Buenas :D

Les traigo otra de estas historias!

mony17: Me alegro mucho de que te gusten :D ¡Gracias!

PaolaValencia: Me alegro :D

alejandra1987: En mis historias siempre el romance es el protagonista jajaja aunque si quiero probar nuevas temáticas, pero el amor es lo principal.

Car Cullen Stewart Pattinson: Siiii, los tres protegieron a sus mujeres pero ciertamente nos centramos más en Edward y Bella.

Isis Janet: Siii, gracias :D

saraipineda44: A ustedes por leer :D

NaNYs SANZ: También a mi! En general me gustan los protectores jaja

tocayaloquis: Totalmenteee, quien no jajaja

Diana: Si, no le importa nada sin ella.

Franciscab25: A ustedes por leer :D

RINI CHIBA: Lo pensé, lo pensé pero no quería tanto drama, solo mostrar todo lo que se extrañaban y el reencuentro.

Guest: Siii, me gustan estos Edwards.

EmilyChase: Bueno, es lo que pasa cuando le tocan lo que más quiere. Si disparaba bien ganaba era Aro.

Guest: A ustedes por leer :D


Genero: Romance

Universo: Alternativo

Categoría: M

Pareja: Edward y Bella.

Summary: Exiliado por amar a un Ángel un Demonio vagó por la tierra por los últimos 50 años.

Ya no era un demonio, tampoco era un humano, ¿Qué era? Aburrido, solo pasaba el tiempo, ya no la buscaba.

La mujer pidió ayuda y él la ignoró, pero el aroma que ella emanaba lo hizo regresar al callejón.

Las almas se reconocen sin importar el tiempo que haya pasado.


ADVERTENCIA: Temática sensible (violencia)


Almas

Capítulo 1

Edward's P.O.V

Fui exiliado del infierno y enviado a la tierra hace 50 años, supongo que eso era bueno para algunos pero a mi me gustaba estar allí.

No era candidato directo al trono, tenía dos hermanos mayores pero nunca había querido ser quien ocupara ese lugar, mi vida era mucho más divertida siendo solo uno de los príncipes.

Además estaba el pequeñísimo detalle de que yo no era sangre pura, era mitad humano. Mi padre había sido cautivado por una humana, humana que había muerto al darme a luz y me habían llevado al infierno con "mi familia".

Yo no era un buen chico dentro de los estándares humanos, pero tampoco cumplía con los estándares del infierno. Mis gustos eran, curiosamente, las humanas. Si las llevaban al infierno las disfrutaba, había sido el primer hombre de muchas humanas en el infierno y también aquí en la tierra. No era algo dulce o romántico, simplemente disfrutaba ser el primero, disfrutaba del olor de su sangre luego de la primera penetración. Supongo que podría ser comparado con los fetiches humanos, ya saben, a alguno les gusta que usen disfraces a mí me gustaban las vírgenes. Estaba un tiempo con ellas hasta que me aburrían y buscaba a la siguiente.

Solo hubo una mujer que fue capaz de atraparme por completo y fue arrebatada cruelmente de mi lado hace 50 años, había sido la razón de mi exilio. Sus recuerdos estaban profundamente enterrados en mi mente, finalmente acepté que nunca iba a descubrir que hicieron con ella.

No tenía demasiado que hacer esta noche, había terminado con mi trabajo y estaba aburrido, la noche no había sido emocionante, el trabajo había sido fácil.

Nueva York era un poco aburrido a veces pero esta ciudad me hacía sentir menos solo, podía ir a nuestro puente cada vez que quisiera recordarla.

— ¡No! ¡Por favor! —escuché una suave voz

Me acerqué siguiendo la voz, estaba entre los callejones oscuros. Una chica rodeada de 4 hombres.

— Oh, pero si solo eres una bebé — rio uno de ellos— Vamos a divertirnos mucho contigo, cariño —

— Pido ser el primero, yo la traje — habló otro hombre

— Tú fuiste el primero con la última —negó el tercero

— Yo solo pido ser el primero con su boquita — pidió el cuarto hombre

La chica no iba a pasarla nada, nada bien. Me encogí de hombros despreocupado, no era mi asunto.

Caminé unos pasos alejándome de allí, aún escuchaba los lloriqueos de la niña, el viento sopló y algo llegó a mi nariz, el olor de mi Ángel. Me giré rápidamente sobre mis pasos y entré al callejón. Uno de ellos se giró al escucharme.

— ¿Qué haces aquí? — preguntó

Habían logrado romper la blusa de la chica, lloraba en el suelo arrinconada contra la pared. Mis manos ardieron recordándome lo que era.

— Me voy a llevar a la niña de aquí —respondí

— Oh, ya creo que no — rio uno poniéndose frente a ella. Sonreí ladeando mi cabeza.

— Yo creo que si — aseguré avanzando hacia la niña

Una mano me sostuvo por el hombro, la sujeté girando y lo hice caer al suelo. Gritó cuando doble su brazo y sonreí. Escuché un jadeo y alcé la mirada a la niña, asustada por mis movimientos. Maldije bajo mi aliento y solté al hombre.

— Este no es asunto tuyo —habló el hombre desde el suelo

— Váyanse —ordené

— Amigo, somos más que tú — rio el rubio acercándose a mí. Poco me tomó ponerlo en el piso también.

— ¿Quieren más? Están aburriéndome — gruñí

Se pusieron de pie entre ellos antes de huir del callejón. Me limpié las manos en los jeans caminando a la chica y me agaché a su lado.

— No me hagas daño — rogó acurrucándose contra la sucia pared

La poca iluminación me impedía ver si rostro pero su olor era inconfundible para mí.

— No voy a hacerte daño Ángel — murmuré en tono bajo. Me quité la chaqueta extendiéndola hacia ella— Debes tener frio, ¿Me dejas ayudarte? —

— ¿Quién…? ¿Quién eres? —preguntó tomando la chaqueta

— Un viejo amigo —señalé— Déjame ayudarte, no es seguro estar aquí —

— ¿Y es seguro ir contigo? —preguntó tímidamente

— Es más seguro que quedarte aquí —aseguré— ¿Puedes caminar? —pregunté. Asintió— Vivo cerca de aquí, ¿Quieres una ducha? —

— Si, gracias — murmuró

Me puse de pie y extendí una mano hacia ella, la tomó poniéndose de pie y rápidamente se cubrió colocándose mi chaqueta. Jadeé al ver su rostro, era idéntica a ella. Alcé mi mano hasta su rostro y cerró los ojos asustada, acaricié su mejilla roja, alguno la había golpeado.

— Lo siento — murmuré— Es mejor que te cure esto —

— Estoy bien, he pasado cosas peores — aseguró

Apreté mis puños con fuerza, nada de esto tenía sentido.

— Ven, vamos — pedí

Tomé su mano conduciéndola fuera del callejón.

— Espera, mi mochila —señaló hacia el callejón. Logré divisar un bolso rojo entre la oscuridad.

