Capítulo 11.
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Fukuzawa leyó la información que venía en el sobre. El resto de la agencia únicamente observaba con atención el generoso fajo de billetes que el presidente colocó en la mesa. A su criterio, le parecía indignante aceptar encargos de esa institución denigrante, pero sabía por mano de Dazai que un posible evento ocurriría y que ellos necesitarían en algún punto la ayuda de la mafia, por lo que no tuvo más opción. La solicitud fue escueta: "Averigua de Fýodor la información acerca de la muerte de los duques rusos y cuál es la conexión con Rasputín".
-¿Eso es todo? – preguntó Rampo - ¿No desea que le resuelva el caso de una vez por todas? – Increíble que, en tan solo dos líneas, el jefe de la mafia les ordenaba resolver el caso prácticamente.
-Sabes perfectamente que esto quiere decir que Mori- san sabe algo que nosotros desconocemos. Es probable que solo quiera corroborar información. – mencionó el presidente sereno. No se equivocaba, conocía a su ex compañero demasiado bien, desgraciadamente esto le permitía intuir hasta cierto punto las acciones que el líder de la mafia planeaba.
Desde el incidente con Mobi Dick, ambos entendieron que en los momentos de verdadera crisis tanto la Agencia como la Mafia podían convertirse en fuertes aliados, y por lo visto este caso parecía no ser la excepción.
Al final optó por mandar a Dazai en compañía de Kunikida. Sabía que el castaño era el indicado para la misión debido a la similitud que tenía con el joven ruso.
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Anastasia se encontraba con Bruno. El mayor estaba a punto de recuperarse afortunadamente y la herida en su cuello ya asemejaba más una cicatriz. Cada vez que lo veía con esas vendas el recuerdo de la sangre brotando acompañada de la silueta de Akutagawa le causaba escalofríos. Akutagawa eran alguien peligroso, la mafia en sí era peligrosa, sin embargo, ella la encontraba extrañamente cómoda.
-Bruno, me alegra mucho que estén recuperándote. – comentó con alegría. Al fondo Mori Ougai y Akutagawa presenciaban atentos la conversación.
-Le agradezco señorita. Espero pronto volver a su lado.
-No digas eso. Lo único que debe motivarte es que pronto regresaremos a Rusia y esto solo será un mal recuerdo; es todo.
Las palabras de la joven calaron hondo en su pecho. Cierto, la duquesa rusa anhelaba volver a su país natal, no quería por ningún motivo quedarse en japón o con él. Akutagawa se cuestionó si realmente él estaba sintiendo algún sentimiento por esa jovencita ricachona. Tan arrogante, tan ingenua de la pobreza, tan encerrada en una burbuja ajena a la realidad que ahora que le explotaba en la cara temblaba como una hoja de papel y se aferraba a su cuello; al cuello de un asesino en busca de protección.
Luego de la pequeña charla, la joven salió de la habitación y con rostro serio tomó la palabra:
-Necesito hablar con mi hermano.
-¿Cree usted que eso será algo beneficioso para la mafia? – preguntó interesado el líder mientras continuaba mirando al paciente por la ventana.
-Es probable. – contestó la chica.
El doctor sonrió sínicamente; si las cosas iban a ser tan interesantes, lo mejor sería optar por que la chiquilla fuese quien extrajese la información que necesitaba. Ya después le pediría a Fukuzawa que se la enviara de forma detallada.
-Akutagawa-kun, ve con ella. Consigue que Dazai le otorgue permiso para que hable con su hermano.
-¡Sí señor! – contestó el pelinegro. Con una inclinación de respeto, ambos jóvenes dejaron la enfermería.
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Cuando llegaron al centro penitenciario, Dazai-san los esperaba con una sonrisa, mientras que a su lado los dos hombres de lentes solo los miraban con fastidio.
-Vaya, al fin llegaron. – saludó el maniaco suicida.
-Pensé que solo la Agencia tendría esta misión. – murmuró Kunikida al oído del castaño un poco extrañado por el repentino cambio de planes.
-Yo…solo vine a hablar con mi hermano, es todo.
-Venga por aquí. Los demás deberán quedarse al otro lado de la habitación. – ordenó Ango mientras los guiaba nuevamente por las oscuras celdas.
Antes de entrar a la habitación en la que permanecía su hermano, respiró profundamente en un intento de calmarse. Lo que quería preguntarle, lo que quería sacar de su pecho, era probable que le doliera la respuesta, pero ya estaba cansada de sentirse acosada por el infeliz ese. No iba a irse de ahí hasta saber la verdad.
