Ranma ½ no me pertenece…, y todo eso.
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EMOCIONES
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Capítulo 3. TRISTEZA.
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Trece horas y veintidós minutos llevaba arriba el maldito autobús. Ranma comenzaba a imaginar en las diferentes formas de vida que podía llevar sin tener que volver a sentarse nunca más. Trató de recordar cuándo había sido la última vez que había estado tanto tiempo tranquilo y no se le ocurrió ni una sola ¡Estaba desesperado!
Sentía su cuerpo entumecerse y aun así no se atrevía a realizar ningún movimiento que pudiera despertar a su madre que dormía plácidamente sobre su hombro. Por lo que bota su frustración a través de un suspiro. Después de todo, esto era mucho mejor que ir caminando y muerto de hambre como generalmente eran los viajes con su padre.
Por un momento, se dedicó a observar la luz del amanecer que marcaba su camino entre los árboles de la carretera. En ocasiones volteaba a ver a su madre para notar su rostro tranquilo y su respiración pausada, muy distinto de las últimas veces que había cuidado su sueño antes de que conociera su verdadera identidad. Ranma deseaba poder dormir tan plácidamente como lo hacía su madre y esperaba que este viaje le ayudara con ello, pero esas charlas que habían estado sosteniendo durante la última semana, se lo estaban impidiendo aún más.
Cada tarde se habían estado encontrando en el Dojo. Nodoka asistía sagradamente con su bandeja, recipientes y té caliente, mientras que él daba lo mejor de sí tal y como hacía en cada uno de los entrenamientos en los que había usado, a pesar de tener serias dudas respecto a este. Sin embargo, una vez que modificó sobrellevar la sorpresa y extrañeza, todo el asunto se había vuelto mucho más sencillo y natural, y no podía negar que disfrutaba de los bocadillos que a veces llevaba para la ocasión.
Habían hablado hasta ahora de todo un poco, de lo agradable y lo desagradable, de la ciudad, sus gustos y preferencias, de la escuela, profesores y varias anécdotas en las que se podrían destacar un gato gigante, un hilo mágico, un mago rana , joyas que controlaban las emociones, hongos, príncipes, una larga lista de retadores y los más increíbles y disparatados estilos de combate. Ranma ya podía sentir la confianza suficiente como para bromear y comportarse como lo hacía siempre, sin preocuparse por la imagen que su madre podía tener de sí mismo, al menos la mayor parte del tiempo.
Nodoka había mantenido su palabra y todo lo que allí conversaban se guardaba en el más absoluto secreto, tanto, que incluso se había sorprendido de que la manada de locos y locas no quería participar o impedir ese viaje, lo que le había demostrado que Nabiki no había dicho nada al respecto, y eso lo tenía, por decir algo, asombrado.
La Katana tampoco participó y eso era algo que agradecía profundamente, pues el chico podría jurar que había tenido muchos deseos de usarla cuando él le había hablado de ciertas competencias leotardo.
Y como si fuera también parte del ritual, al retirarse su madre del Dojo, él se quedara a despejar su mente a través de sus cada vez más exigentes ejercicios que le permitían canalizar sus pensamientos y rondar un poco más en algunas de las preguntas que le hizo su madre y de las respuestas que ella misma le iba dando sobre algunos temas. Tenía que agradecerle que, no solo se estaban conociendo, sino que, además, estaba mejorando bastante como consecuencia indirecta, aunque, nada le haría pensar al chico que todo el asunto se tratara de un entrenamiento real.
— No estoy seguro — él le había dicho a su prometida, en una de las tantas conversaciones que ambos habían entablado respecto al viaje, una vez el impacto inicial de la noticia se hubiera superado — quizás solo deba quedarme en casa — sugiere, impidiendo mirarla , desde el cobertizo.
— Debes ir con ella — Akane le había respondido — a mí me encantaría poder tener esa posibilidad — comentaba al voltear a observarlo, sin lograr el contacto visual.
La familia los había acompañado hasta la estación y la despedida había sido silenciosa y solemne. Un poco extraña en realidad, pero al menos Akane se había presentado esta vez, pensado.
Así que ahí estaba, viajando con su madre hasta la ciudad de Yamaguchi, como si el tiempo que estarían allí no fuera demasiado incierto, la distancia también era significativa. Y en ese preciso momento agradecía el silencio del lento despertar de los pasajeros del autobús para poder lidiar con sus preocupaciones. Ranma no pudo identificar el momento exacto en el que se había vuelto tan reflexivo, pero estaba seguro de que su madre era la responsable.
Al llegar las cosas sucedieron demasiado rápido. Habían desayunado en la estación para luego dirigirse a lo que Ranma llamaría una casa acogedora. La bienvenida había sido emocionante, alegre y ruidosa tras las reverencias y presentaciones tradicionales, Nodoka lo presentaba con orgullo y no hacían más que llenarlo de elogios.
— Gracias a Dios, te pareces a tu madre muchacho – lo abrazaba con fuerza una mujer mayor vestida con un modesto kimono, aún en la entrada, mientras Nodoka observaba la escena conmovida – pero pasen, pasen, deben estar exhaustos – los invitó, por lo que el chico levanta los bolsos y su mochila para seguirla por la modesta vivienda – esta es la sala, el comedor, y la cocina está girando a la derecha – anunciaba la mujer mientras señalaba cada una de las habitaciones que nombraba, sin perder su sonrisa y entusiasmo – esta será tu habitación – indica de pronto, abriendo una de las puertas del pasillo.
— ¿Mi habitación? – preguntando el chico asomándose al lugar, descubriendo que allí se encontraba una cama, algunos muebles y una gran ventana con una pequeña terraza donde podía observar los verdes cerros y colinas de la enorme ciudad. La habitación no era demasiado grande, pero sin duda era mucho más de lo que había tenido nunca — ¿todo esto es para mí? – pregunta asombrada. La mujer asiente satisfecha.