— ¿Es tuyo? — pregunté

— Es lo único que tengo —comentó

Asentí adentrándome al callejón nuevamente por el bolso, regresé a su lado y la conduje rumbo a mi casa. Dos cuadras después estaba agitada y sudorosa. Detuve nuestros pasos.

— Aún estamos lejos, unas cinco cuadras más —expliqué— Deja que te cargue, confía en mi —

— Puedo sola — murmuró

— Shh Ángel, todo va a estar bien — prometí acercándome a ella

— Puedo caminar —aseguró asustada

— Todo va a estar bien —repetí

Pasé un brazo por su espalda y la alcé sujetándola también por las piernas. Su cuerpo se tensó, comencé a caminar y poco a poco fue relajándose.

— Gracias — suspiró acurrucándose contra mí

Ella había desaparecido hace mucho, no tenía sentido, debería aparentar unos 50 años si es que era ella. Mis sentidos estaban alterados, todo en mi cuerpo la reconocía.

Poco después llegamos a mi casa, subí los cuatro escalones que nos conducían a la puerta y entré con ella aun en brazos dirigiéndome por las escaleras a la recamara de huéspedes.

— ¿Quieres entrar a la ducha? —pregunté dejando sus pies firmes sobre el suelo— En el armario del baño hay toallas suficientes —

— Claro, gracias —agradeció aferrándose a mi chaqueta. Asentí dejando el bolso a sus pies y salí del cuarto.

A pasos rápidos bajé las escaleras rumbo a la sala, me dirigí directamente a la barra y me serví whiskey en un vaso. Avancé hasta el sofá y tomé mi móvil ordenando comida, pizza y hamburguesa, alguna de las dos opciones debían gustarle.

— Esto tiene que ser una estúpida pesadilla —murmuré dando un trago a mi bebida

Una hora después y con la comida frente a mí me decidí a subir a su cuarto, golpeé la puerta y se abrió tímidamente.

— Hola —habló

— ¿Estás bien? — pregunté. Asintió— Hay comida abajo, ¿Quieres? ¿Tienes hambre? —

— Mucha —admitió

— Ven, vamos, no tengas miedo —pedí extendiendo mi mano hacia ella— Todo está bien, estás a salvo —

Tomó mi mano saliendo del cuarto, su delicioso olor me golpeo tensando mis músculos.

— ¿Est-Estas bien? — preguntó

— Baja por las escaleras y come — pedí

Me alejé de ella adentrándome a mi habitación, recargué mi frente en la madera de la puerta y cerré mis ojos.

No solo era idéntica a ella, olía como ella y había reaccionado rápidamente al olor de su cuerpo. Esta chica era humana, completamente humana y no me había reconocido, era solo una humana, solo aquellos que supieran de la existencia de los Angeles y Demonios notaban la diferencia.

Todos mis recuerdos humanos eran claros en mi mente pero los acontecimientos vividos en mi forma demoniaca eran confusos. Excepto esa noche, esa mandita noche la recordaba a la perfección.

Sintiéndome más recuperado tomé el botiquín médico que tenía en el baño de mi cuarto y salí rumbo a las escaleras. Encontré a la chica en la sala muy entretenida comiendo sus papas, la hamburguesa ya no estaba.

Me senté a su lado en el sofá y dejé el botiquín a un lado, abrí la caja de la pizza y le ofrecí al mismo tiempo que yo tomaba un trozo. Se movió ansiosa tomando la porción de pizza sin dejar sus papas.

— ¿Está buena la comida? —pregunté

— Tengo mucha hambre —se excusó

— Come todo lo que desees — sonreí amablemente

— ¿Tu…? ¿Estás bien? —preguntó

— Sí, tengo un ligero dolor de cabeza, fui por una pastilla — mentí

Asintió poco convencida pero demasiado hambrienta para indagar más.

— Soy Bella —se presentó

— Edward —respondí — ¿Qué hacías sola a esta hora de la madrugada? —

— Llegué a la ciudad hace poco —comentó— Buscaba algún cuarto para pasar la noche cuando…—

Su cuerpo tembló y mis puños se cerraron con fuerza.

— Relájate, nadie puede hacerte daño aquí — prometí

— Lo siento, es solo que tuve tanto miedo — murmuró

El olor de su temor inundó la habitación y deseé haber matado a esos hombres con mis propias manos.

— De acuerdo, buscabas un cuarto —comenté intentando distraernos— ¿A las dos de la mañana? —

— Si, bueno, mi autobús llegó a las doce de la noche de Atlanta —explicó— No tengo familia aquí asique solo comencé a caminar —

— Un taxi hubiera sido mejor opción —aseguré

— Un taxi hubiera consumido el único dinero que tengo —comentó— Y necesitaba un cuarto…—

— ¿Siquiera sabías donde te dirigías? — pregunté

— Si, bueno, más o menos —dudó con una mueca— Había visto un mapa en Atlanta y creí haberlo memorizado bien pero no contaba con tomar mi bus de noche y eso complicó las cosas pero era el horario más económico y decidí tomar el riesgo —

— ¿Tienes familia en Atlanta? — pregunté

— No, en realidad hasta ayer vivía en un orfanato, cumplí los dieciocho hace una semana —confesó dando un trago a su refresco— ¿Tú tienes familia? —

— No, mi madre murió y no tengo contacto con más familiares —respondí

— ¿Estuviste en un orfanato? — preguntó

— No, fui enviado con alguien pero digamos que no les simpaticé y me dejaron por mi cuenta —expliqué

— Lo siento —respondió

— Bueno, podría decir lo mismo sobre ti —aseguré

— Supongo que no hemos sido afortunados — negó subiendo sus pies descalzos al sillón y recargando el mentón en sus rodillas — ¿Trabajas? — preguntó mordisqueando su labio inferior

Mi mirada de dirigió a sus labios, aun recordaba el sabor de los labios de mi Ángel, ¿Los de ella sabría igual?

— ¿Quieres comer más? — pregunté tomando mi cerveza y dándole un sorbo

— No, tuve suficiente —respondió

— Voy a guardar el resto de la pizza en la cocina —señalé apuntando la cocina a nuestras espaldas — Vas a pasar la noche aquí, si vuelves a tener hambre siéntete libre de tomar el resto de la pizza o lo que desees —

Cerré la caja de la pizza y me paré caminando rumbo a la cocina, guardé los restos de nuestra cena en la heladera y volví a tomar respiraciones profundas.

Estaba duro y deseoso por ella pero no era su virginidad lo que me llamaba, era ella y los 50 años que habían pasado desde que mi Ángel había sido condenada por mi culpa.

Regresé a la sala, Bella jugaba con el vaso de su refresco.

