-¡¿Queeeeee?!
-¿Ese demonio tiene una hermana? – preguntó el portador de la nieve tenue.
-Eso fue muy ofensivo- reclamó el rubio mayor al notar el gesto de indignación de la duquesa.
-Esto si que es un giro inesperado- comentó Dazai par sí mismo.
Así que ese demonio tenía una hermana…eso cambiaba mucho el panorama. Esperaba que en la Port Mafia no se enteraran pronto ya que estaba seguro que Mori-san no tardaría en poner sus manos sobre la chica con tal de tener un as bajo la manga.
No podía creer esas afirmaciones, es decir, sabía que Fiódor era una persona algo difícil de tratar, ellos se habían criado juntos, sin embargo, que asesinara personas era sin duda algo que su hermano no haría, estaba segura.
-¿Usted tenía conocimiento sobre lo que su hermano hacía, señorita?- el peliblanco trató más bien de indagar en la supuesta relación entre ambos hermanos. Claro que desconfiaba de la joven, si tenía relación con ese hombre era muy probable que fuese un enemigo, sin embargo, él sabía leer bien las expresiones y la reacción de ella sin duda daba entender que a lo mejor también fue engañada por aquél sujeto de ojos violetas.
-Con todo respeto, nos retiraron, aún tenemos diligencias que hacer. Vamos Bruno.
La pareja se retiró dejando a los presentes con la palabra en la boca. No pudo quedarse ahí, no con los sentimientos encontrados que poseía en esos momentos, debía ver a Fiódor lo más pronto posible.
Con prisa le pidió a Bruno ir al hotel a dejar las compras del día y se pusieron en marcha hasta el edificio donde su familiar permanecía recluido.
Tardaron alrededor de una hora en llegar y al bajarse del vehículo notaron al hombre de gafas de la ocasión anterior quien los esperaba en la entrada principal.
-Tendrán media hora para hablar con él, fue lo único que pude conseguirles a solicitud del presidente de la Agencia de Detectives.
¿El hombre mayor de cabello blanco? ¿Qué buscaban con ayudarlos? No tenía sentido, él mismo señaló indirectamente que eran enemigos.
-Lo agradecería, pero es un derecho de Fiódor tener comunicación con sus allegados.
Furiosa y altanera, se le salió los modales prepotentes característicos de su título real, pero valía la pena, estaba cansada de que las personas con las que se topó en ese país no tuvieran el mínimo de educación hacia su persona.
Mientras caminaban observó varias cosas, entre ellas, que era un edificio bastante grande, muy cerrado y con personas que se movían de un lado a otro cargando documentos. Debía decir que no la miraban de buena manera, sino con desconfianza. Sentía una opresión en su corazón, aquello solo eran indicadores de que quizá lo que esas personas le dijeron era verdad…¡No! No era momento para dudas. Esta segura de la inocencia de su hermano.
Caminaron alrededor de 10minutos más bajando por unas escaleras y posteriormente en un elevador que conducía a unas extrañas celdas tituladas "Máxima Seguridad Privados de Libertad Peligroso"
"¡Qué ofensivo era todo aquello!"- pensó la pelinegra.
Bruno la seguía a pocos pasos de distancia pues era quién más desconfiaba de esos tales detectives.
Llegaron hasta una puerta de acero y al abrirse quedó congelado. Sus ojos se ensancharon sin creer aquello. Su hermano…su hermano estaba atado con una camisa de fuerza y una capucha cubriendo su cabeza con un único hueco por donde veía sobresalir su nariz. Tenía la cabeza gacha y se observaba débil. Al fondo notó una cama y una letrina y, al costado derecho había un enorme ventanal con cámaras de seguridad.
Se acercó lentamente hasta llegar a su hermano.
Fiódor escuchó como la puerta de su celda era abierta. Ahhhh…hacía tanto tiempo no recibía visitas…Se preguntó quién sería su pobre víctima ahora, cuál de los débiles subordinados del cuatro ojos se convertiría en su presa de tortura psicológica. Su piel se erizó ante la emoción…
Lágrimas, lo primero que sus ojos violetas vieron después de largos seis meses de confinamiento fueron unos ojos violetas como los suyos derramando lágrimas y reflejando dolor. ¿Qué hacía ella ahí?
-Fiódor…- apenas si podía pronunciar palabras, simplemente se dejó llevar abrazando a su consanguíneo. Al menos sabía que no estaba muerto o con muchos daños.- Me alegro tanto de verte.
-Duque Fiódor, es un honor verlo nuevamente. Lo hemos estado buscando durante mucho tiempo.- Bruno sonrió con igual alivio, al menos la duquesa tendría algo de paz mental.
