¿Quieren saber por qué quise publicar este fic después de taaaanto tiempo?

Me frustra, Y ME JODE profundamente que encuentre más fics de Jan Di y Ji Hoo que Jan Di y Joon Pyo. Estropea profundamente mi humor.

Sé que este comentario antes del capítulo será algo largo y dudo que lo lean, pero tengo que compartirlo con alguien. Insisto que esta es mi opinión, y si no la compartes, está bien, cada uno es libre de pensar lo que quiera.

En fin, aquí vamos.

No me gusta Ji Hoo; no me gusta su personaje, ni tampoco la "química" que tiene con Jan Di. En primer lugar, veo a Ji Hoo como… la palabra más suave que tengo para él es "arrastrado". Casi andaba besando las paredes cuando veía a la otra chica que quería porque se desvivía por ella; muchas veces se iba por trabajo, y estaban mucho tiempo separados. ¿Cuál es el chiste de seguir juntos? Estaban alargando una relación que no iba a durar, y daba la impresión que ambos lo sabían, pero Ji Hoo siguió y siguió aferrándose a ella. Y se entiende, ella lo apoyó en uno de los momentos más traumáticos y dolorosos de su vida. Pero era un poco obsesivo.

Cuando Jan Di llegó a su vida, simplemente se le acercó por curiosidad. Claramente, esta mujer tiene carácter y no se dejaría pisotear por Joon Pyo. Cuando ya su gran amor tuvo que dejarlo por comprometerse, técnicamente buscó a Jan Di solo por consolación, SABIENDO que Joon Pyo se estaba enamorando de ella. En serio lo siento, pero pienso que Ji Hoo es un muy mal amigo. Se mete con la chica que sabía que su "mejor amigo" quería, la sigue por todos lados y trata de hacerla sentir mejor y todo eso, y esos últimos puntos están bien, pero no justifican sus acciones. Lo que hizo estuvo mal, y la serie siempre quiso contrastar eso con que era muy bueno con Jan Di. Joder, el tipo casi era sumiso con ella. ¿Cómo creen que hubiese sido esa relación? Ji Hoo complacería en todo a Jan Di, y ella simplemente se dejaría hacer (me frustra totalmente, el tipo es millonario, la ayuda, y Jan Di dice que sí; Joon Pyo es millonario también, ¿quiere ayudarla? HELL NO. Wtf?!)

Pasemos a Jan Di ahora. Me molesta un poco su comportamiento, pero bueno, no todos los protagonistas son perfectos, qué esperar, ¿no? Me gustó que se enfrentara a Joon Pyo, que se defienda de los bullies, y que se esfuerce por conseguir cosas por sus propios medios. Sin embargo, no entiendo su actitud con Joon Pyo y Ji Hoo. Se entiende al inicio que con Joon Pyo no se puede llevar bien, ambos se odian y está súper bien, pero cuando son novios, es la MISMA Jan Di quien lo trata mal, o cuando él trata de hacer un lindo gesto por ella, ¡lo rechaza o se hace la ofendida! Y Joon Pyo no tiene más opción que hacer cosas por su cuenta, como irrumpir en su casa, o de repente sacarla a una cita, porque si no, ella no movería ni un dedo por él (¿no que lo quieres, condenada?). Con Ji Hoo no es así, va a su casa, se deja consolar por él, decide ayudarlo a él y a su abuelo para que tengan una buena relación familiar, y todo eso. ¿Pero y tu novio o la persona que "dices" querer tanto? Por si no lo notaste, el condenado perdió a su padre, no tuvo ni tiempo de llorar por él porque su endiablada madre lo obligó a trabajar como prisionero en sus empresas; su trabajo depende la vida laboral de MILES de personas, y Joon Pyo seguía siendo muy joven para lidiar con todo eso, y aun así, lo hizo. Ni tiempo tiene de ver a su hermana, y la madre lo obligó a terminar contigo para protegerte, sabiendo que la vieja puede chasquear los dedos y dejarte en la calle. Es un caso diferente, y mucho más complejo que Ji Hoo y su abuelo, y se entiende; y también es comprensible que Jan Di no quisiese saber más de Joon Pyo cuando él la alejó de su lado cruelmente porque nunca le dijo nada, no hubo explicaciones y confesiones al respecto. Sin embargo, Jan Di tiene sus prioridades muy desordenadas. Pero bueno, así es, y no le quitaría nada. Lo que quiero decir es que Jan Di no sabe tratar bien a Joon Pyo en su relación, siempre está pensando lo peor de él, y es ella quien termina haciendo las cosas mal (terminó con él cuando Joon Pyo la defendió del imbécil novio de Ga Eul sabiendo que era un pedazo de mierda, ¿y solo le das una manzana de disculpas? ¡Date una charla, una conversación seria, mujer! Una manzana no va a arreglar lo que le dijiste. También terminó con él por algo que ELLA hizo. Joon Pyo quiso ayudarla con sus problemas económicos, ella no quiso. Viene un desconocido y le ofrece ser modelo en unas fotos para una revista, "ay sí, dale no más". ¡¿ME ESTÁS JODIENDO?! Ese desconocido pudo haberte hecho algo, Y MÁS ENCIMA LO HIZO, y tú: "ay, es que Joon Pyo y yo somos de mundos diferentes, así que no debemos estar juntos". Honey, el cliché está claro, pero no me vengas con que sacaste esa conclusión porque te sacaste fotos con un idiota que te terminó secuestrando. Lo del collar se lo perdono, porque fueron sus bullies quienes se lo robaron y le mintieron que estaba allá en las montañas, pero hay algo de esa pelea que tuvo con Joon Pyo que él tiene razón: que no toma en cuenta sus sentimientos PARA NADA. Fue un mal momento para que él le dijese eso, porque de verdad Jan Di fue inocente allí, pero supongo que Joon Pyo ya estaba harto de su actitud porque Jan Di siempre le hacía lo mismo) Oh well… I feel you, girl.

¡Vamos a Joon Pyo! Este tipo está mal; y lo digo en todos los sentidos. Joon Pyo está encerrado en una burbuja; una que le impide ver la realidad y conocer el verdadero mundo, y es porque lo obligaron tantas veces a permanecer allí, que él ya no se resistió y se quedó allí sin más. Con las únicas personas con las que "puede ser libre" son los F4, pero es una libertad limitada. Porque cada uno vive ensimismado en sus propios vicios. Además, Joon Pyo no sabe tratar con las personas; sabe hablar de negocios, de proyectos y muchas otras cosas, pero no sabe lo que es tener una relación interpersonal; lo más cercano que tuvo fue su hermana, pero se la arrebataron cuando la obligaron a casarse. Muchas veces, ve a los hombres y a las mujeres como iguales (aunque no de forma sana), y un buen ejemplo de esto es la forma en que trata a Jan Di y a los demás. Muchas veces, humilló a las estudiantes sin importar su "género", a Jan Di quiso forzarle un beso por celos injustificados, a Min Ji la lanzó al suelo por haber traicionado a Jan Di, y bueno… a los hombres los hace pedazos (XD); pero claro, sigue un ligero machismo rodeando sus ideologías, pues claramente a las mujeres no sería capaz de romperle las costillas, duhh. En fin, me estoy perdiendo. Joon Pyo es un personaje MUY complejo, no sabe tratar con las personas porque nunca le enseñaron cómo; solo le enseñaron a ¿qué? Producir dinero, nada más. Sus amigos, aunque yo ame el concepto de los F4, no son muy buena influencia, son un grupo de jóvenes que se rinden a los vicios porque saben que serán privados de ellos cuando hereden su "correspondiente" fortuna. Cuando conoce a Jan Di, es forzado a salir de su zona de confort porque ella no le dio más opción. Les juro que es como un niño, no sabe qué hacer ni cómo comportarse con ella. Cuando trata de ayudarla e intenta ser agradable con ella, es demasiado tarde, ella ya lo odia porque conoció al Joon Pyo encerrado en su burbuja. Pero eso ya va cambiando cuando su relación mejora en el capítulo 5. Pienso que Joon Pyo es uno de los personajes que más ha sufrido en la serie por culpa de su madre. Nunca tuvo una relación sana con su familia, lo alejaron de su hermana, su único miembro de familia con el que podía contar. "Perdió" a su padre y tuvo que asumir su cargo a una temprana edad, cosa que lo estuvo matando mentalmente en Macao, fue privado cruelmente de su libertad. Lo obligaron a terminar con la mujer de la que se había enamorado para protegerla, para luego obligarlo a casarse con alguien a quien ni siquiera quiso. Y, para colmo de males, se entera que todo este desastre había sido una mentira; que su madre había ocultado que su padre había sobrevivido solo para manipularlo. Joder, entiendo que algunos odien a Joon Pyo y piensen que no es bueno para Jan Di por su actitud, pero tiene un trasfondo. Es un personaje con orígenes oscuros y que hay razones del porqué es así. Les juro que todavía no acepto lo que hizo su madre con su padre porque… es horrible. Me hubiese gustado que hubiesen trabajado más las reacciones de Joon Hui y Joon Pyo ante esa revelación…

Insisto que prefiero mil veces a Jan Di con Joon Pyo, y es que se complementan bastante. Joon Pyo quiere ser mejor por Jan Di, cuando supo que estaba haciendo mal, decidió ser mejor por ella, quiere aprender a ser una persona íntegra por ella. Además, aunque sus opiniones o ideales choquen, darían mucho para trabajar juntos y acomodar su relación. Por eso, dije que si se hubiese quedado con Ji Hoo, hubiese sido un pésimo final, el idiota la complace en todo, así que hubiese sido una relación plana como los papeles de los cuentos clichés, pero bueno.