— Traje algo para limpiar tu golpe —comenté tomando el botiquín y sentándome a su lado— ¿Me dejas que lo desinfecte? —

— Lo lavé en la ducha —respondió

— Por favor, no quiero correr riesgos —pedí

— De acuerdo —aceptó

Abrí el botiquín tomando el alcohol y rociando un poco sobre un pad de algodón antes de acercarlo a su rostro limpiando su golpe, siseó de dolor.

— Lo siento, es lo único que tengo —me disculpé

— Está bien, descuida —respondió— Gracias por dejar que me quede esta noche —

— Vas a quedarte esta noche y tantas como lo necesites —señalé mirando su golpe atentamente— Mañana vamos a buscar algo para que puedas hacer, ¿Qué planes tenías al llegar? — pregunté tomando otro algodón

— Buscar trabajo —respondió

— Bien, voy a ayudarte con eso —asentí poniendo crema cicatrizante en su herida— Ahora es mejor que vayas a dormir —

— Sí, claro —asintió

— La habitación donde te dejé hoy es tuya, siéntete cómoda allí —pedí

— Gracias, buenas noches —deseó

Se puso las zapatillas rápidamente antes de ponerse de pie y caminar hacia las escaleras.

— Bella —la llamé. Se giró hacia mí— Estás a salvo en esta casa pero si quieres pon el seguro de la puerta, no puedo abrirla desde el pasillo —

— Claro, gracias —asintió

Se giró nuevamente hacia la escalera, mi mirada la siguió hasta desaparecer en el piso superior.

Eché la cabeza hacia atrás, un seguro no iba a evitarme de ir tras ella durante la noche si lo deseara pero esta chica, Bella, era mucho más.

Pasadas las seis de la mañana y luego de algunos tragos más de whiskey subí al piso superior, dirigí la mirada a la puerta de Bella y escuché atentamente los sonidos. Parecía estar removiéndose inquieta, lo cual no era sorprendente luego de los hechos traumáticos de esta noche.

Me dirigí a mi propia habitación y me metí en la cama. El sueño tardó en llegar pero finalmente me quedé dormido.

Desperté a las once de la mañana, me di una ducha y bajé a la cocina, abrí la heladera viendo la pizza justo como la había dejado. Al parecer Bella no había pasado hambre durante la noche.

Salí de la casa apresurándome al centro comercial donde compré unos jeans, unas blusas, ropa interior, zapatillas, calcetines y un par de abrigos. Una vez en casa los dejé a un costado en la sala y me dejé caer en el sofá.

Un par de horas después me encontraba frente al televisor esperando que despertara, escuché la puerta de su habitación ser abierta y ella bajó unos minutos después mientras yo pretendía aun ver la televisión.

— ¿Descansaste? —pregunté

— Si, gracias —asintió

— Ven —pedí señalando el espacio a mi lado del sofá. Obedeció sentándose a mi lado— ¿Cómo estás? — pregunté tomando su rostro con suavidad y mirando su golpe

— Duele un poco pero estoy bien —aseguró

— Quizá debí haberte dado algunos analgésicos antes de dormir —murmuré— Espera aquí —pedí poniéndome de pie

Caminé hasta la cocina tomando una botellita de agua y regresé a la sala sentándome junto a Bella, abrí el botiquín que aún estaba sobre la mesa y le pasé a Bella la botella junto a un analgésico.

— Gracias —asintió

Tomó la pastilla tragándola junto a un buen trago de agua.

— Lamento no habértelo ofrecido ayer —me disculpé

— Ya has hecho mucho por mí —señaló— Y… ¿Tienes un periódico donde pueda buscar trabajo? — preguntó— Quisiera encontrar algo lo antes posible, no quiero abusar de ti —

— No te preocupes Bella, no estoy echándote ni voy a hacerlo —respondí

— No me conoces, no tienes por qué ayudarme —negó— Realmente quisiera poder irme pronto y dejar de incomodarte —

— Espera aquí —pedí poniéndome de pie

Subí por las escaleras al piso superior, me recargué en la pared serenando mis nervios. Debía encontrar el modo de mantenerla cerca de mí, necesitaba proteger a esta mujer pero el ofrecer mi ayuda, dinero y casa sin ninguna razón la iba a hacer sospechar.

Caminé hacia mi estudio, entré y tomé el periódico de sobre el escritorio antes de bajar nuevamente a la sala.

— Gracias —asintió recibiendo el periódico

— Voy a preparar el desayuno —respondí dirigiéndome a la cocina— ¿Te gusta el capuchino? —

— Si me gusta, gracias —asintió

Entré a la cocina y dirigiéndome a la alacena tomé unos muffins de banana y chocolate junto a unas capsulas de capuchino, preparé nuestro desayuno antes de llevarlo a la sala en una bandeja.

— ¿Algo interesante? — pregunté llegando a ella

Dejé la bandeja en la pequeña mesa frente al sofá y tomé asiento.

— Algo —asintió— Tomé una lapicera de allí —avisó señalando el porta lapiceras que había sobre la mesa

— Claro, no hay problema —acepté— Desayuna —

— Claro, gracias —agradeció tomando uno de los muffins y dando una mordida— Hay un par de lugares a los que puedo ir hoy, una inmobiliaria y también solicitan una niñera —

— Bella, no quisiera desanimarte pero no creo que presentarte con un golpe en el rostro vaya a hacer que consigas el empleo —señalé bebiendo de mi capuchino

— Oh, cierto, no pensé eso —murmuró desanimada

Era un buen modo para ella se quedara aquí por algunos días más, pero no me agradaba su rostro triste.

— ¿Qué te parece trabajar para mí? — pregunté

— ¿Para ti? ¿En qué? —

— Puedes cocinar, ¿Sabes cocinar? —insistí

— Si sé, me gusta mucho cocinar —sonrió— En el orfanato cocinaba siempre que me dejaban —

— Entonces está decidido, en lo que encuentres trabajo vas a cocinar para mí —asentí— No me agrada cocinar, suelo pedir a domicilio y de ese modo no tienes que sentirte incomoda por quedarte aquí —expliqué— Voy a pagarte con techo, comida y algo de ropa —

— ¿Algo de ropa? — preguntó intrigada

— Si, hice unas compras para ti —respondí señalando las bolsas que estaban a un costado de la sala. Se giró viéndolas — Espero que sean de tu talle —

— Edward, aceptarlas sería un abuso de mi parte —negó

— En lo que a mí respecta, eres mi empleada —señalé— Y debo mantenerte vestida y sana para que cocines delicioso —

Miró nuevamente las bolsas y se puso de pie caminando a ellas, las revisó.

— Es demasiado —comentó alzando la mirada

— Bella, la vida no es fácil —señalé— Anoche has visto como las cosas pueden ponerse horribles de un instante al otro, acepta mi ayuda —

— Prometo que voy a pagar por todo esto —respondió

— Vas a hacerlo con comida deliciosa —asentí— Ahora ven a desayunar, luego debemos ir de compras al supermercado —

— ¿Qué necesitas del supermercado? —indagó caminando nuevamente hacia mí. Se sentó a mi lado y bebió de su capuchino.

