—¡Riddle! —el nombrado dejó de caminar y dio media vuelta, contemplando a uno de sus compañeros de clase dirigirse a él con tranquilidad.
Henry Sant. El niño que ha cautivado con su silenciosa presencia a todas sus maestras.
—Se te olvidó un cuaderno en tu mesa —comentó como si nada—, no supe si traerlo o no, así que lo dejé. Aunque, como es el último día de clases, supongo que lo debí traer...
Tom frunció el ceño. Estaba seguro que había metido sus escasos útiles a su mochila.
—Gracias —respondió con sequedad caminando hacia el salón de clases.
Henry sonrió y se encogió de hombros mientras que seguía su camino hacia la entrada de la escuela, dejando a Tom solo, como usualmente lo hacían.
Tom era el chico raro de la clase que no hablaba con sus compañeros, sólo conocían su voz por los pases de lista y algunas respuestas que daba a los profesores. Era raro hasta con los niños raros, pero aún así competía con otro niño raro. Henry Sant.
El niño era de complejo amable, sencillo y tranquilo. Uno no podía entender cómo alguien de ocho años podía ser así, pero nadie se quejaba de él. No como lo hacían con Tom.
Entró al salón para dirigir un vistazo a su mesa. Efectivamente, como había recordado, no había dejado algún cuaderno en su mesa, pero eso no explicaba qué hacía una caja en ésta.
Algo extrañado, Tom se acercó a su pequeño escritorio, el cual estaba hasta el final de la fila pegada a la ventana. Al ver la caja, pudo notar el moño plateado que se encontraba adornando un papel esmeralda.
"Feliz cumpleaños, Riddle."
Decía el papel que acompañaba toda la decoración. Por primera vez en su vida, su corazón se encogió gracias a la calidez que lo envolvió. Nunca había recibido un regalo.
Sí, en definitiva. Henry Sant era el niño más raro de toda la escuela.
" Tom Riddle:
Recordé que habías dicho que tu cumpleaños era el 31 de Diciembre en la clase de Francés. Lamentablemente estamos de vacaciones ese día, así que, por adelantado... ¡Feliz cumpleaños!
Espero que te guste, he notado que no tienes muchos útiles, con lo que te encanta aprender sería una lástima que no pudieras desempeñarte al 100% por falta de ellos.
¡Feliz navidad y año nuevo también! Aunque espero que toda tu vida sea feliz...
Con cariño,
Henry Sant."
Tom negó con la cabeza al terminar de leer esa pequeña carta que estaba dentro de la caja, la cual contenía aproximadamente seis cuadernos nuevos y una caja llena de lápices, plumas y colores, sin mencionar las pequeñas cosas como borrador y sacapuntas.
Quería reír, pero también quería hacer otra cosa, ¿cuál? Ni él lo sabía, sólo sabía que su corazón se estaba apretado de alegría... ¿Alegría? Suponía que era ese sentimiento, no lo había sentido hasta ese momento.
Guardó el regalo con rapidez, escondiéndolo de ojos curiosos que pudieran quitárselo. Dentro de ese orfanato nunca podía tener algo completamente suyo y, cuando lo era, los demás niños se encargaban de quitárselo.
Tom no permitiría que le quitaran su primer regalo.
Salió de su habitación con normalidad, guardando todas sus emociones dentro de sí, tal vez si alguien le llegaba a rozar alguna parte del cuerpo podría sentir los latidos de su corazón, no era como si los fuera a dejar, claro, pero el simple hecho de que alguien se haya molestado por él era suficiente.
—¡Fenómeno!
Tom ignoró el llamado y siguió caminando hacia el jardín, no hasta que sintió un jalón en su hombro derecho.
—Fenómeno, te hablé —gruñó un joven castaño mientras miraba al más pequeño con odio.
—Y yo te ignoré —siseó mirándolo con la misma cantidad de odio, o puede que aún más.
Lo siguiente que pasó después de ese enfrentamiento fue un Hackings sin poder moverse de su cama y un Tom Riddle encerrado en su habitación todas las vacaciones.
Lo positivo de que lo hayan encerrado en su habitación fue que nadie más -a parte de la encargada que le traía la comida- podía entrar a su cuarto, por ende, nadie le había dañado o quitado su preciado regalo, el cual ahora lo tenía muy bien acomodado en su mochila mientras caminaba por los pasillos de su escuela.