Ya me desahogué. Vayamos al capítulo, que es lo que les importa.

DISCLAIMER: BBF NO me pertenece.

ADVERTENCIA: este capítulo toma unos tonos más oscuros, pero nada preocupante como para cambiarle la clasificación a esta historia; solo les notifico.


The night of the storm: Lo que pudo ser

II: La solución


Jan Di no podía parar de llorar, Ga Eul trataba de contenerla en sus brazos, pero no era suficiente.

Nada era suficiente.

—¿Q-Qué voy a hacer ahora…? Ya no tengo nada… útil que hacer…

—No digas eso —la voz de Joon Hui la interrumpió severamente—. Aún hay cosas que puedes hacer, solo debes buscarlas, y encontrarás ese propósito.

—¡Pero yo no quería esto! —exclamó con desesperación—… Siempre… tuve algo que me gustaba hacer… y pensé que podría… dedicarme a ello toda mi vida, pero…

—Jan Di —las gentiles manos de Joon Hui tomaron su rostro—. Las cosas no siempre salen como uno las planea; tú, mejor que nadie, debería saberlo. Tomaste ese riesgo, y ahora no puedes hacer nada al respecto más que vivir con eso —miró de reojo su estómago todavía desapercibido—. Será mucho más difícil porque estás embarazada, pero te prometo que haré lo posible para que estés bien. Joon Pyo querría eso.

Ante la mención de su novio, los ojos castaños de la joven se agrandaron, horrorizados.

—No puedes… ¡No puedes decirle! —le suplicó, y Joon Hui frunció el ceño—. ¡No puedes decirle lo de mi hombro! Si se entera, él…

—No puedo prometerte eso, Jan Di —negó la hermana de su novio con tristeza—, si tú no se lo dices, se enterará de todos modos. Y esto lo involucra directamente —la vio a punto de protestar—. No tienes que decírselo ahora, pero no se lo ocultes tampoco. ¿Está bien?

Jan Di sollozó, pero asintió. Ga Eul la siguió abrazando, sin saber qué decir.

Apenas habían vuelto de Macao, habían apuntado un chequeo médico de confianza de Joon Hui. El embarazo parecía ir bien, Jan Di se alimentaba bien y le gustaba ejercitarse mucho. La lavandera había preguntado si era posible seguir nadando aún en su estado, y el doctor había accedido, pero que no se excediera, sino que lo tomase con la mayor calma posible. Y ella lo hizo, sin embargo, un horrible dolor había atravesado su hombro cuando había levantado el brazo para seguir nadando. Ji Hoo la había acompañado a la clínica, y los resultados se los darían en un par de días.

Y hemos aquí.

Jan Di había venido con su mejor amiga y con su "casi" cuñada. La noticia las había dejado impactadas; el daño que había recibido con esa silla que Ha Je le había dado para proteger a Joon Pyo, la había dejado permanentemente inservible para nadar con los profesionales. Eso había devastado a Jan Di, su sueño siempre había sido llegar más allá; ser reconocida por un talento que parecía ir creciendo con los días, pero que terminó abruptamente, como si hubiese despertado a la cruda realidad.

Sabía que no era la culpa de Joon Pyo; era suya. Estuvo consciente de que saldría lastimada si se interponía, y lo hizo, porque la vida de su novio era más importante que eso, ¿verdad? Ella solo había perdido una parte de su ser, pero Joon Pyo pudo haber perdido la vida. La lavandera trataba de convencerse de eso todos los días, pero una parte amarga y oscura de ella quería maldecirlo a él, y a su maldita familia por hacerle esto.

Sin embargo, cuando miraba los gentiles ojos de Joon Hui, y recordaba el último anhelado abrazo que le dio Joon Pyo antes de irse de Macao, la forma en que la había estrechado en sus brazos… le recordaba que todos era víctimas de Kang Hee Soo.

Cuando regresó a casa, sus padres notaron el miserable semblante de su hija, pero ella no les dijo nada. La verdad era que tampoco les había contado de su embarazo todavía, así que comenzaba a sentir la culpa naciendo de su estómago por dejarlos tanto tiempo en la oscuridad. Aunque sus ropas lo ocultaban, Jan Di ya veía la sutil redondez de su vientre cuando se contemplaba en el baño. Joon Hui le dijo que podría contarles, siempre y cuando fuesen sutiles al respecto, de lo contrario, no podrían seguir sus pasos silenciosamente como habían planeado. Así que, mientras cenaban, Jan Di, dejando su plato medio lleno, habló.

—Mamá, papá —miró de reojo a ambos, quienes alzaron la mirada para verla—. Kang San, también —su hermano, con la boca llena, la miró. Ella casi sonrió—… Hay algo… que debo contarles.

Su madre frunció el ceño, pero no la interrumpió.

—Deben prometerme que esto será un secreto entre nosotros solamente, ¿está bien? Necesito su ayuda.

—¿Estás embarazada?

Jan Di casi dejó caer el pequeño platillo que sostenía su arroz y miró con horror a su madre. Su padre y Kang San la miraron desconcertados.

—… ¿Cómo lo supiste?

—¡¿Lo estás?! —exclamó su padre.

—No puedes engañar estos ojos —señaló su ojo derecho con una torcida mueca en sus labios—. Tuve mis sospechas, pero me alegra que hayas decidido decirnos. ¿Es de Joon Pyo, supongo? —se tornó seria.

—U-Uh, sí…

—¡P-Pero…! ¡¿Qué hay de esa mujer?! ¡De su madre! —exclamó atemorizado su padre. La última vez que le habían faltado el respeto, lo habían pagado muy claro.

—Por eso, quiero que lo mantengan en secreto —suplicó Jan Di—. Necesito ocultar esto hasta que…

—¿Joon Pyo lo sabe? —interrumpió Kang San, mirando con una mueca seria a su hermana.

—… Sí, lo sabe. Pero pretende no saberlo, para que su madre no sepa que hablé con él.

—Bueno, es una buena señal —suspiró sonoramente su madre—. ¿Pero qué harás? No podrás ocultar esa panza tanto tiempo.

Jan Di hizo una mueca.

—… La hermana de Joon Pyo, Ga Eul y los F4 me están ayudando. En eso, no se preocupen, pero necesitaba decirles. Porque, en caso de que no funcione, es mejor que lo sepan primero de mí.

Aish, te encanta meterte en líos —negó con la cabeza su madre, pero posó una suave mano en su hombro—. Claro que nos tienes, y Joon Pyo te quiere. Es lo importante, y estoy seguro que no dejará que nada malo te pase.


Había cosas que Joon Hui tendía a omitir muy seguido.

No le decía a Joon Pyo que a veces Jan Di anhelaba mucho su presencia, y tampoco le había contado de la condición de su hombro. Asimismo, no le contaba a Jan Di cómo la salud de su hermano se estaba subyugando gradualmente por la presión que Kang Hee Soo estaba ejerciendo en él. Ya casi ni podía hablar con él por teléfono. Sabía del señor Jung que había noches completas donde su hermano no dormía para tener listos los papeles que su madre solicitaba. Las veces que intentó llamarlo, el señor Jung le contestaba, diciéndole que, o estaba trabajando, o se encontraba tomando una pequeña siesta para mantenerse cuerdo.

Estaba preocupada por ambos, pero necesitaba enfocarse en su trabajo, es decir, en buscar alguna debilidad en Kang Hee Soo que pudiera sobrepasar el escándalo de su hijo dejando embarazada a una lavandera.

—Señora, ya ha llegado —le anunció una mucama.

—Bien, hazla pasar.

Esperó un par de minutos, hasta que a su oficina entró una joven de cabellos negros y cortos. Era muy bonita, y parecía gustarle mucho la moda por como vestía. Le sonrió enormemente.

—Buenas tardes. Soy Ha Jae Kyung. ¿Usted me mandó a llamar, señora…?

—Goo Joon Hui —le extendió la mano cortésmente. Ella la aceptó energéticamente—. Te cité porque hay algo que debo decirte, pero debes prometer que será de tu absoluta discreción.

Jae Kyung inclinó la cabeza hacia un lado, para luego asentir, sin dejar de sonreír.

—Tal vez, tus padres te lo dirán dentro de poco, pero planean comprometerte con mi hermano menor, que cumplirá veinte años pronto.

—¡¿Qué?! —exclamó, abriendo la boca exageradamente—. ¡Pero ni siquiera me preguntaron! —infló los mofletes de forma infantil—. ¡Yo quiero casarme cuando me enamore! ¡No es justo!

