Vergil Sparda siempre se ha caracterizado por ser alguien que a pesar de ser tan frio y poco sociable con la gente que lo rodea, es alguien que siempre actúa diligentemente cuando se le necesita, nunca dice que no a algo que… o puede ser muy difícil, o puede ser de lo más sencillo.
Pero por primera vez en su vida podía decirse que comenzaba a dudar de esto que estaba haciendo ahora… y eso era el enseñarle a un grupo de quintillizas que son… por así decir, un montón de tontas a la hora de estudiar, y que claramente esto es de las cosas que más disgustaban al heredero del legendario caballero oscuro. Pero eso no quería decir que simplemente lo iba dejar todo tirado como si nada, el es alguien que siempre cumple con lo que se propone, de cualquier forma que fuera.
…
- Ayer fue un completo desastre, pero hoy espero que al menos no tengamos ningún problema que afecte con su estudio, para esto es que su padre me contrato, y por eso quiero ver algo de su apoyo en esto. – decía Vergil con seriedad, mientras que miraba a las quintillizas sentadas en el sofá, mientras que Dante solo estaba con una cara aburrida, odia madrugar los fines de semana.
- Enserio que eres muy persistente. – Itsuki comentó con molestia, Vergil solo la ignoró, no le importaba lo que dijeran, les iba a enseñar lo quieran o no.
- ¿No te dije ayer que no necesitamos un profesor? – Nino decía con desinterés mientras miraba su celular.
- Solo con eso no bastará para que quiera irme, además, les dije de primera instancia que no iba desistir en ayudarlas, así que lo quieran o no lo voy a hacer. – decía el peliblanco con frialdad, Dante por otro lado solo dio un suspiro cansado, Vergil era demasiado terco cuando quiere que algo resulte bien, y esto no era la excepción.
- Oye hermano ¿no crees que estas exagerando con todo esto? Aparte hoy es domingo… - Dante decía con pereza, odia estudiar los domingos, prefería pasar todo el día durmiendo, o ir al árcade a pasar el rato, pero Vergil lo interrumpió.
- No me interesa si esto te molesta, mamá quería que te ayudara de igual forma a como lo hago con ellas, así que mejor cierra la boca y haz lo que te digo. – decía Vergil mirando a su semejante con molestia, el peliblanco menor solo dio un bufido de desinterés. – Muy bien, si ustedes piensan que no necesitan un profesor, entonces solo demuéstrenmelo. –
- ¿Demostrar? – preguntó Nino sin entender, al igual que las demás.
- Así es, y para eso… - Vergil rápidamente sacó unos papeles de su mochila y los puso sobre la mesa. – resolverán este pequeño examen que yo hice. – dijo con los brazos cruzados, si tanto querían deshacerse de él, entonces con esos exámenes estaría más que suficiente para saber el rendimiento de cada una.
- ¿Y porque tenemos que pasar por ese calvario? – preguntó Nino con desinterés, pero fue allí que Itsuki habló.
- Muy bien, lo haremos. – al decir eso, sus hermanas la miraron extrañadas, pero la pelirroja estaba más que dispuesta a hacer aquel examen, mientras que Vergil no decía nada, se notaba que Itsuki era alguien que no daría su brazo a torcer tan fácilmente.
- Solo debo de aprobar este examen… - decía la menor de las Nakano mientras se ponía sus anteojos. – y entonces nunca más tendré que volver a verte. – dijo con seriedad, Vergil por otro lado solo la miraba con una seriedad aun mayor.
- ¡Animo chicas! – Yotsuba dijo bastante enérgica, aunque la verdad que no quería que los hermanos se fueran, ellos parecían ser buenos chicos.
- Que remedio. – Decía Ichika con algo de pereza, pero estaba dispuesta a hacer el examen.
- ¿Con cuanto hay que aprobar? – Preguntaba Miku, y Vergil se tomó un momento para pensar, y finalmente dio su respuesta.
- Pensaba por lo menos 60 puntos… pero por esta vez seré generoso con ustedes. Saquen por lo menos 50 puntos, y tal y como dije, no volverán a saber de nosotros por un largo tiempo. – decía el peliblanco mayor manteniendo su seriedad.
- De acuerdo, pero no nos subestimes. – decía Nino con fastidio, pero si con eso podían quitarse a estos dos de encima, era mejor hacerlo.
- Que tengan suerte chicas, la necesitaran y mucho. – decía Dante creyendo que no tendría que hacer uno de esos exámenes, pero era todo lo contrario.
- Tú también vas a hacer uno Dante. –
- ¡¿Eh?! ¿Y por qué yo también? – se quejó.
- De todos aquí, tu eres el que peores notas tiene, y como te había dicho, harás lo que yo diga y vas a estudiar lo quieras o no. – respondió cortantemente el peliblanco mayor.
- Oh vamos Vergil, ¿no puedes hacer una excepción? –
- ¡No! –
- Tsk… Al diablo contigo. – masculló Dante con molestia, y a regañadientes comenzó a resolver también uno de esos exámenes.
…
- Admito que estoy sorprendido, lograron sacar 100 puntos. Pero… - Vergil tenía una de sus cejas temblando y se le notaba muy frustrado. – solo si suman sus calificaciones. – dijo tirando los exámenes en la mesa, mientras que las chicas se les notaba un aura depresiva sobre ellas, Yotsuba sacó un 8, Ichika había sacado un 12, Miku un 32, y el más alto aparentemente, Nino un 20, e Itsuki obtuvo un 28. Decir que Vergil estaba decepcionado sería muy poco, pero lo estaba aun mas por… - Y tu… Dante. – dijo mientras mostraba que la calificación de su hermano, era un miserable 3. Realmente patético.
- Ya déjame en paz, creéme que hice lo que pude. – decía el peliblanco menor con molestia, odia que su hermano le restregara en la cara lo malo que era estudiando.
- Esto… tengo que decirlo, realmente es patético. Pero ahora sé que tendré que tomar medidas más estrictas con ustedes cinco… – dijo el Sparda mayor con seriedad, pero…
- ¡Corran! – fue allí que las chicas comenzaron a huir, Vergil solo se quedó allí sin hacer nada, mientras que Dante solo veía a las quintillizas irse a sus habitaciones.
- Yo creo que no debiste decir eso, Vergil. Ahora de seguro van a pensar que las pondrás a estudiar hasta la muerte jeje. – decía Dante divertido, Vergil por otro lado solo se agarraba el puente de la nariz, esto iba a ser más complicado de lo que pensaba.
-Al día siguiente.-
Era otro día, y hoy había escuela… y para los hermanos Sparda siempre era lo mismo, solo hasta hace unos días atrás cuando conocieron a las chicas.
Dante y Vergil iban caminando con dirección a la escuela, el mayor de los hermanos iba completamente tranquilo, mientras que Dante se le veía con una gran cara de pereza, por más que odiaba ir a la escuela, era una responsabilidad a la cual no podía simplemente dejar así nada más. Y mientras caminaban, ambos hermanos iban conversando, o al menos eso parecía.
- ¿Y qué planeas hacer con las chicas? Después de lo que pasó ayer, dudo mucho que hoy siquiera quieran escucharte, Vergil. – decía Dante mientras caminaba y tenía sus brazos tras su cabeza.
- Ya tengo algunas ideas, pero por ahora tengo otras cosas en que pensar. – dijo vagamente Vergil, estaba muy metido en sus pensamientos, ya que debía de replantearse la forma de hacer que esas 5 cooperaran en estudiar.
- Jeh… suerte intentándolo, aunque dudo que ellas quieran tenernos cerca por el día de hoy. – decía Dante desinteresadamente, si él estuviera en el lugar de su hermano, fácilmente se rendiría y dejaría que todo siguiera su curso.
Luego de un rato estaban llegando finalmente a la escuela, pero algo les había llamado la atención a ambos gemelos.
Un auto negro que a simple vista era bastante costoso, estaba parqueándose al frente de la escuela, y ellos al pasar vieron que los pasajeros que llevaba estaban bajándose de ese lujoso auto, y no eran otras que…
- Son ustedes otra vez. – Itsuki que estaba bajando de aquel auto, miro a los hermanos Sparda frente a la entrada de la escuela, mientras que las demás también se daban cuenta de la presencia de ambos.
- Buenos días chicas, ¿bonito día, no? – Dante saludó sin mucho ánimo, mientras que Vergil no decía nada, simplemente caminaba a la entrada de la escuela, mientras pensaba en algo que podría ser una solución con respecto a las quintillizas.
Las cinco hermanas Nakano comenzaron a correr hacia la entrada, pasando de largo a Vergil y a Dante, mientras que el mayor de los Sparda solo suspiraba con molestia, hoy también iban a pasarse huyendo de él.