— Necesitamos llenar la despensa, como te dije vivo de comida a domicilio —le recordé— Y si vas a cocinar quiero que tengas todos los ingredientes necesarios —

— ¿Lo dices en serio? — preguntó. Sus ojos brillaron emocionados.

— Si, ¿Nunca hiciste las compras? —pregunté

— No realmente, en el orfanato los recursos eran muy limitados —señaló— Se cocina lo que hay con lo que hay —

— En ese caso eres libre de elegir y comprar todo lo que desees —prometí

— ¿Tienes comida favorita? — preguntó— Es lo primero que vamos a comprar —

— No tengo, pero puedes cocinar muchas cosas deliciosas para mí y dejar que convierta alguna de ellas en mis favoritas —respondí

— De acuerdo, desayuna deprisa —pidió dando una mordida a su muffin

Bella resplandecía en el supermercado, llenó todo un carrito de compras y la dejé moverse a su gusto. Cuanto más lleno estuviera el carrito más días ella iba a estar en casa.

Aun no sabía cómo iba a lograr mantenerme en su vida cuando ella encontrara trabajo, pero por ahora solo disfrutaba de tener a mi Ángel cerca, incluso aunque ella ignorara por completo quien era yo.

Cuatro días después finalmente el golpe de la mejilla de Bella había desaparecido, lo cual la había permitido comenzar a buscar trabajo. Ella había comenzado a cocinar cosas deliciosas para mí, siempre emocionada, siempre feliz y positiva, justo como lo era mi Ángel.

Mi pecho dolía cada vez que ella hablaba de irse pronto. La había observado mucho todos estos días, y cada vez era más difícil no inclinarme sobre ella y envolverla en mis brazos.

Cada gesto y sonrisa que hacía en mi dirección me la recordaba, había vuelto a soñar con mi Ángel en las noches y el parecido entre ambas era impresionante. No tenía dudas de que Bella era mi Ángel, porque había tardado 30 años en aparecer en la tierra era algo que no podía saber ni parecía que fuera a saberlo pronto.

Desperté desperezándome y me dirigí al baño por una ducha, una vez limpio me vestí antes de salir del cuarto y dirigirme al estudio, me senté frente a mi escritorio encendiendo mi laptop. En la madrugada me había entrado un correo que necesitaba revisar. Un nuevo trabajo se aproximaba.

Escuché la puerta de Bella ser cerrada con fuerza, alcé la mirada extrañado poniéndome de pie y saliendo del estudio, bajé las escaleras buscándola.

— ¿Bella? —pregunté buscándola— ¿Estás bien? —insistí sin verla. Salió de la cocina, sus mejillas estaban llenas de lágrimas— ¿Ocurre algo? ¿Por qué lloras? —indagué acercándome a ella asustado

— Dime quien eres —demandó secando sus mejillas

— ¿Disculpa? — pregunté

— Soñé contigo, soñé contigo muchas veces —respondió— A lo largo de mi vida, soñé contigo, con un chico de cabello bronce y ojos dorados, anoche soñé con él, contigo, solo que ahora tenía ojos verdes, como tú —

— Es solo un sueño —murmuré

— No, es mucho más que eso —negó— Nos vi, nos vi en un puente, un puente de noche, es aquí en Nueva York, ¿Cierto? —preguntó— Se dónde es, bueno, creo saber dónde es, probablemente me lleve algo de tiempo encontrarlo pero esa fue la razón del porque vine a Nueva York, quiero ver ese puente, sé que está aquí —

— ¿Quieres que te diga dónde está? —pregunté

Algo dolió en mi pecho y alcé mi mano hasta allí frotando. Llevaba cincuenta años siendo un humano y jamás había dolido de este modo.

— Entonces no es un sueño —murmuró asombrada

— Si te llevo allí y es el mismo puente de tu sueño ¿Vas a aceptar escuchar mi explicación hasta el final? — pregunté viéndola

— Si, lo prometo, necesito ir allí —prometió

— Vístete, te espero —avisé

— No me tardo —asintió

Rápidamente subió las escaleras hacia el piso superior.

Caminé hacia el sofá y me dejé caer allí echando la cabeza hacia atrás, no estaba seguro de que iba a hacer, pero yo también quería respuestas.

10 minutos después estuvo de nuevo en la sala ya vestida con unos jeans y un suéter, me puse de pie y la conduje a la cochera, destrabé el auto y la hice subir antes de ir de mi lado. El puente estaba a solo 15 minutos de casa, conduje hasta allí mirando a Bella de vez en cuanto, estaba ansioso por verla allí.

Estacioné el auto a poco menos de una cuadra del parque donde nuestro puente estaba y bajé del auto.

— ¿Dónde es? —preguntó uniéndose a mi

Apunté con mi dedo índice el parque y comencé a caminar. Sus pasos rápidamente igualaron los míos, cruzamos la calle y nos adentramos al parque.

— ¿Tus sueños son de día o de noche? — pregunté caminando hacia el puente

— Noche, siempre de noche —explicó tomando la delantera

Se acercó al barandal y cerró los ojos sintiendo los olores y la brisa, sonreí recargándome a su lado, siempre hacía lo mismo. Era mi Ángel, no sabía como pero lo era.

— Puedo traerte de noche también, si quieres —prometí

Sus ojos se abrieron y giró su rostro hacia mí.

— Eso quisiera —asintió

Mi cuerpo fue recorrido por una corriente eléctrica atrayéndome a ella, alcé mi mano hacia su mejilla y acaricié suavemente su piel.

— Creo que estoy soñando —murmuré

— ¿Tú también soñabas conmigo? —preguntó

— Bella, no huyas, por favor —rogué inclinándome sobre ella y besando sus labios

Sus labios se pusieron tensos, sujeté sus manos e intentó zafarse antes de aferrarse con fuerza a mí. Finalicé el beso apoyando mi frente sobre la suya.

— Edward…—suspiró

Esta vez ella inició un nuevo beso. Solté sus manos intentando abrazarla, sus manos empujaron mi pecho desasiendo nuestro beso. Se soltó de mi agarre corriendo en el sentido contrario a donde estaba el auto.

— ¡Bella! —grité llamándola

Corrí tras ella y pronto la alcancé tomándola del brazo, sus puños impactaron contra mi pecho comenzando a atraer miradas indeseadas.

