¡Hola! Es Frane, han pasado algunas semanas desde que publiqué el primer capítulo, pensé en actualizar más rápido, pero entre en el final de mi semestre y estuve muy ocupada con mis exámenes y trabajos finales, además de que tengo un horario tóxico en mi trabajo a causa de la cuarentena. Es sorprendente que haya aparecido un seguidor, así que aquí tienen la continuación de esta historia. ¡Que lo disfruten!

Los personajes y Haikyuu! son propiedad de Haruichi Furadate, esta historia es sin fines de lucro. Proceda con precaución, se hace mención de situaciones de violación, acoso, y uso de lenguaje vulgar.


Tiempo muerto

.

.

.

Por Fraanej

.

Cápitulo 2. Roto.

Ya no soy valiente, cariño. Estoy roto. Me han roto.
-Ernest Hemingway


Todos tenían claro que la práctica de ese día sería suspendida, no era de esperar la decisión del entrenador acerca de que lo mejor era que finalizando sus clases se dirigieran a sus hogares. La noticia del accidente de Hinata tenía a todos muy conmocionados, y aunque quisiesen oponerse, realmente ninguno podría mantenerse enfocado en el entrenamiento.

¿Cómo podrían? Si uno de tus amigos se debilita a mitad del camino, se detendrá. Es una regla no escrita que no debes continuar, te detienes, das la vuelta y tiendes una mano. Todos mantenían la misma idea en sus mentes, después de todo eran un equipo, no tenían mucho tiempo conociendo al estudiante de primer año, sin embargo, todas las emociones compartidas a lo largo de sus partidos habían servido para fortalecer su relación, lo suficiente como para considerarse un grupo, una hermandad, una familia.

Se levantaron y aceptaron la decisión de Ukai, se apresuraron a limpiar el gimnasio para continuar con sus actividades del día. Culminando las clases, el equipo se reunió en silencio y se dirigieron a la tienda de servicio donde normalmente atendía el entrenador en su tiempo libre, la cual ahora se encontraba cerrada.

"¿Deberíamos ir más tarde al hospital?" Preguntó Sugawara con una sonrisa tímida. "Probablemente deberíamos llamar primero a los padres de Hinata" Aclaró el capitán.

"Sería lo mejor, sus padres podrían molestarse con visitas inesperadas…" Fue el turno de Ennoshita de hablar. Todos tenían claro la seriedad de toda esa horrible situación. Los padres de Hinata debían ser los más afectados en esos momentos.

Entonces, ¿realmente todo es verdad?

Durante el día Kageyama se sintió demasiado abrumado, no fue capaz de seguir al pie de la letra a sus profesores, no es como que fuera un estudiante estrella, por lo que perder un día de escuela no le preocupaba mucho. Todo lo que ocupaba su mente era relacionado con Hinata. Seguía dudando de la veracidad de las palabras del profesor, él había hablado con Hinata antes de que el supuesto accidente sucediera.

No entendía como pudo desencadenarse toda esa situación en tan poco tiempo, aunque tampoco conocía a detalle el contexto de la llamada nocturna de su compañero. Mantuvo un semblante sombrío e indiferente, ciertamente todos los integrantes del equipo eran conscientes del transtorno de ansiedad social que padecía, por lo que normalmente no sabían si su comportamiento aislado de debía a ello o simplemente a que era un idiota en determinadas ocasiones.

"Kageyama, ¿todo está bien?" Escuchó la voz de Tanaka. Le miró y únicamente se limitó a asentir. ¿Por qué se preocupaban por él? Le parecía una tontería en ese instante, aunque no lo mencionara, por la forma en que lo miraba el atacante, Kageyama supuso que debía verse realmente mal.

"Yo tengo el número de la señora Hinata, sin embargo, no quiero llamarla" Aclaro para después sacar su teléfono de la mochila. "No creo que se moleste porque vayan, pero deberían avisarle antes".

Optó por hacer un ademan al capitán para que se acercase, este pareció entenderlo al instante y le prestó su propio móvil. Kageyama lo tomó, después de abrirlo tecleo unos cuantos números rápidamente y colgó el teléfono. Después de devolverle el celular a Daichi hizo una inclinación y se despidió de sus compañeros.

