Capítulo 9

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Al terminar de conversar con Bruno decidió dejarlo descansar un poco más. El adulto se notaba visiblemente cansado por la recuperación y entre más estuviera despierto, menos descansaría y su estancia en el país nipones se alargaría.

Salió y fue guiada por el líder nuevamente a su habitación, por lo que en el transcurso del trayecto aprovechó para solicitarle el cambio en su protector.

-Jefe, hay algo que quiero pedirle.

-Soy todos oídos. – respondió el pelinegro acomodándose su cabello.

-Quiero que otra persona se ocupe de mi protección. – pidió firme.

Mori Ougai se sorprendió. Akutagawa – aunque algo rebelde – era uno de sus subordinados más fuertes, no imaginaba a nadie mejor para custodiar a su as.

-¿Está inconforme con Akutagawa-kun?

-No es eso. Simplemente que no quiero verme involucrada en situaciones sentimentales a las que soy absolutamente ajenas.

-Veré que puedo hacer. – contestó el pelinegro no comprendiendo mucho a qué se refería la joven. Debía hablar con su subordinado, ya que él mismo había prohibido las relaciones sentimentales en su organización, por lo que estaba desubicado.

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De nuevo en su habitación, se dedicó a revisar los documentos diarios. Con Bruno incapacitado, debía encargarse de las órdenes que su embajada le enviaba, más ahora que se encontraba en un país extranjero. Afortunadamente no había nada relevante, o bueno, nada hasta que llegó a un documento en particular.

Con intriga lo abrió y leyó detenidamente en su idioma natal:

-"Estimada duquesa Dostoyevski, le saluda el embajador ruso en Japón. Hemos sido contactados por el gobierno japonés e informados acerca de su estadía en la cárcel donde se encuentra recluido su hermano. Dado que es de nuestro conocimiento que su persona está al tanto de los crímenes perpetrados por el duque, solicitamos de su presencia en una cena benéfica a fin de resguardar la reputación de nuestra querida Rusia y evitar roces a raíz de los eventos terroristas.

Esta se realizará la próxima semana en fecha jueves a las 8 pm. Esperamos contar con su presencia y de paso, nos ilustre con algún discurso."

¡¿Qué?! ¿La otra semana? ¿Iba a tener que quedarse más tiempo? Esto no podía estarle pasando a ella. Quería volver a su país pronto y olvidarse de todo.

Akutagawa caminaba por los pasillos de la Port Mafia rodeado de una completa aura asesina al punto en que la mayoría de empleados que se topaban con él huían. La razón de su enojo se debía a que recibió una reprimenda de su Jefe alegando que éste se encontraba en una estúpida relación sentimental con alguien de la organización – lo cual no era cierto – sino que además, le indicó que la princesita solicitó a otra persona para su resguardo. Iban a rodar cabezas en cuanto encontrara a la persona que había dicho tal calumnia en su contra. Tuvo que indicarle al Jefe que todo se trataba de un malentendido y que solucionaría la situación de inmediato.

Así que, sin más, se dirigió a la habitación de la chica con ganas de partirla en mil pedazos. Al abrir la puerta con brusquedad, la encontró hablando en ruso y haciendo quejas que parecía indicar reclamo. Con su habilidad la tomó por la mano y le jaló hasta su posición.

-¿De dónde sacaste que estoy en una maldita relación sentimental?- increpó con molestia el pelinegro.

-¡Auch! ¡Suéltame primero! – se quejó la joven mientras empujaba al chico con un campo de fuerza. - ¿Qué rayos te pasa?

-Eso que dijiste no es cierto. – reclamó Akutagawa.

-¿Y por qué eso es mi culpa? La chica de cabello rubio vino aquí y me dijo que ustedes estaban juntos. Incluso me advirtió que estaba "marcando su territorio". Solicité el cambio porque no voy a verme involucrada en problemas amorosos. Soy una figura pública entiendes, no puedo estar en escándalos.

Akutagawa analizó la información. ¿Chica de cabello rubio? ¡Higuchi!

-¡Voy a matar a Higuchi! – exclamó con molestia el joven.

