CAPITULO VEINTICUATRO

ROSALIE

Los guardias mantienen las puertas abiertas, y mientras las atravieso, me doy cuenta que estoy entrando en lo que solía ser el comedor. Todas las mesas han sido retiradas, una mesa muy grande se ha dejado en el centro de la sala. Está cubierta de lino blanco y limpio, y al acercarme, me doy cuenta de que no es una sola mesa, sino varias juntas para que parezca una de esas largas mesas de fiesta de la época medieval. Aro se sienta en un extremo, y yo espero, sin saber dónde debo sentarme. Sólo queda una silla más y está justo al lado de la suya, pero me parece demasiado... íntimo para mí.

Aro se quita el sombrero y se quita la bufanda, la arroja sobre la mesa, y luego hace un gesto para que me siente a su lado. Hmm. Me muevo hacia adelante y tiro de la silla hacia atrás unos metros para no estar prácticamente en su regazo mientras como. Me siento, y Aro se ríe, divertido por mi terquedad.

-Eres muy leal a tu compañero- comenta mientras yo cruzo las manos en mi regazo y le miro fijamente -no es un rasgo que yo espere.-

-¿Porque soy humana?-

-Porque pienso que, si un Drakoni se llevara a una compañera humana, la habría robado- se quita las gafas de sol, y como sospechaba, sus ojos son completamente dorados. Me mira con escepticismo -¿O tú le desafiaste?- Aha. Así que conoce la cultura Drakoni y ni siquiera lo esconde.

-No lo he desafiado. Y amo... a mi dragón- casi se me escapa su nombre. Necesito tener más cuidado, soy consciente. Azar me ha invitado a desayunar para sacarme información, creo. Necesito tomarme este tiempo para sacarle todo lo que pueda.

Eres inteligente, mi Rosalie. Puedes hacerlo.

Gracias, cariño. Te quiero. Le envío una oleada de afecto y mantengo mi expresión plácida mientras alguien sale de la cocina con un plato de comida. Es Esme, y parece sorprendida cuando se acerca a Aro con su desayuno.

-No sabía que tenías compañía esta mañana.-

-Todo está bien- él le hace un gesto con la mano -trae otro plato para mi invitada, a menos que prefiera comer de mi mano.-

-Otro plato es genial- digo educadamente. Ni siquiera miro a Esme. No puedo.

-Claro. Enseguida- dice Esme, y vuelve corriendo a la cocina.

Estudio a Aro mientras recoge un poco de fruta enlatada en su plato. Está comiendo mucha comida para cualquiera en el Después, un tazón de cóctel de frutas, tortitas y un poco de carne fresca. Quienquiera que sean estos nómadas, no se mueren de hambre. Aro parece bastante sano, es alto, pero no es tan grueso como Emmett, que parece no ser más que músculos y piel de bronce.

Estudio las diferencias entre ellos, observando cómo Aro ha ocultado sus rasgos Drakoni. Sus ojos son Drakoni dorados, por supuesto, pero nunca veo una pizca de mancha negra en ellos. Lo que sea que haga enojar a los otros dragones, lo tiene bajo control. A Aro le faltan los cuernos que Emmett tiene en la frente, aunque hay un indicio de cicatrices en su frente escondidas por tatuajes débiles. Su cabello grueso y pálido ha sido recortado, y sus "garras" han sido cortadas en uñas gruesas y sin filo. Si ignoras su color y sus ojos, podría ser humano.

-Me miras cuidadosamente- comenta.

-Sólo notando cómo eres capaz de esconderte a plena vista- él sonríe.

-No puedo engañarte, ¿verdad?-

-Supe lo que eras en el momento en que te presentaste- sus ojos brillan, y la encantadora sonrisa de su cara parece un poco más tensa.

-Continúa. ¿Cómo me he delatado a mí mismo?- estoy en silencio mientras Esme regresa con un segundo plato de comida. Lo pone delante de mí sin decir una palabra y luego se aleja de nuevo, y entonces sólo quedamos Aro y yo una vez más. Alcanzo un tenedor. Aro pone una mano sobre la mía, deteniéndome -¿Cómo me he delatado?- repite, cada palabra pronunciada lentamente. No hay duda de la amenaza en su tono, o de la exigencia. Siento un escurridizo miedo. Emmett gruñe dentro de mi cabeza, y sé que debo mantener la calma. Me humedezco los labios y saco mi mano de debajo de la suya.

-Tu olor. Hueles como un dragón- se relaja, inclinándose en su silla una vez más.

-¿Eso es todo? Se compone fácilmente- parece satisfecho una vez más y me hace un gesto hacia el plato -come tu comida- mi apetito se ha agriado, pero he aprendido que has de comer lo que se te pone delante.