"¿Realmente estará bien?" Preguntó Suga, soltando un suspiro pesado. "Kageyama es fuerte, estará bien, además Suga, justo ahora ha de estar demasiado nervioso por todo esto…" Terminó Daichi, dedicándole una sonrisa al armador.


Kageyama caminó en silencio hasta llegar a su casa, abrió la puerta. Había un largo pasillo que daba a una pequeña sala, en la cual se encontraba su madre utilizando una computadora.

"Tobio cariño, es lindo verte, ¿te fue bien en la escuela? Es extraño verte tan temprano" Su madre era una mujer dulce, trabajaba de abogada. Se limitó a asentir y buscó con la mirada a su padre, el cual no se encontraba por ninguna parte. Él era dueño de una empresa agrícola por lo que solía viajar constantemente a Tokyo.

Giro a su derecha y subió por las escaleras para entrar a su habitación, dejó su mochila en el suelo y se quitó el uniforme. Se recostó en su cama y cerró los ojos, su respiración comenzó a ser más lenta, su mente se despejó ligeramente y terminó por quedarse dormido.

Despertó a causa de un timbre molesto en su mochila, se levantó y la abrió, tomó su celular, se tallo los ojos y se percató de que tenía varios mensajes en su bandeja. Kageyama no era un amante de la tecnología y mucho menos un experto de cómo usarla, a causa de su ansiedad, prefería limitar la compañía de personas que tenía alrededor, y tenía un miedo irracional a que alguien pudiese estarlo observándolo por medio de la cámara o a través de una antena conectada en su teléfono a una gran red.

De: Suga-san
Asunto: Ninguno. (2:30)
Kageyama, ¿qué tal? Hablamos con la madre de Hinata y nos dijo que él despertó, ¿no es increíble? Llámame cuando leas esto.

De: Sawamura-san (4:00)
Asunto: Koshi está preocupado.
Kageyama, ¿sigues con vida? Suga piensa que dijo algo malo y por ello ignoraste su mensaje, sé un buen kohai y responde jaja.

De: Tanaka-san (8:45)
Asunto: Suga y Daichi están preocupados.
Kageyama idiota, ¿dónde estás?

Miró la hora, iban a ser las 9, por lo que decidió que no tenía caso responder el mensaje de Suga después de tantas horas. Estaba a punto de cerrar su teléfono cuando el recuerdo de la noche anterior lo golpeó sorpresivamente.

Al igual que sus compañeros, Hinata había tratado de comunicarse con él, a pesar de ello, Kageyama asumió que debía ser una estupidez por lo que no insistió en regresar la llamada una vez más, luego de que varios intentos suyos hubiesen sido mandados al buzón de voz. La culpa volvió a invadirlo. Se sorprendió cuando vio una gota de agua en la pantalla de su móvil. Se tocó el rostro, estaba llorando.

Su respiración se volvió irregular, sintió una presión en el pecho y su vista se nubló. Trato de no pensar mucho en Hinata, pero no podía evitar imaginar al menor del otro lado de la línea. Quizás Hinata nunca quiso colgarle, tal vez, si todo aquello fue real, cabía la posibilidad de que su agresor se diera cuenta de que Shoyo trataba de pedir ayuda.

Finalmente se dejó caer al suelo, abrazó sus piernas con fuerza y trato de reprimir un sollozo que falló. El golpe pareció alarmar a su madre, pudo escuchar los pasos a lo largo de la escalera, y cómo la puerta se abría. Sus oídos vibraron y cerró los ojos con fuerza. El tiempo pareció detenerse, puesto que al volver a abrirlos se encontraba en su cama, era de día.

Se levantó mareado, sobre su escritorio había un recipiente con un vaso con agua, un yogurt, una galleta integral y una cajita de leche de fresa, más atrás estaba una pequeña caja con pastillas.

Comió despacio y observó la hora. Pasaban de las 11 de la mañana, por lo que su madre debía estar trabajando en ese momento. Tomó el medicamento y volvió a acostarse. Después de un rato su teléfono comenzó a timbrar. Su mano tembló al sujetar el dispositivo: Suga, leyó en la pantalla, presionó el botón verde y acerco el teléfono a su rostro.

