Ha pasado muuuuuucho tiempo… demasiado, diría yo.

No sé si se habrán dado cuenta, pero borré un fic de este fandom porque, al volver a leerlo, tenía demasiados errores que ni siquiera yo pude tolerar el leer. Sigh.

Bueno, como recompensa, se me ocurrió este long-fic para entregarles. Si el summary no fue suficiente para aclarar sus dudas, dejemos una lista:

-Esta es una línea alternativa del capítulo 12, empezado desde la escena en que Jan Di y Joon Pyo pasan la noche juntos en la tormenta de nieve.

-Joon Pyo sí se fue de todos modos a Macao porque lo de su padre ocurrió, y no tuvo más opción que irse.

-Jan Di no esperó más de seis meses para ver a Joon Pyo; apenas se cumplieron dos, partió. Por lo tanto, no fue suficiente tiempo para oscurecer el corazón de su novio por parte de su madre.

-La relación de Joon Pyo y Jan Di mejoró considerablemente después de la tormenta, y nunca pudo ser explotado por los acontecimientos posteriores de la trama, así que optaré por esta línea optativa.

En fin, creo que eso es todo.

DISCLAIMER: Boys Before Flowers NO es de mi pertenencia.

ADVERTENCIA: hay escenas subidas de tono, pienso que podría ser un lime. Pero no es realmente explícito. Si no te gusta, no leas. O si quieres leerlo, pero no específicamente esas partes, tienes toda la libertad de saltártelas.


The night of the storm: Lo que pudo ser

I: La noticia


Estaban fríos, sus labios. Pero no tanto como los suyos propios.

A pesar de las palabras simples, había algo que había cambiado definitivamente entre ellos. No volverían a separarse por cosas como estas; la confianza estaba más fortalecida que nunca, y sus sentimientos… también.

Jan Di detestaba admitirlo, pero no podía seguir ocultándolo. Se había enamorado perdidamente de este idiota cabeza dura. Quería decírselo, con todas sus fuerzas, pero los labios de Joon Pyo no se lo permitían. Casi con timidez, se habían movido contra los suyos, inseguros, pero a la vez, seguros de no apartarse. Y ella se dejó hacer. Se tensó un poco al sentir sus grandes manos heladas rozar su cuello, mas, eso pareció acrecentar cierta excitación de toda esta situación. Había un calor que estaba naciendo dentro de su cuerpo, y era realmente aterrador… en el buen sentido. Quería descubrir esos sentimientos.

Con él a su lado.

El enorme abrigo terminó por deslizarse hasta caer abandonado en el suelo mientras ambos se movían. Joon Pyo la había recostado suavemente en el suelo sin separarse, hasta que se posicionó encima de ella. De alguna forma, esa unión provocó una fuerte ola de calor golpear sus mejillas y su espina dorsal, arqueando un poco las caderas ante la sorpresa.

Joon Pyo se separó de ella, y el frío, desgraciadamente, volvió a golpearla. Soltó un gemido lastimero y cerró los ojos, agitada.

¿Estás bien?

Esas palabras fueron como un cálido bálsamo a su alma. Abrió los ojos y contempló su rostro. Su respiración era tan irregular como la suya, y sus ojos se veían grandes y preocupados.

Hace frío —fue lo único que pudo decir para tomarlo de sus antebrazos para acercarlo nuevamente a su cuerpo. Él pareció entender, y la abrazó, pegando su cuerpo al suyo. Soltó un suspiro, complacida con esa calidez que no podía describir. Esto era más íntimo, más especial. Movió las piernas para acomodarlo en su menudo cuerpo, y el estremecimiento en su vientre regresó.

¿Jan Di? —la llamó tentativamente.

Culpaba al condenado frío, culpaba su estupidez por haber salido en una tormenta como esa, culpaba a Joon Pyo por hacerla sentir de tal manera que deseaba desesperadamente tener su corazón solo para ella… definitivamente, eran esos factores lo que la habían llevado a estrecharlo de vuelta, acariciando sus omoplatos.

Hace frío —repitió a modo de excusa.

De alguna forma, no importaba si ocultaba sus palabras, sintiéndose repentinamente avergonzada de decirle de sus sentimientos, Joon Pyo parecía leerla como un libro abierto. Entrecerró los ojos y casi la mimaba con la mirada. Tradujo su patética excusa en lo que realmente quería: la besó nuevamente.

Jan Di solo agradeció la comprensión de su novio y lo besó de vuelta con vehemencia, sorprendiendo al mismo Joon Pyo en el proceso al sentir una suave succión en el labio inferior. Un poco más confiado, ladeó el rostro para rozar su lengua con la entrada que inconscientemente ella le había permitido pasar. Una mano permaneció en su cuello, y la otra descendió hasta su cadera, presionando sus dedos a su piel cubierta por la camisa que le había dado con afecto. Jan Di se sonrojó profundamente tratando de presionar juntos sus muslos, pero había olvidado que tenía el cuerpo de Joon Pyo encima del suyo, por lo que terminó empujando su torso hasta abrazarlo completamente con el suyo. Sus caderas se movieron, y ella contuvo un jadeo de sorpresa, y él gruñó a modo de respuesta.

Consciente del estado de Joon Pyo, y el suyo, ocultó sus ojos de él, mortificada por la situación. Todo este tiempo, ella había sido quien se cohibía con su presencia, pensando que él sería quien iniciaría algún acto íntimo que le aterraba. No obstante, pensó Jan Di con ironía, ella misma había dado ese paso. Inhaló profundamente, y su pecho se presionó con el de él. Su corazón martilleaba, y el de su novio parecía en el mismo estado, devolviéndole los latidos con la misma energía.

Jan Di.

Hace frío…

Excusas.

Eran excusas, y ambos lo sabían; excusas para permitir algo que había surgido repentinamente, pero sus corazones lo pedían.

Los dedos largos y temblorosos se acercaron a los botones de su camisa, y Jan Di lo miró fijamente, esperando.


Jan Di abrió los ojos, y contempló con una pequeña sonrisa el collar que Joon Pyo le había regalado. Una boba risa escapó y se lo colocó. Se levantó y se miró al espejo. Seguía siendo la de antes, pero parecía brillar ahora. Se ató el cabello y se dirigió a su trabajo, sin borrar la curva de sus labios.

—Pareces muy feliz para alguien que tiene a su novio al otro lado del mundo.

La felicidad se había esfumado rápidamente.

Ella suspiró y se encogió de hombros, mirando a su jefe. Según él, podía ver cosas "más allá", y siempre le recordaba que Joon Pyo se encontraba en Macao, lejos de ella.

