Buenas noches preciosas criaturas, empezaré a retomar mis publicaciones en fanfiction, lamento mucho haber desaparecido. por el momento subiré este fic, y otros dos.
Espero les guste.
disfruten de su lectura!
Le daba igual haber dejado todo tirado, se subió al auto y simplemente manejó a toda velocidad. Pues no entendía, debieron haberse equivocado, su hija, su hermosa niña estaba en casa, tenía que estar en casa, ¿Por qué le llamaron avisándole sobre su desaparición? Ella no tenía permitido ir al acuario, entonces ¿Por qué?, dobló por una calle estrecha para cortar camino, le daban igual las reglas del tráfico, nadie podía entender el sentimiento de desesperación que estaba teniendo en ese momento. Debía calmar su ansiedad, Suzume estaba en casa, sólo fue una confusión, sólo era eso. Se detuvo frente a su casa, con torpeza y nerviosismo abrió la puerta, para ser recibido por el imponente silencio y el frío de una casa solitaria. Buscó por todos lados, su habitación, el baño, debajo de las mesas, alguna señal de que su hija estaba ahí, que no se había ido, pero nada, Suzume no estaba en casa. Corrió hasta el auto, dirigiéndose al acuario. Su corazón latía de manera insufrible ante la incertidumbre, podía sentir como perdía el control. No le podía haber pasado esto a su pequeña, a su única familia.
—Chicos, sus padres vendrán por ustedes, así que esperémoslos paciente —Makoto hablaba tratando con toda su voluntad en no entrar en caos. Haruka trataba de ayudarlo como podía, todo se había vuelto un alboroto bastante grande. Ahora los niños tenían miedo y estaban preocupados por su compañera a la cual seguían buscando en vano y eso les pesaba, tanto a Makoto, como a Misaki quién observó todo y sabía toda la verdad.
Sin embargo, Misaki era un niño, era normal el terror desenfrenado en el que estaba envuelto, quería decir la verdad, lo que realmente pasó con Suzume, pero ¿Y Si lo mataban al igual que ella? ¿Qué podía hacer? ¿Qué se supone que tenía que hacer? Miro sus manos temblorosas, por dentro tenía una turbulenta tormenta que sólo provocaba los más grandes estragos en él, entonces como digna enfermedad, apareció el síntoma de la culpa, ¿Por qué no la ayudó? ¿Por qué ya no puede hacerlo ahora? Su estómago era un revoltijo de sensaciones nauseabundas. No estaba llorando, no estaba hablando, no estaba haciendo absolutamente nada. Entumecido por el miedo y la culpa.
—¡Tachibana-kun! —Un grito desesperado hizo que todos los presentes se volteasen a ver. Era el padre de Suzume, notoriamente agitado, obviamente angustiado— Tachibana-kun, por favor explícame que hacía Suzume aquí, ella no tenía mi autorización para venir.
—¿Qué? Pero ella presentó el consentimiento firmado por usted —Makoto trataba de no verse en una crisis, ¿Suzume había venido sin permiso? Buscó en su bolso los consentimientos y le mostró al padre de la chica el papel que tenía su firma— ¿Lo ve? Tiene su firma.
—Imposible… Yo nunca firmé nada…
—Suzume-chan lo hizo —Ambos mayores miraron al muchacho de orbes ámbar, que se acercó para aclarar al menos ese tema— Ella falsificó la firma de Inue-san, se escapó de casa para venir.
—Misaki-kun —El policía se arrodilló para estar a la altura del chico y lo tomó de los hombros— Tú debes saberlo, tú debes saber dónde está Suzume, por favor, ayúdame a encontrarla, Es tu amiga, ¿Cierto? Entonces debes saber dónde está, sólo dímelo, no te regañaré —Misaki miraba con miedo al hombre frente a él, por el simple hecho que aquello ojos llenos de angustia eran exactamente iguales a los de Suzume— Por favor, sólo quiero saber dónde está mi hija, sé que debes saber algo más… Misaki-kun.
—Inue-san cálmese —Makoto intervino al ver a Misaki totalmente descompuesto, amedrentado y presionado— Los guardias aún la buscan, además podría pedir que le muestren las cámaras de seguridad, usted es policía.
—Sí… —Se detuvo para tomar aire, se disculpó con Misaki quien estaba petrificado porque no tenía idea de lo que pasaría.
El hombre mostró su placa y le permitieron acceder a las cámaras de seguridad. Makoto entró con él, vieron secuencia tras secuencia, se mostraban a los niños disfrutando de lo que veían, hasta ese momento, Suzume seguía con ellos. Fue en otra secuencia de las cámaras en el que se ve que le dice algo a Misaki y se aleja del grupo. La chica había ido al baño, y al parecer se había perdido, siguieron cada paso de Suzume a través de las cámaras de seguridad. Hasta llegar al estanque de tiburones, donde se ve a la chica caminar al fondo del pasillo, pero que no logra ser captado por la cámara.