— ¡No! ¡Esto no puede ser! ¡No! — exclamó una y otra vez golpeando mi pecho— ¡Estoy enloqueciendo! —

— Bella, Bella, para, vas a hacerte daño, para —pedí sosteniendo sus manos

— ¡No! ¡No puede ser! ¡Dime qué diablos significa lo que acaba de pasar! —exigió— ¡Dímelo! —

— Bella, recuerda tu promesa, si te traía debías dejarme explicarte todo —le recordé

— ¡No! ¡Algo me hiciste! ¡Eres peor que esos hombres! ¡Me drogaste! —aseguró— ¡¿Cierto?! ¡Eso hiciste! —

— ¡Bella! —la regañé sujetándola con fuerza— Soy incapaz de hacerte daño y ¡Lo sabes mejor que nadie! —exclamé— Ahora deja que te explique lo que está ocurriendo, por favor —

— Ahora, dilo ahora —gruñó

— Vayamos a casa Bella, estamos llamando demasiado la atención —respondí. Miró alrededor y algunos volvían a mirarnos — Sabes que no voy a hacerte daño —

— Eso aún no lo sé — respondió caminando nuevamente hacia el puente

Me pasé las manos por el cabello frustrado y di una vuelta sobre mis talones siguiéndola, llegamos al puente pero no detuvo su camino dirigiéndose al auto. Subió furiosa al volvo y entré de mi lado alejándonos de allí rumbo a casa.

Conduje de forma silenciosa, Bella soltó algunos susurros que no logré atender. Entré el auto a la cochera y ella bajo primera dirigiéndose a la casa, la seguí hasta la sala.

— Dime que recuerdas — pedí

— No, dilo tú, porque debo estar drogada —aseguró— No puede ser cierto lo que creo recordar, si quieres que te crea dime exactamente que recordé —

— ¿Lo recordaste cuando te besé? — pregunté

— Recordé anoche con mi sueño algunas cosas pero cuando me besaste…—murmuró ruborizándose. Gemí oliéndola, olía a ella, a mi Ángel y su excitación dulce en el aire.

— Carajo Bella —murmuré dando vueltas en la sala deseoso— ¡Puedo olerte desde aquí! ¡Detén eso! —

— ¿Qué hueles? —preguntó

— Lo sabes —gruñí

— ¡Fue tu culpa! ¡No me hubieras besado! —gritó

— Entonces admites que sí estas recordando cosas —respondí. Se cruzó de brazos molesta— ¿Qué recordaste? — pregunté acercándome a ella— Bella, ¿Que recordaste? —

Alzo su mano hasta su cuello aferrándose donde más dulce era su olor.

— Me-e Me mordías y…—

— Te mordía, te decía que te amaba y te hacía el amor —asentí

— No puede ser cierto —negó sacudiendo la cabeza— ¡Me drogaste! —

— Claro que no, maldición Bella ¡Lo estás recordando! —grité— Estás recordando cada vez que me besaste, ¡Cada vez te que hice el amor en ese puente! —

Se dejó caer en el sofá con un gruñido y me dirigí a la cocina intentando controlarme.

Ella era humana y estaba procesando la información con su mente humana, era distinto para mí que, aunque era humano, tenía recuerdos de mi vida como demonio. Me recargué en la encimera.

— ¿Era un Angel? — preguntó suavemente a mi espalda

— Lo eras —asentí

— Y tu un demonio —

— Si —respondí

— Y nos descubrieron — murmuró. Solté un resoplido siendo dolor nuevamente.

— Si, nos enviaron a la tierra como castigo —asentí— A mí me convirtieron en un humano en sus aparentes 24 años, a ti…—

— Me convirtieron en humana, una bebé humana —señaló

— Eso creo, te busqué por mucho tiempo —confesé girándome— Y no te encontré, eso fue hace 50 años, no tiene sentido que tengas 18 —

— No tengo recuerdos de una vida previa a esta —negó— Lo último que recuerdo es a ti…—

— Lo sé, es mi último recuerdo antes de despertar como humano —señalé— James nos encontró en el puente y lo próximo que recuerdo es que desperté en un callejón, solo me dijeron que estaba exiliado y que tú eras un bebé humano —

— Tu hermano…—

— Mi hermano —acepté— Fuiste condenada por mi culpa —

— Yo estuve de acuerdo —aseguró

— Un ángel corrompido por el príncipe del infierno, créeme que no fue cuestión de decisión — reí de forma amarga

— Ella lo eligió Edward —señaló— Lo eligió y aunque ahora no me siento ella…—dudó— Sé que no hubiera actuado de otro modo —

— Ángel…—murmuré acercándome a ella. Retrocedió los pasos que di y me detuve.

— No soy ella, soy humana y no soy ella —

— Lo sé, eres Bella —asentí

— Si, lo soy —

— Está bien, el nombre no me importa —negué avanzando un paso. Ella retrocedió otro.

— Fue demasiada información por un día —

— Está bien —asentí — Voy a irme a mi cuarto, come algo — pedí avanzando a la salida de la cocina

— Es tu casa, no tengo que sacarte de aquí —negó— Voy a irme pronto —

Detuve mis pasos girándome hacia ella.

— No vas a irte —negué

— Si, solo voy a intentar buscar algún trabajo y —

— Bella, si te vas de aquí voy a ser tu sombra —aseguré deteniendo sus palabras

— No puedes hacer eso —negó

— Puedo y voy a hacerlo —prometí— No voy a dejarte a merced de esta ciudad Bella, no después de lo que ocurrió la noche que te encontré —

— Eso solo fue una eventualidad —

— Puedes pedirme cualquier cosa que desees —aseguré— Voy a mantener mi distancia si es lo que quieres pero permitir que algo o alguien te haga daño está fuera discusión, ya permití que una vez te hicieran daño, no va a ocurrir una segunda —prometí— Puedo aceptar que seas otra persona, pero lo que siento por ti no cambia, sigo siendo yo y tu hueles y te ves igual, te reconocí, es tu alma y la voy a proteger no importa cuanto lo rechaces —

— Edward…—

— No, lo siento, en esto no cedo — respondí saliendo de la cocina

Subí a mi cuarto y me dejé caer en la cama boca abajo, la tenía, de nuevo la tenía y se alejaba de mí.

Me giré dejando mi espalda contra la cama, debía darle tiempo, si ella olía de este modo para mi estaba seguro de que iba a reconocerme también. Había esperado cincuenta años, podía esperar más. Ella había respondido a mi beso, sabía perfectamente quienes éramos.

Estaba ansioso por hacerle el amor y recordarle quien era, ella sabía de lo que éramos capaces, su excitación lo decía, lo deseaba, pero debía ir a ritmo que su mente humana necesitaba ahora.

Por la noche bajé asegurándome de que siguiera en la casa.

— ¿Tu no vas a cenar? —preguntó

— Puedo estar sin cenar —respondí encogiéndome de hombros

— No, ven, cena —pidió— Estás pagando para que cocine para ti, no es justo que no cenes —señaló moviendo el estofado

Obedeciendo arreglé la mesa para la cena y comimos juntos en silencio, lavamos los platos y silenciosamente dejó la cocina, solté un suspiro dirigiéndome a mi habitación.

Al otro día desperté y luego de una rápida ducha bajé encontrando a Bella preparando el desayuno. Su chaqueta estaba sobre una de las sillas de la cocina.