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— Hace tiempo que no vio a Ranko – comenta Nodoka al ver a su hijo salir del agua en la playa convertida en mujer, usando un pantaloncillo y su camiseta habitual sin mangas que había aprendido a utilizar para cuando se transformara. El chico emite una débil sonrisa como respuesta. Junto con todo lo que la pelirroja le causaba, estaba seguro que, además, para su madre aún era difícil asimilar todo aquello que tuviera relación con su maldición, pero, al llegar a la playa de blanca arena y aguas turquesa junto al Gran Puente de tsunoshima, uno de los tantos lugares que estaban visitando juntos, el chico no pudo evitar expresar su felicidad aprovechando el amplio y excepcionalmente solitario lugar, para entrenar, ejercitarse y finalizar refrescándose en el mar. Nodoka había estado admirando todo el proceso en silencio.
— ¿Tienes agua caliente?
— Solo tengo el té – responde señalando el termo y recipientes que había traído para la ocasión.
— Eso sirve – dice volteando un poco sobre su cabeza.
— ¿Cuánto tiempo llevas… transformándote en Ranko? – y Ranma suspira. Esa era la primera pregunta que daba inicio al "Confesionario" , y al parecer la temática era su maldición.
— Hace como un año, un poco más tal vez… — investigué de hacer memoria – desde que fuimos a China por primera vez.
— Debe haber sido… impresionante.
— Vaya sí que lo fue – comenta mientras grababa el día en que cayó en la poza maldita y tuvo que abrir su Gi para comprobar lo que la guía le estaba diciendo. Sacude su cabeza para despejar sus recuerdos y poder recibir el té que Nodoka le estaba ofreciendo.
— Cuéntame cómo fue.
— Hom… Papá encontró este folleto y dedicó que debíamos ir, claro que no tenía ni idea de qué se trató porque, ya sabe, papá no puede leer Chino… — bebe un poco de té – pasaron muchos problemas para llegar así que cuando lo hicimos comenzamos a entrenar sin darle tiempo al guía de explicarnos nada, aunque, ver su cara de sorpresa por vernos llegar ahí debió ser la primera señal … — deja el recipiente para sacarse la camiseta y estrujarla por un lado y finalmente sacudir un poco su cabello — … ataqué a papá y este llamó primero a la poza pero no pareció darse cuenta del cambio así que simplemente después con el ataque, yo estaba absolutamente impresionado y por ello no alcancé a evitarlo, así que caí a una poza diferente.
— Vaya…, ¿y por qué no lo solucionaron en seguida?
— Empezamos a buscar la poza correcta, pero moríamos de hambre y con la ayuda del guía llegamos a la aldea de Shampoo buscando qué comer, el resto es historia…
— Los persiguió por toda China… — recordó — al parecer, todo lo extraño o mágico viene de allá.
— Sí, es cierto – dice riendo – pero no fue tan malo ¿sabes?, antes de Jusenkyo fue tremenda experiencia, pudimos perfeccionar el combate aéreo Saotome, que es nuestra especialidad.
— Sí, he could ver la influencia en el arte durante sus entrenamientos en el estanque…, bueno y en tu propio estilo – dice apuntando su trenza. Ranma sonrie alegre.
— Te ha fijado en todo.
— Claro, ya te lo dije – ambos estaban complacidos.
— Mamá… ¿puedo hacerte una pregunta? – habla el chico después de un breve silencio.
— Claro, diez centavos.
— ¿No te…?, tu…, es decir… ¿decepcionaste al saber?... – parafrasea nervioso.
— Bueno definitivamente, fue una sorpresa – contesta risueña, sin embargo, al ver el rostro serio de su hijo bebe un poco de té y lo piensa mejor – creo que…, Ranko es muy masculina… y que no hay manera en que pueda decepcionarme de ti después de todo…, además, Ranko o no Ranko, eres el mismo – Ranma guardó silencio al escucharla y meditó, no era la primera vez que le decían algo parecido, Akane se lo había dicho en diferentes ocasiones, sin embargo, esa respuesta nunca lo dejaba satisfecho del todo – Ranma… — llamó la mujer, pero este respondió con una leve, casi imperceptible, sonrisa — ¿estás bien?
— Yo…, estaba dispuesto a dar mi vida, pero no mi hombría…
— Pues en ese caso – dice levantando su rostro, observándolo con determinación – me siento afortunada de que, en lugar de tu muerte, haya llegado esa graciosa pelirroja.
— Eso dices ahora, pero bien dispuesta que estaba tu katana – resopla irónico, sin embargo, Nodoka ríe con ganas.
— ¡Ni siquiera sé usarla, Ranma! – pero el chico seguía mirándola con recelo – bien, tampoco es que tú estuvieras tan dispuesto a dar la vida, si no mal recuerdo ¿no, Ranko? — Nodoka ahora lo miró acusadoramente, entrecerrando los ojos, pero claramente divertido.
— ¡No es lo mismo! – grita molesto, para luego inflar los cachetes en una actitud infantil.
— Hagamos una cosa – dice la mujer carraspeando la garganta para recuperar la seriedad en sus palabras y actitud — para mi será tan molesto, o no, como para ti, ¿está bien?
— ¿Estás segura?, pensé que odiarías todo eso, con tus ideas de ser todo un hombre y todo eso… — Nodoka ríe disimuladamente.
— Si bueno…, tu promesa era todo lo que tenía de ti, no puedes culparme – entonces Ranma la mira entrecerrando los ojos — Además, Ranko me simpatiza – dice mirando al frente mientras Ranma la miraba sorprendida.
— ¿D- de verdad? – pregunta incrédulo, pero Nodoka asiente tranquila.
— Entonces está bien, s-supongo… — contesta encogiéndose de hombros, tras meditarlo un poco. Ambos se mantienen en silencio por un breve momento y Ranma espera que en realidad ya pesar de lo que estaba escuchando, tenga que ser más cauteloso en el modo en que usaba a veces a la pelirroja y en que tal vez, no debería tener un guardarropa tan variado en cuando a vestimentas femeninas se refería. Y pensar que todo comenzó con un día de lavado…, espero, aunque definitivamente no estaba dispuesto a dejar de transformarse para disfrutar de los deliciosos mantecados, ¡No señor!