—¿Hacía donde dirige ese pasillo? —Preguntó el policía conteniendo toda su angustia e impaciencia.
—Hacía el estacionamiento, pero aún no tenemos todas las cámaras de seguridad instaladas en todo el acuario, nos faltan algunos sectores y uno de ellos es el estacionamiento —Explicaba el encargado.
—El estacionamiento… —Repitió para sí mismo, antes de salir corriendo a aquel lugar.
Makoto se quedó mirando las grabaciones unos minutos más, dándose cuenta que por el mismo pasillo que había pasado Suzume y del que no había vuelto, se veía a Misaki claramente cansado por haber corrido. Miró atentamente, cómo el chico se acercaba al final del pasillo lentamente, se veía algo asustado. Una gran interrogante llegó a su mente, ¿Misaki sabía lo que había pasado con Suzume? Se mantuvo viendo varios minutos las cámaras hasta volver a ver al pequeño de hebras oscuras. Corriendo desenfrenado, con lágrimas en los ojos que intentaba secar con la manga de su remera. Sólo él había salido del estacionamiento, Suzume no. Lo había visto, Misaki lo sabía. Se alegraba de que el padre de la niña no haya alcanzado a ver estas grabaciones, o el pobre muchacho de preciosos orbes ámbar hubiera sido sometido a un denso interrogatorio, que lo dejarían peor de lo que ya estaba.
El hombre llegó al estacionamiento, desesperado miraba por todos lados alguna señal, una pista que lo llevara al paradero de su hija, el lugar era algo oscuro, pero aun así podía ver a la perfección, era exasperante, un desasosiego caótico el ver el lugar y no encontrar absolutamente nada, se la habían llevado lejos de él y sentía cómo caía en el infierno. Buscó y buscó, sabía que no lograría nada, pero aun así lo intentaba porque aún tenía un mínimo de esperanza. Con la mirada gacha tratando de mantener la compostura, camino ya sin fuerzas, hasta encontrarse con una pequeña mancha; era diminuta, pero no podía dejarla pasar. Se agachó y la tocó con sus dedos. Era sangre… sangre fresca, fue en ese preciso momento en que lo entendió todo y su mundo se quebró por completamente. No había que ser un genio para saber lo que había ocurrido con su pequeña. Con un desolador dolor, no resistió, y a la mancha de sangre se le unieron la de sus lágrimas, culpable se maldecía por no haber llegado a tiempo. La cuidó tanto, hizo todo lo posible para mantenerla a salvo, pero simplemente no lo logró. Aquel monstruo asesino se la había arrebatado, y él, no pudo hacer nada.
Makoto suspiró tenso, estaba esperando a que llegaran los padres de cada niño para que los recogieran. La situación se salió de sus manos y uno de sus pequeños ya no volvería más. Lo peor de todo es que lo sabía, y no podía decirlo. Miró a Haruka, era su novio, el amor de su vida, pero si tan sólo hubieran sido amigos, ¿Lo protegería de la misma forma? No tuvo que esperar a los segundos para responderse, sí, lo hubiera hecho, porque Haruka no podía dejar de estar en su vida. Lo intentó, intentó alejarse de él, lo hizo varias veces, y fracasó, porque sus sentimientos eran tan fuertes que no podía dejarlos de lado, no podía dejar a Haruka, era su pilar y su más grande tesoro.
—Tachibana-kun —Se volteó a ver al hombre frente a él, decir que se veía destrozado era poco y con eso sólo podía comprobar una cosa, aquel hombre supo lo que le había pasado a su hija— No te lo tomes a mal, sé que no querías que esto sucediera. —Hubo una pausa, Makoto se culpabilizó, ¿Qué tan inocente era después de esto?— Se iniciará un investigación policial, no te estoy culpando —Aclaró— Pero vas a estar involucrado en ella, agradecería que cooperaras... Lo siento —Hizo una reverencia, hablo algo con los encargados del lugar y se marchó.
Makoto mantenía el temblor de su cuerpo controlado, sentía que se descompensaría en cualquier momento, recordó las palabras de Ryuuji, "Si algo le pasa a alguno de ellos, sería totalmente tu responsabilidad". Quería vomitar, por el simple hecho de que aquel hombre de tormentosos orbes grises, no había hecho esto por casualidad, fue a propósito, para que lo culparan a él de algo que jamás en su vida podría hacer. Se sentía enfermo, se sentía culpable, se sentía totalmente amarrado a los pies de un asesino, porque era su cómplice, y con eso ya era suficiente para arrastrarlo junto a él.
