Aviso legal: Los personajes son de la Señora S. M , yo solo soy dueña de la historia.
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Amor Desastroso
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Bella.
Dejo la moto donde estacionan los empleados; el dueño del hotel es el padre de Ángela y me deja estacionar ahí cuando vengo a ayudar de vez en cuando a mi amiga a cubrir algunos turnos por la noche. Después de estacionar, me dirijo a la entrada principal del edificio de cinco plantas.
— ¿Bella? — pregunta Angela en cuanto me ve.
—Hola, Angy— saludo, colocando una mano sobre el mostrador.
Mi amiga me mira extrañada.
—¡Oh, Dios! — Abre los ojos, sorprendida— Dime qué no quedamos en vernos hoy. ¡Lo he olvidado!
Podría bromear un poco con ella y decirle que seguramente lo olvido, pero me limito solo a negar con la cabeza. Justo ahora me urge antender el problema con el imbécil de Edward Cullen.
—No olvidaste nada para hoy. Pero no se te olvide que mañana nos veremos en La Push para tomar unas cervezas.
— Claro que estaré ahí. Ben, incluso lo tiene marcado en el calendario.
Sonrió a mi amiga.
— Bien. Oye, cambiando de tema... He venido aquí porque necesito que me hagas un favor. Necesito que me digas el número de habitación en la cual de aloja un huésped.
Angela entrecierra los ojos en mi dirección.
— ¿Que huésped? — cuestiona con curiosidad.
Coloco ambos brazos en el mostrador y me inclinó hacía ella.
— Edward Cullen— suelto.
En cuanto digo su nombre Angela cambia su actitud. Ahora es cautelosa.
— No puedo hacer eso. Sabes que no puedo darte los datos personales de los clientes — dice ella.
Hago una mueca y doy un golpe sobre en el mostrador.
—Vamos, Angela. No te estoy pidiendo sus datos bancarios, solo que me digas en qué habitación se encuentra.
Angela niega con la cabeza.
—De verdad que no puedo hacer eso. Pero podrías dejarle un recado y yo misma me encargaré de dárselo cuando baje.
Ruedo los ojos.
— ¿Porqué no quieres darme esa información?
—Son las reglas del hotel, Bella...Además, mi padre dice que es un huésped importante.
Arrugo el entrecejo.
— ¿Qué tan importante es ?
Mi amiga de encoge de hombros.
— En realidad no lo sé, papá solo me ha dicho que debe de tratarsele lo mejor posible.
Hago un ruido de molestía, luego doblo una mano y apoyo mi cara sobre ella.
— Vamos Angy, necesito que me ayudes. Sabes que no molestaría a nadie si no fuera importante— vuelvo a insistir.
Angela me mira apenada.
—No puedo hacer más nada que llamar a su habitación y anunciarte— agrega ella como una alternativa.
— ¡No lo hagas!— eclamo mientras doy un golpe sobre el mostrador, luego pongo a mi cerebro a trabajar en una buena respuesta para darle — . Bien, voy a decirlo— confieso después de algunos segudos— . Ese tal Edward olvidó algo importante en el taller y quiero devolvérselo personalmente.
Llevo la mano a mis pantalones cortos y de mis bolsillos traseros tomo el sobre que Seth me dio hace rato. Angela mira el sobre por unos segundos para después verme a mi.
—Podrías dejarlo aquí y cuando baje...
—Es importante que se lo de personalmente. El otro día el fue al taller para arreglar su coche alquilado. Pero no pudimos hacerlo porque eran de los Black. Cuando se fue olvidó esto . Y ahora papá quiere que se lo entregue personalmente, dice que es un documento importante—Hago una pausa para tomar airé. Mientras tanto aprovecho para hacer que mis mentiras funcionen en mi cabeza antes de. decirlas a Angela—. Anunciarme no serviría de nada porque no conoce mi nombre y no creo que recuerde el nombre del taller. Pero si aún esto no sirve de nadapara converserte, tendré que llamar a Charlie y le pediré que llame a tú padre para que le expliqué las cosas mejor.
Angela mira de nuevo el sobre y me mira con angustia. No tengo ni la menor idea si me cree o no. Sin embargo, sé que no quiere problemas con su padre y el supuesto nuevo "huésped importante "
La veo acercarse a la computadora que de encuentra en la esquina del mostrador, y teclea algunas cosas antes de levantar la mirada en mi dirección.
—Bien. Él señor Cullen se encuentra en la habitación Treinta y seis del tercer piso.
Le doy una de mis sonrisas más grandes. No me gusta.mentirle de esta forma porque es una buena amiga. Pero no puedo contarle la verdad. Al menos no ahora.