- No tienen que correr, como ven hoy no tengo nada para enseñarles. – dijo el peliblanco mayor con su característico tono serio.
- No vas a engañarnos con eso. – dijo Nino mientras lo señalaba acusatoriamente.
- Intentaras enseñarnos en cuanto bajemos la guardia. – dijo Miku.
- Que excusa tan tonta… está claro que me están subestimando. – dijo Vergil sin cambiar su expresión, si creían que podían burlarse de él, pues estaban muy equivocadas.
- Admito que tenemos puntos débiles, pero eso lo podemos resolver nosotras mismas. – dijo Itsuki confiada, Vergil por otro lado solo seguía sin verse afectado por sus palabras.
- ¿En serio? Si es así el caso, solamente espero que por menos hayan repasado los exámenes que les hice ayer. – dijo Vergil, y tal como esperaba, las chicas se pusieron algo nerviosas, las había tomado por sorpresa.
- "Jeje, puede que ellas intenten aparentar no querer ayuda, pero Vergil no es para nada un idiota, ya les tengo algo de lastima por tenerlo como su profesor." – se decía Dante en su mente con diversión, Vergil podría ser muchas cosas, pero no era un idiota, y eso lo acaba de demostrar, restregándoles en la cara a todas que son unas tontas.
- Primera pregunta: ¿A quien venció Mori Motonari en la batalla de Itsukushima? Adelante, esta pregunta es demasiado sencilla. – preguntó Vergil con algo de altanería, mientras miraba a las 5 hermanas.
- Mmmhmmmmhmm… - Itsuki intentaba responder para no quedar mal, pero lamentablemente no podía, Vergil era más listo de lo que pensaba.
- Hmph… con esto es más que obvio que no lo hicieron. – dijo tranquilamente el peliblanco, mientras que comenzó a caminar pasando por delante de todas las hermanas, mientras iba entrado a la escuela, pero se detuvo para decir. – Dicen poder estudiar ustedes solas… pero al final es muy patético ver que no pueden con una simple pregunta. Diría que siento vergüenza de ustedes, pero creo que en realidad solo me dan pena ajena. Y cuando dije que iba a usar medidas más estrictas, esta es una de ellas, así que para la próxima repacen los exámenes por que estaré haciéndoles al menos una pregunta por día, a ver cuánto aprenden con eso. – dijo Vergil con frialdad, mientras miraba de reojo a las quintillizas, para después comenzar a irse.
- Es un descarado sabelotodo. – dijo Nino con frustración, las hizo quedar a todas como a unas idiotas.
- Ya… no le hagan caso chicas, Vergil siempre ha sido así de cascarrabias todo el tiempo, lo sé, lo conozco perfectamente. – decía Dante mientras también iba caminando a la escuela. – Les recomendaría que hagan lo que dice, créanme, Vergil puede ser muy cruel si se lo propone, aparte de que puede ser demasiado impredecible para ustedes. – dijo para continuar caminando.
- Oye, ¿Qué quieres decir con eso? – Nino le preguntó, y Dante solo respondió vagamente.
- Eso tendrán que descubrirlo por ustedes mismas, después de todo, el es su profesor. Como sea… yo me voy. Sayonara. – dijo finalmente el Sparda menor retirándose.
…
Ya adentro de la escuela, Dante y Vergil iban a sus respectivas clases, mientras que las quintillizas iban al frente de ellos, y a una muy buena distancia de donde estaban… hoy estaba claro que no sería un buen día, sobre todo para Vergil.
- Hola chicos, ¿Cómo les va? – Una voz había llamado a los gemelos Sparda, y no era otro que Futaro, quien también había llegado.
- Hey… hola Frutas, ¿Qué cuentas amigo? – dijo Dante saludando al pelinegro, el cual puso una cara de fastidio por aquel apodo.
- ¿Hasta cuándo vas a llamarme así, es tan difícil aprenderte mi nombre? – dijo Futaro algo molesto, mientras que Dante solo se ríe.
- Jejeje, no te pongas así, solo es un sobrenombre, en América es común ponerle apodos a tus amigos. – decía Dante sonriendo divertido mientras que abrazaba por el cuello a Futaro, el cual no le agradaba tanto el contacto físico tan brusco que tenía el Sparda menor.
- Por cierto, ¿Cómo te va con esas chicas Vergil? Apuesto a que deben de causarte muchos problemas. – Futaro ahora preguntó con algo de curiosidad, Vergil le había dicho que sería el tutor de cinco hermanas quintillizas, y sabiendo cómo era el albino, apostaba a que estaría más molesto de lo que siempre estaba.
- No me creerías si te lo dijera. – dice Vergil a secas, estaba más concentrado comparando las calificaciones de las hermanas Nakano.
- Jeh… esas chicas no son nada fáciles Futaro, no les gusta estudiar… - dijo para mirar al frente, y ver la clara distancia que tenían las quintillizas con ellos. – Y al parecer también nos odian. – dice de manera tan tranquila, como si no le importara si ellas los odiaban a él y a su hermano. Futaro estaba algo sorprendido, esas cinco serían las únicas chicas en toda la escuela que no estaban babeando por alguno de los dos hermanos Sparda, el fácilmente podía contar las docenas de chicas que querían salir con ambos chicos. ¡Carajo, hasta podía jurar que incluso algunas de las profesoras se han declarado fans de alguno de los dos!
- La verdad, jamás me imaginaba que hubiera solo un grupo de chicas que no los ven como supermodelos o ese tipo de cosas, creo que su popularidad se les está acabando. – el pelinegro decía con algo de burla, mientras que Dante solo se encogió de hombros.
- Bueno, la vida perfecta no existe, y nosotros solo somos un par de chicos que tienen simple suerte. – dijo Dante de manera aburrida, a pesar de todo, solo se fijaban en ellos por lo que hacen, no por lo que son en realidad, y es por eso que siempre tienen que mantener esa máscara, debido a su verdadera naturaleza y que si alguna vez alguien o todo el mundo se enterara, puede y que no sean muy bien vistos por los demás, como ya les había pasado una vez en el pasado.
Mientras Dante y Futaro seguían charlando, Vergil solo pensaba, ciertamente lo que le dijo su madre esta mañana tenía que tomarlo muy en cuenta.
-Flashback.-
- La verdad que esto es demasiado complicado, mamá. Ellas no quieren escucharme, aparte de que ellas nos odian a mí y a Dante, solo nos ven como extraños. – dijo Vergil mientras ayudaba a su madre con los platos, la cena estuvo bastante tranquila, aunque la matriarca de la familia Sparda veía a su hijo mayor bastante frustrado, sin duda que tratar con chicas debía de ser difícil para él.
- Sé que te sientes frustrado, hijo… pero si solo hubieras hecho lo que te dije desde un principio, entonces no tendrías tantos problemas ahora mismo. –
- Quizás si hubieras avisado con anterioridad me hubiera sido de mucha ayuda, ¿sabes? – masculló el peliblanco siendo algo sarcástico, si su madre le hubiera dicho de esto mucho antes, entonces no estaría así en este momento.
- Esa no es forma de hablarle a tu madre, jovencito. – dijo Eva, mientras que le dio un pequeño pellizco en la mejilla a su primogénito.
- Auch. Lo siento, mamá. – Vergil en vez de estar molesto, por muy curioso que pareciera, parecía algo… ¿avergonzado?
- Bueno… si quieres un consejo, entonces deberás de ganarte la confianza de todas, y así tu trabajo se te hará más sencillo, cariño. – decía la rubia ahora con una sonrisa amable, Vergil solo suspiro con molestia.
- Lo dices como si fuera tan sencillo, pero aun así ellas no me harán caso, ni aunque hable con todas a la vez. –
- Yo no estoy diciendo que tienes que hacerlo con todas a la vez. – dijo, y eso confundió un poco a Vergil.
- ¿Qué quieres decir con eso, mamá? – preguntaba el peliblanco mayor, y su madre solo sonrió.
- Oh cariño es lo más sencillo que puedes hacer, solamente debes de… -
…
- Ganarme la confianza de cada una. – Vergil debía admitirlo, su madre daba muy buenos consejos, y quizás era buen momento de ponerlo en práctica, pero… ¿con quién podría comenzar?
Fue allí que al mirar las respuestas del examen de Miku, ella había respondido correctamente la pregunta que les hizo a las cinco, hace unos momentos. Eso le llamó un poco la atención al Sparda mayor, mientras que por alguna razón puso su vista en la tercera de las hermanas.
Miku, por otro lado… quizás fue por instinto o por otra cosa, pero miro de reojo hacia atrás, y fue allí que su mirada se cruzó con la de Vergil, los ojos azules oscuros de la chica con audífonos se encontraron con los ojos claros del albino, y parecía que todo mundo se desvanecía, mientras ambos seguían mirándose sin decir absolutamente nada.