— Akane me contó, que han hecho de todo para revertirlo y que no han tenido suerte – había hablado su madre, sacándolo de sus pensamientos.
— ¡Uf!, no tienes idea, pero no pienso rendirme, aunque ya sabes…, Jusenkyo… — deja de hablar, entristecido.
— … Quedó destruido…, pero fue por una buena causa ¿no? – Ranma sonrió melancólico y asintió con pesar. Lo haría un millón de veces más si fuera necesario y en ninguna de ellas hubiera pensado en su maldición, con tal de volver a salvarla, de eso estaba seguro.
— Si no fuera por el maestro Hapossai… — dice acongojado bebiendo un poco de té.
— Te habrías casado con Akane.
— Si… es decir…, espera, ¿qué?
— ¡Oh ella se veía tan hermosa!, … Y quizás en este momento estarías en tu luna de miel… — dice con ojos soñadores mientras unía sus manos frente al pecho.
— ¡Yo no me refría a eso!
— … Demostrando el hombre entre hombre que eres, ¡eso seguro! – dice ignorándolo por completo.
— ¡Mamá! — le reprocha y esta sonríe divertida, para luego guardar silencio y estirarse para alcanzar una de sus manos y sostenerla con ternura.
— Sé que fue muy difícil para ti — habla, buscando su mirada. El chico había comenzado a abrir la boca para responder, pero la mujer se apresura en impedírselo — y no me digas que "estás bien" o que "no es para tanto", porque sé que no lo estás, y que, si es lo es, pero, ojalá pudieras ver que para las personas que te amamos, tu maldición, no es importante.
— Sé que no, pero… es que…
— … Para ti si lo es ¿no? — Ranma asiente, para luego bajar la cabeza, impidiendo mirarla — lo entendiendo, y está bien — vuelve a hablar, levantando su rostro con la mano que antes lo sostuviera para forzarlo a mirarla, notando el brillo en la vista del muchacho producto del llanto que había estado tratando de reprimir— está bien que no estés bien, hijo, has tenido que ser fuerte toda la vida, puedes permitírtelo — comenta, mientras Ranma retira su mano con delicadeza, incapaz de seguir sosteniendo su mirada, expresando su incredulidad a través de una irónica sonrisa — sé que tu padre te dijo lo contrario toda la vida, pero estar afectado, por perder el agua, es bastante esperable. Fue algo importante. Si necesitas un tiempo para vivir el luto de lo que significó tu última oportunidad: hazlo.
— N-no es…, no es eso— trata de explicar — Estoy seguro que habrá una nueva oportunidad… y… yo… Ranko, no está tan mal una vez que te acostumbras, es solo que… — suspira, derrotado.
— Quizá querías resolver lo de tu maldición antes de formalizar… otros asuntos. No creo que esos asuntos , deban esperar por algo así, estoy seguro que…
— No — le interrumpe — quizás — duda, tras un breve instante — es solo que… — intenta por enésima vez desde que esa locura junto a su madre había comenzado el explicar con palabras lo que pasaba por su cabeza y corazón, e inevitablemente una y solitaria lágrima roda finamente por su pequeña mejilla producto de la frustración y debate interno al querer explicar y sentir que no debía, en realidad — ella… — murmura a penas, rindiéndose a la realidad de que, además, no podía hacerlo, tampoco. Las palabras simplemente no salían de su boca. Nodoka lo observa en silencio, esperando paciente, pero el chico evita seguir hablando y limpia con rabia su rostro — olvídalo — finaliza, enfadado.
— Creo que no es Ranko, lo que en realidad te molesta — comenta con toda la naturalidad que la inmensa preocupación que en realidad sintió, le había permitido emitir, comenzando a ordenar los utensilios. Ranma desvía la mirada, aún enfadado — ¿me lo dirás algún día? — pregunta, acercándosele. El chico la observa y al notar la entusiástica expresión que ahora le dedicaba, logra volver a relajarse.
— Quizá algún día — bromeó. Agradeciendo, por primera vez, haber estado bastante lejos de todo aquel que pudiera burlarse de su deplorable estado emocional.
— Bien, eso me basta — concluyó alegre — por ahora — sentenció, en cambio, provocando una pequeña sonrisa en el chico.
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Esa noche, al igual que tantas otras, Ranma no podía dormir. Su cabeza era un lio y tal y como había estado ocurriendo desde antes que el famoso entrenamiento con su madre había comenzado, no logró conciliar el sueño, y el solo hecho de mencionar lo ocurrido en Jusenkyo daba pie para una noche llena de terribles y angustiosas pesadillas
Aburrido de dar vueltas y vueltas en su adorada cama, nota como su respiración comenzaba a agitarse sin remedio producto de la sensación de quedarse sin aire para respirar a pesar de observar el ventanal abierto de par en par. Decide levantarse, vestirse y salir de la habitación hacia su terraza personal. Una vez afuera, se concentra en su respiracion, inhalando y exhalando sonoramente hasta recuperar un poco la calma. Una vez haber logrado regularla, da un brinco hasta el techo de la propiedad y tal y como hizo en la casa de los Tendo, se sienta abrazando sus piernas para descansar su cabeza apoyando su mentón sobre las rodillas. Mirando el cielo da un gran y sonoro suspiro.
— Demonios… — menciona para sí, suspirando profundamente.
Quizá debía comentarle a su madre lo complejo que se le estaba haciendo todo esto, de lo difícil que se le hacía dormir, o algunas de las ideas que rondaban en su cabeza cuando intentaba hacerlo, ¡Esto no podía ser normal!, jamás en su vida habia pasado por algo parecido.
Pero no. él era fuerte, se grabó. Podia con esto y mas. Él podía con todo…, solo debía… esperar. suspiró.
Necesitaba verla. Necesitaba saber que estaba bien. Porque…, debía estarlo ¿verdad? Su familia ya le habría dicho si algo malo hubiera pasado. Ellos ni siquiera tendrán que pedirle que viajara de regreso para ayudarles a resolver cualquier lío en el que la chica se pudiera ver envuelta. Él viajaría en el tren bala esta vez. No importaba si tuviera que empeñar un riñón, un pulmón, o lo que sea.