—¡Vamos, jefe! No sea así con Jan Di —intervino Ga Eul. Su amiga le sonrió—, pero tiene razón. Creo que estás brillando mucho, aunque me hace feliz que no estés triste por la partida de tu novio.

Estaba triste, honestamente. Llevaba casi dos meses sin él, y quería volver a su lado. Pero los recuerdos de esa noche de tormenta de nieve volvían a su cabeza, apenándola, pero animándola de la mejor manera.

No le había contado a nadie lo que había ocurrido, ni siquiera a Ga Eul. Sentía que ese secreto era exclusivamente suyo y de Joon Pyo. Creía que esos recuerdos debían ser atesorados solo por ellos, y nadie más tenía permiso de ello.

Fue lento, torpe, pero dulce. Había temido que el heredero del Grupo Shin Hwa tuviese su manera con ella, como pudo haber hecho con otras chicas. Grande fue su sorpresa cuando descubrió que nunca había estado con alguien antes… jamás. Había estado nervioso, preguntándole constantemente si estaba bien con cada acción que cometía… y ese fue un momento que nunca olvidaría. Incluso en el peligro, en la tristeza y en la ira, Joon Pyo se veía estoico ante todo… por eso, se había conmovido hasta las lágrimas cuando lo había visto tan temeroso y avergonzado. La había besado con ahínco, pero con un tinte de desesperación ante las sensaciones que no podían soportar.

Se estremeció al oír nuevamente en su mente su respiración entremezclada con la de Joon Pyo. Se removió, inquieta y caminó a sentido contrario para recibir el plato que le daba su jefe. Tomó la bandeja con el plato firmemente, pero el aire acondicionado del local hizo que el olor de la comida llegara directamente a su rostro.

Apenas lo olfateó, su cuerpo se arqueó ante las horribles ganas de vomitar que le habían dado.

—¡Jan Di!

Por suerte, Ga Eul estuvo cerca y logró agarrar la bandeja, evitando algún desastre innecesario, pero no pudo evitar que su amiga se arrodillara a vomitar en el suelo. El jefe miró la escena con una expresión de sospecha. Jan Di escuchó algunas exclamaciones de los clientes, algunos quejándose de ella, otros, preocupados. Sintió la mano de Ga Eul en su espalda, y agradeció el apoyo.

Cuando vació todo lo que había comido, respiró fuertemente. Detestaba esa sensación ácida en su garganta. Quiso levantarse, pero sus piernas temblaron y cayó arrodillada nuevamente.


—Estoy bien —insistió por milésima vez—. Tal vez, fue la comida de la mañana. El pescado olía raro…

Ga Eul asintió, pero su jefe seguía callado, mirándola fijamente. Ambos notaron el silencio del señor, y lo miraron.

—… Huh, ¿no está muy molesto por lo que hice? —le preguntó con una sonrisa nerviosa la castaña.

—Claro que no estoy molesto, la salud de mis trabajadores es importante como el mismo negocio. Sin embargo… hay algo muy sospechoso en todo esto.

—¿Sospechoso? Me enfermé del estómago, eso es todo —alzó una ceja.

—Mm —se cruzó de brazos, y ajustó sus gafas—. Jan Di, necesito hacerte una pregunta que va más allá de los límites profesionales. Considéralo como… una pregunta amistosa y preocupada.

Ella se sentía cada vez más confundida. Ga Eul frunció el ceño y mantuvo su mano en su espalda, consolándola en silencio. Finalmente, Jan Di accedió.

—… ¿Usaste protección?

Ella lo miró sin entender.

Uno.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Cinco.

Se

El color se perdió en su rostro.

Oh. Oh, no.

¡Oh, no!

Ga Eul estaba boquiabierta y la miró.

—… ¿Jan Di?

—Sabía que había algo extraño en tu aura, niña —habló misteriosamente—. Estabas brillando demasiado… ¡era tan obvio!

—¡E-Espera un momento! —lo frenó a gritos—. ¡¿Quién ha dicho que…?! ¡¿Dicho que…?! ¡NO! ¡No puede ser!

—No te seguiré haciendo preguntas, pero mañana tendré todas las respuestas que busco, porque sé que no podrás luchar con la duda.

Jan Di no podía seguir hablando, sentía que sufriría un ataque de ansiedad. No podía respirar, y unas horribles ganas de llorar la atacaron.

¿Emociones alborotadas?

Negó con la cabeza.

No, no era cierto. Era imposible.

Recordó la poca importancia que le dio su retraso, pues su periodo siempre había sido irregular.

No. Simplemente, no.

Y…

Se abrazó el estómago.

Estaba sola.

—Jan Di —reaccionó al oír la voz de Ga Eul. Nunca la había visto tan seria en su vida—. Yo estoy contigo, en todo momento. Yo te ayudaré.

Ella parpadeó unos segundos, y presionó sus labios.

—Creo que lo mejor será que te vayas a casa.

—… No puedo ir a casa —murmuró con horror.

—Mira, hagamos esto —Ga Eul la agarró de los hombros—. Terminaré mi turno, tú mientras te vas a calmar con algún té, o algo… y después… iremos juntas a comprar el test.

Test.

¡Test!

Jan Di estaba temblando, y asintió frenéticamente.

Ga Eul entrecerró los ojos y le murmuró palabras de aliento. De todas las personas que había esperado algo como esto, Jan Di había sido la última, sin duda alguna. Pero no la iba a juzgar, ella no era nadie para hacerlo. Su trabajo como mejor amiga era acompañarla hasta el final.

Jan Di se fue del restaurante moviendo las piernas casi de forma robótica. Su mente seguía procesando la posibilidad, y no podía creerlo. Sacó su teléfono y buscó frenéticamente el mensaje de su novio. Era lo único que podría calmar sus nervios. Apenas leyó su confesión de amor, pudo volver a respirar.

—¡Todo esto es su culpa! —siseó entre dientes.

… Pero también ella tenía la culpa.

Ambos se habían entusiasmado, y se dejaron llevar. ¿Quién llevaría preservativos durante la búsqueda de un collar en una tormenta de nieve? Se había sentido tan amada por haberla salvado, que quiso hacerle sentir de la misma forma, quería corresponderle, aunque sus palabras no quisiesen salir.

Y no se arrepentía de nada.

Nunca se había sentido tan dichosa ante su abrazo y su amor incondicional. Sentirlo contra su piel había sido maravilloso. Después de eso, recordó haberla vestido con su camisa nuevamente y la atrajo hasta su pecho para darle más calor para el resto de la noche. Ella había agradecido el gesto, y se había quedado dormida.