— ¿Tienes hambre? — preguntó retirando los huevos del fuego y poniéndolos en un plato

— Si, algo —respondí — ¿Vas a algún lugar? —pregunté señalando su chaqueta

— Si, ayer miré anuncios en el periódico y hay una cafetería a unos pocos minutos de aquí que necesita personal —señaló ofreciéndome el plato

— De acuerdo, te llevo —respondí tomándolo

Avancé hasta la mesa tomando mi lugar

— Gracias pero me puedo arreglar sola —respondió sentándose frente a mi con su propio desayuno

— Puedes elegir que te lleve o que te siga —señalé

— ¿Eres un psicópata acaso? — preguntó

— Fui un demonio, ¿Crees que me ofende que me llames psicópata? —pregunté divertido comiendo mis huevos

— No debe ser divertido que te llamen psicópata —aseguró

— Bella, voy a seguirte quieras o no —respondí. Alzó una ceja en mi dirección — Al menos acepta la situación, estás en una ciudad que no conoces —

— Bien — gruñó

— Come —pedí señalando su desayuno

Poco después nos dirigimos a la cochera, nos montamos en el volvo y me dijo la dirección de la cafetería que buscaba personal. Conduje hasta allí y estacioné a un par de cuadras. Bajé junto a ella y caminé hasta la cafetería donde se formó con otras tres personas que también estaban para el puesto.

— ¿Vas a quedarte aquí? — preguntó

— Voy a quedarme —asentí

— ¿Tu trabajas? —indagó

— Trabajo —asentí

— ¿En qué? —

— En casa te digo —respondí

— ¿No puedes decirlo con libertad? —preguntó divertida

— No —negué— Al menos no aquí, pero en casa prometo contarte —

— Bien — murmuró molesta

Esperamos por otra hora hasta que finalmente la entrevistaron, me quedé fuera observando la zona. No era una zona insegura pero no iba a volverse sola a casa si obtenía el empleo, eso también me recordaba que necesitaba comprarle un móvil.

Media hora después Bella salió de la cafetería, su rostro estaba triste.

— ¿Ocurrió algo? — pregunté poniéndome en alerta

— No, solo no soy lo que buscan —explicó con un suspiro

— Bueno, no te preocupes, vamos a encontrar algo para ti —aseguré— ¿Tienes teléfono móvil? —

— No, ¿Crees que tenía dinero suficiente en el orfanato para un teléfono móvil? — preguntó alzando una ceja en mi dirección

— Bien, vamos por uno — pedí tomando su mano y conduciéndola al auto

— Espera, espera, ¿Qué quieres decir? — preguntó zafándose de mi agarre

— Que vamos a ir por un móvil para ti —respondí

— Primero necesito conseguir un trabajo —señaló

— Es un regalo para ti, ¿Si quedas en algún trabajo como van a comunicarse contigo? —pregunté

— Les di mi correo —contestó

— Eso no es práctico Bella, además necesitas un teléfono donde pueda ubicarte —expliqué

— No recuerdo en que momento llegamos a que tú necesites ubicarme a mí —negó

— Bella, te repito que tienes dos opciones —señalé— Aceptarlo por las buenas o por las malas —

— ¿Todo contigo es por las malas? — preguntó cruzándose de brazos

— Angel, por favor —pedí alzando mi mano a su mejilla — No tienes idea de lo que significa para mi haberte encontrado —

— No soy el Ángel —negó— Soy Bella y es momento de que lo entiendas —

— Claro, lo siento — murmuré alejando mi mano de su mejilla— Solo deja que te ayude, ¿Si? —

— Voy a pagarte todo lo que hagas por mí —aseguró

— Bella, no quiero que pagues nada — suspiré

— No me siento bien Edward, no con todo esto, no quiero que pagues por mí —negó— Todo esto es tan… los recuerdos…—dudó sacudiendo la cabeza

— Dímelo —murmuré acercándome a ella

— Me tienen muy confundida —admitió bajando la vista

Alcé mi mano hasta tomar su mentón, acaricié suavemente alzando su rostro.

— Bella, tampoco es una situación que entienda —confesé— Te busqué mucho tiempo y te encuentro con 18 años, no sé qué ocurrió, solo déjame ayudarte a adaptarte a la ciudad, luego… ya veremos —

— ¿Ya veremos? — preguntó curiosa

— Si, solo deja que me asegure que estés a salvo el primer tiempo — asentí— Estás confundida y también yo, por favor —

— De acuerdo —suspiró— Gracias —

— ¿Vamos por un móvil? —pregunté. Asintió.

Sonreí soltando su mentón y nos conduje hasta el volvo, nos montamos e iniciamos el viaje hasta el centro comercial. Estacioné el auto dentro del estacionamiento subterráneo del centro comercial, nos dirigimos al ascensory entramos silenciosamente.

— ¿Qué tipo de móvil vamos a comprar? —preguntó saliendo del ascensor

— No lo sé, el que gustes — respondí encogiéndome de hombros. La guie dentro de a la tienda de Apple.

— ¿Apple? —preguntó curiosa

— Si, un IPhone es lo que yo uso — comenté tomando mi móvil del bolcillo de mis jeans— Es bueno, eficiente y con muchas aplicaciones útiles —

— No necesito un IPhone para recibir llamadas Edward —negó

— Considéralo una bienvenida a Nueva York —pedí. Alzó una ceja en mi dirección. Solté un suspiro rosando mis dedos en su mejilla— Por favor —pedí suavemente acercándome a ella — Déjame consentirte —

Su cuerpo tembló, justo como mi Ángel, asintió alejándose de mí adentrándose más en la tienda en dirección a los móviles. La miré observar y conversar con el vendedor eligiendo el modelo que mejor se acomodaba a sus necesidades.

Su mirada se dirigió en mi dirección y me acerqué a ella.

— Mira, ¿Qué dices? — preguntó señalando un iPhone 11

— ¿Por qué no el 12? — pregunté

— Porque no quiero uno tan caro, Edward —negó

— ¿Te sigue gustando el color verde? — pregunté

— ¿Cómo sabes?— preguntó asombrada

— Lo recuerdo — respondí encogiéndome de hombros. Deslicé mi mirada al vendedor— ¿El iPhone verde agua tienes? —

— Claro, lo tenemos en stock, es el 12 —asintió. Miré a Bella.

— Ese va a encantarte — aseguré

— Edward —protestó

— Vas a quejarte incluso si te compro uno usado, al menos quiero escuchar tus quejas por uno que te guste —respondí — Nos llevamos ese —asentí al vendedor

— Muy bien, síganme por favor —pidió. Asentí siguiendo al vendedor, Bella me alcanzó rápidamente y protestó intentando detenerme pero la sujeté con ambas manos inclinándome sobre ella — Considéralo la flor de esta noche —

— Juegas sucio — protestó

— Siempre te gustó —le recordé acercándome un poco más a ella

Su mano se presionó en mi pecho deteniéndome, la cubrí con mi mano y la alcé a mis labios donde besé su palma antes de alejarme rumbo al vendedor. Bella se acomodó a mi lado de forma silenciosa, el vendedor nos mostró el móvil. Luego de comprobar su funcionamiento y cobrarse de mi tarjeta dejamos la tienda y descendimos por el ascensor rumbo al volvo.

