NA: Capítulo sin editar. Espero que lo disfruten y lamento una vez más la demora.


Cerezas Negras

Una persona más

...

Naoki suspira, dejando caer la cabeza contra el respaldo de su asiento. Tres días tras la confrontación con Kotoko, todavía no podía dejar de pensarla. Creyó que sería sencillo, que una vez le dijera lo que quería y la echara de su vida, podría deshacerse de aquella sensación de vacío que se había apoderado de su ser desde que su madre le hubiera dicho que Kotoko estaba casada. Pero, contrario a sus expectativas, aquello sólo había conseguido que la mujer se incrustara todavía más en su mente, si eso fuera posible.

Cuando su madre había declarado, con toda la indignación del mundo, que no lo había criado para ir tras una mujer casada, Naoki había, por un segundo, dejado de sentir por completo. Era como si el mundo se hubiera detenido. Su respiración, sus pensamientos. Todo.

Y entonces, en un segundo, había vuelto. Aquella sensación de sus últimos años de adolescencia. No podía quedarse quieto. Debía moverse, seguir, avanzar. Debía hacer algo.

Por lo que, sin volver a dirigirle la palabra a su madre, se había bañado y vestido lo más rápido que pudo, antes de salir corriendo a su oficina y enfrascarse en suficiente trabajo como para evitar pensar en ella, teniendo mucho más éxito del esperado.

(Una vil mentira que seguirá diciéndose a sí mismo).

Hasta que había decidido visitarlo, tres días atrás, justo cuando creía podría olvidarse por completo de ella y borrarla de su vida como si nunca hubiera existido.

(Lo que era mentira. Simplemente había estado evitando pensar en ella y lo que le provocaba. Una parte muy profunda de su ser lo entendía, pero se negaba a aceptarlo).

Dejando salir un suspiro, se pasa una mano por el rostro, volviendo los ojos a la computadora portátil frente a él. Se la queda mirando por un tiempo largo, sin siquiera darse cuenta de lo que está haciendo, hasta que su teléfono celular suena, despertándolo de aquel trance en el que se había hundido sin pretenderlo.

Tomando el móvil, ve que es su madre, y se debate entre atender o no. Ha estado llamándolo sin parar desde que Kotoko hubiera hecho su última aparición por su oficina. No entiende el motivo. Ella misma le había dicho que no podía pretender absolutamente nada con ella, y que mejor se olvidara de la relación que llevaban, fuera cual fuera su naturaleza. Sin embargo, días antes, había querido convencerlo de darle una nueva oportunidad a Kotoko, de escucharla y los motivos por los cuales había renegado de decirle su estado civil durante todo el tiempo que habían estado juntos.

¿Es que acaso Kotoko había hablado con su madre? Debería ser el caso. Después de todo, de alguna manera se había enterado de que él ya sabía lo que le había estado ocultando.

Nakagawa Kotoko. No podía dejar de pensar en ese nombre. Nakagawa era un apellido bastante común, pero él recordaba cómo, por un segundo, Kotoko había pronunciado el nombre de su marido. Takendo.

A pesar de sus mejores intentos, no había podido resistirse a buscar información sobre el hombre. Había estado realmente sorprendido cuando su búsqueda había dado resultados inmediatos. Nakagawa Takendo era un aclamado abogado fiscal trabajando los casos más prominentes de Tokio. A pesar de ser un joven que apenas había cumplido los veintiséis años, su trayectoria así como sus credenciales eran dignas de admiración. Había estudiado en la Universidad de Tonan, la misma que Kotoko, dando una pista de dónde podrían haberse conocido y enamorado.

Enamorado…

Sacude la cabeza, dejando que el teléfono celular suene hasta el final, sin atender. La preparatoria a la que había asistido estaba afiliada a la Universidad de Tonan. Quizás, si hubiera decidido estudiar allí en lugar de seguir los mandatos de su padre e ir a Todai…

―¿Qué estás pensando, Naoki?― suspira de nuevo, sin entender muy bien el motivo de su desasosiego. Momentos después de enterarse de la verdad sobre Kotoko, había estado increíblemente enojado. Había creído que era porque lo habían tomado por estúpido, y en parte, era cierto, sin embargo, otra emoción que no podía realmente comprender también pesaba en su pecho, haciendo que le fuera difícil respirar.

Nunca se había sentido de esa manera… cómo si hubiera sido traicionado. Cómo si algo se le hubiera sido arrebatado. Y no lo entendía. No tenía la más mínima lógica. ¿Por qué se sentiría traicionado? Una cosa era que Kotoko hubiera omitido un detalle muy importante sobre ella misma, que lo afectaba directamente por el tipo de relación que llevaba con ella, pero otra era sentir cómo si hubiera sido engañado. Cómo si el omitir el que estuviera casada lo afectara de manera íntima y personal.

No tenía sentido. Y por tanto, había decidido no pensar en ello más. Kotoko ya no formaba parte de su vida, y, más allá de quizás encontrársela una que otra vez por la amistad entre sus padres, no creía que debiera preocuparse mucho más por el tema.

Ahora ya no tenía nada que ver con él.