—¡AAHH! —soltó de repente, moviendo la cabeza hacia los lados.

Ahora, más que nunca, las memorias se veían claras, volvía a revivir esas exquisitas sensaciones en su piel, y cruzó los brazos bajo su pecho.

Miró nuevamente su teléfono, leyendo el mensaje de Joon Pyo una y otra vez.

¿Debería contestarle?, ¿enviarle algo?, ¿contarle la posibilidad de que…?

—No —negó—. Tengo que estar segura primero…

No sabía si el mundo la odiaba, o tenía muy mala suerte, pero mientras se paseaba por las tiendas para matar tiempo, siempre encontraba una que otra ropa diminuta para bebé.

Se revolvió el cabello.

Tal vez, era falsa alarma.

Tal vez, no era cierto y su jefe estaba chiflado, como siempre.

Tal vez…

Tal vez, su retraso se debía a otra cosa.

Compró un té de una máquina de una tienda, y se sentó en una banca.

—¿Jan Di?

Pegó un respingo y miró a Ji Hoo sacándose el casco tras haber estacionado su motocicleta.

—Pensé que estarías trabajando…

Ella lo siguió mirando en silencio.

—¿… Estás bien?

No. No estaba bien.

De un segundo a otro, se echó a llorar escandalosamente, sorprendiendo al violinista. Casi lanzó lejos su casco y se acercó a ella.

—¡Jan Di! ¡Jan Di, háblame! ¿Pasó algo?

La castaña sollozó y se cubrió el rostro con ambas manos. No iba a decírselo, no podía hacerlo. Primero debía estar segura… después…

No sabía que hacer después de eso.

—¿Lo extrañas?

Jan Di asintió fervientemente, casi rezando que se tragara ese gesto. No era mentira, pero no era la verdadera razón por la cual estaba tan angustiada.

—Tranquila, Joon Pyo te ama, y volverá apenas tenga la oportunidad para verte.

Ella sabía que eso también era cierto, pero tenía muchísimo miedo. Quería que Joon Pyo volviera ahora. Lo necesitaba ahora más que nunca. Estaba aterrada, y él no podía consolarla estando lejos.

—¿Has considerado llamarlo?

Jan Di negó.

—No puedo hacer eso. Lo estaría molestando…

—Si se trata de ti, no lo estarías molestando. ¿Por qué no intentas llamarlo?

Otra negativa.

—Ji Hoo Sunbae —lo llamó temblorosamente—. Tengo que hacer algo primero… cuando lo sepa, ¿estarás ahí?

Él la miró unos segundos sin decir nada, hasta que sonrió.

—Cuando toques la campana, allí estaré. Si necesitas también a los demás, estoy seguro que te apoyarán.

Ella sonrió un poco. Tenía el apoyo de su mejor amiga, y de los F3.

… Pero no era suficiente.

Era algo, y calmaba sus nervios un poco.

Decidió acercar a sus labios el té que había olvidado en la banca y lo sorbió con lentitud. Apenas el sabor a canela pasó por su garganta, se sintió mejor.

—¿Necesitas que te haga compañía?

—No, gracias. Estoy esperando a Ga Eul —se secó el resto de las lágrimas—. Después… podemos vernos en la sala de los F4.

Ji Hoo accedió a sus condiciones, sin querer presionarla más. Se alejó y le regaló una última sonrisa antes de partir.


No era chiste cuando decían que eran los tres minutos más eternos de la historia.

Ga Eul y Jan Di se paseaban de a círculos en el baño. Estaban en la casa de la primera, pensando que sería menos sospechoso, pues sus padres se habían ido a negociar fuera de la ciudad por unos días. La lavandera estaba hecha un manojo de nervios y estaba contagiando gravemente a Ga Eul.

Los latidos de su corazón retumbaban en sus oídos, estaba sudando a mares y quería vomitar sus intestinos.

¿Qué mejor que esto?

¿Cómo reaccionarían sus padres?, ¿cómo reaccionaría la madre de Joon Pyo…?

La última pregunta le dejó más pálida.

La alarma del teléfono de Ga Eul sonó, provocando un chillido por parte de ambas. Se miraron con la misma expresión temerosa, y Jan Di tragó saliva. Movió la cabeza, y miró el condenado objeto que definiría el resto de su vida.

Caminó lentamente hacia este y lo agarró.

Parpadeó, lo volvió mirar; cerró los ojos unos tres segundos, y volvió a observarlo.

—Jan Di.

Ella se giró y miró a Ga Eul.

—Estoy embarazada.


¿Tienes frío?

Su cálido aliento chocó con su piel desnuda. Ella soltó un jadeo, sin decir nada. Joon Pyo presionó sus labios, reflexionando. La acercó nuevamente y la abrazó. Jan Di contuvo un gemido al sentir el contacto de piel con piel.

Joon Pyo —respiró su nombre, casi viviendo por él.

Jan Di.

Su mente no funcionaba del todo, estaba demasiado concentrada en sentir el amor de su novio. Lo rodeó con sus brazos y lo abrazó de vuelta. Solo una prenda los separaba de lo inevitable.

Es… ¿Estás bien con esto? —le preguntó por enésima vez. La grave y poderosa voz de Goo Joon Pyo se había reducido a un inseguro susurro, y a Jan Di le encantaba oírlo tan vulnerable.

Joon Pyo, hace frío…

Sus entrañas ardían de ansiedad ante la expectativa, y su cuerpo estaba sensible ante cada estímulo. Ya habían comenzado, era hora de terminar con esto.

Joon Pyo movió sus manos para acariciar sus muslos, desde la rodilla hasta la cadera, llegando a la prenda faltante.


Silencio.

La sala de los F4 estaba invadida por un rotundo silencio. Jan Di sujetaba fuertemente la mano de Ga Eul, quien la miraba con cierta inseguridad. Se preguntaba si decirles a sus amigos había sido una buena idea. Al principio, los chicos estuvieron mudos del shock, pero luego fueron enmascarados por una expresión neutra.

Finalmente, uno habló:

—Sabes que, si la madre de Joon Pyo se entera, ¿enterrarán a los tres bajo tierra?

—¡Woo Bin! —exclamaron todos, excepto Jan Di, quien se había tensado.

—¡No estoy bromeando! —exclamó él de vuelta, sumamente serio. Nadie siguió reclamándole; sabían que tenía razón—. Estamos hablando de algo grave: el heredero del Grupo Shin Hwa, dejó a una chiquilla lavandera embarazada.

