Rayos, no debió haberse comportado así. Apenas y si había logrado dormir un poco pues la inseguridad de estar ahí se lo impidió, sumado al hecho de que moría del hambre.
Entró a lo que parecía un baño y decidió arreglarse un poco su cabello en un moño alto y también se deshizo de su chaqueta de tela quedando en una bonita blusa blanca de mangas cortas y su pantalón beige. No tenía ropa para cambiarse, sus suplementos de higiene personal tampoco estaban, pero al menos habían colocado los básicos de repuesto.
Luego de ponerse lo suficientemente decente intentó lavar su chaqueta sin mucho éxito, la sangre había quedado impregnada con fuerza haciendo imposible la remoción.
Su puerta fue tocada y al abrirse se encontró con una chica con un cubrebocas blanco y ropajes negros que le dejó lo que parecía ser un cambio de ropa que consistía en una blusa cuello V roja y el abrigo que le prestó la noche anterior a la jovencita del accidente.
-¿Gin?- preguntó algo desilusionada.
Al escuchar su nombre la aludida solo volteó y con un gesto de la cabeza asintió y se marchó de la habitación.
Miró las prendas encontrándose una nota de agradecimiento y disculpas por aquella situación que su hermano la había hecho pasar…esperen…¿su hermano? ¿ellos eran hermanos? Qué pequeño era el mundo, aunque claro si el peli negro estaba aquí era lógico que ella también.
Luego de un rato de espera en la que sentía iba a desmayarse por la inanición la rubia que anteriormente la capturó la hizo caminar para guiarla a quién sabe donde y lo único que le dijo fue un "El jefe quiere verte"
Pasaron por un amplio comedor que olía delicioso y realmente empezó a pensar en que aquello sería una genuina tortura. Al fondo logró observar a ambos pelinegros sentados al lado de un hombre mayor y un chico joven, pero por su salud mental decidió ignorarlos. Justo cuando empezaban a subir unas escaleras para salir del dichoso lugar notó como los presentes se levantaban haciendo un gesto de respeto y volteando la mirada vio al líder de la Mafia con una sonrisa que le calló como una patada en su estómago.
-¡Buenos días majestad!
-¿Qué tienen de buenos?- respondió mirándolo fijamente con la cabeza en alto.
-Mmm…veo que no tuvo una grata noche. ¿Acaso no fue de su gusto la comida?
-Mire…señor…Usted me mandó a llamar y aquí estoy, si lo único que hará es hablar estupideces entonces prefiero volver a la habitación, al menos quiero perder el tiempo en un lugar más grato y tolerable que su presencia.
Silencio. Todos los presentes se quedaron sin habla ante las palabras de la chica. Estaban más que seguros que el líder la asesinaría, había matado de maneras crueles e inhumanas por menos que esas palabras.
-Debo decir, señorita, que usted, al igual que su hermano tienen un don increíble para agotar mi paciencia.
-Tomaré eso como un cumplido.- le contestó la pelinegra con una sonrisa.
-Higuchi, yo llevaré a la señorita de aquí en adelante.
-Sí señor.
Anastasia se adelantó a la rubia y empezó a subir las escaleras siguiendo al pelinegro. Al pasar, Higuchi se sorprendió. Era su imaginación o esa mujer portaba el brazalete que Akutagawa-senpai le quitó la noche anterior. ¿Esa mosca muerta era la dueña de aquél bello accesorio?
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Ingresaron a lo que parecía ser una habitación de hospital y mirando por la ventanilla observó a Bruno. Era él, estaba vivo, la máquina que medía sus latidos lo delataba, sin embargo, se notaba delicado.
-Fue una operación complicada, estuve toda la noche, pero pude salvarlo.
Al voltear la mirada Mori Ougai notó a su acompañante derramando lágrimas incontroladas. Qué chica tan curiosa, por un lado, era la copia fiel de Fiódor, pero por otro era increíblemente distinta. Ella era más humana.
-¡Gracias! ¡Gracias por salvarlo! No tiene idea de lo mucho que se lo agradezco. No tengo cómo pagárselo- Anastasia se inclinó a cómo había aprendido era un gesto de respeto ahí en Japón.
