Akutagawa abrió los ojos lentamente. La habitación en el edificio de la mafia aún permanecía oscuro, levemente iluminado por la luz de luna que se colaba por la ventana entreabierta. Miró el reloj ubicado al costado de la mesa que marcaba apenas las dos de la madrugada, sin embargo, había perdido el sueño. Estaba acostumbrado a dormir poco, ya fuera por sus misiones o por su enfermedad, que solía agudizarse por las noches. Dirigió su mirada al peso sobre su pecho desnudo, topándose con la cabellera de Anastasia. Ésta lo abrazaba por la cintura mientras dormía plácidamente.
El pelinegro acarició con delicadeza los sedosos cabellos disfrutando de la sensación cálida que generaba el contacto entre sus pieles desnudas. Ese agradable calor lo reconfortaba, le daba tranquilidad; a Akutagawa le hubiera gustado que el tiempo se detuviera para poder quedarse ahí con ella eternamente, también que no fuera una princesa y él un asesino. Le hubiera gustado conocerla casualmente en un día de primavera, en la misma cafetería donde intercambiaron palabras por primera vez, invitarla a un café y poco a poco, empezar a frecuentarse…Pero la realidad era completamente distinta.
Suspiró desviando su mirada hacia el techo. Nuevamente había roto una regla de la mafia al haberse acostado con la chica, y aunque no tuviera excusa alguna que justificara su falta, simplemente admitía que no podía resistirse a ella. Altanera, consentida, arrogante y hasta caprichosa, pero a la vez, bondadosa, hermosa, y siempre cuidaba de quienes le importaban. Era tan opuesta a él: un asesino buscado por la policía, temido por los criminales y admirado por quienes lo rodeaban.
Siendo objetivo, pensar que él tendría un futuro con Anastasia era casi un chiste. Ambos viven en mundos completamente opuestos, son distintos hasta en su personalidad. Ella está acostumbrada a una vida llena de riquezas y comodidades y, aunque tanto él como su hermana tenían, ahora, una condición económica aceptable, era obvio que no se acercaban a todo lo que la chica podría tener. Pensar en una relación era absurdo, pero al mismo tiempo dejarla en brazos de otro hombre, era ridículo, ni siquiera estaba en discusión. Él era un hombre posesivo, siempre lo fue, es por ello que prefería renunciar a ella antes que entregarla. Incluso a estas alturas mantuvo la promesa que le hizo al estúpido Jinko de no matar innecesariamente, cómo no iba a cumplirle a Anastasia la promesa que hizo.
Aún así, debía serenarse y pensar como lo que era, un miembro de la Port Mafia, un jefe de escuadrón y un asesino. Yokohama era una ciudad peligrosa y si sus enemigos se enteraban que él tenía una debilidad por la mujer, de inmediato la buscarían y Anastasia se volvería el blanco más codiciad de Yokohama, su vida estaría en riesgo todos los días. Eso, sin mencionar que Mori-san era capaz de cualquier cosa.
"-No debemos estar juntos. Por su bien ella debe irse, alejarse de Yokohama, de la Mafia, de mí..." - pensó el mayor con determinación apretando levemente el brazo femenino.
Anastasia, al sentir el movimiento de la respiración intranquila en su acompañante abrió los ojos lentamente. Miró a Akutagawa confundida, pero más que nada preocupada por el muchacho. ¿Estaría mal a causa de su enfermedad?
-¿Estás bien? - preguntó en un susurro mientras se incorporaba.
Mantuvo una mano sobre el pecho masculino.
El pelinegro la miró detenidamente. Desnuda, su piel blanca resplandecía con la luz lunar, sus ojos penetrantes y su cabello levemente despeinado; Anastasia era un ángel personificado, él por su parte parecía más un demonio.
-Debes volver a tu habitación. - ordenó escuetamente.
El tono serio la preocupó. Aun así, no insistió. Se hacía una idea de lo que, seguramente, sentía Akutagawa, ella misma empezaba a sentir inseguridad por su actuar. Una figura pública como ella envuelta con una persona perteneciente a la mafia…Definitivamente dañaría su imagen.
-Si. Bruno se preocupará si no estoy ahí. - respondió sintiendo su pecho apretujarse.
En cuanto se soltó de su agarre, tomó su ropa y se vistió con tranquilidad. El pelinegro hizo lo mismo por su lado. Una vez estuvo lista, se dispuso a salir de la habitación, pero antes de llegar a la puerta, sintió a Rashomon rodearla. Akutagawa la tomó con su habilidad y la lanzó a la cama. Acto seguido, se colocó sobre ella.