El sonido chirriante de la puerta lo alertó. Percibió una presencia al otro lado del trozo metálico; sus entrañas se revolvieron de la emoción ante la probable presencia de un contrincante al cual torturar nuevamente. Sin embargo, para su decepción quien entró fue su hermanita. Esta vez venía sola. Anastasia ingresó y con paciencia se sentó en la silla que había frente a la cama en la cual su hermano se sentaba.
-Anastasia…- comentó el demonio con molestia. - ¿Dónde está Bruno? ¿Por qué no has vuelto a Rusia?
-Él está incapacitado…sufrió un desafortunado accidente, pero está mejor ya. – respondió la chica mirando a la mesa. – Yo volveré a Rusia en 2 semanas.
-Tal parece que no te están cuidando bien…Sabía que esperaba demasiado de esos incompetentes…
-¡Fýodor! – la pelinegra interrumpió la inminente queja de su hermano. Esta vez, lo miraba con un deje de tristeza en los ojos. – Conocí a Rasputín.
Ante la afirmación, el rostro masculino se tensó.
Al otro lado de la habitación, Dazai observaba la conversación con una sonrisa en el rostro. Pocas veces se está frente a una ventaja tan evidente cuando se trata del líder de las ratas y por lo visto, ese día se iría de la prisión sabiendo la verdad detrás de esos curiosos hermanos.
-¿Hablaste con él? – preguntó serio el ruso.
- Así es. Él me dijo varias cosas interesantes. Sin embargo, estoy dudosa de creerle o no. Es por eso que vine a verte…- Anastasia se levantó de la silla y se acercó directamente a la cama. Tomó a Fyódor de las manos atadas y nuevamente habló: - Sé que tú eres el único que no me mentiría, hermano. No puede creerle a ese sucio hombre.
-Ahhh ~ mi adorado angelito…- exclamó el ruso mientras correspondía a la caricia. – Podré ser muchas cosas, pero definitivamente no será el hombre que destruya tu felicidad.
-La destruyes con tu indiferencia, hermano. Cada vez que me ocultas cosas yo…siento que una parte de mí se quiebra.
Luego de un momento de silencio en el que Fyódor valoró si realmente su hermana hablaba desde su corazón o simplemente estaba siendo manipulada por su rival, habló:
-Rasputín fue el causante del incendio en el murieron nuestros padres. – reveló haciendo que Anastasia ensanchara los ojos – Estaba consumido por la venganza y la ira luego de que nuestro padre lo echara de la mansión, así que optó por asesinarlos vilmente. - Una solitaria lágrima adornó el rostro femenino. Así que él era el asesino de sus padres… Ahora entiendes por qué quiero alejarte, la razón por la que te mantuve oculta todo este tiempo fue para evitar que nos alcanzara a nosotros también. En ese momento no tenía el poder para protegerte, pero ahora sí.
-En el incendio…las autoridades dijeron que papá y mamá no pudieron salir porque todas las puertas, ventanas y salidas estaban bloqueadas; pero…tú me sacaste por la puerta trasera Fyódor. – al decir esto, la joven se alejó lentamente del pelinegro y lo miró con seriedad. – Esa puerta…fuiste tú quien la cerraste. - El ambiente se volvió pesado y tenso, la respiración de un momento a otro se le dificultaba y las palabras se quedaban atoradas en su garganta.
-¿Qué insinúas Anastasia? – preguntó mientras se levantaba de la cama y se acercaba a la joven.
-Esa noche tu me sacaste antes de que empezara el incendio y cerraste la puerta. Me dijiste que querías mostrarme algo, pero solo fuimos al lago y te sentaste a ver la mansión quemarse. Tú sabías que Rasputín…
Antes de que terminara de hablar, el ruso golpeó la silla lanzándola hacia la pared y continuó acercándose de forma asechadora a su familiar. Al otro lado del vidrio, Akutagawa se tensaba ante la posibilidad de que ese demonio hiriera a la joven. Dazai, sintiendo la energía que emanaba del cuerpo de su pupilo decidió calmarlo en silencio.
-¿Yo? ¿Crees que haría algo así? ¡Anastasia me asustas! ¿Qué te ha metido en la cabeza ese mentiroso? – se quejaba el pelinegro teatralmente.