Justo cuando piensa eso, determinado a continuar con su trabajo y a no volver a tocar el tema (un círculo vicioso en el que había estado atrapado por los últimos tres días) alguien toca a la puerta. De inmediato se endereza, dando permiso a la persona del otro lado a que pase.

Es, sin ninguna sorpresa, Matsumoto. Sin embargo, su rostro indica que algo anda mal. Naoki cierra los ojos, haciéndose una idea de lo que podría ser.

―Déjame adivinar. Mi madre está aquí― es la respuesta esperada. Después de todo, ha estado ignorando sus llamadas por demasiado tiempo, e Irie Noriko no era exactamente de las que se dejaban ignorar, ni siquiera por su propio hijo.

Sin embargo, es sorprendido cuando su asistente niega con la cabeza, en lugar de eso llevando sus manos al frente, presentándole una carta.

―Alguien dejó esto sobre mi escritorio mientras estaba retocándome en el baño. No tiene remitente, pero está dirigido a usted― la mujer se muerde el labio, dando un paso dentro de la oficina. ―¿Debería deshacerme de ella?― pregunta.

Naoki frunce el ceño, preguntándose quién podría haber enviado aquella carta. De inmediato su mente llega a un veredicto, y su cuerpo se tensa sin poder evitarlo. Tiene el desagradable impulso de responder que sí, que Matsumoto se deshaga de la carta, queriendo evitar cualquier contacto con Aihara… Nakagawa Kotoko. Pero no sabe con certeza si en verdad el sobre es de ella, y, muy dentro de sí, a pesar de querer negarlo, se encuentra curioso ante qué más podría querer decirle aquella mujer.

Así que, con un gran suspiro para calmar su corazón, que ha empezado a latir apresuradamente sin él poder evitarlo, extiende la mano, mirando a Matsumoto con fingido aburrimiento.

―No es necesario. Por favor, entréguemela.

La mujer asiente, dándole el sobre y disculpándose un segundo después, antes de salir de la oficina. Naoki observa la carta con aprehensión, volteándola en sus manos como si con ello pudiera descifrar la identidad del misterioso remitente, pero, como era de esperar, no consigue nada excepto aumentar su creciente ansiedad. La única forma de saber si la carta es de Kotoko o no, es abriéndola, y se dispone a hacer eso tras regañarse a sí mismo por su incertidumbre.

Sea lo que sea que esté escrito allí, no cambiará nada.

Está seguro de ello.


Querido Irie Naoki:

Sé lo que seguramente estás pensando. ¿Por qué te envío una carta, cuando tan sólo tres días antes me dijiste que no querías saber nunca más de mí? Y la respuesta es sencilla.

Es porque quiero disculparme.

No tienes que perdonarme, ni mucho menos. Sin embargo, creo que mereces una explicación. En ningún momento deseé mentirte o engañarte, y a decir verdad, mi decisión de no decir nada sobre mi matrimonio no tuvo nada que ver contigo. No, fue algo mucho más personal.

Si has leído hasta aquí, te lo agradezco. A continuación quiero contarte una historia. No tienes porqué leerla, y si deseas ignorar esta carta y tirarla, puedes hacerlo. Pero, me haría muy feliz que no lo hicieras. Es porque esta historia es importante para que comprendas el por qué decidí guardar silencio todo este tiempo.

¿Recuerdas que una vez te conté sobre mis años universitarios? Fue un día hace unos meses, al principio de nuestro acuerdo. Fuiste a mi departamento y me preguntaste porqué decidí convertirme en artista. En aquel momento, hablé sobre mí fatídico primer año y como en el segundo me inscribí a dos clases: arte y relaciones públicas. Llegué tarde a la clase de relaciones públicas y sólo pude asistir a la de arte, motivo por el que terminé eligiendo esa carrera.

¿Quieres saber por qué llegué tarde a la clase de relaciones públicas?

En el camino al salón, choqué al doblar en una esquina con Takendo, mi esposo. Ya llegaba tarde de por sí, pero aquel inconveniente consiguió que me demorara más, y en consecuencia me fue negada la entrada al salón de clases. Takendo me invitó a un café como disculpa por ello, a pesar de que no tenía por qué, y fue allí que hablamos y comenzamos a acercarnos.

Salimos por apenas un año antes de casarnos. El apenas tenía diecinueve años mientras que yo todavía tenía veinte. Fue un evento que sorprendió a todos nuestros amigos y conocidos, y más de uno no dudó en advertirnos lo difícil que sería, pero no nos importó. Nos amábamos y queríamos estar juntos, y eso era lo único que importaba.

Las cosas se complicaron cuando, apenas unos meses tras el casamiento, descubrí que estaba embarazada. Siendo todavía estudiantes, ninguno de los dos poseía los medios para mantener y criar a un bebé, pero, como con nuestro matrimonio, no dejamos que aquello nos detuviera. Algunos meses después, antes de empezar mi cuarto año universitario, el pequeño Satoshi nació, un bebé saludable e idéntico a su padre.

Fuimos tan felices. Takendo y yo nos turnábamos para cuidarlo, estando ambos ocupados con nuestros estudios, y cuando no podíamos mi padre o los padres de Takendo nos ayudaban. Todo parecía ir bien.