-Tienen treinta minutos que corren a partir de ahora- habló fríamente Ango cerrando la puerta. Pidió que grabaran absolutamente toda la visita de esas personas con el fin de saber si eran enemigos o no, amigos de ese monstruo si era, de eso estaba seguro.
-¿Qué haces aquí, Anastasia?- la voz de él fue lenta, pero terriblemente molesta.
-¿Tú qué crees? Estuvimos buscándote porque no regresaste a Rusia. Vinimos por ti y créeme que Bruno y yo haremos todo lo posible para sacarte de aquí.
-No tenías nada que venir a hacer aquí…¡Eres una estúpida! No te das cuenta de lo que hiciste…Arruinaste mis planes.
-¿De qué planes hablas? Fiódor estás aquí encerrado en una cárcel terrible.
-Duque Fiódor por favor cálmese.
-Tú no te metas sirviente, cállate. Dime Anastasia, ¿por qué crees que estoy aquí?
Luego de unos minutos de silencio la chica respondió:
-Yo…conocí a unas personas que me dijeron cosas horribles sobre ti. Ellos…ellos dijeron que mataste personas, que intentaste destruir esta ciudad, ¡pero yo sé que no es cierto por eso…por eso quiero que me expliques tú la razón del por qué estas encerrado.!
La risa escandalosa del hombre retumbó por toda la habitación haciendo que los restantes presentes se miraran extrañados.
-Es cierto. Hice todas y cada una de las cosas que te contaron. Fueron planes tan perfectos…y me vencieron de una manera taaan maravillosa- es no podía ser su hermano, no ese que hablaba como si se tratara de un maniático- las ratas y los perros de este país se unieron luego de intentar matarse JAJAJAJAJA.
-¿Enloqueciste hermano? ¿Por qué hiciste algo así? ¡Responde ahora mismo Fiódor!
-Anastasia…mi querida Anastasia…estas personas no son como tú o yo. Son pecadores, merecen el castigo por sus acciones. Tu y yo somos dioses, y ellos son escorias. Escorias que no merecen esas lágrimas tuyas. Tu habilidad…El Génesis, la creación misma, tu decides qué nace, qué florece…yo en cambio soy su verdugo, yo castigo sus desobediencias y rebeldías.
No entendía qué pasaba ahí. Su cabeza daba vueltas al procesar cada palabra de su hermano.
-Fiódor…eres un idiota. ¡Eres un grandísimo idiota!- no aguantó más y lanzó sobre él mientras los golpeaba en el pecho- ¿Cómo pudiste hacer eso? ¡Suéltame Bruno!- el rubio la tomó de la cintura tratando de separar a ambos hermanos, él sabía la clase de poder que el duque tenía y por el estado en que se encontraba no podía afirmar la seguridad de su princesa- Estas tan equivocado. Esta no es tú ciudad, estas personas no son tus esclavos, ¡no son personas a las que puedas castigar! ¡Tú no tienes derecho Fiódor!
-Ya te dije que estas personas no merecen tu misericordia Anastasia. Especialmente los perros de la Agencia de detectives y la Port Mafia. No te atrevas a volver a derramar una lágrima más por ellos, no quiero que te corrompan a ti también o de lo contrario tendré que matarte.
El sonido seco de una cacheta interrumpió la horripilante amenaza del varón. Anastasia no soportó un minuto más la furia que recorría sus venas.
-No te atrevas a intentar amenazarme…¿dioses? Yo no soy un dios Fiódor, pero tú…tu te volviste un pobre diablo que está jugando a ser un dios y ¿sabes qué? Te está saliendo pésimo el papel, estás dando un espectáculo deprimente hermano.
-Anastasia, ¿dónde está tu pulsera?- la aludida simplemente miró su muñeca desnuda, era cierto, no notó que no la portaba, debió caérsele en algún lugar, qué mala suerte.
-La dejé en casa.
Molesta salió de la habitación y se dirigió al ascensor cansada de aquél mugroso lugar y de las tonterías de su hermano mayor.
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Entrada la noche en los cuarteles de la Port Mafia la mayoría de los usuarios de habilidades se encontraban en un comedor al lado de otros guardas y empleados. Al jefe de aquella institución ilegal le había dado por hacerlos cenar juntos al menos una vez a la semana para "estrechar los lazos de compañerismo", menuda estupidez, pensó el poseedor del Rashomon, ahí solo había lazos de respeto y miedo, esas tonterías no existían ahí. Mientras tomaba sus alimentos la rubia subordinada suya se sentó a su lado.