Anastasia al escucharlo se alertó. Ok, no sabía qué estaba sucediendo, pero definitivamente no iba a permitir que se cometiera un crimen; más si solo se trataba de algún malentendido.

-¡Espera! – interrumpió la salida de Akutagawa bloqueando la puerta con su cuerpo. – No puedes hacer eso.

-Es mi subordinada, hago lo que me plazca. – respondió de mala gana.

-No puedes matarla. Mira…si solo fue un error, hay que olvidarlo. Continúa siendo mi protector y listo, problema resuelto. – sugirió Anastasia para evitar que la sangre corriera. Ella no podía juzgar el corazón de una joven enamorada.

-Higuchi debe entender las consecuencias de sus actos. Más si eso me perjudica. – Akutagawa tomó a Anastasia de los hombros y la apartó dispuesto a retirarse, por lo que la joven lo encerró en un campo de fuerza.

El pelinegro utilizó su poder dándose cuenta que, por mucho que intentara no podía partir el campo. ¡Rayos! Esa habilidad solo la tenía cuando se unía con el Tigre.

-Si quieres hablar con ella, está bien. Pero no en ese estado, puedes hacerle daño.

Condenada mujer. Higuchi debía agradecer que viviría un día más gracias a ella, porque de su parte, el castigo que le estaba preparando lo recordaría para toda la vida.

-Entonces camina. – ordenó Akutagawa con autoridad.

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Higuchi se encontraba terminado un papeleo en su oficina. Sentía su cabeza hervir ya que su conciencia le repetía una y otra vez que no debió decirle aquello a la princesa de pacotilla. ¡Pero es que había caído presa de los celos! Akutagawa-senpai siempre estaba cerca de esa mujer y lo peor de todo es que le entregó esa hermosa pulsera. Si tan solo ella tuviera esa dicha…

-¡Higuchi!

El tétrico llamado de su superior la hizo incorporarse como si de un resorte se tratara. Era Akutagawa – senpai. Se notaba molesto y venía acompañado de la mujer rusa.

-Senpai, ¿qué lo trae por aquí? – en cuanto hizo su pregunta solo observó como el Rashomon de su superior se dirigía hacia ella y a la vez, un escudo invisible la protegía del mortal ataque quedando perpleja.

-¡Te dije que no podías hacerle daño! – intervino Anastasia molesta sin bajar su barrera.

-Si vuelves a decir a que tú y yo estamos emparejados te mataré. ¿Entendiste Higuchi?

La voz molesta y autoritaria la intimidó. Akutagawa – senpai había sido duro con ella, pero nunca la había intentado matar. De no ser por esa chica ella…

En cuanto el pelinegro se retiró, Anastasia se acercó a la joven. Por la impresión Higuchi había caído al suelo y justo ahora se encontraba cubriendo su rostro. Le dolía mucho…

Anastasia al notar el estado de la joven, trató de ayudarla a incorporarse, pero de inmediato sintió el rechazo de la rubia.

-Disculpa…-trató de hablar la pelinegra. – Mis más sinceras disculpas, señorita, no creí que esto causara un problema.

-¡Pues lo causó! – interrumpió la rubia con enojo. Ahora su preciado senpai estaba enojado con ella.

-S-Si hay algo que pueda hacer para compensar…

-No digas tonterías. Tú y yo no somos amigas. Déjame en paz.

Anastasia prefirió darle su espacio a la mujer. Por lo visto no estaba en las mejores condiciones, así que debía retirarse. Aunque…ahora que lo pensaba ¿por qué fue ella quien se disculpó? La señorita Higuchi fue quien creó la mentira, ella fue una víctima nada más.

Bufando se retiró, necesitaba ver que haría con el dichoso tema de la fiesta.

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Por la tarde, el pelinegro fue arrastrado a una enorme tienda departamental de ropa cara. No entendía qué rayos hacían ahí; con un vestido de esos comerían por un año, las personas ricas eran unas completas inconscientes.

-Oi, ¿qué hacemos aquí? – preguntó incómodo ante las miradas indiscretas de las mujeres que se encontraban en la tienda.