Lamentablemente, te imaginarás que esta historia no tiene un final feliz. De otro modo ya habrías conocido a mi hijo.

Ni siquiera tenía dos años. Todavía no entiendo muy bien lo que sucedió. El médico que nos atendió en urgencias nos dijo que a veces estas cosas pasaban, que las infecciones avanzaban y poco se podía hacer por el niño. A mí todo me supo igual. Mi hijo, Satoshi, estaba muerto, y lo que menos necesitaba era escuchar que 'estas cosas pasan'.

Después de eso, nunca nada fue igual entre Takendo y yo. Al principio nos culpamos mutuamente. ¿Cómo podría Satoshi haberse infectado? Seguramente era porque uno de los dos no lo cuidó lo suficiente. Después de eso, vino la resignación. A pesar de habernos calmado, las cosas que nos dijimos nunca se borrarían. No podía mirar a Takendo a los ojos sin recordar a Satoshi, y vivir con él se volvió una tortura constante.

Poco a poco, nos fuimos alejando, hasta que decidimos dejar de vivir juntos, darnos un tiempo. Sin embargo, ese tiempo continuó alargándose hasta que paulatinamente dejamos de hablar, de vernos, de siquiera reconocernos. Éramos como dos extraños, cuando antes habíamos compartido una vida, una familia juntos.

Nunca nos separamos, a pesar de que lo nuestro había prácticamente muerto con nuestro hijo, debido, quizás, a la vana esperanza de que algo algún día volviera a la normalidad. O quizás porque ambos deseábamos sujetarnos a lo último que quedaba de lo que fue nuestro pequeño angelito: nuestra relación. Sea como fuera, después de Takendo, después de Satoshi, no estuve con ningún otro hombre ni planeaba estarlo. Eso, claro, hasta que te conocí.

No estoy segura de porqué decidí intentarlo contigo, pero lo que sí puedo decirte es que, desde esa noche en la que nos conocimos por accidente, nunca me he sentido tan viva. Había estado muerta por culpa de lo que le sucedió a mi hijo, cerrada a todo y todos, pero tú, de alguna manera, conseguiste abrirme y resucitarme. En ningún momento fue mi intención herirte o burlarme de ti, quiero que sepas eso. Pero era tan doloroso revivir esos recuerdos…

Sin embargo, ya no quiero mentirme ni mentirte. Escribo esta carta para hacerte llegar mis sentimientos, porque soy demasiado cobarde como para hacerlo en persona: te quiero.

Es cierto. A pesar de lo que acordamos, no pude evitar enamorarme de ti. Gracias a ti, soy Aihara Kotoko de nuevo, y no una muñeca sin vida que no hace más que dejar pasar los momentos sin consideración o arrepentimiento. Te quiero, Irie Naoki, y a pesar de saber que lo he arruinado, no quiero más que hacértelo saber.

Espero que tengas una buena vida, y lamento nuevamente todo el daño que te causé. También quiero agradecerte… por salvarme. Ojalá las cosas pudieran ser diferentes, pero comprendo tu decisión de alejarme y la respeto.

Tuya, sinceramente,

Aihara Kotoko.


Naoki llega al final de la carta, dejándola caer suavemente sobre su escritorio. Mira sin realmente ver aquel pedazo de papel, que lleva en sí los sentimientos de una mujer a la que, minutos antes, estaba decidido a nunca más volver a ver.

Pero ahora…

¿Perdió un hijo? Se pregunta, pasando una mano por sus cabellos. Nunca se lo hubiera imaginado. ¿Qué clase de dolor ha tenido que padecer todos estos años?

Y esa confesión… Kotoko está enamorada de él. ¿Por qué? ¿Cómo es que él de todas las personas, terminó salvándola, según sus propias palabras? Él, que está tan vacío por dentro, que no tiene nada para dar y apenas puede recibir…

Piensa por un tiempo más, su mente un caos y su corazón todavía más, hasta que, lanzando una maldición al aire, guarda la carta en uno de los cajones de su escritorio, se levanta, toma el saco colgando del respaldo de la silla, y sin dudarlo, empieza a caminar rápidamente en dirección a la puerta.

―¿Director?― Matsumoto pregunta, sorprendida al verlo salir con tanta vehemencia. Se levanta, empezando a caminar hacia él, pero con un gesto de la mano, Naoki la detiene.

―Cancela todas mis citas del día. Tengo algo importante que hacer― dice, poniéndose el saco y apretando el botón del elevador al mismo tiempo. Matsumoto jadea.

―Pero… ¡director!― llama cuando las puertas del elevador se abren y Naoki entra. Sin prestarle atención, el hombre presiona el botón para cerrarlas rápidamente, y con un gesto nervioso, observa el panel en dónde se indica el número de piso descender paulatinamente. Está tomando demasiado tiempo para su gusto.

Porque, Naoki ha decidido. Ha decidido exactamente lo que quiere hacer con Aihara Kotoko.


NA: ¡MantikliDeli tenías razón! ¿Qué se siente saber que acertaste con lo del hijo?