Cojo mi tenedor y le doy un mordisco. Me quedo en silencio, esperando que Aro me lleve a lo que realmente quiere de mí. Hay una razón por la que me tiene aquí con él. Parece que es de los que están orgullosos de sí mismos, y espero que eso signifique que va a hablar un poco más de él y de esta situación. El conocimiento es poder, y si me va a sonsacar información, yo le haré lo mismo.

-Preferiría que los demás no se enteraran de mi verdadera naturaleza- dice Aro casualmente mientras muerde una uva -no saben la verdad de quién soy y prefieren verme como un extraño humano en vez de como el enemigo- me encojo de hombros.

-No hay ningún incentivo para que le diga nada a nadie.-

-Precisamente. Y odiaría tanto que tuvieras un accidente cuando siento que podemos trabajar juntos- y hay una amenaza. Encantador. Mi piel se eriza por la alarma, pero me obligo a mantener la calma, cortando mis tortitas.

-¿Trabajar juntos?-

-Sí. Tengo claro que no eres como las demás. Eres inteligente. Te sorprendería lo raro que es tal cosa en este mundo humano- ignoro el vago insulto y decido darle la vuelta a las cosas.

-Tú tampoco eres como los demás- está intrigado, lo sé. Se detiene a recoger la fruta y me mira.

-Continúa.-

-Hablas muy bien el inglés, por ejemplo. Y no estás loco. Por lo que puedo decir, no tienes una compañera para anclar tus pensamientos, así que claramente lo que sea en este mundo que hace que los demás se vuelvan locos a tí no te afecta. Tengo curiosidad por saber cómo es posible- decido ponerlo todo sobre la mesa para que él pueda ver cuánto sé -mi dragón no habla en voz alta, y no ha mostrado la más mínima inclinación a aprender mi idioma. Tampoco está interesado en mezclarse, pero parece tener eso bajo control. Es interesante para mí lo diferente que eres.-

-¿Por qué no seríamos diferentes?- la arrogancia prácticamente rezuma de sus pensamientos.

-Tú también eres Drakoni, ¿verdad?- el labio de Aro se curva ligeramente.

-No como tu compañero- eso me hace hacer una pausa.

-¿Hay más de un tipo de drakoni?-

-¿Y no hay muchos tipos de humanos?-

-En realidad, no, pensé que sólo había un tipo.-

-Tienes humanos que usan uniformes en tu pequeño fuerte, ¿no es así? Hay líderes, y luego hay seguidores. Hay luchadores, y hay los que se quedan en casa y crían a los jóvenes- ah. Así que se refiere a la clase en lugar de a la raza.

¿Estás entendiendo algo de esto, Emmett? ¿Te suena familiar?

No... no lo sé. La mente de Emmett se siente distante, como si se estuviera volviendo hacia sí mismo. No suena mal, pero estoy buscando recuerdos de ello y no encuentro nada más que cuervos.

Está bien, cariño. Podría estar mintiendo.

No creo que lo haga.

-¿Buscas ver si estoy diciendo la verdad? ¿Tu dragón se acuerda, entonces?- la mirada de Aro está enfocada en mí. Por un momento, creo que está husmeando en nuestros pensamientos. Pero probablemente me he detenido por un largo y tranquilo momento y él se dio cuenta.

-No recuerda- le digo, pensando que es lo suficientemente seguro como para ofrecerle. Lo cual es otra cosa, pero no quiero cambiar de tema -así que no eres como los otros Drakoni porque... ¿por qué? ¿Porque no eres un luchador?-

-No lo soy- está de acuerdo, inclinando la cabeza -los Drakoni que conoces sirven a mi especie. Los sacamos de los desiertos donde se acurrucaban en sus chozas de barro y se peleaban como niños y los criamos para que nos sirvieran. Son nuestros guerreros, nuestros defensores, nuestras tropas- su sonrisa se hace más amplia, incluso más engreída -no, no soy como ellos en absoluto.-

Desiertos. Dice Emmett pensativo. Recuerdo esto. Servimos... a los de su clase. No voluntariamente, pero servimos.

¿Qué clase de personas son?

Habitan un lugar llamado Salorian. Es como tu Fort Dallas pero mucho más grande. Y extraño. Interesante. Decidí intentarlo y devolverle esto a Aro.

-Así que los de su clase son gente del desierto qué… ¿esclavizasteis?-

-Tienen una habilidad única que se ha perdido en mi especie- toma un sorbo de agua y se mete en sus tortitas, menos interesado en comer que en hablar conmigo.

-¿La forma de un dragón?- hace un ruido pfft, como si le hubiera insultado -puedo cambiar a la forma de batalla si lo deseo. No soy tan hábil como ellos, puesto que yo no, ah…- él reflexiona, considerando la palabra correcta -me he criado para ello.-

-Ah- bueno, esta conversación se vuelve cada vez más desagradable.

