Capítulo 8.

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Rusia.

En un enorme castillo cubierto de nieve, se encontraban dos niños jugando. Las risas cantarinas resonaban y las coloridas vestimentas contrastaban dentro de aquella manta blanca.

-¡Anastasia! Mira es un muñeco de papá. – indicó el pequeño Fyódor mientras mostraba orgullosamente su obra hecha a base de nieve.

-Es muy gracioso hermano. Aunque no se parece en nada. – se burló la niña mientras reía.

Tan ensimismada estaba en su obra helada, que la niña solo se percató de una sombra que la cubría, así como el ensordecedor grito de su hermano. Luego de eso, todo empezó a volverse nublado…

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Agencia Armada de Detectives.

Anastasia le levantó asustada y respirando de forma agitada. De inmediato su mente recordó los sucesos ocurridos en el festival, por lo que tocó todo su cuerpo en busca de las heridas que la caída le causó.

-Qué extraño…estoy bien. – murmuró consternada.

-Al fin despertaste bella durmiente. – la voz de Yosano la hizo voltear. Reconoció de inmediato a esa mujer que había estado en el festival.

-¿Dónde estoy? ¿Cómo es que no tengo heridas si yo misma…

-Espera, espera. Ten un poco de calma. – tranquilizó la doctora. Debía evitar que tuviera una crisis nerviosa. – Estás en la Agencia Armada de Detectives. Aparte de las heridas en tu cuerpo sufriste un fuerte shock, por lo que te trajeron aquí para que pudiera curar tus heridas.

-Pero estoy ilesa, ¿cómo fue posible eso? – insistió la joven.

-Es mi habilidad. – contestó con simpleza la pelinegra. – Puedo curar cualquier herida mortal.

Ante esa información Anastasia reaccionó de inmediato:

-Señorita necesito su ayuda. Mi encargado, Bruno, él se encuentra delicado en estos momentos, si usted podría ayudarlo se lo agradecería mucho. Está en la Port Mafia. – rogó la joven de cabellos negros.

-Me encantaría ayudarte, pero no puedo. Aunque no parezca, la Agencia y la Mafia no son tan amigas.. – Ante el gesto de desilusión de la joven, la mujer soltó un suspiro – Escucha, si él fue tratado por Mori-san, te aseguro que vivirá.

-Eh…S-Si, ese hombre fue quien trató a Bruno.

-Entonces no hay de qué preocuparse. Ahora vamos…ese chico tiene a más de uno con los nervios de punta.

Esta última afirmación la desubicó un poco. ¿A quién se refería?

Al salir de la habitación, notó al resto del personal mirando con incomodidad al pelinegro sentado al lado de la puerta principal. ¡Cierto! Había olvidado por completo que estuvo con Akutagawa en el festival antes de que sucediera todo.

-¡Quedaste como nueva! – la cantarina voz de Dazai alertó a los presentes sobre la presencia de la chica.

Anastasia, al recordar las acciones del castaño, sintió mucha rabia, por lo que sin más se acercó al detective y le propinó una sonora cachetada.

-¡Eso es por haberme literalmente ofrecido a ese pervertido! – habló con enojo la joven.

Dazai sonrió de forma inocente. Por lo visto la princesa era rencorosa.

-Oye…- se quejó Atsushi.

-No te preocupes, Atsushi, la princesa tiene razón. – respondió mientras miraba a la joven – La verdad es que…solo quería saber quién era Rasputín y confirmar cuáles eran sus asuntos aquí.

-La persona que los atacó no era Rasputín, él…- se detuvo al recordar el cuerpo delgado, las ropas harapientas y la peil rugosa que terminó despedazada en el suelo. Sintió arcadas.

-Imagino que te refieres a los pedazos desperdigados por la calle. Escapamos justo cuando estos estaban volviendo a unirse. – comentó Kunikida con seriedad. Jamás había visto una regeneración de tal magnitud.

-En fin…no era un hombre joven. – finalizó la chica.

-¿Pero saben qué descubrí? – interrumpió nuevamente el suicida – Que te está buscando porque está enamorado de ti. Jajaja…eso es perturbador.

Los presentes se quedaron boquiabiertos, especialmente Akutagawa. Esto último le causó mucha molestia. Notó el gesto de terror en los ojos de la chica, sintiendo su molestia ir en aumento.

-¡No quiero que me toque! – exclamó la joven con preocupación. Por Dios, sin Bruno se sentía tan indefensa.

-No te preocupes, Akutawaga-kun te protegerá muy bien. – Dazai tomó el miembro de la Mafia y lo acercó a la joven. El pelinegro lo miró con molestia. – Tienes un gran deber, Akutagawa.

-Dazai-san…¿no es mejor que la señorita se quede en la Agencia? – sugirió Atsushi al notar la hostilidad emanar de su no compañero.