-El consulado ruso en Japón me dijo que debía asistir a una fiesta de gala. Bruno está mal, así que debo encargarme yo y solicitar un vestido. En esta tienda puedo pedir a estilistas y maquilladores de mi país.

Akatagawa observó a la joven presentarse de una manera formal como "La Duquesa Anastasia de Rusia"; acto seguido, solicitó un catálogo de vestidos que valían un órgano del cuerpo, y entre otras cosas, incluyó joyería.

-¿Qué no tienes suficiente ropa? – preguntó el pelinegro recordando la enorme cantidad de ropa que la chica tenía en su habitación.

-En primer lugar, una chica jamás tendrá suficiente ropa. Y en segundo lugar, es una actividad especial, no tengo mis vestidos aquí, no pensé que iba a necesitarlos.

-Qué tontería.

-D-Disculpe duquesa, nos hemos comunicado con su estilista, dijo que llegará antes de la actividad. – habló una mujer que atendía la tienda. Esta se encontraba cohibida por la presencia del chico apuesto que la acompañaba.

-Entendido, muchas gracias. – respondió Anastasia dejando ver la exquisita educación que le inculcaron.

-¿Hubo algún vestido que le haya gustado?

-Sí, éste me parece perfecto – Anastasia pronto le señaló un vestido azul marino con un escote discreto, pero a la vez sexi, y tela de encaje liso en sus hombros. – En cuanto a joyería, estos pendientes y este collar.

-Está usted de suerte, duquesa, justo hoy nos llegó el vestido, ¿gusta probárselo?

-¿Eh? Sí, claro. Respondió la chica siguiendo a la mujer. Ésta la llevó hasta un probador donde pudo cambiarse.

Akutagawa por su parte esperaba afuera del probador. Se sentía aburrido y harto, odiaba estas cosas con toda su alma. Gin era quien se encargaba de comprarle la ropa. Unos minutos más tarde – que le parecieron eternos, dicho sea de paso – la joven salió del probador. Akutagawa se quedó embelesado mirando a la joven que lucía espectacular. El vestido era precioso y le quedaba a la medida, tenía unos delicados guantes en tono celeste claro y, como toque final, la espalda quedaba totalmente al descubierto.

-¿Crees que me veo bien? – preguntó Anastasia sacándolo de sus pensamientos.

-S-Si. – respondió el pelinegro desviando la mirada. De pronto empezó a sentirse acalorado.

-Es perfecto señorita, me lo llevo. – pidió la joven volviendo al probador.

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Al terminar las dichosas compras, Akutagawa llevó a la chica a un restaurante para que cenara. En la Port Mafia no todos los días había cocineros, así que debía asegurarse de que comiera. Entraron y le pidió a Anastasia que ocultara la prenda y las joyas, quería evitar en la medida de lo posible llamar la atención.

El mesero los guio hasta una discreta mesa y una vez ahí, se dispusieron a ordenar.

-Vaya, vaya. De verdad empiezo a cuestionarme si no están saliendo ustedes dos.

La presencia de Dazai, quién era acompañado de Atsushi, hizo brincar al Akutagawa mayor. De todas las personas en el mundo, por qué se topaba a su maestro justo ahí cuando estaba con la mujer.

-Dazai-san…

-No, no lo estamos. Y no debemos darle explicaciones. – dijo Anastasia con tono amargo.

-Alguien sigue molesta aún. – de inmediato la pelinegra lo miró de mala manera.

-Dazai-san, no arme un escándalo, por favor. – pidió el peliblanco suplicando porque aquello no se tornara una batalla campal. El hecho de que su "compañero" estuviera ahí, ya le generaba bastante estrés.

-Tienes razón, Atsushi-kun, lo siento mucho. – se disculpó el castaño con una sonrisa. - ¿Qué tal si cenamos juntos?

Al final, el castaño hizo lo que se le antojó y terminaron los cuatro sentados en una misma mesa. Atsushi quería que la tierra se lo tragase. La duquesa se encontraba fulminando con la mirada a Dazai-san y Akutagawa parecía querer cortarle la cabeza a él.

