Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.
La Desaparición del Héroe, Epílogo
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Capítulo 20
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"Tal vez la única forma de honrar a los muertos es aprovechar al máximo tu vida, ya sea que dure unos pocos años… o un siglo que transcurrió rápidamente."–Spider-Man, Marvel Comics.
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Entró con torpeza por la ventana del ático, golpeando el escritorio y tirando cosas en el proceso. Incluso escuchó algo romperse, pero decidió ignorarlo.
Cuando sus pies hicieron crujir la madera del suelo, todo a su alrededor comenzó a girar provocándole náuseas y, entonces, el recuerdo de lo ocurrido le cayó encima como agua fría, derrumbándolo sobre el suelo, presa del pánico y el dolor.
Mil y un preguntas golpearon su mente, atormentándolo en silencio al no obtener ninguna respuesta. ¿Cómo fue que todo terminó así? ¿En qué momento las cosas comenzaron a salir mal? ¿Cuál fue su primer error: dejar a Grimmel libre por tanto tiempo, confiarle su secreto a Hiccup…? O tal vez…
¿Sobrevivir a aquel disparo?
Si tan solo las cosas hubieran sido diferentes ese día, entonces…
—Debí ser yo…—murmuró sin voz, arrastrándose hacia el rincón más oscuro y apartado del ático.
Observó sus manos sucias con polvo y sangre seca, estremeciéndose al recordar el contacto frío de su piel y el silencio en su pecho.
Su hermano se había ido y era su culpa.
—Debí ser yo…—musitó, apoyando la cabeza contra la pared, dejándose vencer por el cansancio.
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Despertó al amanecer, cuando el silencio fue roto por los pasos cansados de su padre y el llanto desconsolado de su madre. Habían vuelto a casa, y él no estaba listo para verlos, en especial cuando las imágenes de lo ocurrido seguían en su cabeza, torturándolo incluso en sus sueños.
Pensó en salir de ahí antes de que lo encontraran, pero su cuerpo estaba paralizado por el miedo, así que lo único que pudo hacer fue permanecer en silencio, implorando que la puerta del ático estuviera cerrada.
¿Cuánto tiempo permaneció ahí? ¿Horas? ¿Días? Ya ni siquiera volteaba a la ventana, tan sólo observaba la luz proyectándose en el suelo hasta desaparecer, una y otra vez, mientras escuchaba los sollozos de su madre, encerrada en la habitación que alguna vez compartió con su hermano, y los suspiros de su padre al pie de la escalera, intentando ser fuerte por su familia.
No sentía hambre, ni sed y sus costillas dolían cada vez menos. Si tan sólo pudiera decir lo mismo sobre la presión en su corazón.
Si tan sólo pudiera dejar de sentir ese dolor que lo carcomía y le robaba el aliento.
—¿Tyre?—la voz apagada de su padre se elevó a través de la puerta en el suelo, erizándole la piel, silenciando sus pensamientos.
Hizo un intento por retroceder, pero estaba contra la pared, con el cuerpo adormecido por el desuso.
—Sé que estás ahí… Hijo.
No. No debía llamarlo así. No debía buscarlo.
Lo escuchó suspirar con cansancio, imaginándose el aspecto demacrado que debía tener por su culpa.
—El… funeral—pronunció su padre, las palabras atrapadas en su garganta—, será esta tarde.
Ahogó el llanto en su pecho al escucharlo, sintiendo las lágrimas picar en sus ojos apagados.
—Te dejaré la dirección junto a la puerta—añadió luego de un rato en silencio—… Por si quieres ir a despedirte.
Era mentira. Cómo podía querer que los acompañara, cuando él había tenido la culpa. ¿Por qué querría tener a su lado al responsable de su muerte?
Si sabía que estaba ahí, ¿por qué no lo obligaba a marcharse?
¿Por qué…?
—No estoy molesto, hijo—susurró su padre, algo en su voz rota no se escuchó del todo segura—. Sólo quiero saber que estás bien.
Otra mentira. No debía preocuparse por él. Debería odiarlo por lo que hizo, ¡¿por qué no lo odiaba?!
—¿Tyre?
¿Por qué había tanta angustia en su voz? ¿Por qué parecía estar a punto de romperse?
Lo escuchó suspirar de nuevo, mezclándose con los sollozos de su madre.