Jan Di se mordió el labio. Sonaba horrible.

—Joon Pyo será puesto en una situación muy comprometedora; puede perderlo todo… y tú también, Jan Di —finalizó Woo Bin.

Yi Jeong entrecerró los ojos y miró a Jan Di, desvió unos segundos sus ojos a Ga Eul, y volvió a mirar a la novia de su amigo.

—Jan Di. Te preguntaré algo que tal vez te ofenda, pero créeme. Lo haré porque estoy preocupado —se preparó mentalmente—: ¿has considerado hacerte un aborto?

Ga Eul soltó la mano de Jan Di y se cubrió la boca, horrorizada. Ji Hoo miró algo mal a su amigo, pero era consciente que no tenía malas intenciones. Woo Bin se mantuvo callado, considerando también esa posibilidad.

Pero claro, la decisión era exclusivamente de Jan Di.

La lavandera sintió los ojos de sus amigos en ella, esperando una respuesta. Ella siempre pensó que el aborto era un derecho para toda mujer y joven, ellas tenían el derecho de decidir; ni la sociedad, ni terceros tenían más derecho que quienes sufrían directamente la situación.

¿Estaba aterrada? Sí.

¿Quería optar por esa opción?

—Lo consideré —confesó. Miró sus pies, como si fuesen lo más interesante del mundo—. Pero no lo haré.

Había dos razones por la cual no quería hacerlo. Primero: Joon Pyo tenía derecho a saberlo; si llegaban a pensamientos contrarios, Jan Di no tendría más opción que terminar su relación, y continuar su embarazo sola. Y segundo: de alguna forma, sentía que este concebimiento era lo más imperfecto, pero al mismo tiempo, lo más hermoso que pudo haberle ocurrido. Mientras la opción de no ser madre estaba allí, prefería mantenerse de esa forma.

—Muy bien —sonrió finalmente Yi Jeong—… me alegra.

Ga Eul no supo por qué, pero oír esas palabras del alfarero la habían hecho sonreír un poco.

—Bien, has optado por el camino difícil. Pero, ¿cuándo no lo haces? —sonrió Woo Bin a modo de broma—. ¿Tienes algún plan?

Jan di se sentó, sintiéndose repentinamente cansada.

—… No. Quería decirle a Joon Pyo, pero…

—No parece que vuelva pronto —completó Ji Hoo—. Su padre dejó mucho atrás, y Joon Pyo tiene mucho de que encargarse. Me acabo de enterar hace una hora de eso —informó.

—Ah, demonios —soltó Woo Bin—. ¿Entonces?

—Propongo —inició el violinista, serio—, que deberíamos ir a Macao.

Jan Di lo miró boquiabierta.

—Pero debemos hacerlo con cautela. Sabemos cómo es la madre de Joon Pyo, y puede saber algo si no tenemos cuidado. Llegaremos, buscaremos una forma de hablar con Joon Pyo a solas, y lo sabrá.

—Suena demasiado sencillo para mi gusto —comentó Yi Jeong.

—Podemos pedirle ayuda al señor Jung —sugirió Woo Bin—. Siempre ha cuidado de Joon Pyo desde que su padre se iba de viaje.

—Es una posibilidad —Ji Hoo miró fijamente a Jan Di—. Esto se sabrá, tarde o temprano. Así que debemos actuar pronto. Joon Pyo debe saberlo antes que su madre.

Todos asintieron.

—¿Y después qué?

—Conociendo a Joon Pyo, agarrará a Jan Di y escaparán del país —rodó de ojos el ceramista.

—¡¿Qué?! ¡No! ¡Necesito a mi familia! —contradijo Jan Di.

—Tranquila, Jan Di. Está bromeando —se rio Woo Bin—. Es capaz, pero no creo que te arriesgue de esa forma. Además… hay alguien más a quien podemos pedirle ayuda —sonrió maliciosamente.


Había considerado llamarla muchas veces, pero siempre estaba bajo la mirada de su madre.

Era asfixiante.

Si tenía suerte, podía saber cómo estaba por medio de su hermana. Joon Hui lo consolaba con la idea de que ella pronto iría a Macao para hacerse cargo a su lado, restándole el trabajo. Pero sabía que a su hermana le tomaría más tiempo que eso, Kang siempre se encargaba de dejarlos separados.

Contempló la fotografía de su preciada lavandera y suspiró.

Estaba cansado, física y emocionalmente.

La pérdida de su padre había sido demasiado para él, y su hermana no pudo estar allí presente porque su condenada madre le había dicho que había cosas más importantes que hacer. La única persona con la que pudo desahogarse un poco, había sido con el señor Jung. Ni siquiera pudo llorar con él, solo conversaron de cómo era su padre antes de la gran desgracia. Llevaba semanas sin dormir de corrido. Con suerte, dormía unas tres horas gracias a todo el trabajo que le mandaba a hacer su madre, y el tiempo libre lo usaba para pensar en su padre… y en ella.

Su teléfono sonó, y casi sonrió al ver de quién se trataba.

—Hermana.

—… Suenas del asco, hermanito.

—Gracias —sonrió con sorna. El señor Jung, quien estaba cerca de él, sonrió al notar de quién se trataba, y se aseguró que no hubiese nadie cerca para interrumpir al joven.

¿Estás bien?

—No he dormido muy bien.

—… Ya veo. Escucha, Joon Pyo. Necesito que guardes un secreto.

—¿Huh? ¿Qué ocurre?

Llegaré a Macao dentro de un par de días, pero mamá piensa que lo haré dentro de un mes. Tienes que ser muy precavido.

—Hermana, sabes que no podrás ocultarte por mucho tiempo.

Sí, pero será suficiente para poder estar contigo, y podrás descansar un poco, ¿no?

—… Sí, supongo —una pequeña sonrisa se había formado en su rostro—. Gracias.

—De nada. Te llamaré cuando esté en Macao.

Por lo menos, esos dos días pasaron con rapidez.

La llamada de Joon Hui había sido su salvación. El señor Jung le había ayudado a inventar una reunión en el centro de Macao cuando su hermana le envió dónde estaría y a qué hora. Estaba ansioso de descansar un buen rato y, si fuese posible, tomarse una siesta. Su madre ya no lo perseguía tanto porque obedecía cada cosa que le decía sin chistar.

Martilleaba sus dedos contra el escritorio, a punto de salir corriendo al encuentro con su hermana, pero aún faltaba media hora para salir. El señor Jung notó su comportamiento, y sonrió levemente.

—Joven, le sugiero que se calme un poco. Su madre podría sospechar algo.