Vuelve a suspirar.
¿Así se había sentido su madre mientras el entrenaba y viajaba por todo Japón?
No podía siquiera imaginar pasar por estas sensaciones por tanto tiempo. ¿Era por eso que su madre lo hacía pasar por todo esto?, ¿Quería que el sintiera lo mismo que ella sintió, como alguna especie de castigo?
Sacude su cabello y vuelve a levantar su rostro.
— Claro que no – se dijo, su madre era muy diferente a su padre, ella no sería capaz de algo así.
Y agradeció en silencio las muchas licencias que sabía le permitía. Agradeció la confianza que se estaba dando entre ellos dos y en lo mucho que se interesaba en él. Se estaba esmerando tanto por que estaba comodo, no solo cuando conversaban, sino que en todo momento. Él estaba acostumbrado a recibir atención, llamarla era algo que se le deba naturalmente, después de todo, pero el tipo de atención que estaba sintiendo ahora, distaba mucho de la que solía recibir.
Nunca había tenido tanta privacidad, o un espacio que pudiera decir que le perteneciera sólo a él, tampoco se había dado cuenta de lo mucho que necesitaba hablar sobre ciertos temas. Jamás había tenido la posibilidad de transformarse en un "turista" y definitivamente estaba disfrutando de los paseos que estaba realizando junto a su madre, de los regalos que ésta le hacía y de las infinitas adulaciones que recibía de todos ahí. Hasta habían arreglado el patio para que él pudiera entrenar a gusto y en general, no paraban de consentirlo.
Más, no podía pedir. Estaba absolutamente a gusto.
Entonces… ¿qué haría con sus ganas de volver? Se preguntaba angustiado, luchando con las enormes ganas de llorar que estaban por dominarlo otra vez. ¿Por qué, en lo único que pensaba, era en regresar junto a Akane, si estaba seguro de que ello no era posible, tampoco?
Y Ranma dio un sonoro suspiro, por tercera vez.
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— Cuéntame sobre tus viajes de entrenamiento con tu padre – solicita Nodoka al comenzar una nueva reunión durante la tarde. Ambos se encontraron en la habitación que le habían asignado a su madre donde había una pequeña mesa de descanso, rodeada por cojines de múltiples colores en los que ahora ambos estaban sentados. En la mesa se encontró el té caliente y dos pocillos como era ya su costumbre. Ranma suspira ante la pregunta, cansado incluso antes de comenzar. Este era un tema delicado que habia estado tratando de evitar. No quería preocuparla.
— Mamá…, no creo que…
— Quiero saber – lo interrumpe, y él observa su determinación y se percata de que, a diferencia de los otros días, su rostro estaba muy serio.
— No fue tan terrible como crees ¿sabes? — intenté – es decir, papá es un idiota, pero sabe lo que hace.
— Te entrenó bien – no era una pregunta.
— Bueno, nunca me han vencido – se jacta triunfante, ignorando de manera intencional aquellas veces en las que había tenido que ir por una segunda, aunque definitiva, oportunidad.
— No me referiré a eso.
— Lo sé… pero, ¿qué es lo que quieres que te diga?, pasamos hambre y necesidades, no quiero decir más de lo evidente – resopla tratando de no darle importancia. Nodoka suspira, ella sabía bien el contexto de los viajes de entrenamiento de los guerreros en formación y estaba muy consciente de las necesidades a las que su hijo se refería, después de todo, se había casado con Genma Saotome.
— ¿Te cuidó?
— Mamá, estoy aquí, estoy entero, eso es lo que importa ¿no?
— ¿Fue cariñoso?
— Mamá…
— Sé que no te di el mejor de los padres.
— No es tu culpa, tu no elegiste que él sea como es, el desechó lo deseó, es un niño grande — Nodoka sonríe con tristeza ante el sólido argumento, antes de agachar la mirada, y volver a hablar.
— Eras tan pequeño Ranma.
— Estoy bien.
— Me hubiera gustado tanto haber estado ahí, cuidarte cuando estuviste enfermo, curarte después de una caída…
— Mamá, no es necesario que te castigues así.
— … Arroparte cuando tuviste frío…
— Pero no estuviste, ¡ya estás! – comenta exasperado sin lograr soportar las imágenes mentales de lo que su madre le mencionaba, vaya que si le hubiera gustado recibir todo eso, muchas veces lo había anhelado, sin embargo, pensar que ello si pudo haber ocurrido de verdad estaba resultando mucho más difícil de tolerar de lo que había imaginado, pero al ver la cara de espanto de su madre comprendió que no podía ser tan duro al hablar — es decir, ni siquiera sabía que tenía una mamá hasta hace poco tiempo atrás, entonces, no fue realmente un problema ¿sabes? ..., creo que simplemente evitaba pensar en eso y siempre resumía todo con lo difícil que hubiera sido para alguien más, vivir con papá…
— Ranma...
— Papá es un idiota, eso lo sé de cerca, te sorprenderías de sus ocurrencias, pero…
— ¿Pero?
— Me enseñó todo lo que sé – dice de golpe, empuñando sus manos, flectando los brazos en una clara referencia al arte que practicaba, mientras grababa los miles y una aventura que había vivido junto al estúpido de su padre. A Ranma nunca le había gustado mucho hablar de aquellas con otras personas pues cada vez que lo había visto esa mirada de lástima hacia él que detestaba con toda su alma. Él no conocía en realidad, otra cosa además de viajar y entrenar, así que tampoco podía comparar mucho más de lo que observaba en amistades pasajeras o compañeros de clases, y como siempre, prefería no pensar mucho en ello. Él había preferido tener en ser poseedor del arte y convertirse en el mejor. Los sacrificios que debían sufrir para conseguirlo eran absolutamente necesarios.
— ¿Lo justifica? — pregunta su madre y el chico resopla, al formar una sonrisa. No podía explicarle a su madre los abusos injustificados que por tanto tiempo había normalizado.
— No es eso, es que… — hablaba, nervioso.
— Es que no me lo quieres decir… ¿por qué?
— No quiero preocuparte, además…, creo que para ti fue más difícil, yo no sabía que tu existieras, pero tu si sabías de mí.