-¡El te llamó traidor! Dijo que tú faltaste a tu promesa. – exclamó Anastasia exasperada ante el actuar falso de su hermano. - ¡¿Qué hiciste?! ¡Dime qué hiciste! – exigió la pelinegra mientras lo tomaba con fuerza de la camisa.
-Yo te ofrecí a él a cambio de un libro que necesitaba. – susurró Fyódor al oído de la joven dejándola perpleja. - ¡Pero no hay de qué preocuparse! Jamás podría entregarte a nadie…- se alejó mientras en el vidrio se acercaba quedando justo al frente de Akutagawa – Jamás podría entregarte a nadie, Anastasia… - era una amenaza muda a la cual el pelinegro solo se mantuvo firme. Aquello había sido una crueldad hacia alguien como ella. – Y como no pude entregarte, le ofrecí la vida de nuestros padres. Lo manipulé una y otra vez para hacerle creer que todas mis actitudes se debían a padre y madre.
Anastasia sentía que el mundo le caía encima. Su vista estaba perdida, su respiración era pesada y una rabia en su interior crecía como lava. Mientras escuchaba a su hermano hablar, la voz ruidosa y las carcajadas se le hacían insoportables. Quería que se callara, quería que dijera que aquello era una broma. Lágrimas y más lágrimas caían por sus bellos ojos…
De un momento a otro, un temblor se sintió el piso. El grupo de varones que se encontraba al otro lado fue testigo de la energía negra que brotó de la joven y acto seguido, vieron a Fyódor elevarse en el aire y ser asfixiado por esa misma energía que brotaba de ella. Dazai nunca en su vida vio una habilidad especial como esa. Era totalmente distinta a la que pudo notar esa vez en la rueda. Se sentía tan siniestra como la habilidad de ese demonio.
-Debemos hacer que se detenga. – las palabras de Ango lo devolvieron a la realidad. Era cierto, debían detenerla o de lo contrario mataría a Fyódor quien no paraba de gritar ante lo que parecía un dolor incesante.
-¡Akutagawa, vamos! – ordenó el castaño.
Cuando entraron, la habitación era un caos. Esa energía oscura se estaba comiendo todo el espacio, por lo que era difícil acercarse a su causante. Con ayuda de la habilidad de Akutagawa se acercó lo suficiente para tocar a la joven y con mucho esfuerzo logró cancelar su habilidad.
Cuando todo se detuvo, ambos hermanos cayeron al suelo inconscientes. Akutagawa tomó a la chica y se la llevó de devuelta a la Mafia. Ya tenían la información que necesitaban por lo que su presencia era innecesaria.
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Horas más tarde se despertó en una habitación que se le hacía familiar. Estaba en la mafia. Se levantó con dificultad sintiendo el peso de los recuerdos caer a su mente. Eran como balas hirientes que se incrustaban en su pecho. Empezó a llorar desconsoladamente al sentirse traicionada por la persona que más quería en el mundo. Su hermano, su propio hermano la había entregado a cambio de un estúpido libro…La apostó como si fuera un objeto y lo peor de todo es que por su culpa sus padres perecieron.
Akutagawa se detuvo al oír el llanto desgarrador de la joven. Si Anastasia se sentía herida él no era la mejor opción para consolarla. Buscaría a su guardaespaldas.
Luego de un rato, Bruno ingresó a la habitación. Todo lo que le contó su señorita le cayó como un balde de agua fría. No podía creer que el amo Fyódor hiciera una canallada como esa. Unas horas después, en las que escuchó y esperó atentamente a que su ama se desahogara, le dio un té para dormir y optó por quedarse a descansar a su lado para guardar su sueño.
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Nuevamente se levantó con pesar. Miró el reloj, dos de la mañana. Notó a Bruno dormido en su silla a lo que sonrió con pesadez. Aún conservaba su vestimenta del día, por lo que decidió cambiarse a una bata corta de tirantes y una bata transparente para cubrirse del frío. No le importaba que fuera de madrugada o que andar por la Mafia podría implicar que la asesinaran – de hacerlo le harían un favor – se sentía tan muerta por dentro que lo único que quería es que ese sentimiento fuera real. Salió en silencio. Sus pisadas apenas se podían oír, su silueta se asemejaba más a un fantasma.