…
Ya en la hora del almuerzo, Vergil estaba caminando por la cafetería, buscando a alguien en especial, hasta que finalmente la encontró.
- Hey… Miku. – Vergil normalmente no se interesaría por hacer cosas como estas, pero debía de por lo menos ganarse la confianza de una de ellas para así no tener tantos problemas, y pensaba que Miku podría ser una buena idea para que le ayudara con sus demás hermanas. – Así que aquí estabas. –
- ¿Qué quieres? – preguntó la pelicastaña con algo de frialdad, aunque no le llegara a los talones a Vergil en ese aspecto, ambos tenían eso en común.
- Nada en especial, solo quería charlar. – decía el albino encogiéndose de hombros, aunque dijera eso, en realidad no era tan bueno para charlar con otras personas que no fueran su hermano o su madre. – Viniste a almorzar según veo. A parte de eso… ¿Qué es lo que beberás? – Vergil por fuera intentaba buscar un tema de conversación, pero por dentro se sentía estúpido, ¿Por qué tiene que pasar por una humillación tan tonta como esta? Bueno… si quiere que todas estudien, entonces deberá de hacer esto para así al menos que dejen de verlo como a un estorbo.
- Es Matcha soda, pero no creas que te voy a dar un poco. – dijo Miku mirando con malos ojos al peliblanco, este solo dio un suspiro desinteresado.
- Hmph…no es como si en verdad quisiera realmente. – Ok esto se estaba poniendo algo incomodo para el Sparda, era mejor ir al grano. – muy bien iré al grano contigo. Quería preguntarte… sobre la pregunta que hice esta mañana. – Vergil dijo mirando a Miku con una expresión seria en su rostro como de costumbre, otra cosa que le daba curiosidad al peliblanco mayor, era que varias de las preguntas que eran de historia, Miku las había resuelto perfectamente, así que quería saber si ella era así de buena con el tema de historia.
La expresión de Miku pasó a una de sorpresa, eso Vergil podía notarlo, sus sospechas parecían ser verdaderas. Ella parecía querer responderle, pero…
- Veeergiiil-san… - repentinamente la voz de Yotsuba se hizo presente, mientras asomaba su cabeza detrás del peliblanco, el cual no se sorprendió por su aparición, pero maldijo que apareciera justo cuando intenta llevarse bien con Miku.
- Ugh… ¿ahora qué es lo que quieres? – pregunto con fastidio el peliblanco, odia que lo interrumpan en algo importante.
- ¡Mira esto! – dijo Yotsuba mostrándole una hoja con lo que parecía ser su tarea de Ingles. – ¡Es mi tarea de ingles, me equivoqué en todo! Jajajaja… - decía mientras se reía, Vergil se agarró el puente de su nariz, no sabía si chica era más idiota que su hermano, o era literalmente una copia exacta de él. O es una, o es otra.
- Vamos Yotsuba, no deberías de interrumpirlos. – alguien más se hizo presente, y no era otra que Ichika, quien al ver a Vergil hablando con su hermana, pensaba que quizás el estaría interesado en ella.
- ¿Interrumpo? – preguntó Yotsuba algo confundida, ¿estaba interrumpiendo algo?
- "Maldición, justo ahora tienen que entrometerse donde no deben. Que molestas. – maldecía Vergil en su mente, esto se estaba volviendo ridículo, mientras que para Miku, esto se estaba volviendo algo incómodo para su gusto.
- Tú también deberías estudiar con él, Ichika. – Yotsuba comentó, mientras que su hermana mayor se puso algo nerviosa.
- Emmm… creo que yo paso. Ya sabes, con lo tontas que somos. – decía Ichika, en verdad que no le gustaba estudiar, pero no quería admitirlo ya que Vergil estaba presente. – además, ¿está bien pasar toda nuestra época de escuela estudiando? Deberíamos mejor vivir nuestros días de escuela de la mejor manera. ¡Con romance! – decía la mayor de las Nakano con emoción, Vergil por otro lado no compartía para nada esa línea de pensamiento, aparte de que para él, eso era lo más absurdo que ha oído, y eso solo era una pérdida de tiempo.
- ¿Romance? – fue allí que una aura fría imaginaria aparecía sobre el Sparda mayor, haciendo que las chicas lo miraran sorprendidas por ese cambio en su actitud. – Lamento decirte que eso lo más absurdo que haya escuchado, además, el romance es para los idiotas que creen que sus vidas mejoraran para su propio beneficio, pero en lugar de eso solo persiguen sueños estúpidos que en vez de hacer algún bien, traen todo lo contrario, y por eso sus vidas son tan miserables como las de un perro callejero que solo sabe vagar sin un rumbo en especial. ¡En pocas palabras los que buscan el romance, terminaran con sus vidas echas una masa de decepciones y sueños vagos que al final se volverán nada! – dijo fríamente el albino con una cara de desaprobación mientras tenía una postura imponente, mientras que parecía que se alzaba sobre una enorme tempano de hielo imaginario.
- ¡El ya no tiene salvación! – Ichika y las demás sabían que Vergil era frio… pero no se imaginaban que fuera así de tanto.
- Jeje, yo la verdad no tendría con quien salir, aunque pudiera. – decía Yotsuba con algo de pena, mientras que mira a su tercera hermana. – ¿Qué hay de ti, Miku? ¿Hay alguien que te guste? –
Ante esa pregunta, Miku se había sonrojado mucho mientras ponía una cara de sorpresa, mientras que esa expresión era notada por sus hermanas y por el propio Vergil, quien se había confundido por esa reacción de ella.
- N-No… - Decía la chica de los audífonos con algo de nerviosismo, y comenzó a retirarse del lugar, dejando a sus hermanas y al peliblanco atrás.
- Esa cara… ¡como su hermana puedo darme cuenta! – Yotsuba dijo con emoción, mientras que Ichika estaba igual que ella.
- ¡Si, eso significa que…! –
- ¡Miku está enamorada! – dijeron ambas al mismo tiempo, esa reacción de Miku solo podía ser una cosa, y eso era que estaba enamorada de alguien. Vergil por otro lado, solo chasqueaba los dientes con molestia, acaba de perder una oportunidad de hablar con Miku, en serio que odia que las cosas no salgan como le gustaría que fueran.
…
Ya en su salón de clases, Vergil se notaba frustrado, de no ser por las hermanas de Miku, por lo menos hubiera podido haberse llevado bien con ella por lo menos, pero bueno… esto no debería de afectarle en lo absoluto, hacia esto simplemente por compromiso, nada más que eso.
- ¿Qué es esto? – Vergil pudo notar algo debajo de su escritorio, y eso era una especie de carta, la cual era de… - Es de Miku. – podía ver que de quien era el nombre del remitente era Miku, esto lo confundió por un momento, pero no le tomo importancia, así que solamente comenzó a leer lo que había en ese mensaje.
Miku: Ven a verme en la azotea de la escuela después de clases, quiero decirte algo muy importante. Ya no puedo contener lo que siento.
Decir que Vergil estaba algo sorprendido era casi imposible, pero sabía muy bien mantener la compostura, desde que llegó a esta escuela… muchas chicas le han mandado cartas de amor y esas tonterías, claro que al Sparda esto le importaba un cuerno, el era demasiado serio como para querer una novia. Pero… al leer esta carta de la que se supone es una de sus alumnas… la verdad que esto ahora solo dejaba con mas estrés, primero tener que soportar a un grupo de hermanas que aparte de ser malas estudiando también eran molestas, y ahora… sinceramente no sabía si golpear a su hermano para sacar su frustración, o simplemente hacer una cosa completamente estúpida a su modo de ver las cosas.
- "¿Por qué rayos me tienen que suceder este tipo de cosas? Ahora tengo que creer que Miku puede o no estar enamorada de mí, y lo peor es que es mi estudiante. Tsk… no acepté este estúpido trabajo para hacer amigos, ni mucho menos tener una novia. Eso no es lo mío, aparte que lo veo innecesario y completamente ridículo. Será mejor que arregle todo esto antes de que tenga más problemas de los que debería tener realmente." – se decía Vergil en su mente bastante irritado, pero sin que el mismo se diera cuenta, estaba resolviendo todos los problemas en la pizarra, mientras que todos los estudiantes y el profesor lo miraban impresionados y también confundidos por su actuar, Itsuki tenía gota de sudor, su profesor particular estaba actuando de manera extraña, pero no era la única, Futaro también estaba confundido, Vergil siempre es alguien que es muy imperturbable, pero hoy parecía estar fuera de sus casillas, ¿Estará muy estresado? De seguro, ser el profesor de cinco chicas debía ser muy difícil, suerte que no le tocara sufrir tal calvario como el que pasaba su… entre comillas, "amigo".