A pesar de que no justificaría que era por su culpa que Bruno se encontrara así, le habían salvado la vida, a él que era de las pocas personas a las cuales podía llamar su familia.
-Sí lo tiene. -corrigió el mayor- hay una información que necesito de usted.
-Esta bien.
-Sígame, necesito que dos de mis subordinados estén presentes.
Al volver nuevamente al comedor llamó a Chuya y Akutagawa para que lo siguieran hasta su oficina, una vez ahí le pidió tomar asiento mientras los otros dos se posicionaban uno a cada lado del varón.
-¿Y bien? ¿Qué necesita saber?
-Quisiera que nos hable acerca de un tal Rasputín.
-Ammm…¿y ese es?...- Anastasia lo miró sin entender muy bien, realmente ese nombre no lo recordaba mucho, pero le sonaba semi familiar.
-Esperábamos que usted nos los dijera. Su hermano nos habló de él, pero de manera muy básica, no nos dio realmente mucha información.
Vamos, vamos, ese nombre lo asociaba a alguien, de eso estaba segura.
-Rasputín…Rasputín…¿cómo lo describió Fiódor?
-¿Por qué la pregunta?- devolvió la interrogante Mori Ougai.
-La única persona que creo recordar con ese nombre era el antiguo consejero de mi padre. Realmente no sé mucho de él ni lo recuerdo muy bien, creo que lo vi unas cuántas veces nada más. Según me dijeron…mi padre lo había despedido porque intentó abusar de una niña de la mansión. Creo que fue por eso, Fiódor nunca quiso hablarme de él, siempre dijo que era un ser despreciable, cruel y un pedófilo depravado.
-¿Pedófilo? – Chuya se mordió el labio, esa palabra era un tabú en la Port Mafia, pero escuchar la inocencia con la que la muchachita la dijo le causó gracia.
-Sí…pero esa siempre fue una historia que no me convenció del todo. Nosotros nunca convivimos con más niños o niñas en la mansión, al tiempo en que Rasputín vivió Fiódor y yo éramos los únicos niños. Así que imagino que hubo otra razón. Es todo lo que sé, creo que no es mucho.
Akutagawa miró sorprendido a la chica. Realmente o era muy tonta o muy inocente. Ella no estaba analizando sus propias palabras, si aquello era cierto quería decir que el tal Rasputín intentó abusar de ella cuando era niña y por eso lo despidieron. Tenía sentido que Fiódor lo tratara de alguien peligroso, si aquella situación fue cierta era probable que regresara por venganza contra los hermanos. La nueva duda que rondó la mente de los tres hombres, sin embargo, fue otra. ¿Por qué parecía que ella había olvidado esa situación?
-Me parece que es todo.
-¿Eso significa que puedo irme ya? Digo, ya no tiene sentido que me tengan secuestrada.
-En efecto. Sin embargo, temo que su amigo no puede dejar las instalaciones. Como médico puedo afirmar que es muy pronto para trasladarlo a otro lugar, eso podría poner en riesgo su vida. Deberá al menos descansar una semana más.
Por Dios…las cosas no podrían ser peores. Ahora se tendría que quedar en ese país. Su gesto de hastío la delató.
-¿Entonces qué propone que haga?
-Bueno… Usted puede irse, pero dada la situación de inminente peligro en la que se encuentra…de parte de la Port Mafia me gustaría ofrecerle un apadrinamiento.
-¿Ah? ¿De qué habla?
-Protección, claro.
Cuando finalizó de hablar la chica soltó una pequeña sonrisa cantarina para sorpresa de los presentes. Con que era eso…y el tipo hablando de protección…qué ridículo era todo aquello.
-Y-Ya entiendo- habló Anastasia limpiando las pequeñas lágrimas que salieron producto de la risa- Esto no se trata solo de Rasputín, también es por Fiódor. "Apadrinándome" quiere asegurarse de tener algo que usar en su contra. Usted es bastante cruel.
Estaba anonadado, aunque su rostro no lo demostrara. Esa chiquilla leyó su plan totalmente a pesar de solo haber dicho unas escuetas palabras. Parecía que había hablado con Dazai cuando este era de sus subordinados, pero…no…ella era peor, más perceptiva, más analítica.