-Los Drakoni son criados para ser guerreros desde el momento en que nacen. Se entrenan para ello y tienen rituales. No les importa cuánta sangre derramen. Y respiran fuego, a diferencia de mí. Los hace mucho más efectivos cuando se vuelven frenéticos- así que no puede respirar fuego. Es bueno saberlo. Aunque otra palabra me llama la atención.

-¿Frenéticos?-

-Sí. Una de las razones por las que son tan apreciados como combatientes es su capacidad de caer fácilmente en la locura. Es algo que se les enseña a una edad temprana. Cuando son desafiados, pueden enloquecer y perderse en una pelea. Creo que es por eso que están tan locos ahora, aquí en este mundo- hace un gesto con una mano de oro pálido -algo aquí desencadena su capacidad de rabia, y no hay una buena manera de apagarlo.-

No sabe de qué habla. La rabia es provocada por la lujuria de apareamiento.

¿Entonces está equivocado? ¿En todo?

No... en todo. Las palabras que está diciendo me suenan familiares. Mi gente está controlada por los suyos, los Salorianos. Estoy recordando más ahora. No me gusta él. Ni su gente.

Lo comprendo. -Así que los usas porque se vuelven locos- digo, centrándome en Aro delante de mí -¿No puedes hacerlo? ¿Los Salorianos no pueden?- sus cejas suben.

-Así que sabes lo que soy.-

-Sé un poco- le digo -pero mi dragón no recuerda mucho.-

-No es una sorpresa. Este lugar se come sus mentes- olfatea y hurga en una de sus tortitas -tal vez si cambiara a la forma de batalla, me afectaría tanto como a los demás en esta tierra asquerosa. Sin embargo, no me arriesgaré.-

"-¿Es... es por eso que sabes tanto? ¿Por qué tú recuerdas y los otros dragones no? ¿Por lo que estás cuerdo?- Aro asiente lentamente. Se golpea la frente.

-Cuando la Grieta se abrió y nos arrastró a través de ella, yo estaba en la espalda de un guerrero Drakoni, liderando mis tropas para proteger nuestras fronteras. Mi gente, los Salorianos- aclara, dándome una mirada aguda -no cambian a la forma de batalla. Se considera, como se dice en su idioma... mal educado- se encoge de hombros -cuando nos sacaron, mi montura perdió el control. Se estrelló contra el suelo, me golpeó por la espalda y me dejó tirado mientras se agitaba como un loco. Al principio pensé que era sólo él, pero cuando miré hacia arriba, vi a otros caer del cielo a este lugar, y ninguno pudo responder a mis órdenes. Era un caos- escucho sin interrupción. Quiero escuchar más de esto, para entender. Incluso Emmett está en silencio en mi mente. Creo que él también lo hace -estaba destrozado y abandonado cuando el desastre ocurrió, y me escondí mientras mis tropas se volvían locas, destruyendo todo a su paso. Ninguna orden funcionaba con ellos. Sus mentes desaparecieron. Con el paso del tiempo, me di cuenta de que si quería mezclarme con los humanos de aquí, tendría que aprender su idioma. Para parecerme a ellos. Me deshice de mis cuernos y mis garras. Limé mis dientes a estos cuadrados ineficaces- me los muestra en un medio gruñido -y aprendí a imitar a los humanos. Me ha servido bien todo este tiempo, pero me canso de estos juegos y de este lugar.-

-¿Es ahí donde entro yo?- cruzo los brazos sobre el pecho, ignorando la comida que tengo delante -¿Qué es lo que quieres?-

-A tu dragón, por supuesto- su sonrisa es ligera -pensé que era evidente.-

-Uh huh- espero. sólo sonríe enigmáticamente. Cuando no sigue adelante, empiezo a irritarme -ya tienes un dragón, hombre- las cejas de Aro se levantan, y debo admitir que se siente bien bajarle los humos.

-Parece que alguien ha estado difundiendo rumores- murmura -tengo un dragón, sí, pero sufre de la misma locura que todos, así que no me sirve en este momento. El tuyo, sin embargo…- sus ojos brillan, y se inclina hacia adelante -el tuyo es perfecto- resisto el impulso de temblar ante la tranquila amenaza de su mirada.

-No puedes tener al mío.-

-Me imaginé que estabas hablando con él cuando no vino a rescatarte, como esperaba- él me sacude un dedo y su pequeña sonrisa regresa -fue entonces cuando supe que éste tenía potencial. Este podría contenerse en vez de volverse loco. Este podría hacer el truco. Y como tengo a su compañera, supongo que querrá hacer lo que yo diga- me obligo a no mostrar ninguna expresión, ninguna alarma.