…
Las clases finalmente terminaron, y Vergil debía de reunirse con Miku según lo acordado, así que tuvo que mentirle a Dante para que él se fuera sin el por el día de hoy, y este ultimo algo confundido lo hizo. Bueno, con su hermano fuera, ahora podía resolver esto sin que nadie los moleste, ni siquiera el resto de las Nakano.
El peliblanco estaba en la azotea esperando a que Miku diera señales de presencia, mientras que esperaba, se puso a mirar el paisaje que se veía al estar allí, mientras el sol estaba ocultándose en el horizonte. La verdad que este tipo de vista lo relajaba de cierta forma, le hacía olvidar un poco el estrés que cargaba, mientras que la briza del viento lo golpea levemente, dándole una mejor sensación de tranquilidad, una como hace tiempo no tenia.
Fue allí que la chica de los audífonos finalmente apareció, y pudo apreciar al Sparda mirando el ocaso con una expresión bastante tranquila en su rostro. Miku al mirarlo, lo notaba tan tranquilo, no parecía ser el mismo estricto y frio chico que les daba clases, aparte… ver como el viento movía algo de su cabello levemente y el sol iluminando su rostro… el… se veía muy atractivo estando de esa forma.
- Finalmente viniste, Miku. – dijo Vergil de la nada, llamando la atención de la chica, la cual se había sonrojado un poco por lo que estaba pensando hace solo unos segundos atrás. – Muy bien, ¿Qué es lo que querías decirme? – sin embargo Vergil quería ir al grano de una vez, así que mirando fija y seriamente a la chica, le decía que hiciera lo que había venido a hacer.
- Jeje, en serio eres alguien que va siempre al punto. – Vergil no le vio la gracia a eso que dijo. – B-Bueno… hay algo que quería decirte. – la chica se había puesto sumamente nerviosa repentinamente, Vergil seguía allí esperando lo que quería decir la tercera de las hermanas.
Miku intentaba decir algo, mientras que Vergil comenzaba a impacientarse, lo que sea que fuera, aunque fuera un maldito, "hola", siquiera, ¡que solo lo soltara de una buena vez!
- Su… -
¿Su…? –
- ¡Sue… Harukata…! –
Ante la respuesta de Miku… hubo un muy incomodo silencio entre los dos, Vergil tenía una cara de palo, ¿en serio tanto dramatismo, solo para responderle la maldita pregunta de esta mañana? ¡Maldita sea! Se sentía estúpido en estos momentos, tenia suerte de que Dante no estuviera aquí, sino estaría burlándose de él ahora mismo. Demonios, esto es más de lo que puede soportar.
- Bien… lo dije. – decía Miku estando más tranquila, mientras que Vergil solo se sostenía el puente de la nariz, si antes estaba frustrado… ahora estaba… como decirlo, ¿decepcionado?
- "¿Por qué siempre quieren verme la cara de idiota?" – Vergil maldecía a más no poder, pensaba que quizás podría tener una oportunidad de hablar con Miku tranquilamente, pero por cosas como estas prefería matar a demonios de poca monta que hacer estas ridiculeces.
- Listo, ya me voy. – Miku estaba dispuesta a irse, pero Vergil ya estaba hasta los cuernos con todo esto, quizás estaba exagerando demasiado, pero por lo menos quería que al menos una de las hermanas pudiera tomar sus clases.
- Miku… espera, solo quiero que hablemos al menos como com…- Vergil en su intento de detener a la chica, la había sujetado del hombro sin medir muy bien su fuerza, haciendo que Miku en reacción soltara su celular. El albino al ver eso, con una rapidez que Miku no pudo notar, Vergil logró atrapar su celular antes de que se estrellara con el piso, la chica estaba sorprendida, no pudo ver el momento que se movió.
- Lo siento, no medí mi fuerza… - Vergil estaba por devolverle el celular a Miku, cuando al ver lo que usaba de fondo de pantalla era…- Eso es… ¿el emblema de los Takeda? – preguntó Vergil confundido, eso lo había visto en los libros de historia, entonces porqué…
- ¿Lo viste? – Miku ahora miraba al peliblanco con una mirada asesina, Vergil no entendía nada de lo que estaba pasando, pero si ella creía que podía asustarlo con eso, estaba muy equivocada.
- ¿Y que si lo hice, tienes algún problema con eso? – respondió con una mirada bastante penetrante y de una forma algo altanera, no había nada en el mundo que lo intimidara o asustara, ni siquiera un demonio de gran poder lo haría sudar de los nervios.
Ambos seguían mirándose, Vergil debía admitir que esta chica era alguien que podría dar miedo si alguien normal la molestara, pero él no era precisamente… normal, así que eso no contaba. Sin embargo, el momento fue roto cuando Miku se tapó la cara, mientras tenía un enorme sonrojo, cosa que confundió más al Sparda mayor.
- P-Por favor no se lo digas a nadie. Me gustan los generales de la era Sengoku. –
- … - Vergil quedo en silencio por un momento, ¿acaba de escuchar bien? – ¿Qué cosa dijiste? – tenía que corroborar lo que enserio acababa de oír.
- Q-Que me gustan los generales de la era Sengoku. – decía con mucha vergüenza la chica, mientras que Vergil.
- "Esto tiene que ser una estúpida broma." – increíblemente, las neuronas del Sparda se le estaban fundiendo, intentando comprender y procesar tal cosa como esa… ¿Qué rayos le sucede a esta chica?
Entonces Miku comenzó a explicarle la razón de esto a Vergil, este por otro lado… No sabía si decir que era ridículo, o simplemente debía olvidar que esto estaba pasando realmente. Maldición, esto ya era demasiado para él.
- Mientras mis compañeras les gusta tanto actores como modelos. Los míos son viejos barbudos. Soy rara. – decía con mucha vergüenza la tercera de las Nakano, Vergil la verdad no tenía mucho que decir, esto ya de por si era muy raro para él, pero extrañamente no la criticaba por eso, de hecho, podía comprenderla de cierta forma, después de todo el y su hermano, eran todo menos… normales.
- Tú no eres rara, son solo tus gustos. Nada más que eso, el que no los comprenda es simplemente un idiota, así que no deberías de avergonzarte de ser diferente a los demás, por lo contrario, deberías de sentirte orgullosa de saber mucho más que los demás, sabes mucho de ellos, así que eso te vuelve especial de cierta forma. Así que nunca digas que eso es raro, aquel que no te comprenda solo ignóralo, y sigue siendo tal y como eres. – Vergil dijo con una expresión tranquila, Miku al oírlo se había sonrojado, nunca nadie le había dicho algo como eso, y también no se esperaba eso de parte de alguien como Vergil, siendo tan frio como es… podía notar que esa sensación de hostilidad que había en el, desapareció totalmente, el parecía ahora, ser comprensible, o al menos en parte.
- Espera… ¿Por qué me dices esto? – Miku preguntó un poco confundida, mientras que Vergil mira para otro lado con los brazos cruzados y una expresión tan seria como siempre portaba.
- Lo digo porque… creo que comprendo lo que se siente ser diferente a los demás. A decir verdad, por eso es que tuvimos que cambiarnos de escuela Dante y yo. – Vergil dijo, y la chica podía ver que su expresión era algo decaída, a decir verdad, le estaba entrando la curiosidad, quizás, podría saber más de él y de su hermano.
- ¿Qué quieres decir con eso? –
- … Nada en especial, solo recordaba cosas del pasado. – dijo evadiendo la pregunta, para volver al tema principal. – ahora que sé que amas la historia, entonces te podría ayudar con eso, a decir verdad, la historia de Japón es bastante interesante, aparte tengo una buena calificación en esa materia. – Vergil no era alguien que presumiera sus virtudes, pero si con eso podría llamar la atención de Miku entonces haría una excepción.
- Espera… ¿acaso crees saber más de historia que yo? – dijo Miku con molestia, mientras que miraba desafiante al peliblanco. – a ver… ¡demuéstralo! –
- Muy bien, solo has una pregunta y yo te la responderé. – Si así quería jugar, entonces Vergil iba a seguirle el juego.
- Se dice que Nobunaga le decía "mono" a Hideyoshi, pero eso es falso. ¿Cuál era su verdadero apodo? – preguntaba la chica haciendo un puchero bastante adorable, Vergil solo suspiro, ¿en serio debía de hacer esto?