-Vete. - le dijo el pelinegro al oído. Anastasia suspiró, sintió su piel erizarse ante la caricia - Regresa a tu país. Si te quedas… tendré que matarte. - advirtió aún sobre ella.
Anastasia no se inmutó. A pesar de la amenaza no tenía miedo. Akutagawa no la asustaba. Aún con su lado despiadado, también era cálido, protector, un maravilloso hermano e incluso un caballero cuando se lo proponía. Y no se equivocó. El pelinegro le estaba pidiendo irse para resguardar su vida y eso no lo haría si fuese una mala persona.
-No es tu decisión, pero lo harás aún en contra de tu voluntad - afirmó la chica sonriendo. - Me iré… pero a cambio quiero que seas mío. - exigió la chica demandante.
Akutagawa la miró con sorpresa. Sentía su corazón latir con fuerza y sus manos picaban por tocarla. Sonrió… ¿Qué fuera suyo? ¿Qué clase de propuesta engreída era esa? ¿Quién querría a alguien como él que salió de los basureros, que mendigó?
-Soy el perro de la mafia, un asesino, Anastasia. Ten cuidado con lo que pides. - habló sobre los labios femeninos.
-Sé lo que pido, Akutagawa. Y sé que tú quieres que sea tuya. - respondió la chica mientras mordía seductoramente los labios de Akutagawa. - Es un acuerdo justo.
La nueva promesa desencadenó otra sesión donde se dejaron llevar por la pasión y los sentimientos contenidos.
. . .
Bruno despertó en cuanto los rayos del sol chocaron contra su rostro. Una vez que procesó dónde se encontraba, revisó la cama notando que la duquesa no estaba. Alertado, se levantó y empezó a buscar a la joven con desesperación.
-¡Duquesa! ¡Duquesa! - llamó exaltado.
-Estoy aquí Bruno. - respondió la chica saliendo del baño con ropa limpia y completamente lista para el nuevo día.
El hombre alto suspiró aliviado. Por un momento pensó que la duquesa había desaparecido. Anastasia rió por lo bajo y se acercó a su protector.
-Disculpa que te haya preocupado, Bruno. - dijo la chica mientras lo ayudaba a sentarse en el sofá.
-No debe disculparse, duquesa. Es solo que, con todo lo que me contó el día de ayer…
-Lo sé, yo aún trato de procesarlo. - respondió la chica con pesar. - Te juro que, no puedo creer que Fiódor fuera capaz de algo así, sin embargo, me di cuenta que, realmente nunca he conocido a mi hermano. - afirmó con tristeza.
-Señorita… Debe saber que, ante todo, usted no debe sentirse responsable. Su hermano fue el causante de todo este problema. Por lo visto, él fue quien manipuló a Rasputín desde el inicio y sacrificó a los duques.
-Bruno…- dijo la chica sintiendo las lágrimas caer por su rostro. - No logro entender por qué mi hermano hizo algo así. Ese libro…qué tan importante es como para que asesinara a mamá y a papá. - preguntó mientras limpiaba sus lágrimas.
-Lamento mucho no tener la respuesta, señorita. Pero, lo más importante ahora es detener a Rasputín y que su hermano pague por sus crímenes. - aconsejó el rubio.
El honor de la familia Dostoyevski debía restaurarse.
-Tienes razón, Bruno. Debemos acabar con esto y volver a casa. - afirmó con firmeza la chica.
. . .
Mori Ougai estaba impresionado. Uno de sus empleados le informó que la duquesa solicitó una reunión con él a primera hora de la mañana. Era anormal, si, pero dado los sucesos del día anterior en la prisión, admitía que estaba más que interesado en la joven rusa. Autorizó la audiencia. La recibió en compañía de Chuuya y Akutagawa, ella por su parte venía acompañada de su guardaespaldas quien había logrado caminar por fin, aunque aún estaba delicado.
-Debo decir que es inesperado que solicitara una audiencia. - tomó la palabra el médico. - ¿A qué debo el honor?
-Imagino que tiene conocimiento de lo que sucedió con mi hermano en la prisión, así que iré al grano… Sé que piensa que por tenerme aquí puede utilizarme en contra de mi hermano, y es probable que no se equivoque, sin embargo, los crímenes de mi hermano no me conciernen. - afirmó Anastasia con seriedad. - Fiódor debe pagar por lo que ha hecho.