—Hablemos cuando estés listo, ¿de acuerdo?—le pidió esperanzado—. Recuerda, ningún secreto puede ser tan malo…
Esperó que continuara, pero no lo hizo, tan sólo se marchó, con sus pasos resonando en el corredor en busca de la mujer que no dejaba de llorar.
—… Como para ocultárselo a tu familia—susurró, mientras sus padres salían de la casa, sumiéndolo de nuevo en el silencio.
Sus padres…
¿Realmente merecía seguir llamándolos así? ¿Podía seguir considerándolos su familia?
«No»
Escuchó por primera vez esa voz en su cabeza, similar a la suya pero a la vez tan diferente, y supo que el verdadero tormento apenas comenzaba.
«Tú mataste a su hijo. A su verdadero hijo»
—Lo sé…—murmuró, abrazándose a sí mismo, sintiendo las garras surgir otra vez, clavándose en sus brazos.
«No eres su familia»
Las primeras lágrimas cayeron, siguiendo el ritmo de la sangre que se deslizaba entre sus dedos.
«No eres un Haddock»
—Lo sé…
«No eres un héroe»
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La luz proyectada en el suelo era tenue, un indicio de que el día estaba por llegar a su fin.
No se había movido ni un centímetro desde que… Stoick y Valka se fueron. Incluso la voz en su cabeza lo había abandonado, dejándolo a merced de las imágenes que se repetían ante sus ojos.
Acarició los cortes en sus brazos con la punta de sus garras, disfrutando el hormigueo que le producía el roce contra la piel salpicada de sangre, su sangre. Las primeras heridas fueron un accidente, pero después…
No sabía por qué continuó haciéndolo. Tan sólo quería pensar en otra cosa, olvidar lo ocurrido por un instante. Y, bueno o malo, esas garras le estaban dando el consuelo que necesitaba.
En otra ocasión se habría preguntado su origen, pero en este momento no tenía ningún interés en averiguarlo. Tan sólo le importaba la sensación que dejaban al rasgarle la piel, seguido del escozor de la sangre caliente deslizándose por la herida hasta que volvía a cerrarse.
Una y otra vez, mientras contaba los minutos que le tomaba sanar.
Cada vez tardando más tiempo, perdiendo más sangre, respirando más lento…
Cada vez llegando más lejos… preguntándose qué tan afiladas eran esas garras y cuánto más podría resistir su cuerpo.
¿Cuánto más tendría que esperar hasta dejar de sentir algo?
Cerró el puño con fuerza, clavándose las garras una vez más. Observó la sangre que se deslizaba entre sus dedos hacia el suelo, mientras el eco de las gotas se convertía en el único consuelo en medio del silencio que lo consumía.
Quizá estaba mal, pero por ese pequeño instante sintió paz. Una paz abrumadora que lo convenció de aplicar más fuerza, siseando de dolor cuando sus tendones fueron rasgados, bloqueando cualquier otro movimiento y devolviéndolo a la realidad.
Su mano, ahora flácida, descansó sobre su rodilla con las garras desapareciendo y las heridas cerrándose muy lentamente.
Disfrutó ese nuevo dolor, tan físico como el de sus costillas rotas, pero diminuto en comparación con el de la pérdida. Esas heridas no eran nada si las comparaba con las de su hermano.
¿Cuánto dolor habría soportado? ¿Cuánto habría tenido que sufrir antes de rendirse y perecer? ¿Lo habría llamado en busca de ayuda? ¿O lo habría odiado por no salvarlo?
Porque él sí lo hacía. ¡Se odiaba tanto que quería desaparecer!
Quería dejar de sentir, dejar de pensar. Quería olvidar y perderse para siempre.
Pero, ¿por qué no podía? ¿por qué sus heridas seguían sanando? ¡¿Por qué su maldito poder seguía atormentándolo?!
«Porque es tu culpa»
—Lo sé.
La voz había vuelto y eso sólo complicaba aún más sus pensamientos.
«¿Por qué no terminas con todo de una vez?"
¿Terminar con todo?
Observó su mano herida y la sangre que salpicaba el suelo.
«Si en verdad quieres ser un héroe, destruye a la persona que ha causado tanto daño"
—Grimmel…—el nombre le supo amargo, en especial al comprender que no se refería a él.