Joon Hui trató de mantener una expresión neutra, pero no pudo evitar sonreír ante la actitud de esta mujer.

—Creo que comparto tu pensamiento, por eso, te estoy contando esto —borró la curva de sus labios y miró seriamente a Jae Kyung—. No quiero que te cases con mi hermano.

Ella parpadeó.

—¿Por qué? —susurró dramáticamente— ¿Tan malo es?

—No es eso —negó con la cabeza—. Mi hermano ya tiene a alguien a quien quiere, y no planea dejarla ir por nada en el mundo. ¿Puedes entender eso?

—¿Y por qué no la comprometen con ella?

—No pertenece a nuestro estatus social.

—¡Oh! —exclamó emocionada—. ¡Es como una historia de amor prohibido!

—… Claro, podrías llamarlo de esa forma. Te llamé aquí para solicitar de tu cooperación.

—¿Quieres que los ayude a fugarse?

—¡No! —se acarició las sienes. ¡Esta mujer era como una niña infantil! —… ¿Tienes a gente de tu confianza que también acompañe a tus padres?

—Mmm… Chen ha sido mi protectora desde siempre, y tiene la confianza de mis padres.

—Muy bien. Tengo entendido que tus padres y mi madre tendrán una cena para discutir su matrimonio, mi confidente y el tuyo estarán ahí, definitivamente —sentenció—. Quiero que nos informen lo mayor posible.

—¿Planeas hacer un escándalo?

—No tengo intenciones de herir el nombre de tu familia —negó—, pero quiero saber qué puede estar ocultando mi madre.

Jae Kyung se tornó seria.

—¿Quieres buscar algo mucho más grande con que convencerla para que tu hermano esté con esa chica? ¿No crees que es demasiado?

Los ojos de Joon Hui se oscurecieron de rencor.

—Lo siento, Jae Kyung. No sé cómo es tu relación con tus padres, pero yo no puedo llamar a Kang Hee Soo mi madre. Ella me cambió por un negocio con empresas que ahora son mías, pero estoy estancada en un matrimonio infeliz —la menor abrió más los ojos, mirando con simpatía a la mayor—. Yo no quiero que mi hermano sufra el mismo destino, menos ahora que tiene que lidiar con todo el trabajo que mi padre dejó atrás.

—… Está bien —sonrió con determinación—. Tienes todo mi apoyo.

—En caso de que los reúnan con anterioridad, solo dile que yo ya te dije todo.

—¡Bien! Pueden contar conmigo —asintió—. Ha sido una reunión rara, pero no quiero hacer infeliz a nadie —se encogió de hombros con una melancólica expresión—. A mí también me gustaría ser feliz algún día.

Joon Hui entrecerró los ojos, pero siguió sin decir nada.


Había algo extraño en el señor Jung. Joon Pyo lo sabía.

Lo conocía desde que era un niño; incluso podría decir que lo conocía desde que tenía uso de razón. Parecía una figura paterna además de su difunto padre. Y ahora que lo veía, se veía inquieto. El señor había aprendido a controlar sus emociones, pero Joon Pyo lo conocía bien, y conocía ciertos gestos que delataban su inseguridad. Se estaba paseando en círculos, y jugaba con sus dedos al juntar sus manos tras su espalda para ocultar su preocupación. Cuando quiso preguntarle qué ocurría, el hombre lo miró con una infinita tristeza. El heredero no pudo evitar sentirse un poco sorprendido, ni siquiera en el funeral de su padre lo había visto así.

—Joven —lo llamó amablemente, como siempre. Él frunció el ceño—. Debe cuidar su salud.

Joon Pyo alzó las cejas, y comprendió de qué venía todo esto.

Llevaba cinco días sin dormir. El papeleo, la consternación por el estado de Jan Di, su padre, su madre… todas esas cosas rondaban en su cabeza, y era incapaz de tomar un respiro. Tomaba cortas siestas durante el tiempo que se le permitía comer, pero sabía que no era suficiente. Estaba perdiendo peso y las ojeras bajo sus ojos eran demasiado visibles.

—Estoy bien —respondió con cansancio—. Solo… necesito terminar con esto.

El hombre mayor miró el suelo unos segundos, hasta que volvió a mirarlo.

—Joven, usted debe saber… que haría lo que fuese por usted. Su padre me acogió cuando nadie más lo hizo —esa conmovedora confesión pareció envejecer al señor Jung en segundos, su expresión melancólica y llena de remordimientos le recordó al heredero que ya no era el joven señor que lo acompañaba a todas partes a costa de sus pataletas.

—Estoy bien —insistió, aunque el ardor en sus ojos y la desesperación de querer dormir lo hizo suspirar—, solo… a veces, quisiera no ser parte de esta familia. Creo que sería más fácil.

—Su padre estaría triste de oír eso.

—Lo sé —se irguió nuevamente, tomando una postura más determinada—. Por eso, debo terminar lo que empezó.

Dicho esto, el heredero del Grupo Shin Hwa abandonó la habitación para seguir trabajando. El señor Jung soltó un suspiro y miró de forma insegura su teléfono.

Él tenía algo; algo que podría detener a Kang Hee Soo de cometer una locura contra Geum Jan Di. Sin embargo, ese trozo de información conllevaría también a destruir a esos niños que él apreciaba mucho. Además de eso, no había encontrado nada más que podría doblegar a la madre de Joon Pyo y Joon Hui.

Aun así, decidió el señor Jung, no diría nada. Ese sería su as bajo la manga en caso de que no encontrasen algo más.

Porque si eso salía a la luz, no solo Kang Hee Soo sería derrotada, sino que rompería por completo a sus dos hijos.


Jan Di detestaba sentirse inútil.

No había nada más horrible que ser incapaz de trabajar con ganas. Pero ahora no podía hacer nada. Su cuerpo no se lo permitía, tenía hambre todo el tiempo. ¡Era horrible! Ya era una mujer con buen apetito la mayoría del tiempo, pero ahora se sentía como una ballena. Miraba con exasperación a los F3 moverse mientras Ga Eul preparaba té. Estaban en la casa de Yi Jeong, quien había ofrecido el lugar para conversar. Jan Di quiso ofrecerse a hacer algo, pero todos rechazaron la oferta. Ji Hoo la dejó con un plato de galletas para mantenerla quieta, y ahí estaba, comiendo como toda una floja.

Detestaba sentirse de esta forma, pero no tenía más opción que ser paciente. No podía actuar de forma impertinente ahora que había decidido cuidar a la criatura que estaba creciendo en su interior. Paseó sus ojos a Ga Eul, quien conversaba con Yi Jeong de forma sutil. Arrugó la nariz, considerando la posibilidad de que su mejor amiga comenzase a sentir algo por un mujeriego como el ceramista. Apreciaba a Yi Jeong, pero no pensaba que era bueno para su amiga.

Pero, pensó, ella misma estaba con el heredero del Grupo Shin Hwa, alguien totalmente diferente de su mundo. No era nadie para juzgar.

Todos pegaron un brinco al oír unos violentos golpes a la puerta. Los cinco se miraron entre ellos, confundidos. Yi Jeong hizo un gesto de silencio con la mano y se acercó. Formó una neutra sonrisa en su rostro y abrió la puerta. Se tensó de ver a unos hombres bien uniformados mirándolo seriamente.

—Caballeros, ¿en qué puedo ayudarlos?

—Estamos buscando a una señorita llamada Geum Jan Di.

Los que escuchaban adentro, se miraron con cierto pánico ante la noticia. Asumieron que eran los hombres de Kang. Ji Hoo levantó suavemente a Jan Di del asiento.

—Te llevaremos a la salida de atrás —le susurró.

Jan Di no tuvo tiempo de contestar mientras era arrastrada por el violinista, dejando atrás a Woo Bin y a su mejor amiga.

—La conozco, pero no la he visto últimamente —fue lo último que escuchó de Yi Jeong antes de salir por el otro lado.

Ji Hoo siguió tirando de ella hasta que terminaron en la calle paralela contraria a la otra entrada del hogar del ceramista.

—Escucha, nosotros los distraeremos, y tú camina derecho, hasta toparte en una cafetería que está a la izquierda. Espéranos ahí. Si no llegamos en veinte minutos, llama a tus padres para que te recojan.

—P-Pero…

—Recuerda que debes cuidarte —le reprendió suavemente.

Ella presionó los labios, y terminó por acceder. Ji Hoo la soltó y se devolvió corriendo. Jan Di, tratando de verse normal, caminó casualmente, sin mirar dudosamente por la calle desconocida en busca de la cafetería que su amigo le había indicado. Sentía un nudo en la garganta y su corazón latiendo a mil. Acarició cuidadosamente su estómago, rogando relajar su estado, o podría afectarle a su futuro hijo. Cuando divisó la cafetería, soltó un suspiro de alivio y entró.

Sin embargo, apenas lo hizo, su teléfono vibró.

Olvídalo! Ve al salón de los F4!