-¿Qué es lo que quieres?-

-Quiero que pase por la Grieta, por supuesto. Quiero ver si es posible- me da una falsa sonrisa benevolente -eso es todo lo que pido, que vuele hasta allí y vea si puede pasar.-

-Puedes convertirte en un dragón. Tienes una forma de batalla. Hazlo tú.-

-¿Y arriesgarme a convertirme en una criatura loca y espumosa como el resto de ellos?- Aro se ríe -creo que no. Es demasiado peligroso para mí contemplarlo. Hasta que sepa que es seguro cambiar de forma, me quedo atrapado como un 'humano'- dice la palabra con obvio disgusto y vuelve a escoger su comida -por eso estoy interesado en tu amigo. Puede volar hasta allí e intentar pasar.-

-¿Es eso seguro?- se encoge de hombros.

-Razón de más para que alguien más lo pruebe aparte de mí.-

Si fuera fácil, ¿no lo habríamos intentado ya? La Grieta está muy arriba. No sé si puedo hacerlo sin herirme.

Ni siquiera quiero que lo intentes. Le envío de vuelta rápidamente. La actitud de Aro me está asustando. Es fácil ser despreocupado cuando no eres tú el que arriesga el cuello.

Puedo intentarlo. Me dice Emmett.

¿Y qué pasa si la atraviesas y no puedes volver? Me da pánico pensarlo. No quiero que me dejes aquí sola. Sólo el pensamiento me aterroriza. No puedes dejarme, Emmett. No cuando acabamos de encontrarnos. La idea de pasar el resto de mi vida sin él parece... insoportable.

-Se nota que lo estás discutiendo- dice Aro suavemente -¿Qué piensas?-

-Vamos a declinar- le digo -no hay ningún incentivo para que mi dragón se arriesgue a tratar de volar de vuelta- sacudo la cabeza -no sabemos si será capaz de volver.-

-Ah, pero tú eres su compañero. Si hay una oportunidad de volver, él la tomaría para estar a tu lado- me da otra de esas extrañas sonrisas -es otra razón más por la que tu dragón es mucho más óptimo que el mío. Tiene una razón para regresar.-

-No. Sencillamente no- coge un trozo de tortita que ha destrozado con los dedos.

-Tal vez no me estoy expresando bien. Es tan difícil hacerlo con palabras habladas en lugar de pensamientos- sus ojos se estrechan hacia mí -puedes decirle a tu dragón que si no vuela a la Grieta y se reporta, voy a matar a su compañera. Horriblemente- le miro fijamente, sorprendida -me temo que me he cansado de jugar limpio- su pequeña sonrisa es educada a pesar de sus horribles palabras -sé que piensas que eres más lista que yo, querida, así que déjame, como dicen los humanos, poner todas las cartas sobre la mesa. Sé que estás reteniendo a tu dragón- no digo nada. Me arquea una ceja -ven, conozco tu pequeño juego. Conozco el instinto Drakoni. Sé que debería haber cargado aquí, echando fuego, buscando rescatar a su dulce compañera de nuestras garras. Y cuando eso no ocurrió, me imaginé que eras estúpida o que estabas negociando con él. Así que hice que mis hombres te liberaran. Le dieron información sobre este lugar, por si acaso era demasiado torpe para resolver las cosas por su cuenta. Aún no hay dragón, lo que me dice que crees que puedes vencerme en mi propio juego- La mirada que me da es despectiva -soy Saloriano. ¿Por qué crees que tus preciosos Drakoni nos sirven? Es porque somos mucho más inteligentes que ellos. No pueden esperar ganarnos en juegos de ingenio o habilidad. Son nuestra fuerza bruta. Y los humanos ciertamente no son rivales para nosotros.-

Bueno, todo esto hace que quiera ayudarte- le digo, contenta de que mi voz no se tambalee cuando respondo. Pero estoy aterrorizada. No sé qué pensar de este tipo, es educado en un momento y fríamente cruel al siguiente.

-No me importa lo que quieras. Eres simplemente una herramienta. Quiero que tu dragón venga aquí y se entregue a mí. Si quiere que vivas, lo hará antes de que salga el sol mañana- Aro apunta un dedo a la mesa -si no lo hace, empezaré por cortarte los miembros. Primero tus manos. Luego tus pies. Luego subiré por tus brazos, cortando a medida que avance y cauterizando la herida cada vez para que no te desangres. Luego pasaremos a tus piernas y seguiremos cortando hacia arriba. Es una forma muy larga y dolorosa de morir, y va a experimentar cada momento de ello contigo. ¿Me entiendes?- asustada, asiento con la cabeza. Mi cuerpo está frío por el sudor -bien- se sienta de nuevo en su silla -come tu comida. Los suministros son más difíciles de conseguir cada año- me sonríe, mostrando esos extraños dientes cuadrados -es un dicho humano que he aprendido. Bastante efectivo, ¿no crees? Digo eso y todos piensan que soy uno de ellos- se ríe -es casi demasiado fácil- sólo le miro fijamente. Sin decir nada, cojo una tortita y le doy un mordisco, masticándola. Mi mente se acelera. No sé qué hacer. No sé qué pensar.