— Lo fue… — dice en un suspiro — … aún lo es, no es fácil aceptar que me perdí tanto de tu vida, hay tanto que me gustaría haber hecho… – comenta bebiendo un poco de su té, perdida en sus pensamientos – por mucho tiempo los busqué…, y traté de convencerlo para que regresaran…, le prometí que no interferiría… – su voz comenzaba a temblar y baja lentamente su mirada — tu padre me enviaba noticias de tanto en tanto y me contaba de tus progresos y de lo fuerte que te ponías, no sabes lo contenta que me sentí cuando llegaba una carta o una postal — Nodoka levanta la vista para poder encontrarse con la mirada del chico que la miraba atenta, ella estaba tratando, con mucha dificultad, contener las lágrimas — … no pasó un solo día en que no me arrepintiera de dejarte ir… — dice con pesar, dejando caer la primera de ellas – luego…,tu padre dejó de escribirme… y decidió ir a buscarlos otra vez, hasta que me enteré que estaban en China… y yo… — no pudo continuar ya que de pronto el aire le faltó y las lágrimas nublaron su vista, por lo que decidió aumentar en su respiración para calmarse un poco — ¿podrás perdonarme algún día, hijo?
Ranma la observaba sin reaccionar, siempre había detestado ver a una mujer llorar. La desesperación lo hacía decir o hacer cualquier cosa para que ello no continuara, sin embargo, al ver y escuchar a su madre no podía mover un músculo o decir una palabra, y sentí en ese momento que no podía respirar, que algo se atoraba en su garganta y una punzada en el pecho habia comenzado a molestarlo. Su imaginación había comenzado a formar diferentes imágenes de su madre sola, llorando, esperando eternamente por una carta, una noticia…, algo…
— N-no…, no hay nada qué perdonar – Y no lo había en realidad. Ranma nunca la había culpado y no cabía recriminación para ella.
— Oh Ranma… — gime la mujer entre lágrimas justo antes de lanzarse a abrazarlo y esconderse en su pecho. El chico la abraza de inmediato en respuesta y oculta también su rostro, temiendo acompañarla con su llanto en cualquier momento, aún preocupado de la imagen masculina que esperaba proyectar con su madre, hasta que finalmente se separan y observan estrictas – Bueno… — suspira la mujer emitiendo una triste sonrisa mientras se enfoca en los ojos brillantes de su hijo – lo bueno de esto es que si no quiere preocuparme con los detalles de tu entrenamiento, es porque estás desarrollando tu empatía — manifestada, y ante la expresión de interrogación del chico, agregó — es algo así como el autocontrol que debiste ir desarrollando para no romper una pequeña ramita al levantarla, a pesar de tu enorme fuerza, o para mover tu cuerpo de la manera exacta para lograr un ataque en específico. Digamos que la empatía es algo así como la manera de ser cuidadoso con otras personas, buscar las situaciones o adecuadas para no lastimarlas o conseguir, al contrario, cuidarlas — Ranma asiente — pero, debes saber que soy una mujer fuerte, así que dime … ¿Cuáles son esas "ocurrencias" que mencionabas? – Y Ranma sonríe al fin, su madre era implacable y sabía de ante mano que no se rendiría. que mencionabas? – Y Ranma sonríe al fin, su madre era implacable y sabía de ante mano que no se rendiría. que mencionabas? – Y Ranma sonríe al fin, su madre era implacable y sabía de ante mano que no se rendiría.
— Bueno… — se acomoda y toma el pocillo que le corresponde para beber pausadamente de su té, se lo merecía después de todo — … ¿has escuchado, sobre el Neko Ken ?
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Akane da un suspiro, y con ese ya era el cuarto de esa noche. Hace un par de horas había hablado por teléfono con su prometido y este no había parado de contarle sobre su viaje, las personas que había conocido, los lugares que había visitado y sobre los amables que eran todos con él. Se oía absolutamente deslumbrado y feliz.
— Idiota – murmura molesta mientras observaba el techo de su habitación. Se oía tan alegre y despreocupado, mientras ella no podía estar más pendiente del maldito teléfono y sus esporádicas llamadas telefónicas. Hace ya tres semanas que Ranma y Nodoka habían viajado y esos días se habían hecho eternos. ¡Podía al menos estar un poco triste también!, pero no, esa idiota insensible se lo estaba pasando genial, mientras ella esperaba como princesa secuestrada, a que llegara su príncipe encantador – ¡Vah! – se había quejado antes de saltar de un brinco de la cama, para dirigirse hacia su closet y buscar su Gi, tenía que hacer algo con su frustración y el Dojo estaba siempre dispuesto.
Al llegar se encuentra con su padre que estaba sentado frente al altar.
— ¿Cómo estás, hija? – pregunta sin voltear. Akane en silencio, camina hasta llegar a su lado y le sonríe en respuesta – que tranquilo ha estado todo por aquí, ¿no? – y la chica resopla con pesar, "aburrido" era la palabra que ella utilizaría. –… la casa está muy silenciosa, como antes de que llegaran los Saotome a vivir con nosotros ¿no crees? – le vuelve a hablar, lenta y pesadamente, sin quitar la vista del altar, y Akane medita un poco acerca de ello. Era verdad que la casa habia estado demasiado silenciosa, muy a su pesar.
Por alguna extraña razón, no había visto a su tío Genma en tan buenas condiciones anímicas, pese a los intentos de su padre de iniciar con él una partida de Shoji o beber un poco de Sake , para conseguir distraerlo. El hombre de anteojos parecía estar absolutamente deprimido y lo único que hacía era jugar con esa pelota condenada cada vez que se transformaba en panda. Era normal pensar que su padre se sintiera solo o aburrido cuando no estuviera tratando de reanimar a su amigo.
El silencio que ahora los consumía había logrado que recordaran inconscientemente aquellos días en los que cada uno vivía el duelo a su manera.