— Espero estés feliz —señaló Bella abrochando su cinturón

— Lo estoy — sonreí

— Gracias —agradeció

— De nada — asentí arrancando el auto rumbo a casa

Cuando entramos a la casa nos dirigimos a la sala, Bella se acurrucó en el sillón revisando y configurando su nuevo móvil. Yo solo la miré.

— Aun no me dices de que trabajas —señaló sin apartar su mirada del móvil

— Luego de que me volviera humano mantuve algunas características de demonio —expliqué— Entre ellas no tengo huellas dactilares —

— ¿Cómo es eso posible? — preguntó alzando la vista asombrada

— No lo sé — respondí encogiéndome de hombros — Tengo la teoría de que si me hubieran dejado como un humano normal o me hubieran hecho lo que a ti quizás podría haber tenido una vida feliz y normal y es claro que no es esa la razón por la que me enviaron aquí —

— Lamento eso —murmuró

— Ya no me importa — aseguré — Pero por eso no tengo huellas dactilares, soy bastante ágil y mi cuerpo se cura con rapidez —

— La noche que me encontraste…—dudó

— Si, esos hombres no tenían muchas posibilidades —admití alzando mi mirada al techo — Los hubiera matado, pero tú estabas asustada —

— Creí que eras malo —

— Bueno, no soy bueno — reí

— Lo eres conmigo —respondió— Siempre lo has sido —

— Pero hice muchas cosas que no te agradaban —respondí— En fin, no tengo intenciones de hablar en este momento sobre eso pero es por estas habilidades que pude armarme una red de trabajo, trabajo para algunas personas, si necesitan alguien hábil que pueda ingresar a un edificio sin dejar ningún tipo de rastro me llaman —

— Eso suena peligroso —comentó

— No lo es —respondí— Al menos no para mí —

— ¿Y si te atrapan? — preguntó

— Soy más hábil de lo que crees y soy valioso para estas personas, no temas — pedí apartando el cabello de su rostro— Una vez se activó la alarma y lograron sacarme a tiempo, prefieren perder a uno de los suyos que a alguien sin huellas dactilares —señalé moviendo mis dedos frente a su rostro

Tomó mi mano y deslizó sus dedos por mi piel hasta llegar a la yema de mis dedos.

— ¿Vas a decirme cuando tengas que trabajar? —pregunto suavemente

— Tengo que, el jueves por la noche me necesitan —expliqué

— ¿Qué tienes que hacer? —

— Necesitan que saque información de la computadora de la casa de un senador —expliqué

— Eso es definitivamente peligroso —negó alzando la vista

— Es estimulante —señalé— Cuando llegué a la tierra no tenía mucho que hacer, descubrí que me era fácil entrar a las casas, robé algo de dinero y me establecí, luego comencé a trabajar para esta red, me llaman cuando me necesitan y pagan bien —

— Interesante — murmuró

Cerré mi mano entrelazando nuestros dedos. Alzó la mirada viéndome.

— Sabes lo que soy —señalé

— ¿Mataste a alguien desde que estas en la tierra? —preguntó

— No, a nadie — respondí— Sabes que eso nunca me atrajo —

— Lo sé — murmuró— ¿Y chicas? —

— ¿Por qué? —pregunté acariciando su piel con mi pulgar

— Nunca estuve muy de acuerdo con lo que hacías con las chicas humanas — negó

— Bueno, ahora, tú eres humana —señalé. Bajó la mirada.

— Los 10 años que nosotros nos vimos tu no hiciste eso, no estuviste con ellas —negó

— No, no lo hice —acepté— No lo hice cuando llegué a la tierra —

— ¿Y ahora? —preguntó

— No quieres escuchar eso, Bella — negué

— Entonces lo hiciste de nuevo —asintió

— Lo hice, estuve unos 20 años sin acercarme a una mujer —confesé— Luego…, bueno, no hace falta que lo diga —

— ¿Alguna fue violada? — preguntó

— No, ninguna —prometí— Fue algo con lo que estuvieron de acuerdo, pero les dejé en claro lo que quería, duraba hasta que me aburría —

— Entiendo — asintió

— Ven — pedí poniéndome de pie. Tiré de su mano poniéndola de pie y la conduje hasta el tablero que había junto a la puerta — Este es el sistema de alarma, necesito registrar tu huella —señalé marcando rápidamente en el tablero. Tomé su mano presionando su pulgar, sonó un pitido — Marca un código de 4 números no consecutivos, es tu clave dentro de la casa —

— ¿Para qué es esto? — preguntó marcando en el tablero

— Es un código único asociada a tu huella —expliqué— Cuando la alarma está activa la puerta solo puede ser abierta con tu huella, tu código o el mío —

— ¿Nadie más entra aquí? — preguntó

— No, ¿Quién más que tu puede estar de acuerdo con estar aquí? — pregunté riendo contra su oído

— No soy ella, Edward —murmuró suavemente

— Lo sé —asentí recargando mi frente en su hombro— No lo eres, pero sabes que te reconozco Bella, y tú lo haces también —

— ¿Me hueles? — preguntó. Asentí— Entonces sabes que no he estado con nadie —

— Lo sé —acepté— ¿Me temes? —

— No, nunca —respondió

— Me temiste la noche que te encontré —señalé

— No te reconocí Edward, luego con los sueños…—dudó— Bueno, muchas cosas tomaron sentido —

— ¿Me soñabas como demonio? ¿O como humano? —indagué

— Te soñaba como tú cuando tomabas forma humana — explicó— Ojos dorados —

— Me gustaban esos ojos —recordé

— Pero la noche en que descubrí que eras tú eran verdes, justo como ahora que eres humano —señaló— Y desperté recordando mucho —

— ¿Recordaste esa noche? — pregunté suavemente

— Si, algo —asintió. Pasé mi brazo por su cintura presionando su espalda contra mi pecho.

— Estoy aquí, Bella —prometí. Asintió.

— Entonces… ¿Para qué me registraste? —preguntó. Acepté el cambio de tema.

— El jueves cuando me vaya la voy a activar, no le abras a nadie ni salgas cuando no esté —pedí alejándome de ella— Nunca se sabe si alguien está vigilándome esas noches que salgo y ahora más que nunca agradezco haber puesto este sistema —

— Necesitamos hacer compras antes de esa noche entonces —señaló

— Si, esta noche iba a hacer el pedido al supermercado —asentí

— ¿No podemos ir? — preguntó

— Si quieres —asentí encogiéndome de hombros

Se alejó de mí caminando a la cocina, caminé hasta el sofá recostándome allí y cerré los ojos.