-Tiene usted toda la razón. - concedió Mori. - Pero a pesar de que usted sea ajena, sigue siendo un punto débil para mi enemigo y estoy dispuesto a usarla mientras lo amerite. Puede tener plena seguridad de que cuando deje de ser de utilidad la desecharé, ¿cierto, Akutagawa? - inquirió Mori. Anastasia supo leer entre líneas que lo que el hombre insinuaba, era que si dejaba de serle de utilidad, ordenaría al pelinegro matarla.
- Si señor. - respondió el joven en tono amenazante. Más en el fondo confiaba en que Anastasia idearía un plan para evitar llegar a esos extremos.
Bruno tragaba con dificultad. El ambiente era tenso y la única razón por la que no hacía ningún movimiento era por el chico de cabellos negros y su habilidad tan peligrosa. Sabía que no sería rival para él.
-Fiódor no se detendrá por mí, señor Mori, usted lo sabe. Yo creí conocer a mi hermano todos estos años, pero resulta que solo fue un engaño. Su verdadero rostro lo conocen ustedes, las personas de Yokohama… - dijo la chica con tristeza. - Y por eso deben acabar con él.
-¡Duquesa! - exclamó Bruno perplejo.
¿Qué clase de afirmaciones eran esas?
Mori sonrió complacido. Aquello estaba resultando aún más satisfactorio de lo que pensaba.
-Soy todo oídos. - respondió el Jefe de la Mafia incorporándose en su asiento.
-Duquesa, mida sus palabras. ¡No está pensando con claridad! - insistió el rubio.
- ¡Basta, Bruno! - demandó la chica con autoridad. - Soy la duquesa Anastasia Dostoyevski de Rusia, como cabeza de la familia y representante no puedo permitir que el apellido siga siendo manchado. Mi deber es acabar con aquello que amenaza a la realeza, así sea mi hermano.
El rubio desvió la mirada con molestia e indignación.
-Entonces, ¿qué es lo que propone? - preguntó el hombre mayor con interés.
-La principal amenaza, en este momento, es Rasputín. Ese hombre es un completo loco que no dudará en acabar con esta ciudad. Hemos topado con suerte de que no lo haya hecho ya, pero lo hará, así que, quiero que lo detenga. A cambio, yo regresaré a Rusia y, desde ahí, le daré todo mi apoyo - lo que quiera - con tal de acabar con mi hermano. - ofreció.
Mori observó detenidamente a la joven por unos segundos. Buscaba rastros de duda o mentira en el rostro de la duquesa, sin embargo, lo único que logró encontrar, fue una marca rojiza, apenas visible, en el cuello de la mujer. Para cualquier persona aquello no sería nada, pero para un médico como él, no. Lo más curioso de todo, es que Akutagawa tenía una marca similar en su cuello según pudo notar cuando éste ingresó a la habitación. Sonrió complacido. Sin importar cuál fuera la situación, saldría beneficiado de sobremanera. Tener una aliada como la duquesa beneficiaría a los negocios de la mafia y, por supuesto, sería la correa perfecta para mantener a Akutagawa bajo su mando.
No dudaba de la lealtad del muchacho, pero ya empezaba a notar las intenciones de Dazai por arrastrarlo a la Agencia. Akutagawa era uno de sus activos más valiosos, no podía darse el lujo de perderlo.
-Está bien, es un trato. Sin embargo, solo pido no ser traicionado. Que no muerda mi mano, princesa, o me veré en la obligación de hacer una pequeña visita a su nodriza y su hija. - amenazó Mori refiriéndose a la esposa e hija de Bruno.
Los rusos abrieron los ojos con sorpresa. Cómo había dado con ellas en tan poco tiempo…Era definitivamente un hombre muy peligroso.
. . .
En la habitación de la chica, el hombre destruía una de las mesas con furia. Anastasia solo permanecía quieta en una esquina.
-¡Ese hombre no tiene honor! ¿Cómo se atreve a hacer algo tan canalla? - gritó exaltado el rubio. - No podemos seguirnos mezclando con estas personas, duquesa.
-Bruno, por favor, siéntate. Aún no estás recuperado, ¡se abrirán tus heridas! - rogó la chica.
Empezaba a sentir una carga de conciencia enorme. A Bruno le daría un infarto si se enteraba que se acostó con Akutagawa, no una, sino dos veces.
-Lo siento mucho duquesa, es solo que… estas personas son de lo peor. - se quejó.
-Tienes razón, pero… - trató de excusarlos, más al notar el rostro de desaprobación en su protector, se detuvo. Por lo visto sería un secreto que se llevaría a la tumba. - Olvídalo. Ven, tienes que descansar, te llevaré a tu habitación.
-Prefiero quedarme a su lado. Esta semana será la rueda de prensa para anunciar el evento con la embajada, quisiera acompañarla.