Haruka era capaz de ver la angustia de Makoto que guardaba por dentro, quería abrazarlo ahí mismo, pero no podía, no estaba bien visto y aunque eso no le importara, al chico de hebras olivas sí, algo no estaba bien en todo esto, y a pesar de que quería resolver todas las dudas de una sola vez, no lo sentía prudente, pues su novio se veía realmente afectado, podía ver que en cualquier momento se quebraba, esa calma desesperante que mostraba para no preocupar a nadie, jamás le gustó.
—Entrenador… —La voz del muchacho hizo volver a la realidad a la pareja— Me iré a casa.
—¿Eh? Pero deben venir por ti, tu madre…
—No vendrá, y si lo hace, será ya al anochecer —Interrumpió Misaki al de orbes esmeralda, sin su característico ánimo— Está bien, puedo ir casa solo.
—Pero… ¿Qué tal si te acompañamos a casa? —Le ofreció amablemente, Misaki miró a Haruka y no podía dejar de sentir desconfianza, el entrenador de él, había matado a Suzume.
—No —Dijo quizás algo brusco— Muchas gracias —Se despidió cordialmente y se marchó, Makoto iba a ir tras él, pero Haruka lo detuvo, ese niño quería soledad, y lo entendía.
Misaki caminaba a paso acelerado, sus ojos atentos a todas las calles, tenía miedo, ¿Qué pasaba si se encontraba con el asesino? Comenzó a correr sintiendo un gran terror, huyendo de un fantasma que lo perseguía. Su mente no dejaba de recordarle la muerte de su amiga, el dolor, el miedo, la soledad. Sus ojos comenzaron a verse bombardeados de lágrimas, ¿Por qué no pudo hacer nada para salvarla? ¿Por qué tuvo que quedarse mirando? Se decía valiente, pero no, era un cobarde, porque ni siquiera fue capaz de decirle la verdad al padre de Suzume, sólo estaba escapando de esa espantosa realidad. Corrió hasta quedar sin aire, antes de abrir la puerta de su casa miró a todos lados, buscando a aquel monstruo, suspiró de alivio y entró rápidamente cerrando con seguro, se encerró en su habitación, tiró la mochila hacia la cama, no le importaba dejar un desastre de ello, ya que él era el peor desastre en aquella habitación. Dirigió la mirada a la cámara que se encontraba tirada en el piso, la tomó y empezó a ver las fotos, hasta llegar a aquella donde salía Suzume sonriendo al ver las medusas, ¿Ya no podría volver a verla así? En la siguiente foto estaban los dos, y no lo soportó más. Lloró, lloró como nunca antes, y es que no lograba entender lo que había sucedido, jamás lo lograría entender.
Makoto miraba a Haruka quien preparaba la cena, sentía cómo lo habían hundido hasta el fondo del mar, estaba asustado, ahora estaba bajo la mirada de la policía, y es que por muy injusto que era, Azuma tenía razón, toda la responsabilidad cayó sobre él, sabía que Suzume estaba muerta, que el padre de aquella chica había perdido lo último que le quedaba, que Misaki lo había visto, que todo esto había pasado por su ineficiencia, por ser un maldito idiota que creyó en que sería un buen día, pero resultó ser una tragedia, la culpa lo mataba por dentro, lentamente, dolorosamente.
—Makoto… —Miró los orbes oceánicos en los que le gustaba ahogarse, hermosos y compasivos. No se esperaba el abrazo de aquel precioso muchacho, él estaba arruinado y Haruka a pesar de eso, no dejaba de entregarle amor— No es tu culpa —Lo consoló, pero esas palabras fueron como un cuchillo, porque sí era su culpa. Lo abrazó fuertemente, y escondió su rostro en el hombro del mayor, no quería que lo vieran llorar, pero ya no lo aguantaba, estaba acorralado en su miseria, una desdicha de la que no podía deshacerse. Haruka sólo se mantuvo ahí, sabiendo que no importaba lo que hiciera, no sería suficiente para sanar el dolor de Makoto.
El entrenamiento de Haruka era arduo, el excéntrico de Ryuuji sabía lo que hacía, podría ser un monstruo sin sentimientos, pero como entrenador era excelente. Si Haruka ya tenía potencial, él lo quería potenciar aún más. Le dio unos minutos de descanso, a lo que el de orbes oceánicos aprovechó simplemente para nadar libre. El hombre se dirigió hacia los pasillos hasta llegar a la máquina expendedora para comprar un café helado, disfrutaba lo que hacía, no había nada de lo que se arrepintiese.
—No te ves bien —Le dijo al chico que estaba a un lado, sentado en una banca— Deberías aprovechar tu tiempo libre para dormir.
—¿Qué hará con ella? ¿La tirará a un terreno baldío como a los demás? —Makoto no lo miraba, no quería hacerlo.
—Suena bien —Contestó calmado, sin una pizca de sentimientos— ¿Por qué?