- La respuesta es rata calva. –
- Correcto. –
Vergil debía admitir que Miku era alguien muy diferente a la hora de hablar sobre sus gustos, justo como lo estaba haciendo ahora, ahora la chica comenzó a decirle cosas sobre los generales de la era Sengoku, eso también incluían teorías, una que otra curiosidad, entre otras cosas más. Por un lado no le molestaba en lo absoluto, de hecho, era la primera vez que podía conversar con alguien de esta forma, aparte de que esto era la mejor forma de tener la confianza de alguien. Pero sin embargo, hablar de cosas como estas… debía de ser sincero, no era el mejor tema para tener una charla con alguien, pero si ese alguien era Miku, entonces tendría que tragarse el orgullo para hacer este tipo de cosas tan tontas.
- Deberíamos de irnos, ya está por obscurecer, además tus hermanas podrían preocuparse por ti, y yo siendo tu profesor debo de ser responsable por tu seguridad. Así que mejor dejemos esto para otro momento. – Vergil dijo mientras que Miku estaba por seguir hablándole de los generales, pero al darse cuenta la noche ya estaba por llegar, así que con algo de decepción aceptó. Pero debía admitir que hablar con Vergil sin que este fuera tan frio como era siempre, y de paso hablar sobre lo que más le gustaba como una chica normal… le había gustado mucho, y esperaba volverlo hacer otra vez.
Ambos estaban bajando por los pisos de la escuela, y Miku se detuvo a comprar algo para beber, Vergil seguía su camino pero ella lo detuvo.
- Espera. – el peliblanco detuvo su andar, y podía ver como Miku le extendía una lata de refresco, Matcha soda para ser exactos. – como buena voluntad, me gustaría que lo pruebes. Y tranquilo, no tiene mocos. –
Vergil solo miraba a la chica sin decir nada, dio un suspiro para así querer tomar la lata, pero fue allí que ella se la quito de su alcance, y le dedicaba una mirada de… decepción si se le podía decir.
- ¿Qué? ¿No entendiste la referencia? – dijo mirando fríamente al Sparda mayor, el cual solo tenía una expresión seria en su rostro. – entonces… este es tu nivel, ¿eh? Jum… no me sirves. – dijo con desprecio mientras se retiraba, Vergil por otro lado.
- "¿En serio se molestó solamente porque no respondí a esa tonta referencia? Tsk… esto es ridículo, aparte de que era innecesario eso que dijo. Ahora tendré que volver a ganarme su confianza otra vez. Maldición… ¿Por qué tiene que pasarme esto a mi?" – Vergil juraría que si tuviera frente a él a Dante, lo golpearía solo para desquitarse de la frustración que estaba sintiendo ahora. Muy bien, si esa chica creía que Vergil era más palabrería, a que ser sincero, entonces esta vez se tomaría la cosa más en serio.
-Unos días después.-
El día había transcurrido con normalidad como siempre, además de que las clases terminaban temprano. Así que ese era el mejor momento para Vergil, ya que tenía asuntos pendientes con cierta chica que siempre portaba unos audífonos y que era aficionada a antiguos ancestros de épocas de guerras.
- ¿En serio nunca te rindes, verdad? – decía Miku un poco molesta, había encontrado una carta entre sus cosas, una que parecía casi a un llamado de desafío, y que pertenecía a nadie más que al primogénito del legendario caballero oscuro.
- Estoy altamente seguro que no quieres que te gane en tu propio juego, ¿o me equivoco? – Vergil con su siempre característica cara seria, miraba desafiantemente a la chica, la cual solo tenía un puchero en su cara, este chico en serio que era testarudo.
- En serio que no aprendes. –
- Puedo aprender miles de formulas matemáticas con solo mirarlas una sola vez, esto simplemente es un juego de niños para mí. Pero si así es como quieres jugar Miku… yo también puedo hacer lo mismo. – dijo fríamente el albino, sea como sea, iba a convencer a esta chica de cualquier forma que fuera, pero claro…esta vez le haría frente con sinceridad. – Así que… solo hagamos esto de la mejor forma, tu vas a preguntarme cualquier cosa sobre la era Sengoku, y yo te responderé a todo, sin trampa alguna. –
Miku debía admitir que Vergil era tenaz, algo bastante admirable de su parte, pero…
- Muy bien, lo haré. Pero sabré si llegas a equivocarte en alguna pregunta. –
- No hay problema. Ahora… ¡Dame com todo lo que tengas, Miku! – desafiaba Vergil, por alguna razón sentía lo mismo cuando peleaba contra un demonio, no sabía porque, pero de algo que estaba seguro, era que no perdería esta.
- De acuerdo. – Miku se preparó para lo que iba a hacer, pero Vergil ya tenía previsto lo que pensaba la chica, no por nada podía estudiar a las personas con solo mirarlas a los ojos. – En el Furinkazan de Takeda Shingen ¿Qué representa el viento? – Miku estaba demasiado cerca de la barandilla de las escaleras de donde estaban, Vergil por otro lado solo se quedaba con los brazos cruzados, mientras miraba a la chica, ya tenía claro lo que planeaba.
- La respuesta es muy sencilla, y eso es… -
Fue allí que Miku se deslizó sobre la barandilla hasta tocar suelo al final, mientras que ambos daban su respuesta.
- Ser veloz como el viento. –
Fue allí que Miku comenzó a correr, mientras que Vergil solo la miraba alejarse. Solamente dio un suspiro, esto iba tomar tooodo el día.
- "Miku cree que puede despistarme. Hmph… ella va saber lo que puedo hacer realmente." – Vergil comenzó a perseguir a Miku, pero usando su agilidad de demonio, dio un salto hacia el techo de la escuela, mientras que la seguía sin que ella se diera cuenta.
Fue allí que el peliblanco vio como la Nakano comenzó a cambiar su apariencia, mientras se ataba un lazo color verde sobre su cabeza, y cambiando la expresión de su cara, y así pareciéndose a su cuarta hermana, Yotsuba. Creía que con esto no la reconocería, pero lo que Miku no sabía, era que Vergil no era un idiota, no como su hermano gemelo.
- ¿Crees que con eso podrás engañarme, Miku? Hmph…deberías de saber. – Vergil llevó sus manos a su cabello y comenzó a desarreglarlo, quedando justo igual a su hermano, Dante. – Que yo puedo jugar ese tonto juego también. –
Miku seguía esperando a que Vergil apareciera, pero con lo que no contaba era que esta vez los papeles se iban a invertir en su contra.
- ¡Hey, Miku! – la chica oyó a alguien llamándola, y al mirar atrás, resultaba ser….
- ¿Dante? ¿Qué sucede? – se había olvidado por completo que Vergil iba tras ella, mientras que miraba su hermano gemelo, o eso pensaba la chica.
- Bueno, la verdad estaba buscando a Vergil, ¿no lo has visto por aquí? – decía el aparente "Dante" con una sonrisa, mientras que Miku se puso un poco nerviosa ante la mención del chico de cabello blanco.
- Ehhh… no, no lo he visto por aquí. – mintió, mientras que el peliblanco frente a ella se mostraba "frustrado".
- Ya veo. Ese Vergil, nunca esta cuando lo necesito, en serio es idiota. A propósito Miku, ¿Por qué usas un lazo igual al de tu hermana Yotsuba? – preguntó "Dante" con curiosidad, la chica al darse cuenta comenzó a cambiarse.
- P-Por nada, en serio. – si le decía que era para ocultarse de su hermano, estaba segura de que comenzaría a molestarla con que Vergil se enamorara de ella y esas cosas, y sabiendo cómo es Dante, más que todo con su hermana Nino, entonces no era buena idea que el supiera de lo que estaba pasando, aunque claro… la cuestión era que el chico que ella pensaba que era, no era realmente el verdadero Dante.
…
Mientras tanto, el verdadero Dante estaba junto a Yotsuba, y también entre ellos estaba Futaro, quien estaba allí ya que el peliblanco le habia pedido que le ayudara a buscar a su hermano, ya que no lo veía desde que empezaron las clases.
- Maldición, ¿en donde rayos estará Vergil? Odio cuando decide ignorarme por un tiempo, en serio que a veces se comporta como un idiota. – decía Dante algo molesto, esto era ya algo normal en la relación de ambos, pero aun así eso no quita el hecho de que tenga que hacerlo ya más de un día de toda la maldita semana era pasarse.
- ¿No crees que simplemente quiere tener su momento de tranquilidad? Después de todo lo que él ha estado haciendo seguramente quiere despejar su mente, no solo de ellas, suponiendo que de ti también. – Futaro era alguien que siempre decía lo que pensaba, aunque a veces solía decirlo de manera muy directa.
- ¿Qué rayos estas insinuando, Frutas? – decía Dante con una sonrisa, pero mientras frotaba su puño con su mano, mirando peligrosamente al chico pelinegro, el cual se puso nervioso ya que sabia como era Dante cuando se molestaba.