-Ji Hoo Sunbae

Se tensó al sentir una punzada en su vientre ante los nervios que estaban atacando su corazón. Quería saber lo que estaba pasando, pero no había tiempo que perder, así que se dio la vuelta, y buscó el camino más corto para llegar al salón de los F4, y esconderse allí. La paranoia y el miedo la estuvieron invadiendo todo el camino, hubo muchos momentos en que aceleró el paso, creyendo que la estaban siguiendo. Se acercó al salón subterráneo y utilizó con las manos temblorosas la llave que le habían dado para entrar en caso de cualquier emergencia.

Cuando se adentró en el salón, no tuvo tiempo de procesar que las luces estaban encendidas, pues sus pasos se detuvieron abruptamente cuando alguien estuvo esperándola en el centro de la habitación.

Kang Hee Soo le regaló una helada sonrisa, lejos de la amabilidad hacia la joven, especialmente tras haber ojeado despectivamente su levemente abultado estómago. Jan Di se quedó de piedra, incapaz de retroceder. Incluso si hubiese querido, no hubiese llegado lejos. La madre de Joon Pyo estaba rodeada de cinco hombres mirándola fijamente, atentos a cualquier movimiento que hiciera.

Sentía su teléfono vibrar contra su bolsillo, pero ella no se atrevió a contestarlo.

—Vas a venir callada conmigo, a menos de que quieras que algo les ocurra a tus padres —fue lo primero que dijo la mujer. Jan Di palideció, y sintió unas enormes ganas de vomitar.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero accedió sin decir nada. Dos hombres la agarraron de los brazos y la arrastraron fuera del salón, hasta el auto de Kang Hee Soo.


Joon Hui caminaba impacientemente por su habitación, esperando que el señor Jung contestara el teléfono. Dudaba que su hermano lo hiciese, considerando lo mucho que se estaba partiendo el lomo para la empresa. Hacía dos horas atrás, su madre había llegado de improvisto a su casa, y no dijo la razón. Cuando ella quiso cuestionarla, su madre solo le había dicho que debía ocuparse de un pequeño asunto. No quiso arriesgarse, y quiso llamar a Jan Di y los F3, pero ellos la llamaron primero, diciéndoles que los hombres de Kang los habían estado siguiendo. Pensaron que la lavandera estaba a salvo en la sala de los F4, pero cuando dejó de contestar el teléfono, pensaron lo peor.

Si algo le pasaba a Jan Di, no solo Joon Pyo, ella misma sería incapaz de perdonárselo.

¿Sí?

Pegó un respingo al oír la voz del otro lado.

—¡Señor Jung! ¡Por favor, ayúdeme!

¿Sucedió algo? ¿Se encuentra bien?

—Yo sí, pero… Jan Di —se revolvió el cabello—. Mi madre volvió de improvisto a Corea. No… No supe cuándo planeó esto, pero…

—¿Corea? Al joven y a mí nos dijo que tenía una conferencia en Hong Kong.

Joon Hui apretó los dientes. Incluso le había mentido a uno de sus más confiables hombres. ¿Acaso ya sabía que el señor Jung les estaba ayudando?

—Señor Jung, por favor… ¿ha averiguado algo? Sé que podría arruinar las empresas, y nuestro estado económico… ¡pero la vida de Jan Di podría estar en peligro! Mi madre sería capaz de lo que sea con tal de borrar rastros de tener un nieto ilegítimo.

Hubo un largo silencio por parte de la otra línea. Joon Hui tuvo que verificar si se había cortado la señal, pues su hombre de confianza no parecía contestarle pronto. La desesperación aumentaba con cada segundo que pasaba.

—… ¿Señor Jung?

—Hay… algo —dijo finalmente el hombre. Ella alzó las cejas—. Hay algo con lo que pueden detenerla.

—¿En serio? —un gran alivio calmó sus temblorosas piernas, pero luego sintió una leve preocupación al notar el tono de su hombre de confianza tan serio—… ¿qué es?

—… Por favor, perdóneme.

—¿Uh?

—Nunca quise mentirles, ni a usted ni al joven, pero su madre…

Los latidos de su corazón se hacían más fuertes, casi le dolía la palpitación contra sus costillas, y el extraño zumbido de sus oídos la ponían cada vez más nerviosa.

—¿De qué está hablando?

—… Le diré todo, y entenderé si quieren despedirme.


Jan Di podía sentir el ataque de pánico apoderándose de ella. Respiraba agitadamente, el sudor frío contra la nuca la hacía estremecerse violentamente, y sus ojos estaban llenos de lágrimas. A pesar de todo, trataba de estar lo más calmada posible, porque Kang se lo había advertido: o se quedaba callada para no armar un escándalo, o lo pagarían sus padres.

Estaba encogida entre ambos hombres que la tenían agarrada de los brazos, esperando a que la llamaran.

Estaban en una clínica.

Sabía lo que tenía planeado esa mujer.

Aún cuando era riesgoso hacerle un aborto a estas alturas, no le importaba. No la quería ni a ella, ni mucho menos al niño que estaba esperando. Estaba aterrada, por su vida, por la de su hijo, por la reacción y culpa que sentiría Joon Pyo una vez se enterase. ¿Dónde estaban los demás? ¿Habría sido capaz de tomar como rehenes a sus amigos también? No le sorprendería, pero eso hizo que más ganas de vomitar la hicieran arquearse un poco, llamando la atención de los hombres.

—Presidenta —le habló uno suavemente a la mujer que estaba tranquilamente sentada, a un metro de distancia, como si no estuviese con ellos—, la niña se ve enferma. Tal vez, deberíamos llevarla al baño.

—Ignórenla. Déjenla ahí, sabe que debe estar callada.

Jan Di se encogió, tragando la bilis que quería salir de su interior. Quería vomitar, pero si no se aguantaba, Kang le haría daño a sus padres. El sudor frío la hizo sentirse más mareada, se sentía en peligro en todo momento, quería gritar y llorar, desaparecer para que esa mujer dejara de hacerle daño. Quería a Joon Pyo, a Ga Eul, a sus amigos… quería a su madre.

—¿Geum Jan Di?

Pegó un respingo al oír su nombre. Una enfermera de mediana edad la buscaba con la mirada. Kang se levantó de su asiento y caminó a la mujer, extendiéndole un cheque. La enfermera miró con desconcierto a la presidenta Kang.

—Quiero que esto sea discreto —señaló a Jan Di despectivamente—. Ella es.

Jan Di miró el sutil intercambio de palabras con cierto temor. La enfermera enfrió su expresión y le hizo un gesto a Jan Di para que la siguiera. Ella, sintiendo a los hombres de Kang levantarse con ella, se tensó y caminó con ella. Cuando se estaban acercando a la habitación, la enfermera los detuvo.

—No pueden avanzar más, señores. Si quieren, pueden quedarse aquí, pero no más.

Ellos parecieron querer protestar, pero no dijeron nada. Jan Di, con débiles pasos, entró a la habitación. Parecía un espacio terrorífico: luces tenues, sombras tétricas, y el espacio donde debía recostarse para que le llevaran a cabo el aborto. Retrocedió y se abrazó el estómago. Quería vomitar, y, a estas alturas, no estaba segura si terminaría devolviendo lo que comió o a su propio hijo.

Ese último pensamiento la hizo retorcerse y cubrirse la boca con ambas manos.

Sintió las gentiles manos de la enfermera sostenerla para evitar que cayera al suelo, después, se sorprendió cuando la mujer la estrechó en sus brazos con cariño.

—Este cuarto es a prueba de sonido. Llora todo lo que quieras.

Apenas esas palabras se registraron en su mente, soltó un aullido lastimero y se aferró fuertemente a la enfermera, llorando escandalosamente, como si le estuviesen arrancando la vida desde lo más profundo de sus entrañas. No sabía si estaba llorando de tristeza, de miedo, de alivio, de dolor, de rabia… no estaba segura. Solo seguía sintiendo el maternal tacto de esta desconocida, calmando el pánico que estaba arrasando su corazón.

Después de unos minutos, Jan Di reposaba en la camilla que le había parecido tan horrible al principio. Estaba respirando acompasadamente mientras bebía un vaso con agua.

—¿Te sientes mejor?

Ella asintió, sonrojada por haber hecho semejante bullicio delante de una desconocida. Levantó la mirada y miró fijamente las facciones de la enfermera. No parecía ser de Corea, tenía unas facciones finas, su piel levemente bronceada, y un bonito cabello dorado atado en una coleta.

—Soy Megan —le mostró su nombre en su etiqueta que descansaba contra su pecho—. Me vine a vivir a Corea por mi novia —se rio de buena gana. Jan Di parpadeó un poco, sorprendida. La rubia parpadeó—… No eres homofóbica, ¿verdad?

—¡N-No! —negó rápidamente—… solo me sorprendió. Había… imaginado que no eras de por aquí.

—Es un poco obvio —se rio—. Estudié en Harvard, y ahí conocí a mi novia, no tengo familia cercana en América, así que vine aquí —se encogió de hombros—. ¿Y tú? Eres Jan Di, ¿verdad? ¿Por qué estás aquí? No pareces muy convencida de querer hacerte un aborto —la joven de cabellos cortos de tensó—. No tienes que avergonzarte, si quieres hacerlo, no te juzgaré, pero te ves demasiado asustada.