Tenemos que encontrar una forma de salir de esto, Emmett.

Hay una respuesta simple: iré por ti.

¡No! ¡No permitiré que arriesgues tu vida por la mía! ¡Eso es una locura! Yo lucho contra una oleada de agotamiento. No puedo permitirlo.

Todo lo que quiere es que vuele a la Grieta a cambio de tu seguridad. Puedo hacerlo.

¿Y qué pasa si estás frito en el momento en que te acercas? ¿Y si no puedes volver? ¿Y si decide que no quiere sólo eso? ¿Y si decide que quiere que seas su dragón asesino de mascotas? Seguirá usándome como palanca contra ti. No hay forma de ganar esto.

No te dejaré, Rosalie. La idea es insoportable. Su mente está llena de angustia y rabia. Los cuervos revolotean negros en sus pensamientos, tan fuerte que puedo oírlos graznar.

Tenemos que pensar en algo. Continúo empujando la tortita en mi rostro para no tener que hablar con Aro, que me observa de cerca mientras como. Sólo necesitamos tiempo. Dios, estoy tan cansada, pero no hay tiempo para eso. Tengo que concentrarme. Mis pensamientos están tensos por el agotamiento.

Debo estar allí antes de que salga el sol. Ya lo has oído. No puedo arriesgarme contigo, mi Rosalie. Eres mi corazón. Tú lo sabes. Conectaré mi mente con la suya...

¡No! Baby, no lo hagas. Por mí. Por favor. No confío en que no tenga un loco juju que se apodere de ti. Encontraremos una forma de salir de esto, lo prometo. Sólo dame unas horas para pensar en un plan. Tal vez Esme regrese y podamos llegar a un acuerdo...

-A mí- Aro dibuja -ciertamente estás pensando mucho, mi pequeña Rosalie- odio a este hombre. Odio todo lo que es y todo lo que representa -nada de tu pequeña Rosalie. ¿No? Supongo que no. Está claro que llevas las riendas cuando se trata de tu dragón, sin embargo. Tu silencio me dice mucho, ya sabes. Me dice que estás tratando frenéticamente de pensar en un plan- sus cejas suben, como si me desafiara -¿Me equivoco?- estoy en silencio. Odio que sea capaz de leerme tan fácilmente. Arranco otro pedazo de panqueque y lo mastico con rabia -sabiendo que les dí un día completo, tal vez tuvieras tiempo para formar un buen plan- Aro se relaja en su asiento y toma otro cóctel de frutas -por eso he drogado tu desayuno- dejo de masticar inmediatamente.

-¿Qué?-

-Te vas a quedar dormida muy pronto, y me imagino que seguirás durmiendo hasta la mañana. Esto es para que no puedas convencer a tu pobre y loco Drakoni de que mi plan es malo- hace un gesto a la tortita medio comida en mis manos -bien podrías terminarte eso, ya sabes. El daño ya está hecho.-

-Bastardo- le lanzo el plato, me pongo a prueba mentalmente. Me siento lenta, pero pensé que era porque no había dormido bien.

-Recuerda- Aro me apunta con el tenedor -tu dragón tiene hasta la mañana o morirás en pedazos- el gruñido de frustración de Emmett en mi cabeza es abrumador.

Voy a por ti.

¡No! Por favor, no lo hagas. No puede matarme... necesita una ventaja.

Amenaza tu vida. ¡No me sentaré a mirar! ¡Tú eres mi compañera! ¡Mía para proteger! Puedo sentir su rabia. Siento su ira y su frustración. Siento... Sueño.

No, no, no. Emmett, por favor. Amor, haz lo que te digo. No te acerques. Ya pensaremos en algo. No te entregues. No...

Mis pensamientos se vuelven borrosos, y me balanceo en mi silla.

-Mmm, esto está siendo más rápido de lo previsto- Aro se inclina hacia atrás y me estudia -cuando llegue tu dragón, le diré que tomó la decisión correcta- me las arreglo para empujar mi dedo medio al aire antes de caerme.

Rosalie…

Despierta Rosalie… Algo frío se estrella en mi rostro

-¡Despierta, Rosalie!- Me despierto con un jadeo -gracias a Dios- Esme respira, dejando a un lado un cubo -es el tercer remojo que te he hecho- incluso ahora, mis párpados amenazan con volver a cerrarse.

-Drogada- me las arreglo a decir con voz ronca.