- ¡N-Nada, no me refería a nada, en serio! – algo de lo que Futaro estaba seguro… era que los hermanos eran propensos a arranques de ira, eso solo si los provocaban, aun recuerda lo que Dante le hizo a un chico de tercer año unos meces después de iniciado el curso, pobre tipo… hasta el día de hoy vive, pero con traumas permanentes.
- Jijiji, ustedes dos se llevan muy bien, me sorprende que Uesugi-san fuera amigo tuyo y de tu hermano. – decía Yotsuba alegremente mientras que llevaba una caja con algunas cosas, de seguro era el encargo de alguien, después de todo a ella le gustaba ayudar a la gente.
- Pues… digamos que nos conocemos desde hace un buen tiempo, aparte de que su padre está loco por nuestra madre. – dice Dante de forma divertida, mientras que Futaro solo se molesto un poco.
- ¡Oye! ¡No es necesario que digas esas cosas! – decía Futaro algo molesto, pero no lo negó, desde que su padre conoció a la madre de ambos gemelos, su padre quedo como loco, el aseguraba decir que era un ángel, una hermosa ángel caída del cielo, y para colmo su hermanita, Raiha, pensaba lo mismo que su padre, aparte de que se lleva muy bien con los hermanos, mas con Dante que con Vergil.
- ¿Y eso que tiene? Aparte que puede sonar algo cruel, pero por más que tu padre quiera invitar a salir a mi madre, la verdad que ella lo rechazaría amablemente. No por maldad, sino que ella no puede amar a otro hombre que no fuera como mi padre, o eso dice ella. – decía Dante como si fuera lo más normal, Futaro ya sabía eso, pero Yotsuba estaba algo sorprendida por eso, sin duda el padre de ambos hermanos debió de ser alguien muy especial para que su madre tenga esos pensamientos.
- O-Oigan, Dante, Yotsuba… no quiero alterarlos, pero allá están sus doppelganger. – Futaro decía con nervios, mientras que al salir de la escuela, podía ver a alguien que se parecía a Yotsuba y a un chico muy similar a Dante.
- ¡Es cierto, allí están! – la pelinaranja miraba también sorprendida, pero con respecto a Dante…
- Un momento, ¿Qué ese de allá no es…? – Dante no creía lo que veía, ese aparente "Doppelganger" suyo no era otro más que su hermano Vergil, lo reconocería a kilómetros, incluso si se vistiera y se peinara como él. Pero la pregunta que mas importante era… ¿Qué estaba haciendo el con su apariencia? Y sobre todo, hablando… con una… chica. Acaso….
…
De regreso con Miku y con "Vergil/Dante", Miku se había quitado su disfraz de Yotsuba, mientras se ponía algo nerviosa, no quería que "Dante" se diera cuenta de que estaba huyendo de su hermano mayor.
- ¿Qué ocurre Miku? Te noto muy rara, aparte de que estés vestida de tu hermana Yotsuba, sin razón aparente… ¿en serio te encuentras bien? – decía "Dante" fingiendo estar confundido, mientras que Miku no sabía qué hacer, sin tener opciones a su favor decidió contarle la verdad.
- B-Bueno, lo que pasa… es que… - por alguna razón tenía mucha vergüenza, mientras que un sonrojo adornaba su cara, Dante podría malinterpretarlo, y solo eso le causaría más problemas a Vergil.
- Tranquila, lo que sea que esté pasando, prometo no decírselo a nadie, te doy mi palabra. – decía "Dante" con una sonrisa de confianza, mientras que alzaba su mano en señal de promesa.
- Está bien. Lo que sucede es que estoy huyendo de tu hermano, el… - no podía decirle de lo que estaban tratando ya que revelaría su secreto. – el intentaba hacerme un examen sorpresa y por eso estoy huyendo de él. – esa fue la única mejor excusa que pudo inventarse, solo esperaba que se la creyera.
- Mmmm… bueno, si lo pones de esa manera tiene algo de sentido, aunque me sorprende de que Vergil quiera hacer algo como eso, y más a ti. Pero bueno… aparte, sobre el disfraz. –
- Oh, eso… pues pensaba engañar a tu hermano haciéndome pasar por Yotsuba, después de todo yo y mis hermanas nos parecemos mucho, quizás no lo notaria. – lo que Miku no se imaginaba… era que al decir esas palabras, ella misma se había atado su soga al cuello.
- Oh, ya comprendo. Jejeje, es gracioso sabes, crees que puedes verle la cara de idiota a mi hermano, pero la realidad es… - ante esas palabras, "Dante" llevó sus manos a su cabeza, y de una sola pasada, su cabello mágicamente se quedo fijo hacia atrás, mientras que su expresión cambiaba a una seria, una que… la chica desgraciadamente podía reconocer perfectamente. – Que soy yo el que te ve la cara de tonta ahora. –
Hubo un muy incomodo silencio, el cerebro de Miku estaba procesando todo, hasta que finalmente tuvo una iluminación.
- ¡¿EEEEEEH?! – al comprenderlo todo, la chica pelicastaña quedó hecha de piedra… ella acababa de caer en su propio juego.
- ¿Creíste que en verdad caería en un truco tan tonto? Pues debes de saber… Miku, que yo también puedo jugar ese tonto juego también. – Vergil hablaba seriamente, Miku aun estaba en shock, este chico… este chico era más listo de lo que creía realmente.
Instintivamente, ella comenzó a correr otra vez, mientras que el peliblanco solo dio un suspiro cansado, tendría que atraparla y obligarla a rendirse.
- ¡Miku, no lograras escapar por siempre! –
…
Por otro lado, Yotsuba y Futaro estaban sorprendidos por lo que habían visto, aparte de que Vergil por alguna razón estaba persiguiendo a Miku, cosa que era bastante extraña viniendo de alguien como el Sparda mayor, y eso dejaba muchas preguntas al aire.
- ¿Tienes alguna idea del porque Vergil está persiguiendo a una de tus hermanas? – el chico pelinegro le preguntó a la cuarta de las Nakano, la cual estaba igual de confundida.
- La verdad no, no me imaginaba que Vergil-san hiciera esto con Miku. – Yotsuba dijo con una sonrisa complicada, algo debía de suceder para que ambos estuvieran jugando a las atrapadas, o al menos eso parecía.
- Es verdad… oye Dante, ¿tu qué piensas al respecto? – Futaro miro al hermano gemelo de su compañero, pero Dante no respondió, más bien parecía estar con la mirada baja, con su cabello cubriendo sus ojos. – Hey, ¿Qué te ocurre? – volvió a preguntar, la chica pelinaranja también se confundió por la actitud del peliblanco, pero eso no duró mucho.
- Vergil… el… - decía con un tono algo apagado, Futaro y Yotsuba no comprendían lo que tenia, pero sus dudas fueron contestadas cuando. – ¡MI HERMANO ESTA TRAS UNA CHICA! ¡FINALMENTE, FINALMENTE ESTA DEJANDO DE SER UN CEREBRITO Y ESTA VOLVIENDOSE TODO UN DON JUAN! ¡ESTE ES EL MOMENTO MAS FELIZ DE MI VIDA! – Dante comenzó a gritar con euforia y alegría, mientras no podía evitar derramar lagrimas masculinas, por un solo momento no podía creer lo que estaba viendo, pero se auto convenció de que no era un sueño, Vergil, su hermano tan frio como el hielo, por fin… POR FIN estaba interesándose por el sexo opuesto, Dante por otro lado, temía de que su hermano acabara siendo un ermitaño, pero aparentemente, todas sus insistencias, todas sus charlas sobre chicas… (Que Vergil ignoraba por cierto.) Finalmente habían rendido sus frutos.
Tanto Futaro como Yotsuba tenían una cara de palo y les caía una gota de sudor, no esperaban esa reacción del Sparda menor, sin lugar a duda estos hermanos no eran del todo normales, sobre todo Dante, tal parece que ver a su hermano hablando con una chica era como descubriera una gran mina de oro, cosa que no podían comprender en lo absoluto.
…
De regreso con Vergil y Miku; la chica seguía escapando del Sparda, el cual no parecía estar para nada cansado de correr, mientras que la chica ya estaba comenzando a cansarse, no tenía una muy buena condición física como su hermana Yotsuba para correr por mucho tiempo, pero aun así seguía corriendo, mientras que Vergil la seguía de cerca.
- Ya termina con esta tonteria Miku, jamás lograras deshacerte de mí. Además, yo solamente quiero hablar contigo como alguien normal lo haría. –Vergil abogaba ya estando algo molesto por toda esta situación tan tonta, solamente quería acercarse a ella como… un compañero.