Sí, Grimmel era responsable de los ataques, sus súper humanos destruyeron Berk. Pero todo inició con Night Fury, con Tyre y la bala que recibió un año atrás.
La nube de violencia e inseguridad que envolvía la ciudad que juró proteger, estaba ahí por su culpa.
—Tú tenías razón—murmuró, observando el pizarrón repleto de recortes y notas adhesivas en el otro extremo del ático—. De no ser por mí, ellos no se habrían mostrado al mundo.
Quizá era así.
Si Night Fury no hubiera aparecido, si Tyre no hubiera obtenido sus poderes, Berk estaría a salvo y… Hiccup estaría vivo.
Él había iniciado eso…
«Y debes ponerle fin.»
Sí. Debería… terminar con todo.
Para dejar de sentir dolor. Para dejar de hacer sufrir a los que ama.
«Es lo mejor para todos»
Llevó su mano sana al cuello, la única que aún conservaba sus garras, y la cerró a su alrededor, sintiendo el pulso débil contra sus dedos. Presionó lentamente hasta que las puntas le perforaron la piel. Inhaló en busca de oxígeno, con los ojos llorosos y sus pulmones ardiendo.
No sintió miedo, ni desesperación, sólo un dolor punzante que lo animaba a continuar.
Y lo habría hecho, de no ser por el ruido de la puerta principal abriéndose.
Escuchó unos pasos firmes y apresurados subiendo hacia el segundo piso, obligándolo a detenerse, con la mano aún sobre su cuello. El pulso antes débil se aceleró al pensar que podrían ser sus padres. Pero la idea se esfumó en cuanto reconoció la voz que lo llamaba.
—¡Tyre Knight Haddock, sé que estás aquí!
Snotlout.
¿Por qué estaba ahí?
«Debe irse»
Los pasos se escuchaban cada vez más cerca y, cuando al fin se detuvieron, la puerta del ático comenzó a ser golpeada.
«¡Has que se vaya!»
Sintió miedo. No quería que lo encontrara… Y no quería lastimarlo.
—¡Abre la puerta!—exigió Snotlout, estaba furioso y podía entender la razón.
Debía escapar, pero no tenía fuerzas para moverse, y cuando el cerrojo de la puerta cedió finalmente, lo único que pudo hacer fue cerrar los ojos mientras lo escuchaba subir las escaleras del ático.
La mano en su cuello ahora cubría sus oídos, en un vago intento por aplacar la voz que taladraba su cabeza.
—¿Tyre?—la voz de Snotlout se escuchó tan lejana, aunque debía estar muy cerca de él—. ¡Tyre!
Abrió los ojos por instinto, observando el terror en su rostro mientras corría hacia él. Entonces reparó en su aspecto, bajó la mirada hacia sus manos y luego hacia el traje empapado con su propia sangre, la misma que impregnaba el ambiente, mezclándose con la esencia de su hermano hasta hacerla desaparecer…
Nuevamente era su culpa.
—¡Tyre!
Sus ojos se cerraron de nuevo, desvaneciéndose con una exhalación.
•
No supo cuánto tiempo estuvo inconsciente, pero cuando volvió en sí, tenía a Snotlout a su lado, presionando la herida en su mano en un vago intento por detener el sangrado.
—¡Tyre! ¡Despierta maldición!—exclamó cerca de su oído, aturdiéndolo—. Llamaré a una ambulancia.
Eso bastó para obligarlo a reaccionar. No podía, ni quería ir a un hospital.
Se apresuró a sujetarle el brazo con su mano sana para detenerlo, notando que las garras habían desaparecido.
—Maldita sea, Tyre—suspiró con alivio, devolviéndole el apretón—, ¿en qué demonios estabas pensando?
Cuando sus ojos se encontraron, Snotlout volvió a suspirar, agradecido al ver que volvían a ser humanos. Estaban apagados, fríos, casi sin vida, pero eran humanos; aunque Tyre no parecía percatarse de ello.
En ese momento, recordó porqué estaba ahí y toda la preocupación que había sentido se esfumó, trayendo de vuelta el enojo de antes.
—¿No hablarás?—carraspeó, frunciendo el ceño—. Bien, porque yo sí.