Cuando los Saotome habían llegado, el más feliz había sido su padre, pero el movimiento que ambos habían llevado a su casa, había afectado a todos los miembros de ella. Kasumi parecía disfrutar el cocinar para tan complacientes comensales además de convertirse en una ávida espectadora de las locuras que los rodeaban todo el tiempo. Nabiki había elaborado un plan de negocios sorprendente que la tenían motivada y vivaz. Y ella…, ni hablar de los cambios que su vida había tenido desde su. Eran tantos, que justo en ese momento se emocionaba al recordar…
— ¿Estás bien, papá?
— Sí, es solo que sería muy triste tener que volver a esos días, ¿no crees?
— ¿Por qué lo dices? – de pronto una mala sensación recorrió su cuerpo.
— … tenemos que volver a luchar en la escuela, y el Dojo ya no sería el mismo…
— Papá… — lo llamó, sin obtener respuesta.
— Y todos nosotros, volveríamos a ser los de antes…
— ¿De qué hablas?
— …Tendríamos que buscar un nuevo sucesor…
— ¿Un nuevo sucesor?, papá, ¡me estás asustando!, ¿por qué tenemos que buscar un nuevo sucesor?, ¿y Ranma? – Soun se gira y pone una mano sobre el hombro de su hija.
— Será mejor que empezar a pensar en qué es lo que realmente quieres, Akane – dice antes de levantarse, despedirse respetuosamente del altar con una sentida reverencia, para luego sacudir su cabeza y formar una enorme y exagerada sonrisa al girar y observarla — ¿pero qué cosas digo? — se preguntó, llevando una de sus manos a su propia cabeza — estoy seguro de que nada malo sucederá, no me hagas caso — reía nervioso, antes de comenzar a retirarse del lugar.
— ¿Papá? – pregunta al girarse para percatarse de que ya estaba sola en el lugar – ¡Papá! – lo llama mientras corre tras él, pero Soun ya había desaparecido de su campo visual.
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— Podríamos hacer un delicioso estofado.
— Ya basta mamá…, no vas a cocinar a papá.
— ¿Y si preparamos carne asada?, la carne de panda asado debe saber deliciosa.
— Mejor dime, ¿qué hacemos en el templo Rurikoji ? – pregunta el chico tratando de alejar las ridículas imágenes en su mente de su padre transformado en panda y atado a un madero giratorio sobre fuego lento, avivado por los carteles en los que pidió ayuda.
— Oh bueno, ¿sabías que este templo es un tesoro nacional? – Ranma asiente, pero en realidad no lo sabía – Yo venía aquí, a pedir por tu bienestar, cuando tu padre dejó de enviar noticias… — decía mientras comenzaba con el lavado de manos y boca antes de ingresar – pensé que sería un buen lugar .
— ¿Para qué? – pregunta mientras finalizaba su lavado.
— Ya lo sabrás… — comienza a caminar – vamos, tengo mucho por qué agradecer.
— Mamá… — la llama, seria y preocupada, pero ésta solo sigue caminando.
Al llegar al templo, ambos habían hecho una pequeña reverencia, lanzaron los cinco yenes a la caja de ofrendas y tocaron la campana antes de comenzar, para luego llevar sus manos frente al pecho y comenzar sus oraciones, finalizando con una reverencia. Nodoka había llevado su propio osenko y se encargó de esparcirlo entre ambos.
Finalmente comenzaron a caminar por el parque hasta detenerse en la sombra de uno de los tantísimos árboles que se encontraron en el lugar. Del saca bolso una manta y al ubicarla y sentarse, comienza a preparar el termo para servir el té, haciéndole señas a Ranma para que la acompañe.
— Estoy seguro que si hablo con un monje me dejaría entrenar aquí – comenta el chico distraído mientras observa los alrededores.
— Podrías preguntar, no está tan lejos de casa.
— Seguro, puedo venir corriendo, me serviría para calentar y si tengo suerte hasta podría haber alguien con quien combatir – dice entusiasmado pensando en que Ryoga estaba tardando bastante en aparecer. Ranma ya estaba deseando un buen combate.
— Siento que no tengas un mejor lugar para entrenar, sé cuánto te gusta.
— Ha, ha – niega con la cabeza – tener o no un lugar para entrenar nunca ha sido un problema para mí – anuncia alegre, apuntándose con el pulgar – beneficios de la escuela y nuestro estilo de combate.
— Bien, eso me tranquiliza – comenta la mujer cerrando los ojos mientras toma una gran bocanada de aire para poder hablar — hoy venimos aquí a conversar algo importante — anuncia al fin, entonces el chico deja de observar el parque y voltea a verla y analizarla un poco, y se percata de que su rostro estaba muy serio. Nodoka apretaba sus puños en el kimono sobre sus piernas y había bajado la vista, parecía concentrado en el vapor que salía de los recipientes de té. Ranma se extraña ya que en las últimas conversaciones que habían establecido, ambos habían estado bastante más relajados y bromistas. Un escalofrío recorrió su espalda y no pudo evitar sentirse amenazado, por lo que pone todos sus sentidos en alerta y analiza con cuidado cada movimiento de su madre, como si estuviese esperando un ataque.
— ¿Pasa algo malo?
— Bueno, si es malo o no, seguramente de ti – dice levantando al fin la vista.
— ¿A qué te refieres?
— ¿Cómo te ha sentido aquí, Ranma?, es decir, en Yamaguchi.
— Bien mamá, han sido todos muy amables.
— Pensé que, a estas alturas, podrías usar palabras un poco más acertadas — amonestó.
— ¿Tranquilo? — corrigió, a pesar de no estar del todo seguro. No había sido esa la primera palabra que había llegado a su mente, aunque debería llamar de algún modo a la ausencia de locos y extravagantes situaciones. Nodoka sonríe al escucharlo — aquí parece ser todo tan…, normal — argumentó, al notar la peculiar expresión en el rostro de su madre.
— Pero hay algo que aún te tiene intranquilo.
— ¿Cómo?
— He notado que, por las noches, sigues subiendote al tejado — dice cerrando los ojos, bebiendo un poco de té — ¿vas a decirme hoy qué es lo que ocurre?
— He…, es que…, a veces, me cuesta dormir — admitió, preguntándose en cómo rayos su madre se había dado cuenta de ello. Él había sido muy cuidadoso.