-Lo sé. Me enteré después- me coge por debajo de un brazo -vamos. Siéntate derecha. Tienes que quitarte esta mierda de encima- se siente como un esfuerzo monumental conseguir levantarme. Me tambaleo, apoyándome fuertemente en ella.

-¿Qué... qué estás haciendo aquí?- Incluso mi boca se siente cansada.

-Te traje comida. Aunque tenemos que sacarte. La mierda está cayendo- ¿Mierda? Le parpadeo.

¡Rosalie! La voz de Emmett se siente muy cerca, lo cual es extraño. ¡Mi compañera! ¡Estás despierta!

¡Emmett! Me siento muy aliviada de escucharle, aunque estoy un poco preocupada por lo cerca que parece su voz mental. Estoy más o menos despierta. Lo tranquilizo. Miro a mi alrededor, tratando de entender lo que me rodea. Estoy de vuelta en la habitación del hotel, y el cartón está colgando del lado de la ventana. Está oscuro afuera. Mierda. ¿Cuánto tiempo he estado dormida?

Mucho, mucho tiempo. Tengo una impresión de humo y cenizas, al igual que el sonido de alguien gritando llega a mis oídos. Eso me despierta.

-¿Qué está pasando?-

-Tu dragón está atacando- Esme me pone un brazo alrededor de la cintura -los matones de Aro están esperando que se acerque lo suficiente para lanzarle unas redes ignífugas y atarle las alas, como hicieron con Carlisle.-

-¿Carlisle?- me froto la frente, porque debo estar más lenta de lo que pensaba -¿Quién es Carlisle?-

-El otro dragón- me pone en pie contra su costado cuando mis piernas se tambalean -necesitas caminar, chica, porque no tenemos mucho tiempo. Dile a Emmett que no se acerque o se meterá en el plan de Aro.-

Cariño, ¿Por qué estás aquí? Le envío, infeliz ante la idea. Te dije que te mantuvieras alejado.

Porque no dejaré que te hagan daño. Los pensamientos son dominantes, fuertes. Orgullosos. Brutales. Eres mía, y te llevaré de vuelta. No me importa si es Saloriano. No tiene control sobre mí en este mundo, no si yo no le doy mi mente y le doy el control. Me llevaré a mi compañera y nos iremos de aquí. Muéstrame en qué ventana estás.

-Quiere venir a la ventana- le digo a Esme -¿Dónde estamos?-

-No puede- enfatiza ella de nuevo -¿Me estás escuchando? Esperan que venga por ti. Hay hombres esperando en las habitaciones de arriba, abajo y a los lados de ésta con redes. Si le cogen las alas, caerá al suelo, y entonces Aro lo tendrá. Necesita permanecer en el aire hasta que descubramos cómo sacarte de aquí- Oh. Bien. Le comunico todo esto a Emmett, que no está encantada con la idea.

No podemos arriesgar a Esme. Le digo. O a ti. Encontraremos una forma diferente.

Entonces seguiré atacando. Me dice. Pero en el momento en que estés en peligro...

Lo sé, cariño. Te prometo que estaré a salvo. Le doy una palmadita en el hombro a Esme. -Creo que ya estoy despierta. ¿Cuál es el plan?- me da una lata de lo que parece ser una vieja bebida energética. Abro la tapa y me la trago, haciendo una mueca de asco por el horrible sabor. No sé si funcionará, considerando que han pasado siete años, pero lo intentaré.

-Hay dos guardias fuera de esta habitación. Necesitamos crear una distracción y luego distraerles y robar sus armas. Una vez que lo hagamos, podemos intentar escabullirnos del edificio. Entonces quiero ir a salvar a Carlisle- el otro dragón... sabe su nombre.

-¿Tú y él... tú...?-

-¿Qué? ¡No!- parece sorprendida -pero es mi culpa que esté aquí, así que me siento responsable.-

-No podemos salvarlo- le digo a Esme con un movimiento de cabeza -si lo dejamos suelto, va a atacar a todos y a todo. Los dragones son peligrosos…-

-¿Crees que no lo sé? ¡Mi familia murió por culpa de los dragones! Bueno, excepto el imbécil de mi hermano- se pone una mano en la frente y hace un sonido de angustia -bien. ¿Cómo lo salvo? ¿Cómo hago que no se vuelva loco?- la miro fijamente.

-Esme... sólo hay una manera de hacer que un dragón no se vuelva loco. Ya sabes cómo- su rostro se vuelve rojo brillante.

-¿Sabes qué? Tacha eso. Ya se nos ocurrirá algo más para Carlisle. Ahora mismo sólo necesitamos sacarte de aquí. Las cosas de una en una.-

-Bien- jadeo -dime qué hacer- a lo lejos, puedo oír el rugido de los dragones, y huelo humo y fuego.