—… Es que… no quiero.

—¿Mm?

—No es que no quiera tenerlo —se abrazó el estómago, sintiendo nuevas lágrimas en sus ojos—… No quiero… estar aquí —confesó débilmente. Megan frunció el ceño, tornándose seria.

—… Entonces, ¿qué haces aquí?

—No quería venir aquí… me obligaron.

—Mm… ¿esa mujer es tu madre? —Jan Di negó—. Además —pausó al leer la ficha médica de la joven—… pareces estar muy avanzada en tu embarazo para que esto sea "seguro", es demasiado riesgoso. Podrías morir —Se tensó al notar que Jan Di estaba a punto de llorar, y pegó un respingo—. ¡L-Lo siento! Olvidé lo sensibles que son las embarazadas…

—No, está bien —negó con la cabeza, frustrada—… Normalmente, soy más… enojona —sonrió a medias—… ahora, me siento inútil.

—No digas eso —posó ambas manos en sus hombros—. Escucha, podemos quedarnos aquí todo el tiempo que sea necesario para que piensen que están cumpliendo lo que quieren. Mientras, ¡podríamos llamar a la policía!

—¡No! —negó rápidamente—. No hagamos eso, por favor —le suplicó.

—… ¿Quién es esa mujer? ¿Por qué le temes tanto?

Jan Di se tensó.

—… Es la madre de mi novio —presionó los labios unos segundos—… umm, él y yo no pertenecemos al mismo estatus social, no me quieren cerca de él… a él no le importaba, pero…

—¿Dónde está él?

—En Macao —Megan la miró boquiabierta—. Su padre murió hace poco, y no tuvo más opción que hacerse cargo de las empresas, no me molesta, pero…

—¡Espera, espera! Esto me suena familiar —murmuró para sí misma, tratando de recordar—… esto lo leí en una notica, meses atrás… El que era la cabeza del… Grupo… ugh, no recuerdo el nombre.

—Grupo Shin Hwa —completó Jan Di.

—¡Eso es! ¡Grupo Shin Hwa! —se interrumpió rápidamente—… ¿Me estás diciendo que estás con el heredero del grupo Shin Hwa? —susurró como si se tratara del rumor más codiciado. Jan Di sonrió un poco.

—… Sí.

—¡Wow! ¡Eso es…! ¡Una locura! Pero entiendo por qué estás así —hizo una mueca—. En mi país, había gente idiota que me molestaba por mi sexualidad, pero cuando vine aquí, fue un poco —se rio nerviosa—... Los padres de mi novia no tuvieron problemas, pero sus abuelos sí. Casi me corrieron de Seúl por estar con ella.

—Lo siento…

—¡Vamos! Fue hace tiempo, y lo tuyo es más importante —caminó en círculos por la habitación—… Entonces… ¡vaya! No puedo creer que esté ante la novia del heredero del Grupo Shin Hwa —se removió—. ¿Y él no puede hacer nada para ayudarte? ¿No tiene a nadie aquí que pueda…?

—No puedo hacer nada —entrecerró los ojos, un poco angustiada—… Esa mujer amenazó con lastimar a mis padres, así que no puedo pedir ayuda. Si alguien viene, sabrán que los llamé.

Megan se mordió el labio.

—¿Quién mierdas sería tan maldita como para hacer esto? —soltó de repente, sorprendiendo a la misma Jan Di. No había escuchado un lenguaje tan vulgar—. ¡Mírate! No mereces nada de esto —negó con la cabeza—. Además de mantenerte aquí, no se me ocurre nada más.

Jan Di contempló la postura de Megan en un aire ausente. A pesar de haberla conocido recientemente, Megan parecía ser una buena mujer, decidida. Incluso cuando le habían pedido hacer esto, ella la estaba ayudando. Era una buena enfermera. La había contenido cuando nadie más lo hizo, porque estaba sola.

Se preguntaba si ella era capaz de hacer eso también algún día.

Ambas pegaron un respingo cuando la puerta se abrió abruptamente. Megan se puso delante de Jan Di, protegiéndola de lo que fuese, pero la joven se sorprendió de no ver a un doctor a punto de arruinarla, ni tampoco a la presidenta del Grupo Shin Hwa. Era Joon Hui.

—Aléjate de ella —ordenó fríamente la hermana de Joon Pyo a la rubia, quien se tensó. Estaba a punto de negarse, pero la mano de Jan Di la detuvo.

—Tranquila, ella no me hará daño —le susurró. Miró a su cuñada, notando un semblante extraño en ella—… ¿Cómo me encontraste?

—Eso no importa ahora —miró con cierta curiosidad a la enfermera—. ¿La ayudaste?

—Hice lo que pude —contestó Megan.

—Es cierto, ella me ayudó —confirmó Jan Di.

Solo por unos segundos, Joon Hui suavizó su mirada.

—Gracias —después, miró a Jan Di—. Vámonos —extendió su mano. Jan Di la tomó sin titubear.

Le dirigió una última mirada a la enfermera, quien le sonrió.

—Gracias…

—¡Suerte!


El aire era helado. Jan Di venía de vuelta en el mismo coche de Kang, pero ahora, solo Joon Hui estaba a su lado, estrechando fuertemente su mano. Kang iba como copiloto adelante, en silencio, mientras el chofer conducía con una expresión neutra, como un robot. Llegaron a la mansión, el hogar de Joon Pyo, y salieron. Joon Hui seguía sin soltar la mano de Jan Di y entraron rápidamente, seguidas de Kang, quien, sorpresivamente, las siguió con cierta prisa. Jan Di no pudo evitar aferrarse más al agarre de Joon Hui, tratando de alejarse de la madre de su novio.

Bajaron las escaleras, Jan Di nunca había explorado tanto el hogar de Joon Pyo por temor a su madre y respeto a su privacidad. Nunca había estado allí, siguieron bajando hasta que Joon Hui abrió abruptamente la puerta de una habitación.

Jan Di miró sin comprender al hombre que reposaba en la cama. El único sonido que había en la habitación era el registro de los latidos de su corazón, y el tubo que le ayudaba a respirar. Nunca lo había visto en su vida, así que miró a Joon Hui por explicaciones, pero se quedó de piedra al ver su rostro bañado de lágrimas. Sus ojos ennegrecidos de dolor, conteniendo el sollozo que quería escapar de sus labios fuertemente presionados. Joon Hui la soltó, y se giró para mirar el marco de la puerta. Kang Hee Soo estaba ahí, sin decir nada.

—Era cierto —susurró su hija, aún sin poder creerlo—… de verdad, fuiste capaz de hacer esto —siseó entre dientes. Jan Di percibió la ira y rabia que se entremezclaban con la voz rota de su cuñada—… ¿Cómo pudiste…? ¡¿Cómo pudiste hacernos creer que papá estaba muerto?! —terminó reclamándole con desesperación.

La lavandera quedó mirando el intercambio de miradas, sin saber como reaccionar. Después miró, sin poder creerlo, que en realidad el hombre que estaba allí, era el padre de Joon Hui.

El padre de Joon Pyo.

Oh, no

Jan Di palideció. Kang Hee Soo le había ocultado al mundo y a sus propios hijos que su padre estaba vivo, haciéndoles creer que había muerto. No podía creer la frialdad de esa mujer, ¿cómo pudo hacerles algo como eso?

—¿Quién más sabe de esto? —preguntó la presidenta, tratando de no inmutarse en el llanto de su hija.

—¿Qué? —exclamó casi en una risa irónica—… ¿Te preocupa más quién más pueda enterarse de esto que lo que hiciste? ¡¿Eso es lo que te importa?! —le gritó con desesperación, pero luego se arrepintió. Su padre estaba en un estado delicado, no podía hacer un escándalo en una habitación tan pequeña.

Miró de reojo el cuerpo de su padre, y se tragó las lágrimas. Miró determinadamente a su madre.

—Si no quieres que haga esto público —comenzó lo más calmada posible—, dejarás a mi hermano y a Jan Di en paz —Kang se tensó—. Joon Pyo se hará cargo de las empresas, pero no lo apartarás de Jan Di, ni tampoco le harás daño a ella, ni al niño que está esperando.

—Estás dejando que la rabia nuble tu juicio —trató de disuadirla de su decisión—. Si esto llega a salir, no solo nuestra reputación, la misma empresa se vendrá abajo. No puedes arriesgar tanto…

—Obsérvame —le interrumpió tétricamente su hija—, que si hay algo en lo que nos parecemos tú y yo, es que soy capaz de lo que sea. Fuiste capaz de venderme por unas empresas, a cambio de este matrimonio tan miserable que tengo… y querías lo mismo para mi hermano. Incluso —negó con la cabeza— nos ocultaste del estado de papá. Así que no me tientes, ni te atrevas a interferir nuevamente en la relación de Jan Di con mi hermano.

Sin esperar más, Joon Hui volvió a agarrar a Jan Di de la mano, y salieron de la habitación, alejándose de Kang Hee Soo rápidamente. Joon Hui entró a su habitación con su cuñada y la cerró con llave, ya no podía confiar en nadie en esta casa, excepto en Jan Di. Se giró a mirarla, y vio la expresión de preocupación y desconcierto en todo su rostro.