"¿Sugawara-san?" Preguntó despacio. Le dolía un poco la garganta, pero no le extrañaba dicha sensación. "¡Kageyama! ¡¿Por qué faltaste al entrenamiento?!" Le gritó el otro armador.

"Lo siento, estoy enfermo…" No le gustaba mentirle a los demás, aunque si lo pensaba, realmente no estaba mintiendo; no estaba incapacitado o lastimado, pero sí se sentía mal. "Mi garganta me duele, mi madre pensó que lo mejor era que me quedara en casa" Volvió a hablar al no escuchar respuesta de su compañero.

"Ya veo, entonces, ¿leíste mi mensaje?" Suga cambió de tema rápidamente tratando de no incomodar a Tobio. Le intrigaba el estado de ánimo del armador menor, era claro que no lo estaba viendo en persona, pero sabía que Kageyama tenía esa mirada nerviosa que ponía cuando se sentía molesto.

"Sí, es bueno que el idiota este mejor" Respondió sin más. "Realmente no me siento bien, necesito descansar así que, hablamos después…" No le dio oportunidad a Suga de responder y cortó la llamada.

Se sentía confundido, su rostro continuaba tranquilo, pero por dentro pareciera como si el mundo estuviese derrumbándose. Por un lado, se sentía preocupado por el bloqueador central, pero no quería escuchar algo relacionado con él, puesto que la culpa de no regresar la llamada lo estaba atormentando. También estaba enojado, no entendía si fue por Hinata, sus compañeros o contra sí mismo.

Normalmente la confianza y el ego desbordaban de su persona, pero ahora tenía demasiada pena para abrirse con sus compañeros. Nunca le fue fácil hablar con alguien sobre sus sentimientos, y después de lo ocurrido en secundaria con su equipo anterior, el que fuese abandonado fue el detonante para su ansiedad. Por lo que actualmente no se veía capaz de llegar con alguno de los cuervos y decir:

"Lo siento, todo este asunto me está afectando más de lo que quisiera, tuve un ataque de pánico por lo que falte a clases, y no soy lo suficientemente valiente como para ver a Hinata a la cara"

En ese instante sintió un click, ¿era miedo lo que sentía? Siempre se preocupó demasiado por la opinión de otros o sobre cómo lo tachaban de ser el rey de la cancha. A diferencia de otros casos, ahora se trataba de Hinata. El chico ni siquiera era considerado su amigo, a pesar de ello era una pieza fundamental para el funcionamiento de sus jugadas dentro del equipo.

No fue que Kageyama quisiese sentirse importante y menospreciar a los demás jugadores, sino que Hinata conectaba perfectamente con su estilo de juego. Sinceramente, ¿tenía miedo de que su relación pudiese verse afectada?

"¿Qué cosas digo? Nosotros no tenemos ninguna relación, esto es por el equipo…" Se dijo así mismo. Trato de convencerse de forma egoísta que el origen del problema era la preocupación de dañar al equipo.

Era obvio, causo problemas a Hinata, por lo que él no querría volver a rematar sus levantadas, y con ello el resto del equipo estaría molesto con él. Con la misma rapidez con la que planteo aquella situación la descartó. Tobio no era idiota, era cierto que sentía una pasión intensa por el deporte, que en ocasiones era tomada como una obsesión, pero ahora esto era distinto.

Se trataba de Hinata, una persona, que le gustase o no, era cercano, quizás más de lo que él quisiera, pero lo era. Su compañero posiblemente fue herido por una persona horrible sin corazón. Nunca podría ponerse en los zapatos del menor, ni mucho menos tener una idea remota de cómo se sentiría ahora. Recordó a Suga mencionándole que estaba despierto, ¿estaría realmente consciente? Sabía de ante mano que nadie era capaz de olvidar lo vivido tan rápido, pero deseaba que Hinata lo lograse, al menos por ahora.