¡Santo cielo! Había olvidado eso por completo. Su cabeza estaba completamente en otro mundo al punto que olvidó el evento.
-Estaré bien Bruno, pero necesito que descanses y te recuperes por completo. Quiero regresar a Rusia contigo vivo.
. . .
En la oficina principal de la mafia, Mori observaba con atención el cielo despejado. A lo lejos se divisaba un avión…
-Jefe…- habló Chuuya una vez que estuvieron solos.
-Chuuya-kun, ¿no te parece maravilloso? La mafia expandirá sus fronteras.
-Si, tendremos mayor influencia. - contestó el pelirrojo con tranquilidad.
-Esta semana, la princesa estará ocupada, así que planearemos cómo derrotar a Rasputín. Lo más importante es que la Agencia no se meta en el asunto hasta que llegue el momento adecuado. Los usaremos a nuestro favor. - ordenó el pelinegro con seriedad.
-Sí señor… Por otro lado, jefe, ¿piensa utilizar la información que nos dió Akutagawa para atraer a Rasputín? - preguntó el ejecutivo incorporándose.
-¡Qué perspicaz, Chuuya-kun! - respondió el jefe riendo. - Por ahora, haremos que la duquesa confíe en nosotros y baje la guardia. Esa es la pieza clave para acabar con Rasputín.
. . .
En la residencia Akutagawa, el ambiente se sentía pesado. Los hermanos habían acordado cenar juntos una vez culminara su día de trabajo. Gin no tuvo mucho que hacer, unos cuantos ajustes de cuenta por aquí y por allá. Le dio tiempo de preparar la cena y tenerla lista para cuando su hermano llegara, sin embargo, una vez traspasó la puerta, notó la hostilidad emanar de él. Ahora, cenaban en un silencio sepulcral.
-¿T-Tuviste un buen día? - habló la menor tratando de alivianar el ambiente.
-Si. - respondió escuetamente el pelinegro mientras comía tranquilamente.
Gin lo observó con detenimiento. Ryuunosuke lucía tan distinto esa noche. Por un lado, estaba esa aura sombría y dura de siempre, pero a la vez, su rostro reflejaba tranquilidad. Su querido hermano lucía feliz.
- Luces muy relajado, hermano. ¿Te pasó algo bueno? - preguntó nuevamente sonriendo. Le gustaba mucho cuando su hermano estaba contento.
Ante el comentario, la cabeza de Akutagawa se llenó de los recuerdos de su noche y madrugada con Anastasia. Tragó de golpe el resto de agua que tenía en el vaso tratando de recuperar la compostura. Gin solo se quedaba en silencio presenciando tan inusual escenario.
-Tomaré eso como un sí. - respondió de inmediato la menor mientras reía discretamente. - ¡Oh, lo olvidaba! Esta semana me ordenaron llevar a la princesa a una actividad. ¿Tu sigues siendo su encargado? - preguntó preocupada.
Akutagawa Gin era muchas cosas, y aunque no tuviera una habilidad, era casi tan letal como su hermano, sin embargo, a pesar de todo, continuaba siendo una jovencita soñadora y risueña, que disfrutaba de las cosas agradables y románticas. En cuanto notó la química que su hermano tenía con la princesa, no tardó en sentirse ilusionada ante la posibilidad de que Ryuunosuke hubiese encontrado al amor de su vida. Y no era una ilusión en vano, tenía pruebas fehacientes: la llevó a su casa y le permitió dormir en su habitación; permitió que lo abrazara e incluso hizo que se sonrojara. Ella era testigo fiel de que su hermano jamás mostraría tales actitudes ante sus enemigos.
-Si. Pero recuerda que es un evento público televisado. Si aparezco en los medios se armaría un alboroto. - respondió tranquilamente.
-No es justo. Tú eres un héroe. Ayudaste a salvar la ciudad y la protegiste. - se quejó la chica haciendo un puchero.
-Sabes que no me importa el reconocimiento. Prefiero seguir siendo perseguido a recibir algo de todas esas personas asquerosas. - contestó el pelinegro con odio genuino.
La chica suspiró dándole la razón a su hermano. Si no había nada más que hacer, ella se esforzaría por cuidar a la princesa y de paso, intentar que ambos se volvieran más unidos.
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Años sin actualizar, ¡lo siento!
Pero aquí estamos de nuevo. Estoy super feliz porque se viene nueva temporada en 2023 :D
Aunque sigo el manga, este arco es muy bueno, así que nada, regresando a la obsesión XD
Espero que disfruten leyendo la historia tanto como yo he disfrutado escribirla. ¡Nos leemos!