Tyre permaneció inmóvil, viéndolo abrir el botiquín junto a ellos, antes de cerrar los ojos de nuevo. Se concentró en el tacto brusco de Snotlout mientras limpiaba sus heridas con gasas impregnadas de alcohol. No quería admitirlo, pero incluso entonces, el ardor producido por el antiséptico lo reconfortó, manteniéndolo atado a la realidad.
—¿Te duele?—preguntó Snotlout al escucharlo sisear—. ¡Pues qué bueno!—y empezó a vendarlo con mucha fuerza—. ¡¿En qué demonios pensabas?!
No respondió. Ni siquiera él sabía con exactitud porqué lo había hecho. ¿Para dejar de sentir? ¿Para acabar con todo? ¿Realmente eso era lo que quería?
—Maldición, debería golpearte—se quejó el otro azabache sin dejar de vendarle la mano—. ¡Se supone que vine a golpearte!
La voz en su cabeza había desaparecido, pero aún había demasiadas cosas ahí dentro que no lo dejaban pensar con claridad.
—Hazlo—murmuró.
—¿Hazlo?—repitió Snotlout sorprendido—. Imbécil, ¡¿eso es lo que quieres?!—reclamó, golpeándolo en el hombro, aunque no con la fuerza que habría esperado—. ¿Crees que eso va a solucionar todo?—cuestionó furioso, señalándolo por completo, antes de que su mirada se oscureciera—, ¿o pensaste que así lo traerías de vuelta?
Tyre se estremeció y bajó la mirada. ¿En verdad eso era lo que quería?
—No eres el único que está sufriendo su pérdida—continuó de pronto, guardando las cosas en el botiquín—, ¿eres tan egoísta que no piensas en lo que sentimos los demás, en lo que sienten tus padres?
Quiso cerrar sus puños, pero la mano herida seguía sin responderle.
Sus palabras habían causado más daño que cualquier golpe que pudiera recibir o cualquier corte que pudiera provocarse. ¿En qué demonios había estado pensando?
Su cuerpo se estremeció por el llanto que intentaba contener, hasta que fue inútil, pues todas las emociones acumuladas en los últimos días comenzaron a escapar, esta vez en forma de lágrimas que limpiaron la sangre en su rostro.
—No vuelvas a hacer algo como eso—pidió Snotlout, abrazándolo por sorpresa—. No es lo que él querría—susurró contra su oído—. Hiccup y mis tíos han hecho tanto por ti, no les pagues de esa manera.
«Sólo les has dado sufrimiento y preocupaciones»
Ocultó el rostro en el hombro de su primo, intentando apagar la voz en su cabeza de nuevo.
—Ya perdieron un hijo.
«Sí, y fue tú culpa»
—No les quites el único que les queda.
Se rompió, porque sólo eso pudo hacer, y lloró hasta quedar sin voz, aferrado al cuerpo de Snotlout que lo abrazaba como nunca antes lo había hecho.
—Vamos—carraspeó cuando al fin lo sintió tranquilo—, necesitas ducharte, apestas a perdedor—bromeó, secándose sus propias lágrimas para ayudarlo a levantarse.
•
Ambos se encontraban sentados al pie de la escalera. Tyre, ahora limpio, tenía el cabello mojado sobre los ojos y vestía una camiseta gris que se pegaba a su piel húmeda, mientras Snotlout seguía vendando el resto de sus heridas. No era el mejor dando primeros auxilios, pero al menos lo intentaba.
—La ceremonia aún no termina—dijo de pronto, cortando el silencio y erizándole la piel—. Gobber dio un discurso muy emotivo, casi me hace llorar.
Mentira, sus ojos estaban tan irritados como los suyos.
—Todos están ahí, incluso Dagur asistió…—continuó, concentrado en el movimiento de sus manos con las vendas—. Sólo faltas tú…
Tyre intentó apartarse al comprender su nueva intensión, pero Snotlout no lo permitió.
—Tus padres decidieron esperar un poco más por ti—reveló, sosteniéndole la mirada—, realmente quieren que estés ahí...—pareció dudar por un segundo—. Él también debe estar esperándote.
No podía ir. No era correcto.
El miedo de antes volvió a apoderarse de su cuerpo, sintiendo cómo el fuego en su interior amenazaba con encenderse de nuevo.
