiera tenido el control de sus emociones, quizá habría notado la bola de fuego que voló en su dirección. Pero no fue así, y en su lugar recibió el impacto en un costado, justo donde sus costillas se habían roto momentos atrás.

—Parece que aún no estás listo—se lamentó Grimmel, sujetándose el hombro herido—, qué decepción.

Ahora en el suelo, Night Fury recobró un poco de cordura, sucumbiendo ante el dolor de sus heridas y la dificultad para respirar. Intentó levantarse, pero sus manos, ahora normales, no lograron sostenerlo. Giró el rostro para encarar al hombre, pero en el camino se encontró a un policía con una mano en llamas y los ojos violetas.

Bastó con verlo sonreír para saber quién era, pero no tuvo tiempo de confirmarlo, pues fue tomado por sorpresa de nuevo cuando una mano se cerró sobre su cuello, alzándolo por la espalda. La presión que lo asfixiaba era espantosamente familiar.

La cría maligna del relámpago y la muerte misma—la voz de Grimmel se escuchó distorsionada y lejana a pesar de tenerlo frente a él—, aún te falta crecer un poco más.

En otra ocasión habría querido saber a qué se refería, pero estaba demasiado cansado para prestarle atención a sus palabras.

Su visión se llenó de puntos negros. Ya no tenía fuerzas, ni ganas de seguir luchando, pues sabía de sobra que esa pelea la había perdido desde el principio.

Justo ahora, lo único que le importaba, lo único que necesitaba, era que su hermano estuviera bien.

Alzó una mano hacia él, pero no pudo alcanzarlo…

Mantuvo sus ojos abiertos, pero no pudo mirarlo.

Pronunció su nombre, pero jamás escuchó una respuesta.

Lo único que pudo hacer fue rendirse y sucumbir a la oscuridad que lo reclamaba como prisionero.

—Libéralo—demandó Grimmel al verlo inconsciente.

Obediente, el hombre de los terremotos lo arrojó sin cuidado contra un muro derrumbado, esperando la siguiente orden de su dueño.

El cazador se limpió la mano ensangrentada en su túnica, para después guiarla hacia el comunicador en su oído.

—Speed Stinger—llamó con el mismo tono demandante—, ven aquí.

Sólo transcurrieron unos segundos antes de que una ráfaga de viento apareciera como respuesta.

Frente a ellos ahora estaba una joven pelirroja, vestida con un leotardo verde militar y el ceño fruncido. Saludó a Grimmel con una reverencia, manteniéndose en silencio.

—Necesito que el Night Fury se fortalezca—reanudó el cazador, su mano de vuelta en su hombro herido—… y ese humano nos ayudará a conseguirlo.

La mirada de todos cayó en el castaño inconsciente.

En medio de la oscuridad, Speed Stinger alcanzó a distinguir su débil respiración. Seguía vivo, pero no por mucho tiempo, y eso la hacía preguntarse ¿qué podría conseguir Grimmel de un chico moribundo? ¿No sería mejor capturar a Night Fury ahora que estaba vulnerable? Lo que el cazador proponía no tenía sentido para ella, pero claro, no estaba en posición de contradecirlo.

—Hobblegrunt—llamó Grimmel al policía que dio un paso al frente en respuesta—, ya sabes qué hacer.

Sus ojos violetas resplandecieron mientras su rostro y ropa se deformaban, su cuerpo se volvió más pequeño y su cabello, antes rubio, se oscureció. La mueca en sus labios denotaba incomodidad y dolor, pero desapareció en cuanto el cambio se detuvo.

Ahora frente a ellos estaba una copia exacta del castaño inconsciente.

O casi exacta…

Grimmel, con una expresión neutra, recogió su ballesta del suelo, cargándola con una nueva flecha y apuntándola hacia él.

Sabían lo que pretendía, pero nadie lo detuvo. Tan sólo se limitaron a ver cómo el doppelgänger caía al suelo con una flecha atravesando su pierna, soltando un grito de dolor que a la pelirroja le erizó la piel.

—Ahora sí—evaluó el hombre, guardando el arma en su cinturón y girándose hacia ella—. Encárgate del resto.