Él asintió, sin decir nada. Calmó sus movimientos, tratando de concentrarse en otra cosa.


Woo Bin le sonrió a Joon Hui cuando ella los recibió en el hotel en el que se estaba hospedando. Había habitaciones para todos, cortesía de ella. Saludó a todos los amigos de su hermano de un abrazo, y finalmente, vio a las dos chicas.

—Bienvenidas —les sonrió a Ga Eul y a Jan Di—. Por favor, pasen.

Ga Eul agradeció y se movió tímidamente por el espacioso lugar. Yi Jeong se rio y se ofreció a acompañarla a su habitación para guardar sus cosas. Ji Hoo y Woo Bin se excusaron sutilmente para dejar a la hermana de Joon Pyo y a Jan Di a solas. La castaña miraba con horror el suelo, aún sin creer que habían llamado exclusivamente a Joon Hui para esta situación.

—¿No me vas a mirar a la cara, cuñada? —Jan Di se sonrojó y la miró escandalizada. Ella se rio de buena gana—. Ven acá.

La mayor avanzó y abrazó con cariño a la lavandera. Ella no se movió, aún preocupada de toda esta situación. Cuando Joon Hui se separó, la invitó a sentarse.

—¿Y bien? ¿Cómo te sientes?

—… Mareada, y con mucho sueño.

—Puedo verlo. Has perdido un poco de peso, y estás muy pálida —dijo rozando sus dedos con su mejilla blanca. Jan Di presionó sus labios.

—Yo… lo siento. No quise…

—No deberías disculparte por eso. Pienso que es lo mejor que pudo haber ocurrido en días como estos.

Jan Di lo sabía. Las noticias del padre de los Goo se habían esparcido como la pólvora, y ella estaba realmente preocupada por Joon Pyo. No sabía qué tanto le había afectado la noticia, ni tampoco cómo estaba lidiando la situación.

—… Umm, ¿puedo preguntar…?

—He estado mejor —su sonrisa se volvió más pequeña, casi forzada—. Ha sido muy duro, especialmente porque mamá no me dejó ir al funeral —Jan Di la miró con suma lástima. Joon Hui murmuró con cierto resentimiento—. Prefirió que me quedara manejando los negocios de la segunda empresa.

—… ¿Joon Pyo…?

—Está exhausto. He tratado de llamarlo constantemente, pero casi nunca contesta. Asumo que es por culpa de mamá. En fin, cuando lo hace, siempre dice que está muy cansado. Creo que es demasiada presión para él. Aún es muy joven —negó con la cabeza.

Jan Di jugó con sus dedos, nerviosa.

—El que dejen el destino de miles de personas a tu mando, es algo con lo que podrías enloquecer —Joon Hui miró ausentemente su anillo de bodas—. ¿Sabes? A mí me obligaron a casarme a la edad de Joon Pyo —la castaña volvió a mirarla—… por dos razones: una, porque si me casaba, tendríamos el acceso a la empresa que manejo ahora. Y la segunda… porque querían romper una relación que tenía con alguien más.

Jan Di no sabía cómo reaccionar, o cómo decirle su más sincero pésame. Ya no estaba segura.

—No te estoy contando esto para que sientas lástima por mí —se tornó seria—. Te lo cuento para que no cometas los mismos errores que yo. La persona que yo más quise en este mundo no alcanzaba las expectativas de mi madre, y decidió cortarlo de raíz. Y yo quise creer que lo estaba protegiendo, cuando en realidad, estaba siendo cobarde. Así que, Jan Di, no dejes que el miedo se apodere de ti. No quiero que sufras, ni tampoco Joon Pyo. Y puedo verlo en tus ojos. Lo amas.

Casi pegó un respingo ante esas palabras; palabras que quiso decirle esa noche, y fue incapaz por el miedo.

—Por eso, no quiero que se separen por culpa de mi madre. ¿Está bien?

Ella culpó las hormonas o lo que fuese en el momento en que sus ojos se llenaron de lágrimas. Asintió frenéticamente, esperando que no se notara que estaba a punto de llorar.

—Bien. ¿Te parece que vayamos a almorzar? Sé que no tienes mucho que comer, pero algo es algo —le sonrió al levantarse.

Tras un cambio de ropa y una charla con Ga Eul, los seis bajaron al primer piso a comer. Como era libre, podían sacar o que quisiesen. Algunos se extrañaron con lo poco que había escogido Jan Di, una copa de frutas picadas y un chocolate caliente. Era extraña la elección, pero ninguno diría nada, habían oído de las preferencias extrañas de mujeres que estaban gestando.

Mientras Jan Di masticaba un trozo de una fresa, Joon Hui se excusó para ir al baño. Sin embargo, tomó el lado contrario, donde estaba el camino de los ascensores. Al llegar al pasillo, sacó su teléfono y marcó.

Mientras tanto, el estómago de la castaña no apreció mucho la llegada de las fresas, así que se levantó abruptamente y salió corriendo al baño. Apenas puso un pie en el lugar, no pudo más y se arrastró hasta el lavamanos para vomitar. Si hubiese alguien mirándola, no podría importarle menos, se sentía demasiado mal como para importarle.

Cuando no pudo seguir devolviendo la comida, se limpió y se enjuagó la boca. Cuando ya no pudo sentir la acidez del fluido en su garganta y en su lengua, suspiró. Se remojó el rostro para apartar los mareos, y cuando iba a secarse, una mano cubrió su boca.


¿Sí?

—Señor Jung —sonrió—, ¿dónde está Joon Pyo?

El joven ya está en el hotel, dama. Pero dijo que tardaría un poco porque quería tomarse una aspirina. Creo que no durmió anoche.

Joon Hui suspiró. Por supuesto…

—Bien. Si ocurre algo, me avisa inmediatamente.

Por supuesto.

Cuando regresó, frunció el ceño al notar el asiento de Jan Di vacío.

—¿Dónde está Jan Di?

—Náuseas —contestaron todos al unísono.

—Aun así, se ha demorado un poco —comentó Ji Hoo.

—Las chicas se toman su tiempo en el baño, así que no te preocupes —se rio Yi Jeong.

Ga Eul sonrió un poco. Woo Bin notó que Joon Hui no se veía del todo convencida, pero se sentó de todos modos. Pronto, una sonrisa se formó en sus labios.


Lo primero que pensó hacer Jan Di sería morder su mano, pero estaba firmemente agarrada, mientras que el segundo brazo había rodeado su cintura. Cerró los ojos al sentir una oleada de desesperación.

Sshh… soy yo.