—Claro. Bien, iré a dejar esto y bajaré enseguida— le cuento.mientras sacudo el sobre de papel por delante. Después doy media vuelta y me dirijo al elevador.
Mientras el elevador sube los tres pisos, me imagino escenarios rápidos de las cosas que voy a derle cuando estemos frente a frente. Un minuto después las puertas se abren, y no tardo en dirigirme a la habitación número treinta y seis mientras aprieto con fuerza el sobre que tengo en la mano.
Una vez frente a la puerta toco con mis nudillos dos veces y espero. No hay respuesta. Golpeó un par de veces más hasta que del otro lado de la puerta se escucha a alguien de mal humor.
—¿Sí? — cuestiona al abrir la puerta.
Lo que sucede a continuación no tiene precio, pues él tipo solo está vestido con una toalla blanca alrededor de la cintura, dejándome ver su bien marcado abdomen como la vez anterior.
Obligó a mis ojos a apartar la vista de su cuerpo.
— Tú...— comienzo a decir con titubeos. Mi cabeza se ha puesto en blanco y no sé que decir.
Me mira enfadado.
—¿Qué es lo que quieres? — pregunta con tono hosco.
Aquello me hace reaccionar y recuperar el hilo de las cosas. Dirijo la mirada a sus ojos con furia. Doy un paso en su dirección.
—No quiero esto — suelto, tendiendole el sobre.
Me observa de pies a cabeza, deteniendo su mirada por un momento en mis piernas antes de mirarme de nuevo a la cara.
— Es el dinero suficiente para que te alejes de Rosalie ¿O es qué acaso quieres más?
La furia que hay dentro de mi explota. Estoy malditamente enojada. Doy par de pasos y acortó la distancia entre ambos y estampó con fuerza el trozo de papel sobre su bien definido pecho.
—Creí haberte dejado bien claro que ese dinero podías meterlo por...— No acabo la frase porque él ha cerrado los ojos con fuerza y está comenzando a respirar pesadamente.
¿Que carajos le pasa?
— Apartate— suelta con un gruñido ronco.
No hago caso. En cambio extiendo mí dedo índice y comienzo a presionarlo con fuerza sobre su pectoral derecho; deseo provocarle un poco de dolor. Y creo que lo estoy logrondo porque hace una mueca.
Después de eso Edward abre los ojos y me mira. Toma mi mano que está en su pecho y tira de mi de hacia él, pegándome a su cuerpo, justo como lo ha hecho hace un par de dias atrás.
— Sueltame— Ahora Ers mí momento de gruñir y protestar.
Su mirada color verde se vuelve feroz.
— Tu comenzaste esto, Isabella — suelta sin apartar sus ojos de los míos.
Mi respiración de agita al igual que lo hace mí corazón. La poca o mucha piel que su cuerpo toca con el mío esta comenzando a enviarme pequeñas descargas de electricidad por todo el cuerpo.
No tengo ni puta idea de cuánto tiempo es que pasa al estar así, solo se que la electricidad que hay entre los dos va cada vez en aumento.
—Sí quieres que esto no pase, debes parar— dice él con tono amenazador.
Arqueó una ceja en su dirección y le doy una mirada engreída.
—¿ Qué pasa si quiero que pase? — lo reto sin parpadear. Mí cuerpo está comenzando a sentir calor en partes donde no debería.
Edward me suelta y baja las manos hasta colocarlas en mi cintura. Se inclina un poco y me besa. Al principio el beso es violento: lenguas chocan en una lucha por cuál es la que va a dominar. Y lo próximo que sé, es que soy jalada hacia adelante mientras que la puerta de cierra a mis espaldas para luego sentir que mí espalda se apoya en ella. Mientras tanto Edward chupa mi labio inferior y luego lo muerde, haciéndome gemir.
—¿Qué diablos estás haciendo? — pregunto, apartandome unos cuantos centímetros para ver su cara.
—No lo sé, pero no vas a negarme que esto se siente malditamente bien ¿ o si? — dice él.
Niego en respuesta antes de volver a pegar mi boca a la de él. Sus labios contra los míos son duros, salvajes y exigentes.
¡Dios! Tengo que admitir que besarlo de esta manera me gusta. Al mismo tiempo que me jode la maldita cabeza. Esto es una completa locura. Él no me agrada, yo no le agrado. Sin embargo, no quiero que se detenga.
Bajo un poco la cabeza y pellizco con mis dientes su barbilla. Se estremece.
—Más duro— ordena. Y por ese momento no me importa que me dé una orden, pues la lujuria nubla mi buen juicio. Hago lo que dice: Beso, chupo y muerdo su cuello mientras rodeo sus caderas con mis piernas. Edward coloca sus manos en mis nalgas y camina por la habitación hasta llegar a la cama. Sin dejar de besarme, me deposita sobre está y nos arrastramos a mitad de la cama sin despegar nuestras bocas.