Deseaba dejar de sentir ese dolor punzante en su pecho…
-Vuelve a tu habitación. – la voz de Akutagawa nuevamente la detenía. Se giró lentamente mirando al pelinegro; gris o violeta, dolor y furia, impotencia y traición. Anastasia se acercó lentamente hasta quedar a escasos centímetros del rostro del joven. A criterio de Akutagawa, aquello era una imagen que mezclaba el erotismo con la tristeza.
-Ayúdame. Mátame – suplicó la joven con lágrimas en los ojos. – Siento que voy a enloquecer…él me entregó a ese hombre…mi propio hermano me…
Akutagawa no soportó el rostro desolado de la mujer por lo que rápidamente la atrajo hacia su pecho y aspiró el dulce aroma de los caros perfumes que la joven usaba.
-Yo no te entregaré a nadie. – respondió con seriedad. Una mezcla de odio se incrustó en sus ojos grises. Estaba dispuesto a desmembrar a Rasputín y a Fyódor.
Anastasia correspondió el abrazo calmando un poco su llanto. A pesar de todo, las palabras de ese chico aterrador era lo más cálido que había escuchado.
En cuanto se separaron del abrazo, se miraron fijamente. ¿Fue la debilidad del momento? Quién sabe, lo único cierto, fue que ambos se besaron. Un beso lento que poco a poco fue transformado en uno hambriento por parte de él. Quería devorarla por completo, su habilidad quería comerla también, su ser entero sentía una primitiva necesidad de absolverla para protegerla del mundo. Quería que ella sonriera como la primera vez que se conocieron. La tomó con ambos brazos por la cintura y le apretó más a su cuerpo; sintió en sus labios el tímido gemido de la chica.
Sus respiraciones estaban agitadas, ¿cuándo entraron a la habitación del chico en la Mafia? Ya ninguno lo recordaba. Sus mentes se centraban en satisfacerse el uno al otro, en quitar prendas y explorar el cuerpo ajeno. Akutagawa subió lentamente sus manos por los muslos femeninos, mientras su habilidad recorría a la joven siguiendo el mismo sendero. La sintió removerse tratando de controlar los espasmos que azotaban su cuerpo por las caricias.
Éxtasis. Todo su cuerpo se sentía extasiado por el toque del joven. Nunca había estado con un hombre por lo que aquello era una ola de sensaciones desconocidas para la duquesa. Notó la blanquecina piel del muchacho y sintiendo un extraño instinto de posesión, mordió con fuerza el cuello masculino asegurándose de dejar una marca. El acto de la joven lo tomó por sorpresa, pero fuera de causarle dolor solo aumentó su hambre por ella. Repitió la misma acción en el delicado cuello dejando su propia firma sobre el cuerpo femenino.
Respiraciones agitadas, calor, sudor, su habilidad recorriendo el cuerpo desnudo de la joven, él mismo tocándola en todas partes. Masajeaba sus senos, los lamía con gusto, la escuchaba gemir una y otra vez sobre su cuerpo. En este punto, ya no sabían dónde iniciaba un cuerpo y terminaba el otro; eran uno. La sensación de ser llenada, aunque primero dolorosa, ahora la hacía sentir deleitada. Akutagawa se contuvo para ser lo más delicado posible al momento en que dio la primera estocada, pero se le hacía difícil ante la estrechez en las cavidades de la joven. Sentía que quería darle paso a sus instintos controlados por la bestia de su habilidad, pero se controlaba con tal de no ser tan bruto y dañarla más.
Afortunadamente ella se acostumbró rápidamente a su miembro y las embestidas, primero lentas, poco a poco se volvieron más frenéticas. Los besos demandaban más, Anastasia quería todo de ese hombre, quería que fuera solo de ella. Lo sentía desde lo más profundo de su alma por Higuchi, pero desde que empezó a interactuar más con él, ese cosquilleo en su interior se hacía presente. La tensión que sentía ahora era liberada por él de la forma más delicada y apasionada que conoció.
Akutagawa la tocaba de forma ruda; era su forma de constatar que aquello no era un sueño, sino que realmente ella estaba ahí, gimiendo su nombre una y otra vez. Se dio cuenta de que lo que más deseaba de ella era que siempre dijera su nombre; que lo llamara a él, que lo deseara a él. Anastasia era suya, destruiría a todo aquél que osara siquiera poner un dedo sobre ella.
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Capítulo 11 ¡Up!
¡Wow! Este fue un capítulo intenso a más no poder, sin embargo, quien no quiere hacer el sin respeto con Aku. Jajaja.
Espero que disfruten mucho el fic.