—Le debes eso al menos, ¿no crees?—la voz de Snotlout lo mantuvo en la realidad—. Luego de todos los golpes que recibió por ti, y los que me dio a mí por ti, se merece que lo despidas con una sonrisa.
Despedirlo con una sonrisa.
Liberó una lágrima solitaria al recordar que eso había querido hacer, pero no así… No cuando la despedida era para siempre.
Decir adiós, no era lo mismo que hasta pronto, y no estaba listo para eso.
—La ceremonia termina en una hora…—tragó con fuerza, incluso para él resultaba difícil—, después lo llevarán al cementerio—suspiró, ajustando la última venda—. Será tu última oportunidad, no la desaproveches.
No había nada más que decir, así que se levantó para dirigirse a la puerta, pero Tyre lo detuvo antes de lograrlo.
—¿Por qué?—pronunció con voz ronca—. ¿Por qué no preguntas sobre lo que viste?
Habían ocurrido tantas cosas en la última hora, pero Snotlout supo perfectamente a lo que se refería, y Tyre contaba con eso.
—¿En serio es lo único que vas a decir?—exhaló agotado antes de girarse.
Contrario a lo que suponía su voz, la mirada castaña mostraba empatía y preocupación. Sentimientos que jamás imaginó que estarían dirigidos a él.
—No me importa lo que hagas con tu vida—soltó bruscamente—, pero no arrastres a los demás contigo—advirtió antes de darle la espalda—. No todos tienen el poder para resistir.
Esta vez nada lo detuvo de abrir la puerta, pero antes de salir lo observó sobre su hombro por última vez.
—Te esperaré en el auto—prometió—. Quince minutos, luego de eso me iré.
La puerta se cerró tras él. Pasaron diez, quince, veinte minutos, hasta que escuchó el motor del auto alejándose, devolviendo el silencio al lugar.
«Debiste hacerlo»
No.
«Debiste acabar con todo»
Lo haría, pero no así, no rindiéndose.
«No eres un héroe»
No lo era, y no pretendía serlo.
Ya no más.
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Volvió al ático mientras el tic tac del reloj en el corredor taladraba sus oídos. El tiempo se acababa y aún no sabía qué hacer. ¿Dejaría que Hiccup se fuera sin despedirse de él? Sin duda no merecía eso, pero… Aunque todos le dijeran que debía estar ahí, no lo consideraba correcto.
—Sólo les he provocado dolor—suspiró, de pie en medio del que alguna vez fue el laboratorio de Hiccup.
Todos lo esperaban, ¿pero cuánta verdad habría en eso?
Su madre no había dejado de llorar en días y su padre ni siquiera había intentado abrir la puerta del ático. Su presencia los lastimaba, eso era un hecho y no podía culparlos, después de todo…
«El único culpable eres tú»
Sí, lo era, y tendría que aprender a vivir con eso.
«¿No te rendirás?»
—No acabaré con mi vida—se prometió con voz temblorosa—, no de esa manera.
Observó el pequeño laboratorio, notando por primera vez que el desorden que lo caracterizaba se había ido; todos los libros estaban en sus estantes y las libretas apiladas en el escritorio. Snotlout no sólo había limpiado la sangre en el rincón, le había devuelto un poco de luz al lugar.
Jamás habría pensado que, de todas las personas en el mundo, sería justo él quien lo salvara.
—No todos los héroes usan una máscara—murmuró pensativo, con una mueca que no logró convertirse en sonrisa.
Su atención cayó de nuevo en el pizarrón, el único punto desordenado que quedaba. Leyó cada nota una vez más, memorizando la caligrafía de su hermano, torcida y deforme por su rápida escritura, con manchas de tinta causadas por el roce de su mano contra el papel.
—¿Experimento? ¿Accidente químico?—pronunció en voz alta, deslizando un dedo por los hilos que conformaban la telaraña de recortes—… ¿Gen mutante?
Había más como él y se mostraron al mundo porque lo hizo primero. Eran un peligro, todos, incluyéndolo. En especial si personas como Grimmel sacaban provecho de ellos.
—Si Night Fury no existiera…—se detuvo, dudando por un instante—, si Night Fury desapareciera… ¿ellos también lo harían?
Si realmente Grimmel iba tras él y se marchaba, entonces nadie más saldría herido por su culpa. Su familia no continuaría sufriendo y…
—No perdería a nadie más.