Se quedó de piedra al oír su voz. Con lentitud, abrió sus ojos y en el espejo pudo contemplar su cuerpo siendo rodeado por los brazos de Joon Pyo, quien había susurrado con cuidado en su oído. Dejó de forcejear y siguió mirando el reflejo, asustada de que estuviese alucinando. Sus ojos, aún llenos de lágrimas, no podían despegarse de su imagen.

Joon Pyo no lo podía creer. Se sentía con un horrible dolor de cabeza taladrando sus sienes, y le había dicho al señor Jung que iría al baño primero a tomarse una aspirina, y después volvería por su billetera. Toda su idea fue olvidada cuando vio una figura familiar dirigirse al baño rápidamente. Se acercó rápidamente a ella y había notado su error; había ido al baño de hombres. Por suerte, no había nadie aparte de ellos. No pudo entrar por unos segundos porque había escuchado a distancia el estado de la castaña. Una vez que el agua había comenzado a correr, se había atrevido a mirarla. Estaba allí, enjuagándose la boca, y luego lavándose su cara que estaba más blanca que un papel. Se preguntó mentalmente qué había ocurrido con ella; se veía mucho más menuda que la última vez que la había visto. Sus labios rosados estaban algo apagados por la palidez, y estaba más delgada. ¿Estaba enferma? La idea de haberla dejado sola en un mal estado provocó que no aguantara más las ganas y se acercó sigilosamente a ella y le cubrió la boca, sabiendo que gritaría. Al informarle que se trataba de él, la sintió relejarse en sus brazos. Retiró con cuidado su mano de sus labios.

Tenía muchas preguntas. ¿Qué hacía ella aquí? ¿Cómo había llegado? ¿Por qué estaba aquí?

Pronto, la escuchó sollozar silenciosamente. Se separó un poco para voltearla, y al hacerlo, el color había vuelto a sus mejillas. No sabía si era por la vergüenza, o era el mismo llanto haciendo su trabajo. Daba igual, pensó. Se veía hermosa. La abrazó, apoyando su rostro esta vez en su pecho. Ella se aferró a su chaqueta temblorosamente. Joon Pyo retrocedió torpemente hasta que ambos quedaran encerrados en el cubículo del baño al haber oído que gente se acercaba. Miró detenidamente a Jan Di, y había algo diferente en su aspecto (además de lo que ya había notado). Normalmente, era un poco más enérgica que esto; ahora, se le veía asustada. La había escuchado llorar unas veces, pero ahora, apenas podía oírla. Trató de considerar que pudo haber estado enojada con él, pero la forma en que se aferraba a él le decía otra cosa.

—¿Jan Di? —la llamó casi inaudiblemente.

Ella se estremeció. Nuevamente, la había llamado de esa forma que la había hecho temblar esa noche. Se sentía avergonzada de pensar todo el tiempo en eso.

Era culpa de las hormonas.

Joon Pyo presionó los labios, frustrado de no conseguir palabras de su parte. Se aseguró de que no hubiese nadie más en el baño, y la tomó de la mano. Miró a todos lados, asegurándose que nadie los estuviese mirando, y se dirigió a la terraza del hotel. No había mucha gente, pero prefirió acercarse a los arbustos solo por si acaso. Soltó su mano, y volvió a mirarla.

—Jan Di —la llamó, pero ella seguía mirando el suelo—. ¡Jan Di!

La castaña respiró hondo, sabiendo que no podría evadirlo para siempre. Después de todo, ya lo tenía en frente.

—… Joon Hui unnie… nos trajo aquí —dijo primero.

—¿Mi hermana? —ella asintió—. Aish, por supuesto. Por eso dijo que había traído algo que me agradaría —bufó. No pudo evitar sonreír un poco. Era un gran gesto, y se lo agradecía—. ¿Hay alguien más?

—Estás los chicos y Ga Eul —agradeció que siguieran hablando de otra cosa. Sentía su corazón martillando su pecho de los nervios.

—Por eso me dijo que tuviese cuidado, porque iba a traerte —murmuró más para él que para ella. Jan Di lo miró finalmente, y los latidos aceleraron al verlo sonreír, tan feliz.

Se le veía cansando. Sus ojos llegaban a verse apagados de lo exhausto que estaba. Quería preguntarle si estaba bien, pero las palabras se atoraron en su garganta.

—Pero, ¿por qué te trajo? Estoy feliz de verte —dijo rápidamente al notarla tensarse—, pero te ves un poco enferma. ¿Estás bien?

Estaba del asco, quería vomitar por el condenado miedo. Se mordió el labio, nerviosa.

—Sí.

—¿Segura?

—Sí.

—Bien… entonces, ¿por qué viniste? ¿Me extrañabas? —no pudo evitar sonreírle con arrogancia. Jan Di sintió los colores subirse a su rostro.

—¡No! ¡Es decir… sí! ¡No lo sé! —chilló—. Huh, v-verás… umm… um… y-yo…

Se veía tan tranquilo, temía arruinar su humor. ¡Se veía tan feliz de verla! ¿Y si inventaba una mentira? Tal vez, todo eso había sido un error. Tal vez, esto no funcionaría. Tal vez…

Tal vez


Ambos respiraban rápidamente, sus alientos chocando contra el del otro. Finalmente, él se separó de ella, provocándole un escalofrío. Su cuerpo había estado en llamas segundos atrás; ahora, parecía ser una memoria distante cuando el frío había vuelto a morder su piel. No obstante, eso no duró mucho. Joon Pyo había levantado suavemente su torso para volver a vestirla con la camisa. Movió con cuidado sus brazos para acomodar las mangas, abotonó lentamente de abajo hacia arriba. Al terminar, acarició su cuello, después su mandíbula, y luego sus labios. Jan Di se estremeció.

Él retiró un poco su tacto.

—… ¿Estás bien? —ella miró sus manos, asintiendo—. Lo siento.

Ella alzó rápidamente la vista, desconcertada. ¿De qué se estaba disculpando?

Jan Di fue recostada nuevamente en el suelo, y luego sintió el abrigo de su novio cubrir a ambos. Casi soltó un jadeo de alivio cuando sus brazos la rodearon por detrás, sintiendo nuevamente un calor que comenzaba a gustarle demasiado para su gusto.

Si te hice daño, lo siento —susurró contra su cabello. Jan Di, para su pesar, estaba demasiado pendiente de su respiración tocando su piel—. Y quiero que sepas que, esto que ocurrió aquí, no lo cambiaría por nada en el mundo. No… me arrepiento de nada.

No pudo evitar sonreír ante esas palabras, y maldijo todo lo existente.