-… M-Mentiroso. – decía Miku casi faltándole el aire, ella no era como su cuarta hermana que si era buena con los deportes, y para su mala suerte, Vergil si era alguien que a pesar de ser muy listo, eso no le impedía tener una muy buena condición física, aunque eso era más por ser un semi demonio, el no se casaría por simplemente correr.
Estos seguían corriendo alrededor de toda la escuela, mientras eran vistos por todo el mundo, Nino, quien estaba conversando con unas amigas, pudo notar como su profesor perseguía sin descanso a su hermana, no entendía que era lo que estaban haciendo.
- Miku, solo quiero hablar contigo como un igual, como un compañero, solo al menos dame una oportunidad. – decía Vergil serio, Miku al oír eso, pensó que estaba mintiendo, pero… comenzó a recordar que hace unos días hablaban plenamente de los gustos de ella, y en ese momento Vergil no parecía ser el mismo chico tan frio y serio que es siempre, ella pudo ver otro lado ese otro lado de él, y que no actuaba como un profesor… sino, como algo más que eso. Como alguien en quien podía confiar y que él nunca la dejaría de lado por cualquier cosa.
- S-Shitori de generales…. Ryuzouji Takanobu… –
- "Fu", también cuenta. Fukushima Masanori, célebre por ser una de las 7 lanzas de Shizugatake. También esta Kanamori Nagachika. –
- Ka… Kawajiri Hidetaka… -
Y así empezaron a mencionar cada uno a algún general importante de la era Sengoku, Miku seguía corriendo y Vergil iba tras de ella, mientras pasaba el tiempo, Vergil llego al punto de simplemente caminar tras de Miku, ya que ella estaba llegando a su límite.
- Sa… Sanada… Yukimura…. Y-Ya… ya no puedo más. – finalmente la chica había llegado a su límite de resistencia, Vergil por otro lado no parecía ni estar en lo absoluto cansado, es mas… ni si quiera parece haber sudado una sola gota.
- Ya detente, Miku. Sobre esforzarte puede ser malo para ti. – Vergil decía con mucha tranquilidad, mientras que la pobre chica terminó rendida en el suelo, recuperando el aire.
- ¿P-Por qué… llegas… hasta… tal… extremo…? – decía Miku con dificultad, mientras trataba de recuperar aire.
- Ya te lo dije, solamente quiero hablar contigo como alguien normal, como un compañero. Aparte de que esto no es nada para mí, puedo recorrer varios kilómetros sin cansarme en lo absoluto, pero viéndote, sin duda que te hace falta más ejercicio. – dijo Vergil dando un suspiro, el seguía tan fresco como siempre, mientras que la pelicastaña debía admitir que tenía razón, y también se siente algo frustrada por perder contra el albino, que este no parecía estar afectado por toda esa carrera que estaban haciendo.
- Yo… soy la más… lenta de mi clase. –
- Ya lo suponía. Solo déjame decirte que para tener un buen uso de tus capacidades cerebrales, el ejercicio es lo más esencial. – por este tipo de cosas era que al Sparda mayor era considerado un prodigio, no solo por sus cualidades mentales, sino también por las físicas.
- Que calor… - la chica sin importarle que Vergil la estuviera mirando, estaba quitándose sus medias largas, el calor que le producían estas la estaba sofocando, el peliblanco al notarlo, pudo ver una máquina expendedora cerca de donde estaban, así que era mejor ayudarla.
- Espera, iré a comprarte algo para beber, si no te hidratas como es debido puedes sufrir un golpe de calor. – dijo para después ir hacia una de las maquinas, mientras que Miku lo miraba algo sorprendida, acaso, ¿estaba preocupada por ella? La verdad lo dudaba, siendo él como es, seguro solo hace por obligación de ayudarla. Pero, ¿Por qué le agradaba que él se preocupara por ella?
Vergil había comprado un refresco para Miku, era el que a ella más le gustaba, y pudo ver que la chica estaba sentada en unas bancas que había allí, mientras seguía jadeando debido al cansancio.
- Toma, es del que te gusta. – Vergil puso la lata sobre la mejilla de la pelicastaña, haciendo que esta diera un leve gemido debido al frio. – Ciento diez yenes, entiendo porque es que compras este. Pero tienes suerte de que al menos no tenga mocos. – dijo Vergil con su ya característica seriedad, Miku al oír eso quedo sorprendida.
- ¿Qué dijiste? –
- Ishida Mitsunari se bebió un té con un moco de Ohtani Yoshitsugu. ¿Creías que no conocía esa referencia? – dijo Vergil quien desvió su mirada de la de Miku, para así seguir hablando. – Ese día que dijiste eso, pensé que estabas bromeando, y yo soy alguien que no soporta las bromas. Lo siento, quizás fue algo tonto de mi parte no responder a eso, de no haberlo hecho, no estarías así como estas. Creo que Dante no es el único idiota. – decía Vergil, pero Miku podía notar algo diferente en el, acaso estaba… ¿avergonzado? Su cara no parecía demostrarlo, pero sus palabras eran tan claras como el agua, y es por eso que le parecía que el Sparda estuviera de esa forma.
- En serio… debo admitir que… eres alguien increíble, Vergil. Sabes más de mis gustos que mis propias hermanas. – decía la chica de los audífonos que abrazaba sus rodillas, Vergil era más de lo que ella o sus hermanas podían saber, era más listo que cualquiera, y quizás, le tenía algo de envidia, podía hacer muchas cosas que ella o sus hermanas podían.
- ¿Tus hermanas no saben de tus gustos? – preguntó Vergil mirándola con los brazos cruzados, Miku solo puso puso una cara depresiva mientras que su cabello casi ocultaba su rostro.
- No puedo decirles. –
- ¿Y porque no puedes? – quizás era curiosidad o solo la necesidad de preguntar, pero Vergil, por un lado quería entender a Miku, pero por otro solo pensaba que no era mejor meterse en la vida de estas chicas ya que no era su incumbencia, pero… ¿Por qué lo hacía de todas formas? Esto lo confundía, pero aun así le quito importancia.
- De las cinco, soy la que tiene peores notas. –
- ¿en serio? Según recuerdo, tu fuiste la que sacó más puntos en mi examen que las demás, así que ¿Cómo puedes decir algo como eso ahora? –
- Puedo ver que no eres tan frio y amargado como creía, hasta parece que eres alguien amable, Vergil. – Miku dijo con algo de humor, Vergil solo dio un suspiro de desgano, pero no dijo nada en contra, en parte era cierto, solo que él no sabía expresar muy bien sus sentimientos con las demás personas, y por eso era su actitud tal cual era.
- Puede ser, pero… - Vergil se rascó la parte trasera de su cabeza con algo de incomodidad. – en lo único que no soy bueno es en socializar con los demás, ese podría ser mi único punto flaco. Y aunque lo intentara al final nunca podría llevarme bien con alguien realmente. –
- Supongo que tienes razón. Pero… hay algo que sé muy bien, y es que las otras cuatro pueden hacer cualquier cosa que haga yo. Después de todo somos quintillizas. – dijo la pelicastaña con una sonrisa falsa, Vergil no decía nada, solo se dedicaba a mirarla, mientras que ponía una cara seria. – así que puedes rendirte conmigo. –
Vergil no decía nada, ¿en serio eso es lo que piensa? Vaya tontería, eso era más falso que una pintura falsificada y hecha por un niño de 3 años. Y ahora se lo iba a demostrar.
- La verdad se lo he repetido tantas veces a tu hermana Itsuki que ya está empezando a aburrirme, pero lo diré las veces que sean necesarias. – Vergil se paró firmemente frente a la chica con una cara bastante seria, sorprendiendo a esta ultima por su actuar. – Mi trabajo aquí es instruirlas a ustedes cinco. Jamás me he echado para atrás en cualquier cosa que me he propuesto a hacer, y me aseguraré de que ustedes estudien, yo no le temo al fracaso, puedo hacer que ustedes se gradúen con honores si eso es lo que quieren. Pero aparte de enseñarles a ustedes, tome este trabajo para saber mis propias virtudes y fallos, ya que también aspiro mucho en el futuro, y si puedo hacer que los demás puedan hacer lo mismo, entonces me comprometo completamente a cumplirlo. – Vergil decía con determinación latente, el aparte de ser un demonio, también era humano, y quería demostrar lo tan humano que era… y que no lo vieran a él y a su hermano como unos seres anormales, ya había ocurrido una vez y no dejaría que eso volviera a ocurrir.