Trato de ser fuerte, de no flaquear, sin embargo, no resultó como esperaba. Por más que tratase de sujetar el móvil y llamar, o mandar un simple mensaje, sus dedos no parecían estar en sincronía con su cerebro, puesto que no era capaz de marcar ningún número. Se dio por vencido, el estrés únicamente le traía dolores de cabeza, y no quería volver a pasar por lo de la noche anterior. Hinata debía estar demasiado sensible, lo que necesitaba ahora era calma, y eso era algo que Kageyama no podía brindarle en ese momento.


Los días siguientes, asistió con regularidad a clases y los entrenamientos, se enteró por parte de Yamaguchi que ninguno había visto todavía al bloqueador central, puesto que su madre les comentó que estaba pasando por un momento realmente difícil y que lo mejor era dejarlo solo, al menos por ahora. Tsukishima rodó los ojos, se unió a la conversación, diciendo lo jodidamente estúpido que sonaba eso.

Él tampoco consideraba al menor como su mejor amigo, esta lista se limitaba a Yamaguchi y algunos integrantes de otros equipos, con los que socializó durante el entrenamiento llevado a cabo por Nekoma. A pesar de ello, Tsukishima era uno de los más maduros del equipo, y de igual forma, dejaba en claro que no se necesitaba de mucho ingenio para comprender lo complicado de la situación, que probablemente Hinata sólo estaba demasiado asustado y no se sentía cómodo con tanta gente a su alrededor. Tomando en cuenta lo nervioso que solía estar antes de los partidos por el miedo de arruinar alguna de las jugadas o por lo que los otros jugadores podrían pensar de su persona, era obvio que ahora estaba pasando por una situación similar.

A pesar de ello, Tsuki demandaba la confianza que debía existir entre los jugadores del Karasuno, y aunque en ocasiones no estaban de acuerdo y chocaban, el menor debía sentirse más tranquilo a su alrededor, puesto que ninguno se atrevería realmente a juzgarlo. Estaba seguro que las intenciones del pelirrojo no eran preocupar a ninguno de los cuervos, pero como era de esperar de alguien tan estúpido e infantil, no se sabría con claridad lo que tenía en mente.

Tanaka pareció molestarse ante tal comentario. Hinata nunca sería cobarde, pero entendía perfectamente que quisiese mantener una distancia por ahora. Pasaron casi 2 semanas con la misma dinámica, cada uno asistiría al entrenamiento matutino, después de clases continuarían con el siguiente entrenamiento. No estaban motivados del todo, pero no tenía caso quedarse estancados atormentándose acerca del estado del bloqueador central. Algo extraño, desde el punto de vista de Kageyama, es que, durante esos días, sin falta, alguno de sus amigos daría una excusa tonta con tal de terminar antes el entrenamiento, incluso el entrenador, lo más divertido fue ver al profesor Takeda, tratando de convencerlos de que había una nube demasiado extraña en el cielo y que debían irse para evitar alguna situación complicada. Se ganó las risas de los estudiantes, Tanaka comentó que Take-chan era realmente un buen tipo, trataba de comprender las emociones de los adolescentes, pero no era el mejor entablando una conversación. A pesar de lo pésimo que fue el pretexto, tomando en cuenta que eran casi las 7 de la noche y que en el cielo lo único que podía apreciarse era el brillo de las estrellas, ninguno puso oposición a las indicaciones del profesor.

Pasa suerte de todos, fue el segundo sábado cuando timbró el celular del entrenador. Era temprano, y la madre de Hinata sonaba tranquila. Menciono que Sho-chan había estado de mejor humor, y que en medio de una pelea con su hermana respecto al club de volley, gritó que estaba ansioso por demostrarle lo increíble que eran sus saltos. Con ello, pensó que lo mejor era avisar a sus compañeros, de que, al menos por ahora, Hinata parecía estar más centrado en lo que fue su rutina diaria, y que seguramente se alegraría de ver a sus amigos.

No tomó más de una hora para que el Karasuno se reuniera en el hospital. Entraron alegremente a la sala de espera, el entrenador se acercó al mostrador y le preguntó a la recepcionista por la habitación de Hinata. Después de que le indicase el número, le brindó un pase para que pudiesen verlo.

Poco a poco llegaron a una habitación, Noya fue el primero en tocar la puerta, se sorprendió ante la persona que abrió.