-No te preocupes, está en buenas manos. Y tú le ayudarás sí.

-¡¿Ehhh?!

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Al final, luego de varias quejas, Akutagawa decidió llevarla nuevamente a la Port Mafia. No confiaba en que la Agencia fuera capaz de proteger a la chica como…¿él? En fin…era su trabajo después de todo.

Decidió evitar caminar por las calles principales, por lo que usó uno de los atajos que la Port Mafia tenía en la ciudad y regresar por ahí. Mientras la guiaba por el subterráneo notó que iba más callada de lo habitual lo cual se le hizo irritante. Ella debía seguir con esa sonrisa boba en la cara siempre.

-Oi – la llamó con su característica voz autoritaria – Ese imbécil no te hará nada. Me aseguraré de protegerte.

Anastasia se sorprendió un poco. No esperaba que el pelinegro le dijera tal cosa, pero en realidad la misión de Akutagawa era velar por su seguridad, así que eso era todo. Aparte, no olvidaba lo que le había hecho a Bruno.

-Espero mucho de usted. Sé de primera mano que es eficiente en sus misiones. – respondió la chica de forma seca y continuó el camino.

Akutagawa la observó adelantarse reconociendo de inmediato que la joven se refería a lo que le había hecho a su subordinado. Era cierto, no debía olvidar que ella era su misión y que en la Port Mafia las cosas podían cambiar de la noche a la mañana. Hoy era una protegida, mañana podría ser el objetivo.

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Llegaron bastante tarde a las instalaciones de la mafia. Akutagawa la acompañó hasta su habitación y sin decir mucho se aseguró de que entrara para luego retirarse.

En la soledad, Anastasia recordaba una y otra vez lo sucedido. Más que el feo recuerdo del hombre echo pedazos, lo que más le llamó la atención fue el interés que tenía en su persona. Incluso dijo algo de que su hermano era un traidor. Fyódor sabía más, pero estaba segura de que no se lo diría, así que su opción más pronta era Bruno.

Estaba segura de que él tiene mayor conocimiento sobre Rasputín y el por qué la sigue. Cerca de dos horas más tarde en las que dio mil vueltas en la cama, decidió salir e ir a ver cómo estaba su figura paterna. Tomó una bata y salió tan rápido como pudo. Antes de salir del pasillo, una gran extremidad de color negro rojizo la detuvo. Al girar, notó a Akutagawa detrás suyo. El aludido, tosió un poco y luego tomó la palabra:

-¿A dónde vas?

-Quiero ver a Bruno, es todo. – respondió la chica mientras se cubría con la bata. Le avergonzaba un poco la presencia del pelinegro. Si Bruno se enteraba de que estuvo con esas vestimentas frente a un chico la calcinaba.

-Puedes verlo mañana. Ve a dormir. – ordenó.

-Quiero verlo. No puedo dormir. – insistió la joven de ojos violeta.

Akutagawa hastiado por la actitud caprichosa se acercó peligrosamente a la joven y rodeándola con su habilidad la cargó hasta llevarla nuevamente a la habitación.

-Quédate aquí. La mafia es peligrosa, a esta hora si alguien te ve podría confundirte con un enemigo y matarte. -regañó el joven mientras la lanzaba a la cama.

Cuando se incorporó para enfrentar al joven por la falta de respeto hacia su persona, notó que Akutagawa miraba hacia el ventanal mientras un tenue sonrojo le cubría las mejillas. Buscó en la habitación la causa de esto, dándose cuenta que su bata se había caído, dejando ver la corta prenda que llevaba para dormir que consistía en un fino vestido rosado que le llegaba un poco más arriba de los muslos y uno de sus tirantes estaba desacomodado.

Se acomodó sus vestimentas tan rápido como pudo y controló su propio nerviosismo.

-No puedo dormir. Estoy aburrida, hoy pasaron muchas cosas y quiero distraerme. – exigió la joven.

-¿Dormir no es suficiente distracción? - inquirió el portador del Rashomon con burla.

-No, no lo es. – respondió ella con tono de hastío. Una pequeña idea surcó su mente, por lo que sonrió con maldad. – Quiero hacer algo.

-Duerme.

-¡Eso no! Otra cosa.

-Mira al techo. – la poca paciencia que poseía se le estaba acabando. Esa mujer era terca e inquieta, era peor que el Jinko.

-¡Eyyy! No voy a callarme ~ - continuó a modo de "amenaza" al ver que el joven la ignoraba y se sentaba en una silla cercana.

-¿Qué diablos quieres? – cedió por fin el varón harto. Era eso o estrangularla.

-Hablar. Me gusta hablar. – " Qué novedad" – fue el pensamiento del chico. – Empiezo yo…- dijo mientras se sentaba frente al pelinegro con pose pensativa. – Mmm…¿hace cuánto te uniste a la mafia?