—… Unnie

—Estoy bien —trató de componerse en frente de ella—. Estaré bien —aclaró—. Ya no tendrás que ocultarte, estarás bien y…

Unnie —le interrumpió suavemente Jan Di, casi con temor—… Lo siento mucho.

No sabía qué más decirle. Sentía haberla hecho sentir este dolor, sentía haberla metido en este desastre. Aun así, las decisiones de Kang Hee Soo eran imposibles de comprender. Joon Hui cerró los ojos unos segundos, dejando que unas lágrimas escaparan de sus ojos y rodaran por sus mejillas. Las limpió suavemente y suspiró.

—Gracias —le dijo sinceramente. Ambas se sentaron en su cama, y Joon Hui se llevó ambas manos a su rostro, angustiada—, pero estoy más preocupada por Joon Pyo.

Jan Di lo sabía. A pesar de la fachada que demostraba, había un corazón frágil en su novio. Y no quería que se rompiera, no así.

—… ¿Cómo te enteraste? —preguntó con el mayor tacto posible.

—Llamé al señor Jung. Tú no estabas por ninguna parte, y necesitaba algo contra mi madre, para detenerla. No creí que sería capaz de arriesgar tu vida también para realizarte ese aborto —se rio cruelmente—, pero ahora, ya no me sorprende nada de ella —presionó los labios—… Me preocupa Joon Pyo —Jan Di tragó saliva—. El señor Jung me prometió que le diría apenas me colgase, así que… quiero saber cómo está. Dejarlo en ese estado por su cuenta…

Solo.

El que se enterase de esa forma, sería horrible. Jan Di, si fuese capaz, iría enseguida a Macao a abrazarlo y consolarlo. Sabía que su corazón no soportaría semejante engaño.

—Quiero llamar al señor Jung —sacó su teléfono—, pero… algo me dice que él necesita escucharte a ti —miró a su cuñada con una miserable expresión mientras le extendía el objeto.

—P-Pero…

—Él te ama.

Jan Di presionó los labios, pero aceptó el comunicador. El número estaba marcado, esperando presionar adecuadamente y llamar. Inhaló, y llamó.

La línea tardó mucho, pero no era de esperarse. Era una llamada desde Seúl a Macao. Espero unos cuarenta segundos más, pero pegó un respingo cuando la llamada fue rechazada abruptamente. Joon Hui frunció el ceño, tan sorprendida como ella porque le habían colgado sin más. Ambas se miraron, y decidieron apartar el teléfono por el momento.


Los primeros dos días, Joon Hui llamó insistentemente al señor Jung y a Joon Pyo, pero no recibió respuesta de ninguno. Ambos teléfonos estaban apagados. Jan Di había vuelto a su casa a abrazar a sus padres, quienes casi se habían asustado de muerte días atrás cuando unos hombres los apresaron en el hogar sin justificar sus acciones. Ga Eul y los F3 la recibieron aliviados de su encuentro, pero luego tuvieron que enterarse de la horrible verdad del padre de Joon Pyo y Joon Hui. Por supuesto, los amigos de infancia de Joon Pyo también intentaron contactarlo, sin embargo, recibieron los mismos resultados que Joon Hui: nada.

Jan Di y Ga Eul caminaban hacia la mansión de Joon Pyo. Había recibido un mensaje de Joon Hui para que viniera, y ella aceptó, pues estarían los F3 para hacerla sentir más cómoda. No quería hacer sentir mal a su casi cuñada, pero mientras Kang Hee Soo estuviese en el mismo techo que ella, no se sentía segura.

Entraron y las mucamas las recibieron con cuidado, guiándolas a la habitación de té privada de Joon Hui. Jan Di y Ga Eul encontraron a todos en la sala, esperándolas. Joon Hui les sonrió.

—¿Desean algo para beber? —Les preguntó, mientras que las sirvientas aún no se habían retirando, esperando la orden que se les dase.

—Umm, un té estaría bien —dijo tímidamente Ga Eul. Todos miraron a Jan Di, esperando que dijese algo, pero ella se removía inquieta, avergonzada.

—… ¿Jan Di?

—Uhh… Es raro.

—Vamos, Jan Di. Puedes pedir lo que quieras.

—Entonces… quiero leche caliente con miel —susurró muy bajito, pero lo suficiente para que todos la oyeran. Los F3 reprimieron las risitas que querían salir de sus labios, mientras que Ga Eul no se molestó en ocultarla. Las sirvientas asintieron y se retiraron rápidamente.

—¿Qué tal estás? ¿Y tus padres?

—Umm, estoy bien. Mis padres también… están más tranquilos, y han tenido más ganancias últimamente —miró con cierta acusación a su cuñada, quien se encogió de hombros.

—No he hecho nada. Debe ser mi madre — sus ojos se oscurecieron de rencor—, tal vez quiere facilitarle la vida a tus padres para que no digas nada.

—Pero ellos no saben nada, y yo sería incapaz…

—Lo sé, pero ella no está convencida de eso —miró a los amigos de su hermano—. ¿Han sabido algo de Joon Pyo?

—Nada —negó Ji Hoo.

—Se lo tragó la tierra —dijo Yi Jeong mientras miraba sin muchas ganas su taza de té.

—¿Qué hay de ti, Joon Hui? —decidió preguntar Woo Bin—. ¿Tú cómo estás?

Ella se encogió de hombros con una diminuta sonrisa.

—Estoy… bien. He visitado a papá la mayoría del día. Sé que no sirve para nada, pero me hace sentir un poco más tranquila.

Él asintió, pero pudo ver que no era suficiente para apaciguar el dolor que estaba sintiendo. Los tres chicos se miraron entre ellos, intercambiando posibles teorías de cómo pudo haber reaccionado su amigo con semejante noticia. Estaban seguros de una sola cosa.

Si se había aislado al punto de alejarse de ellos, su familia, y de la misma Jan Di, entonces, la situación se veía muy mal.

Jan Di parecía estar pensando lo mismo, no había podido dormir bien de la preocupación. Detestaba sentirse tan inútil durante su embarazo, pero esto ya era demasiado, y este era un problema que se le escapaba totalmente de las manos. Llegaron las mucamas en silencio y dejaron el té y leche de las recién llegadas con una reverencia, y se fueron. Jan Di bebió silenciosamente, sintiendo que la fatiga desaparecía lentamente de su ser.

—¿Qué podemos hacer? —preguntó finalmente Joon Hui lo que la mayoría se estaba preguntando—… Respecto a Joon Pyo.

—Ni siquiera nuestros mejores contactos han sabido localizarlo —comentó Woo Bin.

Yi Jeong presionó los labios, frunciendo el ceño. Soltó un sutil suspiro y dejó la taza de té con cierta fuerza contra el plato, llamando la atención de todos.

—… No deberíamos hacer nada.

Ga Eul y Jan Di se miraron, desconcertadas. Ji Hoo y Woo Bin, por su parte, no dijeron nada, ya habían esperado una sugerencia similar. Joon Hui, sin embargo, solo pudo mirar tristemente el suelo.

—… Es lo que imaginaba —susurró con cierta derrota.

—P-Pero… ¿por qué se están rindiendo de esta manera?

—No es rendirse, Jan Di —quiso aclararse Ji Hoo—… es la mejor decisión.

—Joon Pyo debió reaccionar muy mal—siguió Woo Bin—; tal vez, si interrumpimos su solitud, con él en un estado tan vulnerable, sería peor. Hay darle su espacio.

Jan Di lo entendió, pero seguía pensando lo injusto que era para él tener que lidiar con esta situación solo. La joven se levantó, pidiendo disculpas, y se retiró. Nadie quiso detenerla, sabían que la lavandera se encontraba muy sensible por estos acontecimientos. Bajó las escaleras sutilmente, hasta llegar a la habitación del padre de su novio.

—… Hola, señor —susurró con amabilidad—. Soy Geum Jan Di —se inclinó respetuosamente—… umm, soy… novia de su hijo —tomó asiento en la silla al lado de la cama—… Debo decir que… Goo Joon Pyo nunca habló de usted… no mucho, al menos… y siempre tuve curiosidad… es una lástima que nos conozcamos en estas circunstancias. Pero… a pesar de todo lo que está pasando, me alegra saber que usted está vivo. Si llega a despertar, me gustaría poder hablar apropiadamente con usted… podría decirme cómo era el idiota de su hijo cuando era más pequeño… ¿sí?

La única respuesta que recibió fue el registro de sus latidos y la máquina que le facilitaba la respiración.


No fueron hasta doce días después que Joon Hui supo del regreso de Joon Pyo. Había vuelto de una reunión, y la recibió el señor Jung. Le preguntó frenéticamente dónde se encontraba su hermano, y el señor solo la miró con suma tristeza.