-No tengo palabras…
-Está bien. Yo participo en su juego, después de todo me beneficio enormemente. Mis habilidades no son de combate, sino de retaguardia, yo sola no podría derrotar a un enemigo, solo podría defenderme, pero sus subordinados por el contrario son efectivos.
-¿Es un trato?- preguntó el pelinegro sonriendo
-Claro, aunque le advierto. Tenga cuidado, en la realeza rusa los perros siempre muerden la mano de quien los alimenta.
-Lo tendré en cuenta entonces.
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Maldecía a todo ser vivo en esos momentos. Gracias a la maravillosa idea de su líder ahora resulta que lo asignaron como niñera de la niñata rica. Aquello simplemente no iba de acuerdo con su naturaleza, suficiente tuvo que aguantar los pasados seis meses sin matar para cumplir con la promesa que le hizo al hombre tigre y ahora esto.
Ahora en esos momentos caminaban rumbo al hotel de la chica, había aceptado hospedarse en la habitación de la Port Mafia así que debían ir por las cosas de ella. Él iba caminando en silencio, pero ella en cambio parecía sufrir de alguna especie de trastorno de hiperactividad porque no se estaba quieta, caminaba de un lado a otro mirando curiosa, continuaba molesta porque no le había dirigido palabra alguna luego de la reunión con su líder.
-Oye- llamó su atención- ¿por qué las mujeres se visten así en un día normal?
Miró a su alrededor y notó a varias mujeres que llevaban puesto kimonos de todos los colores y estilos variados, ahora que recordaba en esa fecha estaba por iniciar los festivales de primavera y parecía ser que esa noche habría uno.
-Un festival.
-¡De verdad! ¿Cómo son? ¿Podemos ir?
Akutagawa se quedó en blanco. Definitivamente él no estaba para eso, odiaba los lugares concurridos, odiaba estar cerca de tantas personas, odiaba los festivales.
-Esta bien, date prisa entonces y deja de perder el tiempo.
-¡Genial!- chilló emocionada.
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El festival iniciaría a las seis de la noche por lo cual, luego de pasar las cosas de la chica acordaron verse en la entrada del edificio. Él se dirigió al departamento que compartía con su hermana para buscar ropa adecuada. Podría odiar los festivales, pero no por eso debía verse mal. Le pidió a Gin ayuda para buscar ropa, notó a su hermana extrañamente más feliz de lo usual desde que le comentó que saldría con la bendita chica y que regresaría tarde. Rechazó de plano los kimonos y optó por unos pantalones negros, una camisa gris de algodón y un abrigo negro largo. Punto. Aquello no era nada, él estaba cumpliendo su misión simple y llanamente y el Jefe le ordenó que debía vigilar a la mujer en todo momento. Ni siquiera debió permitirle salir, ¡ni siquiera debió aceptar el trato!
Cuando faltaban alrededor de diez minutos para la hora de inicio se fue para el edificio principal a esperar a la mujer rusa. Esperaba que no tardara mucho, sabía que las mujeres tardaban en arreglarse. Luego de diez minutos más de espera su paciencia empezó a agotarse, la iría a sacar, aunque sea del pelo, pero antes de cometer su acto de violencia la vio salir por la entrada principal y se quedó sin habla.
Se veía bastante…bien. Usaba un bonito vestido negro ajustado hasta la cintura con mangas cortas y de falda suelta. En la cintura portaba un listón con moño en color violeta claro y zapatos de tacón bajo negros. Su cabello, generalmente atado, la llevaba suelto a juego con unos pequeños pendientes y su inseparable pulsera.
Akutagawa la observó de arriba abajo quitando la mirada en cuanto la tuvo cerca para ocultar su pequeño sonrojo.
-Llegas tarde.- fue lo único que alcanzó a decir.
-Lo siento. No encontraba qué usar y el kimono que compré no supe cómo colocarlo.-saldría con ese tipo, pero no olvidaba que lastimó a Bruno.
-Camina.