Bella regresó unos cuantos minutos después y se sentó a mi lado en el sofá

— ¿Podemos ir ahora? — preguntó— Varias de las cosas que compramos ya no quedan y tuve un par de ideas nuevas —

— Claro que si — asentí irguiéndome sobre el sillón — ¿Terminaste de configurar tu móvil? — pregunté señalando su móvil sobre la mesa de café

— Si, ya terminé —asintió tomándolo — Gracias, me gusta —

— Me alegro de que te guste —aseguré

Me puse de pie y extendí una mano en su dirección, la tomó y sin soltarla tomé las llaves del volvo sacándonos de la casa. Conduje al supermercado e ingresamos al establecimiento.

— ¿Qué ideas tienes? — pregunté tomando un carrito

— Ya verás —señaló sujetando uno de los bordes del carrito y conduciéndonos por las góndolas. Caminé detrás de ella viéndola seleccionar cosas y meterlas en el carrito — ¿Qué quieres comer hoy? — preguntó girándose hacia mi

— Lo que gustes cocinar —respondí

— Vamos, dime que te gusta —pidió

— ¿Carne al horno? —pregunté

— Estupendo, se exactamente qué voy a cocinar esta noche — asintió regresando su atención a las compras

Caminamos por el supermercado y Bella llenó todo el carrito de comida, las galletas, dulces y comida chatarra también estuvieron presentes. Nos dirigimos a la caja y luego de pagar y volver a cargar todo en el carrito salimos del establecimiento rumbo al auto. Pasamos toda nuestra compra al auto, la sonrisa de Bella nunca abandonó sus labios y estaba loco por besarla. Entramos al auto y arranqué el motor.

— Gracias, esto fue realmente bueno —sonrió

— Te tiene más feliz esto que la compra del móvil — reí conduciendo fuera del parqueadero

— Ya te lo expliqué, en el orfanato no podía hacer esto —respondió

— ¿Cómo conseguiste algo de dinero para venir? — pregunté

— Cuidaba a unas niñas por la tarde desde los 16, ahorraba todo lo que podía — explicó

— Bueno, aquí puedes cocinar y comprar todo lo que desees —prometí. Asintió feliz.

Llegamos a casa y guardamos todas las compras. Bella comenzó cocinar en cuanto todo estuvo guardado y almorzamos unos deliciosos macarrones con queso.

— En la noche prometo hacer carne al horno —prometió comiendo un bocado de sus macarrones

— De acuerdo —asentí

Al otro día bajé y encontré a Bella en la cocina orneando una tarta de manzana.

— Buenos días cocinera —hablé entrando a la cocina

— Buenos días —saludó. Besé su mejilla sorprendiéndola.

— Esto huele muy bien — asentí

— Siéntate, enseguida te llevo —señaló. Obedecí dirigiéndome a la mesa de la cocina, me senté allí y ella trajo pocos minutos después dos capuchinos y la tarta de manzana — Pruébala y dime que tal — pidió emocionada. Tomé un trozo de tarta y mordí.

— Mmm Bella, esto sabe delicioso —señalé volviendo a dar otro bocado. Ella tomó una porción probando la tarta.

— Sabe muy bien —asintió

— Puedes dedicarte a esto si quieres — señalé— Puedes montar tu propia cafetería —

— Eso requiere dinero Edward —respondió rodando los ojos— Por eso quise postularme en el puesto de ayer —

— Tengo dinero — respondí

— Eso me lo has dejado bastante claro —respondió bebiendo su capuchino

— Bueno, solo tienes que aceptarlo —respondí encogiéndome de hombros. Rodó los ojos comiendo otro bocado de tarta — Esto estuvo delicioso, gracias —asentí bebiéndome el resto de mi capuchino

— Me alegro —sonrió

— Ahora necesito ir trabajar un rato a mi estudio, me enviaron algo que debo revisar —expliqué— ¿Vas a estar bien si me pierdo allí unas horas? —

— Si, ¿Puedo ir a dar una vuelta? — preguntó— Conocer el barrio —

— De acuerdo pero dame tu móvil y registra mi número primero —pedí. Asintió feliz deslizando su móvil por sobre la mesa. Lo tomé anotando mi número y llamándome para tener el suyo — Listo, ante la primera señal de inconvenientes llámame y voy a estar allí —

— Gracias —sonrió ampliamente— Ahora vete, yo me encargo de esto —señaló. Asentí poniéndome de pie pero no me moví, solo la miré — ¿Qué ocurre? —

Apoyé mis manos sobre la mesa y me incliné por sobre la mesa besando su frente.

— Gracias por el desayuno —murmuré. Besé su piel nuevamente, tomé de mis jeans dos billetes de 50 dólares dejándolos sobre la mesa— Si ves algo que te guste no dudes en comprarlo —

Me moví caminando fuera de la cocina antes de hacer una estupidez. No quería besar su frente, quería sus labios.

Subí por las escaleras a mi estudio, entré y me acomodé en el sillón frente a mi escritorio. Prendí la laptop buscando el archivo que me habían enviado para familiarizarme con los alrededores del edificio en el que tenía que entrar mañana por la noche.

Tres horas después estaba lo suficientemente aburrido para apagar mi laptop y salir de mi estudio, bajé por las escaleras llegando a la sala. Sobre la mesa había un gran jarrón con flores, eran rosas blancas. Las mismas que yo le llevaba a mi Ángel cada noche que la veía.

Caminé hasta ellas rosando sus pétalos con mis dedos.

— ¿Te gustan? —preguntó Bella a mis espaldas. Me giré viéndola.

— Si —asentí— ¿Te gustan a ti? —

— Me gustan mucho —respondió acercándose hacia mí— Son las que traías ¿Cierto? —

— Lo son —aseguré

— Las vi y quise comprarlas —explicó— ¿Te molesta? No estoy segura de sí te traen recuerdos bonitos o feos —

— Bonitos desde que estas aquí —prometí

— Quiero disculparme, tómalo como mi pedido de disculpa —pidió

— ¿Disculparte? — pregunté confuso

— Si, entiendo que esta situación no es fácil para ninguno de los dos —negó— Y estoy haciendo todo más difícil —

— Bella, ambos estamos haciendo lo que podemos —señalé— No es fácil, hay mucho que quiero hacer y no puedo, pero está bien, no tienes que disculparte —aseguré— Créeme, estar molesto porque no puedo estar tan cerca de ti como quiero es algo mucho mejor que estar molesto por no saber si siquiera vives en algún lado, de algún modo —

— Siempre creí que eras producto de una historia que me habían contado de niña —admitió alzando la mano a mi mejilla y dejándola allí— Supuse que eras un invento de mi imaginación para no sentirme sola, verte es extraño —

— No voy a moverme de aquí —prometí cubriendo su mano con la mía— Vamos a encontrarle una solución a todo, lo prometo —

— Te creo —asintió


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¡Tenemos nuevo relato! En este caso va a ser un Two shots, los caps algo largos pero lo preferí así y no dividirlo en tres.

¿Opiniones?