Tras obtener un asentimiento como respuesta, Grimmel se marchó dejando a sus tres acólitos solos en medio del estacionamiento en ruinas. Sólo entonces Speed Stinger se permitió suspirar, liberando toda la tensión de su cuerpo, para recomponerse después.

Caminó hacia el doppelgänger que la observaba con ojos temerosos, notando un ligero atisbo de verde mezclándose con el violeta. Inhaló con fuerza y apartó la mirada, concentrándose en el aguijón que se extendía sobre su mano, con un líquido transparente deslizándose por todo el largo. Se embriagó con esa sensación, como si eso le diera el valor suficiente para continuar. Y así lo hizo…

Al ritmo de un parpadeo, clavó la punta afilada en el pecho del que alguna vez fue su compañero y la dejó ahí mientras escuchaba cómo su corazón se detenía lentamente.

Sus ojos fueron dominados por un verde lleno de miedo. Su piel perdió el color, volviéndose blanca como el papel y fría como el hielo. Una lágrima surcó su rostro y entonces, con una última exhalación, sus pulmones también se apagaron.

Su cuerpo pereció, congelado en el tiempo, con un aspecto que no era el suyo y bajo un nombre que no le pertenecía. ¿Y el suyo? Se perdería en el olvido, insignificante, frágil y sin valor.

—Deshazte de las evidencias—ordenó Speed Stinger al compañero restante.

El hombre de los terremotos asintió sin inmutarse y, mientras ella cargaba sobre su hombro al castaño vivo e inconsciente, él derribó la pared más próxima, haciendo temblar todo por última vez.

Al reunirse con ella, ambos vieron el cuerpo sin vida desaparecer bajo los escombros del techo que colapsaba sobre ellos, advirtiéndoles que era momento de irse.

En medio del caos, yació el héroe inconsciente, muy cerca del hermano falso que Grimmel había creado para él…

.

.

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Despertó a causa del olor a humo y gas mezclado en el ambiente, estaba en medio de la oscuridad, con el cuerpo mallugado y herido sacándole gruñidos de dolor con cada intento que hacía por levantarse, consecuencia de una batalla que no ganó.

Cuando finalmente logró sentarse sobre el suelo frío, los recuerdos fugaces de lo ocurrido lo aturdieron por un instante, amenazando con hacerlo caer de nuevo. Pero se mantuvo en su lugar, porque ante todo había una cosa que lo preocupaba. O más bien, persona

Revisó todo el lugar con la mirada, buscando entre los escombros y la penumbra a aquél que había estado a su lado durante todo el caos. Al menos por esta vez, esperaba que sus poderes fueran de utilidad y lo ayudaran a encontrarlo.

Los temblores, una explosión y quién sabe qué otras cosas sucedieron mientras estuvo inconsciente, habían provocado que ni una sola pared, columna o techo siguiera en pie. Ni siquiera sabía si aún había una salida y tampoco le interesaba saber si Grimmel y sus lacayos lograron sobrevivir.

Tan sólo necesitaba encontrar a Hiccup. Era lo único que quería. Lo único que importaba.

—¡Hiccup!—llamó con voz ronca, un grito apagado que se extinguió en el vacío—. ¿Dónde estás?—murmuró desesperado.

Llevó una mano a sus costillas fracturadas, intentando calmar el dolor que crecía en ellas. Aún sentía el fuego abrazador que había recorrido sus venas y apoderado de su mente.

Lo frustraba no saber qué ocurrió después. Había sido derrotado, aun sabiendo que la seguridad de su hermano dependía de él.

—Por favor, debes estar bien—suplicó con un nudo en la garganta.

Su corazón latía con tanta fuerza que sus costillas dolían cada vez más. Necesitaba encontrar a su hermano, ¡lo necesitaba a su lado! O se volvería loco, consumido por un poder que no sabía si realmente era suyo, porque ya no lo sentía así…

—Te necesito…—ahogó el primer sollozo, intentando controlar su respiración.

Pero, ¿de qué sirvieron sus suplicas?, si los dioses tenían preparado algo diferente para él. Porque cuando lo encontró, cubierto de escombros en medio de la oscuridad, su mundo se vino abajo justo como el edificio a su alrededor.