-Desde los diez años. – respondió cortante.

-Wow…¿y tú hermana?

-Es obvio que la traje conmigo. Ella tenía ocho años. – Recordó la primera vez que conoció a Dazai – san y éste lo invitó al que consideraba su hogar.

-Bien, es tú turno. – indicó la pelinegra.

Akutagawa meditó un poco. La verdad es que no le interesaba nada de esa mujer.

-¿Siempre has tenido ese carácter tan fuerte?- dijo recordando la característica que más le llamaba la atención.

Anastasia miró con incredulidad al joven; de todas las cosas eso quería saber, que tontería.

-Fui criada para ser una dirigente. Cuando mis padres murieron, mi hermano desapareció por un tiempo, así que Bruno y su familia me cuidaron y continuaron mi educación como duquesa. Así que se debe a eso.

-¿Qué hace una duquesa? – la verdad para él esas cuestiones de títulos reales le parecían una completa basura. Eso solo perpetuaba la división de clases, haciendo que unos cuantos se creyeran con el derecho de mirar a otros como escorias.

-Principalmente labores diplomáticas, ayuda humanitaria, promoción de derechos, cosas así. ¡Mi turno!...¿Si te quitas el abrigo pierdes tus poderes?

-No responderé eso. – ni loco le daría a ella información sobre sus habilidades y/o debilidades.

-Muy bien. ¿Cómo es tu relación con tu hermana? Gin me lo dijo. – mencionó Anastasia al notar el gesto de confusión.

-Nos llevamos bien.

-Sabes, eres tan elocuente como una pared. – Akutagawa era la persona menos habladora que conocía.

-Y tú hablas demasiado.

-¿Crees que soy bonita? – soltó sin más la chica haciéndolo abrir los ojos con sorpresa. ¿Qué clase de pregunta es esa? – Vamos, dilo. Sé que soy muy bonita.

-¿Entonces solo quieres que te adulen? No tengo tiempo para tonterías.

Luego de esto, Anastasia no emitió sonido alguno. Unos minutos más tarde, el pelinegro notó que estaba profundamente dormida. ¡Al fin! Decidió él también descansar un poco, se sentía agotado ya que esa mujer le robaba toda su energía. Antes de recostarse en el sillón de la habitación, miró de reojo a la chica. Maldición, si se le antojaba atractiva y lo peor de todo era que a Rashomon también le gustaba. Debía controlar a su habilidad ya que por lo visto a ésta le gustaba estar en contacto con la suave piel de la fémina.

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En lo profundo de las cloacas, se oían golpes y el cemento desbaratándose. Rasputín estaba molesto, muy molesto. Cómo osaba su amada a rechazarlo de esa forma, menos frente a esos insectos. Y lo peor de todo, lo que más lo martirizaba fue la forma en que su querida Anastasia miró a ese hombre de abrigo negro. ¡Le suplicaba su ayuda! ¡Lo abrazó antes de que se la llevaran!

No se lo perdonaría. La encerraría hasta el fin de los tiempos si era necesario. Fyódor había roto su promesa, él fue quien la ocultó al darle ese brazalete. Pero reclamaría lo que era suyo, se la arrebataría de las manos a eso niñato.

-¡Busquen en toda la ciudad! – ordenó mientras creaba a unos seres con su habilidad – Encuéntrenla y tráiganla ante mí. Destruiré esta ciudad si es necesario. – finalizó con furia.

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Despertó cerca del mediodía. Buscó en su habitación al pelinegro, pero este no estaba. En su lugar, una bandeja con comida la esperaba. A pesar de no saber qué comida era esa, olía delicioso. Comió y justo al terminar de cambiarse, la habitación fue interrumpida por Higuchi.

-¡Oye tú! El jefe quiere verte, vamos. – ordenó la rubia con hostilidad al notar que el brazalete efectivamente era el que su senpai tenía.

-¿Dónde está Akutagawa?

Higuchi se detuvo al escuchar la pregunta. ¿Por qué esa mujer hablaba de Akutagawa -senpai con tanta confianza?

-Regresará más tarde.

-Ya veo. – mencionó la chica sin interés.

-Escucha princesa, quizá no lo sepas, pero Akutagawa-senpai y yo estamos prácticamente juntos. Solo marco mi territorio. – advirtió la rubia dispuesta a proteger a su superior de esa peligrosa mujer. Al ser hermana de ese demonio ruso debía hacer todo lo posible por distanciarla de la mafia o ésta terminaría convirtiéndolos en el blanco favorito de Fyódor.

-Te felicito. – dijo sin más Anastasia.

Wow, lo último que necesitaba era a una loca celosa que le hiciera cuadritos la vida mientras Bruno se recuperaba. Hablaría con el jefe y solicitaría un cambio en su protector.