Estaba muy enamorada de este idiota, y eso le traería muchos problemas.


La mentira que estuvo por salir de sus labios, fue detenida cuando recordó esas palabras. Miró detenidamente la mirada confundida de Joon Pyo, tratando de descifrar qué ocurría con ella, y el porqué de su comportamiento más extraño de lo habitual.

—Necesito que me escuches… porque esto es muy importante. Para ambos —dijo finalmente.

No le iba a mentir.

Joon Pyo tragó saliva. Estaba un poco aterrado. ¿Y si había venido hasta aquí a terminar su relación? Había estado dos meses lejos, no era de esperarse. Pero la idea de perderla cuando ya ni le quedaba ni un cuarto de su cordura, sentía que podría morir en el proceso. Jan Di se veía muy decidida.

No, no iba a hacerlo. La joven lo había recibido con tanto afecto en el baño… entonces, ¿qué era? ¿Y por qué estaba temblando tanto?

—Joon Pyo —comenzó—… t-tú dijiste que… no te arrepentías de…

Dejando la oración al aire, ella esperó que él supiera de lo que estaba hablando. Para su gran fortuna, él entendió perfectamente de qué estaba hablando. Carraspeó un poco, y se puso un poco más rígido en su postura firme.

—… Así es.

Ella asintió, agradecida de ser asegurada de su amor por ella.

—Está bien. Es que… verás… es que…

—Jan Di, lo siento, pero realmente me estás asustando un poco —le interrumpió un tanto impaciente.

Eso provocó que se pusiera más nerviosa todavía. Asintió frenéticamente, entendiendo su postura.

—Lo sé… lo siento, estoy muy asustada.

—¿Asustada?, ¿de qué? —preguntó anonadado.

Bueno, aquí iba todo.

—De cómo reaccionarás si te digo…

Joon Pyo parpadeó, esperando algo más. Presionó los labios, y se acarició las sienes. Definitivamente, debió tomarse una aspirina.

—… No me engañaste con alguien, ¿o sí?

Jan Di abrió la boca, en shock.

—¡Claro que no! ¡¿Por quién me tomas?!

—¡Bueno, tenía que preguntar! ¡Estás actuando demasiado raro! ¡Más raro de lo usual!

—¡¿Estás diciendo que soy rara?!

—¡¿Y qué si lo eres?! ¡Te dije que me gustabas así!

—¡Eres un tonto, un idiota, un imbécil! ¡¿Cómo pudiste pensar algo así?!

—¡Lo pensé, pero no lo consideré! ¡¿Quieres calmarte de una vez?!

—¡No! ¡No me voy a calmar! ¡No me voy a calmar! —ya casi estaban a los gritos—. ¡Nunca debí haber venido si pensaste eso de mí! ¡Esto fue un error! ¡No deberías saberlo!

—¡¿Saber qué?!

—¡Eres un idiota!

—¡Maldita sea, Jan Di! ¡Dime qué demonios sucede!

—¡Estoy… ESTOY EMBARAZADA, IDIOTA!

Las palabras salieron casi con facilidad, pero Jan Di supo que había sido demasiado violenta con la confesión. Se tapó la boca con ambas manos, horrorizada.

A Joon Pyo ya no le pudo salir la voz. Miró en shock a la castaña, quien era un desastre de emociones alborotadas. Tenía los ojos llorosos y sus mejillas estaban enrojecidas, no sabía si era de la vergüenza o de tanto griterío.

Entonces, todo tuvo sentido.

Los vómitos, la pérdida de peso, la palidez de sus labios y mejillas, y (cómo no lo había notado antes, no tenía idea) el humor extremadamente explosivo… más de lo que se había acostumbrado. Pero no tenía que olvidar el gran detalle de todo esto: ella le había preguntado nuevamente si se había arrepentido de esa noche.

Ni siquiera tenía que dudarlo.

Era suyo.

Y tenía sentido. Había ocurrido hacía dos meses, y no se habían protegido. Ni siquiera lo había considerado porque nunca pensó que ocurriría algo tan pronto.

Jan Di se limpió rápidamente las lágrimas.

—V-Vine porque… tenías derecho a saberlo… t-tenías el derecho… Por eso, quería saber tu opinión. Si lo quieres, o no, o si prefieres que me haga un ab…

—¡No! —le cortó rápidamente, provocando un salto en la castaña—. Lo siento —recompuso su postura, o al menos lo intentó. Sus manos comenzaron a temblar—. N-No quiero que hagas eso, pero…

—L-Lo sé, e-es decir, esto es mucho… y no sé… pero tenías que saber… y…

Joon Pyo se veía feliz y asustado, pero Jan Di era la viva imagen del miedo.

¿Qué hacer?

—… ¿Joon Hui lo sabía?

—Los chicos le dijeron —murmuró.

—Bien —la tomó de la mano y se adentraron al hotel.

—¿Adónde vamos?

—Quería ver a mi hermana.

—Está en el comedor con los demás.

—Bien.

Jan Di no podía caminar a la par. Sus piernas temblaban violentamente, y no tuvo más opción que mirar la espalda de su novio. Se sentía realmente pequeña a su lado, pero al mismo tiempo, protegida.

Su reacción había sido mejor de lo que esperaba. El peor escenario había sido que terminaran y que su final fuese criar a la criatura por su cuenta.

—Gracias por la sorpresa —la voz de Joon Pyo la devolvió a la realidad. Estaban frente a todos.

—De nada —se rio Joon Hui—. Felicidades, y podemos discutir juntos esto, pues seré la tía de ese niño —apuntó al estómago de Jan Di—. Pero ambos se ven realmente mal. Podrían descansar en la habitación mientras les muestro Macao a estos niños.

—Niños —repitió con cierto cinismo Woo Bin. Yi Jeong posó su mano en su hombro, consolándolo.

Joon Pyo recibió las llaves del gran cuarto por parte de su hermana. Sin más, se dirigió al ascensor con la castaña.

—… ¿No saludaste a los chicos?

—Ellos entenderán.

Cuando llegaron al cuarto, Joon Pyo soltó su mano y se dirigió a la cocina. Jan Di se quedó allí, parada, sin saber qué hacer.

—… ¿Joon Pyo?

—No me siento bien —respondió desde la cocina. Jan Di se asomó y lo vio llevarse una píldora a la boca y luego beber agua—. Y no he dormido bien. Creo que necesito una siesta, y después procesar esto con la cabeza fría.

La castaña terminó por asentir, ella también tenía sueño y lo mejor era descansar un poco. Joon Pyo caminó hacia ella y la envolvió en sus brazos, sorprendiéndola un poco.