— Bueno, eso es normal — comenta con tranquilidad, pero al ver la confusión del chico, continúa con su explicación — al hablar sobre cosas que no estás acostumbrado a hacer, al desbloquear recuerdos y verbalizarlos, al darme tu opinión sobre cosas que antes sólo estaban en tus pensamientos, hace que tomes conciencia de lo que sientes. Hablar de algo lo hace más real y al no estar acostumbrado, o al hacerlo por primera vez, es muy normal que te quedes pensando y le des mil vueltas al asunto.
— Oh… — Ranma no parecía muy convencido.
— Quiere decir, que estás lidiando con todo aquello que antes te esmerabas por ignorar, de golpe y eso no es nada fácil. Es parte del proceso.
— Pues…, que porquería de proceso — se queja, estirándose — ahora solo me falta ponerme a llorar cada que alguien me diga algo que no me gusta — comenta, irónico. Nodoka lo observa y ríe divertida, especialmente porque ello, en este momento, era una posibilidad real.
— Si al menos logras contener tu ira y no decir alguna burrada en tu defensa, sin que te importe cuánto puedes llegar a lastimar con tus palabras, lo habremos logrado — afirma bebiendo de su té, mirándolo triunfante por sobre su pocillo. Ranma muestra todos los dientes en su sonrisa forzada, al saberse regañado.
— Ranma — lo llama, después de un momento en el que ambos se habían dedicado a oír, entre murmullos ajenos, el sonido de los árboles bailar con el viento. El chico la observa y nota, nuevamente, su semblante serio — este viaje, y tu estadía aquí, no solo tiene como propósito el conocernos mejor o que aprendas a canalizar tus emociones, sino que, además, tiene el objetivo de mostrarte una alternativa.
— Bien… - dice reflexionando — ¿y qué alternativa sería esa?
— Vivir aquí, conmigo.
— ¿Q-qué cosa?
— Te escuchó decir que estas rodeado de locos, que estas harto. Me has dicho que puedes vivir sin el Dojo, que quieres elegir con quien casarte…
— P-pero…
— Has dicho que no necesitas un lugar en específico para seguir entrenando y yo te he visto muy cómodo aquí, en casa, con todos…
— Bueno, sí, pero…
— No podemos seguir abusando de los Tendo por siempre hijo. Esa es la razón por la que quise irme en primer lugar, pero entonces cometí el error de no preguntarte que es lo que tú querías…, no pienso cometer el mismo error. Tú querías regresar. Fue en esa casa que aprendiste lo que era contar con una familia, pero, ahora…, creo que ya no tienes tantos deseos de seguir ahí — Nodoka observa al chico y nota su confusión y retrospección — durante el último tiempo, he vito tu inconformidad , con tu entrenamiento, con tus amistades, con tu vida en general, es por eso que quisiera ofrecerte esta posibilidad — insiste — ¿Te gustaría vivir aquí conmigo, Ranma?
— Yo…, no lo sé…, está tan… arrepentido.
— Quiero ofrecerte la posibilidad de alejarte de toda la locura de Nerima, de todo lo que detestas – dice con urgencia, para luego suspirar tratando de calmarse — aquí hemos estado tan tranquilos, hemos podido disfrutar de todo lo que nos rodea, sin problemas, sin conflictos, sin locura.
— Pero, no podemos hacer eso mamá, es decir, ¿Qué pasará con los Tendo, el Dojo?
— Podemos romper el compromiso.
— ¡¿Qué dices?!
— Tu padre realizó el compromiso sin mi consentimiento y ello me da la facultad de romperlo si así lo deseo. Y lo haré si es necesario.
— ¿Por qué harías algo como eso?, papá jamás lo permitiría.
— Tu padre está al tanto de mis planes, es por eso que estamos aquí.
- ¡¿What?!
— Tanto él, como Soun, están al tanto de mis demandas y ambos han aceptado mis condiciones.
— N-no…, no puede ser.
— No fue fácil, no te mentiré…, pero tu padre me lo debe y Soun…, bueno, digamos que él confía en que tomes una buena decisión, ambos están convencidos en que la unión de las escuelas es lo mejor para ambas familias, y la verdad y si me preguntas, yo también lo creo.
— ¿Entonces por qué haces esto?
— Porque he sido testigo de tu infelicidad, esa que trata de ocultar con esa adorable sonrisa que muestras siempre, con tus bromas y simpleza en la que aparentas que nada te importa, con la que tratas de despistar a todos, de tu verdadero sentir. También me engañaste, Ranma, lo haces bien, pero las emociones suelen buscar una vía de escape, y si sigues así, enfermarás — explica, mientras el chico entierra su vista en el suelo tratando de contener la enorme tristeza que había comenzado a sentir — Al observarte, me he dado cuenta de muchas cosas, y una de ellas es que, es tu vida Ranma y solo tú puedes decidir sobre ella y que no podemos dilatar más este asunto. Tu padre ha sido muy irresponsable al permitir que todo se enrede cada vez más, ha demostrado ser bastante incompetente en estos aspectos, independientemente de las decisiones que tuvo que tomar para mantenerlos con vida, por ello considero que es mi deber, restaurar el orden de las cosas, pero no quiero tomar decisiones arbitrarias o seré igual que él, y ya ha tenido bastante de eso. Mi objetivo será guiarte, acompañarte, pero para eso necesito saber qué es lo que quieres tú.
— ¿Lo que quiero?
— Creo que deberías empezar a pensar en ello.
— Pero yo… es decir, solo quiero que me dejen en paz — habla con notoria dificultad. Nodoka aprecia el esfuerzo, sin embargo, era consciente de que no podía ayudar mucho, ante tanta ambigüedad.