-Y dime, Anastasia…¿cómo te ha tratado Akutagawa? – esta vez, el castaño solo apoyo su cabeza en ambas manos.

La pelinegra, ante tan extraña pregunta, contestó dudosa:

-B-Bien, supongo. Hace su trabajo de forma eficiente. – contestó la chica con profesionalismo.

-Ya veo, eso es genial. ¿Te digo algo? Akutagawa y Atsushi son un gran equipo.

Los aludidos desviaron la mirada con incomodidad. Akutagawa no quería que lo relacionaran públicamente con el Tigre y resulta que Dazai-san lo ventilaba por todos lados.

-Yo soy Atsushi.- se presentó el peliblanco con vergüenza. – E-Es un placer. Yo nunca había conocido a una duquesa.

Anastasia sonrió, ese chico era muy tierno y si mal no recordaba, en la ocasión en que se topó con la agencia en el festival, él estaba junto a una jovencita de coletas muy linda.

-El placer es mío, soy Anastasia. – devolvió el saludo. La verdad es que ese jovencito – que parecía ser menor que ella – se notaba amable. Hasta cierto punto le recordaba en a la hija de Bruno.

-Atsushi-kun, Akutagawa – kun, ¿qué tal si ustedes dos van por unas bebidas mientras traen la cena? – sugirió Dazai.

A la duquesa le llamó la atención la sugerencia, principalmente porque ese tal Dazai siempre buscaba momentos estratégicos para averiguar cosas; era probable que este fuera una de ellos.

En cuanto el par de varones se retiró, el castaño miró de forma penetrante a la joven:

-Con esa mirada que tiene, estoy empezando a cuestionarme si verlos aquí fue una casualidad. – tomó la palabra la pelinegra.

-¡Adivinas de nuevo! No fue una casualidad, pero necesitaba hablar contigo. – comentó el castaño con seriedad.

-¿Qué quiere saber?

-Dos cosas en particular. Primero, ¿has sabido algo de Rasputín? Y segundo, ¿cómo va tu relación con Akutagawa?

¿Otra vez con eso? ¿Qué le sucedía a ese loco?

-Primero…- copio la chica. – Aparentemente Rasputín era la persona que trabajaba para mi padre. Ordenaron su ejecución debido a que intentó tocarme cuando era niña. Juró vengarse de mi familia desde eso. Segundo, Akutagawa y yo no tenemos ninguna "relación". Él me protege, es todo. Por lo que veo usted busca que entre él y yo exista una especie de relación sentimental, pero lo informo que eso no sucederá. Solo es algo profesional y temporal.

-¿Estás totalmente segura? – cuestionó el castaño mirándola con burla.

Anastasia empezó a sentirse realmente molesta.

-¡Ya déjeme en paz!

-Mi intención no es molestarla duquesa. Es solo que…he estado presintiendo que algo ocurrirá y me he emocionado por eso.

-Pues dirija su emoción por otro lado. – resopló indignada.

-¿Puedo darle una recomendación? – Anastasia lo miró con interés. – Si en algún momento se encuentra indecisa sobre elegir a su hermano o a alguien de la Agencia y/o Mafia, tome su bando. Tanto su hermano como nosotros sabemos cuidarnos, no moriremos tan fácilmente. Usted es ajena a nuestro conflicto y espero que permanezca de ese modo por el bien de ambos bandos.

La chica lo miró sin entender. ¿A qué se refería ese hombre al decirle aquello?

Sus pensamientos fueron interrumpidos por los dos jóvenes que traían las bebidas y a su vez, los meseros que dejaron los alimentos en la mesa. Una botella en particular llamó la atención de los presentes, era Vodka.

-¿Y esto? – Preguntó Atsushi, él aún era menor de edad, no podría beber.

-Es para la duquesa, un regalo de mi parte. Espero que lo tome como una disculpa por el incidente en el festival. ¿Bebe? – preguntó Dazai sonriendo inocentemente.

-Soy de la tierra del Vodka, por supuesto que lo haré. – respondió la chica con altanería, a lo que el pelinegro sonrió.