Joon Pyo reposaba inconsciente en su cama, respirando acompasadamente, y Joon Hui sintió náuseas al ver el estado de su hermano menor. Si antes su cabello era un desastre, ahora, era peor. Tenía un horrible hematoma junto a un profundo corte en su frente, pero que había dejado de sangrar hacía mucho. Se veía muchísimo más delgado que la última vez que lo había visto. Hasta sus ojeras y tono de piel habían tomado un tono más enfermizo. No pudo notar nada más, hasta que fijo su vista en sus manos. Ambas estaban completamente vendadas, y no estaba segura del porqué, ni quería averiguarlo…

… pero debía saberlo.

—… ¿Dónde estuvieron? ¿Por qué nadie nos devolvió la llamada? —se giró para exigir respuestas.

El señor Jung se encogió.

—… El joven me había ordenado cortar todo contacto con el exterior; quería estar solo. Pero me solicitaba saber del estado de la señorita Jan Di constantemente —tragó saliva unos segundos—. Los primeros días fueron… los más difíciles. El joven se escapó de la vigilancia, y tardamos… tres días en encontrarlo. Tuvimos que llevarlo a una clínica porque sufrió una fuerte intoxicación que lo llevó a un coma etílico.

Joon Hui palideció.

—… ¿E-Está…?

—Solo estuvo dos días inconsciente —le aseguró—. Pero después comenzó a tener una conducta más violenta; no necesariamente hacia los demás, sino —dejó de hablar, considerando sus palabras—… en infringirse daño a sí mismo.

—… ¿De qué forma?

—Lo encontré… haciéndose daño en el baño. Eso explica las… heridas —carraspeó un poco.

Aún no podía recordar la imagen de Joon Pyo azotando su cabeza contra el cristal del espejo con tal fuerza que le produjo una contusión, sin estremecerse. Sus manos eran una historia similar. Ya habían estado levemente maltratadas cuando había decidido ahogar su dolor en alcohol, pensando que se había involucrado en algunas peleas. Pero había empeorado tras haber tenido muchos cristales incrustados en sus nudillos y dedos. La posibilidad de que dejase cicatrices era alta.

—… Ya veo —se acercó hasta sentarse en la orilla del colchón, y acercó su temblorosa mano a la frente de su hermano. Estaba afiebrado—. ¿Dónde está Kang?

—… la señora salió a una reunión muy importante una hora atrás. El joven no pudo verla, ha estado dormido desde que llegamos a Seúl.

No sabía si sentir alivio porque su hermano no había enfrentado a su madre, o rabia porque Kang había huido cual cobarde de su propio hogar.

—… Tiene fiebre.

—Sí, ella está cuidando de él.

—¿Ella?

—Oh, tanto tiempo, señorita Joon Hui.

La joven se levantó abruptamente al ver a la anciana entrar a su habitación. Le sonrió con gran pesar, pero con una gran empatía. Sus ojos se llenaron de lágrimas y se acercó a ella para abrazarla. La anciana le correspondió el gesto con cariño.

—… me voy unos meses, y no pueden estar sin mí.

—Al parecer, no —sollozó contra su hombro.

—Lo siento tanto.

—… No puedo creer que haya hecho algo tan horrible —lloró desconsoladamente.

El señor Jung observó en silencio la interacción entre Joon Hui y la cabeza de las mucamas, que parecía más una madre que la propia Kang Hee Soo. La culpa lo golpeó de repente, aún avergonzado de haber ocultado semejante secreto. De hecho, aún se preguntaba por qué seguía trabajando con ellos. No esperaba el perdón ni empatía de los dos jóvenes que casi había criado.

—… Jan Di —susurró Joon Hui—… Jan Di tiene que estar aquí… pero…

El hombre miró el suelo, comprendiendo sus dudas. Joon Pyo no estaba en un estado favorable, pero si había alguien que podía hacerlo levantarse, era ella. Había visto la forma en que Joon Pyo había comenzado a crecer como persona gracias a Jan Di, o la forma en que había comenzado a empatizar con los demás que no fuesen de su estatus social. En lugar de llegar y lanzar órdenes, había comenzado a saludar, entablar conversaciones corteses, y finalmente ordenar con la mayor amabilidad posible. Su comportamiento era frío, pero eso ya formaba parte de él, era la forma en la que había crecido.

Mientras Joon Hui se comunicaba con los F3, el señor Jung había llamado a la familia de Jan Di para pedir que estuviese aquí, diciéndoles que un auto vendría por ella para hacer más rápido el trayecto.

Los amigos de Jun Pyo llegaron antes que Jan Di, pero prefirieron estar todos antes para ver al heredero. Jan Di había llegado tomada de la mano con Ga Eul. La joven lavandera parecía que tendría un ataque de pánico en cualquier momento, pero debía mantener la calma, por el bien de su novio. Subió temblorosamente las escaleras, y cuando estuvo a punto de llegar a su habitación, vio a Joon Hui salir de él con los ojos llorosos.

—… Jan Di —se acercó a abrazarla. Ella correspondió—. Por favor, trata de estar tranquila. Por… Por ti y tu hijo, ¿sí? —Ella frunció el ceño.

—¿C-Cómo? Unnie, ¿qué…?

—Él no está bien —le confesó—… para nada. Es… Por favor, sé que es horrible, pero… sé fuerte —le suplicó.

Jan Di sintió su corazón palpitar contra su garganta. Quería huir, pero quería verlo, y Joon Pyo la necesitaba. No sabía qué había pasado. Solo que al fin había llegado, pero no en la mejor condición. Los primeros en entrar fueron los F3, después, Ga Eul y ella. Cuando lo vio, su mente no pudo procesar el grave estado en el que se veía-

A diferencia de la primera que Joon Hui lo había visto, esta vez le habían removido la camisa. Su clavícula derecha estaba cubierta por una gaza, mientras que sus brazos estaban llenos de moretones de distintos colores y cortes. Su torso también se encontraba vendado. Subió la mirada, pero no pudo ver sus ojos, estaban cubiertos por un pañuelo húmedo. Le veía respirar agitadamente.

—… Hermanito —susurró Joon Hui detrás de ella, pero Jan Di siguió sin moverse. Escuchó un suave sollozo del otro lado, probablemente de Ga Eul. Joon hui caminó hasta su cama y acarició su cabello—… tus amigos están aquí, yo también y…-

Él soltó un jadeo, y tragó saliva.

Yi Jeong sutilmente tomó la otra mano de Ga Eul, quien asintió en agradecimiento el apoyo. Era horrible la situación en la que su mejor amiga se encontraba, especialmente en un caso tan delicado como la familia de su novio.

Joon Pyo tosió un poco y respiró fuerte, aunque el hilo de aire fue recortado por un sonido similar al llanto.

—… Va… Váyanse.

Todos se paralizaron al oír la raposa voz del heredero tan vulnerable y derrotada. Si no hubiese sido por el terrible silencio de la habitación, no lo hubiesen escuchado.

—Joon Pyo…-

Él movió su cabeza a un lado, dejando caer el pañuelo, aunque no lograron ver sus ojos cuando cubrió su mirada con su antebrazo, respirando entrecortadamente.

—… No quiero ver a nadie —Susurró.

Jan Di trató de contenerse, de verdad quiso hacerlo. Joon Hui se lo había pedido. Pero cuando las primeras lágrimas salieron de sus ojos, el nudo en su garganta se aflojó violentamente, y comenzó a llorar desconsoladamente. Todos pegaron un respingo al oírla. Joon Hui fue la primera en acercarse a ella, tomándola suavemente de los brazos.

—Jan Di, lo siento…. Tranquila…

—No, no… No puedo —gimoteó. Nunca había llorado de esta forma. La última vez que se había desmoronado de esta forma había sido cuando casi habían matado a Joon Pyo en frente de ella. La forma en que lo habían golpeado, casi torturado en frente de ella había sido lo más horrible que había experimentado… hasta ese mismo momento.

Verlo en ese estado la había dejado completamente desconsolada. No podía dejar de llorar, casi parecía que el aire le iba a faltar.

—Jan Di… ¡Jan Di!

Ella siguió negando con la cabeza y siguió llorando, sin querer que la consolaran. No se trataba de ella. Nunca se trató de ella. Ellos, todos ellos deberían estar al lado de…

—Es demasiado horrible…—susurró entre el llanto. Miró por detrás de su cuñada a Joon Pyo tratando de levantarse. Lo vio arquearse de dolor y caer nuevamente recostado.

Ella se movió para evitar a los demás y caminó rápidamente para inclinarse en el borde de la cama. Dijo su nombre en un tembloroso susurro, y él la miró. Cuando vio sus ojos, se le rompió el corazón al ver la desolada expresión en ellos, rendidos, completamente destruidos y carente de cualquier luz que en algún momento contempló en ellos. Tomó su mano izquierda para presionarla en su pecho. Las lágrimas cayeron y se estrellaron contra la mano vendada de su novio.

—Tal vez deberían dejarlos solos —escuchó una voz a la entrada de la habitación que no reconoció, pero estaba agradecida que podría quedarse con él de igual forma.

Joon Hui, por otro lado, vio a la ama de llaves con cierta tristeza. Asintió tímidamente y les pidió a los demás que la siguieran. Yi Jeong se demoró un poco en presionar a Ga Eul, ya que no quería dejar sola a su amiga, pero terminó por acceder. Después de todo, ellos necesitaban hablar de muchas cosas.