"Shoyo, ¿siempre fuiste tan pequeño?" Le susurró. "¡Tobio-nii!" La niña gritó y pasó a través de las piernas de los estudiantes para abrazar las piernas del único que reconocía.

"¿Tobio-nii?" Preguntó Narita, riendo en silencio junto con Tanaka y Tsukishima. "Buen día, Natsu-chan" Se limitó a responder Kageyama, sujetando a la niña en sus brazos.

"¡Chicos!" La voz de Hinata despertó una sensación cálida dentro de la habitación. "Es bueno verlos, siento que ha pasado una eternidad" Les dio una sonrisa nerviosa mientras se rascaba la nuca.

Hinata estaba recostado en una camilla, se veía un poco pálido y había pequeñas bolsas debajo de sus ojos. Lo más llamativo era el vendaje en su pierna derecha, rodeada su rodilla y bajaba hasta el tobillo. De igual forma, sobresalía un vendaje de los brazos del menor, apreciables por debajo de la bata.

"¡Shoyo! ¡También es bueno verte!" Le gritó el líbero, se acercó a la camilla y lo abrazó, al instante retrocedió, puesto que Hinata se sacudió ligeramente. "Lo siento" Noya respondió gentilmente ante lo sucedido.

"¡Tsukki te trajo un regalo!" Yamaguchi se acercó por el otro lado de la camilla. "Cállate, Yamaguchi" La fuerte voz de Kei se encontró justo detrás de Yamaguchi. Tuskishima llevaba consigo una pequeña mochila, de la cual sacó una pequeña caja. La levantó y se la entregó a Hinata.

Shoyo pareció emocionarse y le dio una gran sonrisa al más alto, tomó la caja y la miro fascinado. No era muy grande, pero estaba envuelta en un llamativo papel de color rojo, y tenía un gran moño, con una pequeña nota que tenía escrito: Recupérate pronto, necesitamos tus saltos.

Todos disfrutaron ver a Hinata abriendo la caja con cuidado, dentro había un peluche de un dinosaurio, que vestía una camiseta blanca con un bordado en letras verdes i love volley. Fue un lindo y extraño detalle, que ciertamente desconcertó a Hinata, sin embargo, disfrutaba la atención de sus compañeros, incluidos aquellos a los cuales no les agradaba del todo, como era el caso de Tsukishima.

Lo siguiente fue inesperado y sucedió demasiado rápido. Los estudiantes de tercer año se acercaron a saludar a Hinata, todo parecía normal, sin embargo, el semblante de Shoyo cambió en el instante en que Asahi se acercó por su derecha y le sujetó el hombro. Esto no pasó desapercibido por los otros.

"¡Aléjate de mí! ¡Alguien ayúdeme!" Los gritos resonaron fuera de la habitación. Asahi retrocedió al instante. Le aseguró a Suga que no había sujetado con fuerza el hombro del chico, pero que probablemente estaba lastimado y con ello él había puesto presión en una zona sensible. Sin embargo, lo siguiente que Hinata gritó fue suficiente para que el mayor abandonara la habitación. "¡No te atrevas a tocarme de nuevo!"

En ese momento Natsu abrazó a Kageyama, asustada por los chillidos de su hermana, Nishinoya y Daichi abandonaron la habitación para ir detrás del as. Con ello, el entrenador entró a la habitación en compañía de la madre de Hinata. Se disculpó con ella, y aseguro que lo mejor era darle algo de espacio a Hinata para que se calmara.

El resto de los estudiantes, se despidieron de su compañero, dándole susurros para calmarlo, y pidiendo que se recupera pronto, puesto que los entrenamientos no eran lo mismo sin él. Kageyama soltó a Natsu, y se despidió sin ver al pelirrojo. Antes de salir de la habitación, el entrenador le pidió que se quedase un poco más con Hinata, en lo que él tranquilizaba a Asahi. Ciertamente la madre de Hinata se veía agotaba, demasiado nerviosa, toda esa situación la estaba absorbiendo demasiado, y Hinata no parecía dispuesto a quedarse solo, estaba recostado en la camilla y abrazaba con fuerza el peluche que Tsuki le había regalado.