Higuchi con el tiempo logró ganarse su gratitud y reconocimiento, pues había sido una de las pocas personas en las que observó preocupación genuina por su persona, sin embargo, algo que no soportaba era la obsesión perturbadora que la chica poseía por él. Gin le había comentado que la mujer le pidió llamarla "hermana" cuando en una ocasión la descubrió como civil. Realmente no entendía a dónde quería llegar su subordinada.
-Akutagawa-senpai, ¿le gustaría algo de postre? Por error tomé dos y no es bueno para mi dieta comer tanto dulce- claro que estaba mintiendo. En el fondo lo hizo porque su mente se ilusionó con la posibilidad de que su senpai aceptara que ella le diera de comer en la boca ¡Ahhhh! De solo imaginar una escena así sus emociones explotaban.
-Odio lo dulce. – cortó el pelinegro levantándose de inmediato. Ya había finalizado su cena, así que no tenía razones para quedarse ahí.
La burbuja de Higuchi explotó de inmediato dejando caer el postre al suelo con desgano. Mientras se lamentaba algo brillante en suelo llamó su atención. Rápidamente la tomó y se dio cuenta que era una pulsera muy fina y de diamantes, aquél accesorio se había caído del bolsillo de Akutagawa senpai. No podía ser…Acaso…¿Acaso él quería regalarle ese accesorio tan fino e hizo todo aquello para no ser tan obvio?
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¡Rayos! No sabía dónde diablos metió la maldita pulsera de la mujer. Revisó sus bolsillos mil veces y nada, debió haberse caído en algún lugar. No le había dicho a nadie sobre el accesorio. Su reporte simplemente se centró en la ubicación de la mujer pelinegra, pero lo demás lo reservó para sí mismo pues era irrelevante. Además, esa noche no logró dormir, cada vez que miraba la fina pulsera recordaba a la chica y a la enorme sonrisa que le dirigió a su hermana.
Era una tontería, estaba pensando demasiado en una presa a la cual debía matar.
-Oi Akutagawa- el pelirrojo llamó su atención- necesito que vengas conmigo.
Se dirigieron a un cuarto con televisores y colocó una llave USB en el aparato. La imagen proyectó la llegada de la mujer a una especie de celda y para su sorpresa el tal Fiódor estaba ahí.
-Esta es una copia que nuestro informante hizo sin que el cuatro ojos se enterara. Fue grabado esta mañana.
Ambos hombres miraron atentamente el vídeo tratando de analizar la situación y llevándose algunas sorpresas de por medio. Primero el abrazo de la mujer, que le dijera hermano, que luego discutieran y ella lo abofeteara.
Akutagawa estaba sorprendido y una pequeña y casi imperceptible sonrisa adornó su rostro, la mujer tenía carácter y uno muy fuerte.
-Ya veo, así que esas personas son familiares de ese tipo. Esto estará interesante. Se lo entregaré al jefe y veré qué órdenes da. Tú…
-Iré a vigilarlos, espero sus órdenes.
Chuuya suspiró. Ese muchacho no cambiaba, siempre tan impulsivo.
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En el hotel Bruno miraba con pesar a la duquesa, desde que llegaron no probó bocado y se encerró en su habitación a llorar. Luego de eso solo se quedó mirando atentamente por la ventana hasta que oscureció.
-Duquesa, sé que no es el momento adecuado, pero si no haremos nada será mejor volver a Rusia. Sabe que nos expusimos al venir aquí.
-Lo sé. ¿Podrías buscar el próximo vuelo a casa?
-En seguida.
-Parece ser que el más cercano sale la próxima semana.
-Oh vaya, es mucho tiempo…
-Entonces nos quedaremos aquí, por ahora es el lugar más seguro.
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Rusia.
En lo que parecía ser una especie de mansión/palacio en ruinas unos espíritus en forma de murciélagos se arremolinaban en una polvorienta silla que se ubicaba frente a un gigantesco salón adornado de pinturas. En uno de ellos se lograba apreciar la fotografía en tamaño gigante de un hombre y una mujer de cabellos negros y a su lado dos niños con el mismo tono de cabello y ojos violetas.
-Mmmm…vaya, vaya. Así que al fin aparecen los duques. Después de casi quince años de espera al fin la niña se digna a salir.
Un hombre de larga cabellera negra y piel tan blanca y gris como la de un cadáver parecía despertar un enorme letargo. Sus ropas estaban mugrientas y llenas de polvo y sus manos flacas y de dedos delgados acariciaban con cariño a los seres que lo rodeaban.
-Creo que es hora de hacer un pequeño viajecito en busca de mi prometida, ¿no les parece?
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Cap 3 ¡up! Muchas gracias a las personas que están siguiendo el fic, quedé sorprendida cuando las notificaciones llegaron, fueron muchas.
Agradezco enormemente que saquen su rato para leer, besos enormes.
¡Nos leemos!