Cuídate, Emmett. Sus pensamientos no son más que un revoltijo de llamas e ira. Esme camina, abrazandose. Piensa por un momento y luego vuelve corriendo a mi lado.

-Esto es lo que haremos. Me tumbaré en el suelo y fingiré estar inconsciente, y tú podrás gritar a los guardias. Cuando vengan a verme, intenta quitarle el arma al menos a uno de ellos y seguiremos desde ahí.-

-¿Y si ambos entran al mismo tiempo?- retuerce las manos.

-¡No lo sé! Lo resolveremos. ¿Tienes una idea mejor?-

-Apenas puedo pensar con claridad- le digo. Todavía estoy atontada por las drogas.

-Ojalá pudiéramos darle la vuelta y tenerte en el suelo, pero no les importará si sigues inconsciente- vuelve a retorcer sus manos y luego le da a su cuerpo una sacudida nerviosa -hagamos algo antes de que nos cuestionemos para que nos descubran. Date prisa. Todavía creen que estoy vigilándote- se mueve al suelo y se acuesta boca abajo, y luego me da un pulgar hacia arriba.

-Bien- susurro. Puedo hacer esto. Puedo hacerlo. Llamar a los guardias. Robar un arma. Resolver la mierda desde ahí. No hay problema. Me dirijo a la puerta y hago una pausa.

-Date prisa- susurra Esme -no podemos dejar que Emmett aterrice o estará jodido- Dios. Ella tiene razón. No puedo seguir perdiendo el tiempo. Sospecho que la cordura de Emmett pende de un hilo, y cuanto más lo demoro, más arriesgo su vida. Le envío una oleada de afecto.

Te amo. Le digo. Por si acaso todo esto se va al traste.

Mi fuego. Responde, enviando de vuelta su propia oleada de amor. Está bien. No más tonterías. Miro a Esme una vez más y luego doy un pequeño grito. Golpeo la puerta.

-¡Ayuda!- puedo oír a los guardias moviéndose al otro lado.

-¿Qué quieres?- uno llama a través de la puerta. Esto no está funcionando como lo planeé.

-La chica que vino a traerme comida... ¡está muerta!-

-¿Muerta?- Esme susurra -¿Qué mierda?-

-No lo sé- le siseo en respuesta -¡Cállate!-

-¿Muerta?- el guardia grita a través de la puerta.

-Sí- llamo nerviosamente -me dio mi comida y luego se cayó. Creo que tuvo una sobredosis de algo- en realidad, eso suena bastante bien para mí. Mucha gente tiene una sobredosis de drogas baratas para escapar de la vida en el fuerte.

-Maldición- oigo un murmullo de un guardia, y luego el sonido de la cerradura de la puerta girando.

Esto es todo. Me quedo suspendida, preocupada, mientras la puerta se abre. Doy un paso atrás mientras un hombre bajo, fornido y cubierto de tatuajes se abre paso hacia el interior. Tiene un rifle de asalto en sus manos y me mira mal mientras pasa cerca de Esme, que hace un gran trabajo pareciendo muerta. Está boca abajo en el suelo, y no puedo ni siquiera ver su respiración. Un segundo después, el segundo guardia comienza a entrar por la puerta, y yo entro en pánico. Si ambos entran, estamos jodidas. No sé qué hacer. Cuando veo que el cañón del segundo guardia se mueve a través de la puerta y sus manos en ella, me arriesgo.

Arrojo mi peso contra la puerta, cerrándola de golpe. El guardia brama de dolor, y puedo oír el crujido de los huesos cuando su mano queda atrapada en el marco de la puerta. El arma golpea el suelo, y yo la cojo, retrocediendo unos metros. El otro guardia se da la vuelta, pistola en mano, y tenemos un enfrentamiento. Yo le apunto con mi pistola y él me apunta con la suya. Tengo los ojos muy abiertos y estoy consumida de pánico, pero puedo hacer esto. Me necesitan viva.

-Suelta el arma- le digo, con mi voz temblando.

-A la mierda- me dice, incrédulo -¡Suelta el arma!-

-Umm, no- mantengo mis manos en ella, y mi dedo hormiguea cerca del gatillo -te dispararé si tengo que hacerlo. A Aro no le importará si estás vivo, pero seguro que se enfadará si me matas, porque eso estropea sus planes- sigue mirándome, pero no se mueve. Puedo ver la vacilación en su cara. A su lado, Esme se pone de pie y levanta las manos. Cuando le dirijo una mirada confusa, me guiña un ojo.

-Por favor, no dispares- suplica ella, sonando patética. Se vuelve hacia el guardia. -¡Me hizo trabajar con ella! Dijo que iba a hacer que su dragón me comiera si no hacía lo que ella decía.-

Si necesitas fuego y acciones aterrorizantes de dragones ahora mismo, nena, los invoco.