Kageyama aceptó quedarse con el menor un rato en lo que todo volvía a estabilizarse. Cerró la puerta detrás de él, quedando únicamente con el pelirrojo en la habitación.

"Oi, Hinata idiota…"

La voz de Kageyama sacó a Hinata de su trance, levantó el rostro y lo miro con sus ojos llorosos, su nariz estaba roja al igual que sus mejillas. "Soy un asco, ¿verdad?"

"Te vez fatal" aclaró el armador. Se limitó a sentarse en un pequeño sillón que estaba al lado de la camilla. No estaba seguro si debía acercase al menor, pero tampoco quería arriesgarse a que pudiese asustarlo y con ello atraer la atención de un montón de enfermeras. Las multitudes solían ponerlo ansioso, y en ocasiones esas multitudes únicamente estaban conformadas por más de tres personas. Era extremista, pero se sentía seguro lidiando con menos gente.

"¿Qué sucedió? Hace un momento, pareciera que Azumane-san te lastimó, pero dudo mucho que te haya sujetado con tanta fuerza" Ante la aclaración Hinata giró el rostro evitando la mirada acusadora de su amigo. "Sabes que puedes hablar conmigo, ¿no fuiste tú quien dijo que funcionaba así?"


Hinata lo recordó, después de la pérdida de su equipo contra Aoba Johsai, Kageyame se encontraba cerca del estacionamiento, se estaba enjuagando el rostro, pero se veía terrible. Él le aseguró a Hinata que había sido su error pasarle el balón, por lo que no debía sentirse culpable por su derrota. El menor sintió como su corazón se rompía un poco por ello. ¿Realmente nadie lo tomaba en serio? Se dejó llevar por la emoción del momento y se lanzó sobre el armador, estaban demasiado cerca, dicha acción tomo a Kageyame por sorpresa, trató de liberarse del agarre del menor, incluso tiró algunos golpes, pero falló en el intento.

Hinata no tenía demasiada fuerza, pero de alguna forma logró herir al armador, puesto que este dejó de oponer resistencia y comenzó a sollozar en silencio. Hinata se alarmó ante esto y se retiró, le dio espacio a su compañero para que respirara y después volvió a acercarse. Alcanzó a ver de lejos al capitán, que les hacia una seña para que se dirigieran al interior del gimnasio.

Después de que Daichi se retirase, Hinata se sentó junto a Kageyama, en silencio, únicamente se limitó a verlo. "¿Todo está bien? Aunque odie admitirlo, no soy lo suficientemente fuerte como para herirte…"

"Lo siento, me sentí demasiado abrumado…"

"¿Por qué?"

"Tengo ansiedad, por lo que a veces tener a alguien tan cerca realmente me aterra…" Kageyama no estaba seguro de porque le estaba contando aquello al menor, sin embargo, se sintió más ligero.

"Siempre que se sienta demasiado mal, puedes hablar conmigo…" Hinata le brindó una sonrisa sincera. "Somos el dúo de raros, esto es un juego del tira y afloja, si uno no se siente bien, el otro no podrá seguir"

Aquello bastó para que Kageyama fuese un poquito más amable con Hinata, el menor se mantuvo más cerca de él, aun así, no lo consideraba su amigo, aunque tampoco corrigió a Hinata cuando este se auto proclamo como el mejor amigo del rey de la cancha.


El recuerdo hizo reír a Hinata, Kageyama siempre fue una persona misteriosa y reservada, por lo que se sintió sumamente especial cuando este le contó acerca de su transtorno. Por cosas que Hinata sí podía controlar, pero siempre fue demasiado descuidado, en alguno de sus entrenamientos mencionó lo valiente que era el armador, por enfrentarse a muchos equipos a pesar de su extraño problema social. Con ello, el resto del equipo se interesó por el problema, con ello Kageyama no tuvo más opción que explicarles sobre su padecimiento, evitando dar demasiados detalles, puesto que tampoco era algo de lo que se sintiese orgulloso.