—Esto no lo esperaba, ni mucho menos lo tenía planeado. Pero debes tener claro que estaré contigo en todo momento.

Una gran tristeza la envolvió.

—No puedes prometer eso.

Él se separó un poco para mirarla, sin soltarla.

—¿Por qué no?

—¿Y tu madre?

Una sombra de rencor terminó por ennegrecer su mirada. Jan Di se encogió ante ese rencor que había nacido en sus ojos.

—Confía en mí, es lo único que te pido.

Confiaba en él, pero no en el círculo en el que estaba rodeado. Se había dado cuenta que siempre tenía que cerrar su corazón cuando esas personas terminaban por sofocarlo mental y emocionalmente. Era demasiado; sin considerar el dolor ni la pérdida, lo habían puesto como heredero definitivo tras la muerte de su padre.

Demasiado cruel.

Ya cansada de todo esto, asintió.

Y cuando él se recostó en su cama con ella a su lado, tampoco tuvo las energías de sacarlo. Solo iban a dormir.

Y no era como que no hubiesen dormido juntos antes.


Recuperar horas de sueño hacía milagros.

Joon Pyo parecía haber revivido con esa siesta de cuatro horas, mientras que Jan Di se sentía mucho más tranquila con su embarazo. Volvió a tentar su suerte al comer, y las mandarinas parecieron caerle bien, así que estuvo comiendo mientras su novio se servía un café.

—Lamento no haberte llamado.

Jan Di quiso decirle algo, pero tenía la boca llena de los cítricos. Siguió masticando, esperando que él continuara.

—Pero no podía hacerlo. Me han vigilado todo el tiempo; con quién estoy, por qué, mis llamadas, mis pasos… no podía arriesgarme. Solo pude hablar con mi hermana, pero cuando estaba con el señor Jung —se encogió de hombros.

Ella asintió, no era de esperarse menos. Kang Hee Soo era capaz de llevarse a la fuerza a su propio hijo con tal de no ser visto al lado de una chica como ella.

La puerta se abrió abruptamente, entrando primero Joon Hui, los F3 y Ga Eul. Joon Pyo finalmente se levantó y les sonrió a sus amigos.

—Vaya, al fin te diste cuenta que existíamos —ironizó Woo Bin.

—Oye, sé que no pueden vivir sin mí, pero no deberías ser tan escandaloso —respondió con sorna el heredero. Ji Hoo y Yi Jeong soltaron una carcajada.

—Lo siento, pero no es momento de ponerse al día —interrumpió Joon Hui seriamente.

Notando que se venía algo, todos decidieron sentarse.

—… El señor Jung me estuvo contando algunas cosas mientras veníamos de vuelta. Y no son agradables —comenzó algo frustrada—. Primero, mamá quería que Joon Pyo terminara su relación con Jan Di.

—¿Qué es nuevo? —rodó de ojos su hermano, algo irritado por la insistencia de su madre. No le había bastado con sacarlo del país.

—Lo nuevo es que te están buscando una prometida para casarte.

—¡¿Qué?! —soltaron los demás.

—P-Pero eso… ¡no es justo! —protestó Ga Eul.

—Bueno, así es. Cuando los herederos ya tienen 20 años, son oficialmente adultos. Por lo tanto, los padres deciden casarlos, agrandar sus fortunas, y finalmente, dejarlos tomar el control de las compañías.

Los F4 se incomodaron ante las palabras de Joon Hui. Ella había vivido esa experiencia en carne propia, y había sufrido mucho por eso. Además, ellos estaban casi rozando las dos décadas. La libertad que habían experimentado todo ese tiempo, se les sería arrebatada en un instante. Y Joon Pyo cumpliría 20 en algunos meses.

—La mejor candidata que han conseguido es Ha Jae Kyung —dijo mientras ojeaba su teléfono, era toda la información que había recogido del señor Jung—, sus padres están seguros de comprometerla contigo. Pero falta que ella lo sepa.

—Entonces, ¿sugieres que el embarazo se sepa?

—Es una posibilidad —se cruzó de brazos.

Ni a Jan Di ni a Joon Pyo les hacía gracia hacer público esto. Por Jan Di, porque la presidenta Kang se encargaría de hacerle la vida de cuadritos… y en cuanto a Joon Pyo, pues, pensaba lo mismo, y lo más seguro es que los obligaría a no tener su hijo.

—Pero sólo debería saberlo mi madre —dijo, para calmar a su hermano y a su próxima cuñada—. No le haría gracia que esto se hiciese público… el problema es que debemos encontrar un secreto de igual valor que este para que esto funcione.

La mayoría se tensó al notar cierta malicia en los ojos de Joon Hui, aunque a Woo Bin le parecía realmente atractivo. Él ensanchó su sonrisa.

—Podrías enviar al señor Jung.

—Eso mismo he estado pensando —concedió—. Hay que contarle lo que está pasando, estoy seguro que nos ayudará. Después de todo, siempre le fue fiel a papá —la curva de sus labios se suavizó. Si ahora le estaba sirviendo a su madre, era por petición de él mismo antes de morir—. Y ahora, es quien más te acompaña, hermanito. Estarás bien.

—¿Y qué pasará con Jan Di? —Joon Pyo frunció el ceño.

—De eso nos encargamos nosotros — dijo Yi Jeong con una sonrisa.

—Nosotros cuidaremos de Jan Di hasta que llegues —prosiguió Ji Hoo.

Joon Pyo no estaba del todo convencido de dejar de nuevo a Jan Di, pero si querían que su madre no sospechara nada, lo mejor sería alejarse de su novia por un tiempo más. Jan Di, quien no había dicho nada todo este rato, finalmente alzó la voz.

—Estaré bien. Podrás saber de mí por los chicos, o por Joon Hui unnie.

—… ¿Cuándo se van?

—Mañana en la mañana —dijo su hermana—. Estoy manejando todo desde casa, así que será sencillo cuidar de Jan Di. ¿Y tú? ¿Cuánto tiempo necesitas seguir aquí?

—… Hasta mi cumpleaños.

Era cierto, pensó Joon Hui.

Su madre había preparado todo para mantenerlo lejos de Jan Di.

—Tranquilo, buscaremos la forma de que vuelvas antes —le sonrió.

Ellos solo esperaban que algo bueno saliera de todo esto.


Continuará...


Este fic tendrá solo dos capítulos. El próximo vendrá en unos meses más porque ahora estoy MUY ocupada con la universidad. Espero que les haya gustado, y me dicen qué opinan.

Rossana~

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