No más muertes. No más dolor.
Si renunciaba a todo, no le quitarían nada.
Si estaba solo, no tendría que preocuparse por nadie.
«Entonces hazlo»
—Lo haré—declaró, esta vez con seguridad.
Para no lastimar a nadie, para protegerlos a todos, Night Fury y Tyre Haddock debían desaparecer.
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«Para mis padres, Stoick y Valka:
Nunca les agradecí correctamente todo lo que han hecho por mí.
Me dieron un hogar cuando nadie más lo hizo y me aceptaron en su familia, sin detenerse a preguntar por mi origen.
Hay tanto que desconozco sobre mí, sobre la vida que tuve antes de conocerlos y la vida que pude haber tenido de no ser por ustedes. La verdad es que, todo lo que sé y todo lo que soy se los debo a ustedes. Y lamento mucho no ser lo que habrían esperado.
No fui el hijo que merecían, ni el hermano que Hiccup debió tener. No soy digno de llamarme Haddock. Por eso no puedo hacer más que disculparme.
Perdón por mentirles y no confiar en ustedes.
Perdón por darles tantos problemas, cuando sólo querían ayudarme.
Perdón por no cumplir sus expectativas.
Y perdón por no salvar a Hiccup.
Sé que nada podrá compensarlo, nada lo traerá de vuelta, y por eso no los culparé si deciden odiarme, porque yo sí me odio a mí mismo. Porque no importa lo que haga, jamás podré cambiar lo que pasó. A partir de ahora, haré todo lo posible para no causarles más dolor.
Gracias por darme un hogar y por ser mi familia. Gracias por darme un lugar al cual pertenecer. Aunque en este momento ya no lo merezca.
Fue un honor ser considerado su hijo. Nunca podré terminar de agradecerles y de disculparme por lo que hice. Pero, si algún día nos volvemos a encontrar, espero poder verlos sonreír como antes. Es lo que él habría querido.
Adiós.
Tyre.»
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Estuvo caminando por un rato, sin darse cuenta del tiempo ni de las nubes de tormenta que comenzaron a cubrir la Luna llena. Ni siquiera sabía hacia dónde se dirigía, hasta que estuvo frente a las puertas cerradas del cementerio.
—Despedirse… con una sonrisa…—murmuró.
Jamás sería posible.
Pero le debía una disculpa. Demasiadas, en realidad.
Tenía muchas dudas, miedo y culpa, pero no podía dar marcha atrás. Su hermano también merecía una respuesta; incluso aunque no pudiera escucharlo, necesitaba saber por qué se iba y cuánto lamentaba no haberlo salvado. Así que, pensando en eso, saltó el muro de ladrillos y avanzó por el pequeño camino empedrado, cuidando no ser visto por algún guardia.
No sabía con exactitud dónde estaba su hermano, así que recorrió todo el lugar y, cuando finalmente lo encontró, las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer sobre él.
Inhaló y exhaló, una y otra vez, cuando sus ojos distinguieron la inscripción en la lápida. Toda la fuerza que había estado reuniendo, se desvaneció una vez más. Y entonces recordó…
Su rostro cansado y la mirada que, a pesar de mostrar miedo, también irradiaba confianza.
A pesar de todo, Hiccup siempre confió en él.
—Tú siempre lo supiste…—susurró al comprender que toda esa confianza no era por creer que podría salvarlo.
Hiccup siempre confió en que haría lo correcto.
—Pero yo no…—admitió lloroso, su cuerpo temblaba—, no sé si pueda.
«No es verdad»
La voz había vuelto, pero esta vez era de su hermano.
«Este no es el final… Así que sigue luchando...»
Fue en ese momento que entendió el verdadero peso de sus acciones, aquello que intentó hacer y las heridas a medio sanar ocultas bajo las vendas. Hiccup jamás dudó de él, incluso antes de tener súper poderes, su hermano siempre estuvo ahí para apoyarlo, y él no hizo más que fallarle.
—Lo siento…—susurró con voz rota, cayendo de rodillas sobre la tierra removida.
La lluvia caía con más fuerza, empapando su cabello y ropa, mezclándose con las lágrimas que rodaban por sus mejillas. El cielo, repleto de nubes, resplandecía con los relámpagos, como si llorara junto a él para acompañarlo en su dolor.