— Escucha Ranma, te estoy ofreciendo la posibilidad de elegir tu propio camino, la libertad que tanto pides y que según entiendo, has reclamado desde siempre. Si quieres quedarte junto a Akane, el compromiso continuar y viviremos ahí hasta su unión, si eliges a otra de tus prometidas, entonces buscaremos la forma de lograrlo, estoy seguro de que, si viajaron hasta Nerima para seguirte, podremos convencerlas de venir hasta Yamaguchi . Si no eliges a ninguna de ellas, podemos arreglarlo, buscaremos la forma de restituir el honor de Kuonji y algo tenemos que poder hacer con Shampoo, viajaremos a China si es necesario. Si tu elección es dejar de pensar en ello dedicándote solo a perfeccionar la técnica, lo haremos – Nodoka observa al chico que ya no la miraba, la sorpresa estaba reflejada en su rostro y mostró la mirada al frente sin mirar nada en realidad, sus pupilas se movían frenéticamente tratando de entender, por lo que decide tomar un momento antes de volver a hablar — Ranma… — llama pausadamente — haremos lo que tú quieras, sólo tú y nadie más que tú, elegirá lo que ocurrirá con tu vida desde ahora en adelante, es por ello que tendrás que pensar muy bien qué es lo que quieres, yo te apoyaré y acompañaré en lo que tu decidas. Lo haremos posible. yo te apoyaré y acompañaré en lo que tu decidas. Lo haremos posible. yo te apoyaré y acompañaré en lo que tu decidas. Lo haremos posible.
- Y yo…
— ¿No es eso lo que siempre ha querido, Ranma?
— S-si… pero…, yo no puedo… ¿cómo?
— Pues, creo que para lograrlo es importante que pongas tus sentimientos en orden.
— ¿A qué te refieres?
— Creo que tú sabes perfectamente a qué me refiero, o mejor dicho a quién me refiero. Creo que en realidad si tienes una preferencia y que todo lo que te acabo de plantear pasa por que decidas si quieres quedarte a su lado o no y si estás dispuesto a enfrentar las consecuencias de ello. Ya no podemos dilatarlo más, no es justo: ni con el arte, ni con las chicas, ni contigo.
— Y-yo… — intenta hablar, pero termina suspirando, abrumado.
— Tienes mucho que considerar. Solo te pido que contemples todas las posibilidades y que tengas en cuenta que, si estoy equivocada en lo que te acabo de decir, aquí en Yamaguchi hay un hogar y una familia que estará feliz de recibirnos. Y no te preocupes por la escuela de combate Musabetsu Kakutō Ryū, ya que aun estando separados Akane y tú, pueden continuar con sus respectivas ramas de combate por medio de la descendencia, o al tomar discípulos, como hizo Hapossai. Él fue muy claro para entregar esa información. Por supuesto, las ramas Tendo y Saotome se dividirían, pero la escuela Todo vale, continuaría.
— No puedo creerlo…
— Será mejor que lo hagas hijo, porque es verdad — suspira, cansada, impulsándose a continuar — Sé que hay muchas personas que cuentan contigo y que cada una de ellas tiene una idea muy clara de qué debes hacer o de cómo debes comportarte. Soy consciente de la presión que ello puede significar y de lo cansado que puedes estar, pero tu rebeldía no cubrirá tus espaldas por siempre.
— M-mamá.
— Lamentablemente también formé parte de ello, pero pude comprender que, si seguía por ese camino, lo único que haría era promover la distancia que ya existía entre nosotros — lamentó — pero aprendí mi lección y no estoy dispuesto a volver a perderte.
— No lo harás — se apresura a contestar. Nodoka lo observa complacida y asiente — ¿Akane, sabe sobre esto? — pregunta, nervioso, después de un momento.
— No. Prometí que nadie se enteraría de nuestras conversaciones a no ser que tu quisieras lo contrario — le recuerda, esbozando una sonrisa — tu padre y Soun, incluso el maestro, están conscientes de las posibilidades respecto a la continuidad del estilo de combate libre , nada más. Ellos esperan saber si se unirán las escuelas, o no. Saben que no lo consentiré sin tu aprobación. Soun espera no tener que darle a su hija, nuevas noticias. Él planea seguir como hasta ahora — Ranma abre la boca y la vuelve a cerrar, indeciso. Estaba seguro de que el señor Tendo se preocupaba por Akane, pero la verdad era que al igual que su padre, nunca le había pedido su opinión y parecía no querer hacerlo, tampoco.
Nodoka comienza a ordenar los utensilios para luego ponerse de pie. Ante la interrogación en la mirada de su hijo, voltea a verlo y sonríe — creo que necesitas un tiempo a solas para procesar todo lo que te cabo de explicar — le explica, ofrece la espada — quizás deberías empezar por decidir, si quieres que Akane esté al tanto, o no. Es hora de que empieces a aplicar lo que has aprendido con tu entrenamiento — anuncia antes de empezar a caminar, alejándose del lugar. Ranma, al verla retirarse, y solo cuando la ve lo suficientemente lejos de sí, cambia su postura llevando el peso de su cuerpo hacia atrás, apoyándose con sus manos en el césped. Levanta su rostro y observa el azul del cielo y bota una gran bocanada de aire que parecía haber estado reteniendo.
— ¿Y ahora? — había murmurado — ¿qué haré? — se pregunta, comenzando a sentir una opresión en el pecho. Con prisa, lleva su mano a la zona doliente y cierra los ojos, tratando de regular su respiración que nuevamente había comenzado a agitarse, para luego inclinarse, recoger sus piernas y abrazarlas con fuerza, escondiendo su rostro — ¿Cómo podría tomar una decisión ahora? ? — se preguntaba, angustiado — no, no ahora — parafraseaba, desolado — Akane — la había llamado en un susurro, segundos antes, de entregarse a un doliente y profundo llanto que se esmeraba por ocultar.
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Fin del Capítulo 3.
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Notas de Autora:
¡Uf! ¿Qué les puedo decir? Justo en este instante me pregunto en por qué decidí meterme en una temática como esta, pero aquí estamos.
Muchos cariños y saludos a:
Benani0125
arianne luna
gatopicaro831
Casualidad
akai27
manucho sama
Casualidad
manú
Vengo a leer
Janeth Cruz Rodríguez
Erlin Ortiz
gatopicaro831
JA Guerrero
Y a todos(as) los que me han escrito de manera anónima.
Sus mensajes, siempre me animan a continuar.
Saludos!