—¿Estás segura de esto? — murmura sobre mis labios.
"Muy tarde para preguntar eso, amigo", pienso para mí misma. Su erección está situada justo en mi entrepierna atráves de mis pantalones cortos.
—¡Maldita sea! quiero esto— gruño mientras alzo un poco las caderas para frotarme en su erección.
—Bien— suelta. Se incorpora un poco y lleva las manos a mi camiseta, tira hacia arriba para ayudarme a quitarla. El sostén también se va; es una suerte que esté de abra por delante.
—Perfecta — susurra. Se inclina y lame uno de mis pezones.
Mi cuerpo se estremece por el deseo y mi cuerpo comienza a arder de verdad.
Llevo mi boca a la suya y nos fundimos en otro beso apasionado. Edward corona uno de mis pechos con su mano, haciéndome gemir de nuevo. La desesperación me consume y empiezo a deshacerme de él resto de mi ropa. Llevo las manos a mis pantalones cortos y tiro de ellos junto con mis bragas. Edward me ayuda a bajarlo sobre mis piernas. Cuando estoy completamente desnuda, abre mis piernas y mé da una mirada feroz.
—Estás depilada— suelta con tono ronco mientras uno de sus largos dedos va directo a mi clítoris para frotarlo un poco —. Me gusta —dice para luego bajar un poco más la mano y meter uno de sus largos dedos en mi ya empapado en centro.
Gimo de nuevo. Luego comienzo a mover las caderas contra su mano para crear esa fricción que necesito. Él no tarda en entender lo que quiero, así que introduce un dedo más en mi para luego seguir el ritmo de mis caderas. Cierro los ojos con fuerza y me olvido de todo lo demás . No me importa nada, lo único que quiero es conseguir un buen orgasmo. Entonces abro más las piernas y le dejo el control. Después llevo una mano a mi clítoris y comienzo a hacer pequeños círculos para aumentar mi placer. ¡Diablos, se siente demaciado bien!
Edward curva un poco los dedos y comienza a acelerar el ritmo. Me está volviendo loca.
¡Mierda! ¡Mierda! Esto es tan bueno que en cualquier momento voy a correrme. Sin embargo un momento después comienza a bajar el ritmo hasta detenerse por completo y negarme a llegar a esa tierra prometida.
—¿Qué demonios sucede? — cuestiono desorientada y un poco molesta.
— Quiero estar dentro de ti cuando te corras.
—Mierda! ¿por eso paraste? — cuestiono con enfado.
Se inclina y me besa de nuevo.
—Ten un poco de paciencia — murmura sobre mis labios. Luego aparta los dedos de mi sexo y los lleva a su boca para saborearme—. Sabes demaciado bien, dulzura — suelta.
Lo miro con sorpresa. Y por un seguno la vergüenza me invade. Si él dice otra mierda parecida estoy segura que voy a sonrojarme.
—Tienes preservativos?— cuestiono para cambiar de tema.
—Los tengo— dice. Se levanta de la cama, va a la mesita de noche , la abre y saca de el un paquete plateado. Luego tira de la toalla, dejandome ver su buen tamaño. Abre el preservativo, y antes de colocarlo masajea su polla de arriba abajo un par de veces antes de ponérselo. Luego me mira.
—Date vuelta, voy a cogerte por detrás.
Lo miro con una sonrisa de medio lado y levantando una ceja.
—¿Porqué no del modo tradicional? — le cuestiono con burla.
Solo de encoge de hombros.
—Me agrada tu culo. es por eso que quiero follarte de esa manera.
—Bien— No protesto. No quiero que el momento se enfríe y recuperar mi buen juicio. Así que me coloco de rodillas y mé inclino hacia adelante. Espero. Casi brinco cuando las manos de Edward acarician mis nalgas para luego dar un beso a cada nalga antes de colocal la punta de su pene en mi entrada.
—¿Lista?
—Hazlo.
Lentamente su pene comienza a adentrarsé.
—¡Oh, mierda! — gimo cuando esta completamente dentro mío. Es grande y mi cuerpo está adaptándose a su tamaño.
—¿Estás bien?
Solo asiento un par de veces antes de comenzar a mover mis caderas para que me folle.
Edward apoya una mano sobre mi cadera para sostenerse y comienza con un ritmo lento: saca su polla hasta que esta casi fuera de mi , para luego de un empuje estar de nuevo dentro. Lo hace un par de veces más para luego acelerar el ritmo. Gimo de placer cuando golpea un punto sencible.
—Más — exijo.