El edificio tiembla con un rugido espeluznante, y el fuego cruje por las ventanas. Oh, wow, está muy cerca. Es hora de usar eso.

-Voy a hacer que los mate a todos si no escucharon- digo con firmeza -tira. Tu. Arma- apunto mi arma al hombre en el pasillo, que está sujetando su muñeca rota, y hago un gesto -tú. Únete a ellos- él se mueve hacia los otros. El guardia con el arma vacila y luego baja la pistola.

-Tú- le digo a Esme -tráeme eso- ella la coge de las manos del guardia y se mueve a mi lado, entregándola -los dos, al baño- digo, asintiendo con la cabeza a la pequeña habitación de al lado -vamos- le echo un vistazo a Esme -vas a ser mi rehén.-

-Por favor, no me lleves- ruega, sonando tan llorosa que casi me cuestiono a mí misma.

-Ve a encerrarles- le ordeno. Diablos, sueno como una jefaza incluso a mis propios oídos.

Ella salta para obedecerme y encierra a los dos hombres en el baño, asegurando la puerta detrás de ella. En el momento en que se vuelve, me levanta un pulgar en silencio, gesticulando ¡Siiiii!. Ella corre a mi lado, y le doy la segunda pistola, y luego salimos de la habitación. Esme hace una pausa para cerrar la puerta de la habitación del hotel, poniéndole el seguro en este lado.

-Eso debería frenarles por un rato. Eso fue increíble, Rosalie. ¡Buen trabajo!-

-No lo celebremos todavía- le digo cautelosamente -¿Cómo llegamos al tejado?-

-Por aquí- me dice, señalando el pasillo. Corremos hacia el hueco de la escalera, y afuera suena como un caos. Puedo oír el crepitar de las llamas, puedo oír el sonido de las armas disparando y las cosas cayendo al suelo. Emmett ruge una y otra vez, y puedo oír otro rugido en la distancia -date prisa- Esme se adelanta mientras subimos dos pisos de escaleras, y luego me detengo, respirando con dificultad. Sigo sintiendo los efectos de las cosas que me dieron para noquearme, y subir las escaleras se siente como tratar de correr a través del agua. Pero asiento con la cabeza y sigo adelante. Estoy cerca de Emmett. Cerca de mi amor.

Te estoy esperando. Me dice. Sus pensamientos son triunfantes, una mezcla de rabia, ira y alegría. ¡Ven a mí!

En camino. Le digo, aferrándome a la barandilla mientras trato de hacer que mis piernas se muevan más rápido. ¡No me dejes!

Nunca. Nunca, nunca. Quemaré este mundo hasta los cimientos antes de dejarte ir.

¿Es raro que una declaración tan violenta me haga querer llorar de alegría? Porque lo hace. No puedo esperar a verle y entonces esta horrible pesadilla habrá terminado. Me arrastro unos cuantos pasos más, jadeando.

Estás cerca. Me tranquiliza. Puedes hacerlo. Te espero.

-¡Aquí! ¡Hemos llegado a la cima!- grita Esme mientras se dirige al siguiente rellano -¡Vamos!- Por fin. Nunca he echado tanto de menos los ascensores. Utilizo hasta la última gota de mi fuerza y me impulso hacia adelante mientras ella me hace gestos. Cuando llego al rellano junto a ella, agarra la manilla de la puerta. Hace clic -Oh no- jadea y luego vuelve a tirar de la manilla -¡Está jodidamente cerrada! ¡La cerraron! ¡No!- ella golpea la puerta, frustrada -¡Estamos tan cerca!- mierda, está cerrado. No voy a dejar que una puerta me impida llegar a mi dragón.

-Retrocede- le digo, levantando mi arma.

-¡No, Rosalie, no lo hagas! Rebotará…-

-¿Tienes una idea mejor?- Le pregunto a ella. Abrió los ojos y me miró fijamente, y luego bajó corriendo unos cuantos escalones.

-¡Me estoy cubriendo!-

-Hazlo- espero que se aleje a una distancia segura, luego cierro los ojos y rezo para no cometer un gran error. Los abro de nuevo, encuentro el gatillo y lo presiono.

Es como si las balas saltaran del arma. Dispara varias rondas antes de que me dé cuenta, y se estrellan contra el metal, haciendo agujeros donde solía estar la manilla de la puerta. Suelto el arma y luego cojo el tirador de la puerta, tirando de él. Algo se rompe, y luego se abre de golpe. El viento se precipita dentro, junto con el aire fresco de la noche. Hemos llegado al techo.

-Vamos- le digo a Esme.

-Vámonos- me grita, y se une a mí a mi lado un momento después. Me coge la mano y salimos corriendo al tejado juntas.