Jan Di los escuchó irse, pero ella siguió llorando. Gradualmente, sus sonoros gimoteos y llanto se volvieron más silenciosos, hasta sollozar y respirar entrecortadamente luego de un par de minutos. Se había calmado una vez sintió la mano de Joon Pyo finalmente apretar las suyas. Presionó su mejilla mojada y sonrosada en los nudillos maltratados. Podía ver las manchas de sangre en la tela, y eso la hizo sentir aún más afligida.

—L-Lo siento…

—… Detesto que llores —le devolvió él suavemente—. Pero es mejor que… lo hagas a que te aguantes, supongo.

Jan Di consideró sus palabras, y tenía razón. Dejar fluir sus emociones, especialmente estando tan sensible, la habían dejado un poco más tranquila consigo misma. Podía pensar con mayor claridad, y su objetivo ahora era estar con él.

—… Joon Pyo —lo llamó. Él no la había mirado de nuevo cuando tomó su mano, pero al llamarlo, la miró—… L-Lo siento… por… tu padre —susurró muy bajito.

El dolor y la rabia oscurecieron su mirada, y presionó los labios con fuerza. Soltó una maldición por lo bajo y cubrió nuevamente sus ojos con su antebrazo. Soltó un entrecortado suspiro.

—… ¿Sabes por qué te regalé ese collar?

Ella lo miró con cierta confusión.

—… Siempre me ha fascinado la astronomía. Me gustaba ver las estrellas, la luna, incluso algunos planetas cuando tenía la oportunidad. Quería ver la inmensidad del universo.

Jan Di miró de reojo el telescopio astronómico que reposaba en el otro lado de su habitación. Tenía sentido, y tenía idea que le gustaban esas cosas.

—… Mi interés fue gracias a mi padre cuando era niño, pero nunca pude estudiarlo de tal forma para dedicarme a él.

Jan Di comprendía a qué se refería. No había forma que lo dejarían perseguir su sueño a cambio de dirigir las empresas del Grupo Shin Hwa.

—… Me rendí cuando descubrí que, los telescopios que mi padre me enviaba en mi cumpleaños eran de sus trabajadores, buscando distintas tarjetas para sonar más "genuino" —soltó con cierto desprecio—. Pensé que me apoyaba en lo que quería hacer, pero… nunca fue así.

—Joon Pyo.

—Nunca pude odiarlo, porque… sentí que él sí me quiso —su voz tembló ante las últimas palabras y Jan Di sintió nuevas lágrimas asomarse en sus ojos—. Por eso… cuando él se fue… pensé que debía pagarle de alguna forma… Seguí sus intereses y proyectos no porque quisiera hacerlos, lo hice por él. Me encargué de millones y millones de personas, de sus empleos, de sus trabajos, todo con el fin de hacerlo tan bien como él.

Era una carga demasiado pesada. Y Jan Di nunca lo había visto de esa forma. Siempre supo que el Grupo Shin Hwa era importante, pero nunca se posicionó en los zapatos de su novio. Él realmente había tratado de dar lo mejor de sí, y…

—Y aun así…

Nuevas lágrimas cayeron cuando ella se dio cuenta que no era la única llorando. Estrechó con más fuerza su mano mientras que con la otra limpió temblorosamente las lágrimas que habían caído en el costado de su rostro, pero que él se negaba a mostrarles.

—… El solo pensar que soy el hijo de mi padre y de… esa mujer —su voz se quebró—. ¿Qué clase de monstruo puedo ser si crecí al lado de ella? Todo lo que he hecho… todo lo que creí ser… estaba convirtiéndome en ella, en lo que más odio… y… si soy ese monstruo… ¿cómo…?

—Joon Pyo, no…

—¿Cómo podré ser… un buen padre? —Ya estaba llorando sin poder evitarlo, y dejó caer con pesadez la mano que Jan Di estuvo sosteniendo, para su gran pena—. Si seré tan horrible y cruel como ella… prefiero que no estés conmigo.

Jan Di agrandó los ojos, sintiendo su corazón romperse todavía más. Esto era peor que las veces anteriores; haber terminado por celos, inseguridades, desconfianza… porque estaba segura que él la adoraba, pero la amaba tanto que prefería estar lejos de ella para no hacerle daño.

—Hasta mi madre fue capaz de casi matarte con tal de hacerte ese aborto.

Ella se tensó. No quería que se enterase de eso.

—… ¿Te enteraste?

—… Siempre quise saber cómo estabas.

—… ¿Y planeas cuidar de mí de esa misma forma? —le alegó aún con la voz suave— ¿Siempre lejos?, ¿lejos de mí para que no me lastimes?

Él secó con rabia sus lágrimas y trató de sentarse, queriendo mirarla a los ojos. Jan Di lo vio gruñir y tensarse de dolor, pero sabía que si le prestaba ayuda, él la rechazaría. No estaba en un estado como para que pudiese recibir esa clase de consuelo. Sus ojos estaban rojos por el llanto, y por fin pudo contemplar las horribles heridas de su rostro.

—¡No quiero hacerte daño! ¡¿Viste de lo que es capaz mi familia?! ¡No me perdonaría si te hacen algo como eso! ¡Y si eso me hace un cobarde, me importa una mierda! —respiró fuerte—… Prefiero perderte a que te pase algo malo —susurró.

Jan Di lo sabía. En cierto punto, lo entendía. Pero separarse sería darle el gusto a Kang, y honestamente, si había algo en lo que le daba razón a Joon Pyo, era que estaba harta de las atrocidades que esa mujer había hecho.

Por eso, no quería seguir teniéndole miedo.

Se tensó al sentir algo en su estómago, y soltó un gemido de sorpresa.

—¿Jan Di?

Ella llevó sus manos a su estómago abultado. No había sido su imaginación. De verdad se había movido. Alzó la mirada para verlo, y parecía que Joon Pyo recién había notado el crecimiento de su vientre, pues se veía un poco sorprendido.

—… ¿Te duele algo?

—… Un poco, pero… casi nada —susurró al tomar ambas manos de su novio y las posó en su estómago.

Esperaron unos segundos, hasta que Jan Di no solo sintió otra patada, sino que también la tensión en las manos de Joon Pyo al sentir a su hijo moverse. Ella observó fijamente su expresión. A pesar de haberse visto preocupado unos segundos atrás, ahora se veía… fascinado.

—… No creo que seas un monstruo —ella le dijo. Limpió sus lágrimas y respiró profundamente, tratando de formar las palabras de la forma más coherente posible—… Es cierto que tu madre ha hecho cosas malas… horribles. Pero eso no te hace una mala persona —Joon Pyo se tensó, y pareció estar a punto de protestar, pero ella prosiguió—. Joon Pyo… te he visto cambiar desde que te conocí. Tal vez, comenzaste siendo como ella, no lo sé… no la conozco del todo, y no tengo muchas ganas de hacerlo. Pero lo que pude observar en ti, fue la frialdad en la que causabas daño a los demás —él aún no se atrevía a verla a los ojos—, incluso fuiste así conmigo un tiempo —le recordó.

—… Perdóname —susurró.

Jan Di sonrió.

—… Pero eso es lo que te diferencia —él alzó la mirada, sorprendido—. Ahora, cuando cometes errores, te disculpas, buscas arreglarlo, o aceptar las consecuencias de ese error. Ya no desprecias a la gente que no es igual a ti, vi la forma en que trataste a mis padres, y me gustó ver ese lado de ti. Eres el idiota que prefiere unos huesos rotos antes que toquen un cabello de la mujer que amas… eres el tonto que prefirió sacrificar su felicidad con el fin de lograr lo que tu padre no pudo.

—Jan Di…

—Y el que sientas ese arrepentimiento, o el miedo de que puedo pasarme algo… ¿no ves que ya no te convertirás en ella? Hiciste cosas malas, pero te arrepentiste, y lo que pudiste arreglar, lo hiciste. Las veces que quisiste ser egoísta, decidiste hacer lo correcto. Así que —sonrió con los ojos llorosos—… yo no temo por la felicidad de nuestro hijo si lo criamos juntos. De hecho, creo que será un niño maravilloso.

Y, como si la hubiese oído, sintió otro movimiento dentro de ella. Ambos miraron su estómago. Jan Di sonrió, pero al mirar nuevamente a Joon Pyo, suavizó su mirada al verlo nuevamente con los ojos llenos de lágrimas. Se acercó lentamente, sin lastimarlo ni tampoco para quedar en una posición incómoda y lo acercó hasta abrazarlo. Él lloró contra su cuello, y ella simplemente lo dejó llorar.

Se preguntó si alguna vez en su vida alguien se había tomado el tiempo de limpiar sus lágrimas además de ella.

… Lo dudaba.


OK. no puedo creerlo, pero habrá una tercera parte. Aún hay cabos sueltos, así que falta una parte para que termine este pequeño fanfic. Perdón por demorarme tanto en actualizar, espero que aún tengan ganas de leer...

En fin, espero que les haya gustado.

Nos leemos para la próxima.

Rossana~

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