Higuchi la guío hasta la sección médica. Una vez ahí, Mori Ougai la recibió indicándole, para su alegría, que Bruno había despertado.

-Si gusta hablar con él, deberán ser unos minutos. Debe descansar. – sugirió el jefe y líder.

-¡Realmente le agradezco mucho! La doctora Yosano tenía razón. – finalizó mientras entraba a la habitación.

Mori se quedó al otro lado y sin que la duquesa se diera cuenta, encendió un micrófono para así poder escuchar la conversación entre ambas personas. La experiencia le había enseñado que siempre debía tener vigilado a sus enemigos.

Anastasia se acercó con cuidado a la cama, notando que Bruno estaba despierto.

-D-Duquesa…cuanto lo siento.

-Shhh…no te preocupes Bruno. – dijo mientras se acercaba y tomaba la mano del mayor.

-¿Ha estado en peligro? ¿La han maltratado?

-No, estoy muy bien. Me han tratado, aceptablemente. – sonrió. Sin embargo, de inmediato borró su sonrisa. Sabía que Bruno estaba convaleciente aún, pero necesitaba con urgencia saber algo más de Rasputín. – Bruno tú…¿recuerdas al consejero de mi padre, Rasputín?

El jefe de la mafia agudizó su oído.

-Usted no debe mencionar ese nombre duquesa. – reprendió el mayor. - ¡Nunca!

-Bruno, él vino a esta ciudad e intentó atraparme. Dijo que había venido por mí, que me amaba y que mi hermano era un traidor. ¡Quiero saber qué sucede! ¿Por qué me sigue?

-Ese hombre es una amenaza para usted, duquesa. Yo…le prometí a su padre que haría lo posible por jamás recordárselo, pero es tarde. – Bruno suspiró, era momento de revelarle la verdad detrás de Rasputín a la duquesa.

Rusia 16 años atrás.

El duque y la duquesa Dostoyevski recibían con alegría a su hija; la pequeña duquesa Anastasia y hermana menor del pequeño Fyódor de tan solo tres años. La pequeña era adorable, con piel blanca como la nieve y ojos violeta, todos estaban maravillados con ella. Sin embargo, ambos padres decidieron mantenerla bajo estricta vigilancia debido a que rumores recientes evidenciaban la presencia de un pedófilo en la zona del castillo. Tanto Fyódor como la niña tenían la presencia de su madre y varios soldados que los resguardaban.

Rasputín era un hombre de avanzada edad que fungía como consejero del duque desde hacía más de dos generaciones. Era un hombre con poder entre los sirvientes, pero también era el único al que le estaba permitido acercarse a la duquesa y los niños.

El primer contacto que tuvo con la bebé, fue durante la primavera mientras la duquesa tomaba el sol con ambos pequeños. Se había acercado a ambos niños quedando maravillado con ellos. Eran preciosos, bellos, hermosos…En cuanto hizo a tocar a la niña, la duquesa la apartó, alegando que quería evitar que la pequeña estuviera en contacto con bacterias.

Luego de ese primer acercamiento, el viejo quedó maravillado con ambos niños. Intentó en múltiples ocasiones acercarse a ambos sin éxito, hasta que un día, cuando la duquesa cumplió siete años, la encontró jugando en uno de los jardines junto a su hermano mayor. Engañó a los guardias haciendo que éstos se dirigieran a otro lugar y aprovechó para acercarse a ambos niños, especialmente a la dulce pequeña.

Su sombra tenebrosa la rodeó, pero en cuanto la tomó en sus brazos el estridente grito del pequeño Fiódor alertó a los guardias. El niño dijo a sus padres que Rasputín había intentado secuestrar a su hermana y llevársela e incluso acusó que el pedófilo en serie era él.

Finalmente, el Duque ordenó la ejecución de su ex consejero, pero éste antes de su ejecución desapareció; juró venganza contra la familia y que vendría por ellos.

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Anastasia estaba perpleja luego de escuchar el relato. Todo eso que Bruno le contaba le parecía un absurdo; ella estaba segura de nunca haber sido tocada por Rasputín durante su infancia. Apenas y si tenía una noción de su persona luego de haber visto una pintura en la mansión.

-B-Bruno…yo no recuerdo nada de eso.

-Su padre. Recuerde duquesa que la habilidad de su padre consistía en borrar las memorias. Él temió por su salud mental, así que borró todo recuerdo de Rasputín.

Dios…realmente se sentía abrumada. Sin embargo, a pesar de todo sentía como si algo faltara en esa situación.

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Capítulo 8 ¡up!

Si, ya sé que tengo demasiado de no actualizar y lo siento T-T

No saben lo duro que se han puesto mis estudios desde la última vez…Sin embargo, aquí está.