Edward coloca una mano sobre mi cadera para mantenerse firme mientras entra y sale. El placer de mi cuerpo comienza a crecer y de eleva a cada embestida que da.
—¡Mierda! — exclamo cuando siento mis paredes apretarse alrededor de él. Deslizo una mano a mi clítoris y comienzo a masajearlo cómo lo hice hace rato. Esta vez hago círculos rápidos; estoy desesperada por esto. Lo quiero ahora. Lo quiero todo.
Mi cuerpo comienza temblar . Estoy muy cerca. Demaciado cerca para lograrlo. No puedo más. Cierro los ojos con fuerza y el orgasmo llega a mi de golpe. Grandes olas de placer invaden todo mi cuerpo y no sé si estoy gimiendo o gritando que no se detenga.
Cuando la conciencia viene a mi, noto que Edward se ha detenido, pero que aún mantiene una erección en mi interior.
Espera, ¿no se ha corrido?
Edward sale de mi y aprovecho para incorporarme y mirarlo.
—¿Tú...
Niega con la cabeza. Luego hace por levantarse.
—Espera— le digo. Me levanto de la cama, todavía con las piernas temblorosas. Hago que se acomode en en centro de cama. No protesta, solo se deja llevar y me observa con curiosidad. Después me acerco gateando sobre la cama para después apoyarme de sus hombros y montarlo a horcajadas.
—¿Qué haces?— cuestiona.
—Ya tuviste lo que querías, ahora es mi momento— le cuento. Me levanto un poco y tomo su pene en mis manos y lo acomodo en mi entrada para luego bajar lentamente hasta que de nuevo está por completo dentro. Esta vez ambos soltamos un gemido; aún estoy un poco sensible de hace un rato y aquello es una sensación demaciado agradable.
—No te atrevas a moverte— digo en tono de advertencia. Edward me mira expectante, pero es obediente. Luego lo obligo a recostarse y apoyo las manos sobre su pecho y comienzo a subir y bajar: Una, dos, tres veces. Edward sube y baja sus manos desde las piernas a mis nalgas y me ayuda a cabalgarlo mejor.
—Eres increible— suelta de repente.
Bajo la mirada hacia él y me doy cuenta que me está mirando fijamente.
—¿Porqué lo dices ? — cuestino.
—Tienes el poder de exitarme al mismo tiempo que me haces enfadar.
Paro por un momento y lo miro fijamente.
—Sí, me han dicho que tengo ese super poder. Pero ahora no hables porque estoy tratando de follarte.
Sonríe de medio lado antes de incorporarse un poco hasta que su rostro queda a escasos centímetros del mío.
—Deseé tenerte desde el primer instante en qué te vi, Isabella. Luego me enteré que también tenías la capacidad de hacerme enfadar tan rápidamente cómo te fuera posible. No sé cómo lo haces— dice, inclinándose hasta dejar un beso sobre uno de mis hombros.
— Es curioso porque pasó igual conmigo. Mira, sé que no te agrado, y tú tampoco lo haces. Así que tendremos que echarle la culpa de lo sucedido a la tensión sexual ¿no crees?
Edward vuelve a sonreír mientras asiente con la cabeza.
—Me gusta eso— dice. Luego me inclinó un poco para reclamar su boca y lo besarlo con desesperación. No quiero que diga nada más.
Comienzo a moverme de nuevo. Arriba, abajo. Una, dos, tres veces hasta encontrar el ritmo perfecto. Al pasar los minutos estoy volviéndome loca. Quiero venirme de nuevo. Así que aceleró el ritmo de las estocada. Edward se endereza un poco y encoge un poco las piernas. Me sostengo de ellas y comienzo a follarlo frenéticamente. Mientras tanto Edward se inclina un poco y trata de capturar uno de mispezones.
Mierda!
No puedo aguantar más y exploto como una granada por segunda vez. Me dejó ir mientras aplastó mi cara está sobre su cuello. Gimo fuerte mientras las olas de placer invaden mi cuerpo. Edward da dos estocadas más y el también está es ese punto porque gruñe mientras su cuerpo tiembla debajo de mi.
¡Dios! No recordaba que el sexo fuera así de bueno.
Cuando las cosas se calman un poco, me hago a un lado y él sale de mi interior, se levanta de la cama para ir a baño.
Por mi parte me obligo a rodar sobre la cama "Solo cinco minutos y me iré", me digo mentalmente. Cierro los ojos para poder calmar mí respiración. No me doy cuenta cuando fue que me he quedado completamente dormida.
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Desastroso Amor
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Un capítulo más!!!
Me cuentan que les pareció?
Este es el primer Lemmon que hago, espero no me haya quedado tan mal XD... Prometo echarle más ganas al siguiente jsja.
Gracias por leer, nos vemos en el sig capítulo.