"Tienes razón, Asahi-san no me lastimó, incluso me siento mal por haberlo tratado así"

"¿Por tratarlo de qué forma?" Preguntó el armador. No estaba seguro de si realmente quería escuchar al pelirrojo, pero tenía un mal presentimiento de lo que venía a continuación.

"Supongo que Ukai-san les habló de lo que me pasó…" Kageyama se limitó a asentir. "Yo sé que Asahi-san no me lastimaría, pero el tipo que me hirió, lucía exactamente igual…"

Lo último preocupó en gran manera al armador. Hinata soltó una risa nerviosa. Le pidió a Kageyama que no dijese nada de lo que iba a contarle, puesto que sabía lo mal que reaccionarían el resto de sus compañeros.


Hinata aclaró que cuando despertó ya se encontraba en el hospital, estaba confundido por un medicamento, puesto que le colocaron un calmante por medio de una intravenosa. Trató de hablar, pero lo único que salió de su boca fue un gemino, su cuerpo no reaccionaba por lo que el pánico volvió a invadirlo.

Me llamo Hinata Shoyo… Tengo 16 años, soy estudiante de primer año en la preparatoria Karasuno… Acababa de salir del entrenamiento, cuando tuve un accidente. Había alguien más junto a mí, después de eso un auto apareció y…

No pudo continuar, las lágrimas bajaron por su rostro, comenzó a temblar, estaba demasiado asustado, puesto que en ese punto su mente estaba en blanco. Una enfermera entró y se acercó, le aclaró que debía cambiarle los vendajes, hasta ese momento Hinata no se había percatado de la venda alrededor de su cabeza. La enfermera aflojó la venda, esta cayó por su cuello, una de las manos de la mujer rozó con su pecho, esto lo puso sumamente alerta, trato de alejarse y gritó, aunque ninguna palabra salió de su boca, el chillido llamó la atención de otro doctor que pasaba fuera de la habitación.

Trataron de calmarlo, para entonces su madre ya había llegado, lo abrazó susurrándole que todo estaría bien y que nadie iba a lastimarlo. Aquello lo desconcertó, ¿alguien lo había herido? ¿Tan mal fue que terminó en el hospital? El estrés fue demasiado, le inyectaron otra dosis de un calmante por lo que termino quedándose dormido. Al paso de unas cuantas horas despertó, estaba sudando y gritaba. Lloró tan fuerte, ahora se encontró con su padre y Natsu, la pequeña estaba muy preocupada por su hermano mayor, ambos se acercaron a Shoyo y le susurraron que todo estaría bien.

A la mañana siguiente, despertó con la visita de dos policías. El oficial le comentó que debía ser valiente y que sin importar que, ahora estaba seguro, por lo que debía tratar de ser lo más claro posible para poder determinar la veracidad del caso, aunque con las pruebas de los médicos podrían proceder sin ningún problema.

Hinata le contó al policía lo sucedido anteriormente, y nuevamente volvió a detenerse en la parte del automóvil. Aquella parte de su historia era incierta, no estaba seguro de lo que había sucedido. Una psicóloga entro a la habitación, fue cuidadosa y le contó a Hinata que desde un principio sospechaban que alguien lo había agredido sexualmente, los informes médicos arrojaban muestras de que todo había sido forzado, sin embargo, la policía necesitaba su declaración si querían continuar con el caso.

Hinata la miró con sorpresa, y ese fue el primer desencadenante para que sus recuerdos se aclararan. Intentó ser lo más claro posible, entre sollozos logró formular lo que había sucedido después de que el auto apareció. Los oficiales le agradecieron de su apoyo, y pidieron hablar en privado con sus padres. Hinata se despidió y trato de dormir, sin embargo, no pasó mucho, el pánico volvió a despertarlo, aunque ahora pudo recordar lo que lo estaba atormentando.

El resto de los días pareció caer en un círculo vicioso, fue incapaz de conciliar el sueño, puesto que la pesadilla de una sombra persiguiéndolo y forzándolo a tocarlo lo estaba atormentando. Lo único que podía darle descanso era el uso de los medicamentos, al menos por cortos lapsos de tiempo podía escapar de esa terrible realidad.