- Jeh… di lo que quieras, pero no funcionará. Además, entre las cinco sumamos cien puntos por pura suerte. –
- Hmph, admito que tienes razón. Pero déjame decirte que estas muy equivocada con eso. Tu misma lo dijiste, si puedes hacer algo, ellas también podrán. Eso quiere decir que si ellas pueden, tú también puedes. – dijo Vergil para después sacar una hoja de sus bolsillos, y se lo extendía a Miku. – Mira esto, estas son las respuestas de mi examen, y allí verás a lo que me refiero. –
Miku tomó la hoja y comenzó a mirarla, y entonces pudo darse cuenta de lo que Vergil estaba hablando. Todas habían acertado en diferentes preguntas, con diferencia una de otra.
- Todas acertamos respuestas diferentes. –
- Exactamente… aun su promedio de 20 puntos es un problema, pero todavía hay una posibilidad. Si una puede, las demás también. Ichika, Nino, Yotsuba, e Itsuki. Pero sobre todo… tu también Miku. – Vergil dijo mientras la miraba a los ojos, Miku por otro lado se sonrojó por lo que Vergil le estaba diciendo, nunca nadie le había dicho esas cosas, y podía sentir como su corazón latía más fuerte, mientras que un calor muy reconfortante la invadía, esto era…. – Como su profesor, debo de confiar en su potencial para lograr aprobar. Y me comprometo en hacer que ustedes cinco consigan sus metas. –
Miku estaba casi sin palabras, por un lado quería creer en lo que decía, pero aun así tenía sus dudas, aunque sabía que Vergil estaba hablando con mucha sinceridad.
- ¿Qué cosas dices? En verdad, nos subestimas demasiado. – decía la chica pelicastaña mientras que abría la lata de soda y le daba un sorbo, Vergil solo seguía mirándola, el dijo todo eso con las palabras más sinceras que sabía, el no se rendiría, y como él dijo, no le temía para nada al fracaso.
- Quizás eso sea verdad. Pero… - Miku miro a los ojos a Vergil, y allí, pudo ver… - pero espero que ustedes como mis alumnas, me demuestren todo lo que pueden hacer realmente. – Vergil Sparda, aquel chico apático y frio, por primera vez estaba sonriendo, pero no solo eso, estaba sonriéndole a Miku, la cual podía notar muy bien esa pequeña sonrisa, y fue allí que su corazón latió aun más fuerte, y un tenue sonrojo apareció en sus mejillas, mientras que su mirada se había perdido en la del Sparda mayor, parecía que el mundo se hubiera desvanecido, y solo estaban ellos dos. Nada más.
-Al día siguiente.-
Vergil, Dante, y únicamente Yotsuba estaban en la biblioteca de la escuela, el Sparda les había dicho a las chicas que tendrían sus clases hoy en la biblioteca… pero por desgracia, solo la cuarta de las hermanas se hizo presente. Vergil se maldecía a sí mismo, decir que lo intentó era mucho, pero bueno… las cosas a veces nunca salen como uno quisiera.
- Tal parece que hoy ninguna quiere estudiar tampoco. En serio Vergil deberías… - antes de que Dante terminara de hablar, su hermano lo interrumpió.
- Terminas esa oración, y te juro que terminaras en la enfermería con todos tus dientes incrustados en tu diminuto cerebro. – decía Vergil algo irritado, Dante solo se encogió de hombros, en serio que su hermano no tiene remedio cuando de tomar responsabilidades se refiere.
- Ya cálmate ¿si? A decir verdad me hubiera gustado que las otras cuatro vinieran, así esto no sería tan aburrido. – decía Dante con una expresión cansada mientras apoyaba su cabeza en una de sus manos.
- Emmm, yo intenté llamarlas… - Yotsuba decía con algo de pena, pero entonces pudo ver algo que la hizo sonreír. – Pero… no son "las otras cuatro". Son "las otras tres", ¿verdad, Miku? –
El Sparda mayor miró a un lado, y efectivamente… allí estaba Miku, la cual tenía un pequeño sonrojo mientras que miraba a otro lado, Dante estaba sorprendido de que Miku apareciera por voluntad propia, y en cuanto a Vergil….
- Entonces… al final si viniste. – decía Vergil con una expresión, no sería esta vez, sino una más relajada, cosa que llamó la atención tanto de Dante como de Yotsuba, el albino estaba mostrando una expresión diferente a la que siempre suele tener.
La chica de los audífonos se acercó a un estante donde había varios libros de historia, mientras tomaba algunos para estudiar, ante la mirada de todos, pero sobre todo la de Vergil.
- Metiste la idea en mi cabeza, aunque no sea mucho… yo también puedo hacer algo. Así que…– Miku volteó a ver a Vergil quien no dejaba de mirarla, ella miró fijamente a los ojos al peliblanco, para después dedicarle una pequeña sonrisa. – Acepta la responsabilidad. –
Vergil por un momento se quedó callado, siendo observado por su hermano menor, por Yotsuba y por la propia Miku, finalmente pudo decir algo.
- No te preocupes… prometo que no te defraudaré, Miku. – Vergil decía mientras que… estaba sonriendo. Si, tal como lo escuchan, Vergil Sparda estaba sonriendo, no era mucho, pero si, ¡estaba sonriendo carajo!
Tanto Dante como Yotsuba estaban estupefactos, sobre todo Dante… estaba viendo a su hermano gemelo sonreír, algo que no esperaba que ocurriera, y más si es en algo como esto. Fue allí que tanto la pelinaranja como el peliblanco se acercaron a sus respectivos semejantes para hacer una sola pregunta.
- "Hey Miku, ¿Acaso Vergil-san es quien te gusta?" – ante esa pregunta, Miku se había sonrojado mucho, mientras que su corazón latía al tan solo pensar en el Sparda mayor. Así que solo podía decir….
- "Oye Vergil, no me digas que… ¿te gusta Miku?" – preguntaba Dante con curiosidad y hasta algo de burla, Vergil le dio una mirada molesta a su hermano, mientras que solo se cruzo de brazos mientras respondía.
- Para nada. – dijeron ambos al mismo tiempo, Vergil con molestia, y Miku con una hermosa sonrisa, esto quizás podía ser el inicio de una linda amistad entre los dos, aunque… también era el inicio de algo aun mas especial para ambos.
…
Ya era de noche, y por las calles de la ciudad, más específicamente, rondando por los suburbios de la ciudad, alguien iba caminando sin rumbo alguno, mientras que los faros de la calle poco le daban la iluminación a la silueta de la persona que iba caminando por ahí, solo se podía notar que era un hombre, de apariencia algo madura, quizás rondaba los 50 años, usaba una camisa manga larga color negra, pantalones también negros y zapatos de vestir del mismo color. Sus ojos eran lo más resaltantes en medio de la oscuridad, ya que se notaban que uno era azul y el otro rojo. Llevaba un libro en una de sus manos, este tenía una portada de color purpura con detalles en rojo.
Aquel hombre seguía caminando sin tener un lugar en específico a donde ir, pero estaba claro cuál era su objetivo.
- Pronto… pronto obtendré los grandes poderes del gran caballero oscuro, Sparda. Y sus hijos tienen lo que necesito para al fin… - se detuvo, para después posar su miraba al cielo nocturno. – ¡Gobernaré este mundo, como un Dios! Jejeje… jajajaja… ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA! – al decir lo ultimo comenzó a reírse maléficamente, pero esa risa no era normal, esta venía acompañada de otra risa, una aun mas chillona y aterradora.
Por otro lado, se podía ver a una chica, de cabello corto color negro, usaba una blusa color blanca de manga larga, una falda color café claro, y usaba unas botas color rojas que le llegaban a las rodillas. Pero lo que más llamaba la atención de la chica era que padecía de heterocroma, ya que su ojo derecho era azul, y su ojo izquierdo era rojo. Esta chica estaba sobre un edificio alto, mientras que con unos binoculares miraba a un lugar en específico, y ese era un pequeño departamento de dos pisos, y que justo quienes iban llegando a ese lugar, no eran otros que dos muchachos que tenían el cabello blanco. Ella los miraba fijamente ambos, se parecían mucho, por lo que deducía que eran gemelos, uno de ellos llevaba el cabello peinado hacia atrás, mientras que el otro no, el primero parecía el más serio ya que siempre lleva un seño fruncido, mientras que el otro… debía decir que tenía una cara de idiota, y que eso reflejaba muy bien su personalidad.
La chica tenía una expresión muy seria en su rostro, algo le decía que esos chicos eran los objetivos de… "el", y que de seguro los usara para destruir a toda la raza humana.
La chica decidió por el momento retirarse, ya tendría su oportunidad de encarar a esos dos, pero por el momento los mantendrá vigilados, si sus sospechas eran ciertas, esos dos gemelos debían de ser… demonios. Y ella odia a los demonios, más que nada en este mundo, y planea acabar con ellos para siempre, y solo así podría permitir que hundieran a este mundo en el caos y en la oscuridad.
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