La escuela era realmente grande y algo lujosa, pero aún así le agradaba a Tom, puede que su vestimenta no sea la mejor de todas, pero su comportamiento era digno de estar en un lugar así, eso y que todos sus esfuerzos para conseguir una beca académica dieron frutos sin demora.
Que la maestra de su antigua escuela -escuela en la que asistían la mayoría de los niños del orfanato- le hubiera hablado y dado una recomendación a la escuela de prestigio Husttlov le sorprendió, pero lo que realmente lo dejó impactado fue la contestación de dicha institución.
Los siguientes acontecimientos se cuentan por sí mismos, un pequeño examen, una beca completa y alguna que otra ayuda económica y pudo tener todo para entrar ese año a la escuela de niños prodigios, o niños nerds, como solía decirle en su orfanato.
Entró a su salón con elegancia y se sentó en su correspondiente lugar. El aula estaba vacía, como todas la mañanas, no le sorprendía, siempre salía temprano del orfanato para poder llegar a la escuela, que se encontraba a una hora de distancia.
La puerta se abrió después de unos tranquilos minutos, no le prestó atención a quién entró hasta que la silla de enfrente suyo se movió.
—Buenos días —fue el pequeño saludo que dijo Henry antes de acostar su cabeza en su mesa.
El pánico entró en Tom en ese momento.
Le quería hablar, agradecer por el regalo que la había dado, convivir con él. Ser su amigo.
Nunca había querido un amigo tanto como esa vez.
—Buenos días —saludó casi siseando por el esfuerzo que le costó sacar las palabras.
Se maldijo mentalmente. El saludo parecía hecho con odio, ¿así es cómo iba a hacer que ese niño lindo fuera su amigo? Siempre echaba a perder cada oportunidad que el destino le daba, como aquella vez que una serpiente se había acercado a él queriendo ser su amiga y él simplemente le dijo que no quería amigos. Genial.
Henry miró hacia atrás con una sonrisa cálida para luego mover su silla con dirrección a él.
—Me devolviste el saludo —comentó emocionado—. No nos hemos presentado bien, soy Henry Sant-Sayre. Mucho gusto.
—¿Sant-Sayre?
Henry movió su mano quitándole importancia.
—Lo acortan a Sant porque les da flojera decir el Sayre, pero realmente ése es mi verdadero apellido —declaró sin dejar de sonreír. Tom pudo reconocer que no era como las sonrisas que les mandaba a sus otros compañeros, mucho menos a los profesores, esa sonrisa era más cálida, más brillante.
—Tom Riddle —se presentó sin dejar de ver al menor.
—Marvolo —comentó Henry.
—¿Eh...?
—Di tu nombre completo.
Tom frunció el ceño ante eso. No le gustaba su segundo nombre, sonaba como si fuera un señor feo, amargado y gruñón; y él no quería eso.
—Pero... —el brillo en los ojos del contrario lo detuvieron, ¿si no le decía su nombre completo ese brillo desaparecerían? Suspiró levemente— Tom Marvolo Riddle, un gusto.
—El gusto es mío, Ridls.
¿Qué acababa de decir? No podía llamarlo así. Era totalmente ridículo.
—No me llames así —siseó/ordenó frunciendo la nariz con asco.
—Disculpa, pero se me dificulta decir tu apellido como realmente es, y todavía no somos muy cercanos como para llamarte por tu nombre —se disculpó con sinceridad.
—Bien... pero sólo dilo cuando estemos solos —ordenó ocultando que estaba avergonzado por el hecho.
—Como diga, mi Lord —bromeó Henry guiñando un ojo.
Siguieron platicando hasta que el timbre les interrumpió, aunque eso no impidió que Henry no le soltará uno que otro comentario mientras el profesor en turno daba su clase.
Fue una sorpresa para todos verlos hablar con tanta tranquilidad y confianza que Tom afirmaba la mente cerrada del ser humano.
Tom quería que Henry estuviera todos los días de su vida a su lado, y Henry estaba más que dispuesto a cumplir ese deseo.
Al inicio de cada capítulo verán un "pasado" o "presente", esto se debe a que la historia tendrá saltos en el tiempo.
¡Espero les guste!