—Entréguela… Su padre está destrozado —Decía con una penuria tan grande, que Ryuuji fue capaz de sentirla— Al menos para que le dé un entierro digno.
—Que misericordioso, Tienes buenas ideas, ¿Sabes? Voy a hacerlo, iré personalmente a su casa a entregarle el cuerpo de su hija a aquel policía, y todos seremos felices —Dijo sarcástico, tomando un gran trago de su bebida— No seas imbécil, y no me jodas —Iba a marcharse cuando Makoto lo tomó fuertemente del brazo.
—Es lo único que tenía, merece despedir a su hija como debe —Azuma se sorprendió al ver a aquel dulce chico actuando tan rudamente, el agarre sobre él le provocaba dolor y los orbes esmeraldas lo miraban serios, dentro de una tormenta.
—Sabes ladrar… —Tomó con su brazo libre, la muñeca del de hebras olivas, y ejerció una fuerza tal que el chico soltó un quejido de dolor. Era mucho más fuerte que él, se deshizo del agarre del muchacho y en cambio lo tomó aún más fuerte, fácilmente podría dejarle la muñeca con moretones— Pero no sabes morder —Lo soltó para luego terminar de beber todo el café de la lata y lanzarla al basurero— Lo pensaré —Dijo marchándose del lugar. Makoto miró su muñeca enrojecida, pensando en que Ryuuji era una bestia de tomo y lomo.
Miró el atardecer desde su balcón, la tranquilidad en su vida se había ido, esfumado, pero al menos tenía a su novio quien lo acompañaba, Makoto miró el departamento, su hogar que buscó y encontró alegremente, se volvió en el refugio más tenebroso, estaba esperando a Haruka quien había ido a comprar las cosas para a cena, no le importaba si había creado una dependencia a su hermoso chico, pero era en lo único en lo que podía aferrarse. Un llamado a su puerta lo desconectó de sus pensamientos, su novio tenía llaves, por lo que no tenía por qué tocar. Con pocos ánimos, abrió sólo para encontrarse con los orbes grisáceos del asesino, ¿Qué hacía en su casa? ¿No le bastó con verlo en el entrenamiento de Haruka? Su nerviosismo salió a flote al instante, la policía estaba sobre él y lo menos que quería era que lo vieran con Azuma.
—Perdón por la intromisión —Dijo entrando al departamento del de hebras olivas, dejando el bolso que llevaba a un lado del sillón y sentándose cómodamente.
—¿Qué hace aquí? Debe irse ahora —Haruka estaba por llegar y Makoto no podría explicarle por qué su entrenador estaba con él.
—Tranquilo, sólo quiero conversar contigo —Decía Azuma alzando sus manos en señal de paz— Estuve pensando en lo que me dijiste, y puede que tengas razón.
—Azuma-san, no quiero conversar con usted y menos en mi departamento, Haruka está por llegar, tiene que irse —Insistió Makoto sin estar dispuesto a escuchar.
—Dios, sólo quiero hablar contigo, ¿Puedes relajarte? Es algo que te conviene.
—No, no quiero hablar, por favor, váyase —Abrió la puerta, indicándole al mayor que se largara.
—Cielos, está bien, deberías tomarte unos calmantes —Azuma se levantó y le dio palmaditas en el hombro al pobre chico quien estaba totalmente tenso— Espero logres descansar —Dijo dándole a espalda y saliendo del lugar. Makoto cerró la puerta y en un estado paranoico, cerró todas las cortinas, miró sus manos temblantes, debía calmarse.
Estaba preparando té algo más tranquilo, cuando un mensaje llegó a su celular, el número era desconocido, pero con tan sólo leerlo supo de quien se trataba.
No me quisiste escuchar, pero aun así te lo diré de todas formas. Decidí en complacerte, me has sido de mucha ayuda, por eso te daré el placer de que le entregues personalmente el cuerpo de la niña a ese policía. Como presente, lo empaqué para ti en aquel bolso negro. Para que veas que soy considerado.
Makoto asustado, terminó de leer el mensaje, mirando por todos lados el bolso que decía en el mensaje, y ahí estaba, al lado del sillón, esperando por él. Con sumo terror, se acercó al bolso, tembloroso abrió lentamente el cierre, provocando que su estomagó se revolviera como una centrifuga al ver la terrible escena. Dentro de aquel bolso se encontraba el cuerpo descuartizado de la pequeña Suzume. Makoto se tapó la boca, sintiendo una gigantesca angustia, le faltaba el aire, estaba en una especie de crisis de pánico al ver tal crueldad.
—Ya estoy devuelta —La voz de Haruka, junto al sonido de un portazo y bolsas caer al suelo, lo inundaron en una penumbra llena de terror. Lentamente se voltio a ver al de orbes oceánicos, quien miraba horrorizado lo que había dentro del bolso.
Jamás en su vida, había sentido tanto miedo y angustia, como en ese momento.