Cerca de veinte shots más tardes, el castaño hablaba en un lenguaje ininteligible, sus mejillas estaban sonrosadas y apenas si se mantenía en pie.

-¿Estás bien? – preguntó el pelinegro con preocupación. Ella llegó a tomar incluso más que su maestro.

-Un poco mareada, pero perfectamente. Tengo muy buen aguante.

-Creo que será mejor retirarnos. Dazai-san no está en condiciones.

-Espero que puedas hacer eso bien, Jinko. – regañó Akutagawa.

-Claro que puedo. – se quejó el albino.

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Al final entre tanta bebida se atrasaron más de lo que pensó, por lo que optó por tomar un camino diferente. Anastasia miró con curiosidad la vivienda ubicada juntos al puerto. Era bastante linda y acogedora.

-¿Dónde estamos?

-En mi casa. – respondió el pelinegro abriendo la puerta.

De inmediato, Gin los recibió. La chica se asombró por ver a la jovencita en su casa mientras era acompañada por su hermano.

-¡Bienvenidos! – saludó con su dulce voz.

-Ya estoy en casa.

-Hola, Gin. – saludó Anastasia algo apenada. Estar en casas ajenas siempre le resultó incómodo; apenas y si lograba acostumbrarse cuando visitaba a la familia de Bruno.

-Esta noche nos quedaremos aquí. Ya cenamos, así que descuida. – informó el pelinegro adentrándose en la vivienda.

-Ya veo. Acondicionaré mi habitación, mientras puedes darte un baño. – sugirió amablemente la asesina.

-Y-Yo no traje cambio de ropa…

-Dormirá en mi habitación, Gin. Encárgate de prestarle ropa. – ordenó Akutagawa mientras subía velozmente a verificar que nada estuviera en desorden. Él era una persona muy ordenada, pero cuando hay visitas es algo que igualmente debe revisarse.

La Akutagawa menor llevó a la duquesa hacia su habitación con el fin de encontrar algún vestuario que fuera de su talla. Al final, encontró una bata que nunca usó debido a que era muy exótica para su gusto.

-El baño está listo, adelante.

En la tina, Anastasia se aseaba con delicadeza. En su cabeza no dejaba de rondar una y otra vez las palabras de ese loco llamado Dazai. La llamó "ajena" …esa palabra su hermano solía decírsela muy a menudo cuando ella le preguntaba qué hacía en su habitación. Ese hombre le recordaba mucho a su hermano, tenían un aura similar, solo que su hermano era más aterrador.

Cuando terminó de asearse, el pelinegro la esperaba en la puerta. Vestía una camisa blanca de cuello V y unos pantalones flojos de color negro. Akutagawa tenía estilo incluso para dormir. La guio hasta la habitación masculina y una vez ahí, le proporcionó mantas y almohadas.

-No es un hotel cinco estrellas, pero dormirás bien. – ante el comentario la chica lo miró de mala manera.

-Es perfecto, muchas gracias. – respondió enojada. - ¿Y tú dónde dormirás?

-Abajo. – respondió secamente. – La ventana está cerrada porque la brisa marina me sofoca, pero puedes abrirla si sientes calor.

- ¿Por qué vives cerca del mar si te hace daño?

-A Gin le agrada el lugar.

Dicho esto, el pelinegro se retiró dejándola nuevamente sola.

Recorrió la habitación curiosa. Nunca había estado en la habitación de un hombre, por lo que ver la forma en que esta estaba ordenada le llamaba la atención. Hasta cierto punto disfrutaba mucho su estadía; Gin era una dulzura y su hermano…bueno, al menos era respetuoso. Se acostó en la cama, sintiendo en sus fosas nasales el olor del pelinegro. Sonrió inconscientemente, le gustaba mucho…

"Si en algún momento se encuentra indecisa sobre elegir a su hermano o a alguien de la Agencia y/o Mafia, tome su bando."

Las palabras de Dazai la trajeron de vuelta a la realidad. Ella no estaba sintiendo nada por ese chico.

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Capítulo 9 ¡up!

Estoy muy emocionada de poder continuar la historia.

Con todo y todo, siempre he creído que Akutagawa como hermano es un sol.