«… Y prométeme que no te rendirás»
—Lo siento…—volvió a sollozar, enterrando las manos el lodo.
Quería decir tantas cosas, pero las palabras no salían de su boca. Así que se disculpó… Por involucrarlo, por no protegerlo. Por intentar rendirse… Y por no cumplir sus promesas.
Pidió perdón por no ser la persona de la que él y sus padres decían estar tan orgullosos.
—Lo siento tanto—pronunció contra el nudo en su garganta.
Sus ojos, al igual que sus manos, permanecieron fijos en el lodo, en busca de una fuerza que ya no tenía, pues no encontraba nada a lo que aferrarse en ese abismo al que había caído sin darse cuenta.
«Mentira»
No. Ya no tenía nada, no podía tener nada, porque no quería perder a nadie más.
—No soy el héroe que yo creía ser…—declaró con voz temblorosa—. Ni el que tú querías que fuera.
Alzó la mirada en busca del rostro que jamás podría volver a ver y que tanto deseaba tener enfrente. Pero en su lugar, la cruel realidad le mostró la fría lápida gris iluminada por el relámpago que se fragmentó en el cielo.
Esta vez no pudo evitarlo y leyó el nombre grabado en la piedra, mientras su llanto aumentaba al igual que la tormenta.
—Pero…—inhaló, limpiándose las lágrimas—. Te prometo que lo arreglaré—aseguró, sacando de su mochila el traje ahora limpio y doblado.
Lo observó por un rato, como si intentara memorizar su aspecto. Cada quemadura y corte marcado en el cuero negro, era un recordatorio de todo lo vivido en ese año, bueno y malo.
—Es lo mejor… Para todos—se dijo a sí mismo, sosteniendo por última vez el antifaz maltrecho, antes de dejarlo sobre la base de la lápida, lejos del lodo.
Repitió mentalmente esas palabras mientras se levantaba. Realmente quería creer que la ciudad no lo necesitaba. Porque al final, el único y verdadero peligro era él. Todo el daño y todo el caos habían sido por su culpa, pero no permitiría que ocurriera otra vez.
Esta vez haría las cosas diferente. No volvería a cometer el mismo error, ni arriesgaría a personas inocentes de nuevo, y para lograrlo…
—Night Fury debe desaparecer—sentenció, dándole la espalda a la tumba para cumplir con su palabra.
Esa noche, mientras el cielo rugía y lloraba sobre la ciudad de Berk, su héroe desapareció dejando sólo una carta y un traje para recordarles que alguna vez existió… Al menos hasta que decidiera volver.
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"Todo el mundo puede ganar una batalla cuando la probabilidad está a su favor. Pero cuando las cosas se vuelven difíciles, cuando parece que no hay oportunidad... ¡ahí es cuando cuenta esa victoria!"–The Amazing Spiderman #33, Marvel Comics.
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Incluso aunque sientas que el mundo está en tu contra y no hay nadie que te entienda, siempre existirá alguien dispuesto a darte la mano.
No te rindas. Y sigue luchando.
Oficialmente ha terminado "La desaparición del héroe". Ahora sabemos qué fue lo que lo llevó a marcharse, pero quedan muchas preguntas por responder, ¿no creen? Así que prepárense para el segundo arco/temporada, porque va a estar genial.
Honestamente no sé si capté bien las emociones de Tyre, eran muy abrumadoras y contradictorias, pero al final creo que quedó bien. Al principio planee que fuera Storm quien llegara a buscarlo y no Snotlout, pero no habría tenido el mismo impacto ya que no podría verlo porque habría descubierto el secreto u.u (Sí, por si no quedó claro, Snotlout ya sabe que es Night Fury).
Espero que este capítulo les haya gustado. Fue más largo y tardé más de lo que había planeado en escribirlo, ya es tradición, se sabe.
En fin…
A todos los que leyeron hoy... GRACIAS
Curiosidades:
1. La escena de Tyre dejando el traje de héroe, está inspirada en Spider-Man No More, la icónica escena de Peter botando el traje a la basura.
2. Gran parte del capítulo estuvo inspirado en el OST: Grieft Theme, de Spider-Man: No Way Home.
3. La carta y la escena final tuvo de inspiración la canción Homura de Kimetsu no Yaiba.