Por ese instante el dolor desapareció, recuperando la fuerza para levantarse de un salto y correr hacia él.

Necesitaba alcanzarlo. Necesitaba darle fin a esa maldita distancia entre ellos.

—No, no, no—dijo una y otra vez arrodillándose para empezar a retirar los escombros que lo aprisionaban—. ¡Maldición!—rugió con la poca voz que aún le quedaba, consumido por el miedo y la desesperación.

El cuerpo entero le temblaba y sus costillas crujían con cada trozo de concreto que lanzaba lejos. Pero los gritos desesperados de su cuerpo pidiendo descanso fueron callados por el nombre de su hermano.

Sólo quería que él estuviera bien.

Tenía que salvarlo, aunque en el fondo una voz le decía que quizá era demasiado tarde.

—No…—se detuvo un segundo, negando tal pensamiento—. Debes estar bien—insistió, mientras el miedo comenzaba a ser reemplazado por la culpa.

Porque él lo había arrastrado a eso. Porque nunca midió las consecuencias de sus actos.

Porque si alguien tenía la culpa de lo que había ocurrido… ese era él.

—Hiccup—sollozó, liberando el cuerpo de su hermano y tomándolo entre sus brazos.

Sólo entonces notó el color carmesí que cubría su ropa sucia y el charco del mismo tono sobre el cual se encontraba sentado, una mezcla de la sangre de ambos.

—Por favor despierta—imploró con voz rota y la vista nublada por las lágrimas—. No me hagas esto, por favor—insistió, sujetando su rostro frío para limpiar el polvo que lo ensuciaba—. ¿Qué pasará con nuestros padres? ¿Con Astrid? ¿Y tus planes para la universidad?

Las primeras lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera evitarlo.

—¡Abre los ojos!—exclamó rompiendo en llanto, quitándose el antifaz cuando las primeras lágrimas comenzaron a caer.

No hubo respuesta. Tan sólo silencio y una oscuridad que se hacía cada vez más pesada.

—Por favor…—musitó, buscando con la mirada algún movimiento en sus párpados, algo que le dijera que sólo estaba dormido y despertaría en cualquier momento.

Pero no fue así.

El cuerpo de su hermano estaba pálido, tan frío como el hielo, y no había ningún latido surgiendo de su interior.

—Por favor…—insistió, dejando caer la cabeza contra su pecho inmóvil y silencioso, sintiendo cómo una parte de él era desgarrada y jamás le sería devuelta—… Hiccup…

Se había ido.

Lo había perdido y todo era su culpa.

Quiso gritar, pero ya no tenía voz ni fuerza suficiente para hacerlo.

¿Qué clase de héroe era si no podía proteger a los que ama?

Sin duda no era ninguno.

Nunca lo fue.

.

.

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El exterior era un revuelo de voces y gente empujándose detrás de las vallas de seguridad, todos curiosos y atemorizados por saber qué había ocurrido dentro del edificio. Los policías intentaban calmar a la multitud, insistiendo en que debían retirarse, pero nadie los escuchaba.

Para cuando Astrid y los Haddock llegaron al lugar, los temblores habían cesado, el fuego había sido apagado y el humo se disipaba en el cielo nocturno.

¿Cómo terminaron ahí? Conforme las horas pasaban y las noticias en televisión empeoraban, Astrid no tuvo otra opción más que contarles la verdad. No sabía si estaban molestos o preocupados, quizá un poco de ambos. Ella, por otro lado, además de preocupación, sentía culpa. Porque debió escuchar a su cordura, en lugar de guardar un secreto que sólo traería problemas.

—¿Dónde están mis hijos?—preguntaba Valka con desesperación, aferrándose a la mano de su esposo mientras buscaba algún rostro familiar.

Ojalá lo supiera, pero ninguno respondía sus llamadas y eso estaba acabando con su paciencia.

El miedo había comenzado a devorarla desde adentro, no sabía si podría detenerlo, pero luchó contra él para no derrumbarse.

Se abrió paso entre las personas hasta llegar al frente, siendo seguida de cerca por la pareja. Su plan era preguntarle a algún policía si habían visto Hiccup, o si conocía el paradero de Night Fury.