Pasando una semana se sintió más tranquilo, o más vacío. En una de las visitas de su familia, una de las enfermeras le trajo unas revisas, en una aparecía una fotografía de su equipo, dando promoción al comienzo de la competencia de primavera el próximo mes. Sonrío viendo lo fuerte que se veía su equipo, se detuvo al ver la imagen de la estrella.

En este instante tuvo otro flash back, la sombra de sus sueños tomó la figura de su compañero, el físico era similar pero su rostro se mantuvo borroso. Recordó como lo metió al carro, y que portaba una playera con el logo de la preparatoria. Lloró tanto ante la idea de que uno de sus compañeros pudiese ser su agresor. Les mencionó a sus padres que había recordado como lucía aquel tipo, omitiendo claramente el hecho de la similitud que tenía con la estrella del equipo.

Le tomó más de unos días volver a calmarse, y hacerse a la idea de que Asahi sería incapaz de herirlo. Eran amigos después de todo, y el mayor tenía un buen corazón, no podría lastimar ni a un bicho, mucho menos lo haría con una persona.

Hinata trató de animarse, y comenzó a hablar con Natsu sobre lo increíble que eran sus compañeros, lo harto que estaba de seguir internado, que realmente extrañaba volver a las canchas y dejar todo lo ocurrido atrás.


"Eso ha sucedido durante estas dos semanas…" Su voz tenía un toque de tristeza. Kageyama se sintió demasiado mal por su compañero. El pánico volvió a invadirlo, pero trato de mantener la compostura. Hinata necesitaba de su apoyo, no podía irse justo después de que Ukai le pidió que le hiciese compañía.

"Vas a estar bien, todo va a mejorar…" Le susurró mientras le revolvía la melena pelirroja.

"No sé si yo podré hacerlo…"

"¡No vuelvas a decir eso!" Kageyama se sentía molesto por la negatividad de Shoyo. "Te vas a recuperar, volverás a jugar y todo esto quedara en el pasado" Le aseguró con una sonrisa. Kageyama sabía que era algo espeluznante, pero realmente estaba siendo honesto en este momento.

"¡No puedo! ¡Quisiera que todo fuera un sueño, pero es real!" Hinata gritó dejando salir las lágrimas, la poca cordura que logró mantener se estaba agotando. Le dio la espalda a Kageyama y se aferró con fuerza al dinosaurio, como si tratase de protegerlo.

Al parecer fue demasiado, puesto que lo único que escucho fue como la puerta se abría para después azotarse con fuerza. Kageyama había salido de la habitación, y Hinata no lo culpaba. Era claro que nadie desearía estar con alguien inservible, con alguien manchado, con alguien roto.

Claro, es eso… me rompí… no soy alguien funcional, y tampoco podré volver al equipo…

Cerró sus ojos y trato de calmarse. Mientras más rápido aceptara que esta era su realidad, sería más sencillo tratar de recuperarse, o algo parecido a ello. También debía disculparse con sus compañeros. Dejando de lado el hecho de que probablemente abandonaría el equipo, aun así, estudiaban en la misma escuela, por lo que seguro se encontraría con alguno entre los pasillos de Karasuno. Estaba preocupado por Asahi, y no quería imaginar el montón de preguntas con las cuales seguramente sus compañeros estarían atormentándolo, de igual forma no había sido muy amable con Kageyama, ignorando por completo el esfuerzo del armador por tratar de ayudarlo, puesto que conocía lo ansioso que su amigo podía llegar a sentirse al verse en vuelto tan profundamente con el problema de terceros.

Después de un rato logró calmarse, la puerta volvió a abrirse, pero no se molestó en voltear. Prefirió creer en Kageyama, al menos por ahora aferrarse a una vaga esperanza de que podría mejorar era mejor que seguir esparciendo su mala vibra a todo aquel que se acercara. Se quedó dormido con la idea en mente de que quizás, algún día, podría seguir caminando siguiendo el camino del pequeño Gigante.


Continuara

.

Capítulo 3. En un mismo cielo.

¿Te gustó el capítulo? ¡Comenta!

¿Tienes alguna sugerencia? ¡Comenta!

Sea bueno o malo, lo revisare con gusto. ¡Frane se despide!