Llegaron al dichoso lugar y ella saltó de alegría. Había visto en revistas que los festivales japoneses eran coloridos y había muchas cosas lindas para comprar como recuerdos, además de que la comida lucía deliciosa. Las chicas se veían preciosas, parecían muñecas inmaculadas. La música que sonaba le parecía realmente divertida y observar los bailes la dejaban sin habla. Eran bellos, delicados y con sonidos exóticos, realmente estaba disfrutando conocer esa cultura. Por su parte Akutagawa la miraba sin acercarse mucho.
Ciertamente no podía dejar de observar a la chica que le llamaba demasiado la atención para su gusto. Era extraño, por lo general él nunca ponía mucha atención a las mujeres porque no era algo que le preocupara, su único interés era ser más fuerte para obtener el reconocimiento de Dazai-san, era todo.
-Oye, luces tenso. Disfruta del festival, son las actividades tradicionales de tu país.- habló Anastasia dándole una pequeña bolsa con lo que parecía ser dulces de arroz, algo que siempre le había criticado su hermano era su facilidad para olvidar momentáneamente su enojo con las personas, bastaba distraerse un poco y actuaba como si nada hubiese pasado.
Ella tenía razón, suponía que podía relajarse un poco y disfrutar la dichosa actividad.
-¿Tienes hambre?
-¡Sí!
-¿Algo en especial que quieras?
-No lo sé- dijo Anastasia sonriendo con duda- no conozco tus comidas.
-Supongo que el ramen podría gustarte. Vamos, el puesto está adelante.
-¡Sí, gracias!
Mientras caminaban la aglomeración de personas se hacía más notoria y densa, tanto que se le dificultaba caminar, ahí si que no había espacio personal. Chocó con varias personas, en especial con un sujeto que la golpeó un poco fuerte, pero de inmediato la ayudó a incorporarse y se disculpó. Le pareció curioso porque lucía algo pálido, pero seguro era un extranjero como ella y no estaba acostumbrado al gentío.
Continuó tratando de atravesar la multitud cuando sintió como alguna persona descarada le tocó su trasero por encima del vestido. Al sentir el tacto emitió un grito de pánico y asco y agarró fuertemente el brazo del chico. Akutagawa al sentir el tacto volteó su mirada interrogante:
-P-Podemos darnos prisa, por favor…alguien…alguien me tocó…
Maldición, algún depravado se aprovechó de la situación para irrespetar a la chica, le hubiera gustado saber quién fue el culpable para arrancarle los brazos.
-Ya estamos cerca, vamos- dijo colocándola frente a él- ve al frente, no te pierdas.
Luego de unos minutos que parecieron eternos para ambos lograron entrar al dichoso restaurante de ramen. Anastasia suspiró con pesadez y con gesto incómodo. Esa fue la peor experiencia de todas.
-Vaya, vaya esto sí que es una sorpresa.- habló una voz demasiado familiar para el pelinegro.
-D-Dazai-san- habló Akutagawa algo nervioso.
El castaño había ido a festival con el resto de sus compañeros, sin embargo, se habían separado quedando solo él, ya que Atsushi prefirió ir con Kyoka-chan y a él en verdad se le antojaba algo de ramen. Venía llegando así que su sorpresa fue grande cuando se topó con esos dos que venían bien arreglados. Una lucecita se encendió en su cabeza y los miró con diversión…si ahí pasaba lo que él estaba pensando que podría pasar estaba seguro que a Fiódor no le gustaría para nada.
-¿Tienen una cita chicos?
-¡NO! – respondieron ambos al mismo tiempo. Anastasia estaba roja y molesta y Akutagawa solo atinó a quitar la vista.
-Y-Yo solo quise venir y él me acompañó. ¡Es todo!
-Ohhh ya veo. Akutagawa-kun es muy caballeroso. En fin, ¿vienen a comer? ¿Me acompañan? Mis ingratos compañeros me abandonaron.
Ambos muchachos se miraron algo nerviosos, pero al final, forzados por el castaño no les quedó de otra que ingresar.
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Cap 6 ¡up!
Me siento super agradecida con las personas que siguen la historia, en verdad me motivan mucho.
Lamento la tardanza en actualizar, son tiempos difíciles para todos y al menos yo, he estado bastante ocupada con cuestiones académicas y personales.
¡Nos leemos!