No supo si fue suerte, o quizá una desgracia, que no hiciera falta preguntar.

—¡Es Night Fury!—exclamó alguien entre la multitud.

La mirada de todos cayó sobre la silueta oscura que caminaba a tropezones hacia la luz de los reflectores.

Estaba herido, con el rostro oculto tras la capucha cubierta de polvo, y una persona inconsciente en sus brazos.

No.

No estaba inconsciente…

—Hiccup…—susurró, reconociendo su cabellera castaña ahora opacada por la suciedad.

Su cuerpo actuó por cuenta propia, saltando la valla para correr hacia él. Pero antes de llegar le fallaron las piernas, obligándola a detenerse.

Los Haddock se paralizaron a su lado sin saber qué decir o hacer cuando Night Fury reparó en su presencia, observándolos con unos ojos oscurecidos e irritados, antes de caer de rodillas con el cuerpo tembloroso, pero sin soltar al joven en brazos.

El primero en dar un paso al frente fue Stoick, con gruesas lágrimas resbalando por sus mejillas.

Valka no tardó en seguirlo, arrodillándose frente a él para reclamar al hijo que le había sido arrebatado.

—¿Hiccup?—llamó entre sollozos, mientras lo acunaba entre sus brazos—. Despierta, cariño…

No lo haría. Nunca más.

Su sueño era eterno… E inalcanzable.

—¡Hiccup!—gritó destrozada, ocultando el rostro contra el pecho apacible de su hijo.

Stoick exhaló, conteniendo el llanto, y se dejó caer a su lado, sujetándola por los hombros. Su mirada se encontró con la del azabache, justo antes de que decidiera retroceder nervioso y aterrado.

Él lo sabía. La razón por la que estaban ahí, la tristeza y decepción en sus ojos. Lo habían descubierto.

—Yo…—murmuró, levantándose en contra de los deseos de su cuerpo mallugado.

¿Qué podría decir que compensara lo que había hecho? Nada. No había nada que pudiera hacer para remediarlo… Porque nada traería de vuelta a Hiccup.

Tan sólo…

—Lo siento…—susurró antes de correr hacia la oscuridad.

Entonces recordó aquellas palabras:

«La cría maligna del relámpago y la muerte misma»

Quizá sí era eso después de todo.

Justo ahora, sus poderes no se sentían como un don…

Eran una maldición.

.

.

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"Todos los niños sueñan con ser un superhéroe, tener poderes y salvar a la gente. Pero ningún niño piensa en lo que implica ser un héroe y no poder salvar a la gente."–The Flash, DC Comics.


Bueno, luego de meses desaparecida, aquí tienen un nuevo capítulo.

Al fin sabemos qué ocurrió hace tres años y porqué Hiccup sobrevivió. ¿Qué creen que fue más cruel: Hacerles creer que murió o que le lloren a un cuerpo que ni siquiera es suyo? ¿Me odian? Porque yo sí lo hago, sólo un poco… Aunque igual lo disfruté. Había ansiado tanto escribir esas últimas escenas y quedaron mejor de lo que pensaba.

Debo admitir que iba a ser más largo, pero decidí cortarlo. Resulta que todo es más rápido en mi mente: Un par de paredes derrumbándose, Night atrapado bajo un muro de concreto y luego Hiccup "muriendo". Simple, ¿verdad? Todo se complica cuando te metes en la cabeza de los personajes.

La parte que falta es corta, así que la tendré lista para el próximo fin de semana.

Espero que les haya gustado este capítulo ¡de 30 páginas! Y si sintieron algún déjà vu, no fue su imaginación, sí reescribí un par de escenas, ahora con el contexto completo les hice algunos ajustes (ni siquiera yo tenía el contexto completo cuando las escribí por primera vez xD).

En fin…

A todos los que leyeron hoy... GRACIAS


Curiosidades:

1. El "hombre de los terremotos" es un Catastrophic Quaken (Temblor Catastrófico).

2. La escena final de Night cargando a Hiccup está inspirada en Batman con Robin de Death on the Family.

3. El final tuvo de inspiración la canción Call your Name de Shingeki no Kyojin.